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Ella apartó la mirada como avergonzada por sus acciones, pero cuando volvió a mirarme vi su propio dolor y desolación. —Porque no estabas Eve. Te fuiste y no... —se tragó sus palabras y de repente yo estuve enojadísima con ella. —¿Y por qué no iba a irme madre? ¿Por qué? ¿Porque metiste tus ojos en el cuerpo de mi novio antes de golpearme y decirme puta? —le escupí—. Sabes mamá, aguanté mucha de tu mierda durante años y siempre te he apoyado, siempre tomé lo que repartiste, siempre recibí cada jodido golpe que me diste, siempre me tragué cualquier abuso que me dijiste. —Entonces me incliné cerca para que no se perdiera mis próximas palabras— ¡y siempre pagué tus deudas de drogas! ¿qué clase de madre le hace eso a su única hija? Se estremeció físicamente, la vi encogerse y eso me desquició. —¡Maldita sea madre! ¡No me apartes otra vez! ¡Tenemos que hablar de esto! —le grité. —Me estoy muriendo Eve... ¡ESTOY JODIDAMENTE MURIENDO! ¡¿NO TE ES SUFICIENTE?! —gritó. Me quedé en silencio escuchando su respiración entrecortada y frunciendo mis malditos labios como una malhumorada niña de cuatro años que quiere a su mamá. —Pero te necesito —le susurré. Ella se burló en voz alta. —Nunca me has necesitado, Eve. ¡Tu padre se aseguró de eso! Di un paso atrás ante la amargura en su voz. —No te atrevas a arrastrarlo en esto. —¿Por qué no Eve? ¡No era el maldito santo que pensaste que era! —me escupió y yo apreté el puño. —¡No! Ese hombre murió por ti. ¡Murió porque trató de detener a tu maldito proxeneta de saldar su deuda! La risa que brotó congeló mis huesos. —Crees eso Eve, porque yo te he dejado creer eso. Di otro paso atrás. —No hagas esto. —Me ahogué. —¿Por qué Eve? Me has culpado los últimos cinco años ¿Realmente no quieres saber lo que pasó esa noche? Negué rápidamente. —No. Fue tu culpa. Tomaste demasiado madre, maldita sea, siempre tomaste demasiado. Tomaste, tomaste, tomaste y nunca diste una jodida cosa a cambio—le grité. Su rostro se contorsionó de rabia. —Tu precioso padre hizo que tres hombres me follaran esa noche Eve. ¡Sólo porque quería sus jodidos puntos! ¡Y se los debía a esos bastardos que te querían a ti... no a mí, Eve! ¡No a mí! —me gritó y yo caí hacia atrás, mis piernas finalmente cediendo.

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Shocking heaven room 103  

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