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Él me dejó llorar durante mucho tiempo, sus dedos acariciaban mi pelo mientras susurraba palabras de consuelo en mi oído, su implacable persistencia de calmarme atrayéndome cada vez más hacia él y sabía que tenía que liberarme. Me eché hacia atrás y levanté la cara hacia él. —Lo siento. Negó ligeramente mientras se ponía la mano en la oreja y me sostenía la cabeza. —No lo sientas nena. —Aparté la mirada, no queriendo ver lo que había detrás de sus ojos mientras trataba de liberarme pero me mantenía firme. Entonces, su dedo inclinó mi barbilla hacia atrás. Sus ojos brillaban mientras se mordía el labio inferior, en una obvia lucha para frenar lo que fuera que estuviera consumiéndolo. Su boca rozó la mía tan delicadamente que por un momento me pregunté si lo había imaginado hasta que se hizo más firme y supe que no era mi imaginación... esto era real, muy real. Su lengua exigió entrar y cuando me abrí a él soltó un pequeño gruñido y envolvió sus dedos en mi cabello, girándolo casi dolorosamente en su agarre. Le devolví la queja con un gemido y me uní a la danza, chupando desesperadamente su lengua, diciéndole lo mucho que lo necesitaba antes de que sus dientes comenzaran a acariciar mi cuello, sus rastrojos de arañazos chocando deliciosamente contra el calor de mi piel. —Joder E, necesito tanto estar dentro de ti. Gemí ante sus palabras y jalé su cabeza más hacia mí, dándole permiso a sus palabras. Caray, le daría permiso para cualquier cosa si me hacía sentir así. Sus dedos encontraron los botones de mi blusa y lenta y tortuosamente comenzó a desabrocharlos mientras en silencio lo instaba a que se diera prisa de una puta vez. —Tan jodidamente hermosa —susurró mientras abría mi blusa para revelar mis pechos desnudos. ―Su lengua rozó lentamente la punta de mi pezón y le recompensé envolviendo mis piernas alrededor de sus caderas y tirando de él—. Joder nena. —Apúrate Jax —susurré—. Necesito sentirte. Un gruñido brotó de su garganta mientras me desabrochaba los vaqueros y rápidamente los bajaba por mis piernas, junto con mi ropa interior y, como prometió, besó cada una de las estrellas que decoran el exterior de mi pierna derecha hasta el final, hasta que descubrió el pequeño diamante del piercing y el tatuaje al final del rastro. —Mierda. —Su nariz se apoyó en mi monte de venus—. Malditamente sexy nena.

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Shocking heaven room 103  

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