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indice Agradecimientos

Capítulo 12

Capítulo 26

Sinopsis

Capítulo 13

Capítulo 27

Prólogo

Capítulo 14

Capítulo 28

Capítulo 1

Capítulo 15

Capítulo 29

Capítulo 2

Capítulo 16

Capítulo 30

Capítulo 3

Capítulo 17

Capítulo 31

Capítulo 4

Capítulo 18

Capítulo 32

Capítulo 5

Capítulo 19

Capítulo 33

Capítulo 6

Capítulo 20

Capítulo 34

Capítulo 7

Capítulo 21

Próximamente

Capítulo 8

Capítulo 22

Nota del autor

Capítulo 9

Capítulo 23

Info. R y R

Capítulo 10

Capítulo 24

Sobre la autora

Capítulo 11

Capítulo 25

Créditos


Agradecimientos Mew Rincone

Karlix

Karool Shaw Evarg7 Eni Krispipe Mew Rincone 3lik@

Morin Mariis Mew Rincone Karlix Armonia&paz

Caroeli016 Lovingtobias Arifue Mais020291

Karlix

Jor Pili

Mew Rincone


Sinopsis Para , la vida con sus abuelos en una granja de Wyoming siempre ha sido simple. Pero después de la muerte de su abuela, Tracey es todo cuanto tiene su abuelo. Así que cuando Eagle Elite University anuncia su lotería anual de becas, Tracey salta ante la oportunidad de asegurarse su futuro y entra. Ella no se esperaba mucho, pero entonces gana. Y la vida como ella la conoce nunca volverá a ser igual… Los estudiantes de Eagle Elite se parecen a nada que haya conocido y se niegan a hacer las cosas fáciles para ella. Está Nixon, magnífico, irresistible, y el líder de un grupo que todo el mundo teme: Los Elegidos. Sus reglas son simples. 1. No toque a Los Elegidos. 2. No mires a Los Elegidos. 3. No hable con Los Elegidos. No importa lo duro que intente mantenerse al margen, Los Elegidos están siempre alrededor de ella y no pasa mucho tiempo hasta que se entera de la razón de por qué mantener a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más. Ella no se dio cuenta de que ella era el enemigo―hasta que fue demasiado tarde.

Elite #1 – Serie Eagle Elite


Prólogo Traducido por Evarg7 Corregido por MewHiine

Quienquiera que me dijera que la vida era fácil… me mintió. Es difícil. Apesta. Lo loco es que… nadie tiene las agallas para admitir la verdad. Todos, y me refiero a todos, tienen un secreto. Todos tienen una historia que necesita ser contada. El dolor está por todos lados, como humanos, estamos prácticamente ahogados en su esencia, aunque todos finjamos que no existe. Hacemos creer que todo está bien, cuando, en realidad, todo en nuestros adentros grita de indignación. Nuestra alma nos suplica que seamos honestos al menos una vez en nuestras vidas. Nos suplica que se lo contemos a una persona. Nos fuerza a ser vulnerables frente a esa única persona y, en el mismísimo momento en que lo hacemos, todo parece mejor. Por un momento, la vida no es tan dura como parece. Fácil. Es fácil, y luego cae la manopla. Cuando conocí a Nixon no tenía idea de lo que la vida tenía guardado para mí. En mis sueños más salvajes, nunca pude haber imaginado esto. ―Todo… ―Él tragó y apartó la mirada por un breve segundo antes de agarrar mi mano y besarla―. Todo está a punto de cambiar.


Capítulo 1 Traducido por Evarg7 Corregido por MewHiine

―Puedo sentirte respirar en mi cuello, Trace. ―El abuelo agarró el volante y me sonrió débilmente antes de estirar el brazo hacia atrás y palmear mi mano. Síp, palmeó mi mano. Como si eso fuera a hacerme sentir un poco menos nerviosa. Cerré mis ojos y respiré profundamente algunas veces, intentando concentrarme en el entusiasmo de mi situación, no en el miedo. Me rehusaba a estar asustada sólo porque era nueva. Quiero decir, claro que nunca había subido a un avión antes de anoche, pero no era como si fuera a enloquecer… todavía. Echaba de menos a mis perros y a todo en mi rancho en Wyoming. Cuando mi abuela enferma sugirió que entrase en el concurso, obedecí para hacerla feliz ―cualquier cosa para distraerme de su enfermedad―. Además, es el sueño de todos ir a Eagle Elite, pero las probabilidades de entrar son cercanas a cero. Una compañía hizo un estudio y dijo que eran mayores las probabilidades de que tu cuerpo se transformase en una ballena. Supongo que eso me convertía a mí en una gran ballena enorme y gorda, porque entré. Estoy bastante segura de que la compañía lo hizo como una broma, pero aún así. De millones de solicitantes, ellos sacaron mi número, mi nombre. Así que, tener miedo no era una opción a estas alturas. Ir a Eagle en mi primer año de universidad significaba que tenía la vida resuelta básicamente. Sería colocada en una carrera, provista de todas las formas posibles. Me darían oportunidades con las que la gente soñaba. Tristemente, en este mundo, todo se trata de a quién conozcas, y mi abuelo, bendito sea su corazón, sólo sabe de ranchos y de ser un buen abuelo. Así que haré esto. Lo estoy haciendo por mí y lo estoy haciendo por él.


―¿Es esto? ―Apuntó el abuelo, sacándome de mi discurso motivacional. Bajé mi ventanilla y le eché un vistazo. ―Ahí… uh, ahí dice E. E. en el portón ―murmuré, sabiendo demasiado bien que estaba mirando al portón de hierro que haría sentirse orgullosa a cualquier prisión. Un hombre salió de la pequeña garita cerca de la entrada y nos hizo señales para que parásemos. Cuando se acercó al coche, noté un revólver escondido bajo su chaqueta. ¿Por qué tenían armas? ―Nombre ―ordenó. El abuelo sonrió. Él solía sonreír. Negué con la cabeza cuando él procedió a darle el discurso, el mismo que les había dado a todos nuestros vecinos durante los pasados meses. ―Ves a mi nieta, Trace. ―Me apuntó. Me mordí el labio para no sonreír―. Entró en esta elegante universidad, ¡ganó la lotería anual Elite! ¿Puede creerlo? Así que estoy aquí para traerla. ―¿Cómo hacía el abuelo para estar siempre tan completamente cómodo todo el tiempo? Quizá era porque siempre llevaba un revólver también, pero aun así. Él y la abuela eran los abuelos más geniales que una chica podía pedir. Tragué las lágrimas quemando en mi garganta. Debieron haber sido él y la abuela, pero ella murió de cáncer hace unos seis meses, una semana después de que supiera lo de la universidad. Ellos eran mi mundo, el abuelo y la abuela. Ser criada por tus abuelos no es tan malo, no cuando tienes o tenías abuelos como los míos. El abuelo me enseñó a montar a caballo y a ordeñar vacas, y la abuela podía cocinar la mejor tarta de manzana del estado. Ella ganaba en todas las ferias del estado usando exactamente la misma receta. Mis padres habían muerto en un accidente de coche cuando yo era muy chica. No recuerdo mucho, excepto que la noche en que murieron era también la noche en la que conocí a mis abuelos por primera vez. Yo tenía seis años. El abuelo estaba vestido con un traje. Se arrodilló, dijo algo en italiano y él y la abuela me llevaron en su Mercedes negro. Cambiaron toda su vida por mí, diciendo que no era bueno para una pequeña vivir en la ciudad. Chicago no había estado tan mal, al menos por lo que recuerdo. Que no es mucho. Le di al abuelo una sonrisa acuosa cuando se estiró a través de la guantera y agarró mi mano con la suya áspera y grande. Él había sacrificado todo por mí, así


que yo iba a hacer esto por él, por la abuela. Puede que suene tonto , pero ser la única chica, sentía la inmensa necesidad de cuidar de él ahora que la abuela se había ido, y la única manera en que podía verme a mí misma haciendo eso, era consiguiendo un buen trabajo y hacerlo sentirse orgulloso. No estaba segura de su retiro, ni de nada, y quería estarlo. Quería cuidar de él, como él cuidó de mí. Fue mi roca, y ahora era mi turno ser la suya. El abuelo me guiñó un ojo y volvió a apretar mi mano. Siempre era muy perceptivo. Podía decir que él sabía que estaba pensando en la abuela porque asintió y apuntó a su propio corazón, y luego apuntó al mío como si dijera: “Ella está en tu corazón. Ella está en el mío. Estaremos bien”. ―No son de por aquí, ¿verdad? ―El hombre interrumpió nuestro intercambio y dirigió la pregunta hacia mí. ―No, señor. Él se rió. ―¿Señor? Hmm… Tengo que decir que me gusta el sonido de eso. De acuerdo, pasen. Conduzca recto por la carretera unos dos kilómetros y medio. El estacionamiento está a la derecha y los dormitorios estarán directamente frente al estacionamiento. Puede dejarla allí. Él golpeó la parte de arriba del coche y el portón se abrió repentinamente frente a nosotros. Mi corazón estaba en mi garganta. Árboles grandes delineaban el camino de entrada mientras el abuelo conducía el coche alquilado hacia los dormitorios. Nada en mi vida me había preparado para lo que estaba viendo. Los edificios eran enormes. Todo estaba construido con piedra vieja y ladrillo. Quiero decir, había visto fotos, pero ni siquiera se acercaban a la realidad. Los dormito rios eran como hoteles elegantes. Otro guardia de seguridad se aproximó al coche y le hizo señas al abuelo para que apagase el motor. Me quedé boquiabierta cuando salí del coche y tiré hacia atrás mi cabeza para que pudiera elevar la mirada hacia el edificio de doce pisos. ―La chica nueva está aquí ―Vino una voz desde detrás de mí. Me di la vuelta y me quedé boquiabierta otra vez.


―Tan limpita e inocente. Como un pequeño ciervo, ¿cierto, Chase? ―El chico ladeó su cabeza. Su ondulado cabello oscuro cayó en su frente; tenía un labio perforado y estaba vestido con jeans rasgados y una camiseta ajustada. Retrocedí, como el pequeño ciervo/ballena que era. Mi abuelo dio un paso delante de forma protectora mientras metía la mano en su chaqueta, probablemente por el revólver que estaba presente de manera usual. Estoy segura de que sólo estaba tratando de asustar a los chicos. ―¿Un comité de bienvenida? Este lugar seguramente es bonito. ―Cualquiera podía ver que los chicos frente a nosotros no estaban aquí para darnos la bienvenida y, ciertamente, no eran parte de ningún comité, pero el abuelo estaba diciendo algo importante, marcándome a mí con su protección. Me puse tras él y tragué la sequedad de mi garganta. ―¿Hay algún problema? ―preguntó el abuelo, arremangándose. Guau. ¿Mi abuelo de 72 años iba a meterse en una reyerta o algo? El chico con el piercing en el labio dio un paso adelante y luego entrecerró los ojos en dirección a mi abuelo. ―¿Le conozco? El abuelo se rió. ―¿Cuántos granjeros hay en Wyoming? El chico se rascó su cabeza, dándome una bonita vista de sus bronceados abdominales cuando sus manos llegaron arriba de su cabeza. Tragué y agarré el brazo del abuelo. El chico llamado Chase sonrió con suficiencia y golpeó al otro chico en la espalda. Me fulminó con la mirada y luego vino junto a mí, alzó mi barbilla, cerrando mi boca abierta. ―Mucho mejor ―susurró él―. Odiaríamos que nuestro caso de caridad se ahogase con un insecto en su primer día. ―Sus ojos fueron hacia los del abuelo y luego volvieron a los míos antes de alejarse. Luego desaparecieron detrás del edificio de dormitorios. Podía sentir mi cara calentarse por la vergüenza. Yo no tenía mucha experiencia con los chicos. De acuerdo, era seguro decir que mi primer y único beso fue con Chad Thomson y fue


horrible. Pero, aun así, algo en esos chicos me advertían de que no eran buena gente. ―No me gustan esos chicos. Me recuerdan a… bueno, eso no importa. ―El abuelo se rascó la cabeza y luego fue hacia el maletero para sacar mis pocas cosas. Todavía estaba tratando de superar el hecho de que me había puesto en vergüenza a mí misma cuando alguien caminó hacia nosotros con un portapapeles. ―A ningún padre se le permite entrar a los dormitorios. Lo siento. Son las reglas. ―Ella explotó su chicle y le guiñó el ojo a mi abuelo. ¿Estaba coqueteando con él? ¿Qué clase de universidad era ésta? ¿Los chicos tenían piercings y trataban a la gente como porquería, y las chicas coqueteaban con ancianos? Mi abuelo me miró con preocupación y suspiró, puso sus manos contra el coche alquilado como si tratase de prepararse a sí mismo para la confusión emocional del día. ―¿Estás segura de que estarás bien? Suspiré con intensidad y levanté la mirada al intimidante edificio. Por esto había puesto mi solicitud. Tenía que hacer esto por él, por nosotros. Respirando profundamente, me alejé de él y le di mi sonrisa más confiada. ―Estaré bien, abuelo, pero te echaré mucho de menos. ―Lágrimas cálidas bajaron rápidamente por mi cara cuando entré en su abrazo. ―Tengo algunas cosas para ti. Sé... ―El abuelo tosió y se limpió algunas de sus propias lágrimas―… Sé que a ella le hubiera gustado que las tuvieras, Trace. En silencio, él se alejó de mí y sacó una cajita de la parte de atrás de coche y me lo tendió. ―No lo abras hasta que estés en tu habitación. Oh, cariño, voy a echarte mucho de menos. Lo volví a abrazar y cerré mis ojos, memorizando la forma en que su esencia aromática llenaba mis orificios nasales con toda la comodidad del hogar. ―Yo te echaré más de manos. ―No es posible ―dijo con una voz ronca―. No es posible, cariño. Me soltó y dobló un poco de dinero en mi mano. Bajé la vista a mi puño, donde había unos billetes de cien dólares enrollados con una bandita elástica.


―No puedo aceptar esto. ―Intenté devolvérselo, pero él levantó las manos y se rió por lo bajo. ―Nop, tu abuela se estaría revolcando en su tumba si supiera que te dejo en alguna universidad elegante sin un fondo para emergencias. Guárdalo. Escóndelo en tu almohada o algo así, ¿de acuerdo? ―Abuelo, ya no vivimos en la Depresión. No tengo que ir escondiendo el dinero debajo de mi colchón ni en mi funda de la almohada. Él entrecerró sus ojos y se rió. ―Sólo guárdalo en lugar seguro. Abracé al abuelo por última vez. Él suspiró profundamente en mi hombro. ―Mantente a salvo, abuelo. No dejes que las vacas se escapen y sigue ordeñando a las cabras. Te voy a echar mucho de menos. ―Y yo a ti… Sólo hazme un favor. ―Me apartó y miró a mis ojos mientras yo asentía―. Ten cuidado. Hay gente por ahí que… ―maldijo. El abuelo raramente maldecía. ―¿Qué pasa? ―De acuerdo, él estaba empezando a asustarme. Miró detrás de mí y presionó sus labios en señal frustración. ―Nada. No importa. Sólo ten cuidado, ¿de acuerdo, cariño? ―De acuerdo. ―Besé su mejilla. El abuelo sonrió y entró al coche. Lo saludé con la mano mientras él se iba conduciendo, luego me di la vuelta hacia la chica con el portapapeles. ―De acuerdo ―tomé una respiración tranquilizadora y enfrenté a mi futuro―. ¿Hacia dónde? ―¿Nombre? ―preguntó ella, sonando aburrida. ―Trace Rooks. La chica sonrió con suficiencia y negó con la cabeza, como si mi nombre fuera lo más divertido que había escuchado en todo el día. ¿Todos eran tan maleducados aquí?


―Es tu día de suerte ―anunció ella, haciéndome señas hacia el edificio―. Estás en los Estados Unidos. Miré alrededor sólo para asegurarme de que no estaban haciendo una broma. ―Um, sí, lo sé. Soy estadounidense. ―Caray ― se puso el bolígrafo en la boca y suspiró intensamente―. No sabía eso. Me parecías extranjera. ¿De dónde dijiste que eras? ¿Wyoming? ¿Tienen siquiera electricidad allí? Abrí mi boca para defenderme, pero ella me interrumpió… otra vez. ―Sé dónde estamos, Chica Nueva. Las habitaciones están basadas en temas de países. No me preguntes por qué, sólo así es como se hizo. Tu habitación es la habitación Estados Unidos. Ve a ponerte cómoda, oh y bienvenida a Elite. ―Me miró de pies a cabeza dos veces antes de darse la vuelta y volver al edificio. ¿Cómo se suponía que iba a conseguir entrar todas mis cosas en el edificio ? ¿No había alguna clase de caja de bienvenida o direcciones o algo? Recordaba vagamente información que había venido en correo la semana pasada. Tenía mi carnet de estudiante, entre otras cosas. Rebusqué en mi bolso y encontré el paquete y empecé a revisar rápidamente el horario. ―¿Estás perdida? ―preguntó una voz profunda detrás de mí. Me di la vuelta y estuve rápidamente cara a cara con el mismo chico que había visto antes. Sólo que esta vez tenía tres amigos con él, no uno. Qué suerte. ―Nop. Aparentemente vivo en los Estados Unidos ―le di mi mejor sonrisa e intenté levantar mi pesada maleta con mi mano libre. No se movió y casi me caigo encima. Genial. ―Soy Nixon ―Se movió para estar frente a mí. Su mirada helada hacía cosas raras a mi cuerpo. Estoy bastante segura de que estaba experimentando lo que se llama “ataque de pánico”. Cada parte de mi cuerpo estaba caliente y luego fría como si fuera a explotar en cualquier minuto. ―Tracey, pero todos me llaman Trace ―Tendí mi mano. Él la miró como si yo estuviera enferma. Rápidamente la alejé y me la limpié en mis jeans. ―Reglas.


―¿Qué? ―di un paso atrás. El chico de antes llamado Chase abandonó el grupo expectante y se nos acercó. ―Tiene razón. Por más bonita que seas, Granjera, alguien tiene que decirte las reglas. ―¿Puede ser rápido? ―pregunté con un aplastante sentido de la irritación. Estaba cansada, con jet-lag1 y a unos cinco segundos de volver a llorar. Nunca lo había hecho en un colegio público, menos en el colegio privado Elite donde los chicos estaban tatuados, perforados y con mejor apariencia que los modelos Abercrombie. ―¿Oíste eso, Chase? ―Nixon se rió―. A ella le gusta rápido. ―Qué lástima ―Chase guiñó un ojo―. Me encantaría darle uno lento. Tragué. Los dos chicos de atrás de ellos se rieron histéricamente y se dieron los cinco los unos a los otros. ―Las reglas ―Chase empezó a rodearme lentamente, haciéndome sentir como uno de esos esqueletos que los buitres comen. Fantástico―. No hablar a los Elegidos, a menos que ellos te lo hayan pedido. ―¿Quiénes son los… ? ―Nop. Ya has roto una regla. Estoy hablando, Chica Nueva ―Chase sonrió con suficiencia―. Caray, Nixon, ésta va a ser difícil de romper. ―Siempre lo son ―replicó Nixon, levantando mi barbilla con su mano― pero creo que disfrutaré con ésta. De acuerdo. Estaba claro que alguien acababa de dejarme en una película de terror donde iba a ser ofendida a cada minuto. ―Si un Elegido te habla, nunca hagas contacto visual. Porque, técnicamente, tú no existes. Eres sólo una patética excusa de ser humano y, en esta universidad, eres una tragedia real. Verás, mientras uno de nuestros Elegidos está de camino para ser presidente y básicamente gobernar el mundo, tú serás afortunada si trabajas para una de nuestras compañías. Sigue las reglas, y quizá te lancemos un hueso.

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Jet-lag:También conocido como descompensación horaria, es un desequilibrio producido en tre el reloj interno de una persona (que marca los periodos de sueño y vigilia) y el nuevo horario que se establece al viajar en avión a largas distancias, a través de varias regiones horarias.


Furiosa, lo fulminé con la mirada, ignorando su segunda regla. ―¿Eso es todo? ―No ―contestó Nixon por Chase. Esta vez su tacto fue suave mientras acariciaba mi brazo. Intenté apartarme. Su rostro se iluminó con una sonrisa y, honestamente, era como mirar a un ángel caído. Nixon era hermoso. Era un imbécil, pero un imbécil hermoso―. ¿Sientes esto? ―Su mano continuó moviéndose por mi brazo hasta que llegó a mi hombro, y luego su mano se movió hacia mi cuello y su pulgar rozó mis temblorosos labios―. Memorízalo ahora, porque a partir de este momento, no puedes tocarnos. Somos intocables. Ni siquiera estornudes en nuestra dirección, si respiras el mismo aire que nuestras atmósfera, haré de tu vida un infierno. Este tacto, lo que sientes contra tu pi el, será la única vez que sentirás otro ser humano tan poderoso como yo cerca de ti. Así que, como dije, recuérdalo, y quizá un día, tu cerebro te hará el supremo favor de olvidar lo que se sintió tener a alguien tocándote. Entonces, y sólo entonces, serás capaz de ser feliz con algún novio mediocre y una vida patética. Algunas lágrimas se derramaron por mi mejilla antes de que pudiera detenerlas. Sabía que necesitaba parecer fuerte frente a Nixon y Chase. Yo sólo… no lo tenía dentro de mí, no cuando podía decir cosas tan crueles. Me tragué el llanto y los miré, dejando que el resto de las lágrimas se quedasen dentro. No me importaba quienes eran estos chicos. No tenían derecho a tratarme así, aunque, aún así, dolía. Yo quería encajar desesperadamente. Él apartó su mano de mi cara. ―Patético. ¿Estás llorando? ¿En serio? ―Nixon gruñó y tendió su mano hacia Chase. Chase le tendió un poco de Purell2 ―. No quiero tener granja en mis manos, ¿entiendes? ―Nixon sonrió con una sonrisa tan cruel que, literalmente, tuve que apretar mis manos a los lados para no golpearlo en la cara y ser expulsada. ―Ni se te ocurra, Chica Nueva. Me tocas, se lo digo al decano, que justamente es el padre de Phoenix. Controlamos a los profesores porque ¿adivina? Mi papá paga todo. Ahora, si tienes alguna pregunta sobre lo que hablamos aquí, por favor, dirígelas a Tex y a Phoenix, ¿de acuerdo? Los dos chicos que se habían quedado atrás, saludaron con la mano y luego me enseñaron el dedo medio.

2

Purell: Desinfectante para manos hecho a base de alcohol etílico para combatir los gérmenes.


―Así es como nosotros decimos “Hola” ―explicó Nixon―. Todo bien, Chase, parece que nuestro trabajo está hecho. Oh, y, Granjera, no lo olvides. Las clases empiezan mañana. Bienvenida al Infierno.


Capítulo 2 Traducido por Evarg7 Corregido por MewHiine

Cuatro lágrimas. Las conté. Sólo dejé que escapasen cuatro, lo que estaba bastante bien, considerando las circunstancias. Dejé mi maleta fuera y recé para que no la robasen ni la arrollasen ni nada, y metí la caja de mi abuela en el edificio conmigo. Mi bolso se mantuvo golpeando contra la caja, haciendo que el contenido se moviese dentro. Intenté poner todo ordenado en una mano para usar mi dedo y mirar al mapa del lugar. La habitación Estados Unidos estaba en la tercera planta en el ala derecha. Genial. Escaleras. Miré alrededor, buscando un ascensor, pero no vi ninguna señal, ni siquiera el lugar para poner uno. Soplando para sacar el cabello de mi cara, abrí la puerta hacia las escaleras e hice mi ascensión muy lenta a la tercera planta. Para cuando llegué a la puerta del tercer piso, supe tres cosas. Una: estaba terriblemente en baja forma. Dos: debí haber comido algo esta mañana, y tres: aparentemente, yo era la única entrando ahora mismo. No vi a nadie más, lo que era raro. Pero, otra vez, quizá ya estaban en sus habitaciones. Abrí la puerta, otra vez balanceando todo en una mano, y fui pasillo abajo hacia el ala derecha. La puerta de las escaleras se cerró detrás de mí, y, lentamente, la gente empezó a salir de sus habitaciones. Las chicas que se parecían más a mi Barbie que a personas reales, me miraban descaradamente fijo. Algunas maldijeron en mi dirección, y otras sólo sonrieron con suficiencia, como si supieran un gran secreto que yo no. Mantuve mis ojos concentrados delante de mí, incluso cuando sabía que lucía como un desastre. Estaba transpirando, mi cabello estaba cayendo por mi cara empapada y mis manos seguían resbalándose de la caja.


Al final, vi el final del pasillo y una señal que decía Los Estados Unidos. ―Gracias a Dios―susurré en voz baja. Puse la caja en el suelo y dejé caer mi bolso junto a ella. Las chicas todavía no me habían dicho ni una palabra, a menos que fue peyorativa, y ahora me estaba mirando como si algo terrible estuviera a punto de pasar. Dios Bendito, por favor, no dejes que haya algún payaso escalofriante escondido en mi closet. Probablemente yo saltaría por la ventana y me mataría en el proceso. Llegué a la puerta y giré el pomo. No pasó nada. La empujé. Otra vez, no pasó nada. Al final, usé toda la fuerza que quedaba en mí y presioné mi cuerpo contra la puerta. Se abrió de par en par antes de que mi cuerpo hiciera contacto completo, enviándome al suelo. Mi cabeza aterrizó y golpeó en un par de brillantes botas caras. Botas de chico, para ser exacta. Odié esas botas porque, por alguna razón, sabía que habían pertenecido a un chico. Y si cualquier chico estaba esperando en mi habitación, tenía que ser uno de los Elegidos intentando hacer de mi vida un infierno. Hablando de eso, ¿cómo diantre hacían para estar aquí tan rápido? Las chicas se rieron por lo bajo mientras me ponía de rodillas lentamente y miraba hacia arriba, hacia el perfecto rostro de Nixon. Por supuesto que era Nixon. Ofreció su mano, pero justo antes de que la tomase, se puso un guante. ―Gérmenes, ¿entiendes? ―Guiñó un ojo. Quizá era porque estaba cansada. Quizá era porque iba a volverme loca por el estrés, pero, en lugar de tomar su mano, la palmeé para alejarla y me puse de pie yo sola. La gente jadeó detrás de mí. Los músculos se tensaron en la mandíbula de Nixon.


―Déjennos ―ladró él. El sonido de las puertas cerrándose de golpe en el pasillo también pudieron haber sido uñas en mi ataúd social. Uno, dos, tres, seis… cerré mis ojos y esperé. Mi puerta fue la última en cerrarse, pero yo no había hecho la hazaña. No, fue Nixon, y ahora estaba detrás de mí. ―No te gustan las reglas, ¿cierto, Chica Nueva? ―susurró en mi oreja. No me estaba tocando, pero mi cuerpo se estremeció involuntariamente de todas formas. Traidoras hormonas. ―Hay una regla final ―Nixon se movió de detrás de mí y ahora estaba a un pie de distancia. ―¿Qué? ―Mi voz sonó más valiente de lo que me estaba sintiendo. Cerró la distancia entre nosotros. Retrocedí, él continuó. El frío metal de la puerta se encontró con mi espalda, haciéndome estremecer. Mi transpiración se había enfriado y ahora estaba completamente aterrada. ―Te ganas el derecho de usar lo que nosotros tenemos. Los ascensores están cerrados. Los Elegidos tienen copias de la tarjeta de acceso. Las piscinas, las salas de ejercicio… todo a lo que tienes que tener acceso, incluso la comida, tiene una tarjeta de acceso. Metió su mano en su bolsillo y sacó una tarjeta de acceso azul y la dejó colgando frente a mí. ―Di gracias. ―¿Por qué? ―No iba a llorar. ¡No iba a llorar! ―Por permitirte comer, por supuesto. ―¿Qué? ―No he terminado de hablar―dijo suavemente―. Esta tarjeta de acceso te da acceso al ascensor sólo una vez a la semana. También te da acceso a la cafetería, dos veces al día. No tres veces. No queremos que ganes peso. Úsala con sabiduría y si me impresionas con tu habilidad para seguir direcciones, puede que te dé tu libertad. Hasta entonces… ―Se encogió de hombros y se aclaró la garganta―. Hazte a un lado.


No podía moverme. Era como una pesadilla. ¿Quién demonios era este chico, y en serio, quién lo hizo el presidente del colegio? Temía hablarle a cualquiera. Temía hacer cualquier cosa, excepto quedarme allí mirando fijamente a la tarjeta en mi mano. Decía E. E., pero también podría haber dicho de Nixon. ―Hazte a un lado ―repitió Nixon, esta vez sus dientes estaba apretados. Levanté la cabeza y lo miré. Quiero decir, lo miré verdaderamente. Sus ojos eran azul cristal, como si los fuegos del infierno se hubieran congelado y el hielo mirándome fuera el resultado de las llamas naranjas muriendo en forma lenta. Toda su cara era simétricamente perfecta. Como si algún supermodelo y actor famoso hubiera decidido crear un hijo natural y programado la perfección en un ordenador. Su cabello caía sobre su frente caprichosamente. Nixon golpeó con su mano la puerta sobre mi cabeza. Okey, se acabó. Podía soportar que alguien me hablase con altanería. Podía soportar que alguien se burlase de mí… quiero decir, ¿hola? Sabía que no era importante, pero ¿que alguien me amenace con violencia? ¿En mi cara? ¿Especialmente un chico equipado con esteroides? Demonios. No. Algo crujió. Lo empujé en el pecho. Él se trastabilló hacia atrás, la mirada en su cara cambió de completa ira a la incredulidad. ―¿Acabas de tocarme? ―Me amenazaste. ―Amenazo a todos. ―Entonces eres un matón. Abrió su boca y luego la volvió a cerrar. Una sonrisa endiablada apareció en sus labios. ―¿Así que querías tocarme? ―No, quiero que me dejes jodidamente tranquila. ―Di por favor. ―¿Por favor? ―supliqué, mirando directamente a las profundidades de sus ojos sin alma.


―Demonios. No ―susurró y luego pasó junto a mí y abrió la puerta de un tirón. Una chica estaba esperando fuera. Retrocedió dentro de mi habitación y volvió a cerrar la puerta. ―Pensé que te estabas yendo. ―Cambio de planes―murmuró y luego fue a la ventana y la abrió. ―¿Qué, vas a bajar por el desagüe? ―bromeé nerviosamente. Si este chico se quedaba más tiempo aquí, iba a matarlo yo misma. ―¡Nixon, abre la maldita puerta! ―gritó la chica desde el otro lado. Él se rió y salió por la ventana hacia la repisa. ―¿Estás loco? ―le grité y agarré su camiseta. No sería testigo de su muerte, incluso aunque fuera así de merecida. ―Manos fuera―ladró él, y luego estaba volando en el aire. Santo Dios, he hecho que cometa suicidio. ―¡Nixon! ―grité y miré por sobre la repisa. Sobre el césped, había una lona con aire enorme. Nixon aterrizó de espalda y luego saltó fuera de ella. Me voló un beso y se fue trotando. Varias tiendas y lonas habían sido puestas fuera del dormitorio. Casi parecía carnaval. La chica todavía estaba golpeando mi puerta. Corrí a abrirla. Ella pasó junto a mí con rapidez. ―¡Ese hijo de puta! ―gritó ella por la ventana―. ¡Nixon, juro que voy a matarte cuando te vea! ―Me gustas―dije en voz alta. ―¿Te hizo daño? ―La chica tragó nerviosamente y me examinó de pies a cabeza, mirando a mi cuello y a mis brazos. ―Um, ¿no? ―Él es el engendro de Satán ―refunfuñó ella. ―¿Y tú eres? Ella sonrió y alargó su mano. ―Monroe. La hermana de Satán.


Capítulo 3 Traducido por Eni Corregido por Karlix

Monroe podría ser una supermodelo. No, retiro lo dicho. Ella debe ser la chica que le dice a las supermodelos como ser supermodelos. Es ridículamente hermosa, hizo que mi mente se transportara inmediatamente a cada uno de los libros que leí en el último año que me advertían sobre chicas que lucían como ella. Esta chica era como un anuncio ambulante para los chicos cachondos. Por un lado el vestido que llevaba era tan corto que me encontré a mi misma boquiabierta y luego sonrojándome cuando se inclinó para recoger una caja para llevarla a mi habitación. ¿No había un código de vestimenta en esta escuela? ―Así que, ¿esto es todo lo que tienes? Echó hacia atrás su cabello negro azabache y sacó un brilló de labios de su sujetador. Su vestido negro se levantó otra vez unos centímetros más. Oh Dios, estaba completamente fuera de mi elemento. ―Yo… tengo una maleta abajo, pero Nixon dijo… ―A la mierda Nixon, la última vez que comprobé, él no era Dios, ni era querido por Él. Ahora, vamos por tu maleta y te mostraré donde está el ascensor. Entrelazó su brazo con el mío y salimos hacia el pasillo. De alguna manera tuve problemas para mantener el ritmo a pesar de que ella era la que llevaba tacones de quince centímetros. Caminamos por el pasillo principal y luego a través de una puerta frente a una pared de ladrillo. Tan pronto como pasamos por la puerta, vi la fila de ascensores. ―¿Alguna razón por la que mantienen estos escondidos? ―pregunté. Monroe asintió y luego señaló el techo, varias pantallas de seguridad mostraban cada ascensor. ―Alta seguridad desde que el año pasado alguien trató de bombardear la escuela. Por eso todas las tarjetas de acceso y el secreto sobre los ascensores. El año pasado alguien fue capaz de llegar hasta la planta superior antes que los de seguridad se enteraran de ello.


―¿Así que realmente es como una prisión? ―tragué en seco. Monroe se echó a reír. ―No, no es tan malo. Pero quiero decir, cuando tienes el tipo de estudiantes que tiene Elite, no puedes ser demasiado cauteloso. No le pregunté que quería decir, porque todo el mundo sabía que tipo de personas venían aquí. Hijos de diplomáticos, celebridades, e incluso algunos de los hijos de los presidentes habían asistido. Una vez que llegamos a la planta baja, la puerta del ascensor se abrió y ella me condujo afuera. ―Eh, ¿eso es tuyo? ―Señaló mi maleta. Corrección, señaló mi maleta abierta. La ropa estaba por todos lados en el pavimento. Grité y corrí hacia mi ropa antes de que se la llevara el viento. Todas mis posesiones estaban en proceso de hacer un barrido por el campus. Monroe, en su haber, corrió detrás de algunas cosas y me ayudó a reunir la mayor cantidad posible. Estaba bastante segura de que había perdido algo de mi ropa interior. ―Él es un idiota. ―Monroe me ayudó a levantarme una vez que había cerrado la maleta―. Mira.―Miró hacia atrás y me apresuró a entrar―. Él es el favorito porque es un lamedor de culos y mi papá cree que las mujeres están por debajo de él. De tal palo tal astilla. ―De todas formas, si lanzo un ataque, mi papá probablemente me ignore y diga que sus manos están atadas. Puedo ayudarte con los otros chicos, pero con Nixon, quedas por tu cuenta. ¿Te dio una llave de acceso? ―Sí. ―La saqué de mi bolsillo y se la mostré―. Dos comidas al día y un viaje en ascensor a la semana. Verdaderamente estoy viviendo la gran vida. Monroe echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. ―Quédate conmigo, y muy bien podrías tener razón. Vamos, hay una fiesta de bienvenida esta noche, y tenemos trabajo que hacer. ―Espera… ―Me negué a caminar―. ¿Por qué estás siendo tan agradable conmigo? ―Odiaba ser desconfiada, pero, nunca había conocido personas como estás que venían a esta escuela.


―Oh, lo siento. Pensé que te dije. Soy tu compañera de habitación. Eso tenía sentido. Caminamos en silencio hacia el ascensor. ―¿Eres así de agradable con todas tus compañeras de habitación? ―No. He matado a dos de ellas, pero mi papá lo ha encubierto… Sin palabras, mi boca quedó abierta. ―Guau, estoy bromeando totalmente. Nunca había tenido una compañera antes de este año. Mi papá pensaba que me estaba castigando limitando mi espacio. En lugar de eso, estoy aliviada. No puedo soportar esas perras del tercer piso. ―Entonces, ¿Nixon y tú se llevan un año de diferencia? ―No. ―Monroe me dedicó una sonrisa―. Somos gemelos. ―Lo siento. ―Oh, yo también. ―Ya habíamos llegado a la planta superior otra vez. Monroe tomó mi bolso―. Vamos, Chica Nueva. Hay gente que ver y chicos con los que coquetear.

*~*~*~*

Ella no estaba bromeando acerca de no tener mucho tiempo. Tres horas después y yo era una mujer nueva. Usó esa rara varilla para rizar mi largo cabello marrón en ondas de playa y luego procedió a arrancarme las cejas hasta dejarlas en el olvido. Siempre me habían gustado mis cejas. Claro que eran gruesas pero enmarcaban muy bien mi rostro. Esperaba que para el momento en que terminara, todavía tuviera un poco de pelo. No tenía permitido mirarme al espejo hasta que ella terminara con mi maquillaje. ―Está bien, ya casi termino. Ahora, ¿qué trajiste para ponerte? Salté de mi silla y alcancé mi maleta sacando el vestido de té que había usado en el funeral de mi abuela. Era la cosa más bonita que poseía e incluso lo había


pedido ya que estaba en descuento en Forever 213 . Así que tenía que estar a la moda. ―Eso es lindo ―Monroe arrugó la nariz―. Pero es un poco juvenil para ti. ―¿Juvenil? ―repetí mirando al vestido de tirantes de espagueti con rayas amarillas y blancas. ―Sí, quiero decir, es lindo y probablemente sería matador para un picnic o algo divertido. Pero esto es una fiesta donde todo el mundo te va a conocer. Necesitas verte seria, verte caliente, y necesitas verte intocable. ―Está bien. ―Me mordí el labio. ―No te preocupes, creo que tengo el vestido perfecto. Mi estómago empezó a dar volteretas nerviosas. Si era como el vestido que estaba usando ahora, entonces iba ser puesta en prisión por prostituirme. ―Aquí. ―Me lanzó una falda negra corta, un suéter de gran tamaño con agujeros y unas medias que eran completamente negras hasta que alcanzaban la mitad del muslo y luego transparentes. Me puse todo rápidamente. Ella seguía dándome cosas y yo seguía vistiéndome. Dos pulseras y un collar monstruosamente largo después y me declaró lista. Finalmente dejó que me mirara en el espejo. Le sonreí a mi reflejo. Me veía perfecta. No como ella y no como una supermodelo, sino como yo. El maquillaje hizo que mis ojos marrones resaltaran, y mi atuendo aún se veía elegante pero divertido. ―¡Zapatos! ―gritó Monroe―. Mierda, ¿cuál es tu talla? ―¿Ocho? ―Mierda. ―Comenzó a pasearse―. Soy diez. Claro. ―Um, podría tener algo. ―Abrí la maleta y saqué los tacones clásicos de la abuela, los que siempre usaba para jugar a los disfraces cuando era pequeña. 3

Cadena americana de tiendas de ropa con sucursales en las principales ciudades de América Latina, América del Norte, Oceanía.


―¡Lindos! ¿Dónde los conseguiste? ―Mi abuela. ―Me encogí de hombros. ―Recuérdame decirle que tiene muy buen gusto la próxima vez que venga de visita. ―Está muerta―lo dije rápido y en voz baja. La habitación se quedó en silencio. Mis ojos se dirigieron al suelo. Odiaba esta parte. La parte donde la gente no sabía que decir pero todo lo que realmente quieres de ellos es que no digan nada. ―Eso es una mierda. ―Suspiró pesadamente y luego puso los zapatos en el suelo―. Creo que ella querría que los estremezcas, ¿qué te parece? Trague el nudo en mi garganta y asentí con los ojos llorosos. ―También creo que lo querría. ―Grandioso, ahora vamos a la fiesta y mostrarle a mi hermano lo perdedor que es. Unimos nuestros brazos y nos dirigimos a la fiesta. Era la primera vez en seis meses que tenía otra mujer con quien hablar. La primera vez en mi vida que tenía una amiga que era una chica. Realmente me gustaba.


Capítulo 4 Traducido por Eni Corregido por Karlix

El aire de la noche crujía con entusiasmo. La gente hablaba emocionada por la acera principal, mientras todo el mundo se dirigía hacia un gran edificio con un letrero que decía “Bienvenidos de nuevo”. ―Maldita sea Monroe, ¿cómo haces para caminar en esas cosas? ―Tex se nos unió y guiñó un ojo. ¿Qué? ¿De repente me encontraba aceptable ahora que estoy caminando con Monroe? Miré hacia atrás recordando nuestro primer encuentro cuando me sacó el dedo medio porque el líder idiota de su grupo se lo dijo. Subordinado. ―Tex, supongo que probablemente ya conociste a Trace. ―La saludé. ―¿Así que le sacaste el dedo medio? ―Monroe dejó de caminar. ―Nixon dijo… ―Juro que si terminas esa frase te castraré mientras duermes. ―Monroe le dio con su dedo en el pecho empujándolo―. Ahora pídele disculpas a Trace. Su cabello rojo estaba parado por toda su cabeza, sus dientes blancos brillaban al anochecer cuando caminó alrededor de ella y se paró en frente de mí. ―Siento haberte sacado el dedo. También lamento no haberte visto de cerca. Eres bonita. ¿Te importaría descartar la fiesta esta noche? Estoy seguro de que podríamos encontrar una manera de entretenernos… ―Dije que le pidieras disculpas, no que coquetearas con ella. ―Monroe lo empujó. Él se echó a reír y luego la abrazo―. Discúlpalo, Trace. Él es casi un gran idiota como Nixon. ―Ella dijo casi. ―Tex se rió y se acomodó entre nosotras, poniendo un brazo alrededor de nosotras mientras caminábamos hacia el vestíbulo principal del edificio.


―Hablando del diablo… ―dijo Monroe en voz baja mientras Nixon atraía la atención de todo el mundo en medio del salón. Sentía como si estuviera caminando en cámara lenta. Como si en realidad no estuviera viviendo esta vida pero viendo a alguien más vivirla. O al menos viéndola en televisión. Nixon estaba de pie en medio del salón. Estaba usando unos pantalones negros y una camisa ajustada azul bebé con una corbata delgada y chaleco. Se veía como un modelo de Gucci o algo así. Incluso tenía sus gafas de aviador puestas. Oh Dios, oficialmente he muerto e ido a la revista de moda del infierno. Chase estaba a su lado, con unos jeans negros ajustados y un chaleco que podía haber hecho sentir orgulloso a Tommy Hilfiger. Tex siguió caminando para golpear sus puños con ellos. Y entonces me di cuenta que Phoenix caminó a través de la multitud y abrazó a Tex golpeándolo dos veces en la espalda. Nixon se quitó las gafas de sol y me examinó lentamente. Sus ojos se estrecharon hasta que apenas vi el azul helado. Levantó la cabeza hacia Monroe y asintió una sola vez. ―Buen trabajo, Monroe. Ella se ve como si en realidad perteneciera aquí. ―Ella pertenece aquí, idiota. ―Monroe pasó junto a mí y le dio dos besos al aire a su hermano a cada lado de su rostro antes de regresar junto a mí. ―La manera en que yo lo veo… ―Nixon sonrió―… Ella ganó un concurso tonto. El mismo concurso que simulamos todos los años para que la gente de escasos recursos del mundo sea capaz de unirse a la alta sociedad. Ella… ―me señaló y sonrió con suficiencia―… Es sólo un número. ―Al menos no soy una imbécil ―espeté. Para mi horror y completa humillación todo se quedó en absoluto silencio a nuestro alrededor. Nixon se me acercó lentamente. La rabia era evidente en sus ojos pero no podía dar marcha atrás. Me negaba a ser intimidada por un niño rico privilegiado que pensaba que gobernaba las reglas del universo solamente porque era guapo y tenía dinero. ―¿Esto está encendido? ―Un chico habló por el micrófono―. Atención, todo el mundo. Nixon sacudió la cabeza y retrocedió, caminando hacia el escenario.


―¡A su presidente del cuerpo estudiantil le gustaría darles la bienvenida de nuevo a la escuela! Está bien, tal vez era un tipo de presidente. Apreté los dientes y esperé. Monroe me dio una palmadita en el brazo cuando Nixon caminó hacia el escenario. La gente coreaba su nombre una y otra vez. Era gracioso que su nombre fuera Nixon. Sonreí para mí misma y noté que los ojos de Nixon nunca dejaron mi cara. ―Me gustaría presentarles a alguien… ―Oh no, oh diablos no―… Ella es nueva aquí… ―Me miró con frialdad―… ¡Y quiero que todo el mundo le dé una cálida bienvenida a Eagle Elite! Por favor un aplauso para… la Dr. Tessa Stevens, nuestra nueva profesora de historia. Solté el aliento que había estado conteniendo y luché por mantener mis manos a mis costados. La única forma en la que podía sonreír era imaginando mis manos alrededor de la garganta de Nixon. Una hermosa mujer de mediana edad saludó desde un lado del escenario. Nixon aplaudió en su dirección y le dedicó una mirada devastadora. Lameculos. ―Ahora, sé que todos están ansiosos por comenzar con la fiesta de bienvenida. ―Hizo un guiño en mi dirección. El bastardo. Monroe envolvió su brazo a mí alrededor y me susurró para que me calmara. ¿Me veía enojada? Obtuve mi respuesta en el momento que sentí otra mano en mi espalda. Me di la vuelta y vi a Chase sonreír y tocarme brevemente en el hombro, inclinando su cabeza en mi dirección. De verdad casi le doy un puñetazo en la nariz. Me sentía manipulada cuando eran malvados y me sentía manipulada cuando eran agradables. Era como si tuviera que tener cuidado. ―Estoy seguro de que han notado que tenemos una nueva estudiante. La ganadora anual de la lotería Eagle Elite se registró esta mañana. ―Los hoyuelos de Nixon se ampliaron al igual que su sonrisa. ―Trace, ¿por qué no vienes aquí y dices algunas palabras? No. Sacudí la cabeza y clavé mis tacones al suelo. Pero Chase tenía un fuerte agarre en mi brazo y me condujo hacia el escenario. Miré hacia atrás a Monroe,


pero ella estaba luchando su propia batalla con Tex. Él tenía ambos brazos firmemente detrás de su espalda en un fuerte agarre. Al menos articuló un lo siento para mí. Phoenix no estaba por ningún lado, pero estaba segura que estaba cerca como respaldo sólo en caso de que me decidiera a tratar de romper la nariz de Chase. Cada paso resonaba en el gran salón. Podía sentir el propio latido de mi corazón mientras me acercaba al escenario. Nixon me extendió su mano, pero tenía mucho miedo de tomarla, miedo de que si lo hacía iba a apartarla o avergonzarme. No podía confiar en él, y él lo sabía. Sin embargo, si no la tomaba, estaría insultándolo, lo que aparentemente sería un pecado imperdonable. Rogué para que tomara mi mano. Temblando, la extendí para agarrar su mano. Me sorprendí cuando su toque cálido me abrumo. Sus ojos se entrecerraron cuando miró nuestras manos unidas. Brevemente, pareció como si su rostro se hubiera relajado y vi a una persona diferente. Una que no estaba aliada con el diablo. Tan rápido como había pasado, su rostro se tensó y soltó mi mano. Observé como se la frotaba contra sus pantalones y luego la flexionó como su hubiera estado de alguna manera demasiado apretada. Aclaró su garganta. ―Todo el mundo, ella es Trace Rooks. La gente aplaudía porque él estaba aplaudiendo. En realidad, no estaban emocionados de verme allí, ni siquiera les importaba. La mayoría de ellos tenían expresiones de aburrimiento en sus rostros. Con nerviosismo escaneé la multitud buscando a Monroe, ella estaba radiante. Su expresión me dio la fuerza. Inmediatamente me emocioné pensando en mi abuela, la forma en que me dijo que podía hacer esto. Que nadie podía decirme que no valía la pena. ―Trace Rooks, si ese no es un nombre de campo, entonces no sé que es. ―Bromeé en el micrófono―. Vengo de un lugar donde las vacas son más numerosas que la gente y el tipo del bar conoce a todo el mundo por su nombre.―Tomé un respiro profundo―. Supongo que podrían decir que estoy completamente fuera de mi elemento, pero sin embargo estoy agradecida. Agradecida por la oportunidad de ampliar mí educación y más aún, estoy


agradecida de que mientras he estado de pie aquí, Nixon no haya tratado de hacerme tropezar o empujarme fuera del escenario. Supongo que hay esperanza para mí todavía. Mu. ¿Acabo de hacer mu? Sonreí. Y luego noté más rostros sonrientes a mí alrededor. Y un aplauso, seguido de algunos más, y luego un grito. Retrocedí y caminé lentamente por las escaleras. Esta vez, Chase me acompañó como un ser humano normal. Cuando llegué a la multitud de estudiantes, él susurró en mi oído―: Sabía que serías diferente. ―¿Diferente? ―Es un cumplido. Granjera. Acostúmbrate. Porque te has ganado el respeto de la mitad de los estudiantes. ―¿Y la otra mitad? ―pregunté lentamente caminado hacia Monroe. ―Siguen la Elite y no se detendrán ante nada para destruirte. ―Me detuvo con su mano y me dio la vuelta para mirarlo. ―¿Y de qué lado estas, Chase? Sus ojos me examinaron por un instante antes de poner un mechón de cabello detrás de mí oreja. ―Siempre estoy del lado de las chicas bonitas. Esperé para que dijera:“Y no eres una de ellas”. Pero levantó mi mano y la besó, luego se alejó. La gente a mi alrededor comenzó a susurrar. Mi boca debió haber estado abierta porque de repente mi garganta se sentía seca. Monroe me encontró en cuestión de segundos. ―Diablos, creo que mi hermano casi se atraganta con su lengua. Buen trabajo, Botas. ―¿Botas? ―Sí, es tu nuevo apodo. ―¿Por qué?


―Debido a tu «mu» delante de todos los estudiantes y no puedo decirte vaca. Pero cuando pienso en granjas pienso en las botas de vaquero. Así que Botas, sí, Botas. Buena lógica. ―Bien entonces, Botas será. ―Me encogí de hombros. ―Él se va a ir a la mierda por sí mismo. ―Monroe parecía demasiado complacida cuando Nixon terminó su discurso. Los aplausos estallaron cuando él termino, y fuimos despachados a la fiesta. ―¿Ahora qué? ―le pregunté a Monroe. ―Ahora… ―agarró mi mano―… Bailemos.


Capítulo 5 Traducido por Eni Corregido por Armonía&paz

Debería haber sabido que la Elite no haría nada de medio pelo y que un baile de universidad y una fiesta de bienvenida era todo menos eso ante sus ojos. Podía haber sido más bien un baile de graduación, un baile de coronación, o los Oscar. En serio. El auditorio tenía hologramas reproduciéndose a través del techo y bailando a lo largo de las paredes. La música se reproducía por medio de formas en la pared y había un vídeo musical de alguna banda en la pared del fondo donde estaba la pista de baile. Todo estaba iluminado con luz ultravioleta y medio esperaba que algún famoso saliera al escenario y comenzara un concierto. ―Genial, ¿eh? ―Monroe me dio un codazo―. Vamos a conseguir una bebida. La seguí hasta la comida y no podía cerrar mi boca, incluso si quisiera. Todo era de hielo. Y quiero decir todo. Toneladas de postres que no había visto antes estaban puestos alrededor de las esculturas de hielo. Hacia el final de la mesa había un tipo de cascada azul con vasos alineados alrededor. ―¡Elixir de los Dioses! ―gritó Monroe por encima de la música. Ella tenía dos platos en la mano y había apilado pedazos de frutas cubiertas con chocolate y postres en poco tiempo. Caminamos hacia las bebidas fuertes. Agarró dos copas de champán y las llenó. ¿Tal vez era alguna clase de ponche? Encontramos una mesa y nos sentamos. ―Pruébalo. ―Señaló el ponche y sonrió. Parecía inofensivo. Tomé un gran sorbo y comencé a toser violentamente. ―¿Qué? ¿No tienen alcohol en Wyoming? ―dijo una voz irritante detrás de mí.


Los cuatro Elegidos estaban de pie justo al lado de nuestra mesa. Cada uno de ellos sonriendo ante mi desgracia. ―Sí, pero cuando bebes siendo menor de edad eres arrestado, sabelotodo. ―Puse mi vaso en la mesa y tomé una fresa cubierta con chocolate. Al menos sabía que eran seguras. ―Aquí no hay ley ―dijo Nixon, sacando la silla de mi otro lado―. Y si hubiera una ley, yo sería el alguacil, el juez, y el jurado. ―Bien por ti. Sabía las reglas. Le di una palmadita en el brazo de todos modos. Mucho para la diversión de Monroe. Ella se echó a reír entre dientes a mi lado. Tex le tendió la mano. ―¿Podrías concederme este baile? Monroe se sonrojó y tomó su mano. ―No mates a mi hermano, Trace. ―Trataré de controlar mis impulsos ―dije. ―Oh, me gustaría que no lo hicieras. ―Chase se sentó a mi lado y sonrió. ―¡Lárguense! ―gritó Nixon. Tanto Chase como Phoenix dejaron la mesa. ―¿Por qué hiciste eso? ―Le di una mirada mordaz. ―Porque él no debería estar coqueando contigo. ―Nixon se encogió de hombros y cogió una fresa de mi plato. Sentí que me sonrojaba. ―Él no estaba coqueteando. ―Sí, lo estaba. ―Nixon robó otra fresa. ―No. ―Golpeé su mano enviando la fresa al suelo―. No lo estaba. Solamente estaba siendo agradable, deberías intentarlo. ―Cariño, puedo ser agradable contigo. Créeme. Puedo ser tan agradable que no sabrías lo que te golpeó. ¿Pero es eso lo que realmente quieres? ¿Qué sea agradable? ―Su aliento olía a fresas mientras corría por mi rostro. Me lamí los labios y me obligué a apartar la mirada de su mirada penetrante. ―Aquí. ―Me tendió una fresa en su mano. Llegué a ella, pero la apartó. ―No, no, permíteme.


Me la tendió de nuevo. Gemí y me incliné hacia delante. ―Abre. ―Nop. ―Apreté los dientes. ―Entonces no hay fresa. ―Creo que sobreviviré. ―Me aparté de él y me levanté. Su mano salió disparada y me agarró la muñeca. ―Siéntate. Lo hice. ―No quiero hacer de tu vida un infierno. Sabes eso, ¿cierto? No quiero que llores hasta dormirte cada noche o me maldigas cada mañana. Sabes que tomas tus propias decisiones. Creas tu propio destino. Y nena, yo tengo las llaves. Así que juegas bajo mis reglas, o no lo haces. La decisión es tuya. ―¿Por qué importa de todos modos? De ninguna manera podría confiar en ti. Sus ojos parpadearon antes de romper su mirada con la mía. ―La confianza es como el amor. No existe. Es un cuento de hadas con el que la sociedad nos alimenta con el fin de tenernos conformes. No espero que confíes en mí. Espero que sigas las reglas. Las reglas te mantienen segura. ―¿Y si no lo hago? Se puso de pie y dejo caer la fresa en el plato. ―Entonces serás obligada por mi mano, y la última cosa que quiero es escuchar historias de mi hermana sobre como lloras hasta dormirte cada maldita noche solamente porque no podías seguir algunas pautas simples. Tragué en seco. ―Bien. Sonrió con suficiencia y se ajustó la corbata. ―Sabía que nos entenderíamos… ―No estoy de acuerdo contigo. Sólo sabía que sería la manera más rápida de conseguir que te fueras. Nixon se quedó en un silencio sepulcral y luego extendió su mano y tocó mi mejilla. Luché contra todo instinto para no darle una bofetada. Mi cuerpo traicionero estaba hambriento por su toque, por atención. Extrañaba a mi abuela.


Echaba de menos a mi abuelo. Quería que alguien me abrazara y me dijera que hacer. Pero estaba sola. Me estremecí. ―Baila conmigo ―ordenó. Abrí la boca para negarme, pero ya me estaba llevando a la pista de baile. La gente se quedó boquiabierta cuando una canción lenta comenzó y Nixon me tomó en sus brazos. Él no dijo mucho. Yo tampoco. En vez de eso, empecé a temblar porque sabía. Sabía que ya había comenzado. Lo desafié y él iba a hacerme pagar. Iba a hacer mi vida un infierno. No sabía cómo o cuando, pero sabía que atacaría, y sería donde más dolía. Justo cuando empezaba a relajarme, justo cuando la canción llegaba a su fin, Nixon me alejó. Me tambaleé pero aparte de eso permanecí de pie. La música se detuvo. Grandioso. ―¡¿Qué?! ―gritó Nixon y luego se rió―. ¿Estás loca? No tenía idea de lo que hablaba, miré alrededor y luego de nuevo a él. ―¿Crees que de verdad dormiría con alguien como tú? ¿Qué clase de chica eres de todas maneras? ¿Hacen cosas diferentes fuera de la granja? Sentí que mi rostro se puso de un rojo brillante. ―Oh, deben hacerlo, ¿eh? ―Nixon cruzó sus brazos sobre el pecho―. Créeme, Granjera. No me importa cuánto maquillaje te pongas, o cuan costosa pueda ser tu ropa. Ni siquiera me importa que a medio cuerpo estudiantil le gustes en este momento. Eres caridad. Ni siquiera te follaría si me pagaras. Así que la respuesta es no. Y la próxima vez que sientas la necesidad de presentarte a una de mis fiestas estudiantiles, al menos ten la decencia de usar zapatos nuevos. Me rompí. Me abalancé sobre él, pero unos brazos fuertes me retuvieron. No quería que me vieran llorar. No sabía que más hacer. Estaba temblando tan fuerte que pensé que me iba a desmayar. ―Shhh… ―dijo Monroe en mi cabello―… Tex, llévala de vuelta a la habitación. Él asintió con la cabeza y luego Chase se puso a caminar con nosotros.


―¡Aléjense de mí! ―les grité, pero en vez de dejarme, Tex y Chase caminaron uno a cada lado de mí. Y luego me di cuenta del por qué. La gente estaba tratando de tirar comida a mi cabeza. Pero cuando los chicos ofrecieron su apoyo, la gente se detuvo y nos observó dejar la fiesta. Nixon iba a estar enojado. Pero no me importaba. Estaba increíblemente avergonzada de mi misma. Avergonzada de que me derrumbase por algo que había dicho un chico. Y sobre todo, enojada de que se burlara de los zapatos de mi abuela. Los mismos zapatos que hoy me habían dado la confianza. Caminamos en silencio de vuelta al dormitorio. Los chicos no dijeron nada. No hicieron bromas. Y Monroe no dejó de maldecir a su hermano. Finalmente, llegamos a los ascensores. Me entró el pánico. No quería usar mi único pase en el ascensor solamente porque estaba avergonzada, apenada y un poco enojada. Chase sacó una tarjeta de color negro brillante y la deslizó a través del ascensor. Estoy segura de que su tarjeta tenía toda clase de accesos ilimitados. Entramos. Incluso los chicos. Había pensado que todo el mundo valía la pena en la fiesta de bienvenida. Pensé mal. Unas cuantas puertas en mi piso se abrieron. Fue como el minuto en que ellas abrieron y vieron quienes me estaban escoltando, un aumento de estrógenos golpeó el ventilador, haciendo que salieran risitas de toda el ala derecha. Las chicas susurrando―: ¡Esos son Chase y Tex! ¿Qué están haciendo aquí? ¡Demasiado calientes! ¡Tan malditamente sexys! ¡Chase, Chase! ―Una chica coreaba su nombre y yo luchaba contra el deseo de gritarle. Era evidente que estaba lidiando con muchas emociones en ese momento. Monroe abrió la puerta de mi habitación. Los chicos arrastraron los pies. Me senté en mi cama y esperé que los gritos comenzaran. Monroe movió mis pies y me quitó los zapatos de mi abuela. ―Él es un imbécil. Sé que no debería defenderlo, pero si él hubiera sabido que estabas usando los zapatos de tu abuela…


Chase miró mis pies y después a mí. ―No lo entiendo. ¿Qué es tan importante acerca… ―¡Ella está muerta, idiota! Y son clásicos, y se los dejó a Trace, ¿bien? ¡Son como los zapatos más bonitos que posee! Chase se quedó en silencio. Su mirada penetrante sostuvo la mía por un momento antes de maldecir y dejar la habitación. Tex levantó las manos en el aire y lo siguió. Monroe cerró la puerta detrás de ellos. ―Supongo que esto significa la guerra, ¿eh? ―Traté de sonreír. ―Hablaré con él. ―Monroe no parecía tan segura de esa idea. Se paseó frente a mí―. Nunca creí que llegaría tan lejos. Nunca había llevado esto tan lejos. La gente estaba demasiada asustada de los Elegidos para hacer o decir algo. ―Ellos no son Dioses. Monroe se rió con amargura. ―No, son mucho peor. Al menos los Dioses se quedaban en el Olimpo donde pertenecían. Los nuestros nos persiguen aquí en la escuela, como si la universidad no fuera lo suficientemente mala, ¿cierto? ―Él se va a cansar de mí. ―Esa es la cosa. ―Monroe comenzó a desvestirse. Mataría por el cuerpo de esa mujer. Agarró una camiseta que decía sexy y se la puso, junto con unos pantalones de pijama―. Él usualmente amenaza a las personas que no se conforman y luego ya está. Si lo desafían, generalmente son expulsados de la escuela. Sólo otro chico lo desafió y fue sacado de aquí, pero todo el mundo lo odiaba de todos modos. Quiero decir, Nixon es un imbécil, pero protege a todo el mundo. Es como el padrino por estos lares. ―Y eso me convierte en… ¿Qué? Monroe se mordió el labio. ―No sé. ―Asintió hacia mi maleta―. ¿Tienes algún pijama allí? ―Cruzo los dedos para que no hayan sido robadas ―bromeé. Monroe se acercó y comenzó a ayudarme a buscar en mi maleta. ―Está bien llorar, sabes. No le diré a nadie. Para que conste, creo que eres muy valiente.


Entonces sentí las lágrimas. La sensación de asfixia que tienes cuando tratas con todas tus fuerzas de contener toda la emoción y el dolor de cabeza que siempre sigue después. Asentí y rompí el contacto visual. ―Oye, ¿por qué no te presto un pijama, así puedes ir a la cama de inmediato, está bien? Acomodaremos tu ropa mañana después de clases. Gemí. ―Ugh, clase. ―Mira el lado bueno. ―Monroe me lanzó algunos pantalones cortos y una camiseta―. Al menos no tendrás que soportar a Nixon. Él no debería estar en todas tus clases, tal vez en dos. Si eres de las suertudas. ―Le pediré el deseo a una estrella fugaz ―murmuré. ―Buenas noches, Botas. ―Monroe se rió y apagó las luces de su lado de la habitación. Me puse los pantalones y la camiseta. Mis ojos se posaron en la caja de mi abuela. Me senté con las piernas cruzadas en la cama y la abrí. Monroe tenía razón. Estaba bien llorar. La sonrisa feliz de mi abuela me devolvió la mirada en una foto que había tomado el último verano. Toqué el vidrio y me permití derramar algunas lágrimas egoístas. ¿Cuál sería su consejo? ¿Qué me diría? ―Mantén la cabeza en alto. No hay nada que mirar en el suelo ―murmuré su frase favorita y me reí a través de mis lágrimas. Mañana sería un día duro, pero lo elegí, estaba allí, y yo iba a ganar. Mejor que Nixon se cuidara las espaldas, porque yo, Tracey Rooks, estaba aquí para quedarme.


Capítulo 6 Traducido por krispipe & MewHiine Corregido por Armonía&paz

El sonido de la música me catapultó fuera de mi cama a la velocidad del rayo. Monroe estaba de pie en frente del espejo bailando y cantando, mientras que comían Cheerios. Ahora, ¿Por qué no se me había ocurrido traer mi propia comida? ―¿Quieres un poco?―preguntó mientras un Cheerio caía de su boca. Bueno, los mendigos no pueden elegir. Asentí. ―Mi escondite está debajo de la cama, toma lo que quieras, necesitarás tu fuerza hoy. Oh, y llegó esto para ti.―Ella fue a la puerta y cogió una caja grande. ―¿Eh? ¿De quién? Monroe dio otro mordisco a los Cheerios y se encogió de hombros. ―No lo sé. Uno de los Directores Residentes lo dejó caer fuera a las seis AM. Casi le di un puñetazo en la cara. Me eché a reír. Sí. Podía ver totalmente eso sucediendo. Al menos no era una persona completamente mañanera. Sin embargo no estaba segura de que nunca me acostumbraría a ella desafinando en las mañanas. ―¡Ábrelo, puta! ―Whoa, de acuerdo, bien.―Desarmé la caja. Una nota cayó al suelo. Recogiéndola, leí el garabato y jadeé.

No son los zapatos de tu abuela. Así que no tienen el mismo significado. Pero quería que tuvieras algo que te hiciera sonreír en tu primer d ía de clase. Siento lo de anoche. Chase


―¡Oh infiernos, Chase Winter acaba de enviarte un regalo!―Monroe aplaudió―. ¡No puedo creer esto! Él nunca hace cosas sin el consentimiento de Nixon. Me encogí de hombros. ―¿Tal vez él pidió permiso a Nixon? ―No, esto tiene Chase escrito por todas partes.―Sonrió y señaló la caja―. ¿Tienes alguna idea de cuánto cuesta todo esto? ―No.―Miré el uniforme de la escuela en la caja, las medias hasta la rodilla y botas de cuero italiano. Había brevemente olvidado que el folleto se había jactado sobre estudiantes E. E. llevando uniformes para mantener a todo el mundo, bueno, uniformado. ―Por lo menos diez de los grandes yo diría… ―Monroe miró dentro de las botas―. Sí, son unas Win originales. ―¿Eh? ―W-i-n―dijo lentamente―. Como en el comienzo del apellido de Chase. Sus padres están en el diseño de moda. Hacen accesorios de gama alta, botas y bufandas. Tienes suerte, la última vez que tuve un par de esas tenía doce años, y fue porque le prometí a Chase que conseguiría que mi amiga francesa le diera un beso. ―No puedo aceptar esto.―Empujé la caja lejos de mí. ―Claro que sí, y cuando veas a Chase le das un abrazo gigante en frente de todos. Estoy orgullosa de él. Finalmente le está creciendo un par. ―Un par de… ¿qué? ―Pelotas. ―Monroe me lanzó una sonrisa maliciosa y señaló el traje―.Póntelo y prepárate, Botas.―Ella juntó las manos―. Perfecto, ahora realmente puedo llamarte Botas. Ya sabes, porque él puso sobre tus rodillas el tipo de botas de cuero Win que hará que cada chica en esta planta quiera asesinarte donde estés parada. ―Genial, más fans. ―Bombeé el puño de manera poco convincente en el aire. ―Simplemente úsalas, puta, antes de que les ayude a matarte y las robe de tu cuerpo frío y sin vida. ―Está bien ―refunfuñe―. Pero primero comida y después café. Tiró la caja de Cheerios en mi cabeza.―El desayuno de los campeones. Come.


―Cierto ―Resoplé―. Sobre todo teniendo en cuenta que sólo tengo dos pases de comida. Monroe se congeló. ―¿Qué has dicho? ―El idiota de tu hermano me dio una tarjeta de acceso con dos pases de comida. ¿Recuerdas? Te lo dije ayer. Ella entrecerró los ojos como si tratara de recordar y luego preguntó―: ¿En qué almuerzo estás? Me encogí de hombros. ¿Cómo iba a saberlo? Rodó los ojos y tendió la mano. Cogí la tarjeta de mi escritorio y la puse en su mano. Le dio la vuelta y tecleó el código de barras en la página web de su computadora. ―No puedo creerlo ―sacudió la cabeza. ―¿Qué? ¿Qué está mal? ¡No me digas que me mintió! ¡Me voy a morir de hambre!―grité hacia el techo y pisoteé. Yo era de Wyoming. Me gustaba mi comida. ―Él, um…―Monroe se rascó la cabeza―. Él te puso con nosotros. ―¿Qué quieres decir? ―Nadie se sienta con nosotros. Es un período de almuerzo privado sólo para… ―Monroe cerró la boca―. ¿Sabes qué? No importa. Vamos a prepararte así no llegamos tarde.

*~*~*~*

Monroe no estaba conmigo en mi primera clase, la cual era una especie de clase política. Yo no había sido realmente una de política, pero ya que la mayoría de la gente que iba a esta escuela terminaban siendo líderes mundiales, se consideraba currículum básico. Miré a mi izquierda, donde un chico sacó un frasco. A mi derecha una chica enviaba un mensaje a alguien y se reía detrás de su mano. El chico frente a mí estaba leyendo una porno. Era seguro decir que el mundo de mañana no estaba en buenas manos.


Una vez que el resto de los chicos siguieron llegando, las luces parpadearon una vez, luego dos. Aprendí rápidamente que significaba que era hora de calmarse. La puerta del salón se abrió. Nixon caminó dentro. Tienes que estar bromeando. Miré a mí alrededor por un asiento vacío. No había ninguno. Curiosa, vi como él iba y se ponía detrás del escritorio en la parte delantera. ―Todos ustedes me conocen, y si no, bueno, entonces pregunten a alguien a su lado porque no voy a repetir mi nombre. El Profesor Sanders tuvo una muerte en la familia, y ya que estoy haciendo unas prácticas de negocio para él, me pidió que lo sustituya. Muchos de ustedes son seniors que han postergado esta clase hasta el último año aquí. Bienvenidos a Política de Primer Año. Esta clase va a apestar, es dura como el infierno y si no reciben una B, básicamente reprobaran la clase. Pero…―Él caminó alrededor de la mesa y se apoyó en ella―. Si escuchan, hacen sus tareas y mantienen la cabeza alejada de sus culos el tiempo suficiente para prestar atención, es posible que aprendan algo. De acuerdo, sí como persona él apestaba. Como profesor, como que sacaba la honestidad. ―Trace―Nixon dijo mi nombre. ¿Estás bromeando? Quería dárselo de comer a un centenar de pirañas. ―¿Sí?―Me puse de pie. Monroe me había avisado que cada vez que un profesor te llama, te pones de pie. Al menos sabía eso antes de ser arrojada al foso de los leones. ―Nombra todos los presidentes de los Estados Unidos. Tienes tres minutos. Sonreí, principalmente porque había sabido la respuesta a esa pregunta desde que estaba en sexto grado cuando la Abuela me hizo memorizar los presidentes con la melodía de una canción. Podía soltarlos sin la estúpida canción. ―Washington, Adams, Jefferson, Madison, Monroe, Adams… ―Pasé por todos los nombres en dos minutos. Cuando terminé, me senté. Cada estudiante en la habitación estaba mirando boquiabierto hacia mí como si yo fuera un extraterrestre o algo así.


Nixon caminó lenta y deliberadamente hacia mi escritorio. Mierda. Probablemente lo cabreé porque yo era inteligente y no estúpida. ¿Pero, qué otra cosa iba a hacer durante mi educación en casa? ¿Ver la televisión? Sus botas hicieron clic sobre el piso de cemento liso. Finalmente, se detuvo frente a mí escritorio. Miré arriba y esperé su reprimenda. Él sonrió. Una sonrisa real. No una que me hiciera querer causar daño a su persona, sino una que revelaba lo ridículamente guapo que era. Hombre, ese anillo en el labio me estaba distrayendo contra sus blancos dientes y hoyuelos. ―Bonitas botas. ―Miró hacia abajo y luego regresó a la parte delantera de la clase. ―La primera persona que haga exactamente lo que acaba de hacer la Chica Nueva se gana una A para el día. Manos se dispararon alrededor de la habitación. Al parecer yo no era Trace más. Bueno, eso fue de corta duración. Durante la hora siguiente observé mientras que otros estudiantes trataban infructuosamente de copiar mi rendimiento. La clase fue finalmente despachada. Agarré mi mochila. La que había pedido en línea hace unos meses con la esperanza de que me ayudase a encajar aquí dentro. Era de cuero y costó mucho más de lo que yo sabía que el abuelo podía permitirse. Me arrastré hacia la puerta, pero la voz de Nixon me detuvo. ―¿Son unas Win?―preguntó. Me detuve en la puerta. Fui la última estudiante salir. Giré sobre mis talones y lo miré. ―Sí. ―¿Son de mi hermana? ―No. ―Sentí que mis fosas nasales se dilataban. ―¿Las has comprado? ―No.


―¿De quién son? Me encogí de hombros. ―Que madura ―resopló y levantó las manos en el aire―. ¿No podemos tener una simple conversación? ¿Quién te compró las botas, Trace? ―El hada de las botas―respondí y salí de allí pisoteando, alegre de que Chase me hubiera dado algo tan impresionante que incluso Nixon tomara nota. Las siguientes dos clases fueron fáciles. Estoy feliz de anunciar que Nixon no hizo ninguna aparición. Miré el reloj. Ya era hora de almorzar. Monroe me había dado instrucciones para ir a la cafetería y girar a la izquierda inmediatamente antes de llegar a las dos puertas principales. Hice lo que me dijo y me encontré con una pequeña puerta en el lugar. Deslicé mi tarjeta a través de ella y la puerta se abrió. A un restaurante. Y no cualquier restaurante. Esto no era un McDonalds. No. Un candelabro colgaba sobre mi cabeza mientras caminaba a través de la cortina. Cuero empapelado forraba las paredes. Hermosos revestimientos de madera llegaban hasta la mitad de cada pared. La iluminación era tenue. En realidad sentía como si acabase de entrar en un país diferente. Las velas estaban encendidas, y casi maldigo cuando vi a un violinista sentado en la esquina tocando la música. Esto era una broma, tenía que serlo. Phoenix, Nixon, Monroe, Tex, y Chase estaban sentados en una gran mesa en el centro. Chase me saludó con la mano. Tragué saliva y le seguí. Nixon mantuvo la mirada hacia abajo. Monroe le dio un codazo en la cara, pero él todavía no se atrevía a alzarla. ―¡Santa Mierda! ―Phoenix dio una palmada en la mesa―. ¡No me digas que esos son de la colección 2013! ¡Qué demonios, hombre! ¿Lo has mantenido oculto de nosotros? ―Él tiró su tenedor hacia Chase. Los ojos de Chase se calentaron cuando se encontró con los míos y entonces él se apartó de la mesa. Miré a Monroe en busca de ayuda. Ella asintió con la cabeza. Me mordí el labio y caminé directo hacia los brazos de Chase. Mierda. Yo estaba rompiendo otra regla, pero tal vez aquellas reglas eran más para Nixon que


para Chase. Temblando, me empujé atrás y finalmente ganando valor, le di un beso en la mejilla. ―Gracias por las botas. ―Dulce. Imagina lo que ella haría si él le hubiera comprado un coche. ―Eso vino de Phoenix. Oí el estrépito de más cubiertos. Chase sonrió y se lamió los labios. ―Siento lo de… Agite con la mano. ―Tengo las botas, estamos en paz. Inclinó la cabeza y me llevó a mi asiento. ―Así que, ¿un restaurante? ¿En una escuela? ¿En serio?―Dirigí mi pregunta a Monroe. Ella se sonrojó y miró a su regazo. ―En realidad, nadie lo sabe. ―Nos gusta nuestra privacidad. ― Nixon interrumpió nuestra conversación y chasqueó los dedos. Un camarero apareció para tomar nuestro pedido. Nixon ordenó en francés. Por supuesto que lo haría. Pero entonces todos los demás siguieron su ejemplo. Cuando llegó mi turno. Abrí la boca, pero todo lo que salió fue un cruce entre un gruñido y un gemido. Genial. Chase le dijo algo a Monroe en francés. Ella se rió y luego le disparó rápidamente las órdenes al camarero que me dio una cálida sonrisa y desapareció. ―¿Francés?―chillé―. ¿Cuántos idiomas hablan? ―Tres. ―Tex contuvo el agua en el aire como si me saludara. ―Dos. ―Phoenix se encogió de hombros. ―Cinco―dijo Chase. Nixon se aclaró la garganta. ―Díselo hombre. ―Chase le dio un codazo. Nixon maldijo y se negó a hacer contacto visual mientras murmuraba―:Diez. ―¿Diez? ―exclamé―. Yo apenas puedo hablar inglés.


―Lo sabemos. ―Phoenix rió. Creí oportuno lanzar mi tenedor en esta ocasión. Se agachó y luego golpeó a Nixon en la mano. ―Me gusta. ―Sí, bueno, me gustan las niñas. Eso no significa que corra alrededor liándome con todas las que veo con el fin de tener una―Nixon escupió. La mesa quedó en silencio. ¿Cómo hacerle frente a su actitud de mierda todo el tiempo? Monroe se encogió de hombros y me empezó a hacer preguntas acerca de mis clases. Antes de darme cuenta, la comida caliente estaba en frente de mí. ―Tengo miedo de preguntar lo que es. ―Metí la comida caliente con mi tenedor. Olía delicioso. ―El cielo. Es el cielo. Se derrite en tu boca y te hace gritar de éxtasis. Chica, si no tienes un orgasmo después de experimentar esta comida en particular, entonces eres un caso perdido. ―Phoenix se movió ávidamente en su comida y guiñó un ojo. Sentí mi cara calentarse severamente. Monroe me dio un codazo. ―No te preocupes, Trace, Phoenix siempre habla así. Creo que es porque él realmente nunca a… Phoenix señaló con el tenedor hacia Monroe y la fulminó con la mirada. ―Ni siquiera termines la frase. Tex y Chase se rieron. Y de nuevo Nixon permaneció en silencio. Me comí la comida. Corrección, inhalé la comida y me prometí a mí misma que empezaría a correr si no quería ganar diez libras en mi primer día aquí. ―Así que. ―Miré a mi móvil y de vuelta al resto de la mesa―. ¿Quién come aquí la próxima hora de almuerzo? Todo el mundo miró a Nixon. Chupo el anillo del labio y puso sus manos detrás de su cabeza, apoyándose en las patas de la silla. Estábamos todos con uniformes, pero él se había quitado la chaqueta, así que podíamos ver el contorno de sus tatuajes oscuros debajo de su flamante botón blanco. La camisa se extendía sobre sus músculos de una manera tal que no podía dejar de mirar. Quiero decir, los otros chicos eran atractivos pero Nixon estaba un paso por encima del resto. Él era perfección caótica. ―Nadie.


―¿Eh? ―Todavía estaba mirando a sus brazos voluminosos. ―Comer aquí―dijo Nixon deliberadamente―. Sólo nosotros. Sólo esta hora del almuerzo. ―Pero…―Confundida miré a mi alrededor―. ¿Entonces por qué estoy aquí? ―A veces nos gusta la suciedad. ―Nixon sonrió con aire de suficiencia―. Ahora vete antes de que llegues tarde. No me moví. Chase puso su cabeza entre las manos y gimió. ―Odio cuando mamá y papá se pelean. Phoenix se echó a reír. Tuve que admitir que yo misma lo encontré gracioso. A Nixon, sin embargo, no le hizo gracia. Él empujó su silla hacia atrás y salió de la habitación, con un portazo detrás de él. ―¿Siempre es así? ―En realidad…―Tex se inclinó hacia delante―. No. Creo que sacas lo peor de él. ―Bien por mí―dije sarcásticamente. ―Eres la primera forastera que haya comido aquí―dijo Monroe a mi derecha―. Él reparte tarjetas de acceso para el control de las camarillas. Para asegurarse de que las peleas no empiezan entre los chicos de diferentes países en guerra y todo eso. Yo supuse que él te pondría en una de las comidas normales. ―¿Qué quieres decir? Chase se encogió de hombros. ―Él no es sólo el responsable de las tarjetas de acceso, es presidente del cuerpo estudiantil. Se asegura de que el acceso sea limitado para cada estudiante. Digamos, por ejemplo, que un niño de Corea del Norte viene a ésta escuela. ¿Crees que vaya a llevarse bien con un Sudcoreano? O mejor aún, ¿con algún ostentoso chico de América? ―Um… ¿No? Todo el mundo se echó a reír. Phoenix negó con la cabeza. ―Eso es un infernal no, Chica Nueva.


Chase se cruzó de brazos. Mi boca se secó ante la vista. Su pelo oscuro no era tan rebelde como el de Nixon, pero aún tenía esa mirada peligrosa de él. ―¿Qué pasa si el hijo de algún jeque vine a ésta escuela pero él es de una religión diferente a la de cualquier otro chico? ¿Qué pasaría si esos mismos chicos comen el almuerzo en la misma habitación que se sirve carne de cerdo? ―Oh. ―Resoplé―. Supongo que eso tiene sentido, pero entonces ¿eso no es segregar a todo el mundo? Monroe se echó a reír. ―Botas, es la universidad. Estamos segregados independientemente, ya sea por ser mayor o clases. Esto es sólo cómo son las cosas aquí. Mantiene la seguridad de todos. Mantiene abajo las peleas. La mesa quedó en silencio de nuevo. Miré a Chase. ―Pero si él me odia tanto, ¿por qué me quiere aquí? Un reloj sonó en el restaurante causando que todos se empujaran fuera de la mesa y se pusieran en pie. Mi pregunta quedó sin respuesta cuando todos se arrastraron hacia la puerta. Hice mi camino por el pasillo, pero Chase me alcanzó y me susurró al oído mientras caminábamos―: Protección. ―¿Qué? ―¡Nos vemos! ―Hizo un gesto y caminó por el pasillo, y me dejó preguntándome ¿de qué diablos tenía que ser protegida? ¿O de quién?


Capítulo 7 Traducido por krispipe Corregido por Armonía&paz

―Tan cansada… ―murmuré, deslizando mi tarjeta a través de la puerta del ascensor. De acuerdo, así que sabía que era perezoso para mí usar mi único pase el primer día de clases. Pero mi cerebro estaba frito. Fui elegida para hablar durante mis tres últimas clases. Mi última clase había sido una KI4 electiva que era básicamente como educación física. ¡No tenía ni idea de los colegios que obligaban al ejercicio! Por suerte para mí, yo lo tenía todo mal. Ellos no hacen educación física en Elite. No, ellos hacían artes defensivas. En serio. Así es como lo llaman. Igual que las artes no oscuras de Harry Potter, sino artes defensivas. Podría haber sido fácilmente lo mismo por la forma en la que mi cuerpo se sentía. Durante la última hora, lo juro, mi alma salió de mi cuerpo y fue víctima de un chico llamado Spike atacándome brutalmente. Al menos ahora sabía cómo sacarle los ojos a alguien, lo que sabía que me iba a venir muy bien si tenía que sentarme y comer con Nixon todos los días. Me mordí el labio. Las puertas del ascensor se abrieron. Entré y me apoyé contra la pared. ¿Por qué era tan malo conmigo y luego se aseguraba de que estuviera siempre a su alrededor? El ascensor se detuvo. Genial. Golpeé mi piso otra vez. Todavía no se movió y ahora un chirrido comenzó procedente de encima de mí. Odiaba los espacios pequeños. El pánico se estableció. Estaba a punto de usar el pequeño teléfono rojo para llamar al departamento de bomberos, o al SWAT, o algo así, cuando el ascensor se movió de nuevo. ―Gracias, Dios―murmuré mientras las puertas se abrían a mi piso. 4

Hace referencia al principio japonés que dice la energía forma parte de todo ser vivo y que se podría traducir como "flujo vital de energía".


Me arrastré hasta mi puerta y me detuve frente a ella. En mi puerta estaba una foto de mi cara en el cuerpo de una vaca. Debería haber sabido que iba a pasar tarde o temprano. Inteligente. Apuesto a que ellos casi exterminaron todas las células de sus cerebros para llegar a eso. Decidí unirme a la diversión y dibujé un corazón alrededor de mi cabeza con una pequeña burbuja que decía MOO. Toma eso. Abrí la puerta y de inmediato me saqué la chaqueta, seguido de mi camisa, y luego me dirigí a mi falda. Oí una risita. Mis manos se congelaron en la cremallera de mi falda. Miré hacia arriba. Nixon yacía atravesado en mi cama. ―Por favor, no dejes que te interrumpa. Continua. Le saqué el dedo. Él se rió más fuerte. Rápidamente me puse la camiseta que había llevado a la cama y arrojado al otro lado de la silla. ―¿Qué quieres? ―No sexo, pero gracias por la oferta. ―Yo no estaba… ―Tomé tres respiraciones profundas. Argumentar no me llevarían a ninguna parte con Satanás―. ¿Por qué estás aquí? ―Esperando a mí hermana. ¿Qué más? Exhalé en alivio. ―¿Qué, decepcionada de que no quiera un revolcón de tarde? ―No, en absoluto.―Me senté muy, muy lejos en la cama de Monroe―.Además si necesitas uno, todo lo que tienes que hacer es llamar a cualquier puerta en esta planta. Sólo asegúrate de usar protección. Sé cómo eres sobre los gérmenes. ―Sólo los tuyos―cantó. Lancé una almohada en su dirección con la esperanza de golpearlo en la cara. Él la atrapó en el aire y frunció el ceño.―¿Puedes por lo menos esperarla fuera?


―No. ―¿Por qué?―Apreté los dientes. A la velocidad que iba no iba a tener nada con lo que moler. ―Porque me gusta tu cama. Es cómoda. ―Tiene mis gérmenes y te juro que dejé caer mi baba por toda mi almohada la noche pasada. Él se encogió de hombros. ―Sólo odio los gérmenes en las personas, no en los objetos. Nixon miró su reloj y luego puso sus manos detrás de su cabeza y cerró los ojos. ―¿Por qué? ―¿Por qué que, Granjera? ―¿Por qué no te gusta que la gente te toque? ¿Esa es tu regla o una cosa de la Elite? ―Haces un montón de preguntas para ser alguien tan estúpido. Eso picó, pero estaba demasiado cansada como para dejar que se hundiera demasiado en mí conciencia. ―Es la única manera de encontrar la forma de sobrevivir en este lugar. ―Sobrevivirás, si sigues las reglas. Pensé que te dije eso.―Se apoyó en su codo―. El sistema funciona, Trace. Sé que piensas que soy un imbécil, pero si fuera amable, ellos te comerían viva. ¿No sería mejor que yo hiciera la degustación?―Él sonrió. Maldita sea, yo estaba, literalmente, ansiosa por darle un puñetazo en la mandíbula. ―¿Por qué no todo el mundo simplemente es agradable y se lleva bien? Él gimió en sus manos y se levantó. ―Quizá esperaré fuera. ―Hazlo. Se acercó a la puerta y luego se detuvo. ―¿Alguien se burló de ti hoy?


―¿Esa es una pregunta con trampa?―pregunté, saltando de la cama de Monroe―. ¡Te burlas de mí todo el tiempo! ―Aparte de mí. ―Él metió las manos en los bolsillos de sus pantalones―. Dime la verdad. ―N-no―tartamudeé―. Nadie se burló de mí hoy. ―Creo que mi punto está hecho. ―Al infierno si lo está.―Me agaché y cogí otra almohada para tirarla a su cara―. ¿Crees que tienes tanto poder? ¿Para protegerme de ellos? ¿Crees que eres mucho mejor? ¿Qué lo que haces es mejor que los que los típicos chicos de colegió me harían? Sus cejas se levantaron. ―¿Quieres apostar? ―¡Muy bien!―Le di un golpecito en el pecho. Nixon cerró los ojos como si le doliera. ―Por favor, no me toques. Retrocedí, pero sólo porque dijo por favor. ―Dejaré de molestarte…pero cuando gane, cuando no puedas aguantar más, cuando estés viviendo en el infierno cada día, quiero oírlo de tus labios. No de los de Monroe, no de los de Chase. Quiero que te acerques a mí. Quiero que me digas… ―¿Que te diga qué?―susurré. ―Que me necesitas. ―¡Cuando el infierno se congele!―espeté. ―Trae una parka, porque la vida es una perra y acabas de comprar un billete de primera clase, cariño.

*~*~*~*

Todavía estaba en un humor de perros cuando Monroe finalmente llegó. Fiel a su palabras, Nixon estaba sentado fuera, en la puerta esperándola. Por qué no le mandó un texto o la llamó no tengo ni idea.


Realmente no podía oír lo que decían. Pero Monroe estaba gritando, y Nixon estaba gritando, y estaba bastante segura de que uno de ellos iba a lanzar un golpe. Así que me sorprendió realmente cuando Monroe saltó en la habitación con una amplia sonrisa en su rostro. ―¡Sabes qué! ―¿Mataste a tu hermano? Ella rodó los ojos. ―No soy tan afortunada, no.―Con un resoplido se sentó en su cama―. ¡Los Elegidos dan una fiesta esta noche y conseguí llevarte! Discúlpame mientras saco mis pompones. ―Formidable. ―Botas, no va a llover en mi desfile. Además, Tex estará allí y… ―Levanté una ceja―. Está bien. Me gusta Tex. ¿Feliz? ―¿Lo sabe Satanás? ―Él lo ve todo―se quejó. ―¿Es por eso por lo que estaban peleando? ―¿Qué debería ponerme?―Monroe dio unas palmadas―. No quiero parecer demasiado fácil, pero todavía quiero verme caliente, ¿sabes? Hmm, ¿Tal vez, un vestido rojo? ¿Qué crees? ¿Con tacones Loubuitan? ―Uh… ¿Louib-quién?―reí―. Estás preciosa en pijama. Sólo lleva algo que te haga sentirte segura. ―No me perdí que ella cambió de tema, pero decidí que esta vez tal vez era mejor si no conocía todos los acontecimientos de su familia. Monroe comenzó a sacar ropa de su armario y tirarla al suelo. Finalmente, eligió un vestido púrpura con una profunda parte frontal y posterior. Sólo que estaba cubierto con un poco de material así que técnicamente no se podría definir como de guarrilla. Dije técnicamente. ―Tu turno. ―Um, tengo un montón de tarea y… ―Nop, vas a ir. Nixon dijo que podías. ―Oh bueno, si el gran y poderoso OZ dijo que podía ir…


Monroe echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. ―¿Podemos por favor llamarle Oz a partir de ahora? ―Claro, a él le encantará.―Sonreí―. Probablemente me amenazará de nuevo. ―Lo que sea.―Monroe revolvió en el suelo y cogió una camiseta apretada y una corta falda de jean. ―Aquí. ―Las arrojó a mi cara. Las cogí. Ambas piezas de ropa eran más pequeñas que el top que llevaba a la cama. ¿Cómo se supone que funcionaría? ―Um, Monroe, este traje es una especie de… Ella rodó los ojos. ―Lleva sandalias, así no parecerás tan alta, y te daré una chaqueta de cuero. Te verás increíble. Confía en mí. No estaba segura de poder confiar en nada proveniente de su boca, teniendo en cuenta que era la que llevaba un modelito púrpura que haría a los de Jersey Shore ruborizarse. ―¿Estás segura de que debería ir? No sé, Nixon y yo nos peleamos y… ―¡Te necesito!―Se paró en toda su altura y pisoteó―. Necesito una persona conmigo. ―¿Por Tex? ¿Estás bromeando, verdad? ―¿Por favor?―Ella hizo un puchero con su labio inferior. La miré, pero seguía dándome esa mirada lastimosa suya. ―Está bien, iré.―Tenía un mal presentimiento sobre esta fiesta.


Capítulo 8 Traducido por krispipe Corregido por Armonía&paz

Nota mental: Si tienes un mal presentimiento sobre algo… Si tu intestino se está retorciendo ante la idea de seguir adelante con una mala elección… Simplemente di no. No seas una persona de sí. Cerré los ojos y los volví a abrir. Tal vez si cerraba los ojos me convertiría en invisible. Lo intenté de nuevo. Nop. No tenía tanta suerte. Mierda. ―Monroe, debería irme―grité por encima de la música. ―¡No! ¡Quédate!―Ella estaba bailando con Tex. Quiero decir, supongo que puede llamarse bailar. Sus manos estaban en todas partes, y honestamente yo estaba esperando en anticipación a que Nixon le diera un puñetazo en la nariz por sostener a su hermana tan cerca. Pero Nixon no estaba en ninguna parte para ser encontrado. No es que yo lo estuviera buscando. E incluso si lo estuviera buscando, era sólo por instinto de conservación y supervivencia. Como en el canal Discovery, cuando los antílopes ven un león. Ellos no sólo pasan el rato y dan al león una oportunidad. No, corren como el infierno. ―Está bien, cinco minutos más―entoné a Monroe, pero estaba demasiado ocupada liándose con Tex. Hmm, yo en realidad nunca encontré las cabezas rojas atractivas, pero él era un poco lindo. Cuando su lengua estaba en su boca y no estaba completamente borracho y follando a mi compañera de cuarto. Así que básicamente él era lindo esta tarde. ¿Esta noche? No tanto. ―Hey, Chica Nueva―dijo una voz masculina detrás de mí. Me volví. Phoenix estaba parado allí con dos bebidas en la mano. Sus buenas apariencias de Harvard lo conseguirían ahora. Su pelo rubio arena estaba peinado hacia un lado, pero funcionaba totalmente para él, ya que hacían que sus gruesas pestañas negras destacaran sobre sus ojos color chocolate.


―¿Bebes?―Tendió un el vaso de plástico rojo. ―¿Has puesto drogas en él?―pregunté agradablemente. ―Si lo hiciera no te lo diría―dijo con una expresión impasible. Y ahí iba ese sentimiento enfermo otra vez en mi estómago. Él sonrió cálidamente y ladeó la cabeza. ―Toma la bebida, Trace. Te prometo que no puse drogas en ella… ―Agarré la copa y tomé un sorbo―. Esta vez―concluyó él. ―Es bueno saberlo. Él puso su brazo libre alrededor de mí y me guió hacia el exterior. No me había dado cuenta de lo mal ventilada que estaba esta habitación hasta ahora. Era una especie de casa de fiestas ubicada en el campus. Una que la seguridad custodiaba para que los chicos pudieran emborracharse sin tener que preocuparse de conducir o hacer algo estúpido. ¿Dónde realmente no había reglas aquí? ―Regla número seis…―Phoenix cruzó los brazos sobre la barandilla del balcón y suspiró―. Nunca aceptes bebidas de un extraño. ―¿Tú calificas como un extraño?―pregunté, tomando otro sorbo. ―No. Nosotros segundos―.Amigos.

somos… ―Él

pareció

pensar

en

ello

durante

unos

―Guau, eso debe haber sido difícil de decir en voz alta. ―Deberías tener más cuidado. ―Él suspiró en sus manos―. Mira, no sé ni por qué estoy diciéndote esto. Si Nixon se entera, va a patear mi culo, pero él sólo está tratando de protegerte. No sabes cómo la gente es por aquí. Quiero decir, eres de una granja por el amor de Dios. ―Suenas como él. ― Jugué con el vaso de plástico en mis manos y luego lo puse en el balcón―. Aquí todo el mundo es menor de veintiún años, ¿verdad? Él se encogió de hombros. ―Algunos los son, otros no. ―¿Y son tan malos que tienensu propia mafia para mantenerlos bajo control? No lo creo. Lo siento, pero, ¿qué pasa con la seguridad? ¿Qué pasa con los adultos, los profesores?


Phoenix bajó la vista al suelo. ―Ellos miran para otro lado. Empezó a parecer que él tenía dos cabezas. Me lamí los labios. Mi garganta se sentía de repente muy seca. Bebí un poco más de líquido del vaso. Me sentí con reseca. Terminando la bebida, la puse de nuevo en la barandilla y miré a Phoenix. ―Yo… tengo mucha sed. Él sonrió. ―¿En serio? ¿Quieres un poco de la mía? Extendí la mano para coger su taza y se volcó sobre el borde lo suficientemente aterrizando en la cabeza de alguien. Ellos me sacaron el dedo. O por lo menos creo que lo hicieron. Vi como veinte dedos. Algo estaba mal. Mi boca se sentía como el algodón. ―T-tú dijiste que nada de drogas… ―¿Por qué mis palabras sonaban tan divertidas? Phoenix se rió en voz alta. ―También le dije a la nueva profesora de historia que yo era un virgen en la necesidad de una experta mujer mayor… ―Me llevó cerca de él, e inclinó mi barbilla hacia arriba―. Ahora vas a ver por qué nos necesitas. No te preocupes, no voy a dejar que nadie te haga daño. Estoy haciendo esto por Nixon, así él puede verlo. Él tiene que verlo. Nadie puede controlarnos, sobre todo, no una granjera que muge en frente de todo el cuerpo estudiantil. Estaba siendo transportada o empujada. No estaba muy segura de qué. Pero, de repente, estábamos de vuelta en el interior, y él me estaba llevando escaleras abajo y fuera de la casa. Traté de luchar contra él, pero fue como si no tuviera fuerza en mi cuerpo. Esto era malo. Muy malo. ―A-ayuda. ―Fue un débil grito lastimero. En realidad, sonaba fuerte para mis oídos, pero todo sonaba fuerte. ―Phoenix…por favorrrr. ―Lo siento, Trace. De verdad. Pero esto es por tu propio bien. ¿Cómo me estaba drogando por mi propio bien? Esto es lo que quería gritarle, pero cuando abrí mi boca no salió nada. ―¡Qué demonios, Phoenix!―Oí otra voz masculina. ¡Por favor déjale esto a un profesor o alguien, o incluso Tex! ―Está borracha. La voy a llevar de vuelta a su dormitorio.


―¡Como el infierno lo harás! Y su dormitorio no está en esa dirección. ¿Qué estás haciendo? Vi la cara de Chase. Bueno, vi a tres de ellos. Al menos creo que era Chase. ―Le estoy haciendo un favor, haciéndonos un favor. Atrás, ya estás en la lista negra de Nixon. Estoy haciendo todo mejor, ya verás. Levanté mi mano para agarrar a Chase. Parecía preocupado pero no lo suficiente como para hacer algo. Quería llorar, pero entonces de nuevo, quería mantener mis lágrimas. Me sentía tan deshidratada. ―Yo la llevaré―murmuró Chase. ―¿Vas a hacerlo? ¿En serio? ―Sólo déjame hacerlo a mí. ―Chase extendió sus brazos. Estaba siendo trasladada. Eso era una buena cosa, ¿no? Quiero decir, ¡Chase me dio las botas! Chase murmuró algo entre dientes mientras me llevaba a un coche esperando. Me colocó con cuidado en el asiento delantero y se marchó. Traté de no quedarme dormida, pero era difícil. Y Chase seguía murmurando algo como―: … No puedo creer que ella lo empujara tan lejos. ¿Qué está pensando Nixon? Eso fue lo último que recuerdo hasta que todo se volvió negro.

*~*~*~*

Un timbre sonando fuerte me despertó. Aparentemente, había sido atropellada por un camión la noche anterior. Recordé la fiesta, y entonces recordé beber algo de Phoenix. Él se veía caliente la noche pasada, y entonces ¿Chase? ¿Chase había estado allí? El timbre volvió a sonar. Sacudí la cabeza y me froté los ojos. ¿Dónde estaba? Me sentía cómoda, como si estuviera en mi cama, pero esta no era mi cama Oh no. Me sacudí en posición vertical y me di cuenta de que la habitación era masculina. Definitivamente no era mi habitación. Yo no hice nada, sin embargo.


Llevaba mi ropa puesta, mi cuerpo se sentía bien. Bueno, aparte de los latidos de mi cabeza. Rápidamente cogí mi chaqueta y salí corriendo de la habitación. Los dormitorios de los chicos. Por supuesto. Al menos no había nadie allí para presenciar mi vergüenza. Y entonces, una a una, las puertas del pasillo se abrieron, y los chicos asomaron la cabeza fuera. ―¡Ah! ¡Él se tiró a otra! ¡Vamos Tim!―gritó un chico, y luego una pared gigante de músculos me saludó a través del cuarto de baño. El tipo era asiático con asesinos ojos dorados y una sonrisa mayor. Tragué saliva. ―¡Tim se tiró a la Chica Nueva!―Alguien más gritó. Traté de defenderme del chico, pero él se mantuvo bloqueándome. ―¿Cuál es tu problema? Él sonrió y se inclinó tan cerca que podía oler su pasta de dientes. ―¿Qué nena? ¿Sin beso de buenos días para el chico con el que pasaste la noche? La ira y la vergüenza se apoderaron de mí al mismo tiempo. Yo no hice eso. ¡Nunca haría eso! Mis ojos se dirigieron a todos los chicos a mí alrededor. Estaban chocando los cinco y mandando mensajes de texto, y por supuesto tomando fotografías de mí. Genial. ―¡Aléjate de mí!―Empujé contra su pecho musculoso. Pero él sólo tiró de mí más cerca. Luché para salir de su alcance, sobre todo para que él me dejara libre, y corrí por el pasillo sólo para encontrar la puerta de la entrada principal ya abierta. Y allí estaba Phoenix esperando. Chase estaba a su lado. Además de sobre cien otros varones de la residencia de estudiantes. Me lancé contra Phoenix, pero Chase bloqueó mi camino. ―Déjalo ir, Trace. ―¡Tú, hijo de puta! ¿Por qué me hiciste esto? Phoenix sonrió. ―Tal vez no deberías beber tanto la próxima vez. Chase me soltó. Sus ojos estaban tristes, pero no me importó. Cargué fuera de la entrada al sonido de chicos gritando y llamándome puta. En el momento en el que llegué a mi dormitorio, lágrimas corrían por mi cara. Revisé mi bolsillo por mi tarjeta de acceso.


Había desaparecido. Supongo que ya había usado mi viaje en ascensor de todos modos. Corrí por las escaleras, sudando para cuando llegué al tercer piso. Y, para mi horror absoluto y humillación, fui recibida por varias chicas aplaudiendo. ―Así se hace Chica Nueva, tirándote al mariscal de campo del equipo de fútbol. ¡Bien hecho! ―¡Qué puta!―gritó otra chica―. ¡Tim tiene novia! ¿Quién hace eso? Tragué mis sollozos mientras llegaba a mi puerta, y la abría. Gracias a Dios que no estaba cerrada con llave. Monroe seguía durmiendo. No sabía si quería despertarla. No sabía si quería decirle. Me paseé por la sala cinco veces antes de finalmente tomar la decisión. ―Monroe―sollocé―. ¡Por favor, despierta! ¡Por favor! Ella se despertó de golpe y luego maldijo. ―¿Dónde demonios has estado? ―Oh ya sabes, consiguiendo muy inteligentemente ser follada por el mariscal de campo del equipo de fútbol. ―Ni siquiera traté de mantener las lágrimas mientras me dejé caer en la cama y le conté toda la historia, o al menos lo que recordaba de ella. ―¿Estás segura?―preguntó cuando terminé. ―¿Qué quieres decir? ―¿Estás segura de que no simplemente bebiste demasiado y te fuiste con Tim? ―¡Sí!―grité―. ¿Por qué no me crees? ¡Por qué nadie me cree! ―Whoa, cálmate.―Monroe se levantó y bostezó―. Voy a hablar con Nixon, él lo arreglará. ―No lo hará. ―Temor llenó mi estómago hasta que pensé que iba a vomitar―. Él dijo que había terminado de protegerme. ―¿Cómo? ―Como que hicimos una apuesta…


Monroe lanzó algo contra la pared. ―¿Por qué demonios harías un trato con el diablo? ―¡Él me provocó!―grité. ―Wow… ―Monroe caminó delante de mí―… Bueno, por lo menos no tienes que enfrentarlos durante el almuerzo, lo que sería…catastrófico. Mierda. Mierda. Mierda. ―Como que perdí mi tarjeta de acceso. Monroe se desplomó en el suelo. ―Chica, odio ser la primera en decir esto, pero estás total y completamente jodida. Asentí. Sabía que era cierto. Y odiaba tener que enfrentar a toda esa gente hoy. ―¿Cómo voy a comer? ―Ya se me ocurrirá algo, ¿de acuerdo?―Ella mordió su labio―. Es sólo que el único que tiene pases es Nixon. Le sacaré el tema a Tex y a ver lo que dice. Genial. ¿Quién demonios le dio las llaves del mundo? ―Mira, sólo prepárate para la escuela, y lo arreglaremos esta tarde, ¿está bien?―Monroe me lanzó una barra de granola y comenzó a vestirse. Yo podía hacer esto. Podía enfrentar un montón de mis compañeros. ¿Qué podían hacer? ¿Apuñalarme?


Capítulo 9 Traducido por 3lik@ Corregido por Karlix

Era oficial. Odiaba la universidad. Era molesto entrar en el salón de clases ver a todos riéndose en mi dirección. Me dejé caer tan bajo en mi asiento como pude sin caerme de la silla y enseñarles a todos mi ropa interior, solidificar mi reputación como una sinvergüenza. Nixon entró. Por primera vez en dos días quería que él me prestara atención. Yo quería caminar hacia mi escritorio y decir que nuestra apuesta era estúpida. Quería esa maldita tarjeta de acceso. De hecho, mataría por un paseo en el ascensor a la semana, y yo sólo había estado en la escuela por cinco minutos. ―Hoy vamos a trabajar en equipo.―Él comenzó a repartir hojas de papel―. Sé que muchos de ustedes están familiarizados con los Colonos de Catan. Es un juego de mesa en el que está a cargo de su propio país y vendes y comercias con otros países. Es más complicado que eso, pero hoy quiero que formen sus propios países. Cada uno de ustedes tiene algo que alguien más necesita, ya sea petróleo, trigo, o incluso tierras. Van a negociar con los miembros del equipo con el fin de co nstruir su propio país. Elaboren una bandera y un lema del equipo. Tienen e l resto del período de la clase. Sonaba bastante fácil. Me entregó el papel. Me di cuenta de que no había ningún nombre asignado en él. Levanté la mano. ―¿Sí, Granjera ? Rodando los ojos le pregunté tan amable como sea posible―: ¿Los equipos no están asignados?

Las personas se rieron como si acabara de hacer la pregunta más tonta del mundo. Nixon no se reía, ni sonrió. ―No, trabaja con los grupos. Así que eli ge un grupo y trabaja con ellos.


―¿Cualquier grupo? ―Cualquier grupo―espetó. Bueno, tomé mi hoja de papel y me acerqué a las tres personas a mi derecha. ―Hey, puedo trabajar con… ―Nosotros no trabajamos con putas.―La chica rubia echó su cabello y luego me cortó en el aire. Adorable. Caminé hacia otro lado del salón de clases donde el chico que estaba bebiendo durante la clase se sentó junto a su grupo. ―¿Ustedes posiblemente tienen espacio para uno más? El chico abrió la botella tomando un gran trago y luego se limpió la boca con la chaqueta.―Sí, estamos totalmente en tríos, ¿no es así?―Miró a la otra chica en su grupo y chocó los cinco con ella. Las lágrimas amenazaron de nuevo. Odiaba esta escuela. ¡Odiaba al estúpido de Phoenix y Nixon y Chase y todo el mundo! Con una bocanada de aire marché al frente de la sala y cortésmente esperé que Nixon se fijara en mí. Estaba leyendo algún gran libro loco en un idioma diferente. Aburrido. ―¿Qué puedo hacer por ti, Trace?―Sus ojos sin abandonar el libro. ―Los grupos no me van a tomar . ―Entonces supongo que fallaste. Di un grito ahogado. ―No es mi culpa… ―Ah, ahí está la excusa que estaba buscando.―Esta vez sus ojos se encontraron con los míos―. Este es el mundo real, Trace. No puedes simplemente acusar de malvados a los chicos en clase. ¿Nadie quiere que estés en su grupo? Permanece en el grupo de todos modos. Haz que te noten, hazles prestar atención. Ahora, vete. Una parte de mí estaba sorprendid a por la verdad de su declaración, mientras que la otra parte quería golpearlo en la cabeza con ese súper gran libro y luego echarme a llorar.


Hice un puño con papel en la mano y me dirigí hacia la parte trasera del sal ón. ―La tercera parte del trío está aquí. Vamos a empezar. Los

estudiantes

a

alrededor

parecían

sorprendidos

y

luego,

sorprendentemente, comenzaron a trabajar en nuestro proyecto. Miré de nuevo a Nixon. Él me miraba fijamente, y luego asintió una sola vez y volvió a su libro. Para el final de la clase algo de mi vergüenza se había ido. Caminé por el pasillo con un propósito, a pesar de las miradas malvadas y las risitas que me rodeaban. Monroe me saludó con la mano desde una de las ventanas. Aún tenía cinco minutos antes de historia así que me acerqué a ella. ―Entonces, ¿cómo estuvo la clase?―Monroe tomó un gran trago de café. ―Mal. Luego peor, luego… sorprendentemente mejor. Ella suspiró con alivio. ―Bien. Estaba preocupada por ti. ―Gracias. ―Hermana―dijo Nixon a nuestras espaldas. ―Lucifer. ―Ella lo saludó con frialdad. No quería darme la vuelta, pero mi cuerpo se rehusó. Era como si no pudiera dejar de buscarme problemas. ―Por favor, dile, a la Granjera que deje de mirarnos―dijo Nixon frialdad. ¿Por qué estaba enojado? ¡Fui la única que tomó ventaja! ¡Y todo porque él quería demostrar lo importante que era! Rápidamente desvié mis ojos y me mordí la lengua para no decir algo ofensivo. Mis ojos se posaron en todos los estudiantes que nos rodeaban. Estaban observando y esperando, y yo estaba cada vez más y más enferma por minuto. ―Gracias por… esto―dijo Monroe. ―Lo hago por ti. No por ella . ―Fue la respuesta de Nixon―. No quiero a nadie incómodo. Me estremecí.


Monroe agarró mi mano y puso una tarjeta de acceso en la misma. De alguna manera, no es correcto que ella le tema a su propio hermano. Pero, de nuevo tal vez esto era cómo funcionaban las cosas en su familia. En cuestión de segundos los cuatro pares de botas brillantes salieron de mi línea de visión y se marcharon por el pasillo. Tragué saliva y miré la tarjeta de acceso. Era de color rojo. Le di la vuelta, pero no había código de barras. ―¿Qué es esto?―le pregunté a Monroe. Ella se estaba poniendo brillo de labios y prácticamente ignorándome, pero por otra parte ella tenía poca capacidad de atención. ―Es todo lo que pude hacer, Botas. Lo siento. No quería decirle que perdiste la tuya, por lo que se me ocurrió otra historia que contarles a Tex y a Phoenix. Nixon no le gusta la irresponsabilidad. Él es un maníaco del control en esesentido. En cualquier caso, al menos puedes comer.―Ella acarició mi hombro y se alejó. Sabía para entonces que para ver la orden del almuerzo, tienes que escribir el código en el reverso en el programa web de la escuela, pero ¡no había ningún código! Ugh. Decidí preocuparme por ello hasta el almuerzo. Para entonces el llegó el almuerzo, estaba tan hambrienta que estaba dispuesta a tirarle la tarjeta en la cabeza a Nixon. Caminé hacia el comedor, esperando que mi tarjeta sirviera. La deslicé a través de la puerta de la cafetería, nada. La deslicé de nuevo. Y otra vez, nada. La seguí deslizando hasta que por fin una pequeña alarma roja se disparó. Oh, genial. ―¿Necesitas ayuda?―Levante la mirada para ver los ojos azules de Chase perforando los míos. Aún no estaba segura de si me gustaba o lo odiaba. ―Se podría decir que sí.


―Aquí.―Él tendió su mano. Estampé la tarjeta sobre ella y esperé a que la deslizara. En su lugar, la guardó en su bolsillo y me agarró del brazo para llevarme por el pasillo opuesto. Una pequeña puerta, decía “La Habitación Roja”. ―¿Es el infierno?―le pregunté en voz baja. Debido a que en el extremo opuesto era un restaurante muy lujoso. Yo ni siquiera quiero saber qué estaba aquí. ―No exactamente . ―Chase me dio una sonrisa triste―. Pero es mejor que ser visto y no oído aquí, ¿entiendes? Aterrorizada, sólo pude asentir mientras él deslizaba mi tarjeta. La luz roja se apagó y la puerta se abrió. ―Buena suerte, Trace. Y para que conste. Esto mejorar á . ―Bien.―Mi barbilla temblaba mientras recogía mi tarjeta y entraba en el cuarto oscuro. No se veía tan mal. Hasta que mis ojos se acostumbraron y me di cuenta que algo andaba mal acerca de dónde estaba. ―Carne fresca. ―Una chica ronroneó a mi lado. Me aparté y seguí caminando hacia una mesa vacía. Olí la comida, pero no vi ninguna comida en ningún lugar. Gente murmuraba en voz baja, pero en su mayor parte, nadie me prestaba atención. Me senté a la mesa y miré el menú. Todas las opciones eran para los vegetarianos. Genial. No hay carne. Maldito seas, Nixon. Cuando el camarero se acercó y tomó mi orden estuve a punto de llorar. Algo sobre una hamburguesa de tofu era tan malo después de haber sido criada alrededor de las vacas. Revisé mi celular por mensajes. Nada. Ni siquiera de Monroe. El almuerzo oficialmente apestaba. La gente hablaba de mí. No tenía amigos, y no podía comer carne. Para empeorar las cosas la única mesa libre estaba justo en el medio de la cafetería, lo que significa que estaba en exhibición para que todos la vean. Esperé mi comida. Y esperé.


Y esperé. Finalmente sonó el timbre. El camarero llegó con un plato grande y quitó la tapa del plato. No había comida. Sólo una nota que decía :Moo. Tal vez si comes menos, Tim no se quejaría de lo terrible estuviste en la cama. Las lágrimas se asomaron en instantes. En toda su fuerza. Yo ya era el tipo de chica que se pone de muy mal humor cuando no puede comer. El camarero ya había desaparecido. Iba a llegar tarde a clase. Para el resto del día. Mi única compañera era el gruñido de mi estómago. Y sí, yo era consciente de lo patética que estaba siendo. En realidad estaba muy emocionada de ser invisible considerando los acontecimientos de esta mañana. Y entonces Lucifer decidió hacer acto de presencia. Era como si apareciera de la nada. Quiero decir, supongo que estaba mirando el suelo. Pero aún así, en instantes mis ojos se posan, allí estaba él―mirada fría llena de hermoso pecado. Suspiré y puse mi mano en mi cadera. ―Hay rumores de que no conseguiste almorzar. Con mi ceja arqueada.―Rumores, ¿huh? Bien, alerta a las autoridades. Oh, espera, se me olvidaba, ¿qué eres tú? El juez, jurado, y … ―Detente―lo dijo tan bajo que casi no escucho las palabras. Nixon caminó hacia mí. No tenía a donde ir más que regresar por el pasillo, y realmente eso sólo parecía una pérdida de tiempo, así que traté de esquivarlo. Su brazo musculoso apareció de la nada, casi me deja hematomas en el proceso.―Estoy hablando contigo. ―Y me voy. ―Simplemente … ―Se rascó la cabeza y luego hizo algo totalmente fuera de lugar. Nixon sonrió. Mi corazón dio un vuelco, o tal vez siete. Perdí la cuenta cuando dejé de respirar como un ser humano normal.


Sin siquiera darme cuenta, había tirado de mí a un la do de la sala y estaba sujetándome contra la pequeña alcoba en la pared. Genial, nadie para presenciar mi muerte. ―Come ―instó. Mi boca se abrió de golpe para decir algo maleducado, pero el momento en que lo hizo, él forzó una barra de granola en ella. Mi estómago gruñó con alegría y mi vergüenza se disparó cuando miró hacia abajo y sonrió. ―¿Ves? Sabía que tenías hambre. Tomé un bocado y saqué la barra de granola de mi boca. ―Por supuesto que estaba hambrienta, ¡idiota! ¡Estaba en la Cafetería Roja! Casi esperaba comerme a mí misma en ese lugar, y no sirven carne. ¡NO HAY CARNE, Nixon! ¡Algunas vacas vivirán otro día porque la gente de allí come tofu! ¿Sabes siguiera de que esta hecho eso? Sus ojos se abrieron. Abrió la boca, pero le di un codazo en el pecho. Él se sonrojó y luego se sacudió. ―¡Y déjame decirte algo más. No dormí con Tim! Bueno, pude haber dormido, pero definitivamente no toque su … Y, y… yo… Sus cejas se levantaron cuando perdí mi tren de pensamiento. Él se humedeció los labios y se inclinó hacia adelante. ―Oh, no continúa. Me encanta que me reprendan. ¿Me vas a dar nalgadas más tarde también? Sentí que mis orificios nasales se expandían, pero por supuesto que mi estómago no había olvidado que se estaba muriendo de hambre, lo que hizo que Nixon se riera más fuerte. ―¡Por Dios, mujer! Sólo come la maldita barra de granola y di ¡gracias! ¿Gracias? ¿Quería que yo le dé las gracias por lo que acaba de ocurrir las últimas veinticuatro horas? Y de repente me acordé. Que no lo había visto la noche anterior. Eso fue todo de Phoenix y un poco de Chase. Bastardos. ―¿Dónde estuviste anoche? La sonrisa de Nixon se congeló en su rostro. ―Me tengo que ir. ―Espera.―Le agarré el brazo. Sus músculos flexionados bajo mis dedos.


Noté un ligero temblor en su brazo cuando lo apartó. ―Por favor. ―Sus ojos se cerraron brevemente―. No me toques. Y luego se fue.


Capítulo 10 Traducido por 3lik@ & MewHiine Corregido por Karlix

Me gustaría poder decir que mis días fueron más simples. Que después del incidente de la barra de granola, todo era color de rosa. Para el resto de la semana la Cafetería Roja seguía sirviendo nada más que tofu y opciones vegetarianas. Para el viernes de la semana que viene, hice una nota mental de ir de compras por bocadillos ese fin de semana enque los minutos de clases habrán terminado. Por suerte, las notas se habían parado. Bien, en realidad no era necesariamente suerte, porque eso significaba que tenía que comer todo lo que estaba en frente de mí. Decidí que las hamburguesas de tofu no eran tan malas si las bañaba en salsa de tomate, lo cual hice todos los días. Incluso cerraba los ojos con la esperanza de que Dios viera mi difícil situación y convirtiera mi tofu en una vaca gigante. Estaba terminando mi hamburguesa del viernes, cuando alguien se acercó a mi mesa. Sí, aún estaba sentada sola. ―¿Puedo ayudarte?―le pregunté dulcemente. La chica se inclinó hasta que sus senos casi se desbordaban del botón blanco de su camisa. ―Sí. Se me dijo que te diera esto. ―Ella puso una nota en mi rostro y esperó a que la tomara. Mis dedos agarraron el pequeño papel blanco. Con cuidado, abrí la nota. Decía: Nos vemos fuera. ¿Fuera? ¿Cómo, fuera con toda la hierba y los árboles o afuera de la cafetería? La campana sonó, señalando que tenía que salir de todos modos. Lanzando la nota en la bandeja agarré mi bolso y salí corriendo de la habitación. Los chicos hacían cola en los pasillos. Qué raro. Mantuve mi cabeza abajo y agarré mi bolso mientras seguía caminando.


―¡Puta, Puta, puta!―gritaban mientras me abría camino a través de la sala. Genial. Tratar de ignorar a tus compañeros es tan fácil como tratar de ignorar tu propio rostro en el espejo. Tú no quieres que las palabras te afecten, pero es imposible. El peso desciende sobre mi pecho haciendo que sea difícil respirar. Y entonces alguien arrojó algo en mi cabeza. Me tambaleé y extendí la mano para tocar el líquido corriendo por mi rostro. Huevo. Otro golpeó mi bolso, lo que me molestó más que el que golpeó mi cabello. Era lo más caro que tenía, junto con las botas que Chase me había dado. Sin contar con los zapatos de época de la abuela, porque esos eran heredados. Mantuve mi mirada centrada en el final del pasillo y seguí caminando. Los huevos volaban por mi cabeza. Tuve que cerrar los ojos un par de veces con el fin de limpiar la clara de mi línea de visión. Una vez que llegué al final de la sala, giré hacia la izquierda, y corrí a la derecha topándome con tres muchachos fuertes. Cada uno de ellos tenía una cubeta. ―Es mejor que estés limpia. Al a Elite no le gustan las putas sucias.―Levantaron sus cubetas arrojando agua fría por todo mi cuerpo. Arruinado. Todo estaba arruinado. Mi único uniforme estaba arruinado. Mi bolsa, posiblemente mi celular, y todos los libros de texto que venía cargando conmigo que sabía que tendría que reemplazar. Me atraganté con un sollozo y empujé a través de ellos. Pasando mi clase, empecé a caminar más rápido y más rápido, hasta que, finalmente, me eché a correr. Me di la vuelta para asegurarme de que no me estaban persiguiendo. Lo estaban. Y todos se estaban riendo. Al instante que me di la vuelta, me tropecé y caí, raspando mis rodillas como una niñita de primer grado. La gente me rodeó, aún cantando puta y zorra como si yo hubiera hecho algo para merecerlo. ―Tú no perteneces aquí, ¡Granjera! ―Gritó un chico.


―¡Pasando tanto tiempo de espaldas pueda que consigas llagas!―Una chica soltó y luego dejó caer un condón encima de mí. Fue en ese momento que no estaba segura de si quería cerrar los ojos y esperar a que todos se fueran, o simplemente llorar y avergonzarme a mí misma. Diablos, yo ya estaba más allá de la vergüenza. No era esa chica. ¡Yo era virgen por amor a Dios! ¡Sólo he besado a un chico en toda mi vida! Despiadados, eran despiadados. Más condones siguieron hasta que estaba literalmente cubierta de ellos, y entonces una de las chicas de la Cafetería Roja se me acercó y me tiró de mi cabello, casi arrastrando mi cuerpo junto a ella. ―No eres nada. ¿Entiendes?―dijo ella, incluso en tono frío―. Tú no perteneces aquí. Dilo. Me negué a decirlo. Ella tiró con más fuerza. Grité y traté de luchar contra ella. Maldición, ella era fuerte. ―¡Dilo! ―Yo… Las lágrimas quemaron mi visión de nuevo. ¿Cómo me pasó esto? Tragué con valentía y la miré hacia abajo, a pesar de que sabía que era estúpido y sin sentido― Yo pertenezco aquí. La gente se reía detrás de ella. Algunos quedaron sin aliento, y sí, vi algunas personas evitarse a los ojos. Vaya no todos eran crueles, pero no importaba. No tenía ninguna protección, nada. ―Déjenla en paz―dijo una voz a medias detrás de la multitud. No me di cuenta de que estaba temblando hasta que probé frotarme los ojos para ver mejor. ―Y quién te crees … ―Las palabras de las chicas murieron. Ella se alejó de mí como si yo estuviera enferma y entonces ella estaba luchando con las palabras―. ¡Lo hice por ti, Nixon, por ti! Ella no puede rechazarte así. Ella no puede… ―Deja de hablar ―Nixon la empujó a los brazos de Chase―. Encárgate de esto, ¿quieres? Chase sonrió y agarró a la chica y de alguna manera el resto de la multitud.


―¿Estás herida?―Nixon se inclinó y me tocó el rostro. Lo golpeé en la mano y entonces empecé a llorar como una niñita. Maldijo y trató de recogerme. Me rehusé. ―Mierda ―Él sacó un pañuelo de su bolsillo trasero. ¿Los chicos aún llevan pañuelos?―. Esto no tenía que pasar. Yo no … ―se mordió el labio hasta que se tornó blanco, y luego me tendió la mano. Mi cerebro estaba en marcha. No quería la protección del diablo, pero, de nuevo, tal vez sí. Debido a que no había manera de que pudiera durar un día más como este. No podía soportarlo. ¿Qué chica normal lo haría? Pensé que estaba bromeando. Pensé mal. De mala gana, puse mi mano en la suya, pero en el momento que lo hice, él utilizó toda su fuerza y me atrajo a sus brazos y me llevó por el pasillo. ¿No era esto tocarlo? ¿Por qué esto era diferente cuando él lo hace y no cuando lo hago yo? No tenía tiempo para pensar en tales cosas cuando la gente se deslizaba lentamente fuera de las aulas. Vi a dos profesores entonces. Ellos asintieron a Nixon y tomaron un sorbo de café como si fuera una cosa normal que enfrentan todos los días. Cerré los ojos y apoyé mi cabeza mojada contra su pecho. Olía tan bien. Sonreí y alcé la mano libre y la apoyé contra su pecho musculoso. Él se puso tenso, aspirando el aire hacía su boca como si le hubiera causado un gran dolor. Y luego se relajó cuando entramos en otro edificio. Era más pequeño que los tres grandes edificios de aulas y se encontraba ubicado en medio de la sala de ciencias y el gimnasio. Puso su tarjeta contra la primera puerta de acero para entrar. La puerta se deslizó―sí, se abrió estilo Star Trek. Nixon entró, pero no me soltó. Me retorcí en sus brazos, pero maldita sea, ese chico era fuerte.


Mis ojos alcanzaron a ver la habitación. Una mesa de billar estaba en un rincón. Un televisor de pantalla plana ocupaba toda la pared, varios sillones de cuero y un bar. Wow, eso era como la suite del presidente o algo así. Miré su rostro. Era imposible de leer. Él se mordió el labio, haciendo que su aro en el labio desapareciera y entonces lo vi. Casihablé en voz alta. Él podría ser seriamente el gemelo de Channing Tatum. Es decir, si Channing Tatum tuviera el cabello oscuro y rizado y un piercing en el labio, pero aún así. Era casi sobrenatural. Me dije a mí misma para parar de verlo, pero no pude evitarlo. Su mirada cayó en la mía, luego bajó hasta mis labios. Habló en voz baja ―Necesitas limpiarte. ―¿Por qué soy una puta?―Contuve las lágrimas. Él se rió, el muy maldito― No, creo que los dos sabemos que no eres una puta. Necesitas limpiarte porque hueles a huevo y agua con azúcar. ¿Por eso sentí comezón? Uf, yo odiaba los universitarios. ―Entra ―me dejó caer en medio del suelo y empezó a quitarme la ropa tan rápido que no pude detenerlo. ―¡Qué demonios, Nixon! No puedes simplemente desvestirme… ―Puedo y lo haré, ahora quítate la falda como una buena chica. Demasiada cansada para discutir, me la quité. El sonido del agua corriendo llenó mis oídos. ¿Cuándo hizo eso? Mis brazos se levantaron cuando el botón de mi camisa salió, dejándome en mi sujetador, ropa interior y calcetines largos. El rostro de Nixon se congeló. Avergonzada traté de cubrirme. Todo era demasiado. Ser llamada puta, lanzarme huevos. ¡Sin carne! Me desmoroné en su pecho y lloré. ―¡Extraño las vacas! Nixon se echó a reír. ¡Dios mío!, la risa de ese chico era musical. Quería embotellarla y tenerla toda para mí. ―Cariño, estoy seguro de que ellas también te extrañan. Ahora ¿crees que puedes manejar el resto? ―¿El resto?―repetí, retirándome un poco de su pecho, el mismo pecho musculoso que acabo de moquear.


Levantó las manos y tomó mi rostro. Su toque se sentía tan bien. Cerré los ojos. ―Abre los ojos, Trace. Los abrí. Y ellos estaban mirando directamente a sus perfectos labios. ―¿Necesitas que te ayude a quitarte el resto de tu ropa, o puedes hacerlo desde aquí en la bañera sin matarte? Mis piernas se sentían inestables, pero era lo suficientemente vergonzoso estar de pie en nada más que mi ropa interior. ―No, um, yo puedo hacerlo. Él inhaló en mi cuello, ¿me está oliendo?, ¿no seguía oliendo a huevo?―¿Estás segura? No quiero que nada pase… Le pegué. Riendo, él dio un paso atrás. ―Las toallas están en el armario debajo del fregadero. Tenemos todo lo necesario junto a la bañera. Sólo… no te ahogues, ¿de acuerdo? ―¿Por qué me ahogaría? Él suspiró profundamente. ―Simplemente… ―Dio un puñetazo contra el mostrador. Mierda, ¿qué hice?―. Simplemente, no hagas que me preocupe, ¿de acuerdo? Odio preocuparme. ¿No lo hace todo el mundo? ―Está bien ―asentí con la cabeza―. Trataré muy duro en mantenerme flotando, ¿de acuerdo? Sin mirarme, él asintió con la cabeza y salió del cuarto, cerrando la puerta tras de sí. Caray, ese chico tenía más cambios de humor que la abuela cuando pasó por la menopausia. Rápidamente me quité el resto de mi ropa y me incliné para sentir el agua. Quemaba al tacto. Perfecto. Era difícil bajarme en esa bañera jacuzzi. Finalmente, me sumergí a excepción de mis rodillas. Las raspaduras seguían sangrando, y sabía que iba a doler como el infierno en el minuto que las metiera bajo el agua. No sabía que tan mal.


―¡Ay, ay, ay! ¡Mierda!―Soplé en mi rodilla y agité mis manos en el aire. La puerta del baño se abrió de golpe. ―¿Qué ha pasado? Miré a Nixon. A Nixon sin camisa. ¿Estaba pensando en unirse a mí también? Entonces sus ojos se encontraron con los míos y más bajo. No me cubrí ésta vez. Creo que estaba en estado de shock o algo así. Una calidez circuló a través de mi cuerpo, y no tenía nada que ver con el agua del baño mientras sus ojos se oscurecían. Dio un paso hacia mí y luego otro. ―¡Nixon! ¿Estás ahí? ¿Ella está bien? ―Era Chase. Con una maldición, salió del cuarto de baño y cerró la puerta. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. ¿Qué acababa de pasar? Confundida y agotada, me decidí a ser rápida sobre la bañera. Agaché la cabeza bajo el agua. Paz y tranquilidad. Era tan agradable. Mi estómago gruñó bajo el agua. Por supuesto que sí. Estaba perdiendo peso con éste conjunto de dieta vegana, sobre todo porque solo estaba comiendo Cheerios y barras de granola. Después de unos quince minutos, mi cabello estaba lavado y yo estaba reluciente de limpia. Pero no tenía ninguna ropa para cambiarme dentro. Me paseé por el baño durante unos minutos y traté de equilibrar mi respiración. Yo no quería irrumpir fuera del baño en toda mi gloriosa desnudez pidiendo ropa. ¿Qué pasa si otras personas estaban ahí? ―Puedes hacer esto, Trace, sólo pide algo de ropa. ―Me di una charla, asentí con la cabeza una vez, y llegué hasta la puerta. En el momento en que mis dedos tocaron la perilla, ésta se abrió de golpe y caí directamente en los musculo sos y tatuados brazos de Nixon.

Los dos nos congelamos. Sus dedos se clavaron en mis hombros. Mi cara se apoyó contra su pecho. Respiraba pesadamente, y yo estaba tratando de recordar no desmayarme. ―¿Necesitas algo? ―susurró en mi oído. Señor, ¿Cómo incluso sus susurro sonaba sexy? ¿No debería haber leyes contra chicos siendo sexys como el pecado? ―Necesito… ―Mí voz se quebró. Genial―. Um, necesito algo de ropa.


―Hmm… ―me empujó suavemente y miró hacia mi toalla―. ¿Estás segura de eso? Mis rodillas seriamente comenzaron a temblar. ¿Por qué tenía que ser tan hermoso? ¿Y por qué su toque me daba ganas de vender mi alma? Lamí mis labios y rompí el contacto visual. Nixon me soltó y de inmediato me sentí tan fría que me estremecí. ―Te voy a encontrar algo. Dame unos minutos. Corrió fuera. Dándome una hermosa vista de un tatuaje en su espalda. Era enorme, casi ocupando todo el espacio. Era la imagen de una cruz, y luego en un idioma extraño, tal vez italiano, que no podía ver, decía Familia y algunas otras cosas. Mis ojos recorrieron el resto de la habitación. Básicamente, parecía un piso de soltero. O un lugar de reunión. La habitación era grande y en cada silla había una consola de videojuegos conectada a ella, así como un nombre, y luego en el extremo del lado opuesto de la televisión tenía pequeños armarios con uniformes y nombres encima de cada uniforme. Santo infierno, yo estaba en la Bat Cueva. Esta era la sede de Los Elegidos. Mierda. Acababa de tomar un baño en el cuarto de baño de Los Elegidos. Todo lo que necesitaba era ser vista saliendo de este lugar y todo el campus sería aún más implacable. Me dejé caer contra la pared. Nixon apareció unos minutos más tarde con algo de ropa. Todas ellas tenían etiquetas puestas. ―Así que… ―Se rascó la cabeza―. Yo, um, supuse las tallas, y, sinceramente, no quise ofenderte adivinando alguna demasiado grande o demasiado pequeña, por lo que me tomó cinco años escoger algo. Así que no te molestes si me he equivocado, ¿de acuerdo? Una risa escapó de mis labios. ―Está bien, te prometo que no voy a molestarme. ―Tomé la ropa de sus manos y volví a entrar en el cuarto de baño. Los pantalones eran de diseño. La única razón por la que lo sabía era debido a que la etiqueta estaba todavía en ellos, y decía: Trescientos noventa dólares. Tragué saliva y saqué el suéter. Era de cachemir y suave, exactamente el tipo de cosa que quieres usar después de un día de mierda.


Había una pequeña caja de color rosa debajo de éste, ponía Victoria Secret. ¿Qué? ¿Tenía un maldito centro comercial en éste lugar? Bueno, era la Bat Cueva, y era Eagle Elite. Me encogí de hombros y abrí la caja. Mis cejas se elevaron. ¿Un tanga? ¿En serio? El sujetador a juego no era tan malo, y la maravilla de todas las maravillas, era un 34 C, la cual en realidad era mi talla. Entonces otra vez, él acababa de verme en topless y…O h mierda. Me apoyé en el mostrador y tomé unas cuantas respiraciones profundas. Sólo me tomó unos minutos vestirme. Cogí mi ropa en el suelo y traté de peinar los enredos en mi pelo con los dedos. Nixon estaba esperando en la sala grande bebiendo algo y viendo la televisión. ―¿Mejor? ―Tomó otro sorbo de su taza y no apartó la vista del televisor. ―Reluciente de limpia, y estoy feliz de anunciar que ningún ahogo tuvo lugar en tu cuarto de baño. Él sonrió y asintió con la cabeza. Muy bien, ¿así que esta era la parte donde se suponía que debía decir gracias y escapar como un ciervo asustado? Me aclaré la garganta. Todavía no se había movido. De acuerdo. ―Bueno, gracias por… todo. Voy a ir de nuevo a… ―No vas a ninguna parte hasta que se terminen las clases. Todavía tienes dos horas que quemar. Así que siéntete como en casa. ―Pero… ―Mantuve la ropa con olor a huevo-húmedo en mis manos―. Tengo que limpiar esto y… Nixon juró y se lanzó desde el sofá, acechando su camino hacia mí. Agarro mi uniforme junto con mi ropa interior y lo tiró a la basura. ―Hecho. ―¿Qué?, ¿tienes un bote de basura mágico que limpia la ropa? ―No. No puedes usar eso de nuevo. Están arruinados y hay reglas aquí. No puedes simplemente usar un uniforme en ruinas. ―¡Odio las estúpidas reglas! ―Pisoteé hacia la papelera y traté de recuperar mi ropa―. ¡Este uniforme es todo lo que tengo!


Nixon arrebató el uniforme de mí agarré de muerte y me arrastró hasta el sofá. ―Siéntate. ―Pero… ―Siéntate. ― No era una pregunta, era una orden. Saqué mi lengua. Se humedeció los labios y sonrió―. ¿Tienes sed? Respiré profundo ―No. ―¿Hambre? Mi estómago gruñó. ¡Maldito traidor! ―Eso es lo que pensaba. Me negué a dar la vuelta, incluso cuando le oí andar por ahí en lo que probablemente era la cocina. Algunas maldiciones y portazos de ollas y sartenes después, regresó. Con una vaca. Bueno, no una verdadera vaca. Una muerta, en la forma de una hamburguesa y papas fritas. Mi boca se hizo agua y tristemente sentí las lágrimas pinchar en mis ojos. ―Gracias. Yo era oficialmente la pobre dama sin hogar que no tenía dinero, ni comida, y lloraba cuando la gente le ofrecía carne. Suspiré. ―Tienes que comer más ―Maldijo. Justo en ese momento se abrieron las puertas. Chase caminaba con una bolsa de ropa, seguido por Monroe, Tex, y Phoenix. ¡Bienvenidos sean todos a la sala de la humillación! ―¿Estás bien? ―Monroe corrió a mi lado y me abrazó. Mi boca estaba llena, así que me limité a asentir. ―Le preparé la mitad de una vaca ―Nixon se echó a reír―. Estoy seguro de que está en el cielo del amante de la carne en estos momentos. ―Aww, ¿mataste una vaca por ella? ―Monroe suspiró feliz.


―Buen Dios, gente, ¡él puso carne congelada en el microondas y presionó descongelar! ―Chase murmuró―. ¿Esto es todo lo que necesitaba, intrépido líder? ―Le tendió la bolsa de ropa. Nixon asintió. ―¿Tamaño correcto? ―Sip. ―Bien ―Nixon cortó―. Sólo pon la bolsa ahí encima, y la cogeremos una vez las clases hayan terminado. La cara de Chase estaba severa mientras Nixon lo decía, su mandíbula se flexionó como si quisiera decir algo más, pero se contuvo. Phoenix me miraba divertido como si yo me fuera a lanzar sobre él y fuera a golpear las luces de vida fuera de él, que era lo que yo quería hacer, considerando todas las cosas, pero me sentía un poco impotente contra él. Tex se sentó entre yo y Monroe y puso su brazo alrededor de ella. ―Entonces, ¿qué haremos éste fin de semana? ―Nosotros… ―Monroe salió de por debajo de su brazo y se lo coloco de nuevo en su rodilla―. No haremos nada. Yo voy a ser una buena amiga y pasaré el rato con mi compañera de cuarto que fue brutalmente agredida por los estúpidos idiotas que van a nuestra escuela. Tex hizo un mohín. ―Nixon, ¿puedes simplemente ordenar un golpe al que empezó todo esto para que así yo pueda tener algún tiempo a solas con tu hermana? Me eché a reír. ―¿Ordenar un golpe? Chicos, hablan como si él fuera de la mafia o algo así. La sala quedó en silencio y entonces todo el mundo se echó a reír. Pero fue el tipo de risa nerviosa que surge cuando nadie sabe qué más hacer. Extraño. Terminé la hamburguesa mientras que Monroe y Tex discutían sobre qué hacer conmigo donde no me metiese en problemas o me causara daño físico a mí misma. Finalmente no pude soportarlo más. ―¡Chicos! Sólo váyanse a pasar el rato. Yo iba a ir a una tienda de todos modos.


―¡No!―dijeron todos al unísono. ―¿La tienda es peligrosa o algo así? Monroe se encogió de hombros. ―No, sólo no es inteligente. Quiero decir que no debes salir de la escuela por ti misma. Además, necesitas un coche. Y tú no tienes un coche. No, pero yo tenía un poco de dinero escondido. ―Tomaré un taxi. Monroe miró horrorizada. ―¿Un taxi? Tex se echó a reír. ―¿Todavía existen? Nixon apagó la TV ganando la atención de todos. ―Así que…―Chase preguntó, metiendo las manos en los bolsillos―. ¿Qué será, Nixon? Él me miró brevemente antes de contestar. ―Creo que todos nos vamos de compras. ―Pero…―Monroe comenzó y Nixon le dio una mirada de advertencia. ―Llevaremos seguridad. ―Se encogió de hombros. ―Pero la última vez… ―He dicho… ―Las fosas nasales de Nixon se ampliaron―… Llevaremos seguridad.


Capítulo 11 Traducido por MewHiine Corregido por Karlix

Después de que la última clase de la tarde terminó, Monroe me acompañó de regreso a la residencia de estudiantes. Era seguro decir que mi mochila estaba completamente destruida. Gruñendo, me tiré al suelo y agarré la caja que la abuela me había dado. No había mirado más allá de la foto enmarcada desde aquella noche, pero había puesto fajos de billetes debajo de un montón de cosas en la caja con el fin de mantenerlos seguros. Esperaba que el abuelo no estuviera demasiado molesto porque estuviera usando el fondo de emergencia para comer y una nueva mochila. Al menos Nixon me había conseguido un nuevo uniforme. Corrección, él me había comprado tres. Cada conjunto tenía un suéter diferente debajo, uno era rojo, el otro de color gris, y el último era de color azul. Típico. Esa era la misión que tenía a Chase corriendo, y honestamente yo estaba súper agradecida. La última cosa que quería hacer era comprar un nuevo uniforme que costaba más que mi mochila. ―¿Lista? ―Monroe preguntó desde su lado de la habitación. Ella había estado extrañamente tranquila en toda la charla―. Vamos a llevar seguridad en esta ocasión ―habló. ¿Tal vez ella no salía mucho? O a lo mejor Chicago realmente era mucho más peligroso de lo que yo creía que era. ―Sí, sólo quiero coger mi dinero. ―Abrí la caja y saqué el dinero en efectivo. Mis dedos golpean algo frío, curiosa, deshice la caja sobre la cama. Algunas cosas salieron. La pequeña imagen de la abuela y yo, y una foto de mis padres. Raro. No había visto una de esas desde que era muy pequeña. No habíamos tenido muchas fotos de familia en casa. El abuelo decía que sólo le entristecía. Mis ojos se centraron en el fajo de billetes y luego en algo totalmente inesperado. Un collar. Una cruz de plata gigante con diamantes en el centro yacía sin esfuerzo en medio de mi cama. La recogí, esperando que fuera de joyería de


fantasía, por lo tanto, muy ligera. No lo era. De hecho, si me pusiese esta cosa alrededor de mi cuello y fuera nadando, probablemente me ahogaría. Lo examiné en mis manos y luego le di la vuelta. ―Alfero. Esa palabra me pareció locamente familiar cuando la repetí en voz alta. ―¿Qué acabas de decir? ―preguntó Monroe de repente justo detrás de mí. Metí el collar en mi bolsillo y me encogí de hombros. ―Alfredo, podría ir por algún Alfredo. El pálido rostro de Monroe se hundió con alivio. ―Oh, oh lo siento, yo sólo pensé… ―Sus ojos se estrecharon―… No importa. No es gran cosa. ¿Estás lista? Asentí y cogí el alijo de dinero en efectivo, cuidando de poner todo el contenido de la caja lejos. ―¡Vamos de compras! Caminamos tomadas del brazo por los tres tramos de escaleras, decidimos que no queríamos hablar con nadie si estuvieran en los ascensores. En el momento en que llegamos a la primera planta, sentí libertad desde la primera vez que llegué hace cinco días. Monroe comenzó a charlar sobre Tex, así que no estaba prestando atención a la conmoción de afuera hasta que Monroe dejó de hablar y dejó escapar un profundo suspiro. ―Parece que todo el mundo está listo. Me quedé boquiabierta. Cuatro Escalade negros estaban alineados contra la calzada, con un Ranger Rover negro delante. Así que eran cinco coches. ―¿Llevaremos a toda la escuela? ―le pregunté sin aliento. Monroe se echó a reír. ―No tonta, sólo nosotras y los chicos. ―Bien. ―Vi con asombro como los chicos, también conocidos como Los Elegidos, salían de la Range Rover y hacían un gesto hacia nosotras para que pusiéramos nuestros culos en marcha. ―¿Todos esos coches vienen? ―Señalé a mi espalda. Monroe se encogió de hombros y no dijo nada.


Un tipo con aviadoras 5 y un auricular corrió hacia a la puerta principal y la abrió para mí. Parecía que perteneciera a la Air Force One, no aquí a la escuela. Murmuré un gracias y me metí en el coche. ―Um, ¿alguien puede decirme por qué necesitamos tanta seguridad? Nixon encendió el contacto. ―Somos muy importantes. ―Genial. Monroe estaba en el asiento trasero con Tex. Asumí que Phoenix y Chase estarían en uno de los otros coches. Mi tensión se incrementó a medida que bajamos por la larga acera arbolada y por fin llegamos a la puerta. El guardia armado saludó, luego habló por su walkie-talkie e hizo señas para que nos dejasen pasar. Si yo hubiera pensado que mi pequeña excursión de comestibles sería éste ridículo, me hubiera escapado. ¿En serio requería cuatro coches? Me quejé a mis manos. Nixon se detuvo en el primer semáforo y me dio un codazo. ―¿Qué pasa? ¿Estás enferma o algo así? ―No, es que… ¿Es realmente tan peligroso para ustedes salir por ahí? ―Se podría decir que sí. Se inclinó hacia delante para encender el calor. Genial. Ahora iba a sudar hasta la muerte. El tipo ya me estaba matando con su buena apariencia. ¿Calor? El calor no era necesario en este momento. Nos fuimos en silencio, y por alguna razón cada vez que me movía, el collar en mí bolsillo seguía pinchándome en el muslo. Malditos pantalones ajustados. Exasperada, lo saqué y lo apreté alrededor de mi cuello. ―¿Ya estamos casi allí? ―pregunté, ajustando mi suéter de cachemira de modo que el collar cayese sobre éste con gracia.

5

Gafas de aviador: Son las que tienen el cristal reflejante como un espejo y esto evita que se vea n los ojos y son ahumadas para que no le traspase demasiado sol.


―Sí, como en diez… Santa mierda. ―Nixon pisó los frenos―. ¿Qué demonios, Trace? ―¿Qué? ¿Qué pasa? ―Busqué un peligro a la vista, pero Nixon no estaba mirando por la ventana sino que estaba mirando hacia mi pecho. ―¿De dónde demonios has sacado esto? ―Tomó mi collar, pero le di una palmada en la mano. ―Detente. ―Él negó con la cabeza, luego golpeó la mano contra el volante y luego empezó a maldecir en un tipo de lenguaje que me sonaba vagamente familiar. ―No es necesario que maldigas―le espeté―. Es sólo un collar. ―¿Me has entendido? ―preguntó en el idioma en el que estaba hablando. Yo sólo pude asentir, porque sinceramente, no tenía ni idea de porque entendía lo que estaba diciendo. El destello de un vago recuerdo entró en mi cerebro. Un hombre con el pelo oscuro me empujaba en un columpio y me decía en ese lenguaje lo especial y lo hermosa que era. Que me veía igual que mi madre. Y entonces algunos hombres desconocidos llegaron y comenzaron a maldecir, igual como había maldecido Nixon. De repente no podía respirar. ―Mierda ―murmuró Monroe―. Creo que ella está teniendo un ataque de pánico. Asentí con la cabeza y traté de desabrochar el cinturón de seguridad. La mano de Nixon llegó volando a mi otra mano. ―Estamos en medio del tráfico. Te quedas aquí. No me importa si crees que tu maldito corazón va a explotar. No podemos ser vulnerables, y en este momento, lo somos. Asentí con la cabeza a través de una oleada de lágrimas que comenzó a rebasar mi cara. ¿Qué era lo que me pasaba? ¿Y por qué de repente tuve ese recuerdo? ¿Ese hombre había sido mi padre? ¿Quiénes eran los otros hombres? Nixon continuó maldiciendo hasta que llegamos a la tienda de comestibles. Finalmente, una vez que aparcamos, se giró hacia Monroe y a Tex. ―Déjennos. Yo me encargo de esto.


Se dispersaron fuera del coche más rápido de lo que era apropiado. Caray, no era como si fuera a disparar o algo así. Esperé, mi pecho aún agitado por la frustración y un poco de confusión y miedo. ―¿Cuál es tu apellido? ―preguntó Nixon en silencio haciendo estallar sus nudillos. ―Rooks―contesté―. ¿Por qué? ¿Cuál es el tuyo? ―Yo hago las preguntas. Tú das las respuestas. ¿Entiendes? ―Sus ojos brillaron caliente. Intenté retroceder, pero el cinturón de seguridad me inmovilizó en el lugar―.Ahora, puedo preguntar amablemente o por la fuerza. ¿Cuál es tu apellido? ―Rooks. ―Casi grité―. ¡Es todo lo que sé! Levantó la mano y la inclinó. Me estremecí, temiendo que fuera a pegarme. En su lugar, cogió el collar y le dio la vuelta. ―¡Maldita sea! ―¿Qué? ―Mis labios temblaron―. Mira, Nixon, esto ha sido una mala ida, sólo llévame de vuelta a los dormitorios. No necesito los detalles de seguridad como lo hacenustedes. Voy a regresar en un taxi o algo así. Además, me estás volviendo loca. Voy a encontrar mi propio camino a casa. ―¡Un infierno que lo harás! ―Llegó a través del asiento y me agarró la mano―. Vamos sólo, vamos sólo a terminar con esto, ¿de acuerdo? Asustada, sólo pude asentir. Mi mirada se salió de su rostro y fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba en su cadera. ―¿Por qué estás llevando un arma? Cerró los ojos y suspiró. ―Debido a que es parte de las reglas. ―¿De la escuela? ―pregunté, incrédula. ―No. ―Él sonrió con tristeza―. De mi familia. Ahora, vámonos. Supuse que esta parte de la conversación había terminado. De mala gana, me bajé del coche y pisoteé hacia la tienda de comestibles. Agarrando la primera cosa que vi, empecé a vagar por los pasillos sin pensar. Al menos intenté vagar sin pensar. Era difícil cuando cada vez que cogía una lata de algo o un paquete, uno de los espeluznantes hombres en trajes negros me miraba como si hubiera una bomba oculta en la sopa de tomate.


Raro. Todo lo que sabía era que Los Elegidos eran mucho más importante de lo que me podía imaginar, o incluso creer. Terminé en la sección de productos secos y me dirigí hacia el pasillo de los dulces. Necesitaba un poco de fuerza después de toda la mierda en la que me había hundido hoy. Me decidí por los Twizzlers6 y suspiré. ―¿Casi hecho?―Nixon preguntó de la nada. Grité. E inmediatamente diez hombres de traje estuvieron en mi pasillo, armas fuera. Impresionante. Nixon se echó a reír. ―La asusté. No pasa nada. Los chicos asintieron y se dispersaron. ―¿Quién eres? ―Tragué cuando el aliento de Nixon abanicó mi cara. Oh Dios mío, iba a desmayarme si él se acercaba más a mí. ―Podría preguntarte lo mismo. ―Sus ojos se estrecharon cuando ahuecó mi cara y examinó mis ojos―. Marrón. Interesante. ―¿Marrón? ―Tus ojos. ―Son normales. ―Traté de sacar mi cabeza libre de su agarre, pero apretó. ―Son hermosos. No dejes que nadie te diga algo diferente, Bella 7 . Sus ojos buscaron los míos y entonces se inclinó más. Nuestros labios estaban a centímetros. Mi corazón se estaba volviendo loco. Me incliné. ―Hey, Nixon, los chicos se están poniendo ansiosos―dijo la voz de Monroe. Quería decirle que se fuera.

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Twizzlers: Es una marca popular de caramelos con sabor a fruta en los Estados Unidos y en Canadá (muchas veces llamado cara melo de orozuz o regaliz). 7 En italiano en el original.


Nixon se echó hacia atrás inmediatamente y sacudió la cabeza como si hubiera estado bajo un hechizo, cuando él muy bien sabía que había sido él el bastardo que lo lanzó. ―¿Has terminado? ―Señaló a la cesta. ―Um, sí, voy a ir a pagar. ―Empujé mi carrito hacia la caja registradora. Nixon caminaba detrás de mí, esperando pacientemente. ―Me alegra ver que vas a comprar suficiente comida para no morirte de hambre en medio de las clases. ―Él sonrió. ―Es tu culpa que tenga que comprar alimentos―le solté, un poco irritada y aún obsesionada con el casi-beso. ―¿Qué quieres decir? ―Mi tarjeta de acceso, ¡idiota! Rodó los ojos. ―Deja de ser difícil. Tienes dos tarjetas de acceso. ―¿Eh? ¿Eres tonto? ―Lancé una bolsa de patatas fritas hacia su cabeza―. ¡Phoenix robó mi tarjeta la noche que le hiciste tenderme una trampa! ¡Esa misma noche que estuviste fuera de la escuela haciendo quién sabe qué! ¡Sólo tengo la tarjeta roja que me diste el otro día! El color desapareció de la cara de Nixon. ―¿De qué demonios estás hablando? Bueno, él era tonto. Quiero decir, ¡él estuvo allí! ―En la sala cuando dijiste que era lo mejor que podías hacer, y me entregaste la tarjeta para la Cafetería Roja. ―Debido a que Phoenix dijo que estabas incómoda comiendo con nosotros. La Cafetería Roja es mejor que los comunes… Agarró el carro de compras, y me di cuenta que una batalla se libraba en su mente. Por último, negó con la cabeza. ―Bastardo. Me encargaré de él. ¿Todavía necesitas esta comida, entonces? ¿Sí vas a comer con nosotros? ―Sí. ―Tragué saliva, porque ¿quién sabía cuándo yo iba a hacer que él o uno de los otros chicos se enojasen y yo perdiera mis derechos a comer carne? ―Serán cien dólares con setenta y dos centavos. ―El vendedor anunció en tono aburrido.


Saqué el rollo de billetes en mi mano y tiré de la banda de goma. El fajo de cientos cayó al suelo. Esto era lo que la estúpida presencia de Nixon hacía en mí. Me ponía nerviosa y un poco loca. Lo cogí del suelo agrietado y me congelé. Imposible. ―¿Ocurre algo? ―Nixon preguntó en un tono irritado. ―Uh, no, sí, umm… ―Realmente no sabía qué más hacer, así que le di el fajo de billetes. La pila estaba envuelta en un billete de cien dólares, con el fin de cubrir los diez billetes de mil dólares. ―Mierda―murmuró, y luego sacó su billetera. Pasó su tarjeta en el cajero automático y golpeó su código, a continuación, colocó la tarjeta sobre el mostrador mientras sacaba su móvil―. No, idiota. Yo no tenía dinero encima. Sí, ya sé que puedo ser rastreado. ¿Quién te paga, imbécil? ¿Quién? Eso es lo que yo pensaba. Ahora trata con ello. ―Abandonato―susurré en voz baja leyendo en la tarjeta y al mismo tiempo tratando de no escuchar a escondidas―. ¿Ese es tu apellido? Él no me respondió. En su lugar, estaba disparando instrucciones a alguien al otro lado de la línea y agarrando el recibo. Bueno, al menos el dependiente ya no se veía aburrido. No, parecía que tenía unos cinco segundos antes de cagarse en los pantalones. Y luego las cosas se pusieron raras. Más raras de lo que ya lo eran. Los hombres de traje formaron un círculo alrededor de nosotros mientras caminábamos de regreso al coche, y eso fue cuando vi un atisbo de algo que sólo había visto en las películas. Un grupo de coches de lujo estaban en el estacionamiento y más hombres y mujeres mayores salieron de éstos con aspectos caros. Nixon no dijo nada cuando nos metimos en nuestro SUV esperando. Yo tampoco estaba segura de si debía estar asustada de que tantos hombres en traje nos rodearan o qué. ―¿Estamos, eh… estamos a salvo aquí?―pregunté en voz baja.


Monroe ya estaba sentada en la camioneta y puso su mano en mi hombro. ―Por supuesto, ¿por qué no lo estaríamos? ―Oh tu sabes, por eso. ―Apunté cuando un hombre que parecía tan viejo como el abuelo sacó un arma que sólo había visto en las películas de acción, y entró en la tienda. ―Um, ¿estamos presenciando a un asesinato? Tex y Monroe se rieron mientras Nixon negaba con la cabeza y me dedicaba una sonrisa. ―No cariño, sólo son negocio. Eso es todo. Me entregó mi fajo de billetes y volvió a mirar a Monroe y a Tex. ―Tienen que irse. Nosotros tenemos más compras que hacer, y es… Monroe puso los ojos en blanco. ―Sí, me puedo imaginar lo que será. ―Ella sonrió en mi dirección―. ¡Nos vemos más tarde! Saltaron del coche y caminaron hacia el otro SUV esperando delante de nosotros. ―¿Qué fue eso? ―Le pregunté, empujando de nuevo el dinero en mi bolso. ―Va a ser una tarde larga. ―Nixon lanzó un silbido. ―¿Por qué? ―Debido a que estamos viviendo nuestro propio jodido Romeo y Julieta. ―Él sonrió y golpeó el volante―. Muy bien, nueva mochila, ¿verdad? ―Sí, oh, y tengo que pagarte por las compras también. Me siento tan estúpida. No tenía ni idea que tenía tantos miles, o que incluso existieran, o que el abuelo… ―Mi voz se apagó. ¿Por qué el abuelo me había dado tanto? ¿Era por eso que él quiso que lo escondiera? ―Esos miles salieron de circulación en los años cincuenta. Sabías eso, ¿verdad?―preguntó Nixon. Me encogí de hombros y empecé a jugar con la radio. ―Lo siento, voy a buscar la manera de sacarles provecho para poder pagarte. ―No lo entiendes. ―Se rió con humor―. Yo nunca aceptaría tu dinero. Nunca. ―¿Qué? ¿Por qué? ―¡No es bueno para mí! ―espetó―. Sólo déjalo pasar.


¿Era porque yo estaba por debajo de él? ¿Porque yo era de una granja y pobre? Crucé los brazos sobre mi pecho y miré por la ventana. Nos quedamos en silencio durante todo el camino hasta el centro comercial.


Capítulo 12 Traducido por 3lik@ Corregido por Mariis

Dos de las SUV nos siguieron hasta el centro comercial y dos más estaban esperándonos cuando llegamos allí. Al momento en que me bajé de la Range Rover, Nixon me agarró la mano y no la soltó. Me gustaría poder decir que no sentía el calor de su toque extendiéndose por todo mi cuerpo. Pero así fue. Y fue increíble. Él sonrió mientras nos abrimos paso a través de las puertas delanteras, y casi podía imaginar que esto era normal. Sólo estábamos pasando el rato y comprando como dos personas normales. En vez, éramos seguidos por un destacamento de seguridad que irritaría al Presidente Obama y observados como si fuéramos a bombardear el Food Court. Odiaba tener que admitir que no tenía ninguna experiencia en compras. No estaba muy segura de qué hacer, pero no quería la caridad ni nada de Nixon. ―¿Tienen una tienda de segunda mano o algo? Me miró horrorizado como si le preguntara si había algunos cachorros para patear. ―Diablos, no. ¿Tienda de segunda mano? ¿Estás… ?―Él maldijo y negó con la cabeza―. ¿De segunda mano? ¿Una maldita tienda de ropa usada? ―Está bien, puedes dejar de repetirlo ya―dije bruscamente, tratando de tirar de mi mano libre de su fuerteagarre. ―Las chicas como tú no compran allí. Y ahí estaba otra vez. Chicas como yo. Chicas que no pertenecían a La Elite, que no deben babear por su presidente del cuerpo estudiantil. Sentí el calor en mi rostro y bajé mi mirada al suelo. ―Um, ¿qué pasa con un Ross? O ¿Wal-Mart o algo así?―Estaba tan avergonzada que ni siquiera podía mirarlo. Dejó de caminar, haciéndome casi tropezar cuando soltó mi mano y acarició mi barbilla. ―Trace, ¿no has escuchado nada de lo que acabo de decir?


Las lágrimas nublaron mi visión. Ves, ese el problema. He escuchado todo, y ¡estoy tan cansada de que me digan que no soy lo suficientemente buena! Tan cansada de pretender ser algo que no soy cuando sólo he estado en su maldita escuela menos de una semana. Traté de liberarme. Por supuesto, Nixon no toleraría eso. En cambio, él envolvió sus brazos alrededor de mi cuerpo y suspiró en mi cabello, besando mi cabeza. ―Eres… imposible. Yo realmente no sabía qué decir a eso.

―Mason, no nos sigas tan cerca, ¿de acuerdo?―dijo Nixon sobre mi cabeza a uno de los chicos de seguridad. ―Por supuesto, señor. ―¿Señor?―repetí, aunque fue amortiguada por su musculoso pecho. Se echó hacia atrás y de nuevo me agarró la mano. ―Es una cosa de respeto. ―Tienes como veinte―señalé, contenta de que no estábamos centrándonos en mí y mis deficiencias. El rostro de Nixon se puso tenso, y luego su rostro brilló con humor. ―Cierto, veinte.―Él miró hacia otro lado y murmuró―. La edad no tiene importancia realmente en mi mundo. ―¿Tu mundo? Él no me devolvió la mirada. Parecía estar en una misión. Y entonces nos detuvimos. Bueno, él dejó de caminar. Me hubiera gustado seguir caminando, porque no hay manera de que entre en esa tienda. ―¿Prada?―dije en voz alta―. ¿Estás loco? Él sonrió y me llevó hacia la tienda. Clavé los talones en el suelo, o al menos lo intenté. Pero, ¿a quién quiero engañar? Nixon era un Dios entre los hombres, simplemente tiró de mi brazo y yo lo seguí a la tienda bellamente iluminada. Era como si mis ojos no pudieran


absorber todo lo que veía a mí alrededor. Tantos moned eros y bolsos y los colores y… una chica moriría de felicidad de esta manera.

―¿Puedo ayudarle?―Una mujer delgada con un traje negro sonrió en nuestra dirección. Su mirada s e detuvo más tiempo en Nixon pa ra parecer adecuado, teniendo en cuenta que aún estaba en la universidad. Aunque para ser justos, no lo parecía. Robé otra mirada por el rabillo de mi ojo. En serio, ¿él tiene dieciocho años? Parecía mucho más mayor, más maduro. ―Maletín, ¿es lo que ustedes llevan maletines?―Nixon preguntó esto cuando sus ojos se desviaron en las paredes de la tienda brillantemente iluminada―.Algo con clase. La mujer sonrió. ―Por aquí. Al instante tenía cinco diferentes tipos de bolsos en frente de mí. Uno de ellos era un bolso de cuero para hombres, el cual estaba un poco lindo. Los otros eran de nylon, que supongo que estaba bien. Quiero decir, era Prada. Mis dedos picaban por revisar las etiquetas del precio. Honestamente, ni siquiera quería tocarlas, quiero decir, y si el aceite y los gérmenes de mi mano de alguna manera quedaban en el bolso y… ―Trace, escoge un bolso. ―Nixon me instó , casi me obligó a tocar los objetos bonitos. Me agaché y luego, por alguna razón, probablemente mi nerviosismo, miré a mi derecha. Cerca del mostrador estaba un majestuoso bolso azul. Probablemente debería haber apartado la mirada, pero no pude. Mis ojos se abrieron ligeramente. Me aclaré la garganta y volví a mirar a los bolsos en frente de mí. Sentí a Nixon alejarse. Escalofríos recorrían mis brazos por su ausencia. ―Este. ―Nixon regresó y le entregó el bolso azul a la mujer. Yo no quería mirarla, pero no pude evitarlo. Su rostro era impasible, pero pude ver una contracción muscular en su mandíbula. ―Se trata de una edición especial. ―Para una chica especial. ―Nixon puso un brazo alrededor de mí―. Entonces es perfecto. Sacudiendo su cabeza, la mujer se acercó al mostrador y marcó la compra. ―Son un mil setenta y cinco dólares con ochenta y nueve centavos.


Tosí. Juro que fue involuntario. ¿Nixon estaba loco? ¿Todo eso? ¿Por un bolso? Abrí la boca para decir algo, pero a propósito él me dio un codazo mientras sacaba su cartera y le daba una tarjeta de crédito negra. Al momento en que él la entregó, ella comprobó el nombre. ―¿Puedo ver su identificación, señor?

La tarjeta se le cayó de las manos. Temblando, se humedeció los labios y negó con la cabeza. ―Olvídelo. ―¿Qué?―Nixon se inclinó―. ¿No necesita mi ID? ―No, señor Abandonato, es-esta-está bien. ―Con los dedos temblorosos le entregó el recibo y el bolso―. ¿Hay algo más que pueda hacer por usted? Nixon lanzó una sonrisa. ―No, creo que estamos bien. Gracias por su…ayuda. ¡Dios mío!, la mujer iba a desmayarse. Ella asintió con la cabeza y se pellizcó el puente de su nariz, cuando nos giramos para irnos. ―¿Qué demonios, Nixon? ¿Eres el padrino o algo parecido? ―Me reí nerviosamente. Él se unió pero su risa era hueca. ―Entonces, ¿yogurt helado? ―¿Por qué? Él se encogió de hombros. ―Porque tengo hambre. Suspiré. ―Está bien, pero esto no es una cita, y esto no es hacerte el niñero. Sabes que puedo cuidar de mí misma, ¿verdad? Simplemente puedes llevarme de vuelta a los dormitorios. Tengo un trabajo que escrib ir de todos modos y… ―Mi voz se apagó al instante que su mano tocó la mía. Confundida, bajé la mirada a nuestras manos agarradas. Ni siquiera me di cuenta de que había entrado en una escalera eléctrica hasta que llegamos a la planta superior. Sin soltar mi mano. Me debatía entre el deseo de liberarlo y el deseo de darle un zape en la cabeza. Él no podía jugar con mis emociones así. Hacerme sentir importante por ninguna razón que no sea por su propio entretenimiento. Mi enojo crecía en segundos, traté de hacer palanca con mi mano libre, pero su agarre se apretó. ―No es seguro, Trace―dijo en voz baja―. Confía en mí, ¿de acuerdo? ―¿Entonces por qué vamos por un yogurt helado?


A todo eso, él sonrió, pero aún así se negó a responder. Llamé falsa a su declaración de estoy hambriento. Bien, él tiene hambre. Él no era el único en la dieta de no carne durante la semana pasada. El Food court era decente. Sin muchas personas esparcidas alrededor, de lo cual estaba agradecida. Nuestro equipo de seguridad básicamente nos rodeaba cuando fuimos a la pequeña tienda de yogurt helado y agarramos nuestras copas. ―Okay, ¿qué hago?―Sostuve la copa en mi mano y lo miré fijamente. ―Uh… ―Nixon se rascó la cabeza―. ¿Comértela ? ―¿La copa? ―No, no la copa.―Nixon soltó una carcajada―. ¿Es una broma verdad? ¿Nunca has tenido autoservicio? Tragué saliva y bajé la mirada sintiendo todo clase de estupidez. ―Mira, olvídalo. ―Traté de empujar de nuevo la copa en su mano, pero en vez de eso él me agarró de la muñeca y me dio la vuelta para mirar a un artilugio gigante en la pared. Juraría que el calor del cuerpo de este chico podría provocar un incendio si lo deseaba. ―Lee los sabores… ―ordenó. ―¿En voz alta?―le espeté. ―Hmm, creo que me puede gustar. Bueno, él estaba de pie demasiado cerca de mí. Prácticamente podía probar el chicle de menta que estaba masticando. Concéntrate, Trace. Concéntrate. Yo era sólo un juguete. Oh, genial, soy a quién los chicos ricos recurren cuando están aburridos. Bueno, al menos no me había llamado Granjera por un tiempo. ―New York Cheesecake, Blueberry, Chocolate Chip, Vainilla, Chocolate, Cake Batter… ―¿Por qué suenan mejor viniendo de tus labios, no te parece?―Nixon susurró en mi oído. Santo infierno, no podía sentir mis piernas. El chico me tenía absolutamente paralizada. ―¿Quieres probar?―Él se movió detrás de mí y agarró una cuchara pequeña de color rosa. El rosa se veía bien en él, menos aterrador, pero no menos caliente. Por desgracia…


Cerré mis ojos brevemente y lo imaginé en una minivan de Barbie con la esperanza de expulsar la forma en que su masculinidad me hacía querer desvestirme y lanzar la advertencia al viento. ―Abre.―Abrí los ojos y la boca, ya que realmente no tenía voz en el asunto. Pero, desde luego, era Nixon. No tenía voto. Nunca. El yogurt helado era frío y cremoso en mi lengua―. ¿Te gusta? Ah, una pregunta abierta. Entornó sus ojos cuando bajó su cabeza para acercase a la mía, no podía apartar la mirada de sus labios carnosos mientras descendían. Su cálida boca de repente sobre la mía y luego el pequeño burlón que era, desapareció. ―Lo siento, me pareció ver un poco de yogur helado, me equivoqué.―Se rió y retrocedió. Idiota. ―Mentiroso―le dije, sin aliento empujándolo más allá―. Entonces, ¿sólo empujo una de estas cositas? ―Bueno, prefiero la palabra alimentar, pero… Mi rostro estalló en llamas. Giré la cabeza y me las arreglé para agregar temblorosamente un poco de yogurt en la copa. Ni siquiera vi de qué sabor era. Sólo sabía que tenía que salir pitando de allí antes de permitirle a Nixon acercarse más. El chico ya había amenazado con destruirme. Él demostró que podía hacerlo. Así que él sufría de demencia temporal y era amable, todo por culpa de mi ¿collar? O ¿era por lo que pasó en la escuela? Perdida en mis pensamientos, comencé a poner l os ingredientes en mi yogurt helado. ―Wow, eres del tipo de chica que le gustan los gusanos de goma. ―¿Eh? Nixon señaló la copa en mi mano donde había apilado de alguna manera cinco gusanos de goma en mi yogurt. ―Uh, sí, me encantan… los gusanos. Clásico. Alguien debería registrar el oro que fluye de mi boca.


Nixon se humedeció los labios. Pude ver el fantasma de una sonrisa bailando a través de ellos. Esto fue lo más que le había visto sonreír … en una eternidad. Me gustaba y lo odiaba. Por un lado, casi me mata cada vez que sonreía en mi dirección, porque sabía que no era sólo pasajera, pero falsa. Nixon no era el chico que ofrecía algo sin tener algo a cambio, y sabía que mi paga se acercaba. ―¿Listo?―El aburrido adolescente en la caja le preguntó. ―Así es.―Le entregué mi copa, la colocó en una balanza y luego colocó la de Nixon. ―Doce dólares y diecinueve centavos. ¿Por el yogurt? Mantuve la boca cerrada mientras Nixon entregaba su tarjeta. El chico miró la tarjeta y luego la miró dos veces. Su boca se abrió y luego la cerró. Al menos no temblaba como la última cajera. Con un golpe rápido le devolvió la tarjeta y el recibo. Empezamos a salir, pero él tomó la palabra. ―Um, sé que esto suena muy tonto, pero ¿me das tu autógrafo? Nixon se congeló. Sus fosas nasales se a mpliaron mientras me miraba y luego me dio su yogurt helado. Vi que apretaba su mano derecha y la aflojaba mientras caminaba hasta el chico. Mierda iba a darle un puñetazo en la cara. ―Claro… ―Se inclinó sobre el mostrador y firmó una servilleta que el chico le había entregado―. ¿Cómo te llamas? ―John.―El tipo parecía que acababa de conocer a Brad Pitt. Nixon escribió algo y luego le entregó la servilleta de nuevo a John. ―¿Tenemos un trato, John? ¿Nadie sabe que estábamos aquí? Los ojos de John se abrieron y luego Nixon se inclinó sobre el mostrador. ―Necesito que lo digas, John. ―Usted no estaba aquí. ―John tropezó con sus palabras―. Te lo juro. ―¿Y dónde nos viste? ―En la calle. Usted, uh, iba a correr.


―Me gusta correr.―Nixon golpeó ligeramente el hombro del chico y guiñó un ojo―.Gracias de nuevo, John. ―N-no hay problema, Sr. Abandonato. Fruncí el ceño el resto del camino hasta el coche.


Capítulo 13 Traducido por krispipe Corregido por Mariis

No estaba muy segura de por qué estaba tan agotada aparte del hecho de que había tenido a la vez la semana más emocionalmente agotadora y más extraña de mí vida. ―Una parada más.―Nixon había estado conduciendo de vuelta a la escuela, pero giró a la izquierda antes de llegar al camino correcto. Boo. ¿Yo nunca iba a tener un voto en el asunto? ¿Estaba mal usar mi nueva mochila de Prada como almohada? ―¿El banco?―dije una vez que nos detuvimos. ―Así es. ―¿Por qué? Nixon se echó a reír. ―Pregunta la chica que está llevando billetes de mil dólares. ¿Supongo que no tienes una cuenta? Avergonzada, sacudí la cabeza. ―Bueno, vamos entonces.―Él saltó del coche. No tenía más remedio que seguirle al gran edificio de cristal. Tenía sólo cuatro plantas, pero todos los ángulos y planos del edificio estaban señalando como si fuera una especie de puercoespín enojado. Intimidada, intenté acercarme a él. Me di cuenta de que sólo había un guardia de seguridad con nosotros. ―Nixon, ¿dónde están el resto de los trajeados? Él se volvió y agarró mi mano, pero no contestó a mi pregunta. Bueno, el juego del silencio. Yo podía jugar.


Caminamos justo más allá de todos los escritorios donde personas estaban contestando el teléfono y trabajando y entramos en el ascensor. Esperando que fuera hacia arriba, me quedé sin aliento cuando se disparó hasta el sótano. El sótano. ¿En serio? Él agarró mi mano de nuevo, mientras caminamos a través de un largo pasillo de mármol. Frente a nosotros estaba un gigante escritorio de madera. Una chica con el pelo largo y oscuro estaba allí sentada, limando sus uñas. ―Hey, Priscilla, ¿dónde está Anthony?―preguntó Nixon. ―Oh, ya sabes, afilando cu… ―Su boca se cerró mientras se levantaba y tendía su mano―. Lo siento, ¿y tú eres? ―Trace.―Estreché su mano―. Trace Rooks. Ella asintió y luego miró mi collar. ―¿Rooks has dicho? ―Así es. ―No suena como… ―Pris, necesitamos abrir una cuenta. Su sonrisa no llegó a sus ojos. ―Por supuesto que sí. Le dejaré saber a Anthony que estás aquí. Nixon sacudió la cabeza. ―No es necesario, iré yo mismo. ―Entra bajo tu propio riesgo, Nixon. ―Vamos.―Nixon tiró de mi mano. Giramos a la izquierda y caminamos por un pasillo más corto forrado con espeluznantes fotos viejas de hombres con trajes sosteniendo armas. Genial. Y estamos en un sótano. Nixon presionó su pulgar contra la cosita magnética y la puerta de cristal se abrió. ―¿Anthony? ―Estoy aquí. La oficina era hermosa. Pensé que estábamos en un sótano, pero técnicamente aún había realmente amplios ventanales hacia el escritorio que daban a un estanque. ¿Era esto un avión?


―Necesitamos abrir una cuenta―repitió Nixon. ―¿Necesitamos?―Anthony se dio la vuelta. Santo infierno, él parecía una versión más vieja de Nixon. ¿Era este su padre? No, él todavía era demasiado joven. Esperé las presentaciones. ―Técnicamente, ella necesita abrir una cuenta. Habría ido a una de las otras sucursales, pero la chica afortunada tiene billetes de mil dólares. Los ojos de Anthony se abrieron brevemente antes de que se girara hacia mí. ―¿Qué has hecho, robar un banco?―Él resquebrajó una sonrisa. Le sonreí de vuelta. ―No sabía que eran billetes grandes. Mi abuelo me dio algo de dinero antes de dejarme en la escuela y tuve un fiasco con mi uniforme y bolsas y… ―¿Fiasco?―Las cejas de Anthony se levantaron―. Esto lo tengo que escuchar. ―Anthony… ―Nixon fue cortado por el hombre agitando su mano en el aire. ―Haz algo útil, Nixon, y trae un trago. Nixon masculló una maldición y se dirigió a un bar en la esquina. ―Entonces, ¿qué estabas diciendo?―Anthony asintió. Mis palmas empezaron a sudar. ―Yo, eh… La gente en la escuela como que me empaparon en agua con azúcar y huevos crudos. Mi bandolera sufrió una muerte lenta y pegajosa. ―El peor tipo, estoy seguro.―Anthony sonrió. ―Absolutamente. ―Estuve de acuerdo―. Supongo que técnicamente es mi culpa, ya que rechacé las reglas el primer día.―Señalé a Nixon que entrecerró los ojos―. Pero él me salvó de un suicidio social. No es que yo estuviera alta en el tótem de popularidad de todos modos…pero sí. Larga historia corta, fuimos de compras, tomé mi dinero. Nixon casi tiene un derrame cerebral. Hombres con trajes entraron a la tienda con armas de fuego. Estoy bastante segura de que lo voy a ver en las noticas de la tarde, y…ahora estamos aquí. El rostro de Anthony permaneció impasible. ―Está bien. Suena como un día normal en la vida de Nixon. Bienvenida a la familia… ―Él me tendió la mano. ―Oh, no, no, no, no.―Reí con nerviosismo―. No, no es como…eso.


Moví ambas manos en el aire como una persona loca. La cabeza de Anthony se inclinó hacia el lado. ―He conocido a Nixon durante mucho tiempo, y te puedo decir una cosa. Esto es mucho…como eso. Oí un gemido de Nixon y algo que sonó como una maldición. ―Ahora, una cuenta. ¿Tienes tu número de seguro social? Avergonzada, sacudí la cabeza. ―El abuelo dijo que se perdió en la mudanza. ―¿La mudanza?―repitió Anthony caminando alrededor de su escritorio y golpeando unas cuantas teclas de su ordenador―. ¿Desde dónde te mudaste? ―Chicago. Nixon arrojó el contenido de su copa sobre el suelo y empezó a toser. ―Lo siento, Tío Tony. Ah, tío, eso tenía más sentido. Tony sacudió su cabeza con fastidio, pero no dijo nada. ―Así que, eres de Chicago. ¿Por qué te mudaste? ¿Tus padres vinieron contigo? Me moví incómoda sobre mis pies. ¿Qué tiene que ver esto conmigo abriendo una cuenta? Pronto sentí la mano de Nixon agarrar la mía. ―¿Mis abuelos pensaban que la ciudad era demasiado violenta, supongo? No sé. Mis padres murieron en un accidente cuando tenía seis años así que… ―¿Un accidente?―repitió Anthony―. Mi más sincero pésame por tu pérdida. Me encogí de hombros. ―No recuerdo mucho. ―Probablemente es lo mejor―dijo Anthony enfáticamente. ―Um, ¿qué tiene que ver esto con abrir una cuenta bancaria? Lo siento, no estoy tratando de ser grosera, sólo estoy realmente agotada. ―Las compras te hacen esto―dijo Nixon. Anthony se echó a reír. ―Yo diría que Nixon hace eso también… ―Muy gracioso.―Nixon sacudió la cabeza. ―Muy bien, Señorita Rooks, ¿verdad? Asentí.


―Voy a hacer algo de magia y abrir tu cuenta sin tu número de seguro social. Añadiré la dirección de la escuela a la que asistes. ¿Tienes un número de teléfono donde te pueda localizar? Le di mi número mientras él escribía. ―¿Y el dinero?―Tendió la mano. Nixon metió la mano en su bolsillo trasero y le entregó el fajo que saqué de la caja esta mañana. Si Anthony se sorprendió no dijo nada. En su lugar, contó el dinero, alrededor de diez mil dólares que es lo que Nixon había adivinado. Lo pasó a través de una pequeña máquina. Firmé algo y él me dio una tarjeta temporal. Era negra igual que la de Nixon. ―¿Estamos bien?―preguntó Nixon doblando algunos de los papeles y metiéndolos en su bolsillo. Anthony asintió. ―Por ahora. ¿Eh? ¿Qué me estaba perdiendo? ―Está bien.―Nixon agarró mi mano―. Hasta el domingo, Tío Tony. ―Tú también, Jefe. No olvides la hora, o a tu papá le dará un ataque. ―Sí, sí.―Nixon se despidió con la mano y nos fuimos. El viaje de regreso a la escuela sólo tomó unos minutos. Estaba tranquila, sobre todo porque estaba confundida y cansada. Una vez que llegamos a mi dormitorio me desabroché el cinturón de seguridad, pero algo seguía molestándome de toda la situación. ―¿Por qué la gente tiene miedo de ti? Nixon sonrió. ―¿No tienes miedo de mí? Tragué saliva. ―A veces. Sus ojos se pusieron tristes mientras se inclinaba sobre la consola y agarraba mi mano. ―Sabes que nunca permitiría que nadie te haga daño, ¿verdad?


―¡Ves!―No quise gritar―. ¡Eso es de lo que estoy hablando! ¡Hace unos días me decías que era básicamente una cucaracha debajo de tu zapato! ¿Y ahora me llevas de compras? Lo siento, esto no cuadra. ―Si bueno, la vida raramente lo hace.―Nixon juró y luego gimió. Su rostro estaba tenso, como si tuviera un dolor severo―. Mira, sólo estaba advirtiéndote, eso es todo. Y sólo porque estoy siendo amable contigo no cambia el hecho de que tienes que seguir las reglas si quieres sobrevivir aquí. ―Gracias. Conseguí ese memo alto y claro cuando estuve empapada en agua con azúcar y drogada. ―Maldita sea, ¿entonces por qué no simplemente haces lo que te digo? Me encogí de hombros. ―No me gusta que me mangoneen. ―No me digas.―Sonrió―. Pero a veces es por tu propia seguridad. ¿Es que no te das cuenta? Tal vez el mundo no es tan brillante y divertido como pensabas. La gente es mala. La humanidad es una broma cruel, Trace. Sólo estoy tratando de evitar que consigan reír los últimos. Suspiré. ―Así que, ¿por qué los escuchas? ¿Por qué ayudas a decidir las reglas? Se congeló. Una máscara cayó de su rostro y entonces era sólo una chico y una chica en un coche, hablando. El aire se sentía eléctrico mientras extendía su mano y tocaba mi mejilla. ―Me gustaría que no fuera el caso. Ojalá no tuviera que hacer reglas…o hacerlas cumplir. ―Entonces no lo hagas.―Me acerqué y puse mi mano sobre su pecho. Sus ojos se cerraron. ―A veces no tenemos opciones. Sólo somos. ―¿Qué significa eso? Nixon abrió los ojos y lentamente retiró mi mano de su pecho. ―Eso significa que deberías haberme escuchado el primer día de clases.―Su cabeza se inclinó hacia un lado―. No tocas a los Elegidos. No respiras el mismo aire que Los Elegidos, y no…―maldijo―. Simplemente no lo haces. ―¿Por qué?―Mi labio inferior tembló. ―Porque estás hasta el cuello en la mierda, y ni siquiera lo sabes. Y una vez que sepas…que todo es sobre…la elección la tomarás tú también. Demonios, ¿qué


estoy diciendo? La decisión desapareció en el minuto en que tus abuelos te dejaron. ―¿Decisión?―Rodé mis ojos―. Eres muy serio y críptico para patear, sabes eso, ¿cierto? ¿Qué eres? ¿Una especie de celebridad? ¿El hijo de un político? ¿El pequeño y sucio secreto del Presidente? Con esto, él esbozó una sonrisa. ―Hmm, esa cosa del pequeño y sucio, seguro que suena una campana. No preocupes tu pequeña cabecita sobre nada, ¿este bien? Ve a hacer tu tarea y relájate. Aparentemente no iba a obtener ninguna respuesta. Agarré mi bolsa nueva y mi bolso y bajé del coche. ―Gracias por… todo. Los labios llenos de Nixon se curvaron en una sonrisa. ―Es un placer. Ahora ve a hacer algo de trabajo. Voy a enviar a Chase en un rato. ―¿Chase? ¿Por qué?―Puse mi mano en la cadera. ¿Estaba todavía bajo la protección de una niñera? Nixon se encogió de hombros. ―Así nadie te molesta, ¿por qué más? ―¿Por qué no me vigilas tú mismo? ¿Por qué enviar un siervo? Soltó una carcajada. ―Un siervo, ¿eh?―Se mordió el labio, inclinando el aro a un lado. Maldita sea, odiaba lo sexy que era sin ni siquiera intentarlo―. Si vengo y te vigilo, sin duda te molestaré. ―Molestarme hasta sacarme de mis casillas es más cómo es eso―le respondí. ―Adiós, Granjera. Y ahí estaba, el final perfecto para el día más extraño de mi vida. ―Gracias por eso.―Le saqué el dedo. Su respuesta fue mugir. Clásico.


Capítulo 14 Traducido por MewHiine Corregido por Mariis

Monroe ya estaba en la habitación esperando por mí. ―¿Cómo estuvieron las compras? ―Ella se sentó con las piernas cruzadas sobre la cama limándose las uñas. ―Oh a tope. Ya sabes, aparte de ver unos locos en trajes con armas de fuego y luego de tener al diablo comprándome una mochila Prada para sustituir la mía vieja. Monroe sonrió. ―Vamos, todo el mundo sabe que el diablo viste de Prada. ―Gracias, Monroe. ―La miré―. Eso fue muy útil de tu parte. ¿Por qué la libertad bajo fianza de todos modos? ¿Siempre haces lo que sea que Nixon dice? Ella soltó un bufido. ―Sí, a pesar de que él sea la encarnación del demonio―y un asno―por lo menos me mantiene a salvo. ―¿De qué? ¿Estudiantes universitarios hormonales? ¿De conos de helado que caen en tus zapatos? No lo entiendo, ¿quiénes son chicos? ―¿Quieres ver una película? ―Sopló el pelo de su cara y comenzó a buscar a través de DVD’s como una loca. ―Está bien, lo pillo. Tema delicado. Entonces simplemente voy a buscar en Internet sobre tu apellido. Su mano se congeló en la colección de DVD’s, pero no dijo nada. ¿Tal vez no era un gran problema? Rápidamente me puse en el ordenador de la habitación y escribí el apellido Abandonato. Mierda santa. Esto no me lo esperaba. Sus nombres estaban en todo. Y cuando digo todo, quiero decir todo Abandonato Enterprises, LLC. Eran dueños de la escuela, sí, literalmente dueños. Eran dueños del banco al que acababa de ir, la tienda de comestibles, el centro comercial, las estaciones de servicio. Y mi favorito, dueños no de concesionarios de


automóviles―no, porque eso sería demasiado normal. Eran dueños de las marcas de automóviles. Algunas marcas extranjeras. Mierda. ―Y yo que pensaba que los mormones eran dueños de todo… ―dije en voz baja. Monroe se atragantó con una carcajada. ―He oído eso, Botas. ―¿De qué no son dueños? ―¿Disneyworld?―Ofreció ella. Muy gracioso. ―¿Es por eso que llevan tanta seguridad a todas partes? Monroe miró por encima del hombro hacia la pantalla. ―Valemos un montón de dinero. Nuestro padre es del tipo paranoico, ¿sabes? Él vale miles de millones. ¿Imagínate si uno de nosotros fuera secuestrado para pedir rescate? Eso tenía sentido. Lógicamente, podía decirme que la gente tenga miedo de poder, pero todavía no me explicaba por qué el chico le había pedido un autógrafo a Nixon. ―¿Son celebridades o algo así? Monroe se echó a reír. ―¿Alrededor de estas partes? Digamos que algo por el estilo. Llamaron a la puerta. Apagué la pantalla y fui a abrir la puerta. Chase estaba allí, con las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros. Un suéter apretado abrazaba su cuerpo perfecto. Aparté la vista. ―Hey, Chase―Monroe llamó. ―Hey, Mo. ―Sus ojos se volvieron hacia los míos―. Hey, Trace. ―¿Nixon te envía? ―Así es. ―¿Te quedas? ―Así es.


―¿Vas a decir algo más aparte de así es? Él puso sus manos en el marco de la puerta y se inclinó hacia delante, con sus labios de una pulgada de los míos. ―No soy muy hablador. Soy más bien un tipo de acción. ―Apuesto a que lo eres. ―Asentí con la cabeza―. Por favor entra, siéntete como en casa en nuestra encantadora prisión. ―No es una prisión. ―Monroe rodó los ojos―. Nixon sólo quiere asegurarse de que estás a salvo, y aunque probablemente yo podría patear un par de asnos hasta el suelo, estaríamos jodidas si el equipo de fútbol decidiera hacer una broma con nosotras. ―¿Y por qué iban a hacer una broma con nosotras? ―le pregunté. ―Eres lo nuevo y brillante, ¿quién no quiere jugar contigo? ―Chase se encogió de hombros―. Sé que si yo tuviera la oportunidad de… ―Creo que es seguro decir que sé dónde iba a terminar esa frase. ―¿Ah, sí? ―Chase se dejó caer sobre la cama de la misma forma que lo hizo Nixon unos pocos días atrás―. ¿Y cómo es eso? ―Con mis nuevas y brillantes botas en tu culo. ―Sonreí. ―Maldita sea. ―¿Qué? ―Saqué mi libreta y abrí para una Inglés Comp.8 ―Nixon es un bastardo con suerte. ―¿Eh? ¿Por qué? Chase sonrió. ―Sin embargo, nunca fui bueno en mantener mis manos quietas. Monroe gimió. ―Chase, no. Eso es como un deseo de muerte, sólo… no lo hagas. ―No siempre vas a estar cerca, Mo.

8

Cuando se escribe un ensayo o descripción en inglés gramaticalmente correcto, en tonces se denomina "Composición en In glés"."English Composition".


―No, pero si tocas lo que le pertenece al diablo, él probablemente maldiga tu alma, simplemente diciéndolo. Y si quieres una parte de las empresas cuando te gradúes, tienes que compórtate bien. Él maldijo. ―Bien, eso ha sido una extraña conversación. Me pondré a trabajar en mi tarea. Nadie dijo nada. Tres horas más tarde yo estaba agotada, pero había terminado. Y sólo eran las ocho de la noche. Qué patética. Yo era un estudiante de primer año en l a universidad y había hecho mi tarea temprano un viernes por la noche mientras era cuidada por un chico que formaba parte de la pandilla del padrino. Gossip Girl no tenía nada en esta escuela. Dejé caer a propósito mi libro sobre la cama, sacudiendo a Chase de su sueño. ―¡Mierda! ¿Por qué has hecho eso? ―Diversión. Fue divertido. Y he terminado, te puedes ir. He terminado todos mis deberes en paz, gracias a ti. Fui a abrir la puerta. Chase se rio, pero no se movió de su lugar. ―¡Chase! Lo digo en serio, no tienes que quedarte… ―Él sólo está haciendo lo que le dije que hiciera―dijo Nixon desde la puerta―. ¿Has terminado con tus tareas? Lo miré y luego comencé a correr frenéticamente por mi habitación tirando la ropa por los aires y comprobando mi armario. ―Mo, tu amiga oficialmente se ha vuelto loca. Escuché su risa, pero yo estaba en una misión. Tenían que tener cámaras o algo. ¿Cómo iba a saber el segundo en el que había terminado la tarea? ¡R idículo! Tal vez estaba siendo paranoica debido al día que había tenido, ¡pero vamos! ―Trace. ―Nixon vino detrás de mí agarrando mis brazos mientras yo tiraba un suéter en el aire.


―Trace. ―Esta vez sus labios rozaron mi oreja, y me detuve. No porque yo quisiera, sino porque yo sinceramente no podía mover los brazos y hablar al mismo tiempo, cuando estaba tan cerca de mí―. ¿Qué estás haciendo? Bajé la cabeza. ―Buscando cámaras ocultas. ―¿Qué clase de hombre crees que soy? ―Él me volteó en sus brazos, así que estuvimos cara a cara. Miré hacia abajo. ―De la clase que lleva armas y envía a sus amigos para cuidarme en mi propio dormitorio. La clase que sabe el minuto en que he terminado con mi tarea y que por arte de magia aparece en mi puerta. De esa clase. Nixon se echó a reír.―Wow, a veces eres demasiado. ―Metió la mano en su bolsillo trasero. Poco a poco me alejé. Quiero decir, ¿y si él sacaba un arma? O un Taser o… mierda. Un móvil. ―¿Alguna vez has visto uno de estos? ―Él lo balanceó delante de mi cara―. Chase me envió un mensaje hace diez minutos y dijo que estabas a punto de terminar. ―Él estaba durmiendo. Él… ―Tiene el sueño ligero y estaba bajo instrucciones estrictas de decirme cuando hubieras terminado. ―¿Por qué? ―Crucé los brazos―. ¿Así podrías enviar a alguien en el próximo turno? ¿Quién iba a ser esta vez? ¿Tex? ¿Phoenix? Cuando dije Phoenix frunció el ceño. ―¿Has terminado? ―Sí, pero… ―Gracias, Chase, hasta luego. ―Nixon me llevó por el pasillo como un murciélago salido del infierno. ―¿A dónde vamos? Y ¿por qué estamos en un apuro? Nixon no respondió. Pasó su tarjeta y el ascensor se abrió. En el momento en que cerró, pulsó el botón para que se detuviera. Mierda. Esta era la forma en que me iba a morir. ―Nixon, que de…


Me tuvo contra la pared antes de que pudiera terminar la frase. Su boca se apretó contra la mía y sus manos me levantaron en el aire, presionando nuestros cuerpos más juntos. El metal del anillo de su labio envió descargas eléctricas a través de mi sistema, mientras se frotaba contra mi labio inferior. Dios mío, nunca había sido besaba así por un chico. Nunca. Con un gemido, me soltó. No quería tocarlo, simplemente lo hice. Cogí su mano, pero él se libró de golpe. ―Por favor, sin tocar. No estaba bien. ―Nixon, no puedes solo… ―Sí, puedo. ―Cruzó los brazos sobre el pecho y se apoyó en el extremo opuesto de la pared―. Y lo hice. ―Apretó el botón de nuevo haciendo que el ascensor continuara su descenso. Hijo de puta. Yo quería darle un puñetazo en la cara. Creo que se podría decir que él también, porque no dejaba de sonreír. ¿Quién demonios se creía que era? Así que, ¿qué? ¿La gente tenía miedo de él porque era rico? ¿Debido a que su gran papi malo era dueño de todo? Eso no quiere decir que puedas montártelo con una chica sólo porque quieras. No quería decir que no pongas excusas para su comportamiento. Y segura como el infierno que no quería decir que podías besar a una chica hasta dejarla sin sentido y luego ordenarle que no te toque. ―Así que, ¿así es cómo funciona esto, Nixon? Tomas, ¿pero no puedes recibir? Se mordió el labio y se dirigió hacia mí justo cuando se abrieron las puertas. ―Es curioso. No pensé que estuviera tomando. ―¿Ah, sí? ―Mis cejas se alzaron. ―Sí. ―Me agarró la mano antes de que pudiera tirar y liberarla―. Yo estaba dando. Le saque la lengua. ―Hazlo otra vez, a ver qué pasa ―amenazó. Mantuve la boca cerrada. Algo había cambiado entre nosotros esta tarde. Algo grande―sólo que no sabía lo que era. Hace un día estaba preocupada de si él miraría hacia otro lado si un coche se dirigía hacia mí. Ahora… bueno, ahora se sentía como si él fuera a hacer cualquier cosa para mantenerme cerca―casi como si me hubiera perdido antes y supiera lo que se sentía al estar sin mí. Pero eso era


una locura. Era evidente que nunca había sido besada así antes, porque mi mente estaba conjurando todo tipo de historias locas. Tenía que dejar de leer tanto. Salimos a la calle y comenzamos a caminar por el campus. ―Yo no lo sabía―maldijo―. Sobre lo que Phoenix hizo. ―Pensé que le dijiste que hiciera eso, por lo de nuestro pequeño reto de antes de no ofrecerte a protegerme y esas cosas. Se detuvo y me llevó a su lado. ―¿De verdad crees que soy tan asno que haría realmente que te drogaran, hacer que parecieras como la puta de la escuela, y que estuvieras hasta el cuello de mierda y sin una pala? Me encogí de hombros. ―Dijiste que no me protegerías más, que… ―Mierda. Las chicas son tan cerradas a veces. ―Se pasó las manos por el pelo―. ¡Yo estaba molesto, Trace! Eres tan malditamente argumentativa y ¡nunca escuchas! Yo estaba tratando de asustarte por unos pocos días. ¡No iba a tirarte a los malditos lobos! ―Oh. Me agarró la mano y siguió caminando. Mi mano se sentía tan pequeña en la suya. ―¿Adónde vamos? ―Ya lo verás. Y él había oficialmente terminado de hablar. Reducimos el ritmo cuando llegamos detrás del gimnasio por el lado de atrás de la cerca donde se habían plantado algunos árboles con el fin de hacer que el lugar se viera más como un parque que una escuela, lo que supongo que era algo típico de una rica universidad. Nixon se detuvo en medio de la hierba y silbó. Santo equipo de fútbol. Algunas luces se encendieron casi como un escenario, y luego Tim, el mariscal de campo con el que supuestamente había dormido estaba dentro en el centro del foco. Viéndose cagado de miedo.


Miré detrás de mí. Phoenix y Tex estaban allí de pie en silencio. Nixon se quitó chaqueta de cuero y la tendió. Tex lentamente se acercó y la tomó de sus manos y luego me dio un guiño. ―Tim―dijo Nixon en una voz severa―. ¿Sabes por qué estás aquí? Tim asintió, sus ojos parpadeando de mí y luego de vuelta a Nixon. ―Palabras, Tim. Necesito escuchar que lo dices. ―Sí. ―Sí, ¿qué? ―Sí, señor. ―La voz de Tim sonaba tensa. ―Tim, ¿tuviste o no tuviste relaciones sexuales con esta chica? ―Él me señaló. Quise desaparecer en el acto. Mierda, por alguna razón, sentí como si aquello fuera mi culpa…Si yo no hubiera tomado esa copa en Phoenix. ―No. ―No… ¿Qué? Estoy perdiendo la paciencia, Tim. ―No, señor. No tuve relaciones sexuales con Tracey Rooks. ―Interesante. ―Nixon se acercó a Tim y crujió los nudillos―. ¿Y quién te dijo que difundieras esa mentira sobre Tracey? Tim no dijo nada. ―¿Han oído eso, todo el mundo? ―Nixon se dio la vuelta y levantó las manos en el aire. El tipo que me dio un beso en el ascensor y el chico frente a mí ahora eran dos personas muy diferentes. Sus músculos se flexionaban en el claro de luna. Se apartó unas cuantas piezas de pelo caído―. Su respuesta es el silencio. Bueno, al menos no es una rata. ¿Verdad, Tim? Tim no dijo nada, sólo se quedó allí. Con la cabeza bien alta. Nixon se rió y luego le dio un puñetazo en la mandíbula. Lo suficiente para hacer a Tim tropezar. La sangre brotaba de sus labios, pero él seguía sin decir nada. ―¿Cuánto tiempo tomará esto, Tim?


Tim sonrió. Nixon le dio un puñetazo de nuevo. Esta vez Tim cayó hacia adelante, dando a Nixon la oportunidad perfecta para utilizar su rodilla. La sangre brotaba de la nariz de Tim mientras maldecía y caía al suelo. ―¿Aún en silencio, Tim? Mierda, ¿por qué nadie hacía nada? Horrorizada, miré de nuevo a Tex―él sacudió la cabeza como si me diera un mensaje silencioso de no hacer nada, pero yo estaba demasiado asustada para funcionar. Mis pies estaban pegados al lugar. ―¿Más? ―Nixon preguntó y luego conectó otro golpe a la mandíbula de Tim, y otro, y otro, hasta que pensé que realmente iba a matarlo. Finalmente Tim gritó. ―¡Phoenix! ¡Uno de los tuyos me lo dijo! Él dijo que estarías contento. ―¿Dijo que yo estaría contento? ―Nixon se echó a reír―. Tim, ¿me veo contento? ―No. ―No, ¿qué? ―dijo Nixon en una voz mortal. ―No, señor. Lo siento, señor. No va a suceder de nuevo. Esto no… ―Malditamente correcto, esto no va a suceder de nuevo. Ahora mueve tu lamentable culo y pídele disculpas a Trace. Tim se puso lentamente de pie y se tambaleó hacia mí. Su ojo izquierdo estaba empezando a hincharse y la sangre se apelmazaba en su rostro. ―Lo siento por cualquier problema que pueda haberte causado, Trace. Nixon llegó por detrás y le agarró los brazos empujándolo contra la multitud de jugadores de fútbol en frente de nosotros. ―Límpienlo. Una cantidad anormal de sí señor vino de los chicos que ayudaron a Tim a ponerse en pie. La gente empezó a dispersarse. Incluyendo a Tex y Phoenix. ―Una cosa más―dijo Nixon en voz alta. Todo el mundo se congeló en su lugar―. Phoenix… ven aquí. Ahora. La cara normalmente petulante de Phoenix palideció mientras caminaba lentamente hacia Nixon, evitando el contacto visual. ―Sí, señor.


―¿Por qué? ―Porque tú nunca… El sonido de nudillos golpeando carne casi me hizo vomitar cuando vi a Phoenix golpear el suelo y a Nixon estrechando su mano. Las personas se quedaron sin aliento. Mi boca se abrió. Los susurros comenzaron. No estaba segura de sí era normal que Nixon golpeara a su propio amigo. Quiero decir, él no parecía de ese tipo. Yo solo… no lo sabía. ―¿Cuál debería ser tu castigo? ―Nixon le rodeaba―. Salgo en la noche para ocuparme de negocias familiares, un negocio en el que tú tienes interés, y cuando me voy, ¿vienes tú y me traicionas ordenando tu propio golpe en la Chica Nueva? ―¡Ella te estaba faltando el respeto! ―Phoenix casi gritó. Nixon se inclinó. ―Así que pensaste en faltarme tú el respeto, ¿es eso? ¿Pensaste en igualar la falta de respeto con más falta de respeto? Phoenix no dijo nada. ―¿Desde cuándo ha estado bien drogar a una chica inocente? ¿Hmm, Phoenix? Se quedó en silencio y luego. ―Chase la tomó. ―Él también me dijo todo esa noche y voy a ocuparme de su castigo el próximo año. Tuve una sensación de malestar de que su castigo tuviera que ver con el deber de canguro. Algo así como protegerme de lo que él había causado. Oh alegría. ―¿Qué? ¿Nada que decir? ―preguntó Nixon. Phoenix negó con la cabeza. ―No, señor. Lo siento, señor. ―Lo harás―Nixon murmuró―. Estás fuera, Phoenix. Roto. Eres un Cafone9 . ―¿Qué? ―Phoenix se puso de pie―. ¡No puedes hacer eso! Mi padre va… ―Hijo―dijo una voz profunda―. Ya se ha discutido. Sólo déjalo ir. ―¿Qué? ―Phoenix rugió―. ¡Te lo di todo! ¡A tu familia! ¡Lo prometiste! ―Intentó asestar un golpe a Nixon, pero Nixon salió del camino. Phoenix ya estaba 9

Palabra en italiano que en español significa patán.


demasiado herido para hacer mucho daño de todos modos―. ¡Hijo de puta! ¡Te voy a matar! Un hombre corpulento vino detrás de Phoenix y le susurró algo al oído. Los ojos de Phoenix se abrieron. Nunca había visto tanto odio detrás de la mirada de alguien en mi vida. De repente sentí miedo por Nixon, miedo por cualquier persona cerca de Phoenix. ―Esto no ha terminado, Nixon. No puedes romper con esto ¡con nosotros! Estás cometiendo un gran error. Espero que te des cuenta de lo que estás haciendo. ―Lo hago―dijo Nixon con confianza―. Y espero que te guste trabajar en la comida rápida. Porque es en el único lugar donde te van a contratar si tan solo vuelves a respirar en dirección de ella otra vez. Phoenix escupió en el suelo y se alejó de su padre, desapareciendo en las sombras de la noche. Su padre, el decano, para ser exactos, se quedó indefenso. ―¿Va a… decirle…? ―No. ―Nixon lo interrumpió―. Esto es entre nosotros, queda entre nosotros. Sólo manténgalo alejado, y no va a ir más lejos. ―Gracias, señor. Nixon asintió. Y el decano se fue. ―¿Qué clase infernal de escuela es esta? ―murmuré para mis adentros. Fue Tex quien respondió. ―Pensé que ya lo sabrías a estas alturas. Es de él.― Señaló a Nixon. ―¿Quién lo dice? ―El dólar estadounidense. ―Tex puso su brazo alrededor de mí mientras me estremecía―. Un par mil millones de ellos para ser exactos… bueno, eso y la familia Abandonato. ―Así que el apellido Abandonato cubre una multitud de pecados, ¿es eso? Tex suspiró. ―El apellido Abandonato o bien cubre el pecado o te ha matado. De cualquier manera el resultado es el mismo, supongo. ―¿Y qué es eso? ―Nunca se es libre.


―¿Por qué? Su respuesta fue el silencio. Lo que me asustó más que nada. Cuando entré en la rifa para venir a esta escuela, lo único en lo que podía pensar era como iba a estar lista para la vida. Y ahora, parecía que me había metido en una película de acción donde la estrella tiene más poder que el Presidente de los Estados Unidos. ¿Quiénes eran Los Elegidos y por qué era tan importante ser expulsado de una pandilla? Necesitaba respuestas, pero yo no estaba tan segura de que Nixon me las fuera a dar. ―¿Estás bien? ―preguntó. ―¿Tengo que decir sí señor también? ―le dije con voz temblorosa. Tex se echó a reír. ―Es toda tuya, amigo. ―Caminó hacia la oscuridad, y yo me quedé con el Ultimate Fighter.


Capítulo 15 Traducido por Pili Corregido por Karlix

―¿Estás bien?―pregunté con un hilo de voz. Nixon asintió con la cabeza. ―Estoy bien. La sangre estaba incrustada en sus nudillos. Yo me preguntaba si le dolería. Con una maldición me entregó su chaqueta y se quitó su apretada Henley, revelando una apretada camiseta interior negra sin mangas. Usando la camiseta que él mismo se quitó, se limpió las manos y se puso su chaqueta. ―Así que…―me metí las manos en los bolsillos―… No estoy segura de que se supone que debo decir, si decirte gracias o en qué demonios estabas pensando? Él se encogió de hombros. ―Era de esperarse. Tim nunca debería haber escuchado a Phoenix, y Phoenix debería haber permanecido condenadamente lejos de ti. Había normas que él no siguió. ―Allá vamos con la cosa de las reglas de nuevo―mascullé. ―Las reglas hacen que el mundo gire.―Nixon se rió y luego me rodeo con su brazo―. Los rumores deberían terminar, ¿de acuerdo? ―Sí, pero, ¿la gente no va a hablar de esto? ¿Y por qué estaba tan tranquilo el decano? Es decir, tiene como el doble de tu edad. Nixon se encogió de hombros. ―Tenemos un acuerdo. ―Apropiado ―asentí―. ¿Qué tipo de acuerdo? ¿Sigue las reglas o le disparas en la cara? Nixon se rió otra vez. ―Guau, gracias, necesitaba eso.―Sus ojos resplandecían a la luz de la luna―.¿Eso es lo que hace la gente en la tele, disparar a la gente en la cara?


―Sí, bueno. No. Lo supongo. No lo sé.―Suspire―.¿Qué eres? ¿Una especie de gánster o algo así? ―Claro.―Sus dedos se trasladaron a la parte posterior de mi cuello acariciando la piel justo debajo de mi pelo―.Vayamos con eso. Soy un gánster. ―¿Has matado a alguien? ―¿Lo has hecho tú?―Él reaccionó como ofendido de que yo pudiera incluso preguntarlo. Bien, esto me cerró la boca. Su mano se movió a mi mejilla enviando escalofríos por mi columna vertebral. ―No es justo ―dije sin aliento. ―¿El qué?―Sus ojos estaban sobre mis labios. ―Que me puedas tocar, pero yo no te pueda tocar.―Que te veas como un Dios y yo me vea como una pobre chica granjera. Suspiré y camine lejos de él. Él inclinó su cabeza hacia de lado.―¿Preferirías que no te tocara? ―¡No!―hablé con brusquedad. Luego cubrí el rostro con las manos. Él se rió y tiro de mi cuerpo hacia él para descansar mi cabeza contra su pecho.―No entiendo. ¿Qué es tan diferente? Es decir nos estamos tocando ahora, pero… ―Yo tengo el control de ello ―Él respiro e inclinó mi barbilla hacia él―.Sé que suena loco. Yo tan sólo… no me gusta cuando la gente me toca sin permiso. Desde que era un niño, después…―Él tragó―. De todos modos, no importa. Es algo que tengo. ―¿Al igual que las reglas?―dije en voz baja. ―Sí, como las reglas.―Su pulgar rozó mi labio inferior―. Eres hermosa, sabes. Me reí con torpeza y trate de retraer mi barbilla hacia abajo, pero él no me lo permitía. No sé por qué estaba dejando al tipo que puso el temor de Dios en el decano tocar mi cara, no lo sé. Pero… había algo en él. Algo que me hizo querer tocarlo, me hizo anhelar su toque, y odiaba mi respuesta ante él, sobretodo después del modo en cómo me trato al principio. ―No―susurró contra mi mejilla mientras torcía sus labios hacia mi oreja―.No te apartes de mí, por favor.


―Está bien.―Mi voz era frágil y endeble y mi corazón sonaba como si justo corriera una maratón. Respirar. Solo necesitaba respirar. Sus labios encontraron mi cuello y dejé salir un suspiro involuntario. ―Tan sensible―él murmuró mientras su lengua mojaba sus labios y luego dibujaba un propósito justo debajo de mi oreja―. Tan jodidamente sensible. Tu piel es tan suave aquí ahora. Temblé cuando su boca encontró mi mandibula. Sus manos se movieron para apretar mi pelo, obligándome a acercarme más. ―Nixon.―Mi voz era débil―. ¿Qué haces?―Sus labios encontraron los míos. El beso fue breve. Él suspiro.―Desearía saberlo. ―Uno no puede simplemente… ―tragué―. Uno no puede ir besando a las personas que odia. ―¿Quién dijo que te odio?―Liberó mi cabeza y retrocedió. ―Bien, no sacudías exactamente mi mano y gritabas mi nombre hace unos días.―Nixon lamió sus labios. Sus ojos encapuchados ardientes abriendo un sendero por mi cuerpo hasta que pensé que moriría de quererlo de inmediato allí. ―¿Por tanto quieres que yo grite tu nombre?¿Es de esto de lo que se trata? Riéndome, le aparté. ―Para de ser tan hombre. Hablo en serio. ―¡Oh!, créeme… ―Él deslizó su mano por mi hombro y mi clavícula hasta que sus dedos cepillaron los primeros botones de mi camisa. No tenía ninguna duda en mi mente de que el tipo tenía probablemente una matrícula en despojar a las mujeres de su ropa con una sola mano―.Estoy realmente serio. Tragué la risa nerviosa bullendo dentro de mí y salí de su alcance.―De modo que gánster, ¿vas a decirme por qué has tomado tanto interés personal en esta escuela? Pillando la indirecta, deslizó sus manos dentro de sus bolsillos, y se colocó a mi lado.―Me gusta que las cosas sean justas. ―Guau, entonces tú estás en el instituto equivocado para ello.


―Ya sabes lo que quiero decir. Hago lo que puedo cuando puedo. Además, se trata de uno de mis trabajos, para mantener la paz aquí, los secretos, mantener a todos contentos. Es agotador realmente. ―Tengo dificultad para imaginarme a alguien obligándote a hacer algo. Él se rió amargamente. ―Entonces claramente no conoces a mi padre. Dejé de caminar y retiré su mano. ―¿Qué quieres decir? ¿Es… él es malo? Nixon suspiró. ―Bueno, él no es ningún ratón Mickey o Santa Claus si eso es lo que te estas preguntando.―Mordió su labio y abrió su boca como si él fuera a decir más. En cambio él solo gruñó y me agarró la mano―. No importa. De todas formas, iba a preguntarte antes pero luego me distraje por todo tu dinero de la droga… Puse mis ojos en blanco. ―¿El nombre Alfero significa algo para ti? ―¿Alfero?―repetí―. Hmm… ¿cómo Alfredo sin la D? ―Sí. Al igual que en la comida.―Él miró mi colgante y suspiró―. Está en la parte trasera de tu colgante. ―¿Y? ―Así que…―Él asintió con la cabeza―. Sabes que está bien que me digas. No diré nada. Quiero decir soy un Abandonato, pero no es algo tan sencillo como, ya sabes, te pondré Jimmy a ti o nada. Me eché a reír. ―¿Eres un fanático? Sus ojos se empequeñecieron. ―No. ―Vaya, entonces debes saber que no tengo idea de lo que estás hablando. ―¿No lo sabes? ―No. ―Bueno.―Él suspiró y dio una patada al suelo―. Eso es, guau… eso es muy, muy bueno. ―Creo que debes de haber perdido mucha más sangre de lo que pensabas en esa lucha.―Lo toqué con mi codo.


Él se rió. ―Por lo menos puedo decir que estoy malditamente lastimado por ti, si eso es lo que se necesita. ―¿Necesita? Se detuvo y alcanzó a tocar mi barbilla, levantando mi rostro hacia él. ―Para mantenerte a salvo. ―Entonces ¿morirías por mí?―Bromeé tratando de romper la incomodidad. ―¿No lo entiendes? Mi respiración se volvió errática cuando él se inclinó lo suficientemente cerca como para besarme otra vez. ―Daría mi vida por la tuya. ―¿Por qué? Ni siquiera me conoces. Sus ojos se cerraron, y cuando los abrió, todo lo que vi fue dolor y remordimiento. ―No tienes ni idea de lo que sé y créeme cuando te digo, que tu vida vale mucho más que la mía. Y sí, después de esta noche, créeme que te conozco mejor que nadie, incluso mejor de lo que tú misma lo haces, y le pido a Dios que siga de ese modo, Trace. Justo cuando estaba a punto de abrir mi boca para hacer más preguntas, porque básicamente eso es todo lo que tenía desde que vine a esta escuela, faros estaban sobre nosotros. El dormitorio estaba frente a nosotros, y la carretera de repente fue bloqueada por unos pocos coches caros. Por supuesto todos eran negros. ¿Nadie creía en el color por aquí? ―Trace, vete dentro. ―Pero… Nixon agarró mi brazo y me giró hacia él. ―Trace, necesito que me escuches ahora.Toma esta.―Me entregó su tarjeta de acceso negra.―No camines, corre hasta que te ardan tus piernas, corre dentro del edificio, te metes en el ascensor, corres por el maldito pasillo, y cierras con llave la puerta hasta que yo vuelva a por ti. ¿Entiendes? Asustada, todo lo que podía hacer era asentir con la cabeza. Nixon agarró mi mano cerrándola sobre la tarjeta y me susurró de nuevo. ―Corre.


No necesite que me lo dijera dos veces. Corrí como un diablo. Y mientras corría todo en lo que podía pensar era en, ¿por qué no estaba segura en mi propia escuela? Y en, ¿cómo consiguieron esos autos si ellos eran malos? Pase la tarjeta y entre corriendo en la residencia. Una vez que estuve dentro del ascensor alcé la vista y vi doce tipos trajeados que caminaban hacia la residencia de estudiantes. Cuando las puertas del ascensor se cerraron, podría jurar haber visto a mi abuelo. Dios, lo echaba de menos. Por eso me quedé conmocionada. El ascensor hizo ding dong y corrí a la habitación, cerré la puerta detrás de mí. Monroe ya estaba en la cama. ―¿Qué diablos, Trace? ¿Tienes a los asesinos tras tu rastro? Sacudí mi cabeza y jadeé. ―No lo sé. Yo solo… Nixon me dijo que corriera, así que corrí. Y él se metió en una pelea con Phoenix y Tim y… ―Está bien―dijo Monroe rápidamente―. ¿Viste la pelea? Asentí. ―Entonces sabes que Nixon puede cuidar de sí mismo, ¿no? Asentí otra vez. ―Muy bien, ahora vamos a ver una película. ―¡Qué!―le grité―. ¡No puedo sólo mirar una película mientras tu hermano podría ser asesinado! Monroe estalló en una carcajada.―Créeme cuando digo que nadie sería tan estúpido como para asesinar a mi hermano. ―¿Estás loca? Yo… ―Mi teléfono comenzó a sonar. Bueno, al menos estaba funcionando. Tenía mis dudas después del incidente del agua azucarada. Miré el identificador. Oh, cielos. ―¡Hola, abuelo!―grité prácticamente al teléfono. Él se rió entre dientes en el otro extremo. ―Guisante dulce, ¿cómo fue tu primera semana en la escuela? ―Oh… ya sabes. Aburrida―mentí.


―¿Te están tratando bien en esa escuela tan elegante? Inmediatamente, me relajé. Lo extrañaba tanto. Estaba tan asustada, pero si le contaba lo que había ocurrido probablemente habría venido hasta aquí con su escopeta y se habría sentado fuera en la habitación de mi residencia. Él y Nixon tenían eso en común. ―Síp, todo el mundo es súper agradable. ―Oh, cariño, lo sabía. Estoy muy contento.―Él se quedó callado durante un rato y luego añadió―. Trace, ¿Has abierto la caja de tu abuela? Suspiré felizmente. ―¡Sí, señor! He mirado todo, pero me puse el colgante hoy. ―¡Ay!, eso hace que mi corazón se enorgullezca. Ella amaba ese colgante, Trace. Tenía ganas de preguntarle más sobre él, pero mi identificador de llamada se encendió.―Oye abuelo, ¿puedo llamarte más tarde? ―Oh no, no te preocupes por mí, Trace. Tengo que ir a atender a las vacas. Mantente apartada de los problemas, ¿de acuerdo? ―¡De acuerdo! ¡ Te quiero! ―Trace, yo te quiero más. Buenas noches, Guisante Dulce. ―Buenas noches. Cambié de línea. ―¿Hola? Todo lo que podía oír era una respiración escalofriante al final de la línea. Increíble. Mi noche estaba completa. Apreté apresuradamente el botón de terminar y arrojé mi teléfono contra la cama. ―¿Estás bien?―Monroe preguntó―. ¿Cómo está el abuelo? Hmm, ¿por qué no vemos La Propuesta10 o algo así? ―No.―Hice una señal con mi mano en el aire―. A todo esto.― Con un gruñido me metí en mi cama y gemí. ―Oye.―La cama se hundió cuando Monroe vino y se sentó a mi lado―. Está bien, te lo prometo. Nixon es… Nixon es. Bueno, esa es la cosa. Es Nixon. Estoy

10

La Propuesta: Película interpretada por Ryan Reyn olds y Sandra Bullock, su nombre en inglés es The Proposal.


segura que tenía una buena razón para enviarte aquí y asustarte como la mierda, pero no olvidemos que es tan protector como un hermano oso. ―Cierto.―Temblé, y no por miedo, sino porque no creía que Nixon y yo tuviéramos una relación de hermano oso. Y si así es como podría calificarse, entonces tenía muchos, muchos más problemas que hombres en trajes y espeluznantes llamadas telefónicas. Sonó un golpe en la puerta. Salí disparada de la cama. Casi tropiezo con las mantas, llegue a la puerta y la abrí. Nixon estaba apoyado contra el marco y mirando su teléfono móvil. Sin pensarlo me arroje a sus brazos y lo abrace. Olvide todas las reglas de no tocar o respirar el mismo aire. Pero estaba tan muerta de miedo. Dios Santo, era como una estatua caliente y, a continuación, muy lentamente sus brazos me envolvieron. Estaba bastante segura, en ese momento, que estar en los brazos de Nixon era mi lugar favorito en el mundo. El éxtasis no duro mucho tiempo. En el segundo que me di cuenta de que no tenía golpes o contusiones y enviaba mensajes, sí, mensajes de texto, antes de que lo abrazase. Con un chillido me retiré y le golpeé en el pecho. ―Me tenías preocupada. Sonrió. ―Seguro que corres rápido, Granjera. ¿Te enseñan eso en Wyoming?―Guiñándome un ojo camino alrededor de mí y dio a su hermana un breve abrazo. ―Algo está muy mal contigo.―Cerré la puerta de un portazo y cruce mis brazos. ―No lo sé―murmuró Monroe―. ¿Y qué diablos, Nixon? No puedes ir asustando a mi compañera de habitación así. Pensé que ella iba a tener un ataque al corazón y contarle a su abuelo que fue testigo de un asesinato. ―Créeme, su abuelo no habría venido a rescatarme.―Nixon resopló. ―¡Hola!―Puntualicé―. ¡Ni siquiera lo conoces! Es un buen tipo. ―¿Dije que fuese malo?―Nixon levantó sus manos ofendido―. Sólo dije que no vendría a rescatarme. ―Si yo se lo pidiera lo haría―argumenté.


Nixon se rió. ―Tu inocencia es molesta y chocante. Apretando mis puños, luché contra el impulso de dar una patada y fulminé con la mirada a Monroe. Él era su hermano. Me negué a seguir lidiando con sus cambios de humor. ―Deberíamos ver una película―dijo Nixon después que me senté en la cama como un ser humano normal en lugar de ir dando patadas alrededor de la habitación como Godzilla. ―Ella no quiere―Monroe dijo apuntando en mi dirección. Sí, porque soy la única que no está siendo razonable ahora. ―¿Quiénes eran esos tipos?―pregunté. Nixon me ignoró. ―Ella me vio dar una paliza a dos hombres esta noche. Ella debería ver algo divertido. Monroe asintió con la cabeza. ―¿Una peli que tiene un final feliz e irreal y tal vez un poco de chocolate? ―¡Hola!―Agité mis manos en el aire―. Estoy aquí. Nixon las agito también. Bastardo. Monroe tenía todavía a la vista la selección de películas. ―Nixon―silbé su nombre―. ¿Quiénes eran esos tipos? ¿Y por qué tuve que correr? ―Unos tipos del trabajo.―Nixon se encogió de hombros―. Ellos sencillamente tenían un par de preguntas acerca de lo que sucedió esta noche. Lo único es que yo no quería que te quedaras si las cosas se ponían complicadas y entre ellos menos conozcan personas que sepan sobre lo que paso, mejor. Maldita sea.Eso suena convincente. ¿Pero trabajo? ¿Qué estudiante universitario había crecido con hombres trabajando para él? Una vez más, cabe preguntarse ¿qué edad tenía? ¿Yqué tipo de negocio… ? puaj. Mi cerebro dañado. ―Bien, vamos ver la estúpida película―me queje. ―Excelente ―Monroe lanzó la película a Nixon, quien a su vez la metió en el pc. Él suspiró y puso su cabeza sobre mi almohada. Enojada, tire de la almohada de debajo de él y lo golpeé en la cabeza con ella.


―¿Qué diablos fue eso? ―Se me resbaló ―me encogí de hombros inocentemente. ―Se te resbalo y un cuerno. ―¡Niños!―Monroe cantó―. Compórtense o no voy a darles los snacks. ―Ella empezó… ―Nixon Anthony… Yo le pellizque y me reí.―Ella totalmente te reprendió justo ahora. ―Trace… ―Había un hilo de advertencia a su voz, así que me calle y me senté lo más lejos posible del cuerpo caliente de Nixon tanto como pude. Pero, fue casi imposible cuando Chase y Tex aparecieron a mitad de la película. Según Chase la espalda le duele cuando no tiene una cama para sentarse. Dudosa lógica, así que le dejé sentarse con la espalda contra la pared. Mis pies le habrían tocado, pero me senté. En el momento en que me senté, Nixon se sentó. El minuto en que se sentaba, yo me incline hacia él. Y así fue como terminé por quedarme dormida con mi cara en su hombro. Al menos eso es lo que me dije a mi misma cuando me desperté a las tres de la madrugada con Nixon contemplándome como un monstruo en una película de terror. ―¿Estás tratando de crearme pesadillas?―refunfuñe. ―No ―su voz era ronca. Su brazo salió disparado, y antes de que pudiera detenerlo, de alguna manera me había volteado, así él me abrazo por la espalda. Su mano subiendo y bajando por mi brazo, trazando círculos y masajeando cada centímetro de piel expuesta. Me acurruqué contra él, tratando de ponerme cómoda. Se escuchó un gemido grave procedente de su garganta. ―Eso no está ayudando Trace. ―Oh. Aparto mi pelo a un lado y beso mi cuello, su mano derecha se deslizó dentro de mi camiseta. Pequeñas descargas eléctricas zumbaron a través de mi cuerpo cuando su cálida mano descanso sobre mi estómago desnudo.


―Nixon… ―Por favor―me susurró al oído―. Sólo quiero tocarte. Me quedé dormida con Nixon, Presidente del Alumnado, rodeada con las manos del chico malo, quemando contra mi piel. Era la mejor noche que había tenido alguna vez.


Capítulo 16 Traducido por MewHiine Corregido por Morin

―Babeas ―Nixon anunció al minuto en que lo vi en el primer periodo de la mañana del lunes. Después de todo lo que había pasado la noche del viernes, había necesitado desesperadamente algo de tiempo tranquila. Monroe y yo habíamos estado en la cama todo el día sábado y viendo películas. Ella tenía una cena familiar el domingo, así que yo trabajé en las tareas que tenía, y luego me hundí en una novela de vampiros con el fin de perder el drama de mi vida. Debió de haber funcionado porque como una perdedora, me dormí a las siete de la noche y no me desperté hasta que mi alarma sonó el lunes por la mañana. Nixon no me había hablado desde la noche en que me quedé dormida en sus brazos. Estaba empezando a pensar que era yo la que se estaba volviendo loca y no pasaba nada. Tentada a sacarle el dedo medio, simplemente murmuré gracias en voz baja mientras caminaba junto a su escritorio y me sentaba. Una semana más con él como nuestro maestro suplente, y entonces ¡yo estaría en casa libre! ―Día de película. ―Nixon se dirigió a la clase, encendió el proyector, y luego apagó las luces cuando comenzó un documental en blanco y negro de la América temprana. Genial. ―Hey ―susurró en mi oído. ―¡Mierda! ―Mi escritorio se movió cuando salté. Me di vuelta y le miré―. ¿Estás tratando de matarme? ―le susurré. Nixon sonrió. ―No, en absoluto. ¿Te acuerdas? Soy yo el que te mantiene a salvo. ¿El que moriría por ti y todo eso? ¿Por qué, quieres que te demuestre mi lealtad? ―Su sonrisa burlona me hizo querer golpearlo con mi libro de historia, o tal vez mi libro de literatura. Que era más pesado.


―Estoy tratando de ver la película. ―Oh Dios mío, no hubo nada en esa declaración que sonara remotamente cierto. Mi voz incluso vaciló en agudeza en el territorio de mentiras. ―No, no lo haces. ―Él suspiró y se recostó. Cada otro de los chicos estaba prestando atención a la película. ¿Por qué había sido yo la afortunada en conseguir obsesionarse por el regalo de Navidad del gánster? ―Sí. Lo estoy. ―Moviendo de un tirón mi pelo, me di la vuelta y me concentré en la película sobre América. Ah Indios, céntrate en los Cherokees, Trace. Un bostezo me interrumpió, seguido por dos brazos que se extendieron mucho más allá de la mesa detrás de mí, los cuales prácticamente me empujaron hacia atrás con ellos. Dejando escapar un profundo suspiro, miré al cielo y sacudí la cabeza. Diez minutos después, Nixon había maniobrado de alguna manera sus manos debajo de mi mata de pelo, y estaba en proceso de darle un masaje a mi cuello. En clase recibiendo un masaje por el profesor sustituto. Así no era como había planeado que iría mi segunda semana de clases. Pero maldición si mi cuello no estaba dolorido. Me apoyé pesadamente contra su mano mientras él empujaba contra mis músculos tensos, y luego sentí su otra mano moverse debajo de mi camisa. No, no, no él no lo haría. No. No. Una estratégica y pecaminosa mano masajeaba mientras la otra se sumergía debajo de mi camisa. Si él iba a tocarme un pecho, sus bolas estarían en el extremo opuesto de mi lápiz. Sea lo que fuera que su otra mano estaba haciendo, se sentía bien. Se había movido por mi espalda y estaba jugando con el cierre de mi sujetador. Traté de moverme lejos. Se echó a reír, para mi horror, así que me quedé donde estaba. ―Hmm, te tomé por un tipo de chica más cómoda. ¿Es de encaje? ―Sus labios me hicieron cosquillas en la oreja. Sin poder utilizar palabras, porque era evidente que me había olvidado la existencia de un alfabeto, asentí. ―Es sexy.


El calor se agrupó en mi estómago cuando sus labios tocaron mí oído de nuevo, esta vez sus dientes salieron y tiró un poco en mi oído, casi haciéndome jadear. Su mano salía disparada de mi camisa cuando alguien se giraba. Genial, ahora parecía que la historia política me encendía. Eso era justo lo que necesitaba que se extendiera por la escuela. La chica nueva muge delante del cuerpo estudiantil y tiene un orgasmo durante Políticas de Primer Año. Impresionante. Sentí mi cara caliente de vergüenza cuando un chico de la clase miró de mí a Nixon y luego de nuevo a mí. Nixon debió de haber hecho algo de miedo detrás de mí, porque los ojos del chico se abrieron y luego se dio la vuelta, con la espalda erguida. No estaba segura de si estar irritada de que Nixon mantuviese sus manos en mí durante el resto de la clase, o emocionada. En el momento en que terminó la clase media hora más tarde, el jurado aún estaba fuera. Después de meter mi libro de política en mi nuevo bolso de Prada, bostecé y me dirigí hacia la puerta. ―¿Dónde crees que vas? ―Nixon preguntó al minuto que mi dedo del pie cruzó el umbral de la puerta. ―¿A clases? ―Me negué a darme la vuelta, ¿y porque diablos siempre era la última? Mi mano se movió a mi collar de la cruz. Se había convertido en una de esas cosas que hacia cuando estaba nerviosa. Agarré el collar y froté la cruz. Genial, ahora necesitaba poderes sobrenaturales para estar en una habitación con Nixon. ―Ven aquí. ―No escuché un por favor. ―Sonreí, pero todavía no me daba la vuelta. Su aliento abanicó mi cuello. Por el rabillo de mis ojos vi sus musculosos brazos apoyarse en el marco de la puerta mientras lentamente cerraba la puerta. ―Por favor. Conté hasta tres y di la vuelta esperando una de dos cosas. O él iba a matarme o a besarme. En realidad no había ninguna otra opción lógica, no con Nixon.


―Siéntate ―ordenó. Dejé caer la mochila al suelo y me crucé de brazos. ―Por favor. ―Él sonrió. ―Está bien. ―Me acerqué a la mesa más cercana a mí y me senté en ella, con cuidado de no dejar que mi falda se subiera. Tentar el diablo no era la cosa más inteligente para hacer, teniendo en cuenta que estábamos solos. ―Necesito que me hagas un favor. ―No voy a tener relaciones sexuales contigo. No soy ese tipo de chica. ―Incliné mi cabeza y disfruté de la gloria de coger a Nixon por sorpresa, y también de conseguir mi venganza después de todo lo que había soltado en medio de la pista de baile la semana pasada. ―Me lo merecía. ―Se apoyó en la mesa del profesor. ―Y más. ―¿Quieres castigarme? ―Me voy. ―Con un bufido me aparté de la mesa y agarré mi bolso. ―Espera. ―La mano de Nixon estuvo en mi brazo―. Sólo quería advertirte. Ten cuidado, ¿de acuerdo? Asentí con la cabeza. ―¿Te veré en el almuerzo? ―Su voz casi sonaba insegura. ―Sí, ¿recuerdas? Tengo tu tarjeta de acceso. ―Algo que noté esta mañana cuando me monté en el ascensor hasta el primer piso de mi dormitorio y bombeé el puño. ―Quédatela. ―Los ojos de Nixon cayeron a mi nuevo collar―. ¿Otro favor? ―Guau, estas lleno de peticiones esta mañana, ¿no es así? Mala cosa para decir.


Los ojos de Nixon se calentaron mientras daba un paso hacia adelante y con un pequeño tirón me tuvo a ras contra su cuerpo. ―Oh, puedo pensar en algunos favores más. ¿Qué tanto quieres una A? ―No tanto como para verte desnudo. Él se rió suavemente e inclinó mi barbilla hacia él. Se estaba convirtiendo en un hábito, mirarle a los ojos. Odiaba que me estuviera acostumbrando a que él me tocara. Odiaba aún más que me gustara. ―No uses joyas costosas durante el día escolar. Odiaría ver que perdieras algo importante para ti. ―Sus ojos se clavaron en mi collar―. ¿Por favor? Esto es algo que ni siquiera mi dinero podría reemplazar. Aturdida de que se preocupara, sólo pude mirarlo con la boca abierta. Nixon se humedeció los labios y luego miró detrás de mí, antes de inclinar suavemente mi barbilla hacia la suya y rozar su boca contra la mía. ―Que tengas un buen día, Trace. Uh-huh. Santo infierno, mi día iba a ser todo del tipo de bueno, si él me besaba así. Abrí la boca para decir algo, pero dos dedos de Nixon se apretaron contra mis labios. ―No lo arruines diciendo algo. Ahora. Ve a clases. Aleteando la nariz, di un paso atrás, agarré la puerta y la abrí de golpe, saliendo de la habitación al pasillo ruidoso. En línea recta, Trace. Simplemente camina en línea recta.


Capítulo 17 Traducido por krispipe Corregido por Morin

Las líneas rectas estaban sobrevaloradas. Decidí esto cuando casi me tropecé con mis propios pies dos veces y planté mi cara en un tipo mientras corría a mi siguiente clase. Casi llegué a la puerta antes de recordar lo que Nixon había dicho. Con una maldición me quité el collar. Se enganchó en mi cabello. ―¡Mierda! Traje el nido de ratas de pelo delante de mí así pude revolverlo. Cuando el collar finalmente se liberó, se estrelló contra el suelo y de alguna manera se las arregló para derrapar a unos metros de mí. Está bien, quizá Nixon tenía razón, y soy un maldito accidente esperando a suceder. Rodando los ojos, me acerqué a donde cayó y me arrodillé. Un par de zapatos encontraron mi mano extendida. ―Permíteme ―dijo la voz familiar. Congelada en el lugar, vi como Phoenix se arrodillaba y recogía el collar del piso. ―Bonito. ―Gracias. ―Tendí mi mano. ―¿Qué? ¿No puedo ser amable? ―Sonrió y giró el collar para leer el nombre detrás―. Hmm, muy bien. ¿Reliquia familiar o algo así? ―Supongo. Asintió y lo dejó caer en mis manos. ―No muerdo, sabes. ―No, sólo drogas chicas. Levantó las manos. ―Supongo que merecía eso, pero, ¿de verdad vas con el mismo tipo que te avergonzó la semana pasada frente a todo el cuerpo estudiantil? Él me tenía allí. Di un paso atrás y me encogí de hombros. ―Él se disculpó. ―¿Nixon Abandonato se disculpó con una granjera de Wyoming?


Asentí. ―Hmm. ―Phoenix se cruzó de brazos―. Ahora, ¿por qué eso suena sospechoso? ―¿Qué, qué fue amable conmigo? ―No. Que él no le pide disculpas a una don nadie. ―¿Don nadie? ―Furiosa, tuve la tentación de tirar mi bolsa de libros a través de mi hombro y golpearlo en la cara―. Por lo menos hoy cuando coma el almuerzo estaré sentada con los Elegidos. ¿Dónde estarás tú? ―No preocupes tu linda cabecita por donde voy a estar… pero es bueno saber de qué lado estás. Eso hace lo que tengo que hacer mucho más fácil. No me gustó la forma en que sus ojos se veían, como si me odiara casi tanto como odiaba a Nixon. Di otro paso atrás hasta estar cerca de mi clase. Phoenix sonrió y se alejó en la dirección opuesta. Suspirando, me apoyé en la pared junto a mi salón de clases. Nixon me había pedido que hiciera dos cosas, y cinco segundos después de que me lo pidiera, cosas malas pasaron. Genial. Nota mental. Escucha al padrino.

*~*~*~*

El almuerzo se sintió extraño. Principalmente porque podía decir que Chase y Tex sentían incómodo no tener a Phoenix allí. Había averiguado de Monroe que los chicos habían sido todos amigos desde el primer grado. Esta era la primera y única vez que alguno de ellos se había peleado, y claramente, no había terminado bien. Nixon llegaba tarde. Jugué con la comida que Monroe me ordenó y empujé mis sienes. Se acercaba un dolor de cabeza, simplemente lo sabía. Mi teléfono sonó. Curiosa lo cogí. ―¿Abuelo? ―¡Guisante dulce! ―Su voz estaba un poco ronca―. ¿Cómo va tu día?


―Bien ―Articulé Abuelo hacia Monroe, me levanté, y me alejé unos metros de la mesa―. ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo? ¿Son las vacas? ―Oh, estoy bien, sólo te echo de menos. Y por eso estoy llamando. ¿Crees que te importaría ver a tu viejo mañana por la noche? La compañía de seguros de la abuela necesita una firma, y bueno, ya sabes cómo consigo hacer las cosas por teléfono o fax, así que voy a volar a la ciudad y ocuparme de los negocios. ―¿El seguro de vida, no debería haber sido atendido hace un tiempo? ―pregunté. El Abuelo tosió. ―Sí, bueno, quería añadirte al plan también. Voy a matar dos pájaros de un tiro. ―Él rió entre dientes. Yo no. Algo estaba raro. ―Abuelo, ¿estás seguro de que estás bien? Nunca vas a la ciudad, ¿y no hay allí algunas sucursales en Cheyenne? ―Escucha, tengo que ir a ordeñar. Mañana a las siete, ¿de acuerdo? ―Claro, um, sí… La línea de teléfono se cortó. Ni siquiera me dijo que me amaba. Mi estómago se apretó. El Abuelo no era del tipo de simplemente volar a alguna parte. ¡Ostras!, ni siquiera era del tipo de contratar un seguro para nadie. Temor se agrupó en mi estómago, revolviéndolo, y realmente no quería volver a la mesa del almuerzo y responder un montón de preguntas sobre el abuelo. Me mordí el labio y suspiré. ―¿Todo bien? ―susurró Nixon detrás de mí. Como era siempre capaz de acercarse sigilosamente nunca lo sabré. Por alguna razón me sentí soltando mis sentimientos hacia él, imagínate. La única persona de la que probablemente debería alejarme y sólo quería abrazarle. ―El Abuelo está actuando raro ―murmuré. Nixon se tensó. ―¿Qué dijo? ―Algo sobre el seguro de vida de la Abuela y esas cosas. No sé, ¿no debería haberse ocupado de eso hace meses?


Nixon se encogió de hombros. ―¿Quién sabe, Trace? A veces se necesita un tiempo para obtener los certificados de defunción y esas cosas, nunca se sabe. Asentí. ―Él, um, está volando a Chicago mañana. ―¿Cuándo? ―Un músculo se estremeció en su mandíbula. ―No lo sé. Me dijo que me vería a las siete. ―Mierda ―murmuró Nixon. ―¿Eh? ¿Por qué eso es malo? Es mi abuelo. Él es… ―Lo sé, sólo… ―Nixon sonrió―. Tenía planes. Quería sacarte. ―Bueno, puedes sacarme esta noche. Mierda, ¿acabo de decir eso? ―¿Acabas de pedirme salir? ―Sonrió. ―Uhh… ―Inteligente así como hermosa. ¿Qué voy a hacer contigo?―Su pulgar acarició mi labio inferior―. Bien, Trace, iré contigo. ¿Cerca de las seis, esta noche ? ¿Suena bien? ―No, no, no bueno, espera… Al parecer yo no tenía voto. Paseó fuera como si acabara de ganar un oro Olímpico mientras yo regresaba a la mesa con una expresión de asombro en mi cara. ―Lo siento. ―Chase me sirvió un poco de agua―. Nixon puede ser un poco… ―Mucho. ―Asentí―. Él puede ser mucho. Muchas veces. Chase echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. ―Sí, sí que puede. Monroe lanzó una servilleta a su cara, o al menos lo intentó. ―Hey, cuidado. Puede que sea el diablo, pero es mi hermano. ―Estoy aquí ―dijo Nixon, sonando irritado. ―Así que, él es mi primo, lo que me da derechos familiares. ―¡¿Qué?! ―grité.


Todos los ojos se volvieron hacia mí. Chase se encogió de hombros. ―¿Pensé que lo sabías? ―¿Qué, a través de la lectura de mentes? ―Lancé las manos al aire―. Increíble, ¿están todos relacionados? ―Oh Dios, espero que no. ―Tex le hizo un guiño a Monroe. Demasiada información. ―Nixon dijo que conociste a mi padre. ―Chase tomó un trago de agua. ―¿Anthony? ―Miré muy de cerca a Chase, tenía sentido ahora. Por qué él y Nixon eran tan cercanos, y por qué tenían características similares. Chase tenía el pelo oscuro y una estructura muscular, pero ni de lejos como la que tenía Nixon. También faltaba el aro del labio y el versátil destello malvado en sus ojos. Chase se aclaró la garganta. ―Uh, ¿podrías no mirar de esa manera? No estoy tan acostumbrado a ello como Nixon. ―¿Qué quieres decir con que no estás tan acostumbrado a ello? Chase se encogió de hombros. ―Simple, yo no soy el Don Juan del grupo. Las mujeres no se quedan embobadas conmigo como cuando él está cerca. Quiero decir, vamos. Míralo. Él es problema, con P mayúscula. Nixon rodó los ojos. ―Si no fueras mi primo pensaría que estás coqueteando conmigo. ―Si no fuera tu primo podría. ―Y demasiado lejos. ―Lancé mis manos sobre mi cara cuando la sentí caliente. Todos los muchachos se echaron a reír mientras Monroe me dio unas palmaditas―. Estás en problemas sin embargo. Hmm… ―¿Qué? ―Sonrió Nixon―. Dime. ¿Era posible que la cabeza de alguien se calentara tanto que se cayera de su cuerpo? ―No, no, no es eso… ―Me mordí el labio. Ahora todos los chicos me estaban mirando. ―Cuéntanos. ―Aplaudió Tex.


―Está bien, es sólo, Nixon me recuerda a aquella canción de Taylor Swift, ¿Trouble? ¿La escucharon? ―Reí mientras ellos sacudían sus cabezas―. Sí, bueno, si no lo supiera mejor pensaría que Nixon salió con ella, la dejó, y ella escribió una canción sobre él. Seguí riendo. Los chicos se detuvieron, incluso Monroe. Se podía escuchar un alfiler caer en el comedor. Mis ojos se abrieron. ―Cállate. ¡De ninguna manera! ¿Saliste con Taylor Swift? Nixon se rió y señaló a Chase quien abrió la boca para decir algo y luego señaló a Tex. Tex se dio la vuelta y señaló a una silla vacía. ―Maldita sea. No tengo a nadie a quien culpar. ―¿Quién de ustedes salió con ella? ―Crucé los brazos. ―Lo que pasa en Los Elegidos, se queda entre Los Elegidos. ―Chase chocó los cinco con Nixon. ―Esto no es Las Vegas. ―¿Drogas, pandillas, sexo, dinero y armas? ¿Estás segura de eso? ―Nixon guiñó un ojo. Bueno, ahí me tenía. Quiero decir que si fuera posible nombrar un segundo Las Vegas, Elite lo sería. La campana sonó en la distancia. Rápidamente cogí mi bolsa y me dirigí hacia la puerta. Apareció una mano y tiró de mi bolsa, haciéndome caer exitosamente en unos brazos fuertes. ―¿Dónde crees que vas? ―¿A clase? ―chirrió mi voz. ―Hmm… ―Los brazos de Nixon se apretaron alrededor de mi cuerpo. Apoyó la barbilla en mi cabeza. Podía sentir los músculos debajo de su camisa flexionarse contra mi espalda. Un millón de sensaciones diferentes pasaron por mi cuerpo en ese momento. Era casi imposible respirar. ―¿Qué tal si te la saltas? ―¡No puedo saltarme la clase!


Él me soltó y me giró para enfrentarlo. ―Pero como que quieres, ¿verdad? ―No. ―Miré hacia abajo a mis zapatos. Valiente. Lo sé. ¡Pero cada vez que lo miraba a los ojos me era imposible negarle nada! Era agravante y estimulante. A veces dolía mirarlo. Llevaba su perfección de manera diferente que la mayoría de los chicos. La belleza de Nixon estaba en su imperfección. Su sonrisa torcida. El aro del labio que llamaba la atención a sus labios, haciendo que se vean más grandes. Y luego su nariz, parecía que se había roto una vez, pero era en ese pequeño recodo en el puente donde veías algo feroz sobre él. Y sus ojos. Sus ojos azules como el hielo se calentaban en un momento cuando estaba divertido. Su cabello caía por su frente dándole un aspecto duro y aún así vulnerable. ¡Agh! Tenía que parar. Apestaba que si tomabas todas estas perfecciones una por una él podía no ser perfecto, pero juntos hacían una obra maestra. ―Está bien. ―Suspiró y me soltó―. Pero, no te olvides de esta noche. Nada de fingir una enfermedad o decir que tienes tareas, ¿de acuerdo? Aún mirando al suelo, sonreí y asentí una vez. ―De acuerdo, andando. ―Nixon se puso delante de mí y abrió la puerta. Con la cabeza baja, caminé. Debería haber sabido mejor. Quiero decir, era Nixon. En el minuto en que lo adelanté, golpeó mi trasero. Y luego cerró la puerta en mi cara, así no podía gritar. Sin embargo, oí su risa al otro lado de la puerta, lo que sólo me enfureció más. Con una maldición entré pisoteando en matemáticas. Al menos esto tomaría mi concentración lejos de Nixon, que es realmente todo en lo que había estado pensando últimamente. No lo podía entender. No creo que ni siquiera se pudiera entender a sí mismo. Era como un gigantesco rompecabezas con piezas desaparecidas y rotas. Y, por mucho que sabía que iba a vivir para lamentarlo… estaba en una cacería, por las desaparecidas y rotas. Cada. Última.


Capítulo 18 Traducido por MewHiine Corregido por Morin

―¿Lista? ―Nixon tendió su mano. Después de mucha persuasión, Monroe me había convencido de llevar un vestido corto negro con las medias y las botas de Chase. Añadí una chaqueta de mezclilla corta y me puse mi collar. Quiero decir, yo iba a estar con Nixon, no le pasaría nada. Me gustaría ver a alguien tratando de asaltarme con él alrededor. ―Sip. ―Tomé su mano. Y así, el día con el diablo comenzó. ―¿Todavía me odias? ―preguntó una vez que estuvimos en el Range Rover. ―¿Todavía no me dices quién eres? ―le contesté. ―¡Y allá vamos! ―Él se rió y arrancó el coche―. Así que, te habrás dado cuenta de que no tenemos seguridad esta noche. Diciéndome mí misma que dejara de sudar profusamente, asentí e incliné mi cabeza hacia él. ―¿Por qué? ―¿Aparte del hecho de que estoy armado? ―Él levantó sus cejas hacia mí y soltó una carcajada. Todas las señales apuntaban a que no estaba bromeando. ―Relájate. ―El coche giró a la derecha después de dejar la puerta de seguridad del campus―. Es una broma. ―¿Así que no estás armado? ―Tragué saliva. ―Técnicamente no. ―Bien. ―Encendí el aire del coche y cerré los ojos―. Entonces, ¿a dónde vamos? Supongo que es un lugar seguro ya que no vamos a tener que preocuparnos por la seguridad, ¿no?


―Absolutamente. ―Bien. ―¿Quieres saber dónde? ―Caray, estaba sonriendo como un niño pequeño. ―Quieres decirme, ¿verdad? ―Mucho. ―Se inclinó sobre el volante y se echó a reír. Nunca lo había visto tan animado o emocionado. ―Sorpréndeme. ―Me emociono mucho cuando se trata de sorpresas ―refunfuñó―. Está bien, voy a intentarlo, pero no puedes hablar conmigo, o de lo contrario voy a dejar escapar todo y arruinarlo, ¿de acuerdo? ―¿No hablarte? ¿Qué hago entonces? Su sonrisa se volvió malvada. ―Tengo un par de ideas de otras cosas que podrías hacer con tu boca. ―Y estoy segura que si busco lo suficientemente bien podría encontrar un arma y dispararle a tus partes masculinas, así que, dilo una vez más, te desafío. Él tragó saliva. ―El silencio está bien. ―Eso es lo que pensaba. ―Maldita sea. ―Él negó con la cabeza―. Bien jugado. ―Lo sé. ―Sonreí y me apoyé en la ventana, tratando de no ser demasiado obvia en el hecho de que estaba viendo cada movimiento que hacía. En serio, el tipo hacía que conducir fuera sexy. En ese momento, viéndolo lamerse los labios y de vez en cuando chupar su anillo en el labio, me di cuenta de que si él estuviera en Hollywood, sería un éxito. Haría millones y las mujeres llorarían en su presencia. Si estuviera en la América corporativa, él sería el CEO11 caliente por el que secretarios se apuñalarían entre sí para conseguir el trabajo. No importa lo que Nixon decidiera hacer, sería un éxito, y no sólo por su buena apariencia, a pesar de que eso ayudaría. Era la confianza detrás de su buena 11

Chief Executive Officer: Presiden te ejecutivo de una compañía.


apariencia. Quiero decir, yo sabía que no era una magnífica supermodelo, pero estando con él no me hacía sentir tan insegura como debería. En su lugar, me hacía sentir como si pudiera hacer cualquier cosa. Si él me dijera que podía ser una estrella de rock, yo simplemente le creería. Da miedo cuando la presencia de alguien tiene tanto poder como para alterar la forma en que te sientes acerca de ti mismo, porque ¿qué pasa cuando pierdes a esa persona? ¿Desapareces, o sólo el molde interior de cómo te ven? Demasiados pensamientos profundos para una primera cita. ―Ya casi llegamos. ―Nixon se acercó y me tocó el muslo. Su mano se quedó allí, calentando mi piel hasta que su toque fue casi abrasador. Santo Superman, su toque aún tenía poderes mágicos. ―Está bien. ―Nixon entró en un camino de tierra―. Cierra los ojos. Hice lo que me dijo, notando totalmente antes de que los cerrara que estábamos muy lejos de la ciudad. ―¿Vas a matarme? ―No. ―Se rió. Me relajé, hasta que agregó. ―No he traído mi silenciador. Rígida bajo su tacto traté de zafarme de él. Su risa me dio ganas de ponerle un ojo negro. ―Trace, cálmate. Esto se supone que es divertido, ¿recuerdas? ―Sí ―dije sin aliento. El coche se apagó. El aire frío me golpeó cuando la puerta se abrió y luego se cerró de nuevo. Segundos después, se abrió la puerta, mi cinturón se desabrochó, y Nixon me estaba recogiendo en sus brazos. Me apoyé en su firme pecho y me dije que dejara de suspirar como la adolescente hormonal que era. Podría jurar que mis estrógenos se disparaban sólo estando cerca del chico, como si mi cuerpo femenino pidiera a hacer algo más que tocarlo. Aclarando mi garganta, me lamí los labios y esperé. Por último, me puso sobre mis pies. ―Abre los ojos.


Lo hice. Y casi me derrumbé en la oscuridad. No porque él me hubiera golpeado en la cabeza, o porque lo que había hecho fuera tan increíble, sino porque era la cosa más atenta que nadie nunca había hecho por mí, y era el diablo quien me daba la única cosa que extrañaba más que a mi abuelo. Mi hogar. ―¿Esas son…? ―dije tragándome las lágrimas. ―Vacas. ―Nixon se rió―. Sí, vacas vivas de verdad. Incluso las he oído hacer moo de vez en cuando. Y esto… ―Señaló detrás de nosotros―. Es nuestro picnic bajo las estrellas. ―Con vacas ―añadí, todavía aturdida. ―Con vacas. Aunque he oído que algunas cabras también viven por aquí. No quiero dejar de lado cualquier criatura de granja y tener oportunidad de ofenderlos. ―Está bien. ―Mi labio inferior temblaba. Mierda. Iba a llorar. Nixon no dijo nada. Él simplemente me tomó en sus brazos y me besó en la cabeza. ―Sé que extrañabas esto. Sé que extrañas a tu abuelo. ―Suspiró y pasó la mano por mi pecho donde mi collar de cruz yacía―. Y sé que extrañas a tu abuela. Pero estás en Élite, que es a donde perteneces. Por mucho que extrañes todo esto. ―Señaló hacia el prado―. Estás en casa. Justo aquí. ―En mis brazos es a lo que él se refería, y todavía no podía entender por qué le creí. Quiero decir, sólo lo conocía desde hacía dos semanas. Entonces, ¿por qué se sentía como si lo hubiera conocido toda mi vida? ―¿Hambrienta? ―Nixon me soltó y se acercó a la cesta. ―Famélica. ―Fui a ayudarle, pero él negó con la cabeza. ―No, tú te sientas aquí. ―Hizo clic en un botón de sus llaves que abrieron el maletero del coche y luego me levantó y me sentó en el borde del Range Rover―. Quédate aquí. No te muevas mientras preparo todo. Preparar todo incluía que pusiera al menos ¿cuatro capas de mantas? Por que, aparentemente, ¿había llovido la noche anterior? y sacar diferentes contenedores llenos de lasaña y espagueti.


Después de que la cena fuera puesta, encendió una vela en un cilindro y me tendió la mano. ― Tu cena te espera. Salté de la parte trasera del coche y tomé su mano. ―Gracias. Nos sentamos en silencio en la manta mientras él me servía lo que supuse era un vino espumoso y colocó comida en mi plato. Me gustó que él esperara que yo comiera mucho. Tal vez era porque él era italiano o su apellido lo decía. Debía de ser como nuestra familia, donde no comer es un pecado capital. ¿Te sientes enfermo? Come. ¿Te sientes cansado? Come. ¿Te sientes feliz? Come. La comida estaba deliciosa. Probé la lasaña primero y gemí en voz alta, totalmente por accidente, puedo añadir. ―Mierda. ―Nixon dejó caer su tenedor y la lasaña salpicó sobre las mantas―. Lo siento, es que… ―Apartó la vista de mí y bebió su vino―. Ah, un tenedor resbaladizo y todo eso. ―Cierto, a causa de la lluvia. ―Rodé los ojos y tomé un bocado de espagueti. Esta vez mi gemido fue totalmente a propósito. Hablando del orgasmo culinario. Cada sabor era perfecto. Nixon comenzó asfixiarse. ―¿Estás bien? ―Me incliné y le golpeé en la espalda. Él asintió con la cabeza y me robó el vino, bebiéndose la mitad de el. ―Sí. ―Su voz estaba ronca―. Es que… me estaba… ahogando. ―Así es. ―Le ofrecí mí mirada más incrédula. ¿Se estaba sonrojando? Imposible. ―¿Quién hizo la comida? ―Mentalmente me di unas palmaditas en la espalda por mi leve cambio de tema. ―Yo la hice.


Riendo, le empujé con mi mano libre mientras tomaba otro bocado y masticaba. Esta vez, no gemí. Quiero decir, no quería que el hombre muriera ni nada. ―¿No me crees? ―Sus ojos se abrieron un poco, luego los redujo―. ¿Crees que yo mentiría sobre algo tan importante como la comida? Alcé mis manos en el aire en señal de rendición. ―Lo siento, Nixon. Sí, te creo, y si alguna vez te cansas de andar con tu pequeña pandilla, podrías convertirte en un chef de renombre mundial. ―Mi pequeña pandilla ―repitió―. Suenas como Ma. ―¿Cómo? ―Ella solía llamarnos su pequeña pandilla. ―Empujó un poco de comida con el tenedor―. Ya no tanto. Era evidente que se sentía incómodo. ¿Otro cambio de tema? ―¿Ella te enseñó a cocinar? ―Oh sí, mi padre lo odiaba. ―Los ojos de Nixon se suavizaron cuando se inclinó y pasó la lengua por los labios―. Pasé todos mis primeros años en la cocina colgando de las faldas de mi madre y probando cada comida. Ella cocinaba mucho. Un momentáneo recuerdo perdido corrió a través de mi cabeza de un niño pequeño gritándome en la cocina porque yo había puesto masa en su pelo. Me eché a reír. ¡Me había olvidado de eso! ―¿Qué? ―Nixon exhortó. ―Nada. ―Negué con la cabeza―. O bueno, bien. Es sólo que no me acuerdo mucho de cuando era pequeña. El abuelo dijo que todo era demasiado traumatizante con mis padres muertos y todo eso, pero recuerdo haber estado en una cocina con un niño y entrar en una guerra de comida. Él se rió entre dientes. ―¿Qué pasó? ―Creo que él se enojó porque quien cocinó me dejó probar la masa de las galletas a mí en primer lugar. De todas formas, lo único que recuerdo es a él lanzándome masa y a mí tirándosela a él. Luchamos, y creo que se tropezó y se golpeó el costado de su cabeza sobre el mostrador. Estoy segura que aquello le dejó una cicatriz.


―Guau, eras una niña terrible. ―Nixon asintió con la cabeza―. Estoy impresionado. No me había dado cuenta de que se había se acercado más a mí. Poco a poco, me acerqué y tomé su mano. ―¿Recuerdas algo más sobre tus padres? ―preguntó en voz baja―. ¿O prefieres no hablar de ello? ―No sé realmente como sentirme sobre ello. ―Me encogí de hombros cuando se levantó una briza, haciéndome deslizar más cerca de él―. Quiero decir, los recuerdos están tan dispersos. ―¿Cómo una película que no puedes recordar? ―preguntó. ―Algo así. Veo pedazos… ―Dime uno… ―Me besó en la mejilla―. Si no te importa. ―De acuerdo, um… Recuerdo las cosas siendo muy altas cuando yo era pequeña. Siempre tuvimos personas de más, muchas, muchas personas. Recuerdo la cosa de la masa… y una mujer muy bonita. La cabeza de Nixon se animó. ―Me gustan las mujeres bonitas. ―Muy gracioso. ―Apreté su mano―. No sé por qué siempre me acuerdo de ella. Sé que no era mi mamá porque he visto fotos y recuerdo un poco su cara. ―¿Qué hacía a ésta mujer tan bonita, hmm? ―Nixon me soltó la mano y comenzó a masajear mi cuello. Me concentré en el recuerdo, rogando que fuera más claro, pero todo lo que podía recordar eran sus ojos. ―Ella… ella tenía los ojos muy azules. Igual que los tuyos. Dejó de darme el masaje. ―Y tenía una risa muy bonita, sonaba como… ―Campanas de una iglesia ―Nixon terminó. Me aparté. ―¿Qué?


Él muy tristemente dejó caer la cabeza. ―Leo las mentes. ¿No era lo que ibas a decir? Yo no quería decirle que había dado en el clavo. Pero sólo porque yo recordaba las campanas de la iglesia reales cerca. Otro de mis recuerdos parpadeantes. Me mordí el labio. Sabía que había sido un golpe de suerte. ―Baila conmigo. ―Nixon se puso en pie y me tendió la mano. ―¿Delante de las vacas? ―Mi voz chirrió. ―Uh, sí. ―Nixon miró de las vacas a mí―. No creo que les importe. ¿Por qué, qué tipo de baile estabas pensando en hacer? ¿Esperabas a avergonzar a las vacas y hacerlas mugir? Estrechando los ojos, le manoteé con la mano. ―Vamos. ―Mi cuerpo estuvo pegado al suyo antes de que yo pudiera protestar.


Capítulo 19 Traducido por krispipe Corregido por Morin

Nixon olía a chico caliente. En serio, deberían embotellarlo y ponerlo en las tiendas. Haría millones, no es que lo necesitara. Mi estómago se apretó. Todo lo que él había hecho. Sacudí la cabeza. No cuadraba. ¿Por qué estaba ayudándome, incluyéndome en su grupo de Elegidos? ―Nixon.―Apartándome para poder mirarlo a los ojos, me detuve de vomitar por los nervios y sólo espeté―.¿Me estás engañando? Sus ojos azules se abrieron y entonces extendió la mano y agarró mis hombros. ―¿Qué? ―E-engañándome.―Miré hacia mis zapatos de nuevo. Ahí iba mi valentía―.Quiero decir, ¿estás haciendo todo esto para poder simplemente, no sé, tirarme a los lobos más tarde? ―¿No confías fácilmente, verdad?―preguntó. Sacudí mi cabeza. ―No te culpo.―Suspirando, me tiró de vuelta en sus brazos y comenzó a balancearme―. Y no, no te estoy engañando. Te lo he dicho antes. Quiero protegerte… Al principio, sólo eras otra chica nueva a la que tenía que poner al corriente, pero ahora… ―¿Ahora?―repetí. ―¿Ahora eres la chica que muge?―Ofreció, riendo entre dientes. Traté de alejarme, pero fue imposible. ―Eres… ―Dejó de balancearse y apartó la mirada de mi cara durante unos segundos―. Eres hermosa…En cierto modo, he estado buscándote toda mi vida. ―Guau, fácil en las líneas de una película cursi.―Me reí. Él no rió.


―Lo digo en serio.―Sus ojos se oscurecieron y recordé de nuevo cómo de protector e impredecible podía ser―. Sólo deseo que puedas recor… Sus labios estaban en los míos antes de terminar la frase. Con un gruñido me levantó y envolví mis piernas alrededor de su cuerpo y me puso abajo contra la manta. El cuerpo de Nixon se cernía sobre el mío. Un momento de indecisión cruzó su rostro mientras se alejó y maldijo. Por alguna razón, no le permití pensar en lo que estábamos haciendo. Sólo quería sentirlo. Quería que ese momento fuera nuestro, lejos de la escuela, lejos del drama, lejos de todo. Mis labios tocaron los suyos. Con un suspiro, apoyó la frente contra la mía y pasó los dedos por mi pelo mientras sus dientes rozaban mi labio inferior. ―No tienes ni idea…―Respiró a través de mis labios mientras sus manos se movieron a mi cuello y me levantaron más cerca de su cuerpo―. De cuánto te quiero. Mi respiración era entrecortada mientras sus labios se aplastaron contra los míos. Todo lo que podía saborear era a Nixon. Todo lo que podía oler era a Nixon. Una mezcla de naturaleza y especia invadió mis sentidos cuando su lengua se deslizó en torno a la mía, haciendo mi mundo estallar de placer y sensaciones que nunca había experimentado antes. Temblando, moví mis manos a los agujeros de sus vaqueros y tiré de la parte inferior de su cuerpo hasta que encontró el mío con tal fuerza que dejé escapar un grito ahogado. Tomando ventaja de mi boca abierta, la boca de Nixon se pegó a la mía con tanta fuerza que casi dolió. Mis dedos se apretaron contra los huesos de su cadera mientras se acomodaba entre mis muslos. Nunca había hecho esto con un chico antes, pero todo se sentía tan bien que no quería parar, ni me preocupaba realmente que hubiera vacas cerca o que estuviéramos en nuestra primera cita real. Sólo lo quería todo para mí. Nixon maldijo cuando le devolví el beso tan fuerte como pude, mis dientes mordiendo sus labios. Hizo una pausa y gruñó contra mí. Con poco esfuerzo, me volteó hasta que yo estaba a horcajadas sobre él.


Mi cabello cayó sobre mi cara cuando me incliné y lo besé suavemente en los labios. Sus manos se movieron a mis caderas y luego me empujó suavemente hacia atrás y me miró. Sus helados ojos azules casi brillaban en la oscuridad. Mi pecho se levantó y cayó, y él movió sus manos a mi chaqueta y asintió, como pidiendo permiso para sacármela. Um, sí por favor. Extendí mis brazos mientras él la quitaba, dejándome en nada más que un vestido casi trasparente y un sujetador de encaje. Por un momento, pensé que había muerto. Su respiración se volvió superfici al. Cerró los ojos y murmuró―: Esto se suponía que siempre sería así. Siempre. ―¿Cómo qué?―susurré. ―Como esto.―Sus dedos rozaron mis pechos y se movieron a través de mis caderas hasta que finalmente se asentaron en mi trasero―. Como esto―repitió mientras su mano alcanzaba mi cara y trazaba el contorno de mis labios con sus dedos―. Y como esto…―Esa misma mano se movió a mi pecho. Mi latido tenía que ser errático, ni siquiera podía pensar con claridad. Pero él parecía demasiado concentrado, tan serio sobre nosotros estando juntos. Tenía que haber más, no era que me importara. Quiero decir, tenía a Nixon a mi merced, y realmente, todo lo que quería hacer era aprovechar. Él era tan hermoso. ―Yo… ―Nixon tragó―. Tengo que besarte. Tengo que tenerte… todo de ti. Sentí que mis ojos se entrecerraron con deseo mientras asentí mi consentimiento. Y entonces me tiró hacia él y besó mi cuello. Me arqueé con la sensación de sus labios calientes sobre mi clavícula y entonces… Oí sirenas. ―Quédate―murmuró mientras seguía besándome―. No nos van a ver. ―Está bien.―Empujé su cabeza a un lado y comencé mi propio asalto en su cuello. Él se rió entre dientes y maldijo mientras me tiraba con más fuerza contra él. Apreté los muslos en torno a él mientras sus manos se movían a mi ves tido, levantándolo lentamente hasta que sentí el frío de la noche. Las sirenas sonaron más cerca, pero no me importaba. Quería más. Asentí mientras levantaba más y más hasta que una puerta de un coche se estrelló.


Sus manos se congelaron donde estaban. Pasos se acercaban a nosotros. ―Mierda.―Rodó los ojos y me empujó suavemente mientras se levantaba.


Capítulo 20 Traducido por MewHiine Corregido por Armonía&paz

Sabía que mi piel estaba sonrojada, quiero decir ¡vamos! acababa de estar a horcajadas sobre el chico más bueno que he tenido el placer de ver en la vida real. ¿Quién no estaría sonrojado? En el momento en que mi vestido cayó a una longitud apropiada y terminaba de arreglármelo, el policía rodeó la esquina con una linterna. Vaya, pensaba que sólo hacían eso en las películas. ―Esto es propiedad privada. ―El policía sonaba enojado. Genial. Iba a ser arrestada en mi primera cita real. Con suerte, Nixon no se sentiría amenazado y sacaría su arma. Cálmate, chico. ―Lo sé. ―Fue la respuesta fría de Nixon. Vaya mierda. ¿Me pregunto si mi abuelo me sacaría bajo fianza? ―Entonces, ¿qué diablos están haciendo aquí chicos? Nixon echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Sentí que mis ojos se abrieron con su respuesta, ¿estaba tratando de que nos arrestaran o algo así? ―Conozco al dueño―dijo Nixon cuando se echó a reír―. Estoy seguro de que no le importará. ―¿Qué no le importará? ―El policía repitió―. Hijo, ¿tienes alguna idea de quién demonios es dueño de esto? ¡Te puedo garantizar que le va a importar! De hecho, si se entera de que hay chicos a esta hora en la noche ni siquiera yo puedo protegerlos de ese hijo de… La linterna cayó sobre la cara de Nixon. Él entrecerró los ojos y puso una mano delante de su cara. El policía tragó, pero no terminó la frase. Nixon se rió entre dientes. ―Continúe, ese hijo de… ¿qué? ―Uh… Cañón. Hijo de cañón. Lo siento, Sr. Abandonato, no me di cuenta…


―Está bien. ―Nixon se metió las manos en los bolsillos―. No se dio cuenta. ¿Verdad? ―Mi número de placa es… Nixon sacudió una mano hacia el oficial. ―Eso no será necesario. No voy a denunciarle. Sólo estabas haciendo tu trabajo. Aunque es una lástima que tuviera que ser en este mismo momento. Los ojos del oficial se posaron en los míos mientras levantaba la linterna hacia mí cara. ―Lo siento mucho, señor. Rodé los ojos y puse una mano en mi cadera. Avergonzada completamente, mi única opción era fingir estar irritada, cuando en realidad lo único que quería hacer era arrastrarme en un muy pequeño agujero oscuro. Preferiblemente con Nixon, pero lo que sea. Yo sabía que no podía conseguir todo lo que quería. ―Así que… ―Él asintió con la cabeza torpemente―. Voy a seguir mi camino. Salude a su padre de mi parte, ¿quiere? Él todavía tiene problemas con… ―Gracias. ―Nixon le dio la mano al policía y le encaminó hacia su coche―.Buenas noches. El policía frunció el ceño, pero hizo exactamente lo que dijo Nixon y se marchó. Esta vez no hubo ninguna sirena. Sólo grillos y un montón de mugidos. Nixon se dio la vuelta y sonrió. ―Bueno, esto no salió según lo planeado. ―¿Oh, de verdad? ―Crucé los brazos, de repente un poco enfriada porque había perdido mi chaqueta―. ¿Y cómo se supone que debía ir? Él dobló el dedo y como un borracho de amor rechazado. Me encontré en sus brazos y besó suavemente mis labios. ―Hmm. ―Sus manos se enredaron en mi pelo―. Como esto. ―Se rió cuando dejé escapar un pequeño gemido―. Y un poco como esto. ―Sus manos se deslizaron hasta mi trasero, llevándome contra él―. Y muy parecido a esto. ―Su lengua se hundió en mi boca. Sentí algo zumbando contra mi muslo. ¿Qué diablos? Nixon se congeló y se apartó. Juro que mi boca se sentía desnuda o algo así. La calidez de sus labios se había ido, y me encontré con mi cuerpo lleno de remordimientos por el hecho de que ya no me estuviera empujando contra él. ―Mierda, um… ―Nixon miró su teléfono―. Tengo que tomar esto, espera.


Sus ojos se pusieron un poco locos como si no pudiera creer que su teléfono no hubiera estado apagado, pero ¿qué esperaba el chico? Quiero decir, lo había traído con él. Caminó unos metros lejos de mí y se apoyó en la valla. ―No. Eso es imposible. No hasta mañana. ―Me miró. Le ofrecí una sonrisa débil. Él me dio una apretada a cambio y luego maldijo en el teléfono. Esforzándome para oír, lo único que pude distinguir fue otro idioma. ¿Estaba haciendo eso para que yo no le pudiera entender? Después de unos segundos donde pensé que se estaba preparando para perforar una de las vacas en la cara, colgó y se dirigió hacia mí. ―Nos tenemos que ir. Eso fue todo. Ni beso, ni abrazo. Nada. ―¿Qué diablos? ¿Ningún por favor esta vez? ―Tomé mi chaqueta del suelo y sacudí el polvo de encima antes de ponérmela, mientras él hacia un trabajo rápido limpiando nuestro pequeño picnic. ―No esta vez―refunfuñó―. Se trata más de un pedido. Algo así como, lleva tu culo hacia el coche antes de que yo lo haga por ti. Horrorizada. Estaba congelada en el lugar. ―¿Q-qué? ―Metete. En. El. Maldito. Coche. Ahora. ―Cada palabra la dijo con tanta irritación e ira que mis ojos se llenaron de lágrimas. Mordiéndome el labio, asentí una vez y salté en el coche. El maletero se cerró de golpe y entonces él estuvo en el asiento del conductor murmurando para sí mismo. Me moví tan lejos de él como pude. ¿Qué estaba mal conmigo? Hace unos minutos nos los estábamos montando y de camino a algo más, y ahora él estaba enojado de nuevo. Era como si mis peores temores se hicieran realidad. ¿Era mi final de cuento de hadas con Nixon teniendo la última palabra? Cerré los ojos y deseé que las lágrimas permanecieran adentro ¿Y si todo había sido un truco? Y como una idiota había caído en ello, caí con su encanto justo como cualquier otra. ―Hey. ―Nixon se movió y me agarró la mano―. Siento lo de… ―Golpeó el volante―. Maldita sea. Sólo lamento haberme asustado. Pero teníamos que salir de allí.


―Pero es de tu propiedad―señalé con una voz temblorosa. ―Lo que el policía no tuvo problemas de explicarles a sus otros amiguitos que patrullan esta noche. ―Lo que sea. ―Negué con la cabeza―. Ni siquiera sé por qué importa ¿Por qué te importa? ¡No es como si ellos fueran a venir a vernos montándonoslo también! En ese momento, Nixon se rió. ―Yo no estaba preocupado por ellos, Trace. ―No lo entiendo. ―Protección. Prometí protegerte, ¿verdad? Asentí con la cabeza. ―Por lo tanto, confía en mí. ¿Lo que estoy haciendo en este momento? Soy yo tratando de hacer lo imposible para protegerte. ¿De acuerdo? ―¿Gritarme y ordenarme es protegerme? ―Dije… ―Nixon se pellizcó el puente de su nariz―. Dije que lo sentía. Tienes razón. No debería haber sido tan grosero, pero teníamos que salir de allí, como echando leches. Mordiendo mi labio para no decir nada, simplemente dejé caer el silencio en el coche. Una vez que nos acercábamos a la escuela me di cuenta de dos suburbans desviarse por la calle y ponerse delante de nosotros. Las manos de Nixon se apretaron en el volante hasta que se pusieron blancas. Sus ojos se clavaron en el espejo retrovisor. Me di la vuelta en mi asiento. Su brazo salió volando hacia mi pecho sosteniéndome en el lugar. ―No mires. Bien, ahora estaba asustada. ―Nixon, ¿qué es lo que no me estás diciendo? Su brazo se echó hacia atrás mientras agarraba el volante y giraba duro hacia la derecha. ―Nada que necesites saber… todavía. Eché un vistazo por el espejo lateral y noté un coche parecido al nuestro ponerse detrás de nosotros muy cerca. Las ventanas estaban tintadas de modo que era imposible ver el interior. Mi respiración se aceleró en el momento en que vi a una ventana abierta y una pistola unida a un brazo.


―Um, Nixon. Nixon… El coche detrás de nosotros, tienen armas. ¡Nixon ellos tienen armas! ―¡Mierda! ―Nixon metió la mano en la guantera y sacó una pistola de color negro. Mierda, estaba oficialmente en mi propio drama televisivo―. Trace, necesito que mantengas un perfil bajo. ¿Puedes hacer eso? Inclínate hacia abajo en tu asiento, ¿está bien, cariño? Tratando de no llorar o desmayarme, me incliné tan abajo como pude al mismo tiempo que estaba atada en el asiento. Nixon giró duro hacia la izquierda y el o tro también giró hacia la izquierda. El coche detrás de nosotros aceleró. El rostro del hombre apareció en el coche, y algo me resultaba vagamente familiar en él. No estábamos lo suficientemente cerca para verles sin embargo. Nixon estaba conduciendo como el diablo. Algo que me habría hecho reír si no tuviera miedo de que fuéramos a morir. ―Trace, ¿Cómo lo estás llevando? Habla conmigo, Trace. ―La voz de Nixon no estaba preocupada. Parecía tranquilo, lo que me tranquilizó, pero sólo un poco. ―Estoy… fantástica. ―Apreté las manos juntas y suspiré. Pasamos un bache. O al menos yo pensé que era un bache, pero cuando miré por el espejo lateral noté que el coche detrás de nosotros estaba tratando de golpearnos. ―¿Están tratando de matarnos? ―Es posible. Supongo que lo que quieren es ver con quien estoy y por qué quiero ir lejos para esconderte. ¿Qué demonios? ―¡¿Por qué sonríes?! ―grité. ―Porque, estamos casi en la escuela. Saben que estamos en nuestro camino y no hay forma en el infierno que esos chicos lleguen a menos de cien metros del lugar. Ya casi estamos, cariño. El coche se sacudió de nuevo. Grité. Nixon giró duro el coche, haciendo que patinara bajo la presión y la velocidad.


―¡Oh, Dios mío, oh Dios mío! ―Cerré los ojos. Esto tenía que ser un sueño. ¡Esto no podía ser real!―. ¡Voy a morir siendo virgen! ―solté y entonces empecé a hiperventilar verdaderamente. ―¡¿Qué?! ―Nixon gritó. ―Virgen―repetí con avidez tratando de aspirar más aire en mis pulmones―.¡Voy a morir siendo virgen! ¡Voy a morir sin haber ido al extranjero! ¡Nunca he estado desnuda delante de un hombre antes! ¡Oh, Dios mío! ¡Nunca voy a tener hijos! ¿Y si quiero niños? ¿Y si…? ―Trace… ―Nixon intentó interrumpirme, pero era como si estuviera viendo mi cuerpo enloquecer y no podía dejar de hablar. ―Nixon, tienes que prometerme que si salimos de esta…Y eso es un gigante si, teniendo en cuenta que estamos literalmente atrapados entre dos máquinas de la muerte… vas a tomar mi virginidad. ¡Tómala! ―Trace, no creo que este sea el momento de… ―¡Promételo! ―Trace… ―¡Prométemelo, maldita sea! ―Bueno, era oficial. Yo había perdido la cabeza. Apreté los ojos con más fuerza cuando nuestro coche golpeó contra algo y luego aceleró pasando sobre baches lo bastante grandes para ser personas. ―¡Mierda-mierda-mierda! ―Me cubrí la cara con las manos, y de repente el coche patinó hasta detenerse. Me asomé a través de mis dedos. Nixon puso tranquilamente su pistola en la guantera y abrió la ventana mientras le daba un resumen de lo que acaba de pasar al guardia de seguridad. Sacudida. No estaba segura de que pudiera moverme, y mucho menos hablar. ¿Acababa de rogarle a Nixon que tomara mi virginidad? Horrorizada. Me llevé las manos sobre mi cara ardiente de nuevo. El coche se movió y fuimos en silencio. Por último, llegamos a otra parada y Nixon apagó el coche.


Todavía me negaba a mirarlo o quitar mis manos de mi cara. Iba a tener que utilizar una Quijada Mecánica12 en mis manos. No había forma en el infierno que yo fuera a… ―¡Hey! ―grité cuando sacó mis manos libres de su agarre. Cerré los ojos otra vez. Tal vez si yo no lo podía ver, él no podía verme. Ya sabes, ¿Como cuando juegas a las escondidas cuando eres pequeño? ―Trace. ―La voz de Nixon denotó un poco de humor así que abrí un ojo y luego los dos―. ¿Estás bien? ―No. ―Me estremecí―. ¡No estoy bien! ¡Podríamos haber muerto! ¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué tenían armas? ¡¿Es así todo el tiempo cuando sales en público?! ¡Qué demonios, Nixon! ¡Necesito respuestas! ―Además de un voluntario… ―Nixon se rió entre dientes. ―¿El qué? Él se echó a reír. ―Sí. ―Sí, ¿qué? ―Mi respuesta. ―Guiñó un ojo―. Sólo di fecha y lugar. Voy a estar allí. Oh, Dios mío. Él no quiso decir… ―Sería un honor. ―Se mordió el labio y felizmente golpeó el volante―. Quiero decir, me encantaría ser el chico que entra en territorio desconocido y… ―¡Cállate! ¡Cállate! ―Me llevé las manos a los orejas, convencida de que estarían tan rojas que se iban a caer, literalmente, de mi cabeza―. Oh mi infierno. Estoy tan avergonzada. ―Hey, esa ha sido una experiencia de unión real ahí atrás―Nixon susurró mientras se acercaba a mi cara y luego retiró con suavidad mis manos a cada lado de mi cabeza y me besó en la parte interna de la muñeca―. Y no te preocupes… vamos a esperar hasta que estés lista. ―Vas a tener que esperar mucho tiempo…

12

Jaws of Life: En México se usa literalmente “Quijadas de la Vida” y en otras muchas partes como “Mandíbulas mecánicas”, lo cual hace referencia a un mismo aparato de gran tamaño con unas enormes pinzas de hierro que usan los bomberos para abrir metales en acto de rescate.


―No es que tu no lo hayas hecho ―replicó, y antes de que yo pudiera llegar a una respuesta ágil, sus labios estaban aplastando los míos,devorándolos era más lo que hacía. Instintivamente envolví mis manos alrededor de su cuello. ―Ahora es bueno también. ―gimió cuando abrí mi boca para él. Un golpe nos hizo sacudirnos lejos el uno del otro. Me di la vuelta y me enfrenté inmediatamente con la cara de mi abuelo. Todo un día completo. Señalando hacia mí con el ceño fruncido en su rostro. Y asegurando el segundo de mis momentos más embarazosos en una noche.


Capítulo 21 Traducido por MewHiine Corregido por Karool Shaw

El abuelo no parecía contento. De hecho, si las miradas pudieran poner la ropa de la gente en llamas… Nixon debería detenerse, agacharse, y rodar en este instante. Nos enfrentamos a él como dos adolescentes que acaban de ser atrapados besándose. Lo cual, para ser justos, era una especie de verdad considerando que yo sólo tenía dieciocho. Sin embargo, no pensaba en Nixon como yendo a la Universidad. ¿Tal vez tenía algo que ver con que él fuera muy protector? ¿O que los adultos tuvieran miedo de él? ¿O el arma? Sí, el arma, probablemente también lo hacía. El Abuelo tendría un derrame cerebral si supiera la verdad. No es que yo supiera la verdad tampoco. Pero estoy bastante segura de que tenía que ser malo. Quiero decir, ¿por qué si no personas estaría persiguiendo a Nixon y apuntando con armas desde sus coches? Me sorprendió lo bien que yo lo estaba manejando todo, pero en ese momento mi vergüenza superaba el miedo… lo que era probablemente una buena cosa. ―Hey, abuelo, llegas pronto. ―Le di un abrazo torpe y esperé que empezaran los gritos. Él me abrazó y luego le disparó dagas Nixon. ―Tú. Uh oh. El abuelo no sabía quién era Nixon. No tenía ni idea de que el policía lo llamó Sr. Abandonato, y que las mujeres casi se desmayaban en su presencia. No conocía este mundo, así que no sabía que entrecerrar los ojos a Nixon era como un deseo de muerte. ―Yo ―repitió Nixon―. Es bueno conocerlo al fin, Sr. Rooks. ―No escuché tu nombre. ―El abuelo se cruzó de brazos negándose a estrechar la mano de Nixon.


―¿En serio? Podría jurar que ya lo sabía. ―Nixon estaba casi pecho con pecho con el abuelo ahora. Mierda. Iban a matarse el uno al otro. Intenté pasar entre ellos, pero en cuanto me moví, los brazos de ambos salieron y me empujaron suavemente fuera del camino. Extraño. ―Soy viejo. ―Abuelo soltó una risa hueca―. Dímelo otra vez, ¿cuál es tu nombre… hijo? La mandíbula de Nixon se flexionó. ―Nixon Abandonato. Pero la mayoría de la gente de por aquí me llama señor. ―Eres demasiado joven para ser un señor. ―Y tú eres demasiado viejo para proteger a tu nieta. ―He estado protegiéndola toda mi vida. ―El abuelo punteó a Nixon en el pecho, pero Nixon no se movió―. Y por último, te informo que no recibo órdenes de un simple niñato. ―Probablemente sea hora de dejar que otra persona la proteja. Levanté mi mano y me aclaré la garganta. ―Um, PSI 13 , estoy parada justo aquí, y no tengo ni idea de por qué se están comportando como unos idiotas en este momento, pero tengo muchas ganas de entrar. Quiero decir, yo casi muero justo ahí atrás. Las ventanas de la nariz del abuelo se encendieron. Sin previo aviso, se tambaleó hacia atrás y golpeó Nixon en la cara. Lo agarré dentro de mis manos. ―Abuelo, él me salvó. Él… ―Él…―El abuelo señaló a Nixon. La sangre brotaba de su nariz―. ¡Es una mala noticia, Tracey! ¡No quiero que veas a este chico nunca más! ―¡No! ―grité―. ¿Por qué eres así? Abuelo, te echo de menos. ¡No te he visto en semanas, y acabas de darle un puñetazo a mi novio en la cara! ¿Estás loco?―Whoops. Puede que haya dejado caer la palabra novio demasiado pronto.

13

En el original “FYI” que sería: For You Information. Lo cual en español sería “Para tú información” pero como en esta ocasión se refiere a más de una persona, entonces sería “Para su información”, pero en in gles sigue siendo FYI ya que “You” se refiere tanto a segunda como terceras personas.


Nixon probablemente pensaría que yo era bastante estúpida. Una cita no significaba que fuéramos novios. ―¡Novio! ―El abuelo alzó su brazo para golpear a Nixon nuevamente, pero en esta ocasión me puse delante de mi cita sangrado por lo que el abuelo dejó caer su mano―. ¿Trace? ―Me gusta. ―Me recosté contra Nixon y suspiré cuando su brazo pasó alrededor de mí y me abrazó contra él―. Él incluso le dio una paliza a un tipo que me intimidó. Él es bueno. Te lo iba a contar todo sobre él durante la cena de mañana. En realidad, yo iba a invitarlo, pero ahora que le has apuñeteado en la cara… ―Trace. ―La voz de Nixon era rasposa―. Está bien. Debes pasar algún tiempo a solas con tu abuelo mañana. No vayas a clase. Tómate un día libre. En realidad, es probablemente mejor que lo hagas, teniendo en cuenta todas las cosas. Has tenido una noche difícil. Perpleja, me volví en sus brazos y lo miré fijamente. Sus ojos estaban helados. Ninguna emoción estaba detrás de ellos. Era como mirar una estatua.―¿Por qué haces esto? Ven mañana con nosotros, será… ―Será mejor si haces lo que dice tu abuelo. ―Nixon terminó y se lamió los labios. La sangre seguía goteando lentamente sobre ellos―. Fue… interesante conocerle otra vez, Sr. Rooks. Asegúrese de mantener un ojo sobre las sombras mañana por la tarde. Ellos han estado al acecho. No me giré a tiempo para ver la cara del abuelo, pero repentinamente parecía muy viejo como si sus arrugas hubieran tomado suficientes vidas. Él miró hacia otro lado. Con lágrimas en sus ojos. ―¿Y esta noche? Nixon me soltó. Mientras se alejaba, dijo―: La existencia de la paloma aún no es sabida. ―¿Qué? ―le grité. Pero Nixon ya se encontraba saltando en el coche y empezando a andar. El Abuelo envolvió su brazo alrededor de mí. ―¿Estás segura de que estás bien, Trace? ―susurró cuando su abrazo se apretaba alrededor de mis hombros. ―Sí, pero… ―Miré de nuevo a Nixon―.No lo entiendo.


El abuelo se rió entre dientes. ―Es un chico interesante, este Nixon. Pero no puedes verlo nunca más. No es… inteligente. Eres una chica tan joven y… ―Abuelo. ―Salí de su abrazo―. ¿De verdad has venido hasta aquí para hacer cosas de locos y convencerme de no salir con mi novio? ¿O es que quieres pasar algún tiempo conmigo? Su cara de preocupación estalló en una sonrisa. ―Yo quería pasar tiempo contigo, por supuesto. ―Me acompañó hasta la puerta de mi dormitorio―. ¿Por qué no te saltas mañana? Te recogeré a las ocho para el desayuno. Asentí con la cabeza. ―Abuelo. ―Me lamí los labios―. Las cosas son extrañas aquí. Ellos… no sé, a veces me siento como si todo el mundo me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. ¿Eso tiene sentido? ―Sí. Y te prometo que haré lo que pueda para aclararte las cosas. Pero no esta noche. Ahora, descansa. Ya es tarde. ―Me echó adentro. Lo vi alejarse en la oscuridad y entrar en un Mercedes negro esperando. Raro. Él debió haberse modernizado o algo así.

*~*~*~*

Dos horas más tarde Nixon aún no me había enviado un mensaje de vuelta. Monroe había salido con Tex y decidido quedarse en su casa, lo que sea que eso significase. Así que yo me hallaba sola y todavía algo asustada. No ayudó que era alrededor de las once y todavía no podía dormir. Traté con Nixon de nuevo. ¿VAS A DECIRME QUÉ PASÓ ÉSTA NOCHE? Tiré mi teléfono sobre la cama y gemí. Al final, dos minutos más tarde, respondió. ¡SEGURO! ME OFRECISTE TU CUERPO, ¿PUEDO TOMARLO? Me eché a reír. ¡ERES UN ASNO Y ESO NO ES DE LO QUE ESTOY HABLANDO!


Si las evasivas fuesen un deporte, Nixon sería un atleta olímpico, honestamente. Ahora que me ponía a pensar en ello, incluso en el coche había cambiado de tema para avergonzarme y por consiguiente me besó. Bien, o yo era muy fácil, lo cual podría ser cierto si se consideraban las cosas locas que Nixon me causaba, o él no me quería haciendo preguntas. Mi teléfono sonó otra vez. ¿SOY UN ASNO? ESO NO ES LO QUE DECÍAS CUANDO NOS ESTÁBAMOS BESANDO. ¿QUIERES QUÉ VAYA? Me quedé mirando el mensaje de texto. ¿Lo hacía? El Abuelo tronaría, pero él no tenía por qué saberlo. Y me sentía sola. ¿VAS A RESPONDER MIS PREGUNTAS? Él respondió de inmediato. QUIZÁS. Sonreí y escribí: TRAE PALOMITAS.


Capítulo 22 Traducido por Caroeli0106 Corregido por Karool Shaw

Intenté concentrarme en la última novela de zombis que había comprado en mi e-reader pero cada vez que el autor describía los ojos del héroe, pensaba en Nixon. Cada vez que la pareja se besaba, pensaba en sus labios. De verdad, era patético. Media hora después del último mensaje de Nixon, escuché a mujeres desmayarse en mi pasillo. Está bien, posiblemente no las pude escuchar, pero sí oí a Nixon. Él se estaba riendo. Suspiré sosteniendo mi e-reader cerca de mi corazón. Me encantó su risa. En serio, alguien tenía que venir y golpearme con mi e-reader. Estaba actuando locamente. Lo conocía por cuánto, ¿dos semanas? Ni eso. Me encontraba peor que una doceañera fan de Justin Bieber con la fiebre, o como sea que ellas la llamen. Mi puerta se abrió. ―¿Tienes tarjetas de acceso a todas las habitaciones o algo así? ―Salté de mi cama y luché con la urgencia de hacerle frente a un Nixon sonriente. ―Por supuesto. ―Él sonrió de un modo que decía, soy importante, por lo que se. Rodé mis ojos. ―¿No veo las palomitas? ―Acerca de eso. ―Se rascó la cabeza―. Chase estaba aburrido así que… ―¡La fiesta es aquí! ―gritó Chase desde la puerta, cargado con alimentos suficientes para alimentar a un país pequeño―. Hazte a un lado, Nixon. Es tiempo de películas de chicas y yo tengo la mercancía. ―¿Está drogado? ―Crucé mis brazos y examiné los ojos de Chase. ―No. ―Ellos dijeron al unísono.


―Yo soy mi yo asombroso. Creo que he tomado dos Red Bulls, por ello mi sonoridad. Maldita sea, estaba aburrido. Me has salvado la vida. ―Chase guiñó un ojo y colocó los alimentos en el escritorio que compartíamos en nuestra habitación. Siempre parece que olvido lo atractivo que es. Casi sentí pena por quien sea que terminó con el chico. Al lado de Nixon, él era el chico más caliente aquí y de igual manera el que tenía mayor problemas con los que lidiar. Bueno, quizás no tantos, pero cerca. Después de todo, eran familia. Nixon cerró la puerta de mi habitación de un portazo, para decepción de las chicas que esperaban en el pasillo viéndome como si fuera la ramera del siglo. ―Así que… ―Empecé a desempacar las compras. Ni siquiera quería saber el detalle de la seguridad que el chico llevó consigo para obtenerlos―. ¿Qué película trajeron chicos? Chase rio. ―Bueno, es gracioso que lo preguntes. ―Chase―advirtió Nixon, pero Chase continuó hablando. ―Aquí Nixon estaba haciendo pucheros acerca de su cita fallida, y yo pensé para mí mismo, guau, ¿Qué le podría hacer sentir mejor? ¿Qué podría inspirarle a ser más romántico? Quiero decir, ¿vacas, hombre? ¿De verdad? ―Eso fue romántico. ―Defendí a Nixon y caminé hacia sus brazos, incapaz de poder ayudarme a estar más cerca de él. ―Vacas. ¿Las vacas son románticas? ―Chase sacudió su cabeza―. Creo que no. Y en mi opinión, ni en la de miquerida madre, Nicholas Sparks es la mierda. Por lo tanto, vamos a ver… redoble de tambores, por favor. Nixon y yo permanecimos allí mientras Chase rebotaba sus manos contra el escritorio. ―¡The Notebook! ―Mátenme ahora―maldijo Nixon. Yo sonreí. ―Ey, es una buena película. Chase sonrió satisfecho a Nixon. ―Dilo, amigo. Dilo. ―¿Decir qué? ―¿V-vampiro? ―Nixon adivinó totalmente citando a Crepúsculo. Colocó a Chase de cabeza mediante una llave y maldijo―.Bien, tenías razón al escoger


Nicholas Sparks. Buen trabajo. Lástima que no puedas usar nada de dicho romance para hallar a tu propia chica. Chase se apartó y se encogió de hombros. ―Ya he encontrado a mi chica. Nixon entrecerró sus ojos. Chase caminó hacia mí y colocó su hombro a mí alrededor. ―Lo ves. Todo salió a la perfección. El momento en que metas la pata, y seamos honestos, eres como una bomba de tiempo, estaré en picada para matar. ―Romántico. ―Saqué el brazo de Chase de mi hombro y me aparté. Los ojos de Nixon se volvieron fríos nuevamente mientras miraba a Chase.―No en esta vida, amigo. ―Nunca se sabe. ―Contraatacó Chase. Un momento, ¿Cuándo todo esto se volvió serio? Ambos parecían listos para darse de golpes. ―¡De acuerdo, demasiada testosterona! ―Me coloqué entre ellos―. Miremos solo la película, ¿bueno? Chase dejó su seriedad y sonrió. ―Claro, solo déjame coger las papas y la salsa. Oh sí, y las palomitas. También traje algo de regaliz y Skittles14 . ―¿Skittles? ―repetí. ―Él quería que probaras el arcoíris ―gimió Nixon―. Es una de sus líneas, y después él pone Skittles en su boca y te besa. Es una línea muy cansada que no puede dejar de lado, ¿no, Chase? ―Bastardo. ―Bromeó Chase y fue a tratar de colocar nuestros aperitivos juntos. Nixon se acostó en mi cama y me tendió su mano para que lo siguiera. Me acurruqué a su lado y unos minutos después sentí mis ojos cerrarse. ―Está bien―susurró Nixon en mi oreja―. Puedes dormir. Sé que fue una noche difícil. ―Pero… ―No abrí mis ojos―.Se supone que hablaríamos sobre esta noche y sobre por qué tienes armas y… Skittles. 14

Skittles: Es una marca de caramelos masticables de fruta producida, los dulces tienen los diferentes colores del arcoíris.


―¿Skittles? ―Rió―. ¿Qué, estás intentando probar mi arcoíris? ―Amo los arcoíris. ―Sonreí. ¿Uh? Debí haber estado soñando, porque pude haber jurado que escuché a Nixon decir―: Siempre te amaré. ―Yo también ―respondí, porque como sabes, estaba soñando y era totalmente aceptable decir eso en los sueños. Los labios de Nixon se situaban en mi cuello. ―Estoy contento que estés a salvo, Trace. Ahora duerme. Él se sentía tan bien. Me acurruqué tan cerca como pude y coloqué mi cabeza en el hueco de su brazo. Fue un sueño fascinante, estar en sus brazos, estar en paz.

*~*~*~*

El sonido de la alarma me despertó de golpe. Casi cayendo de mi cama, alcancé mi celular. ¿Quién lo conectó? Tenía un mensaje de Nixon. Esperen, ¿Nixon? ¿Dónde estaba? COLOQUÉ TU ALARMA A LAS SIETE SOLO EN CASO QUE TU VIEJO LLEGARA MÁS TEMPRANO. LIMPIAMOS LOS APERITIVOS PERO CHASE QUERÍA DEJARTE LOS SKITTLES. ¡ÚSALOS SABIAMENTE! DIVIÉRTETE HOY Y POR FAVOR MANTENTE SEGURA. Mi sonrisa era tan grande que me sorprendió que mi cara no doliera. Rápidamente le envié un mensaje de vuelta. GRACIAS POR NO PROBAR MI ARCOÍRIS MIENTRAS DORMÍA. PROMETO MANTENERME A SALVO. ADEMÁS NADIE PODRÍA ATACARME SI NO ESTÁS CERCA DE MÍ. ¡TÚ ERES EL IMÁN DE ARMAS! ¿TE VEO ESTA NOCHE? Retorcí mis manos ansiosamente mientras esperaba por su respuesta. DEJA LAS LUCES PRENDIDAS J Con un emoticón feliz, le envié una sonrisa en un mensaje y miré la hora. Era apenas un momento después de las siete. Tenía cualquier cantidad de tiempo para bañarme y estar presentable.


Cogí mi gorro de baño y me puse mis pantuflas y salí al baño. El baño estaba bastante ocupado. Afortunadamente, una de las duchas estaba abierta. La cogí antes de que alguien lo hiciera y lavé mi cabello. El agua caliente era terapia para mi adolorida espalda. ¿Por qué tenía dolor en mi cuello? Rodeé mi cabeza y di un grito ahogado. Nixon. Me había quedado dormida en su brazo. No era de extrañar que mi cuello doliera. Aún sonreía cuando me sequé y recogí mis cosas para regresar a mi cuarto. Me dirigí hacia la puerta del baño, la abrí y casi tropiezo con una de mis compañeras de cuarto. ―Prostituta. ―Ella pasó junto a mí. ―¿Perdón? ―Me escuchaste ―se burló―. Eres una prostituta. ¿Dos chicos en tu habitación anoche? ¿Enserio? ¿Sabes que Nixon y Chase están sólo jugando contigo, verdad? Ellos son Elegidos y tú eres nadie. Un caso de caridad. Además… los rumores en la universidad dicen que tú se lo das a cualquiera. ―Mmm. ―Puse mi mano libre en mi cadera―. Me imagino lo que Nixon diría sobre eso. El miedo recorrió sus ojos por un pequeño momento antes de que se encogiera de hombros. ―Dile lo que quieras. Porque en pocos días aquello no importará de todas formas. Él se aburrirá. Ellos siempre lo hacen. Eres como el juguete nuevo, y créeme cuando te digo que Nixon realmente ama jugar. Buena suerte encontrando algún chico que quiera estar contigo luego de que él rompa contigo y vuelva a ponerte en la vitrina. Me quedé aturdida mientras ella daba pisotones. Las chicas se empujaban atrás mío. Pero no podía moverme. El pavor llenó mi estómago. ¿Qué si estaba en lo correcto? Yo no lo había conocido lo suficiente, y ¿no era algo raro lo cercanos que nos habíamos vuelto? Eso no era normal. Aunque no era lo suficientemente rústica como para pensar que algo en nuestra relación era normal. Era extraña, pero funcionaba, ¿cierto? Mordí mi labio inferior y caminé de regreso a mi dormitorio. Monroe se situaba sentada en su cama con una mirada como si hubiera sido besada profundamente la noche anterior.


―Lo capto, ¿Tex fue atento? ―Decidí no decirle nada sobre mi discusión con la chica en el baño y me deshice de mis cosas mientras esperaba que Mo respondiera. ―Él es tan… ―Suspiró feliz―… perfecto. ―¿Tex? ―Reí―. ¿Estamos hablando de Tex, verdad? ―¡Cállate! ―Me lanzó una almohada a la cabeza y rió. Oh Dios, le había dado realmente fuerte. Verdad, como si pudiera hablar. De hecho, suspiró leyendo una novela que comenzó a leer hace media hora―. Él es tan dulce y mi familia lo aprueba, lo cual es un gran combo. Mis manos se congelaron en mi bata de baño. ―¿Tú familia es algo estricta? ―¿Algo? ―bufó―. El último chico con el que salí huyó gritando, y no estoy bromeando. Todo en mi familia es sobre apariencias y conexiones. Felizmente, Tex es todo lo que a mi papá le gusta. ―¿Qué quieres decir? ―Bueno, para empezar, sus padres acaban de adquirir una compañía de software multimillonaria, y se supone que Tex se hará cargo de los negocios de la familia en unos pocos años. Me refiero, no como Nixon. Creo que las cosas pasan más rápido de lo que imaginas, pero Tex es el siguiente y… ―Espera. ―Alcé mi mano―. ¿Nixon maneja el negocio de tu familia? ―Negocios. ―Mordió la uña de su dedo―. Es como que él supervisa todo. Como el gerente de los gerentes, ¿sabes a lo que me refiero? O supongo que es solo el dueño–trabajador. Como sea. De todas maneras, Tex… ―Aguarda, una pregunta más. ¿Por qué está Nixon en la universidad? Monroe se rio. ―Creí que habías estado saliendo con mi hermano durante las últimas semanas. Tú sabes tan bien como yo que el actualmente no va a la universidad. Oh, Dios mío. Mi novio era un expulsado. ―¿El renunció? Me dio una mirada confusa. ―Um, técnicamente él ya se graduó. Tenía tantos créditos encima que este año decidió coger suficientes para ser presidente del cuerpo estudiantil, pero eso es todo. ¿Por qué crees que parece que siempre está vagando por los pasillos y tiene las tarjetas de acceso a todo? Ellos no se las dan simplemente a un estudiante.


―Pero… ―Confundida, empecé a tomar el ritmo―. ¿Por qué él no me lo había dicho? ―Relájate. ―Monroe saltó de la cama y me abrazó―. No es como un secreto. Todo mundo sabe sobre eso. Estoy segura que creyó que alguien ya te lo había dicho. ―Bien. ―Sonreí, a pesar de pensar que era forzada, y me apuré con mi rutina matutina. Me molestó que Nixon no me haya dicho nada. Pero lo que más me molestaba era el hecho que había estado confiando en él ciegamente durante los últimos días sin siquiera forzarlo a responder alguna de mis preguntas. La principal de ellas es… ¿Quién diablos era él?


Capítulo 23 Traducido por Caroeli0106 Corregido por Karool Shaw

Como lo prometió, mi Abuelo esperaba fuera de mi dormitorio a las ocho en punto. ―Te ves bien―le grité mientras salía. El minuto en el que se giró me congelé. Toda su barba blanca se había ido. Estaba usando un bonito traje, como esos que se ven en la publicidad de Armani, y su sonrisa parecía… preocupada. ¿Acaso en mi vida ya nada era real? ¡Mi abuelo era un granjero! ¡Un granjero! ¿Qué podría necesitar con un traje? Me acerqué a él y al mismo Mercedes negro en el que lo vi conducir la noche anterior. ―¿Qué sucede? ―Trace. ―Mojó sus labios―. Vamos a pasar el día junto y hablaremos, ¿de acuerdo? Pero no aquí, cariño. Moví la cabeza. Es decir, ciertamente no tenía otra alternativa. El carro olía como el abuelo, lo cual era raro considerando que era rentado. Las puertas eran pesadas, demasiado pesadas para ser un carro normal, y los vidrios parecían más gruesos de lo normal. Sin mencionar el tinte tan oscuro de las ventanas que hacía imposible mirar dentro. No tenía idea que se pudieran rentar carros como estos. ―¿Primero las buenas noticias o las malas noticias? ―preguntó el abuelo una vez que encendió el carro. ―Las malas. Siempre las malas primero. El abuelo tosió. ―Déjame empezar con lo bueno. ―¿Por qué preguntaste si de todas formas comenzarías con lo bueno? Se rió y se encogió de hombros. ―Las buenas noticias es que estaré en la ciudad por unos meses.


―¡Qué! ―chillé―. ¡Abuelo, que hay de las vacas! Sabes que a Wilbur no le gusta ser dejado con alguien desconocido, y Matilda es… ―Aún me arrepiento haberte dejado ponerles nombres a algunos animales.―Se quejó el abuelo―. Y Wilbur y Matilda estarán bien. Ellos tienen a Scott. Él se hará cargo de las operaciones por un tiempo. ―Scott. ¿Así como, nuestro primo Scott? ―Sí, Scott. ―Nos unimos al tráfico en el camino―. Él es un buen hombre y requiere algo de dinero extra, le pagaré para que cuide las cosas mientras estoy aquí. Y luego lo capté. El abuelo debía estar enfermo. Tenía que estarlo. ¿Por qué más él se mudaría? ―¿Estás muriéndote? El abuelo meneó su cabeza y escupió―: ¿Por qué piensas eso? ¿Me veo tan mal afeitado? ―No. ―Mi respiración volvió a la normalidad―. Yo solo… Bueno, ¿Por qué te mudarías aquí por un tiempo? ―Ahora, las malas noticias. ―El abuelo se veía pálido mientras avanzaba hacia la autopista. ―¿Qué? ―Todo lo que has conocido… está a punto de cambiar.

*~*~*~*

Por alguna razón sus palabras realmente no me golpearon como debieron haberlo hecho. Después de todo, había empezado a cambiar lentamente desde la muerte de la abuela. Simplemente no sabía cómo o por qué. Las cosas eran bastante raras como para no cambiar. Posiblemente esa era la razón por la que no hice más preguntas. En cambio, intenté concentrarme en qué haríamos Nixon y yo más tarde. Porque si pensaba


sobre el hecho de que el Abuelo me llevaba fuera de la ciudad en un carro lujoso, usando un traje, me hubiera vuelto loca. Cerré mis ojos por unos minutos con el fin de evocar la sonrisa de Nixon, su cara. Cuando los abrí, el Abuelo parecía inmerso en el volante. Saqué mi celular y le envié un corto mensaje a Nixon. ESTOY ALGO ASUSTADA. El no respondió de inmediato, pero cuando lo hizo, pretendí no escuchar vibrar al celular. El Abuelo estaba despistado. Saqué el celular y miré la pantalla. ESTÁS SEGURA Y NO TIENES POR QUÉ ESTAR ASUSTADA. Sonreí y escribí un mensaje de vuelta. ¿POR QUÉ? ¿ME ESTÁS SIGUIENDO? Mi celular volvió a encenderse. ¡TENGO QUE CORRER! Eché un vistazo por el espejo retrovisor en caso de que tuviera razón. Pero no podía ver el SUV de Nixon. Claramente leía demasiado. El Abuelo tomó la siguiente salida. Nos encontrábamos en las afueras de la ciudad en alguna especie de subdivisión en la no había estado antes. ―¿En dónde estamos? ―pregunté mientras pasábamos grandes casas y tierras. Aún podía ver el lago Michigan, por lo tanto podía saber que no estábamos tan lejos de Chicago. ―El lago del Bosque―respondió. Algo acerca del Lago del Bosque se me hacía familiar. Simplemente no sabía qué era. Tal vez era porque había visto muchos signos de él. Un momento, ¿Nixon me trajo en esta dirección para nuestra cita? De seguro, nosotros no habíamos venido tan lejos. ¿O lo habíamos hecho? Dios, se sentía como una eternidad regresar, pero podía haber jurado que eran solo veinte minutos en carro. ¿O eso era? Busqué en mi cabeza. ―Esto se ve como el lugar al que Nixon me llevó en nuestra cita.


―Cita―repitió el Abuelo―. ¿Con qué pastos, uh? Miré alrededor a una linda granja. ―Sí, algo así. El Abuelo no dijo nada por un momento mientras nos dirigíamos a un camino pavimentado que llevaba a una propiedad privada. ―Él probablemente estaba haciéndote recordar. Debería dispararle por hacerte eso. ―Él probablemente tiraría de su arma contra ti, Abuelo. ―Ups, eso se me salió. El abuelo pisó el freno. ―¿Viste su arma? ―Difícil no hacerlo con personas siguiéndonos. ―Me encogí de hombros. El Abuelo maldijo de la misma manera en la que Nixon maldecía constantemente, y no pude evitarlo. Empecé a reír. Esto era muy extraño. Como algo sacado de una película. Claramente estaba volviéndome loca. ―¿Qué es tan gracioso? ―El Abuelo sonrió. ―Suenas como Nixon. ¿De todas formas, qué lengua es esa? El Abuelo estaba callado nuevamente mientras nos dirigíamos hacia la puerta de la propiedad. A través de la barandilla lo dijo―: Alfero. ―Eso está en el collar de la abuela ―señalé al signo mientras las puertas se abrían, revelando una hermosa extensión de césped y fuentes de agua con árboles delimitando el camino. Cuando nos acercábamos al final del camino, una pequeña casa del árbol se hizo visible. Era una maldita mansión. Mi boca se abrió mientras el Abuelo detenía el carro. Con un suspiro sacó las llaves del contacto y me miró, la tristeza cruzó su cara. ―Bienvenida a casa, Trace.


Capítulo 24 Traducido por Lovingtobias Corregido por Karlix

―¿Casa? ―repetí en voz baja. De repente, un hombre con un auricular abrió la puerta.―Señorita Alfero, es un honor. Por acá. Mire boquiabierta al hombre y después mire de vuelta a mi Abuelo. Él estaba saliendo del auto y caminaba hacia nosotros. El hombre con el auricular dio una breve inclinación a mi Abuelo ―Señor. Alfero, bienvenido a casa señor. El Abuelo le dio una breve inclinación al hombre y puso su mano en mi espalda mientras me conducía a las gigantes escaleras de la entrada de la casa. Nadie me dijo que me debía preparar para lo que estaba detrás de esas puertas. Nadie. No estaba segura si debía de estar feliz o triste o enojada o destrozada… Solo podía mirar como Nixon estaba de pie en la entrada de mi supuesta casa, con al menos quince hombres armados. Chase y Anthony a su lado. ―¿Listo? ―pregunto Nixon, sin dar un solo vistazo a mi dirección más que por encima del hombro de mi Abuelo. El abuelo respondió con un brusco sí y siguió empujándome hacia el gigante pasillo. Afligida y totalmente traicionada, no sabía qué hacer. Todo lo que sabía era que en la única persona en la había querido confiar me había mentido. A lo grande. Mis piernas casi cedieron antes de poder sentarme en el sofá. Nixon estaba sentado justo al frente de mí. Todos sus hombres armados estaban detrás de él, y luego me di la vuelta y me di cuenta que teníamos el doble de hombres detrás de nosotros en esa entrada gigante. Todos tenían armas.


Y cada una de las armas del grupo de Nixon fue dirigida para el Abuelo. Y cada una de las armas del grupo del Abuelo fue dirigida para Nixon. Era como una mala película de mafia. Solo que cada vez que pestañaba se hacía más real. ―Tú rompiste las reglas―dijo el Abuelo, inclinándose en su asiento. Nixon sonrió. ―¿Qué? ¿Tú realmente crees que yo lo sabía? ―¡Creciste con ella!―gritó el abuelo. ―¡Ella tenía seis!―dijo Nixon casi gritando. ―Es posible que también hayas apretado ese gatillo. Tu padre… ―Está muerto ―sonrió Nixon―. Frio y sin vida, acostado justo al lado de mi madre. ―¡¿Qué?! ―grité―. Tu dijiste que… ―Monroe no lo sabe, Trace.―Los ojos de Nixon se suavizaron por un breve segundo―. Él ha estado enfermo por un tiempo. Es… ―No es de su maldita incumbencia―ese fue Anthony, quien me miraba como si no hubiéramos estrechados las manos y hablado hace algunos días. ―Caballero ―Chase aclaro su garganta―.Vuelva a la razón de la reunión. El Abuelo se enojó a mi lado. Claramente a él no lo gustaba tomar órdenes de personas más jóvenes que él, pero por otra parte, ¿cómo sabía yo que ellos no estaban mintiendo sobre sus edades también? ―Estaba diciendo…―El Abuelo puso un brazo a mí alrededor y me apretó―.La pobre chica perdió a sus padres a los seis. Eso es lo suficientemente mayor como para reconocer a las personas, tu deberías saberlo Nixon. ―Te dije lo que había hecho. ―Nixon se defendió a sí mismo―. ¡Y no es como si hubiera podido haber hecho algo! ―La llevaste fuera de su escuela. ―Antes

de

saberlo.―Nixon suspiró

fuertemente―.

sospechado hasta que vi el maldito collar con Alfero en el.

Ni

siquiera

había


―Entonces deberías haberte mantenido al margen. ―Cuidado―dijo Anthony a la izquierda de Nixon―. Puedes estar en tu derecho de retarlo, pero él sigue siendo el jefe. Lo Ha sido desde hace algún tiempo. Así que ve con cuidado, viejo. El Abuelo se aclaró su garganta. ―Perdóneme, señor Abandonato.―El Escupió las palabras como si fueran veneno―. Pero en el minuto en que ella fue descubierta, al segundo, deberías de haberla encerrado en una maldita habitación. ¿Qué? ¿Porqué mi abuelo diría eso? Traté de encoger mis hombros debajo de su brazo, pero me él mantenía firme. Ojos de hielo de Nixon perforaron los míos. ―Ella sólo es una adolescente, Frank. ¿Qué querías que hiciera? ¿Descubrir a todo el mundo? ¿Arruinarlo todo? ¿Y porque? ¿Precaución? Hemos estado en eso por cuatro malditos años.―Sus ojos cayeron en Anthony―. Algunos de nosotros por más. ¿Cómo iba a saber que la habías metido directamente en una pelea? ¿A tu propia nieta? ¡Estábamos haciéndolo bien hasta que tú nos hiciste esto! ―¡Y tú todavía no tienes pruebas! ―gritó el abuelo. ―¡Estamos cerca! ―Nixon contraatacó―. Solo necesitamos más tiempo. ―El tiempo no traerá de vuelta a los padres de Trace―dijo el Abuelo en voz baja―. El tiempo no sana un corazón herido, y el tiempo no solucionara el hecho que has ayudado con éxito a exponer a mi inocente nieta en nuestro mundo. Sólo quería tranquilizar a mi esposa moribunda, mientras al mismo tiempo permitía que Trace fuera usada como cebo sólo si era necesario, ¿y qué hiciste tú? ¡La reclamaste para ti! ¡Un Abandonato! ―Todo lo que puedo decir es lo siento. No lo sabía. Pero, ¿tú me habrías permitido dejarla indefensa? Admítelo. Ella habría sabido que algo estaba pasando si la encerraba en la habitación, y honestamente nosotros ni siquiera estábamos seguros de que ella estaba expuesta hasta la noche que casi… ―Nixon trago―.Fue asesinada. ―¡Hasta que casi fue demasiado tarde!―El Abuelo asintió―. Entonces, ¿qué vas a hacer ahora? ¿Cómo esperas hacer las paces? ―Fácil. Dejaremos que las cosas se calmen, y tendremos que trabajar más rápido para infiltrarnos en la familia De Lange.


El Abuelo asintió como si estuviera satisfecho. ―Ella debe ser protegida. ―Hemos estado protegiéndola―dijo Chase con los dientes apretados. Pensé que él iba a romper sus dientes. ―Y ella casi muere―repitió el abuelo―. Anoche, ¿O me equivoco? Oh espera, estabas demasiado ocupado metiendo tu lengua en la garganta de mi nieta. En un instante, Nixon tenía su arma y apuntando al Abuelo. ―Falta el respeto a tu nieta en frente de mis hombres y los tuyos una vez más y terminare contigo. Santa mierda. El Abuelo frunció el ceño. ―Nunca haría tal cosa, la amo. La puse en la clandestinidad, quince años de trabajo perdidos por tu culpa. Nixon puso su arma en el suelo y maldijo. ―Se suponía que ella no iba a entrar en la escuela. El Abuelo se sumó a la maldición. ―Su Abuela es la culpable. Ella me dijo en su lecho de muerte que ya era hora que Trace conociera la verdad. Pensé que podría darle a mi esposa su deseo de muerte y al mismo tiempo calmar a mi nieta. Le permití experimentar el lujo con el que debería haber crecido. La vida que le fue robada, como dije, no creo que ella sea capaz de reconocida incluso si lo fuera, podríamos usarla para descubrir a la familia De Lange. Nixon miraba de mi Abuelo hacia mí. ―¿Usar a tu propia nieta? Creo que hemos terminado aquí. ―Eso creo.―El Abuelo se levantó de su asiento. Nixon y el Abuelo se abrazaron y se besaron en las mejillas antes de decirse algo en un estúpido idioma en el que ellos siempre estaban hablando. Nixon tomó un último vistazo de mí y asintió lentamente. Mi corazón estaba en mi garganta. Sentí las lágrimas comenzar a caer de mi ojos mientras miraba de él a Chase. Al menos Chase dijo lo siento antes de darse vuelta y seguir a Nixon afuera. ―Una cosa más. En un instante, sacó su arma y disparó a los pies de Nixon. Nixon no se movió. El solo se quedó mirando al suelo y luego se dio vuelta con una mirada fría e indiferente al abuelo. ―Entendido.―Nixon asintió y su grupo se fue.


Capítulo 25 Traducido por MewHiine Corregido por Karlix

Sí no estuviera tan horrorizada, podría haberme reído de que mi Abuelo acaba de dar una maldita descarga de disparos a los pies de mi novio. Pero no fue gracioso. ¿Qué clase de universo alternativo era en el que acababa de entrar? Mis piernas se sintieron de pronto más pesadas que antes. Puntos aparecieron en mi línea de visión. Traté de no perder el equilibrio aferrándome a la mesa junto a mí, pero mis brazos no estaban haciendo lo que quería que hicieran, en cambio, se dejaron caer a mis lados, golpeando la mesa. Y entonces mis piernas cedieron y todo se volvió negro.

*~*~*~*

―¿Trace? ¿Cariño? ―El Abuelo se movía sobre mí con una compresa fría en mi mejilla―. Eso es, toma algunas respiraciones profundas. Te has desmayado. Me lamí los labios secos y miré alrededor. Varios hombres de traje estaban de pie detrás de Abuelo mientras éste sostenía la compresa contra mi cara. ―No lo entiendo. El Abuelo maldijo. ―Dale unos minutos. Un hombre puso su mano sobre el hombro del Abuelo, esta vez el Abuelo se levantó y habló con mucha calma en lo que yo estaba ahora empezando a asumir que era el lenguaje nativo de Nixon y de todos los demás. No era italiano, eso lo sabía. ―¿Qué idioma es ese? ―Suspiré profundamente y me apoyé en el Abuelo mientras me ayuda a ponerme en pie. ―Siciliano.


Mi sangre se heló cuando unos recuerdos pasaron por mi confusa mente. Recuerdos de una vida que hace mucho tiempo había olvidado. La mujer en la cocina que me hablaba en un lenguaje que una vez pensé extranjero. Un lenguaje que realmente sabía. ―Creo que… Creo que lo conozco. ―Deberías. Era lo que hablábamos todos cuando eras joven, pero después del accidente… ―El Abuelo se aclaró la garganta―. Elegimos olvidar para protegerte. Después de todo, no podíamos correr riesgos. Me tragué la sequedad en la garganta y lo seguí hasta el sofá. ―¿Cómo te sientes? ―El Abuelo dejó la compresa sobre la mesa y me sirvió un vaso de vino. Examiné el vidrio, sintiéndome un poco incómoda de que mi Abuelo me sirviera alcohol, pero si ayudaba a mis nervios, entonces lo tomaría. Tomé unos sorbos cuidadosos, esperando que quitase la pesadilla frente a mí. ―¿Cómo crees que me siento, Abuelo? ¿En serio? Él se rió entre dientes. ―Siempre directa al grano. Mis fosas nasales se ensancharon cuando lo vi jugar con su espeso cabello blanco cerca de su oído. La habitación estaba extrañamente tranquila ahora que los hombres armados habían ido a esperar fuera. Mis dedos se morían por sacar el teléfono en mi bolsillo. Nixon. ¿Cómo pudo mentirme de esa manera? Respuestas. Necesitaba respuestas. Nixon siempre había eludido mis preguntas. Tal vez fue por mi propia seguridad, o tal vez no. Pero eso se terminaba ahora. ―Quiero respuestas. ―Le di una mirada acerada al Abuelo. Él asintió con la cabeza. ―Tu nombre completo es Tracey Angelica Alfero. Eres la hija del asesino a sueldo fallecido Mario Adele Alfero. El nombre y apellidos de tu madre eran Nicola Alessandro De Lange. ―¿De Lange? ¿Como Dean De Lange? ¿Y Phoenix De Lange? El abuelo asintió. ―Así que… ¿Tengo relación con Phoenix? El abuelo se rió. ―No, no técnicamente. Supongo serían unos muy, muy primos lejanos.


―¿Y fueron asesinados? El Abuelo juntó las manos delante de él y se inclinó hacia adelante. ―Se les pidió un golpe a tus padres sin mi conocimiento o la de tu padre. Para entender por qué, necesitas una pequeña lección de historia. Asentí con la cabeza, totalmente preparada para cualquier información que me pudiera dar. ―La familia De Lange es la más débil de las familias de la mafia que todavía se encuentran en el área de Chicago. Es decir, que son los más débiles en los estados. En Sicilia, es una situación muy distinta. En cualquier caso, tu madre fue prometida a uno de los Abandonatos. Al padre de Nixon. Querían hacer una especie de tregua, combinar los poderes. Los Abandonatos eran, y siguen siendo, la familia más poderosa aquí y en Sicilia. También son los más ricos. Cuando llegó el momento de anunciar su compromiso…―El Abuelo maldijo―.Tu padre no atendía a razones. Se había enamorado de tu madre. Así que se escapó con ella. Cuando regresaron no había nada que pudiéramos hacer. Ellos ya estaban casados, obligados por su honor el uno al otro. Por lo menos esa parte de la historia no era traumatizante. Siempre supe que mis padres se amaban. Estaban constantemente dándose abrazos y besos, y siempre se estaban riendo. ―¿Qué hizo la familia Abandonato? ―No estaba segura de que me gustase que la familia de Nixon fuesen los malos. ―Nada. ―El Abuelo se rió con amargura―. Y ese, mi querida niña, era el problema. Ellos no eran los que necesitaban de una alianza, ni iban a obligar a una mujer a divorciarse de su marido con el fin de conseguirla. Después de todo, no miramos con buenos ojos el divorcio. Sencillamente, es algo que no se hace en la iglesia católica, mi niña. ―¿Así que la familia Abandonato los dejó vivir en paz? El abuelo asintió. ―Se les permitió su espacio. Después de un tiempo todo el mundo se olvidó de la refriega. Angelo, el padre de Nixon, se casó con una mujer poco después, la cual se parecía a tu madre, pero hasta ahí el parecido. Desafortunadamente, Angelo siempre había sido un tipo con mal genio. La familia De Lange era una carga constante para los Abandonatos. No había ni una semana en la que ellos no trataran de robar uno de los negocios o incluso golpear a sus


primos en la escuela. Se fue de las manos, y Angelo comenzó a culpar a tu madre por todo. Pronto, él desató su ira contra su propia esposa… y su hijo. Sintiendo que iba a vomitar, apreté mi estómago y me dije que debia mantenerme respirando dentro y fuera. ¿Por eso Nixon no podía soportar que nadie lo tocara? ―¿Con Nixon? ―le pregunté sin querer escuchar la verdad. ―Sufrió mucho a manos de su padre. ―El abuelo juró―. Una noche, la noche de tu sexto cumpleaños, tus padres venían a casa de una de sus noches en la ciudad, cuando fueron detenidos en la carretera. Tu padre no pudo sacar su arma lo suficientemente rápido. Le dispararon a tu madre delante de él y luego le dispararon a él. Sollozando. Me mordí el labio inferior para que no temblase. ―¿Quién lo hizo? ¿Quién? ¿Angelo? El Abuelo se levantó del sofá y sacó una caja de Kleenex y me los tendió. Se sentó y se aclaró la garganta. ―Nadie lo sabe. Angelo no estaba en el país en ese entonces, y juró y rejuró que nunca haría una cosa así, pero en ese momento nadie le creyó. Después de todo, su dulce esposa había muerto pocos meses antes de una hemorragia cerebral. »Así que ya ves, su palabra no valía nada. Su imperio se encontraba en un punto de derrumbe, porque era incapaz de controlar su ira. Y encima de eso, todos los dedos apuntaban en su dirección porque ya no podía controlar sus propios negocios. Esto continuó hasta que Nixon tuvo alrededor de dieciocho años. ―¿Y entonces Nixon se hizo cargo? El Abuelo suspiró. ―Su parte de la historia no es mía para contar. Pero si hubiera sabido que la historia se iba a repetir, si hubiera sabido que otro Abandonato podría enamorarse de una de nuestras chicas, le habría puesto fin. ―¿Al amor? El abuelo cerró los ojos. ―Sí. Ese muchacho. Él moriría por ti. ¿Verdad? Quería negarlo. Pero no pude, así que sólo miré hacia otro lado. ―¿Quién mató a mis padres?


―Angelo creía que había sido la familia De Lange. Creía que había sido un montaje. El arma utilizada estaba grabada con el escudo de la familia, pero no había pruebas. Teníamos miedo por tu vida, sin saber en quién podíamos confiar. Tu Abuela y yo decidimos que lo mejor para protegerte, era que te mantuvieras en la clandestinidad hasta que tuvieras la edad. Pero a medida que la pesadilla de esa noche se desvanecía y tu décimo octavo cumpleaños se aproximaba, no tuve el corazón para decirte la verdad. No el corazón que ella habría tenido. »Hace cuatro años, se descubrió que la familia De Lange estaba en deuda con otra familia de Sicilia. Pareció ser que habían hecho algunas malas inversiones. Nixon y los otros formaron un plan para no sólo llevar abajo la familia, sino también para exponer a los De Langes por su traición. ―¿Y lo hizo? ―¿Qué? ―El Abuelo tomó la copa de vino de mis manos y la puso sobre la mesa. ―¿Exponerlos? ―Todavía no. ―El Abuelo suspiró―. Y cuanto más se tarde, más me pregunto si la familia Abandonato no estuvo detrás de ello. Pero eso nunca lo sabremos. Ha habido demasiadas muertes, y ahora mi única nieta está en medio de esto. Cubrí mi mano con la suya. ―Abuelo, eso no se puede cambiar. ―Sabía que iba a enojarse pero tenía que preguntar―. ¿Cómo puedo ayudar? ―Ya has hecho lo que necesitaba que hicieras. Has llamado la atención sobre ti misma. Pero ahora que sabes quién es Nixon, estás en más peligro. Nunca quise que descubrieras quien era él. Confío en que él permanecerá lejos de ti. No. ―El Abuelo juró―. No vas a volver a la escuela, te olvidarás de que esto sucedió, y te olvidarás de ese chico. Suspiré. Sería imposible olvidar respirar, olvidar que tenía un corazón, ¿así que qué le hacía pensar que sería posible olvidar a Nixon? ―No puedo, abuelo. ―¿Por qué? ―El Abuelo se puso en pie―. ¿Qué te ha hecho ese chico? ¿Él ha… ?―Su rostro enrojecido mientras sus manos hacían una especie extraña de movimientos delante de mi cara.


Me reí entre dientes. ―Um, no, él no hizo… eso. ―Hice acopio de sus gestos con las manos y sacudí la cabeza. El Abuelo dejó escapar un suspiro y se echó a reír. ―No sé por qué el bueno de Dios me dejó a solas con una chica. No creo que mi corazón lo pueda soportar. Me voy a la cama, me preocupo. Me como mi desayuno, me preocupo. Veo una vaca, me preocupo. Absorbiendo mis lágrimas, exhalé de alivio, contenta de ver parte de mi viejo Abuelo delante de mí. Le di un abrazo y cerré los ojos mientras inhalaba su familiar aroma. ―Abuelo, no se puede controlar todo. ―Puedo intentarlo. ―No, te vas a morir de un ataque al corazón ¿y dónde me dejará eso? Sin ningún tipo de familia. ―Eres como tu abuela. ―Suspiró―. Tan sabía. Él me soltó y dio un paso atrás. Todavía tenía una pregunta, pero no estaba tan segura de querer saber la respuesta. ―Abuelo. ―Me rasqué la cabeza―. ¿Quién es el líder de la familia Alfero? La sonrisa de Abuelo se amplió. ―¿Me estás preguntando si soy el jefe de la mafia? Asentí con la cabeza. El Abuelo se encogió de hombros y con una fuerte carcajada me acompañó hasta la puerta. ―Enviaré a Adrian para que te muestre tu habitación para que puedas refrescarse antes del almuerzo. Impresionante. Añade al Abuelo a la lista de personas que ignoran preguntas. Estaba empezando a darme cuenta de que si el abuelo o Nixon no contestaban algo, eso solía responder suficiente. Evitar significaba sí, y hacer frente a algo significaba no. Saqué mi teléfono en vano, ¡esperando que Nixon hubiera dicho algo, cualquier cosa! Un nuevo mensaje.


Lo abrí rápidamente, vi el número y junto a él dos palabras de Nixon que había estado conteniendo la respiración por oír. LO SIENTO. ¿PUEDES VOLVER? NECESITAMOS HABLAR. Envié de vuelta. Él respondió de inmediato. SEGURO, DAME UN MINUTO PARA ENCONTRAR UN CHALECO ANTI-BALAS. ¿TE DAS CUENTA Q ME DISPARARON LA ÚLTIMA VEZ QUE ESTUVE EN ESA CASA? Sin pensarlo, marqué su número. Tenía que escuchar su voz. ―Trace… ―respondió, pero yo le interrumpí. ―Por favor, Nixon. Por favor. Él suspiró largo y duro. Una maldición le sobrevino, y podría haber jurado que oí a Chase riendo en el fondo. ―Dame una hora. ―Gracias. ―Ah, y ¿Trace? ―¿Sí? ―Hazme un favor. Dile a tu Abuelo que tú me has invitado para que no me disparen en cuánto me vean. No quieres la sangre de un inocente en tus manos. ―¿Lo eres? ―le susurré. ―¿Qué? ―¿Un inocente? ―No. ―Su voz era temblorosa―. No desde el día en que nací, no desde el primer día en que mi padre levantó una mano hacia mí, no desde la primera vez que vi a mi mamá apiñada en una esquina, y definitivamente no desde la primera vez que me dejaste besarte. No, Trace. Soy cualquier cosa menos inocente. Silencio. Yo no sabía qué decir. Se aclaró la garganta. ―¿Todavía quieres que vaya? ―Sí. ―Hasta pronto, Trace.


La comunicación se cortó. Lo puse en mi bolsillo trasero cuando un atractivo hombre de unos veinte años bailó el vals dentro de la habitación. ―¿Señorita Alfero? A su Abuelo le gustaría que le mostrara su habitación. ―Genial. ―Logré una pequeña sonrisa y le seguí fuera de la sala de estar y a la gran escalera. Una vez que llegamos a la habitación, me di la vuelta hacia Adrian y le di la sonrisa más grande que pude. Él se tambaleó hacia atrás pero recuperó pronto la compostura. ―Dile a mi Abuelo que tendremos compañía para el almuerzo. ―¿Y quién vamos a estar esperando? Sonreí. ―Al señor Abandonato. Mi novio. La boca de Adrian se abrió ligeramente. Para su crédito, sólo juró tres veces antes de darme una breve inclinación de cabeza y aguardar afuera. Esto iba a ser interesante.


Capítulo 26 Traducido por MewHiine Corregido por Armonía&paz

No pasaron ni diez minutos después cuando el Abuelo irrumpió en mi habitación. ―Dime que no es verdad. Dime que no invitaste a ese chico a… Levanté mi mano. Sorprendentemente, el Abuelo dejó de chisporrotear y el resplandor rojo de su rostro se desvaneció a un rosa. ―Él comerá con nosotros. Tú vas a ser civilizado. No habrá armas de fuego. ―¿Por qué? ―Porque. ―Tragué―. Me merezco respuestas de él también. ¿No crees? Sabía que el Abuelo no podía argumentar contra de eso. Él me dio una breve inclinación de cabeza y se volvió hacia la puerta, pero no antes de decir en voz baja―: Prometo no dispararle. ―Bien. ―Hoy. ―Terminó y cerró la puerta tras de sí. Bueno, eso era un progreso. Un día en que la vida de Nixon no estaba en juego. Las cosas buenas se acercaban, eso era seguro. Me acerqué a la cama y me senté. No recordaba esta casa. Parecía demasiado grande, demasiado real para ser mía. La habitación que me asignaron parecía la habitación de una niña. Todo era de color rosa y blanco. Curiosa, me acerqué a la mesa y abrí un cajón. Un pequeño diario estaba acostado en la parte superior de algunas piezas arrugadas de papel. Busqué y saqué algunos de los papeles de color rosa y me reí. Fotos de unicornios y gatos horriblemente dibujados me devolvieron la mirada. Ya había limpiado, así que tenía al menos unos cuantos minutos para perder. Agarrando el diario me fui y me senté en la cama y lo abrí.


La portada decía: Para mi pequeña Tracey, con amor, papá. ¿Era raro que yo no recordara haber recibido el diario? Ni siquiera recuerdo haber escrito uno. Di vuelta a la página y casi me caí de la silla. Sra. Abandonato. Tracy + Nixon = Amor. Y, yo iba a quemar el diario. Algo así como ahora mismo. El resto de las páginas eran básicamente la misma cosa. Dibujos horribles de lo que parecía ser un gato y luego una vaca sin ubres. Estaba claro que ser un artista no estaba en mi futuro. A medida que daba vuelta a las páginas, una cosa se mantuvo fiel, la constantemente falta de ortografía con mi propio nombre y el de Nixon cuando traté de escribir nuestros nombres juntos. Sólo podía imaginarme que mi madre debió de haberme ayudado. De ninguna manera yo podría haber sabido hacer cualquiera de esas cosas con casi seis años. O eso, o Nixon me ayudó. Me estremecí. Olvida lo de quemar el diario. Tenía que triturarlo, luego quemar los pedazos de evidencia. Pasé a la última página y una imagen cayó. Éramos Nixon y yo. Estábamos tomados de la mano. Él estaba mirando a la cámara con una sonrisa de oreja a oreja, y mi cabeza estaba metida en su brazo mientras yo apretaba su mano como si mi vida dependiera de ello. El niño mirando hacia mí era el que yo siempre recordaba. Cuando me caí y me raspé la rodilla, él la besó y la hizo sentir mejor. Cuando lloré porque mi mamá no me dejaba tener un poni, se rió y me dijo que los ponis eran estúpidos y que debía hacer algo más genial como aprender a ser una espía. Cuando su madre se quedaba. Yo… Mierda. Lo recordaba. Fue alrededor de una semana antes de mi sexto cumpleaños, la última vez que vi a Nixon. Él vino a mi casa con una bolsa. Su madre nos siguió hacia el interior y sollozó en la mesa de la cocina con mi madre mientras yo me llevaba a Nixon a la trastienda.


Él siempre había sido tan duro, tan fuerte, por lo que me asustó que estuviera llorando. Y entonces me di cuenta de que estaba sangrando. ―Nixon, ¿qué pasó? ―Extendí la mano para tocar el corte sobre su ojo. Él se encogió. Sus hombros cayeron mientras se sentaba en medio de mi suelo. Sus lágrimas cayeron sobre la alfombra mientras jugaba con uno de los coches de juguete que había traído. ―¿Por qué estás triste? ―le pregunté, tomando asiento frente a él. ―Le odio. ―¿A quién, Nixon? ¿A quién odias? ¿El odio no es malo? Él negó con la cabeza. ―Eres demasiado joven. No entiendes. ―Golpeó el coche contra el suelo, una y otra vez hasta que éste se rompió. Tenía miedo, pero no porque pensara que iba a hacerme daño, sino porque sabía que él estaba herido. Así que hice lo único que sabía hacer. Lo abracé. Llevé mis flacos bracitos alrededor de su cuello y lo abracé mientras él seguía llorando. ―No te preocupes, yo te salvaré, Nixon. Yo te salvaré. ―Las niñas no pueden salvar a los niños. ―¡También pueden! ―Le apreté con más fuerza―. Lo prometo. Te llevaré lejos de lo que te hace triste. ―Tracey… ―Sus sollozos se hicieron más fuertes―. Estoy muy asustado. ―Si tienes miedo. Voy a tener miedo también, Nixon. Hasta que te sientas más seguro. Voy a tener miedo contigo. ―¿Me lo prometes? ―Él se apartó contra mí. ―Lo prometo. Porque eres mi mejor amigo en el mundo, Nixon. Quiero que seas feliz. Asintió con la cabeza y jugamos hasta que nos quedamos dormidos en el suelo.


―¿Tracey? ―Era la voz del Abuelo―. ¿Ya estás lista? ―¡Sip! ―Tiré el diario de nuevo sobre el escritorio y abrí la puerta―. Lo siento, sólo estaba pensando. ―Eso nunca es una buena señal―murmuró el Abuelo. Enrollé mi brazo con el suyo mientras hicimos nuestro camino por las escaleras a la entrada de mármol. ―Él está aquí. ―Un hombre se acercó alAbuelo y asintió. El Abuelo alzó los ojos al cielo, hizo una cruz sobre el pecho, y luego dijo―:Déjalo entrar. La puerta se abrió revelando a Nixon. A mí me parecía a mi Nixon normal. Llevaba pantalones vaqueros abrazando sus caderas y una camiseta ajustada que dejaba ver sus tatuajes en el pecho y la mitad de la manga en el brazo izquierdo. Sus ojos se posaron en los míos y sonrió. Casi me abalancé sobre él, pero el Abuelo me abrazó fuertemente para que no pudiera moverme. El Abuelo hizo una seña a los dos hombres al lado de nosotros. Fueron hacia Nixon. Él levantó las manos en el aire y se giró mientras le daban unas palmaditas hacia abajo. ¿Era realmente necesario? Sacaron un arma de fuego desde detrás de sus pantalones, un cuchillo de su bota, y un conjunto de nudillos de acero de su bolsillo. Mis ojos se abrieron. Él se encogió de hombros, como si lo que estaba ocurriendo fuera completa y totalmente normal. Una vez desarmado. Sus manos cayeron a los costados. Miré al Abuelo. Soltándome una maldición, me soltó y yo corrí a los brazos de Nixon. La tensión era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Nixon aceptó amablemente mi abrazo, pero tan pronto como nuestros pechos se tocaron, dejó escapar un silbido de aire y suavemente me empujó lejos, creando una distancia inmediata entre nosotros. Confundida, le tomé de la mano, pero él la apartó y negó con la cabeza. Herida. Miré de él al Abuelo. Nixon parecía que le quería disparar al Abuelo, y el Abuelo parecía que estaba a unos tres segundos de castrar a Nixon. Genial. El almuerzo iba a ser estelar.


El sonido de tacones de aguja golpeando el mármol interrumpió su tenso intercambio. Una señora se aclaró la garganta. Miré en la dirección de la que procedía y me sorprendí al ver a una mujer muy bonita, con el pelo negro y una sonrisa hacia mí, y anunció. ―El almuerzo está listo. El Abuelo se dio la vuelta y la siguió fuera de la habitación. Supongo que yo tenía que ir también porque Nixon dio un paso por delante de mí. ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba actuando tan raro? Tenía que ser por el Abuelo. ¿Verdad? No tenía nada que ver conmigo. El pavor llenó mi estómago. ¿Y si estaba fingiendo? ¿Qué pasa si… qué si lo que realmente trataba de hacer era protegerme, sobre las promesas hechas cuando éramos pequeños? Mi corazón se encogió, porque una semana después de esas reclamaciones de la infancia yo había roto mi promesa con él, dejándole a él y a su madre con un monstruo como padre. En silencio, me pregunté cuántos golpes debió sufrir de la mano del hombre que debería haberle protegido en lugar de golpearlo. De repente, ya no tenía hambre. Entramos en un gran comedor de aspecto medieval con una larga mesa de madera. Las flores brillantes en el centro de la mesa le dieron a la habitación un aspecto alegre, lo que estaba muy bien teniendo en cuenta que eran pinturas de gárgolas lo que adornaban las paredes. Todas estaban en paneles de madera y papel tapiz oscuro, lo que me hizo sentir un momento que el comedor era un lugar donde llevaban las personas para matarlos. Pastas frías estaban puestas en cada lado de la mesa junto con unos trozos de salmón y Bruschetta. La misma mujer que había visto antes llenó cada uno de nuestros vasos con agua, y luego nuestras copas de vino con un vino tinto. ¿Así que estar en la mafia de repente significaba que ahora podía beber? ¿Era eso? Esta era la segunda vez que me habían ofrecido vino en un día. Es curioso cómo, dadas las circunstancias, parecía tan natural que fuera a necesitar algún tipo de alcohol para pasar el estrés. El silencio me iba a matar. Mis ojos suplicaron a Nixon cuando alcancé su pierna. Necesitaba saber que íbamos a hablar, que estábamos bien. Quiero decir, ¿era yo quien había mentido? ¿No debería ser yo quien le diera la espalda?


Sus fosas nasales se abrieron en el momento en que mi mano entró en contacto con el muslo. Se aclaró la garganta, pero no movió mi mano. Comimos en silencio. Bueno, si cuentas al Abuelo jurando en Siciliano mientras bebía el vino en silencio. Juro que nunca me di cuenta de lo fuerte que masticaba hasta ese momento. Por último, todo el mundo había terminado. ―Abuelo, ¿puedo retirarme? ―le pregunté educadamente. Asintió con la cabeza. Alcancé Nixon. ―Tengo que hablar contigo. Nixon miró de mí al Abuelo. El Abuelo se aclaró la garganta. ―Recuerda los términos, Nixon. ―¿Cómo podría olvidarlo? ―Se burló y me agarró la mano. Sin pensarlo, me lo llevé a mi cuarto y rápidamente cerré la puerta detrás de mí.


Capítulo 27 Traducido por 3lik@ Corregido por Morin

―¡Dios mío!, se me olvidó cuán rosada era esta habitación. ―Nixon se rió entre dientes, quitando uno de los animales de peluche de la cama para poder acostarse en ella.

―Debe haberme gustado mucho el rosa. ―Me reí. ―Tú lo odiabas. ―Nixon puso sus brazos detrás de su cabeza y suspiró ―. De hecho. Recuerdo perfectamente a tu mamá poniéndote un vestido rosa y tú quitándotelo delante de todos en la velada.

―Por favor, dime que tú no. ―¡Tenía nueve años! ―Nixon se rió―. Créeme, me quedé horrorizado. Pensé que las niñas tenían piojos. Cerré los ojos y lo señalé de todos modos.

―Grosero. Deberías haberme salvado. ―Me acosté a su lado, mi respiración se detuvo cuando me di cuenta de lo que acababa de decir.

―Siempre te estoy salvando. Aun cuando tú no sabías que yo estaba allí, yo te estaba salvando.

―¿Alguna vez visitaste Wyoming? ―le pregunté en voz baja, moviéndome rápidamente cerca de su cuerpo hasta que mi cabeza descansaba sobre su pecho. Suspiró. ―Trace, me estás poniendo en una situación difícil. No puedo decirte todo, ya que eso te pone triste. No puedo ser completamente honesto y eso me mata. Me dan ganas de gritar, pero tengo responsabilidades, contigo, con mi familia, con tu Abuelo…

―maldijo―. Todo está bastante jodido en estos momentos. No sé si vas averiguarlo de esta manera. Créeme, si lo hago, tendría que…

―¿Qué? Él se lamió los labios. ―Tendría que besarte con más fuerza. Tendría que haber luchado más por ti. No sé. Tendría que llevarte lejos, tomar tu virtud, grabarme de manera permanentemente en tu persona, que cada vez que tomaras un aliento era mi esencia la que se impregnaría en el aire.


Bien, ¿qué se supone que debo hacer con eso? ¿Arrancarle su camisa? No voy a mentir, eso es exactamente lo que estaba pasando por mi mente cuando él besó la coronilla de mi cabeza.

―Nunca he visitado Wyoming. Mi padre no me dejaría y en ese momento yo no estaba a cargo de nada, así que no podía intimidar a mi manera.

―Cuando llegaste a estar a cargo, ¿tenías dieciocho años? ―le pregunté. ―Sip. Mi padre no lo estaba haciendo bien. Él no era capaz de tomar buenas decisiones. Él desarrolló neumonía y nunca fue el mismo después de eso. Siempre estuvo sofocado y cosas así. Entonces me hice cargo de algunas de las operaciones y luego más y más hasta que estaba dirigiendo todo, mientras él se quedaba en casa y bebiendo whisky. Hice una mueca.

―De todas formas. Eso está finiquitado ahora. ―Su mano se cerró sobre mi brazo y le pareció darse cuenta de lo tenso que estaba. Sus dedos se relajaron ―. Lo siento, Trace. ―¿Por qué? ―No decirte la verdad. Sabía que el día que nos fuimos de compras y, luego, cuando sacaste todo ese dinero. Maldición, lo sabía a ciencia cierta. Tuve que hacer que Anthony verificara tus antecedentes. Al parecer Tracey Rooks no existe. Así que me fui a través de todas las Tracey en nuestra escuela y ahí estabas tú, Tracey Alfero, de dieciocho años, nieta del segundo más poderoso jefe de la mafia en la ciudad de Chicago.El mismo jefe de la mafia que aún nos echa la culpa de la muerte de su hijo.

―Te olvidas. Técnicamente tengo la sangre De Lange en mí también ―murmuré. ―Cierto. Lo que significa que realmente debería haber matado a Phoenix. ―Él frunció el ceño y alejó su brazo de mí. Con una maldición, se sentó en la cama y se frotaba el rostro con sus manos―. Él no puede averiguar quién eres. Si lo hace… Trace, él es peligroso, en serio. Hemos estado vigilándolo. Ha perdido su maldita mente. Él es el siguiente en la línea después que su padre muera, y su padre es demasiado cobarde para decirle a Phoenix cuando él está fuera de lugar. No tengo dudas de que esa familia está en algún negocio turbio.

―¿Quiero saber, qué negocio turbio? Nixon tomó una respiración profunda. ―Probablemente, comercio sexual, cocaína, lavado de dinero, las cosas típicas que verías en la televisión, pero definitivamente no es de lo que se trata esta familia, eso es seguro. No sé por qué me sentía tan aliviada. No es como si pudiera ayudar a quien amaba, incluso si él estaba involucrado con cosas terribles. No podía alejarlo de la familia.


―¿Qué haces tú? ―Un poco de esto y un poco de aquello. ―Él sonrió―. Nada demasiado ilegal. No estamos desesperados por dinero a diferencia de algunas personas.

―Lo siento―resoplé, sintiendo las lágrimas empezando a quemar atrás de mis ojos―.Por dejarte. Lo siento tan jodidamente, Nixon. Lo recuerdo. Vi una foto de nosotros cuando éramos pequeños y… ¡Te dejé! ¡Te prometí que te mantendría a salvo y te dejé! Ahora completa de sollozos que se escapaban de mi garganta mientras me encorvaba y me abrazaba a mí misma.

―Trace, cariño. ―Nixon me levantó y me llevó a su regazo―. Esas promesas eran bastante grandes viniendo de una niña de seis años. No había manera de que pudieras haberme protegido de él… o a Monroe.

―Pero te prometí ―Y te prometí que iba a encontrar a la gente que mató a tus padres. Así que supongo que los dos fallamos, Trace.

―Los encontrarás―le dije a través de mis lágrimas―.¿No te darás por vencido? ―No. ―Él me besó en la mejilla y luego en mis labios, lamiendo suavemente la sal de mi labio inferior antes de retroceder ―. Simplemente… Trace, tengo que mantener el orden entre todas las familias aquí. Las tres familias han estado bastante bien los últimos noventa años. Si algo pasa…Si el balance es arrojado, o Dios no lo quiera, si alguno de los originales escuchara acerca de los acontecimientos con Phoenix… ―Él se estremeció contra mí―. Créeme, no querrás a cualquiera de los Sicilian viajando a los Estados.

―No lo harán. ―Besé su boca ―. Phoenix no ha hecho nada aún y cuando lo haga… tú estarás allí. Los ojos de Nixon se cerraron brevemente. Cuando los abrió estaban llenos de tristeza.

―Sí, pero tú también. ―A tu lado―le confirmé. Nixon no dijo nada. Su boca encontró la mía y me caí sobre la cama mientras su cuerpo se cernía sobre mí. Sus labios diciendo lo que no podían sus palabras. Envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo persuadí hacía mí. Con un gruñido y luego un gemido masculino barrió sus brazos a mi alrededor y debajo de mi camisa.

―Maldita sea. ―Él gruñó al instante que sus manos entraron en contacto con mi sujetador.


―¿Qué? ―Besé su cuello. ―Tu Abuelo va a dispararme si se entera de que estoy haciendo esto ahora… Prometí… No terminó la frase porque mis manos ya habían encontrado su esbelto estómago musculoso. Estaba dibujando círculos con los dedos a través de los huesos de su cadera. Él cerró los ojos. ―Necesito que recuerdes algo, Trace.

―¿Qué? Él me besó suavemente a través de los labios y me miró directamente a los ojos.―Cuando hago una promesa la cumplo. Independientemente de a quién lastime, incluso si eso significa que yo o alguien que me importa más sufra. A veces… a veces la vida nos pide sacrificar algo por el bien común.

―Está bien, me estás poniendo nerviosa. ¿No podemos acariciarnos? La sonrisa de Nixon era triste. ―Te amo, Trace. Yo siempre lo he hecho. Sólo recuerda eso, ¿de acuerdo? Aférrate a ello. No importa lo que diga o lo que haga… y créeme, haré cosas terribles. Sólo tienes que saber. Que te amo. Con cada fibra de mi ser. Las lágrimas nublaron mi visión, yo asentí y lo atraje para otro beso. ―Yo también te amo―le dije en sus labios.

―Me tengo que ir. ―¡No! ―No quise gritar. Riéndose, se tumbó encima de mí, cuidando de mantener su peso, así que aún podía respirar. ―Trace… tú abuelo no es un hombre paciente. No vamos a darle un ataque al corazón.

―Ver que nos acariciemos no le dará un ataque al corazón―argumenté―.¿Tú tomando mi oferta del asunto de la virginidad? Sí, lo hará. Nixon se congeló encima de mí. Su mirada era salvaje. ―Por favor. Sólo por favor, ni se te ocurra. Trace, tienes que prometerme, mierda, tienes que prometerme que no importa lo que pase, esperaras, ¿de acuerdo? Tienes que esperar hasta que sea con alguien que ames. Mi sonrisa se ensanchó. Porque yo sabía que él estaba hablando de él. Después de todo, nosotros básicamente, nos declaramos. Asentí con la cabeza una sola vez y le di un beso en la mejilla. ―Lo prometo.


Su pecho subía y bajaba como si acabara de correr un maratón. Él asintió con la cabeza, con sus ojos llenos de lágrimas. ¿Dije algo malo? Tiré de su rostro hacia el mío y le di un beso, esta vez memorizando lentamente la forma en que sus labios se deslizaban por los míos, creando la cantidad perfecta de fricción, ya que se burlaban y se mofaban. Su lengua. Buen Dios esa lengua podría hacer que una chica se lanzara sin precaución al viento. Nixon no besaba como si fuera algo para pasar el tiempo. Él besaba como si no hubiera nada en el mundo que preferiría estar haciendo. Él me besaba como si yo fuera su oxígeno, y yo sabía que en ese momento no había manera de que yo estuviera dejándolo que se vaya por segunda vez. Tocaron la puerta. Nixon se apartó de mí tan rápido que pensé que iba a caer al suelo. Después de un aliento impresionante, fui a la puerta y la abrí. El Abuelo estaba de pie, con los brazos cruzados y mirando a Nixon. ―Es hora de despedirte. Rodé los ojos y me giré hacía Nixon. Me aferré a su brazo mientras caminábamos lentamente por las escaleras hasta la puerta principal. ―Nos vemos en la escuela mañana, Nixon. Sus ojos aún llorosos me miraron como si él iba a perdérselo en cualquier momento. Nixon recogió su pistola, un cuchillo, y los nudillos de acero, y me dio un abrazo rápido.

―Recuerda lo que te dije, Trace. Recuérdalo. Con eso se fue.


Capítulo 28 Traducido por 3lik@ Corregido por Karlix

Dormí como la mierda. Visiones de un aterrador Phoenix persiguiéndome después de lograrlo, literalmente, conseguí dos horas de sueño, y eso que estaba del lado optimista. Cuando el Abuelo me dejó en el dormitorio aquella noche, Monroe estaba llorando en su cama. Yo esperaba que , Dios, no tuviera nada que ver conmigo. No estaba segura de poder manejar más drama. ―¿Qué pasa?―le pregunté frotando su espalda. ―Mi padre murió. Sí. No es el momento para decirle que ya lo sabía. ―Lo siento mucho … ―No lo sientas. ―Ella resopló―. No estoy llorando porque murió. Estoy llorando porque lo último que el hijo de puta me dijo fue que hubiera deseado que al nacer fuera un niño. ―Entonces, él era un imbécil. ―Reaccioné sin pensar en cómo esto puede o no puede sonar. Ella dejó de llorar, y luego las lágrimas se volvieron risas. ―¿Qué haría yo sin ti, Trace? Guau, una pregunta capciosa. Me encogí de hombros. Yo sabía que Nixon no le

había dicho aún quién era yo. No estaba segura de si ella me recuerda de todos modos. No me acu erdo de ella en absoluto, pero a l Abuelo se le escapó que en el momento en que cumplió seis años fue enviada a un internado, por lo que sólo la había visto en Navidad un par de veces antes de que se la llevaran. Suspiré profundamente y miré a mi derecha. Mo seguía profundamente dormida. Como no quería despertarla, traté de prepararme lo más rápido que pude. ―¿Uf, ¿qué hora es?―Monroe preguntó soñolienta.


―Para clases como en una hora―anuncié lanzándole una almohadilla. Ella me miraba con los ojos hinchados. ―Voy a necesitar una pila de maquillaje. ―¿O gafas increíbles?―Le tiré un par de aviadores. ―Disimularé el aspecto de resaca. ―Monroe golpeó su puño en el aire y salió tambaleándose de la cama―.Entonces, ¿cómo fue ayer? ―Bueno. ―Me aclaré la garganta y fingí estar aún enderezando mi cabello, a pesar de que ya estaba tan liso como puede ser. ―Eso es todo. ¿Bueno? ¿A dónde fueron a come r? ―Um… ― Yo no quería mentir, pero no tenía elección―. El abuelo como que se quedará por más tiempo de lo que pensábamos, así que comimos en el lugar que está rentando, mientras está en la ciudad. ―Hmm, ¿no es eso algo raro?―Monroe se cepillaba los dientes en el lavabo y luego se puso un poco de brillo de labios―. Quiero decir, no me malinterpretes. Me alegro de que esté aquí. Sé lo mucho que lo echabas de menos. Pero él tiene un rancho, ¿no? ―Sí, no lo sé. E l Abuelo siempre quiso pasar el rato en la ciudad. Y uno de los trabajadores del rancho necesitaba dinero, por lo que creo que todos ganan. Monroe asintió y poniéndose una gorra de béisbol. Imposible. Ella llevaba unos jeans andrajosos, una sudadera de rock-n-roll, los aviadores, y una gorra de béisbol y ella aún se veía mejor que yo. ―¿Sin uniforme?―Levanté mis cejas. ―Mierda. Allí va mi idea de ir a la moda. ―Monroe se quedó con la camisa suelta, se puso una chaqueta encima de ella y se deslizó su falda y botas altas hasta la rodilla―. Esto, amiga mía, es mejor que nada . ―Hey, aún se ve bien para mí. Desayunamos y nos fuimos a nuestra primera clase. Ella se despidió con la mano mientras corría al edificio de ciencias. Caminé lentamente a mi clase de política y me quedé algo atónita al ver un profesor real sentado en el escritorio. ¿Dónde estaba Nixon? ¿No le quedaban unos días más por enseñar? Le envié un mensaje rápido. ¿DÓNDE ESTÁS? Y me senté.


Pasó una hora y aún sin mensaje de Nixon. Me quedé con el teléfono en la mano en caso de que vibrara. No quería que mi única forma de comunicación me fuera despojada, y por alguna razón me hizo sentir segura. La mafia estaba al alcance, literalmente. Así que si Phoenix decidía meterse conmigo, podría huir y llamar a una de las otras familias para que le den en la cabeza. Por extraño que parezca, no me hace sentir mejor todo el asunto del gánster. Quiero decir, la mafia es la mafia. Y yo no era una de esas chicas ignorantes que no habían visto una buena parte de películas sobre mafias. No es que fuera reales, pero aún así. Después de unos minutos más de tortura, la clase terminó. Me abrí paso por el pasillo hasta la siguiente clase. Esto siempre fue la parte que odiaba porque los chicos estaban de pie alrededor hablando el uno al otro, los mensajes de texto, y señalándose. Yo aún no entendía por qué la escuela no s daba diez minutos entre clases. Parecía extrema por decir al menos. Podría conseguir un montón de problemas en siete minutos. Miré mi teléfono y suspiré. Aún sin mensajes. En el momento en que mi mirada se alzó para ver por el pasillo, ya era demasiado tarde. Choqué contra una torre de músculo. Tambaleándome hacia atrás me di cuenta de que era Nixon. Suspiré con alivio y envolví mis brazos alrededor de él para darle un abrazo. Él se quedó inmóvil bajo mi tacto. Maldiciendo, él agarró mis brazos en sus manos y me empujó fuera de él. ―¿Qué diablos crees que estás haciendo? ―¿Eh?―Probablemente no sea la mejor respuesta. ―¿Por qué me estás tocando?―Nixon se burló. ―Porque… ―Mi mirada se posó en todos los estudiantes que nos rodeaban. Sus rostros eran una mezcla de diversión y horror. ―¿Por qué?―Él dio un paso hacia mí y ladeó la cabeza―. ¿Qué, el gato te comió la lengua? O supongo que en tu caso sería una… ¿vaca? ―¿Una vaca?―repetí―. Nixon, qué diablos te pasa, ayer por la noche … Jadeos resonaban por el pasillo. Me negué a dar marcha atrás.


―Fue claramente un error si aún crees que quiero más de ti.―Sus ojos eran de acero. El endurecimiento en mi pecho aumentó tanto que pensé que me iba a dejar de respirar. ―Pero tú dijiste… ―¡¿Estás sorda?! ―gritó―. Yo no te quiero, Granjera. Ni ahora, ni ayer por la noche… nunca.―Él se rió. Y con cada eco de su risa en las paredes sentí que mis latidos golpeaban en mi pecho como un martillo―. Permíteme decírtelo en una forma que entiendas. Nunca voy a quererte. Quiero decir, mírate. No eres como nosotros, y nunca lo serás. Así que hazte un favor, déjame en paz.―Sus manos temblaban mientras él miraba hacia otro lado, un músculo temblaba en su mandíbula. Me negaba a moverme. Sólo podía mirar mientras las lágrimas corrían por mi rostro. ―Aléjate de mí. ―Nixon estaba a centímetros de mí. Esos mismos labios que me prometieron un para siempre encajaban un cuchillo en mi pecho―. Vete. Ahora. De alguna manera obligué mis piernas a moverse más allá de él, pero no antes de escucharle gritar detrás de mí. ―MOO. Los sollozos atormentaron mi cuerpo hasta que no podía respirar ni ver , como si eso importara. Ni siquiera sabía en qué dirección estaba corriendo. Sólo sabía que tenía que salir de allí. Lejos de él y lejos de mi corazón roto que acababa de ser pisoteado por el pie de Nixon. Me giré para asegurarme de que nadie me seguía y otra vez choqué contra alguien, pero esta vez no era Nixon, y no era cualquier persona amigable. Phoenix sonrió. ―Bonito espectáculo. Es bueno saber que por fin te puso en tu lugar. Tal vez ahora que estás fuera de la puta escena, podamos volver a cómo eran las cosas antes de que tú contaminaras esta escuela. ―¡Que te jodan!―Escupí en su rostro y me alejé de él, corriendo al primer salón disponible que pude encontrar. Por desgracia, estaba ocupado con algunos estudiantes, pero no me importaba. Pensé que tenía que alejarme de él … alejarme de todo. Caí al suelo delante de todo el mundo mientras trataba de mantener mi respiración, pero me fue imposible. Me estaba muriendo. Lo sabía. Traté de


respirar. Realmente lo hice. Pero cada respiración era menos profunda que la anterior hasta que empecé a ver manchas negras. El rostro de Chase estaba de repente delante de mí. Sin decir una palabra, me cargó en sus brazos y me llevó fuera del aula, condenando a la mafia al infierno en todo el camino.


Capítulo 29 Traducido por MewHiine Corregido por Morin

Para el momento en que llegamos a la Bat Cueva, también conocida como el escondite de Los Elegidos, me sentí como si hubiera vivido unas mil vidas. En una palabra, me sentía vieja y gruñona y maliciosa. Y en realidad lo único que quería hacer era golpear algo…cualquier cosa en la cara. ¿Por qué haría eso? ¿Y frente a todo el mundo? Mi cerebro difuso trató de sacar excusas. Tal vez eso era lo lamentable que me había convertido en la forma en que me sentía por él. Trataba de justificar sus acciones. Con la reproducción de todo lo que me dijo la noche anterior, sólo logré hacer que mi estómago se sintiera más enfermo. Habló de protegerme, amarme, hacer cosas que no quería tener que hacer. Pero, ¿qué demonios? Quiero decir, yo había tenido elecciones difícile s que tomar. Pero si su plan desde el principio había sido hacerme quedar como una completa idiota delante de los estudiantes, ¿no podía al menos haberme advertido? Cualquier chica, aunque ella hubiera sabido el plan desde el principio, habría estallado en lágrimas. Yo era patética, porque casi me había convencido de que Nixon había hecho todo eso a propósito. Que él no estaba usándome como dijo el Abuelo. ―Maldita sea, Trace, ¡escúchame! ―Chase fue delante de mí, examinando mi cara y jurando tanto que yo me habría sonrojado si hubiera sentido algo más que estar aturdida por el dolor. Vaya boca tenía el chico. ―¿Qué? ―Lamí mis labios y me negué a hacer contacto visual. Me agarró la barbilla con la mano y tiró de mi cara hacia la suya. ―¿Tienes que ir al hospital? ¿Acostarte? ¿Necesita un poco de agua? ¿Quieres un sedante? Esas son todas las cosas que te he estado preguntando durante el camino, y otra vez cuando te dejé en el sofá. Mierda. ―Él me soltó la barbilla y se pasó las manos por el pelo―.¿Qué demonios ha sido eso? ¿Estás mal de la maldita cabeza? Tú sólo no puedes…―Se apartó de mí y comenzó a caminar―… Tú no sólo puedes romperte ante la escuela así. No puedes dejar que la gente vea la debilidad. Eres mejor que


eso. No me importa si el maldito presidente de los Estados Unidos bailara ahí dentro y les dijera a todos que eres un terrorista. ¡Eres una Alfero por el jodido amor de Dios, empieza a actuar como uno! Y él acaba de dar un nuevo significado a la mano dura. Mi boca colgó abierta. Estaba demasiado sorprendida como para estar más herida. ¿Acababa de ser reprendida por tener mi corazón roto? Sentí el escozor de las lágrimas, pero me negué a dejar que ninguna más cayera. En su lugar, me solté de un tirón y pude o no haber dejado caer una palabra muy inapropiada. Su rostro de piedra se iluminó con una pequeña sonrisa. ―Mejor, Trace. Puedes hacerlo mejor que empujarme y decirme que me joda a mí mismo. Sé que esto duele. Créeme, lo sé. Pero es la única manera. ―¿La única manera? Chase asintió. ―Nixon y tú. No puede suceder. Hay demasiada historia, demasiado drama, y con Phoenix al acecho alrededor de la escuela, no puedes ser el catalizador que derrumbe toda esta operación. Créeme, no quieres eso, y no quieres que Nixon tenga la tentación de hacer eso. ―Nixon. ―Escupí―. Él puede hacer lo que malditamente quiera. ―Es bueno saberlo―dijo una voz familiar. Mi cabeza se sacudió hacia arriba para ver a Nixon en la puerta. Sus ojos parpadearon inciertos cuando pasó de mí a Chase y luego de vuelta a mí. La preocupación entrelazó sus ojos mientras comenzaba a caminar hacia mí.―¿Estás bien? Ira hirvió dentro de mí. Antes de que supiera lo que estaba haciendo, salté del sofá y lo derribé, golpeando mis puños en su pecho mientras la ira y el dolor me recorrían. Chase tuvo que sacarme de encima, e incluso entonces, lo único que pude hacer fue desmoronarme en los brazos de Chase mientras ardientes lágrimas salían de mis ojos. ―Yo… ―La voz de Nixon se quebró. ―Lo estás haciendo mal, hombre―susurró Chase―. Sólo vete. Ella no quiere verte. Diablos, ni siquiera sé si yo quiero verte. Sé por qué… Sólo pienso… Esto no se puede arreglar con tu malo culo mafioso.


―Pero…―Nixon se aclaró la garganta―.¿Trace? ―Fue una pregunta. ―Vete al infierno. ―Mi voz fue ahogada por la camisa de Chase. Chase juró. ―Nixon, has elegido. Y creo que fue bastante claro para todo el mundo dentro de un radio de cincuenta millas a quien has elegido. ―Es sólo que no sé si quiero vivir con las consecuencias―dijo Nixon. ―Creo que vamos a ver de lo que ésta familia está realmente hecha. ―Chase. ―La voz de Nixon fue ronca―. Cuida de ella, por favor. Sólo… ―¡Vete! ―grité, interrumpiéndolos. Chase me sostuvo cerca y asintió con la cabeza una vez. Escuché la puerta abrirse y cerrarse, y apreté mis ojos con fuerza. Exhausta, no protesté cuando Chase me levantóen sus brazos, por segunda vez en el día, y me llevó de nuevo al sofá. Metí mis manos debajo de mi barbilla y cerré los ojos. En cuestión de segundos las luces de la habitación estaban apagadas. Oí la cerradura de la puerta y en ese momento sentí un cuerpo cálido junto al mío. El sofá era lo suficientemente grande para dos personas, así que hice sitio mientras Chase se tumbaba detrás de mí y me rodeaba con su cuerpo. Puso una manta sobre los dos y suspiró. ―¿Chase? ―Sollocé. ―¿Hmm? ―¿Por qué me estás ayudando? ―Porque estas buena. ―Frotó mi brazo y soltó una carcajada―. Trace, estoy bromeando. No permitas que tu ropa interior se haga un montón. Estoy aquí porque no hay otro lugar en el que quiera estar. Porque no me gusta ver llorar a las chicas, y aunque la opinión popular diga que no poseo un corazón, realmente lo tengo. Así que no me importa, pero cuando veo a un amigo, y no frunzas el ceño, puedo verte desde aquí. Cuando veo a un amigo, un buen amigo, molesto, jodidamente me sangraría a mí mismo antes de dejarle pasar por mierda solo. ―Ese fue un buen discurso. ¿Lo has practicado? ―Me encontré a mí misma sonriendo a pesar de que mi corazón todavía se estaba rompiendo y golpeando en mí pecho como si hubiera perdido para siempre su ritmo.


―Muy graciosa. ―Chase me atrajo con más fuerza. ―¿Chase? ―¿Sí? ―¿Por qué tú me puedes ayudar pero Nixon no? ―Pregunta capciosa, Granjera. ―Su mano se movió de nuevo a mi brazo y la frotó de arriba y abajo en movimientos lentos―. Él es el jefe de la mafia. Yo soy el primo. Es diferente. Ni siquiera soy el próximo en la línea. Siempre he hecho mis propias cosas. Quiero decir, sí, trabajo para la familia. Supongo que se podría decir que soy inferior en la pole del tótem, así que realmente no importo tanto. En todo caso, es mejor conmigo que con Nixon de todos modos. Al menos conmigo no serás un blanco para el asesinato. ―Que… tranquilizador. La sonrisa cálida de Chase me relajó. ―Oye, tú preguntaste. Ahora, por favor trata de dormir un poco. ―¿Estarás aquí cuando me despierte? ―Siempre. Traté de no dejar que su promesa me afectara. Después de todo, Nixon había prometido un montón de cosas también. Odiaba que mi desconfianza y la confusión de lo que hizo Nixon, echara totalmente a perder toda relación que tuviera con mis amigos, pero yo todavía estaba aterrorizada de que Chase me dejara igual que hizo Nixon, y al final no me quedaría con nadie. Porque una cosa era siempre segura en mi vida… todos se iban. Mis padres, mi abuela, incluso yo… Era sólo cuestión de tiempo antes de que los que amaba me dejaran también.


Capítulo 30 Traducido SOS por Arifue Corregido por Karlix

Desperté en los brazos de Chase. No exactamente del modo que lo planee que iba a ir mi miércoles. El horno de su cuerpo estaba sobrecalentando el mío, sumado al férreo agarre que tenía sobre mi persona, me estaba sintiendo ligeramente claustrofóbica. Con un fuerte tirón me caí al piso. Y Chase, por supuesto, cayó encima de mí. ―¿Qué diablos Trace?―Sus ojos se abrieron mientras acomodaba su cuerpo sobre el mío mirando del sofá hacia a mí, confuso―.¡Podrías al menos decirme antes de intentar matarme! ―¿Matarte?―Eleve una ceja―. Claro, porque con la caída de un solo pie no lo hubiese hecho, ¿qué? ¿Tú pequeño corazón hubiese estallado? Sus ojos se entrecerraron. ―Mira, sé que tienes tu corazón roto y estas molesta, bla, bla, bla, ¿Pero tienes que ser odiosa con el chico que te ayudo cuando estabas teniendo una crisis nerviosa en frente de todo el cuerpo estudiantil? ―Punto valido.―Estuve de acuerdo. Él sonrió abiertamente. ―Sabía que lo verías a mi manera. Ahora, sin atacar. Voy a bajarme de ti, ayudarte a ponerte de pie, e intentar no mirar tu trasero cuando te dobles a agarrar tu bolso. ―Que caballeroso.―Me queje mientras tomaba su mano y el me ayudaba a ponerme de pie. Chase silbo en el momento en que me agache para recuperar mi bolso. ―Lo siento, Trace. Mentí, no es extraño que Nixon estuviera…


―Podemos solo… no hablar sobre él.―Lance mi bolso sobre mi hombro y cruce mis brazos. Chase asintió y levanto sus manos al aire rindiéndose. ―Un buen trato. Solo déjame agarrar mi tarjeta de acceso y caminare contigo a la puerta. ―No tienes que hacer eso. Ya me dejaste esconderme aquí la mayor parte de la mañana y… ―Insisto. Además es algo así como mi trabajo. ―¿Tú trabajo? ―Chase Winter a tú servicio. Ve acostumbrándote bebé, soy tu guardaespaldas oficial. ―¿Quién lo dice?―le grite. ―Umm ¿Nixon? ¿Tu abuelo? ¿Mo? Solo aquellos que te aman… ―Nixon no me ama. Chase suspiro. ―Me rehusó a entrar en eso contigo ahora mismo. Cree lo que quieras, pero ese chico seria capaz de cortar de un golpe sus propios brazos antes de dejar que alguien lastimara un cabello de tu cabeza. Las lágrimas amenazaron de nuevo. ―Algunas veces, Chase… es el lazo emocional lo que duele.―Empujé tras la rabia y suspiré―. Preferiría que me golpeara. Los cortes se curan, los moretones se desvanecen, ¿Pero corazones rotos? Ellos llevan las cicatrices de por vida. Con un pesado suspiro Chase metió la tarjeta de acceso en su bolsillo y me empujo a su lado, besando mi cabeza. ―No creo que ningún chico pueda prometerte no romper tú corazón. Pero sí te prometo que el siguiente idiota que lo intente terminara de uno modo u otro en mis puños. Asentí.


―Vamos, Trace…―Sus ojos azules bailando―. Una sonrisa. Dame una sonrisa antes de caminar por la tabla15 . Rodé mis ojos. ―Por favor.―Sobresaliendo su labio inferior. Mi patético intento de una sonrisa probablemente lucio más como una mueca, pero fue suficiente para que Chase asintiera su cabeza en aprobación y me encaminó fuera de la puerta. Una vez que nos paramos afuera, tome una rápida respiración de aire fresco. La gente estaba caminando alrededor del campus y nadie parecía saber que yo estaba saliendo de mi escondite. ―Ves―Chase susurro en mi oído―.Viento en popa. Realmente él no debió decir eso, porque los siguientes minutos se volvieron en lo que a mí me gustaba referirme como el infierno en la tierra. La gente comenzó a susurrar y apuntar, que en realidad no era tan malo, hasta que una chica gritó zorra y otro tipo empezó a corear puta. Naturalmente, porque el aburrimiento promueve la estupidez, el resto de los chicos se unió hasta que Chase y yo estábamos literalmente caminando en compás de los cantos. Él apretó mi hombro, les dijo a todos que se jodieran, lo cual para ser honesta me hizo temblar más, y mantener mi cara seria. Una vez que llegamos a mi dormitorio, deslizó su tarjeta. Y esa misma diablasalió por la puerta del baño. ―Te lo dije.―Ella sonrió. Sus ojos cayeron en Chase―.Agradable de que te ocupes de las sobras de Nixon.―Traté de tirar a Chase detrás de mí. Había tenido suficientes comentarios de zorra para que me duraran durante toda la vida, pero él se negó a ceder. ―¿Las sobras?―Chase repitió. Uh-oh. Conocía ese tono de voz. Era la misma voz con la él sehabía burlado de mí el primer día de clases. Esa chica acaba de abrir una caja que realmente debería haber permanecido cerrada. Chase liberó mi mano y comenzó a rodearla. La frase en inglés es “To walk the plank” que hace referencia a caminar sobre la tabla como un castigo de piratas. 15


Borra eso. La caja debería estar clavada y enterrada en lo más profundo que pueda llegar en el SéptimoCirculo Del Infierno. ―Cara… ―Chase lanzó su cabeza hacia atrás y rió―.Había olvidado que entretenida era esa pequeña boca tuya, lo cual es una locura porque podría jurar que estaba envuelta alrededor de la basura de Phoenix la semana pasada. Estaba más allá de sonrojada. La boca de Cara cayó abierta. ―Ahh, bebé ¿Es eso una invitación?―Chase se rió entre dientes―. ¿Me pregunto cómo se sentirá tú novio el que folles a Phoenix a sus espaldas? ¿Hmm? Me pregunto qué es lo que Deacon haría. No, en realidad… ―Él chasqueo sus dedos―.Sé exactamente lo que él hará. Él dejara tu gordo trasero y pasara a la próxima zorra lista para abrir las piernas para él. Entonces de nuevo, tal vez a él le guste lo fácil que eres. Hey, ¿porqué no lo llamo ahora mismo y vemos si él quiere unirse a un trio? Diablos, hagamos de cuatro personas, ya que claramente te gusta lo que ves. Voy a jugar. El labio inferior de Cara comenzó a temblar. Quería decirle a Chase que se detuviera, pero estaba demasiada horrorizada por las cosas que salían de su boca para decir cualquier cosa. ―No le digas. Por favor, solo…―Cara miro hacia mí por ayuda. Yo mire inmediatamente a Chase. ―¿Sabes cuánto valen las chicas como tú?―Chase se burló―.Nada, absolutamente nada.Tú eres una docena de monedas de diez centavos. No voy a llamar a Deacon, porque realmente creo que él es tu pase directo al infierno. Tú futuro es tan claro como el día para mí. Tú eres la perfecta esposa Stepford. Manteniéndote aparte y sonriendo políticamente mientras él se folla a cada prostituta disponible para un hombre de su gusto, y tú lo harás con Phoenix y con cualquiera que te dé la hora del día a un lado. Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. ―Despierta. ―Chase estaba directamente en frente de ella ahora―.Tú nunca serás tan buena como Trace. Nunca serás lo jodidamente buena para lamer el piso por donde sus zapatos han pasado. Ahora escucha y escucha muy atentamente. Ella asintió.


―Nunca la miraras a los ojos de nuevo. Si escucho que lo hiciste. Voy a arruinar tu perfecta cara de torta.Y si respiras el mismo aire que Trace sin mi permiso, te mostrare lo que se siente ser sofocado hasta la muerte, si tú esparces algún otro rumor sobre ella y Los Eleg… ―Se encogió de hombros―. No llegaras hasta las vacaciones de Navidad, sin por lo menos uno de tus lindos dedos con manicura faltando en tu mano. ¿Nos entendemos? Cara estaba berreando ahora. Ella asintió patéticamente y salió corriendo. ―¡Ten un buen día!―Él llamo. Atónita. Me pare allí mirando a Chase felizmente enviando un mensaje de texto y comenzar a silbar. ―¿Qué D… ? ―¿Qué?―Él se encogió de hombros―. Hey, vamos adentro. Tengo frío. ―Cierto.―Atontada lo seguí adentro del edificio y hacia los elevadores donde el deslizó su tarjeta y se mantuvo silbando. Siempre pensé que Nixon era escalofriante. El único al que todos temían. Es posible que haya subestimado a Chase… por un largo tiempo. Nos quedamos parados en silencio. Realmente no sabía cómo comenzar esa conversación en particular. Ya sabes, la que comienza con… ¿Qué mierda acababa de pasar? En cambio fui con… ―Entonces, puedes ser escalofriante. Chase se encogió. ―Es cosa de familia. Mierda no. ―Genial.―Mantuve un ojo en él. Era tan frío como un pepino. Seguro, yo ni siquiera estaba involucrada en ese pequeño intercambio y todavía sentí a que iba a vomitar. No me sorprendería para nada ver a Cara en las noticias de la mañana por intentar asesinar a Chase mientras este dormía. Las puertas del elevador se abrieron. Chase espero que caminara con él, entonces me acompaño a mi cuarto y fulminó con la mirada a cualquier chica que


se atrevió a darme una mala mirada. No había duda de que su encuentro con Cara estaría alrededor del campus para la cena. ―Gracias por acompañarme a casa.―Abrí mi puerta. Chase me siguió dentro. ―Um, ¿Qué estás haciendo? ―Mi trabajo. ―Él sonrió y se recostó en mi cama―. Ahora has tu tarea para que podamos ver una película. ―¿Nosotros? ―Si. ¿Cómo tú y yo? ¿Qué, tienes una vaca escondida aquí en alguna parte? Parpadeé. ―Santa mierda ¿Tienes una vaca? Eso sería asombroso. ―Sí, Chase. Tengo una vaca debajo de mi cama. Es invisible por eso no puedes verla. Pero algunas veces en la noche sale a jugar ¿Qué diablos está mal con tu cerebro? Él me guiño y tomómi novela de vampiros de mesita de la cama y comenzó a leer. ―La tarea―él ordeno, sonando aburrido―. Ahora. ―De acuerdo Papá. ―Ohhh, dilo de nuevo. Solo que esta vez llámame papá mientras tu estas… ―¡CHASE! Él se rió fuertemente, y se lamió sus labios, lanzándome un beso y abriendo el libro de nuevo. Si él era mi guardaespaldas permanente, esperaba en Dios que Nixon o el Abuelo se dieran cuenta de qué hacer conmigo mientras yo estaba en la escuela. No había manera de que pudiera manejar la presencia de Chase día y noche.


Capítulo 31 Traducido por Evarg7 Corregido por Karlix

Curiosamente, mi vida cayó en una serie de rutina. Iba a clase. Chase amenazaba a cualquiera que me mirase mal. Y, después de tres semanas de su presencia insufrible, nos habíamos hecho amigos. Si uno puede llamar amigo a Chase Winter. Todavía estaba tratando de entenderlo. Considerando todo, no tenía dudas en mi mente de que si le decía que necesitaba matar a alguien, él ni siquiera haría preguntas. Simplemente preguntaría a quién y se iría trotando. Guau. Nunca hubo ningún amigo más verdadero. Para ser honesta, me sentía sofocada. Si siquiera tosía, Chase perdía la compostura, llamaba a Nixon y al Abuelo, y les informaba de que estaba cayendo con una enfermedad y necesitaba ser llevada al hospital. A veces tosía sólo para que se fuera. Creo que Chase tenía problemas con los gérmenes. Una vez tropecé y Chase maldijo a los cuatro vientos diciendo que si no aprendía a caminar como un ser humano normal, él iba a perder la cabeza de la preocupación. ¿Qué? ¿Porqué por un arañazo iba a terminar conmigo? Cuando le pregunté si podíamos ir por un helado, él dijo que no era seguro. No, en lugar de eso, me compró un helado. No en la forma típica de un chico. No. Porque eso hubiera sido demasiado fácil, y Chase hacía las cosas de la forma difícil. Había olvidado que se lo había pedido hasta más tarde esa noche. Apareció con un kilo y un chico que trabajaba en la heladería local. La peor parte era que había instalado la tienda en la entrada de los dormitorios y le ordenó al tipo que me haga cualquier cosa que quisiera. Teníamos suficiente helado para alimentar a un regimiento. Y probablemente gané dos kilos y medio en dos días. Abrí mi bolígrafo y esperé a que empezara la clase. Sólo quería que las cosas volvieran a la normalidad. Mi corazón todavía dolía. Quiero decir, no había forma


en que esa mierda fuera a curarse, especialmente considerando que Nixon me evitaba como a la plaga. Chase dijo que sueño con él, que a veces lo llamo a gritos. Eso solía avergonzarme, ahora estaba bordeando lo patético, especialmente cuando Mo tenía que despertarme constantemente de mi sueño y sujetarme mientras yo lloraba como una Magdalena. En serio, tenía que pensar en tomar sedantes por la noche. Saqué mi libro de Historia de los Estados Unidos y casi trago mi goma de mascar cuando Nixon entró a la sala. Era la primera vez que había estado tan cerca de él desde el incidente de cuando me pisoteó el corazón y arruinó cualquier posibilidad que tenía de enamorarme. Sabía que eso sonaba severo, pero era todo o nada con él. Todavía lo amaba, y odiaba que tuviera sentimientos por él cuando claramente no sentía nada por mí. Incluso después de pensar lo que pasó ese día, se me ocurrió que incluso cuando él podría estar haciéndolo para protegerme, podría al menos haberme enviado un mensaje de texto en privado o podríamos haber salido por ahí. Quiero decir, vamos. Era un jefe de la mafia. Podía hacer que cualquier cosa pasara. Quizá ésa era la peor parte. ¿No me amaba lo suficiente ni para hacerme su sucio secretito? No me amaba lo suficiente ni para hacer que algo funcionase. No usó sus muchas conexiones. No tuvo ningún momento débil. La amargura sólo seguía empeorando hasta que me sentí como si fuera a explotar de todo ello. ―El Dr. Stevens está enfermo hoy, así que lo suplantaré. ―Los ojos de Nixon le echaron un vistazo a la sala y cayeron en mí. Sin romper el contacto visual, instruyó a todos a tomar notas sobre la tarea de la película. Lo papeles se pasaron de mano en mano y luego las luces se apagaron. Cerré mis ojos. No porque estuviera cansada, sino porque imaginé que si no podía verlo, no dolería tantísimo. Pensé que había terminado con el llanto. Pensé mal, una sola lágrima se deslizó por mi mejilla. Todavía era un corte profundo, todavía dolía mucho. ―Trace ―susurró Nixon detrás de mí. Me tensé. Negándome a darme la vuelta, fingí no haberlo oído―. Trace, no seas así…


¿Estaba hablando en serio? ―Te echo de menos.―Sus labios rozaron mi oreja―. Tan malditamente mucho, y ojalá… ojalá pudiera decírtelo… maldición, ojalá no lo hubiera prometido, pero lo hice. Tengo que protegerte. Estar contigo. No es seguro. Tienes que entender eso ahora. Tragué el nudo en mi garganta y todavía me negué a reconocerlo. ―Por favor, cariño. Sólo recuerda lo que dije, por favor. ―El metal de su anillo labial envió un temblor por mi espalda cuando conectó con mi oreja―. Siempre mantengo mis promesas. Si no lo hago… la gente muere. ¿Entiendes? No puedo tener sangre inocente en mis manos, especialmente cuando podría ser la tuya. Suspiró con intensidad, enviando temblores por mi cuerpo. ―No tuve opción, Trace. Eso fue todo. Había terminado. Me di la vuelta tan rápido que él se echó hacia atrás y maldijo. ―No, escucha tú. ―Lo apunté con mi dedo y susurré para que nadie más nos pudiera oír―. Siempre hay una opción. Me niego a permitirte justificar tus acciones al decir que tus manos estaban atadas. Eres Nixon Abandonato. Tenías opción, y la tomaste. Que les den a tus excusas, estoy muy cansada de ellas, Nixon. De todo esto. He terminado. Yo… ―Tragué―. No volveré el siguiente semestre. Tienes razón. No puedo hacer esto. No es mi mundo. Este lugar no es para mí. Se estiró para agarrar mi mano, pero yo la alejé. ―Sí que es para ti, Trace. Es tu lugar tanto como el de todos los demás y… ―No. ―Negué con la cabeza―. No. No puedo contarles quién soy, e incluso su pudiera, ¿qué pasaría? Me ganaría el respeto por mi familia, pero sería todo falso. Mientras tú te inventarías otra excusa para romperme el corazón en un millón de trozos diciendo que no tenías opción. Vete al infierno, Nixon. En realidad… ―Me reí―. No lo hagas. Porque yo he estado viviendo allí durante las pasadas tres semanas. Sólo mantente alejado de mí. Agarré mis libros y me fui de la clase. La última imagen que tuve de él era su frente presionada contra sus manos mientras su cara se contraía en una mezcla de dolor y arrepentimiento. Bien. Lo dejé con tanto dolor como él me había dejado a mí.


Una vez en el pasillo, me agarré el collar. Quizá estaba siendo ridícula, pero desde que Nixon me había advertido para que no lo use, encontraba gran placer en hacer lo opuesto a una de sus órdenes. Puse la cruz por debajo de mi ajustada camisa blanca y suspiré. ―Abuela, ojalá estuvieras aquí. ―¿Abuela? ―Una voz oscura estaba junto a mí. Oh, no. Levanté la mirada y vi directamente en los ojos de Phoenix. Su sonrisa era pura maldad. ―¿Abuela? ―repitió―. ¿Ésa sería la Abuela Alfero? Me lo tomé a broma y empecé a caminar lejos de él bruscamente. ―No tengo idea de lo que estás hablando. Saqué rápidamente mi teléfono y le envié a Chase un mensaje de texto que decía “911”. ―¿A dónde crees que vas? ―Phoenix se movió para ponerse frente a mí. Me di la vuelta y empecé a caminar en otra dirección, pero él trotó para estar frente a mí. Sus brazos se estiraron para ponerse en mis hombros. Sus dedos se clavaron en mi piel cuando me hizo chocar contra la pared. ¡¿Porqué me fui de clase?! ―Habla. ―Sus labios casi rozaban los míos. Intenté alejarme de él, pero era imposible. Él era demasiado fuerte―. O no lo hagas. ―Sonrió―. Siempre podemos hacer algunas otras cosas… Caminar por el colegio es a lo que estás acostumbrada. Una vez que termine contigo, olvidarás todo de Nixon y, en su lugar, estarás gritando mi nombre. Lo pateé, pero él sólo se rió y agarró mi brazo, arrastrándome con él por el pasillo. Empecé a gritar en busca de ayuda, pero los chicos en el pasillo se rieron cuando Phoenix añadió―:Le gusta rudo. ―¡No, no! ¡Por favor! ¡Por favor, ayúdenme! ―Yo estaba frenética, arañando sus brazos cuando él usó toda su fuerza para sacarme del edificio y llevarme hacia la oficina central de Los Elegidos.


―¡Detente! ¡Phoenix! ¡DETENTE! ―Clavé mis tacones en el suelo, pero él sólo se rió y me tironeó con más fuerza. Me trastabillé y fui directa a sus brazos. ―Eso me gusta más―dijo bruscamente―. ¿Piensas que eres tan perfecta sólo porque tu familia es la que es? ¿Siquiera sabes quién soy yo? ―Empujó mi cabeza cerca de su boca y lo gritó en mi oreja―. ¡Y todo porque has perdido la oportunidad de estar con la familia de Nixon! ¿Mis conexiones? Se han ido. Mi dinero. ¡SE HA IDO! ¿Quieres saber por qué? Intenté negar con la cabeza. ―Porque los De Lange no son algo seguro. Nuestro dinero no es lo suficientemente bueno. ¿Pero el de Nixon? ¿Su nombre? Él es maldito oro y tú vas y arruinas todo al mover tus jodidas pestañas. Eres una maldita zorra, justo como tu madre… Me abofeteó y me empujó por la puerta hacia la sede de Los Elegidos. Esperé en vano que Tex estuviera allí con Mo. Habían sido inseparables desde que empezaron a salir. Pero estaba vacío. Empecé a presionar los botones en mi teléfono con la esperanza de que llamase a alguien, a quien sea. ―¿Qué haces? ―Phoenix agarró mi teléfono justo cuando sonó―. Responde. Dile que estás bien. Negué con mi cabeza para decir que no. Phoenix sacó un cuchillo. ―Responde o voy a hacer una marca permanente en tu cara. Con manos temblorosas tomé el teléfono y respondí. ―¿Hola? ―¿Trace? ―Era Chase―. ¿Estás bien? Nixon dijo que te fuiste de clase y… Trace, ¿estás llorando? ―No.―Intenté mantener mi voz alegre. ―Pero enviaste 911, usualmente eso significa que o estás triste o que alguien te llamó zorra otra vez… Tragué, con mis ojos puestos en el cuchillo de Phoenix.


―Um, Chase, tengo que irme. Volveré a mi habitación para echar una cabezadita. Chase se quedó en silencio. ―Trace. ―¿Sí? ―¿Cuánto calor hace en Arizona? ―Calor abrasador ―respondí con las lágrimas nublando mi visión. ―Mierda ―Chase colgó. Le devolví mi teléfono a Phoenix, quien lo lanzó contra la pared, rompiéndolo en trozos. ―¿Crees que sabes todos nuestros secretitos sólo porque eres una Alfero?―Phoenix me empujó contra la pared y se rió―. ¿Dónde está Nixon ahora? ¿Va a salvarte? ¿Dónde estaba cuando tus padres murieron? Oh, cierto, él era demasiado joven, incapaz de hacer algo. Justo como no será capaz de hacer algo ahora. ―¿Por qué? ―dije con dificultad, intentando comprar tiempo. No tenía idea de qué iba a hacer, sólo sabía que, por alguna razón, me odiaba y quería hacerme daño. ―¿Por qué? ―Sus cejas se elevaron mientras se lamía los labios y luego me espetó―: Porque eres una sucia zorra. Porque has arruinado todo por lo que he trabajado durante años para construir. Porque el minuto en que Nixon me separó de Los Elegidos, nadie en el pueblo hará negocios con nosotros. He sido ordenado por mi padre para hacerme cargo de las cosas en cualquier forma posible. Ésta es mi forma de hacer eso. No puedo tener secretos familiares mostrando sus feas cabezas sólo porque Nixon decidió que tenía un corazón, ¿cierto? ―Nixon te matará ―dije con voz temblorosa. Phoenix golpeó la pared por encima de mi cabeza. ―No si lo mato yo primero ―Su risa era oscura, loca, en realidad. ¿Estaba drogado? Sus manos se movieron de la pared hacia mis hombros y, en un instante, estaba quitando mi suéter de mi cuerpo. Con miedo enfermizo, supe exactamente lo que iba a hacer.


No iba a matarme. No. Eso sería demasiado amable. Iba a convertirme en la zorra que todos ya pensaban que era, e iba a destruirme. Tomaría lo único que era sólo asunto mío dar. ―Mil pavos a que eres virgen… ―Sus manos se movieron por mi blusa y muy lentamente empezó a desabotonarla hasta que mi camisa cayó al suelo junto con mi suéter. Nunca había estado tan asustada ni avergonzada en mi vida. Me miró lascivamente. Frenética, apreté mi puño y lo dejé salir, golpeándolo en la mandíbula. Retrocediendo, maldijo y luego me agarró la pierna cuando intenté correr. ―Me gusta una chica que sea ruda. Intenté golpearlo en el estómago, pero empujó mi pierna contra el suelo y luego saltó encima de mí, levantando mi falda en el proceso. No pude evitar las lágrimas que se derramaban por mi cara, ni el hecho de que mi grito no salía de mi garganta. Era como si, en realidad, no estuviera viviendo esto, como si mi alma hubiera dejado mi cuerpo y estuviera viéndolo pasar a otra persona. Sus manos tocaron mis muslos y le recé a Dios para que me dejase inconsciente antes de que algo más de él me tocase. Con un arrebato final, intenté sacarlo de encima de mí arañando su cara y lo que sea que pudiera hacer. Me golpeó repetidamente en la cara hasta que ya no dolía. Mi cabeza cayó al suelo. La fuerza ya no estaba. No podía pelear. Mi cerebro me dijo que lo hiciera, pero mis músculos no funcionaban. Subió mi falda por encima de mi cintura. Volví a rezar. Phoenix me sopló un beso y luego movió sus manos hacia mi ropa interior. Algo golpeó la puerta y luego oí maldiciones. Mis ojos estaban borrosos por las lágrimas, mi cara hinchada por ser el saco de boxeo de Phoenix. Dos borrones entraron a la sala gritando y lanzaron a Phoenix fuera de mí.


Chase vino inmediatamente junto a mí. Lanzó una chaqueta por encima de mi cuerpo expuesto y metió mi cabeza en su hombro mientras Nixon lanzó a Phoenix contra la pared. ―Te mataré por tocarla. ―Nixon echaba humo―. Tú, sabandija. ―Su puño fue hacia el estómago de Phoenix―. ¡Pedazo de mierda! ―Su otro puño conectó con la mandíbula de Phoenix y luego Nixon sacó un cuchillo de su bolsillo trasero y pateó a Phoenix en el estómago. Cuando se inclinó de dolor, Nixon usó su cuchillo y lo metió en la mano derecha de Phoenix. Phoenix gritó. Todo pasó en cámara lenta hasta que alguien más entró en la sala: El Abuelo. Su mirada asimiló todo el caos y a mí yaciendo en los brazos de Chase. La ira asesina se reflejó en sus ojos cuando caminó hacia Nixon lentamente, quien acababa de sacar su cuchillo de la mano de Phoenix. ―Alista un lugar―le dijo el Abuelo al hombre que lo había seguido. Él asintió rápidamente y se fue. El abuelo y Nixon estaban rodeando a Phoenix. Desplomado en el suelo, todavía estaba sujetando su mano y la sangre salía de la herida. ―Es tu decisión, Nixon ―dijo el abuelo, con la voz fría. ―Martillo. ―Nixon no se estremeció, ni siquiera pensó en ello. El abuelo asintió y me miró a mí y a Chase. Chase apuntó a una de las despensas. En cuestión de segundos, el abuelo localizó un martillo y se lo trajo a la mano extendida de Nixon. ―Deberías cerrar tus ojos ―susurró Chase en mi oreja, sus brazos estaban tan apretadamente alrededor de mi cuerpo que casi no podía respirar. Tampoco podía apartar la mirada, incluso cuando sabía que debería. El Abuelo agarró las manos de Phoenix y las ató por las muñecas. ―La miras sin petición previa: Pierdes un ojo. ¿La tocas con sus sucias manos? Una pausa significativa me hizo jadear. Nixon sostuvo el martillo sobre su cabeza.


―Pierdes tus manos. Y prometo que esto es sólo el principio. ―El martillo cayó y chocó contra los dedos de Phoenix. El sonido de huesos crujiendo casi me hizo vomitar. Sí que aparté la mirada entonces. Metí mi cabeza en el hombro de Chase y me desmayé.


Capítulo 32 Traducción SOS por Mais020291 & MewHiine Corregido por Morin

―Trace, mírame. Gemí y sacudí la cabeza. ―¡Trace! ―La voz era frenética. Mis ojos se abrieron de golpe y vi a Nixon inclinándose sobre mí. ―Trace, necesito… ―Los ojos de Nixon estaban amplios con pánico―. Necesito saber si algo pasó, si él… ―Nixon juró, mordiéndose su labio mientras sus ojos suplicaban a los míos. ―No―dije, con voz chirriante―. Llegaron a tiempo. ―Quería gritar que aunque nada había sucedido estaba tan traumatizada, tan asustada, que no sabía qué hacer. Todo mi cuerpo se sentía nulo. Estaba dividida entre desear que Nixon me bese y decirme que todo estaba bien, y desear llorar tanto para entrar en un coma y borrar lo que acababa de pasar. Intenté calmar mi tembloroso cuerpo. Pero había estado cerca, tan cerca de ser algo irrevocable. Di otro estremecimiento involuntario mientras Nixon decía algo en Siciliano a Chase, quién aparentemente aún me estaba sosteniendo. El Abuelo apareció. Nixon se puso de pie, le habló al Abuelo de nuevo en Siciliano. El Abuelo asintió una vez en acuerdo. ―Trace, bebé, yo… ―Los ojos del Abuelo se llenaron de lágrimas mientras se arrodillaba―. Debí hacerlo mejor, no sé lo que hubiese hecho si Nixon y Chase… ―Tragó―. No puedo perderte. ¿Entiendes? No puedo, Trace. Eres mi vida. Le di una sonrisa temblorosa. ―No me iré a ningún lado, Abuelo. Suspiró con alivio y se puso de pie. ―Nixon, ¿por favor, podrías quedarte con ella?


Nixon se veía tan sorprendido como yo me sentía. ¿Qué pasó con el deseo de querer matarlo? Él asintió una vez. El Abuelo miró sobre Phoenix, quien se había desmayado por el dolor. ―Tendré todo listo para su llegada… Señor. Era la primera vez que escuchaba a mi abuelo referirse a alguien menor que él como Señor y de hecho ponía el respeto detrás del nombre. La sorpresa debe haber golpeado a Nixon también, sus cejas se alzaron solo brevemente antes de darle a Abuelo un corto asentimiento y una sacudida de manos. ―La familia se mantiene unida ―dijo el Abuelo, sacudiendo la mano de Nixon. ―Protegeré esta familia hasta que de mi último respiro, lo juro. ―Ahora lo sé. ―Los orificios nasales de Abuelo llamearon―. Tracey, te amo, dulce niña. Por favor, escucha a Nixon en mi ausencia, sólo estaré a una llamada de distancia, pero como podrás imaginar, tengo algo de qué hacerme cargo. ―Su mirada volvió a Phoenix. Dos hombres estaban levantando su cuerpo en sus brazos―. Cuando estés listo. ―El Abuelo golpeó a Nixon en la espalda y se alejó. ―¿Listo? ―pregunté, mi voz aún ronca por el esfuerzo. Ni siquiera estaba tan curiosa. Solo era que necesitaba algo más en qué enfocarme. Sino, estaba casi segura que iba a perderme. Nixon tragó. ―Listo para destruirlo completamente. ―Mis cejas se arrugaron en cansancio mientras Nixon se reía oscuramente y se inclinaba hacia el suelo, sus rodillas chocando en el proceso―. Matarlo, cuando esté listo para terminar con su vida, Trace. ―Oh. ―No estaba segura de cómo sentirme sobre eso. Quiero decir, sabía que él era malo. Sabía que podía haberme violado y posiblemente matado, pero, ¿acaso eso me hacía sentir bien? ¿Una vida por otra vida? Luché por ponerme de pie y casi me caigo. Nixon me atrapó e hizo señas hacia Chase. Chase se detuvo por un segundo. Las cejas de Nixon se arrugaron. ―Chase, puedes irte. ―Pero… ―Chase apretó sus labios, su mano alcanzando mi espalda. Suspiré y di un paso hacia atrás en los brazos de Chase. Era el turno de Nixon de verse confundido y un poco enojado.


―Gracias, Chase. ―Envolví mis brazos alrededor de su cuello y cerré mis ojos―. Te amo. Sí, Nixon había ayudado a salvarme. Pero Chase, literalmente había salvado mi vida con su pregunta perceptiva. Las lágrimas quemaban en la parte de atrás de mi garganta mientras los ojos azules de Chase se llenaban de calidez. ―Yo también te amo, Granjera. ―Se apartó y sostuvo mi mentón en su mano―.Puedes llamarme si me necesitas, ¿de acuerdo? Asentí mientras daba un paso atrás y salía de la habitación. Al minuto en que la puerta se cerró, mi cuerpo empezó a caerse contra el suelo. Los fuertes brazos de Nixon vinieron a mí alrededor. En un instante me estaba alzando y cargándome hacia el baño. ―No, por favor, yo solo… ―Luché contra él mientras me cargaba hacia la habitación y gentilmente me colocaba en una de las pequeñas bancas del baño. ―Trace. ―Nixon ahuecó mi rostro con sus manos―. Mírame. Cerré con fuerza mis ojos. Él exhaló. Y finalmente, con lágrimas corriendo por mi rostro, abrí un ojo, luego el otro. Nixon tenía lágrimas en sus ojos mientras sus dedos pulgares limpiaban las lágrimas. ―Gracias a Dios no tengo experiencia en esta clase de cosas… ―Sus orificios nasales llamearon por un breve segundo―. Pero me imaginé que querías tomarte un baño o una ducha o algo. Asentí y rompí en algunos cuantos sollozos más. Todo dolía en mi cuerpo, incuso mi piel. De nuevo, quería que Nixon me toque, que me diga que aún era linda, que lo que me había sucedido no era mi culpa, que la fealdad de Phoenix no había contaminado lo que tenía. ―Eres hermosa, Trace ―murmuró Nixon mientras besaba mi frente―. Y Phoenix es un monstruo. Lo sabes, ¿verdad? Lo que hizo…es imperdonable y te prometo, haré el bien. ―¿Al matarlo? ―le pregunté con voz suave. Nixon sacudió su cabeza. ―Es tu decisión, querida. No quiero apenarte más, pero créeme cuando te digo que tu familia y la mía no dejarán que esto se vaya sin un castigo severo. Típicamente no hacemos que las personas se vayan en contra de las autoridades, pero si quieres que él se pudra en un hueco del infierno toda su


vida, solo di la palabra. Relacionaré sus actividades con la prostitución y una red de narcotráfico en cinco segundos. Diablos, le enmarcaré por asesinar a un político. Solo di la palabra. Me mordí el labio inferior y lentamente alcé mis brazos hacia Nixon. Si él me rechazaba, estaría rota por siempre. Lo necesitaba más que una ducha, más de lo que necesitaba lidiar con Phoenix. Solo quería olvidar. Y aunque le decía a mi corazón que deje de amar a Nixon, nunca escuchaba. Él era todo lo que quería, todo lo que me importaba. Mis brazos fueron alrededor de su cuello. Él se puso rígido, luego me abrazó de vuelta. ―¿Me ayudarás? Nixon suspiró. ―Lo que sea que necesites. Estoy aquí, Trace. ―¿No te irás a ningún lado? ―No. ―¿No vas a pretender que te gusto hoy y odiarme mañana? ―Diablos, no. ―¿No vas a decirme que me amas y luego lo retractarás? ―Mi voz se cortó con la emoción mientras nuevas lágrimas encontraron su camino por mi rostro. ¿Qué diablos estaba mal conmigo? ¡Sabía que era más fuerte que eso! Miré a Nixon y esperé. Nixon se alejó de mí, y su mirada encontró la mía. ―Escúchame porque no quiero que nunca olvides esto.―Mi cuerpo se balanceó en sus brazos mientras endurecía su agarré a mi alrededor―.¿Recuerdas lo que dije sobre hacer promesas? Asentí. ―Te lo prometo, Trace. Como hombre le prometí a tu abuelo que nada te pasaría. Él creyó que mientras más tiempo estuviera contigo, Phoenix uniría las piezas. Él ya te culpó de todo. Si él nos ve juntos… ―juró y miró hacia abajo por un breve segundo antes de encontrarse con mi mirada de nuevo―. Tuve que hacer que me creas. No sabía qué más hacer. Pensé que el día anterior, cuando habíamos hablado… maldita sea, Tracey, pensé que me conocías más que eso. Te protegeré hasta el día en que muera, incluso si eso significa que tengo que protegerte de mí mismo. Porque al protegerte de mí, te estaba protegiendo de ellos. ―Pero no lo estabas haciendo.


―Ahora lo sé. No me estoy yendo, pero Chase… ―También lo amo. ―Me encogí de hombros―. Él estuvo ahí para mí cuando tú no. ―¿Lo amas a él como me amas a mí? ―preguntó Nixon. ―¿Quién dijo que yo te amaba? ―lancé de vuelta. ―Tú lo hiciste. ―¿Cuándo? ―La noche cuando… Hice una mueca. ―Qué suerte saber que aún tienes tu sentido del humor. ―Nixon rodó sus ojos mientras inclinaba su cabeza hacia abajo―. Lo entenderé si no estás lista. Mierda, ni siquiera sé si yo estoy listo, pero Trace, realmente quiero besarte. Asentí. ―Primero baño, no quiero ninguna parte de él en mí cuando tú me toques. Nixon asintió y retrocedió mientras estuve en frente de él. Gentilmente me ayudó a quitarme la chaqueta que Chase me había dado. ―¡Hijo de puta! ―Se veía como si estuviera listo para golpear una pared. Miré hacia abajo y noté un moretón dándose a conocer alrededor de mi estómago. Los ojos de Nixon brillaron con lágrimas mientras retiraba mi cabello lejos de mi hombro y examinaba mi cuello. Estaba segura que ahí también había moretones. Pensarías que estar de pie en frente de Nixon en nada más que mi falda y sostén, me haría sentir expuesta y vulnerable, pero en lugar de eso, todo se sentía cómodo, normal. Como si él fuera la única persona que podía soportar que me vea desnuda después de haber pasado por tal experiencia, y sentirme segura. Cerró sus ojos y se tomó el puente de la nariz. ―Romper sus manos no fue suficiente. No por un largo disparo. Voy a cortar su lengua y… ―¿Podemos no hablar de él? ―Lo siento ―murmuró Nixon. Fue en busca del chorro en la bañera y prendió el agua. Puso burbujas, lo que ganó un alza de cejas de mi parte, él simplemente murmuró que no pregunte y algo sobre Chase y tiempo de desnudarse. Hice una nota mental de preguntarle a Chase la próxima vez que lo vea.


Mi corazón se apretó. Pensar en Chase me hacía sentir graciosa. Era raro, pero extrañaba tener a ese chico alrededor. Extrañaba su sentido del humor, la amistad fácil que habíamos tenido y actitud protectora. Lo extrañaba ahí mismo, porque podría haber usado su sentido del humor para espantar los demonios que Phoenix había traído en mi vida. Confundida, sacudí los pensamientos y esperé a que se llenara la bañera. El agua olía celestial. Nixon se volteó hacia mí y acarició la parte de atrás de su cuello, antes de gentilmente voltearme hacia él y desabrochar mi falda. Cayó al suelo. Sus manos se movieron alrededor de mis mulsos, gentilmente examinando las heridas hasta que me volteó. Tragó unas cuantas veces y señaló la bañera. ―Me voltearé mientras entras, ahí habrán suficientes burbujas para cubrirte. ―¿Y si no las hay? ―Entonces pretenderé que no puedo ver ―dijo, con los dientes apretados. Rápidamente me quité mi sostén y mis bragas, y entré a la bañera. Sin embargo, no estaba contando con que esta fuera resbaladiza, con un chillido casi me deslizo con las burbujas, pero fuertes brazos me atraparon y por supuesto rozaron mis senos. Nixon, por supuesto, siempre el héroe, se quedó de pie detrás de mí, sosteniéndome mientras yo me inclinaba contra él. ―¿Estás bien? ―preguntó, con voz ronca. ―Sí, lo siento, estaba resbaladizo. Él gimió y muy suavemente me soltó mientras poco a poco me sumergí en el agua. Sus ojos nunca dejaron los míos mientras me hundía debajo de las burbujas. ―Malditas burbujas―murmuró mientras se sentaba en la silla al lado de la bañera y pasaba los dedos por mi pelo. ―¿Tienes algo en contra de las burbujas? ―Sí. Lo tengo. ―Nixon señaló la bañera―. Están prácticamente besando cada parte de tu piel desnuda mientras yo estoy sentado aquí mirando. ―Se rió sombríamente―. Prefiero tener a alguien arrancando una uña de mi dedo en vez de… esto… ―Él tragó saliva y miró hacia otro lado―. Es mucho peor.


―¿Por las burbujas? ―Traté de no reír, pero me sentí bien después del infierno que acababa de pasar. ―Sí, por las malditas burbujas. ¿Has terminado ya? ―Él se retorció en su asiento. ―Acabo de entrar. Nixon maldijo y bajó la cabeza en sus manos. ―Cierto. Bueno, ¿no puedes… solo… ser más rápida? ―¿Pensé que querías que me relajara? Acabo de ser atacada. Él se movió tan rápido que me sacudí en respuesta. En cuestión de segundos sus manos se sumergieron en el agua, agarró la esponja de mi agarre y comenzó tranquilamente a lavar mi espalda. Su nuez flotaba mientras tragaba lentamente con cada golpe. Todo el maldito baño podría haber ardido alrededor de mí y yo todavía no habría sido capaz de alejar mis ojos de su rostro cuando sumergía la esponja en el agua caliente y luego con ternura la pasaba por encima de mi piel desnuda, lavando el jabón así como los restos de lo que había sucedido hacía una hora. Eso se siente bien. ―Cerré los ojos mientras sus manos calientes reemplazaron la esponja y comenzó a masajear mi cuello y hombros. ―Para que lo sepas―dijo con voz ronca, con las manos amasando mi carne―.Nunca he tenido que practicar demasiado la moderación en toda mi vida. ―Eso construye el carácter―murmuré, mis ojos parpadeando abiertos. Las manos de Nixon se congelaron mientras su mirada caía por debajo de mi pecho. Nota mental, las burbujas tienden a desaparecer cuando has estado en el baño durante mucho tiempo. Su agarre se apretó en mi cuerpo un poco antes de cerrar los ojos y apretó los labios, un pequeño silbido de aire escapó de su boca. ―Lo siento. ―Me moví para taparme pero las burbujas estaban desapareciendo rápidamente. Sus ojos se abrieron. ―No lo hagas. ―Nixon tragó lentamente―. Nunca te disculpes por ser hermosa… por ser perfecta. Tú eres… ―Movió una de sus manos hacía mi barbilla―. Exquisita.


Tal vez fue por el estrés del día, o el hecho de que me sentía cualquier cosa menos exquisita. Me sentía sucia, fea, usada. En general me sentí como la puta que todos me habían estado llamando, como si lo que Phoenix había hecho de alguna manera fuera mi culpa. En cualquier caso, empecé a sollozar de nuevo, esta vez sin vergüenza mientras miraba a los ojos de la persona que me hacía sentir como si yo lo fuera todo cuando por dentro me sentía un poco rota y golpeada. ―Trace.―Nixon envolvió sus musculosos brazos a mí alrededor, sin importarle que se estuviera empapando, y me levantó de la bañera. Sin decir una palabra, cogió la toalla más cercana y la envolvió alrededor de mi cuerpo tembloroso y otra vez me levantó en el aire como una niña pequeña y me llevó a otra habitación. Una cama estaba en la esquina y un pequeño escritorio, mi suposición era que los chicos tomaban siestas aquí cada vez que podían, o eso, o la Bat Cueva en realidad era su escondite secreto. Es decir, el hombre era perfecto. Es probable que tuviera súper-poderes o algo así. No tenía que pedirle a Nixon cualquier cosa. Es como si supiera exactamente lo que necesitaba y cuándo lo necesito. Me trajo una camiseta y unos pantalones de chándal que olían a él. Cuando me moví para ponerme la camiseta, cerró los ojos como un caballero a pesar de que yo no le obligué a hacerlo. Una vez que hube terminado de ponerme la ropa, le di un beso en la mejilla. Mi manera de decirle gracias y que había terminado de vestirme. Dejó caer la toalla al suelo y me cogió en sus brazos. Con un gruñido me tuvo en la cama metida entre su cuerpo. No me di cuenta que todavía estaba llorando hasta que limpió unas lágrimas perdidas. ―No voy a dejar que te pase nada, lo juro por mi vida, te protegeré hasta el día que me muera―Nixon susurró con voz ronca. ―Esa es una promesa muy grande. ―Bueno, eres una persona muy importante. Personas importantes merecen promesas grandes, y tú, Trace. Te mereces el mundo.


Negué con la cabeza. ¿Por qué me sentía tan insegura de repente? ¿Acaso tener las manos de Phoenix en mí, realmente me descolocó tanto? Yo no estaba acostumbrada a este sentimiento, como si no mereciera nada. Con una maldición Nixon me tiró más cerca. ―Te mereces el vestido blanco, Trace. Y las flores y la música. Te mereces el primer baile con tu marido. Las estrellas en sus ojos cuando te vea caminando por el pasillo. Te mereces el castillo y el príncipe. Un hombre que te adore, una familia que se sacrifique por ti, amigos que cuiden de ti. Trace, te lo mereces, pero tienes que creerlo. Sollocé. ―¿Qué pasa si sólo te quiero a ti? ¿Qué pasa si sólo quiero esa única cosa? ―Maldita sea, Trace, soy yo el que no te merece. Lo que conozco es la parte mala, pero te quiero de todos modos. ―¿Quieres? ―Necesito. ―gruñó―.Te necesito como necesito mi corazón para bombear la sangre a través de mi cuerpo, como necesito el aire para respirar, como necesitamos gravedad. Infiernos, Trace, tú eres mi gravedad. Estar contigo me hace sentir centrado y entero, y estoy tan jodido por convencerte de querer algo diferente. Soy demasiado egoísta como para empujarte a los brazos de alguien más cuando sé que la míos puede que sean los peores en los que puedas estar. ―Pero yo quiero…―Mi labio inferior temblaba. Me mordí con fuerza para poder terminar la frase. Tomando una respiración relajante empecé de nuevo―. Te quiero a ti. Su respiración se detuvo y luego sus labios estaban en mi cuello. El calor explotó a su toque. Me incliné hacia él. Nixon murmuró algo en Siciliano y gentilmente me dio vuelta sobre mi espalda. No se puso encima de mí, a pesar de que yo quería que lo hiciera. En su lugar, se quedó a mi lado y continuó besando mi cuello, y luego la barbilla, y finalmente los ojos. ―¿Dónde te tocó él? ―¿Eh? ―¿Dónde? ―Nixon empujó suavemente. Señalé a mi cuello por donde Phoenix me había sostenido. Nixon besó el lugar exacto donde estoy segura que la contusión empezaba a mostrarse. Señalé a mi


brazo. Los labios de Nixon se presionaron en el lugar donde Phoenix se apoderó de mí, y así pasó los siguientes diez minutos con Nixon borrando cada lugar que Phoenix había corrompido. ―Y aquí. ―Le señalé a mi boca. Nixon sonrió, y luego devoró―no besó―mis labios. Su boca cubrió la mía por completo mientras su lengua se deslizaba dentro y empujaba contra la mía. Mis manos se juntaron alrededor de su cuello mientras lo apretaba contra mí más firmemente. Después de un poco de vacilación se movió lentamente sobre mí, cuidando de mantener su peso para no aplastarme. Sus manos se zambulleron en mi pelo mientras profundizaba el beso. Mordí su labio inferior y chupé el anillo de su labio. Un gruñido escapó de su boca mientras sus manos se apoderaron de mi cara. Mi cuerpo todavía no se sentía lo suficientemente cerca del suyo, por lo que me arqueé en su encuentro, pero fui empujada suavemente hacia atrás contra la cama. ―Me estás matando, Trace.―Nixon gimió contra mi cuello. Con otro gemido se apartó―.Y probablemente voy a odiarme a mí mismo más tarde esta noche por decir esto, pero después de todo… ―Él negó con la cabeza―. No puedo… No puedo… Lamí mis labios y me incliné hacia delante. ―Ah, infiernos. ―La boca de Nixon estuvo en la mía en un instante. Ansioso y caliente, su beso se encontró con el mío. Él empujó, yo tiré, él jaló, y yo me agarré. Mi cuerpo se fundió con el de él. Quería arrancarme la ropa, perderme en él para olvidar la pesadilla de lo que acababa de sucederme. Mis manos se movieron a su camisa. Un fuerte carraspeo sonó. Nixon se apartó de mí y chasqueó. ―Más vale que sea bueno, Chase, o voy a estrangularte. Los ojos de Chase se encontraron con los míos y por un segundo me sentí culpable. Miré a la posición en la que estaba, debajo del cuerpo de Nixon, sin aliento y ruborizada con excitación. Todo después de que Chase había dicho que me amaba y cubierto con su chaqueta. Lamí mis labios y noté los ojos azules de Chase estrecharse. Él parpadeó


un par de veces en mi dirección y agarró al marco de la puerta con la mano. Sus nudillos se pusieron unos tonos más blancos antes que sus ojos dejaran los míos y se postraran sobre Nixon. ―Sólo pensé que querrías saber que el Sr. Alfero ha puesto todo en marcha y listo. Parece que estaba un poco demasiado entusiasta sobre reunir algunos hombres. No pensé que quisieras que Phoenix muriera sin dejar que Trace tuviera un pedazo. ―¿Un pedazo? ―repetí. ―De Phoenix. ―La sonrisa de Chase no llegó a sus ojos―. Quieres darle una bofetada, ¿no? Porque si no lo haces, seguro como el infierno que yo lo haré. Mierda. Voy a romperle las dos piernas para ti. Sabía que lo decía en serio. También sabía que si le dejaba y a todos los demás desatarse sobre Phoenix tendría un asesinato en mi conciencia. ¿Era así cómo se ocupaban de todo en la mafia? ―¿Cómo estás? ―Chase entró en la habitación. Nixon levantó la mano para que se detuviera. ―Ella está bien―Nixon respondió por mí. Apretó los dientes mientras estrechaba su mirada en Chase. ―Ella puede responder por sí misma ―Chase sostuvo―. Trace, yo… Nixon saltó de la cama. ―Te he dicho que ella está bien. No necesitas nada más. ¿De acuerdo? Mensajeame la dirección y estaremos allí en un rato. Tengo que conseguir algo de ropa para que se ponga. Las fosas nasales de la Chase se encendieron. ―Tal vez deberías haber pensado sobre eso antes de empezar a quitarle la ropa. Nixon se abalanzó sobre el cuerpo de Chase. Me paré de la cama para intervenir y casi tropecé con mis pies en el proceso.―¡Chicos, paren! ¿Estaban locos? Había demasiada testosterona fluyendo a través de la habitación y yo tenía suficiente de peleas por un día. Mi voz se quebró cuando grité de nuevo, ganando su atención. Chase llegó a mí primero, pero fue Nixon quien me metió en el hueco de su brazo y me besó en la cabeza. ―Lo siento, Trace. Yo sólo… Mierda, sólo estoy un poco revuelto después de ver que todo haya ido tan mal hoy.


Me tragué el nudo en la garganta y mis ojos se clavaron en los de Chase. Sus ojos ardieron con los míos brevemente antes de que él negara con la cabeza y se alejara. Mi corazón se encogió y se rompió en mil pedazos. Todo herido de nuevo. ¿Qué era lo que me pasaba? Yo realmente amaba Nixon, pero Chase…Bueno, Chase había sido mi mejor amigo desde hacía unas semanas, cuando Nixon estuvo luchando con Phoenix y el mal de su familia. Estaba cansada y estresada. Eso era todo. No era nada más. Metí los sentimientos que tenía para Chase en el fondo de mi mente mientras abrazaba a Nixon de regreso. ―¿Y ahora qué? ―le pregunté. ―Ahora… ―Suspiró―. Decides si vive o muere. Sólo sé que mi voto es por muerte. ―¿Y si yo quiero que se castigue, pero viva? Nixon no respondió durante unos segundos. Por último, me soltó y se dirigió hacia la puerta. ―Voy a tratar de escuchar.


Capítulo 33 Traducido por Jor Corregido por Mariis

Las manos me sudaban. Tuve que seguir limpiándolas en mis vaqueros. Nixon no me había dicho una palabra durante el viaje al lugar o al “punto” como él lo llamaba. No estaba segura de sí estaba absorto en sus pensamientos o solo enojado de que yo quisiera dejar a Phoenix con vida. De todas formas, estaba lista para que la pesadilla de un día terminara. Mi ropa aún se sentía incomoda, como si no pertenecieran allí, al igual que el resto de mí. ¿Cómo terminé en esta situación en primer lugar? Oh, cierto. El Abuelo, mis padres… Ugh. Supongo que el viejo dicho es cierto. No puedes evitar cómo naciste Después de unos minutos, finalmente giró en una calle detrás de un viejo restaurante y se detuvo. ―¿Estás lista?―dijo Nixon sin emoción. Negué con la cabeza. Yo no estaba preparada. ¿Cómo iba estar lista para esto? ¿Para enfrentar al tipo que intentó violarme? ¿Especialmente delante de otros hombres? Yo no estaba preparada para nada de eso, y no quería nada más que meter la cabeza en la arena y pretender que nada de eso ocurrió. No me di cuenta de que estaba temblando hasta que Nixon me agarró la mano y se la llevó a los labios. ―Lo harás bien. Te lo prometo. No voy a dejar que te pase nada. Sus ojos eran como el hielo. Toqué su rostro. Él parpadeó y dejó escapar un suspiro. Esto fue igual de duro para él como lo fue para mí. Lo sabía. Porque sabía que si alguna vez alguien se metía con mi familia o con aquellos que amaba, no pensaría dos veces antes de hacerles daño, pero era completamente diferente cuando eras tú y cuando seria en su conciencia. Sabía que Nixon quería arrancarle los brazos a Phoenix, pero no podía entender cómo podría dormir por la noche si sabía que todo tenía que ver conmigo y que era mi culpa.


Me aparté de Nixon y abrí la puerta del coche. Dos pasos. Di dos pasos antes de tener que parar, cerrar los ojos, y decirme a mí misma que iba a estar bien. Nixon me llamó y caminé alrededor del auto para reunirme con él. Su mano alcanzó la mía y me llevó al refugio de su cuerpo mientras caminaba conmigo hacia un viejo edificio abandonado. Si mi sentido del humor decidía visitarme en ese segundo pude haber mencionado que el edificio y su apellido era uno en el mismo. En cambio, me lamí los labios secos y tragué el nudo de miedo en mi garganta. Caminamos por un pasillo poco iluminado y luego doblamos a la izquierda, donde un puñado de hombres estaban reunidos alrededor riendo. Riendo. ¿Qué? Miré a mí alrededor. La habitación no estaba iluminada como esperaba. Y Phoenix no estaba encadenado. En su lugar, estaba sentado tranquilamente en una silla con las manos atadas frente a él con bridas. Los hombres alrededor de la habitación estaban comiendo y bebiendo vino. ¡Mierda, era como si estaban festejando! Pronto todo el mundo se dio cuenta de nuestra presencia y dejó caer la comida que estaban sosteniendo y pusieron sus copas de vino abajo. Por el rabillo del ojo vi al Abuelo hacer su camino hacia mí. Lo habría mirado o tal vez incluso había reconocido a Phoenix que miraba directamente a través de mí y sonreía. Mala idea. Me abalancé sobre él y antes de que nadie me pudiera parar, le di una bofetada tan fuerte en la cara que me latía la mano. Maldijo y cayó al suelo de cemento. La sala quedó en silencio. ―¿Eso es todo?―Phoenix se burló desde el suelo. Hice otro movimiento para darle una patada en la cabeza, pero Nixon me tiró suavemente hacia sus brazos, mientras que unos pocos hombres ayudaron a Phoenix volver a la silla y comenzaron a atar sus brazos hacia abajo.


El Abuelo se aclaró la garganta. ―Todos los miembros de la comisión por favor de pie. ―¿Comisión?―repetí, sin apartar los ojos de Phoenix. Nixon me atrajo hacia él. ―Cada familia está representada por una sola persona. Es la forma de cómo llevamos a cabo la corte. Cada persona tiene un representante y cada representante recibe un voto. ―¿Tú eres uno?―le pregunté, mirándole a los ojos. ―Desafortunadamente, no. Ya que soy uno de los jefes elegí otra persona de mi familia. ―¿Quién? Nixon se mordió el labio, haciendo que el anillo en su labio brillara por la luz en la habitación. ―Chase. ―Oh.―Asentí―. Eso es bueno, entonces. ―Genial―Nixon dijo secamente mientras sus ojos se posaron en la puerta donde ahora estaba Chase caminando dentro. ―Todo el mundo está presente―anunció el Abuelo―. Se permite a cada representante de la comisión hablar en nombre de su familia. Iré al último considerando el tema a debatir. Esto fue seguido por varios gruñidos y movimientos de cabeza. ―Yo iré primero.―Alguien dio un paso adelante. Yo no lo reconocí, pero sentía como si debería. Parecía ser unos pocos años mayor que yo, muy probablemente de la edad de Nixon. Sus ojos recorrieron la habitación y luego cayeron sobre mí. ―Trace, ¿verdad? Su voz tenía un leve acento. No estaba segura de sí se estaba burlando o si esa era sólo la forma en que sonaba su voz. Asentí con la cabeza de todos modos y esperé a que siga hablando. Nixon se tensó a mi lado cuando el chico se acercó. ―Fausto Assante, a su servicio.―Él dio una amplia sonrisa y se inclinó sobre mi mano, sus labios eran cálidos sobre mis nudillos mientras rozó un beso sobre ellos. Yo podría haber jurado que oí gruñir Nixon junto a mí―. Ahora. ―Fausto se paró a su altura completa que destacaba por encima de mí e inclino la cabeza hacia un


lado pareciendo escéptico y metódico. Si no hubiera tenido mi parte justa de peleas de chicos hot de este año probablemente me habría tragado la lengua. El tipo era tan guapo como venían, sólo que algo sobre él era frío―.Tu versión de la historia, si no te molesta.―Él asintió―. Cuando estés lista, Trace. ―¿Mi versión?―chillé―. ¿Eso quiere decir que incluso tuvo algo que decir? ―Señalé con un dedo tembloroso a Phoenix―. ¿Después de lo que me hizo? Bueno, Fausto… ―dije su nombre como una maldición―. Mi versión más o menos se resume en una sola palabra. Violación. Ese tipo sentado allí me golpeó, me lastimó, y luego trató de arrancarme la ropa. Cuando dije que no, él dijo que sí, cuando lo empuje, el empujó de vuelta, por lo que sí, básicamente esa es mi versión. Me habría matado si Chase y Nixon no hubieran intervenido. ―Tú no sabes eso. ―Los ojos de Fausto destellaron―. Después de todo, si lo que estás usando ahora es una indicación de lo que usas en el día a día, yo diría que eres una calientapollas. Nixon me empujó detrás de él y se paró frente Fausto. ―Tienes que estar bromeando, ¿quién demonios crees que eres? Fausto sonrió con suficiencia. ―Simplemente estoy constatando un hecho. Si una mujer está pidiendo algo y no tiene cuidado, bueno, ella conseguirá exactamente lo que se merece. Nixon se balanceo con fuerza y golpeó a Fausto en la mandíbula, enviándolo hacia el suelo. ―¿A alguien más le importa decirle a Trace lo que se merece? Adelante. ―Su respiración era entrecortada mientras estaba allí y esperaba a que alguien hable. El Abuelo se movió para pararse a su lado, como Chase lo hizo. El resto de los hombres en la habitación cambió sobre sus pies y miró hacia a mí. Quise morir en el acto. ¿Qué era tan malo acerca de una camiseta y pantalones vaqueros? Yo conscientemente jale mi camisa más abajo, de modo que cubriera mi trasero. Quizás Fausto tenía razón. Tal vez de alguna manera yo me lo busqué. Me miré las manos temblorosas. Cálidos brazos me rodearon y supe en un instante a quien pertenecían. No Nixon, no el Abuelo, pero Chase. Me incliné hacia él. Su olor, todo en él era familiar. ―Tengo algo que decir―dijo Chase, todavía sosteniéndome. Todos los ojos se fijaron en él.


―Debí haber matado a ese bastardo en el minuto que lo vi encima de Trace, para ser honesto, la única razón por la que no lo hice fue porque yo estaba salvando el honor para ella. Así que si alguien tiene algo que decir, dígalo ahora. Estamos perdiendo el tiempo, y honestamente cada aliento que respira ese gilipollas me ofende tanto que quiero aplastar su tráquea. El resto de la comisión susurró entre si y asintió. Un hombre se adelantó. ―Nosotros no necesitamos oír nada más. ¿Sr. Alfero? El Abuelo se veía marcado. Se apartó de Nixon y se paró frente a Phoenix. ―Tú has hecho daño a esta familia por última vez. Phoenix sonrió. ―Tengo serias dudas de eso. Después de todo, es sólo cuestión de tiempo antes de que se den cuenta de quién es. Y cuando lo hagan, no habrá nada que pueda salvarte. No tu poder, no tu dinero, y no tu nombre. Ellos vendrán por todos ustedes. Y voy a estar sonriendo desde el infierno. Al Abuelo le fue entregado un bate. Me sentí pálida. Se balanceó con fuerza y golpeó a Phoenix en la cabeza, enviándolo al suelo con un gruñido. El Abuelo se volvió. ―Tu elección, Trace. Toma una decisión. Miré a todos los ojos expectantes a mí alrededor. Los brazos de Chase todavía rodeaban mi cintura. Lentamente, yo misma me libere y me acerqué al cuerpo inerte de Phoenix. Una patada entre las piernas es realmente todo lo que necesitaba. Me gustaría pensar que haría que sea imposible para él tener hijos y envenenar la tierra con su descendencia. Él ya estaba inconsciente, pero sonreí ante la idea de él despertando por un dolor tan insoportable que lo haría de sear la muerte. ―Él vive―le susurré, volviéndome hacia Nixon―. ¿Recuerdas todo lo que dijiste sobre los cargos que pondrías sobre él? Nixon asintió una vez. ―Hecho Exhalando de alivio, me acerqué a Nixon, pero él se había vuelto para hablar con Fausto quien en ese momento ya se había levantado y mantenido en pie. Chase mantuvo sus brazos abiertos. Entré en ellos y apoyé mi cabeza contra su pecho. ―Deberías haberme dejado que lo mate.


―Perdón por arruinar tu diversión―murmuré. Chase suspiró. ―No es divertido. Sólo por satisfacción.

*~*~*~*

Lo que sentí como horas más tarde, Phoenix se despertó, gritando de dolor. Nixon se había puesto en contacto con el padre de Phoenix y le pedio que se reuniera con nosotros en el lugar. Dean De Lange entró y juró. ―Phoenix, ¿qué has hecho? ―Sí. ―Nixon se burló―. ¿Qué has hecho? Phoenix sonrió. La sangre manchaba sus dientes, donde había sido perforado en varias ocasiones. ―¿Crees que me puedes callar?―Él se río―. Padre, ¿adivina quién es nuestra pequeña Tracey? Deberías saber, después de todo, tú mataste a sus padres. ―¿Qué?―El Sr. De Lange palideció y se quedó boquiabierto ante su hijo―. ¿De qué demonios estás hablando? ―Se acabó. Y yo no soy estúpido.―Phoenix escupió―. Tú los mataste. Yo lo sé todo y ahora ellos también. ―No lo hice―su padre repitió, pero sus palabras fueron silenciados, por el chasquido de un arma de fuego. Di un grito ahogado cuando cayó al suelo, la sangre estaba por todas partes. Miré a Nixon, pero él parecía tan sorprendido como yo. En cambio, el Abuelo, no se sorprendió en absoluto. De hecho, él fue el que apuntaba con el arma. ―Se acabó―dijo el abuelo con voz ronca. Phoenix se rio desde su posición en el suelo, la sangre se arrastraba por su barbilla. ―Oh, está lejos de terminar… ¿Tienes alguna idea de lo que acabas de hacer? ―¡Mate al hombre que asesinó a mi hijo!―gritó el abuelo.


―Mentí.―Phoenix sonrió―. Y ahora nunca lo sabrás. Por cierto, felicidades por matar al único hombre de pie en el camino de hacerme el jefe. Acabas de comprar mi libertad. ―¡Como el infierno lo hizo!―Nixon dio un paso adelante, pero el Abuelo tendió la mano para detenerlo. ―La guerra está llegando―dijo Fausto detrás de mí. ―Los sicilianos están viniendo.―Phoenix rió desde el suelo. ―Dios nos ayude a todos.―Chase maldijo y me tiró fuera de la habitación, jurando en siciliano todo el camino.


Capítulo 34 Traducido por pili Corregido por Karlix

No tuve noticias de Nixon en todo el día siguiente. Chase estaba inquietantemente tranquilo cuando me llevó a mi cuarto. Por primera vez estaba bien con el hecho de él teniendo un arma mientras buscaba a mí alrededor por cualquier tipo de persona mediocre. Una vez que llegamos a mi habitación, le pregunté―: ¿La guerra? ¿Y los Sicilianos? Chase blasfemó. Nunca lo había visto tan fuera de control, pero se veía a diez segundos de perderlo. ―Nuestra familia, hemos estado a cargo de mantener la paz durante más de cien años, Trace. Tu Abuelo sólo pegó un tiro al capo de la mafia De Lange a sangre fría. ¿Quién sabe qué va a pasar con Phoenix? Tampoco tenemos que matarlo o comprar su silencio. No puedes simplemente andar disparando a la gente. ―Sí, entiendo esa parte. Pero no eres la mafia, es decir… Chase blasfemó. ―Trace, escucha, no entiendes claramente. No quieres a los sicilianos aquí. Diablos no los quiero ni en Sicilia. Si vienen, y si se enteran de todo lo que ha pasado… ¡Mierda! ―Dio un patadón a la cama. ―Pero no se enterarán. ¿Quién se lo va a decir? Chase me miró como si yo estuviera loca. ―¿Trace, viste a todos los hombres allí? ¿Te das cuenta de que algunos de ellos están desesperados por dinero o por acceder a la parte buena? No puedes controlar a la gente, y tan seguro como el infierno que no puedes evitar que miren por sí mismos. ―¿Qué significa esto para… para todos nosotros? ―pregunté, adormecida sentada en la cama. ―Eso significa enfrentarse a ellos. Juntos―dijo una voz desde la puerta. Me quede sin aliento y mire hacia arriba. Nixon estaba luciendo un ojo morado y un ensangrentado labio.


―¿Qué pasó? Nixon sacudió la cabeza y me hizo un guiño. ―No te preocupes. Empaca tus cosas, te vas. ―¿Irme? Él me ignoró y miró a Chase. ―¿Preparas un bolso? ―¡Espera un momento! ―Alcé mis manos en el aire―. ¡No puedes simplemente hacerme irme! ―Trace.―Nixon pellizcó el puente de su nariz―. Tu Abuelo y yo decidimos que es más seguro para ti estar conmigo en todo momento. Yo no puedo exactamente contonearme a tu dormitorio a todas horas sin que la gente se entere. No es nada seguro. ―¿Así que voy a ser una prisionera en la casa de mi Abuelo? ―Por supuesto que no.―Nixon sonrió―. Vas a ser una prisionera en la mía. Chase resopló. ―¿Qué fue eso? ―Nixon dijo abruptamente hacia Chase. ―El aire. Tosí. Traeré una maleta.―Le entregó a Nixon mi maleta pequeña y me saludó―. Te quiero, Trace. Estaré esperando a Nixon. Creo que es mejor si todos nosotros discutimos el asunto juntos. ―De acuerdo.―Me despedí y me gire hacia Nixon―. Has perdido la cabeza. ―Probablemente.―Me tiró en sus brazos y suspiró―. No puedo perderte otra vez. Empecé a llorar suavemente. ¿Cuándo las cosas se habían puesto tan jodidas? ―Estoy asustada. ―Tendremos miedo juntos―murmuró Nixon, repitiendo lo que le dije cuando tenía seis años―. Estaré asustado hasta que dejes de estarlo tú, ¿está bien? ―De acuerdo. ―Y te salvare de todo esto, Trace. Lo prometo. ―Eso es estúpido. ―Me reí en su pecho―. Los chicos no pueden salvar a las


chicas. ―Tienes razón. ―Besó mi sien―. Es al revés, porque me has salvado, Trace. Me salvaste cuando tenía seis años y me salvas ahora. ―¿Haciendo qué? ―Estar viva… y permitirme rescatarte. ―Estúpidas chicas. Siempre necesitamos que nos rescaten. ―Esos chicos estúpidos, siempre saltan a la oportunidad de hacerlo. ―Te amo. ―Besé sus labios suavemente. ―Yo también te amo―dijo besándome de vuelta ―. Ahora, vámonos. Parece que tendremos tiempo de sobra para fiestas de pijamas en los próximos meses.

―Yupi. ―Rodé mis ojos. ―Y…―Nixon sonrió sin pudor―. Tal vez encontraremos algo de tiempo para trabajar en esa meta que tiene antes de morir.

―¿Qué meta? ―La meta. ―Me observó de arriba abajo―. Ya sabes, el no morir virgen. ―Idiota. ―Le arrojé una almohada y me reí. ―Oye, ¡solo me estoy ofreciendo para ayudar con la lista de cosas! Monroe irrumpió en la habitación. ―¿Es verdad? ―Miró entre Nixon y yo y volvió a Nixon otra vez. Él asintió. Ella cerró los ojos y dejó escapar un suspiro pesado. ―Van a venir por todos nosotros.

―Lo sé.―Nixon caminó hacia ella y la atrajo hacia el en un abrazo ―. Pero estaremos listos.

―¿Prometido? ―Lo prometo.―Él tomo su mano y llego hasta mí. Nos abrazamos y comenzamos a recoger el resto de la habitación. Iba a ser una noche muy larga, pero no tan larga como el resto del año escolar iba a ser. Quien dijo que la vida era aburrida claramente no fue a Eagle Elite.


Fin EstĂŠn atentos para un adelanto de la segunda parte... Elect


Próximamente ¿Estarías dispuesto a morir por la persona que amas?

Nixon Abandonato hizo su elección. Y ahora tiene que pagar el precio. Tracey es el amor de su vida, pero estar con ella la ha convertido en un objetivo de los enemigos de su familia. La única manera de mantener viva a Trace es convencer al mundo que ella no significa nada para él. Tracey Rook ha caído irremediablemente enamorada del hijo del rival jurado de su familia, y ella sabe en sus huesos que nada puede separarlos. Hasta que Nixon de repente la empuja a los brazos de su mejor amigo…Pero Trace no está dispuesta a renunciar a un futuro con Nixon, y si él no quiere luchar por ellos, ella lo hará. Al final, un sacrificio debe ser hecho. Una vida por una vida. Pero, ¿qué mejor manera de cubrir una multitud de pecados que con la sangre de un pecador?


Eagle Elite 2 – Elect

Prólogo Medí su reacción, esperando que estuviera equivocado. Con la esperanza de que Dios dejara que solo por esta vez Trace me escuchará. Sus ojos parpadearon con interés durante unos breves segundos antes de mirar hacia abajo en la suelo. Mierda. Esperé en las sombras. Una parte de mí sabía que esto pasaría. La parte que me dijo que condenara mis sentimientos al infierno y preste atención a todas las señales de advertencia que había estado viendo. Pero ahora parecía que era demasiado tarde. Me quedé plantado donde estaba, observando, esperando. ―Chase, no puedes… ―Trace negó con la cabeza―. No puedes ser así. ¡No podemos hacer esto! ―No estamos haciendo nada―dijo Chase en voz baja, tratando de alcanzar la mano de Trace―. ¿No es así? Ella miró directamente hacia mí, aunque lo único que vi fue una sombra, sabía que estaba bien escondido.―¿No te sientes de la misma manera? Trace apartó la mano de la de Chase― No importa lo que siento. No se trata de mí, Chase. ―Pero lo es.―Chase la alcanzó de nuevo. Esta vez su mano lo sujeto en un tan íntimo agarre que creí que iba a vomitar por todo el suelo. El aire exterior era frío como el infierno. Pocos trozos de hielo trataron de encontrar su camino a través de mi abrigo de lana. ―No lo es ―Trace suspiró―. Nunca lo ha sido. Chase la tiró hacia él. Ella cayó contra su pecho y lo miró a los ojos. ―¿Qué estás haciendo?


―Lo que debería haber hecho hace mucho tiempo ―Él agarró la parte posterior de su cabeza y la empujó hacia adelante para un beso. Sus labios se tocaron. Tuve que apartar la mirada. El único sonido en la noche fue la de mis pasos suaves mientras me al ejaba… dejando mi corazón roto en pedazos donde había estado parado. Ella estaba perdida para mí, y ni si quiera fueron los sicilianos los que la habían quitado. Fue mi mejor amigo.


Nota del autor En primer lugar tengo que dar gracias a Dios. En verdad, ¡él es la razón por la que soy capaz de hacer lo que amo todos y cada uno de los días! Laura Heritage, ¡eres la mejor editora y artista de portadas que una chica puede pedir! ¡Gracias por acompañarmeen este paseo salvaje! Los lectores, lo he dicho una vez, lo diré otra vez. ¡Chicos ustedes son lo mejor! Me siento como si fuéramos de la familia. Ni siquiera puedo decirles lo mucho que aprecio su amor y apoyo. Voy a seguir escribiendo todo el tiempo que ustedes sigan leyendo. Tenía muchas ganas de escribir un libro que fuera diferente. Había estado viendo un montón de novelas del género NewAdult que estaban publicándose, que tratan de personas que tienen un montón de equipaje emocional. ¡Infiernos!, he escrito algunas de esas por mi parte (Seaside Novels, ¿alguien?), pero pensé que era hora de hacer algo diferente. Ingrese en… la mafia. Quiero decir, ¿qué tan genial sería ser parte de una sociedad secreta? ¿Crecer toda tu vida pensando una cosa, sólo para descubrir que has estado equivocado todo el tiempo? Estoy pensando en hacer dos,posiblemente tres libros de esta serie. Como siempre, por favor no dejen de dejar comentarios buenos o malos en Amazon / Barnes / Goodreads y en cualquier lugar que puedan imaginarse. Si quieren contactar conmigo para ver en lo que estoy trabajando, echa un vistazo a mi página web: www.rachelvandyken.com,Twitter: @RachVD o Facebook: Rachel Van Dyken Author. Medios / solicitud de reseñas / blogs, WhisperinAngel@gmail.com. Para

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Sobre la autora Rachel Van Dykenes de las autoras más reconocidas por el New York Times, Wall Street Journal Y USA Today, por sus novelas de regencia y romances contemporáneos. Cuando no está escribiendo puedes encontrarla tomando un café de Starbucks y pensando en su próximo libro mientras ve The Bachelor. Mantiene su casa en Idaho con su esposo y su perro Boxer que ronca, Sir Winston Churchill. A ella le encanta saber de los lectores. Puedes seguir su viaje de la escritura en su página web: www.rachelvandykenauthor.com


Traducido, corregido y diseĂąado en...

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