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¡Para nuestros lectores un cálido y fraternal saludo! A manera de continuar con la tarea de difundir y hacer conocer un poco más la Vía Martinista, relegados siempre a las propias limitaciones y capacidades, seguimos adelante abocados en escribir sobre temáticas que consideramos de interés general. Hemos incluido además traducciones propias que, por su mismo peso y por ser inéditas en nuestro idioma, entendemos se volverán también de gran interés. Deseamos también que esta humilde revista sirva como nexo entre aquellas personas afines al martinismo, para así acercarse a los grupos que en cada región se encuentren realizando sus actividades. Esperamos además poder contribuir con aquellos otros que, sin encontrarse inclinados a unirse al martinismo, en cualquiera de sus filiaciones, se sienten afines al Cristianismo de profesión interior, encontrando en estas lecturas alguna medida para la íntima reflexión. No quisiéramos dejar pasar la oportunidad para agradecer a todos quienes se han contactado con nosotros, y a aquellos que nos han brindado palabras de adhesión y fraternidad. ¡A todos muchas gracias! Sociedad de Estudios Martinistas


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Revista Trígono

Contenido Pág. 2 Pág. 4

Una carta del siglo XVIII

Trigono

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Revista informativa y cultural de la Sociedad de Estudios Martinistas

Por H. Prometeo

La caballería, la vía del héroe y el martinismo Por H. Frederik.

Pág. 10

Caná

Pág. 14

Sobre la importancia del C.E.I. Jacob Boehme Por D.

Pág. 16

Humanismo (Lo iniciático y la vía cardíaca en el martinismo)

Pág. 28

Espacio Jacob Boehme (La vida de Jacob Boehme)

Por H. Soledad

Por H. Frederik

Por H. Tzadiq

Nuestra Portada

Edición electrónica de distribuición libre y gratuita. La copia parcial y/o total de esta publicación se encuentra autorizada siempre que se cite la fuente y sea utilizada sin fines de lucro.

El arte de tapa lleva por nombre "Les Inconnus" y es original del H. Frederik. Los diseños, artículos y contenidos de Trígono son colaboraciones de miembros y amigos del S.E.M.

Todos los derechos reservados. Página Web http://www.sociedadmartinista.com.ar Contacto sociedadmartinista@gmail.com

Sociedad de Estudios Martinistas


Revista Trígono

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Una carta del siglo XVIII

Traducido por H. Prometeo

Carta dirigida a Kirchberger, Barón de Liebistorf

(quien mantuviese correspondencia con L. C. de Saint­Martin)

Munich, 19 de marzo de 1795. Querido amigo:

¡Me produce sumo placer y regocijo que usted esté conectado con el autor de la Tabla Natural! porque respeto enormemente a este hombre (cuyos escritos ciertamente he leído cerca de cincuenta veces) a quien considero un hombre verdaderamente sabio, como un agente de la Causa Activa e Inteligente. Es únicamente a través del amor de esta misma Causa Activa que he obtenido la manifestación sobre la cual le escribo; ya que solamente Ella posee la llave de todos los secretos.

Durante los últimos meses que han transcurrido, he recibido varias instrucciones desde lo superior; pero a partir del 13 de marzo, éstas se han vuelto más notables día tras día. No poseo palabras dentro de nuestro lenguaje para explicar cómo es que esto sucede; ya que los secretos del Mundo de los Espíritus no pueden ser concebidos por la comprensión humana si no logran ser visibles al mismo tiempo. El hombre comúnmente piensa mediante un proceso de comparación de ideas; pero en el Mundo de los Espíritus existen nuevas ideas y nuevos lenguajes, nuevos objetos, nuevos trabajos. Pero, en tanto que todo se encuentra fundamentado sobre la razón más pura, uno debe convencer al otro mediante hechos, porque allí todo es pleno en poder y verdad. Todo lo que puedo hacer es impartirle la instrucción tal cual yo mismo la he recibido. … siento una presencia muy elevada. Me es permitido preguntar, entonces recibo respuestas y visiones. Lo que sigue son los pasos por los cuales, a través de la Gracia del Señor, he avanzado: Aprendí a conocer:

Una carta del siglo XVIII


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1) La Unidad.

2) Los tres poderes infusos. 3) El Verbo manifestado1

4) El nombre de Dios en cuatro letras

5) El triple poder dentro del cuádruple, o tres más cuatro igual siete. 6) La Causa Activa e Inteligente

7) El nombre sagrado de esta Causa 8) Como pronunciar este nombre 9) Las dos tablas de la Ley 10) La Ley completa.

Y así he avanzado más y más. Con usted, amigo mío, que ha estado pensando sobre estas cosas y que está transitando los caminos del Señor, puedo hablar de estos asuntos; el Mundo, sin embargo, se reiría de estas cosas. Oh, mi amigo, Dios está tan cerca nuestro, buscándolo nosotros fuera cuando Él está y estará siempre dentro y en nosotros; es únicamente en nuestros corazones donde nos volvemos de Su propiedad, y cuando lo recibimos Él nos da el poder de volvernos Sus hijos.

Podría enviarle algunas explicaciones que reconozco serían muy interesantes para usted; pero antes de hacer esto, hágame saber cuáles han sido sus experiencias personales. Un acto de candor demanda otro. Estamos aproximándonos a un punto extraordinariamente importante, entonces si usted se manifiesta de manera en verdad franca hacia mi, así también lo haré hacia usted. ____________________________________ 1 Expresado;

KARL VON ECKARTSHAUSEN2

o La manifestación del Verbo (N.Tr.)

Karl Von Eckartshausen (1752­1803). Místico alemán. Autor de La Nube en el Santuario, entre otros (N.Tr.) 2

Una carta del siglo XVIII


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La caballería, la vía del héroe y el martinismo Por H. Frederik

La caballería, la vía del héroe y el martinismo Los dos senderos

Mucho se ha especulado sobre la caballería cristiana y su sentido esotérico. Creemos que la vía íntima martinista rescata ciertos aspectos que pueden resultar sorprendentes, o al menos inesperados, para quienes ven como único camino de una vía caballeresca el de la obediencia moral y el honor. Es común en algunos grupos esotéricos tomar al guerrero como ejemplo a seguir. La vía del guerrero, propia de una casta beligerante, versa sobre la preparación y la necesidad de la propia muerte, al tiempo que nos muestra el desprecio por la vida propia y la ajena. Nos condiciona para la sumisión más absoluta a una férrea jerarquía teocrática. Porque en la batalla, la vida de un individuo no cuenta. Tampoco interesa lo que piense, sienta o crea. Debe obedecer ciegamente, aún cuando es enviado a una muerte segura, o incluso estéril. Desde éste estrecho punto de vista, siempre es conveniente y deseable sacrificar uno o más individuos en pos del propósito colectivo. He aquí que la vía del guerrero es la sumisión de la violencia controlada. Prepararse para la muerte, no es otra cosa que pensar en el juicio final.

Esta es una vía propia de la Justicia Divina. No debe sorprendernos que estas cuestiones sean afines a la forma de orden caballeresca, o a una orden que posea grados caballerescos.

La caballería, la vía del héroe y el martinismo


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El arquetipo del caballero ordenado está lejos de agotar las posibilidades de realización. Porque existe una vía cuyo culto y devoción es más antigua aún que la vía del guerrero. En el opuesto a este arquetipo se nos presenta la vía del héroe. Pocas veces los autores han escrito sobre la sutil e importante diferencia entre ambas. Es justo que busquemos una manera de delinear esta vía que se ha mantenido oculta, aunque a la vista de todos, detrás del arquetipo del guerrero. ¿Quién es el héroe? El héroe es aquél que se atreve a pensar por sí mismo, y por ello es resistido y sometido continuamente a pruebas. Él se enfrenta con la muerte, una y otra vez, de la que emerge victorioso. El héroe es un duelista que se bate en inferioridad de condiciones, como Teseo, Gilgamesh, Heracles o Parsifal. Para él cobra valor y sentido la propia vida, por tanto también la de los demás. Sigue el dictado de su conciencia, de sus creencias y de sus valores. Va en busca de un altruismo que está más allá de un mero código de honor que hubo sido decretado por lo que le es ajeno. Él es verdaderamente libre, pues logra imponerse sobre la injusticia que lo rodea y que pretende oprimirlo. Mientras el guerrero representa el status quo, el héroe es el cambio, la liberación. El guerrero se somete voluntariamente y encuentra la razón de ser de su realización al acatar leyes y reglas impuestas desde afuera hacia adentro. Sus valores morales: la lealtad, el honor, la justicia, el espíritu de sacrificio, son promovidas mediante la obediencia ciega y la continua represión de sus temores y sentimientos hacia lo profano. Desde una perspectiva esotérica, el héroe es alguien que afronta el drama de la realización espiritual por sí mismo. Sus medios, su entrenamiento, sus valores y sus habilidades, son fruto de acontecimientos extraordinarios. El héroe está más bien predestinado, en cambio el guerrero debe su condición gracias a la aceptación de la casta. El guerrero lo es de profesión, mientras que el héroe lo es de vocación. Es así que hay muchos guerreros pero pocos héroes. El Graal como saga heroica La saga heroica y arquetípica cristiana es representada por el Graal. Sus raíces se encuentran el en mito celta de Peredur, que fue asimilado por el cristianismo con el nombre de Parsifal.

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Revista Trígono Si bien la leyenda de Peredur sirvió como base de los sucesos relatados y de la construcción del escenario medieval, el cristianismo le introdujo varios simbolismos vinculados a los relatos de los evangelios. Entre las innovaciones cristianas encontramos al propio Graal, que en la versión celta no reviste importancia alguna. Así, la disposición de la trama no cambia demasiado, pero el argumento resulta sustancialmente diferente. La saga cristiana, plagada de caballeros y reyes mitológicos, centra su drama en las epopeyas de los viajes y en los combates individuales que realizan los caballeros en la incansable búsqueda del Graal. Debe llamarnos poderosamente la atención que entre los hechos relatados no haya campañas militares, ni batallas campales. El argumento no indica siquiera un conflicto bélico entre reinos terrenales. La conflagración sobre la que versan los relatos es una lucha atemporal. Ella ocurre en los corazones de los hombres antes que en la escena política. Esta guerra es la del bien contra el mal, motivo por el que las confrontaciones se reducen a combates singulares que asumen la forma de duelos. También es notable que las pruebas no se agotan con los duelos. Éstos representan solo una de las categorías o tipos de pruebas a las que son sometidos los héroes y suelen ser las menos comunes. Por el contrario, la mayoría de ellas consisten en sucesos poco corrientes que involucran un enigma que el héroe debe resolver o completar. Pero todas implican un decisión entre los sentimientos mundanos y el deber caballeresco. Sin embargo, este “deber” no debe ser interpretado literalmente como un código de conducta o una serie de reglas provenientes de la ordenación de caballero. El deber y el honor son símbolos de la acción espiritual. Cuando el héroe es puesto a prueba, el deber no significa otra cosa que la voluntad de marchar hacia su realización espiritual. Por lo tanto, el deber representa, en términos de la vía íntima martinista, al Deseo. Así como la dama amada, en realidad, es la representación de la Sabiduría Divina. Adentrándonos aún más en esta línea interpretativa, puede decirse que en este tipo de relatos, tanto el dragón como el caballero oscuro o el mago que mantienen prisionera a la princesa, constituyen la tentación de profanar a la Sabiduría Divina. O dicho de otra forma, el dragón y la princesa son dos aspectos de una única cosa. Matar al dragón para desposar a la princesa, es el acto de vencer la tendencia profana del hombre del torrente para convertirse en un hombre de deseo.

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Revista Trígono El Graal cómo símbolo de la vía cardíaca Las especulaciones sobre este símbolo han consumido, y seguirán consumiendo, miles de páginas. No es nuestra intención adentrarnos en tortuosas explicaciones mitológicas, históricas y pseudoesotéricas. A los fines del presente artículo, basta decir que el vaso en el que se vierte la sangre no es otra cosa que el corazón. Ya en el antiguo Egipto, en Súmer y en Persia, el símbolo del corazón y el de la copa se hallaban fuertemente vinculados. Este significado es claramente expuesto a la vista de todos los feligreses durante la liturgia de la misa cristiana, cuando el vino es consagrado en una copa y se convierte en la sangre del Cordero Divino.

Luego bebe el sacerdote para alimentar a su congregación con la vida eterna que derrama la Sangre Sagrada. En la versión cristiana de la leyenda, el Graal es el Sagrado Corazón. Él nos habla de la vía íntima y cardíaca. Éste corazón es un Corazón inmortal, imperecedero, motor y sostén del Hombre Primordial. Es un Corazón que fue sangrado durante la caída. Su sangre, pura e inmortal, fue derramada sobre la tierra estéril. De esa mezcla sacrílega nació la progenie impura y bastarda que es la humanidad caída. La sangre derramada del Sagrado Corazón del Reparador debe ser recolectada en el Graal, es decir, en el Corazón restituido del Hombre Primordial. Esta sangre es el fruto del sacrificio del Reparador para redimir al Hombre. Es así, que todo elemento mitológico que haya entrado en contacto con esta sangre de vida eterna e inmaculada se lo cree capaz de otorgar la inmortalidad. Por eso, el rey Pescador puede ser curado por la lanza de Longinos de Cesarea, y por la misma causa se explica que el caballero que beba del Graal se volverá inmortal.

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Revista Trígono Para cortar de raíz la floreciente imaginación que se ha tejido sobre este asunto, diremos que el Graal, tal como lo estamos analizando, no es otra cosa que el Corazón Restituido del Hombre Primordial. No se trata de un objeto material, ni de la sangre de ningún ser vivo. Mucho menos de algún linaje de la realeza, sino de un Corazón Universal y Primordial que, in illo tempore, era el centro de la Creación, la fuente y el sostén de toda la Vida. Cuando el Hombre Primordial cae, este Corazón Arquetípico da paso a las individualidades. Sin embargo, su influencia universal está latente. El simbolismo sobre la reintegración del Corazón Universal alcanza tal profundidad en las líneas internas cristianas, que la propia reconstrucción del Cristo es asimilada a la reconstrucción del Sagrado Corazón. Estas cuestiones son tan relevantes, que no podían resultar ajenas para aquellos religiosos que identificaron con el corazón la posibilidad de una realización externa. Tal es el caso de Santa Margarita María de Alacoque, quien promulgó el culto al Sagrado Corazón en el catolicismo. Es así, que el grabado del Sagrado Corazón de Santa Margarita parece, a simple vista, más un simbolismo esotérico que un ícono religioso. Aunque al examinarlo con mayor cuidado, se advierte rápidamente una importante alteración, porque el Fuego Central es atribuido a María, el principio femenino, mientras que el fruto de este Fuego es, sin ninguna duda, el propio Logos Restituido. Sin embargo, no debe sorprendernos esta interpretación religiosa que le otorga a la anunciación un protagonismo central. La finalidad es imponer a un intermediario, que es la propia iglesia, entre el feligrés y la Salvación que irradia el Sagrado Corazón.

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Revista Trígono Luis claude de San Martin hace numerosas referencias al corazón en sus escritos. Para él, la Teúrgia Interna Cardíaca es un proceso en el que Dios penetra en el Corazón del Hombre, en donde tiene su verdadera Morada y su verdadero Templo. Con tal fin, el ángel guardián, nuestro amigo fiel, que se encuentra encerrado en nuestro corazón, nos asiste en levantar altares para purificarnos y rendir culto. El Filósofo Desconocido revela también que en el corazón se hallan dos puertas: una superior por donde el hombre puede acceder a la Luz Divina; y otra inferior por donde el enemigo puede entrar al corazón y, desde allí, acceder de manera indirecta a esta misma Luz de la que está privado. En la leyenda del Graal tales puertas son las opciones que tiene el Héroe durante las pruebas: dejarse seducir por los influjos del mundo profano, o actuar según su Deseo de realización espiritual para alcanzar finalmente el Graal o el Corazón Puro.

Con los pocos conceptos que hemos esbozado en este modesto artículo, creemos que alcanza para llamar la atención del buscador sincero sobre ciertos asuntos. No sólo sobre las diferencias que existen entre la vía del guerrero y la del héroe, sino también sobre que la leyenda del Graal nos habla de una vía cardíaca y misericordiosa, muy diferente a las vías de justicia que se suelen utilizar en las organizaciones de herencia guerrera. Sin embargo, el Graal constituye el drama central de la caballería cristiana, y como tal, ha sido adoptado por las órdenes guerreras. Aunque esto obedece más bien a que sus personajes centrales resultan ser ejemplos del ideal caballeresco, ya que en estas órdenes, no existe una profunda identificación con la vía misericordiosa a la que en verdad hace alusión la leyenda en su sentido íntimo.

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Can á

Por H. Soledad

San Juan en su evangelio, narra una serie de hechos y nos va diciendo el tiempo: Al día siguiente lo dice 4 veces. Y luego arranca la narración de las Bodas de Caná diciéndonos que tuvo lugar a los 3 días. ¿Cuántos días tenemos? 7 en total. El Evangelista quiere hacernos notar que el Primer Milagro en las Bodas de Caná sucedió el séptimo día. En cada uno de los cuatro días anteriores, alguien dice algo para identificar a Jesús: Mesías, Rabbi, Hijo de Dios,lo cual nos da la identidad de Jesús y su misión. Y en el séptimo día Jesús va a confirmar que es el Mesías y el Hijo de Dios, realizando su primera señal extraordinaria: su primer milagro. San Juan quiere hacernos ver que en el Génesis fue la creación. (Recordemos que él comienza su Evangelio En el principio, refiriendo la Creación). En Caná hay una nueva Creación. En el principio creó el mundo de la nada. Aquí en Caná no creará de la nada, pero realizará una nueva creación que tendrá consecuencias de orden sobrenatural: comenzará su Vida Pública, que culminará con su muerte en la Cruz y la Resurrección para nuestra Redención . San Juan Crisóstomo razona por qué no creó el vino de la nada, que hubiera sido mucho más espectacular: porque no hubiera sido tan creíble para todos los que no fueron testigos directos del milagro (todos los invitados que no se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo). Nos dice este Padre de la Iglesia que a veces Jesús disminuía la grandeza de sus milagros para que fueran mejor recibidos. También explica por qué no produjo primero el agua y luego la convirtió en vino: lo hizo así para tener como testigos aquéllos que llenaron las vasijas. Así, si alguien hubiera cuestionado el milagro, los sirvientes podían confirmar que ellos llenaron las vasijas de agua que luego fue vino.

Caná


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Al realizar Jesús su primer milagro al comienzo de la vida de unión de una pareja, nos quiere revelar la gran intimidad que Dios desea tener con su Pueblo, con su Iglesia, con cada uno de nosotros. El amor entre Dios y su Pueblo es como el amor entre el novio y la novia. Sin embargo, el simbolismo más importante tiene que ver con que San Juan nos muestra a Jesús iniciando su ministerio en una Fiesta de Bodas y terminándolo con la Fiesta de Pascua. El Catecismo nos habla de las Bodas de Caná como “un banquete de bodas, signo de otro Banquete, el de las Bodas del Cordero que da su Cuerpo y su Sangre” (CIC #2618). Lo que el Catecismo quiere destacar es que el gran Banquete Eucarístico, la Santa Misa, nos lo describe el mismo San Juan en el Apocalipsis también como una Fiesta de Bodas: Alegrémonos, regocijémonos démosle honor y gloria, porque han llegado las bodas del Cordero (Ap 19, 7). Por eso se nos dice al presentarnos la Hostia Consagrada: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29). Dichosos los llamados a la Cena del Cordero”. (Ap 19, 9) Las Bodas de Caná apuntan a una realidad ulterior: la Fiesta de Bodas del Cordero, en el Cielo, en la eternidad. ¿Quién interviene para que Jesús realice este milagro? Su Madre, nuestra Madre, que está pendiente hasta de los más mínimos detalles y necesidades. En este caso, de una necesidad no esencial. Ella está pendiente de las cosas importantes que necesitamos y de las menos importantes. Actúa sin llamar la atención, en segundo plano, pero muy atenta, pendiente y resuelta. Está sirviendo. No va donde el novio a presentarle el problema, sino que ella resuelve. ¿Quién es el novio? ¿De dónde su autoridad? Jesús, al decirle Mujer, la está reconociendo como la Mujer del Proto­ Evangelio: Pondré enemistad entre ti y la Mujer… (Gn 3, 15). Es el mismo nombre que Jesús moribundo le da al pie de la Cruz: Mujer ahí tienes a tu hijo (Jn 19, 26).

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12 Es el mismo título que San Juan le pone en el Apocalipsis: la Mujer vestida de sol con la luna bajo los pies y en su cabeza una corona de 12 estrellas (Ap 12, 1). Y también dice: Aún no ha llegado mi hora. Tal vez quiso significar: si me revelo, ya comienza todo y tú vas a participar en esto también. El sufrimiento va a comenzar para ti y para Mí. Por eso le dice no ha llegado mi hora. Porque una vez comience su misión, llegada su hora, realizando su primer milagro, Jesús sabe cómo termina esa misión: con su muerte.

De hecho, muchos Teólogos piensan que María debía dar su sí nuevamente para el inicio de la revelación de Jesús como Mesías, como Hijo de Dios. ¿Qué función desempeña la Santísima Virgen en este primer milagro? Es claramente la intercesora y abogada. Lleva nuestras necesidades a su Hijo. Ella aboga para que sean atendidas. Recordemos la función de la Reina Madre en el Antiguo Testamento, como intercesora y abogada, en el pasaje del Rey Salomón y su Reina Madre Betsabé: Entró Betsabé a ver al rey Salomón para hablarle en favor de Adonías. Se levantó el rey para recibirla y se postró ante ella; se sentó después en su trono y pusieron un trono para la madre del rey, la cual se sentó a su derecha. Ella le dijo: «Vengo a hacerte una pequeña petición, no me la niegues.» Contestó el rey: «Pide, madre mía, que no te lo negaré.» (1 Rey 2, 12­20). María en Caná de Galilea está ejerciendo sus funciones de Reina Madre. ¿Qué hace después la Virgen? Instruye a los sirvientes: Hagan lo que El les diga. Es el principio fundamental en el papel de la Santísima Virgen con respecto de su Hijo: ella nos lleva a El, para que El nos instruya. En lo más mínimo la actuación de María opaca a su Hijo.

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Y sirvientes somos todos nosotros, que también servimos a Cristo. Nuestra función puede ser sencilla, como llenar unas vasijas de agua, pero indispensable para Jesús transformar esa agua en vino. ¿Qué vasijas eran y cuánta agua cargaban? Esto es uno de los detalles más impresionantes. Las vasijas eran gigantes, pues eran las que se usaban para la purificación de las manos y para los baños rituales de los judíos: Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes.» Y los llenaron hasta el borde. (Jn 2, 6­7) ¿Nos damos cuenta de la cantidad de agua que luego fue transformada en vino: 600 litros?!!!... profundo simbolismo. ¿Qué se nos dice al final? Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en El. De allí en adelante los discípulos creyeron en El. La pregunta es: ¿eran sus discípulos pero no creían……….? Al cambiar el agua en vino, los discípulos se abrieron al don de la fe, gracias a la intervención de la Santísima Virgen María, la primera de todos los que creyeron en Cristo. ¿Qué es la Fe? ¿Qué es Creer? Simplemente confiar de aquello que dudamos. Muchos estudiosos suponen que estas Bodas son las de Jesús con María Magdalena. Este hecho era una decisión del “novio”. ¿Por qué sirvieron el buen vino al final, cuando la costumbre era hacerlo al comienzo? ¿Signo? ¿Símbolo? Reflexionemos.........

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El escrito que presentamos a continuación, es un valioso aporte de parte de una de las personas que se encuentran transitando las instrucciones del “Círculo de Estudios Jacob Boehme”, quien generosamente nos ha permitido utilizarlo para el presente número de Trígono. Dentro de lo posible iremos emitiendo escritos correspondientes a personas que se encuentran en este mismo tránsito, el cual no es otro que la vía preparatoria de ingreso al S.E.M.

Sobre la importancia del C.E.I Jacob Boehme

Por: D.

La realidad actual nos impulsa a la vorágine sempiterna del movimiento continuo, un Mailström de cambios constantes, de creaciones y de destrucciones, algunas de corta duración, otras más perdurables, pero todas condenadas ante lo efímero, como si el universo, la sociedad o la misma realidad cotidiana pudiese ser atomizada junto a cualquier elemento de transición interna del grupo de Actínidos de cualquier tabla de Mendeléyev y ser asimilado a estos en virtud de su desintegración atómica. El ciclo del cambio, si bien se encuentra presente en todo el universo emanado, ya que solo Dios es inmutable, afecta a las relaciones humanas de muy diversas maneras; a grandes rasgos puede observarse en las alteraciones de la dinámica de sociabilidad entre los integrantes de algún tipo de unidad grupal, por ejemplo, cuando un sujeto consigue una pareja estable, estadísticamente hablando, reducirá su círculo de amistades en un 40% e intentará reemplazarlas relacionándose con nuevas personas en una situación sentimental más acorde a la suya. Obviamente, esto podrá acarrear conflictos internos a los amigos “reemplazados” y eventualmente a aquel que los ha reemplazado, ya que puede añorar los vínculos perdidos o tener problemas para reconstituirlos una vez finalizada su relación de pareja. Los cambios mencionados anteriormente pueden colaborar a que las personas se sientan frustradas, ya que los productos culturales mainstream nos dicen entre otras cosas que “la amistad es lo más importante”, mientras que este cambio natural en la sociabilidad debido a la situación de pareja de uno de los integrantes del grupo viene a introducir un elemento de discusión a esta supuesta verdad. Lo mismo ocurre para otro tipo de situaciones, como cuando

Sobre la importancia del C.E.I. Jacob Boehme


Revista Trígono se debería reconocer el trabajo propio y esto no ocurre o como cuando nos topamos ante las mezquindades de las personas en el marco de situaciones donde no deberían darse. Las frustraciones a las que aquí se hacen referencia, son debidas a que los hombres buscan la realización interna en categorías externas a sí mismos, por ejemplo, la Generación X vio la hipocresía detrás de las “grandes causas” y buscó la realización en una contra­cultura del inconformismo. En cambio, la Generación Y intentó buscar en la consagración de sus propios esfuerzos a una causa, el sentido de su propia vida. Mientras tanto la actual Generación Z, hija legítima de la Posmodernidad, parece descreer en etiquetas y categorías y muestra intentar buscar la realización en la propia atomización social. La realidad es que el mundo y los hombres en general cambian permanentemente, tan rápido, que es muy difícil establecer vínculos sólidos y causas lo suficientemente puras como para auto­realizarse (cosa que, por este medio, es por demás imposible). Esta es la razón por la que muchos buscadores de la verdad se frustran y terminan por abrazar la rutina y el pesimismo, mientras que otros aprenden “a los golpes” que solo se tienen a sí mismos. Sin embargo esto último no es garantía de nada, ya que la mayoría de los hombres carecen de la capacidad necesaria para desatar todas las posibilidades de realizarse por sí mismos. He ahí para nosotros, la importancia de la existencia del Círculo de Estudios e Investigaciones Jacob Boehme, ya que los Hombres del Torrente están acostumbrados a pensar que su realización es mediante la apropiación de categorías de índole externa. Por esta razón, resulta absolutamente necesario introducirlos en el conocimiento de su propio interior y en la instrucción acerca de determinadas cuestiones propias de la Vía, ya que como lo ha expresado un hermano en anteriores entregas: “Las antiguas formas de expresarse, hoy no llegan a los hombres comunes de manera eficaz. Cosas, que en la antigüedad eran habituales, hoy deben ser precedidas de explicaciones, muchas veces extensas. Por ejemplo, para que un neófito pueda hacerse una idea de cuál es la función de los símbolos dentro de la tradición, es necesario introducirlo en una serie de conceptos que se encuentran totalmente ausentes en la denominada “cultura general”. Esto no significa levantar el velo que cubren los misterios. Sino, ser más precisos y concretos a la hora de referirnos a ciertas cuestiones y concepciones de la Vía.”

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Humanismo Por H. Frederik Lo iniciático y la Vía Cardíaca en el Martinismo “La única iniciación que yo predico y que busco con todo el ardor de mi alma es aquella por la que podamos penetrar en el corazón de Dios, en nosotros, para unirnos en un matrimonio indisoluble que nos haga el amigo, el hermano y el esposo de nuestro Divino Reparador. No existe ningún otro misterio, para llegar a esta sagrada iniciación, que descender más y más en las profundidades de nuestro ser, sin desistir hasta que logremos volvernos un retoño de la raíz viva y vivificante” Correspondencia Filosófica, Luis Claude de Saint Martin

Esta es, quizás, una de las citas más frecuentes de Saint Martin que encontramos entre sus investigadores. Mucho se ha dicho ya sobre ella. Pero, la razón por la que encabeza este texto, es debido a que habla de manera clara sobre la Vía Interior. La Vía Interior de Luis Claude de Saint Martin, es la síntesis de una herencia cuyas raíces se adentran en el fin de la edad media y el principio del renacimiento. Es verdad que el Filósofo Desconocido comenzó su búsqueda en las instituciones iniciáticas, como los Cohens y la masonería. Sin embargo, sería un grave error restringir la Vía Interior a estas primeras etapas, porque si bien tuvieron su influencia, finalmente fueron descartadas por el mismo Saint Martin. Quizás, para el martinista actual, el excesivo entusiasmo por la denominadas tradiciones iniciáticas surge porque el martinismo moderno ha sido desplegado sobre una de estas estructuras. Pero éste simple hecho no debe distraer al buscador profundo y sincero. El martinismo de la Sociedad de los Íntimos, se encuentra muy lejos de las tradiciones iniciáticas de occidente del siglo XVIII, tanto por sus contenidos como por sus prácticas.

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Es innegable que la Sociedad de los Íntimos fue la consecuencia del descubrimiento de Jackob Boehme por parte de Saint Martin. El filósofo teutón, no fue un hombre de tradición iniciática tal y como hoy día es entendido. El relato que el propio Saint Martin menciona sobre el despertar de Boehme, habla solo de un joven aprendiz de zapatero y sobre un extranjero que le anuncia su destino. El joven zapatero, es luego inspirado directamente por la Sabiduría Divina durante las lecturas de las Sagradas Escrituras. Tales revelaciones constituyen la fuente de sus maravillosos escritos, los que posteriormente inspirarían a Saint Martin para dar a luz la Vía Interior martinista. Así, llega hasta nuestros días aquello que hoy denominamos la Vía de los Superiores Incógnitos o Servidores Desconocidos. Una trasmisión de un método de realización espiritual que se comunica de maestro a discípulo. Sólo en épocas recientes esta trasmisión ha asumido la forma iniciática, ya que el mecanismo de trasmisión de la Vía de los S.I. carecía de ceremonia de iniciación. La comunicación del conocimiento se daba progresivamente por el mismo trabajo interno que iba desarrollando el discípulo. La Sabiduría Divina de la que trata esta Vía, es el espejo en el que se refleja la Divinidad. Y ese espejo es el alma del Hombre. Para el martinismo, la Sabiduría Divina Constituye un modelo, un plan a seguir, engendrado por el pensamiento del Dios de los Seres que el Verbo Divino ha sembrado en el alma humana. Esta visión de la Sabiduría Divina, es sustancialmente diferente a la iniciática. Para los iniciados, la orden representa a la misma Sabiduría Divina. Podemos observar esta concepción en órdenes tales como la masonería, en la que los masones se dan a sí mismos el nombre de “hijos de la viuda”. Por los mismos mecanismos, se develan los cultos mistéricos a las distintas diosas. Esta concepción proviene de tiempos antiguos y la encontramos en las escuelas de misterios. El iniciado, al unirse por medio del ceremonial a la organización tradicional, entra en contacto con la Sabiduría Divina, a la que accede mediante la imitación. Así, los gestos y las posturas rituales, la repetición sistemática del rito, de los usos y de las costumbres, constituyen la manera por la que se transforma la mentalidad del iniciado. Por lo tanto, la regulación de la conducta, implica apegarse a los reglamentos, a la liturgia y a la doctrina filosófica de la organización. De este modelo de representación jerárquica, surge un cuerpo normativo que regula el comportamiento, modela la mentalidad y sirve para juzgar a los iniciados. Este sistema se encuentra basado en la Justicia Divina.

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Es propio de estas vías las constates referencias al templo del Salomón u otra alusión a la Justicia como arquetipo movilizador de la vida oculta de la orden. Esto implica que la jerarquía misma constituye el modelo de orden cósmico y cosmogónico, que la jerarquía es el ejemplo a seguir. Por lo que los grados iniciáticos representan el soporte que regula la conducta de los iniciados. La obediencia, es el mecanismo principal de realización. No importa si ésta es espiritual, o meramente intelectual. Aquellos que cumplan con sus obligaciones para la institución, los que mejor sigan las indicaciones de sus superiores, y quienes sean capaces de plasmar en sus vidas profanas los principios propuestos por la iniciación, serán quienes recibirán los grados superiores, lo cual sirve de ejemplo al resto de los hermanos. Como vemos, son todos criterios fundamentados en las formas y la conducta. Esotéricamente, podemos afirmar, que mediante este mecanismo de castigo y recompensa constituidos por los distintos grados, se produce una disolución gradual de la personalidad individual y profana, sustituyéndola por una personalidad iniciática. Para Saint Martin, este tipo de conexión con la Sabiduría Divina es un intento de reconstrucción por las formas. Algo que es más bien externo, imperfecto e incluso peligroso. A partir de la llegada del Reparador, el Hombre ya no necesita de estos medios obscuros y caídos. Es aquí donde el pensamiento de Boehme y del filósofo Desconocido se apartan de las concepciones antiguas. Para el martinismo, el Dios de los Seres no puede separar sus pensamientos de sus actos. Dios actúa en la cosmogonía martinista de manera implacable. Ya sea por el medio de la Justicia, ya sea por medio de la Misericordia. En el martinismo es el Hombre quien, por su libre albedrío, puede o no apegarse al Plan de la Sabiduría Divina. El pensamiento del hombre, como ser limitado, muchas veces difiere de sus actos. Mientras que el Pensamiento Divino, fruto del Dios que todo lo puede, no deja jamás de reflejar su acción. Es este hecho el que pone al Hombre en el protagonismo central de la cosmogonía martinista, pues el error del Hombre Universal es lo que ha provocado la catástrofe que salpica a la Obra Divina. La Creación, perfecta y eterna, ha sido la Obra de Dios, mientras que la Caída, ha sido la obra del Hombre. Su prevaricación ha permitido a la obscuridad oponerse, temporalmente, a la propia Sabiduría Divina. Y es esta obscuridad que nos rodea, la que evita que podamos darnos cuenta de la Luz que llevamos en nuestro interior. Porque esta Luz, no es otra cosa que el Pensamiento Divino mismo.

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Es allí, en nuestro interior, donde reside la Sabiduría Divina. Esta es la conexión íntima o cardíaca que Saint Martin rescata por medio de su Vía Interna. Encontramos que en el martinismo se suele renegar de los intermediarios como las entidades, los santos, las divinidades paganas, el culto a las vírgenes, etc. Para el Filósofo Desconocido, estas prácticas conducen al error. El amigo fiel o ángel guardián, es más bien un consejero, un ayudante, alguien que nos asiste, y a quien de ninguna manera debemos rendir culto, porque él rinde culto junto a nosotros. Encontramos, en estas cuestiones, una gran diferencia entre la teurgia interna de Saint Martin y la que había establecido don Martines para los Elu Cohen. El martinismo constituye una vía interna. Podemos decir que se trata de una Vía Solar y que, como tal, es completamente activa. Saint Martin, plantea que las operaciones y los objetos externos, de los que se valen muchos rituales y practicas, no son más que una sustitución de los elementos que se encuentran en nuestro interior. Predica que las operaciones con objetos y movimientos exteriores, no sólo son menos deseables, sino que resultan sumamente peligrosas. Según el Filósofo Desconocido, debemos descartar estos intermediarios y trabajar directamente con los auténticos elementos y fuerzas que se encuentran dentro nuestro. El martinismo es una corriente que refleja el espíritu del Humanismo. Saint Martin nació en el iluminismo francés del siglo XVIII. Como tal no critica la ciencia sino que la alienta. Pero combate la esterilidad espiritual del ateísmo. Se opone a este movimiento, rescatando la función del Hombre como intermediario entre el Cielo y la Tierra. Es el Hombre, quien debe dar Testimonio de la Divinidad a toda la Creación, e incluso a sí mismo. La Humanidad entera es la gran protagonista del drama de la Creación. La Caída del Hombre Universal es la Caída de la Obra Divina, pero también es la Caída de Dios. Porque, en tanto eterno e inmutable, él no puede Caer. Entonces es el Hombre Universal, el Hombre Dios, quien se ha sacrificado. Sangre de su sangre y carne de su carne, se ha sometido voluntariamente a vivir en privación por el Dios de los Seres. Porque el Hombre, emanado perfecto, puede sin embargo dar cuenta de la imperfección. Aquella que su Creador, siendo por completo el Bien, no puede por sí mismo expresar jamás, ni siquiera concebir. Sin el Hombre, la Caída no hubiese sido posible.

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Pero esto hubiera significado restringir la Omnipotencia Divina. Así el Reparador, siendo el Hijo, ha sufrido igualmente el martirio, la muerte y la resurrección, tan solo para servir de ejemplo sobre el martirio, la muerte y la resurrección que cada uno de nosotros debemos experimentar. Ecce Homo, no es otra cosa que aceptar el destino de sacrificio de toda la humanidad. El holocausto que debemos ofrecer para nuestra reconciliación somos nosotros mismos. No hay otra forma de restaurar el Orden Primordial. Y el único fin, es que la Creación toda siga su curso, tal como se ha establecido en el Plan, o lo que es lo mismo, en la Sabiduría Divina. Entonces, algunos podrán preguntarse: ¿Cuál es la razón de dar un soporte iniciático a una Vía de esta naturaleza? ¿Por qué mezclar las concepciones de la Vía Íntima martinista con lo iniciático? ¿Acaso el propio Filósofo Desconocido no descartó estas estructuras? No sabemos a ciencia cierta cuales habrán sido las razones de Papus y de los otros padres del martinismo moderno. Suponemos, que el soporte iniciático permitió una contención y una difusión de la Vía que, de otra manera, hubiese sido muy difícil de alcanzar. Y tal vez, el martinismo como Vía Íntima y Cardíaca, se hubiese perdido para siempre. Pero, quizás, puede que estas preguntas se encuentren mal enfocadas, ya que movilizadas por las más puras intensiones, podrían llevarnos al error. Porque en cuanto al aspecto iniciático del martinismo moderno, no debemos ver otra cosa que la forma. Mientras que la esencia, aquella que ha permanecido intacta, sigue siendo la Vía Interna. Si lo abordamos de esta manera, entonces todo cobra un mejor sentido. La iniciación es el soporte colectivo, es decir que la iniciación es sólo la forma que asume la Instrucción. Sin embargo esta instrucción, incluso actualizada por la Gnosis, es incapaz de llevarnos por sí sola a la Regeneración, porque en ella no se encuentra la esencia sino solo la forma. Aquellos que permanezcan en este plano, jamás penetrarán en los misterios del martinismo. Sería como creer que con sólo mover un dedo sobre un mapa, estaríamos avanzando por el terreno indicado. No es la Gnosis sino la Teúrgia Interna la práctica que nos permite la realización de la Vía Íntima y Cardíaca. Y, por su naturaleza, ella puede ocurrir sólo en nuestro Oratorio Particular. Si aceptamos estos hechos, comprenderemos las grandes dificultades que deben sortear los demás iniciados en las vías húmedas, cuando intentan adentrarse en una vía seca como lo es el martinismo.

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La gran mayoría, acostumbrados a trabajar sobre la gnosis y con una mentalidad propiamente iniciática, tratan de asimilar el martinismo con las mismas técnicas con que abordaron las suyas. Entonces fracasan rotundamente, porque no llegan a distinguir las enormes diferencias entre lo iniciático y la Vía Interna propuesta por Saint Martin. A tal punto que, en algunos casos, terminan negando la eficacia misma del martinismo como Vía de realización espiritual. Durante muchos años se creyó que las dificultades de la Vía Cardíaca debían ser más fáciles de resolver para los iniciados en las vías húmedas. Porque se supone que ellos han adquirido práctica en la gnosis. Por eso es que se exigió, para acceder al martinismo, la previa iniciación en organizaciones reconocidas en estas cuestiones. Sin embargo la experiencia ha demostrado que la mentalidad iniciática moderna presenta varios inconvenientes: tendencia al excesivo intelectualismo, una gnosis simbólica exacerbada, los comportamientos adquiridos por una obediencia casi fanática a la jerarquía, las fantasías generadas sobre la iniciación, ciertas concepciones mágico religiosas, etc. Todas ellas se han vuelto, en la mayoría de los casos, un serio impedimento para acceder a la práctica operativa de la Vía Interior. Lo paradójico de este asunto, es que estas cuestiones fueron advertidas oportunamente por Saint Martin, y esto nos consta en sus diversos escritos. En ellos critica, en reiteradas oportunidades, este tipo de mecanismos. Como vemos, el ser iniciado en una vía húmeda no se traduce en una ventaja. Porque está claro que, el martinismo íntimo, es imposible de adquirir por la simple repetición del rito, del trabajo colectivo, de la obediencia, de la gnosis, o de las instrucciones. La Vía requiere de un seguimiento personal, al estilo maestro discípulo, y de un fuerte trabajo individual. Los creadores del martinismo moderno jamás se pusieron de acuerdo en cómo el iniciado debe progresar de lo iniciático hacia la Teúrgia Interna. Esta confusión sigue hasta nuestros días y envuelve en las tinieblas a muchos iniciados. Nos encontramos en una encrucijada difícil de desentrañar. Esta problemática es el objetivo de los grupos de investigación entre los martinistas de todo el mundo. Cada grupo de iniciados debe hacer frente por sí mismo al desafío que implica completar esta parte del recorrido de la Vía. Creemos estar lejos de resolver definitivamente este dilema, pero podemos preguntarnos sobre cómo procedía Saint Martin en estas circunstancias.

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Para conocer el método de instrucción que el Filósofo Desconocido impartía a sus discípulos poseemos una serie de documentos únicos: la correspondencia entre Kirchberger y Saint Martin. En esta obra, se recogen 116 cartas en más de 300 páginas durante cinco años de instrucciones que el Filósofo Desconocido dio a Kirchberger. Analizando la obra, se observa como Saint Martin trabaja sobre los aspectos que hemos señalado más arriba. Realiza una instrucción personalizada, y utiliza como excusa un intercambio epistolar sobre textos propios y ajenos. Esta documentación constituye un ejemplo real y acabado de cómo debe instruirse a quien desea practicar la Vía Íntima. Así, hemos encontrado que resulta útil a nuestros fines, una etapa preparatoria a la iniciación. Tanto para el iniciado en las vías húmedas, como para el profano, de manera que allane el camino hacia la Vía Interna. En ella se nivelan los conocimientos previos y se reorientan las experiencias. También se instruye sobre las cuestiones elementales, pero por sobre todo, se trata de romper ciertas estructuras mentales que dificultan la entrada real hacia la Vía Cardíaca. Resolver el pasaje de lo iniciático a lo cardíaco es el gran desafío del martinismo moderno. Las líneas martinistas actuales constituimos una filiación de Deseo en busca de un misterio a la vez íntimo y esquivo, que al mismo tiempo es individual y colectivo. La Teúrgia Interna martinista se destaca por la sencillez de sus elementos y recursos. Sin embargo, es sumamente difícil de operar porque depende de habilidades específicas basadas en una sensibilidad especial. Además, se requiere de una gran determinación proveniente de una voluntad movilizada por el Deseo. Saint Martin nos advierte que la única forma de alcanzar el éxito es lograr la Unidad de Deseo en nosotros mismos. En la Unidad de Deseo se encuentra oculto el misterio de la Reintegración. Porque primero hay que reintegrarse a sí mismo. Dejar de estar dividido es la primera necesidad interna del martinista. Sólo si unificamos nuestro propio ser, podremos aspirar a la reconstrucción total del Hombre Primordial. Lo iniciático constituye sólo un ropaje para el martinismo. La Vía no sólo contiene misterios para el trabajo individual, sino que encierra un gran misterio colectivo que los hermanos de cada centro martinista deben resolver en conjunto: cómo trasmitir y vivificar el conocimiento para penetrar en la Vía Íntima. Y este misterio es inefable de grupo en grupo, pues sólo se devela mediante la vinculación efectiva de las prácticas individuales con las colectivas.

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Así, el martinismo implica un trabajo individual que unifica al iniciado en sí mismo, pero al mismo tiempo, estos esfuerzos personales no pueden permanecer aislados. Deben conformar un cuerpo colectivo de una naturaleza Teúrgica, que es condensado por el Deseo grupal. Este coro o cuerpo sutil es el que anima los misterios de la Vía, tanto en los oratorios particulares como en los trabajos colectivos. Cabe aclarar, que no nos estamos refiriéndonos al egrégore. El Coro Martinista implica una acción concreta y cierta del conjunto de iniciados hacia la Unidad de Deseo. Mientras que el egregore, es de naturaleza astral y sus acciones son puramente psíquicas. Por lo que para devenir a la existencia, basta la acción inconsciente de cualquier grupo profano.

Breve reflexión sobre la diferencia entre orden y sociedad

El término Asociado (Socius) nos recuerda que el Filósofo Desconocido prefería a la sociedad como la forma para que los iniciados se agrupen. En su libro “El Cocodrilo”, la Sabiduría se reúne a trabajar con los iniciados en la Sociedad de los Independientes. Algunos han entendido que esta sociedad hacía referencia a la Orden de los Elu Cohen. Sin embargo, nos permitimos dudar de tales interpretaciones porque cuando L.C. de Saint Martin decidió trasmitir la Vía Cardíaca e íntima, no recurrió para ello a una estructura de orden, sino a la de una sociedad. El espíritu de sociedad refleja mucho mejor la Teúrgia Cardíaca que el de orden. Los socios, si bien pueden tener funciones diferentes, son todos partícipes por igual de la voluntad social. La manifestación de una sociedad es constituida por la voluntad social misma, en la que participan todos sus miembros. Ella es diferente de las voluntades individuales que la componen. La voluntad social la dota de una existencia colectiva, que para una sociedad de iniciados, es la correspondencia sensible de la acción invisible de los Coros. La adaptación, la flexibilidad y la dinámica son las características esenciales de estas estructuras mutables. La dinámica de la sociedad se opone a la rigidez de la jerarquía que caracteriza a la estructura de orden. Esta última refleja una tradición de casta. Ella edifica una voluntad colectiva que se integra por medio de la obediencia y de la sumisión de sus miembros a una jerarquía minoritaria.

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Aunque algunas instituciones han democratizado ciertos procesos, la igualdad se mantiene entre miembros que poseen cierto status. La sociedad, es propia de un soporte colectivo para una vía que se transmite de maestro a discípulo. Ella permite que los buscadores solitarios encuentren a otros afines. Pero no para someter su camino individual al mandato de otro, sino para intercambiar conocimiento y experiencias entre pares. La sociedad construye una voluntad colectiva por medio de la igualdad y de la comunión de voluntades individuales. Consiste en un grupo de buscadores independientes que se reúnen alrededor de un objetivo común para compartir experiencias y apoyarse mutuamente. Quizás no sea este el espacio mas propicio para tratar la diferencia entre tradición y vía, pero una pequeña introducción brindará una mejor idea sobre lo que estamos hablando. Primero debemos decir que una vía de realización, no implica necesariamente que haya una tradición detrás. Pero a su vez, no es menos cierto, que una tradición no implica la existencia de una vía dentro de la misma. La tradición no es el único medio válido por el que puede transmitirse un conocimiento espiritual., aunque existe una fuerte fantasía al respecto en el imaginario occidental. La tradición sólo es propia de las castas, y se refiere a una forma de atesorar y difundir cierto conocimiento. Dicho conocimiento, en la mayoría de los casos, es de naturaleza mundana. Normalmente, contiene concepciones religiosas propias del feudalismo, lo que ha resultado funcional a una monarquía absolutista. Excepcionalmente, se ha confirmado la existencia histórica de algunas tradiciones que, filosóficamente, pueden identificarse con el esoterismo. Por lo demás, la tradición se resuelve, simplemente, encarnando el ideal de la casta. Ella siempre aparece ligada a un oficio o a una función feudal, por lo que resulta imposible una tradición sin una casta que la practique. La orden, la casta y la tradición constituyen los engranajes de un mecanismo que sostiene la estructura de una sociedad feudal. No tiene sentido una existencia por separado de sus componentes. Porque su eficacia se vería seriamente comprometida. Los discursos que sostienen que la realización espiritual sólo puede ser comunicada desde lo tradicional, esconden concepciones sociales y políticas.

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Pregonan que sólo una sociedad de castas podría asegurar la espiritualidad humana. Y esa espiritualidad jamás, nunca, es de naturaleza esotérica como algunos creen, sino apenas religiosa y fuertemente teocrática. Son argumentos a favor de que sólo una élite minoritaria y absolutista podría guiar a la humanidad hacia su destino de realización final. Es relativamente fácil reconocer esta cuestiones de fondo en aquellas organizaciones que ponen a la tradición por delante del hombre e, inclusive, por delante de lo Divino. La vía, en cambio, se recorre por voluntad y elección de quien la transita. Es un método práctico, una manera de trabajo. Es independiente de la posición o el estatus social. La vía no necesita de una compleja red de relaciones de poder, ni tampoco la alienta. Ella, simplemente, plantea un problema a resolver que implica un trabajo de búsqueda activa por parte de quien la recorre. Es imposible seguir una vía si no hay un conjunto de prácticas específicas que la sostengan. La tradición, en cambio, subsiste con la simple obediencia a la jerarquía de la casta, a pesar que esta obediencia se encuentre totalmente desprovista de contenidos o que, quienes la ejercen, no presenten real conciencia sobre lo que están haciendo.

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La tradición implica que el iniciado debe adoptar y satisfacer las necesidades de su casta y jerarquía. La vía, encuentra que su elemento esencial no puede someterse a reglas fijas. Para la vía, el trabajo debe ajustarse a las necesidades del aprendizaje. Debe ser flexible, para permitir vencer las dificultades que cada uno encuentra durante el camino. El trabajo martinista colectivo que en particular desarrollamos, toma forma de Sociedad de Iniciados, respetando el ideal del Filósofo Desconocido. La Sociedad de Estudios Martinistas, posee una estructura afín a la Teúrgia Interna. El buscador ingresa a la Vía y recorre un camino que lo lleva de lo Externo hacia el centro de su Ser. Quien decide buscar su ingreso a nuestra Sociedad, es invitado a participar de un área de trabajo denominada Círculo de Estudios Jacob Boehme. Ésta se encuentra dividida a su vez en tres círculos, donde el aspirante recibe una serie de instrucciones sobre las que tendrá la tarea de enviar conclusiones y realizar prácticas. El contacto es mantenido mediante correspondencia personal, tal como se instruía en los tiempos de Saint Martin. Por lo común, se asigna al aspirante un instructor para el desarrollo de cada círculo. A medida que se avanza por las instrucciones, los distintos instructores trabajan de forma acorde al progreso del aspirante, resolviendo dudas, ampliando temas y analizando los escritos y los informes sobre las prácticas. Se trata de un seguimiento al estilo maestro­discípulo, aunque aquí solo se propone brindar una guía de apoyo para poder encaminarse en los primeros pasos. Cuando el aspirante completa los tres círculos, si decide continuar, y es aceptado, entra en una zona denominada “Preparatorio a la Iniciación”. En ella se le envían instrucciones precisas sobre temáticas martinistas, mientras que el instructor lo prepara específicamente en todo lo referido a la iniciación que recibirá. Completado el Preparatorio, el estudiante ingresa al círculo iniciático, donde se le trasmite la iniciación al primer grado, denominado Asociado. La práctica iniciática se encuentra dividida en tres agrados operativos y uno administrativo con capacidad de trasmisión completa (L.I. ­Libre Iniciador­) que es brindado excepcionalmente. Este tramo constituye la instrucción interna. Como toda transmisión martinista, la iniciación es siempre presencial ­de maestro a discípulo­, adicionándose luego al nuevo miembro la necesidad de ampliar el trabajo individual con el grupal.

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Si por razones lógicas el nuevo miembro de la Sociedad no pudiese asistir ni hacerse presente en los trabajos colectivos, seguirá trabajando por correspondencia luego de la iniciación, bajo indicaciones específicas, completando la instrucción y las prácticas, que tienen como objetivo trasmitir el conocimiento inefable de la vía. El estudiante irá transitando la vía íntima y así recibiendo las iniciaciones correspondientes a medida que devele los misterios de cada grado. Cuando el S.I. ha finalizado el grado superior por su avance práctico en el dominio de la Terugia Interna Martinista, es admitido dentro del Círculo Íntimo de Investigaciones “Jacob Boehme”. Este círculo interno, constituye un colegio superior de estudios donde se investiga, se analiza y se determina que elementos son los más adecuados para ilustrar, trasmitir y realizar la Vía Cardíaca. En la Sociedad de Estudios Martinistas, se comienza a trabajar en el círculo exterior, organizado en tres niveles. Luego se pasa al estudio y la práctica iniciática correspondiente a los grados propios del Martinismo. Por último, se ingresa al Círculo Intimo, donde se investigan y discuten los métodos y las formas de transmisión para una mejor realización general, tal como lo hacían los antiguos grupos de buscadores independientes. Según lo predica la vía íntima, la marcha del estudiante a través de los círculos es siempre de la periferia hacia el centro. Todo nos conduce hacia el conocimiento y el señorío de nuestro propio Ser. No debemos ver en esta figura un plan de estudios al estilo de una carrera universitaria, sino, mas bien, un mapa sobre el cual trazar nuestro viaje interior. Los círculos, finalmente, son las cascaras que envuelven nuestro verdadero Ser. Así, estos siete trabajos, son también los siete cuerpos del hombre y, al mismo tiempo, los siete pilares del Templo. El Negro, el Rojo y el Blanco son los tres colores de la Obra. La Vía nos lleva hacia la Unidad interna del Deseo, ya que, según el Martinismo, resulta ser la única forma posible de revertir los efectos de la Caída de la Humanidad.

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Espacio Jacob Boehme Por H. Tzadiq

Presentación

Nos resulta un verdadero placer, a partir de ahora y en adelante, dedicar la siguiente sección a conocer y difundir la vida e ideas de un hombre extraordinario como ningún otro: Jacob Boehme. La Sociedad de Estudios Martinistas brinda un interés en extremo especial al estudio y reflexión de la obra de este hombre iluminado, ya que si bien Louis Claude de Saint Martin ha bebido de su fuente de sabiduría, ha también ampliamente recomendado hacer lo mismo a sus amigos y hermanos. De nuestra propia traducción del libro “Cartas Teosóficas”, mantenidas entre Louis Claude de Saint Martin y Kirchberger, Barón de Liebistorf, citamos de la pluma del Filósofo Desconocido: “En Boehme encuentro una solidez inamovible; una profundidad, una elevación, y un alimento tan pleno e indefectible, que confieso que podría llegar a pensar que, buscar en otra parte, sería perder el tiempo. Por lo tanto he abandonado cualquier otra lectura; dejándoselas, sin embargo, a las personas de la casa, para quienes gusten de ellas”. “... las instrucciones de persona a persona me parecen aún más provechosas que los libros, a menos ciertamente, que ellos sean del orden de los que escribe nuestro amigo Boehme, a pesar que aún preferiría más escucharlo que leerlo”.

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Revista Trígono “Todas las maravillas, todos los hechos, se presentarán con simpleza ante su mirada debido a que, ante usted, ellos serán solo una consecuencia de la naturaleza de su ser, de la que nos hemos desviado, y a la cual solo la Mano Divina puede restaurar a través del órgano del Reparador; profundidades en las cuales soy sólo un tartamudo comparado con nuestro amigo Boehme, a quien lo remito...” En su libro “El Ministerio del Hombre Espiritual”, Louis Claude de Saint­ Martin escribió: “...este autor Alemán, cuyos dos primeros libros he traducido ­Aurora y Los Tres Principios­, supo suplir todas mis deficiencias. Jacob Boehme, quien fuese considerado en su época como el príncipe de los filósofos de la divinidad, ha dejado numerosos escritos que consisten en alrededor de treinta diferentes tratados, de los más asombrosos y extraordinarios en cuanto a la apertura sobre nuestra naturaleza primigenia, sobre el origen del peso, sobre lo que él denomina las siete ruedas o poderes de la naturaleza, sobre el origen del agua (de la que enseña que es un cuerpo encendido, lo que la alquimia ha confirmado), sobre la naturaleza criminal de los ángeles de las tinieblas, sobre aquella del hombre, sobre las formas adoptadas por el Amor Eterno para restituir a la humanidad en sus derechos, etc. Creo que hago un favor al lector en advertirle de adquirir las obras de este autor, recomendándolo, aunque armándose de coraje y paciencia para no sentirse repelido por las formas inusuales de sus trabajos; por la naturaleza en extremo abstractas de lo subjetivo que aborda; y por la dificultad que ha tenido para expresar sus ideas (tal como él mismo lo ha confesado) por la simple razón que las materias en cuestión no poseen nombres análogos en nuestros lenguajes comunes” Parte del trabajo del grado superior de la S.E.M., se aboca a la traducción, estudio y práctica de su obra y teosofía, dentro del denominado “Círculo Íntimo Jacob Boehme”. Parte de este trabajo se irá ofreciendo aquí como un pequeño aporte para todos aquellos que gusten de estas nutritivas lecturas. En esta oportunidad presentamos un extracto correspondiente a la introducción del libro “Las Doctrinas de Jacob Boehme” escrito por Franz Hartmann, que forma parte de nuestra propia traducción.

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Revista Trígono Un relato sobre su vida que podríamos decir se trata de la biografía más completa y hermosamente redactada de las que se pueden leer sobre los sucesos del Filósofo Teutónico. Encontraremos entonces, dentro de esta nueva sección, no solo lecturas concernientes al desarrollo de la vida histórica de Jacob Boehme, sino también una idea general sobre su concepción esencialmente espiritual que la trasciende. Ya que su exposición filosófica no solamente ha servido de gran inspiración para muchos hombres y personalidades importantes del pasado, sino que aún hoy siguen instruyendo, alimentando el hambre y saciando la sed de muchos de nosotros dentro este desierto, con la misma vigencia que toda obra maestra posee cuando ha sido dirigida desde lo alto, haciéndola imperecedera por ser concebida en la Luz de la Verdad. Nos complace por tanto ofrecer este espacio a todos los amantes de la Sabiduría y la Verdad Universal, ya que sin dudas les será de gran interés y provecho.

La vida de Jacob Boehme Por Franz Hartmann

Jacob Boehme nació el 24 de abril de 1575, en Alt Seidenberg. Un lugar como a dos millas de distancia de Goerlitz, en Alemania. Era hijo de campesinos pobres y en su juventud arrendaba el ganado de sus padres. Luego fue enviado a la escuela en donde aprendió a leer y escribir, entrando posteriormente como aprendiz en una tienda de zapatos. Parece ser que aún en su primera juventud era capaz de entrar en un estado anormal de consciencia y contemplar imágenes en la luz astral. Una vez, mientras arrendaba el ganado, estando parado en lo alto de una colina, de repente vio abierto el arco de una bóveda construida por largas piedras rojas y rodeada de arbustos. Se dirigió por aquella abertura hacia la bóveda, y en lo profundo de ella contempló un recipiente lleno de dinero. A pesar de ello, él no experimentó el deseo de poseer para sí aquel tesoro, sino que suponiendo se trataba de un producto de los espíritus tenebrosos, intentando conducirlo hacia la tentación, huyó de allí.

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En una posterior ocasión, mientras fue dejado solo en la tienda de zapatos, un extraño desconocido entró preguntando por un par de zapatos que deseaba comprar. Boehme, suponiéndose incapaz de realizar tal negociación en ausencia de su maestro, le pidió un precio extraordinario por ellos, esperando así ahuyentar a la persona que deseaba adquirirlos. A pesar de ello, el extraño compró los zapatos y dejó Goerlitz la tienda. Luego de retirarse se frenó frente al negocio, y con una solemne y profunda voz llamó a Boehme: “Jacob, sal fuera”. Boehme se encontró muy asombrado al ver que el extraño conocía su nombre. Salió a la calle y lo encontró. Entonces el extraño, tomándolo de la mano y mirándolo a los ojos, con su mirada profundamente penetrante, le dijo las siguientes palabras: “Jacob, tu aún eres pequeño, pero te convertirás en un gran hombre y el mundo se maravillará de ti. Sé piadoso, vive en el temor de Dios y honra Su palabra. Especialmente te exhorto a leer la Biblia. Allí encontrarás complacencia y consolación, porque tendrás que sufrir una gran cantidad de tribulaciones, necesidades y persecuciones. Igualmente no temas y mantente firme, porque Dios te ama y se agrada de ti”. Nuevamente presionó la mano de Boehme, lo miró amablemente una vez más y se fue. Este suceso tan notable marcó una gran impresión en la mente de Jacob Boehme. Con sinceridad se abocó y profundizó sobre aquellos ejercicios necesarios dentro del estudio del ocultismo práctico, lo que es decir que practicó la paciencia, la piedad, los pensamientos y propósitos simples y sencillos, la modestia, la resignación de su propia voluntad a la ley divina, y guardó en su mente la promesa entregada en la Biblia: que aquellos que con sinceridad pidiesen al Padre Celestial comunicarse con su Espíritu Santo, tendrían el espíritu de santidad despierto en ellos y serían iluminados con Su sabiduría.

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Revista Trígono Verdaderamente tal iluminación tuvo lugar en su mente, y por los siguientes siete días estuvo en un estado de éxtasis, durante el cual fue rodeado por la luz del Espíritu, sumergiéndose su consciencia en contemplación y gozo. No fue declarado aquello que observó durante sus visiones, ni deberían tales declaraciones resultar gratificantes a la curiosidad del lector. Porque las cosas del Espíritu son inconcebibles para la mentalidad externa, pudiendo ser solo llevada a cabo por aquellos que elevándose por sobre el reino de los sentidos, y entrando en un estado superior de consciencia, pueden percibirlas. Un estado semejante, no necesariamente excluye el ejercicio de las facultades externas. Así Platón dijo que una vez Sócrates se mantuvo inamovible durante un día y medio, fijado sobre un punto, en un estado como de éxtasis. En una condición similar, encontramos que Boehme continuó con ocupaciones externas de su profesión. Posteriormente, en el año 1594, se convirtió en maestro zapatero y se casó con la mujer con quien vivió durante treinta años, y con quien tuvo cuatro hijos que siguieron su misma profesión. En el año 1600, a sus veinticinco años de edad, otra iluminación divina tuvo lugar en su mente, y en ese momento aprendió a conocer los fundamentos más íntimos de la naturaleza, adquiriendo de allí en adelante la capacidad de ver con los ojos del alma en el corazón de las cosas. Una facultad que permaneció con él aún en condiciones normales. Diez años después, en 1610, su tercer iluminación tuvo lugar, y lo que en las anteriores visiones le había parecido caótico y multitudinario, era ahora reconocido como una única unidad, como un arpa de muchas cuerdas, en la que cada una de ellas se vuelve un instrumento separado, mientras que en su totalidad es un solo arpa. Reconoce a partir de ello el orden divino de la naturaleza, además de observar cómo, desde el tronco del árbol de la vida, brotaron diferentes ramas de múltiples hojas, flores y frutos, sintiéndose con la necesidad de anotar y resguardar aquello que vio.

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Así, al comenzar el año 1612 y hasta su muerte en 1624, escribió muchos libros sobre las cosas que vio en la luz de su espíritu divino, comprendiendo treinta libros llenos de profundo misterio en consideración con Dios y los ángeles, Cristo y el hombre, el cielo, el infierno y la naturaleza, y las cosas secretas del mundo, de una forma tal que se desconoce de algún hombre que con anterioridad lo haya así comunicado a este mundo pecaminoso. Y todo esto no fue hecho con el propósito de beneficios terrenales, sino para la glorificación de Dios y para la redención de la humanidad de la ignorancia al considerar las cosas del espíritu. Enseñó una concepción acerca de Dios que estaba enormemente lejos de ser asida por una clerecía de mentalidad tan corta, la cual vio su autoridad debilitada por un pobre zapatero, siendo que a partir de allí se convirtieron en sus acérrimos enemigos: porque el Dios que ellos concebían era un ser limitado, una Persona que al momento de su muerte entregó sus poderes divinos a las manos del clero, mientras que el Dios de Jacob Boehme estaba aún vivo y completando al universo con su gloria. Él dijo: “Yo reconozco un Dios universal siendo una Unidad, y el poder primordial del Bien en el universo; autoexistente, independiente de toda forma, sin necesitar ninguna localidad para su existencia, inmensurable, no sujeto a la comprensión intelectual de ningún ser. Yo reconozco este poder siendo una Trinidad en Uno, siendo cada uno de los Tres poderes iguales, llamados el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Yo reconozco que este principio trino completa y llena en un solo y mismo instante todas las cosas, que ha sido y aún continúa siendo la causa, fundamento y principio de todas las cosas. Yo creo y reconozco que el eterno poder de su principio causó la existencia del universo; que su poder, de un modo comparable a un “aliento” o “lenguaje” irradió desde su centro y produjo los gérmenes por los cuales crecen las formas visibles, y que en el Aliento o Palabra está contenido el cielo interior y el mundo visible con todas las cosas existiendo con ellos” Esta concepción de la Santísima Trinidad es muy diferente a aquella del credo ortodoxo, el cual hace del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo tres seres separados, o una monstruosidad inteligible y antinatural. De acuerdo a Boehme, el Padre es el Poder primordial manifiesto; el Hijo es la Palabra eterna; el

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Revista Trígono Espíritu Santo es el poder emitido desde el Padre a través de su Palabra expresada. De igual modo un hombre y su capacidad de hablar no son dos seres diferentes, mientras que el lenguaje por el cual Dios habla a través de su Palabra no es un ser separado y corporal, sino Su propio espíritu. Este espíritu, manifestado mediante formas, es el origen y fundamento de todo el mundo y de las apariencias corporales que constituyen la naturaleza visible. Este es el Poder y la Luz del Logos, mientras que el Logos en sí es la Voluntad del Padre manifestándose a sí mismo como un Amor universal y divino. Su primera obra titulada “Aurora”, se dio a conocer por la indiscreción de un amigo que, sin estar aún terminada, realizó algunas copias que terminaron por llegar hasta la clerecía. El Reverendo Gregorio Richter, quien lideraba en Goerlitz, era una persona incapaz de concebir la profundidad de aquella religión que profería enseñar, ignorante de los misterios divinos de la verdadera Cristiandad, de la que no conocía más que su forma y aspecto superficial. Demasiado vanidoso para sobrellevar con tolerancia que un pobre zapatero pudiese estar en posesión de cualquier clase de conocimiento espiritual que este bien alimentado ministro carecía, se convirtió en su más acérrimo enemigo, denunciando y maldiciendo al autor de ese libro. Elevándose su odio hasta el más alto grado por causa de la dulzura y modestia con la que Boehme recibió los insultos y denuncias dirigidas hacia él.

Pronto, el intolerante pastor acusó públicamente en el púlpito a Boehme de ser un hereje y un perturbador de la paz, pidiendo al Consejo de la Ciudad de Goerlitz que castigue al traidor. Amenazándolos con que, si él no fuese echado de la ciudad, la ira de Dios sería despertada y causaría que todo el sitio sea tragado por la tierra. Afirmando que sería del mismo modo como han perecido Korah, Dathan y Abiram al resistirse a Moisés, el hombre de Dios. En vano Jacob Boehme intentó razonar personalmente con el furioso Doctor de la Divinidad. Nuevas vías de insultos fueron el resultado de su entrevista con él, amenazándolo

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en persona de hacerlo arrestar y ponerlo bajo prisión. El Concilio de la Ciudad era temeroso del pastor, y aunque él no pudiese demostrar ningún cargo en contra de Boehme, igualmente le ordenaron que abandone la ciudad por temor a las consecuencias que podrían resultar si ellos no cumplían con la petición del Reverendo Richter. Boehme pacientemente acató la injusta disposición. Pidió que se le permitiera ir a su casa y despedirse de su familia antes de ir al destierro, y aún esto le fue rehusado. Entonces su única respuesta fue: “Muy bien, si no puedo hacer otra cosa, estaré bien” Boehme se fue. Pero durante la noche siguiente un mayor coraje y un mejor juicio ingresó en los corazones y en las cabezas de los Consejeros. Ellos se reprocharon el haber desterrado a un hombre inofensivo. Entonces, al día siguiente, llamaron a Jacob y le permitieron su permanencia en Goerlitz, estipulando que debería entregarles el manuscrito de “Aurora”, y que a partir de ese mismo momento debía abstenerse de seguir escribiendo libros. Durante siete años, en obediencia a este tonto decreto, Boehme se restringió de anotar las experiencias que lo deleitaban en el reinado del espíritu. Y en vez de brindar luz a la humanidad, se contentaba remendando sus zapatos. Dura fue la batalla requerida para detener el oleaje del Espíritu que, con una fuerza arrolladora, descendía sobre su alma. Hasta que por fin, envalentonado por la advertencia de sus amigos, quienes le aconsejaron no resistirse más al impulso proveniente de Dios por el temor a la desobediencia de las autoridades provenientes del hombre, él reasumió la labor de escribir. Los escritos de Jacob Boehme pronto surcaron su propio camino en el mundo, atrayendo la atención de aquellos que fueron capaces de comprender y apreciar su verdadero carácter. Encontró muchos amigos y seguidores entre lo alto y lo bajo, el rico y el pobre, y verdaderamente

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parecía como si una nueva efusión y derrame del Espíritu de la Verdad estuviese intentando ubicarse entre los sacerdotes alemanes que se montaban en el fanatismo y la intolerancia. Durante aquel tiempo Jacob Boehme escribió una numerosa cantidad de libros y panfletos: “Aurora”, “Los tres principios de la esencia divina”, “La vida trina del hombre”, “La encarnación de Jesucristo”, “Seis puntos teosóficos”, “Mysterium Magnum”, “Cálculo bíblico en consideración al fin del mundo”, “Las Cuatro Complexiones”, su “Defensa”, “Signatura Rerum”, “Sobre el verdadero arrepentimiento”, “Sobre la verdadera regeneración”, “La vida suprasensual”, “Regeneración y contemplación divina”, “La elección de la gracia”, “Santo bautismo”, “Santa comunión”, “Discurso entre un alma iluminada y un alma en las tinieblas”, un ensayo sobre la “Plegaria”, “Cuatro tablas sobre la Divina Revelación”, “la llave o clave”, “Ciento setenta y siete preguntas teosóficas”, “Cartas teosóficas” y otros pequeños trabajos y artículos en consideración a asuntos teosóficos. En mayo de 1624, y un poco antes de su muerte, comenzó para Jacob Boehme un tiempo de gran sufrimiento. En 1623, Abraham Von Frankenburg, tenía algunos trabajos de Boehme y los publicó bajo el título “La Vía a Cristo”. La aparición de este libro, lleno de verdades divinas, nuevamente inflamó la envidia y rabia de la iracunda persona de Goerlitz, encendido como si fuese por un soplo llameante al observar con el gran favor con que fue recibido este libro por todas las mentes verdaderamente iluminadas. Con extrema furia comenzó su persecución contra Boehme, condenándolo y maldiciéndolo desde el púlpito, publicando además un pasquín en su contra repleto de insultos personales y epítetos vulgares que no contenían ni razón, ni lógica. Colocando allí innumerables calumnias, que solo el cerebro de una persona apasionadamente insana pudiese inventar y confeccionar. Esta vez Boehme no permaneció tan pasivo como en la ocasión anterior, sino que entregó al Consejo de la Ciudad un escrito defendiendo y justificando lo que había hecho. Por otra parte, escribió además una réplica a Richter, contestándole de un modo digno y sereno sobre cada punto de la objeción por él levantada, aniquilando sus argumentos con la fuerza de su lógica y el poder de la verdad.

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Revista Trígono Esta defensa no fue hecha de un modo irónico, sino que preñada de amor y pena por el equivocado hombre. Con un grado de modestia y elocuencia que raramente pueda así ser encontrado aún entre los más grandes oradores. De todos modos el Consejo de la Ciudad, siendo una vez más intimidado por el furioso pastor, no aceptó la defensa de Boehme, aunque expresó un deseo: que él se fuese voluntariamente del pueblo. Expresión bien intencionada buscando se salve de incurrir en el destino de los heréticos, lo cual significaba ser incinerado vivo en la hoguera por orden del Kurfuerst, o del Gobernador, ya que cualquiera de ellos se inclinarían a prestar voluntariosamente su oído a la representación de la clerecía, suponiendo que dudarían muy poco en entregar la orden requerida si tal capricho pudiese ser gratificado por una cosa comparativamente tan insignificante como es la ejecución de una persona problemática que distorsionaba la paz. Boehme, obedeciendo esta advertencia, y sabiendo muy bien que se trataba de una actuación encubierta, dejó Goerlitz el 9 de mayo de 1624 dirigiéndose a Dresden, en donde encontró asilo en la casa de un físico llamado Dr Benjamín Hinkelman. Allí recibió varios honores y ofrecimientos de ayuda, pero se mantuvo en su humildad y modestia, escribiéndole a un amigo sobre que no pretendía depositar su verdad en ningún hombre sino en el Dios viviente; y que como era eso lo que estaba haciendo, se sentía plenamente alegre, ya que todo iba bien. Cercano a aquel momento, por orden del Kurfuerst, Jacob Boehme fue invitado a participar en una distinguida discusión que se iba a realizar entre él y algunos de los mejores teólogos de esos tiempos, incluidos dos profesores de matemáticas. La discusión tuvo lugar, y Boehme asombró a sus oponentes por la profundidad de sus ideas y por su extraordinario conocimiento en consideración a las cosas naturales y divinas. Entonces cuando los teólogos fueron cuestionados por el Kurfuerst para que dieran sus veredictos, ellos pidieron tiempo para poder investigar aún más los problemas que Boehme les había presentado, pareciendo haber trascendido los límites de aquello que creían eran capaces de captar por sus conocimientos.

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Uno de estos teólogos, de nombre Gerard, fue oído decir que no aceptaría la totalidad del mundo si le fuese ofrecido como soborno para condenar a un hombre así; y otro llamado Dr Meissner, respondió que él tenía la misma opinión, y que no tenía ningún derecho a condenar aquello que superaba su comprensión. Entonces podemos ver que no todos los teólogos eran como Gregorius Richter, sino que en la profesión clerical, así como en otras, hay hombres sabios y hombres tontos. Tales teólogos de mente noble y sin fanatismo, fueron luego encontrados entre los admiradores y amigos de Boehme, ya que cuando se encontraban oportunamente, lo trataban con respeto. Luego, y seguidamente, escribió su última obra titulada “Tablas en consideración a la Manifestación Divina”, y tras haber retornado a su hogar enfermó de fiebre. Sus últimos días Su cuerpo comenzó a hincharse, y le anunció a sus amigos que el tiempo de su muerte estaba cerca diciendo: “En tres días ustedes verán cómo Dios me ha formado y culminado”. Ellos le preguntaron si él estaba dispuesto a morir, y respondió: “Sí, de acuerdo a la voluntad de Dios”. Cuando sus amigos le expresaron el deseo de encontrarlo mejor al próximo día, él dijo: “Pueda Dios auxiliar aquello que deba ser tal cual dicen. Amén” Esto ocurrió un viernes. Pero el domingo próximo, día 20 de noviembre de 1624 antes de la 1 A.M., Boehme llamó a su hijo Tobías para que se dirija hacia su lecho, preguntándole si no escuchaba una música maravillosa, pidiéndole luego que abriese la puerta del cuarto para que aquellas canciones celestiales puedan ser mejor oídas. Posteriormente le preguntó qué hora era, y cuando le respondió que el reloj había dado las dos dijo: “Este no es aún mi tiempo, en tres horas será mi tiempo”. Luego de una pausa habló nuevamente y dijo: “Tu poderoso Dios Zabaoth, sálvame de acuerdo a Tú voluntad”, y nuevamente dijo: “Tu crucificado Señor Jesucristo, ten piedad de mi y llévame a Tu reino”. Luego le dio a su esposa ciertas directrices en consideración a sus libros y otros menesteres temporales, comunicándole también que ella no sobreviviría a él mucho más tiempo (como verdaderamente sucedió). Y despidiéndose de su hijo dijo: “Ahora entraré al paraíso”.

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Luego le preguntó a su hijo mayor, cuyo amor parecía retener al alma de Jacob de no cortar los lazos con el cuerpo, que se diera vuelta, y con una profunda mirada su alma renunció al cuerpo terrestre al cual pertenecía, entrando en el estado más elevado que nadie ha conocido, excepto aquellos que lo han experimentado en sí mismos. El funeral El enemigo de Jacob Boehme, el intolerante Gregorius Richter, se rehusó en ofrecerle al cuerpo del filósofo un funeral decente. Y como el Consejo de la Ciudad de Goerlitz nuevamente temía al pastor, encontrándose dubitativos y con la incertidumbre de no saber qué hacer, decidieron llevar el cuerpo a una ciudad que pertenecía a uno de los amigos de Boehme para velarlo, en cuya ocasión se reuniría indudablemente una gran multitud, provocándose que la ceremonia se vea distorsionada por el pueblo, cuyos prejuicios fueron despertados por la clerecía. Pero en el momento apropiado llegó el Conde Católico Hannibal von Drohna y ordenó que el cuerpo sea velado de una manera solemne bajo la presencia de dos de los miembros del Consejo de la Ciudad. Esto fue llevado a cabo en consecuencia, pero la persona asignada para tal fin simuló estar enferma tomando medicinas, previniendo de ser obligado a sobrellevar el sermón del funeral. Mientras que el clérigo que ofició el sermón en su lugar, a pesar de haber sido el mismo que le brindó la Absolución y el Santo Sacramento a Boehme poco antes de su muerte, comenzó el discurso expresando su gran disgusto por haber sido forzado a hacerlo por orden del Consejo. Algunos amigos de Boehme en Silesia enviaron una cruz para ser colocada en su supulcro, pero ésta fue rápidamente destruida por las manos de algún intolerante que imaginó agradar a Dios al insultar la memoria de un hombre que era detestable para los pastores, pero que hubo hecho más por brindarle a la humanidad un verdadero conocimiento de Dios que lo que el clericalismo hizo en tiempos pasados y presentes.

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40 Esta cruz fue cortada de manera muy ingeniosa con símbolos ocultos. En lo alto había una cruz flamígera con una inscripción hebrea expresando IHSVH con doce rayos dorados. Debajo de ella se encontraban las iniciales de su lema favorito, con el dibujo de un niño dormido reposando sobre una calavera, representando la regeneración bajo los sentidos de la muerte mística. Luego proseguía una inscripción diciendo “Aquí descansa el cuerpo de Jacob Boehme, nacido fuera de Dios, muerto en IHSVH, y sellado por el Espíritu Santo”.

A la izquierda de aquella inscripción había representada un águila negra sobre una montaña, pisando una serpiente enroscada, mientras sostenía con su garra derecha una hoja de palmera y en su pico una rama de lirio. Sobre este dibujo estaba escrito VIDI. Sobre el lado derecho se encontraba representado un león con una cruz y una corona dorada. Con su pata derecha trasera pisaba sobre una piedra en forma de cubo, y con la izquierda sobre un globo terráqueo. Además con su pata derecha sostenía una espada flamígera, y con la otra un corazón en llamas con la inscripción VICI. Por debajo de lo descripto había otro grabado de forma oval, representando a un cordero con un bastón y una mitra sacerdotal, encontrándose parado en cercanía de una palmera y próximo a un flujo primaveral, en un campo cubierto con variadas flores. Debajo de esto estaba inscripto VENT. El significado de estas tres palabras es: “In mundum veni, satanam descendere vidi, infernum vici vivite magnanimi”

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Revista Trígono Finalmente, sobre la parte inferior de la cruz estaban inscriptas las últimas palabras dichas por Boehme: “Ahora entraré al paraíso" Los seguidores y detractores de Boehme Entre los seguidores y sucesores más prominentes de Jacob Boehme deberían nombrarse muchos célebres teólogos y filósofos, tales como el Dr Balthasar Walter, Abraham Frankenberg, Friedrich Krause y aún el hijo de su peor enemigo, Richter de Goerlitz, quien publicó ocho libros conteniendo extractos de sus obras. Las obras de Boehme fueron traducidas a diferentes idiomas, atrayendo la atención de Carlos I de Inglaterra, quien después de leer su libro “Cuarenta Preguntas sobre el Alma” exclamó: “Alabado sea Dios que aún existan hombres capaces de brindar con su propia experiencia un testimonio vivo de Dios y su Verbo”. Johannes Sparrow, entre los años 1646–1662, produjo una traducción al inglés de las obras de Boehme, y Edward Taylor otro tanto durante el reinado de James II. Una tercera traducción fue publicada en 1755 por William Law, mientras que se ha dicho que muchos otros autores (incluido el gran Isaac Newton) tomaron sus obras como fuente de inspiración. Sus discípulos más prominentes, e igualmente aquellos con mayor capacidad para captar sus ideas, parecen haber sido Thomas Bromley y Jane Leade, el fundador de la sociedad de los Filadelfianos (si bajo ese nombre es entendido que todas aquellas personas que han entrado dentro de cierto grado de desarrollo puedan ser llamadas fundadoras de una sociedad) El Profesor de Cambridge Henry Moore, fue solicitado para examinar los libros de Jacob Boehme a fin de reportar en su contra. Tras haberlos examinados, su reporte resultó diferente a lo esperado. Porque si bien no era capaz de comprender del todo estos textos, a causa de sus ideas teológicamente arraigadas, malinterpretándolos de variadas formas, se pronunció aún así a su favor diciendo que quien tratase a Boehme con desprecio no puede ser más que un ignorante y un hombre mentalmente ciego.

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Revista Trígono Agregando que Jacob Boehme, sin dudas, ha sido despertado espiritualmente con el propósito de corregir a aquellos falsos Cristianos que creen solamente en un Cristo externo, sin considerar tanto si poseen o no el Espíritu de Cristo dentro suyo. Para la instrucción de aquellos que piensan que en los tiempos presentes es posible aprender una lección experimentada en el pasado, debemos prominentemente hacer mención de Johan George Gichtel, un hombre devoto y de los más grades discípulos de Boehme. Un hombre con gran poder y percepción intuitiva. Fue un profundo pensador, de vida y conducta irreprochables. En 1682 república los escritos de Boehme agregándoles gran cantidad de grabados invaluables con explicaciones que mostraban una gran profundidad de pensamiento y de conocimiento espiritual. Por expresar las faltas de la clerecía los volvió sus enemigos, queriéndolos reformar a la fuerza. Muchas veces fue puesto en prisión, siendo una vez expuesto públicamente al ridículo a causa de su sinceridad. Estableció una sociedad llamada “Hermanos Angelicales” en la que se suponía que cada miembro había renunciado al mundo y entrado en un estado de perfección angélica. Estos Hermanos Angelicales deberían ser libres de todas las imperfecciones humanas, colocándose en una situación tal, que no deberían verse importunados por las necesidades terrestres. Se suponía que no debían inclinarse al matrimonio ni tampoco a las labores manuales, sino vivir en contemplación y oración continua, penetrando en el centro del bien para abolir todo mal, de manera que la ira de Dios pudiese ser extinguida en las almas de todos los hombres para que el amor universal y la armonía prevaleciese por doquier. Debían deponerse a la clerecía y, en su lugar, volverse verdaderos sacerdotes ante el orden de Melquisedeq, llevando sobre sí el karma de todos los hombres y el pecado del mundo para su expiación y redención. Pero estos hombres bien intencionados olvidaron que una organización así conformada, por sobre todo requeriría necesariamente ángeles para constituir su membresía, siendo que tales no son fáciles de ser encontrados. Y que, en caso de encontrarlos, ellos no

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requerirían de una organización externa. Más allá de todo esto, la sociedad de Gichtel, a pesar de no ser presumiblemente ni angélica, ni divina, era reconocida por sus acciones en extremo benéficas. Henke, un historiador de la iglesia, escribió que ellos eran en especial muy tolerantes, sin nunca condenar a ninguna persona a causa de sus opiniones y creencias, y que jamás se jactaban de sus acciones, sino que silenciosamente cumplían con la mayoría de ellas. Los seguidores de Jacob Boehme no siempre fueron dejados en paz. Y así será mientras que la intolerancia y la ignorancia exista en el mundo. Aquellas personas incapaces de comprender el espíritu de las enseñanzas de Boehme, imaginan en ellas contenidos heréticos. En 1689, Quirinus Kuhlmann, un seguidor de Boehme, fue quemado vivo en la hoguera, en Moscú, por “haber sido demasiado libre en expresar sus opiniones”, de acuerdo a las inquietudes del clero de aquellos tiempos. Todos los argumentos que han presentado siempre los enemigos de Boehme consistieron solamente en la aplicación de viles epítetos, tales como: “¡Idiota!, ¡Ateo!, ¡Canalla!, ¡Remendón de zapatos!, ¡Maniático!, ¡Hipócrita!” y frases como las siguientes: “La secta de Boehme es verdaderamente diabólica, y el excremento más vil del diablo; tiene por origen al padre de las mentiras; el diablo ha poseído a Boehme y gruñe por su boca” (Johann Trick) “No es nuestro deseo el subir la escalera de ensueños creada por Boehme. Hacerlo sería tentar a Dios y conducirnos bajo la perdición” (Delitsch) “Los escritos de Jacob Boehme contienen tantas blasfemias como renglones. Contienen un nauseabundo olor a betún y pomada de zapatero” (Richter) “El zapatero es el Anticristo” (Richter) “¿Nos preguntamos a quién hay que creer, a la palabra de Cristo o a los inmundos prejuicios del zapatero?” (Richter)

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Revista Trígono “El Espíritu Santo ha ungido a Cristo con su óleo, pero el malvado del zapatero ha sido embadurnado con mugre por el diablo” (Richter) “Cristo habló sobre cosas importantes, sin embargo el zapatero habla sobre cosas viles” (Richter) “Cristo enseñó públicamente, sin embargo el zapatero se sienta en el rincón” (Richter) “Cristo solía beber del buen vino, sin embargo el zapatero bebe whisky” (Reverendo Gregorius Richter) Lo descrito ha de ser suficiente como ejemplo de los argumentos teológicos de aquellos tiempos. A pesar de lo jocoso que ello pueda parecernos en el presente, existía un aspecto muy serio ligado a ellos entre Jacob Boehme y sus sucesores. Hobius de Hamburga, seguidor de Boehme, tuvo que abandonar la ciudad por miedo de ser asesinado por la turba, cuya furia fue excitada en su contra por el intolerante párroco Rev. J. Frederic Mayer. Por la misma causa Abraham Hinkelman murió de pena, mientras que el teólogo John Winkler, quien se rehusó a expresar algún tipo de desprecio hacia Jacob Boehme, fue salvado de sus persecutores por la protección que le ofreciese el rey. Por otro lado hubo algunos teólogos, aquellos de mayor iluminación, que se sostuvieron en defensa de Boehme y sus doctrinas. Principalmente John Winkler, John Mathaei, Frederick Brenkling y Spencer, aunque muy especialmente Gottfried Arnold, el autor de la historia de las iglesias y las herejías. El hombre sabio puede encontrar sabiduría en cada cosa, aún en el balbuceo de un niño, pero el torpe solo observa en todo su propia imagen. De allí que el gran historiador Mozhof (1688) veía en Boehme a un santo y a un sabio, mientras que F. T. Adelung, quien escribiese un libro sobre la locura humana, denunciaba a Boehme y a Theophrastus Paracelso como idiotas.

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Revista Trígono Los denominados “Racionalistas”, junto a la gran masa de teólogos, se combinan mutuamente para combatir en contra de aquello que son incapaces de comprender, mientras que Johann Salomo Samler, un hombre libre pensador capaz de penetrar en el espíritu de Boehme, dijo que sus escritos era “una fuente de felicidad y de conocimiento espiritual, del cual cada uno debería beber sin ser distraído por ello del orden externo de su vida”. Entre aquellos que fueron preminentemente capaces de comprehender las ideas de Jacob Boehme, mencionaremos solo al gran teólogo Frederic Cristop Oetinger, Pastor Oberlin y Louis Claude de Saint Martin, el “Filósofo Desconocido”, quien tradujo alguno de sus libros al Francés. Muchas otras personas, cuyos nombres son reconocidos en la historia, que en mayor o menor medida han penetrado en esta fuente de verdad, son Henry Jung Stilling, Friederich Von Hardenberg, Friedrich von Schlegel, Novalis, Heinrich Jacobi, Schelling, Goethe, Franz Baader, Hegel, etc. Muchos otros podrían ser nombrados, aunque todo ello no termine por probar nada. El valor de lo verdadero no puede volverse dependiente de la recomendación o el certificado de ninguna persona, a pesar de lo grandiosa que sea y de la autoridad que pueda ostentar poseer, porque ello se encuentra más allá de todo elogio y alabanza. La razón del porqué los hombres tienen muchas dificultades en ver la verdad, radica en que ésta es tan simple que aún un niño podría admirarla. Pero la mentalidad del saber mundano es muy complicada y busca la verdad por vías complejas. Por lo tanto, dejemos que aquellos que desean penetrar en el espíritu de la doctrina de Jacob Boehme desechen sus propios prejuicios, abriendo sus ojos a la luz. Quienes se vuelvan a sí mismos capaces de admirarla la verán, mientras que aquellos cuyos ojos se cierren ante sus escritos, sus obras se mantendrán selladas. Siendo aconsejable para ellos el aprender primero las lecciones enseñadas por la vida terrestre antes de intentar juzgar los misterios de la vida del Espíritu de Dios. En el año 1705, Gichtel escribió: “Quienquiera en nuestro tiempo desee dar a luz algo fundamental e imperecedero, debe extraerlo de Boehme. Sus escritos son un don de Dios, y por tanto no toda clase de razonamiento puede aprehenderlos.

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Revista Trígono No te encuentres entonces satisfecho con su simple lectura y su razonamiento especulativo, sino ruega a Dios te envíe su Santo Espíritu para conducirte hacia toda la verdad” Estas proféticas palabras citadas en el excelente ensayo de la Señora A. J. Penny, sobre como encarar el estudio de los escritos de Boehme, ha sido plenamente verificados por los sucesos precedentes. Porque cada reconocido filósofo que ha aparecido ante el público a partir de aquel momento, pareciera haber recibido su inspiración de los libros de Boehme.

Aún el gran Arthur Schopenhauer, uno de los filósofos modernos más admirados, cuyos libros son alabados por muchos que tratan con desagrado la obra de Boehme – a quien nunca han estudiado – fue uno de sus seguidores. Siendo fundamentalmente sus escritos ninguna otra cosa más que la exposición de las doctrinas de Boehme bajo el punto de vista del señor Schopenhauer, que no siempre lo ha interpretado de manera correcta. Aún así, Schopenhauer dijo sobre la obra de Schelling: “Estas no son más que una remodelación de Mysterium Magnum, Arthur Schopenhauer en el que cada estrofa del libro de Hegel se encuentra casi representada. Pero ¿por qué se encuentran en los escritos de Hegel las mismas figuras y formas insoportablemente ridículas para mi, mientras que en la obra de Boehme me llenan de admiración y respeto? Es porque el reconocimiento de la verdad eterna habla en cada página de la obra de Boehme, mientras que Schelling toma de él solo aquello que es capaz de comprender. Utiliza la misma figura lingüística, pero evidentemente confunde la fruta con el carozo, o al menos no ha sabido cómo separar la una de la otra” (Handschrifen, Nachlass, p 261) Sería demasiado tedioso producir una colección sobre lo que variados filósofos modernos de distintas naciones han dicho acerca de los escritos de Jacob Boehme. La única manera correcta de estimarlo es penetrando en su espíritu y ver lo que él vio.

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Para concluir entonces, citaremos tan solo las palabras de L. C. de Saint­ Martin: “Ya no soy joven, encontrándome cerca de mis cincuenta años, y aún así he comenzado a estudiar Alemán con el propósito de leer a este autor incomparable” ...”No soy digno de atar los cordones de este hombre maravilloso, a quien considero la luz más grande que ha venido a la tierra, secundando solo a Aquel que fue la Luz misma” “Aconsejo, por todos los medios, que usted se arroje a este abismo de conocimiento de la más profunda de todas las verdades” ...”Encuentro en sus obras tanta profundidad y exaltación de pensamientos, y tanta simpleza como deliciosos nutrientes, que he considerado que es una pérdida de tiempo el buscar estas cosas en otros sitios” (Cartas a Kirchberger) Si alguna vez adquiriésemos algún libro de Jacob Boehme, nos sorprenderá el hecho de saber que no todos los amantes de la verdad conozcan estos textos sin considerarlos su tesoro más valioso y útiles dentro de la literatura espiritual.

Jacob Boehme

Louis Claude de Saint­Martin

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“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieses poder para hacerlo” Proverbios 3­27


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Pág. 2- Una carta del siglo XVIII Por H. Prometeo Pág. 4- La caballería, la vía del héroe y el martinismo Por H. Frederik Pág. 10- Caná Po...

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