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ESQUEMA DE ASESORAMIENTO PARA QUE CADA DISTRITO ADQUIERA AUTONOMÍA ALIMENTARIA A PARTIR DEL “MODELO DE ECONOMÍA SOCIAL DE ESCALA” QUE SE ESTÁ COMENZANDO A APLICAR EN OTRAS PROVINCIAS DE LA ARGENTINA

Adecuando la base de diagnóstico a cada realidad provincial, se pueden analizar las posibilidades de adaptación y de intercambio de este esquema de escala a partir de la economía popular argentina. A continuación, una síntesis a grandes rasgos sobre cómo está comenzando a funcionar dicho esquema en varias provincias de nuestro país.

RED FEDERAL DE ECONOMÍA SOCIAL Un 15 % de la población argentina es rural, o sea que 6 millones de personas viven en el campo. Otros 3 millones de argentinos viven en los pequeños pueblos, pero se dedican a tareas agropecuarias. Ese espacio genera tres cuartas partes de la materia prima que se utiliza para hacer alimentos en el país. Las experiencias de agregado de valor local, con mejor calidad y precio que el de las concentradas, no acceden al gran mercado debido a una enorme red de intermediaciones espurias que distorsionan el precio al consumidor y generan falsa inflación. Muchas veces con una clara intención política. Pero existe una forma sencilla de romper esa cadena: la construcción de nodos de venta mayorista de los propios productores cooperativizados, para comercializar directamente a almacenes barriales organizados en red. Sin intermediaciones de ningún tipo. ESQUEMA DE FUNCIONAMIENTO MAYORISTA 1. MATERIA PRIMA DISPONIBLE: Existen en el país numerosas cuencas donde la existencia de materia prima supera ampliamente la demanda del aparato industrializador, lo cual genera pago vil a los pequeños productores, quienes funcionan así como variable de ajuste de cada una de estas actividades. Entre otros casos, podemos mencionar a La Rioja, Catamarca y Cuyo en cuanto a producción de aceitunas y aceite de oliva; Santiago del Estero y Tucumán con la producción de batata; Jujuy, Salta y Cuyo con el tomate; Tucumán respecto de la caña de


azúcar; Cuyo y Noroeste en cuanto a uva; Misiones y el nordeste correntino para la yerba mate, varias provincias respecto de oleaginosas, y otros distritos en cuanto a lácteos, trigo, carnes, piscicultura, frutas, arroz, etc. 2. INDUSTRIALIZACIÓN: La mayoría de las cuencas productivas muestra un amplio abanico de industria transformadora artesanal o de escala micro, que agrega valor a la enorme cantidad de materia prima excedente. Utilizan efectivas y sanas técnicas ancestrales de conservación para uso propio. Se apunta a cooperativizar esos grupos, dotarlos de equipamiento y marca, así como capacidad de estoqueo para atender la demanda anual (romper la estacionalidad) y además elevar la tecnificación, aumentando el equipamiento para adquirir escala. La escala no es un privilegio de pocos: es simplemente llegar con marca propia a los almacenes barriales de ciudades cercanas, organizados en red.

3. CAPACITACIÓN: Se trabaja en el territorio fortaleciendo la capacidad de los pequeños productores mediante capacitación en asociativismo, manejo de cooperativas, marca colectiva, homogenización de los productos ofrecidos al mercado, así como asistiéndolos técnicamente para la puesta en marcha de las mejoras en el equipamiento, para hacerlo flexible y para comercializar de manera formal. En todos los rubros, el pequeño productor aislado –al organizarse en cooperativas integrales– se transforma así en gestor de su propio destino, independizándose progresivamente del apoyo estatal y conformando un espacio social que será pilar de sostén para el desarrollo de nuevas políticas inclusivas (bancos cooperativos, sistemas de salud alternativos, carreras técnicas, etc.) y un aliado en combate a la inflación, uno de los últimos recursos desestabilizadores con que cuenta la oposición aliada a los monopolios. 4. LOGÍSTICA: En todos los casos analizados en la Argentina, las cuencas cuentan con un parque automotor numeroso, aunque compuesto por unidades con bastante antigüedad. Estos vehículos sólo trabajan una parte del año: la época de zafra o cosecha. O sea que en todas las cuencas hay unidades que se pueden reparar para ser utilizadas en la inter zafra, cooperativizando también así la capacidad ociosa disponible en cuanto a transporte, lo cual permite transportar los productos no perecederos a los supermercados mayoristas propios.


5. COMERCIALIZACIÓN: El reclamo unánime de los actores de la economía popular ligados a la producción de alimentos ha sido la comercialización como “cuello de botella”. Pero a medida que se han desarrollado en varias provincias experiencias de economía social de escala, ha quedado demostrado que esto no es más que un mito, ya que –si se alcanza escala– se colocan fácilmente los alimentos elaborados que demandan los comercios barriales. Los almaceneros definen la demanda, evitando así engorrosos “estudios de mercado”. La producción en escala ya está siendo comercializada a través de ferias y mercados, pero ahora la Red apunta a la construcción de supermercados mayoristas propios, a instalar en ciudades cercanas a cada cuenca, pero estableciendo además entre las provincias un intercambio de productos de producción masiva, para atender el enorme espacio de los comercios barriales de todo el país, organizados en red. Por primera vez en la historia de los programas de inclusión social para pequeños productores, en varios de los proyectos iniciados la demanda supera a la oferta: cientos de comercios barriales, justamente en la geografía que constituye la base social del proyecto nacional, han recibido muestras envasadas y precios de referencia, refrendando la certeza de que se puede combatir organizadamente a los monopolios abusadores. De esta manera, con el esquema en marcha, la yerba misionera podrá ser intercambiada por los vinos y dulce de membrillo en barra de San Juan, el aceite de oliva de La Rioja y Catamarca, o el azúcar tucumano y la salsa de tomate de Salta y Jujuy, abarcando el amplio espectro de todas las producciones regionales mencionadas más arriba y que aún se realiza en pequeñas fincas rurales, siempre amenazadas por la concentración monopólica. Hoy resulta evidente que nuevas marcas populares, en muchos casos de cooperativas, han recuperado espacio a partir de los precios abusivos cobrados por las empresas monopólicas. Es así que, al calor de las políticas distributivas del gobierno nacional, los almacenes y despensas de la Argentina pasaron del 9 al 21 % de la facturación total por ventas de consumo popular entre 2003 y 2011. Ese avance sobre las concentradas (mercados chinos, súper e híper mercados privados) se realizó por la existencia de marcas alternativas de menor precio, por la permanencia de las despensas en el territorio de cercanía y por un mecanismo de crédito popular personalizado que los grandes no podrán aplicar jamás: la libreta del almacenero. Bajo estas premisas, la Red Federal de Economía Social de Escala (Red ESE) ha elaborado su consigna central: “Nuestros aliados, los almaceneros de nuestros barrios populares, comprando en forma directa en Supermercados Mayoristas en manos de nuestras cooperativas productoras: un espacio de encuentro militante para combatir la inflación y lograr la Soberanía Alimentaria Argentina”.


Esquema de asesoramiento para provincias- Red ESE