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—Enfréntalo, nena —dijo rudamente mientras tomaba mi mano. Exhalé pesadamente y le sonreí. —Sí. Estoy bien. Sus labios se acercaron a los míos cuando se inclinó hacia mí. —Estoy aquí, amor. Si lo necesitas, solo di la palabra. Tragué con dificultad y tiré de él tomándolo con la boca, recitando cada una de las emociones que sentía mientras controlaba el beso y le agradecía físicamente su seguridad. La puerta de frente se abrió y ahí estaba mi madre con una enorme sonrisa en el rostro; rápidamente estudié su rostro para ver qué humor la manipulaba hoy. Se veía bien, pero entonces quién podría estar seguro con mi madre… ella era la reina de la bipolaridad. —Eve —chilló mientras bajaba por los muchos escalones frente a nuestra opulenta e inmaculada casa, la fachada de un hogar feliz. Caminé hacia ella con Jax flanqueándome, su presencia relajándome cuando mi madre me envolvió en sus brazos. Noté su frágil menudencia y la abracé levantando una ceja por esto. Mi madre siempre había sido hermosa, despampanante incluso ahora a los 37 —sí sólo era una adolecente cuando me tuvo. Las drogas habían marchitado su cuerpo, dándole un angulado rostro y una contextura delgada pero aún seguía siendo llamativa. Me solté de ella y me aventuré a la casa. Todo mi cuerpo se tensó cuando di un paso al interior y Jax debe haberlo notado, porque sentí su confortadora mano instalarse en la base de mi espalda con un pulgar acariciándome ligeramente. Volviéndome hacia mi madre me encogí al verla chequeando a Jax. Sus ojos escrudiñaban lentamente su cuerpo de arriba abajo con sus labios levantándose en una sonrisa sexual. —Bueno, hola a ti —exhaló. ¡Por Cristo Madre! Una vez groupie, groupie por siempre. Tosí ligeramente y ella se volvió hacia mí, sus ojos estrechos y fríos. Vi que Jax me levantaba una ceja, inconsciente del abierto coqueteo de mi mamá. —Mamá, este es mi novio Jax Cooper. Jax, mi madre Lisa Hudson — los presenté. —Un placer conocerte cariño —susurró con voz ronca mientras se aproximaba a él y se estiraba para besar su mejilla. Jax sonrió tensamente y asintió, pero no devolvió el saludo. ¿Acababa de darle una mirada a la entrepierna de Jax? Cristo, lo hizo. Estaba chequeando si había tenido una reacción a su beso. Gracias a Dios no la había tenido. Le di un vistazo sólo porque si, ¿de acuerdo? No porque en realidad pensara que podría tenerla, pero necesitaba la información para poder asegurártelo.

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Profile for Shusuke Fuji

Shocking heaven room 103  

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