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El Hombre que se Enamoró de una Piedra

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n hombre caminaba hacia su universidad cuando de repente en el camino vio una piedra que le parecía hermosa.

– Eres muy preciosa, te llevaré conmigo –dijo. Y después de pronunciar estas palabras, el joven tomó la piedra entre sus manos, le limpió el polvo, y con mucha ternura la puso en uno de los bolsillos de su saco. ***** Cuando el muchacho regresaba de la universidad, un asaltante se le apareció en frente. “¡Dame todo lo que tienes!”, le dijo el malhechor con una navaja en mano. El joven le dio su billetera y celular. Pero cuando el ladrón ya se estaba yendo, riéndose y cantando su victoria, el muchacho sacó la piedra que había guardado en su bolsillo y se la lanzó con todas sus fuerzas. El maleante cayó al suelo, inconsciente. La pequeña roca había impactado en su cabeza. Nuestro protagonista se acercó corriendo, recuperó sus cosas y se fue. Cuando llegó a casa, se sintió aliviado de no haber resultado herido. Sacó la piedra de su bolsillo, la puso con delicadeza en su mesa, y se fue a dormir. Cuando apagó la luz se dio cuenta de que la piedra brillaba en la oscuridad. “Qué bonita piedra y qué bueno que no me asaltaron”, pensó.  13 


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***** El hombre se alistaba para empezar otro día, cuando fue interrumpido por el dueño del hotel que entró a su habitación. “¡Usted debe pagarme, ya se venció más de un mes!”, dijo el viejo. El joven le respondió que tendría el dinero pronto; pero el dueño no le creyó y le dijo que si no le pagaba mejor que se vaya del cuarto. Fue en ese momento de discusión que el anciano vio a la piedra preciosa yaciendo sobre la mesa del inquilino. “Qué hermosa roca, ¿es suya?”. “Sí”, contestó el muchacho. “Bueno, no sé… quizá usted pueda dármela y lo tomaré como un pago”, replicó el viejo. El joven se negó, no quería dar su piedra a nadie. Pero luego de meditarlo unos segundos se le vino una idea: “Yo se la daré, pero con una condición, que usted me la devuelve a penas yo le cancele la renta”. “¡Hecho!”, exclamó el senil. Al cabo de unas semanas el hombre ya tenía el dinero, fue donde el anciano y le remuneró. Pero al senil se le veía triste, no quería devolver la piedra: “La voy a extrañar mucho, es una roca tan hermosa”, dijo el viejo y unas lágrimas salieron de sus ojos. El joven se fue a la universidad con el objeto recuperado en su bolsillo. Y le dio gracia lo sucedido. ***** Cuando estaba en la biblioteca, para mala suerte, se fue la corriente. Y todos, incluyendo nuestro protagonista, se quedaron sin luz para estudiar. Muchos se empezaron a parar resignados para irse a casa. Sin embargo, en ese momento el muchacho recordó que su piedra brillaba en la oscuridad, así que la sacó y la puso en la mesa, cerca de sus libros. En efecto, la piedra brillaba, no era una luz tan potente, pero sí la suficiente para poder leer. El joven se quedó en la biblioteca de su universidad leyendo toda la noche. Al cabo de unas horas, se quedó dormido sobre sus libros. Y todo

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estaba silencioso. Fue allí que algo extraordinario sucedió. La piedra, la pequeña roca, empezó a caminar, y se acercó a su amo, para luego hablarle al oído. – Yo era una simple piedra como todas que estaba en el suelo, abandonada, pero tú me tomaste en tus manos y me llevaste contigo. Me trataste con mucha ternura, con mucho cuidado, y con mucho amor. Y es por eso que ahora, cada vez que algún delincuente quiera asaltarte, yo te defenderé; cada vez que tengas alguna dificultad económica, yo te apoyaré; y cada vez que estés en la oscuridad… yo con mi luz te iluminaré”. Y después de decir esto, la piedra se acurrucó junto a su amo. Y los dos se quedaron durmiendo juntos.

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El artista insensible // Leonardo Mauricio Chihuán Trevejo  

El artista insensible // Leonardo Mauricio Chihuán Trevejo  

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