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Salutación de Pascua Llegado el mes de febrero, tres son los días en que, dentro de la tradición cristiana, se alimenta al cuerpo por última vez con la carne de este mundo. El carnaval (carnevale = quitar la carne) permite al hombre saciarse en un festín cuya culminación ocurre el Miércoles de Cenizas, donde se marca el comienzo de la Cuaresma. Serán cuarenta los días de ayuno y abstinencia. Nuestra alma debe purificarse, dejando de alimentarse de la substancia mundana. Esto nos provocará hambre y sed, que serán saciadas en la Santa Cena, por medio de la cual beberemos y comeremos de la sangre y carne de Cristo, es decir: de la substancia celestial. Con la muerte de Cristo Jesús, la Salvación nos Unge a todos en la misma pasión y por la misma muerte que, para nosotros, es aquel temblor que quebranta el templo del Hombre Viejo. Con esta nueva bebida y comida podremos renacer como un Nuevo Hombre dentro de la libertad que en verdad salva y vivifica. Preparemos entonces nuestras almas, afín de poder ser llamados a sentarnos a la mesa de Nuestro Señor.

¡Felices Pascuas!

Sociedad de Estudios Martinistas


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Revista Trígono

Contenido

Trígono

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Revista informativa y cultural de la Sociedad de Estudios Martinistas

Pág 2 ­ Nuestra Pascua (Por H. Tzadiq)

Pág 5 ­ Algunas reflexiones sobre la Pascua y su significado universal (Por H. Frederik)

Pág 10 ­ Consideraciones generales sobre el Martinismo y la Sociedad de Estudios Martinistas (Por H. Taborel)

Pág 15 ­ Emaus

(por H. Soledad)

Contratapa ­ Comentario explicativo de la primera portada "Reintegración" (Por H. Frederik)

Nuestra Portada

El "arte de tapa" lleva por nombre "El Hombre Universal" y es original del H. Frederik

Los diseños, artículos y contenidos de Trígono son colaboraciones de miembros y amigos del S.E.M.

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Nuestra Pascua Por H. Tzadiq

La Pascua Cristiana posee el signo profundo y liberador de la Resurrección. Muchas veces, y muy usualmente, el concepto y entendimiento sobre este Acto, se encuentra apegado y construido desde el mundo del ego humano, lo cual provoca desconcierto e ideas fantasiosas ante la luz de la razón del hombre que, al buscar su significado tan solo desde su propia inteligencia, no logra percibir, ni aún descubrir, más que débiles vestigios sobre el sentido verdadero de este acontecimiento. La cuestión indica que los textos y símbolos espirituales y sagrados no dirigen tanto su intención al hombre externo o mundano, sino al interno y espiritual. Es por tanto al alma humana que todas las acciones van dirigidas, aunque la razón actuante dentro de la personalidad, tome para sí ese mensaje sin hacerlo llegar abiertamente a su corazón, quien es el verdadero destinatario del mensaje. La Resurrección Pascual trae a la humanidad el salto hacia la libertad de su condición de esclavitud. Condición que no es otra cosa que la inacción e inactividad de la vida espiritual en su alma. Este letargo es para el hombre una enfermedad de muerte en la que yace y se encuentra sumido, y de la que por sí mismo es incapaz de soltarse o desligarse. El crimen del hombre es haber dejado morir dentro de sí la vida espiritual, cual es en verdad su real naturaleza de ser. Es en Barrabás que encontraremos representado este aspecto en nosotros; aquel por quien Cristo Jesús tomó lugar para accionar su liberación ante los juicios e ira del ego y su razón, representados aquí por Pilato y los guías espirituales del pueblo. El hombre pecaminoso ha sido liberado entonces, y en su lugar nuestro Salvador lleva sobre sí la condena de muerte que sobre él pesaba.

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A partir de este acto comienza la Pasión, cuyo significado etimológico es Padecer. Por tanto, comienza el Padecimiento Cristiano de cargar con la cruz humana para ofrecer un sacrificio por el cual poder reunir y restablecer un nuevo vínculo entre Dios y la humanidad caída. Cristo Jesús muere y da muerte a la mortandad humana que carga sobre sí, para así devolverla a la vida. Es por este acto que Todo es hecho nuevo, ya que quebranta el templo mortal e introduce en la humanidad la posibilidad de renacer a la nueva Vida, y la de construir en el seno humano un Templo verdadero y eterno de adoración a Dios. El hombre se encuentra en el sepulcro de la vida que originalmente supo revestir. Tras su muerte, también Jesús es llevado al sepulcro en el cual permaneció durante tres días hasta su Resurrección. En tres días, dijo, levantaría el Nuevo Templo, es decir al Hombre Nuevo, a quien resucitó junto a él tras vencer la muerte. Tengamos en cuenta entonces que no se trata de un hecho solamente histórico, sino que atemporal en el que cada hombre particularmente puede entregarse en la muerte de Cristo para resucitar desde su propia muerte espiritual hacia la vida única y eterna que fue su compañera cuando moraba en la imagen y semejanza divina. Pero la resurrección de Cristo corresponde al aspecto universal del hombre, es decir que se ha corrido la lápida y vencido la muerte humana para levantarse él mismo como una nueva humanidad en la que todos podemos morar. Sin embargo queda para nosotros el trabajo particular dentro del que nos corresponde obrar. La Imitación de Cristo nos invita a seguir aquellos pasos trazados en nosotros mismos, dentro de los que debemos buscar, una vez nacido el hijo del espíritu en nosotros, liberarnos de la muerte dirigiéndonos hacia la resurrección de la vida espiritual en el alma. De algún modo nuestro estado mortal se encuentra signado por el desconocimiento de nosotros mismos, o de quienes somos. Solo retornando sobre nuestros propios pasos en Fe y bajo Gracia de nuestro Salvador, podremos morir a nuestra mortandad y llegar entonces a la Vida en la cual nos reconoceremos como siendo uno. He aquí el nuevo nacimiento en el que podremos ser llamados nuevamente hijos de Dios. En la Epístola a Reginos podemos leer: “de tal manera no comprendas parcialmente, ni te comportes según esta carne respecto a la unidad, sino libérate de las divisiones y de los lazos, y ya posees la resurrección”

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Entonces, y de hecho, podríamos comprehender que a través de la fe, la humanidad, presentada como un solo hombre, ha resucitado en Cristo Jesús de la muerte, produciendo su liberación desde la ignorancia hacia la revelación de la Verdad. Pero tal revelación debe también ser cumplida en la esfera particular, a modo que uniéndose a la universal forme un cuadro general en el que todo pueda ser completado. El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre (Juan 14 ­ 12) La Pascua es un rito simbólico que conmemora y representa que hubo Uno que murió por todos, para que cada uno muramos en y con él. Tras la resurrección, Cristo Jesús nos ha mostrado el cuerpo de la nueva vida. El derramamiento de su sangre nos habla de los ríos de agua viva que nuevamente se restablecen en y para la humanidad caída. “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Jn11­25) “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Jn5­21) “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y todos los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Jn5­26/29). Mis amigos, que en esta Pascua podamos comer y beber, en lo profundo de nosotros mismos, del cuerpo y la sangre de Cristo. Substancia que él mismo ha venido a ofrecernos para nuestra salvación.

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Las fechas destacadas de las tradiciones solares, en general, versan sobre el paso de

Febo por el firmamento y las sucesivas estaciones. Así, cada fiesta importante de la Vía Solaris coincide aproximadamente con los solsticios y los equinoccios. El Cristianismo es una tradición del hemisferio boreal, por lo que la Pascua corresponde al equinoccio de primavera. El Sol ha dejado atrás el invierno, y renacido en fuerzas, es capaz de terminar con la noche saturnal y hacer que resurja la naturaleza. Este fenómeno natural, se corresponde con un hecho de raíz espiritual que el cristianismo conoce como la Resurrección. Este es el misterio Crístico, quizás, más importante. El Carnero como simiente espiritual masculina Según la posición del zodíaco occidental, durante la pascua, el Sol transita, arquetípicamente, por la constelación de Aries, el carnero celeste. El cordero pascual, que es sacrificado en el equinoccio de primavera, está vinculado con la restauración del poder fertilizador del Sol. Los pueblos nómades identificaban el paso del Sol por Aries con el celo del Carnero que multiplicaba el rebaño. Al igual que el carnero, el Astro Rey, luego del letargo invernal, fertilizaba la naturaleza cuando pasaba por ésta constelación. Respecto del origen mitológico, a esta constelación los griegos la relacionaban con el Vellocino de Oro, la piel del carnero alado llamado Crisomallo. En él escaparon de la furia de su madrastra los gemelos Hele y Frixo. Hele durante el vuelo cae al mar que toma su nombre (Helesponto) y Frixo, cuando llega a tierra, sacrifica el carnero en honor a Marte y su piel de oro es colgada de un roble. Más tarde, Jasón junto a los argonautas parten en la búsqueda del preciado vellocino para recuperar el trono que le fue arrebatado a su padre. Existe en varias tradiciones una relación simbólica entre el carnero y la capacidad de fertilizar a la naturaleza que muestra el Sol en el equinoccio de Aries. Esta constelación está asociada con el elemento fuego, con el aspecto guerrero de Marte y con la fertilidad viril de la simiente masculina.

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Durante la pascua judía antigua se practicaba un sacrificio ritual en el que se comía el cordero sin romper sus huesos y sin dejar carne. Este rito tenía el objeto de recordar la salida de Egipto. La pascua cristiana rememora la última cena, y la muerte y resurrección de Cristo. Pascua en hebreo significa paso, pasaje, tránsito. Iniciáticamente se refiere al paso de la Obscuridad hacia la Luz. El Huevo y la Liebre como el poder de la generación femenina Algunos elementos que aparecen en la celebración pascual, como el huevo y el conejo son reconocidos como de un origen no cristiano, aunque fueron asimilados por esta tradición. Los antecedentes más antiguos de estos símbolos los encontramos vinculados a las festividades y atributos de la diosa Sumeria de la Fertilidad Ashtarté, a quien los babilónicos llamaron Ishtar. El huevo aparece igualmente ligado a la deidad germana Eoster que representaba el amanecer y la primavera, y es quien recibe en el seno del walhalla a la deidad solar masculina. Esta diosa se identifica con el resurgir del Sol día a día (amanecer), como en el ciclo anual (primavera). El huevo también es mencionado en la mitología egipcia como un arca donde se guardaron los bienes del mundo y que fue disputada por Osiris y Seth. El huevo ha sido asimilado casi universalmente como germen o semilla del Mundo. Mientras que el conejo, originalmente la liebre, es un símbolo también asociado con la fertilidad. Estos simbolismos arcaicos y remotos, nunca perdieron eficacia a la hora de expresar estas cuestiones arquetípicas. Lewis Carroll en su relato Alicia en el País de las Maravillas, utiliza este simbolismo para construir un personaje al que llama La Liebre de Marzo. Este título no es casual, ya que, en Europa, el celo de la libre se da en marzo. Lo que altera notablemente el comportamiento de estos animales y se muestren saltando y corriendo de manera llamativa durante sus rituales de cortejo. Aunque estas alegorías han perdurado en las festividades pascuales y en las diversas culturas, su significado profundo y su conexión permanecen resguardados por los Hermetistas. Encontramos en las metáforas alquímicas amplias referencias al huevo y la liebre. Para los Filósofos del Opus Magnum, el Huevo Cósmico se encuentra vinculado con el Ojo del Mundo, el que se abre cuando el Sol emerge de las Tinieblas. No sólo por la coincidencia de las formas y la analogía de sus estructuras yema ­ clara y pupila – globo ocular, sino por sus atributos esotéricos.

El Huevo Macrocósmico según la concepción de John Dee. Monas Hieroglyphicas, 1564

La Piedra Esférica o Microcosmos Alquimista, aparece representado en varios grabados como un globo ocular. En la edad media se creía que el ojo estaba compuesto por siete capas que

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guardaban correspondencia con los siete cielos planetarios y sus respectivos Arcontes. De acuerdo con estas concepciones, el ojo humano permitía la visión del Cosmos corpóreo y sutil debido a la analogía de su constitución con el macrocosmos y por acción de la Ley Hermética de Correspondencia. Según Robert Fludd, por ejemplo, el ojo está construido a imagen del Mundo y todos los colores que contiene están dispuestos en círculo. John Dee describe el espacio planetario como un huevo, ubicando la órbita de los planetas interiores en la yema y la de los exteriores en la clara. William Blake vincula el ojo con el huevo, al resaltar la relación entre el Huevo como modelo Macrocósmico, y el Ojo como modelo Microcósmico en el cuerpo humano. Así, la capacidad de la óptica visionaria que aparece en Jacob Boehme y que resalta W. Blake, refuerza esta relación de correspondencia entre el ojo y el huevo. Esta equivalencia simbólica explica también cierto aspecto del simbolismo de la liebre en el equinoccio de primavera. Este animal era utilizado como Hieroglífico ya por los antiguos egipcios, quienes habían observado que sus amplios ojos permanecían abiertos durante toda la noche. Por lo que asociaban con la liebre la capacidad de la visión sutil y de la eterna vigilancia.

Copón con el Huevo como símbolo de la Resurrección. Escultura del Cementerio General de Santiago de Chile

El símbolo del huevo como germen del Mundo, es asociado también a la copa, pues no son pocas las representaciones de copas que contienen huevos, y también abundan las copas con tapas esféricas y ovoides. Así, no es difícil encontrar copones litúrgicos donde se guardan las ostias que representan el cordero inmolado desde el comienzo de los tiempos, y que tienen el aspecto de un huevo. Este simbolismo indica que el poder fructificador de la primavera se encuentra encerrado en el Huevo Filosófico. Fulcanelli en las Moradas filosofales señala acertadamente las relaciones entre el Copón de la Eucaristía Cristiana, el Graal, el vaso cosmogónico de Platón, el Gardal egipcio y las copas sagradas de todas las religiones y las escuelas de misterios.

Estos recipientes sagrados, representan el órgano femenino de la generación que es fecundado por el principio solar viril. Por eso, se encuentran vinculados a las deidades femeninas de la primavera y la naturaleza. Estas deidades femeninas suelen ser asociadas a una luna creciente, que tiene sus cuernos hacia arriba, reforzando la idea de Copa y Fertilidad Femenina.

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Aún hoy encontramos en las vírgenes cristianas este simbolismo lunar en sus representaciones. Fulcanelli señala, en otra parte de su obra, un relieve, en la chimenea del castillo de Terre Neuve, de un gnomo que tiene la boca como la de una liebre. Al que le atribuye el significado del principio femenino en cierta operación alquímica.

El Cosmos como un Huevo Códice de Rupertsberger S. XII

La representación litúrgica cristiana de los sucesos cosmogónicos en el equinoccio de primavera Estos elementos antiguos han sido integrados en las celebraciones pascuales. Y este misterio pascual se rememora constantemente en la liturgia cristiana con la eucaristía. Es en ella donde se unen los aspectos de la simiente masculina solar y espiritual con la matriz femenina lunar y astral que es fertilizada durante el Equinoccio de Primavera. La muerte invernal es seguida por el resurgir primaveral. Este evento forma parte del misterio eucarístico. La misa cristiana no es más que un recordatorio ritual de la Última Cena.

Cáliz con grabado del Cordero Pascual

Los elementos del cordero y la copa, nos recuerdan los antiguos misterios en los que la Simiente Solar regresa para Fecundar la Luna luego del invierno. Es el paso del alma individual desde las Tinieblas hacia la Luz Espiritual de los iniciados de todo el mundo y de todos los tiempos.

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Revista Trígono El significado Universal de la Pascua

Las relaciones simbólicas que mencionamos más arriba, nos advierten sobre la naturaleza solar del Cristianismo y su conexión con otras Tradiciones Ancestrales. También, nos revelan que los misterios cristianos guardan estrecha afinidad con las creencias y celebraciones paganas. Se pone de manifiesto, que la Tradición Solar Arquetípica tiene su origen en El Alba de los Tiempos. La creencia acerca de la reconstrucción del mundo durante el equinoccio de primavera, es un hecho bien conocido por todas las culturas. Este suceso astral, no es más que un símbolo de un Hecho Espiritual. Algunos autores, ignorantes de los profundos conocimientos que encierran los símbolos, sostienen que las tradiciones antiguas sólo celebraban acontecimientos astronómicos. Semejantes hipótesis surgen de confundir el símbolo con lo simbolizado. Como vemos, los antiguos eran plenamente conscientes de las bases metafísicas y espirituales de sus ritos. El poder fructificador del Fuego Solar sobre la Naturaleza Terrestre, no es más que una manifestación en el plano material, de una Operación Universal que tiene su raíz en el Mundo Espiritual. El análisis simbólico en busca de los orígenes y las equivalencias entre las diversas prácticas religiosas y mistéricas, tiene como fin develar también el significado Universal de la Pascua. Para un Filósofo de la Unidad, lejos de inquietarle las conexiones entre las diferentes religiones, hace hincapié en ellas. Porque estas equivalencias, nos hace comprender que la concepción de un auténtico cristianismo universal, puede diferir bastante de lo que nos plantea la evangelización religiosa. Según el criterio esotérico, el carácter Universal de una Vía Espiritual consiste en: 1. Tomar conciencia de la conexión con otras corrientes espirituales equivalentes y aparentemente desconectadas entre sí. Incluso, con las que corresponden a tiempos y lugares geográficamente remotos. 2. Reconocer que todas ellas, no son más que formas particulares de manifestar la Tradición Universal.

La Pascua, como todos los ritos equinocciales, nos habla de los acontecimientos Cósmicos, de la sucesión de las Eras y de la comunión de las diferentes corrientes espirituales. A la luz del Ciclo Cosmogónico, el Regreso del Poder Fructificador del Sol Espiritual, es el resurgir de la Tradición Universal. El retorno al Origen, nos conduce a una nueva Edad de Oro. Este es el Significado Ancestral de la Pascua. Para el Martinismo, esta restauración de la Tradición Primordial es la Reintegración Universal misma.

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Revista Trígono Consideraciones generales sobre el Martinismo y la Sociedad de Estudios Martinistas Por H. Taborel

Decir Martinismo no es más que decir Cristianismo, aunque de un modo más íntimo, o si

se quiere más reservado. Esta reserva se encuentra básicamente en el sentido y la esencia de lo que implica ser cristiano, resguardando que las formas cumplan adecuadamente sus funciones sin volverse su gobierno. La Transmisión propuesta originalmente por Saint­Martin era espiritual, filosófica y filial. Constaba de una única iniciación en la que se entregaba la llave para llegar al propio conocimiento, aunque no poseía ningún organismo o estructura entre los hombres que la contuviese o dirigiera. Era por tanto una conferencia libre en el marco de una profunda y sencilla iniciación. Quienes hubieron recibido este linaje eran responsables de procurar su sostén, y libres de transmitirlo entre aquellos que se estimase merecieran, en confianza, continuar la cadena filiatoria. La característica de esta impronta, para sostenerse fielmente, necesita de personas cuyas naturalezas reúnan ciertas cualidades de búsqueda que no suelen ser comunes al interés general de los hombres a pesar de su sencillez, y tal vez debido a ello es que el martinismo se caracteriza por su membresía relativamente acotada. Es por este motivo que, a través del tiempo, algunas de sus propiedades tendieron a decrecer, llegado un punto en que su dispersión hacía pensar en la posibilidad que este linaje se diluyera o perdiese. Habiendo Papus recibido esta Transmisión, y haciéndose a su vez consciente de tal probabilidad, forma y da origen a la Orden Martinista junto a Agustín Chaboseau, quien había recibido la misma iniciación por parte de su tía. Cierto es que, al brindarle a la misma un marco organizativo, ésta logró consolidarse con mayor firmeza entre los hombres, pudiendo así ser orientada y divulgada bajo ciertos parámetros preestablecidos. Si así no hubiese sucedido, difícilmente nosotros hoy hablaríamos de Martinismo, ni conoceríamos su filiación del modo en que lo hacemos.

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Revista Trígono Pero en este mundo, en donde ningún movimiento logra en verdad ser puro ni exacto, toda actividad debe siempre resignar algo de sí para obtener algún logro. Al formarse la Orden Martinista, ésta es instalada dentro de un marco de tipo masónico en su funcionalidad, estableciéndose para ella tres grados de transmisión. Posteriormente se incluiría un cuarto grado con el título de Libre Iniciador, permitiendo que quien lo recibiese pueda formar y dirigir, según sus propias capacidades, un grupo, fraternidad, círculo u orden que permita y fomente la continuidad de la Cadena Martinista. Usualmente cuando un nuevo Grupo Martinista es formado, se encuentran allí presentes distintos Libre Iniciadores prestando colaboración. Así también sucede en la Sociedad de Estudios Martinistas. Si bien con Papus el Martinismo había tomado una nueva influencia y destino, tras su muerte recibirá aún otras más. Esto es debido a las características de aquellas personalidades que han dirigido posteriormente la Orden, ya que la gran mayoría de ellos provenían, y eran miembros, de distintas corrientes espirituales. Esto provocaría divisiones que harían que el Martinismo adquiriese distintos matices y particularidades dentro de sus formas y prácticas. Esta descendencia escindida es la que también ha permitido sostener con cierta vitalidad la filiación Martinista, aunque se encontraría cada vez colmada de mayores influencias ajenas que, si bien podrían enriquecerla o adornarla, al mismo tiempo la alejaría más o menos de su Filosofía y sencillez natural primera. Es por ello que se puede encontrar que el Martinismo ha formado, y en ciertos casos aún hoy forma parte de fraternidades Masónicas, Rosacruces y Gnósticas que transmiten los grados Martinistas a ciertos grupos de sus membresías. La Sociedad de Estudios Martinistas reconoce y da crédito a todas estas vertientes, ya que entiende al Martinismo como una única unidad dispersa dentro de distintas formas de expresión. Sin embargo nuestra particular intención está orientada en el establecimiento de un centro iniciático que no se encuentre regido más que por la naturaleza esencial del Martinismo, sin depender directa o indirectamente de ningún régimen externo que lo quiera limitar o moderar de algún modo. Pretendemos dirigirnos en búsqueda del Martinismo desde la propia vía propuesta por Louis Claude de Saint Martin.

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Revista Trígono De este modo se comprenderá que la Sociedad de Estudios Martinistas no tiene ninguna relación directa con ninguna Orden Martinista, o cualquier otra, en un sentido organizativo. Sin embargo nos sentimos unidos a todos por la misma esencia filial que nos remonta y une al mismo principio, al mismo llamado, y a la misma luz. Entendamos que el Martinismo posee un espíritu libre de acción que no podría ser atado a nada ni a nadie. Su naturaleza es íntima y solitaria. El sentido de agrupación nace como una necesidad expresiva fraterna por medio la cual sostener una orientación para los nuevos buscadores. La simple pretensión de concentrar este espíritu dentro de alguna particularidad, considerándose única, no hace más que fragmentar y desnaturalizar la verdadera intensión por el que este lineaminto se ha expresado bajo un sentido universal. Si hacemos referencia a la forma operativa con la que trabaja el Martinismo, debemos mencionar que son dos los tipos de labores realizados: uno grupal y otro individual. Ambos caracteres poseen su propio grado de importancia particular, aunque claramente el trabajo individual es el que acentúa con mayor firmeza la verdadera esencia del martinismo, ya que éste es el principal lineamiento transmitido por Louis Claude de Saint­ Martin. El trabajo grupal resulta ser una necesidad posterior que se origina naturalmente tras la formación de la Orden Martinista, cuya forma ritual se ha basado en los ritos masónicos, como ya se ha mencionado. Es llamativo el hecho que en Francia, Papus haya trazado esta dirección para el Martinismo, y que al mismo tiempo la corriente Rusa haya hecho lo mismo sin existir entre ellas conexión alguna por aquella época. Pero, como la raíz de la base filosófica martinista proviene de la Orden Masónica de los Elus Cohen, fundada por Martínez de Pasqually – quien fuese el primer maestro de Saint­ Martin ­, no resulta del todo extraño que ante la necesidad de agruparse dentro de una estructura que permita proferir su linaje, haya sido el aspecto masónico el que naturalmente se haya considerado utilizar para tal fin. Además, debemos comprender que los fundamentos Filosóficos del Martinismo provenientes de Pasqually poseen la impronta de la operatividad, aunque bajo la mano de Saint­Martin se los ha conducido y llevado a ser de un modo íntimo y cardíaco.

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Revista Trígono Por otro lado los ritos en si mismos son medios simbólicos por los cuales se transmiten una intensión y un contenido determinado, dependiendo siempre del origen por el cual se haya manifestado entre los hombres. Por tanto un ritual es una forma compleja o compuesta de comunicación simbólica, sin ser ella la comunicación misma de una manera revelada. Todo debe ser siempre evaluado de acuerdo a la intensión por la cual el ritual ha sido puesto en movimiento. De este modo el Martinismo ha encontrado con esta forma un recurso o herramienta efectiva de manutención, por medio de la cual conservar y dispensar su esencia filosófica y su operatividad particular. En búsqueda de clarificar este punto lo mejor posible, pensemos en la forma ritual como siendo un recipiente contenedor, o vasija, por medio de la cual uno puede dar a beber un contenido determinado. La importancia radica en la esencia contenida, a pesar de haber sido la vasija construida a partir de un mismo material. Por supuesto que los rituales son algo mucho más complejo que este ejemplo en extremo sencillo, pero igualmente no dejan de ser formas o instrumentos por los cuales servirse para verter y transmitir un contenido... en este caso espiritual. De algún modo lo mismo sucede cuando ponemos la mirada en las distintas fraternidades y ordenaciones cristianas, siendo el Martinismo una más dentro de ellas. Todas compartimos una misma expresión troncal, en tanto que somos ramificaciones del árbol cristiano, mientras que lo que cada una expresa o interpreta particularmente, resulte en distintos grados diferente. Los frutos de un árbol nunca son idénticos en sus formas, colores y sabores, aunque todos expresen y mantengan en sus cualidades una misma característica natural. Un árbol es alimentado por la savia proveniente de su raíz, vitalizado por el agua y la luz solar, además de ser agitado por un mismo viento. Sin embargo no todos sus frutos tienen el mismo dulzor, el mismo tamaño, ni el mismo color. Es así que cada manifestación, sea general o particular, debe esforzarse por reflejar lo mejor posible las cualidades de su naturaleza, lo cual nos dirige hacia una multitud de diferentes expresiones de sí que, bien comprendidas, no son más que distintas acciones compartiendo una misma procedencia. En cuanto al sello Crístico del cual el Martinismo en general se impregna, no debería ser confundido con lo dogmático y lo rígido, así como tampoco con el rito y sus símbolos y mitos.

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Revista Trígono Si bien el Cristianismo ha tomado estos aspectos dentro de sus distintas formas expresivas, lo esencial de su Transmisión posee un sentido marcadamente Filosófico. Es en el Amor ­ sobre todo en el Amor por la Sabiduría verdadera o revelada – que el esoterismo cristiano es sostenido. El Martinismo opera en búsqueda de la predisposición del hombre hacia el propio reconocimiento, dentro de lo que corresponde a su verdad de ser. Es en el corazón humano donde todo debe ocurrir. Si así logra suceder, éste es encendido en el fuego del Amor, que como un matraz alquímico transformará lo denso en sutil, además de ser ello el signo que anuncia la nueva aurora. Desde este fuego central deberá nacer la luz y la vida luminosa en el alma del hombre. Con tal resplandor, el intelecto humano dejará de andar a tientas, especulando sobre lo que trata la Vía, siendo necesario recorrerla y marcar en ella nuestras propias huellas. El fuego del corazón debe iluminar por completo al hombre, volviéndolo consciente y ubicándolo en el orden que le corresponde según su naturaleza. Esta operación interior provoca una lucha entre la antigua regencia incrustada en los juicios de la razón, y la nueva actividad luminosa encendida en el corazón. Así el Martinismo en general y el S.E.M. en particular es presentado como una Sociedad de Hombres de Deseo –de corazones ardientes– que buscan que sus voluntades se vuelvan el hospedaje de la voluntad de Dios.

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Em a u s

D e l a d e c e p c i ó n a l a e s p e ra n z a P or H. S oledad

El hombre, atraviesa hoy oscuros caminos; es un hombre desilusionado, perdido en su interior, desanimado por fuera, destruido en su interioridad, distraído en las relaciones. ¿Cómo ver a Cristo, Camino, Verdad y Vida? Existe una ruta que es la de la desesperación; es el camino de los hombres que buscan a Dios, pero se encuentran desalentados; pueden leer sus signos pero desconocen la presencia del “Dios con nosotros”, del Emmanuel. Es un camino de hombres cansados, de fe probada. Parecen firmes, pero en apariencia; en realidad, sólo están a la espera de la realización de sus ideales según sus propios esquemas mentales. La aventura de los discípulos de Emaús es un bello ejemplo de este camino que se da en dos sentidos. 1 ) De Jerusalén a Emaús, un trayecto de desconsuelo, de desesperación, de decepción. 2) El itinerario de Emaús a Jerusalén, es de gozosa misión y verdadero discipulado. Lucas24,13-35 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios (doce kilómetros) de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron

Emaus


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tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. La Aventura de Emaús Un mundo nuevo había comenzado, mientras ellos quedaban atrapados en el viejo.

Dos discípulos estaban recorriendo un camino en medio de la aflicción; no sabían que un nuevo mundo había comenzado. Era angustia y resignación; temor y desconcierto al tener que regresar derrotados a su vida anterior. Había ido en pos de un sueño que había terminado en un madero. Alguien comenzó a acompañarlos no con el paso vacilante de ellos, sino con paso seguro y tranquilo. Apenas lo vieron, pensaron que se trataba de un peregrino que iba para la Pascua hebrea a Jerusalén. Jesús los alcanza mientras ellos hablaban y discutían. La Luz se posiciona en medio de la oscuridad, la alegría entre dos tristezas. Cada vez que nos sentimos angustiados, Dios camina a nuestro lado, nos acompaña, pero desconocemos Su Presencia. Al principio, Jesús los escucha, recoge su dolor y amargura. El Verbo se hace Escucha. La tristeza y el dolor son como la niebla. No se ve, la ceguera invade. Somos incapaces de observar. El espíritu se turba. Los peregrinos de Emaús se hallan tras las rejas de la desilusión. Tienen a su lado la fuente de la luz, pero no lo reconocen. Reconociendo que Cristo está presente también cuando no lo percibimos, S. Agustín dirá: « Tu estás en mí, pero yo no estoy contigo».

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Revista Trígono Es Jesús que interpela al hombre, que se “mete” en su historia. Es esa pregunta que horada nuestro interior buscando la verdad dormida. Sí, ellos estaban detenidos en el pasado. Regresando a todo lo que habían abandonado. Es esa misma tristeza en la cual nos sumimos porque no reconocemos que Él vive. Jesús rompe el silencio, pero los ojos del espíritu están cerrados. Cleofás le responde sorprendido y con cierto sarcasmo : “Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días?”

Nosotros, al igual que Cleofás, nos transformamos, muchas veces en jueces de Dios y lo acusamos de ignorancia. Le decimos: «No te das cuenta lo que está pasando en el mundo? No te afectan los hechos? No eres capaz de hacer algo? «... Nosotros esperábamos que él fuese a liberar a Israel». Y los dos desilusionados relatan la muerte de Jesús, el Nazareno, “un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo”. Qué breve es la esperanza del hombre! Qué poca es su Fe. «

... El caso es que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado, porque fueron de madrugada al sepulcro de Jesús...».

Los dos de Emaús relatan, en este punto, lo sucedido unas horas antes a las mujeres: la tumba vacía, el anuncio de los ángeles que Jesús estaba vivo, y la confirmación de los hecho de algunos apóstoles después de la constatación. Pero ellos no se convencían. En este punto, el Maestro les hace ver que la mente no funciona bien porque el corazón es demasiado duro. Hoy funcionamos esencialmente con la mente, pero a Jesús se lo comprende con el corazón, porque él es la Vida, que no se reduce a un objeto mental. La Palabra de Dios es bella allí, delante del hombre; pero si no penetra en su interior, no se la comprende. La inteligencia de la palabra no es la ciencia de la palabra: es la capacidad de comprenderla, de aprehenderla y aferrarla al corazón. Puedo saber también toda la palabra de memoria e igualmente no comprender nada de la Palabra. Solamente la acción del Espíritu hace llegar la sustancia de la Palabra. Y Jesús comienza a explicarles las escrituras, a hacerles comprender los sufrimientos que el Mesías era necesario que soportase. Los discípulos, al calor de la enseñanza del Maestro, lentamente iban abriendo su corazón. Jesús habla, el fuego habla: Jesús es el fuego que ilumina, purifica y enardece. La presencia de Jesús los renueva. La Iglesia es el lugar del fuego. Y los cristianos no son vestales que lo custodian, sino incendiarios que lo difunden y lo resucitan en los corazones entregados y apagados de los hombres. En este punto los discípulos intuyeron que el Mesías era alguien diferente, constituía un camino distinto a aquél que ellos esperaban En el camino de Emaús Jesús reconstruyen

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pedazo a pedazo la figura del verdadero Mesías. Los discípulos comienzan a creer en la resurrección de Jesús, pero siguen sin reconocerlo. «Mientras tanto llegaron al lugar adonde se dirigían».

Los discípulos pensaron haber terminado el itinerario pero era solo el comienzo de uno mucho mayor, apostolado y testimonio. «Y Jesús hizo ademán de continuar el viaje».

Dios a menudo «hace ademán», «hace como si», para suscitar en los hombres la iniciativa de la invocación y de la invitación. Los ademanes de Dios resultan estimulantes para el hombre. El silencio de Dios, que se experimenta también como emprender otro camino respecto al que estaban siguiendo con él, suscita en nosotros, impacientes como somos, sentimientos contradictorios, de decepción, de desaprobación... Pero insistieron. Era retener a Dios, hospedar a Dios, acoger a Dios con alegría, también cuando él se esconde bajo el modesto disfraz de viajero, de un desconocido, es la forma preliminar para experimentar grandes cosas. La cultura de la hospitalidad, la cultura de la solidaridad… Si los dos de Emaus habrían pensado en cerrar la puerta, habrían perdido la oportunidad de la vida. Todas las veces que abrimos la puerta a Cristo, abriéndole a cada pobre, a cada necesitado, a cada desamparado, establecemos las premisas de un futuro espléndido. Cada vez que abrimos la puerta del corazón, estamos abriendo la puerta del corazón de Dios. Y los discípulos de Emaús realizaron ese gesto de amor “Quédate con nosotros porque atardece y el día ya ha declinado ».

La noche es la imagen de la muerte, el fin de todo. La muerte es soledad. La noche da una sensación de soledad interior. La compañía en la noche tiene inmediatamente el significado del refugio en el rigor de la noche y, simbólicamente, es el signo de una comunión en el momento de la soledad. Se hace tarde. Te daremos una cama. Te daremos un plato. Te daremos la sopa. Te daremos el corazón. Y Jesús acepta. En las afueras de Emaús, Jesús solicita la iniciativa con su estrategia de hacer como si fuese otro y de marcharse. Pero, cuando es invitado a ser cobijado en la noche, acepta inmediatamente. Y lo hace para defender a los hombres, para siempre, de la noche de la angustia,, que consiste en el estar atrapados en un destino mortal. Él es quien entra continuamente en nosotros en el signo del pan. Entra en Emaús – como continuará entrando, - para quedarse. Esa i ntimidad, común a todas las culturas, es simbolizada y experimentada en el momento del banquete.

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Revista Trígono El texto declara explícitamente: «Se puso a

la mesa con ellos».

Es esta la primera cena del Jesús celeste. Es celebrada después de la ú ltima Cena del Jesús terrestre. Y para renovar la perenne cena del Jesús-Eucaristia. El destino del hombre es la cena, es decir, la comunión íntima con Dios y con todos los hijos de Dios. El texto puntualiza: «tomó el pan y pronunció la oración de bendición; lo partió y comenzó a repartirlo». Son estos los gestos idénticos y las mismas palabras del acontecimiento de la institución de la Eucaristía,, llamada por los antiguos hermanos nuestros en la fe “fracción del pan”. Es el hecho por el que la comunidad de los creyentes, la iglesia, forma un solo cuerpo. Es decir, la causa de este ser un solo cuerpo solamente se encuentra en Pablo: “El pan que nosotros comemos es comunión con el cuerpo de Cristo. Es un solo pan y por ese motivo formamos un solo cuerpo, aunque seamos muchos. ».

Aquella noche, en aquél lugar, los dos ven al invitado levantarse con autoridad y bendecir y tomar el pan, con la misma actitud de días antes. El encuentro eucarístico con Cristo debe ser completado en el reconocimiento de Cristo en el pobre. Jesús dirá en el juicio final: “Era forastero y me has acogido”. Y, a la pregunta: “Cuándo te hemos visto como forastero y te hemos recibido?”, responderá: “Lo mismo que han hecho a uno de mis hermanos más pequeños, me lo han hecho a mí”. «En aquél momento los ojos de los dos discípulos se abrieron y reconocieron a Jesús». Es la intuición del corazón, Eres Tú, el Señor. Es aquí que a los dos ciegos espirituales

se le abren los ojos. En Emaús, el proceso del reconocimiento llega a su ápice. Emaús, de hecho, es un lento proceso de reconocimiento . Dos son las fases principales. En primer lugar la guía del Maestro sobre el profundo significado de la Palabra. Y después, el gesto del Maestro en la renovación de la gran Palabra: la Cena. Jesús es reconocido como el Señor resucitado, viviente y presente en la comunidad, adonde cada comunidad se pone en camino para familiarizarse con la Palabra, y después, se pone a la mesa para renovar la Palabra de la Cena. Una y otra fase son recorridos de fe. Pero, como cierre tras las dos fases, se debe interponer -como en Emaús- el gesto de la generosidad, de la cortesía, de la hospitalidad y del Servicio. Para ser comensal de Jesús resucitado, es necesario imitarlo en el gesto del lavado de los pies, que es ayudar al hermano a purificar su humanidad, a sentirse más hombre, a reponerse de sus fatigas. Para reconocer a Jesús plenamente, es necesario meterse en el camino de Emaús. Lo reconoceremos también nosotros, cuando la mente se nutra de la Palabra y las manos se muevan para el servicio. Reconocer a Jesús: es significativamente. Dios podrá

aquello que es verdaderamente necesario para vivir hacerse reconocer de tantas formas: rayos, truenos, signos prodigiosos e increíbles, pero Jesús es el Dios del amor y quiere ser reconocido no con grandes signos, sino con los maravillosos signos del amor discreto y delicado.

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Revista Trígono Cuántas veces también nosotros esperamos, dentro de una lógica infantil, que Dios cambie con la varita mágica la dificultad y los obstáculos de nuestra vida. Pero no es Dios quien debe cambiar, sino nosotros que debemos transformarnos para él como los dos de Emaús. La Palabra para comprender, el hermano para servir, el banquete para comer, exigen de nosotros la disponibilidad correspondiente a la escucha, a la acogida, a la invitación. Los dos lo han reconocido. Han madurado en la convicción que él es el viviente, el presente, el Emmanuel omnipresente. Y esto ahora debe ser suficiente. Por eso el Señor desaparece. Mientras permanecemos en la tierra no podemos esperar largos períodos disfrutando de su presencia. Solo tendremos la luz suficiente que nos sirva para atravesar la oscuridad. La desaparición del Resucitado de la vista de los dos de Emaús, constituye también un elemento para la educación en la fe. La fe es creer en la Presencia, sin verla. La fe no se apoya en los sentidos, sino en el testimonio de otros que han visto, sobre la comprensión de la Escritura y, sobre todo, sobre el don del Espíritu, que hace estallar el corazón de la alegría de la certeza. Cristo desaparece de la vista física para potenciar la visión interior: la fe. La desaparición del Resucitado no hace sucumbir a los dos en la tristeza y en la desilusión hora los discípulos saben. Ahora están seguros que el Maestro es el Señor, es el Viviente. El estupor y la alegría se mezclaban. Los discípulos comenzaron a re-cordar, esto es, a volver a hacer funcionar el corazón, que regresa al comienzo de aquella aventura, comenzada al mediodía del primer día de la semana. Interrogando al corazón, lo encuentran ahora encendido del fuego que el misterioso compañero de viaje había atizado dentro sin que lo reconocieran. Aquél fuego no se redujo a cenizas. El fuego, por su naturaleza, es ardiente. Cleofás y el amigo se queman. Deben moverse. Deben contagiarse y contagiar a los otros con esta llama. Se levantan. Corren. Se transforman en testigos y evangelizadores. Ellos partieron de Emaús, de aquel lugar que en el viaje de ida parecía un lugar seguro y estable y que ahora se convierte en el punto de partida del camino de fidelidad hasta la muerte. Emaus es el punto de partida de todos los apóstoles. Ellos hicieron el difícil itinerario de fe y pasaron de la ceguera a videntes en el reconocimiento del Resucitado. La meta inmediata de ellos en su viaje de regreso es Jerusalén, la ciudad santa. Regresar a Jerusalén es correr de alegría. Pero qué van a hacer los dos apenas lleguen a Jerusalén? Llevar rápidamente la «buena noticia» a los apóstoles. Ellos van a evangelizar a los evangelizadores.

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Revista Trígono De aquí recabamos, en términos de experiencia, la definición de evangelizador; son quienes corren a dar la noticia que Jesús está vivo en el camino de regreso de Emaús, pero «con el rostro vuelto hacia Jeruslén», según la sugestiva expresión de S. Bernardo. Los dos de Emaús, jadeantes y jubilosos, llegaron al domicilio deseado. Era el cenáculo adonde estaban escondidos los seguidores, atemorizados «por temor de los judíos» y además trastornados por los comentarios de las mujeres que circulaban desde la mañana. Los once estaban reunidos, unidos por el miedo, por la curiosidad, por la incertidumbre de las cosas increíbles que habían escuchado. Después del testimonio a la comunidad toda, realizado por los once y quienes estaban con ellos, Lucas da espacio al testimonio de los dos discípulos de Emaús, quienes resumen su aventura. La experiencia convierte; relato y experiencia se hacen testimonio. Cada uno tiene su camino. Y procede sin conocimiento sobre lo que ocurrirá. En cierta medida se experimenta la emboscada de Dios, la sorpresa del Resucitado. Largo camino. El Resucitado

ama el camino. El ha conocido el camino desde pequeño: aquél del exilio. Todo el camino de Jesús confluye en el camino, en el interior de Jerusalén, hacia el Calvario. Cuando todo el silencio del universo parecía haberse cernido sobre el camino de la consumación, llega el camino maestro de Dios y del hombre, de Dios que sorprende al hombre, del Resucitado buscando a cada hijo de hombre «Y decían que lo habían reconocido en la fracción del pan».

Es la primera vez - y será determinante para la historia de la Iglesia - que la comunidad ahora naciente tome conciencia que la Eucaristía es el lugar privilegiado de la experiencia vital de su Señor. Se presenta como fuente y culmen de toda la evangelización.». Pero, obviamente, una Eucaristía como celebración completa del acontecimiento de Emaús liturgia de la Palabra, liturgia del sacrificio y liturgia de la vida como acogida a los otros - exige la imperativa y constante colaboración del creyente, para que sea una acción de gracias de todo el cuerpo místico constitutivo del Resucitado y de los bautizados. La liturgia de la vida salda y verifica la liturgia de la Palabra con la fracción del pan. Y después de estos momentos de las tres liturgias articuladas se impone como consecuencia «fisiológica» la liturgia de la misión. Los dos de Emaús corren hacia Jerusalén y se transforman en evangelizadores. La Eucaristía se hace anunciadora y testimonio. Como en la conclusión de la celebración eucarística los fieles son invitados: «La misa ha concluido, vayan a anunciar la paz», así los dos discípulos sienten el mandato del Resucitado en

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Revista Trígono el corazón de ir y anunciar la experiencia hecha. Y recorren, casi corriendo, los doce kilómetros de regreso Emaús-Jerusalén, para llegar al cenáculo adonde se celebra el mutuo testimoniarse. Allí, está ya el germen de la humanidad nueva, la Iglesia. Eso es la Iglesia: el espacio humano, sin fronteras, adonde cada uno testimonia al otro su experiencia de la resurrección en su vida.

En esta Semana Santa, el Señor nos invita a serenarnos, a reflexionar a escuchar y meditar su Pasión, en ella hay un mensaje nuevo: Jesús con su muerte –por amor- nos confirma cuál es y debe ser siempre nuestro camino, el recorrido por Él, el camino del Amor. Camino que recorre con la mansedumbre del Rey que entra en Jerusalén montado en un burrito.  Amor  con que abraza la cruz y con ella abraza a la humanidad entera, humanidad de todos los tiempos.  Amor  con que nos abraza a cada uno, a vos, a ustedes, a mí, a todos!  Amor  que me enseña a derribar barreras, a servir, a no ponerme en el primer lugar.  Amor  que será el tema de mi examen final. Único tema importante y excluyente: ¿Cómo he amado? Ojalá que podamos responderle que hemos sabido amar sin fronteras. ¡ FELICES PASCUAS !

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"La voluntad y la imaginación del hombre se han pervertido de su estado original; el hombre se ha rodeado a sí mismo por un mundo de imaginación y voluntades propias. Por tanto ha perdido la vista de Dios, pudiendo volver a obtener su estado anterior y volverse sabio, si él vuelve la actividad de su alma y mente nuevamente hacia la armonía en el espíritu Divino" Jacob Boehme

"Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero" Ev. Juan 6 - 39;40


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Contenido Pág. 2- ­ Nuestra Pascua Por H. Tzadiq Pág. 5- ­ Algunas reflexiones sobre la Pascua y su significado universal Por H. Frederik...

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