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Biografia Primeros Años Hijo de Carlos Alberto Caicedo y Nellie Estela, Andrés fue el menor de cuatro hijos, y el único varón. En 1958 nació su hermano Francisco José, quien moriría tres años más tarde. Para esa fecha, Andrés estudiaba en el Colegio del Pilar, institución a la cual ingresó luego de su paso por el Colegio Pío XII: “un gran establecimiento de franciscanos”, comentaría algunos años más tarde. A raíz de su mal comportamiento en la escuela -el mismo Caicedo cuenta que mentía desaforadamente a sus amigos, inventando una fama y fortuna que no tenía, lo que le acarreó varios problemas- es transferido en 1964 a otra institución educativa, el Colegio Calasanz, en la ciudad de Medellín; ese mismo año escribiría su primer cuento, titulado El Silencio. Su vida académica luego

de regresar nuevamente a Cali siguió igual de turbulenta e intermitente: del Colegio Calasanz pasó al Colegio Berchmans (institución que marcaría mucho su universo literario) de donde fue expulsado, y de ahí al San Luis en 1966, lugar del que también lo expulsaron por mala conducta; finalmente, se graduaría como bachiller del Colegio Camacho Perea, en 1968. Entre las letras, el teatro y el cine A la par de su gusto por la literatura, Andrés mostraba un gran interés por el teatro y el cine. En 1966 escribiría su primera obra de teatro, titulada Las curiosas conciencias; de ese mismo año data su relato Infección. Un año más tarde dirige la obra La cantante calva, de Eugène Ionesco, y escribe las piezas El fin de las vacaciones, Recibiendo al nuevo alumno, El Mar, Los imbéciles también son testigos, y La piel del otro héroe; con esta última obra ganaría el Primer


Festival de Teatro Estudiantil de Cali. En 1968, ingresa al Departamento de Teatro de la Universidad del Valle -institución que abandonaría en 1971-; un año más tarde ingresa como actor al Teatro Experimental de Cali, donde conoce a Enrique Buenaventura. 1969 viene a ser el año más prolífico de Andrés Caicedo. Su inicio en el ejercicio de la crítica cinematográfica en los diarios El País, Occidente y El Pueblo viene a coincidir con varios premios literarios: su relato Berenice es premiado en el concurso de cuento de la Universidad del Valle, mientras que Los dientes de Caperucita ocupa el segundo puesto en el Concurso Latinoamericano de Cuento, organizado por la revista venezolana Imagen. Adapta y dirige otra obra de Eugène Ionesco: Las Sillas. Escribe los relatos Por eso yo regreso a mi ciudad, Vacíos, Los mensajeros, Besacalles, De arriba a abajo de izquierda a derecha, El espectador, Felices amistades y Lulita, ¿que no quiere abrir la puerta? El Cine-Club de Cali Su gusto por el cine lo lleva a fundar en 1969, junto a sus amigos Ramiro Arbeláez, Hernando Guerrero, Carlos Mayolo y Luis Ospina, el Cine-Club de Cali, inicialmente en una casa o comuna llamada Ciudad Solar, propiedad de Guerrero. El cine-club se trasladó luego a la sala del TEC, luego al Teatro Alameda y finalmente al Teatro San Fernando. El Cine-Club de Cali atrajo a una gran diversidad de personas entre las que se encontraban estudiantes, intelectuales y cinéfilos, quienes veían, interpretaban y criticaban aquello que Andrés, el director

del Cine-Club, deseaba que viesen. En 1970 adapta y dirige La noche de los asesinos, de José Triana; en ese mismo año escribe el relato Antígona. Un año más tarde escribe los relatos Patricialinda, Calibanismo, Destinitos fatales, Angelita y Miguel Ángel y El atravesado; escribe además los ensayos Los héroes al principio, sobre la obra de Mario Vargas Llosa La ciudad y los perros, y El Mar, acerca de la obra de Harold Pinter. Con su amigo Carlos Mayolo intenta llevar al cine, sin éxito, su guión de Angelita y Miguel Ángel, en 1972. Ese mismo año escribe el guión Un hombre bueno es difícil de encontrar, y los relatos El pretendiente y El tiempo de la ciénaga, este último premiado por el concurso nacional de cuento de la Universidad Externado de Colombia. Foto de la obra Angelitos empantanados, realizada por el Teatro matacandelas, de Medellín (2003). El viaje a Estados Unidos En 1973, Andrés viaja a Los Ángeles y luego a Nueva York con la ilusión de venderle a Roger Corman cuatro guiones de largometraje que había escrito, y que su hermana había traducido afanosamente; su empresa no tuvo éxito y Corman nunca llegó a tener los guiones en sus manos. “[...] es un medio muy difícil y enmarañado, y la parte que está metida en Hollywood no se anima a colaborar por miedo a la competencia [...]“, escribiría a su madre en una carta, a propósito de su fracaso. En este país Andrés empezaría a escribir la que es considerada por la crítica su mejor novela ¡Que viva la música! (la única novela que logró terminar),


e inicia la redacción de un diario que pretendía convertir en novela, titulado Pronto: memorias de una Cinesífilis; además, tuvo la oportunidad de entrevistar al director de cine Sergio Leone. Su estancia en los Estados Unidos fue el periodo de su vida en el que más cine vio. Últimos años Maternidad, cuento escrito en 1974, sería considerado por él mismo como su mejor obra. En ese mismo año aparece el primer número de Ojo al cine, revista especializada que se convertiría en la más importante de Colombia. También viaja nuevamente a los Estados Unidos, esta vez para asistir a la Muestra Internacional de Cine. Un año después Ediciones Pirata de Calidad publica su relato El atravesado, gracias al apoyo económico de su madre, logrando cierto éxito a nivel local. El suicidio Fiel a su idea de que vivir más de 25 años es una insensatez, Andrés intenta suicidarse dos veces en 1976; pese a esto escribe dos cuentos más: Pronto y Noche sin fortuna, y aparecen los números 3, 4 y 5 de la revista Ojo al cine. Entrega a Colcultura el manuscrito final de ¡Que viva la música!, del cual alcanzaría a recibir un ejemplar editado el cuatro de marzo de 1977; ese mismo día ingiere intencionalmente 60 pastillas de secobarbital, acto que acaba con su vida. Analizando su muerte, Alberto Fuguet dice: “Caicedo es el eslabón perdido del boom. Y el enemigo número uno de Macondo. No sé hasta qué punto se suicidó o acaso fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos. Era mucho menos

el rockero que los colombianos quieren, y más un intelectual. Un nerd súper atormentado. Tenía desequilibrios, angustia de vivir. No estaba cómodo en la vida. Tenía problemas con mantenerse de pie. Y tenía que escribir para sobrevivir. Se mató porque vio demasiado”, dice. [5] Influencia El primer autor en retomar la línea de Caicedo fue el ibaguereño Manuel Giraldo Magil en su obra ‘Conciertos del Desconcierto’. En los años 90, la obra Opio en las nubes de Rafael Chaparro Madiedo fue vista como una versión al extremo de varias historias caicedianas, la influencia del autor caleño continúa en nuestros días con escritores como Octavio Escobar Giraldo, en su libro ‘De música lígera’ Efraím Medina quien retoma el humor negro caicediano en apartes de su novela ‘Érase una vez el amor pero tuve que matarlo’ y Ricardo Abdahllah, quien en su primer libro de cuentos ‘Noche de Quema’ incluyó varios relatos caicedianos adaptados a los años noventa. El grupo de teatro Matacandelas ha presentado durante diez años la obra ‘Angelitos Empantanados’, basada en el trabajo del autor.



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