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EL CORREDOR DE CAPRICORNIO Y LA INTEGRACIÓN CONTINENTAL Agosto de 2005 Desde hace más de una década, las provincias del Norte Grande Argentino vienen impulsando una propuesta de corredor bioceánico multimodal que integre esta región argentina con el Sur del Brasil, con Paraguay, Bolivia y el Norte de Chile. IIRSA (Iniciativa de Integración Regional para Sud América) la ha incorporado hace poco, denominándola Corredor de Integración de Capricornio. En la última reunión de la representación en Argentina coordinada por su titular, la arquitecta Graciela Oporto, subsecretaria de Planeamiento de la Nación, se dio un rico debate respecto de las prioridades de estos corredores de integración. Las representaciones del Norte Grande tuvieron una posición conjunta, que proponía analizar prioridades tomando en cuenta no sólo los ejes de integración entre los polos desarrollados del continente, sino que uniera además aquellas regiones históricamente marginadas por la recurrente macrocefalia latinoamericana. La postura no se realizó desde el reclamo, sino desde razones de peso que plantean sustentabilidad para el desarrollo, la integración y el equilibrio ambiental del continente. ¿Pero, por qué priorizar gasto en las áreas marginales, si el sentido común indica volcar mayor presupuesto en las que responden más rápidamente al crecimiento? La aplicación de gasto público nacional, que por cada tres pesos per cápita que vuelca en la Región Central, coloca dos pesos en Sur y sólo uno en Norte, sería una razón de “peso”. Pero claro, sólo desde el reclamo de una justa aunque improbable reparación histórica. Asimismo, el argumento utilizado en Brasil sobre invertir más en las regiones atrasadas que en las desarrolladas, porque de otra manera el equilibrio territorial nunca será alcanzado, es otro aspecto digno de ser atendido. Pero nada de esto fue esgrimido como justificativo por los representantes de las provincias norteñas. Textuales palabras de uno de ellos: “no venimos a hacer reclamos de gauchitos lacrimógenos, sino a esgrimir razones”. El esquema actual de IIRSA privilegia los corredores exportadores, uniendo capacidades de los polos industriales desarrollados. Los norteños plantearon que este esquema parece repetir, aunque ahora ampliado y en sentido geográfico inverso, el planteo de infraestructura radial que descompensó y malformó a nuestras economías en el pasado. Hoy el planteo parece ser que salgan cientos de miles de toneladas de alimentos hacia el Sudeste Asiático (que compra el 60% del movimiento comercial mundial de este tipo de productos), con valores


agregados aquí por lo menos “observables”. A la vez, desde allá vienen herramientas, utensilios, electrodomésticos e insumos populares destinados a los segmentos sociales de bajos ingresos. América del Sur tiene ya 350 millones de habitantes. Un 40% de los mismos son pobres (140 millones, o sea el 10% de la población China, por poner un ejemplo). Casi todos ellos consumen camisetas, vajilla o bicicletas y hasta motos asiáticas, por mencionar sólo algunos de los productos que -como una mancha de petróleo- ingresan y se extienden a través de nuestros débiles controles de frontera. Este dato de economía en negro no se toma en cuenta a la hora de los balances. Hoy nuestros países buscan exportar a esa zona del planeta, sin analizar una política de equilibrio que tienda a desarrollar intrínsecamente nuestro espacio en común. No se observa en el análisis previo de estos corredores el impacto que tendrá cada uno de ellos hacia dentro del territorio propio. O sea cuántas capacidades, industrias y conocimiento existentes en los “hinterlands” (palabra alemana para definir más elegantemente los hasta ayer “patios traseros”) pueden relacionarse a través de la multimodalidad, y generar así una política sustentable de desarrollo intrínseco con justicia social, real integración territorial y sustentabilidad en el tiempo. Especialmente para suplir ese consumo popular hoy atendido por los asiáticos. La prisa por exportar a veces olvida que afuera se vende en dólares, y que no se puede obligar a nadie a perder dinero. Cada huracán exportador comenzó con mucho ingreso de divisas, pero terminó con procesos inflacionarios por desabastecimiento. ¿No es hora de buscar alternativas productivas para suplir exportaciones, en lugar de sólo importaciones, mediante una vuelta de campana que supere visiones nada exitosas? ¿No es hora de suplir importaciones de consumo popular, en defensa de nuestra industria PyME? ¿Por qué en la Argentina, en los planes de Desarrollo Social se observan hoy tan sólo 20 proyectos de economía social definidos como “estratégicos”, casi todos en Norte Grande? Los corredores de integración entre regiones que producen “para adentro” constituyen una herramienta interesante, y merecen –sin ser ingenuos e ignorar la importancia de exportar soja, que nosotros casi no consumimos– por lo menos un análisis más amplio y profundo. Para no repetir viejos errores, como cuando dejamos de producir ponchos, porque los ingleses comenzaron a traerlos más baratos desde allá.


El corredor de Capricornio