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El Sistema Nacional de Imprentas es un proyecto editorial impulsado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de la Fundación Editorial El Perro y la Rana, con el apoyo y la participación de la Red Nacional de Escritores de Venezuela. Tiene como objetivo fundamental brindar una herramienta esencial en la construcción de las ideas: el libro. El sistema de imprentas funciona en todo el país con el objetivo de editar y publicar textos de autores fundamentalmente inéditos. Cada módulo está compuesto por una serie de equipos que facilitan la elaboración rápida y eficaz de libros. Además, cuenta con un Consejo Editorial conformado por representantes de la Red Nacional de Escritores de Venezuela capítulo estadal y del Gabinete de Cultura.


Renta Petrolera y Revoluci贸n Bolivariana


Renta Petrolera y Revolución Bolivariana © Bernard Mommer, Jaime Corena Parra y Humberto Trómpiz Valles, 2013.

© Fundación Editorial El Perro y La Rana, 2013. Ministerio del Poder Popular para la Cultura Sistema Nacional de Imprentas – Imprenta de Falcón Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela Edición al cuidado de. Ennio Tucci Impresión: Jeison Lugo HECHO EL DEPÓSITO DE LEY Depósito legal: lf–40220133202605 ISBN: 978–980–14–2605-9


Renta Petrolera y Revoluci贸n Bolivariana Bernard Mommer Jaime Corena Parra Humberto Tr贸mpiz Valles

Fundaci贸n Editorial El Perro y La Rana Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela Sistema Nacional de Imprentas Imprenta de Falc贸n 2013


Nota de presentación El Ministerio del Poder Popular para la Cultura en el estado Falcón, contribuye mediante la presente publicación titulada: “Renta Petrolera y Revolución Bolivariana”, para que los lectores y lectoras se relacionen con los siguientes ensayos: “Petróleo y socialismo”, “Venezuela, país petrolero: Hacia el primer centenario”, autoría de Bernard Mommer; “¿Quién debe y cómo gestionar la renta petrolera venezolana en el inicio de la construcción socialista? Diálogo crítico con Jesse Chacón, Alí Rodríguez Araque y Bernard Mommer”, presentado por Jaime Corena Parra y el “El analfabetismo petrolero de los venezolanos”, expuesto sucintamente por el investigador Humberto Trómpiz Valles, realizaciones cuyos aportes son de inestimable valor, en la búsqueda compartida de combatir la desmemoria y el colonialismo que en materia de economía política e historia petrolera han pervivido en Venezuela. Hoy al participar en los cambios políticos, económicos, sociales y culturales en el orden nacional y mundial necesario es socializar los saberes para construir una sociedad alternativa al sistema capitalista. En correspondencia con lo expuesto, primeramente se presenta el ensayo “Petróleo y socialismo” realizado por Bernard Mommer, el cual está centrado en el petróleo como recurso natural y el socialismo. En el primer apartado el autor hace referencia a los recursos naturales y el capitalismo, se acerca primeramente a los orígenes del sistema capitalista y las relaciones entre los sujetos que participaban en los procesos históricos mediados por el capital. Al mismo tiempo, basado en Lenin, ilustra la importancia de deslindar la revolución burguesa de la revolución socialista; señala concepciones de los teóricos de la revolución burguesa en la búsqueda de erradicar la renta de la tierra, contextualiza cómo los agentes del capitalismo redujeron la renta de la tierra y diserta sobre las tendencias de izquierda o de derecha por parte del Estado en el manejo del rentismo petrolero. Aunado a ello, el investigador subraya seguidamente aspectos de interés sobre los recursos naturales y el imperialismo, ilustra las condiciones históricas en las cuales en Europa desaparece y reduce la renta de la tierra; devela al mismo tiempo las luchas hegemónicas y contrahegemónicas en el debate por el control del capital y su expresión en la apropiación de recursos naturales, fundamentales para la reproducción de la lógica 7


dominante en sus espacios geopolíticos en el contexto mundial. Además, destaca el resurgimiento de la renta de la tierra el ámbito internacional y su expresión en Venezuela, a partir de la imposición globalizante ideada y significada bajo los preceptos impuestos por el neoliberalismo. Frente a la Apertura Petrolera agenciada desde PDVSA, en conjunción de intereses transfronterizos, se impone la importancia de “la renacionalización del petróleo y de reconquistar la empresa petrolera” en el marco de los principios de la Revolución Bolivariana. También puntualiza los desafíos que en la actualidad se derivan del proceso productivo petrolero a nivel mundial, fundamentalmente por las profundas y complejas desigualdades atentatorias en términos humanos y naturales. Para finalizar el autor hace énfasis en el petróleo, capitalismo de Estado y socialismo, para explicar como la política petrolera no puede adjudicarse de derecha o de izquierda, es la distribución de la renta petrolera la que puede ser asumida desde esta perspectiva en sistemas sociales fundados en lógicas diversas: capitalistas o socialistas. La economía política es vital para el Estado en los países petroleros, las diferencias sustanciales de carácter ideológico tienen su expresión en la acción política para distribuir la renta de petrolera. Que la renta sea dirigida al pueblo no es suficiente en la construcción del socialismo, según Bernard Mommer: “El socialismo requiere de un fundamento propio, tanto político como ideológico; ciertamente; la renta petrolera viene a representar una condición económica favorable, pero no deja de tener sus ambigüedades que se derivan, en última instancia, del hecho de que se trata de una renta internacional de la tierra”. En el segundo ensayo: “Venezuela, país petrolero: Hacia el primer centenario”, Bernard Mommer expone que la historia petrolera de la nación puede ser dividida en tres períodos: La Época de las Concesiones (principios de siglo XX hasta 1975), la Época de la Compañía Petrolera Nacional (1975-2003) y la Época de las Confrontaciones (A partir del 2003). La idea de Mommer es periodizar la historia petrolera venezolana y expresar las características esenciales de cada periodo. En este sentido, reconstruye acciones, revela concepciones y tendencias de la política económica petrolera de la nación (pervivencias/divergencias), actores, institucionalidad, ideologías, legislación, prácticas políticas, económicas y sociales en el devenir del siglo XX e inicios del siglo XXI. En la disertación, el autor expone la importancia de la política petrolera venezolana en el contexto actual, sus tendencias, alcances, contradicciones y desafíos de importancia como la maximización del valor del 8


recurso natural, la plena soberanía petrolera, la distribución popular de la renta y la conciencia colectiva de ser un país petrolero. En otro orden de ideas, el investigador Jaime Corena Parra quien, como ya se reseñó, puntualiza sobre: Quién debe y cómo gestionar la renta petrolera venezolana en el inicio de la construcción socialista a partir de disertaciones expuestas por Jesse Chacón, Alí Rodríguez Araque y Bernard Mommer; la gestión socialista de la economía y de las empresa y algunas propuestas de gestión participativa de la economía productiva y de la renta petrolera en la Venezuela actual. Corena Parra, sostienen un diálogo crítico con los autores enunciados, devela la concepción inherente a la distribución de la renta petrolera en Venezuela, en el pasado y durante el devenir de la Revolución Bolivariana. Sus consideraciones enfatizan la necesidad de clarificar y contextualizar la capacidad gerencial inherente a la renta petrolera en el contexto actual, a la luz de los cambios históricos que se vivencian en la nación, en el marco de la construcción de una sociedad socialista. En este sentido, la gestión participativa es clave en la determinación de construir el socialismo, indiscutiblemente el modelo socioproductivo demanda práctica transformadoras sustentadas en otras lógicas, más allá de la lógica del capital. En base a ello, el autor sistematiza algunas características de la gestión que pueden ser orientadoras en el proceso de transformación “de la realidad venezolana y de sus empresas”; en su indagación también destaca la importancia de la gestión de la economía productiva del trabajo para la Revolución Bolivariana. Estos son sólo algunos de los planteamientos en los cuales se detiene el investigador, a partir de confrontar el pensamiento de Araque, Chacón y Mommer, con el interesante propósito de precisar quién debe y cómo gestionar la renta petrolera venezolana en el inicio de la construcción socialista. Seguidamente, el autor expresa consideraciones de importancia sobre la gestión socialista y la capacidad gerencial a partir de: “el conocimiento de los antecedentes de la “gerencia eficiente en crisis” y sus herramientas tecnológicas y axiológicas; la idea de gestión socialista, proviene de la naturaleza de la comprensión del objetivo histórico de la revolución y la crítica a sus antecedentes; la definición del objetivo, los principios orientadores, el contexto, el significado del puente hacia el objetivo y el sujeto histórico; la visión de la práctica de la gestión o del sistema de dirección-planificación-operación y control de la economía y sus empresas; y la formación en gestión del sujeto histórico y no solo de los cuadros…” 9


En este orden de ideas, se va entretejiendo un discurso relativo a la importancia de la gestión socialista en Venezuela y su concreción en los espacios comunitarios de acción social, en los cuales se disputa la lógica dominante del capital y emergen otras relaciones, surgidas y significadas en lógicas contrahegemónicas pluriversas. Jaime finaliza su explicación argumentando los factores que participan de la generación de la renta petrolera venezolana, quién debe gestionar el ingreso petrolero y cómo debe gestionarse el ingreso petrolero. En este sentido, indica la necesidad de visibilizar el trabajo en socialismo, profundizar la cogestión del trabajo organizado y lograr la participación del pueblo trabajador en la economía política de la nación. A su entender, las luchas históricas del pueblo venezolano son fundamentales para liberar hoy la patria y son esenciales para construir el socialismo. La revolución debe contar indiscutiblemente con la participación decisiva y creadora de los trabajadores y trabajadoras de la nación en el complejo desafío de vivir en una sociedad socialista. Por su parte, la investigación realizada por Humberto Trómpiz Valles, trata sobre el analfabetismo petrolero de los venezolanos, producto del coloniaje y la desmemoria impuesta por los grupos de poder que lideraron Venezuela en el devenir del siglo XX, lo cual ha tenido y tiene en el presente profundas implicaciones que demandan en el contexto actual, a decir del autor, una revisión exhaustiva que dé al traste con las representaciones negadoras-falseadas, construidas y reproducidas por la ideología dominante y se asuman prácticas educativas orientadas al conocimiento crítico de la historia petrolera venezolana. El historiador paraguanero, se adentra primeramente a develar el conflicto entre el capital petrolero arrendatario y los dueños del subsuelo, a partir de la experiencia hegemónica de occidente, enfatizando que en Venezuela se impuso la economía política del capital. Ciertamente, a pesar que el Estado venezolano en los primeros años del siglo XX legitimó ser el dueño del subsuelo en defensa de la renta, privó la lógica y los intereses del capital petrolero, inscrito en la dinámica de poder mundial. Además, el proceso de explotación petrolera que se inaugura y desarrolla en la nación debía vencer prontamente la ignorancia de parte de los funcionarios de gobierno, corresponsables en la agenciación petrolera; superados estos desafíos, el saber petrolero fue una apropiación exclusiva de las elites vinculadas a las redes del negocio de hidrocarburos en detrimento de la población venezolana. 10


Trómpiz Valles, refiere seguidamente la doble personalidad del Estado rentista petrolero, desde los albores del siglo XX hasta el presente, sintetizando y caracterizando vertiginosamente la práctica del Estado venezolano en este ámbito: rentismo y distribución de la renta constituyen así las dimensiones polémicas que entretejen la economía política y la historia petrolera en Venezuela; saberes y conocimientos que en su devenir han sido mitificados, negados e invisibilizados a las clases oprimidas y subalternizadas de la sociedad venezolana. Luego, el historiador diserta sobre los obstáculos epistemológicos que, a su entender, permean los saberes petroleros legitimados en Venezuela, cuestionando la sustentación teórica basada en la economía neoclásica y el maltusianismo; destacando las incidencias y limitaciones de las corrientes paradigmáticas enunciadas y su entrabamiento en la construcción epistémica sobre el petróleo en Venezuela. Posteriormente, se destaca en el ensayo las limitaciones de la democracia representativa: concepciones, tendencias, acciones y estrategias políticas inherentes al tema petrolero, las cuales se tradujeron en un “pueblo continúa sumido en el más profundo analfabetismo petrolero”. Para finalizar, el autor denota la invisibilización del trabajo como estrategia ideológica del capital y la necesidad de promover rupturas a partir de debates colectivos en el contexto nacional. La Revolución Bolivariana tiene en materia de economía política e historia petrolera decisivos retos y desafíos, uno de ellos superar el analfabetismo petrolero de los venezolanos. Sirvan las reflexiones de Bernard Mommer, Jaime Corena Parra y Humberto Trómpiz Valles que a continuación se publican para contribuir al hacer colectivo desde nuestra región y que el canto de Alí Primera, quien sostenía que: “El petróleo es nuestro. Nosotros lo trabajamos, nosotros lo refinamos…” se siga traduciendo en cambios revolucionarios profundos en Venezuela y en Nuestra América. Nereyda Ferrer de Bravo Coro, marzo de 2012

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PETROLEO Y SOCIALISMO Bernard Mommer

(Actual gobernador de Venezuela en la Organización de países exportadores de petróleo-OPEP) Abril de 2008 Petróleo y Socialismo, el título de estas páginas, se refiere obviamente al petróleo en cuanto recurso natural y fuente rentística internacional (es decir, de ingresos atribuibles al valor del recurso natural en el mercado mundial), mas no al petróleo en cuanto actividad productiva nacional; o sea, a la industria petrolera propiamente dicha. De manera que el tema tratado en estas páginas, se ubica más generalmente, dentro del tema Recursos Naturales y Socialismo, el cual se discutió extensivamente en los tiempos de las revoluciones burguesas europeas.

1. Recursos Naturales y Capitalismo El capitalismo nació históricamente, en el seno de una sociedad feudal basada en la tenencia de la tierra, en la cual el producto neto se dividía originariamente entre los trabajadores (campesinos) y los terratenientes (y sólo de forma marginal entre trabajadores y patronos en los talleres artesanales de las ciudades). Pero con el desarrollo del capitalismo, no solamente en las ciudades sino también en el campo, el capital se interpuso entre las clases trabajadoras (campesinos) y los terratenientes. Con ello, los terratenientes dejaron de ser quienes explotaban directamente a los trabajadores del campo, papel que asumieron ahora sus arrendatarios capitalistas. Sin embargo, estos arrendatarios a la postre tenían que compartir el plus valor extraídos a los trabajadores del campo con los terratenientes, pagando rentas (alquileres). Y esto explica que las reformas o revoluciones agrarias siempre formaban parte integral y central de las revoluciones burguesas. 1.1. Izquierda y Derecha Toda reforma o revolución agraria burguesa tenía como objetivo último eliminar en la medida de lo posible, la renta de la tierra, de manera que el producto neto pasara a distribuirse ya no entre las tres partes sino entre dos: el capital y el trabajo. En la medida que la reforma favoreciera 13


Mommer, Corena Parra, Trómpiz

más al primero que al segundo, Lenin hablaba de una reforma agraria de “derecha” y de “izquierda” si la situación era la inversa. Pero Lenin no dejaba duda alguna de que la revolución agraria era parte integral de la revolución burguesa y no de la revolución socialista. Definitivamente, a los campesinos revolucionarios los consideraba “burgueses radicales”, potenciales aliados de la clase obrera, pero no revolucionarios socialistas. Advertía además, que una vez que los campesinos revolucionarios lograran su objetivo –la tierra para quién la trabaja- estos mismos campesinos, bien podían volverse conservadores defendiendo sus conquistas contra los trabajadores del campo, en alianza con los capitalistas de las ciudades. De allí la proposición de Lenin de que era necesario, seguir sin pausas, de la revolución burguesa y agraria a la auténtica revolución socialista. 1.2. Tenecia de la Tierra Los teóricos de la revolución burguesa concluían que para erradicar la renta de la tierra en la sociedad capitalista, los recursos naturales debían tener el carácter de propiedad pública. Con ello, en primer lugar, desaparecería la renta monopólica de la tierra (es decir, el sobreprecio que la clase terrateniente podía imponer por virtud de su monopolio de la propiedad, y que Marx llamaba renta absoluta). Con la eliminación de la renta absoluta, se abarataría el costo de vida de la clase trabajadora, el cual en una alta proporción dependía del costo de los alimentos (y más concretamente, el pan elaborado a partir de cereales). Por otra parte, sin embargo, toda la economía clásica reconocía una renta de la tierra que no se podía eliminar como tal, ya que surgía por la coexistencia de tierra más fértiles y menos fértiles, siendo las últimas, las determinantes del precio de marcado del grano. En consecuencia, surgían entonces rentas diferenciales, o rentas ricardianas, y éstas las debía recaudar el Estado mediante los impuestos, para redistribuirlas entre obreros y capitalistas por la vía de una reducción correspondiente de la carga impositiva general. De nuevo, desde luego, cabía allí una visión de “izquierda” y de “derecha”. 1.3. Práctica Capitalista En la práctica la revolución capitalista terminó por reducir significativamente a la renta de la tierra, pero también terminó por hacer todo tipo de compromisos políticos entre la propiedad privada del capital y la de la tierra. La idea de la propiedad pública de los recursos naturales, sólo se impuso en casos especiales como, por ejemplo, en el caso de las minas, y esto por causas eminentemente técnicas. Dado que las divisiones de la superficie no corresponden para nada a las características de 14


Renta Petrolera y Revolución Bolivariana

los yacimientos (especialmente cuando éstos se encuentran en grandes profundidades) lo más conveniente desde un punto de vista técnico y de eficiencia es separar los derechos de explotar la superficie por un lado, de los derechos de explotar las minas por el otro, mediante la figura de la concesión minera. De nuevo, puede observarse en la práctica toda una gama de variaciones y excepciones a esta regla. En el petróleo, por ejemplo, hoy por hoy, el único país donde los derechos de los superficiarios se extienden también a las riquezas mineras del subsuelo, es EE.UU, un verdadero dinosaurio. En el resto del mundo, en cambio prevalece la propiedad pública del subsuelo, y el Estado asigna entonces los derechos sobre las riquezas mineras de manera independiente, mediante algún mecanismo concreto de concesiones. En consecuencia, el que la propiedad de las minas o los yacimientos petroleros es pública es algo que de por sí no tiene nada de revolucionario. En su origen, esta institución enfrentó a los intereses de los terratenientes –incluyendo a los agricultores capitalistas, propietarios de la tierra que cultivan- con los intereses del capital minero. Los primeros obtuvieron, en algún momento, títulos de propiedad sobre la superficie, y siempre estuvieron más que dispuestos a extender esos títulos al subsuelo minero; los segundos, pedían lo mismo para los minerales en el subsuelo, como derechos separados, pero enfrentaban el problema de que acceder al subsuelo solamente era posible a través de la superficie. La solución que dio el capitalismo a este entuerto fue mantener la propiedad formal sobre el subsuelo por el Estado, y crear un régimen concesionario. Esto quiere decir que la concesión minera que encarna la propiedad pública del subsuelo, de hecho es el equivalente del título de propiedad privada de los superficiarios (en el cual siempre está subordinado también el derecho eminente del Estado). De nuevo, el que un régimen minero o petrolero pueda calificarse de “derecha “ o de “izquierda” (o conservador versus revolucionario, si se quiere) dependerá de la medida en que el Estado recaude la renta minera y petrolera y el exceso sobre una ganancia razonable, y en qué forma el Estado distribuya esta renta ya sea a favor de los capitalistas o bien de los trabajadores.

2. Recursos naturales e imperialismo La desaparición de la renta de la tierra en Europa, sin embargo, no fue simplemente el resultado de las revoluciones burguesas nacionales que pusieron fin al monopolio de los terratenientes de origen histórico preca15


Mommer, Corena Parra, Trómpiz

pitalista. La expansión imperialista, la colonización del mundo entero y el desarrollo correspondiente del comercio mundial, debilitaron de manera decisiva al monopolio de los terratenientes europeos. En este contexto internacional, la lucha revolucionaria burguesa contra una clase terrateniente parásita se transformó en una lucha imperialista de conquista, destrucción y opresión en contra de los pueblos de lo que en el siglo veinte, se conoció como Tercer Mundo. Y, al revés, en estos países menos desarrollados, la lucha nacional-revolucionaria, antiimperialista, de reconquista de la existencia estatal, de la independencia y de la soberanía nacional, llevaba implícita la reconquista de la propiedad nacional sobre todos los recursos naturales, y muy particularmente de la propiedad nacional de los recursos mineros (y por extensión, petroleros). En su lucha colonial de retaguardia, sin embargo, el imperialismo en vía a ser derrotado, se aferró a salvar sus concesiones mineras. De allí la consigna de la Soberanía Permanente sobre los Recursos Naturales, con la cual los países afectados reclamaban el derecho soberano de ponerle fin, con la independencia, también a estas concesiones. Ponerle fin a las concesiones de origen colonial, desde luego, iba a la par con la obtención de una retribución patrimonial que reflejara la propiedad nacional sobre los minerales y el petróleo (es decir, la recaudación de una renta de la tierra para los minerales extraídos y exportados, que tenía un carácter internacional porque quienes habían de pagarla eran los consumidores en los países desarrollados). El ejemplo más importante de este proceso con creces, se encuentra en el petróleo y los países exportadores de petróleo. El éxito contundente de los mismos en las décadas de los años sesenta y setenta del siglo veinte es lo que se ha dado en llamar Revolución de la OPEP. En resumen, el imperialismo contribuyó de manera decisiva a la desaparición -o, por lo menos, a la reducción muy significativa- de la renta de la tierra en Europa. El debilitamiento del imperialismo en la segunda mitad del siglo veinte, a la inversa y en algunos casos, trajo aparejado el resurgimiento de la renta de la tierra en la economía mundial, ahora como una renta de la tierra internacional a favor de algunos países ricos en ciertos recursos naturales entre ellos, desde luego, se destaca el caso de Venezuela y su riqueza petrolera. 2.1. Recursos naturales y Neo-Liberalismo A la Revolución de la OPEP, sin embargo, siguió la contrarrevolución de los poderosos países consumidores. Esta tomó la forma de globaliza16


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ción no del capital sino de los recursos naturales. Los yacimientos petroleros, según esta concepción, no deben ser una propiedad nacional de cada país, sino que debían ser una propiedad global, y como tal debían estar a la libre disposición, de nuevo, de los consumidores globales. Ello, desde luego, tenía que ir a la par con una política de negar a los países exportadores sus derechos soberanos sobre el recurso natural. Esta navegación era la esencia de la política de Apertura Petrolera no solamente en Venezuela sino en otras partes del mundo. En Venezuela, los principales promotores de la misma (y, por lo tanto principales aliados de los poderosos países consumidores) fueron la vieja clase dominante y, muy particularmente, el tren ejecutivo de la vieja PDVSA. De allí que el movimiento popular en Venezuela se viera en la necesidad de emprender una verdadera renacionalización del petróleo y, más aún, de reconquistar a la empresa petrolera nacional. Desde luego, ideológicamente, el rescate de la renta petrolera tenía que ir a la par con su distribución popular. 2.2. Renta Internacional de la Tierra Ahora bien, por más repelente desde un punto de vista ideológico que resulte la pretensión de los grandes consumidores de negar a los países petroleros la soberanía plena sobre sus recursos, no hay que engañarse: el ataque neoliberal a la renta de la tierra internacional encuentra simpatías en todos los países consumidores, desde los más pobres y débiles, hasta los más ricos y fuertes. Después de todo, la distribución de los recursos naturales alrededor del mundo es muy desigual, y los países consumidores tienen intereses en común como consumidores de estos recursos, sean poderosos o no, sean ricos o pobres. Es cierto que a los países consumidores pobres los une con los países exportadores, el interés en defender sus derechos soberanos. La soberanía, en su forma más elemental, es un concepto territorial. El soberano tiene tierra, un territorio nacional y los medios para defenderla. Pero la desigualdad económica, en cuanto al petróleo se refiere, es abismal, y tiene que ser una preocupación constante de los países exportadores de petróleo. De allí la proposición sostenida por ejemplo por el gobierno venezolano, de un sistema de precios duales, con precios más bajos para los países más pobres. No hay duda que es ésta una idea, en principio, acertada, para poder crear alianzas políticas con dichos países. Empero, también es un hecho innegable la creciente escasez del petróleo a nivel mundial. Quien dude del fenómeno simplemente tiene que observar dónde y en qué circunstancias, se está buscando y produciendo 17


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petróleo en la actualidad: hasta profundidades de dos mil metros debajo del agua. Con todo y eso, ya no se encuentran suficientes reservas nuevas para sustituir las reservas consumidas anualmente. De nuevo, los países exportadores de petróleo no pueden permitirse ignorar esto, y responder al mismo de forma razonable. En primer lugar, tienen que tomar en serio las políticas conservacionistas –las cuales son un compromiso con la humanidad entera– y también deben enfrentar el despilfarro del recurso natural dentro de sus territorios, los patrones de consumo que se observan en muchos países exportadores en el mercado doméstico, estimulados por precios demasiado bajos incluso en comparación con el costo real de producción (sin hablar de los precios prevalecientes en mercados internacionales), son irracionales en términos del despilfarro de recursos, pero también irritantes para los países consumidores en general (y más aún para los más pobres). Ahora bien, tampoco cabe duda que con todo lo que pueda hacerse en cuanto a un sistema de precios duales, una auténtica política conservacionista y una contribución sistemática al ahorro del recurso natural, la raíz del problema del control y el usufructo de la renta petrolera se encuentra en la división del globo (y por extensión de la humanidad), en comunidades y Estados nacionales con grandes desigualdades en los niveles de desarrollo. No puede concebirse una solución “definitiva” a la problemática que acabamos de reseñar que no requiera que, al mismo tiempo, se superen estas desigualdades.

3. Petróleo, Capitalismo de Estado y Socialismo La política petrolera como tal, no es una política ni de izquierda ni de derecha, más bien, es una política que se ubica en otra dimensión, entre arriba y abajo. A lo largo de la historia, las comunidades y pueblos más diversos han coincidido en que la explotación de los minerales del subsuelo, tiene que hacerse en beneficio de sus dueños. La política petrolera en este sentido, es una política nacional (y hasta regional) –más que nacionalista– y esto puede comprobarse con un vistazo a las similitudes en las políticas petroleras de países, social, económica y políticamente tan dispares como lo son Noruega, Arabia Saudita, Indonesia o Venezuela (y hasta provincias como Alaska o Alberta). La dimensión de izquierda y derecha describe más bien la política de distribución de la renta petrolera, pero ambas políticas tienen cabida, en principio por lo menos, dentro del sistema capitalista. En este sentido, vale 18


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apuntar que la consigna Sembrar el Petróleo (Arturo Uslar Pietri, 14 de julio de 1936), apunta a utilizar la renta petrolera en función del desarrollo de las fuerzas productivas nacionales, lo que es perfectamente compatible con el capitalismo, y con una corriente política de izquierda o de derecha. Uslar, en este respecto, era un hombre de la derecha. Concebía él como único destino legítimo de la renta petrolera la inversión y, más aún, la inversión privada. En cambio, Uslar Pietri denunciaba como corrupción la distribución popular de la renta (que comenzó propiamente hablando después del 18 de octubre de 1945), la cual redundaba en un aumento del consumo de las masas. A la inversa, el pueblo, denunciaba como corrupción las abultadas ganancias de los capitalistas criollos, las cuales se derivaban de una distribución de la renta petrolera orientada hacia ellos y sus necesidades. Ahora bien, la verdadera razón por la cual el petróleo se puede sembrar desde la derecha o la izquierda es que ni el capital, ni el trabajo pueden sostener un derecho originario sobre la renta petrolera, que es una renta internacional de la tierra. De allí que la distribución de la renta sea un asunto esencialmente político, aunque una vez establecido cierto patrón de distribución, éste tenderá a reproducirse estructuralmente. Este patrón bien puede favorecer solamente al desarrollo capitalista más o menos popular, pero también puede permitir la consolidación de otras alternativas, como lo serían el capitalismo de Estado e inclusive el desarrollo del socialismo. Esto se debe a que la renta petrolera confiere a la política económica de los países petroleros un grado de libertad excepcional. En los grandes países exportadores de petróleo, hay argumentos contundentes para favorecer la consolidación de un capitalismo de Estado, más que de un capitalismo puramente “privado”. En primer lugar, dada la importancia de la renta petrolera en dichos países, éstos han llegado a la conclusión de que no pueden dejarse a unas empresas privadas las decisiones con respecto a precios y volúmenes, ya que dichas decisiones están orientadas a la maximización de las ganancias capitalistas de las empresas que representan una fracción insignificante de la renta petrolera como tal, es decir, de la remuneración patrimonial del recurso natural. De allí que muchos países, tanto a la derecha como a la izquierda del espectro, hayan optado por confiar el liderazgo de gestión de sus sectores petroleros a empresas estatales. En segundo lugar, la cuantiosa renta petrolera se traduce, necesaria e inevitablemente, en importaciones igualmente cuantiosas las cuales requieren de fuertes regulaciones. Si éstas 19


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no se canalizan adecuadamente, en vez de ejercer un efecto beneficioso y multiplicador sobre el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales, pueden erigirse en una amenaza a tal desarrollo. Y de industrias provistas con importaciones, fuertemente reguladas, a empresas del Estado, hay solamente un paso. Independientemente de lo anterior, el hecho es que el Estado, en todos los países exportadores de petróleo, interviene masivamente en la economía nacional, por acción u omisión, a través de la distribución de la renta petrolera. El éxito de dicha distribución, desde luego depende de la capacidad administrativa y gerencial a disposición del Estado, la cual, especialmente en comparación con los recursos extraordinarios disponibles, siempre parece demasiado limitada. En efecto, en los países petroleros, el recurso escaso no es el financiero, sino el factor humano y su calificación: el capital humano. Lo mismo se aplica, de paso, al sector privado en estos países. Pero no hay que confundirse: el capital humano todavía podrá ser excelente, y sin embargo… una economía petrolera siempre e inevitablemente será una economía importadora, por la presencia de una renta de la tierra internacional masiva, que representa un poder de compra externo mas no interno. Si bien del capitalismo “privado” al capitalismo de Estado en los países petroleros media sólo un paso –la nacionalización de los medios de producción– no puede decirse lo mismo de la transición del capitalismo de Estado al socialismo. El socialismo presupone ciertos niveles de bienestar –a los cuales la renta petrolera, sin lugar a duda puede contribuir mucho–, pero también presupone una nueva consciencia social. El socialismo requiere del “hombre nuevo”, quien nunca pierde de vista el bienestar colectivo antes del bienestar individual o de la prosperidad de una empresa en particular, y no deja a la mano invisible del mercado el bienestar colectivo. El socialismo tampoco trata de una transformación individual de cada individuo sino de una transformación colectiva de todos los trabajadores. Si bien a este proceso de transición, en lo estrictamente material, la puede favorecer la presencia de una renta petrolera internacional, en lo ideológico no es necesariamente así. La causa de fondo es que la renta petrolera internacional no se basa en el trabajo de todos los hombres, considerados todos como iguales solidarios, sino en el concepto de propiedad: propiedad nacional (de ciertas naciones), no propiedad privada, pero propiedad al fin. 20


Renta Petrolera y Revolución Bolivariana

4. Conclusiones La distribución de la renta petrolera responde esencialmente a decisiones políticas, aunque luego se desarrollen estructuras políticas y económicas que las reproducen. Las opciones de “derecha” son compatibles tanto con el capitalismo “privado” como con el capitalismo de Estado. Las opciones de izquierda, en cambio, no son compatibles con el primero, pero si con el segundo. Si de socialismo se trata, obviamente no hay otra opción que la de una distribución popular de la renta, pero ésta como tal no puede ni debe identificarse con socialismo. Es una condición necesaria, pero definitivamente no suficiente. El socialismo requiere de un fundamento propio, tanto político como ideológico. Ciertamente, la renta petrolera viene a representar una condición económica favorable, pero no deja de tener sus ambigüedades que se derivan, en última instancia, del hecho de que se trata de una renta internacional de la tierra.

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VENEZUELA, PAÍS PETROLERO: HACIA EL PRIMER CENTENARIO Bernard Mommer

15 de julio de 2011

La historia petrolera puede dividirse en tres períodos. El primero, la Época de las Concesiones (principios de siglo hasta 1975) se caracterizó por un progreso continuo del Estado como propietario del recurso natural y como propietario soberano. Culminó con la nacionaliza­ción de la industria en 1975 y la creación de Petróleos de Venezuela, S.A. El segundo período, la Época de la Compañía Petrolera Nacional (1975 hasta 2003) se caracterizó, por el contrario, por anular, una por una, todas las conquistas del primer período. Revisar ese segundo período en comparación con el primero, es como ver una película al revés.

En cuanto a la política económica nacional, en el primer período, ésta se resumió en la consigna sembrar el petróleo. Se caracterizó por su éxito, con un crecimiento per cápita del Producto In­terno Bruto que promediaba alrededor de 4%. En cambio, en el segundo período, la política económica nacional se resumió en una sola palabra: globalización. Y la globalización se refería no sólo al capital sino también al recurso natural, se abandonó y se rechazó la idea que éste constituyera una propiedad nacional. No es de sorprender entonces que este secundo período se caracterizó por una prolongada crisis de la economía nacional con un crecimiento per cápita negativo, del orden de -1,5%. Existe así un vínculo intrínseco entre nuestra política petrolera, y el éxito o el fracaso del desarrollo económico nacional. El tercer período de nuestra historia petrolera que se inició en 2003, puede llamarse la Época de las Confrontaciones entre las dos políticas opuestas ya señaladas –nacional la primera y an­tinacional la segunda– bajo el lema de Plena Soberanía Petrolera, consigna con la cual se quiere señalar (por lo menos, así lo entiendo yo) que la compañía petrolera nacional tiene que subor­dinarse al poder del Estado, como propietario soberano del recurso natural, además de accio­nista. Asimismo, en cuanto 23


Mommer, Corena Parra, Trómpiz

a la política económica nacional se vuelva a la confrontación entre las diferentes concepciones de la misma, asociadas con los dos períodos anteriores. El balance de este tercer período es muy positivo, pero hay que advertir que es un período inconcluso, en el sentido que los éxitos de este período no se han consolidado todavía, ni en un nuevo régi­men petrolero, ni en cuanto a las grandes líneas de la política económica nacional.

1. La Época de las Concesiones 1.2. La Política Petrolera En la época concesionaria, desde principios del siglo XX a la nacionalización (1910-1975), el régimen petrolero venezolano evolucionó desde un régimen propiamente liberal, en el cual se desechaba cualquier consideración para el recurso natural de propiedad pública, a otro, en el cual al recurso natural se le atribuía un valor intrínseco de importancia inconmensurable con la ganancia del capital. Los dos actores fundamentales, en este período, fueron las compañías petroleras internacio­nales, por parte del capital, y el Ministerio del Petróleo, por parte del Estado como dueño del recurso natural. El Código de Minas de 1910 (base de todas las concesiones importantes de la Royal Dutch-Shell) seguía la referencia liberal-revolucionaria francesa en la materia, y atribuía un valor cero al re­curso natural (la tierra/mina para quién la trabaja). En cambio, a partir de 1917 –es decir, el mismo año que se iniciaron las exportaciones– la legislación en la materia (base de todas las demás concesiones, en su gran mayoría estadounidenses) seguía la referencia estadounidense con su régimen de propiedad privada de los yacimientos –asumida también por parte del Esta­do en tierras públicas– aunque por mucho tiempo sólo con un éxito parcial: en Venezuela, hasta 1943, el Estado como dueño del recurso natural cobraba menos que el Estado estadouni­dense en tierras públicas estadounidenses. Los rasgos fundamentales de este proceso se resumen a continuación: a. El régimen petrolero siempre estuvo sujeto, a lo largo de este período, a la soberanía jurisdiccional. b. Sin embargo, el Estado venezolano enajenó su soberanía impositiva, al garantizar en las leyes relevantes, hasta 1935, estabilidad fiscal a las concesionarias por toda la duración de las concesiones (30 a 50 años). Así, las concesionarias se beneficiaron por décadas de las condiciones sumamente ventajosas que les fueron concedidas originalmente. 24


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c. Los esfuerzos del gobierno venezolano, a partir de 1936, de poner fin a este privile­gio injustificable, fracasaron ante las cortes venezolanas. d. Es sólo con la Reforma Petrolera de 1943 que Venezuela –en medio de la Segunda Guerra Mundial– pudo igualarse con las condiciones más ventajosas de las cuales disfrutaba en EEUU, el Estado en tierras públicas estadounidenses, como dueño del recurso natural (regalía de un sexto). e. Más aún, Venezuela reclamó exitosamente su soberanía impositiva (Impuesto Sobre la Renta). En consecuencia, en el futuro la participación del Estado en las ganancias extraordinarias iba a avanzar, por una parte, de una subasta a la otra (regalía máxima: en 1944, un tercio; bonos en 1956/7, 700 MM$); por la otra, la participa­ción del Estado avanzó de una reforma soberana a la Ley de Impuesto Sobre la Renta a otra, de 12% en 1943 a 72% en 1975. Condiciones excepcionalmente favorables: nacionalización en México, y Segun­da Guerra Mundial. f. Con esta reforma también se planteó la industrialización del petróleo en Venezuela. La Esso (hoy ExxonMobil) y la Royal Dutch-Shell se comprometieron a construir, luego de terminar la guerra, dos grandes refinerías en Venezuela. De este compro­miso surgió lo que hoy se conoce como el Complejo de Refinación de Paraguaná (CRP). g. Además se comprometieron a congelar las refinerías en Curazao y Aruba (Royal Dutch-Shell y ExxonMobil, respectivamente), así que se suponía que iban a desaparecer en el largo plazo, por obsolescencia. Y en las nuevas concesiones otorgadas posterior­mente, se prohibió la refinación en el área del Caribe, y se incluyó la obligación de construir refinerías en Venezuela si la producción en las nuevas áreas alcanzaría cierto nivel. h. Luego de fundarse en 1960 la primera compañía petrolera nacional, la Corporación Ve­nezolana del Petróleo (CVP), y prepararse ésta para entrar en relaciones contrac­tuales con el capital privado extranjero, el Estado aclaró mediante una reforma a la Ley de Hidrocarburos, en 1967, que éstas, en caso de disputas, estarían sujetas a la soberanía jurisdiccional, al igual que las concesiones. Asimismo se aclaró que tam­poco perjudicarían en lo más mínimo, la soberanía impositiva del Estado venezolano. La CVP venía entonces a fortalecer la capacidad gerencial del Estado, específi­camente del Ministerio de Petróleo, y se tomaron todas las precau­ciones para que la CVP no fuera a mermar el poder soberano del Estado en materia petrolera. i. La soberanía en general –más allá de lo impositivo y jurisdiccional, abarcando tam­bién la regulación de la producción como política conservacionista de un recurso na­tural agotable y, más aún, no renovable– jugó un papel 25


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decisivo en el éxito de la política de maximizar el valor del recurso natural a lo largo de este período, pero so­bre todo a partir de 1943. Finalmente, en el contexto de un desarrollo favorable del mercado mundial del petróleo, el valor del recurso natural se convirtió, en 1973, en el elemento dominante en la formación del precio del petróleo, con un peso aplas­tante en comparación con el capital y sus ganancias. j. Así, en 1974, el Ministerio de Petróleo empezó a fijar, soberanamente, volúmenes de producción y precios de exportación; siguió, en 1975, la nacionalización.

1.2. La Siembra del Petróleo En cuanto a la distribución de la renta petrolera, no es de sorprender que se impusiera primero, por lo menos ideológicamente, la Derecha. Basado en la analogía –y nada más que una ana­logía– de los yacimientos como capital natural, Arturo Uslar Pietri planteó que su destino tenía que ser la inversión, mediante un presupuesto de inversiones; en cambio, no debería entrar nunca en el presupuesto del gasto corriente, el cual tendría que financiarse mediante los im­puestos del sector no petrolero. Además, Arturo Uslar Pietri terminó por plantear que la inver­sión productiva estatal, en definitiva, tenía que transferirse, por una vía u otra, al sector priva­do: era ésta la democracia burguesa. En cambio, las empresas del Estado las asociaba con regí­menes despóticos y totalitarios. Con la Revolución de Octubre, como llamaba Acción Democrática el golpe cívico-militar de 1945, se impuso la Izquierda. Se aprovechó a la creciente renta petrolera para rebajar los im­puestos no petroleros, al mismo tiempo que el Estado, como empleador masivo en un país de rápida urbanización y, por ende, de acelerado crecimiento económico, marcaba las pautas para un incremento muy significativo de los salarios y sueldos. El creciente gasto corriente, cubierto por la renta petrolera, se convirtió así en el vehículo principalísimo de distribución popular de la misma: pues la propiedad pública de los yacimientos se entendió como propiedad del pueblo venezolano. Y, desde luego, se crearon un número muy significativo de empresas del Estado. No obstante al éxito contundente de tal política, la Derecha no se cansaba a denunciarla como un fracaso. Pues a una política petrolera sumamente exitosa, se presentaba ahora como fraca­so, como una política de dependencia creciente de la economía nacional del petróleo. Pero, con el pasar de los tiempos, también el “partido del pueblo” que era Acción Democrática, iba a to­mar un giro a la derecha. Finalmente, su ideólogo 26


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más destacado en materia petrolera, Juan Pablo Pérez Alfonzo, terminó por asumir posiciones de derecha, como consta en su libro publi­cado en 1970, Petróleo y Dependencia. Aunque sus posiciones se presentaron en un ropaje muy diferente, de defensa del recurso natural no renovable, la conclusión era la misma: supuesta­mente era la inversión el único destino legítimo de la renta petrolera.

2. La Época de la Compañía Petrolera Nacional 2.1. La Política Petrolera En la subsiguiente época de la compañía petrolera nacional, que va de 1975 hasta 2003, el régimen petrolero venezolano involucionó por completo. La nacionalización se limitó a la for­malidad de nacionalizar el capital, mediante la creación de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA). Pero a ésta se entregó la administración del recurso natural. Acto seguido, la com­pañía petrolera nacional, una sociedad anónima controlada por el tren ejecutivo venezolano formado por las ex-concesionarias, volvió a subordinar el recurso natural a la maximización de las ganancias. Así, el Estado venezolano se dejó arrebatar su victoria como dueño soberano del recurso natural, por un marco legal e institucional que fue diseñado por las mismas transnacio­nales, y los gobiernos de los países consumidores correspondientes. Los dos actores fundamentales del período anterior, se fusionaron en uno sólo, la compañía pe­trolera nacional, mientras que el Ministerio de Petróleo se fue reduciendo a una simple gestoría a su servicio. Y la CVP se convirtió primero en una sociedad accionista –ya no un instituto autó­nomo– para disolverse luego dentro de una de las grandes filiales de PDVSA. Así, el valor del recurso natural nuevamente pasó a ser tratado como un simple costo por parte de la compañía productora, y su corolario fue una gestión encaminada a minimizarlo. Además, todo ello se hizo en preparación al regreso del capital privado internacional. PDVSA iba a transfor­ marse en la nueva agencia de licitación y contratación del recurso natural, con el único objetivo de maximizar volúmenes, sin importar el precio. a. La compañía petrolera nacional inició el ataque a los precios de exportación fijados por el Ministerio desde 1974, con la Política de Internacionalización. En 1984, el Mi­nisterio dejó de fijar tales precios, y entregó su competencia en la materia a la com­pañía petrolera nacional. Más aún, renunció 27


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mediante decreto conjunto con el Mi­nisterio de Finanzas (entonces Hacienda), incluso al control fiscal de los precios. b. Luego, cuando la Royal Dutch-Shell, por fin, iba a cerrar la refinería de Curazao en 1985, la compañía petrolera nacional la rescató. La refinería de ExxonMobil en Aruba, muy a su pesar, por lo pronto se cerró. Más generalmente, la Internacionali­zación revirtió la política de la industrialización del petróleo en territorio venezolano. Y sólo se volvería a desarrollar con el regreso del capital privado, y bajo su predomi­nio: véase el Complejo de Jose. PDVSA, en cambio, invertía masivamente en el exte­rior. c. Con la Política de Apertura Petrolera, para consolidar los avances en cuanto al desman­telamiento del régimen fiscal, la compañía petrolera nacional renunció, en los Convenios con capitales privados, a la soberanía jurisdiccional como empresa del Estado, y aceptó el arbitraje internacional en su contra (Cámara de Comercio Inter­nacional). Luego, la compañía petrolera nacional aceptó dar ciertas garantías contractua­les en contra de la soberanía impositiva del Estado: De allí los grandes arbitrajes internacionales de ExxonMobil y ConocoPhillips contra PDVSA. d. Más aún, al mismo tiempo promovió tratados bilaterales y multilaterales de inver­sión, mediante los cuales el Estado venezolano mismo aceptó, en su contra, el arbi­traje internacional (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inver­siones). De allí los grandes arbitrajes internacionales de ExxonMobil y ConocoPhillips contra la República; ¡para estos fines empresas holandesas! para aprovechar el TBI con Holanda. e. En su esfuerzo de minimizar el valor del recurso natural –tanto por la vía de los pre­cios como por el régimen fiscal– Venezuela terminó, en 1998, por provocar el colap­so de los precios internacionales y de los ingresos fiscales y, con ello, el colapso de la IV República. Convertida en un Estado dentro del Estado, administrando a su solo arbitrio el componente natural económicamente más importante del territorio na­cional, su aspiración a consolidarse definitivamente como tal, sin embargo, se vio frustrada en lo inmediato con la inesperada victoria electoral de Hugo Chávez y el advenimiento de la V República.

2.2. La Globalización Con PDVSA en el centro, lo que habían sido posiciones políticas de la derecha venezolana –y quiero enfatizar: derecha venezolana (Arturo Uslar, Juan Pablo Pérez Alfonzo)– se convirtieron en posiciones antinacionales provenientes de los poderosos países consumidores y sus institu­ciones 28


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internacionales. Desde el Banco Mundial se promovió entonces la tesis de “Enfermedad Holandesa”, según la cual, lo peor que podría pasarle a un país del Tercer Mundo, era benefi­ciarse de una renta petrolera. Supuestamente, ésta constituía inherentemente un obstáculo al crecimiento económico nacional y, peor aún, una auténtica amenaza a la democracia: pues la renta petrolera, indudablemente, siempre pasaría primero por las arcas del Estado el cual, en­tonces, fuera del control de los contribuyentes nacionales, tendería a comportarse despótica­mente. De manera que surgió entonces una política que se resumió, en su momento, en “volú­menes contra precios”. De lo que se trataba, desde luego, era producir petróleo, y más petró­leo, pero desistiendo de la idea que al petróleo le correspondía valor alguno. Estábamos regre­sando así a las posiciones liberales de 1910. La Siembra del Petróleo era considerada un sin-sen­tido. Inevitablemente llevaría, tanto en lo económico como en lo político, a un callejón sin sa­lida. Más, se adelantaron entonces reformas legales, con la finalidad de impedir que el Estado pu­diera seguir sosteniendo una política de sembrar el petróleo, distribuyendo o invirtiendo a la renta petrolera. Merece especial mención la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público de 1982, una ley reaccionaria con la que, so pretexto de combatir la corrupción, se pusieron todo tipo imaginable de obstáculos a los gastos de la administración pública, para reducir su capaci­dad gerencial a niveles mínimos (y de las secuelas de este tipo de legislación, de hecho, no nos hemos vuelto a recuperar). Imperativamente, nos teníamos que “independizar”, pues, del petróleo –más precisamente, del petróleo como recurso natural valioso– con lo que el gasto público, por una parte, habría que reducirlo y, por la otra, habría que financiarlo con los impuestos no petroleros. Se creó enton­ces, por ejemplo, el Impuesto al Valor Agregado, y a lo largo de la década de los 1990, mientras el pueblo venezolano se empobrecía, se celebraba en la prensa como gran éxito la “indepen­dencia” creciente del petróleo, ya que los impuestos no petroleros estaban por cubrir la mayor parte del gasto corriente. Obsérvese que existe así una relación estrecha, entre la política petrolera antinacional que se estaba desarrollando, la caída de los salarios reales, y el desmontaje del Estado y de sus empre­sas. La vieja PDVSA, convertida en un Estado dentro del Estado, trabajó sistemáticamente en una transformación de la infraestructura legal, institucional y política de Venezuela, con el fin de hacer imposible que el Estado pudiera controlar 29


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su empresa petrolera estatal. En el mismo paquete iba el descontrol sistemático de todas las demás empresas del Estado, con miras a su posterior privatización. Pero luego vino el colapso de los precios los más bajos niveles desde la Segunda Guerra Mun­dial y, con ellos, el colapso de la IV República: un resultado inesperado.

3. La Época de las Confrontaciones 3.1. Plena Soberanía Petrolera Se inició así una nueva época, de confrontación del gobierno con la empresa petrolera nacional, ésta última ya convertida en un Estado dentro del Estado. De hecho, la compañía petrolera na­cional primero continúo avanzando con su propio proyecto antinacional, como consta en la Constitución Bolivariana (véase los Artículos 302 y 303), en la cual se concedió a PDVSA un pa­pel cónsono con sus aspiraciones de administradora única del recurso natural y se preparó el terreno para la eventual privatización de la producción. Pero, esto sí, con el recurso natural fir­memente controlado por PDVSA. Para aclararlo: el Ministerio, asiento institucional por excelen­cia, en el período anterior, de la propiedad pública del recurso natural, la había administrado con una visión de Estado nacional; en cambio, el nuevo ente administrador del recurso natural, PDVSA, lo iba a administrar en función del capital internacional y de los consumidores extranje­ros, con una visión globalizadora. Si el primero nos llevó a fundar a la Organización de los Países Exportadores del Petróleo (OPEP); el segundo propugnaba nuestra salida de la OPEP y, por el contrario, nuestra entrada en la Agencia Internacional de Energía, la anti-OPEP que los países consumidores fundaron en 1974, por iniciativa de los EEUU. Artículo 302. El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotacio­nes, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico. El Estado promoverá la manufactura nacional de materias primas provenientes de la ex­plotación de los recursos naturales no renovables, con el fin de asimilar, crear e innovar tecnologías, generar empleo y crecimiento económico, y crear rique­za y bienestar para el pueblo. 30


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Artículo 303. Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, S.A., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando las de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas y cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de nego­cios de Petróleos de Venezuela, S.A.

Además, la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos que entró en vigencia en 2002, aceptó el arbi­traje como opción para solucionar conflictos entre los socios de las empresas mixtas. a. Sin embargo, con el gobierno bolivariano, Venezuela volvió a asumir un rol activo en la OPEP, en un esfuerzo exitoso por rescatar los precios internacionales del petróleo mediante la regulación de la producción, y Caracas fue la sede de la Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los Países Miembros de esta Organización (2000). b. Luego, en medio de confrontaciones cada vez más virulentas, con la nueva Ley Orgá­nica de Hidrocarburos (2001) se estableció formalmente la supremacía del Ministerio del Petróleo sobre la compañía petrolera nacional, y se inició la recuperación del régi­men fiscal. c. La situación cambió definitivamente con la derrota de la “vieja PDVSA” en el sabotaje petrolero. Desde entonces, la política petrolera de la V República se desarrolló bajo la consigna de Plena Soberanía Petrolera. d. La V República logró controlar la compañía petrolera nacional al renovar casi por completo, a partir de 2003, el tren ejecutivo con un personal dispuesto a respetar la su­premacía del poder estatal como accionista, dueño del recurso natural y soberano. e El papel del Ministerio del Petróleo se fortaleció considerablemente al nombrarse, en 2004, al Ministro como Presidente de PDVSA. f. Asimismo se recuperó el régimen fiscal primero frente a la compañía petrolera nacio­nal (la que había llegado al extremo de reducir, en 2002, el Impuesto Sobre la Renta a cero, como consecuencia de las “pérdidas cambiarias”); y luego también con respecto a todos los convenios de la Apertura Petrolera mediante una política de migración y na­cionalización (2005-2007). g. Además, todos los nuevos contratos refieren, de nuevo, cualquier disputa con la compañía petrolera nacional (el socio estatal), a la justicia ordinaria venezolana. 31


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Sin embargo, si bien hubo muchos aciertos, también hubo desaciertos: a. La Constitución Bolivariana sigue reflejando la Política de Apertura Petrolera. b. La Ley Orgánica de Hidrocarburos sigue considerando la posibilidad del arbitraje. c. La Política de Internacionalización no se ha revertido sino parcialmente, con éxitos parciales al ponerse fin a los descuentos y al vender algunos activos. d. Ni el Ministerio del Petróleo, ni el Ministerio de Finanzas o el SENIAT, lograron re­cuperar su poder de fiscalización de los precios de petróleo, aunque el Ministerio de Petróleo sí recuperó su poder de fijar los precios de liquidación de la regalía. e. El Estado venezolano sigue firmando tratados bilaterales de inversión y documen­tos semejantes. f. Y lo más importante de todo, la compañía petrolera nacional, estructural e institu­cionalmente, sigue girando en torno al concepto de la ganancia capitalista y no del valor del recurso natural (punto sobre el cual volveremos más adelante).

3.2. La Siembra del Petróleo El éxito de la renovada política de sembrar el petróleo puede apreciarse, por ejemplo, que en 2007 el PIB per cápita llegó a superar el máximo histórico que se había alcanzado en 1977, hace treinta años. Y se volvió a re-nacionalizar unas cuantas empresas del Estado privatizado en el período anterior.

4. Conclusiones Sin embargo, tiene que admitirse que al nivel ideológico, las ideas nefastas de la época del pre­domino de la compañía petrolera nacional, siguen teniendo mucha fuerza. Ya mencionamos el hecho de que la compañía petrolera nacional, estructural e institucionalmente, sigue girando en torno al concepto de la ganancia capitalista y no del valor del recurso natural. El dato más importante que todos los años se reseña en las primeras páginas de la prensa nacional e inter­nacional, es la ganancia neta de PDVSA; luego se forma un escándalo, por ejemplo, por el hecho que ésta bajó aunque los precios subieron lo que, desde luego, se atribuirá siempre a la voraci­dad fiscal o algo por el estilo. O, al revés, 32


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se destaca muy positivamente que, al fin, las ganan­cias netas de PDVSA se incrementaron. La verdad es que las supuestas ganancias de PDVSA no tienen ningún significativo real. Nuestra política petrolera consiste en maximizar el valor del recurso natural, y como tal debería comu­nicarse a la opinión pública nacional e internacional. El dato realmente importante es el ingreso neto generado por las exportaciones petroleras, a favor de la Nación; y a PDVSA, como simple operadora, le corresponde un presupuesto en función del cual tiene que responder al país, en términos de su eficiencia y productividad. No es PDVSA que mantiene el Estado dueño del re­curso natural, sino el Estado dueño del recurso natural que mantiene a PDVSA. Este hecho real, también de primera importancia ideológica, sin embargo, no se refleja en nuestro régimen pe­trolero imperante que sigue siendo básicamente el mismo desde 1975 que sirvió de base a la nefasta política de Apertura Petrolera. Sigue con fuerza la idea profundamente equivocada, que tenemos que superar la supuesta “de­pendencia” del petróleo (que Dios proteja a Venezuela de esa independencia). Afortunada­mente sigue también con fuerza la consigna de Plena Soberanía Petrolera: pues no se trata de renunciar al privilegio que nos concedió la naturaleza al dotar el territorio nacional abundante­mente con ese recurso natural tan valioso, y ¿por qué lo haríamos? Se trata de defender nues­tros derechos económicos, políticos y soberanos en la materia, y manejar los recursos que ge­nera con un criterio siempre venezolano, en función de un mayor bienestar de la población: se trata pues de ejercer efectivamente la Plena Soberanía Petrolera. Y se siguen oyendo voces, hoy por hoy, que abogan a favor de un gasto corriente cubierto por los impuestos no petroleros, mientras que la renta petrolera íntegra debería destinarse a un presupuesto de inversión: son éstas las ideas tradicionales de la Derecha venezolana, luego co­ optadas por la vieja PDVSA y las instituciones internacionales de los poderosos países consumi­dores. Limitar la Siembra del Petróleo a la inversión, es una idea equivocada incluso en térmi­nos propiamente científicos. En cambio, en este nuevo período tenemos que reconocer que la distribución popular de la renta es la llave al éxito; y uno de los mecanismos de distribución más importantes es mantener un bajo nivel impositivo para las masas populares. Y ello trae apare­jado que la mayor parte del gasto público se sigue cubriendo con renta petrolera. 33


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Quisiera volver a insistir en la estrecha relación entre la política petrolera nacional, por una parte, y el fracaso o el éxito de la política económica en general: lo que tienen en común es la capacidad gerencial del Estado, o la falta de tal capacidad. En 2017 se cumplirá el primer centenario de Venezuela como país exportador de petróleo. A mi modo de ver, es ésta una fecha para celebrar. Podría ser una excelente oportunidad de re-eva­luar, en perspectiva histórica y con la seriedad que se merece el tema, lo que el petróleo, y la siembra del petróleo, significaron para Venezuela, y el gran potencial que seguirá representan­do para todo el futuro previsible, desde la perspectiva aquí sugerida: el régimen legal e institu­cional que define, al fin y al cabo, los actores del acontecer nacional y el espacio en el cual el país podrá seguir avanzando. Asumamos el hecho, un hecho muy positivo, que en efecto, sí somos un país petrolero y es como tal que vamos a seguir avanzando.

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¿Quién debe y cómo gestionar la renta petrolera venezolana en el inicio de la construcción socialista? (Diálogo crítico con Jesse Chacón, A. Rodríguez Araque y B. Mommer) Jaime Corena Parra

(Trabajador del MPPCTII, agosto 22 de 2011, La Vela de Coro; Escuela Socialista de Coro-Venezuela) Aquí en primer lugar se muestran unos breves apuntes a tres escritos que consideramos relevantes: el artículo de Jesse Chacón de julio 30 de 2011 (publicado por www.aporrea.org), El problema del socialismo es la producción, no solo la distribución; la entrevista de Alí Rodríguez de abril 01 de 2011, El colapso de la OPEP significaría una derrota estratégica, concedida a Cuba debate, y el trabajo de Bernard Mommer, La distribución de la renta petrolera, de 1990. Y luego se debate sobre gestión socialista de la economía y las empresas, para finalmente introducir un esbozo de la propuesta de gestión participativa de la economía productiva y de la renta petrolera. El ingreso petrolero es un soporte para el despegue de la economía productiva del trabajo y el progreso de esta última es un indicador esencial de la realización de las dos tareas centrales de la Revolución Bolivariana: completar la independencia nacional e iniciar la construcción socialista venezolana. Es de notar, que se trata de una gestión de un proceso transformador exigida al máximo, pues tiene lugar en pleno auge mundial de la crisis estructural del capital, donde sin duda su misma «gerencia eficiente» y algunas de sus recetas técnicas, a juzgar por los resultados catastróficos que tenemos ante nuestros ojos, también entraron en crisis, que valga decirlo es la misma crisis de los partidos de «izquierda» que optaron, con apoyo en el «centralismo democrático», por la vía del socialismo estatista o el socialismo de mercado. La crisis estructural influenciará en la realización de la tarea central histórica 35


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venezolana, pero será una magnífica ocasión para crear condiciones e intentar superarla en el marco de una progresiva unidad entre los países cuyos pueblos compartan los mismos objetivos históricos, lo cual nos sitúa en la idea de la gestión internacional de la construcción socialista, que será tema de un próximo artículo.

1. Algunos apuntes a las ideas de tres autores que originan la pregunta que orienta éste trabajo Empezamos el apartado haciendo alusión a una idea muy reconocida sobre renta petrolera. Para Mommer en su trabajo, La Distribución de la Renta Petrolera (1990) y bajo un enfoque de crítica a la economía política, el petróleo en Venezuela se concibió conceptualmente como recurso natural de propiedad nacional, fuente de un impuesto distinto de los impuestos usuales y no es otra cosa que una renta de la tierra que corresponde al fisco nacional, convirtiéndose así la libre propiedad del Estado (que lo fue a principios del siglo XX) en propiedad estatal nacional. De esta forma el ingreso petrolero fiscal se compone de impuestos y la renta petrolera propiamente dicha. En términos de Mommer dice que el procedimiento para determinar la renta petrolera propiamente dicha, se logra asignando al inversor (en este caso al Estado) el 15% sobre el capital promedio invertido. Toda ganancia que exceda este nivel se contabiliza como la remuneración del recurso natural. Esta renta de la tierra se realiza en el mercado mundial y se convierte en fuente de acumulación de capital para los países productoreso para los monopolios petroleros. Por supuesto que la economía política del trabajo pondría en discusión este procedimiento, pero esto es debate para otro momento. El manejo de esta renta en el transcurrir de la Revolución Bolivariana, se convirtió según Rodríguez Araque y J. Chacón en un punto crucial para su profundización socialista. Veamos a continuación que dicen ellos al respecto. a. Rodríguez Araque: al final de su entrevista para Cuba Debate, realizada para evaluar los alcances de la contraofensiva del gobierno mundial del capital contra Libia y la OPEP y en especial sus repercusiones en el desarrollo de la Revolución Bolivariana, señala, «hay un conflicto entre la distribución de la renta internacional del petróleo y el estimulo productivo del país», de tan especial importancia, que superarlo «nos permitirá hablar 36


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de socialismo, o no». Él conflicto para él se caracteriza por la reproducción de tres grandes paradojas: · «Tenemos ingresos que superan ampliamente la productividad nacional -la producción es costosa, y es más barato importar que producir-. · Tenemos una capacidad de compra que supera ampliamente la capacidad de producción -ahí está la raíz estructural de la inflación-. · Y finalmente, tenemos ingresos que superan ampliamente la capacidad gerencial del país, tanto la pública como la privada». Párrafos atrás en su entrevista, anotaba Rodríguez A.: «El entorno natural, bien aprovechado, puede ser muy provechoso para el pueblo. Mal utilizado, trae muchas desgracias, y esos son los modelos que están en debate en Venezuela. El rentismo supone grandes deformaciones» Y agrega: «Sin embargo, en estos años la renta ha servido para mejorar la vida de los venezolanos». Cita luego al Ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani y señala que «en estos doce años se han volcado hacia la educación, la salud y el mejoramiento en general de las condiciones de la población más de 330 mil millones de dólares. Hoy más del 50 por ciento de la población venezolana está estudiando en los diferentes niveles de instrucción del país. Y todavía quedan grandes tareas, porque aún no hemos derrotado completamente la pobreza en el país». Apuntes. Dado que se pone en evaluación la «capacidad gerencial» del país para administrar la renta petrolera, sería indispensable preguntar qué hubiera hecho una «mejor gerencia» en materia de desarrollo social con estos mismos recursos, 350 mil millones de dólares, Y también sería bueno saber, comparativamente, cuál fue en el mismo periodo la inversión proveniente de la renta petrolera y sus efectos en el surgimiento del nuevo modelo socioproductivo. La cuestionada «capacidad gerencial» administra además el endeudamiento proveniente de (notas estructuradas, créditos, emisión de bonos en dólares) que compromete un volumen de los recursos del país a futuro. Por lo que es obligatorio decir en qué consiste esta «capacidad gerencial», sus características y cuál sujeto debe desarrollarla en el despegue de la construcción socialista y en las condiciones venezolanas, cuyo avance o no tiene que ver con ella. Con base en lo producido por la humanidad y los logros en investigación en construcción socialista (Mészáros, Lebowitz, El Che, Harnecker, Gramsci, etc.) algunas características de la gestión del proceso transformador de la realidad venezolana serían: 37


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a. La claridad en el objetivo y el camino para lograrlo. b. La capacidad de guiarse por valores y principios socialistas orientadores con sus respectivos indicadores. c. La capacidad de comprender su significado, de auto-comprenderse como el sistema operativo que hace y rehace el puente del paso de una forma histórica a otra, mediada por la organización y la conciencia social (crecientes conocimientos declarativos, procedimentales, actitudinales y emocionales y los compromisos para aplicarlos) y no sólo por la conciencia de una elite brillante. d. Reconocer y ayudar a reproducir el sujeto histórico que produce bienes, servicios y conocimientos mediante el trabajo y que hace la gestión; que aprende y desarrolla su rol en la medida en que actúa o toma decisiones fundamentales (macro y micro político-económicas) y que reflexiona respecto a si éstas conducen o no a los objetivos estratégicos, generales y/o específicos, de corto, mediano o largo plazos. e. La comprensión de las contradicciones en el contexto mundial, regional y nacional y sus posibles salidas; no es lo mismo la «gerencia» en los breves periodos «normales» de reproducción del capital, que la gerencia enfrentando el asedio al proceso revolucionario. Sin la consideración de estas características y su aplicación, intuimos, que es fácil incurrir en una idea y una práctica de «gerencia tecnócrata», elitista, sin participación de los trabajadores y las comunidades organizadas, vaciada de conciencia social. A ello hacemos referencia en la segunda parte del presente trabajo.

b. J. Chacón: en el artículo anteriormente mencionado, y en buen grado convergiendo con Rodríguez Araque, inicia diciendo que la inflación «es un problema estructural de la economía venezolana, el cual debe ser pensado y explicado fundamentalmente en la no existencia aún de un aparato productivo manufacturero y agroalimentario capaz de ofertar un alto volumen de bienes para el consumo de nuestra población». Y valga agregar que no despega de forma significativa aunque en la Revolución Bolivariana se dispone de tierra suficiente de propiedad estatal y otra gama de factores para lograrlo. En coherencia con ello, para él «pasa a ser el problema de la producción el reto central que enfrenta hoy la construcción socialista en Venezuela». De dónde agrega: «debemos concentrar nuestra reflexión y acción en el modelo productivo a construir». Para J. Chacón, este nuevo modelo debe superar múltiples retos como son las lógicas capitalistas imperantes, la necesidad de desestruc38


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turar el rentismo petrolero como materialidad productiva y representación cultural en toda la población y hacerse soportar por un alto nivel de eficiencia. La ruptura del rentismo para el autor «implica construir cadenas productivas viables y sostenibles, que satisfagan necesidades sociales de la población pero que ganen altos niveles de productividad». Luego él resume tres núcleos críticos fundamentales de los problemas heredados de la dinámica productiva del país, acota: el patrón de la producción petrolera se afianzó «sin permitir el desarrollo de un tejido industrial y agroalimentario capaz de satisfacer las necesidades nacionales», el nivel del ingreso promedio de los habitantes del país durante un largo periodo se eleva «casi al nivel de los países capitalistas del centro» y el crecimiento del ingreso deforma la economía: se incrementa el consumo a pesar de la baja productividad; «consumimos más de lo que producimos». Y ya en el propio desarrollo de la Revolución Bolivariana, para J. Chacón sobresalen problemas de políticas y estrategias que se deben resolver «en la configuración de nuestro modelo productivo», tales como: · ¿Cuáles son las cadenas productivas estructurantes y cuál es su modelo de articulación territorial con las redes productivas locales? · ¿Qué socializar, Todo? ¿Algún nodo estructurante en producción que nos permita el control de la cadena? · ¿Cómo formar y preservar la nueva gerencia para el reto de la activación productiva? ¿Cómo superar al tecnócrata sin caer en el extremo voluntarista del gerente politizado pero que desconoce el sector? Estas tareas se «complejizan» según J. Chacón debido a «constantes estructurales heredadas y prácticas de gestión que debemos reenfocar para avanzar con éxito en ellas». Valga recordar, en términos de reenfoque, que las cadenas estructurantes y el modelo de producción y distribución que las arropa, están contenidas en el tipo de economía a construir en los próximos años de Revolución B olivariana y el sistema de dirección para hacerla. Apuntes. Él se plantea, con las preguntas que formula, el problema de la hibridación entre capitalismo dominante y socialismo naciente, cuyo desenlace a favor del socialismo más allá del capital, no depende sólo de la «capacidad gerencial»; por lo estudiado en materia de construcción socialista, tiene que ver en buen grado con el desarrollo de la conciencia (conocimiento y compromiso) del sujeto transformador. Hasta hoy, acor39


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de con el Che, el problema de la hibridación no fue resuelto a favor del socialismo, por el contrario resultó ser un catalizador de la reproducción de la cultura del capital, de la economía de la burguesía, como ocurrió en la URSS entre principios de los años 20 y finales de los años 80 del siglo anterior, que terminó en su caída, situación prevista por el Che desde 1965. De ahí que sea necesario explicitar que se trata de la gestión eficaz y eficiente del área socialista de la nueva economía naciente y del control de la reproducción del área capitalista. ¡Tamaño desafío! Le cabe al texto de J. Chacón el mismo apunte que se hizo a la entrevista de Rodríguez Araque; pero además, él en su corto y denso artículo da origen a varias preocupaciones que deberían ser tratadas en un posterior desarrollo del mismo, por ejemplo: a) La relación existente en la construcción socialista entre objetivo del sujeto histórico, teoría orientadora, camino para lograr el objetivo y directrices estratégicas, frentes de acción para avanzar en el camino y el sistema operativo o gestión del proceso o de las acciones en los frentes. b) La productividad, eficacia y eficiencia y sus frutos sociales (excedentes) y la conciencia del sujeto de la gestión en la transición hacia un nuevo contexto. Y la definición del destino de esos frutos. c) la naturaleza sistémica de los frentes de acción del periodo histórico, que de manera corresponsable deben «gerenciar» conjuntamente el sujeto histórico del cambio y el Gobierno Bolivariano, aspecto teórico práctico sin el cual sería muy difícil decir si en el ejercicio de la « nueva gerencia» se implantan o no nuevas relaciones socialistas de producción, distribución y consumo. Es decir, se construye economía, al mismo tiempo que se construyen nuevo poder político, conciencia social, nuevas articulaciones territoriales (toparquía) y desarrollo social. Solo que en el alcance del presente trabajo solo tenemos ahora lugar para mirar la gestión de la economía productiva del trabajo y sus empresas. En la segunda parte del trabajo trataremos estos asuntos. c. B. Mommer por su parte en su ya amplio y excelente estudio sobre la renta petrolera venezolana, nos muestra su origen y desarrollo, que bajo la forma de resumen presentó en la conferencia de Coro en julio 15 de 2011, dice que son tres los periodos de la historia de Venezuela como país petrolero: · La Época de las Concesiones que inicia a principios del siglo XX hasta 1975, caracterizado por un progreso continuo del Estado como pro40


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pietario del recurso natural y como propietario soberano y culmina con la nacionalización de la industria en 1975 y la creación de Petróleos de Venezuela, S.A. El producto interno bruto promedio en este periodo alcanzó la cifra de 4% (dato de Mommer). · La Época de la Compañía Petrolera Nacional (1975 hasta 2003) se caracteriza por el contrario, por anular, una por una, todas las conquistas del primer periodo. El producto interno bruto promedio en este periodo la cifra de -1,5% (dato de Mommer). · La Época de las Confrontaciones entre la política nacional y la política antinacional, periodo inconcluso, que converge en sus inicios con la derrota del «paro petrolero» y es orientada por el lema Plena Soberanía Petrolera, que Mommer entiende como el sometimiento de la compañía petrolera nacional al poder del Estado. Los tres periodos ocurrieron en disputa o en subordinación y entreguismo con las compañías transnacionales petroleras y asumieron diferente intensidad según el sector de clase dominante en el Estado y gobierno de Venezuela y según los niveles de conciencia y de lucha por la soberanía nacional del pueblo trabajador venezolano y su fuerza armada. Tanto en este resumen como, por ejemplo, en su trabajo de 2003, Petróleo Subversivo, al igual que J. Chacón y Rodríguez A., Mommer se introduce en la idea de la necesidad de la buena gerencia para aprovechar con sentido nacionalista desarrollista la renta petrolera. Apuntes. Él, en su extensa obra no hace mención o no pone el énfasis en el papel del trabajo en el origen nacional y la realización internacional de esa renta. Pero en cambio destaca el rol principal que le compete al Estado (cuya forma actual es la República Bolivariana de Venezuela) en la ejecución de la política nacionalista de la administración de la renta petrolera. Esta idea es coherente con la tarea de completar la independencia nacional, pero se torna conflictiva e insuficiente al momento de examinar y explicar el rol del sujeto social de la transformación de la realidad venezolana en dirección socialista. El sujeto de semejante reto no puede reducirse al funcionariado de cuadros y/o los revolucionarios profesionales eficaces bien formados, pues para empezar, entraría en conflicto con el artículo 299 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y los lineamientos del Proyecto Nacional Simón Bolívar (PNSB, 2007-2013), que orientan a la planificación y la construcción participativas de la economía socialista. Recordemos que el presidente Chávez llamó a construir 41


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esa economía en diciembre de 2006, del cual el nuevo modelo socioproductivo es parte integrante. Tal modelo a la luz del PNSB (2007-2013) en su directriz IV expresa que «con el fin de buscar trabajo con significado, se buscará la eliminación de la división social, de la estructura jerárquica y de la disyuntiva entre la satisfacción de las necesidades humanas y la producción de la riqueza subordinada a la reproducción del capital». Y en cuanto que el cuerpo de ideas del partido, PSUV, que orienta la revolución y las acciones de la V República, declarativamente se apoya en Marx, también chocaría con la proposición de él expuesta con brillantez en su discurso Inaugural de la Primera Internacional de Trabajadores en 1864 y convertida desde entonces en tarea no realizada aún por ninguna revolución social: crear y sostener la economía política de la clase obrera, de los productores libremente asociados, que es obra de los mismos trabajadores, que de ninguna manera es la economía de las elites gerenciales. En las investigaciones de Lebowitz y Mészáros hay un cumulo de orientaciones valiosas para apoyar la construcción de la economía política del trabajo libre asociado, que en palabras de Marx insertas en el discurso antes citado, «cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría». Y en el extenso trabajo de Harnecker hay otras valiosas luces para hacer esta economía bajo la planificación participativa. Apunte común a los tres textos. Por lo visto hasta aquí es indispensable profundizar en la visión y la práctica de la «gerencia» de la construcción socialista, la economía, sus cadenas y empresas, aspecto considerado decisivo por los tres autores, bien sea para construir socialismo o hacer nacionalismo desarrollista. Y para ello nos formulamos la pregunta quién debe y cómo gestionar el abundante ingreso petrolero venezolano para apoyar la incipiente construcción socialista. Pero primero es necesario decir lo que entendemos por gestión socialista.

2. La gestión Socialista y la «Capacidad Gerencial» En el desarrollo histórico social de los últimos 200 años podemos hablar, en general, de tres procesos de gestión: a.) la gestión liberal del capital y su reproducción metabólica apoyada en las democracias representativas o las dictaduras político-militares, b.) la gestión del capitalismo de Estado y sus empresas, incluida en esta la gestión del «socialismo de mercado», hoy entrampada en China y Vietnam. Aunque en China hayan logrado un alto desarrollismo de sus fuerzas productivas y superado la 42


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pobreza de millones de personas, en la extinta URSS también lograron que millones de personas superaran la pobreza, pero en ambos casos no se produjeron los retoños de la economía política del trabajo y c.) los intentos en la incipiente gestión socialista. La gestión liberal y la gestión del capitalismo de Estado son mayoritarias y dominantes en el mundo e impregnan con sus «herramientas» o « armas melladas», todos los procesos socioeconómicos, incluidos los pocos que se proponen en el discurso y los hechos ir más allá del capital. Aquí hablaremos de forma directa muy poco de sus características, aunque su significado no ha sido otro que ser el subsistema operativo de la reproducción del capital y para ello se apoyó y apoya en el aparato coercitivo del Estado (en todas sus formas: nacional o regional como es la Unión Europea-OTAN) y el cuerpo de conocimientos de la «economía moderna», «la gerencia» con la matemática (mecanizada), la psicología, la ingeniería industrial, la econometría y varías disciplinas más a su servicio. Esta gerencia se vendió en universidades (con poca capacidad ética autocritica), instituciones gubernamentales y no gubernamentales y medios de comunicación, como la guía infalible de «cómo lograr el éxito» y acompañar al hombre en su camino «hacia el fin de la historia» y la libertad. Y no obstante eso, este subsistema operativo entró también como su madre, el capital, en crisis estructural, tal como lo ejemplifica muy bien Jesús Farías (Ultimas Noticias, domingo 21 de agosto de 2011), «Nunca antes se había acumulado tanta capacidad de riqueza, tanta capacidad tecnológica, tantos conocimientos científicos y nunca antes había habido tanta miseria y tanta pobreza. 2.8 millardos de personas viven con menos de dos dólares diarios y más de un millardo padece de hambre crónica». En consecuencia aquí trataremos algunos asuntos destacados de la capacidad de la «gerencia» socialista, que preferimos llamarla gestión para diferenciarla de la «gerencia en crisis profunda», tanto en el reino abierto del capital, como en su reino taimado, hecho carne en todas las versiones de la socialdemocracia liberal europea y en el emergente socialismo de mercado. Claro que algunas aplicaciones tecnológicas de apoyo a la «gerencia eficiente» son útiles a la gestión socialista, pero no son, ni mucho menos, su único núcleo de conocimientos disponibles. Hay nuevos conocimientos en gestión necesarios y útiles para construir la forma histórica nueva y su economía del trabajo no dirigida a la ganancia, como son el aprendizaje social, la psicología educativa, los elementos de economía política de la construcción socialista (Mészáros, Lebowitz, Harnecker, El Che, las practicas de las comunidades indígenas originarias, etc.) la 43


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psicología social y de las organizaciones, el estudio de los sistemas y su complejidad,la teoría del pensamiento crítico transformador y su planteamiento de la superación de la consciencia social fragmentada, la valorización de los productos en horas de trabajo, la teoría de la democracia participativa y la toma de decisiones asamblearias y muchos más. Tales asuntos los consideramos interrelacionados y como parte de un mismo continuo y son: a. El conocimiento de los antecedentes de la «gerencia eficiente en crisis» y sus herramientas tecnológicas y axiológicas; su estudio nos ayuda por lo menos a saber qué no hacer en la construcción de la economía política del trabajo y a implantar de forma crítica la alternativa. b. La idea de gestión socialista, proviene de la naturaleza de la comprensión del objetivo histórico de la revolución y la crítica a sus antecedentes. c. La definición del objetivo, los principios orientadores, el contexto, el significado del puente hacia el objetivo y el sujeto histórico. d. La visión de la práctica de la gestión o del sistema de dirección-planificación-operación y control de la economía y sus empresas. e. La formación en gestión del sujeto histórico y no solo de los cuadros, una de las preocupaciones del Che, expresadas, en Apuntes críticos a la economía política.

El conocimiento de los antecedentes. De acuerdo con Mészáros en El desafío y la carga del tiempo histórico, la cuestión del socialismo se presenta en el siglo XXI como la necesidad de una evaluación crítica del pasado y como el desafío ineludible de identificar los requerimientos fundamentales que hay que incorporar a las estrategias de cambio radical previstas. Esos requerimientos son los principios orientadores que veremos luego. Hay que evaluar pues como antecedente el estruendoso e incuestionable fracaso de la gerencia de elites o de cuadros bien formados; ésta fue y es y será solo eficiente cuando mucho para el recorrido de tramos históricos cortos de la lógica de control social del capital. Bien sea de izquierda o de derecha tiene mucha evidencia empírica en su contra; su ineficacia no solo social, sino también ecológica salta a la vista. Para la muestra la caída del modelo soviético de vida, la quiebra de las grandes empresas del capital en su actual crisis estructural, los fracasos de la socialdemocracia liberal en la gestión de las economías de España, Portugal y Grecia y también en Estados Unidos y el entrampamiento en que ha caído la «gerencia» china, que entregó en préstamo al capital mundial la enorme 44


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masa de plusvalor extraído al trabajo chino por la vía política, sin que sepa a ciencia cierta, si recuperará esa inversión o no. La misma Revolución Cubana (discurso de Fidel en la Universidad de la Habana en 2005 y de Raúl Castro en abril de 2011 en el último congreso del PC cubano) a causa de serios problemas provocados por los sujetos-cuadros de la gestión, podría llegar a ser reversible. Por tanto es hora de que el proyecto socialista redefina el núcleo fuerte de su tipo de gestión y su nítida diferencia con el de «la gerencia en crisis del capital». De estas experiencias de «gerencia» de los últimos 200 años hay que aprender, como también de los 11 años de gestión de los cuadros y funcionarios y la FANB (ejercicio del poder público) en la Revolución Bolivariana y también de la incipiente gestión de los consejos comunales y consejos de trabajadores(ejercicio del poder popular), que Rodríguez Araque y J. Chacón ponen en evaluación, en el sentido de reclamar de ellos una mejor «capacidad gerencial», aunque aún no fundamentan la definición de ésta. Por lo que es necesario entrar a decir, a grandes rasgos, qué entendemos por gestión socialista. La gestión socialista. Es la gestión, en cuanto a decisiones y actividades programadas para aplicarlas, del proceso de transición hacia una forma histórica nueva, de su subsistema económico productivo y los otros subsistemas (el político, el de las ideas y valores, el del desarrollo social y el territorial) y de sus cadenas productivas y empresas en construcción. Es el subsistema operativo de la reproducción diaria de la cultura de la economía política del trabajo, en la cual el producto del trabajo y su distribución no le son extraños a su productor, y el desarrollo de un ser humano justo y libre. Su quehacer, en palabras del Che, es contrario a las embestidas ciegas, el autoritarismo de Stalin y el pragmatismo inconsistente. Es una expresión concentrada de la conciencia del sujeto histórico, de su aprendizaje social (de experiencias mundiales y de su propia experiencia y reflexión), que se forma gracias a una práctica dilatada, participativa y crítica de su cuerpo orgánico, como son las redes locales, nacionales e internacionales de los consejos de trabajadores y las redes de los consejos comunales y la articulación estratégica de éstas. Con apoyo en Einstein, 1949, en ¿Por qué socialismo?, decimos que el sujeto histórico «son muchos seres humanos» (y no solo los expertos), que adoptan y llevan adelante los fines no endebles, vitales y vigorosos y «quienes de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de 45


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la humanidad». La construcción de la nueva economía del trabajo (de las nuevas relaciones sociales de producción, distribución y consumo) «es un problema humano» y «no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan la organización de la sociedad» Con el desarrollo de esta visión apoyada en las ciencias, se avanzaría en la eliminación de la división social del trabajo y su orden jerárquico. La gestión socialista del sujeto histórico (red de consejos de trabajadores y consejos comunales en las condiciones de Venezuela) debe hacerse en franca relación con el gobierno bolivariano y consolidar sus primeros pasos en la articulación con arreglo a un plan en las industrias intermedias, las industrias básicas y PDVSA, como partes integrantes del área socialista de la economía política del trabajo en construcción. Y el gobierno, según el presidente Chávez (¡Cruz de mayo, cruz de Cristo!, mayo 3 de 2009), sin «ninguna relación de tutela con respecto a los trabajadores dentro de la construcción de nuestro modelo socialista», debe facilitar esa tarea. Pero con gran claridad respecto a que «no es ni al Estado, ni al gobierno, ni al PSUV a quienes les corresponde organizar y dirigir a los trabajadores: toca a los propios trabajadores asumir esa responsabilidad histórica, clasista, que les pertenece». Una primera ampliación de la idea y la práctica de gestión, de «capacidad gerencial» introduciéndonos en su objetivo, principios orientadores, contexto, significado operativo y sujeto histórico. Objetivo, principios orientadores, contexto, significado operativo y sujeto histórico de la gestión. El objetivo, consiste en construir, más allá del capital, la forma histórica nueva y su economía del trabajo no dirigida a la ganancia, que libere al ser humano del trabajo esclavizado y lo haga participe del trabajo libre y solidario, en la cual, como parte integrante de la madre tierra, la sociedad, realice los ya antaño ideales humanos de igualdad, libertad y justicia, sin explotación del hombre por el hombre y de máxima suma de felicidad social e individual posibles. Principios orientadores, son los requerimientos que el trabajo organizado debe aplicar, para ir más allá del capital, hacia la forma histórica nueva, aprendiendo de los intentos fallidos de construcción socialista y superando de hecho la «gerencia en crisis» del capital, entre estos, indicamos los sugeridos por Mészáros en Eldesafío y la carga del tiempo 46


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histórico: irreversibilidad, igualdad sustantiva, planificación participativa, participación decisiva, extraparlamentarismo o poder popular, educación permanente, complementariedad de lo nacional e internacional, economía viable, y los que hemos aprendido de los debates en las escuelas socialistas de trabajadores durante el periodo 2007-2011 en el estado Falcón, equidad de género, relaciones armónicas con la madre tierra y defensa del proceso, que le permitan al sujeto histórico organizado, revisar a diario su marcha con los correspondientes indicadores de logros y en particular, saber hasta dónde se han corregido las deformaciones del rentismo petrolero. El contexto lo constituyen la crisis estructural mundial del capital, y entre sus componentes, la hambruna, las guerras y el calentamiento global con el cambio climático en curso y el riesgo de desaparición de la especie humana y otras especies del planeta; la crisis de su «gerencia eficiente» y de sus conocimientos insuficientes, el avance incipiente del sujeto histórico del cambio venezolano o la red de consejos de trabajadores, el progreso regional de los nacionalismos desarrollistas en su encrucijada, pero en proceso de unidad y la propuesta de iniciar la construcción socialista venezolana, con el asedio de la oposición apoyada por fuerzas imperiales brutales, que pretenden recolonizar el mundo por la fuerza militar combinada con el control psicosocial y económico. El significado operativo hace referencia a que el sujeto social del cambio, se vea y se realice, con apoyo en las ciencias y el dialogo de saberes, como el puente que es entre la forma histórica vieja del capital y la nueva del trabajo. Semejante puente es una construcción diaria de la economía política de la clase trabajadora y su estudio con arreglo a directrices estratégicas y su correspondiente plan elaborado de forma conjunta (progresiva) por las redes articuladas de los consejos de trabajadores y comunales, el nuevo poder democrático, aún fragmentado en Venezuela, en la transición, como poder público dominante y poder popular en construcción. Las directrices estratégicas están contenidas en el PNSB 2007-2013 y están sujetas a reajuste para el periodo 2013-2019. Pero el plan debe empezar a elaborarse por la confederación de los consejos de trabajadores y la confederación de los consejos comunales y comunas. Como debemos adquirir la cultura de vivir según un plan social y no sólo con un plan de cuadros, es clave recordar con las palabras de Raúl Castro (diciembre de 2010) apuntando a las rectificaciones en la Revolución Cubana, que «en materia del plan y el presupuesto, hemos insistido en 47


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que tiene que acabarse la historia repetida de los incumplimientos y los sobregiros. El plan y el presupuesto son sagrados, repito, desde ahora el plan y el presupuesto son sagrados y se elaboran para ser cumplidos, no para conformarnos con justificaciones de cualquier tipo y hasta con imprecisiones y mentiras, intencionadas o no, cuando no se logran las metas trazadas». Pero ello es difícil de acabarse si el plan sigue siendo el plan de los cuadros y no de la sociedad. El sujeto histórico, es progresivamente la clase trabajadora-productora (proletarizada) y libremente asociada- no sólo industrial, organizada y articulada conscientemente en la red de consejos de trabajadores, junto a la población organizada territorialmente en Consejos Comunales y Comunas. Al decir de Mészáros, esta clase proletarizada es «la inmensa mayoría de individuos que caen en una condición en la que pierden el control de todas las posibilidades de sus vidas», -incluye en muchos casos, hasta a los científicos asalariados de las empresas multinacionales y de instituciones públicas como el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y la NASA-. Y recuperan esas posibilidades cuando se convierten en un auténtico puente hacia la forma histórica nueva. Y ello implica en las condiciones de Venezuela, hacer su tarea en democracia participativa (con educación continua en la empresa y el barrio), en corresponsabilidad con el Gobierno Bolivariano conformado por el camino de la democracia representativa. Frentes de la construcción socialista. Estos frentes en acuerdo con el Presidente Chávez (Aló presidente teórico Nº1, 11 de junio de 2009) son el ético (las ideas y los valores como fuerza material), el económico, el político, el territorial y el de desarrollo social. Claro que en el desarrollo de los frentes, para que la «gerencia» no resulte ser «tecnócrata liberal» deben orientarse, al decir de Mészáros, por criterios o principios. En cada frente tomado cada uno por separado, pero también en interrelación mutua, periódicamente (cada año por ejemplo) se mirarán por medio de las asambleas del sujeto colectivo de la revolución, según un cuerpo de indicadores, cómo va la aplicación de los principios; es decir, cómo se avanza hacia el objetivo y que rectificaciones hay que introducir para no sucumbir en su búsqueda. Visión de la práctica de la gestión. Está abierto el debate: o gerencia eficiente de un funcionariado experto, bien formado y preservado aunque posea sentimiento patriótico y de solidaridad social o «gerencia eficaz y eficiente» de colectivos y asambleas de trabajadores y trabajadoras, pa48


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triotas e internacionalistas, conscientes y eficientes, que toman las decisiones fundamentales en corresponsabilidad con los Consejos Comunales, el funcionariado y los cuadros del Gobierno Bolivariano. Este es un camino para hacer a diario una vida laboral eficaz, eficiente, productiva y solidaria; su práctica reiterada, hecha cultura lo diría. La gestión asamblearia aprende a hacer economía del trabajo en su empresa y cadena socio-productiva, en sus tareas trianuales, anuales, semestrales, etc., y a relacionarse con la confederación de consejos comunales y las comunas en la medida que, por ejemplo, diseña, aplica y controla los planes de producción y distribución; participa de la distribución de excedentes; se hace consciente de su objetivo histórico; y del camino para lograrlo. Es la actividad práctica, orientada, la que media en la formación y revitalización de la conciencia socialista, asamblearia, del sujeto de cambio, que nadie le puede «inyectar desde fuera»y permite el parto de la «nueva gerencia social». Lo cual no excluye la existencia de responsabilidades individuales o de comisiones grupales en la gestión, o que no pueda haber intercambios de experiencias e información entre diferentes sectores sociales o de trabajadores para tomar mejores decisiones o rectificar pasos equivocados. Una señal de ello se encuentra en algunas nuevas prácticas empresariales en Venezuela, que valdría la pena detallar luego en un estudio específico, por medio de las cuales se introduce el usufructo social de la propiedad estatal y la toma de algunas decisiones fundamentales. Visión de la formación. Tanto J. Chacón, cómo A. Rodríguez en su artículo, establecen una fuerte correlación entre las perspectivas del desarrollo de la embrionaria construcción socialista venezolana y la «gerencia» de la misma. En tal sentido, ambos le conceden una gran importancia, en palabras de J. Chacón, a la nueva gerencia a «formar y preservar» para activar el nuevo modelo socioproductivo. Al no vincular esa «gerencia» explícitamente con la formación del nuevo sujeto social histórico de un cambio profundo en la realidad, ambos invisibilizan el papel del trabajo consciente organizado como factor decisivo en la gestión eficaz del nuevo modelo socioproductivo y de la renta petrolera. En tal sentido de lo dicho por ambos, cabe suponer que la «gerencia» estaría conformada por el funcionariado «bien formado» de la V República y los cuadros profesionales de la revolución. Y ello lo expresa J. Chacón así: «Cómo superar al tecnócrata sin caer en el extremo voluntarista del gerente politizado pero que desconoce el sector». 49


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De acuerdo a lo leído, se pone el énfasis en la necesidad de formar las personificaciones (¿individuales?) del cambio a implantar y descansa, en expresión de J. Chacón, « sobre un alto nivel de eficiencia», pero se pasa por alto el sujeto histórico que lo hará y por supuesto la relación entre conciencia de este sujeto y la gestión eficaz-eficiente en pos del objetivo. En varias pequeñas experiencias en la industria venezolana de hoy, ya lo dijimos, encontramos algunas señales empíricas de cómo es posible que el trabajo organizado aprenda eficacia, calidad, eficiencia y productividad. También hay suficiente evidencia empírica, de lo conflictivo que resulta la mera formación «capacidad gerencial de los cuadros» para buscar un objetivo histórico que sólo puede construirse a diario de manera planificada y por la actividad consciente de millones de personas, como es el socialismo. Valga reiterarlo, lo hemos aprendido a partir de las enseñanzas que se han evaluado en los últimos años, tanto de la caída del modelo soviético de vida, como de la crisis estructural del capital, que amenaza,con la caída de la hegemonía de Estados Unidos y sus socios. No sobra destacar que empresas y cadenas productivas del gran capital, por ejemplo la G Motor, orientadas por la gerencia mundial de expertos, formados en las «mejores» universidades del mundo y en la «exitosa práctica» del capital, entraron en bancarrota. Y decenas esperan turno para ir al mismo destino, de la mano los mismos «expertos», que, como Artur Andersen y la certificadora de riesgos, Standar and Poors y muchas otras “prestigiosas” firmas, sirvieron como instrumentos para estafar a los pueblos del mundo y en especial al de los Estados Unidos, durante la llamada crisis financiera e inmobiliaria que eclosionó en 2008, más de 700.000 millones de dólares, situación que se repite en agosto de 2011, sin conducir a una solución estructural, sino a la preparación de una nueva crisis mundial del capital, aún más fuerte y profunda. Con ello, valga decirlo y muy bien subrayado, se omite, reconocer a la luz de los viejos y nuevos conocimientos en construcción socialista de (Marx, Gramsci, El Che, Mészáros, Lebowitz, Harnecker, Chávez y varios colectivos del trabajo venezolano organizado en estos primeros años del siglo XXI), que el paso de la forma histórica vieja a la forma histórica nueva, o la transición socialista planificada participativa, es en su núcleo central, la realización progresiva de la economía política del trabajo, por parte de su sujeto colectivo organizado y hecho poder decisor, de tal forma que este puente-sujeto no puede reducirse a las ejecutorias de la «vanguar50


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dia» y de su «gerencia-eficaz-eficiente», so pena de incurrir en serias deformaciones como ya ocurrió en el siglo XX con las practicas soviéticas y liberales reformistas de la socialdemocracia. Cómo ayudar a formar y autoformar este amplio campo del trabajo,es una cuestión que abordaremos en profundidad en otro artículo; un par de años atrás ya dimos unas puntadas en esta dirección cuando hablamos de la fábrica vista como aldea universitaria, donde todos el trabajo organizado se hace culto y liberado por que se apropia del conocimiento y lo desarrolla. Por ahora, recordemos que el Che (en una reunión bimestral del Ministerio de Industrias en Cuba, en enero 20 de 1962), al hablar de la formación de la conciencia colectiva y de cuadros para construir socialismo, se preguntaba: « ¿Por qué razón nosotros vamos a aceptar fatalistamente el hecho de que la clase obrera esté condenada por alguna razón histórica a avanzar con menos velocidad? Sinceramente me niego a reconocer eso. Creo que aquí lo único que ha faltado es mayor trabajo sobre ese punto y mayor audacia». Y agregaba: «Ahora, nosotros podemos ir avanzando en el terreno económico, pero si nosotros no preparamos las condiciones ideológicas frenaremos el proceso de desarrollo» Y un par de años después en su afán por promover el aprendizaje y la participación obrera masiva en las tareas de la dirección socialista (reunión bimestral del Ministerio de Industrias en Cuba, en febrero 22 de 1964), anotaba: «La participación de los obreros en la dirección de la fábrica hoy es nula, a pesar de que nosotros hemos hecho una serie de instrucciones». Sencillamente los administradores (cuestión del modelo de gestión de las empresas) no preparaban adecuadamente las asambleas de producción y más bien las calificaban de frías y poco concurridas. No hay que hacer un gran esfuerzo para conocer las causas de ello. Por lo que nosotros sabemos, en los casos del naciente consejo de trabajadores de la planta procesadora de sábila en Coro y de la planta picadora de piedra en la Parroquia Guzmán Guillermo vecina de Coro, adscritas al MPCTII, las asambleas son deseadas por los trabajadores y trabajadoras, cuando en ellas se debaten cuestiones fundamentales de la vida de sus empresas y por tanto, de su propia vida. Sin duda, el facilitar la formación en la realización de la economía política del trabajo, está vinculado con el tratamiento de asuntos de interés social, con el amor que siente el productor por generar y distribuir el fruto de su trabajo. 51


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3. ¿Quién debe y cómo gestionar el abundante ingreso petrolero venezolano para apoyar la incipiente construcción socialista? Ahora desarrollaremos tres apartados: los factores que participan de la generación de la renta petrolera venezolana, quién debe gestionar el ingreso petrolero y cómo debe gestionarse el ingreso petrolero. Los factores que participan de la generación de la renta petrolera venezolana. Decir que es abundante el ingreso petrolero venezolano parece un lugar común, pero es tan importante resaltarlo, como saber que el presupuesto anual de la nación se mide en unidades correspondientes al precio del barril. En el trabajo citado de Mommer de 1990 sobre la distribución de la renta petrolera, él precisa que en el marco capitalista de vida, son tres los factores que se disputarían la legitimación de su participación en el ingreso nacional: el trabajo, el capital y la tierra. El trabajo legitima su salario por el hecho de ser el productor inmediato de las mercancías y también legitima su reivindicación de aumentos salariales con el desarrollo de la productividad, pues ésta es su producto. El capital legitima sus ganancias por proveer al trabajo con los medios de producción necesarios y por organizar el proceso de producción («la gerencia eficiente») de manera que este arroje un excedente. El factor de producción tierra se legitima insistiendo en su productividad natural, tal como lo han hecho de manera explícita los fisiócratas. Y agrega Mommer que se establece una lucha distributiva entre estos tres factores, que hasta cierto punto se niegan mutuamente para darse mayor importancia cada uno. Para el caso de la renta petrolera, realizada internacionalmente, se plantea el problema de cómo cada factor (de los tres) reivindica su participación en ella. Pero en el caso de Venezuela donde el Estado (y en concreto su forma de existir actual, la V República) es propietario de la tierra, la cuestión de la reivindicación se reduce a la que plantean dos factores: el trabajo y el Estado-inversor. En esta reivindicación competidora antes del inicio del gobierno bolivariano en 1999, el trabajo se veía representado por un sindicalismo economicista y deformado y el inversor-Estado-propietario del suelo por las personificaciones (sociales, militares e individuales), ajenos ambos factores al ejercicio de la plena independencia y soberanía nacio52


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nal; con las excepciones de rigor, ambos factores no eran otra cosa que aves rapaces al acecho de una porción de la renta. Y después de 1999, en su nueva fase de la Revolución Bolivariana, en Venezuela, necesariamente empiezan a nacer un nuevo sujeto del trabajo y un nuevo Estado con sus personificaciones e intereses. En este sentido, el trabajo, ya no visto «peyorativamente» como personificación corporativa o sindical reivindicativa deformada, sino como sujeto social que posibilita el origen de la renta internacional, debe participar, en especial y valga relievarlo, como sujeto histórico del uso que se le da a este ingreso petrolero en la construcción socialista, que es un proceso nuevo en la vida venezolana. Aquí no cabe el rechazo simplista a toda forma de sindicalismo y a hacerlo opositor de los consejos de trabajadores, por el contrario en la medida en que los ingresos petroleros sean distribuidos con participación del trabajo organizado, que no son sólo los trabajadores de PDVSA, la idea y la práctica del sindicalismo de la IV República tenderán a desaparecer. El Estado venezolano (ahora bajo la forma de V República) como propietario del suelo del cual se extrae el petróleo gracias a la acción del trabajo (vivo e incorporado) se ve beneficiado por una renta realizada en el mercado mundial a donde concurre el petróleo-mercancía de varios países propietarios del suelo y productores y asociados. A ese mercado concurren los compradores capitalistas poseedores de una enorme masa de plusvalor (trabajo mundial acumulado convertido en dinero) sustraído al control de sus productores directos. Esa renta luego se distribuye nacionalmente y en el caso venezolano en varios rubros de interés público social. Pero precisamente por eso, porque estamos viviendo una Revolución Social donde brota un nuevo Estado (obrerista nos dice el presidente Chávez en su citado trabajo ¡Cruz de Mayo. Cruz de Cristo!) y no haciendo únicamente un nacionalismo, es preciso visibilizar el papel del trabajo criollo en la realización de esa renta y facilitar su participación en su distribución. El trabajo es el que extrae el crudo, realiza el transporte a puerto, en algunos caso realiza el mejoramiento que se hace a una parte del volumen destinado a la exportación y su embarque y transporte al comprador internacional. Son todas estas, más su planificación y control, operaciones constitutivas del trabajo que se hace para que la renta pueda realizarse y éste hecho hay que hacerlo visible. Y se trata no solo del trabajo en la industria que extrae, mejora y trans53


Mommer, Corena Parra, Trómpiz

porta el crudo, sino, en perspectiva de futuro, del conjunto del trabajo nacional activado como red de consejos de trabajadores, que en la idea de Chávez, «vaya asumiendo el control de los obreros sobre todo el proceso de producción». Y esto sin incurrir en voluntarismos, implica como el mismo presidente dice, comprender que «ciertamente es un proceso que lleva tiempo pero su dinámica debe iniciarse ya». Pero además hay que fundamentar en la propia práctica política reciente venezolana y recordar que fue una gran parte de los trabajadores de la industria petrolera, quien 2002-2003 se hecho sobre sus hombros la producción petrolera saboteada por la contrarrevolución. Es decir, ya el trabajo dio señales de lo que es capaz de hacer en el evento de que ocurra una cogestión de la riqueza que se produce gracias a sus operaciones y a la existencia de un recurso natural propiedad de toda la sociedad en el suelo que pisa. ¿Quien debe gestionar el ingreso petrolero? Por todo lo expuesto hasta aquí, no cabe duda, la gestión de la distribución del ingreso petrolero debería ser una cogestión del trabajo organizado consciente articulado en una red de consejos de trabajadores, los consejos comunales confederados y el Gobierno Bolivariano y ello debe hacerse de cara al país, con base a un programa. Clave es tener en cuenta que la materialización de esta idea hace parte de la construcción de la nueva sociedad. Y precisamente, lo positivo de la nueva sociedad en construcción orientada por el trabajo organizado, con apoyo en Mészáros, sólo puede ser hallado en la autonomía de la acción emancipada de sus miembros y en los correspondientes complejos institucionales/instrumentales, que responden flexiblemente a las necesidades del sujeto social transformador que hace el puente entre lo viejo y lo nuevo. Es esta autonomía la que se debe favorecer y no restringir y toma cuerpo en la vida empresarial de la sociedad en la red de los consejos de trabajadores y trabajadoras. La totalización colectiva consciente o todo el potencial mediador y emancipatorio de los consejos de trabajadores en la transición socialista o construcción del puente, encuentra desarrollo en el marco de su más amplia participación en las decisiones que armonizan su acción cooperativa con el logro de metas y objetivos. Las conexiones entre la cooperación libre y voluntaria y los objetivos de la emancipación del sujeto transformador y con él de toda la sociedad, para Luckas y Gramsci están fundamentadas en la relación entre pensamiento y 54


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acción, en la creación de conciencia de clase y ella, valga reiterarlo, está mediada por la praxis en la construcción del puente que elimina la separación burguesa de lo legislativo, lo administrativo y lo judicial, en la superación de la fragmentación del proletariado (al nacer la república de los consejos de trabajadores y de consejos comunales, como en el caso de Venezuela avanzando hacia ello) y en juntar la economía y la política en la nueva síntesis del trabajo organizado consciente. Praxis históricamente efectiva. ¿Cómo gestionar la distribución del ingreso petrolero? Dada la experiencia de los consejos de trabajadores en la extinta URSS, a los cuales se les redujo su poder cuando no habían transcurrido los dos primeros años de revolución, se hace indispensable promover en Venezuela que éstos, una vez articulados por empresas y en redes nacionales, participen sin reducirles su rol, progresivamente, en la dirección nacional junto al gobierno del sistema presupuestario de financiamiento, a donde iría, anualmente, como uno de los componentes del fondo garante del desarrollo productivo, de la nueva economía del trabajo, una parte del ingreso petrolero, pero no indefinidamente, sino hasta que el sistema presupuestario se haga autosustentable. Sobre la aplicación del sistema presupuestario de financiamiento en Venezuela, ya hemos realizado algunas notas desde 2009 y difundido los apuntes que al respecto, de forma audiovisual, hizo el presidente Chávez en octubre de 2010, a los cuales hemos agregado que este sistema podría funcionar por ramas de la producción articuladas gubernamentalmente por la vicepresidencia de la economía productiva. Cada rama, la de las industrias intermedias por ejemplo, tendría un banco estatal garante de la aplicación del sistema bajo cogestión obrera. Sin esta participación el sujeto transformador no se puede construir y por tanto tampoco el puente entre lo viejo y lo nuevo. Para R. Luxemburgo esta marcha entre el punto de partida y el de llegada en el puente se hace «tanteando para no incurrir en el reformismo liberal o el revolucionarismo sectario». Para estas tendencias nocivas, a diario lo oímos de sus personificaciones: «el sujeto social transformador, -la clase trabajadora-, ahora no está preparado para hacer el puente». Y por ello sería necesario que alguien, -así sea «minoría de vanguardia»-, debe a cambio cumplir su función histórica. La «minoría de vanguardia» fundamenta su papel protagónico a partir de dos hechos: uno de suponer que su «poder público» es superior al 55


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naciente poder popular y el otro de creerse poseedora de la información. El Primero constituye una seria deformación de la comprensión de lo que es una Revolución Socialista. Y el segundo es una cuestión práctica del manejo de su «poder», por supuesto fugaz. A propósito del manejo de la información, veamos lo que sugiere Raúl Castro en su discurso de diciembre de 2010: «Es preciso poner sobre la mesa toda la información y los argumentos que fundamentan cada decisión y de paso, suprimir el exceso de secretismo a que nos habituamos durante más de 50 años de cerco enemigo. Siempre un Estado tendrá que mantener en lógico secreto algunos asuntos, eso es algo que nadie discute, pero no las cuestiones que definen el curso político y económico de la nación». Excelente idea, como bien lo señala Mészáros, no puede haber participación decisiva del trabajo organizado, aprendizaje socialista, cultura económica de masas, si éste no tiene en sus manos la información requerida, que no debe estar sólo en la mano de la elite de funcionarios, por muy honesta que sea. El manejo responsable y social de la información, se hace siguiendo a Raúl Castro, «mediante el debate sin ataduras a dogmas y esquemas inviables, que constituyen una barrera psicológica colosal, que es imprescindible desmontar poco a poco y lo lograremos entre todos». Siguiendo a R. Castro: «Una de las barreras más difíciles de sortear en el empeño de formar una visión diferente, y así debemos reconocerlo públicamente, es la ausencia de una cultura económica en la población, incluidos no pocos cuadros de dirección, los cuales, evidenciando una ignorancia supina en la materia, al enfrentar problemas cotidianos adoptan o proponen decisiones sin detenerse un instante a valorar sus efectos y los gastos que se generan, ni si existen recursos asignados en el plan y el presupuesto con ese destino». Este es un punto de debate y práctica crucial, o sea, que en la política electoral participan muchos y en la dirección de la economía pocos; franca desviación liberal por superar: valiente reconocimiento el del dirigente revolucionario cubano. Y precisa el presidente cubano, «No descubro nada cuando afirmo que improvisar, en general, y en la economía en particular, conduce a un seguro fracaso, con independencia de los buenos propósitos que se pretenda alcanzar». Para culminar y como bien lo sugiere Einstein en su trabajo, Por qué socialismo, que la improvisación en material tan compleja y humana como 56


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en la economía, se resuelve por medio del plan diseñado y aplicado por expertos y la mayoría «semiconsciente». Qué hacer con el ingreso petrolero es una pregunta que debe responder también el pueblo trabajador venezolano, que se haría culto en economía al responderla y participar de su aplicación y control.

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El analfabetismo petrolero de los venezolanos Humberto Trómpiz Valles

(Prof. UNEFM, Escuela Socialista de Coro-Venezuela) La historia petrolera de Venezuela que circula en las Altas Casas de Estudio y en la Educación Básica del país, ha estado contaminada de ideología, en el sentido de que oculta muchas verdades, refiere medias verdades y ha creado una serie de mitos sobre la explotación de nuestro principal rubro exportable. Este petróleo ideológico ha sido administrado a los venezolanos por los políticos gomecista, postgomecistas y demócrata-burgueses, así como también por los intelectuales orgánicos y los relacionistas públicos del capital nacional y del imperialismo. En estos tiempos de fracturas históricas nacionales y mundiales, se impone una revisión a fondo de los conocimientos histórico –petroleros que han confundido a muchas generaciones de connacionales y  que amenazan con seguir manteniendo a nuestro pueblo en un peligroso analfabetismo petrolero, sobre todo, cuando nuestra soberanía está en peligro, por las acuciantes demandas energéticas de los países imperialistas. En este orden de ideas, Jaimes Quero apunto que: Aunque parezca paradójico, en vastos sectores de la sociedad venezolana persiste un desconocimiento profundo respecto al petróleo, recurso que constituye el motor económico del país y una de las bases que soportan nuestra mentalidad colectiva. El desconocimiento se manifiesta de diversas maneras, por ejemplo, a través de conceptos erróneos que bien podemos denominar mitos petroleros, los cuales se reproducen en numerosas publicaciones educativas incluyendo los textos escolares1.

Refiriéndose a la falsa conciencia que circula en los textos petroleros que digieren los venezolanos, un estudioso de la cuestión petrolera nacional, Francisco Mieres, comentó lo que sigue: “La “enciclopedia petrolera” publicada el 12-09-1997, por PDVESA, plagada de errores, medias verdades, mentiras y omisiones, destinada a “educar” al estudiante de primaria y secundaria, sigue hoy vigente como base de concursos y exámenes”2. 59


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En este mismo orden de ideas, Joel Sangronis Padrón nos comenta que : …con ocasión de asistir como in vitado a regentar la cátedera de Geopolítica de los Hidropcarburos en el Post Grado de Crudos Pesados y Extra Pesados que la UNEFA dicta en Maracaibo, me vi desagradablemente sorprendido por los muy bajos niveles de conocimiento que la mayoría de los participantes (ingenieros petroleros y químicos, empleados casi todos de PDVESA) mostraban sobre la materia…Este desconocimiento de la naturaleza e intereses del tema petrolero por parte de los venezolanos no fue, ni por asomo, obra de la casualidad. Obedeció desde un principio a una coordinada y sistemática estrategia neocolonial3.

Entre el arsenal ideológico–petrolero que se le ha administrado a la conciencia del venezolano desde hace más de ochenta años,  se destacan las siguientes aseveraciones: 1. La propiedad nacional de subsuelo y por ende, del petróleo en Venezuela, descansa en la tradición jurídica hispano-colonial y en el célebre decreto de Bolívar de 1929. 2. El gobierno gomecista en materia petrolera fue entreguista y corrupto, pero su ministro petrolero estrella, Gumersindo Torres,  fue probo y nacionalista. 3. La Ley Petrolera de 1943, promulgada por Medina Angarita y que estuvo vigente hasta 1975, lesionó la soberanía nacional, al extender por más de cuarenta años las concesiones petroleras. 4. El repartimiento de los proventos petroleros mitad y mitad, es decir el fifty-fifty adeco de la época del Trienio (1945-1948), fue un arreglo cojonudo para la nación. 5. El Perezjimenismo se entregó al imperialismo petrolero al impulsar la política de nuevas concesiones. 6. Rómulo Betancourt y Juan Pablo Pérez Alfonso son los padres putativos de la OPEP. 7. PDVSA estuvo mejor administrada cuando reinaban en su gerencia los Giusti, Sosa Pietri y Calderón Berti. 8. La Enfermedad Holandesa ataca inexorablemente a los países rentistas. 9. En materia petrolera, Venezuela es un país explotado por el imperialismo. 10. Las superganancias obtenidas por el capital petrolero internacional durante el periodo concesionario, se debieron a la astronómica explotación de los obreros petroleros venezolanos. 60


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11. El creador de la idea de sembrar el petróleo en el desarrollo nacional fue Arturo Uslar Pietri.

Esta enorme confusión en materia petrolera que acogota a los venezolanos de todas las clases sociales del presente, denominada por nosotros como analfabetismo petrolero, ha sido una constante que ha acompañado la explotación petrolera desde sus años fundacionales en el país. Sin embargo, ésta no ha sido una variable petrolera gratuita o espontánea que creció con nuestra condición de país productor-exportador de petróleo; al contrario, consideramos que la ignorancia petrolera ha sido una política eficazmente administrada por los actores sociales que han dominada la escena petrolera, con la finalidad de garantizar las altas tasas de ganancias al capital inversionista, así como también, los arreglos que entre gallos y medianoche, varios gobiernos venezolanos, han tranzado con el imperialismo a espaldas de nuestro pueblo. Entre las determinantes que han operado para concretar el analfabetismo petrolero en estas latitudes podemos mencionar:

1. El conflicto entre el capital petrolero arrendatario y los dueños del subsuelo La explotación petrolera nacida en USA hacia 1859, vino al mundo envuelta en unas determinadas relaciones de producción y apropiación del suelo, donde los dueños del terreno monopolizaba también las riquezas del subsuelo; pues como sabemos, en la tradición jurídica anglosajona, los dueños del suelo eran también los dueños del subsuelo. Por consiguiente, en aquel país, el capital arrendatario petrolero muchas veces tuvo que enfrentarse a los propietarios de terrenos particulares para poder accesar a los yacimientos petroleros ubicados en tierras privadas. A finales del siglo XIX en USA, los propietarios superficiales llegaron a cobrarles a los empresarios petroleros un canon de arrendamiento o renta del suelo por el derecho a perforar en sus tierras, que llegó a alcanzar hasta un 75 % del producto obtenido4 Ante semejante voracidad rentística de los dueños de las tierras, a los capitalistas dedicados a la extracción de petróleo, no les quedó otra alternativa que esconder toda información que delatara la existencia de petróleo en determinadas zonas del territorio estadounidense, pues, de esa manera, los terratenientes tenían pocos argumentos para negociar sus contratos petroleros con los inversionistas hidrocarbureros. Por con61


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siguiente, el monopolio de la información pasó a ser uno de los recursos fundamentales para minimizar el impacto de la renta del suelo en la tasa de ganancia del capital petrolero. A principios del siglo XX, cuando el capital petrolero imperialista se lanzó frenéticamente a buscar petróleo en la periferia del sistema capitalista, ya había acumulado una gran experiencia en eso de ocultar la información sobre el manejo de la cuestión petrolera, obtenida en sus lugares de origen. En países como Venezuela, donde el dueño del subsuelo resultó ser el Estado, las argucias que el capital petrolero había adquirido en el negocio petrolero precedente, les fueron de mucha utilidad para reducir a sus mínima expresión las aspiraciones rentísticas del Estado propietario y delos dueños superficiales que aspiraban a apoderarse de una parte sustanciosa delos proventos petroleros. En este país de vocación precapitalistas, desconocedor de la tecnología para extraer petróleo y de la economía política del mismo y sin capacidad empresarial para llevar adelante semejante actividad económica, era natural que en los primeros años de la explotación petrolera por el capital imperialista, fuese víctima de la ignorancia en materia hidrocarburera, favoreciendo sin ninguna duda, a los empresarios foráneos encargados de la producción y exportación de este recurso energético. Era de tal magnitud la ignorancia petrolera de los funcionarios estatales venezolanos cuando emergió el petróleo como actividad económica agenciada por los inversionistas extranjeros que hacia 1917, el Ministro encargado de la cuestión petrolera, Gumersindo Torres, sentenció: Cuando me encargué había en cartera muchos asuntos y entre ellos setenta contratos para la explotación de petróleo sometidos por personas de la política y de la familia del General Gómez, quienes me urgían tanto, que hube de manifestar en gabinete mi firme resolución de no despacharlos aprobándolos, porque yo nada sabía de tal materia. El Ministro de Hacienda, Doctor Cárdenas, manifestó que él tampoco sabía de eso y que creía que ningún otro Ministro sabía, por lo cual proponía que se me apoyara en el sentido de tomarme un tiempo para el estudio respectivo y que el resultado de mis estudios lo presentara en forma de un decreto ejecutivo reglamentario de esas explotaciones, mientras se le giraba lo conveniente5.

Esta confesión de Gumersindo Torres no tiene desperdicio: Ningún miembro del gabinete del gobierno de Juan Vicente Gómez para 1917, sabía nada de petróleo cuando se exportó el primer barril del preciado 62


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recurso. Esta circunstancia resultó extraordinariamente favorable al capital concesionario, pues, valiéndose de la ignorancia de nuestros funcionarios pudo aquel imponer condiciones leoninas en los primeros tiempos de la actividad petrolera en Venezuela. En tal sentido Gumersindo Torres afirmó: Y vi entonces nuestra ignorancia, la del gabinete y la mía, pues hemos debido cobrar más, pero fue que nos ocurrió lo que en todas partes ha ocurrido en la primera edad del petróleo, cuando llegan a negociar hombres que saben, verdaderos especialistas, con los hombres que tenemos una venda en los ojos, y es por ello que lo normal ha sido el que las primeras decisiones, cuando no se conoce el alcance de las cuestiones del petróleo, dejen siempre que desear: pasamos los mismos tres periodos que Méjico, el de la ignorancia absoluta, el del conocimiento a medias y el del completo dominio de la materia que hemos alcanzado6.

Al ministro Torres, su analfabetismo petrolero y la del gabinete en general, le resultó un escollo que debían vencer en el menor tiempo posible, pues, la actividad petrolera en Venezuela crecía a saltos; fue así como ya para 1920, el gobierno había aprendido bastante sobre la materia y fue capaz de promulgar la primera Ley Petrolera, donde quedaron bien representados los intereses de la Nación. A partir de ese año, el Estado venezolano ha aprendido lo suficiente como para promulgar una nueva Ley petrolera en 1943, de mayor contenido nacionalista que la de 1920, fundar la OPEP en 1960, nacionalizar el petróleo en 1975 y promulgar una nueva Ley de Hidrocarburos de mayor radicalidad nacionalista en el 2001. Sin embargo, esta experiencia heurística y política en materia petrolera quedó enquistada en las élites gobernantes y no trascendió a las clases trabajadoras, llegándose a producir el caso que hasta la intelectualidad universitaria desconoce en gran medida la cuestión petrolera.

2. La doble personalidad del Estado rentista-petrolero Al tener en consideración que la actividad petrolera desde sus inicios era extranjera en una triple dimensión: por ser extranjeros los concesionarios, por no estar la industria petrolera integrada al aparato productivo interno y por cuanto el grueso de su producción se destinaba al mercado internacional; al Estado venezolano se le planteó la necesidad de extraer del capital arrendatario, la mayor cuota de renta del suelo posible, con la finalidad de dinamizar las fuerzas productivas internas. En consecuencia, esta intencionalidad decretó un perenne enfrentamiento del Estado con 63


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las compañías petroleras foráneas. Este conflicto copó la escena económico-política hasta 1975, cuando la nacionalización petrolera le dio solución de continuidad. Para alcanzar su personalidad rentístico-petrolera, el Estado tuvo que hacerse del conocimiento hidrocarburero indispensable a fin de someter al capital concesionario; el logro de esta meta fue una de las primeras victorias del Estado venezolano frente al imperialismo petrolero. No obstante, al hacerse rentista y comenzar a disfrutar de un ingreso muy por encima de las posibilidades que brindaban las fuerzas productivas nacionales, al Estado también se le planteó la emergencia de distribuir aquel ingreso entre sus nacionales. Teniendo en cuenta que la nación receptora de los adelantados del petróleo era asimétrica socialmente, es decir estaba dividida en clases sociales antagónicas, resultó evidente que la distribución de la renta petrolera tenía que responder a los imperativos de clase. Por consiguiente, tenemos que durante los años que corrieron entre 1920 y 1936, últimos lustros del Gomecismo, la renta se puso al servicio de los traficantes de concesiones, o sea personajes de la dictadura gomera, los terratenientes, y a potenciar el recién consolidado aparato represivo del Estado. Semejante distribución de la renta petrolera no podía debatirse a la luz pública, pues, la dictadura gomecista se cuidó muy bien de anular la opinión pública a través de la cancelación de la libertad de expresión. El analfabetismo petrolero se anidó así en el aparato estatal. A partir de 1936, la libertad de expresión comenzó a ganar carta de ciudadanía, pero el Postgomecismo decretó que la renta petrolera debía estar destinada a instaurar las relaciones capitalistas de producción en todo el territorio nacional, o sea, sembrar el petróleo para crear una burguesía nacional. Ante tal interés clasista en el destino de la renta petrolera, no resultaba conveniente hacer partícipes a los trabajadores de la economía política y dela historia petrolera nacional. Lo paradójico fue que muchos intelectuales de izquierda creyeron que este debía ser el destino más conveniente en la utilización de la renta petrolera. De 1945 a 1975, periodo representado por una dictadura militar y una democracia representativa, el desarrollo del país se concibió en términos capitalistas, siendo la renta petrolera la base material para materializar semejante destino. El conocimiento petrolero siguió prisionero de los intereses de clase, más aun, cuando se llegó en tiempos adeco-copeyanos, a un nacionalismo negociado con el imperialismo en materia petrolera. Con el advenimiento de la llamada Apertura petrolera o desnacionalización petrolera entre 1976 y 1998, llegamos a unos delos periodos más oscurantistas que el país ha vivido en su larga historia petrolera. 64


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En este lapso, el silencio petrolero se adueñó hasta de las universidades públicas, al punto que se impuso la orden en estas Casas de Estudios Superiores de erradicar todos los cursos que tuvieran relación la economía petrolera. La intención de esta disposición fue poner el recurso natural al servicio del capital nacional e internacional y por supuesto, quebrar el rentismo y el nacionalísimo petrolero. A partir de 1998, con la llegada de la Revolución Bolivariana, se ha desandado el camino recorrido por la Apertura petrolera, se ha radicalizado el rentismo y el nacionalismo petrolero volvió por sus fueros; sin embargo, paradójicamente, la discusión de la cuestión petrolífera sigue estando prisionera por la élite gobernante, siguiendo los trabajadores huérfanos de conocimiento en este vital asunto de la vida nacional. Posiblemente, la comunión de muchos dirigentes bolivarianos con el capitalismo de estado explique esta paradoja. En conclusión, darle a la renta un destino capitalista privado o estatal, obligatoriamente impone prohibirle a la masa trabajadora el acceso al conocimiento de la cuestión petrolera.

3. Los obstáculos epistemológicos Las limitantes que han operado para que los venezolanos desconozcan la materia petrolera, no solamente las encontramos en el terreno económico-político, sino que también están en el origen del conocimiento petrolero. Estas limitantes refriadas a la propia generación de este tipo de conocimiento son lo que Bachelard ha denominado “obstáculos epistemológicos”7 consistentes en querer atrapar una nueva realidad con conceptos, teoría o dogmas ideológicos que impiden correr la frontera del conocimiento. Para el caso del petróleo venezolano, el obstáculo epistemológico más visible ha sido tratar de explicar la cuestión petrolera a través del arsenal teórico de la economía neoclásica y del malthusianismo. La economía neoclásica solamente reconoce dos ingresos en la producción capitalista, o sea, salarios y ganancias; la noción de renta del suelo no es considerada en este paradigma económico y mucho menos la teoría del valor-trabajo. En consecuencia, los ingresos de un país petrolero como Venezuela quedan sin explicación científica desde esta óptica del pensamiento económico, así como también, la conflictiva relación entre países exportadores de petróleo y países consumidores. Pero aún hay más, al no tener en consideración la categoría renta del suelo ni la teoría del valor-trabajo en la determinación del ingreso petrolero, se llegó a la conclusión de que los países exportadores de petróleo como el nuestro, 65


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eran víctimas de la explotación imperialista; por tanto, el atraso de estos países, se le achacó a la pérdida del excedente económico, por la sustracción a que nos tenía sometido el imperialismo petrolero. Luego, por los años setenta del pasado siglo cuando los precios petroleros se dispararon, nuestro atraso económico se le achacó a la abundancia de petrodólares. Por consiguiente, para esta manera de ver la cuestión petrolera, nuestro subdesarrollo se debía tanto a la escasez como a la abundancia de excedente económico, o sea, llegamos a la confusión total, producto de nuestro analfabetismo petrolero.

4. Las limitaciones de la democracia representativa AdecoCopeyana Una de las características que presentó el régimen puntofijista fue si visión clientelar del pueblo venezolano. Para Acción Democrática y Copei cada venezolano mayor de edad era sólo un voto al que había que cooptar mediante la prebenda o la dádiva, pero sin politizarlo al extremo de hacerlo partícipe de las grandes decisiones nacionales. En tal sentido, fueron muchas las leyes que se votaron entre gallos y medianoche, sin la más mínima participación popular, que afectaron profundamente las condiciones de vida de las masas trabajadoras. En este orden de ideas, los partidos del Puntofijismo resultaron extremadamente leninistas. Una de las manifestaciones más increíbles de esta manera de entender la relación partido-masas, fue el llamado pacto Institucional, firmado entre AD y Copei después de 1968, para administrar el Estado rentista petrolero. En dicho Pacto se acordó que la cuestión petrolera debía ser excluida del debate electoral. De tal manera entonces, que en las contiendas electorales que se sucedieron a partir de 1973 hasta 1998, el petróleo estuvo ausente de la diatriba electoral y por consiguiente, el pueblo continúo sumido en el más profundo analfabetismo petrolero. Paradójicamente, insistimos, la democracia participativa y protagónica del bolivarianismo pareciera repetir la conducta en materia petrolera que siguió la Cuarta República. Concluimos este pequeño ensayo sobre el analfabetismo petrolero, recordándolo que la ignorancia petrolera que como arma del capital apareció en el momento mismo que se perforó el primer pozo en USA, todavía hoy en Venezuela continua teniendo vara alta para excluir a la masa trabajadora de los destinos de la renta petrolera. 66


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5. La Invisibilización del trabajo como estrategia ideológica del capital A partir de la primera Revolución Industrial ocurrida en Inglaterra hacia mediados del siglo XVIII, los intelectuales orgánicos del capital desarrollaron una estriega ideológica, tendiente a desaparecer la contribución del trabajo en la creación de la riqueza social e instaurar la alienación del trabajador y matrimoniarlo con los intereses coyunturales/ estratégicos de los capitalistas. Los procesos más conocidos en esta estrategia ideológica de dominación ha sido a través de la historia de los países capitalistas: impedir que los trabajadores conozcan y controlen todo el proceso productivo y sembrar en la mente de cada trabajador que el empresario y/o gerente es el personaje más importante en la creación del producto, pues, domina todo el conocimiento que hace falta para echar a andar el aparato productivo. En la mitología del capital, los capitanes de empresas son los héroes en la creación de los grandes emporios industriales, quedando siempre invisibilizados los verdaderos responsables de tales hazañas, o sea, los trabajadores. En el caso de los países monoproductores y monoexportadores de petróleo como Venezuela, los concesionarios extranjeros que explotaron este recurso natural en su primera etapa, se cuidaron muy bien de que la cuestión petrolera no fuera descifrada por los trabajadores de esta industria, puesto que, al enterarse los mismos de las ganancia extraordinarias que reportaba este negocio a sus inversionistas, automáticamente iban a presionar por salarios que se correspondieran con este tipo de ganancias. Aún más, después de haberse firmada el primer contrato colectivo, a los trabajadores petroleros venezolanos se les inculcó que ellos eran una especie de elite asalariada, diferenciada del resto de la masa trabajadora nacional. Esta idea caló hondo en la mentalidad del trabajador petrolero, convirtiéndose en una antigualla que le impedía ver su verdadero status dentro de la industria petrolera; adquiriendo de esta amanera, el analfabetismo petrolero carta de ciudadanía en el proletariado hidrocarburero nacional. Durante todo el periodo concesionario de la industria petrolera (1907-1975), los éxitos obtenidos por la Nación frente al capital imperialista petrolero, fue presentada por los intelectuales orgánicos del capitalismo rentístico como un hazaña de partidos políticos (AD y COPEY) y de hombres providenciales (Gumersindo Torres, Isaías Medina Angarita, Rómulo Betancourt, Juan Pablo Pérez Alfonso, etc) ; quedando invisibilizada la 67


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contribución nacionalista petrolera de los obreros de dicha industria. Pero además, en los enormes aportes a la economía política petrolera nacional de Bernard Mommer, si bien se corrió significativamente la frontera del conocimiento en materia del rentismo petrolero, la contribución de los obreros petroleros en la concreción de la renta petrolera no fue atacada; lo que constituye una deuda heurística de este insigne investigador con el asalariado venezolano. Luego, en la segunda etapa, 1976-2001, correspondiente la empresa nacionalizada y/o desnacionalizadora, cuyo objetivo estratégico fue trazado por la Agencia Internacional de Energía, consistente en poner el recurso natural-petróleo al servicio del consumidor mundial, lo que implicaba borrar el concepto de propiedad nacional estatal del petróleo y la soberanía nacional; el oscurantismo petrolero fue una de las herramienta ideológicas impuestas por la PDVSA los meritoritas petroleros. Aquí se buscó excluir del conocimiento económico del petróleo no sólo a los obreros del sector, sino a toda la sociedad en general. La Internalización, la Apertura Petrolera y la transformación PDVSA en una empresa exclusivamente dedicada a la acumulación de capital, fueron programas cuya concretización exigían una condición sine qua non: la ignorancia petrolera del pueblo venezolano. El analfabetismo petrolero llegó a tener ribetes tragicómicos en este periodo, pues, la empresa vendió la idea de excluir del currículum universitario oficial todas las materias referidas a la economía política y de historia petrolera. De esta manera, PDVSA creò el ambiente propicio para venderle a los venezolanos esa gran estafa que significó el negocio de la ORIMULSION, donde resultó gravemente lesionado el interés nacional Durante los años 2002-2011, la llamada Revolución Bolivariana, si bien dio solución de continuidad al proceso desnacionalizador de la PDVSA nacionalizada, todavía observamos cierta timidez en hacer posible una gran discusión nacional que llegue a todos los sectores sociales del país. Las próximas elecciones presidenciales deben poner en el discurso electoral del Comandante-Presidente el petróleo como tema electoral. Esto es de necesaria urgencia dado los acontecimientos que están ocurriendo en el Medio Oriente y en África, motivados por la voracidad petrolera del imperio. Todavía en los tiempos de la Revolución Bolivariana, en la cuestión petrolera, así como en las restantes actividades económicas nacionales, el trabajo continúa siendo invisibilizado, a pesar de los constantes llamados del presidente Chávez a que los obreros se apoderen de le escena productiva del país. 68


Renta Petrolera y Revolución Bolivariana

En conclusión, el analfabetismo petrolero responde históricamente al ocultamiento de la realidad por parte del capital desde sus días aurorales, o sea, a la falsa conciencia que ha sido una variable estratégica que ha viabilizado desde la psiquis humana el proceso de acumulación de capital, a pesar de las inmensas contradicciones que va generando a su paso. Derrotar al capital en su trinchera ideológica es una de las magnas tareas a cumplir por la Revolución Bolivariana.

Notas: 1. JAIMES QUERO, Humberto. ¿Qué sabemos de petróleo los venezolanos? http://www.eluniversal.com/2009/06/30/opi_art_que-tantosabemos-d_30A2436163.shtml. Consulta. 20-07-2009 2. MIERES, Francisco. La saga del fatalismo petrolero. http://www.quadernsdigitals.net/datos.web/hemeroteca/r38/nr392/a.530. htm.Consulta 11-10-09 3. SANGRONIS PADRON, Joel. La neocolonial educación petrolera. http://www.aporrea.org/educacion/a120707.html 4. MOMMER, Bernard. Petróleo Global y Estado Nacional. Caracas, COMALA.COM. 2003. P.60 5. TORRES, Gumersindo. Memorias. Caracas. J.A.Catalá Editor. 1996, p.65 6. IBID. p.73 7. Villamil Mendoza, Luis Eduardo. La noción de obstáculo epistemológico en Gastón Bachelard. http://www.ucm.es/info/especulo/ numero38/obstepis.html. 10-08-11

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Índice PETROLEO Y SOCIALISMO. Bernard Mommer. . . . . . . . . . . . . . . . 13 1. Recursos Naturales y Capitalismo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 2. Recursos naturales e imperialismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 3. Petróleo, Capitalismo de Estado y Socialismo. . . . . . . . . . . . . . . . . 18 4. Conclusiones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21

VENEZUELA, PAÍS PETROLERO: HACIA EL PRIMER CENTENARIO. Bernard Mommer. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23

1. La Época de las Concesiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24 2. La Época de la Compañía Petrolera Nacional. . . . . . . . . . . . . . . . . 27 3. La Época de las Confrontaciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30 4. Conclusiones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32

¿Quién debe y cómo gestionar la renta petrolera venezolana en el inicio de la construcción socialista? Jaime Corena Parra. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35 1. Algunos apuntes a las ideas de tres autores que originan la pregunta que orienta éste trabajo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36 2. La gestión Socialista y la «Capacidad Gerencial». . . . . . . . . . . . . . 43 3. ¿Quién debe y cómo gestionar el abundante ingreso petrolero venezolano para apoyar la incipiente construcción socialista?. . . 52

El analfabetismo petrolero de los venezolanos. Humberto Trómpiz Valles. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59 1. El conflicto entre el capital petrolero arrendatario y los dueños del subsuelo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61 2. La doble personalidad del Estado rentista-petrolero. . . . . . . . . . 63 3. Los obstáculos epistemológicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65 4. Las limitaciones de la democracia representativa AdecoCopeyana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66 5. La Invisibilización del trabajo como estrategia ideológica del capital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67


Estos 500 ejemplares de Renta Petrolera y Revolución Bolivariana se imprimieron durante el mes de julio de 2013 en la Imprenta de Falcón perteneciente al Sistema Nacional de Imprentas de la Fundación Editorial El Perro y La Rana con el apoyo de la Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela. Coro — Venezuela.


El Ministerio del Poder Popular para la Cultura en el estado Falcón a través del Sistema Nacional de Imprentas Falcón y la Fundación Editorial El Perro y La Rana, contribuye mediante la presente publicación titulada: “Renta Petrolera y Revolución Bolivariana”, para que los lectores y lectoras se relacionen con los siguientes ensayos: “Petróleo y socialismo”, “Venezuela, país petrolero: Hacia el primer centenario”, autoría de Bernard Mommer; “¿Quién debe y cómo gestionar la renta petrolera venezolana en el inicio de la construcción socialista? Diálogo crítico con Jesse Chacón, Alí Rodríguez Araque y Bernard Mommer”, presentado por Jaime Corena Parra y el “El analfabetismo petrolero de los venezolanos”, expuesto por el investigador Humberto Trómpiz Valles, cuyos aportes son de inestimable valor en la búsqueda compartida de combatir la desmemoria y el colonialismo que en materia de economía política e historia petrolera han perdurado en Venezuela. Hoy al participar en los cambios políticos, económicos, sociales y culturales en el orden nacional y mundial es necesario socializar los saberes para construir una sociedad alternativa al sistema capitalista. NEREYDA FERRER DE BRAVO


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