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—No, ¡quédate aquí! —le advertí, pero el soltó un bufido. —Podrías tener problemas —dijo inclinando su cabeza hacia la casa. Había luz en las ventanas y la música se oía tocar con fuerza. Mordí mi labio inferior y me preparé. —Por favor, Jax. Levantó las cejas y su expresión lo decía todo... ¡Ni hablar! Suspiré con resignación cuando la humillación se apoderó de mí. ¿Podía llevarlo sabiendo lo que estaba sucediendo detrás de las paredes? Supongo que no tenía ninguna opción cuando Jax comenzó a caminar por el camino de grava. —Por la parte de atrás —le susurré. Asintió con la cabeza, no reconociendo mis palabras de otra manera. Nos arrastramos por la pared exterior a través de las grandes puertas de metal al lado de la casa y a través del jardín de atrás. Al pasar junto a la ventana del lavadero golpeé en ella ligeramente. Jax frunció el ceño. —¿Nena? Hice una mueca cuando su fuerte gruñido llenó el silencio. De inmediato me llevé un dedo a los labios para hacerlo callar, pero él tenía sus ideas. —¿Qué diablos está pasando, nena? Con el ceño fruncido hacia él, repetí mi movimiento y sin quitar el dedo de los labios. Sus ojos se suavizaron inmediatamente y sus dedos se cerraron alrededor de los míos. —No voy a dejar que nadie te hiera, E —dijo suavemente. ¡Pues al infierno! Sonreí débilmente apreciándolo y asintió una vez antes que la luz inundara la puerta de atrás apareciendo por el borde de la puerta la cabeza de Aaron. Su sonrisa iluminó mi corazón. —E —susurró en voz baja y mi sonrisa se ensanchó. Los ojos de Aaron pasaron a Jax mientras salía de la puerta con unas cuantas bolsas. —¿Estás bien? —articuló Aaron conociendo las reglas de permanecer mudo. Levanté un pulgar en respuesta mientras Jax se movía hacia delante y tomaba las bolsas de Aaron. Aaron echó la cabeza hacia Jax con las cejas altas en una silenciosa pregunta. —¿Quién demonios es? —Sonreí y asentí con la cabeza, asegurándole que era un amigo y Jax se dirigió hacia el auto. Aaron cogió las bolsas restantes mientras le seguía detrás, cerrando cada una de las puertas en silencio en nuestra escapada, mis nervios haciendo temblar mis piernas. Estuvimos tan cerca de lograrlo. ¡Dios! Tan cerca.

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Profile for Shusuke Fuji

Shocking heaven room 103  

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