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COSMOVISION CHILOTA, RESTAURANDO URDIEMBRE ANCESTRAL María Cristina Torres Andrade


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Agradecimientos: A Andrea Londoño Restrepo, Ester Fecci Pérez y Tita Celina Rodríguez, por su apoyo e inspiración A Elisa Castillo Ávalos, por sus advertencias como editora A Ivonne Jelves Mella, por sus aportes antropológicos A Ramón Pérez Gallardo, por sus esculturas inspiradoras y confianza A Paula Alonqueo Boudon y Sergio Mansilla Torres, por su entusiasmo y esmerada lectura A Myriam Márquez Manzano y Ciro Oyarzún González, por sus fotos de Chiloé A la Facultad de Medicina, representada por su Decano Dr. Claudio Flores y su Prodecana, Dra. Verónica Hering Finalmente, a mi madre, Cristina Oyarzún Andrade, quien a sus 87 años dio atenta lectura y beneplácito a lo escrito


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Este escrito es un proyecto 2013 de la Dirección de Extensión de la Universidad Austral de Chile y recibió aportes de la Vicerrectoría de Gestión Académica y la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile Ediciones Universidad Austral de Chile (956-9412) ISBN: 978-956-9412-01-1

Edición nº 1 1000 ejemplares Diseño, diagramación y fotografía Natalia Barrientos H. Diseñadora & Fotógrafa nbarrientos_h@hotmail.com Celular: 99375707 Impreso en Imprenta América

Se autoriza la reproducción total o parcial sin la autorización de la autora, a condición de citar la fuente y avisar al correo mc.torresandrade@gmail.com


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COSMOVISION CHILOTA, RESTAURANDO URDIEMBRE ANCESTRAL Índice 1.Presentación...................................................................................................................................................... 7 2.Preámbulo.......................................................................................................................................................... 9 3.Abuelas primigenias, una mirada desde la sustentabilidad …................................................... 11 La Fiura. ................................................................................................................................................. 13 La Pinkoya .............................................................................................................................................. 15 La Voladora ............................................................................................................................................ 17 4. Diversidad y disciplina vital ............................................................................................................ 20 5. La masculinidad ancestral como protector del espacio familiar. ...................................... 21 El Trauco ................................................................................................................................................. 23 El Imbunche ........................................................................................................................................... 25 El camahueto ......................................................................................................................................... 27 6. Expresiones de masculinidad ancestral como protección de vínculos familiares…... 29 7 Corolario .................................................................................................................................................. 31 8. Segundo corolario: cultura chilota, una mirada antropológica. ........................................ 33 9. Referencias ............................................................................................................................................. 35


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1. PRESENTACION Considero que es un valioso aporte para el desarrollo de la cultura insular. Un pueblo que desea crecer en términos culturales, debe conocer y aquilatar los elementos indentitarios que le dan fuerza para protagonizar su presente. En el mundo globalizado en que vivimos, la situación particular de los pueblos que han logrado responder a los desafíos naturales/sociales/ económicos, constituyen un capital cultural necesario, imprescindible. Libros como éste, deberían difundirse y estar al alcance de estudiosos de la cultura de Chiloé, pero también del público en general, quienes son, finalmente, los verdaderos actores de la historia chilota

Este libro es un importante aporte para la puesta en valor de la cultura tradicional del archipiélago de Chiloé, contribuyendo desde un análisis capaz de interpretar a los personajes mitológicos en su calidad de guardadores de la materialidad del territorio, entendiendo a ésta como los recursos naturales y su relación con las formas de vida tradicionales. Cosmovisión Chilota es una publicación necesaria porque es un aporte para superar las interpretaciones de la mitología chilota, que hoy responden más al mercado y al comercio turístico que al mismo territorio y su historia, lo cual nos permite vernos y pensarnos desde Chiloé hacia el mundo y no desde el mundo hacia Chiloé.

Rosabetty Muñoz, Poeta, Premio Pablo Neruda

Rodolfo Norambuena Fernández, Concejal de la Comuna de Ancud, Pdte. Comisión Turismo, Cultura y Medio Ambiente


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2. PREÁMBULO Como cualquier miembro de una familia de profunda raigambre chilota, tuve la oportunidad de escuchar relatos de los parientes, respecto de sus vivencias, creencias e interpretaciones de lo que pasaba en nuestro mundo isleño. Al cabo de los años, vuelvo a repetir la tradición, explicando e interpretando las historias contadas y también las no contadas, desde una lógica más académica, si es que así se puede llamar, en un intento de vincular aspectos de la cosmovisión chilota, tan mestiza y propia. Para ello, he seleccionado dos aspectos que me parecen cruciales en la permanencia y cambio de la cultura chilota: la sustentabilidad ambiental y la sostenibilidad familiar. Ello, a partir de las figuras femeninas y masculinas arquetípicas que considero más cercanas a estos tópicos.

Dicho esto, en las páginas siguientes encontrarán una interpretación de las figuras ancestrales de la Fiura, la Pinkoya y la Voladora, figuras simbólicas femeninas, y del Trauco, el Imbunche y el Camahueto, figuras simbólicas masculinas.


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3. ABUELAS PRIMIGENIAS DE LA COSMOVISIÓN CHILOTA: UNA MIRADA DESDE LA SUSTENTABILIDAD. La Fiura(1), la Pinkoya(2) y la Voladora(3), son tres figuras femeninas arquetípicas (4) que pueblan la mitología de Chiloé, al sur de Chile. Aunque en este universo mitológico las figuras que encarnan lo femenino son pocas, no se tocan, no conviven, no establecen lazos. Cada una reina en espacios distintos. La Fiura habita el bosque, acuoso y oscuro, la Pinkoya, el mar abierto y transparente y la Voladora, el aire. Mientras Fiura es la dueña del bosque, Pinkoya custodia el mar y la Voladora se monta en el viento para llevar noticias y tejer vínculos. Cada una con su celo representan los elementos vitales: la tierra y el bosque, el mar y sus frutos, y el aire y el lenguaje.


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embargo, cuando la figura queda presa de una forma o de una narración escrita, ésta disminuye su capacidad de diversificarse. Igual ocurre cuando los relatos se escriben. Como contrapartida, tienen una posibilidad mayor de no ser olvidados. A continuación se presenta una reflexión y un intento de comprensión de lo que estas figuras femeninas simbolizan para la cosmovisión y modo de vida de las familias de Chiloé, desde la perspectiva de la sustentabilidad planetaria(6) En Chiloé, cada familia atesora cuentos y anécdotas respecto de los seres mitológicos y, el relato de ellos se diversifica y disemina en las reuniones familiares nocturnas. Algunas de estas versiones han sido recogidas por diversos autores(5) y publicadas en distintos formatos. También es posible encontrar representaciones escultóricas y pinturas que intentan perfilar los floridos relatos. Sin


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LA FIURA


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La Fiura(7) pasea por lianas de quilineja(8) y blandos pompones(9), oliendo la humedad de la ciénaga, las lumas(10) y los arrayanes(11), disfrutando de la poblada soledad de sus dominios, cuidando con celo que las plantas, animales y espíritus tengan tranquilidad para vivir y reproducirse. Entiende que su celo significa la mantención de la trama de la vida(12) y de las conexiones valiosas necesarias para que cada ser tenga su lugar: las piedras pequeñas, los musgos delicados, las telas de arañas sutiles y trinar de los pájaros al atardecer. Las mujeres ven a la Fiura como una mujer horripilante, de la que huyen despavoridas y eso a ella la complace. Pero la Fiura sabe que las mujeres que van al bosque no talan árboles ni queman para sembrar. Sabe que van a recolectar hongos y frutos par a comer o para pintar las lanas de colores; van a buscar plantas para remedios y madera podrida para abonar el huerto.

Ellas no hacen tanto daño, pero de todos modos deben ser advertidas de que el territorio que pisan no les pertenece y que solamente están de visita donde no son bienvenidas. Por eso, adentrase en el bosque es penetrar un lugar hierático y requiere prepararse para ello con solemnidad, consagrando la visita a la buena vida de la familia y al disfrute de la belleza de sus rincones de distintos tonos de verde. Sin embargo, la Fiura con su falda roja(13) al viento y en su aparente vagar descuidado, está alerta y persigue al hombre que se adentre en su selva fría, sin permiso, para tomar de ella lo que no le pertenece, sin respeto, sin regocijo y sin obediencia. La Fiura es vengativa con los que mancillan su selvática casa, por eso a los hombres que violan sus propiedades, ella los viola también. Los hombres ven en ella a una mujer de voluptuosa belleza que convoca sus sentidos primordiales y que los invita a la creación vital.


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Vencida la voluntad masculina y con la invitación sedienta, su belleza artera y su lujuria desatada, los sumerge en un denso espacio de placer inconmensurable que anula su voluntad para siempre. Como la Fiura es vengativa con quien viola sus dominios, después de estar con ella, el hombre violado no desea otra mujer. Ninguna otra es capaz de transportarlo al goce delicioso, el que añora con vehemencia de día y de noche, sin tener energía para desear nada más. Entonces, esos hombres vagan por los bosques buscando su compañía, llorando y suplicando por su sexo, vaciando su voluntad perdida en los senderos y riachuelos, los que reciben su melancolía y desesperanza, con tristeza. Con esta conducta, la Fiura se asegura que el violador de bosques no tenga más apetito de usar sus recursos sin respetar a su dueña y sin considerar las leyes naturales que gobiernan la vida de la floresta. Un castigo feroz, pero

humano, porque obliga al hombre a regresar por siempre a su origen primigenio.


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LA PINKOYA


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La Pinkoya(14) reina entre las mareas, la playa y las olas, entre el crepúsculo y el amanecer, cuida su reino con celo, permitiendo que los hombres y mujeres encuentren su sustento, cuando tratan con respeto sus posesiones. Coludida con la luna, la Pinkoya es la dueña del flujo y reflujo de las aguas marinas, de los huiros (19), cangrejos(15) y medusas, de los róbalos(16) y de los picorocos(17) y las navajuelas(18), Ningún hombre o mujer rascará la arena buscando mariscos con una herramienta metálica que daña su tejido vital. Si lo hacen, la Pinkoya ordenará a los mariscos esconderse y la playa fértil quedará como un páramo yermo y desolado. Sumergiéndose y nadando en la licuidad fría de la profundidad del océano interior, revisa que en sus dominios se mantengan la diversidad vital, porque ésta asegura el sustento de los humanos del bordemar, con los que mantiene pactos silentes, pero estrictos de reciprocidad. La Pinkoya se monta en las olas para cuidar a

los pescadores en su faena, pero custodia que la cosecha marina no deprede lo que se ofrece con generosidad. Cuando esto ocurre, Pinkoya baila dolorida mirando el cerro, con sus pies ligeros y su vestido de brillantes algas verdes, rojas y pardas. Los reflejos de las algas durante su baile, avisan a las olas para que se enfurezcan y retuerzan su estómago gigante, provocando marejadas y ondas de crestas espumantes que hacen que los botes se vuelquen. Así, la carga innecesaria retorna al mar.


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Caídos los marineros de la embarcación y sumergidos en la licuosa oscuridad brillante, la ven tan bella que se hunden en el azul verdoso del mar, buscándola y olvidando que necesitan respirar aire para vivir y así mueren ahogados. Producida la muerte, la Pinkoya, acoplada en una ola, arrastra a los hombres hacia la arena fría de la playa. Por eso los marineros chilotes no saben nadar. Dicen que es inútil, porque una vez zozobrada la embarcación, verán a la Pinkoya y la seguirán irremediablemente hacia a las profundidades hasta morir. Su voluntad o aprendizaje para bracear a la costa no les servirá. Mas la Pinkoya baila también una danza feliz, mirando las olas y agitando su resplandeciente vestido de algas, cuando los pescadores cumplen con la regla de no sacar más de lo que se necesita para vivir. Entonces el mar se pone calmo, la luna aparece en el cielo y los hombres pueden verla, deslumbrante de reflejos plateados, enamorándose para siempre de su

gracia y de su fuerza, buscando con fruición su amor, penetrando el mar con su bote como si se introdujeran en su sensualidad. Van contentos porque comprenden que si cumplen con el pacto, volverán sanos y salvos a casa y si tienen suerte, podrían verla, danzando cadenciosamente, lejana y cercana a la vez. Dicen que para evitar este influjo, los hombres solo deben observarla de reojo, sin caer en la tentación de mirarla de frente y ante todo, respetar la sagrada regla de tomar lo que se deba, y no lo que se pueda, de las cosas que nos son comunes.


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LA VOLADORA


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No hay nombre ancestral para ella. Tal vez porque las antepasadas indígenas no estaban atadas y vagaban nómades por los canales; su sentido libertario estaba cubierto por la vastedad marina en la que surcaba su canoa. La voladora seguramente nace cuando ella debe quedarse cuidando la familia y el fuego, y le es difícil saber lo que pasa más allá de la tranca de entrada a la casa o del envarillado(20) que cerca la propiedad del marido. Ella vive dos vidas, la de dueña de casa y la de mensajera de los brujos. Como dueña de su casa, añora sentir la libertad en sus alas y el aire es su compañero durante la noche, zumbando por su piel y sus oídos. Encima de él, flota entre las corrientes que la mecen como en el vítreo vientre materno, pero también mientras vuela, añora el fuego y el olor a leña que se mezcla desde los caños de las estufas hacia el aire. Desde su despertar como mujer, junto a los

cólicos de su primera sangre menstrual, el vómito del malestar, vació su estómago y asombrada vio cómo un cordón retorcido salía dejándola liviana y etérea, despojada de sus tripas. Y descubrió que su cuerpo se convertía en una guauda(21) alada que volaba. Entonces de su garganta se escapó un grito gozoso, que a sus oídos sonó como carcajada siniestra, la que le comunicaba su destino mensajero. Ella comprende que está destinada a forjar vínculos, relaciones entre las personas, llevando las noticias en la libertad de sus alas, de una isla a otra, de un cerco al cerro y del estero al bosque. En aquel momento, su memoria ancestral recordó y tuvo conciencia de la responsabilidad implícita en su herencia. No teme al peligro que significa transformar su piel en plumaje, su voz en graznido metálico y sus entrañas en hueco sin carne. Sabe que hay dolor y peligro en su transformación, tanto como la libertad para emprender viaje, dejando la rutina de poner


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leña y mantener la tetera con agua caliente. Es su libertad ancestral, el deseo de dejar la rutina por la aventura y volar dejando la frontera opresiva que transcurre entre paredes de tejuelas húmedas de su casa. Por la libertad no siente el desgano letárgico de dejar las tibias frazadas de lana del lecho que comparte con el marido, para salir a la fría oscuridad nocturna y volar. Ella ha visto desde lo alto el baile de las toninas(22) entre las olas y a los cardúmenes de sierras(23) relumbrando su piel sin escamas en el mar de la luna. Sus ojos se han paseado entre las copas de los árboles y mirado desde cerca los nidos de los choroyes(24), riéndose de los cogotes pelados de sus pichones o fijándose en la flor de las quilinejas(25) que abrazan a los árboles ancianos y en el corazón rojo de los poes(26) y chupones(27) tiernos. Ama el claroscuro del atardecer y las noches de luna, porque son el tiempo propicio para emprender acrobáticos vuelos rasantes junto

aún gozoso arrebato de altura. O bien, para que proyecte la sombra de su silueta en la playa vacía o en el calmo rio que fluye hacia el mar sin estridencias, suavemente. Tiene una noche de libertad por delante, necesaria para aquietar su espíritu y luego volver a la rutina. No le importa si lo que comunica son malas noticias o si su garganta que ríe libre entrega temor a quien le escucha. Siente que vale la pena tejer redes de palabras y de hechos para que el mundo se construya a través de ello(28). Ella comprende que puede manipular los recuerdos y las interpretaciones de los hechos, porque hace tiempo ha descubierto que el lenguaje no solo sirve para describir lo que ocurre, sino que al mismo tiempo reinterpreta el pasado y devela el futuro(29), según como se mezclen las letras, en una trama caótica y compleja(30). Por eso se enamora cada noche un poco más del poder de sus alas para volar más alto y sin


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entrañas, para no sentir un puño que le apriete en la garganta o en las vísceras y que la emoción le impida usar la palabra con limpieza si las noticias son nefastas. Entonces aparece la palabra con la nitidez de un maestro y con la humildad de un aprendiz(31) Ella mira a sus hijas y piensa, ¿cuál de ellas heredará su misión? ¿La más fuerte y decidida, la frágil y cariñosa, o la tímida y sensible? Según su ser, cada una entregará su sello a la tarea, del mismo modo en que se desprende de sus tripas. Ella sabe que la elegida no tendrá varón por hijo, y así asegurar la estirpe voladora. Entonces enseñará el vuelo a la que muestre la señal y sabrá que llegó la hora de descansar.


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4. DIVERSIDAD Y DISCIPLINA VITAL Fiura, Pinkoya y Voladora son guardianas y dueñas de la diversidad del bosque, de las playas y del aire. Las dos primeras representan las leyes naturales y el castigo a los seres humanos que las trasgreden, y la última, la comunicación de los castigos.

Los chilotes somos habitantes de la orilla, del bordemar, de la delicada conjunción bosque / mar, cuya complejidad produce el éter aéreo y

provee sustento para la preservación vital de comunidades humanas y no humanas. Por ello, parte de la cosmogonía despedazada del mundo isleño, se relaciona con estas figuras y el castigo, y la comunicación del castigo a la trasgresión de las reglas naturales, se vuelve una necesidad de perpetuidad y permanencia. El castigo de Fiura y Pinkoya es drástico y cruel, pero paradojalmente, dulce. La una condena con el perpetuo regreso al origen, la otra con la muerte, a la necesaria reciprocidad para vivir en armonía. La una castiga con el placer carnal y la otra con el placer sensual. La sabiduría ancestral señala que una ventana abierta a estos placeres supremos, puesta en seres sin un autogobierno interior, es un riesgo para la comunidad. Por ello, el comportamiento debe estar enmarcado en una ética y filosofía compatible con la vida, es decir, cuidando su entorno, su familia, su


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cultura. Si no existe este celo, la ventana abierta a lo sensual y carnal, desataría en los trasgresores, adicción a ellos. Por eso deben ser aniquilados, destruyendo al mismo tiempo, su ambición material.

Ambos castigos son entregados sin contemplaciones, sintetizando el rigor de la disciplina y la dulzura de lo afectivo, minimizando, entonces, la enorme crueldad implícita en cada uno de ellos. De este modo, la vida desolada de unos y la dulce muerte de

los otros castigados, se presenta como ejemplo amplificado de la falta cometida, que pone precauciones y frenos a otros posibles infractores, miembros de la comunidad, sobre todo si estos son informados de forma sobrenatural. Desde otro punto de vista, también cada mujer en Chiloé y en cualquier parte el mundo, puede portar en sí algo de oscuridad y transparencia, algo de sumisión y de libertad. Fiura, Pinkoya y Voladora representan la herencia de abuelas ancestrales y el simbolismo de la tierra, el agua y el aire. Ella se recrea en símbolos oníricos, en la nostalgia libertaria de una cultura menos patriarcal, la fiereza para cuidar la familia y los amores, en la persistencia de oscuros recovecos corporales placenteros, junto al honorable decoro, el sentido del ridículo y la tenaz perspectiva de lo que es justo para todos.


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5. LA MASCULINIDAD ANCESTRAL COMO PROTECTOR DEL ESPACIO DE REPRODUCCIÓN CULTURAL FAMILIAR El Trauco(32), el Imbunche(33) y el Camahueto(34) representan arquetipos masculinos(35). El Trauco la virilidad enhiesta; el Imbunche la masculinidad servil y domesticada; el Camahueto la fuerza telúrica indomada. Cada uno de ellos tiene un reino distinto: uno se sumerge en la profundidad del bosque, otro en la oquedad de una caverna y el tercero en la hondura recóndita del subsuelo. El mundo donde habitan estos arquetipos se encuentra poblado de oscuridades e incertezas que significan para los humanos que es necesario cuidarse, protegerse, tener un refugio seguro, estar alerta y disfrutar de la bonhomía pasajera(36) como si fuera la última. Por ello, la demanda de cumplir con los rituales de acogida, de solidaridad, son

muy relevantes en el mundo isleño. La familiaridad, el cultivo de relaciones afectivas simples y generosas son valores destacados.

En ese espacio relacional comprimido y exigido, surge un modelo conductual identitario de la gente chilota, que nos distingue de otras identidades, reconocible también para nosotros mismos cuando lo vemos(37).


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Como isleños, somos acogedores con los visitantes, que hasta hace poco no eran demasiados, pero que al mismo tiempo que los acogemos, los mestizamos, los transformamos y los hacemos un poco más cercanos y conocidos para nosotros. Extranjeros y nacionales avecindados en nuestra isla, al poco tiempo ya hablan con acento y usan con soltura nuestros modismos, aunque no tengan demasiada intención o conciencia de este cambio

El potente modelado de las conductas

sociales implica la subyugación de conductas desviadas del mismo, y por ello las figuras del Trauco, el Imbunche y el Camahueto, muestran simbólicamente lo que debe doblegarse en favor de la convivencia sociocultural. El Trauco, el de la virilidad enhiesta, tiene el deseo carnal siempre listo y está siempre preparado para el ataque sexual y cuando logra su cometido. Afortunadamente para las mujeres atacadas es irresistible y, por lo tanto, entrega una adecuada justificación para la debilidad femenina. El varón vislumbra la posibilidad de transformarse por un momento en este personaje y vaciar su lujuria reprimida. El Imbunche, el domesticado varón, representa el otro extremo, la docilidad extrema y la sumisión mental y física. No puede ir muy lejos por su deformidad y tampoco tiene autonomía para reproducirse: otro Imbunche nacerá de un niño recién


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muerto. Pero el imbunche sirve entonces, como custodio de la cueva de los brujos, los que lo invisten de reconocimiento y un papel relevante, pese a sus limitaciones físicas y emocionales. El Camahueto, la fuerza reprimida, existe pero no hay tantas representaciones gráficas o relatos tan certeros.

Nadie lo ha visto porque se esconde en la profundidad telúrica de los cerros y la roca. Permanece en la inmovilidad, reprimiendo y escondiendo su fuerza descomunal, porque sabe que cuando ésta estalla, su mundo se destruye y debe huir hacia el mar.


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EL TRAUCO


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Habita en el enmarañado de las quilas (38) húmedas, junto a las arañas pollito (39) y los changles y gargales del suelo, pero también pasea por los troncos grandes donde duerme y de los que saca la quilineja (40) con la prepara su sombrero y su faldón. Corta los hilos de quilineja con su hacha de piedra afilada y los trasforma en su ropa. Entonces, desde lejos se puede escuchar los golpes de su hacha, que son inconfundibles para el que sabe. El Trauco, camina entre las verduras del bosque, con el oído atento, a la espera de la mujer osada que viaje sola por la profundidad verde de ramas, musgos y helechos. Escucha los pasos tenues rozando el musgo o el crujido de una rama que se quiebra a la planta de un pie y su cuerpo pequeño, pero fuerte, se prepara para la seducción. Entre las rendijas de sol que pasan desde las copas de los árboles, sus ojos brillan, sus manos preparan el arma para el ataque y su anatomía se transforma para acometer la

falta, con travesura y bajo el influjo de una ardiente seducción.


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Bajo estas condiciones, tiene su faena asegurada, porque la mujer caerá en sus brazos y bajo su cuerpo, disfrutará del placer por el que no sentirá culpa, pero por el cual le podría nacer un hijo sin padre reconocido. Ella dirá, sin embargo, que el padre es el Trauco y su familia dudará muy poco de este hecho. Pese a las posibilidades que se le ofrecen, el Trauco prefiere el juego inocente a la seducción, porque su virilidad tiene alma de niño. Lo que más le gusta es contar granos de arena y por eso la mujer que por valiente o por necesidad se adentra en el bosque, lleva consigo un puñado de ella, el que arroja en el encuentro para tentar al Trauco, el que disfruta sublimemente contando uno a uno los granos. Así, el Trauco la olvida y ella puede huir. A veces, para una mujer, arrojar la arena no es fácil, porque él se presenta como un guapo

varón, alto y fornido, de ojos brillantes bajo cejas pobladas, sonrisa de blancos dientes que se ocultan en labios carnosos. Su piel húmeda huele a testosterona y su virilidad se insinúa enhiesta y anhelante. Es difícil renunciar al placer que promete la revoltura entre lujuria, goce sublime y conexión cósmica. Sobre todo si sus experiencias anteriores se acompañan de torpeza, falta de seducción y rapidez. Aunque no logre yacer con mujer sobre el blando musgo o bajo las hojas de pangue, el Trauco siempre obtiene gozo, tanto sea contando granos de arena, oteando en el aire para sentir el perfume de los arrayanes y canelos, o bien penetrando febrilmente a una mujer. Él se siente experimentado maestro de los placeres prohibidos para las mujeres secas y sublime maestro de finalización de doncellez de niñas que ha visto crecer.


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EL IMBUNCHE


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Nacer y morir en una vida y renacer en otra, como un avatar. Recién nacido o lactante enterrado por su familia, llorado por su madre y su padre, es desenterrado y vuelto a la vida por los brujos para cumplir otra vida. Éste es el Imbunche(41). Ya no será el niño juguetón o el hombre que se monta en un bote a la pesca o que entierra en arado para sembrar papa. Ahora su destino será otro: cuidará la cueva donde los brujos se reúnen y avisará ladrando la presencia de visitas molestas. Para el Imbunche, la vuelta a la vida es la amnesia de la vida pasada. Solamente reconoce la cara de quien lo revive, lo alimenta y lo hace crecer. No tiene conciencia de su antigua apariencia, por eso es normal para él moverse saltando en una pierna para recorrer el dominio de la cueva y que la otra pierna se mantenga detrás del cuello, como un aderezo inútil. Logra esta condición porque los brujos lo han le descaderado y quebrado la pierna para

ponerla en tras el cuello y así no escapa. Su mutilación le hace desear poco de la vida, se siente feliz y pleno cuidando con celo la cueva.


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No añora a su familia porque no tiene conciencia del dolor desgarrado que su muerte ocasionó a su madre y a su padre, ni el vacío que dejó entre los hermanos, seguidos uno tras otro, año a año. El alimento que sus dueños brujos le entregan le hace crecer la nariz, las orejas, las manos y el falo, que cuelga inútil de su entrepierna. Sus ropas son de un ser humano muerto y descuerado a la usanza de un lobo marino: se le hace un hoyo en un costado y los brujos le insuflan aire para que la piel se desprenda sin romperse. Esta piel es secada y preparada para que se ponga blanda y tenga la capacidad para transformarse en ropas. El Imbunche es feliz con poco. Total, ya había muerto. Dócil y sumiso, se somete a las reglas de la Mayoría(42), que es su familia adoptiva. La docilidad se transforma, eso sí, en un reclamo terrible y desgarrado cuando debe cambiar la cueva a cuidar. Para ello, le atan como un perro y el Imbunche sigue tras el caminar apurado del brujo, llorando de miedo

por el cambio y también por los varillazos que recibe durante el viaje. De su maltrecha garganta no salen sollozos, sino gritos horribles como el balar de un chivo a punto de ser sacrificado, que es lo que a lo lejos puede escuchar algún caminante. Todo termina cuando llega a la otra cueva y se aposenta saltando en la entrada, como perro guardián feliz que nuevamente adquiere el atributo de flanquear el paso a los conocidos y negarlo a los intrusos, que es su regalo de vida y su razón de existir.


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EL CAMAHUETO


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Hay relatos que lo declaran como un gran y vigoroso ternero color mari, o sea gris verdoso, al que se puede amarrar solo con un lazo de sargazo(43) de su cornamenta. Pocas veces es visto por los seres humanos, porque habita escondido en profundidad de las capas terráqueas, pero se sabe que existe, porque su salida del escondite, provoca catástrofes en la superficie, como caídas de cerros, salidas de río, derrumbes de cuevas, por ejemplo. De las profundidades terráqueas conoce los reflejos dorados de los hilos de oro(44), la pálida luminosidad de los cuarzos(45) blancos y rosados, las escasas vetas oscuras de carbón(46) y los ríos y manchones de piedra cancagua(47). En su rotunda soledad, es amigo de los tibios fluidos volcánicos, a quienes busca para el cobijo y para acercarse a la oscura luminosidad que se desprende de la aplastante energía geológica. Se desplaza lentamente, en silenciosa

flojedad, siguiendo la corriente energética que mana del fondo de la tierra. Amansa día a día su fuerza destructiva, para que ésta no se demuestre, reprimiendo con fervor lo que desde la superficie ataque su ser inmensamente perceptivo, a lo que rasca la superficie de la tierra.


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Aunque su vida está en lo profundo, siente cómo horadan cerca de su morada para sacar el agua del subsuelo y es sensible al ruido de los motores que rascan la superficie para construir casas o hacer caminos. Cada sensación que le llega es acumulada y reprimida con fiereza, procurando domeñar la furia que lo acomete cada vez que su calma es vulnerada. Aguantando y reprimiendo, un momento llega al límite, quizá porque el agua subterránea se escapa entre el granito(48), quizá porque la energía geotérmica no encuentre un cauce silente y debe explotar. O tal vez, el daño en la superficie terráquea y vegetal ya no puede ser omitido por sus sentidos. Cuando esto pasa, su protegido y oculto mundo se destruye y emerge desde la hondura recóndita como un estallido violento y destructor, que le abre paso hacia el mar. A su paso avasalla lo que encuentra, los esteros pequeños se agrandan, la tierra pierde

su nivel y cae, fracturando la distancia entre su último reducto y el mar. Avisa su enojo con un ruido sordo que hace aullar a los perros y graznar a los gansos, en tanto que las gaviotas y garzas encuentran refugio en el vuelo. Por fin llega al mar, desde donde nuevamente debe enterrarse para vaciar su energía. En este trance, si un hombre de brazo fuerte y con lazo de sargazo en mano logra lacearlo de un cacho, éste caerá y será un preciado trofeo, porque su raspadura será un potente remedio para males y maleficios.


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6. EXPRESIONES DE MASCULINIDAD ANCESTRAL COMO PROTECCIÓN DE LOS VÍNCULOS FAMILIARES. El aislamiento de una isla de difícil acceso exterior y también interior, significa un entramado social familiar complejo. Por un lado, las familias se entrecruzan(49) y los parientes se desconocen(50) para evitar reconocer relaciones matrimoniales prohibidas por el parentesco, y por otro, es necesario mantener la cohesión interna que significa una red protectora y modeladora de conductas. Probablemente, producto de necesidad ancestral de recorrer canales en los botes para cazar lobos o hacer tejuelas de alerce(51), por ejemplo, o viajar hacia la Patagonia, con el tremendo pretexto de buscar trabajo, los varones se ausentaban largas temporadas y necesitaban que el seno familiar permaneciera intacto a su probable

regreso. Muchas veces podrían pasar años antes que esto ocurriera o, tal vez, la familia esperara el regreso del viajero sin resultado. El dueño de casa deja órdenes perentorias ante su ausencia, las que casi siempre son cumplidas, pero requieren de una excusa que salve la dignidad del ausente el caso contrario. “Mayo mayote, junio juniote, mes que te fuiste, mes que volviste, ¡tuyo no más es!” clama la mujer para explicar su embarazo. Y si el verso no es suficiente, entonces el Trauco cumple el fiero rol de cubrir el sexo prohibido de las relaciones incestuosas o abusivas.


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O también de los amores infieles y clandestinos, fácilmente provocados por las ausencias de los hombres que cumplen con su viaje iniciático a la Patagonia, van a los alerzales de la montaña, a la caza de lobos marinos en las Guaitecas o de ballenas en los mares más australes. Protege para que las largas y amplias familias cruzadas de

matrimonios consanguíneos no sufran deterioro y así el intrincado entramado de las relaciones familiares continúen su curso. También el Trauco será protegido por las familias que no desean destapar sus secretos y castigar a los abusadores. De algún modo, esta conducta protege a los inocentes violentados, ya que se asume una fuerza sobrenatural e insana como la responsable, más que al pariente abusador. En tanto, al Imbunche no le gustan los cambios o la aventura. Prefiere la cortedad de su despliegue en un pie y sus dos manos, y pasar su tiempo a la espera de un intruso, en la soledad húmeda de la cueva. Por eso llora y desgarra su garganta durante el viaje de una cueva a otra, asustando a los que lo oyen. Aún los maltrechos y dóciles tienen su importancia. El Imbunche representa la figura masculina que queda en casa, que cuida la familia, que no tiene el vasto horizonte de la aventura en sus genes y que está presente


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para reconocer a los visitantes y avisar a los dueños de casa de las visitas no apropiadas ocurridas en su ausencia. Una parte de la masculinidad chilota (y de otras expresiones culturales) se relaciona con la represión del enojo y la furia. No hay palabras ni ruidos que puedan mostrar apropiadamente estas expresiones. Por eso los hombres aguantan hasta el límite y estallan, teniendo la clara lucidez que esta ruptura interior hará trizas su mundo familiar y su entorno social, y entonces deberá huir, poniendo distancias de por medio, esperando el olvido antes de la muerte en soledad. Esto es lo que recuerda en el inconsciente colectivo(52) la figura del Camahueto. Estos tres tipos de expresiones de la masculinidad chilota, se entrecruzan, se mezclan y aparecen en dependiendo de la circunstancia: una que muestra avidez por satisfacer el placer sexual sin importar con quién o dónde, otra que se domestica para ser

proveedor y cuidador de la familia, y una tercera que tiene la incapacidad de mostrar su pena y su miedo con palabras.


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7. COROLARIO. La cultura chilota en su opción de permanencia a través del mestizaje y sus mecanismos de apropiación cultural, pierde la pureza primigenia de la cosmovisión original. Como chilotes, nos apropiamos de la sirena y la confundimos con la Pinkoya y entonces, creamos también una sirena, con cola de pescado. También incorporamos un esposo a la Pinkoya, seguramente, porque en el imaginario cristiano occidental, no existe la eventualidad de una figura femenina poderosa, sin un varón o sin hijos. Así, podemos encontrar relatos en los que la Pinkoya tiene padre y madre, tiene marido, el Pinkoy y probablemente hijos. De este modo, si la Pinkoya reina en el bordemar, el Pinkoy vive en la profundidad, a cargo de las corrientes marinas y probablemente de los habitantes de lo abisal.


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Sin embargo, esta manera de mantener su vigencia cultural ha permitido que los chilotes tengamos “cueca chilota”, “ravel o violín chilote”, “chalupa chilota”, “pan chilote”, “gorro chilote”, “música chilota”, “cariñito chilote”, “lana chilota”, “vals chilote” y recientemente “cerveza chilota”(53) y un sinfín de palabras que cotidianamente usamos sacadas del español, del mapuzungun o veliche, de los milenarios idiomas perdidos de los canoeros o del alemán o inglés de los migrantes.

Esta delicada conjunción de permanencia y cambio, puede perpetuar y enriquecer la cultura chilota o bien degradarla y seguir deshilachando su núcleo identitario. Por ello, parece relevante develar el equilibrio entre permanencia y cambio como apuesta de sobrevivencia y diferenciación cultural. Otra apuesta es comprender que la permanencia y cambio requiere del paisaje natural, de la lluvia gris del mar, del bosque, de la playa, y del modelado cultural que nos entrega la familia. Por tanto, la mantención de las condiciones ambientales, la sustentabilidad (el sustento) ambiental y la sostenibilidad (el sostén) familiar, como apoyo para la reproducción de la tradición en la urdiembre de las redes familiares son aspectos absolutamente necesarios si es que deseamos perpetuarnos.


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8. SEGUNDO COROLARIO: LA MIRADA ANTROPOLÓGICA. MARIO BARRIENTOS MARTÍNEZ. Antropólogo Desde la raigambre mapuche de la cultura chilota y ciertamente de las otras culturas indígenas que la han constituido, entre ellas la canoera austral, las percepciones respecto a cómo se ordena espacialmente el mundo circundante aluden a dos dimensiones: una perspectiva de abajo hacia arriba, que es percibida como ordenada en planos circulares y horizontales, y otra percepción igualmente en perspectiva desde abajo hacia arriba, pero ordenada en forma lineal, vertical y circular. En síntesis, la primera perspectiva alude al espacio cosmogónico, y la segunda al espacio territorial. El wallontu mapu, “conforma el espacio total e incluye los elementos religiosos, cosmogónicos, filosóficos que sustentan el territorio y la cultura mapuche, y la cultura

universal corresponde al espacio universal” (54).

En la cultura chilota, no obstante los cambios sucedidos y los necesarios procesos de ajuste generados como respuestas a esos cambios, persisten elementos fundamentales que


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constituyen la percepción del espacio territorial y cosmogónico. Éstos dicen relación con una visión de integral de los elementos del entorno conjugados sistémicamente, que hace perdurar y privilegiar una noción de totalidad, de “un todo relacionado con todo”, indisoluble, complejamente ligado.

Pero, son los habitantes del lugar quienes transforman en “espacio” la geometría de los entornos locales, y en este caso una geometría de totalidad, de una integralidad territorial y cosmogónica. El espacio territorial es un lugar antropológico que se define ante todo como el lugar de la propia casa, el lugar de la identidad compartida, el lugar común para aquellos que, habitándolo juntos, son identificados como tales por aquellos que no lo habitan. En tal sentido, es posible apreciar la existencia de identidades socioterritoriales aludiendo a las características topográficas del territorio de residencia. Estos lugares antropológicos, están cargados de sentidos y significación cultural, como espacios que posibilitan el despliegue de prácticas sociales y culturales(55). Ello incide además en la lengua tradicional, dando lugar a las variaciones locales y dialectales.


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En esa perspectiva, “el componente imaginario es fundamental en la construcción del lugar; el aspecto físico por sí solo no basta para hablar de identidad espacial, puesto que también existen narraciones y relatos del espacio que constituyen un patrimonio diferente de aquel reconocido habitualmente pero absolutamente esencial”(56). De ello se deriva que los sentidos compartidos están ligados a su vez a ciertas características distintivas de los espacios. En definitiva, los aspectos identitarios del lugar están relacionados también con la identidad de quienes lo habitan. “En aquellos espacios que se denominan contextos de copresencia, o dicho de otro modo, espacios donde las relaciones sociales se dan principalmente en situaciones cotidianas cara a cara, propios de muchas áreas rurales, existen condiciones específicas del espacio que hacen posible la

manifestación del “nosotros” colectivo, y que están ligadas a lugares claves, que posibilitan la realización de ciertos “ritos constituyentes” que reafirman a intervalos regulares los sentimientos de pertenencia a un grupo o comunidad determinada, al reunir a sus integrantes en experiencias de participación comunitaria”(57).


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Estos lugares pueden estar relacionados a ceremonias importantes, como fiestas, celebraciones o simplemente reuniones cotidianas, competencias, juegos, encuentros informales, etc.; en definitiva, a encuentros

cara a cara, verdaderos rituales que son fundamentales para la presentación del yo ante los demás, en que el “sí mismo” se refleja en la experiencia que es compartida.


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9. REFERENCIAS (1) (2) (3)

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En las culturas indígenas sudamericanas la tierra, el bosque y las plantas, están relacionados con la reproducción, con la sexualidad, representado en este caso por la Fiura. El elemento líquido, el mar, los ríos, la lluvia, en las culturas indígenas sudamericanas se relacionan con lo esencial, lo limpio, la renovación, en este caso representado por la Pinkoya. El aire, el elemento más etéreo, da cuenta de la transitoriedad y levedad de la palabra que se expresa en una vibración. Aparentemente, las mujeres tienen más desarrollado el espacio neuronal vinculado al lenguaje, en este caso, representado por la Voladora, que surca el aire chilote para entregar noticias. Arquetipo: Concepto tomado de C. Jung (1875-1961), quién da cuenta de ciertos símbolos arcaicos presentes en el inconsciente y revelados a través de sueños o figuras. De ese modo, el inconsciente individual, tiene una capa más profunda que es colectiva y similar en varias culturas y épocas y por lo tanto es suprapersonal. Describe arquetipos para el padre, del guerrero o héroe, del sabio, del sí-mismo, entre otros y de la madre y de la doncella, que podrían encarnarse en la Pinkoya y la Fiura. La Voladora podría relacionarse con un arquetipo que dé cuenta de lo transitorio, del cambio. Respecto de la mitología y cosmovisión chilota, tras explicaciones y comprensiones pueden ser encontradas en: Plath, O. (1973). Geografía del mito y la leyenda chilenos. Santiago, Chile: Editorial Nascimento; Martínez, O. (1992). Chiloé Misterioso: Turismo, Mitología Chilota, leyendas. Chiloé, Chile: Ediciones de la Voz de Chiloé; Vidal, I. (1976).


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Folklore, mitos y leyendas del archipiélago de Chiloé. Chile: Mito; Quintana, B. (1987). Chiloé mitológico: mitos, pájaros agoreros, ceremonias mágicas de la provincia de Chiloé. Chiloé, Chile: s.n.; Quintana, B. (1987). Chiloé Mitológico. Temuco, Chile: Telstar Impresores; Rojas, G. (s/f). Reyes sobre la Tierra. Santiago, Chile: Editorial Biblioteca Americana. Universidad Andrés Bello. Renato Cárdenas A., y Catherine G. Hall. (1985) Chiloé: manual del pensamiento mágico y la creencia popular. s.n. Narciso García Barría. (1997) Tesoro mitológico del archipiélago de Chiloé: bosquejo interpretativo. Andrés Bello. Santiago de Chile. (6) Las culturas originarias reconocen un código de ética del comportamiento para relacionarse con otros seres vivos y muertos, con el ambiento físico y con la propia espiritualidad. En el caso mapuche este se conoce como el Az Mapu y su adherencia se relaciona con el respeto al entorno en que se vive, para preservarlo para otros seres vivos y para la familia futura. (7) Fiura: en mapudungun no existe como vocablo y tampoco parece corresponder a un préstamo de la lengua española. Hay pocos registros de las voces de los indígenas canoeros a veces llamados chonos, payos, cuncos o guaiguenes, por lo que podría corresponder a alguna voz de esas lenguas de las que se conservan algunos vocablos como Laitec, Tac, Chaulinec. También podría tratarse de una deformación de la palabra “feura” que aludiría a la fealdad del personaje. (8) Quilineja: Luzuriaga polyphylla, planta trepadora de los árboles del bosque nativo. (9) Pompones: Sphagnum spp, planta, tipo musgo que crecen en zonas muy húmedas. (10) Luma: Amomyrtus luma (11) Arrayán: Luma apiculata (12) Frijob Capra, en su libro “La trama de la vida: una perspectiva de los sistemas vivos”


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(1998) (Ed.Anagrama, S.A. Barcelona), presenta nuevas comprensiones a partir de la ecología profunda, la complejidad, la autoorganización de los sistemas vivos, una nueva síntesis paradigmática del saber combinando las estructuras disipativas de la física, la autoconstrucción o autogénesis de la biología para presentar un nuevo entendimiento del despliegue de la vida en el universo. Desde otra perspectiva, los conceptos y filosofía del mundo indígena está muy cercana a estas ideas y proponen un modelo de comportamiento respetuoso de las leyes naturales. En distintas culturas, el color rojo se asocia a la menstruación, a la fecundidad y al peligro. Pinkoya: su fonética aparentemente no corresponde al mapundungun. Kolla es una palabra quechua para representar a una mujer joven. Hay pocos registros de las voces de los indígenas canoeros a veces llamados chonos, payos, cuncos o guaiguenes, por lo que podría corresponder a alguna voz de esas lenguas de las que se conservan algunos vocablos como Laitec, Tac, Chaulinec. En el Chiloé actual se le denomina “chonqui” a los habitantes indígenas de islas remotas. Cangrejo: Taliepus marginatus. Custáceo típico de Chiloé. Róbalo: Eleginops maclovinus. Pez betónico. Picoroco: Megabalanus psittacus. Crustáceo que crece inmóvil en las rocas. Navajuela: Tagelus dombeii. Marisco bivalvo que se escurre con facilidad en la arena. Hiuro: Macrocystis pyrifera. Alga parda de gran frondosidad. Envarillado: Tipo de cerco campesino que se hace entrelazando varillas verdes. No utiliza clavos ni metal. Guauda: Guairavo, Nycticorax nycticorax. Ave que suele verse al crepúsculo, cerca de los lugares húmedos.


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Tonina: Cephalorhynchus eutropia. Mamífero de la familia de los delfines. Sierra: Thyrsites atun. Pez pelágico. Choroy: Enicognathus leptorhynchus. Loro típico de Chiloé. Quilineja: Luzuriaga radicans. Enredadera del bosque nativo. Poe: Greigia landbeckii. Planta que crece en los huecos de los troncos de grandes árboles. Chupon: Greigia sphacelata. Planta de largas hojas con espinas. El nuevo paradigma de la comunicación asume que este no se considera un descriptor neutral de hechos, sino como una herramienta interpretativa de ellos, dependiendo de la cultura, la historia y los valores. El concepto de “objetividad entre paréntesis” elaborado por Humberto Maturana, biólogo chileno, da cuenta de ello. Alude a la característica generativa del lenguaje, ya que no solo permite hablar respecto de algo, sino que hace que las cosas ocurran, o sea, que crea realidades, tal como señalan autores como Rafael Echeverría (filósofo y sociólogo), y Fernando Flores (ingeniero y economista chileno), entre otros. Esto para porque, en cualquier idioma ejecutamos “actos de habla” parecidos, según Searle, filósofo norteamericano: hacemos declaraciones, afirmaciones, promesas, pedidos y ofertas. El sociólogo alemán Nikclas Luhmann, relaciona la teoría de sistemas con la complejidad social. Señala que los tres sistemas (vivos, psíquicos y sociales) necesitan reducir complejidad para estabilizarse y para ello deben aumentar complejidad, para establecer una relación concordante con la complejidad del ambiente. En este sentido, el papel de la comunicación como vinculación o patrones de relación, en un insular mundo disperso, puede aparecer como un tema de la máxima importancia, para reducir la complejidad, aumentando los vínculos La noción de aprendiz implica la capacidad asombro primordial mantenida en el tiempo,


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pese a la edad o la experiencia adquirida en un tema. De hecho, cuanto más experiencia, más profundo y genuino debiera ser el asombro que permite el aprendizaje. Autores señalan que las personas debemos reconocer una “disonancia cognositiva” para poder aprender. Desde la neurociencia, significaría que deben lograrse nuevas sinapsis para comprender el fenómeno. Al respecto, la teoría de Festinger (1919-1989), sicólogo norteamericano, plantea que al producirse incongruencias o disonancias, la persona siente el impulso para generar nuevas ideas y creencias, para reducir la tensión interna ocasionada por la disonancia y conseguir un conjunto de sus ideas y actitudes que encajen entre sí, para lograr una nueva coherencia interna y provocar el aprendizaje. El Trauco representa al bosque y los resguardos que las mujeres deben tomar cuando transitan sin compañía por algún lugar no habitado. Un aviso para no desprenderse de la tutela familiar. Si hay alertas para transitar solas por lugares no habitados, hay mayor advertencia para explorar sitios en los que no habría nada que buscar o hacer. Un resguardo contra la curiosidad femenina, más desarrollada. El Imbunche representa una advertencia para no acercarse a lugares peligrosos, por donde podrían transitar seres o espíritus poderosos. El Camahueto simboliza lo que no es visible, pero si percibible. Lo que está oculto y puede ser poderoso e incontrolable como las fuerzas telúricas de un terremoto o erupción volcánica. Respecto de los arquetipos masculinos, otras explicaciones y comprensiones están contenidas en las referencias del punto 5. Esta expresión alude a la sencillez y la bondad, unidas al candor de las personas. “¿Chiquito o chiquita de quién eres tú?”, preguntamos para conocer las raíces familiares hasta encontrar el parentesco.


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Quila: Chusquea quila Araña pollito: Grammostola Rosea, Grammostola Cala. Quilineja: Luzuriaga radicans Imbunche o Invunche, persona deforme en mapuzungun. También llamado Machucho o Chivato. La “Mayoría” o la “Recta Provincia”, era una institución que surgió de la necesidad de reglar la hechicería en el archipiélago, y contaba con una extensa red de “funcionarios” cuya organización imitaba la del Estado chileno. Autodefinida como “tribunal de la raza indígena”, su influencia se extendía a gran parte de la población campesina del archipiélago, la que presentaba ante ella sus demandas. Éstas generalmente se relacionaban con sanaciones y denuncias de brujería, ante las cuales la Mayoría dictaba comúnmente sentencias que podían ir desde el exilio hasta la muerte del brujo. Disponible en http://www.memoriachilena.cl/temas/dest.asp?id=juicioalosbrujosdechiloe; Más información: http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?ID=137913. Según se cuenta, en Chiloé habían siete cuevas distribuidas en el archipiélago: Buenos Aires (Achao), Salamanca (Rauco), Perú (Caucahue), Villarrica (Dalcahue), Lima (Quicaví), Santiago (Tenaún) y España (Payos, Queilen y Compu). La cueva mayor es la de Quicaví, la que se supone cuida el Imbunche. Sargazo: Macrocystis pyrifera. Alga En Chiloé han memoria de yacimientos auríferos en Cucao y en Ancud, Pu Millahue, significa “donde hay mucho oro”. Cuarzo: Compuesto de dióxido de silicio que se presenta como un cristal romboédrico. Es


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incoloro en estado puro, puede adoptar numerosas tonalidades si lleva impurezas. Es tan duro que puede rayar el acero común y luminiscente cuando se calienta. En Chiloé no hay memoria de explotación de minas de carbón. Un nombre asociado es Curanué. Cancagua: Se encuentran grandes yacimientos de esta roca, que se compone de ceniza volcánica. Por su plasticidad y capacidad térmica es usada en ladrillos para la construcción de casas, hornos y braseros y, para realizar esculturas. El granito como tal no existe en Chiloé, pero se encuentran rocas aisladas de ese material, producto de erupciones volcánicas pretéritas. Un ejemplo de ello está en el libro de Gabriel Guarda, Los Colmeneros de Andrade de Chiloé: contribución a la historia social de Chiloé. (Ediciones Universidad Católica de Chile, 1995). Es común escuchar “sí, pero ese no es pariente, es de los otros Andrade”… Las tejuelas son tablas de madera de alerce (fitzroya cupressoides) que se obtienen de la corta y rajadura de los troncos del árbol. Se trata de una actividad tradicional que implica ir a la montaña y permanecer durante meses en la faena, bajo duras y riesgosas condiciones. El concepto de inconsciente colectivo fue elaborado por el psiquiatra suizo Carl Jung. El señala que éste es más antiguo que la vida de un ser humano y a partir de ello, Jung señala los arquetipos, especie de lenguaje simbólico común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, que expresa el contenido de la psique que permanece más allá de lo cognitivo o de la pura racionalidad. Y ojala mantengamos la capacidad de mestizar y tengamos un mall o reageton al estilo chilote y que el puente sobre el canal de Chacao afecte otras características de la cultura


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chilota, pero no éstas esenciales descritas en este documento. Huenchulaf, E., Cárdenas, P. Y Ancalaf, G. (2004): Nociones de Tiempo y Espacio en la Cultura Mapuche Guía Didáctica para el Profesor Nivel Básico I – LOM – Santiago Auge, Marc. La cultura de los otros. Gedisa Editorial. Madrid. 1993 Urrejola, L. Hacia un concepto de espacio en Antropología. U. de Chile. Santiago. 2005. Disponible enhttp://www.tesis.uchile.cl/tesis/uchile/2005/urrejola_l/sources/urrejola_l.pdf Goffman, E. La ritualisation de la feminité. Actes de la recherche en sciences Sociales. Paris. 1977.Disponible en http://www.univparis1.fr/uploads/media/La_ritualisation_de_la_f %C3%A9minit%C3%A9.pdf Goffman, E. op cit


Cosmovision chilota