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ENTREVISTA

“El Ligua” cuenta detalles inéditos de su prolongada carrera, que lo vio brillar en Lota, Cobreloa y la Selección. El todoterreno habla de su complicada niñez, sus años de gloria en Calama y la falta de reconocimiento de las nuevas generaciones.

“Soy leyenda” D

icen que una vez Calama vio jugar un zurdo que dominó cada uno de los puestos y fue figura en todos ellos, menos en el arco; dicen que hubo un jugador que nunca perdió un duelo personal con nadie; dicen que hubo un chileno que anuló a Maradona en su mejor momento y que al 10 argentino no le quedó otra que entregarle su camiseta, esa que no regalaba; dicen que corría como un niño, que metía más que nadie cuando se retiró del fútbol a los 41 años. Aunque la descripción suene a un espejismo del desierto más árido del mundo, es la historia de un hombre llamado Héctor "Ligua" Puebla. El máximo referente de Cobreloa vistió por 17 temporadas (1980 1996) la casaquilla naranja consiguiendo seis títulos nacionales, disputando dos finales de Copa Libertadores y una final de Copa América. Hoy, totalmente desvinculado del fútbol y dedicado a la producción de paltas, el ídolo loíno rememora su carrera sin perder la esperanza de volver algún día a su querida Calama…

Servicio militar “Me metí al servicio porque quería ser alguien, también porque que me aseguraba donde dormir y comer. Pero además, porque era en San Felipe e iba a tener la posibilidad de entrenar con el equipo. Me fui a probar, junto a un soldado de apellido Briones que jugaba de puntero izquierdo, y quedé, pero un teniente de la compañía no me autorizó para ir a los entrenamientos. Después casi toda la tropa fue trasladada a Iquique y ahí estuve dos años sin jugar”.

La fortaleza física “Mi aguante físico tiene explicación. A mí me gustaba pasear en los cerros, detrás de los conejos, era entretenido. Creo que mi temple se lo debo al sufrimiento que pasé porque cuando yo tenía 12 años ya trabajaba, sacaba papas, tenía que andar corriendo con los canastos. Después de eso, las pichangas en la tarde eran infaltables. Creo que sucedieron varias cosas a las que les saqué provecho y de alguna forma me sirvieron de entrenamiento para el futuro”.

Tardío debut “Empecé a los 16 o 17 años. En La Ligua jugaba en forma amateur y fui a Quillota y a La Calera a probarme y no tuve resultados. Después fui a San Felipe como voluntario y nos enviaron a Iquique. Recién salí del servicio el año '77 y tuve la última opción, gracias al "Hualo" Ahumada, de ir a Lota Schwager donde quedé y al mes siguiente ya estaba jugando como profesional”.

Su llegada a Cobreloa “Vicente Cantatore había sido mi entrenador en Lota y cuando llegó a Cobreloa pidió a Juan Páez y a mí. Eso fue el año 1980. Llegamos a una institución que era un lujo, que tenía todas las comodidades. Uno se despreocupaba de los pagos, de los sueldos, tú ibas tal día a cobrar y la plata estaba ahí. Realmente para mí era un sueño estar en Cobreloa y eso había que cuidarlo hasta el final. Pero al principio me costó, era otro estilo de juego y había dos equipos de primer nivel, estuve dos años prácticamente en la banca y después cuando tuve la oportunidad de ganarme la titularidad no la solté más. Bueno, así pasé de puntero izquierdo, mediocampista, pasé por todos los puestos”.

En la final contra Flamengo, pasamos el primer tiempo mirando el Maracaná. Al despertar ya nos tenían dos goles adentro

La niñez “No me gusta recordar mucho la infancia porque soy muy sensible. Una vez insinué algo en una entrevista, pero en ese tiempo era muy difícil hablar de mi mamá y mis hermanos. Por mí no había problema, pero sí por mi familia y por el apellido que llevo ahora. Pero yo soy hijo natural. Hasta los 15 años lo fui. Me acuerdo que estuve en la Escuela Nº 1 y el profesor no permitía hijos naturales. Ahí hicimos las gestiones para que me reconociera mi padrastro. El es quien me dio el apellido Puebla, pues el apellido de mi padre es Martínez. Estoy orgulloso de mi apellido porque se lo debo a la persona que me crió”. 16· FUTBOL

El paso por Lota

“Estar ahí es imborrable. Es una zona de bastante sacrificio, donde conocí mucha gente. Tuve la gran suerte de conocer a la familia Azócar que me acogió como un hijo más en su casa. Recuerdo unos niños que pedían en la calle, a veces comíamos pan juntos en la plaza. Años después luego de haber ido a Cobreloa, se me acercan dos tipos muy bien vestidos que trabajaban en un banco y resultó que eran los mismos chicos que conocí en la plaza. Se habían recibido y me fueron a dar las gracias. Bueno, en general fueron años de mucho sacrificio, entrenar con lluvia, sin los implementos indicados, ducharse con el agua de la lluvia bajo una canaleta”.

Las finales de Copa “Creo que las finales de la Libertadores fueron muy juntas y prematuras. Si Cobreloa hubiera tenido más tiempo, más años como Colo Colo la historia hubiera sido distinta. Cobreloa con los pocos años que tenía consiguió cosas extraordinarias, no hay club que tenga a tan temprana edad los logros de Cobreloa”. El partido con Flamengo “Jajaja… Perdimos todo el primer tiempo en mirar el estadio. Era la rimera vez que estábamos en un estadio histórico donde Uruguay le ganó a Brasil el mundial del 50. Nos quedamos mirando unos a otros y cuando despertamos el segundo tiempo ya


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“Soy leyenda” nos tenían dos. Pero anduvimos bien, Flamengo era casi la selección de Brasil”.

El tifus ”Viví todo el proceso para el Mundial de España 1982. Pero me enfermé antes. No sé qué me pasó, todavía creo que fue una lechuga mal lavada, algo así, porque después estuve meses sin comerla. Y así quedé afuera. Después don Lucho (Santibáñez) me dijo que sin tifus hubiese ido a España… ¡mentira! Tampoco me hubiera llamado, jajaja”… Bolsito prestado “Cuando llegué al fútbol lo hice con lo puesto y con un bolsito prestado. No tenía nada más. Cuando dejé el fútbol tenía una casa, que fue lo primero que compré, luego adquirí una parcela chica dando un auto en parte de pago. Después me compré otra parcela de seis hectáreas, un local en el centro de La Ligua, un departamento en la playa y todo gracias al fútbol. ¡Cómo no voy a estar agradecido de Cobreloa!” Prensa y viajes “Para mi eso fue complicado, estar en una Selección y viajar por el mundo, yo no sabía hablar inglés, no sabía pedir una Coca Cola. Siempre le hice el quite a las entrevistas. Con la prensa, me costó muchísimo por no haber tenido más estudios y no saber expresarme mejor. Yo contestaba lo que a mí me parecía y estaba bien pero para el resto estaba mal y tuve que asumir eso”.

Héctor Puebla jugó 18 años con la camiseta de Cobreloa, obtuvo seis títulos nacionales, jugó dos finales de Copa Libertadores y fue titular indiscutido en la “Roja”.¿Se le puede pedir algo más?

¿Un solo pulmón? “No me acuerdo mucho de eso: dicen que un periodista me preguntó cuántos pulmones tenía y yo le habría dicho que ‘uno como todo el mundo’. Siempre me molestan con eso y sale en la televisión y por ese lado es bueno porque por lo menos se acuerdan de mí, jajaja. Pero no sé: me hacen dudar, porque como explicaba llegué hasta sexto básico y la verdad no aprendí mucho en la escuela.. En ese tiempo sexto básico era ir a puro educación física, que era lo que me gustaba más, pero nada más. No aprendí mucho”.

La marca a Maradona “Fueron dos partidos. Un amistoso en Buenos Aires que perdimos y otro en la Copa América de Brasil. Las dos veces Orlando Aravena me dijo "tú vas a marcar a Maradona". La primera vez, olvídate, estaba nervioso… pero mentalmente Maradona era más lento que yo. Traté siempre de anticipar la jugada, sabía el pase donde iba y estaba ahí primero que él, entonces creo que era más rápido de mente. El problema era cuando le llegaba la pelota a los píes, ahí perdías”.

Profesionalismo “Nadie es ciento por ciento profesional. Yo era normal como cualquier persona, si quería tomarme una cerveza lo hacía y tenía una vida muy normal. Como todos, tenía mis arrancadas. Después de los asados nos íbamos a tomar un trago a algún lado. Pero sí cuando se me pasaba un poco la mano me proponía trabajar el doble, por gil, jajaja. En primer lugar, para que no se notara y después porque sabía que no correspondía, entonces trabajaba el doble. Nunca me hice el enfermo o inventé lesiones, para nada, todo lo contrario, trabajaba más cuando me portaba mal. Por eso duré hasta los 41 años”.

“No me gustan los argentinos porque tratan de imponer lo de ellos, se hacen notar y tratan de apocar. Tipos como Marcelo Espina o Marcelo Barticciotto, independiente que fuera de la cancha sean grandes personas, adentro eran otra cosa. Bueno, igual que yo no más. Entonces no me gustaba que levantaran la mano, porque el árbitro cobraba y eso me empezaba a llenar un poco. Tuve el mismo sentimiento hacia todos los argentinos, salvo con Marcelo Trobianni,, un ejemplo dentro y fuera de la cancha”.

18· FUTBOL

No a los argentinos

Reconocimiento “A veces cuando salgo de La Ligua y voy a Viña o Santiago me conformo con que la gente que me saluda y me encanta devolverles el saludo, pues me digo "mira, todavía se acuerdan de mí". Eso me alegra mucho. Pero si voy al estadio y me van a cobrar una entrada, ya dejaste de ser un ídolo querido por todos. Fui como dos veces al estadio de Colo Colo y tuve que comprar las entradas como todos, entonces ahí te bajan al tiro. Es diferente cuando dicen "oye viene Puebla… que pase". En Calama es otra cosa, allá yo siento eso. Pero no sacas nada con creerte el cuento "yo fui uno de los grandes del fútbol chileno" pero si vas al estadio y te cobran la entrada, te bajan rápidito… jajaja. No he ido a ver a la Selección porque sale muy cara la entrada…Cuando uno es figura se te abren las puertas solas, pero en eso falta el reconocimiento”.

Mentalmente, Maradona era más lento que yo. Siempre traté de anticiparlo en las jugadas y lo logré.

por Juan Oyaneder


Soy leyenda - Hector "Ligua" Puebla