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—Te escuché Jax, pero no creo que me estés escuchando a mi —le susurré. Sus ojos siguieron la ruta que su pulgar estaba tomando, ya que ahora se arrastraba hacia abajo en medio de mi garganta. Estaba chamuscado demasiado cada uno de mis pequeños vellos en el camino. —Tenemos que hablar nena. Asentí. —Sí. Él asintió conmigo. —Y tienes que escuchar nena. —¿Tú harás lo mismo Jax? Sus cejas se levantaron, pero sonrió. —Sí, cariño. Le di una pequeña sonrisa a cambio. De repente saltó del taburete, pero sostuvo mis ojos. —Después del ensayo de esta noche nena —ordenó y yo asentí. —Sí. Antes de que pudiera moverme, sus labios estaban en los míos, moviéndose tan despacio y con tanta ternura que no tuve el valor ni la inclinación para rechazarlo. Dios, se sentía bien. Lo había echado mucho de menos. Mis manos finalmente cedieron y se deslizaron a través de su sorprendente y oscura suavidad, enroscándose alrededor de su grosor fuertemente. Él gimió y se robó mi boca con su lengua, atrayendo la mía a su boca y chupándola sin descanso. Uno de sus grandes manos tomaron el lado de mi cabeza y la otra se curvó alrededor de mi cuello y sabía que me estaba reclamando de nuevo, exigiendo mi atención y control. Su rodilla tocó entre mis muslos cerrados y los abrí de inmediato y lo dejé ponerse entre ellos, dejando caer mis manos alrededor de su cuello y tirando de él más cerca. Sus dos manos ahora bajaron a mi trasero y me topé con ellas hasta que envolví ambas piernas alrededor de su cintura. Él me levantó y me abrazó con fuerza mientras seguía follando mi boca con su experta lengua y gemí y lo jalé más cerca de mí, mis pezones como rocas presionando contra la firmeza de su pecho. —Mierda nena. Te necesito. Necesito follarte tan condenadamente duro. ¿Quién dijo que el romance estaba muerto? —Bájame Jax —le susurré al oído. Él gruñó en voz baja, pero quitó las manos de mi trasero y mis pies se dejaron caer al suelo. Apoyó su boca sobre mi frente.

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Shocking heaven room 103  

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