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EL DINERO DEL EXILIO Indalecio Prieto y las pugnas de posguerra (1939-1947)

ÁNGEL HERRERÍN LÓPEZ

Fragmento de la obra completa


España México Argentina

Todos los derechos reservados.

© De esta edición, noviembre de 2009 © SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A. Menéndez Pidal, 3 bis. 28036 Madrid www.sigloxxieditores.com/catalogo/el-dinero-del-exilio-1177.html © Ángel Herrerín López Diseño de cubierta: Simon Pates Maquetación: Jorge Bermejo & Eva Girón Imagen de cubierta:Vapor Quanza. Fundación Pablo Iglesias. Archivo y Biblioteca ISBN-DIGITAL: 978-84-323-1518-3


ÍNDICE

INTRODUCCIÓN...............................................................................................................

XI

1. LA ACTIVIDAD DE LA JARE EN MÉXICO ....................................

1

I. EL LITIGIO ENTRE PRIETO Y NEGRÍN Y LA CONSTITUCIÓN DE LA JARE ............................................................................................................. II.

LOS FONDOS DE LA JARE .......................................................................... II. 1. El Vita, 9; II. 2. Los valores iberoamericanos, 14; II. 3. El material aeronáutico, 18

III.

LA ACTUACIÓN DE LA JARE EN MÉXICO ............................................ III. 1. La Comisión de Socorros, 24; III. 2. El Comité Femenino, 33; III. 3. El Servicio Médico Farmacéutico, 42; III. 4. Los asentamientos en el medio rural, 44; III. 5. El Gabinete Hispano Mexicano de Estudios Industriales (HISME), 48

1 7 24

2. LA PROTECCIÓN A LOS REFUGIADOS EN LA EUROPA DE HITLER...........................................................................................................

69

I. LA LEGACIÓN DE LUIS I. RODRÍGUEZ, JULIO A DICIEMBRE DE 1940 .....................................................................................................................

70

II. LA LEGACIÓN DEL GENERAL AGUILAR Y LA REANUDACIÓN DE LOS EMBARQUES ...........................................................................................

81

III. LOS ÚLTIMOS MESES DE LA JARE EN FRANCIA. LA LEGACIÓN DE GILBERTO BOSQUES..............................................................................

93

IV. BALANCE DE LA AYUDA ECONÓMICA DE LA JARE EN FRANCIA Y ÁFRICA DEL NORTE..................................................................................

101

3. LA AYUDA DE LA JARE EN OTROS PAÍSES ...............................

115

I.

LA AYUDA EN EUROPA ................................................................................

II.

LA AYUDA EN AMÉRICA..............................................................................

III. LA AYUDA A LOS EXILIADOS ESPAÑOLES EN LA REPÚBLICA DOMINICANA ................................................................................................. III. 1. El volumen del exilio en República Dominicana, 123; III. 2. Profesiones y ocupación de los refugiados, 125; III. 3. Los asentamientos en las colonias agrícolas y otras ocupaciones, 127; III. 4. La JARE en Santo Domingo, 130; III. 5. La salida de la República Dominicana, 137; III. 6. La actuación de la CAFARE, 144

IX

115 118 122


ÍNDICE

4. LA INTERVENCIÓN MEXICANA Y LA CONSTITUCIÓN DEL GOBIERNO REPUBLICANO EN EL EXILIO. LA RENDICIÓN DE CUENTAS .......................................................................

153

I. LAS RELACIONES ENTRE LA JARE Y OTRAS ORGANIZACIONES DE EXILIADOS ESPAÑOLES .......................................................................

153

II. LA INTERVENCIÓN DEL GOBIERNO MEXICANO. EL ACUERDO PRESIDENCIAL DE 1941................................................................................

168

III. EL DECRETO DE NOVIEMBRE DE 1942 Y EL FIN DE LA DELEGACIÓN DE LA JARE.......................................................................... V. EL GOBIERNO GIRAL Y LA RENDICIÓN DE CUENTAS .....................

177 190 203

CONCLUSIONES ...............................................................................................................

231

ÍNDICE DE TABLAS Y GRÁFICOS .................................................................................

237

FUENTES.............................................................................................................................

239

BIBLIOGRAFÍA ..................................................................................................................

241

ÍNDICE ONOMÁSTICO ...................................................................................................

247

IV. LA ACTUACIÓN DE LA CAFARE................................................................

X


INTRODUCCIÓN

Uno de los temas más destacados de la actual historiografía contemporánea de España es el exilio tras la guerra civil. La importancia de su estudio se ha acrecentado en el transcurso de los últimos años debido al papel que desempeña en la memoria histórica de la actual España democrática. Con la celebración del setenta aniversario del inicio de la guerra civil y la aprobación en el parlamento del año 2006 como el de la memoria histórica, el exilio volvió a ser motivo de una atención preferente. Sin embargo, hasta el momento, las aportaciones historiográficas que se han realizado sobre el tema corresponden a trabajos que han abordado la cuestión desde unos planteamientos muy generales, donde las referencias a las organizaciones que se constituyeron en el exilio son, en la mayoría de los casos, aproximaciones parciales en un contexto de investigación muy amplio. Además, el enfoque predominante se ha detenido en el estudio de la obra intelectual de la élite del exilio, descuidando, en la mayoría de los casos, el análisis de su dimensión política. A este respecto, hoy en día no ha sido suficientemente esclarecida, por ejemplo, la utilización del dinero que, perteneciente a la República, fue sacado de España por los representantes políticos en los últimos instantes de la guerra civil. Como tampoco son bien conocidas las relaciones de las asociaciones políticas de los republicanos españoles con los gobiernos de los principales países de acogida. El presente libro trata de paliar una parte de ese vacío historiográfico a través de la controvertida historia de la Junta de Auxilio de los Republicanos Españoles (JARE), dirigida por Indalecio Prieto. La utilización de los bienes de la República, en general, y la actuación del líder socialista al frente de la JARE, en particular, siempre han sido cuestiones que han supuesto una fuente inagotable de disputas, ya no sólo entre los propios dirigentes republicanos y sus organizaciones en el exilio, XI


EL DINERO DEL EXILIO

sino también entre los historiadores que han abordado tan espinoso asunto. Las referencias al reparto de los fondos en el exilio se han realizado, en la práctica totalidad de los trabajos, en un marco extenso, señalando el uso partidista de dichos fondos pero sin llegar —en muchos casos por falta de documentación— hasta las cifras concretas gastadas por las organizaciones en el exilio. A este respecto, como se podrá comprobar en las páginas siguientes, la política de ayudas puesta en marcha entre los refugiados implicó graves desigualdades, que tuvieron su origen tanto en el encuadramiento político como en las responsabilidades desempeñadas en tiempos de la República. Así lo demuestran las cantidades entregadas a las instituciones republicanas y a sus dirigentes, en comparación con las depositadas en manos de la mayoría de los refugiados en Francia en los primeros meses de la posguerra. Algo que queda patente también en los subsidios que recibieron los españoles una vez asentados en México. Pero el dinero del exilio no se gastó exclusivamente en aportaciones en metálico repartidas entre los refugiados. Las organizaciones de ayuda invirtieron importantes cantidades en la puesta en marcha de servicios para los exiliados y en la constitución de fábricas y proyectos industriales, que pretendían facilitar la ocupación de los españoles en los países de acogida. Los resultados de estas inversiones fueron muy variopintos, por lo que es necesario realizar un análisis pormenorizado de las cantidades gastadas en relación con las circunstancias de cada país y las necesidades de los exiliados, sin olvidar las condiciones de recepción de los españoles. Estas cuestiones suponen que además de abordar el tema capital del gasto del dinero en el exilio, este trabajo pretenda aportar, entre otros aspectos, un mejor conocimiento de los primeros tiempos pasados por los refugiados fuera de nuestras fronteras, las políticas de admisión de países como Francia, México o República Dominicana y las relaciones de las organizaciones españolas con sus gobiernos. Son por todos conocidas las condiciones infrahumanas que tuvieron que soportar los españoles tras franquear los Pirineos, y la dura situación vivida en los campos de concentración en los que fueron internados. La ayuda inapreciable de la Legación mexicana en Francia fue fundamental para su supervivencia, como lo fue la recepción de miles de españoles en el país azteca. La importancia de la ayuda diploXII


INTRODUCCIÓN

mática mexicana se vio acrecentada con la ocupación nazi del país galo, al implicar un endurecimiento de las condiciones de vida de los refugiados españoles. Sin embargo, más allá de estas realidades, es imprescindible ahondar en la política de acogida de los países receptores y, en consecuencia, en los criterios de selección de los españoles para embarcar en los vapores que conducían a América. A este respecto conviene no olvidar que estos criterios influyeron de una forma determinante en la adaptación de los exiliados a las sociedades de los distintos países americanos. La problemática de los embarques implicaba una negociación a muchas bandas en la que estaban involucrados las fuerzas de ocupación alemanas, el gobierno de Vichy, la Legación de México, las compañías navieras y las organizaciones de ayuda, que a su vez tenía que negociar el reparto de plazas con los partidos y sindicatos españoles. El desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y las circunstancias imperantes en México, obligaron a cambios importantes en la política de embarques, tanto en las organizaciones españolas como en el gobierno mexicano, que no estuvieron exentas de fuertes enfrentamientos y descalificaciones. Aunque siempre se ha señalado el carácter partidista a la hora de la distribución de las plazas, la apertura de fondos documentales permite aportar nuevos datos sobre el reparto de los pasajes. En el mismo sentido podemos cifrar, de una forma concreta, las cantidades invertidas y el número de refugiados transportados por la JARE durante el tiempo de su actuación, así como analizar los criterios aplicados y la implicación de sus responsables en la confección de las listas de embarque. Dos cuestiones más van a ser motivo de una atención especial en el presente libro. En primer lugar, las causas de la intervención de los fondos del exilio por parte del gobierno mexicano; en segundo lugar, la rendición de cuentas de los dirigentes de las organizaciones de ayuda españolas ante los gobiernos republicanos del exilio. En relación con el primer punto, las explicaciones al por qué de la intervención mexicana de los fondos de la JARE han sido variadas, sin que fueran del todo convincentes. Las causas que se han argumentado van desde los enfrentamientos entre los diferentes grupos políticos españoles, hasta la falta de entendimiento con las autoridades mexicanas, pasando por las presiones internas de la política azteca. Sin embargo, aunque es verdad que estas, y otras cuestiones, estuvieron siempre presentes en las relaciones XIII


EN EL NOMBRE DEL PUEBLO

entre las organizaciones de ayuda y el ejecutivo de México, es necesario marcar las diferencias que motivaron el primer intento de intervención mexicana, en enero de 1941, con el definitivo de noviembre de 1942. En este caso, además, queda por señalar el detonante —la causa última— que provocó la incautación de los bienes del exilio español controlados por Indalecio Prieto. En cuanto a la segunda cuestión, la rendición de cuentas ante los gobiernos republicanos, la interpretación parte de las difíciles relaciones entre partidos, sindicatos y asociaciones de exiliados con las organizaciones de ayuda. Las luchas en el exilio fueron una constante que dividió a organizaciones políticas, llegó a duros enfrentamientos personales y provocó heridas difíciles de restañar. La labor de administrar los bienes del exilio en una situación tan delicada no fue tarea fácil, situación que se vio agravada por la decisión de los principales dirigentes de la JARE de mantener una gestión personal de los fondos. Así que las acusaciones de malgastar el dinero de la República, de enriquecimiento o de favorecer a amigos o correligionarios llegaron desde cualquier grupo o refugiado que se hubiera visto marginado. Por lo tanto, cuando se constituyó el primer gobierno republicano en el exilio, en agosto de 1945, y llegó el momento de presentar el informe de la gestión realizada, la situación se movió entre las penurias económicas del ejecutivo, el arreglo de cuentas entre partidos y la necesidad de que la labor realizada recibiera la aprobación de las instituciones republicanas. La apertura de nuevos fondos a los investigadores en los últimos años ha permitido abordar muchas de estas cuestiones. Así, el Archivo General de la Guerra Civil en Salamanca ha recuperado la documentación de Carlos Esplá, secretario general de la JARE, un fondo que es complementario de otro depositado en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid. Para la presente investigación ha sido fundamental la consulta del Archivo de la Fundación Indalecio Prieto de nuestra capital, abierto en fechas recientes, lo que ha permitido la utilización de una documentación prácticamente inédita. Otros fondos consultados han sido los depositados en la Fundación Universitaria Española, la Fundación Anselmo Lorenzo o el Archivo Histórico Nacional de Madrid, a los que hay que añadir los ubicados en México como el del Ateneo Español, el Archivo del Instituto Nacional de Antropología e Historia o la Biblioteca Social Reconstruir. XIV


INTRODUCCIÓN

Por último, me gustaría agradecer a todo el personal de los archivos mencionados la atención que me dispensaron y reconocer, de una manera especial, a Adolfo de Luxán, de la Fundación Indalecio Prieto, y a Pilar Casado, del Archivo del Ministerio de Exteriores, su importante ayuda. También quiero agradecer a todos los compañeros del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED su inestimable apoyo en mi experiencia investigadora y docente. Asímismo, quisiera dar las gracias a Siglo XXI de España Editores por su colaboración e interés en la publicación del presente libro.

XV


1. LA ACTIVIDAD DE LA JARE EN MÉXICO

La llegada del barco Vita a México y el consiguiente control de su carga por parte de Indalecio Prieto provocaron un cambio de poder en el seno de determinadas organizaciones políticas españolas así como en las instituciones republicanas del exilio. Tras la victoria sobre Negrín en la Diputación Permanente de las Cortes y la constitución de la JARE en Francia, Indalecio Prieto volvió a México en noviembre de 1939. Se iniciaba, de esta manera, la andadura de la Delegación de la JARE que funcionó durante tres años, hasta noviembre de 1942, fecha en la que el gobierno mexicano, con su presidente Ávila Camacho al frente, pasó a controlar las cuentas de la organización de ayuda. Durante estos años, la actividad de la Delegación consistió no sólo en ayudar a los españoles que se encontraban en Francia y África del Norte y organizar las expediciones con destino a América, sino también en la constitución de organismos que tuvieron como misión principal la atención a los exiliados en México. La Delegación les ayudó a través de subsidios económicos, creación de colegios para sus hijos, servicios médicos y farmacéuticos, etc. Además, la organización dirigida por Prieto participó con el gobierno mexicano en la creación de industrias o asentamientos agrícolas a través de inversiones, que pretendieron facilitar el establecimiento de los exiliados y, al mismo tiempo, colaborar en el desarrollo del país que tan fraternalmente les había acogido. I. EL LITIGIO ENTRE PRIETO Y NEGRÍN Y LA CONSTITUCIÓN DE LA JARE

El barco Vita llegaba al puerto mexicano de Veracruz el 23 de marzo de 1939. En su interior se acumulaban unos ciento cincuenta bultos, 1


EL DINERO DEL EXILIO

«petacas y baúles, chicos y grandes» 1, que contenían alhajas y bienes incautados a particulares. El cargamento del Vita era una parte de los bienes que el Gobierno de Negrín sacó de España para hacer frente a los gastos de miles de refugiados españoles ante la inminente derrota en la guerra civil. Otros cargamentos salieron de España con destino a la Unión Soviética, Estados Unidos, Inglaterra, Holanda o Francia. Precisamente la embajada española en París fue el lugar de almacenamiento de los bienes que transportó el Vita, y que Negrín decidió trasladar a México ante la posibilidad de que el gobierno francés se los entregara a Franco2. Cuando el Vita llegó a Veracruz no había nadie para recibirlo. El doctor José Puche, rector de la Universidad de Valencia, era la persona encargada por Negrín para la recepción del barco, pero sufrió un retraso en su viaje que le impidió estar en México en la fecha indicada. Ante este contratiempo y debido a la importancia del material transportado, el responsable de la seguridad y custodia de la carga, Enrique Puente, se puso en contacto con Indalecio Prieto que se encontraba en esos momentos en México. Prieto había sido el titular de Defensa en el ejecutivo presidido por el socialista Juan Negrín durante la guerra civil. Como consecuencia de las desavenencias entre ambos sobre la evolución de la contienda, Prieto fue cesado de su cargo en abril de 1938. En diciembre del mismo año, el ex minsitro acudía, al frente de la embajada extraordinaria que representaba a la República española, a la toma de posesión del nuevo presidente chileno Pedro Aguirre Cerda. A continuación, el líder socialista realizó una gira por diversos países americanos en los que recopiló apoyos para la República española. En febrero de 1939, Prieto recalaba en México tras aceptar la invitación cursada por el máximo mandatario de este país, Lázaro Cárdenas, con quien le unía una gran amistad3. Prieto solicitó del presidente mexicano su autorización para proceder al desembarco de la carga del Vita, cuestión que era urgente ante la más que probable actuación de los agentes de aduana en el puerto de Veracruz. El Vita navegó, por indicación de las autoridades mexicanas, hasta un lugar más reservado, como era el puerto de Tampico. A continuación, la carga fue trasladada en tren ordinario con destino a la ciudad de México. Ya en la capital, unos camiones trans2


LA ACTIVIDAD DE LA JARE EN MÉXICO

portaron el cargamento a casa de José Argüelles, antiguo secretario de la Embajada Española en México4. A los pocos días, José Puche llegó a México y se puso en contacto con Prieto para hacerse cargo de los bienes. En un principio, según el propio Puche, Prieto mostró su disposición a entregarle el cargamento, de hecho, juntos realizaron una visita de inspección al lugar donde se encontraban almacenados los bultos. Sin embargo, la situación cambió al poco tiempo. Puche señalaba que «sin mi intervención ni conocimiento, el cargamento fue trasladado subrepticiamente a otro lugar»5. En efecto, el cargamento había sido transportado a un lugar secreto, donde estuvo guardado hasta que, solucionados los pleitos políticos, se inició la transformación de la carga en numerario. Aunque Prieto estuvo dispuesto, en un principio, a hacer entrega del cargamento al doctor Puche, los acontecimientos acaecidos en los días siguientes a la llegada del barco provocaron un vuelco en la situación que implicó un cambio sustancial en la evolución política del exilio español. Negrín había conseguido que la Diputación Permanente de las Cortes, en la reunión celebrada el 31 de marzo de 1939 en París, reconociera su gobierno. La Diputación decía tomar nota: de la existencia de un poder ejecutivo que no puede declinar ante el órgano constitucional adecuado sus cargos [...] acuerda designar una Comisión de seis miembros que, con su presidente, mantenga contacto permanente con el Gobierno, fiscalice su gestión y asegure la compenetración entre éste y los partidos afectos a la República6.

Lo sucedido con el cargamento del Vita no había gustado a Negrín, por lo que envió un telegrama a Prieto, a principios de abril, en el que invocaba el acuerdo de la Diputación Permanente, por el cual, según su apreciación, no se podía proceder al empleo de los recursos del Estado republicano sin orden expresa suya o del ministro de Hacienda7. En los mismos días, Prieto recibió la noticia de que su petición, realizada a través de la Comisión Ejecutiva del PSOE, de ser nombrado delegado oficial del organismo de ayuda constituido por Negrín había sido denegada por el propio presidente, que había renovado su confianza en José Puche8. 3


EL DINERO DEL EXILIO

A este respecto hay que recordar que Negrín había organizado el Servicio de Emigración de Republicanos Españoles —también denominado Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles— (SERE), en febrero de 1939, coincidiendo con la huída de miles de españoles ante el avance de las tropas de Franco en Cataluña. El SERE estaba compuesto por un Consejo Ejecutivo —en el que se encontraban representadas todas las organizaciones políticas españolas que habían formado parte del bando republicano durante la guerra civil— y una Ponencia, que debía ratificar lo acordado por el Consejo. La Ponencia estaba presidida por Juan Negrín, mientras que las vocalías recayeron en: Julio Álvarez del Vayo, ex ministro del Estado; Tomás Bilbao, ex ministro sin cartera; Segundo Blanco, ex ministro de Instrucción Pública; Ramón González Peña, ex ministro de Justicia; Francisco Méndez Aspe, ex ministro de Hacienda; y José Moix-Regas, ex ministro de Trabajo9. En fin, Prieto debió sentirse tremendamente irritado tanto por el toque de atención que había recibido de Negrín para que se inhibiera en el control de los bienes transportados por el Vita, como por su negativa a nombrarle delegado del SERE en México. Estas dos circunstancias y el recuerdo de su salida del Ministerio de Defensa debieron de influir en Prieto para que, consciente del inmenso poder que el azar había puesto en sus manos al ser el depositario de unos bienes tan necesarios para el exilio, decidiera pasar a la acción. Su actuación se centró en el organismo que había legitimado al gobierno de Negrín, es decir, en la Diputación Permanente de las Cortes. Prieto envió, en el mes de abril, un informe en el que explicaba el alcance de su gestión y vinculaba el control de los bienes del Vita a su amistad con el presidente de México. Simultáneamente, Martínez Barrio le hizo ver, en diferentes comunicaciones, que Negrín no contaba con las atribuciones que decía poseer, al tiempo que le informaba de la aprobación de su gestión por parte de la Diputación. Además, Prieto supo cómo ganarse el apoyo de los diputados cuando hizo llegar un documento, en junio de 1939, acompañado de más de 258.000 dólares, a Luis Fernández Clérigo, presidente interino de la Diputación Permanente, en el que solicitaba que dicha institución se trasladara en pleno a México para hacerse cargo de todos los bienes que se encontraban en el país azteca10. Parece fuera de toda duda que los miembros 4


LA ACTIVIDAD DE LA JARE EN MÉXICO

de la Diputación no se iban a negar a ser los únicos depositarios y responsables exclusivos en la gestión de los bienes. La situación había cambiado por completo, ahora era Negrín, llegado a México a principios de junio, el que buscaba desesperadamente mantener una entrevista con Prieto, mientras que éste se negaba a la celebración de dicho encuentro. El presidente del gobierno republicano llegó a ofrecerle lo que antes le denegó: la presidencia de la organización que administraría los recursos, pero esta proposición llegaba demasiado tarde. Prieto sabía que la batalla definitiva se iba a librar en Francia, donde se encontraba la Diputación Permanente de las Cortes, y era consciente de que su presencia en ese momento y lugar iba a ser determinante. Ambos políticos viajaron, a principios de julio, con destino a Francia a bordo del Normandie, sin que Prieto atendiera los requerimientos de Negrín para mantener una reunión en el transcurso del viaje11. Las tesis que Prieto defendió tanto en el seno de su partido como en la Diputación Permanente de las Cortes, consistían en la inexistencia del gobierno republicano y en la necesidad de crear un organismo que administrara los bienes del Vita. Prieto consiguió ambos objetivos en la reunión de la Diputación del 26 de julio de 1939. La Diputación Permanente, con 15 votos a favor, 5 en contra y 2 abstenciones, se declaraba como «la única institución indiscutible de cuantas han quedado de nuestra estructura constitucional», y se desdecía de su acuerdo de finales de marzo al declarar que: En lo que atañe al Gobierno, al día de hoy, en su composición actual, un examen objetivo de los hechos lo presenta como inexistente en realidad12.

Cinco días después, concretamente, el 31 de julio de 1939, la Diputación Permanente de las Cortes aprobaba los estatutos de la JARE. En resumen, los estatutos recogían que el nuevo organismo de ayuda estaba encargado de «administrar cuantos recursos y bienes pueda y deban destinarse al auxilio de quienes emigran de España por defender las Instituciones democráticas de nuestro país». El papel de la Diputación Permanente sería el de fiscalizador. La JARE estaría constituida por un presidente y ocho vocales, todos ellos nombrados por la Diputación, que podía sustituirlos «en todo instante por acuerdo de la mayoría absoluta de sus miembros». La JARE tenía también amplias facultades 5


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para hacerse cargo de cuanto por su origen podía utilizarse en auxilio de los defensores de la legalidad republicana, por lo que requerían «a cuantas personas y entidades tengan actualmente en su poder recursos o bienes de la naturaleza dicha para que los entreguen». El nuevo organismo quedaba facultado para mantener o cambiar los actuales depósitos de los bienes y recursos, y realizar las operaciones que estimara necesarias. La JARE distribuiría, a cuenta de estos recursos y bienes, «los socorros, subsidios y toda clase de auxilios que convenga establecer» para lo que podía crear los órganos administrativos que estimara necesarios. Los cargos de presidente, vicepresidente y vocales de la JARE serían incompatibles con las funciones que correspondieran a los miembros de la Diputación Permanente, no pudiendo intervenir en las deliberaciones de ésta ni emitir su voto hasta haber cesado en la JARE13. En los presentes estatutos sobresalen dos cuestiones: por un lado, el alto grado de autonomía de la JARE; por otro, cómo la Diputación Permanente, que según las primeras manifestaciones de Prieto iba a ser la institución poseedora y administradora de los bienes, pasaba a desempeñar un papel exclusivamente fiscalizador. En cuanto a los cargos, Luis Nicolau D’Olwer ocupó el puesto de presidente; Indalecio Prieto, el de vicepresidente; los vocales fueron Emilio Palomo, Faustino Valentín, José Andreu, Juan Peiró y Amador Fernández; el cargo de secretario general recayó en Carlos Esplá. En la JARE estuvieron presentes todas las organizaciones españolas antifascistas exiliadas salvo el Partido Comunista y el Partido Nacionalista Vasco, cuya exclusión, según indicaba el primer manifiesto suscrito por los dirigentes de la organización de ayuda recién constituida, era «puramente voluntaria» aunque abrigaban la esperanza de que no fuera definitiva. El manifiesto señalaba que la actuación de la JARE estaría enfocada principalmente «a favorecer a los compatriotas más desventurados». Por otro lado, los firmantes significaban que «la política seguida hasta ahora en el reparto de socorros la consideramos tremendamente injusta», en clara alusión a la actuación del SERE, a la que tachaban de «una odiosa falta de equidad». La JARE se proponía «rectificar semejante política tarada por la desigualdad y a rectificarla de modo radicalísimo». Sin embargo, para realizar esta labor, continuaba el manifiesto, necesitaban contar con todos los recursos posibles. Con este fin, en el uso de las facultades con que les había investido la Diputación Permanente, los di6


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rigentes de la JARE se habían puesto en contacto con Negrín para que entregara los bienes y recursos en su poder, aunque, por toda respuesta, obtuvieron «el silencio». El manifiesto terminaba señalando que: No constituimos una oligarquía... No aspiramos —impídenoslo la modestia— a que nuestra labor tenga por único fallo el de la Historia, que será inapelable, pero que, en orden a la eficacia, resulta baldío. Aspiramos simplemente a lograr la perennidad de vuestra aquiescencia, que, si nos faltara habría de restar toda fuerza moral al ejercicio de las funciones que legalmente nos han sido encomendadas. ¡Españoles republicanos: recibid el saludo emocionado de estos hermanos de lucha!14.

En definitiva, Indalecio Prieto había logrado todos los objetivos que se había propuesto con su viaje a Francia y un triunfo absoluto sobre su rival Juan Negrín. Además, Prieto encabezaba la Delegación de la organización de ayuda en México, organismo creado por la JARE en Francia para que se ocupara de la administración de los bienes y recursos que se encontraban en el país azteca. Antes de su vuelta a tierras mexicanas, el líder socialista realizó una gestión, según sus manifestaciones, autorizada por la JARE ante la embajada de la España de Franco en Francia. Prieto defendía que el exilio de los españoles se debía reducir a unos cuantos miles de responsables políticos y facilitar el regreso a nuestro país de la gran masa de refugiados. Con este fin se reunió con el representante franquista José Félix de Lequerica, a quien propuso la entrega de los bienes depositados en México con la condición de la repatriación sin represalias de la inmensa mayoría de españoles exiliados. El régimen franquista no aceptó15. A principios de noviembre de 1939, Prieto abandonaba Francia con destino a México.

II. LOS FONDOS DE LA JARE

El 1.º de diciembre de 1939 tuvo lugar la primera reunión oficial de la Delegación de la JARE en México. El nuevo organismo estuvo consti7


EL DINERO DEL EXILIO

tuido por Indalecio Prieto, del PSOE, en el cargo de presidente; Emilio Palomo, de Izquierda Republicana, como vocal; y José Andreu, de Esquerra Republicana de Cataluña, que, en esta primera sesión, fue nombrado secretario de la Delegación16. El 7 de diciembre la Delegación, ante la avalancha de peticiones que recibía, formuló una declaración en la que, desde el primer punto, dejaba claro que dependía de la JARE constituida en Francia, y, por lo tanto, que la misión circunstancial, concreta y limitadísima que ha de realizar en este país excluye toda clase de facultades para otorgar subsidios individuales o familiares, para contribuir económicamente a la creación y desarrollo de empresas industriales y mercantiles y para cualesquiera otras inversiones, todas las cuales corresponden acordarlas a la Junta en pleno que funciona en París, fiscalizada por la Diputación Permanente de Cortes....

La Delegación señalaba, además, que en dicha Junta se encontraban representados todos los partidos políticos «fundadores y sostenedores» de la República, así como las centrales sindicales UGT y CNT, y que existía también una «Comisión dictaminadora que, al fiscalizar de modo directo todos los actos de la Junta, ha de emitir informe sobre las memorias que ésta debe presentar periódicamente». La Delegación también advertía que no entablaría vinculación alguna con organismos creados de «forma arbitraria por quienes desacataron el acuerdo de la Diputación Permanente» de que todos los recursos para el socorro de refugiados debía administrarlos la JARE, en clara alusión a los organismos creados por Negrín. Por último, la Delegación de la JARE señalaba que su acción primordial estaría enfocada a la atención de los 200.000 españoles refugiados en Francia, de modo especial a los mutilados de guerra «que son más de dos mil». Aunque, al mismo tiempo, aceptaba que este compromiso no anulaba los propósitos de la Junta de llevar a cabo una acción protectora de los refugiados en América, principalmente de aquellos que se encontraban en México17. Sin embargo, por mucho que los responsables de la JARE en México subrayaran que su actuación se encontraba bajo la dirección de la Junta constituida en Francia, lo cierto era que la verdadera fuerza de la organización de ayuda pertenecía a dicha Delegación, y más concretamente a Indalecio Prieto, que era quien controlaba los fondos del 8


LA ACTIVIDAD DE LA JARE EN MÉXICO

Vita. Estos fondos eran la base primordial de la JARE y, en las duras circunstancias del exilio, su posesión implicaba un poder excepcional, al que el dirigente socialista no estaba dispuesto a renunciar. En fin, Prieto aprovechó la oportunidad que la fortuna había puesto en sus manos, y administró los bienes de la JARE. Los fondos con que contó Prieto para realizar su labor de ayuda entre los refugiados españoles provinieron de tres fuentes diferentes: el cargamento del Vita, los valores de diversas nacionalidades y el material aeronáutico18.

II. 1.

El Vita

La llegada del Vita a México levantó todo tipo de especulaciones respecto al fabuloso tesoro que acogían sus bodegas. Los responsables de la Delegación señalaban cómo la fantasía se había desbordado, «no faltando quienes llegaran a asegurar que venía a bordo todo el tesoro español, incluso las reservas de oro del Banco de España». Sin embargo, según la propia JARE, la mayor parte de los bienes de la República habían quedado en España, «cantidad considerable de ellos en el Castillo de Figueras, a 25 kilómetros de la frontera francesa», o le fueron devueltos a Franco por los diferentes gobiernos que le reconocieron inmediatamente. «Sólo una parte —y no la mayor, repetimos— llegó a México a bordo del Vita». Tampoco las personas encargadas por Negrín para recoger el cargamento, como era el caso del doctor José Puche, conocían exactamente el valor de los bienes transportados, por lo que sólo se podría saber su importe una vez que se realizaran los trabajos de clasificación, transformación, función, valuación y venta19. El 6 de diciembre de 1939, los tres miembros de la Delegación de la JARE, Prieto, Palomo y Andreu, en compañía de Eusebio Rodrigo, procedieron a abrir un boquete en el muro del recinto que guardaba el cargamento, «extrayéndose después tres de los baúles que lo conformaban», su contenido fue depositado en una caja fuerte20. La venta de los artículos empezó inmediatamente, y los envíos a Francia comenzaron desde finales del mismo mes. El día 22 se enviaban a París 868.580 francos, mientras que otros dos millones más se hacían llegar 9


EL DINERO DEL EXILIO

a la JARE en Francia entre el 28 de diciembre y el 6 de enero de 194021. A finales de este mes, las cuentas de la Delegación reflejaban el importe de las primeras ventas efectuadas —de metales y joyas—, que ascendía a más de un millón de pesos mexicanos22. La labor de sacar el cargamento del Vita de su lugar de almacenaje y el posterior trabajo de clasificación y venta de los artículos fue realizada con calma y todo tipo de precauciones. La Delegación creó dos plazas de inspectores para la transformación de las joyas y el oro, ocupadas por los ex ministros Sebastián Pozas y Anastasio de Gracia. A estas operaciones se incorporaron Paulino Romero, antiguo policía gubernativo, y Nicolás Zárate, miembro del servicio de información durante la guerra civil23. Para el desmontaje de las piedras y la fundición del oro se utilizaron los locales de la JARE, y se tomaron toda clase de precauciones con las personas que manipulaban los objetos valiosos. Por ejemplo, todos ellos se tenían que despojar de su chaqueta y enfundarse: una bata blanca sin bolsillos y bien ceñida y cerrada que les impedía todo acceso de sus manos, posibles pecadoras, a los bolsillos del pantalón o del chaleco que algunos de ellos llevaban. Por si fuera poco, se les llenaban con grasa los intersticios entre los dedos y las uñas a fin de evitar que se depositaran en ellos el polvillo y las limaduras de oro producidas por el desengarce de las joyas24.

A pesar de todas estas precauciones no se pudo evitar que uno de los principales responsables de la organización, Emilio Palomo, sustrajera joyas valoradas en 55.900 pesos. Prieto actuó con diligencia y, tras recuperar una parte de lo robado, expulsó inmediatamente a Palomo de la organización25. Las labores de desembalar la mercancía se extendieron durante varios meses. Los últimos dieciséis bultos, de un total de ciento cincuenta y uno que componían la carga del Vita, fueron abiertos en marzo de 1940 26. Las últimas ventas se realizaron a principios de 1942, liquidándose, con ellas, «el fondo de efectos desembarcados en México»27. Esta actuación pausada en el desembalaje, transformación y venta de las joyas hay que entenderla, entre otras cuestiones, porque el poner en circulación una cantidad importante de oro y joyas en el merca10


LA ACTIVIDAD DE LA JARE EN MÉXICO

do hubiera supuesto una bajada importante en su cotización, con la consiguiente pérdida de dinero en la transacción. Además, había otros problemas legales para llevar a cabo la venta de los artículos, como la necesidad de contar con facturas de la mercancía. Todas estas cuestiones quedaron reflejadas en las negociaciones que los dirigentes de la JARE llevaron a cabo con Isidoro Lipschutz, presidente del Sindicato Belga de la Industria del Diamante y de la Unión Internacional de las organizaciones Diamantistas. El acuerdo alcanzado con Lipschutz supuso la venta de un lote de piedras, ya clasificado y tasado por los expertos contratados por la JARE, por un importe de 925.000 dólares norteamericanos. Las precauciones adoptadas tanto para el pago como para la venta de la mercancía fueron excepcionales. El señor Lipschutz dividió el lote en cinco paquetes y la cantidad correspondiente a cada lote fue depositada en cheque por él contra entrega de la mercancía y bajo la condición de reintegrar tal suma si surgieran dificultades que imposibilitasen la salida de México de cada respectiva expedición. Otras condiciones, pactadas entre ambas partes, muestran lo complejo de la operación, como la prohibición de enseñar el lote a nadie hasta que no fuera visto por el comprador, o la imposibilidad de entrar en negociaciones con ninguna otra persona que pudiera estar interesada en la compra de estos objetos. Además, el comprador exigió facturas de la mercancía, por lo que la JARE, tras gestiones fallidas con el Banco Nacional de México, acordó que fuera la compañía Native Arts quien las emitiera28. A pesar de todo este lujo de detalles que contienen algunas actas de la Delegación, no se conoce exactamente el importe del tesoro que transportaba el Vita. Las investigaciones publicadas hasta el momento barajan cantidades que oscilan entre los 10 y los 50 millones de dólares —aproximadamente entre 50 y 250 millones de pesos—29. Pero varias cuestiones hacen imposible conocer el valor exacto de la carga del Vita. En primer lugar, porque los responsables de la Delegación nunca confeccionaron un inventario de los bienes que transportaba el barco español. Prieto defendió, en el informe que presentó ante la Diputación Permanente de las Cortes, que además de ser una compilación muy difícil de realizar, siempre tuvo presente «el peligro de inventa11


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rios autorizados que cualquier día sirvieran de base a reclamaciones». Es decir, Prieto siempre justificó la ausencia de este documento por la posibilidad real de que Franco fuera reconocido, ya no sólo por el gobierno mexicano, sino por cualquier otro país donde la Delegación hubiera depositado los bienes30. Por otro lado, en relación con esta última cuestión, hay que tener en cuenta que la Delegación vendió parte de los objetos que transportaba el Vita en otros países, y que el dinero procedente de estas ventas permaneció oculto en el extranjero a nombre de su presidente, como más adelante veremos, sin que nunca se supiera su importe. Esta circunstancia, por si sola, hace prácticamente imposible una cuantificación exacta del cargamento del Vita. Por último, hay que destacar que ninguna de las personas que tuvo relación con el cargamento supo decir los bienes que transportó el barco. A este respecto, la comisión constituida por el gobierno mexicano Comisión Administradora del Fondo de Auxilio a los Republicanos Españoles (CAFARE) que, a finales de 1942, se hizo cargo de las cuentas de la JARE, intentó por todos los medios conocer los bienes transportados por el Vita, sin conseguirlo. Sus responsables entrevistaron a José María Argüelles, ex secretario de la Embajada de España en México; Gonzalo Zabala, ex consejero financiero de la Embajada Española en Washington; José Puche, representante de Negrín en México; José Ordorica, capitán del Vita y Antonio Manresa que se decía sabedor de los bienes que llegaron a México. Según el informe que redactó dicha comisión, todas las declaraciones recogidas no sólo no habían variado sustancialmente de las manifestaciones que habían realizado los dirigentes de la JARE, sino que no habían aportado datos reveladores sobre los bienes recibidos por la Delegación en México. Sólo Antonio Manresa aportó en su declaración una cantidad que coincidía con algunas informaciones aparecidas en la prensa mexicana, y que se repetían en los círculos de exiliados, según las cuales el valor aproximado del «tesoro del Vita» ascendía a 400 millones de pesos mexicanos. La comisión no tomó en consideración esta información, seguramente por la falta de pruebas en la que se basaba tal aseveración, pero también porque había que tener en cuenta el encuadramiento político 12


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de las personas que realizaban estas y otras valoraciones, cada una con sus intereses en medio de un clima de fuerte enfrentamiento. De todas formas, hay que señalar que esta cantidad era la misma que indicó Amaro del Rosal, quien, según la CAFARE, había entregado una copia del inventario al presidente de México a principios de 1942. El propio líder ugetista reconocía que en el inventario no aparecían valuados los objetos que contenía cada baúl aunque, según su apreciación, el valor sobrepasaba «tal vez la suma de 400 millones de pesos»31. Estas cantidades no dejan de ser muy subjetivas porque una cuestión es la valoración que se hiciera de los objetos en un momento determinado, y otra muy diferente el valor que alcanzaron en medio de las convulsiones políticas, sociales y económicas que se vivieron durante la Segunda Guerra Mundial. A este respecto, no hay que olvidar la voracidad y falta de escrúpulos de los hombres de negocios que intentaban sacar partido de las circunstancias. A todo esto hay que añadir la batalla diplomática puesta en marcha por el régimen de Franco para recuperar los bienes en poder de la República y la necesidad de transformar todo el material en dinero lo antes posible, cuestiones que impidieron alargar las negociaciones en exceso en busca de un acuerdo más sustancioso. En definitiva, con la documentación que disponemos hasta el momento es imposible saber cual fue el importe de los bienes que transportaba el Vita, así como el dinero de que dispuso la JARE para llevar a cabo su labor. Lo único que podemos decir es que esta cantidad, posiblemente, fue superior a los 10.000.000 de dólares, si tenemos en cuenta la contabilidad presentada por la JARE ante el gobierno de México y los bienes que Prieto escondió en otros países. En cuanto a los 400.000.000 de pesos, indicados más arriba, parecen, a todas luces, exagerados. Más allá de los bienes que transportaba, el Vita fue una fuente inagotable de problemas para Prieto y sus compañeros al frente de la JARE. En primer lugar, por las reclamaciones que puso en marcha la tripulación, con su capitán José Ordorica al frente, exigiendo el cobro de los haberes. La Delegación tuvo que desembolsar 10.000 dólares para la liquidación de las deudas y atender la manutención de los tripulantes32. Más adelante, la Delegación se planteó la venta del barco, para lo cual, en primer lugar, se abanderó en Panamá, cuyas leyes permitían la existencia de una tripulación extranjera. El barco fue rebautizado con 13


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el nombre Abril, y se trasladó a Acapulco, en la costa del Pacífico, con la pretensión de que al ser zona turística su venta fuese más fácil33. A principios de 1941, las autoridades mexicanas incautaban del barco. El gobierno mexicano tomaba esta medida, según sus explicaciones, por el mal estado de la embarcación, los problemas de pago de haberes a la tripulación y el conflicto diplomático que pudiera acarrear el pabellón panameño34. Prieto consiguió que el barco volviera a manos de la Delegación, aunque su mantenimiento constituyó un despilfarro para las arcas de la JARE: en agosto de 1941, se pagaron 1.787,50 dólares al cónsul general de Panamá por el reabanderamiento del barco; al mes siguiente, se aprobó una partida de 26.212 dólares para el pago de los trabajos efectuados en el Abril por la División Mecánica de la zona del Canal de Panamá; entre noviembre y diciembre del mismo año, la Delegación pagó 20.000 dólares más en reparaciones; y en julio del año siguiente, la JARE pagaba otros 40.000 dólares por nuevos trabajos en el barco35. A la vista de todos estos haberes, la venta del Abril se convirtió en una cuestión de necesidad, por lo que Prieto aceptó, rápidamente, una oferta de 140.000 dólares efectuada por el señor Rigg, representante del gobierno de EEUU. La JARE recibió el cheque, por dicho importe, a finales de noviembre de 1942 36. Es decir, que tras el descuento de los gastos producidos por reparaciones, abanderamientos y pago de sueldos a la tripulación, la cantidad líquida que la organización obtuvo por la venta del Vita ascendió a poco más de 40.000 dólares. Pero aquí no terminaron los gastos ocasionados por el famoso barco, pues la CAFARE tuvo que hacer frente a nuevas reclamaciones presentadas por el capitán Ordorica. Las autoridades mexicanas acordaron pagarle 35.000 pesos en concepto de gastos realizados por cuenta de la JARE, indemnización por el cese de trabajo y gratificación extraordinaria37. Este era el fin de la historia de un barco que había contribuido a cambiar el devenir de algunos de los personajes más importantes del exilio español de la guerra civil.

II. 2.

Los valores iberoamericanos

En relación con los valores que formaron parte de los fondos de la JARE, su historia se remonta a los momentos finales de la guerra civil. Gonzalo 14


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Zabala, subgobernador del Banco de España, se había trasladado a EEUU como Agregado Financiero a la Embajada Española en Washington, por disposición del Ministerio de Hacienda, confiándosele la custodia de los valores extranjeros pertenecientes al Estado y autorizándole la venta de los mismos. Con el derrumbe de la República, y el inminente reconocimiento del régimen franquista por el gobierno norteamericano, Zabala dispuso la salida de los valores con destino a México, en concreto, a la Embajada de España en esta capital. Ya en la capital azteca, Zabala, ante el próximo cierre de la embajada en virtud de indicaciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores, envió los valores a la Secretaría de Hacienda, donde estuvieron depositados largo tiempo. Estos valores también fueron motivo de enfrentamiento entre los españoles exiliados pertenecientes a los bandos prietista y negrinista. Cuando José Puche llegó a México, intentó hacerse cargo de ellos, pero Zabala se opuso a su entrega. El responsable de los valores entendía que la orden de cesión debía cursarla directamente el ministerio que los había puesto bajo su custodia y, además, Zabala ya no reconocía a Francisco Méndez Aspe como ministro de la República, en cuyo nombre actuaba José Puche. Por lo tanto, Zabala, tras pedir instrucciones a la Diputación Permanente de las Cortes, entregó los valores a la Delegación de la JARE en México38. A finales de noviembre de 1939, la Delegación realizaba un inventario en el que se recogía un resumen general de los títulos en su poder. TABLA 1.1:

Valores Iberoamericanos, 1939

VALORES

Dólares

Títulos City of Sao Paulo .................... Cupones City of Sao Paulo................ Títulos del Brasil................................. Títulos de Buenos Aires ..................... Títulos de Guatemala......................... Títulos Argentina Railway................... Títulos de Uruguay............................. Títulos Bco. Hip. Uruguay.................. Títulos República Perú.......................

20.000 4.575

TOTAL ...................................................

39.575

Libras

Pesos mex.

11.200 200 620 900 51.100 29.000 15.000

Fuente: AFIP, fondo, Valores Latinoamericanos.

15

64.020

29.000


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Sin embargo, esta relación no es, ni mucho menos, exhaustiva, pues en documentos posteriores aparecen transacciones de valores que no se encuentran en dicho inventario. Así en el mismo mes, Gonzalo Zabala envió al tesorero de la JARE, Eusebio Rodrigo, la cantidad de 29.517,62 dólares, resultante de la venta de bonos del Tesoro Norteamericano39. En septiembre de 1940, las actas de la JARE informaban de la reducidísima cotización de unos títulos chilenos que hacían prácticamente imposible su liquidación40. Las actas también recogían la existencia de valores argentinos que se encontraban depositados en Buenos Aires y su difícil transacción41. En el fondo de esta cuestión se encontraba, como sucedió con el cargamento del Vita, el miedo de los dirigentes de la JARE a perder el control de estos bienes si se producía el reconocimiento del régimen de Franco por aquellos países donde se hallaban depositados los valores. Este planteamiento no era una simple excusa, de hecho, Gonzalo Zabala, durante su estancia en EEUU, intentó la venta de los títulos, cuestión que no se pudo consumar por la imposibilidad de alcanzar un precio razonable y, además, porque el gobierno de Franco bloqueó una parte de dichos valores, en concreto, las cédulas Argentinas y las del Banco de Costa Rica. El bloqueo fue efectivo ya que se insertaron anuncios en la prensa en los que se hacía constar la numeración de los valores y se señalaba que habían sido robados, lo que imposibilitó su comercialización42. Como resultado de esta actuación, las cédulas del Banco de Costa Rica se consideraron de difícil conversión, mientras que las de Argentina sufrieron una serie de avatares que muestran claramente los problemas a los que se tuvieron que enfrentar los dirigentes de la JARE para liquidar buena parte de estos valores. En efecto, las cédulas se enviaron a Argentina y se pusieron bajo el control del embajador de México en ese país, mientras que los títulos aparecían bien a nombre del embajador o del gobierno mexicano. Estas medidas se tomaron para evitar que fueran intervenidos a petición de la Embajada de España en Argentina. El representante diplomático mexicano intentó liquidar los valores, pero chocó con los problemas derivados de las tensas relaciones diplomáticas entre ambos países latinoamericanos, por lo que el Secretario de Exteriores paralizó cualquier intento al respecto43. Hubo que esperar más de seis años, concretamente hasta agosto de 1945, para que la CAFARE lograra recu16


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perar 1.800.000 pesos, cantidad inferior al valor real de las cédulas. La CAFARE, de pleno acuerdo con los exiliados republicanos en Argentina, prefirió aceptar esta cantidad ante las reclamaciones puestas en marcha en ese momento por el gobierno español, que podían implicar largos años de litigio en los tribunales argentinos44. Al final de su actividad, en noviembre de 1942, la JARE confeccionaba un nuevo inventario en el que aparecía una relación de los valores agrupados por divisas: TABLA 1. 2.

Valores Iberoamericanos, 1942 Pesos Mexicanos

TÍTULOS

Valores Argentinos ................................................

1.050.600

Valores Argentinos Embajada México .................. Títulos diversos países.......................................... Títulos diversos países.......................................... Títulos Banco Hipotecario Uruguay...................... Títulos diversos países y entidades...................... TOTAL ......................................................................

2.000.000 1.232.897,40 5.521,69 42.192,15 4.331.211,24

Dólares

429.400 429.400

Fuente: AFIP, fondo, Valores Latinoamericanos.

Como se puede apreciar, la diferencia entre el importe de los valores al principio y al final de la actividad de la Delegación es considerable. Por su parte, la CAFARE, en la Memoria general que realizó en agosto de 1945, señalaba dos tipos de valores: unos figuraban en el balance como «valores a recibir de la JARE», que ascendían a 4.113.233,39 pesos, entre los que se encontraban los bonos argentinos; otros eran valores que estaban depositados en el Banco de México y que su valor nominal alcanzaba la cantidad de 5.577.990,58 pesos, entre ellos las cédulas del Banco Hipotecario de Costa Rica45. La opacidad en la información que encontramos en las actas e informes de la JARE sobre la venta de los valores, imposibilita conocer, igualmente, el dinero procedente de estos bienes con que contó la organización para llevar a cabo su labor. Aunque, a la vista del balance final, la cantidad obtenida, por este concepto, no fue elevada pues, todo parece indicar, que las ventas principales, como sucedió con los valores argentinos, se realizaron en tiempos de la CAFARE46. 17


EL DINERO DEL EXILIO

A diferencia de la falta de información exacta sobre los bienes que manejó la JARE en relación con las dos primeras fuentes de ingresos, cargamento del Vita y valores, la tercera, el material aeronáutico, aparece mucho más clara.

II. 3.

El material Aeronáutico

El origen de estos bienes hay que situarlo en la compra realizada por la República española en EEUU en los meses finales de la guerra civil. El material de aviación estaba compuesto por: TABLA 1. 3.

Material aeronáutico

Material

Importe Dólares

22 aviones Bellanca........................................... Repuestos aviones Bellanca.............................. 38 motores Pratt & Whitney................................ Repuestos motores Pratt & Whitney .................. 35 hélices Hamilton............................................ 24 motores Pratt & Whitney tipo SB4 G............. REDUCCIONES ........................................................ TOTAL ...................................................................

1.087.115 121.209 407.203 44.606 78.347 392.400 - 42.956 2.087.924

Fuente: AFIP, fondo, Aviones Bellanca.

A esta relación hay que añadir tres aviones Boeing que fueron adquiridos también por la República española. Todo este material de aviación pasó por circunstancias muy parecidas a las señaladas en los bienes anteriores. En primer lugar, hay que insistir en la disputa entre Negrín y Prieto por su control y venta. Negrín quiso, en un principio, hacer valer su condición de presidente del Gobierno, por lo que envió un telegrama a Prieto en el que, invocando el acuerdo de la Diputación Permanente de las Cortes, le daba orden expresa de no realizar ninguna gestión sin su consentimiento personal o el del Ministerio de Hacienda. Prieto contestó al Presidente que su única intervención en este asunto consistía en aconsejar a la persona que estaba custodiando el material, el coronel León Trejo, la necesidad de poner a salvo dicho material y proceder a su venta inmediata47. 18


3. LA AYUDA DE LA JARE EN OTROS PAÍSES

Los españoles, además de concentrarse en Francia, África del Norte o México, buscaron refugio en otros países. En América, los destinos principales, tras el de México, fueron Chile, Argentina, Venezuela o la República Dominicana y, en menor medida, Cuba, Ecuador o Panamá. En Europa, aparte de aquellos que buscaron refugio en Francia o la Unión Soviética, un contingente pequeño se estableció, momentáneamente, en Inglaterra, mientras que Portugal fue lugar de tránsito para los que huían de la represión franquista1. La ayuda que prestó la JARE a los españoles que se exiliaron en todos estos lugares fue muy inferior a la que aportó en países como Francia o México. En la mayoría de los casos fueron socorros puntuales a grupos determinados o algo más generales empujados por circunstancias excepcionales. La situación de los españoles refugiados en la República Dominicana representó un caso especial, por lo que será motivo de una atención particular.

I. LA AYUDA EN EUROPA

Una buena parte de los dirigentes republicanos que se encontraban en el interior de la península en los últimos días de la guerra civil se refugiaron, en primera instancia, en Inglaterra. El número de refugiados no era elevado, aunque su nivel intelectual era significativo2. El militante cenetista González Barberá redactó un informe, a la altura de enero de 1940, en el que hacía una síntesis de la situación de los españoles en las islas británicas; Que se elevan a unos 200, a más de los niños vascos que con anterioridad vinieron a este país y sus maestros y personas que les acompañaron, y que en la 115


EL DINERO DEL EXILIO

actualidad se elevan a unos 500 (los restantes hasta unos 3.000 aproximadamente, fueron reintegrados a España). Todos dependemos de un Comité Británico de Ayuda a los refugiados españoles que hasta ahora ha venido ocupándose exclusivamente de las cosas más perentorias, alimentos y habitación, bien en régimen de colonias o por hospitalidad de particulares, y que gestiona desde hace varios meses ya las posibilidades de colocación para los especialistas de las profesiones manuales, aunque sólo se ha conseguido en un porcentaje de un 10% aproximadamente, sin que en realidad vislumbramos por ahora una clara solución a ese problema3.

A pesar de que los españoles refugiados en Inglaterra disfrutaban de unas condiciones de vida que se podían considerar aceptables para las circunstancias del momento, intentaron, desde un principio, abandonar las islas con destino a América. Se dirigieron, en primer lugar, a los responsables del SERE, aunque la ayuda partidista de la organización implicó que los exiliados pertenecientes a grupos rivales, como era el caso de los anarquistas o socialistas, se vieran marginados4. De hecho, Juan López, uno de los responsables de la organización libertaria en Londres, admitía mantener contactos con los dirigentes de la JARE y, aunque reconocía no tener una buena opinión sobre dicha organización, señalaba que «aquí no mantenemos, ni deseamos ninguna relación con el SERE»5. Por su parte, la JARE denegó, en un principio, cualquier solicitud de traslado de los españoles refugiados en Inglaterra, por no considerarla prioritaria6. Hubo que esperar hasta los primeros meses de 1941 para que se designara a un comisionado que coordinara la actuación de la Junta en las Islas. Esta decisión estuvo provocada por los informes que desde tierras inglesas les hicieron llegar los ex ministros republicanos Carlos Pi y Suñer y Juan López, en los que insistían en el deseo de un buen número de exiliados de emigrar a América. La Delegación designó a Pi y Suñer como comisionado de la JARE en Inglaterra, con la misión de coordinar la entrega de ayudas y organizar la salida de aquellos que lo solicitaran. Se le asignó una cantidad mensual de 120 dólares, al tiempo que le giraron fondos para cubrir las necesidades más importantes. En relación con la salida de los refugiados, la Delegación envió 1000 libras esterlinas para la compra de 116


LA AYUDA DE LA JARE EN OTROS PAÍSES

Roig reconocía que el Partido Comunista estaba llevando a cabo una actividad importante en la isla. Los comunistas instalados en la República Dominicana editaban folletos, realizaban conferencias en teatros y estaban ampliando sus contactos con personas influyentes, en muchos casos enemigos de Trujillo86. La labor de los comunistas se completaba con la captación de militantes de otras organizaciones españolas que les ayudaban a promover alianzas con el resto de organizaciones en el exilio. Los comunistas pretendían, de este modo, retomar la unidad entre los diferentes grupos políticos y, al mismo tiempo, salir del aislamiento al que estaban sometidos. Así, a mediados de 1942, las Juventudes Libertarias y las Juventudes Socialistas Unificadas firmaron un manifiesto en Ciudad Trujillo en el que llamaban a la unidad de acción de las fuerzas exiliadas españolas87. La Delegación pretendía neutralizar todo este malestar de las autoridades dominicanas a través de continuas promesas sobre la posibilidad de «ayudar a algunas pequeñas industrias a que se establecieran» en la isla. Mientras que intentaban convencer a los dirigentes dominicanos de que la mayoría de los refugiados que salían de ella lo hacían bien porque no encajaban por sus profesiones o por motivos familiares o de salud88. Sin embargo, la policía dominicana presionaba para que ciertos elementos «indeseables» fueran incluidos en las listas de embarque con destino a México, cuestión a la que la Delegación se oponía. La situación llegó a tal punto que cuando se iba a proceder al embarque, en el buque dominicano Presidente Trujillo, de unas decenas de refugiados que habían sido aceptados por las autoridades mexicanas, el gobierno dominicano pretendió hacer embarcar por la fuerza a varias decenas de refugiados cuya entrada en México no estaba autorizada. Los representantes de la JARE, Luis Romero, Fernando Arisnea y Miguel Benavides, se opusieron, por lo que fueron detenidos e ingresaron en prisión. Los dos primeros fueron expulsados del país, mientras que el tercero fue puesto en libertad a los pocos días89. La Delegación entendió que las autoridades dominicanas, con esta actuación, se oponían a que su representación en Ciudad Trujillo continuara con su trabajo, por lo que decidió sacar de la isla al resto de sus miembros. Este era el fin de la representación de la JARE en la República Dominicana, pero no de las ayudas que siguieron llegando a la isla. La De143


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legación solicitó al Ministro de México en la Dominicana que se hiciera cargo provisionalmente de los documentos y enseres de la oficina, al tiempo que mantenía el servicio médico farmacéutico y continuaba girando el dinero necesario para los subsidios. Los contactos con las autoridades dominicanas se mantuvieron, pero ya desde la aceptación, por ambas partes, de que el mejor remedio para los españoles que no tuvieran trabajo era el traslado a otros países americanos. Pero la salida de la República Dominicana continuó siendo tremendamente complicada. Ya no sólo por las reticencias de las autoridades mexicanas a autorizar la entrada de refugiados españoles residentes en otras repúblicas americanas, sino por los problemas de transporte que la Segunda Guerra Mundial imponía. En efecto, el servicio marítimo entre Cuba, lugar de obligado tránsito, y México estaba interrumpido. El servicio aéreo era el único transporte que funcionaba, aunque con grandes restricciones debido a la militarización que el gobierno de los EEUU había impuesto a la compañía Panamerican. Con esta situación, la JARE intentó desviar y hasta incentivó el transporte a Panamá, lugar donde, según los informes que barajaba, el tráfico aéreo no estaba interrumpido y había más posibilidades de encontrar trabajo. Al tiempo que se comprometía a abonar el importe de los pasajes más los gastos de documentación, en total unos 100 dólares por persona. Para aquellos que tuvieran la posibilidad de ir a otro país, las ayudas alcanzarían la misma cuantía que lo estipulado para Panamá90. El envío de dinero se mantuvo hasta la intervención de las autoridades mexicanas, en noviembre de 1942. Desde este momento, la CAFARE tuvo que asumir la resolución del problema dominicano.

III. 6.

La actuación de la CAFARE

Cuando esta Comisión comenzó su funcionamiento, el número de españoles refugiados en la República Dominicana rondaba los mil. De ellos, una tercera parte tenía resuelta su situación económica. Un número alterno de españoles pasaba de tener trabajo a estar en el paro y, por lo tanto, con ingresos muy inseguros que hacían imprescindible el mantenimiento de las ayudas que hasta ese momento se enviaban. Por 144


LA AYUDA DE LA JARE EN OTROS PAÍSES

último, más de la mitad del total, es decir unas quinientas personas, no tenían otro ingreso que el subsidio que llegaba desde México, principalmente, viudas, ancianos, inválidos de guerra y enfermos graves incapacitados para cualquier tipo de trabajo91. Si esta era la realidad económica de los españoles exiliados en Santo Domingo a principios de 1943, la situación sanitaria era mucho más preocupante. Según el informe que envió el doctor Agustín Cortés desde la isla, el estado de los españoles era «francamente calamitoso». El paludismo endémico afectaba, prácticamente, a todos los exiliados y el 95% de los españoles estaba afectado por una anemia aguda, debido a una alimentación muy deficiente. Ante esta situación, el responsable del servicio médico pedía que se mantuviera la ayuda que recibían y que cifraba en unos mil dólares mensuales92. Los responsables de la CAFARE defendían, en sus primeros informes, el fin de los embarques colectivos con destino a México y negaban la posibilidad de mantener los fondos de ayuda a los españoles que se encontraban en otros países. Estas manifestaciones provocaron una importante reacción tanto de José Andreu, representante español en la CAFARE, como del resto de organizaciones políticas españolas exiliadas, que dirigieron un escrito al presidente de México, Ávila Camacho, en el que solicitaban la reconsideración de dichas líneas de actuación93. Estas peticiones y los informes que llegaban desde la isla caribeña hicieron mella en las autoridades mexicanas, que decidieron conservar al doctor Roig al frente del servicio médico94 y mantener una asignación superior a los mil dólares mensuales para la atención de los enfermos. En concreto, la Comisión gastó en este apartado, durante el primer año de su actividad, la cantidad de 76.101,35 pesos95. De todas formas, los responsables de la Comisión hicieron constar la imposibilidad de promover nuevos traslados desde Santo Domingo a México96. La ayuda de la CAFARE a los exiliados en Santo Domingo continuó en los años siguientes. En 1944, el importe gastado en los españoles residentes en la isla alcanzó los 60.290,50 pesos97. Aunque no se tengan datos de la cantidad gastada exclusivamente en la isla dominicana hasta agosto de 1945, fecha de desaparición de la CAFARE, en la memoria final de la Comisión constaba que se mantuvieron los subsidios normales para el mantenimiento de los españoles en otros países. 145


EL DINERO DEL EXILIO

NOTAS 1 El número de españoles exiliados en la URSS se estima cercano a los seis mil, mientras que en el resto de Europa, exceptuando Francia, rondaba los tres mil. Javier RUBIO (1977), pp. 204-206; Dolores PLA (1999), p. 97. 2 José Luis ABELLÁN et al. (1976), p. 119. 3 Informe del secretario de la Comisión de Relaciones del Movimiento Libertario en Londres a la Central de Ayuda de los Españoles Refugiados, de fecha 17 de enero de 1940. Archivo de la Fundación Anselmo Lorenzo (en adelante AFAL), fondo, Federación Local de CNT en Inglaterra, sig. 2/2/1-19. 4 Carta de González Barbera a Mariano R. Vázquez, de fecha 5 de junio de 1939. AFAL, fondo, Federación Local de CNT en Inglaterra, sig. 1/2/1-67. 5 Carta de Juan López, desde Londres, a la Delegación de la CNT en México, de fecha 8 de julio de 1941. AFAL, fondo, Federación Local de la CNT en Inglaterra, sig. 3/1/6-1. 6 Todas estas circunstancias las recoge González Barberá en el mismo informe de enero de 1940. AFAL, fondo, Federación Local de CNT en Inglaterra, sig. 2/2/1-19. 7 Acta nº 8 de la Delegación de la JARE en México, de fecha 19 de febrero de 1941. ABVMC. 8 Relación de gastos de la Delegación de la JARE en México, de fecha 24 de noviembre de 1942. AFIP, fondo, Gobierno de México. 9 Carta de Carlos Esplá a Carlos Pi y Suñer, de fecha 3 de mayo de 1942. AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig. 3.3c/2956. 10 Ibid. 11 Memoria de la Delegación de la JARE, de fecha 13 de diciembre de 1942. AFIP, fondo, Gobierno de México. 12 Relación de gastos de la Delegación de la JARE, de fecha 24 de noviembre de 1942. AFIP, fondo, Gobierno de México; y carta de la Legación de México en Portugal a la CAFARE, de fecha 13 de octubre de 1943. AMAE, fondo, JARE, sig. M-322. 13 Carta de la Legación de México en Portugal a la CAFARE, de fecha 13 de octubre de 1943. AMAE, fondo, JARE, sig. M-322 14 Carta de la CAFARE a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, de fecha 15 de mayo de 1945. AMAE, fondo, JARE, sig. M-322. 15 Carta de la CAFARE al Cónsul de México en Berna, de fecha 25 de octubre de 1943. AMAE, fondo, JARE, sig. M-322. 16 Memorando de la CAFARE a la Secretaría de Relaciones Exteriores, de fecha 27 de octubre de 1943. AMAE, fondo, JARE, sig. M-322. 17 Carta de Nicolau D’Olwer a Indalecio Prieto, de fech 20 de febrero de 1940. AFIP, fondo, Nicolau D’Olwer. 18 Carta de Nicolau D’Olwer a Indalecio Prieto, de fecha 28 de marzo de 1940. AFIP, fondo, Nicolau D’Olwer. 19 Carta de Amaro del Rosal a Edmundo Domínguez, de la Confederación de Trabajadores Mexicanos, de fecha 27 de diciembre de 1939. AFIP. 20 Véase Dolores PLA (1999), pp. 95-96.

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LA AYUDA DE LA JARE EN OTROS PAÍSES 21

Acta nº 84 de la Delegación de la JARE en México, de fecha 24 de junio de 1940.

ABVMC. 22

Véase Dolores PLA (1999), pp. 96-97. Carta de la Delegación de la JARE a la Subsecretaría de Gobernación, de fecha 20 de marzo de 1941. AMAE, fondo, JARE, sig. M-270. 24 Correspondencia entre Indalecio Prieto y José Bago, en Buenos Aires, entre agosto y diciembre de 1940. AFIP, fondo, vapor Croix. 25 Carta de Ramón Mª Aldasoro a Indalecio Prieto, de fecha 10 de julio de 1941. AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig. 3.5/3964b. 26 Acta nº 115 de la Delegación de la JARE en México, defecha19 de agosto de 1940. ABVMC. 27 Carta del Ministerio de Agricultura y Comercio de Panamá a Indalecio Prieto, de fecha 31 de julio de 1942. AFIP, fondo, Panamá. 28 Carta de Indalecio Prieto al Ministerio de Agricultura y Comercio de Panamá, de fecha 7 de septiembre de 1942. AFIP, fondo, Panamá. 29 Carta de la Fundación de Reinstalación del Nuevo Mundo a Indalecio Prieto, de fecha, 24 de junio de 1940. AFIP, fondo, Ecuador. 30 Carta de Dos Passos a Indalecio Prieto, de fecha 24 de julio de 1941. AFIP, fondo, Ecuador. 31 Carta de Jaime Roig, desde Ciudad Trujillo, a Indalecio Prieto, de fecha 1 de julio de 1941. AFIP, fondo, Ecuador. * Una versión de este apartado fue publicada en Secuencia, nº 63, México, septiembre-diciembre 2005, pp. 153-178. 32 Sobre el exilio en la República Dominicana véase Vicente LLORENS, Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945, Madrid, Ariel, 1975; y Vicente LLORENS, El exilio español de 1939, Madrid, Taurus, 1976. 33 Véase Vicente LLORENS (1975), pp. 94-95; y Dolores PLA (1999), p. 96. 34 Javier RUBIO (1977), p. 190; Vicente LLORENS (1976), p. 152. 35 Carta de Juan Ruiz Olazarán desde Ciudad Trujillo de fecha 17 de marzo de 1940. AFIP, fondo, República Dominicana. Que ya había españoles exiliados en la isla antes de la primera expedición en el buque «Flandre» también queda recogido en LLORENS, Vicente (1975), p. 18. 36 José Carlos GIBAJA (1995), p. 215. 37 Carta de Juan Ruiz Olazarán desde Ciudad Trujillo de fecha 17 de marzo de 1940. AFIP, fondo, República Dominicana. 38 Informe desde Santo Domingo de Tomás y Piera para la Delegación de la JARE en México, de fecha 13 de octubre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-269. 39 Carta de Tomás y Piera a la Delegación de la JARE en México, de fecha 13 de octubre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-269. 40 Informe que envía la CAFARE al Secretario de Relaciones Exteriores de México, de fecha 16 de marzo de 1943. AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig., 4.3/4762. 41 Vicente LLORENS (1976), p. 153. 42 Aunque Ruiz Olazarán escribe en la carta la cantidad de dos mil cuatrocientos setenta y siete refugiados, la suma de las cifras arroja una cantidad de dos mil cuatrocien23

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EL DINERO DEL EXILIO tos sesenta y seis refugiados. Carta de Juan Ruiz Olazarán desde Ciudad Trujillo de fecha 17 de marzo de 1940. AFIP, fondo, República Dominicana. 43 En relación con las colocaciones, Ruiz de Olazarán hace la precisión de que puede suceder «que la verdadera (profesión), en algunos casos, sea distinta; la de los colocados es la que actualmente desempeñan, aunque al llegar figuren con otra». 44 Javier Rubio, sobre un estudio correspondiente a cuatrocientas fichas, aporta los siguientes porcentajes: Sector Primario, 5,2%; Sector Secundario, 25,1% y Sector Terciario, 69,7%. Javier RUBIO (1977), p. 235. 45 Los datos sobre México y Francia obtenidos de PLA, Dolores (1999), p. 168. 46 Llorens recoge en su libro como en la expedición del Flandre, de noviembre de 1939, en la que llegó con otros 278 exiliados a la República Dominicana, tan sólo uno figuraba como agricultor. Vicente LLORENS (1975), p. 41 47 Carta de Juan Ruiz Olazarán desde Ciudad Trujillo de fecha 17 de marzo de 1940. AFIP, fondo, República Dominicana. 48 Según Llorens, «los que vivieron en pueblos y zonas rurales pasaban del millar». LLORENS, Vicente (1975), p. 39. 49 Informe de Tomás y Piera desde Santo Domingo, fechado el 23 de octubre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-269. 50 Memorándum de la Delegación de la JARE sobre los exiliados en República Dominicana. AMAE, fondo, JARE, sig., M-269. 51 Ibid. 52 Carta firmada por los colonos españoles ubicados en El Llano, encabezada por Fidel Miró, dirigida a Rafael Leonidas Trujillo, presidente de la República Dominicana, de fecha 17 de junio de 1940. AFIP, fondo, República Dominicana. 53 Carta de Ramón Solar, colono de «La Cumbre», a Lucio Martínez Gil en México, de fecha 30 de junio de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-269. 54 Carta de Ruiz Olazarán a la Delegación de la JARE en México, de fecha 9 de julio de 1940. AFIP, fondo, República Dominicana. 55 Informe sobre las colonias agrícolas firmado por Luis Romero Solano con destino a la Delegación de la JARE en México, de fecha 12 de diciembre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-268. 56 Carta de Indalecio Prieto a Luis Nicolau D’Olwer de fecha 22 de enero de 1940. AFIP, fondo, Luis Nicolau D’Olwer. 57 Enrique MORADIELLOS (2006), p. 473. 58 Carta de Ruiz Olazarán desde Ciudad Trujillo a Indalecio Prieto, de fecha 17 de marzo de 1940. AFIP, fondo, República Dominicana. 59 Acta nº 89 de la Delegación de la JARE en México. ABVMC. 60 Acta nº 94, de fecha 13 de julio de 1940, y acta nº 95, de fecha 14 de julio de 1940, de la Delegación de la JARE en México. ABVMC. 61 Acta nº 114 de la Delegación de la JARE en México, de fecha 17 de agosto de 1940. ABVMC. 62 Informe de Ramón Solar a las Ejecutivas del PSOE, UGT y Agrupación Socialista de México, de fecha 12 de marzo de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 148


LA AYUDA DE LA JARE EN OTROS PAÍSES 63 Informe de Tomás y Piera a la Delegación de la JARE en México, de fecha 7 de noviembre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-269. 64 Informe de Tomás y Piera desde la República Dominicana para la Delegación de la JARE en México, de fecha 4 de noviembre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig. M-269. 65 Carta de Prieto a Tomás y Piera, de fecha 5 de noviembre de 1940, y Memorándum sobre los exiliados en la República Dominicana. AMAE, fondo, JARE, sig. M-269. 66 Acta nº 175 de la Delegación de la JARE en México, de fecha 2 de diciembre de 1940. ABVMC; y Carta de José Tomás y Piera a Jaime Roig, de fecha 5 de diciembre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-268. 67 Informe de Ramón Solar a las Ejecutivas del PSOE, UGT y Agrupación Socialista de México, de fecha 12 de marzo de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 68 La asignación económica fue de setenta y cinco dólares para el presidente y sesenta para los vocales y el secretario. Actas nº 38 y 42 de la Delegación de la JARE en México, de fecha 22 y 28 de abril de 1941 respectivamente. ABVMC. 69 Carta de Tomás y Piera desde México a Jaime Roig en Ciudad Trujillo, de fecha 5 de diciembre de 1940. AMAE, fondo, JARE sig. M-268. 70 Acta nº 193 de la Delegación de la JARE en México, de fecha 2 de enero de 1941. ABVMC; y nota de servicio nº 259 de la Delegación de la JARE en México enviada a Tomás y Piera, de fecha 4 de enero de 1941. AMAE, fondo, JARE, sig. M-269. 71 Normas para el servicio médico farmacéutico en la República Dominicana editadas por la Delegación de la JARE en México, de fecha 9 de diciembre de 1940. AMAE, fondo, JARE, sig., M-268. 72 Informe médico del doctor Agustín Cortés a la Delegación de la JARE en México, de fecha 7 de julio de 1942. AFIP, fondo, República Dominicana. 73 Así aparece en los gastos de la delegación en la República Dominicana entre febrero y mayo de 1942. AMAE, fondo, JARE, sig., M-274. 74 Carta de Indalecio Prieto a Max Manrique Uraña, enviado extraordinario y plenipotenciario de la República Dominicana, de fecha 7 de mayo de 1942. AFIP, fondo, República Dominicana. 75 Informe sobre creación de Industrias en la República Dominicana. AMAE, fondo, JARE, sig., M-269. 76 El Gobierno mexicano llegó a prohibir durante un tiempo la entrada de estos exiliados en México. Carta de Luis Romero desde Ciudad Trujillo a Ruiz Olazarán, de fecha 28 de marzo de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 77 Nota de servicio nº 259 de fecha 4 de enero de 1941. AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig., 3.3c/2996. 78 Acta nº 197 de la Delegación de la JARE, de 8 de enero de 1941. ABVMC. 79 Cartas de la Delegación de la JARE en México al Subsecretario de Gobernación de fecha 20 de marzo de 1941 y 1 de octubre del mismo año. AMAE, fondo, JARE, sig., M-270. 80 Informe de Ramón Solar a las Comisiones ejecutivas del PSOE, UGT y Agrupación Socialista en México, de fecha 12 de marzo de 1941. AFIP, fondo, República Dominica-

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EL DINERO DEL EXILIO na. En términos parecidos se expresa Juan Muñoz Nevado en una carta a Indalecio Prieto de fecha 21 de marzo de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 81 Véase, España en el exilio, núm. 1, 19 de julio de 1941, Ciudad de México. ABSR, México DF. 82 Esta Comisión envió diferentes cartas, firmadas por F. Dorado Martín, Ramón Costa Jou y Antonio Ordovás, en las que hacía especial hincapié en estas circunstancias, una a la Delegación de la JARE en México, de fecha 16 de abril de 1942; otra al Secretario de Estado de lo Interior y Policía de la República Dominicana, con fecha 30 de marzo de 1942. La primera en AFIP, fondo, República Dominicana; la segunda en AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig., 3.5/4042. 83 Carta de Prieto a Max Henríquez, enviado extraordinario y plenipotenciario de la República Dominicana, de fecha 7 de mayo de 1942. AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig., 3.5/4042. 84 Carta de Indalecio Prieto a Ramón Soler de fecha 28 de abril de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 85 Carta de la Delegación de la JARE en Santo Domingo a Indalecio Prieto, de fecha 10 de mayo de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 86 Carta de Jaime Roig desde la República Dominicana a Indalecio Prieto de fecha 15 de mayo de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 87 Algunos de los firmantes libertarios, como Serafín Aliaga o Antonio Ordovás, terminaron militando en las filas comunistas. Solidaridad Obrera, núm. 5, junio 1942, Ciudad de México. Archivo del Ateneo Español de México (en adelante AAEM), México DF. 88 Carta de Jaime Roig desde la República Dominicana a Indalecio Prieto, de fecha 15 de mayo de 1941. AFIP, fondo, República Dominicana. 89 Carta de la Delegación de la JARE en México a Ernesto Hidalgo, Oficial Mayor de Relaciones Exteriores de México, de fecha 27 de febrero de 1942. AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig., 3.5/4031-b. 90 Acta nº 266 de la Delegación de la JARE en México, de 11 de septiembre de 1942. ABVMC. 91 Informe realizado por diferentes partidos y sindicatos españoles desde Ciudad Trujillo enviado a la CAFARE, de fecha 3 de febrero de 1943. Firmaban la carta: Por el PSOE, José M. Campa, presidente; por Acción Republicana Española, Rafael Supervía, presidente; por las Juventudes Republicanas Españolas, Vicente Ruiz Penades, presidente; por la CNT, José Galindo, secretario general; por la UGT, José Sánchez Toscano, delegado. AFIP, fondo, República Dominicana. 92 Carta del doctor Agustín Roig, desde Santo Domingo, a la CAFARE, de fecha 3 de febrero de 1943. AMAE, fondo, JARE, M-256. 93 Documento firmado por los representantes del PSOE, Unión Republicana, Ezquerra Republicana de Cataluña, Acción Catalana, UGT, los ateneos Salmerón y Pi y Margall y el Círculo Cultural Pablo Iglesias. Carta con fecha 25 de enero de 1943 enviada a Ávila Camacho. AFIP, fondo, Gobierno de México. 94 Memoria de la CAFARE a la Secretaría de Relaciones Exteriores, de 27 de octubre de 1943. AMAE, fondo, JARE, sig. M-322. 150


LA AYUDA DE LA JARE EN OTROS PAÍSES 95 Memoria General de la CAFARE, de fecha 6 de agosto de 1945. AGCS, fondo, Carlos Esplá. 96 Informe de la CAFARE a la Secretaría de Relaciones Exteriores, de fecha 16 de marzo de 1943. AGCS, fondo, Carlos Esplá, sig. 4.3/4762. 97 Memoria General de la CAFARE, de fecha 6 de agosto de 1945. AGCS, fondo, Carlos Esplá.

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4. LA INTERVENCIÓN MEXICANA Y LA CONSTITUCIÓN DEL GOBIERNO REPUBLICANO EN EL EXILIO. LA RENDICIÓN DE CUENTAS

Las críticas continuas de los grupos de exiliados a la actuación de la Delegación fue una de las causas primordiales que influyó en el Gobierno de México para promover un cambio, en enero de 1941, en las relaciones con el organismo que dirigía Indalecio Prieto. Sin embargo, el líder socialista supo encauzar este primer intento de control por parte del ejecutivo mexicano, y la Delegación continuó ejerciendo su labor por los mismos derroteros que lo había hecho con anterioridad. Pero, en noviembre de 1942, la aparición de unos fondos de la JARE situados fuera de México iba a provocar una crisis que se saldó con el fin definitivo de la Delegación. El gobierno de México constituyó una comisión que controló los bienes hasta que, en agosto de 1945, entregó los fondos restantes al primer gobierno republicano en el exilio. Los dirigentes de la JARE en México intentaron, desde este momento, que sucesivos ejecutivos republicanos dieran el visto bueno a su gestión al frente del organismo de ayuda, sin conseguirlo.

I. LAS RELACIONES ENTRE LA JARE Y OTRAS ORGANIZACIONES DE EXILIADOS ESPAÑOLES

La organización de ayuda que se ocupó de la atención a los españoles que llegaron a tierra mexicana en las primeras expediciones desde Francia fue el SERE, a través del CTARE. La actividad de este Comité Técnico se concretó en dos acciones: la entrega de subsidios a los re153


EL DINERO DEL EXILIO

fugiados para su sustento y la puesta en marcha de iniciativas que facilitaran la integración de los exiliados. El CTARE realizó inversiones en diferentes campos: compró fincas como La Margarita, en el Estado de Michoacán, o La Colonia Santa Clara, en Chihuahua; puso en marcha empresas como Talleres Vulcano, La Constructora o Talleres Químicos; y se preocupó de la educación y cultura de los exiliados a través del Instituto Luis Vives, la Editorial Séneca o la Compañía Artística, que trabajó en el Teatro Fábregas. Sin embargo, al cabo de un año del inicio de su actividad, el Comité empezó a tener problemas de liquidez, por lo que suspendió inversiones y subsidios. Para los refugiados que no habían encontrado trabajo, el CTARE creó unos refugios en la capital mexicana en los que les proporcionaban comida y albergue. El Comité recibió fuertes críticas de amplios sectores del exilio, tanto por la forma en que se producía el reparto de los subsidios como por las inversiones realizadas. En octubre de 1939, representantes de los partidos socialista, republicanos, nacionalistas catalanes y del Movimiento Libertario hacían llegar al dirigente del Comité Técnico, José Puche, el malestar de los refugiados españoles y sus «crecientes quejas relacionadas con el funcionamiento de ese organismo». Los dirigentes de las organizaciones exiliadas solicitaban el acceso a los documentos que manejaba el Comité para poder aclarar a sus afiliados el reparto de los fondos. Esta situación de descontento, que había provocado incidentes violentos entre los propios españoles, creaba desazón entre los exiliados ya que temían la intervención de las autoridades mexicanas en unos asuntos que se consideraban intrínsecamente españoles. Los firmantes del documento reconocían lo negativo que para el exilio resultaba este ambiente, por lo que pedían un acuerdo entre las fuerzas políticas para evitar que los dirigentes mexicanos mediaran «en nuestras disputas internas»1. Pero el CTARE, lejos de admitir la participación del resto de organizaciones exiliadas y clarificar el reparto de los subsidios, siguió controlando y manejando los fondos a su antojo, bajo el criterio exclusivo de sus dirigentes. Esta actitud supuso una protesta más enérgica de los refugiados a través de las organizaciones que habían constituido en México. Así la Fundación México España (FME), con Antonio Vargas y Julio Luelmo a la cabeza, dirigió una carta al presidente de México, 154


LA INTERVENCIÓN MEXICANA Y LA CONSTITUCIÓN DEL GOBIERNO REPUBLICANO

Lázaro Cárdenas, en la que criticaba con dureza la actuación del Comité. La Fundación acusaba al organismo dirigido por Puche de haber malbaratado «el patrimonio de la emigración española» y de conspirar «sistemáticamente contra toda labor de salvamento de nuestros compatriotas concentrados aún en los campos de Francia». La crítica se extendía contra los dos tipos de empresas en los que había invertido el Comité en México: las creadas y regidas directamente por el CTARE y las que se constituyeron a través de los créditos que concedió a los refugiados. En ambas, según la Fundación, había influido un marcado carácter político que beneficiaba a los correligionarios de Negrín y a los comunistas. En las primeras, en la selección del personal dirigente y en la contratación de las plantillas que estaban sobrecargadas. En las segundas, porque «sólo aquellos que acrediten ejercer suficiente presión de carácter político o efectivo, sobre los consejeros del Comité Técnico» lograron ser atendidos. Es decir, que a la hora de la concesión de los créditos no se tenía en cuenta la capacidad o posibilidades del solicitante sino el amiguismo y la influencia política. La Fundación criticaba igualmente al Comité por la distribución de los subsidios, al aplicar un «criterio arbitral» en su concesión. En definitiva, la Fundación México España, ya en marzo de 1940, solicitaba al presidente mexicano Lázaro Cárdenas su intervención en el patrimonio que manejaba el CTARE2. No era esta la única organización de refugiados españoles que criticaba la actuación del Comité Técnico. La Asociación de Inmigrados Españoles en México (AIEM), presidida por Tiburcio Díaz y con Mariano Cardona en el puesto de secretario, señalaba, en consonancia con la Fundación, que el patrimonio de los españoles exiliados estaba siendo «dilapidado por sus actuales administradores, los cuales sin título válido para la administración se obstinan en desatender las peticiones de los beneficiarios asociados a la AIEM». La Asociación, al igual que la Fundación México España, solicitaba al presidente de México que tomara las medidas oportunas para poner fin a los «desmanes» en la gestión del CTARE3. Es importante señalar que estas dos organizaciones, la Fundación México España y la Asociación de Inmigrados Españoles en México, fueron consideradas, más adelante, por los miembros de la Delegación como organizaciones negrinistas o comunistas. Sin embargo, el 155


EL DINERO DEL EXILIO

propio Prieto informaba a Nicolau D’Olwer, que se encontraba en Francia, sobre las reuniones que estaban teniendo lugar en México entre los refugiados para constituir una sociedad que abarcase a todos los inmigrados. Prieto reconocía que al copar los comunistas los puestos de la junta directiva de otra asociación, el resto de refugiados había constituido la AIEM4. Por su parte, Nicolau D’Olwer significaba que, según la correspondencia recibida, la Asociación de Inmigrados era «un verdadero sindicato de emigrantes»5. Además, como hemos podido comprobar, las críticas contra la organización dependiente de Negrín eran lo suficientemente contundentes como para marcar diferencias entre la afiliación de alguno de sus miembros y las críticas o actuaciones basadas en las reclamaciones que, en un futuro, pusieron en marcha contra la Delegación. De hecho ambas organizaciones actuaron unidas contra el CTARE; Entretanto el decoro colectivo de la emigración española está siendo puesto a salvo por nosotros [FME] y la AIEM mediante el proceso que ambas entidades han abierto contra la desventurada gestión del Comité Técnico cuya desaparición estimamos imperativo del respeto que debemos a nuestra condición de españoles fuera de la patria6.

Al mismo tiempo que pedían la desaparición del Comité Técnico, las dos organizaciones defendieron, en un primer momento, a la Delegación en México. Así, la Asociación de Inmigrados pedía a Cárdenas que la: JARE se haga cargo, en plazo perentorio y de modo integral, del problema de los refugiados españoles en México; así como de las empresas, bienes y efectos que en México controla el CTARE7.

Por su parte, Luelmo, militante del PSOE y secretario de la Fundación México España, contraponía la actuación del Comité Técnico y de la JARE en esos momentos. Luelmo ponía el dedo en la llaga al señalar que el principal fallo del CTARE había sido la falta de transparencia y de democracia en su gestión, rehusando cualquier colaboración del resto de organizaciones exiliadas. Esta actuación había hecho comportarse al Comité «como un dictador cualquiera, y tal vez como un 156


LA INTERVENCIÓN MEXICANA Y LA CONSTITUCIÓN DEL GOBIERNO REPUBLICANO

detentador de fondos que no le pertenecen». Sin embargo, continuaba Luelmo, ahora llegaba la JARE, que había dado satisfacción a uno de los principios básicos que antes no había aplicado el Comité Técnico: «la necesidad de compartir con la masa beneficiaria del patrimonio de la inmigración la gestión de éste»8. Luelmo se refería a la iniciativa puesta en marcha por la Delegación de constituir democráticamente la Comisión de Socorros que, como se recordará, se compuso con representantes de todas las organizaciones que fundaron la JARE en Francia. Por su parte, la Delegación también se enfrentó, como no podía ser de otro modo, con el CTARE. Como es lógico imaginar, el pleito entre Prieto y Negrín se trasladó a las respectivas organizaciones que, si en un principio mantuvieron una actitud de separación de sus actividades, con los problemas económicos del Comité Técnico devino en agrias controversias. La falta de fondos del CTARE repercutió en la vida de muchos españoles exiliados. El Comité no podía seguir pagando los subsidios a los mutilados y viudas de guerra, ni continuar con su labor asistencial a enfermos y refugiados sin trabajo en los albergues y comedores, como tampoco mantener el servicio jurídico, donde se atendía a los españoles que quisieran tramitar su expediente de nacionalización9. La JARE no admitió de buena gana hacerse cargo de todas estas obligaciones. En primer lugar, porque sus dirigentes nunca creyeron que la organización de Negrín careciera verdaderamente de fondos; y, en segundo lugar, porque las consideraban exclusivas del CTARE, ya que eran refugiados transportados por el SERE, y no estaban dispuestos a «cargar» con sus responsabilidades. La JARE actuó de forma diferente al abordar la asistencia de aquellos que quedaban desprotegidos. La Delegación, ante los requerimientos de las autoridades mexicanas, puso todo su empeño en solucionar el problema de las personas que eran atendidas diariamente en los albergues y comedores. El gobierno mexicano creía necesaria la clausura de estos lugares para evitar la presencia de refugiados españoles sin empleo y sin ningún tipo de ayuda, «concentrados en la metrópoli y constituyendo un medio de agitación contrario a los propósitos de la vida activa del país»10. La Delegación mantuvo una serie de reuniones con el Secretario de Gobernación, García Téllez, el Director 157


EL DINERO DEL EXILIO

General de Migración, Landa y Piña, y el representante del CTARE, Joaquín Lozano, en las que las autoridades mexicanas obligaron a la JARE a costear el pago de un subsidio a aquellos españoles que aceptaran salir de la capital11. La JARE pagaría 1,50 pesos diarios por cabeza de familia más 90 centavos por familiar durante seis meses. Los beneficiarios perderían esta ayuda si encontraban trabajo, no respetaban las normas o cambiaban de residencia sin el permiso de las autoridades mexicanas. Esta ayuda se hizo extensiva a aquellos españoles que, sin estar adscritos a los comedores y albergues, residían en la capital y no tenían trabajo. Al mismo tiempo, la Delegación se comprometió, ante las autoridades mexicanas, a que «no subsistan ni vuelvan a formarse en la capital de la República masas de españoles indigentes»12. En resumen, la JARE entregó al CTARE 71.593,08 pesos para el pago de las compensaciones e indemnizaciones con motivo del cierre de los comedores y albergues13. Los refugiados españoles que se acogieron a esta ayuda fueron 554 cabezas de familia, a los que acompañaron 477 familiares, por lo que el total ascendió a 1.031 personas14. En otros asuntos, que no importaban tanto a la administración mexicana, los acuerdos fueron mucho más complicados y estuvieron presididos por un agrio enfrentamiento entre los dirigentes de las organizaciones de ayuda. La Delegación no estaba dispuesta a hacerse cargo del resto de personas, como eran «inútiles, mujeres o enfermos» por lo que rechazaban: todos estos endosos, a cuya aceptación nos invitan creyendo, sin duda, propiciamente abonado el terreno por la blandura con que procedimos en el caso de los pasajeros del Cuba y en los de los desahuciados de albergues y comedores, blandura de la cual no nos arrepentimos, pero que no ha de servir de precedente para que ustedes vuelquen sobre esta delegación las obligaciones que el Comité de Ayuda estime más enojosas, en tanto persiste en el desempeño de cometidos menos ingratos, por lo visto. Eso no puede ser15.

Sin entrar en la controversia sobre el agotamiento de los fondos del CTARE, lo cierto es que algunos términos contenidos en esta carta no parecen los más adecuados, como llamar «endosos» a «inútiles, mujeres o enfermos» o hablar de «blandura» por atender a exiliados españoles que se encontraban en una situación desesperada. La Delega158


LA INTERVENCIÓN MEXICANA Y LA CONSTITUCIÓN DEL GOBIERNO REPUBLICANO

ción se equivocaba al trasladar su enfrentamiento con el SERE a los refugiados españoles, independiente de su afiliación política, de la organización que les había transportado a México o de quien les había atendido hasta ese momento. El problema era que los dirigentes del SERE y la JARE terminaron perdiendo de vista, en muchos casos, el fin último de su cometido: la ayuda a los exiliados españoles. Ambos grupos administraron los bienes, en demasiadas ocasiones, como si fueran organizaciones privadas y manejaron los fondos sin ningún tipo de control por parte del conjunto del exilio español. Estas circunstancias favorecieron que actuaran dando preferencia a los militantes de sus partidos o a afines, olvidando que los fondos pertenecían a todos los españoles exiliados. Este hecho supuso la crítica más feroz contra ellos, así como la división y el enfrentamiento entre los propios exiliados. Efectivamente, las organizaciones españolas que habían criticado al CTARE por su actuación partidista y defendieron el traspaso de bienes a la JARE, comenzaron a tener problemas con la organización de Prieto en el verano de 1940. Desde estos momentos, la JARE se deslizó por un camino que le condujo por los mismos derroteros que anteriormente había transitado la «organización rival». Los problemas con las organizaciones de refugiados constituidas en México tuvieron su primera representación cuando éstas solicitaron ayuda económica para sus afiliados. La Asociación de Inmigrados pidió, en un primer momento, entre medio millón y un millón de pesos a la Delegación para ocuparse de las necesidades de sus miembros16. Ante el retraso a la contestación, la Asociación terminó reclamando un adelanto de, tan sólo, 3.000 pesos para hacer frente a los problemas más acuciantes. Pero esta cantidad también le fue denegada con la justificación de que la Delegación no tenía dinero y la imposibilidad de tomar cualquier disposición sin consultar con la dirección en Francia17. Nicolau D’Olwer decidió comunicar personalmente la negativa de la concesión de la primera cantidad, según señalaba, para que recayera sobre la JARE en París exclusivamente tal decisión, y porque era «de temer que si cedemos a la primera demanda, se convertirán en clientes asiduos»18. La dirección aceptaba, sin embargo, entregar a la Asociación de Inmigrados la cantidad de 3.000 pesos para instalar sus 159


EL DINERO DEL EXILIO

servicios, aunque en calidad de préstamo con la garantía de sus bienes y con el compromiso de devolverla en el plazo de un año19. La Asociación de Inmigrados continuó proponiendo iniciativas a la Delegación, tales como la creación de una bolsa de trabajo o un servicio estadístico de los refugiados, asuntos que implicaban una presencia más activa en la JARE, a lo que la Delegación se opuso20. Es decir, que de la petición inicial de dinero se pasó a querer participar en la actividad de la organización de ayuda. La negativa implicó un endurecimiento de las posiciones por parte de la Asociación, que exigió estar presente en la administración de los bienes. En junio de 1940, la Delegación negaba a la Asociación de Inmigrados la posibilidad de colaborar en su actividad, al tiempo que rechazaba dar explicaciones de su gestión. Los dirigentes subrayaban su dependencia de Francia, y sólo ante ella debían dar explicaciones21. Por su parte, la Fundación México España, en palabras de Julio Luelmo, atisbaba ya un problema en el instante de la constitución de la Comisión de Socorros, momento en el que Prieto abogó por la inexistencia de normas que delimitasen la actuación del nuevo organismo. Este planteamiento podía implicar, según Luelmo, la aplicación de criterios estrictamente personales en la adjudicación de las ayudas, con lo que se caería en los mismos errores que el CTARE: Si estos supuestos no se cumplen, cualquiera que sea el deseo de ser justos que a ustedes inspire, la Comisión de Socorros de la JARE, y la JARE misma, se abre paso a una vía que conduce a la misma meta a que ha llegado ya el SERE de México, y entonces será tarea de titanes reivindicar el título de español que es nuestro orgullo más legítimo22.

Pero la Delegación, lejos de tomar en consideración estas advertencias, disolvió la Comisión de Socorros y, con ella, eliminó cualquier atisbo de control democrático de las ayudas que entregaba. En su lugar se constituyó, en el mes de septiembre, una Oficina de Socorros que contó con un número notable de inspectores encargados de velar por la veracidad de la información que aportaban los solicitantes, pero sin la representación de las organizaciones políticas exiliadas. La Fundación México España, que había apoyado hasta este momento la actuación de la Delegación, comenzó a protestar porque no se la deja160


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ba colaborar en asuntos relacionados con los refugiados —como la salida de exiliados de la capital— y, sobre todo, por «la política de dilapidación» de los fondos que, según su criterio, estaba llevando a cabo la Delegación. Los miembros de la Fundación se quejaban de falta de apertura con respecto a las otras organizaciones del exilio, y señalaban que: ustedes tienen en su poder fondos cuantiosos que retribuyen ampliamente la gestión de ustedes en la medida estimada por ustedes mismos23.

La Delegación siempre denegaba cualquier solicitud de participación escudándose en que su actuación estaba supeditada a las decisiones que tomaran tanto la dirección de la JARE como la Diputación Permanente de las Cortes, ambas en Francia. Este planteamiento era más una evasiva que una realidad, ya que Prieto era el verdadero dirigente de la JARE, porque era él quien controlaba los fondos de la organización. De hecho, cuando la Asociación de Inmigrados pidió la primera ayuda económica, Nicolau D’Olwer ratificó, en carta personal a Prieto, que la Delegación tenía total libertad de acción24. Lo mismo se puede decir respecto a la Diputación Permanente, Prieto había influido en sus miembros cuando en pleno pleito con Negrín hizo llegar, como vimos, una importante cantidad de dólares y una carta a su presidente interino, Luis Fernández Clérigo, en el que «ponía a su disposición» los bienes que se encontraban en México25. En este escrito, como en otros posteriores, Prieto pedía que la Diputación Permanente se trasladara a México para hacerse cargo de todos los bienes acumulados o, en su defecto, que atribuyera sus competencias a una delegación que estuviera «formada con la misma proporcionalidad que la constitución de la República establece para el referido organismo»26. Pero Prieto no consideraba, en realidad, ni la posibilidad de ceder los bienes ni aceptar el control de los mismos por ningún otro organismo. Así cuando la Diputación Permanente aprobó una memoria que pretendía controlar a la JARE, sus dirigentes se opusieron radicalmente a esta decisión, justificando su posición con una batería de impedimentos legales. Los responsables de la Delegación argumentaban que tal decisión violentaba el propio Estatuto de creación del organismo de ayuda que, en su primer artículo, señalaba que la JARE era un «orga161


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ÍNDICE ONOMÁSTICO

Trujillo, Rafael Leónidas, 122, 123, 127, 132, 139, 142 Unidad Técnica de Servicio Ejidal (UTSE), 45 Unión Juvenil Española, 195 Valentín, Faustino, 6 Valera, Fernando, 171, 217-219 Vargas Solórzano, Miguel, 198 Vargas, Antonio, 46, 154 Vázquez Humasque, Adolfo, 24 Velasco Damas, Luis, 31 Velasco, Luis, 24, 31 Viana, Alejandro, 75 Vilar Veiga, Alfredo, 50

Villarías, Gregorio, 85, 87 Villarías, Leoncio, 53 Vita (barco), 1-5, 9-14, 16, 18, 19, 24, 84, 101, 166, 171, 186, 211, 231 Vives, Mariano, 133 Winnipeg (vapor), 72, 81 Wyoming (vapor), 72, 81, 84 Yoldi Beroiz, Miguel, 25, 172 Zabala, Gonzalo, 12, 15, 16, 225n Zárate, Nicolás, 10 Zugazagoitia, José Mª, 30, Zugazagoitia, Julián, 30, 31, 76

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EL DINERO DEL EXILIO  

¿Qué destino tuvieron los bienes que los dirigentes políticos republicanos sacaron de España en los meses finales de la guerra civil? ¿Se re...

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