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Esta ponencia, presentada para la Asamblea Anual de la Corriente Sindical de Izquierda del 30 de noviembre de este año 2013, tiene el objetivo fundamental de centrar el debate, en que el sindicalismo en las sociedades desarrolladas bajo el sistema capitalista, adaptado a las actuales circunstancias, sigue siendo el elemento troncal de la línea política de masas en cualquier estrategia revolucionaria de emancipación de clase y a los sindicatos obreros, junto a sus órganos unitarios de representación, como parte del poder obrero y popular.

La importancia del trabajo político de los revolucionarios en los sindicatos, no debiera ser necesaria recalcarla a estas alturas de la experiencia de lucha del movimiento obrero, tampoco achacar esta posición aduciendo, que solo se mantiene por ser la manifestación expresada históricamente por nuestros clásicos como Marx, Lenin o por las resoluciones de la III Internacional. Está en la propia genética del movimiento obrero que lucha, por la

transmisión histórica que se va realizando de su cultura de lucha y del heroísmo de nuestra clase, uniendo en la lucha económica el esfuerzo revolucionario por la emancipación de clase, por el socialismo. (En el período de predominio económico y político de la clase burguesa, el desarrollo real del proceso revolucionario ocurre subterráneamente, en la oscuridad de la fábrica y en la oscuridad de la conciencia de las multitudes inmensas que el capitalismo somete a sus leyes; no es un proceso controlable y documentable; lo será en el futuro, cuando los elementos que lo constituyen (los sentimientos, las veleidades, las costumbres, los gérmenes de iniciativa y de moral) se hayan desarrollado y purificado con el desarrollo de la sociedad, con el desarrollo de las posiciones que la clase obrera va ocupando en el campo de la producción. Las organizaciones revolucionarias (el partido político y el sindicato de oficio) han nacido en el campo de la libertad política, en el campo de la democracia burguesa, como afirmación y desarrollo de la libertad y de la democracia en general, en un campo en el que subsisten las relaciones de ciudadano a ciudadano; el proceso revolucionario se realiza en el campo de la producción, en la fábrica, donde las relaciones son de opresor a oprimido, de explotador a explotado, donde no hay libertad para el obrero ni existe la democracia; el proceso revolucionario se realiza allí donde el obrero no es nadie y quiere convertirse en el todo, allí donde el poder del propietario es ilimitado, poder de vida o muerte sobre, el obrero, sobre la mujer del obrero, sobre los hijos del obrero)” Parte de un texto de Gramsci publicado el 5 de junio de 1920.


Toca definir, que la revolución proletaria, no es obra de ninguna estructura política o sindical, esto son instrumentos, es obra de nuestra propia clase y como tal, a las y los revolucionarios nos toca unir a esta necesidad vital de liberación, los elementos de la táctica en el acto cotidiano del día a día, uniéndolo al objetivo estratégico de la revolución y el socialismo como alternativa de emancipación como clase. Esta es en

síntesis la que a continuación se propone, la estrategia revolucionaria troncal de clase en las sociedades capitalistas desarrolladas, la única que uniéndonos con las masas trabajadoras en una línea política puede lograr nuestra liberación, el sindicalismo en el centro de trabajo y sectores de producción y en los núcleos urbanos el barrio obrero, es la principal tarea de un revolucionario, sin atajos ni suplantaciones de sujeto.


Debate sobre estrategia para el combate de resistencia de la Corriente Sindical de Izquierda gual que para el conjunto del movimiento que lucha contra la crisis del sistema capitalista, del que la CSI forma parte, difícil sería acertar en la estrategia política y sindical sino somos capaces de descifrar los ejes centrales de la estrategia de las clases dominantes, del imperialismo, de donde nace, quien la dirige y que conlleva para la continuidad de su dominación, finalizando con un esbozo de la estrategia revolucionaria de resistencia para Asturies, el estado español y la mayoría de estados y pueblos de Europa.

Caracterización de la actual crisis del sistema capitalista A diferencia de las anteriores crisis generales del sistema capitalista, la actual abarca tanto al conjunto de la población del planeta como de países y pueblos que en el conviven, crisis que

nace de un proceso de superproducción capitalista, un proceso lento que se va formando desde el inicio de la decadencia en los años setenta del siglo pasado, con el decaimiento de las tasas de beneficios empresariales y que estalla recientemente y de forma pública con las hipotecas basura en EE.UU, fruto del despido de centenares de miles de trabajadores de baja cualificación, que


ante una facilidad del crédito habían accedido a ellas, teniendo especial importancia el dato de que aquí están involucrados, los principales bancos y empresas transnacionales, que conforman el corazón del imperialismo dominante.

Crisis que abarca al total de los sistemas políticos vigentes, ya sea por participar del sistema productivo y financiero capitalista imperante o bien por estar acosados política y militarmente por las políticas del imperialismo en sus estrategias de dominio, caso de las economías socialistas o independientes, de las cuales muchas todavía muestran signos de crecimiento de beneficios y de cuotas de mercado, pero siempre a costa de el bajo coste de la mano de obra y sin derechos, de las clases trabajadoras nacionales.

Crisis de superproducción que ha dividido el planeta en dos sectores actualmente hegemónicos; las emergentes con China, India, Rusia, Brasil y Sudáfrica en cabeza, entrelazados por distintos pactos y acuerdos económicos, políticos y militares, que los van configurando como contrapoder contra el imperialismo en decadencia, acompañadas de numerosos países de los llamados del tercer mundo o subdesarrollados, donde aprovechándose del bajo coste de la mano de obra y la falta de derechos sociales y laborales, han extendido su mercado al corazón de las viejas potencias económicas imperiales, manteniéndolo actualmente pero cada vez con más dificultades y de todo tipo, desde las arancelarias hasta las militares; en frente las decadentes e históricas como Estados Unidos, Europa y Japón principalmente, pilotando el grueso de la financiación e intervención de las agresiones imperialistas en los países subdesarrollados, bien directamente, bien desde la alianza


imperialista de la OTAN o desde países satélites como Israel o Corea de Sur.

Con el triunfo del neoliberalismo en el seno de las clases dominantes a principios de los años ochenta, se inicia el desarrollo de las principales estrategias por el dominio del planeta, lo mismo da que gobiernen en EE.UU los republicanos o los demócratas, en Inglaterra los laboristas o conservadores o en Alemania los cristianos demócratas o socialdemócratas, la continuidad de la misma política que desarrollan es la que expresa con toda evidencia, que quien tiene el mando en la dirección política, económica y militar de las antiguas potencias surgidas de la II Guerra Mundial es la oligarquía financiera e industrial; por un lado con una geoestrategia de control de las principales vías de comunicación marítimas y de materias primas y alimentos, por otro aprovechándose de su hegemonía ideológica entra las clases trabajadoras y populares, situar las crisis como inevitables, exigiendo el sacrificio del conjunto de la población y clases trabajadoras, para superarla con la reducción de salarios, derechos sociales, laborales y políticos.

De la primera parte de esta estrategia imperialista, su inicio más álgido comienza con la invasión de Afganistán, teniendo su continuidad por el grueso de países y pueblos del planeta hasta la actual intervención armada en Siria, sin olvidarnos del continuo acoso y embargo a Cuba, Corea del Norte o del genocidio de los

pueblos palestino y saharaui. Intervención imperialista a pueblos y países con economías socialistas o independientes por el imperialismo decadente, que marca una constante histórica: la de mantener su hegemonía económica y política mundial, en última instancia mediante la fuerza de las armas.

Por la segunda, sitúa la estrategia de la crisis como medio para eliminar los derechos conquistados desde la finalización de la segunda guerra mundial, derechos económicos, sociales y de libertades. El objetivo primero es reducir al máximo el coste de mano de obra mediante la reducción del salario, aumento de la jornada laboral y supresión de todo tipo de derechos sociales o laborales y segundo mediante la privatización de todos aquellos servicios de titularidad pública, susceptibles de sacar beneficios privados, mediante pagos o tasas como en la sanidad, enseñanza, justicia, dependencia, servicios sociales o desviándolas para fondos privados como las pensiones o el desempleo: objetivo final la acumulación de capital. Creando así las condiciones internas nacionales para competir con las potencias emergentes, llevando a las clases obreras y populares a las condiciones más paupérrimas posibles de vida, con el objetivo de ganarles la batalla de la producción y competitividad, con la consecuencia de acumulación de fuerza y capital. Volvemos a la máxima histórica, la crisis se resolverá con la destrucción de la producción y del contrario.


El papel de los estados ante el dominio económico y político de las transnacionales Con el dominio global de la banca y empresas transnacionales, los estados han quedado reducidos a simples gestores de los intereses del gran capital y la represión contra el pueblo, donde los distintos gobiernos del PP o del PSOE, que dependen de los organismos financieros, solo sirven como instrumentos de control de las

instituciones y de las organizaciones políticas, sociales y sindicales mediante las subvenciones y puestos en las estructuras institucionales , económicas o empresariales, convirtiéndose hoy en día, el hacer política desde las instituciones del estado, empresas y entes sociales, en un acto muy lucrativo, que solo son desarrolladas por los mercenarios de la política, con la honrosa excepción hasta hoy día, del grupo revolucionario vasco AMAIUR o los catalanes de la CUP entre otros muy pocos.


Esta degeneración del hacer político institucional y de las organizaciones sociales, sindicales y partidos de las clases obreras y populares, nace de un proceso contradictorio, por un lado de la tremenda fuerza con que surgieron de la segunda guerra mundial los partidos obreros y sindicatos de clase, que con su lucha y organización elevaron constantemente las condiciones de vida y trabajo con derechos y libertades, además del apoyo desde el inicio de la URSS. Pero todo esto fue situándose en

los sindicatos CC.OO y UGT, demuestran que la política de desmovilización, rotura y posterior derrota de las reivindicaciones del fuerte movimiento obrero y popular que lucho contra el franquismo, formaba parte de la estrategia de la burguesía dominante, y aplicada por los reformistas para hacer posible la aceptación de la corona y la reforma política, bajo el principio del mantenimiento del grueso de la burocracia y aparatos represores del pueblo. Sus consecuencias son los Pactos de la Moncloa, la Constitución monárquica y el Estatuto de los Trabajadores, que nos sitúan en el primer despido libre de la recién estrenada democracia burguesa del “estado de bienestar” y el primer paso atrás en los derechos conquistados en la lucha contra la dictadura, con todo la que arrastró hasta hoy de pactos, componendas, corrupciones y apoyos políticos, incluidos los recientes entrevistándose y llegando a acuerdos con Rajoy.

“Lo sucedido en el estado español durante el proceso de transición política, demuestra que la política de desmovilización, y derrota de las reivindicaciones del movimiento obrero y popular que luchó contra el franquismo, formaba parte de la estrategia de la burguesía dominante..” un proceso histórico de aumento o mantenimiento continuado de los beneficios empresariales y de un gran desarrollo de monopolización de la banca y empresas transnacionales, que les permite desviar una parte de estos beneficios a comprar la conciencia de los dirigentes y sectores más representativos de las clases trabajadoras, dirigidas ya en los años 60 desde el exterior por los representantes más reformistas y oportunistas de la clase obrera.

Lo sucedido en el estado español durante el proceso de transición política, una vez legalizados los partidos políticos con el PSOE y el PCE en cabeza, más

Ocultan su traición tras la reivindicación hoy en día del “estado de bienestar”, el que hemos vivido durante estos años, exigua conquista de la cual todavía quedan actualmente algún resto para la aristocracia obrera, con las últimas prejubilaciones que estamos viendo, liquidadas con los restos que quedan de los sectores públicos, con su simbolismo falso de igualdad de todos y todas en la enseñanza, sanidad o justicia pública y gratuita en una


sociedad clasista, liquidada de un plumazo por los gobiernos del PSOE y del PP, todo esto es la consecuencia de la traición de nuestros antiguos dirigentes y esbozo de la tremenda derrota ideológica y política de la clase obrera que dura hasta hoy, incapaz todavía de iniciar el proceso de la transmisión cultural de la experiencia de la lucha del movimiento obrero y popular a sus descendientes. Esta claudicación ante los intereses de la burguesía, por la estrategia oportunista de los dirigentes obreros que pilotaron la transición, está hoy representada socialmente como acto de rebeldía, en el desprecio que actualmente se tiene de las instituciones, gobiernos, partidos y sindicatos. La percepción es justa y

Debemos cumplir un papel fundamental en explicar con toda claridad, por parte de las organizaciones sindicales, políticas, populares, revolucionarias y de clase, que el enemigo principal que nos domina, roba, explota y mata son la gran banca y empresas transnacionales que conforman el imperialismo. Que tienen nombre estos bancos y empresas que dirigen al conjunto de los gobiernos de Europa, incluido el español, a través de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional que les conexiona con el resto de transnacionales imperialistas occidentales y decadentes, órganos ajenos en su totalidad a procesos democrático electorales. La responsabilidad de los que nos gobiernan y ejecutan los recortes al dictado del capital, como mercenarios de la política, lo pagarán cuando convenzamos al conjunto de las clases trabajadoras y al pueblo de quién es el enemigo principal, pero esto se dará en un proceso largo de lucha de resistencia y de organización del pueblo, de reconstrucción de organizaciones de masas y del poder popular que tienen que representar.

“Esta claudicación ante los intereses de la burguesía, por la estrategia oportunista de los dirigentes obreros que pilotaron la transición, está hoy representada socialmente como acto de rebeldía, en el desprecio que actualmente se tiene de las instituciones, gobiernos, partidos y sindicatos”. sentida públicamente, todos roban y se lucran de los fondos públicos, las actuales movilizaciones sociales y de las mareas de empleados/as públicos lo manifiestan a todas luces, pero sin referentes políticos, sindicales ni populares, la movilización espontánea de las masas se agotan en sí mismas, sin alternativa.

La influencia en las masas las siguen manteniendo mayoritariamente hoy en día los integrantes de la “cumbre social” formada por los partidos, sindicatos y organizaciones sociales dependientes de las instituciones del sistema capitalista, donde los únicos que los consideran de izquierdas son los de derechas y sus sistemas empresariales mediáticos, la única manera de acabar


con esta influencia es planteando una lucha por la hegemonía social desde lo concreto del centro de trabajo, sector, barrio, pueblo, instituto y universidad, único lugar en que podemos ejercer la crítica desde lo concreto en tiempo real, desde la contradicción concreta de la lucha de clases, desde donde sufren las tremendas consecuencias de las políticas del capitalismo imperialista las clases trabajadoras y el pueblos: trabajo precario, mal pagado, sin seguridad, largas jornadas, sin vivienda, sin agua o luz, sin trabajo, sin cobrar subsidios ni desempleo, el despido, el desahucio, sin dinero para una enseñanza o sanidad, desarraigo, guerras y sufrimiento. El capitalismo como sistema no solo está asentado sobre la desigualdad, también es el no reconocimiento de las clases trabajadoras como seres humanos, de ahí el socialismo o la barbarie.

Alternativas de estrategias políticas en la construcción de soberanía y poder popular Ante una estrategia de la crisis por el gran capital imperialista, que conllevan todas sus medidas a la eliminación de facto de todos los derechos conquistados desde la segunda guerra mundial a las clases trabajadoras y populares, con el objetivo de una mayor acumulación de capital para confrontar mediante la competitividad, producción, fuerza política y militar con las potencias emergentes, podemos afirmar, que todas estas medidas de supresión de derechos y libertades llegan para quedarse en el tiempo.

Ante la imposibilidad de la vuelta atrás al estado de bienestar, como plantean los dirigentes oportunista de la “cumbre social”, representados por el PSOE, IU, UGT y CC.OO, con la defensa de su sistema montado sobre los beneficios que la banca y empresas transnacionales sacaban de la expansión económica, mediante la explotación de las clases trabajadoras y pueblos del mundo, derivando las migajas a mejorar las condiciones de vida y trabajo de sus nacionales y a la corrupción de sus dirigentes, sistema hoy completamente perdido ante la pujanza hasta ahora, de las potencias emergentes en beneficios y mercado.

Y ante la inexistencia actual de referentes políticos, sindicales y sociales para las clases obreras y populares, debemos prepararnos política y


orgánicamente para una larga lucha desde una perspectiva de defensiva estratégica, en un proceso lento de acumulación de fuerzas desde las peleas concretas; el cierre de una empresa, de un centro de salud, una escuela, viviendas en alquiler, despidos, falta de trabajo, tierras para trabajar, cualquier necesidad reivindicada por los trabajadores/as y el pueblo o injusticia rechazada, debe concentrar todo el apoyo, solidaridad y unidad del movimiento que lucha (guerra de guerrillas) sumando fuerzas del entorno, sin suplantaciones por el subjetivismo revolucionario de sujetos, la lucha es del pueblo. Debemos participar también de las ofensivas generales que las propias contradicciones del sistema capitalista pueden generar, tanto propias como las que ante la necesidad de movilizaciones que las organizaciones políticas, sindicales y sociales del entorno de la “cumbre social” puedan lanzar para

justificar su existencia, al pasar su estrategia hoy por situarse como alternativa a la derecha fascista del PP, que ante la radicalidad de sus medidas, hizo buenas las del propio PSOE de recortes y privatización de lo público.

Las huelgas y movilizaciones generales, los sindicatos oficiales las convocan también como forma de encauzar las movilizaciones, todavía hoy dispersas y desorganizadas, que pueden formar parte mañana de la “guerra de guerrillas” y para ganarse la credibilidad mediática, pero nosotros los revolucionarios, debemos utilizarlas en competición con la “cumbre social” que representan en ideología y proyecto a las clases dominantes, en conjunto o paralelo a ellos dependiendo de las circunstancias en cada momento y lugar, pero por delante siempre en las exigencias claras de las reivindicaciones populares, ante las generalidades y falsedades de los oportunistas del


sistema, remachando ante las clases trabajadoras sus mentiras en tiempo real, y remarcando las diferencias especialmente en el no pago de la deuda y la supresión de sus mecanismos constitucionales. Luchando por ganar la hegemonía.

El objetivo de cada lucha concreta, mediante la confluencia de todo el movimiento que lucha en unidad y solidaridad, es la conquista de pequeños objetivos, motivando la transmisión de experiencias de que luchando se consiguen victorias, de la solidaridad y unidad como armas fundamentales de nuestra clase y pueblo, de la necesidad de la organización obrera y popular, sindical y política en cada barrio, pueblo,

fábrica, centro de trabajo, instituto y universidad.

El sindicalismo instrumento de construcción de los referentes sindicales, populares y políticos de masas La CSI, como cualquier otra organización que se aprecie de clase y revolucionaria, debe ser y formar parte del movimiento que lucha, participando en los procesos revolucionarios de lucha y de construcción de los referentes populares, sindicales y políticos, que como vemos en el cuadro son inexistentes, y en la construcción del

RESULTADOS ELECTORALES 2012 -2011 EN ASTURIAS


poder popular con el arma del conocimiento y experiencia histórica de lucha del movimiento obrero y popular. Contra un único enemigo principal fuerte y poderoso: estrategias de unidad de las clases trabajadoras y el pueblo.

La CSI debe hacer acopio de una estrategia sindical capaz de unir al conjunto del movimiento que lucha contra la crisis del sistema capitalista, tanto en el ámbito del sindicalismo alternativo de clase con los sindicalistas de la CGT, CNT o SUATEA, como con los sectores anclados en los sindicatos mayoritarios, especialmente CC.OO por su historia, y menos UGT, que continúan influenciados por las salidas reformistas y posibilistas al sistema.

Estrategia de unidad y lucha, basada en el funcionamiento democrático y asambleario, dando el poder a las asambleas en los centros de trabajo y sectores, y estas como elementos centrales de la estructura orgánica del sindicato en las tomas de decisiones, recuperando al comité de empresa y a las juntas de personal como los únicos representantes de los trabajadores y trabajadoras de su ámbito con capacidad de representación y negociación, recuperando la negociación colectiva y la resolución de los problemas desde la asamblea, comités de empresa y juntas de personal, combatiendo frontalmente cualquier estructura como las federaciones de los sindicatos o mesas generales en la función pública, que toman decisiones por encima de los

propios trabajadores implicados.

y

trabajadoras

Estrategia sindical de autogobierno e independencia política y orgánica tanto de los partidos políticos como de las instituciones y gobiernos, rechazando todo tipo de pactos y acuerdos que mantengan o contemplen privilegios o beneficios para el sindicato o sindicalistas, rechazando el sindicalismo de liberados de centro de trabajo o sector, defensa del sindicalismo desde los sectores y centros de trabajo y desde el puesto de trabajo. Sindicalismo de construcción de conciencia política de clase a las clases trabajadoras, herramienta en la construcción de la organización de combate, que une cada paso que da en el quehacer sindical a una estrategia revolucionaria para su emancipación.

La CSI como instrumento útil unitario, para el conjunto de la izquierda revolucionaria en el objetivo de la construcción de los referentes sindicales, políticos y sociales de masas y lugar de encuentro, para el debate y la pelea, de todo el movimiento que lucha, de apoyo al conjunto de los movimientos sociales y populares. CSI como instrumento de unidad y no de división, CSI como instrumento de unidad de acción de la pluralidad del movimiento obrero revolucionario actual que lucha. Alonso Gallardo militante de la CSISector Justicia Asturies junio de 2013


Estrategia para el combate  

Un material de la Corriente sindical de Izquierdas

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