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—Está unos veinte años demasiado tarde, me temo. No quiero escucharlo. Simplemente dígale a su jefe que conseguiré el maldito video para él y luego no quiero volver a verle nunca. —Por favor. Sólo deja que te explique —intentó pero me di la vuelta— . Conocí a tu madre hace veinte años.... —empezó pero tapé mis oídos y cerré los ojos mientras empezaba a cantar. Muy adulto E. Sus manos sujetaron las mías y las empujó a medida que se acercaba a mi cara. —Escúchame Eve. Me aparté de él, pero dejé de cantar y me quedé tranquila mientras se sentaba a mi lado en la cama y continuaba sosteniendo mis manos. Se quedó en silencio por un momento, y luego respiró hondo. —Tu madre era la criatura más hermosa que alguna vez había conocido, incluso su risa era hermosa y me enamoré al instante. Tuvimos lo que llamarías a un tumultuoso romance, pero esa mujer... estaba decidida a autodestruirse e intenté de todo para ayudarla. Sacarla de las drogas, pero... bueno ya sabes Eve. Su mirada se posó en la ventana con los ojos vidriosos como si estuviera físicamente en el pasado, y mi corazón se encogió un poco ante el dolor crudo en su rostro. —Un día teníamos que encontrarnos con un acreedor. Nos reunimos en una pequeña tienda de café y recuerdo su orden como si fuera ayer, café negro y un espiral de canela, el cuál cubriría con azúcar moreno de uno de esos pequeños paquetes de papel. —Se rió entre dientes, más para sí mismo que para mí y me encontré sonriendo con él. Suspiró profundamente y sus ojos se oscurecieron. —Ella nunca apareció... pero Robert lo hizo. Podía oír el desprecio en su voz cuando dijo el nombre de mi papá. —¿Puedes creer que el hombre me puso una pistola en el estómago por debajo de la mesita en una pequeña y vieja cafetería —se burló—. Ten en cuenta que fue hace veinte años, Eve y yo era un repartidor de pizza de mierda. Sin nadie respaldándome, ni dinero, ni educación... ¡maldición todo! —afirmó enojado mientras me miraba tristemente. —En resumidas cuentas, me dijo que si no dejaba a Lisa tranquila, acabaría conmigo y la haría pagar dolorosamente. Y sabiendo con qué clase de hombre estaba tratando. —Se encogió de hombros y exhaló—. ¿Qué habrías hecho tú? No le contesté, no creo que esperara que lo hiciera. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana, mirando hacia la oscuridad con una expresión de dolor, como si mi madre estuviera allí esperándolo. —Nunca la volví a ver.

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Shocking heaven room 103  

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