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explorando vorazmente el cuerpo del otro, tomando nuestra ración después de una tan larga abstinencia. Mi espalda chocó contra la pared y salté y abracé su cintura con mis piernas, tirando del él más cerca. Era como si pudiera respirar, finalmente, después de dos largos años, como pudiera tomar un respiro, una gran inhalación, un trago descomunal de aire que se estrellaba contra mis pulmones e inundaba la vida por todo mi cuerpo. Las sinapsis encendieron mi cerebro y trajeron mis terminaciones nerviosas secas devastadas a la vida, alimentando cada una de ellas con voracidad y mi corazón, finalmente, dio un golpe, como un rayo descongelándose y reiniciándose. Él giró y nos llevó a la cama, poniéndonos lentamente mientras continuaba con su propia marca de besos. La marca que pensé que se había quebrado y agotado hace mucho tiempo. Mi camisa se levantó por encima de mi cabeza mientras él estaba junto a mí, con los ojos vagando por cada centímetro de mi torso desnudo con una llama que encendía mi propio fuego. Tomó mis pechos con ambas manos, acariciándolos suavemente mientras su boca encontraba mis costillas y su lengua viajaba húmedamente hasta la cintura de mis vaqueros donde continuó idolatrándome alrededor del borde de la banda. Mis manos encontraron su pelo y gemí cuando el desabrochó el botón y los bajó por mis caderas con mis bragas, inmediatamente deslizando un dedo dentro de mí, lo que me provocó un fuerte gemido. Las quitó por completo, luego se arrastró de vuelta a mí y colgó cada una de mis piernas sobre sus hombros y gruñó… profunda y bruscamente. ¡Cristo! ¿Por qué hacía eso? Yo estaba, prácticamente mendigando. Gemí largo y fuerte cuando su lengua recorrió mi longitud. —Extrañaba tu miel, nena —susurró mientras su lengua comenzaba a follarme y me arqueé hacia él, mi coño controlando mis caderas mientras las alzaba más en su boca. Él me trabajó en un salvaje, jadeante lío mientras su lengua se movía rápidamente a mi clítoris y sus dedos acariciaban mis paredes internas, forzando a mi orgasmo a construirse a toda prisa. —¿Estás lista para gritar, nena? Me sonrió de manera sexy, antes de deslizar su dedo en mi ano y envolviera sus labios alrededor de mi pezón y lo chupara. Y yo hice justo lo que él había predicho… grité, en voz alta, sin aliento y violentamente mientras mi cuerpo luchaba entre el placer y el dolor.

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Shocking heaven room 103  

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