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TECNOTOPIAS. Ecos del pensamiento de Marshall McLuhan (1911-2011) Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), 07 de diciembre.

La construcción del sentido común en el entorno digital: la filosofía pragmática de los medios Carlos Delgado-Flores Situando nuestros cuerpos físicos en el centro de nuestros sistemas nerviosos ampliados con la ayuda de los medios electrónicos, iniciamos una dinámica por la cual todas las tecnologías anteriores, que son meras extensiones de nuestras manos, pies, dientes y controles corporales de calor; todas estas extensiones de nuestro cuerpo incluidas las ciudades, podrán traducirse en sistemas de información Marshall Mc Luhan, 1964 Hoy en día el nuevo sentido común es el proceso digital. Mediante la digitalización todas las fuentes de información, incluidos los fenómenos materiales y los procesos naturales, así como nuestras estimulaciones sensoriales, por ejemplo en los sistemas de realidad virtual, son homogeneizados en secuencias de ceros y unos.” Derrick de Kerckhove, 1999 Empleo el término “ironista” para designar a esas personas que reconocen la contingencia de sus creencias y de sus deseos más fundamentales: personas lo bastante historicistas y nominalistas para haber abandonado la idea de que esas creencias y esos deseos fundamentales remiten a algo que está más allá del tiempo y del azar. Richard Rorty, 1991

EL SURGIMIENTO DE una sociedad del conocimiento supone un conjunto importante de ajustes a la comprensión de las tensiones que se producen a lo interno de la modernidad como proyecto civilizatorio, en la búsqueda de un cuerpo de interpretaciones que resulte actualmente pertinente a este fenómeno. Uno de ellos es el abandono del sujeto trascendental, que hace el saber académico contemporáneo a partir de la reflexión sobre los síntomas de la crisis de representación de la modernidad, mediante la postura pragmatista caracterizada por el antirepresentacionalismo, la oposición a toda tentativa metafísica y la ironización de los léxicos en los cuales se formulan los saberes (Rorty, 1996), así como por el respeto por la significatividad de la contingencia. La consideración de estas condiciones tiene implicaciones serias para la reformulación del modo de comprender las identidades contemporáneas, el lugar donde éstas se formulan y cómo éstas operan en la articulación de significado, en el contexto del ciberespacio como entorno (Echeverría, 1999) o como espacio antropológico de conocimiento. (Levy, 2004) Las líneas que siguen estarán dedicadas a revisar esta cuestión desde otra perspectiva: la planteada por un intento de síntesis interparadigmática ensayada por el filósofo alemán Mike Sandbothe en su propuesta transdisciplinar a la cual denomina filosofía pragmática de los medios, que ha sido traducida como Mediología y a la cual es conveniente deslindar de la propuesta teórica que con el mismo nombre realizara Regis Debray. (2000) Debray ofrece como esbozo de una disciplina la Mediología, a la cual corresponde como tema el hombre que transmite (2001:31, cursivas en el original), con lo cual aspira la constitución de una antropología de la comunicación, pero no una antropología filosófica, sino una científica: estructuralista por origen y crítica por finalidad.


Al mediólogo, en cuanto que intelectual dedicado a la mediología, corresponderá –en la concepción de Debray- dar cuenta de la cronología de la comunicación para comprender críticamente el énfasis en la transmisión. Objetará a la expresión macluhaniana de que “el medio es el mensaje”, la falta de definición de medio, para luego pasar él a definirlo como modalidad de escritura: “(El mediólogo) sugiere que se pueda buscar una lógica de los mensajes (= lo simbólico) en una lógica del medio (= la técnica).” Señala que como tecnología, el medio contribuye a la formación de una mentalidad colectiva, equilibrada, aunque hegemonizada: “Dominante es el procedimiento capital de puesta en memoria y circulación de los rasgos (la escritura, la tipografía, la electrónica, lo numérico). A dicho procedimiento hegemónico le corresponde un determinado medio de transmisión de los mensajes (y, como veremos, de transporte de los hombres), macromedio que vamos a llamar ‘mediaesfera’” (2001: 66) que se constituye a partir del surgimiento de la escritura como tecnología del lenguaje y en la cual Debray reconoce tres grandes conjuntos: la Logoesfera (escritura), la Grafoesfera (imprenta) y la Videoesfera (audiovisual). Pero no se centra la mediología tanto en el uso de la tecnología, como en las prácticas relacionales mediadas por ésta. “Nuestro campo de estudios –dice- tiene, en este sentido, dos puertas de entrada: a través de los efectos simbólicos de las técnicas (bottom-up) o a través de las condiciones técnicas de lo simbólico (topdown). O bien rastreamos los efectos relacionados con un nuevo procedimiento: la escritura, la imprenta, la televisión o ahora lo digital. (Muchos antropólogos e historiadores se han dedicado a ello procediendo de “abajo” a “arriba”). O bien exhumamos los condicionamientos sociotécnicos de una emergencia cultural o espiritual. Entonces, procederemos de “arriba” a “abajo”. (2001:103).” A ello dedica sus páginas, teniendo en cuenta que las variaciones técnicas del medio afectan el ámbito cultural o antropológico, especialmente en la perspectiva de la memoria en cuanto aquello de debe ser preservado del paso del tiempo, lo que constituye monumento. ¿Se trata de una antropología social construida sobre la base de una economía política de la comunicación? ¿O será una morfología histórica basada en el reconocimiento de mediaciones? ¿O una genealogía de la mediación como práctica? Debray no remite a referentes teóricos precisos, no obstante, al describir la mediación como un proceso -social antes que intersubjetivo, advierte que ésta: l. Nos anuncia, en primera instancia, que nada se transmite desde sí, y que hacen falta por doquier intermediarios a la obra (…) 2. Se nos recuerda inmediatamente después que estos “eslabones intermediarios” son mucho más que términos medios. La mediación es más que “eso que hay en medio” ya que elabora aquello que mediatiza. No se contenta con hacer que pase de arriba abajo, ni con extraer su diezmo en el paso traduttore, traditore). Modela. La mediación desborda a menudo a su propio agente. Le sorprende. Creada de lo irreversible, excede las intenciones. No es programable, y puede rebelarse contra sus programadores (el partido contra la clase, la Iglesia contra el Evangelio, el Estado contra la nación. etc.). En resumen, es un acontecimiento para el cual la imagen de la caja negra es insuficiente o inapropiada, en la medida en que el output se revela inconmensurable con el input. (2001: 163-164, cursivas en el original) Debray reconoce a la mediación una condición contingente, siempre puesta en perspectiva por la interpretación: “El médium, por precaución previa, no es una cosa, ni una categoría enumerable de objetos, etiquetables desde lejos a simple vista. Es un lugar y una función en un dispositivo vehicular”. (2001: 168). Sostiene, a partir del ejercicio de la interpretación contingente (es decir: del modo en que la idea de médium funciona en diferentes contextos culturales o disciplinares), que la mediología no es semiótica, sino posterior a ésta: “la semiología acaba su trabajo cuando el mediólogo empieza el suyo.(2001:187)”. Señala además que no es (completamente) pragmática, ya que si bien la idea de comunicación está llevada a la praxis y la distinción específica entre sujeto/objeto de conocimiento se mantiene, “no se basta a sí misma, y todavía menos en la transmisión, donde los sujetos, estando raramente en contacto directo los unos con los otros (desde el momento que no son contemporáneos), necesitan objetos mediadores (2001:202). Por otra parte, afirma que la mediología es historia cultural, basándose en las definiciones de Jean-François Sirinelli: “‘La historia cultural es aquella que se asigna el estudio de las formas de representación del mundo en el seno de un grupo humano en el que la naturaleza puede variar -nacional o regional, social o política-, y que analiza la


gestión, la expresión y la transmisión’”; y de Daniel Roche: “‘Comprender las mediaciones que intervienen entre las condiciones objetivas de la vida de los hombres y las maneras innumerables en que las representan o las dicen’. He aquí un programa al que el mediólogo se siente reclutado’”. (2001: 203). Y finalmente, señala que la mediología es una antropología de la globalización cultural y de su integración tecnológica: “La etnología es la ciencia de la diversidad de las sociedades, y la tecnología la de la uniformidad de las panoplias. La mediología, entre ambas, plantea la cuestión de su compatibilidad (la intersección como problema). Se pregunta cómo pueden coexistir sobre el planeta la singularidad de las culturas, todas diferentes, y la alineación de las redes, por doquier las mismas. ¿Cómo interactuarán subjetividades territoriales y normalizaciones tecnocientíficas?”. (2001: 247) Hasta aquí la “Mediología” de Debray luce como prospecto. A diferencia de ella, la “Mediología” o “Mediología pragmática” de Mike Sandbothe puede definirse como la propuesta de las bases teóricoepistemológicas de una nueva disciplina de utilidad para el estudio del entorno digital y su media: una filosofía pragmática que abreviadamente podemos describir como una dialéctica entre pragmatismo y teoreticismo, cuya síntesis epistémica ocurre mediante transversalización, esto es: mediante el empleo de la razón transversal. (Welsh, 1999) Pragmatismo (I) Una filosofía antirepresentacionalista del lenguaje Conviene revisar, de modo sucinto, el marco que Mike Sandbothe ha elegido para el desarrollo de su teoría, que no es otro que el contexto del pragmatismo filosófico contemporáneo, el cual distinguimos del clásico (John Dewey, William James, Charles Pierce y John Stuart Mill, entre otros), por el énfasis puesto a la comprensión del modo en que el saber se articula a través del lenguaje. Se trata, pues, de una filosofía del lenguaje, pero diferente a la filosofía analítica, por cuanto ésta se ubica más allá del denominado giro lingüístico, en la idea de que el lenguaje no describe tanto una realidad dada, como procede a fundarla. Para Sandbothe ella (la filosofía del lenguaje) significa que la “visión de que los problemas filosóficos son problemas que pueden ser resueltos (o disueltos) por la reforma del lenguaje, o por un entendimiento mayor acerca del lenguaje que usamos actualmente” (Rorty, 1992, cp Sandbothe, 2005:37)1 Este entendimiento del lenguaje no puede ocurrir por concurso de una autoridad o verdad final, búsqueda a la cual el pragmatismo renuncia expresamente. Sobre ello, Sandbothe señala que el pragmatismo evocado por Rorty en La filosofía en el espejo de la naturaleza y en Consecuencias del pragmatismo trasciende la indeterminación entre semántica y pragmática que presupone la distinción hecha entre necesario y contingente, realizada entre otros, por Wittgenstein, Sellars, Quine y Davidson. “En lugar de este par de distinciones, Rorty en las dos obras mencionadas adopta el uso del término pragmático que procura vincular los procesos lingüísticos en un contexto naturalista de prácticas no lingüísticas, en una vía que pueda ser investigada empíricamente.” (Sandbothe, 2005: 48) La investigación empírica del lenguaje, en la medida en que ésta puede formularse en un contexto naturalista (espacio/temporal) implicará dar cuenta ya no tanto de la descripción que del mundo puede hacerse como de las prácticas que lo “naturalizan”, es decir: que actualizan su comprensión y sus usos en determinado léxico. A partir de estas distinciones se advierte que en el pragmatismo como antirepresentacionalismo, el enfoque predominante es el del lenguaje como fundador de realidad, de lo cual se deriva la oposición a la idea de representación. Para Sandbothe, Rorty y Davidson entienden el representacionalismo como un tipo de pensamiento filosófico centrado en “la idea de la idea” en todas sus formas. El significado es visto como guiado por el esquema contentivo del dualismo (pensamiento – realidad) y el conocimiento tiene lugar en algún lugar de la mente – definida en términos de intuiciones, conceptos, ideas, facultades cognitivas, actos de constitución, esquemas, intenciones, construcciones, propósitos, significados, etc.— La oposición al representacionalismo del lenguaje ha sido planteada por el pragmatismo rortyano como liberación “de la filosofía, ciencia y sentido común, de la idea subyacente en el representacionalismo, con lo cual se pretende prestarle al conocimiento pensamiento 1 Las traducciones del texto de Sandbothe fueron realizadas por el autor a los efectos de esta investigación. Se trabajó con la edición inglesa de Pragmatic Media Philosophy con traducción realizada por Andrew Inkpin, teniendo a la vista el original en alemán. Ambos en edición electrónica disponible en: http://www.sandbothe.net


y habla inteligibles sin el recurso de la tertia postulada como mediador mental”. (2005:67, cursivas en el original) Por su parte Rorty en Objetividad, Relativismo y Verdad señala, siguiendo a Robert Brandom que la filosofía del lenguaje se divide en dos escuelas, una representacionalista (filosofía analítica y círculo de Viena), y otra (Dewey y Wittgenstein, entre otros) antirepresentacionalista. La primera considera a la verdad, en cuanto que consistencia lógica, como la base de una teoría del significado y de una filosofía del lenguaje. Pero la segunda concibe el lenguaje como conjunto de prácticas sociales. “Los miembros de esta escuela parten de la capacidad de enunciación, y luego esbozan la noción de verdad lo mejor que saben”. (Rorty, 1996:207, cp Sandbothe, 2005) Pragmatismo (II). Una filosofía de la democracia, antimetafísica y teorética Este cambio de acento da lugar a una postura francamente opuesta a la tradición realista subyacente en el representacionalismo, que en la interpretación que Sandbothe hace de Rorty se halla arbitrado bajo la noción de auctoritas (autoridad) y que el pragmatista ha identificado como una suerte de permanencia de la argumentación en contra del léxico. En Contingencia, Ironía, Solidaridad, Rorty expresa: La dificultad que se asocia a los argumentos en contra del empleo de un léxico familiar y consagrado por el tiempo, es que se espera que se los formule en ese mismo léxico. Se tiene la expectativa de que muestren que los elementos centrales de ese léxico son ‘inconsistentes en sus propios términos’ o que ‘se destruyen a sí mismos’. Pero nunca puede mostrarse eso. Todo argumento según el cual el uso que corrientemente hacemos de un término corriente es vacío, o incoherente, o confuso, o vago, o ‘meramente metafórico’ es forzosamente estéril e involucra una petición de principio (…) Tales argumentos dependen de afirmaciones según las cuales se dispone de léxicos mejores, o son abreviatura de afirmaciones así. Raramente una filosofía interesante consiste en el examen de los pro y los contra de una tesis. Por lo común es implícita o explícitamente una disputa entre un léxico establecido que se ha convertido en un estorbo y un léxico nuevo y a medio formar que vagamente promete grandes cosas” (1991: 29. Cursivas en el original) La noción de traducción de un léxico a otro, pretendidamente más adecuado, acaso es parangonable con la tesis central de Thomas Kuhn del progreso de la ciencia por el cambio paradigmático en La estructura de las revoluciones científicas (1964). No obstante, pueden señalarse tres precisiones: 1) la propuesta pragmatista, al centrarse en el léxico privilegia la interpretación como práctica antes que como vía para el consenso intersubjetivo; 2) la puesta en común de la interpretación es deliberada, por tanto, susceptible de constituir acción política; y 3) el pragmatismo, en tanto que filosofía, da cuenta de esta construcción cognitiva describiéndola como teoreticismo2, pero ya no uno trascendental, sino uno históricamente situado, en línea con lo expresado por Rorty –comentado por Sandbothe- en Esperanza en el lugar del conocimiento: la aspiración íntima de otra fuente de legitimación que trascienda el consenso intersubjetivo como “el deseo de la cultura teoreticista, centrado en la determinación del ser humano cognitivo”. (Rorty, 1999:29 cp. Sandbothe, 2005:74). La deliberatividad de la construcción de conocimiento puede ser ilustrada por la ruta que Sandbothe identifica como derivada de Dewey, presente en algunos filósofos del pensamiento político, como Habermas, Rawls y Rorty mismo, pero que resulta emblemática en el primero. Sobre él, comenta Rorty en Verdad y progreso: “Tal es [la de Habermas] una filosofía que politiza la epistemología, en el sentido de que esta toma aspectos de la búsqueda de la verdad en las condiciones sociales (y en particular políticas) bajo las cuales esta búsqueda es conducida, en lugar de la profunda naturaleza de los sujetos que hacen esta búsqueda”. A ella, 2 Sobre la definición de teoreticismo gnoseológico, Pelayo García Sierra (1998¶) sostiene que éste “se constituye cuando se deja de lado la doctrina de los axiomas ‘verdaderos por sí mismos’, cuando se procede a establecer la equivalencia de los axiomas con postulados, en torno a los cuales pueda comenzar a formarse un sistema coherente de proposiciones.” Ejemplos de gnoseología teoreticista los constituyen el falsacionismo popperiano o la filosofía matemática, entre otros.


Sandbothe denomina pragmatismo trascendental (Rorty 2000, cp. Sandbothe, 2005:75, corchetes y cursivas añadidos). Pero esta deliberatividad, al pretender superar el consenso intersubjetivo por vía del mejoramiento de los argumentos dentro del léxico, lleva al pragmatismo a preguntarse por la contribución que, en tensión con el teoreticismo, puede hacer a la democracia entendida como proyecto político de la modernidad. El cambio sociopolítico en la perspectiva de los temas epistemológicos del pragmatismo contemporáneo se refleja en la promoción de la prioridad de la democracia a la filosofía (Rorty, 1988). Sobre este particular, Sandbothe precisa: En contraste con Davidson y Brandom, y en solidaridad con Rorty, Habermas también configura su filosofía en un decidido diseño sociopolítico. Pero a diferencia de Rorty, Habermas toma la visión de que el ideal político de la democracia orientado desde la sociedad civil no puede ser implementado sin un representacionalismo fundado en una teoría de la intersubjetividad. Habermas configura esta teoría como realismo pragmático sobre el conocimiento, que es un pragmatismo kantiano basado en el hecho trascendental de que los sujetos con la habilidad de hablar el lenguaje y sus actos, y quien se permite a sí mismo ser afectado por razones y ser capaz de aprender en el largo plazo es “incapaz de no aprender” (Sandbothe, 2005:76) Tensión entonces, entre un Rorty definitivamente partidario de la idea de contingencia y un Habermas postkantiano, que Sandbothe preserva para el desarrollo de su mediología como filosofía pragmática de los medios, junto con otras contribuciones que dinamizan un planteamiento original. La tarea teoreticista de la mediología: escritura y fonocentrismo En la construcción de un cuerpo coherente de proposiciones, ubicado en el marco de la tensión ya señalada, Sandbothe someterá el giro lingüístico a una decostrucción filosófica particular de la idea de medio en sus fundaciones profundas, desde una perspectiva teoreticista, distinguiendo dos movimientos de deconstrucción: 1) El primer movimiento opera con el reconocimiento de la constitución material de los medios basados en signos con los cuales el ser humano produce significados e interpreta la realidad, con lo cual “se socava verticalmente el giro lingüístico” (Sandbothe, 2005:79). Este “socavamiento” revela la pluralidad de los signos en sus respectivos códigos y lenguajes, como dimensiones de constitución de significado a través de los medios. Y en el revelar esta multiplicidad, Sandbothe articula como paradigmático el ejemplo de Derrida en De la Gramatología, el cual considera “el [trabajo] que lanza la filosofía teorética de los medios en la primera mitad del siglo XX.” (Sandbothe, 2005:79). La síntesis que Sandbothe hace del planteamiento de Derrida se enfoca en la existencia del fonocentrismo como orden construido (degradado) a partir de la exigencia de significación hecha a la escucha (comprensión) del habla de uno mismo: suerte de monólogo interior incesante, que hipostasia el libre fluir de la conciencia fenoménica y con lo cual se constituye un sujeto trascendental subjetivista: “no exterior, no mundano, por tanto no empírico, significador no contingente. Esta hipostaziación que Derrida critica como fonocentrismo, conduce a la subexposición sistemática del complejo de caracteres mediativos peculiares para la total constitución del habla humana. En este sentido, Derrida problematiza, con ejemplar factura, el trasfondo filosófico en el cual los argumentos fonocentristas de las invectivas contra los medios han prosperado, desde Platón, o la critica rousseauniana de la escritura, hasta autores contemporáneos como Jean Baudrillard, Paul Virilio, Neil Postman o Joseph Wiezenbaum.” (Sandbothe, 2005: 80-81) 2) El segundo movimiento deconstructivo se basa en la oposición que Derrida plantea de la escritura al fonocentrismo, y que Sandbothe expresa en estos términos: “Si uno toma literalmente la definición de escritura como un suplementario ‘significado del significado’, eso significa que el fonocentrismo es una degradación y si se usa deconstructivamente como un modelo para el funcionamiento del lenguaje que se habla a sí mismo, entonces uno obtiene una modificación en el concepto de escritura que Derrida ha llamado algunas veces escritura generalizada o arje-escritura”, (Sandbothe, 2005: 81) que se concibe como una estructura relacional de referencia semiótica en la cual se constituye el significado por la relación de unos signos con otros, a lo cual Derrida conocerá como Différance. De allí que “Gramatología es la ciencia de la


arjeescritura y el análisis filosófico del mecanismo de producción de significados característico de la Différance, es al mismo tiempo una semiótica general en el sentido de que abre el concepto de escritura fonética, atada al lenguaje hablado, llevada a cabo en el espectro del sistema de signos que se describen gramatológicamente”. (Sandbothe, 2005: 81) A partir de allí puede afirmarse que la Mediología de Sandbothe considera el deconstructivismo de Derrida como un paradigma. No obstante, resulta central a los proyectos de investigación de esta disciplina la cuestión teorética acerca de las condiciones de producción de significado y la constitución de realidad. Y en este particular, el autor reafirma que el contexto de esos problemas es teoreticista “porque es abstracto frente a todos los concretos contextos de interés y todos los objetivos particulares de las comunidades humanas. Las tareas de determinación teoreticista de la filosofía de los medios coloca en los lugares de interés en las relaciones con los medios las condiciones de posibilidad de nuestro entendimiento de sí mismos y de los otros y del mundo totalmente, y por lo tanto en un dominio oculto detrás del horizonte de las prácticas utilitarias que primero producen justificación o legitimidad antes que comprensión”. (Sandbothe, 2005: 81) La tarea pragmática de la mediología: de medios como a medios para En contraste con la aproximación teoreticista, la determinación de la tarea pragmática de la filosofía de los medios toma como punto de partida el contexto de las prácticas, las cuales son dadas en contextos de intereses y con objetivos sociopolíticos establecidos cultural e históricamente. Se trata de un cambio de perspectiva que en opinión de Sandbothe modifica por entero la visión al considerar el marco de diferentes tipos de medios, los cuales agrupa en tres grandes conjuntos: medios sensorio-perceptivos (modulados por el espacio/tiempo), medios de comunicación semiótica (codificados e inscritos en lenguajes) y medios de transmisión técnica (voz, impresión, radio, televisión e Internet). “Como quiera que el énfasis –sea lingüístico, gramatológico o pictórico— de la investigación teorética de medios teoreticistas está acentuada en el realismo de las comunicaciones semióticas, la filosofía pragmática de los medios acentúa el dominio periférico de los medios de transmisión técnica. Desde una perspectiva pragmática, es la forma medio-política de precisar este otro dominio lo que provee el punto de partida que permite que los medios desarrollen en el largo plazo cambios en el uso de los medios sensorio-perceptivos y de comunicación semiótica”. (Sandbothe, 2005: 83, cursivas añadidas) Conviene precisar, antes de avanzar en este contexto dialógico entre teoreticismo y pragmatismo, lo que puede entenderse como medio. Sandbothe afirma que las palabras pueden constituir medios de conocimiento y de mediación de autoridad desde una perspectiva representacionalista en la cual el significado lingüístico – realista y antirealista o constructivista— está fuertemente vinculado con la correspondiente teoría de la verdad. “O de nuevo, las palabras pueden ser entendidas desde una perspectiva pragmática con el medio en un sentido artesanal, como el que usa James como ‘un programa de más palabras, y sus significados en el sentido de herramientas mediante las cuales existen realidades que pueden ser cambiadas’” (James, 1907, 53 en Sandbothe, 2005:87). La etimología de la palabra medio (in media) en el medio, “que se encuentra entre”, revela un sentido espacial, no obstante Sandbothe ubica dos campos de significado para el desarrollo de su comprensión. En el primer campo significa que media entre dos cosas, en el segundo, derivado del primero, lo que sirve para alcanzar un fin. “Medio entonces, es usado en el sentido de significado auxiliar y herramienta. Este significado dual todavía se encuentra reflejado en los significados de medio y medio masivo como significados de comunicación, o mediadores de información, o facilitadores de información mediada, que se han establecido a lo largo del siglo XX”. (Sandbothe, 2005:87). Así pues, la misma idea de la palabra como medio de conocimiento plantea para Sandbothe la posibilidad de que los medios puedan concebirse como juegos del lenguaje en la concepción de Wittgenstein: “El giro pragmático refleja su atención en el entrelazamiento entre juegos de lenguaje y formas de vida, y ha sido destacado por Wittgenstein cuando en el mismo contexto demanda que ‘el eje de la referencia de nuestro examen debe ser rotado pero alrededor del punto fijado de nuestra real necesidad’” (Wittgenstein, 2001:40 en Sandbothe, 2005: 89). De allí que para el filósofo, el propósito de Wittgenstein sea el plantear una alternativa


al punto de vista representacionalista del lenguaje, que haga de la mente y el significado el agente del pensamiento y que conciba al lenguaje como un medio de expresión de significados, ellos mismos a través de un medio mediador entre la palabra y el objeto, para lo cual hay que dirigir nuestra atención al uso actual de los signos en contextos concretos de acción: La cuestión filosófica no es “qué es lo que este signo significa” sino “como es que este signo se usa, qué puedo hacer con él”. Wittgenstein sugiere que el signo no debe ser entendido primariamente como medio en el sentido de ser una pura entidad intermediadora, (esto es, como mediadores mentales de una esfera ideal de conocimiento). De acuerdo con la alternativa de Wittgenstein, lo que importa es aprehenderlo pragmáticamente como significado en el sentido de herramienta al servicio de ciertos propósitos. El simple consejo dato por Wittgenstein en el §11 de Investigaciones filosóficas se lee: “pensar la herramienta en una caja de herramientas, este es un martillo, alicate, una sierra, un destornillador, una regla, un pote de pega, pega, clavos y tornillos. Las funciones de las palabras son tan diversas como las funciones de estos objetos (y en ambos casos hay semejanzas) (Wittgenstein, 2001:6, en Sandbothe, 2005:89, cursivas añadidas) Se puede manejar, entonces, una distinción de sentido: de medio como y medio para, con lo cual la mediología en tanto filosofía pragmática de los medios ilustra el paso que va de la concepción teoreticista de medio con su sello representacionalista, a favor de una comprensión pragmática de los medios, que en decir de Sandbothe, tenga una impronta antirepresentacionalista. “Estos medios ya no aparecen como terciados en la estructura del espacio de las representaciones y en su camino producen una interfaz entre lenguaje y realidad, esquema y contenido. En vez de ello, son percibidos como instrumentos a ser comprendidos en términos de sus efectos públicos, con la ayuda de los cuales, las acciones son coordinadas y las realidades, cambiadas”. (Sandbothe, 2005:94, cursivas añadidas) De allí que en el entorno digital ya no se entienda a los medios como conectados con ciertos hábitos de uso del libro impreso que se desarrollaron en siglo XIX y XX y que al uniformizarse propiciaron la comprensión del lenguaje oral como separado de su contexto concreto de acción; sino como medios para un proyecto que disuelve la fijación representacionalista en los asuntos de la representación realista o la “antirealista construcción de la realidad”, para lo cual se procede por “una activa co-creación en la modificación técnica de la cultura de los medios; la mediación constitutiva de esto es la apertura de las posibilidades de una pragmatización de nuestro uso de los medios de comunicación. (Sandbothe, 2005: 95) Esta pragmatización de uso está en la base del giro pragmatista dado al giro lingüístico en la segunda mitad del siglo XX, por Rorty, siguiendo a Peirce, James, Dewey, Nietzsche y el segundo Wittgenstein, distinguido por la apelación a un concepto instrumental de medios que es resumida por el pragmatista en el énfasis de que “incluso si estamos de acuerdo en que los lenguajes no son medios de representación o de expresión, ellos permanecerán como medios de comunicación, herramientas de la interacción social, vías de vincularnos a nosotros mismos con otros seres humanos” (Rorty, 1989, 41 en Sandbothe, 2005:95). Así los medios no son reducidos a ser herramientas de transmisión de significados retenidos, información preexistente. “La definición funcionalista de medio se ha extendido bastante del estrecho dominio específico del teoreticismo, de las condiciones de posibilidad del conocimiento de la realidad, del estrecho dominio de la acción humana”. (Ibíd.: 95) Al centrarse en las prácticas, y en la búsqueda de marcos interpretativos adecuados, Sandbothe suscribirá la concepción rortyana de la acción humana como solidaridad en oposición a la crueldad, dentro del marco del proyecto político de la Ilustración: y en el contexto más particular, se referirá a la acción mediadora de los medios de comunicación como ajustada a esta proyectividad: “en el contexto de estos ideales para nosotros resulta cada vez más obligatoria la función pragmática de los medios de comunicación de transmisión técnica, que resultan para Rorty de sociedades democráticas que tratan de conseguir más y más seres humanos en nuestra comunidad y la democratización en curso de ambas formas de comunicación pública y las posibilidades para la auto-creación.” (Ibíd.: 96) Pero dada la postura antirepresentacionalista asumida, Sandbothe sostiene que en vez de enmarcar la solidaridad como ejercicio de un sujeto trascendental, se haga buena la comprensión rortyana de los medios de comunicación como formas de la narración que ayuden a que


“se pueda invocar un millar de comunalidades antes que una específica humanidad común”. (Rorty, 1999: 87 en Ibíd.:96) Solidaridad implicada en el ethos de la comunicación como una práctica del consaber (Pasquali, 1978) pero que no es plenamente identificable desde la postura teoreticista, para lo cual, Sandbothe advierte que la idea fundamental del pragmatismo está reflejada en la relación entre teoría y práctica que fue formulada por Dewey de la siguiente manera: “‘saber es en sí mismo un modo de acción práctica y es la forma de interacción en la que otras interacciones naturales se convierten en temas de dirección’” (Ibíd.:111). La constitución del Internet transmedia En perspectiva del entendimiento teoreticista y pragmatista de la filosofía de los medios, se considera como un caso de aplicación la transformación de los medios de comunicación que está teniendo lugar con Internet como centro, en tanto que constitutivo del entorno digital y éste, a su vez, en cuanto ámbito para un nuevo sentido común, (De Kerckhove, 1999: 109) que resultará –y es la aspiración rortyana—de la liberación tanto de la forma representacionalista como de la apelación constante a las autoridades de referencia externa o interna; transformado, ahora, en un sentido común antirepresentacionalista y antiautoritario, adecuado a la cultura democrática contemporánea de la modernidad ya que, en opinión de Sandbothe: “si se interpreta los medios técnicos de la modernidad como las máquinas con la ayuda de las cuales, sociedades enteras pueden adquirir nuevas formas de mundo sensorial y semiótico en un tiempo relativamente corto, entonces se hace claro que los asuntos de la política de los medios deben tener genuinamente dimensiones filosóficas, y que las teorías de la filosofía de los medios deben tener aspectos eminentemente políticos”.(Sandbothe, 2005:124) Conviene precisar, en relación con el sentido común, qué se entiende por éste, y cual es su constitución política. Apelaremos a dos definiciones, la pragmatista crítica (Peirce, y Rorty, principalmente) y la de Hannah Arendt. Una definición, al uso, del sentido común nos lo describe como el conjunto de conocimientos y creencias inscritos en un léxico y compartidos y validados por una comunidad. El modo de constitución del sentido común y de su relación con la realidad es visto por el pragmatismo como consecuencia de la construcción social; de hecho, ya Peirce distinguía en sus escritos verdad de realidad: la primera se planteaba como un modo de entender la realidad, mediante correcciones sucesivas en las comprensiones realizadas por toda la comunidad intelectual e incorporadas al léxico; la segunda como aquello que existe independientemente de la búsqueda humana de conocimiento; vale decir que las correcciones en las comprensiones son construidas socialmente. Algunas corrientes como la fenomenología social de Schütz (1974) entienden el conocimiento de sentido común como un operador dentro del mundo de la vida, para la construcción de la realidad social como intersubjetividad. Pero en la visión pragmatista, el sentido común no equivale al consenso intersubjetivo, no por lo menos en la visión de Rorty (1996), quien sostiene, parafraseando a Wittgenstein (“Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”) que aunque todos tenemos un léxico último personal, al cual referirnos en la búsqueda de fundamentación, dado que el usuario de las palabras “no dispone de recursos argumentativos que no sean circulares”, poseemos la posibilidad de operar significativamente nuestros propios cambios de léxico, constituyéndonos en ironistas, pues: Lo opuesto a la ironía es el sentido común (…) Tener sentido común es dar por sentado que las afirmaciones formuladas en ese léxico último bastan para describir y para juzgar las creencias, las acciones y las vidas de quienes emplean léxicos últimos alternativos. (…) El metafísico está aun adherido al sentido común en cuanto no pone en tema de juicio las trivialidades encerradas en el empleo de determinado léxico último, y en particular la trivialidad que dice que hay una realidad única y permanente que puede hallarse detrás de las múltiples apariencias transitorias. No redescribe la realidad sino que, más bien, analiza las viejas descripciones con la ayuda de otras viejas descripciones. El ironista, en cambio, es nominalista e historicista. (…) Pasa su tiempo preocupado por la posibilidad de haber sido iniciado en la tribu errónea, de haber aprendido el juego del lenguaje equivocado. Le inquieta que el proceso de socialización que le


convirtió en ser humano al darle un lenguaje pueda haberle dado el lenguaje equivocado y haberlo convertido en la especie errónea de ser humano (Rorty, 1996:93) ¿Equivale la capacidad del ironista como miembro de una comunidad, a la de prestar atención pensante que reclamaba Hannah Arendt como condición para la acción política, aquella que Rudolf Eichmann, como otros en su tiempo, fue incapaz de tener? ¿Este ejercicio de distinciones y tensiones entre lo consabido y aceptado, entre lo resignificado y lo cuestionado, no estará en la base de la acción política deliberada, de la democracia pregonada por los pragmatistas? Arendt entiende el sensus communis como: (…) La capacidad de ver las cosas no sólo desde el propio punto de vista sino desde la perspectiva de todos aquellos que estén presentes, hasta que el juicio pueda ser una de las capacidades fundamentales del hombre como ser político en la medida en que le permite orientarse en la esfera pública, en el mundo común, son ideas prácticamente tan antiguas como la experiencia política articulada. (citada por Jay, 2003:164) Esta idea, la del punto de vista, arroja una pista del proceder para la construcción de ese sentido: “mediante aptitudes persuasivas comparables con aquellas empleadas para validar los juicios de gusto (Jay, 2003: 163), que permitan poner en común la doble articulación, tanto del sentido, como de la noción e comunidad, cuestión que Calderón (2010) resume en estos términos: Si entiendo bien a Arendt, el sentido común no es “sentido” meramente por el hecho de ser un sentido interno, ni tampoco es “común” únicamente porque nos provea de un sentido de realidad que podemos compartir con otros. Es “sentido” porque, además, le da una dirección al sentido de realidad que provee, es decir, el sujeto se orienta con un sentido a esa realidad que “se le presenta”, tiene una actitud intencional frente a sus objetos. Y es “común”, no sólo por el hecho de que todos seamos capaces de obtener ese sentido de realidad, sino porque el modo como nos dirigimos a ella tiene en cuenta a los otros. Estas dos últimas particularidades le dan también un carácter activo al sentido común. (2010:8) La doble disposición de Internet como habla y como archivo, permite ambas cosas: la construcción de sentido común y la ironización del léxico, dada su “altamente compleja y extremadamente sensitiva organización trasmedio.” (Sandbothe, 2005:125) que trasciende las disposiciones de su propia tecnología constituyendo propiamente un entorno. Para abordar la descripción de este entorno, Sandbothe asume tres supuestos a partir de La comprensión de los medios como extensiones del hombre de Marshall de McLuhan: 1) “la percepción basada en el concepto de medio es acorde con la definición macluhaniana de los mismos como extensiones de los sentidos humanos” (2005:126); 2) “hay causalidad directa de los efectos de los medios de comunicación al nivel de las estructuras formales de la percepción (media-determinismo)” y; 3) “Mc Luhan interpreta el mecanismo cultural del alfabeto y el mundo moderno de la imprenta como una extensión de nuestra facultad visual. El mundo visual de la escritura es determinado por la lógica de la visión distanciada y opera, por así decirlo, desde la perspectiva ‘quirúrgica’ de un solo ojo neutral que reclama la objetividad. Esta lógica de efecto libre de lo visual se contrasta con el táctil, participatorio y holístico mundo de los medios electrónicos que Mc Luhan interpreta como extensiones del sistema nervioso central.” (Sandbothe, 2005: 127) A partir de estos tres supuestos, Sandbothe, en perspectiva teoreticista emplea, para explicar el modo en que la continuidad sensorium-prótesis permite la construcción de sentido en el entorno digital, los siguientes presupuestos: 1) “En Mc Luhan, el sentido humano se entiende como “esquema de la construcción cognitiva de la realidad que puede ser alterado por las extensiones tecnológicas de la experiencia en el curso de la historia de los medios”; 2) “El proyecto del análisis teoreticista de la vida íntima del sujeto humano como externalizado por los medios se basa en el presupuesto de una causalidad directa que supuestamente existe entre el medio como causa y su correspondiente efecto en la estructura de los sentidos humanos.” ; y 3) “ la dinámica disturbio/equilibrio de la sensibilidad humana –hipostaziada por la dinámica de medios calientes/medios fríos- no es interpretada por la vía de las prácticas sino que, desde la perspectiva teorética luce como una utopía finalista, ya que según Sandbothe, Mc Luhan plantea la posibilidad de una “condición


pentecostal del conocimiento universal”, por cuando “al final de la historia de los medios de comunicación, se llegará a un estado en el que eludir las lenguas en favor de una conciencia cósmica en general hará que esta sea la entrada en vigor de las ideas lingüísticamente mediadas” (Sandbothe, 2005: 129-130) y ello deberá ocurrir después de la sucesión de las edades tecnológicas: de la edad caliente de la imprenta a la fría de la televisión3 y de allí a la edad digital, en donde “la escritura eléctrica y la velocidad de verter sobre ella, de forma instantánea y continua, lo concerniente a todos los hombres hace que se conviertan una vez más en tribales. La familia humana se convierte en una tribu de nuevo.” (Mc Luhan, 1964 cp Ong, 1997 , cp Sandbothe, 2005: 131) Sobre la construcción de una comunidad sensorial, clave para la interpretación del entorno digital como nuevo sentido común, Sandbothe retoma las consideraciones mcluhanianas sobre la televisión, especialmente el argumento por el cual “la inevitabilidad de la televisión da lugar a respuestas multisensoriales que involucran a todo el cuerpo, mediante la vinculación de los niveles acústicos, apariencias visuales, y por encima de todo los movimientos y actitudes que despiertan una interpretación propioceptiva, la televisión se comporta de una manera muy similar a los acontecimientos reales, vividos en el ámbito interpersonal con los objetivos generales de la producción de respuestas multisensoriales” (De Kerckhove, 1993, cp Sandbothe, 2005:133). Ello desde el punto de vista teoreticista. Pero desde el punto de vista pragmatista, Sandbothe aboga por reinterpretar la distinción entre medios calientes y fríos pues Este aspecto toma, explícitamente, un giro pragmático cuando se deja en claro que la relación entre dos o más medios de comunicación es primero producida por la comunidad de los usuarios de los medios de comunicación. Desde el punto de vista teorético los medios de comunicación no han de ser entendidos como extensiones perceptivas por la consolidación técnica de los órganos de los sentidos, sino como construcciones sociales. Estas construcciones puede estar relacionadas con los hábitos sociales de la percepción que definen lo que estamos acostumbrados a llamar a nuestros sentidos. Sólo sobre la base de los medios de comunicación social y los esquemas acostumbrados habitualmente establecidos para las comparaciones entre medios de comunicación pueden surgir, en segundo lugar, la impresión de si es un medio frío o caliente (Ibíd.: 135) Al variar el enfoque hacia las prácticas, Sandbothe observa que “la utópica esperanza formulada por Mc Luhan sobre el potencial de frío de los medios electrónicos se ha desplazado cada vez más de la televisión al ordenador”, ello porque la singularidad del medio frío es justamente la formación de comunidades, y en el entorno digital “la persona de alta velocidad no tiene ningún problema en la disolución de distancia de la masa de los consumidores y convertirse en un productor. Se reconstituye en grupos pequeños que se mantienen al día a través de interconexiones” (Sandbothe, 2005: 136) Nuevas comunidades moduladas por la tecnología: comunidades hipertextuales, redes sociales, comunidades multimedia, comunidades inteligentes, que pragmáticamente se distinguen de las comunidades de recepción planteadas en torno a la televisión en que esta, en la concepción de Mcluhan, no funciona como un instrumento para la coordinación de acciones, sino como “una superficie de proyección emocional de una reacción colectivizada a las acciones que sólo son recibidas por el espectador, pero que no puede ser influenciada: la TV no es tanto un medio de acción, como un medio de reacción.” Por tanto las comunidades digitales en cuanto que son activas, constituidas a partir de sus prácticas, no ejercen entre sí una influencia causal inmediata, cosa que –Sandbothe afirma— De Kerckhove supone, con lo cual el pragmatista lo ubica como solidario con la perspectiva teoreticista. (Sandbothe, 2005: 139) Para Sandbothe “la transmedialidad técnica de Internet se refleja en el nivel cultural de uso”, (Sandbothe 2005: 139), pero esta se constituye más allá de la dinámica entre medios calientes /fríos, en las prácticas de coproducción cultural moduladas –individualizadas/colectivizadas- por la tecnología, cuya 3 Si bien Mc Luhan habla de edades de los medios, también es prudente señalar que “un medio particular nunca es en sí mismo frío o caliente sino en relación con otro medio”. (Sandbothe, 2005: 132)


constitución tiene implicaciones importantes para el modo de organizar la dinámica de construcción de sentido común. Así hará distinciones en el ámbito hipertextual de la Internet: “La World Wide Web multisensorial tiene algunas características que nos son familiares de las formas frías de uso de la televisión del mediodeterminismo hipostasiado macluhaniano.” (Sandbothe, 2005: 141) Pero donde la imagen se combina con la escritura, unidas por la acción táctil de la selección por el usuario: “El texto ya no nos dirige sólo en el horizonte de su significado y las esferas conexas de la comprensión de nuestra interioridad, pero pide la actividad participativa y extrovertida, directamente involucrada en el caso de textos en red y por lo táctil en el sentido de McLuhan” (Sandbothe, 2005: 142). Y la dinámica de medios fríos/calientes en la Internet hace que el uso del medio caliente de la escritura se enfríe, con lo cual se hace posible la aldea global: “con las formas frías de usar la televisión sólo era posible, en el modo emocional de una participación reactiva, que se aplicara en la práctica activa y social, al mismo tiempo que se diversificara esta experiencia, fomentando el desarrollo de los segmentos diferenciados de la población de interés específico para compartir”. (Sandbothe, 2005: 143) Vale decir que con las redes sociales y la web 2.0 esta experiencia se acentúa aun más. Hay pues, combinación de medios fríos/calientes, pero también de comunicaciones sincrónicas y asincrónicas. Sandbothe advierte que “en contraste con las características estructurales de la comunicación asíncrona (email, noticias, blogs, etc.) en los servicios de comunicación sincrónica online (chat, redes sociales, etc.), la escritura fonética es usada dialógicamente a la manera del lenguaje hablado. El lenguaje hablado, el carácter de conversación que se emula con el uso de la escritura en la comunicación computarizada, se delimita de formas tradicionalmente establecidas del uso caliente de la impresión y parece ser más de un medio frío.” (Sandbothe, 2005: 145, cursivas añadidas). La pragmática de uso en Internet En seguimiento a la aplicación de la tensión entre teoreticismo y pragmatismo para la comprensión del entorno digital, Sandbothe sostiene que la pragmatización del Internet transmedia ocurre precisamente porque “la vinculación de tipo heterogéneo de los medios de comunicación unos con otros a través de la digitalización en sí ya contiene una dimensión específicamente pragmática,” (Sandbothe, 2005: 155) del tipo de las descritas por Dewey como constitutivas del conocimiento de sentido común: “las ideas de los objetos, formuladas en términos de la acción común de las relaciones de cambios que tienen el uno al otro, instituye una vía amplia por medio de la cual podemos viajar desde cualquier significado o relación que se encuentran en cualquier parte de la naturaleza con la expectativa de llegar a cualquier otro lugar”. (Dewey, 1988: 107, cp Sandbothe, 2005: 155) Esta vía amplía, Sandbothe la ubica como posible, con recurso a Kittler: “ en los sistemas digitales de datos, direcciones y comandos tienen su existencia material, se unen en números binarios, cada elemento puede ser transferido de forma inequívoca a cualquier otro. Esto significa que las tres funciones de procesamiento, transmisión y almacenamiento se pueden transferir de forma flexible el uno al otro” (Kittler, 1997 cp sandbothe, 2005: 156), lo cual resulta en la posibilidad de que habla y archivo, práctica y registro, sincronicidad y diacronicidad estén a disposición –en presente- de los usuarios/partícipes de las comunidades constituidas en el entorno digital. Conviene precisar cómo ocurre la pragmatización del acto de conocer en el entorno digital. Sandbothe ilustra el punto planteándola como la ruta que va del significado al acto lógico propuesto, que no sólo está formulado en términos logocentristas, sino como comando de un lenguaje formal que lo prescribe, una codificación de forma abreviada que produce una intersección la cual “percibimos en el plano cultural como duplicado de sí misma: como señal de que significa algo, y como una señal de que algo produce unos efectos”. (Sandbothe, 2005: 157) El significado pragmatizado surge como núcleo inferencial, pero el comando es un lenguaje al cual se traduce todo el corpus cultural. De allí que pueda señalarse que el acontecimiento ya no es simulado, sino traducido, traducible y reproducible, como en la cultura ilustrada, combinando soportes. Una vez considerada la relación entre enunciado del corpus cultural digital y su traducción a lenguaje –lógicocodificado, como marco, Sandbothe ubicará niveles de pragmatización en el Internet, tanto en la comunicación semiótica como en la constitución de sensorium. En el primero describirá una dinámica


recursiva compuesta por el doble proceso de escriptualización de la imagen y concurrentemente, la iconización del texto, apelando al movimiento deconstructivo vertical planteado a partir de la tesis derridiana en De la Gramatología, ya señalada en su oportunidad. Sobre el modo como se produce la escriptualización de la imagen, describe: Cuando leemos los signos escritos, no leemos cada letra, cada palabra o cada frase como algo en relación a algo extralingüístico sobre la base de una relación de semejanza. Más bien al leer nos permitimos ser referidos de una palabra a otra, de una frase a la siguiente, y así sucesivamente. Esta forma fluida de la lectura también se practica en la World Wide Web en el tratamiento de los signos de la red hipertextual como signos pictóricos. Leemos las imágenes como diferencia, que es un tipo de escritura, los signos que nos remiten no sólo semánticamente, sino también, y sobre todo, de forma pragmática (con el click del mouse) a otros signos y contextos reales y virtuales de la acción mediada por estos. Este modo de interacción específico de Internet puede ser descrito como un escriptualización de la imagen. Se pone de relieve cuando se examina el movimiento diacrónico de una página web a otra página web por los usuarios de Internet en su trabajo. (Sandbothe, 2005:164, paréntesis y cursivas añadidos) A la escriptualización de la imagen la acompaña una diferenciación complementaria: la pictorialización de la escritura, que Sandbothe describe y define en estos términos: Si se examina la forma en que el usuario de Internet de forma sincrónica percibe y evalúa de forma selectiva una página web individual, un movimiento contrario de entrelazamiento se hace más frecuente. Esto puede ser descrito como una pictorialización de la escritura. Las buenas conexiones de hipertexto funcionan como intersecciones para contrarrestar el flujo lineal del texto único de los signos, ofreciéndose como puntos nodales para ofrecer a los lectores la oportunidad de cooperar activamente en la formación de constelaciones de texto individual, es decir: la secuencia de bloques de construcción textual y vínculos directos con intertextos paratextos, metatextos e hipotextos. En la percepción de una imagen – a diferencia de la lectura de un libro— no estamos tentados desde el principio a seguir el modelo lineal secuencial de disposición de los signos. Por el contrario, percibimos los elementos pictóricos que comprende una imagen abierta sin los diferentes patrones de recepción establecidos por la Gestalt, por tanto, son diferentes formas de lectura y pragmáticamente, la construcción de la imagen como una unidad de sentido (Sandbothe, 2005: 164, cursivas añadidas). Se parte de la idea de la reconstrucción por la diferencia, pero también de que en el doble movimiento, de escriptualización de la imagen y de pictorialización del texto, la unidad significativa (por ejemplo, el cuadro de texto) no tiene como principal soporte “una realidad semiótica o no semiótica que se construye o representa. En su lugar, funciona como una herramienta de comunicación digital con el contexto semiótico de referencia, que bajo la figura representacionalista se le concibe como medio de expresión y representación, pero que antirepresentacionalísticamente sirve para coordinar acciones entre las personas”. (Sandbothe, 2005: 165) Y el doble movimiento, al ser apreciado desde la óptica deconstructiva, permite ver, en la perspectiva planteada, el modo en que se pragmatiza, a su vez, el sensorium en el entorno digital, también con un doble movimiento, el de la espacialización del tiempo y el de la temporalización del espacio. En este particular, Sandbothe recurre nuevamente a Derrida, para abrir un compás de interpretación que se aparte de los apriori kantianos de espacio y tiempo (recuérdese que la perspectiva pragmática renuncia a la idea de sujeto trascendental) y que se aproxime mejor a la idea de la escritura de la diferencia como generadora – en tanto que práctica, en el entorno digital— de la experiencia: “esta escritura de la diferencia,


este tejido de la traza, permite que esta diferencia entre el espacio y el tiempo que se articula, pueda aparecer como tal, en la unidad de una experiencia (Derrida, 1978: 65, cp Sandbothe, 2005: 169). Así expresa: En Internet, la pragmatización de nuestras comunicaciones semióticas nos lleva a dos movimientos de entrelazamiento estrechamente vinculados entre sí a nivel sensorial de la percepción con los medios de comunicación, que puede ser descritos como una espacialización del tiempo y una temporalización del espacio. Lo que esto significa en términos concretos, en relación con la experiencia concreta del espacio y del tiempo en el uso de Internet, es que ahora se hará, en primer lugar por los servicios de comunicación de texto lineal y a continuación por la red hipertextual (Sandbothe, 2005: 169) Conviene precisar los términos en que esta diferencia espacio-temporal ocurre “en la unidad de la experiencia”. Sandbothe recurre a la noción de presencia, pero interpretada a partir del concepto de apresentación (Apprasentation) acuñado por Edmund Husserl: “lo que estoy llamando presencia apresente es la forma característica de telepresencia en Internet, es decir, un modo de presencia virtual basado en la ausencia de la presencia real del cuerpo. La presencia apresente se distingue por el aplazamiento permanente de la presencia corporal, es decir, sólo se ha de ser co-presente en el modo de apresencia, pero nunca presente en el sentido de una presencia pura”. (Sandbothe, 2005: 170) La presencia apresente ocurre en los eventos de dialogicidad sincrónica en la web (chats, conversaciones en la redes sociales, etc.), con los cuales se constituye el doble movimiento, ya no como desplazamiento físico, sino virtual, de sentido y de manera constelada: Esta constelación de presencia constituida colectivamente está en la base de los movimientos entrelazados que ocurren entre espacio y tiempo en los mundos de las comunicaciones textuales. El primero de esos movimientos –la temporalización pragmática del espacio- viene a esclarecer el hecho de que los usuarios (de chats y redes sociales) tienen la oportunidad de inventar y programar la descripción narrativa del espacio virtual entre ellos, a lo largo del cual se mueven con otros participantes. Este espacio no aparece como una entidad dada previamente, en la cual uno sólo puede moverse pasivamente sin ningún tipo de influencia activa (…) A lo largo de ese espacio en el cual los actores en línea se mueven, las voces en las que las narrativas respectivas se disponen, son administradas por los propios participantes. La espacialidad virtual de los chats y las redes sociales corresponde a su temporalidad propia y específica. Esta espacialidad es un reflejo de un segundo movimiento entrelazado que tiene lugar en el espacio-tiempo de los servicios de comunicación interactiva: la espacialización pragmática del tiempo. El uso interactivo y recíproco de la escritura en chat y redes sociales –modelada por el lenguaje hablado- encabeza un movimiento dialógico escrito e integrado en el factor tiempo, que es característico de la interacción recíproca, usado en la constitución del espacio del mundo de la escritura (Sandbothe, 2005: 171, cursivas y paréntesis añadidos) Vale decir que en la perspectiva planteada por Sandbothe, la temporalización del espacio se construye, como texto, por vía de la pictorialización de la escritura. Pero en el caso de la espacialización del tiempo, serán las estrategias del lector quienes la producirán. “La ilusión de presencia es remplazada por una referencia pragmática que ocurre entre imágenes y otros signos a través de la cual el movimiento de constitución de significado puede ser entendido como movimiento espacial. En el nivel pragmático, el significado de un signo ha demostrado ser un efecto del movimiento espacial referencial entre una multitud de signos que están interconectados hipertextualmente uno con el otro” (Sandbothe, 2005: 173). El conjunto de estas operaciones articuladas por los usuarios permiten comprender como se construye pragmáticamente el sentido común en el entorno digital y cómo a partir de éste, se pueden ubican áreas de interés complejo para la investigación científica y para el ejercicio de la política, en la triple intersección entre medios de comunicación, entorno digital y las transformaciones de la democracia moderna en perspectiva de


la conformación de la convivencia humana: “estas conexiones implican a las prácticas complejas de las condiciones de la frontera tecnológica, los intereses económicos, las prácticas culturales del uso de los medios de comunicación y la evolución de la presencia pedagógica de los medios de comunicación en los sistemas educativos. Esta interacción se observa, ahora, con mayor detenimiento y se indica respecto de las formas posibles de su desarrollo político (Sandbothe, 2005: 177) Para desarrollar una interpretación, desde la economía, del sentido común digital, Sandbothe citará el concepto de Franck (1998) de economías de la atención, mediante el cual establecerá que los medios de comunicación de masas conforman una industria cuyo comercio es el de la atención que una persona muestra hacia otra o hacia algún asunto: “La atención es un valor agregado real, se encuentra en el fenómeno de la auto-presencia de la conciencia humana. El hecho de que estamos presentes, que estamos ahí, en todo para nosotros y para otros seres conscientes comprende la caja de resonancia para el intercambio de atención intencional que resulta secundariamente. Una cultura que pierde de vista de esta base fenoménica se aliena a sí misma y se desintegra en un mercado superficial de las vanidades. (Sandbothe, 2005: 182). Se trata de una interpretación que, si se realizara la homología entre información y capital (de modo similar a la realizada entre signo y mercancía por Baudrillard en la Crítica a la economía política del signo), revelaría que la tensión entre temporalización del espacio y espacialización del tiempo dependen del trabajo de mantenerse enfocado, consciente de la relevancia de estas prácticas de construcción de conocimiento, pues: “nuestra capacidad de atención y concentración se dispersa por la inundación de las unidades de información digital deconstruida que ya no pueden ser ordenadas por la sola determinación del juicio. Ello nos hace ser víctimas de un conjunto de datos digitales que en el peor de los casos nos paraliza, nos vuelve adictos y tiene un efecto perjudicial sobre nuestras formas cotidianas de percepción y competencia en el conocimiento (Sandbothe, 2005: 195)4 Consecuentemente, una pedagogía que se enfoque en formar para la construcción de sentido común en el entorno digital, en opinión de Sandbothe, deberá garantizar las condiciones de los procesos de enseñanza/aprendizaje, cara a cara en Internet, preservando los principios pragmatistas que el autor sostiene como suscriptor de esta postura. Así, expresa: La conexión entre significado semiótico y práctica activa debe ser disuelta. Al uso de la manera representacionalista, la televisión genera un mundo circular de símbolos que está cerrado en sí mismo y que continuamente se separa de las relaciones pragmáticas espacio-temporales (..) Tratar con el Internet puede, por el contrario, contribuir con la sedimentación de la actitud pragmática del sentido común que se dirige a la interacción interpersonal y la formación colectiva de la realidad. En este sentido se puede decir que la liberación real y el uso eficaz de los potenciales de la democratización multitudinaria albergadas por Internet en cuanto que nuevo medio de transmisión, depende esencialmente del grado conque la dimensión profundamente pragmática de la red puede seguir desarrollándose en el marco de todo el sistema digital y por el cruce de la prensa, radio, televisión y video. (Ibíd.: 206) Así pues, como conclusión parcial, puede decirse que el programa de la Mediología de Sandbothe, en tanto que filosofía pragmática de los medios reacciona al desafío de construir el sentido común digital mediante el examen de los cambios que resultan de la interacción entre los medios en la perspectiva de los movimientos espacio-temporales que realizan los sujetos que los emplean; y de este examen, obtener conclusiones pragmáticas, que sirvan al desarrollo de formas democráticas de la economía, de uso educativo y de uso los medios de comunicación de Internet. Son tres vertientes planteadas por Mike Sandbothe: áreas de comprensión de las prácticas sobre las cuales se constituye –pragmáticamente- el sujeto de la comunicación en el entorno digital.

4 Sobre la relación entre economía de atención, déficit atencional y trastornos que la informática introduce en el desarrollo psicológico, desde el constructivismo piagetiano, ver Maldonado (2007: 191-193)


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La construcción del sentido común en el entorno digital: la filosofía pragmática de los medios