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RES EÑA #24

por Judith Piermaria y Josefina López Muro

entraralmar dani lorenzo en Residencia Corazón


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ralmar

de dani lorenzo con texto de Guillermina Mongan en Residencia Coraz贸n daig. 77 e/ 3 y 48, La Plata 7 de diciembre, 2013


“No pensé en performance ni en ningún evento/show/espectáculo/nada… no tuve tiempo, fue tel/face/bici/rasti, todo casi en simultáneo. Entonces ¿cómo jugar si estamos casi siempre apurados? ¿cómo derribar la excentricidad de ese cuerpo de rastis que se construyó desparramado en el piso?”


por Judith Piermaria Doctora de la Facultad de Ciencias Exactas, Bioquímica y Josefina López Muro Artista, Gestora cultural y Docente

RES EÑA Cloruro de sodio y azul en ese sábado. por Judith Piermaria Una parva de ángulos rectos y una montaña salada de granitos blancos. La primera sensación fue la de un examen silencioso. Varias personas sentadas en el suelo observaban y manipulaban los prismas azules. Unos con anteojos, otros descalzos. Algunos de colores otros vestidos de negro, sentados o estirados en el suelo. Tensos tal vez, en silencio, con una dedicación sobredimensionada. El quehacer parecía importante y en medio de esa rigidez, mi propia intransigencia me impedía descubrir si alguien jugaba.


A pesar de ser dos materiales conocidos, la cantidad era como una piñata a punto de explotar. Sin embargo, todos parecían contenerse y moderadamente se adueñaban de poco. El aire era tenso y hablar en voz alta era hacer ruido. Me puse a pensar que esos rastis, todos azules, todos iguales, con sus seis orificios en una cara, tenían en su interior moléculas flexibles, eran desordenados, continuos. En contraste, los granitos de sal que se desparramaban en formas aleatorias eran, en lo más íntimo, estrictos, equidistantes, perfectamente cúbicos. Unas figuras crecían lentamente, indescifrables. Los personajes ensimismados relojeaban el tablero y su propia creación una y otra vez. La sensación de extrañeza no aflojaba y la racionalidad ganaba. La conexión con el líquido frío tardaba y entrar a ese mar anguloso seguía siendo solitario. La necesidad de ocupar cada minuto, de encastrar abrumadoramente actividades me provocaban la incomodidad de este espacio. Cómo jugar si estamos casi siempre apurados, cómo dejar libre esta tarde de sábado, cómo derribar la excentricidad de ese cuerpo desparramado en el piso. Cómo hacer una curva con esas caras rectas, cómo encastrar los seis orificios, cómo dejar huecos con menos rigidez. Fracturando el silencio, el sonido del encastre fue como una costura de la tarde. Rítmicamente dejó entrever algunas texturas. La parva azul se fue desdibujando y empezó a caer tímidamente una lluvia blanca sobre los límites del juego. Un mate pasó de una mano a otra y las palabras fluyeron. Los prismas empezaron a superponerse y algunas protuberancias vencieron las olas. Impactante y frío el mar terminó dando continuidad. La sal ya estaba en el agua y la tarde dejaba pensar. Por qué no jugar, por qué no armar y desarmar. Entretejer las estructuras y buscar espacios para entrar al mar.


Sテュmbolos de Lexis

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テ》omos por separado no cumplen la regla del octeto

Estrucutra de Lexis

+

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Cl

-

Catiテウn y aniテウn si cumplen la regla del octeto Nota: el sodio queda sin electrones de valencia, pero en el siguiente nivel queda con 8, cumpliendo la regla del octeto

Iones que en conjunto forman un cristal


Dejar mi jardín para que crezca después verde. por Josefina López Muro Hoy me despertó la conexión de dos ideas. El jueves caminaba por calle 9 y de fondo escuchaba que el Circo Rodas, “a pedido del público”, hacía nuevas funciones. Al final de la publicidad decían algo así como “el circo necesita gente para desmontar, interesados presentarse con anticipación”. Mi cabeza como siempre voló hacia donde quiso, pensé en la relación con el circo y mil cosas más. Pensé también en hacer esa actividad para las muestras actuales de arte. Pensé que seguramente tenía varios pro y algún contra… o no, no sé, no lo pensé más… El sábado estaba en casa, haciendo lugar en mi patio, donde siempre quiero pasto y logro baldosas, pero siempre se puede acomodar más o menos verdoso. Venía de dejar unos troncos en el sótano, me llamó Mica. Hablamos de que estaba en el verde y me dijo que venía para La Plata, porque dani necesitaba ayuda en el montaje. Pensé en dejar mi jardín para que crezca después verde. Entré a face, vi que tenía también un mensaje de ayuda y de que ya era la hora de la cita. Sin pensarlo me subí a la bici y crucé el calor hacia el mar. No pensé en performance ni en ningún evento/show/espectáculo/nada… no tuve tiempo, fue tel/face/bici/rasti, todo casi en simultáneo. Después sí, en el momento del encastre uno puede pensar y mil cosas. Y ahí sí entré en el mar. Diferente como siempre, cada mar es en sí cada vez único, cada vacación, cada compañía, clima, oleaje; acá había de todo eso y de otras cosas que todavía no me tocaron vivir. Habíamos entrado al mar en La Grieta, ahora en otro punto de la ciudad, cada uno con su traje de baño. Hoy pensé en la relación entre el circo y el mar, entre dani Rodas y la sal, la espuma, el viento… También soñé que de un lado de la cama había una pila de rastis y del otro sal. Eran Lu y Oli, pero todavía no conecté esta idea con alguna otra.


Judith Permaria, Josefina L贸pez Muro y


“Cuando el impulso de jugar repentinamente invade a un adulto, esto no significa recaída en la infancia. Por supuesto jugar siempre supone una liberación. Al jugar los niños, rodeados de un mundo de gigantes, crean uno pequeño que es el adecuado para ellos; en cambio el adulto, rodeado por la amenaza de lo real, le quita horror al mundo haciendo de él una copia reducida.” Walter Benjamin, Juguetes antiguos, Obras, IV, I, p. 470.


Reseña de "entraralamar" por Judith Piermaria y Josefina López Muro