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RED FEDERAL DE ECONOMÍA SOCIAL DE ESCALA Para que se entienda lo que estamos impulsando como Red Federal, y con vistas a organizar una reunión juntando a todas las provincias del Norte Grande antes de fin de año, la contratación de dos asesores de nuestra Red por parte de Agricultura Familiar (AF) de la Nación apunta a impulsar en éstas y otras provincias "nodos de producción, logística de cercanía y comercialización" similares a lo que ya estamos comenzando a desarrollar en varios distritos. Una vez que se asiente la transición por el cambio de funcionarios en AF, se va a oficializar a nuestra Red ante los equipos provinciales del organismo, con varios de los cuales ya se mantuvo contacto y se comprobó que –en general– se han logrado alcanzar puntos en común sobre los cuales ir avanzando. En esas reuniones con algunas de las delegaciones de AF en cada provincia expusimos el modelo que estamos impulsando. Ya se analizó cómo estamos trabajamos con azúcar y miel en Tucumán (el proyecto más avanzado junto con yerba de Misiones y tomates de Jujuy, ya que al parecer podría incluir a la intendencia de San Miguel aportando el nodo mayorista), en cuanto a instalar un "producto líder" –como tomate en Jujuy o yerba mate misionera– que conviene desarrollar primero, para que sirva como "locomotora" local en cuanto a incluir otros productos de menor escala. Ya estamos comenzando también con girasol en el Chaco, con vino y membrillo en San Juan y con oliva en La Rioja, y las demás provincias están analizando su “producto madre”. Agricultura Familiar se comprometió a subsidiar esos proyectos. Para que sirvan como modelo, les hemos enviado a las demás provincias copia de las diez carpetas que ya se han presentado para Misiones. Se debe avanzar enviando esos mismos formatos completados con los datos de pedidos puntuales para cada provincia, y así poder elevarlos. En cuanto a los montos, para tener una idea, la mayoría de las cooperativas misioneras no superó los 200 mil pesos de pedido cada una (dulce de leche, polenta, poroto negro, vinagre, dulces y encurtidos, aceite de maíz, quesos y otros), excepto la de yerba mate que –como producto líder local– es por 600.000 $. Pero esos fondos son para completar procesos ya avanzados en cuanto a equipamiento.


En caso de contar solamente con abundancia de materia prima, se pueden iniciar los pedidos desde más atrás y por mayores montos. Una vez iniciado, como en Misiones donde ya está presentado y en proceso, lo que habría que ir viendo es cómo sumar más cooperativas al envasado en escala. Tanto la marca como el equipamiento deben estar abiertos a esa inclusión (en Misiones hay ya tres cooperativas que entregan hoja de yerba mate y suman para la marca colectiva Orembaé). Tal lo conversado con AF, que conviene reiterar para unificar el discurso y para tener una idea de qué montos se manejan por unidad de proyecto. Pero lo más importante que se ha alcanzado a través de estas reuniones, es que desde la Nación se comience a entender que todo este avance productivo no tendrá sentido si no se rompe con el famoso cuello de botella de la comercialización, que no es tal si lo analizamos desde otro prisma. A tal fin, explicamos que el problema que se observa al comercializar surge de haber intentado diversas formas que evidentemente no prosperaron. Llevar productos a mercados lejanos complica mucho o resulta discontinuo, colocar productos registrados y con marca en una sola boca de expendio limita la escala, y vender un día por semana de manera informal no alcanza. Es lo que se ha comprobando en el Mercado Zonal de Posadas, donde el propio Instituto de Fomento Agropecuario e Industrial –como órgano estatal administrador– debe requerir facturación a quienes vendan allí todos los días, dado que los almaceneros protestaron por competencia desleal. Pero también esta modalidad se ha demostrado limitada, ya que el monotributo social tiene un techo muy bajo y –generalmente– en quince días se agota. A tal fin, hemos expuesto y demostrado en varios foros (Conicet, Ciencias Sociales UBA, etc.) la manera en que nosotros comenzamos a trabajar con eficacia comenzando por la otra punta del proceso. Primero, definiendo a los almacenes en barrios populares de cercanía como objetivo. Expusimos con fotos la experiencia misionera, donde ya en el 2004 se habían realizado tres encuentros Campo-Ciudad invitando a almaceneros, despenseros, cooperativas y asociaciones, y donde esos mismos comerciantes detallaron un verdadero estudio de mercado, señalando aquellos productos no perecederos que –por características y precio– podían ser ofrecidos en sus estanterías.


En esos foros explicamos por qué se desechan frescos, fríos y congelados en principio (excepto quesos), en la búsqueda de reforzar las cadenas desde lo que pudiera demostrar sostenibilidad, y recién después trabajar sobre otras modalidades más complejas y que exigen mayor competitividad (una vez más a la inversa de lo que se acostumbra aplicar habitualmente). Esta iniciativa incluso admite la posibilidad de poder ser comprobada mediante planillas, de las cuales surgen resultados verdaderamente sorprendentes: aun sin un mercado concentrador propio, con escasa escala industrial en todas las asociaciones y cooperativas integradas al primer programa testigo, con pocas y antiguas unidades de transporte y otras limitaciones, se verificó una demanda enorme a través de preventistas propios. Esto convirtió a ese espacio inicial de la Red ESE en el único programa a nivel nacional con demanda verificada continua, viable e insatisfecha. Una demostración contundente de que el supuesto cuello de botella desaparece si se lo encara de otra manera. Quedó demostrado además que otra de las habituales consignas quedaba afectada por este análisis, aquella que dice que el mejor camino es "del productor al consumidor". Esto es así para las ferias francas, las cuales se deben seguir fomentando y ampliando como un enorme semillero de nuevas posibilidades. Pero si un espacio social productivo demuestra claramente que tiene posibilidades de superar el techo de la comercialización informal directa, reducirlo a un día a la semana de ventas es limitar su potencialidad. Misiones ha sido pionera en este tema, por lo que se debe analizar esa experiencia desde este nuevo punto de vista: hay allí 1.250 feriantes activos, y otros 2.500 están en lista de espera. O sea que en las pequeñas ciudades las ferias languidecen por similitud de producciones (lo cual –paradójicamente– testifica la existencia de cuencas), mientras la presión territorial apunta a la gran demandante: la ciudad de Posadas (32 % de la población y 45 % del consumo provincial). Resulta recomendable, entonces, que aquellas cuencas con demanda potencial verificada y capacidad de aumentar y formalizar escala, den un salto hacia la comercialización mayorista, dejando espacio en las ferias a otras incipientes


experiencias con menos salida (delicatessen, algunos frescos y productos de granja, orgánicos, etc.) o poco desarrolladas. En este punto, finalmente, se debe analizar a fondo el último problema con el que se ha tropezado: para que un nodo concentrador funcione como tal, el input de la producción a escala debe coordinarse con el output de la comercialización de cercanía. De otra manera el proceso se distorsiona y tiende a anquilosarse. Es lo que se está observando en el primer Mercado Zonal de Posadas, un espacio que no termina de constituirse como una gran feria franca, pero que tampoco cierra como nodo mayorista. Esto es así porque no responde al modelo inicial propuesto por la Red ESE, bajo la premisa de que el productor debe producir con cierta escala aquello que sus aliados barriales (los almaceneros) determinen, a la vez que cada cooperativa debe integrar unidades de transporte disponibles en zona (no importa su antigüedad) para independizarse de la logística del Estado, y –finalmente– el nodo mayorista debe funcionar como tal o estará destinado al fracaso. En este modelo, el productor no debe venir a las ciudades cercanas a vender lo que hace, sólo debe traerlo formalizado y envasado. El nodo debe funcionar entonces como un verdadero supermercado mayorista en manos de esas cooperativas (en lo posible federadas, para lo cual se impulsan federaciones de cooperativas productoras de alimentos en diversos distritos), y el esfuerzo estatal debe apuntar entonces hacia tres claros objetivos: 1. equipar industrialmente a aquellas cooperativas ubicadas en cuencas con abundante materia prima, con prácticas demostradas de cierto agregado de valor y producto final demandado por almacenes, para que alcancen escala (por mínima que sea) 2. estructurar un supermercado mayorista en la ciudad cercana más grande (demanda concentrada) subsidiando su infraestructura, equipamiento y personal básico (este último al menos por dos años) para luego traspasarlo a cada federación de cooperativas, una vez que éstas alcancen autonomía financiera (lo cual quiere decir que la alianza con los almaceneros de barrios populares estará funcionando) y demuestren que desarrollaron un proceso con amplia democracia y participación interna 3. Facilitar los procesos de inscripciones, habilitaciones y –sobre todo–


facturación directa, eliminando la doble imposición fiscal y otras rémoras del sistema neoliberal. El súper mayorista se hundirá también si las cooperativas se ven obligadas a facturar a cada federación para que ésta venda a su vez, porque se estarían cargando dos IVA en el precio final. Cada cajero debería tener un discriminador por rubro: las cooperativas yerbateras facturan yerba, las azucareras, azúcar, etc. Es simplemente adecuar el software y aplicar sentido común.

Equipo Coordinador de la Red ESE Redacción: Daniel Llano

Red Federal de Economía Social de Escala - Argumentación  

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