Issuu on Google+


Elena Pesce. (1925- 2011) Poeta, narradora, dramaturga: fue una de las mejores voces de la literatura infantil uruguaya. Sin embargo, a pesar de obtener importantes premios en Uruguay, su obra fue mucho más reconocida en el exterior. Con “La cola de los ingleses” obtuvo el Primer Premio Norma-Fundalectura de Colombia en 1998, y resultó finalista en prestigiosos concursos como el Premio Lazarillo de España o el Julio C. Coba de Ecuador. Su primera obra, publicada en 1958, fue Cric-Zum-Luri, y ya en 1960 su novela “El cachorrito emplumado” logró el Primer Premio del Consejo Departamental de Montevideo. Su poemario para niños “Instantáneas con voces y risas” fue editado en el 2000 por Ediciones de la Banda Oriental.

¡A volar!

Los libros de

Dirección de la colección: Malí Guzmán Revisión gráfica: Silvia Shablico Sabrina Pérez, 1983. Nací y vivo en Montevideo desde siempre. Puedo contarles un montón de cosas sobre mí, pero como no los quiero distraer de la historia del Cangurafo solo les cuento que una de las cosas que más disfruto es dibujar en mi casa acompañada de mi gata, mi perra y mi música. Cuando nací era bizca como mi mamá y como el Cangurafo. No tenía que usar una bolita de algodón arriba de la nariz para torcer la mirada, me salía natural. Pero a diferencia de Pluma Amarilla, me ponía parches en los ojos para volverlos al lugar, porque en ese entonces no había Halcones Chiquitos a los que les gustara mi ojo torcido.

Impresión: Mastergraf D.L. XXX.XXX © EDICIONES DE LA BANDA ORIENTAL S.R.L. Gaboto 1582 – Tel.: 2 408 3206 – Fax: 2 409 8138 11.200 – Montevideo, Uruguay. www.bandaoriental.com.uy ISBN 978-9974-1-0866-0 Queda hecho el depósito que ordena la ley Impreso en Uruguay – 2014


l huevo de cangurafo bizco

4


uando Halcón Chiquito comenzó a aprender junto a su padre cómo cazar búfalos

Halcón Chiquito apretó bien fuerte los ojos para ver mejor.

por los llanos, comprendió que había llegado

—Tengo otra visión.

el momento de tener su propio Espíritu

—¿Cómo... es?

Protector.

Tortuga Vieja hablaba despacio para dejar

—Todos tienen uno. Hasta los guerreros más bravos de la nación Dakota. Salir de cacería no era tarea sencilla. Aun cuando su padre solía hacer que Halcón Chiquito se cubriera con una piel de búfalo para que éstos, engañados, no lo atacaran. No, no era tarea fácil. Halcón Chiquito

sitio a las humaradas de ideas gastadas que salían por su boca. —Tiene cáscara como un huevo. Tiene forma de un huevo. Es un huevo! —Y... dentro del huevo, ¿qué ve Halcón Chiquito? —Tiene una cola larga llena de escamas

pensaba que ya estaba en edad de tener

como de salmón. Y un hocico largo como de

su Espíritu Protector. Quería saber qué

oso. Dientes así. Y ojos... ojos... ojos...

apariencia tendría, ¿Sería un pájaro? ¿Un coyote? ¿Una liebre? ¿Tal vez un guerrero?

—Bueno... diga de una vez Halcón Chiquito cómo son los ojos.

Halcón Chiquito quería saber la forma que

—¡Es bizco!

tendría su Espíritu Protector. Y consultó a

—¡Es Verdadero! ¡Es tu Espíritu Protector!

Tortuga Vieja. El hechicero-médico sabía muchas cosas.

Ha tomado la forma de un cangurafo bizco. Señal de belleza suprema.

Tantas que no le cabían dentro de su cabeza

—¡Un cangurafo! —repitió Halcón Chiquito

y continuamente tenía que exhalar algunas,

muy admirado, tratando de familiarizarse con

sacándolas por la boca hechas humo de

el nombre.

tabaco.

Halcón Chiquito se alejó muy contento

Tortuga Vieja preguntó.

dejando al hechicero-médico entre

—¿Y cómo es la visión que Halcón Chiquito

exhalaciones de ideas hechas humo de tabaco.

tiene de su Espíritu Protector? Halcón Chiquito cerró los ojos para leer mejor en su interior y dijo: —Tiene ojos... y boca... y orejas... como las de Tortuga Vieja.

Por fin sabía cómo reconocer a su Espíritu Protector. Sólo tenía que esperar a encontrar un huevo de cangurafo bizco. Y cuidarlo. Tortuga Vieja nunca se equivocaba. Todo lo sabía.

—Es un Espíritu falso. Intenta otra vez.

5


Sabía lo que había sucedido en el “Se Supone” y lo que había sucedido en el “Hace Tiempo”. Y hasta lo que va a suceder en el “Quizá Después”. Tortuga Vieja contaba que el Nuevo Mundo era antes una tierra sin gentes. No había trampas, ni redes, ni arpones, ni astucia, ni miedo, ni canciones. Tampoco plegarias que llegaran a los oídos largos de los espíritus divinos. —Eran los misteriosos días del “Se Supone”. El mamut de pelos largos pastaba libremente por las praderas. Y el mastodonte. Y el caballo salvaje. Había también manadas de búfalos y rebaños de ciervos.

6


Pero cangurafos bizcos, no había. El Mundo Nuevo estaba unido al Mundo Antiguo por un puente de hielo en el “Se Supone”. Por eso, cuando un grupo de familias del Mundo Antiguo dijo: “Vamos a cruzar el puente de hielo”, a otras familias les pareció buena idea y dijeron: “Nosotros también.” Y buscaron alimentos de este lado del puente de hielo. Pero no vieron al mamut de pelos largos y colmillos curvos. Ni al caballo salvaje. Ni al mastodonte. Ya habían partido a la región del “Para Siempre”, hundida en el hielo. No los vieron. Cangurafos bizcos tampoco vieron. Y mientras las familias del Mundo Antiguo se familiarizaban con las regiones nuevas, el sol fue derritiendo el puente de hielo. Donde había habido un pasaje quedó una extensión grande de agua que separó al Mundo Antiguo del Mundo Nuevo. Las familias miraron asombradas la olla de agua que las separaba de sus tierras natales. Se contemplaron unos a los otros y hablaron. Al salir de sus bocas el asombro se solidificó y el “Aquí me quedo” quedó suspendido en el espacio hasta que el aliento de los dioses lo fue demoliendo poco a poco. Con ladrillos de hielo fabricaron casitas blancas irisadas de amaneceres. Y cazaron ballenas y se alimentaron con su carne. Se abrigaron con su piel. Con los huesos fabricaron utensilios. Pero otras familias dijeron: “Vamos a buscar tierras más cálidas.” “Nuestros dientes están siempre chocándose y el troqui troqui troqui no nos deja dormir.” “Además tenemos siempre un montoncito de nieve en el lomo de nuestras narices que no nos deja ver bien.” “Busquemos regiones donde los soles sean más largos.”

7


Y partieron. Marcharon hacia el sur, dejando atrás los muchos fríos. Algunos se quedaron en las márgenes del Misi Sipi o de sus tributarios. Otros en las laderas de las montañas.

Unos hicieron casitas con cueros, otros con ramas y cortezas de árbol. Algunas familias caminaron más todavía. Y llegaron a la tierra del quetzal. Se adornaron con sus plumas. Construyeron casas de piedra, caminos, acueductos, templos... Pero en su travesía no vieron nunca al cangurafo bizco. Ni los que hicieron casitas de cuero, ni los que hicieron casitas de ramas, ni los que se adornaban con plumas de quetzal. Ni los que siguieron todavía más abajo y edificaron el Tahuantinsuyo, poblando las cuatro esquinas del mundo. Nadie encontró nunca un cangurafo bizco.

8


Por eso se asombró la madre cuando Halcón Chiquito llegó un día corriendo y sacudió los lados de cuero de la casita pintada, gritando: —¡Encontré un huevo de cangurafo bizco! ¡Encontré un huevo de cangurafo bizco! La madre estaba calentando agua con sus piedras de cocinar. Había que lavar una pequeña herida que el padre se había hecho persiguiendo un búfalo, por eso calentaba agua, echando dentro de la olla de cuero, las piedras bien calientes.

Cuando una piedra se enfriaba, la madre sacaba otra del brasero y la sustituía dentro del agua. La madre estaba distraída calentando agua cuando Halcón Chiquito llegó al típí. Cuando sacudió las paredes de cuero pintado de la casita de colores.

9


—¡Madre! ¡Madre! ¡Encontré un huevo de cangurafo bizco! —¿Un qué?... —Dijo la madre sosteniendo con los hilos de fibra vegetal una piedra bien caliente. —Un huevo de cangurafo bizco, madre. Es mi Espíritu Protector. —¡Auch! —Exclamó la madre. Es que la

sabe Halcón Chiquito que... que eso que ha encontrado es un huevo de... de... de eso? La madre decía ‘’de... de... de eso”, porque no estaba familiarizada con la especie de los cangurafos bizcos y le costaba aprender la palabra. —Tortuga Vieja me lo explicó, madre. Me dijo

piedra caliente había resbalado del hilo vegetal

que del huevo va a nacer un cangurafo bizco,

y al caer de golpe en el agua muchas gotitas

que es mi Espíritu Protector.

calientes la habían salpicado. —¡Auch! —

—Tortuga Vieja sabe muchas cosas —dijo la

Repitió. Pero no es que la hubiera asombrado

madre—. Y ayudó a su hijito a poner las plumas

que su hijito hubiera encontrado un huevo de...

de pava en una bolsa de cuero.

de... de... Bueno, un huevo. —Los espíritus toman a veces extrañas apariencias. Pero igual quiso oír de nuevo la palabra y preguntó otra vez. —¿Qué ha encontrado Halcón Chiquito? —Un huevo de cangurafo bizco, madre. Es mi Espíritu Protector. —¡Ah! La madre dijo “¡ah!” mientras repasaba mentalmente los antepasados totémicos de la nación Dakota. Y los antepasados totémicos de otras naciones. El coyote, la liebre, el águila, el búfalo... —¿Puedo llevarme estas plumas, madre? ¿Para hacerle un nidito? —¿Tantas?... —Pero, madre, es muy grande... Tengo que abrigarlo bien...

10

—¿Sí? —Dijo la madre. Pero... ¿cómo

‘’Los espíritus pueden tomar formas extrañas”, pensó. Y dejó que su hijito partiera con la bolsa de plumas de pava sobre el hombro. Sus ojos siguieron los mocasines inquietos hasta que se perdieron entre los pastos.


—¿Adonde va Halcón Chiquito? —le

Se había untado el pelo con grasa de águila

gritó de lejos Pluma Amarilla y corrió

para que pareciera lustroso y negro como

entre la maleza tratando de alcanzarlo.

el ala del cuervo. Pero Halcón Chiquito no lo

—Las niñas no interrogan a los cazadores —contestó Halcón Chiquito

había notado. Había colgado entre sus ojos, sobre la nariz,

sin detenerse. Se quedan en los típís,

una bolita que estaba atada al pelo por una

moliendo granos de maíz y sobando

tira de algodón. Halcón Chiquito decía que

cueros de búfalos. No molestan a los

una niña verdaderamente bonita, era bizca. Y

cazadores.

ella trataba de estar siempre con los ojos fijos

—Halcón Chiquito no es ningún cazador, es sólo un conejo con plumas de pava, —dijo ella y no corrió más. Pluma Amarilla se detuvo porque

en la bolita que llevaba sobre la nariz, con la esperanza de llegar a ser bizca. Pero Halcón Chiquito ni siquiera la había mirado. No se había detenido para ver que

los mocasines de Halcón Chiquito eran

las miradas de sus ojos se cruzaban sobre su

más rápidos que los de ella. Estaba

nariz.

disgustada.

Halcón Chiquito estaba preocupado por otras cosas. Preparaba el nido para el huevo de cangurafo. Cuidaba la cáscara de su Espíritu Protector. Amorosamente la cuidaba, la defendía.

11


Un día, en el momento que la aurora rosada empezaba a escalar el primer cielo, la aldea entera fue despertada por un lejano “crachi, crachi, crachi”. Como de cangurafo que rompe su cáscara. Pusieron los oídos alertas los guerreros de la nación Dakota. ¿El Pájaro Trueno estaba enojado? ¿La Madre Tierra tenía algún agravio? Pero pronto todo quedó sereno. “¡Ah! —dijeron los guerreros Dakotas tranquilizándose— era la tos de Tortuga Vieja.” Y durmieron un ratito más. Pero Halcón Chiquito no siguió durmiendo. Y Pluma Amarilla tampoco. Halcón Chiquito corrió y corrió hasta la cañada de los castores donde había preparado el nido para el cangurafo. Y detrás de él corrió Pluma Amarilla que esta vez llevaba mocasines nuevos y no se detuvo cansada. Y llegaron casi juntos a tiempo de ver como el cangurafo daba sus primeros pasos en el mundo. Y era un alegre cachorro de cangurafo, con patitas enclenques y escamas lustrosas. Que gorjeaba sonoramente. ¡”Chas”! hizo con la larga cola para sacudirse los restos de cáscara de huevo que tenía sobre el lomo.

Y en la aldea, los guerreros de oído alerta y ceños fruncidos otra vez se despertaron. Y los árboles perdieron muchas hojas. Y los pájaros perdieron muchas plumas cuando el cachorro de cangurafo bizco hizo “Chas” con la cola. Pero pronto todo quedó callado. ¡”Ah! —dijeron los guerreros serenándose— fue un estornudo de Tortuga Vieja.”

12


Y los ojitos rosados del cangurafo bizco miraron a Halcón Chiquito. Se le acercó alegremente y hundió el hocico azul •en su pelo. Y se abrazaron reconociéndose. —¡Qué bonito cachorro! —dijo Pluma Amarilla, levantando bien la cabeza para que Halcón Chiquito viera que estaba completamente bizca. —No parece como los demás búfalos. —Pluma Amarilla no conoce nada. Debería quedarse con las demás mujeres cosiendo mocasines o reparando su típí. —¡Oh! Halcón Chiquito siempre habla con lengua de serpiente. —Go go go —gorjeaba alegremente el cangurafo bizco. —Pluma Amarilla le llama búfalo a mi Espíritu Protector. Pluma Amarilla está mirando que es un Cangurafo bizco. —¡Ah! —dijo Pluma Amarilla, olvidándose de mirar la bolita sobre su nariz y sin cruzar la mirada de sus ojos. —Tu Espíritu Protector! Estaba en verdad maravillada. —Sí. —dijo Halcón Chiquito muy orgulloso. —¿Dejaría Halconcito que su Cangurafo bizco fuera también el Espíritu Protector de Pluma Amarilla? —No. Las mujeres no necesitan Espíritu Protector. Las mujeres no salen a cazar búfalos ni a guerrear contra los enemigos. No trabajan. —Sí. —No. Sólo arrancan raíces, pequeñas frutas, machacan granos, curten los cueros, hacen los mocasines, cosen los tipís... —...cuidan a sus bebes, cargan la madera, preparan los fuegos... —Sólo pequeñas cosas. No necesitan Espíritu Protector. —Go go go, seguía gorjeando el cangurafo bizco y recorría los alrededores de su nido tratando de sostenerse con sus patitas nuevas. —¿Puede al menos Pluma Amarilla ser el Espíritu Protector de su cangurafo? Halcón Chiquito meditó y le pareció bien. —Pluma Amarilla no es un espíritu, pero Halcón Chiquito va a suponer que Pluma Amarilla es el Espíritu Protector de su Espíritu Protector. —Halcón Chiquito habla con palabras buenas. Pluma Amarilla está contenta.

13


—Pluma Amarilla juntará hojas tiernas para el Espíritu Protector de Halcón Chiquito, cambiará las plumas de su nido, lustrará sus pequeñas escamas... —Sí! Sí! Pluma Amarilla estaba encantada de ser el Espíritu Protector del Espíritu Protector de Halcón Chiquito. Cuando el cachorro de cangurafo se cansó de corretear y entró en su nido de plumas, Pluma Amarilla se puso un dedo sobre la boca y dijo “shss”. Y caminó despacito tratando de no hacer crujir las hojas. Y Halcón Chiquito se deslizó sin hacer ruido cuando vio que el cangurafo bizco cerraba sus ojitos rosados y hundía en las plumas su hociquito azul. Y los dos se alejaron de la cañada de los castores donde estaba el nido del cangurafo bizco. Regresaron a sus casitas de cuero, pintadas de colores.

14


Halcón Chiquito contó a su madre que su Espíritu Protector ya había roto su cascarón. Que tenía la apariencia de un cachorro de cangurafo bizco. Que sus ojitos eran rosados y su hociquito azul. Y Pluma Amarilla contó a la suya que Halcón Chiquito le había permitido ser el Espíritu Protector de su Espíritu Protector. Y en las casitas de cuero las madres sonreían y pensaban. De vez en cuando llegaba hasta los oídos de los cazadores guerreros un “go go go” que ellos confundían unas veces con los bostezos de Tortuga Vieja. Y otras, con la respiración de los dioses. No sabían que el cangurafo bizco dormía en su nido. No conocían al Espíritu Protector de Halcón Chiquito.

15


l cachorro de cangurafo bizco

ra tarea difícil ser Espíritu Protector del Espíritu Protector de Halcón Chiquito.

Pluma Amarilla gastaba sus pequeños mocasines recorriendo las praderas en busca de plantas apetitosas, raíces y frutas, para alimentar al cangurafo bizco, de ojitos rosados y hocico azul. La voz ya la tenía débil y finita de tanto pedirles permiso a las plantas para cortarlas, y perdón a la Madre Tierra por hundirle en el vientre su pequeño cuchillo de piedra, en busca de raíces tiernas. El cachorro de cangurafo crecía y crecía en su nido nuevo en la cañada de los castores. Crecía y crecía, alegre y retozón. Pluma Amarilla había intentado enseñarle a hablar, pero sólo unas pocas palabras las pronunciaba bien, porque las practicaba asiduamente. “El espíritu del hambre está en mi cuerpo.” Nunca se equivocaba al enunciarlas.

16


Y dijeron los hechiceros médicos: “Un ser horrible Halcón Chiquito había intentado enseñarle a lanzar el hacha o a arrojar las flechas, pero el cangurafo bizco era manso y prefería jugar con los capullos de algodón o con las plumas de su nidito. Cuando Halcón Chiquito fingía atacarlo con sus armas, el hago-de-cuenta-que-soy-un-hacha y las hago-de-cuenta-que-somos-flechas, el cachorro de cangurafo se defendía sacudiendo su colita ¡chas! ¡chas! ¡chas! Y los pájaros perdían plumas. Y los árboles hojas. Y en la aldea los guerreros fruncían el ceño y afilaban sus hachas de piedra yosí-que-mato. Se sobresaltaban. Porque no sabían que el cangurafo bizco estaba jugando. Nunca habían visto al Espíritu Protector de Halcón Chiquito.

vino del mar. Vimos sus huellas. Se alimentará con nuestros niños y nuestras mujeres, devastará nuestros campos de maíz, aplastará nuestras plantas de algodón, las de tabaco... Espantará las manadas de búfalos.” “Tenemos que encontrarlo —dijeron— y matarlo.” “Sí” —dijeron todos. Y se prepararon. Halcón Chiquito también se preparó. —Vamos a ir a cazar un horrible animal que vino del mar. Tú y yo lo encontraremos —explico Halcón Chiquito al cangurafo que no pareció muy entusiasmado con la idea de tener que enfrentarse a un animal horrible venido de regiones húmedas. Saldremos detrás de los cazadores para no equivocar el camino. —¿Puedo ir yo también? —preguntó Pluma Amarilla. —Las mujeres se quedan en sus casitas de cuero y calientan las piedras de cocinar. No van con los guerreros cazadores. —Pluma Amarilla es el Espíritu Protector de Cangurafo Bizco y tiene que protegerlo. —Halcón Chiquito permitió un tiempo que Pluma Amarilla fuera el Espíritu Protector de Cangurafo Bizco. Ahora Pluma Amarilla regresará a su tipí a coser sus mocasines rotos. Pluma Amarilla regresó junto a su madre y la ayudó calladamente a curtir un cuero grandote, de los doce o trece que había amontonado, para hacer una casita nueva porque este tipí estaba muy gastado. No estaba contenta.

17


Tortuga Vieja, el hechicero-médico, pensaba que el animal que los cazadores perseguían

pronto. Enseguida que encuentre el animal

no venía del mar. Tortuga Vieja era muy sabio,

que se come nuestras plantas, y deshace las

pero de vez en cuando tenía que exhalar

cosechas.

sabiduría en humo de tabaco porque si no la

—Sí.

mucha ciencia le apretaba la cabeza. Si no,

Y Halcón Chiquito partió. Y la madre molía

las ideas nuevas no encontraban sitio en su

maíz en el aire, con los ojos detrás de su

pensamiento.

Halconcito.

Ahora estaba fumando para poder entender mejor. Cuando Halcón Chiquito le dijo a su

Inició la marcha Halcón Chiquito. Con una cuerda larga de fibras vegetales

madre que iba con su Espíritu Protector a

trenzadas, atada al cuello, marchaba retozón el

cazar un animal horrible que venía del mar, la

cangurafo bizco. Iban detrás de los cazadores

madre detuvo su tarea para escucharlo. Dejó

de ojos fieros, y hachas veloces. Hachas que

de moler el maíz para hacer harina, y miró a su

estaban hechas de piedra yo-sí-que-mato,

Halcón Chiquito.

bien pulida y afilada.

—Está bien, lleve a su cangu... cangu... eso... Pero no se aleje mucho de su tipí. Nunca aprendía la madre a decir algo tan sencillo como cangurafo. Siempre decía “eso”.

18

—No madre, Halcón Chiquito llegará muy


Buscaban al animal horrible que sin duda había llegado del mar. “Me parece que no viene del mar” —pensaba Tortuga Vieja, pero no estaba seguro. Su cabeza estaba tan llena de ciencia que no podía pensar claro. Por la pradera, por los bosques, los cazadores buscaban y buscaban pero sólo encontraban huellas. Huellas y los esqueletos de plantas que dientes voraces habían dejado. Y por las praderas y los bosques marchaba el cachorrito de cangurafo toqui toqui toqui con sus patitas cortas, ¡chas! ¡chas! ¡chas! con su colita larga. Iba con Halcón Chiquito buscando un animal horrible.

19


—El espíritu del hambre está en mi cuerpo.

Debajo de un árbol, Tortuga Vieja pensaba.

—Creo que comes demasiado para ser un

Las ideas viejas se volvían anillos de humo. Las

espíritu. Se supone que no deberías tener hambre. Al menos no tanta. —El espíritu del hambre está en mí cuerpo — insistió Cangurafo Bizco. —Está bien, te traeré unas hojitas de maíz. Halconcito trajo un montón de hojas que

nuevas se hacían palabras. “Ya me acuerdo” —dijo. Pluma Amarilla, que recogía frutas silvestres, se acercó a Tortuga Vieja cuando él habló. —¿Es una historia del Hace Tiempo lo que recuerda Tortuga Vieja? —No. Es una idea que había olvidado. Los

Cangurafo Bizco se devoró en un ¡chas! de su colita

cazadores están equivocados. No es un animal

escamada.

horrible el que se come nuestras plantas de maíz,

Y cuando cansados de andar y de andar los

y pisotea nuestras cosechas...

cazadores decidieron regresar, escucharon un

—¿Sabe Tortuga Vieja quién es?

“go go go” que venía de la cañada de los castores.

—Sí, es el Espíritu Protector de Halcón Chiquito.

Y vieron unas huellas enormes recién hechas que iban hacia la cañada. “Nos estuvo siguiendo” —dijeron—. “El animal horrible nos estuvo siguiendo.” Y caminaron hacia donde iban las huellas. Entonces se escondieron detrás de los árboles

No deben matarlo, el Pájaro Trueno no dejará sin castigo a la nación Dakota sí lo matan. Porque... sin duda es... —Yo correré a avisarle a Halcón Chiquito. Correré a decirle que detenga a los cazadores... Y Pluma Amarilla corrió con sus mocasines

para acecharlo. Y toqui toqui toqui marchaba el

rápidos y llegó junto a Halcón Chiquito antes de

cachorrito de cangurafo hacia su nidito de plumas.

que Tortuga Vieja hubiera terminado de decir:

Iba de regreso junto a Halcón Chiquito, cansados de

...”un enviado de los dioses.”

buscar sin encontrar. Detrás de los árboles acechaban los cazadores de ceño fruncido y arcos tensos Habían encontrado la guarida del animal horrible y lo esperaban para matarlo. Creían que el nidito de Cangurafo Bizco era la cueva del animal que había venido del mar.

Y cuando Halcón Chiquito escuchó que los cazadores acechaban detrás de los árboles para matar a su Espíritu Protector, construyó una balsa con troncos de árboles, y le pidió a Cangurafo Bizco que subiera a ella. Y Cangurafo Bizco subió encantado. Porque le gustaba viajar. Entonces, cuando ya la balsa estaba en el río, Halcón Chiquito le explicó a Cangurafo Bizco que en este paseo no lo iba a acompañar. Le dijo:

20


—La balsa te va a llevar lejos, Cangurafo Bizco. A las tierras del quetzal o al Tahuantinsuyo, te va a llevar lejos de la nación Dakota pero yo te iré a buscar.

veces. Y partió en su balsa que iba de aquí hasta allá en el río. Y Tortuga Vieja les explicó a los cazadores que no era un animal dañino el que comía las plantas. Que

—Y Pluma Amarilla también te irá a buscar.

era Cangurafo Bizco, el Espíritu Protector de Halcón

—Ahora tenemos que separarnos.

Chiquito. Y los cazadores dijeron que ellos no sabían,

—Mientras Tortuga Vieja les explica a los

que ahora que Tortuga Vieja había explicado todo,

cazadores que no deben lastimarte. —Será por poco tiempo. —Go go go, decía tristemente el Cangurafo

Cangurafo Bizco podía vivir en el país de los Dakota. Y Tortuga Vieja le dijo a Halcón Chiquito que preparara un nido nuevo porque pronto regresaría

Bizco, y lentamente comenzó a mover su colita

Cangurafo Bizco y tendría un lugar nuevo en la

para remar.

floresta con una pradera para él solito. Donde

Con sus ojitos bizcos rosados dijo adiós a Pluma Amarilla y con su hociquito azul los acarició varias

pudiera comer a gusto y crecer todo lo que quisiera. Y fue día de fiesta en la nación Dakota cuando se supo que ningún peligro la amenazaba.

21


l cangurafo bizco en Tenochtitlan n los días del “Hace Tiempo” cuando era el año 10-Conejos en Tenochtitlan, —o a lo mejor el año 3-Cuchillos— Halcón Chiquito decidió partir hacia las lejanas regiones del Quetzal. Iba a buscar a Cangurafo Bizco. Quería encontrar a su Espíritu Protector. Se dirigía a las tierras donde las gentes edifican sus casas con piedras grandes. Y a veces las tapizan con plumas y a veces las adornan con mantas de algodón. Tortuga Vieja, el hechicero médico de la nación Dakota, había visto entre redondelitos de humo de tabaco, que Cangurafo Bizco se dirigía hacia allá. Son las tierras que están más allá del país de los Comanches. Donde empiezan las plumas de quetzal, el olor a chocolate y se escuchan voces de cañas musicales.

22


Halcón Chiquito partía en busca de su Espíritu Protector. El cachorrito bizco de cangurafo, que tiene los ojos rosados y el hocico azul. —¿Puede Pluma Amarilla acompañar a Halconcito? —No. —Pluma Amarilla caminará ligero con sus mocasines nuevos. —Pluma Amarilla irá a su casita de cuero junto a su madre. Regresará a su tipí y ayudará a su madre a cuidar a los hermanitos pequeños. —Plumita puede hacer todo eso después. Y ahora puede acompañar a Halcón Chiquito un trecho, y recoger frutas y raíces tiernas. Y encender un fuego para asar trocitos de carne de búfalo. —Pluma Amarilla puede acompañar un trecho a Halcón Chiquito. Caminará detrás, hará de cuenta que no puede mover la lengua, y juntará frutas frescas para comer por el camino —dijo Halcón Chiquito, después de pensarlo mejor. —Pluma Amarilla está contenta, —dijo Plumita y levantó bien la cabeza cruzando la mirada sobre la nariz. Para que Halcón Chiquito viera que era bizca y bonita. Y Pluma Amarilla preguntó a su madre si podía acompañar a Halcón Chiquito hasta las tierras del quetzal. Y Halcón Chiquito preguntó a la suya si podía ir a las tierras donde empieza el olor a chocolate para buscar a su Espíritu Protector. Y las madres dijeron “Sí” y dijeron que tenían que regresar antes de que la luna escalara el último cielo. Y partieron. Con ellos también partió la mirada larga de las madres. Y atrás fueron quedando las manadas de búfalos, los venados, las casitas de cuero, que parecían los cartuchos que Tortuga Vieja fabricaba con hojas de tabaco. Tortuga Vieja continuamente exhalaba por su boca, hechas humo, algunas de las ideas sabias que poblaban su cabeza, para que otras nuevas ideas sabias tuvieran sitio. Y cruzaron la tierra donde viven los Comanches y la tierra de los Papago. Hicieron un alto en el camino cuando Halcón Chiquito dijo: —El espíritu del hambre está en el cuerpo de Halcón Chiquito, Pluma Amarilla preparará un fuego.

23


Plumita estuvo de acuerdo porque hacía rato que el espíritu del hambre le estaba rogando

Halcón Chiquito y estar segura que él se daba

dentro de su cuerpo que lo alimentara.

cuenta de cómo lo ayudaba en todo.

Como era la estación en que los salmones

Cuando estuvo segura, sacudió la bolsa en el

corren corriente arriba para depositar sus

río y le ahorró a Halcón Chiquito la ceremonia

huevos, Halcón Chiquito decidió pescar uno.

que sin duda iba a realizar de arrojar los

Sólo por curiosidad. Nunca había probado

huesos del salmón, diciendo:

carne de salmón. Decidió pescar uno porque

—Para que puedas volver a ser salmón

en la estación del desove es fácil pescar a los

y encuentres el camino hacia el país de los

salmones que se fatigan nadando contra la

salmones.

corriente. Pero no le gustó su carne. A Pluma Amarilla tampoco. Preferían los trocitos sabrosos y tiernos de carne de búfalo. Como Plumita observó que Halcón Chiquito guardaba en su bolsa de cuero las escamas y los huesos del salmón, ella juntó los que había abandonado en el pasto y se los alcanzó. Halcón Chiquito los guardó en su bolsa con los demás; y reanudó el camino. Pluma Amarilla marchó detrás de él. Y se

—¿Qué ha tirado Pluma Amarilla en el río? — preguntó Halcón Chiquito sobresaltado. —Los huesos y las escamas de salmón que Halcón Chiquito había perdido por el camino. —¡Oh! ¡Oh! ¡Pluma Amarilla piensa con sus mocasines! ¡Halcón Chiquito no perdía las espinas de salmón, las dejaba caer para marcar el camino! —Pluma Amarilla no sabía... —Pluma Amarilla es mujer. Nunca sabe.

pasaba por la cara a medida que caminaba

Ahora Pluma Amarilla y Halcón Chiquito se

restos de grasa de salmón para que la piel

quedarán en estas tierras hasta los días del

se pusiera suave y el sol no la irritara. En el

Para Siempre.

camino Halcón Chiquito fue perdiendo las escamas y los huesos de salmón que con tanto empeño había juntado. Pluma Amarilla los fue recogiendo uno a uno y poniéndolos en su propia bolsa. Cuando llegaron al lugar donde el río terminaba, se acercó a la orilla con su bolsa llena de huesos y escamas. Alzó la cabeza y cruzó la mirada encima de la bolita de piedra

24

que le colgaba entre los ojos para mirar a


Pluma Amarilla tenía ganas de llorar pero sólo dijo: —Cangurafo Bizco nos ayudará... —Halcón Chiquito aún no ha encontrado a su Espíritu Protector. —Pluma Amarilla ayudará a Halcón Chiquito a encontrarlo. —Pluma Amarilla no ayude a Halcón Chiquito, sólo camine detrás de él. Pero antes, Pluma Amarilla y Halcón Chiquito harán una columna de humo para que la lea Tortuga Vieja. Y sepa que estamos perdidos. —Sí. Hicieron la columna de humo. Después siguieron caminando y entraron en Tenochtitlan.

25


Y era el año 3-cuchillos —o a lo mejor el año 10-conejos–, en el calendario azteca. Tortuga Vieja, el hechicero-médico de la nación Dakota siempre había querido visitar las regiones del quetzal. Por eso cuando vio el mensaje que había enviado Halcón Chiquito decidió salir a conocerlas. Se asombraban Pluma Amarilla y Halcón Chiquito mientras recorrían el barrio del mercado en la ciudad. Y veían frutas que nunca habían visto y pájaros de plumas desconocidas.

26


Y telas fabricadas con hilos de algodón

Ellos podían comprender lo que decían

teñidos con colores nuevos. Y otras hiladas con

porque Tortuga Vieja les había enseñado la

pelo de conejos. Y vasijas de barro primoroso y

lengua de los aztecas. Tortuga Vieja sabia

jarras que no eran de cuero. Y que hacían ¡tin!

muchas cosas.

si se chocaban. Había mucho ruido en las calles y las gentes discutían cambiando granos de maíz o unas pepitas perfumadas, que llamaban cacao, por telas, o vasijas, o plumas. En una esquina, un contador de historias

—¿Halcón Chiquito no va a preguntar al contador de historias si ha visto a Cangurafo Bizco? —Halcón Chiquito va a preguntarle a aquel hombre que ofrece la manta de plumas. —¿Le parece a Halcón Chiquito que un

relataba las hazañas de algún guerrero

hombre que se ocupa de mantas puede saber

valiente. Pluma Amarilla y Halcón Chiquito

dónde se halla Cangurafo Bizco?

escucharon los grandes hechos de Netzahualcoyotl, el rey poeta. Les encantaba el contador de historias, que acompañaba sus palabras con un tambor de madera.

—No. Pluma Amarilla habla bien. ¿Quién puede saber? —Cangurafo Bizco es un espíritu, ¿no? El Espíritu Protector de Halconcito. Los hechiceros-médicos se ocupan de los espíritus. —Sí. Los sacerdotes.

27


Y caminaron hacia una casa grande que era

—Al dios del Viento se le ofrecen mantas

la casa de los dioses. Que era un templo. Se les

de algodón primorosas... y luego... para subir

acercó un sacerdote que vestía una manta de

al teocalli, para tener el honor de entregar su

algodón negra, sostenida por un broche.

sangre a Quetzalcoatl, las más perfectas, las más

Llevaba una bolsa de tabaco, la yerba

hermosas criaturas creadas por el Supremo. ¡No

sagrada que Tortuga Vieja usaba cuando

esto! ¡Bizca! ¡Una doncella bizca pretender subir

quería exhalar parte de las ideas sabias que

al teocalli! ¡Un muchacho con un penacho de

poblaban su cabeza importante.

pelo en toda la cabeza! ¡Sin mechón funerario

El sacerdote azteca se acercó a los muchachos y mirándolos desde arriba de toda su importancia dijo “No”. —No —repitió, y dio una vuelta alrededor de los dos. Pluma Amarilla alzó su cabeza y miró con los

nación de cazadores de... de... —De búfalos. —Sin cultura. Sin civilización. Pluma Amarilla lo miraba tratando de aparecer lo más bizca posible. Porque ahora

ojos cruzados, al extraño que decía “No” por

sí había entendido. Y no le gustaba la idea de

tercera vez y que parecía muy indignado.

verter su sangre. Ni siquiera para alegrar a

Halcón Chiquito y Pluma Amarilla se miraron sorprendidos. —¡Cómo! —El sacerdote hablaba con mucha indignación. —¡Quién tuvo la idea! ¿Quién? —¿Cuál idea? —se atrevió a preguntar Halcón Chiquito. —¡Cuál! ¡Cuál! ¡Quetzalcoatl recibe ofrendas

Quetzalcoatl, la serpiente con Plumas. No le gustaba subir las largas escaleras del teocalli para ofrecer su corazón al dios del Viento. —Halcón Chiquito está buscando a su Espíritu Protector que se ha perdido en estas tierras. Ha tomado la apariencia de un Cangurafo. Halcón Chiquito es un cazador

espléndidas, no “esto”. —El sacerdote se

de la nación de los Dakota que ha venido a

paseaba alrededor de los niños y seguía

Tenochtitlan en busca de su Espíritu Protector.

hablando. —Collares de camarones de oro, lagartos, mariposas de jade, plumas de quetzal, riquísimas plumas de quetzal! ¡Pero “esto”! —¿Qué es “esto”? —insistió Halconcito que todavía no entendía nada.

28

en la nuca! ¡No! ¡No! ¡Y dos extranjeros! De una

—¡El muchacho Dakota ha perdido su Espíritu Protector! ¡Jo!¡Jo!¡Jo! —Halcón Chiquito está buscando a Cangurafo Bizco. Si el sacerdote azteca sabe dónde está debería decirlo. El jo jo, jo no le resulta respuesta agradable a Halcón Chiquito.


—¡Jo jo jo! ¡ah! la pequeña lagartija Dakota habla con lengua de serpiente. Su Espíritu Protector no se ha perdido ¡jo jo jo! ¡Búsquelo en el zoológico del rey, el muchacho Dakota ¡jo jo jo! Después agregó: —Si puede llegar vivo hasta allí. —Halcón Chiquito encontrará a Cangurafo Bizco. —Sí —agregó Pluma Amarilla, sin olvidarse de cruzar la mirada sobre la bolita que le colgaba entre los ojos.

29


Y salieron en busca del zoológico del rey, en una de las muchas habitaciones que tenía su casa grande. Por la calle vieron un hombre que

guardados los animales fieros. Águilas y tigres que hasta atemorizaban al

recostado a una pared cantaba entre hipos

espíritu del miedo. Y recorrían el zoológico y

himnos a Izquitecatl, dios de todas las bebidas.

no encontraban al cachorro de cangurafo, de

—¿Dónde está la casa del rey? —le preguntó Halcón Chiquito. —Aunque quisiera... no podría contestarte...

ojitos rosados y hociquito azul. Caminando, llegaron a una jaula grande, de madera, tan larga que llegaba de aquí

muchacho. He bebido mucho teometl y no

hasta allá. Cuando se iban a acercar más para

puedo... pensar. Estoy lleno de... conejos.

observar adentro, escucharon un “go go go”

—Al menos, ¿sabes dónde está el zoológico del rey? —Jua jua jua, buena idea que te vayas a internar en un zoo... lógico. Puedes... quedarte en la jaula de los enanos... de los jorobados... en la de los bizcos... Pluma Amarilla se sobresaltó y miró con los

familiar y oyeron la voz de Cangurafo Bizco que decía: —El espíritu del hambre está en mi cuerpo. Y corrió Halcón Chiquito, y también corrió Pluma Amarilla. Y el cachorrito de Cangurafo miró con sus ojitos rosados a Halconcito. Sus ojitos bizcos se

ojos derechos al hombre que se tambaleaba

toparon con los ojitos de Pluma Amarilla que

por los espíritus de los conejos que el teometl

querían ser bizcos. Y se reconocieron.

había hecho entrar en su cuerpo. —Allí mismo voy a entrar si me explicas cómo ir. —Allí... allí... mismo. En la casa del rey. Señor, mi señor gran señor... El hombre lleno de conejos de vino hacía

El hocico azul, húmedo de chocolate espumoso, se hundió en el pelo de Halcón Chiquito y en los brazos de Pluma Amarilla. Recordaron que eran amigos. Y recordaron los días de sol y maíz en tierra de los Dakota. “Go go go”, festejaba alegremente el

como que saludaba al rey, y se inclinaba. Y con

cachorrito de cangurafo. Y también Halcón

su mano señalaba una casa grande cerca del

Chiquito y Pluma Amarilla eran felices.

templo, que era el palacio donde el rey tenía sus animales raros. Y hacia ese lugar se dirigieron Halcón Chiquito y Pluma Amarilla. Caminaron sigilosamente por las lagunas llenas de pájaros raros y los parques con flores de colores

30

exquisitos. Y vieron las jaulas donde estaban

—Tenemos que regresar, Cangurafo Bizco. Trataremos de salir por el parque de los pájaros raros para que no te vean los guardias del palacio.


—Go go go... —Cangurafo Bizco comprendía y estaba contento. —El espíritu del hambre está en mi cuerpo —agregó. Y se dedicó a comer un guiso de tomates y perdices que le habían dejado en una fuente de barro. Y después bebió con delicia una jarra de chocolate espumoso, refrescante. Halcón Chiquito lo probó y también Pluma Amarilla. Les pareció muy agradable. Después que Cangurafo Bizco terminó su comida, Halcón Chiquito se dispuso a regresar. Y los tres salieron de la jaula de madera, caminando despacito para que los guardias no los vieran.

31


Y cuando ya habían llegado al final del parque, y cuando ya la colita de Cangurafo

calendario azteca. El mes 1-cañas. No se sabe.

Bizco había llegado a la puerta de la jaula,

Sucedió en los días del “Hace Tiempo”, cuando

un alerta de caracoles, flautas y tambores

Halcón Chiquito que buscaba a su Espíritu

cundió por Tenochtitlán. Un llamado de alerta.

Protector, encontró un cangurafo bizco, con

Un llamado de guerra. Y de un salto Pluma

ojitos rosados y hocico azul.

Amarilla y Halcón Chiquito se subieron al

Y allí vivió, en tierras de los Dakota hasta

lomo de Cangurafo Bizco y toco, toco, toco,

los días del “Para Siempre”. En una pradera

dejaron la maravillosa tierra del quetzal. Tan

especial, con muchas hojas tiernas, cerca de la

rápido, que los soldados que pensaban que

cañada de los castores.

tenían entre sus manos la cola de Cangurafo

Y Halcón Chiquito y Pluma Amarilla les

Bizco, se sacudían las escamas extrañados.

dijeron a sus madres: “Estamos aquí” —y

Y los sacerdotes que habían preparado una

agregaron— “Cangurafo Bizco está aquí

ceremonia especial para ofrecer a algún

también.” Pero las madres no vieron la colita

dios de menor importancia, la niña bizca y el

escamada de Cangurafo Bizco ni sus ojitos

muchacho sin mechón funerario, también

rosados, ni su hocico azul. Tenían una visión

estaban extrañados.

corta. Las madres sólo tenían ojos para sus

Ellos volvían, y ya la luna iba a escalar el último cielo. En el camino de regreso, cuando ya atravesaban la tierra de los Comanches y empezaban a dejar atrás el olor a chocolate, vieron a Tortuga Vieja que con su bolsa de yerbas sagradas iba de visita a las regiones del Quetzal. Iba a hablar de dioses y cosas sagradas con los Importantes de Tenochtitlán.

32

Era, puede ser, el año 3-cuchillos del

cachorritos.


Una divertida e insólita historia donde “Halcón Chiquito” –un niño indígena de la antigua Dakota– acompañado por su pequeña amiga “Pluma Amarilla”, se ve obligado a “proteger a su espíritu protector”. Cada miembro de la tribu cuenta con el espíritu de un animal fuerte y sabio que oficia de amparo y guía a lo largo de la vida, pero el espíritu protector que el destino le confiere a este niño es totalmente distinto: insólito, travieso e impredecible. Nada menos que un Cangurafo bizco. Para colmo, tan torpe e inexperto como el protagonista ya que es apenas un “cachorro de espíritu” que hace sus primeras experiencias en el mundo. Cuidarlo primero y luego rescatarlo de enormes peligros se transforma en una aventura que nos llevará de paseo por distintas naciones indígenas –desde los Dakota a los Aztecas-, en un recorrido histórico de usos, costumbres y mitos condimentado por grandes dosis de gracia e imaginación. Esta es una de las principales obras de Elena Pesce –destacada autora nacional que adoptó un estilo vanguardista y renovador para lo que era la literatura infantil en los años 60– que como toda la buena literatura no pierde vigencia con el paso de los años. Su poesía, su imaginación y su ternura son rescatadas y resignificadas por la joven ilustradora Sabrina Pérez a través de sus hermosos y sutiles dibujos que –al igual que el texto de origen– contienen varias lecturas posibles, sugerentes transparencias e infinidad de detalles que los niños irán descubriendo en cada nueva lectura del libro.

¡A volar!

Los libros de


El cangurafo bizco para animacion