Revista Patrimonio Volumen X

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Revista Oficial de la Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico

v10 2021 REVISTA OFICIAL DE LA OFICINA ESTATAL DE CONSERVACIÓN HISTÓRICA DE PUERTO RICO OFICINA DEL GOBERNADOR

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REVISTA OFICIAL DE LA OFICINA ESTATAL DE CONSERVACIÓN HISTÓRICA DE PUERTO RICO OFICINA DEL GOBERNADOR

OFICINA DEL GOBERNADOR


Puerto Rico Ilustrado, 1886/ Plaza San José 1902 /Una imagen de cartón de Ponce durante el carnaval, Puerto Rico Ilustrado, 1938.

El trazado original de San Juan. Andy Rivera


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PATRIMONIO

“La ysleta donde dicen que ha de mudar el pueblo”: Viaje a la ciudad de San Juan (1521-1528) Andy Rivera

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PAT R I M O N I O v 1 0 2 0 2 1 La Oficina Estatal de Conservación Histórica, Oficina del Gobernador recibe asistencia económica federal para la identificación y protección de las propiedades históricas. Bajo el artículo VI del Acta de Derechos Civiles de 1964, la Sección 504 del Acta Rehabilitadora de 1973 y la Ley Contra el Discrimen por Razones de Edad de 1975, según enmendadas, el Departamento del Interior de los Estados Unidos prohíbe la discriminación por razones de raza, color, nacionalidad, incapacidad o edad en aquellos de sus programas que reciban ayuda federal. Si usted cree haber sido discriminado en algún programa, actividad de este proyecto, o si desea información adicional, escriba a: Office of Equal Opportunity, National Park Service, 1849 C Street, NW, Washington, DC, 20240. The State Historic Preservation Office, Office of the Governor, receives Federal financial assistance for identification and protection of historic properties. Under Title VI on the Civil Rights Act of 1964, Section 504 of the Rehabilitation Act of 1973 and the Age Discrimination Act of 1975, as amended, the US Department of the Interior prohibits discrimination on the basis of race, color national origin, disability or age in its federally assisted programs. If you believe you have been discriminated against in any program, activity, or facility as described above, or if you desire more information write to: Office for Equal Opportunity, National Park Service, 1849 C Street, NW, Washington, DC, 20240. Esta publicación ha sido financiada en parte con fondos federales provenientes del Servicio de Parques Nacionales, Departamento del Interior de los EEUU, a través de la Oficina Estatal de Conservación Histórica, Oficina del Gobernador, Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Sin embargo, el contenido u opinión no necesariamente refleja el punto de vista o la política del Departamento del Interior, así como la mención de marcas o productos comerciales no constituye endoso o recomendación por el Departamento del Interior. This publication has been financed in part with Federal funds from the National Park Service, US Department of the Interior, through the State Historic Preservation Office, Office of the Governor, Commonwealth of Puerto Rico. However, the contents and opinions do not necessarily reflect the views or policies of the Department of the Interior, nor does the mention of trade names or commercial products constitute endorsement or recommendation by the Department of the Interior.

4 MENSAJES VOLUMEN 10, AÑO 2021 “Aquí ha de ser la ciudad”: 500 AÑOS FUNDACIÓN DE SAN JUAN DE PUERTO RICO EN LA ISLETA

72 RESEÑA OECH

A Don Luis González Vales Silvia Álvares Curbelo José G. Rigau

Mensaje del Gobernador Pedro R. Pierluisi Urrutia

Mensaje del Alcalde Miguel Romero Lugo

Mensaje del Director Ejecutivo DIRECTOR Carlos A. Rubio Cancela COORDINACIÓN DEL MONOGRÁFICO Silvia Álvarez Curbelo DISEÑO ORIGINAL Manuel Olmo Rodríguez DIAGRAMADOR Aaron Salabarrías Valle PRODUCCIÓN Lillian M. Lara Fonseca OFICINA ESTATAL DE CONSERVACIÓN HISTÓRICA DIRECTOR EJECUTIVO Carlos A. Rubio Cancela OFICIAL ESTATAL ALTERNO: Gloria Milagros Ortíz DIRECCIÓN POSTAL: PO BOX 9023935, San Juan, Puerto Rico 00902-3935 DIRECCIÓN FÍSICA: Calle Norzagaray esquina calle del Morro, Cuartel Ballajá, Tercer Piso, Viejo San Juan TELÉFONO: 787.721.3737 www.oech.pr.gov

Carlos A. Rubio Cancela

7 INTRODUCCIÓN La fundación de San Juan en Patrimonio Silvia Álvares Curbelo

8 El estuario y sus

del arco de Cáparra Aníbal Sepúlveda Rivera

coloniales: 42 Ajuares Indicadores de cotidianidad en Puerto Rico en la década de 1510 Paola Schiappacasse ysleta donde 58 “La dicen que ha de mudar

Sobre lo que está, pero no se ve en la Iglesia de San José en San Juan de Puerto Rico Jorge Rigau

86 En mi Viejo San Juan:

Un palimpsesto caribeño de memorias y deseos Francisco Rodríguez Suárez

humedales: cronotopo líquido y fundacional de la ciudad murada Manuel Valdés Pizzini

18 La sombra alargada

74 CAVILACIONES

en las esquinas 96 Escrito de las calles: 500 años de memorias sanjuaneras Magali García Ramis

106 SECCIÓN OECH

Bitácora de una conmemoración: San Juan de Puerto Rico, 500 años Lillian M. Lara Fonseca

112 NOTAS SOBRE LOS AUTORES

el pueblo”: Viaje a la ciudad de San Juan (1521-1528) Andy Rivera

ISSN: 2157-1880

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E E SS T TA AT TA A LL D DE E C CO ON N SS E ER RV VA AC C II Ó ÓN N H H II SS T TÓ ÓR R II C CA A

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MENSAJE DEL GOBERNADOR DE PUERTO RICO

MENSAJE DEL ALCALDE DEL MUNICIPIO DE SAN JUAN

Como Gobernador de Puerto Rico me place saludar a los lectores de la Revista Patrimonio y al director ejecutivo de la Oficina Estatal de Conservación Histórica (OECH), el Arq. Carlos A. Rubio Cancela, así como a todo el personal que labora en la OECH con un gran compromiso de promover el conocimiento sobre nuestro patrimonio histórico. Este volumen conmemorativo, con motivo de los 500 años de fundación de la ciudad de San Juan de Puerto Rico, muestra nuestro orgullo patrio como eje de la tradición histórica de la Isla. Asimismo, con esta décima edición de Patrimonio, en medio de la coyuntura en la que celebramos el enclave sanjuanero, se reitera la importancia que tiene la preservación del entorno físico y cultural de nuestro pasado, con miras a su permanencia y a la valorización de futuras generaciones. Al conmemorar la ciudad de cinco siglos, tengo que resaltar que San Juan es el municipio de mayor población de Puerto Rico, y es también la sede de nuestro gobierno, columna vertebral de su economía, centro de su sistema educativo, albergue de sus más importantes instituciones cívicas, culturales y empresariales, y escenario de significativos acontecimientos históricos. Sólo hay que darse un paseo por las zonas históricas de Viejo San Juan y Puerta de Tierra para contemplar el impresionante patrimonio edificado que define el conjunto histórico capitalino, evidenciado en sus murallas, iglesias, plazas, edificios institucionales, calles y residencias. San Juan no solo es una joya histórica, que cuenta con un patrimonio construido inigualable a nivel mundial—sino que también es una de las ciudades más antiguas, importantes y progresistas en Iberoamérica y Estados Unidos. De hecho, en 1983, la UNESCO declaró las fortalezas y murallas de la ciudad como patrimonio de la Humanidad, reconociendo de esta manera la relevancia de parte de la fábrica histórica que precisa la emblemática ciudad de San Juan. En este volumen de Patrimonio: “Aquí ha de ser la Ciudad”, se aborda el tema del periodo fundacional de San Juan. Los artículos académicos atienden el momento

Como Alcalde de San Juan y presidente de la Comisión Especial para Conmemorar el Quinto Centenario de San Juan de Puerto Rico, creada por el gobernador de Puerto Rico, le extiendo un saludo afectuoso a los lectores de la revista Patrimonio de la Oficina Estatal de Conservación Histórica, en este Volumen X que reflexionará, a través de valiosos artículos académicos, sobre diversos aspectos en el contexto fundacional de San Juan. Hace quinientos años, cuando un grupo de vecinos recibió la autorización para mudar el asentamiento de Caparra a la Isleta de San Juan, quizás no imaginaron que en realidad lo que estaban erigiendo era la zapata de lo que hoy es la ciudad de San Juan, Capital de Puerto Rico; el epicentro social, económico y político de nuestra Isla. Agradezco la disposición de los especialistas de las diversas disciplinas que nos compartirán sus trabajos a través de esta revista y que incluirá un análisis más detallado sobre diversos acercamientos: el eclesiástico, político, económico, urbanístico y arqueológico, que sin lugar a duda nos remontarán a nuestro pasado. Por otro lado, me uno al reconocimiento que le hacen al Dr. Luis González Vales, quien fungió como Historiador Oficial de Puerto Rico al dedicarle este volumen. En esta ocasión, en la que se reseña el inmenso valor que posee la Ciudad de San Juan, les invito a revivir las experiencias que sólo se perciben en nuestro emblemático conjunto histórico; a redescubrir sus impresionantes fortificaciones, las antiguas calles adoquinadas y edificaciones con incalculable valor patrimonial y cultural. Aprovecho la oportunidad para invitar a nuestro pueblo a participar de los eventos conmemorativos que comenzarán en el mes de septiembre 2021 y se extenderán hasta el verano de 2022, con una vibrante oferta cultural y actividades que realzarán nuestra identidad puertorriqueña. Estamos seguros de que este reencuentro con el

Pedro R. Pierluisi Urrutia

4|OFICINA

Miguel A. Romero Lugo

de mudanza de Caparra a la isleta y las refundaciones que se suscitan en la ciudad, incluyendo la eclesiástica, la política, la económica, la urbanística, la arquitectónica y todo lo que se ha documentado en la zona desde la disciplina arqueológica. Reconozco a la Dra. Silvia Álvarez Curbelo, quien como asesora y editora de la pieza, demuestra su peritaje sobre este periodo histórico, atendiendo aspectos relevantes y aun sin discutir, en medio de este periodo conmemorativo que se ha extendido desde el 12 de septiembre de 2019 y continuará hasta el verano de 2022. En este este proyecto de publicación se contó con la colaboración de especialistas que analizaron la ciudad desde diversas disciplinas, como son el antropólogo Dr. Manuel Valdés Pizzini; el planificador Dr. Aníbal Sepúlveda Rivera; la arqueóloga Dra. Paola Schiappacasse; los arquitectos Andy Rivera, Jorge Rigau Pérez, y Francisco Rodríguez Suárez; la escritora Magali García Ramis; y la educadora Dra. Lillian

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Lara Fonseca. La Dra. Álvarez Curbelo escribió, junto con el Dr. José Rigau, la Reseña OECH, en donde se recogen las aportaciones de quien fungió desde 1997 hasta tiempo reciente como Historiador Oficial de Puerto Rico, el Dr. Luis González Vales, a quien se le dedicó el volumen. Nos unimos a esta gran celebración del quinto centenario de fundación de San Juan y reconocemos las contribuciones de la revista Patrimonio. Espero que este volumen sea del agrado de todos y todas, y a la vez, despierte un interés particular de seguir conociendo a San Juan con la convicción de que su ciudadanía la continuará atesorando y velando por su permanencia en el tiempo. ¡Felicidades!

Viejo San Juan y Puerta de Tierra, que disfrutarán a profundidad a través de esta revista, será de orgullo para todos y de motivación para la realización de futuras investigaciones que contribuyan al estudio de nuestra Ciudad de San Juan, la más antigua bajo la bandera Americana. ¡Ven y disfruta de San Juan, en la celebración de la historia! Sinceramente,

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LA FUNDACIÓN DE SAN JUAN EN PATRIMONIO MENSAJE DEL DIRECTOR EJECUTIVO DE LA OFICINA ESTATAL DE CONSERVACIÓN HISTÓRICA

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“Aquí ha de ser la ciudad”

Carlos A. Rubio Cancela Con esta décima edición de Patrimonio, la Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico completa una tríada de publicaciones concebidas dentro del periodo conmemorativo de los 500 años del traslado de Caparra a la Isleta y de la fundación de la Ciudad de San Juan. Cinco siglos de historias que merecen ser contadas. Crónicas de luchas, aspiraciones, triunfos y derrotas, así como de sucesos que ayudaron a definir tanto la geopolítica europea, como la americana y la caribeña, forjando además nuestro carácter como pueblo. Este volumen, junto a dos libros que le preceden, surge con el objetivo de dar a conocer aspectos relevantes sobre el desarrollo histórico, urbano y social de Caparra, de la Isleta y de la ciudad de San Juan. Los libros a los que hago referencia son, Protegiendo la capital: desarrollo histórico de las obras defensivas de Puerta de Tierra, publicado en el año 2019 y La ciudad en el tiempo: cinco siglos de representaciones artísticas de San Juan, publicado en el año 2020. El interés de la OECH en destacar la relevancia histórica de la Isleta de San Juan, sin embargo, antecede a estas publicaciones. La inclusión del Distrito Histórico del Viejo San Juan en el Registro Nacional de Lugares Históricos (RNLH) en el año 2012, la designación de San Juan como National Historic Landmark o Hito Histórico Nacional en el año 2013, además de la inclusión del Distrito Histórico de Puerta de Tierra en el RNLH en el año 2019 dan fe de ello. El desarrollo de estas tres nominaciones estuvo a cargo de la Dra. Arleen Pabón Charneco. En este volumen conmemorativo de Patrimonio, coordinado y editado excepcionalmente por la Dra. Silvia Álvarez Curbelo, reconocemos las aportaciones de toda una vida del Dr. Luis González Vales, quien fungió como historiador oficial de Puerto Rico y director de la Academia Puertorriqueña de la Historia, además de asumir otras 6|OFICINA

Fragmento del mapa de Rodrigo de Figueroa en el que se inscribe la leyenda. Composición cortesía de Aníbal Sepúlveda Rivera

A importantes responsabilidades ligadas al quehacer histórico, académico y cultural de Puerto Rico. Humanista y educador por excelencia, Don Luis es también un incansable estudioso e investigador, además de un referente indispensable cuando abordamos el tema de la historia de San Juan y de la Isleta. Reitero a través de este escrito la admiración y el respeto que le profeso al doctor González Vales. Concluyo este mensaje, con el augurio de que la relevancia y diversidad de los temas esbozados en este volumen habrán de cautivar a sus lectores. Cada contenido, ha sido magistralmente desarrollado por los distinguidos especialistas: Dr. Manuel Valdés Pizzini, Dr. Aníbal Sepúlveda Rivera, Dra. Paola Schiappacasse, Arq. Andy Rivera Rivera, Dra. Silvia Álvarez Curbelo,

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Dr. José G. Rigau Pérez, Arq. Jorge Rigau Pérez, Arq. Francisco Rodríguez Suárez, escritora Magaly García Ramis y la Dra. Lillian M. Lara Fonseca. Vaya a ellos, mi admiración y sincero agradecimiento por formar parte de la historia de Patrimonio y de esta edición con la que conmemoramos los 500 años de la fundación de la Ciudad de San Juan. “Una Isleta – una Ciudad: San Juan de Puerto Rico, 500 años”

manera de pregón, un mapa de 1519 anuncia la ciudad por venir. Cuando Rodrigo de Figueroa sentenció “Aquí ha de ser la ciudad”, conjugó voluntad y destino. Así lo querían los vecinos de Caparra; así convenía a las arcas reales; así lo dictaba el pragmatismo comercial y militar. En los siglos sucesivos, voluntad y destino adoptaron perfiles cambiantes pero la fascinación con la isleta continúa. La fundación de San Juan nunca sutura. Es una onda memoriosa y sedimentada pero también incierta y abierta. Los ensayos que componen este monográfico son viajes de ida y vuelta a una ciudad que es y no es la misma. Sus autores la han escarbado, medido, fondeado, desenterrado, la han defendido del olvido, recorrido en fiestas y marchas, la han dibujado y la han resucitado en una pantalla como debió haber lucido hace 500 años. En fin, la han fundado nuevamente. Isla miniatura con un pie en tierra y otro en el mar batiente, San Juan no es sin su estuario. Manuel Valdés Pizzini navega a través de sus marismas, esteros y pantanos. En el mangle (transfigurado en la pintura de Myrna

Báez en metáfora de la ciudad que aún no nace) se trenzan pasados y futuros. Es la cara doble de Jano, a quien se le dedica el arco ibérico de Cáparra (con acento). Aníbal Sepúlveda Rivera le sigue el rastro a Juan Ponce de León y a la sombra alargada de aquel arco que le acompaña en las ciudades que funda en La Española y Puerto Rico pero donde nunca permanece. San Juan se funda en la isleta sin su anuencia. Objetos de vida y trabajo aparecen en las listas de mercancías traidas a la isleta que Paola Schiappacasse recupera en los archivos y en desentierros arqueológicos. Son signos de los gustos de la época y de los saberes artesanales de las tierras dejadas atrás. Mediante ajustes y adaptaciones tropicales se asientan los rituales cotidianos entre fogones, costuras y herrajes en los primeros tiempos de San Juan, que lucha contra el salitre y las inevitables plagas. Los efectos de una canícula creativa retornan a Andy Rivera a 1521 donde una ciudad emerge en un promontorio vacío, objeto del deseo de los colonizadores en Caparra. Espía a los vecinos cuando marcan la cuadrícula imperfecta de San Juan y se erigen las primeras estructuras S T A T E S T A T E

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por esclavos e indígenas sometidos. Con alquimia tecnológica, genera – con fidelidad documental- imágenes digitales que replican la fundación en una topografía de suaves ondulaciones e imponentes farallones. Tras muchos años de recorrerla con la mirada, con el tacto, con la imaginación, en sueño y en vela, su arquitecto restaurador Jorge Rigau Pérez ve en la iglesia de San José, segunda de América, un microcosmos de la conquista temprana, con sus terrores, devociones, esperanzas y pesadillas. Encendido el incieso, se alumbran las opciones estéticas y de construcción. Un proceso de veinte años que le deja tantas preguntas como respuestas. Para Francisco Rodríguez Suárez, entre las ciudades fundacionales del Caribe -desde San Juan a Panamáhay lazos de familia capturados por la arquitectura, la literatura y la experiencia urbana. Sede ordenadora de poderes políticos y religiosos, la ciudad caribeña no deja de ser tumultuaria. Lo mismo para una fiesta que para una protesta; para desfenetrar gobiernos como para crear comunidad de vecinos y vecinas, San Juan se pinta sola. Ánimas en pena narran sus vivencias en la ciudad en la que vivieron o pernoctaron en algún momento de los cinco siglos de existencia de esta urbe. Ruegan a Magali García Ramis que apunta sus pesares, que les ayude a encontrar algo que han perdido: un fragmento de vajilla, la puntilla de un vestido, un frasco de cristal francés, porque no tendrán paz ni dejarán tranquilos a los que ahora la habitan, hasta no cerrar el capítulo de sus vidas que han decidido contarnos de calle en calle. Y es que, como explicó Ítalo Calvino, “la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras…”. La ciudad se funda una y otra vez. Esta edición de Patrimonio es una de esas fundaciones. Porque convengamos: Siempre habrá otras epifanías para sorprendernos y murmullos recónditos que descifrar. Y aún así, San Juan todavía se nos oculta. La ciudad es opaca a pesar del cielo límpido. Silvia Alvarez Curbelo A cargo del monográfico San Juan de Puerto Rico, octubre de 2021

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El estuario y sus humedales: cronotopo líquido y fundacional de la ciudad murada1 Manuel Valdés Pizzini POR LA ENREVESADA RUTA DEL ESTUARIO Fue el crítico literario Mijail Bakhtin el que alumbró el concepto de cronotopo, una conexión intrínseca de tiempo y espacio asimilada de manera estética; en su teoría de la relatividad, Einstein postula al tiempo como cuarta dimensión del espacio y en la historiografía, la imponente narrativa de Fernand Braudel sobre el Mediterráneo está anclada en los procesos de transformación en el espacio-tiempo del mosaico líquido de su paisaje.2 Es en torno a un cronotopo: el del estuario de San Juan de Puerto Rico y sus humedales que versa este recorrido donde tiempo y espacio se entrelazan como raíces de un mismo mangle. Los humedales son piezas clave en un ecosistema que se nos presenta a los humanos y su empresa civilizatoria como un laberinto acuoso, impenetrable e impasable al que hay que doblegar para poder progresar, pues a las aguas hay que dominarlas y sacarles provecho. Esa ha sido la postura dominante de los humanos ante los humedales, que hoy son reconocidos como hábitats de vital importancia ecológica y económica. El denominado estuario de la Bahía de San Juan y su entorno es un cronotopo fundacional; es decir, un lugar de significación para sus habitantes y un “actor” en su historia desde el primer día. El estuario es un entorno rico en biodiversidad terrestre y acuática, incluyendo insectos de todo tipo, entre ellos los molestosos zancudos, vectores de enfermedades infecciosas, como la malaria o paludismo, cuya etimología nos refiere a las zonas palustres o pantanosas. La riqueza de su flora, parte de la cual se deposita en esas aguas, es un

detrito que se convierte en nutrientes y por ello son zonas de alta productividad ecológica, caracterizados por un olor peculiar, peste dirán algunos, y mucha materia orgánica flotante y rodeada de insectos. El bosque de mangle es un ejemplo de ello. Por esa razón los humedales son para muchas personas lugares hediondos, de difícil tránsito, repleto de inmundicias, de miasmas y de un vaho asfixiante e insalubre, un aire irrespirable y dañino. Así ha sido visto y percibido por innumerables visitantes europeos en su empeño de domeñar la natura y fundar “civilización”. Pintando esta historia con una brocha gorda, puedo decir que las sociedades en su “avanzada”, van transformando a los estuarios, reduciéndolos a sus designios por medio de la domesticación de salitrales productivos, desarrollo de áreas y pasajes de pesca, el establecimiento de puntos de trasbordo, dragado de canales y rutas de navegación, la construcción de carreteras y puentes sobre esteros, el drenaje, la desecación y el relleno de humedales para convertirlos en tierras agrícolas, la deforestación de los montes (bosques) aledaños y el manejo del flujo de agua para el riego de los sembradíos y la fuerza hidráulica para mover la maquinaria de los molinos. Sin embargo, es preferible levantar poblados y ciudades en zonas cuya topografía ofrezca cierta elevación, que estén cerca de las aguas navegables y no se tenga que rellenar los humedales para fundar ciudades. La fundación de la ciudad de San Juan atravesó por procesos similares, a partir del poblado de Caparra, para asentarse en la isleta, huyendo de las condiciones naturales del estuario pero insertándose en él, paradójica e

1 Agradezco al amigo, colega y colaborador Fernando Silva Caraballo por sus comentarios, observaciones y datos compartidos. 2 Braudel, Fernand. El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica: México, DF. 1953. Los humedales son hábitats y lugares dominados por las aguas, por su hidrología, como su medio principal, ya constante o estacional (como son las áreas anegadas por lluvias). Sus aguas, su rica vegetación y suelos son los medios en los que se mueven y viven una gran diversidad de criaturas. Los poyales, manglares, ciénagas, marismas, salitrales y pantanos son ejemplo de humedales.

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Myrna Báez, Mangle,.Acrílico sobre lienzo, 1977., Colección Museo de Arte de Ponce, The Luis A. Ferré Foundation Inc.

irremediablemente, para sobrevivir y florecer como un espacio urbano. HUYENDO DE LOS HUMEDALES Y ENCONTRÁNDOSE CON ELLOS EN EL ESTUARIO: LA SALIDA DE CAPARRA Y LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD EN LA ISLETA

Caparra era un pequeño asentamiento, parcialmente protegido, con una casa tapiada y numerosos bohíos, localizado en un abra entre mogotes calizos, en un espacio cómodo, pero algo retirado del puerto ubicado en la banda sur de la bahía de San Juan. El camino hacia el puerto se hacía pasando la zarza y el guayacán,

es decir, el monte espeso, el arcabuco, y vadeando por los humedales hasta llegar a un muelle en lo que se llamaba Puerto Viejo. Las operaciones mineras y agrícolas (granjerías), con indios encomendados, producían bastante como para sostener a una elite mercantil, dedicada a la exportación.3 Toda la región estaba bordeada por marismas y ciénagas que dificultaban el paso de gentes, bestias y cargamentos. El asentamiento de Caparra tenía, según Juan Ponce de León II en la llamada Memoria de Melgarejo, “malas aguas” y al parecer padecía de una alta mortalidad infantil.4

3 Sued Badillo, J. El Dorado borincano: La economía de la conquista,1510-1550. Ediciones Puerto: San Juan, 2001. 4 Memoria y descripción de la Isla de Puerto Rico, presentada por Juan de Melgarejo en 1583. En Coll y Toste, C., Boletín Histórico de Puerto Rico, Volumen 1, Tomo I, 1914. SHPO

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Mapa de la Plaza de San Juan. 1776. Tomás O’Daly, ingeniero. Museo Naval de Madrid.

La mirada más atenta y profunda a Caparra y su relación con el estuario se la dio, en mi opinión, Adolfo de Hostos en su estudio sobre las excavaciones del asentamiento en 1938.5 De Hostos hilvanó las fuentes documentales, las relaciones de los cronistas y los restos arqueológicos, con su localización geográfica para describir el reto que significó para la gente de Juan Ponce de León la localización del asentamiento al sur de los humedales de la banda sureña de la bahía. El intento de localizar un primer asentamiento costero—probablemente en el área de Manatí—fue derrotado por el impacto de los vientos del norte y poderosas marejadas. Es por ello que el abrigo ofrecido por la bahía era preferible. Para ello se trasladaron por el litoral rumbo al este, y aquí de Hostos imagina (tras su lectura de los cronistas) el encuentro con los humedales:

Una vez pasado el río Bayamón por su desembocadura, o cerca de ella, los exploradores debieron haber visto su camino interrumpido por una vasta ciénaga que, por múltiples razones, podemos suponer que en aquellos tiempos bordeaba ininterrumpidamente casi todo el litoral de la bahía. He aquí una nueva razón—la ciénaga—que los obligaba a optar por la playa como el más fácil camino.6 En una reflexión etnoarqueológica, de Hostos explica que, en la década de 1930, a pesar de la merma en las lluvias y el desmonte masivo, la ciénaga, identificada como Las Cucharillas, prevalecía en esa área y sospecha que la misma impidió a Juan Ponce de León asentarse en esa “magnífica” ensenada. Es por ello que continuaron su camino hasta llegar a un “terreno más firme”, cercano a un manglar, que

5 de Hostos, A. Investigaciones históricas 1. Las excavaciones de Caparra, 2. El fondeadero de Colón. San Juan de Puerto Rico. 1938, (Edición de la Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico, Oficina del Gobernador, 2011). 6 de Hostos, A. Op. Cit., pp. 56-57.

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se llamó eventualmente Puerto Viejo. Ese puerto se localizó en uno de los remansos de agua de mar producidos por las arenas consolidadas de la bahía que formaba una especie de dique natural. Las dunas consolidadas en la orilla pudieron servir— según de Hostos—de desembarcadero. Puerto Viejo fue localizado en tal vez el único espacio libre (unas doscientas yardas) en la franja de manglares que iban desde Cataño a la isla de Miraflores, en lo que hoy se denomina Isla Grande.7 Según diversas fuentes consultadas por de Hostos, el asentamiento estaba en una zona poblada de bosques con buenas maderas para tablazón y vigas, suelos lodosos y cenagosos que dificultaban el camino, pero tenía ríos y pastos para alimentar a las bestias de carga.8 La carta del Licenciado Rodrigo de Figueroa en el año 1519 describe con detalles la hechura de la casa y del asentamiento, circundado por un bosque

espeso y construido en un raso entre las colinas. Para ese momento, los pobladores habían dejado de usar el embarcadero de Puerto Viejo para usar… …un estero que recogía las aguas de la Quebrada Margarita, a través del caño del Seboruco del Rey y las de Río Viejo. Dicho estero serpenteaba a través de unos terrenos bajos, de poco declive, cubiertos de ciénagas que llegaban hasta la orilla misma de la bahía. Pero algunas partes del terreno de la orilla del estero eran suficientemente firmes como para sostener arboledas. La desembocadura del estero, llamado en algunos mapas río de Puerto Nuevo, colindaba con la extremidad oriental de Puerto Viejo.9 La descripción ofrecida por de Hostos, siguiendo la narrativa del Licenciado Figueroa, sigue la ruta de esos pobladores por los accidentes de un terreno líquido, por el que transitaban vadeando hasta llegar al río Puerto Nuevo con su carga y de ahí la montaban en

7 Amerita leer la descripción y análisis provisto por de Hostos pues provee suficientes argumentos racionales (y hasta poéticos) para la ubicación de Puerto Viejo, en el contexto de los humedales del litoral. 8 De Hostos cita a Las Casas y a Oviedo, Op. Cit., pp. 60-61. 9 Op. Cit,, p. 66.

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para llegar a la isleta. Posteriormente, para conectarse con el resto de la Isla, tendrían que tender puentes o “pasos” en esos dos lugares.12 El estuario, fuente potencial de alimentación, de agua dulce y de vegetación leñosa aprovechable, fue para los habitantes de Caparra un escollo casi infranqueable, por lo estrecho de los caños, lo frondoso de su paso, el insoportable calor, los mosquitos y por estar “muy lleno de humedales y ciénagas y de cosas de mala disposición”.13 Los caminos requerían de constante mantenimiento, para lo que tenían cuadrillas de veinte indios dedicados a ello, con el fin de salvar el obstáculo que representaba tenerlos por manglares y humedales. Pero los humedales del estuario, ese primer gran escollo, se convertiría en fuente de vida y prosperidad para la nueva ciudad.

San Juan (Puerto Rico). Planos de Población. 1889. Plano de la Plaza de San Juan de Puerto Rico. Cartografa Exenta de Puerto Rico, 1740-1899. Cuerpo de Ingenieros Militares. Cuerpo de Estado Mayor del Ejercito. SG. Ar.J-T.4-C.2-63(1).

“embarcaciones sin quilla o de fondo plano” (gabarras o ancones) hasta la desembocadura, y de ahí a la bahía, probablemente en esas embarcaciones o en piraguas o las llamadas “canoas de indios”. La isleta fue un puerto importante por ser seguro y tenía además acceso a varias fuentes de agua allí y en las zonas aledañas (la fuente de Aguilar en lo que hoy es Miramar). Lo trabajoso de esos caminos empantanados, para transitar con bestias, carretones y carga, así como el costo de la transportación de materiales y mercancías entre Caparra y la isleta, encarecían el transporte, lo que era una razón poderosa para mover el asentamiento a la isleta.10

La mudanza a la isleta se hizo siguiendo las instrucciones de la época que indicaban dónde y de qué manera debían fundarse los asentamientos urbanos. Esas directrices recomendaban que las ciudades estuvieran localizadas en sitios altos, de buen aire (buena brisa), alejados de aguas empozadas, y con áreas apropiadas para la carga y descarga de mercancías. A pesar de que la isleta estaba poblada de terrenos anegadizos, la mayor ofrecía un terreno firme y elevado, al que se podía acceder cómodamente.11 Pero para llegar ahí tendrían que recorrer por caminos entre humedales al sureste de la bahía, navegar por la entrada al caño Martín Peña y salvar el San Antonio

10 Sued Badillo, J. Cangrejos: una revisión histórica. Aportes universitarios: Antología de ensayos interdisciplinarios en las Ciencias Sociales. A Plus Copy Services: Hato Rey, 2011. Sued Badillo indica que “tenemos evidencia que apunta a que aun cuando Caparra era la villa principal, se estaba usando la isleta como muelle y zona de almacenamiento de mercaderías importadas, por ser la costa cercana a Caparra muy manglera e inhóspita” (p. 111). 11 Sepúlveda Rivera, A. Puerto Rico urbano: Atlas histórico de la ciudad puertorriqueña. Vol. 1 La memoria olvidada, 1508-1820’s. San Juan: Centro de Investigaciones CARIMAR, 2004.

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EL PAISAJE ANIMADO DEL ESTUARIO El estuario es un entorno en constante movimiento y transformación, sobre todo con las acciones transformadoras de los humanos. A doscientos cincuenta y seis años de la fundación de San Juan, el paisaje del estuario cambió en el lento suceder de la larga duración. Sin embargo, el mapa comisionado por Tomás O’Daly a Juan de Villalonga y Ramón de Villalonga guarda detalles y correspondencias con mapas publicados y estudiados por Aníbal Sepúlveda, y presenta, a vuelo de pájaro, muy pocas alteraciones provocadas por la huella humana.14 Es decir, ese mapa de 1776 (de la Laguna de Cangrejos a Punta Salinas) permite apreciar muchísimos detalles de la configuración geográfica y hasta ecológica del estuario de la bahía, detalles que permiten evaluarlo como un cronotopo esencial en la vida de esta región de la colonia, desde la forja del asentamiento de Caparra. Una lectura rápida al mapa nos revela caños (Martín Peña, de Cataño, de la Renta, Portugués), ciénagas (Machuchal y una que no se nombra pero que es Las Cucharillas), ríos y sus bocas (Bayamón, Puerto Nuevo, Toa), quebradas (Margarita, Cataño), así como manglares, islotes, rodales, arboledas, pastos, fincas, “bohíos de negros”, terrenos firmes y caminos. Un mundo acuoso que le dio vida a la ciudad desde el primer día del asentamiento.

La mayor parte del litoral de la bahía (incluyendo La Puntilla, en la isleta) estaba cubierta de manglares y así estuvo, mayormente, hasta la segunda mitad del siglo XX. El manglar es una zona rica en peces, moluscos y crustáceos que sirvieron de alimento para la gente de la capital y de los asentamientos del traspaís (hinterland), que lucharon por convertirse en pueblos y salirse del control de San Juan. Si le damos una mirada atenta y profunda al estuario, con su bahía, manglares y lagunas, “descubrimos” que se trata de un archipiélago: la Isleta de San Juan, Isla de Cabras y sus cayos (La Cabrita), Islote del Carbón (la Carbonera), Isla de Mata Redonda, Isla de Miraflores, Isla del Manglar (la de la Ensenada de las Yaboas), La Guachinanga, La Guachinanguita… en fin, un mar de cayos, bancos de arena, bajos (por ejemplo, de la Puntilla, Santa Elena, el Tablazo), arrecifes, pasas, placeres (zonas llanas), escollos e islotes, algunos de los cuales ya no existen por las modificaciones al paisaje. Esa configuración archipelágica, junto a los humedales asociados, eran (y son) viveros de peces y su vegetación atraía a una gran cantidad de aves residentes y estacionales de las que las poblaciones locales se beneficiaban por medio de la captura, recolección de huevos y la cacería. Infinidad de autores y observadores han descrito ese modo de vida, entre ellos Fray Iñigo Abbad y La Sierra quien describe cómo después de las lluvias los humedales y anegados se cargaban de aves acuáticas como el zaramago y las gallaretas, ambas apreciadas por su carne y sus huevos.15 Juan Giusti Cordero ha descrito con mayor detalle, la cacería y captura de las aves en los humedales y manglares de Piñones para principios del siglo XX, observaciones que nos permiten apreciar la riqueza de la avifauna y las posibilidades que le ofreció a los pobladores del estuario desde 1511.16 El estuario es una zona extremadamente rica en flora. Los árboles de mangle eran muy abundantes, cercando el litoral y los esteros de la bahía. Árboles cuyas maderas eran—según la Inspección de Montes en el siglo XIX—valiosos para producir carbón, maderas para casas, para las artes de pesca (como los corrales) y otros usos, además de servir de una barrera

12 Sepúlveda Rivera, Aníbal. San Juan: Historia ilustrada de su desarrollo urbano, 1508-1898. San Juan: Centro de Investigaciones CARIMAR, 1989. 13 de Hostos, Op. Cit. p.69. 14 Sepúlveda Rivera, Op. Cit. 15 Abbad y La Sierra, F.I. Historia natural, geográfica y civil de la Isla de Puerto Rico. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, Facsímil 1782. El islote localizado al sur del Caño San Antonio tiene la Ensenada de las Llaboas [sic, por yaboas], probablemente en referencia a la abundancia de esa ave acuática. 16 Giusti Cordero, J.A. Labor, Ecology and History in a Caribbean Sugar Plantation Region: Piñones (Loíza), Puerto Rico, 1770-1950. Pt. 2.

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Dibujo de Palo Seco por Auguste Plée (1821-1824). Archivo General de Puerto Rico.

protectora del litoral y albergar a cientos de especies en las lagunas y placeres formados en su interior. Los humedales también contienen ya en sus aguas o en el borde de sus marismas, rodales de árboles valiosos para el ecosistema, pero extremadamente valiosos para los humanos: el palo de pollo, eje de la formación de los poyales (Pterocarpus officinalis), la emajagua, la emajuagilla, el escambrón, el úcar, la palma real y el cupey, entre otros. En fin, recursos valiosos para el sustento y desarrollo de la ciudad. NAVEGACIÓN Y FLUJO DE GENTES, MERCANCÍAS Y BESTIAS Las tierras al oeste y el este del mapa de 1776 presentan un cuadro similar de playas, caños, esteros y lagunas en la que la pesca y la cacería son actividades fundamentales, junto con las plantaciones y la ganadería. Todo el litoral parece estar cubierto de terrenos anegadizos que los bordean y que aumentan considerablemente de tamaño en la época de las lluvias impidiendo el paso. Es un medio -bajo el signo del agua- que exige que mucha de la transportación de gentes y mercancías se hiciera por medio de embarcaciones como los ancones y gabarras. El movimiento por ese archipiélago dependió de navegantes

y bogadores en balandros, canoas, cayucos y piraguas. Palo Seco fue el más importante centro de trasbordo de la región conectando a los hacendados y estancieros de Bayamón, Toa Baja y Manatí con la ciudad capital, con un servicio de embarcaciones.17 Lo mismo ocurrió con las mercancías producidas en el Partido de Cangrejos y en su traspaís, como Loíza, Trujillo Bajo y los alrededores de las lagunas de Piñones, Torrecillas y Cangrejos (con sus embarcaderos), movidas por embarcaciones que usaban los canales para llegar a la capital por el Caño de Martín Peña; canales que eran mantenidos y ampliados por esos navegantes.18 La transportación por mar se hacía difícil en los tiempos de bravata, por lo que el uso de canoas y otras embarcaciones era peligrosa. Felipe Ramírez, el ingeniero en jefe de la capital en 1796, narraba como algunas personas, para burlar a las autoridades y tener un viaje más llevadero, pasaban sus canoas del mar a las lagunas en un sitio llamado “el arrastradero de las canoas” que Silva advierte se encuentra claramente en el mapa de 1776 y que corresponde a un área cerca de la laguna San José, en otrora Cangrejos.19 Los mapas son—por lo general—un retrato fijo de un territorio, donde rara vez se muestra el movimiento

SUNY Binghamton, PhD Dissertation. 1994. 17 Valdés Pizzini, M. Patrones, pescadores y bogadores del estuario: los avatares marítimo-terrestres de los palosequences. Publicado en 80grados el 24 de mayo de 2019.https://www.80grados.net/patrones-pescadores-y-bogadores-del-estuario-los-avatares-maritimoterrestres-de-los-palosequences/ 18 Silva Caraballo, F. Mirada histórica de los cuerpos de agua interiores en el entorno regional-oriental de Viejo San Juan como vías de transportación acuática. Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Tercera Serie, No. 12, 500 años de San Juan, Edición Conmemorativa, pp.139-155, 2020.

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Mapa de la Bahía de San Juan (nombre atribuido). “Puerto Rico, puesto en planta por don Luis Venegas Ossorio, theniente del castillo de la ciudad de Badajos, yngeniero maior de la frontera de Estremadura y sarjento general de batalla por Su Magestad, bisitador general de las fortificasiones de Tierra Firme y costas del mar del Sur, el año del señor de 1678 años”. Archivo General de Indias. http://pares.mcu.es/ ParesBusquedas20/catalogo/description/23064?nm

de la gente, las rutas y las maneras con las que transitan. Algunos retratos de la bahía de San Juan muestran las embarcaciones, que en la mayor parte de las veces son bergantines o naves de carga bastante impresionantes, pero no hay nada de las pequeñas naves de trabajo, las canoas, las piraguas, las gabarras y los ancones. Los dibujos de Auguste Plée (1821-1823) sí honran esas importantes embarcaciones que surcaban el estuario. Curiosamente, uno de los primeros mapas (“un plano de extraño aspecto” de 1582), de la autoría de Juan Ponce de León II y Antonio de Santa Clara, muestra la ciudad, su artillería y varias embarcaciones: dos bergantines, dos balandros y tres o cuatro canoas con sus bogadores.20 Otro mapa de 1678 nos muestra, junto a las grandes naves de carga, aquellas que dominaron el paisaje del estuario: canoas, cayucos y piraguas, también con sus bogadores.21 Los corrales de pesca estaban entonces—y su historia posterior lo sugiere de forma fehaciente—asociados

Detalle del Mapa de la Bahía de San Juan (nombre atribuido)..

19 Silva Caraballo Op. Cit. p. 150. Citado también en Sued Badillo 2011, p. 131. 20 Sepúlveda Rivera, 1989, p. 32. 21 Archivo General de Indias (accedido vía Portal de Archivos Españoles), Mapa de la bahía de San Juan, 1678, producido por Don Luís

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al arriendo de los pasajes o lugares desde donde se transportaban bestias, mercancías y gente en barcazas, gabarras, canoas, piraguas y otras embarcaciones de remos y velas para transitar por el estuario, pero con especial atención a mover esa carga de las bocas del Río Bayamón y del Río Toa a la ciudad capital. Ese servicio de embarcaciones y tráfico estaba ya organizado por el Cabildo en 1620 y continuó hasta finales del siglo XIX, con serias disputas entre los hacendados dueños de las embarcaciones y la Marina.22 En antaño, Bayamón era una zona productiva en ganado (de todo tipo), yerba para caballos, leche, leña, frutos menores y azúcar, productos que había que transportarlos en embarcaciones río abajo y atravesando la bahía. En muchas ocasiones el Cabildo sacaba a pregón el asiento de pasaje y corral, ambos al unísono. En otras ocasiones, arrendaba el permiso para la construcción y operación de una casa de pasajeros, donde pudieran pernoctar para salir de viaje al día siguiente. Algunos operadores también obtenían un permiso para producir y vender agualoja, una de las refrescantes delicias de esa economía jengibrera que floreció allá, en los extramuros.23 A los cien años de fundada, el estuario y su gente eran una fuerza vital que movía a la ciudad, casi de manera imperceptible en los documentos. Las Ordenanzas Municipales de la Ciudad de San Juan Bautista de 1620 nos permiten apuntar a ciertas instancias en las que el estuario era un importante actor en la vida cotidiana de la ciudad, aunque se insista en dejarlo como un telón de fondo.24 La alimentación de la ciudad dependía de las tierras de cultivo y los pastos de los hatos, de donde venían los alimentos como la leche y las carnes. Más allá de las marismas, en el seboruco, en las tierras más elevadas que los humedales, proliferaban las estancias donde se producía el maíz, la yuca (para el pan de casabe) y donde los hatos producían las reses para las posturas de carne salada que se consumía en la ciudad y que se vendía en las carnicerías. Las reses de los hatos producían también el sebo para las velas. El libro de Francisco Moscoso El hato: Latifundio ganadero y mercantilismo en Puerto Rico, siglos 16 al 18 nos revela cómo en esta región de la Isla los hatos coincidían con la localización de los asientos de corrales de pesca y los asientos de pasajeros que transportaban gentes, mercancías y bestias en embarcaciones a la ciudad.25 Los hatos, los caños, los campos de pastos y los corrales,

los muelles y las embarcaciones estaban entrelazados y sirviendo a las necesidades de la ciudad. LA PESCA Y LA CIUDAD Elementos fundamentales de la alimentación de la ciudad lo eran el pescado y los careyes (Eretmochelis imbricata). Empezaré con el carey, una tortuga marina, que entonces era extremadamente común y abundante en nuestras aguas. La documentación es escasa—si alguna—pero puedo inferir que pescadores de esas aguas los capturaban en el mar con el uso de redes, pero se me ocurre que las playas del estuario y de las zonas aledañas (Cangrejos, el Toa) eran zonas de anidación donde eran capturadas y procesadas para su carne y su concha, usada en muebles, joyas y otros utensilios. La bahía de San Juan tenía entonces extensas playas dentro y fuera de la bahía, con su vegetación que pudieron servir de área de anidamiento al carey de concha y facilitar su captura terrestre. Las citadas Ordenanzas de 1620 mencionan el consumo de pescado salado (bacalao, por ejemplo) que llegaba en los barcos, y que debía venderse en la pescadería. El Cabildo también se empeñó en regular la venta de pescado fresco “de todo género” por “arreldes y medios arreldes” (un arrelde equivalía a cuatro libras) que debía llevarse a la pescadería. La pesca con espineles (cordel con varios cabos y anzuelos), caña de pescar, chinchorros y atarrayas prevalecía por todos esos humedales, así como la captura de cangrejos o jueyes. Los corrales, dominaban en la boca de los ríos y los caños, como el Martín Peña, Puerto Nuevo y Palo Seco, en las bocas del río Bayamón, convirtiéndose en el arte de pesca más importante de todos los estuarios de la Isla. Si ajusto el lente y la lupa en ese mapa, hacia uno de esos caños, por ejemplo, la laguna de la Boca Vieja, al sur de El Plantaje, noto una estructura que atraviesa ese placer (zona llana en los manglares) en forma de zigzag, que tiene todos los visos de ser un corral de pesca. Vamos a suponer que esa pesca en embarcaciones de vela, en mar abierto, era un tanto difícil en la costa norte debido a las bravatas, entonces podemos suponer que los estancieros y sus esclavos, en las propiedades aledañas a las lagunas, marismas, caños, manglares y bocas de los ríos proveían pescados y mariscos en lo que mis colegas han llamado “la pesca de monte”, capturando jareas (lisas), mojarras, corvinas, macuríes,

Vega Ossorio. ES.41091.AGI//MP-SANTO_DOMINGO,74. 22 Este asunto queda fuera de nuestro tema, pero, para resumir, la Marina estaba empeñada en que las embarcaciones fueran pilotadas por los matriculados de mar enrolados en ese cuerpo, y no por esclavos con una larga experiencia navegando las corrientes, los bajos y los escollos de la bahía. 23 Moscoso, F. Agricultura y sociedad en Puerto Rico, siglos 16 al 18. Instituto de Cultura Puertorriqueña: San Juan, 2001. 24 Caro Costas, A.R. Legislación municipal puertorriqueña del siglo XVIII. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1971.

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cocolías, robalos, sábalos, jureles y otras especies que abundan en los estuarios. Quienes le hemos dado una mirada histórica a la pesca sabemos que las fuentes documentales son escasas y que—peor aún—las referencias a las capturas y su monto son inexistentes. Mi conjetura es que esa actividad fue parte de unas estrategias de subsistencia usadas por los primeros pobladores y que algunas de las técnicas empleadas (así como distinguir las especies) las aprendieron de los taínos encomendados o eran similares a aquellas usadas en la Península. Una vez empieza a llegar la gente esclavizada del continente africano, éstos se van a incorporar en ese proceso de usufructo del estuario, prácticas que posiblemente tenían en sus lugares de origen. No sabemos nada de esa fusión productiva y cultural en Puerto Rico, pero diversos estudios en todo el continente apuntan en esa dirección. Esa posibilidad la percibo con mayor fuerza al ver que el único arte de pesca nombrado en las Ordenanzas lo es el corral de pesca. Los corrales eran un arte de pesca estacionario, formados por una pared de estacas, una estera, que atravesaba un cuerpo de agua, atajando a los peces en sus corridas. Al atajar o cerrarles el paso a los peces, la estera los conducía a unos cestos, o trampas de forma cilíndricas, con entradas y cámaras que retenían a los peces, que luego eran sacados, vivos, con una red de mano. El corral se construía en lugares estratégicos de los humedales, y existió cierta variedad en su diseño y construcción, según el lugar donde se armaban. La principal estrategia de construcción consistía en montarlos en los caños y las bocas y orillas de los ríos y orillas de las lagunas, y en algunas ocasiones se construían atravesando un caño o cuerpo de agua (“corral de atravieso”), dejándole una portezuela para permitir el libre paso de embarcaciones y las aguas. Las Ordenanzas de 1620 indican que el Cabildo debía arrendar el lugar donde los lugareños pondrían su corral de pesca. De igual manera indicaban que se debía hacer lo mismo con “los asientos de hatos vacunos y porcunos”. Sospecho, por no tener los datos, que esos pobladores, con saberes adquiridos de los taínos, destrezas y saberes de los esclavos con tradiciones pesqueras provenientes de Angola y del Congo, y españoles que en su vida trabajaron, vieron o conocían los corrales, paradas y atajadizos de la costa y los ríos, dedicaron una parte de su esfuerzo en pescar los corrales.26 La trayectoria de los corrales en los siglos XVII y XVIII indica que el arriendo y permiso de corral se otorgaba siempre y cuando los operadores trajeran el pescado a venderse en

la ciudad y no lo dieran a regatones. La ciudad murada controlaba así el flujo de pescados del estuario hacia su mercado, asegurándose de ese producto, tan importante en el contexto de las fiestas y días de guardar de la Iglesia Católica, y en la Nochebuena. LA PARADOJA DEL ESTUARIO La fundación de la ciudad, que luego se consolidó como ciudad murada, se enfrentó al estuario y sus humedales como un escollo que parecía insalvable para la vida urbana y “civilizada” y luego como un entorno aprovechable, como espacio de vida de la fuerza de trabajo, fuente de alimentos, materia prima y vida, desde el primer día. Para ser preciso, desde el establecimiento de Caparra. En otras palabras, la fundación de San Juan requirió el desplazamiento de la ocupación de Caparra, lo que implicó abandonar al humedal y su arcabuco en pos de agua y puerto seguro. Pero para sostener la ciudad tuvieron que liarse con el estuario y sus recursos abióticos y bióticos. Una ciudad que eventualmente se amuralló, pero que mantuvo sus puertas abiertas al fluir de todo el estuario y sus gentes. Uno de los componentes del ecosistema del estuario lo ha sido el Caño Martín Peña que une a la bahía per se con los cuerpos de agua (quebradas, ríos, esteros) y el sistema lacunario de Los Corozos, San José (Cangrejos), Piñones, Torrecillas (con sus embarcaderos), a través del cual se hilvana(ba) ese mosaico acuático y las planicies de inundación de esa región de la costa norte. No deja de ser culturalmente significativo que ese cuerpo de agua, que fuera escollo y fuente de recursos para la ciudad, llevara desde los primeros días el nombre de la persona comisionada a construir uno de los pasos en piedra para unir a la isleta con tierra firme, Juan Martín Peña, un hombre y familia del humedal, dueño de una embarcación, dedicado a trajinar en la bahía, aguador de la isleta, pescador (¿con redes?) y conocedor y ocupante de los manglares. Gente como él le sirvieron bien a la gente de la isleta para alimentar y abastecer a ciudadanos y milicianos y fomentar el comercio de cabotaje y alimentar las exportaciones.27 En fin, que el estuario y todos sus componentes fue un actor importante en la vida de la colonia, que proveyó un ecosistema valioso para la vida de la gente que ocupó ese paisaje. Conexiones intrínsecas entre espacios, tiempos y vidas que apenas comenzamos a comprender en su dimensión histórica y ecológica compleja. Un cronotopo acuoso y activo que cobijó la fundación de San Juan en la isleta. n

25 Moscoso, F. El hato: Latifundio ganadero y mercantilismo en Puerto Rico, siglos 16 al 18. Río Piedras: Publicaciones Gaviota, 2020. 26 Durante este período la mayoría de los habitantes peninsulares provenían de Andalucía donde de usaba la palabra corral para un arte similar, pero en la costa marina. En otras partes de España se utilizaban el término “paradas”, para un arte parecido al usado en Puerto Rico. 27 Moscoso, F. Fundación de San Juan en 1522. San Juan: Ediciones Laberinto, 2020, p. 54. SHPO

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La sombra alargada del arco de Cáparra Aníbal Sepúlveda Rivera

Sección transversal del túmulo y foto de las ruinas de la casa de Caparra sepultadas, 10 de febrero de 1936. Por Rafael del Valle Zeno. Colección Haydée Reichard. Sueños de piedra de los primeros sanjuaneros. Detalle del plano de 1582 dibujado por el nieto de Ponce de León y de Antonio de Santa Clara, AGI, Santo Domingo 8, Sevilla. Detalle de la escalera tallada en piedra de la Catedral, foto de Aníbal Sepúlveda.

SUEÑOS EN PIEDRA En el traslado a la isleta, los antiguos habitantes de Caparra trajeron consigo los sueños de una ciudad edificada en piedra. No obstante, ya a la altura de 15211522 se perfilaban grandes cambios en América que esfumaron esos sueños. Llegaban noticias de nuevas de tierras continentales con míticas riquezas y sociedades indígenas jerarquizadas y organizadas que servirían como mano de obra. Algunos, no más llegar, quisieron volver a emigrar. Otros apostaron a quedarse y comenzaron a construir los edificios fundacionales a la medida de sus sueños, pero que quedaron a medio cocer por la escasez de recursos y de perspectivas más halagüeñas. 18 | OECH

Una quimérica imagen de 1582 muestra los sueños de los colonos sanjuaneros. Estructuras de piedra o sillería como éstas solo estaban en sus imaginarios y en poquísimos edificios. A lo largo del siglo 16, muchos debieron preguntarse si a la isleta le tocaría la suerte de lo que habían dejado atrás: Caparra Durante poco más de 400 años la primera casa de Caparra quedó sepultada, formando la lomita que aparece en la fotografía. Tras la mudanza de los primeros pobladores y sus menajes a la isleta, el recuerdo de aquella casa también quedó enterrado bajo un nombre ordinario: Pueblo Viejo.

EL NOMBRE DE CAPARRA En el cambio de los siglos 15 al 16, cuando Nicolás de Ovando y Juan Ponce de León llegaron a América, el único hito visible de las ruinas de una antigua ciudad romana ubicada en la provincia española de Cáceres, era un imponente arco de cuatro pilares. El arco de Cáparra, de donde proviene el nombre de nuestra Caparra, estaba, como todos los arcos romanos, dedicado a Jano. Fue Nicolás de Ovando, primera autoridad en Santo Domingo, quien le puso el nombre de Caparra a la bahía y el puerto de San Juan, cuyo asentamiento había encomendado a Juan Ponce de León. Ovando había nacido en Brozas, pueblo cercano a Cáparra. Con la nominación, Ovando le hizo un guiño al único arco monumental romano en su tierra natal. Seguro que Ovando, hombre educado y de gustos

renacentistas, sabía que Jano era el protector de las entradas y las salidas, la navegación, el comercio, y la agricultura. Era el de los buenos comienzos, de puertas, de las intersecciones y los cruces. También, estaba ligado al dinero. De hecho, muchas monedas romanas tenían impresas las dos caras de Jano (pasado y porvenir) por un lado, y, por el otro, un barco. De manera arcana, nuestra Caparra estuvo dedicada a Jano, un dios bifronte. LAS RUTAS DE PONCE Juan Ponce de León (1460-1521), uno de los personajes de este relato, era un hombre de pueblo chiquito. Nació en Santervás de Campos (en adelante Santervás). Hoy el pueblo tiene 121 habitantes. La historia dice que en el pasado tenía más pobladores pero nunca debieron ser muchos. Emprendedores sí, SHPO

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Denario romano del año 114 al 113 a.C. https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7c/C._Fonteius%2C_denarius%2C_114-113_BC%2C_ RRC_290-1.jpg

Plano firmado por Rafael del Valle Zeno el 31 de diciembre de 1937. Colección Haydée Reichard. Foro aérea c1938. Colección Aníbal Sepúlveda.

como los lugareños de hoy que hasta fabrican un vino llamado Lunas de Ponce en recuerdo del Adelantado y han erigido un monumento y un museo en honor a quien consideran el descubridor de Estados Unidos. CAMINO A LO DESCONOCIDO No se conoce casi nada de la vida de Ponce de León antes de llegar a América. Propongo una ruta que pienso podría haber tomado desde su pueblo

cerca de Valladolid hasta Cádiz, donde según muchos historiadores, pasó a las Indias en el segundo viaje de Cristóbal Colón (1493).1 Mirando el mapa de la ruta imaginada, el lector puede distinguir una línea de vida: Santervás, Cáparra con su famoso arco, Santa Fe, y el puerto de Cádiz. Como notarán, hice a Ponce recorrer el camino a pie, (1,121 kilómetros) y me tomé la licencia mitográfica de hacerlo pasar por otro de los caminos de Santiago

1 No está claro cuándo llegó a La Española. Hay quienes afirman que llegó con la flota de Nicolás de Ovando en 1502. Yo me guío por el extenso trabajo comisionado por la UPR a Vicente Murga Sanz. Ponce de León, Ed. UPR, San Juan: 1971. Vicente Murga Sanz asegura que fue con Colón en 1493 (páginas 25 y 26).

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Santervás de Campos, 2021, Google Earth.

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Monumento (2011) y Museo Ponce de León (2017), Santervás de Campos, Wikipedia. Vino Lunas de Ponce, imagen de Xemenendura.

Ruta imaginaria de Ponce de León desde Santervás a Cádiz. Google Earth 2021.

-la Vía de la Plata-, donde está la ciudad romana de Cáparra. No es tan descabellado pensar que haya pasado por Cáparra. Era un lugar de caminos como las historias que a mí me gustan. Yo había estudiado con detenimiento las historias de Cáparra cuando investigaba para mi tesis doctoral sobre la historia del urbanismo en San Juan.2 Luego,

en 2007, visité el lugar. Cáparra fue un importante centro de la Vía de la Plata y tenía, como casi todas las ciudades romanas de sus colonias, un trazado en cuadrícula (en forma de tablero de ajedrez). Este asunto es relevante puesto que muchos siglos después, incluso antes de la toma de Granada en 1492, comenzaron a edificarse este tipo de ciudades en la Península Ibérica. Se consideraban pueblos modernos y luego se convirtieron en la normativa estándar (las famosas Leyes de Indias) para las colonias españolas en América.3 Quiero imaginar que Ponce se detuvo a la sombra alargada del arco tetrapilo4 edificado por los romanos en el siglo 1ro de nuestro calendario. A fines del siglo 15, el simbolismo de los caminos cuadraba a su espíritu aventurero. Una peregrina del Camino de la Plata con quien conversé allí hace algunos años me dijo: este arco es un vórtice de energías. Si Ponce pasó por allí, nunca imaginó entonces que esa sombra alargada lo acompañaría al otro lado del Atlántico hasta el asentamiento de Caparra (sin acento) en Puerto Rico. CAPARRA EN PUERTO RICO Vicente Murga Sanz (1971: 40) señala que Nicolás de Ovando decidió la ida de Juan Ponce de León a la isla de San Juan, previa consulta con el monarca al que escribió

2 Aníbal Sepúlveda Rivera; San Juan de Puerto Rico: Growth of a Caribbean Capital City, Cornell University, Ithaca: 1986. 3 Existe una bibliografía abundante sobre la historia de la Cáparra romana. El decano de sus investigadores es A. García y Vellido; El tetrapylum de Capera, AEsPA, Madrid: 1972-1974. En la década de 1980 consulté los tres volúmenes (I, II, III) publicados por J. M. Blazquez; Caparra, Excavaciones arqueológicas de España, Ministerio de Educación Nacional, Madrid: 1965, 1966 y 1967. Hoy día existen muchos otros trabajos sobre el asentamiento. Ver el ensayo de Enrique M. de Cáceres; Cáparra después de los romanos (historia de una despoblación, Norba 10, Revista de Historia, Cáceres:1989-1990, páginas 109-129. 4 Tetrapilo: cuatro puertas es un antiguo tipo de monumento romano de planta cuadrada, con una puerta en cada uno de los cuatro lados. Generalmente se construía en la encrucijada de dos vías romanas perpendiculares. Tienen un simbolismo relacionado con Jano, dios de las puertas de las intersecciones y cruces, en general.

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Mosaico de Cáparra, (Cáceres, España): Arco, camino, centro de interpretación, maqueta de cómo fue la ciudad, y el autor en el lugar. Fotos de Marybel Sepúlveda, 2007.

La sombra alargada de Jano que proyecta el arco romano de Cáparra. Goggle Earth, 2021.

con fecha del 13 de julio de 1508. Pero Ponce salió antes de que su jefe recibiera el permiso real. Al regresar a La Española suscribió con Ovando un acuerdo el 1 de mayo de 1509. Ovando dio el nombre de Caparra al puerto y a la bahía rememorando la Cáparra romana

que existió en las tierras de la comandancia de Ovando, hoy provincia de Cáceres. Ovando no dio nombre al asiento, y, por lo tanto lo de la villa Caparra es fundación posterior y exclusiva de Ponce de León, siendo gobernador.5

5 Vicente Murga Sanz; Juan Ponce de León. Ed. UPR, Río Piedras: 1971, páginas 39-40. Resaltado mío.

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Villa de Caparra, detalle y hoja manuscrita del documento referente a la primera fundición de oro hecha en la villa de Caparra en 1510. AGI, Patronato, 198, R, 1, Sevilla. Segmento del plano de la casa dibujado por Rafael del Valle Zeno (1937). Coloreé el crisol donde se hizo la fundición del oro y resalté las paredes de la estructura de tapias. Colección de Haydee Reichard, cortesía de Joe Harrison.

CAPARRA ESCRITA Por algún tiempo la primera ciudad europea de Puerto Rico se llamó Caparra. Gracias al portal de búsqueda de los archivos españoles (http://pares.mcu.es/) podemos apreciar la huella toponímica en manuscritos antiguos atinentes a Puerto Rico. El nombre de Caparra resucitaría del olvido de siglos. En 1927, el afamado arquitecto Pedro de Castro inauguró su residencia cerca de donde se hallaba sepulto el asentamiento original de Ponce de León. Llamó a su casa Villa Caparra. Veinte años después, en lo que he llamado la tercera fundación de San Juan, se inició en Puerto Rico un modelo de urbanismo que se apropió de la toponimia. A partir de 1948 surgieron las urbanizaciones de Puerto Nuevo, Caparra Heights y Caparra Terrace. SANTA FE DE GRANADA Santa Fe fue otro de los lugares en la ruta de Ponce en camino hacia las Indias. Fue el campamento militar donde los Reyes Católicos instalaron su ejército en 24 | OECH

el asedio a Granada, último baluarte musulmán en España. Se afirma que Ponce participó de alguna forma en ese evento. Si fue así tuvo que haberse alojado en la recién creada ciudad-campamento de Santa Fe. En la historia del urbanismo en América, Santa Fe es una referencia obligada. Se diseñó con un trazado en cuadrícula (como la Cáparra romana) que se impondría como el modelo de ciudad en las nuevas colonias americanas y también en el lugar de la mudanza a San Juan en la Isleta. Conviene saber que fue en Santa Fe que Cristóbal Colón firmó las capitulaciones con los Reyes Católicos para su segundo viaje, en el que se supone pasó a América Ponce de León. ¿Intentaría Ponce que alguno de los dos pueblos que fundó en las Antillas tuviera la forma urbana de ese campamento? En las dos ocasiones que tuvo oportunidad y recursos para edificar ciudades, no lo logró: Salvaleón del Higüey (1504) y Caparra (150809). Incluí una foto aérea de 1970 en mi tesis doctoral que evidencia el incipiente trazado urbano que se instituyó al otro lado del Atlántico.

Pueblo de Caparra, Orden a Juan Cerón, 1511, AGI, INDIFERENTE, 418, L3 F192V193R, Sevilla.

SALVALEÓN DEL HIGÜEY Se dice que Ponce llegó en diciembre de 1493 al puerto de la Isabela en el norte de La Española (hoy República Dominicana y Haití). En ese momento tendría 33 años. La primera actuación documentada de Ponce de León en la isla La Española tuvo que ver con las guerras de exterminio contra la población originaria sublevada del Higüey que ocurrieron entre 1502 y 1503. Al igual que en la llamada Reconquista en España, cuando se fundaban pueblos para asegurar los territorios conquistados a los musulmanes, Ponce fue designado por Ovando para que fundase la villa de Salvaleón del Higüey y así mantener el control del territorio (1505-1508). Nuestro personaje escogió para su casa–fortaleza un lugar algo alejado del puerto a unos 12 kilómetros al norte

Villa de Caparra en la Isla de San Juan, 1513 Repartimiento de indios, AGI, Indiferente, 419, L.4, F.108V-109R, Sevilla.

Santa Fe, Granada. Instituto Geográfico Nacional, 1970. Coloreado mío.

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Sección del este de La Española en facsímil de un plano del 1516. En el extremo este está ubicada la villa de Salvaleón del Higüey, fundada por Ponce de León. https://historiaymapas.wordpress.com/2017/06/29/el-primer-mapa-detallado-de-la-isla-de-santo-domingo/

Casa de piedra, tapiería y cal en Salvaleón del Higüey, 1964, Emile Boyre Moya.

del antiguo embarcadero colonial en la desembocadura del río Yuma. Esa ubicación es extraordinariamente parecida a la de la futura Caparra en Puerto Rico. Para esta construcción pudo disponer de cuantos indios, esclavos o encomenderos, pudieron ser necesarios para dar ayuda a canteros, caleros, carpinteros y albañiles de su alarife.6 Julián Amadeo, historiador dominicano, ha estudiado la fundación de Higüey recientemente: Entre las peticiones que debían ser presentadas por el representante de Salvaleón de Higüey se encontraban las relativas a la construcción de la iglesia de la villa que, en 1518, era de paja, por lo cual se solicitaban los recursos necesarios.7 Se conoce que la mayoría de las casas de Higüey, incluida la iglesia, eran de madera y paja, tal y como sucedió en Caparra. También como en Caparra, la única casa de tapias, piedra y cal en Higüey fue la del teniente gobernador.

de la población española a tierras continentales de riqueza minera y la rápida desaparición de la población indígena, precipitaron la despoblación de Higüey. Como en Puerto Rico, La Española también tuvo una crisis demográfica.

Desafortunadamente, para los urbanistas y los antropólogos, los trabajos arqueológicos en ambas casas hechas por Ponce (Higüey y Caparra) se concentraron en el monumento. No se procuró encontrar señas del trazado de calles y de las plazas en ambos pueblos. Tampoco hay mucha evidencia de la cultura material de los habitantes, sus dietas, modos de vida y muerte. Lo que sí hizo Ponce fue establecer un extenso hato de ganado y una estancia agrícola que por varias décadas siguieron abasteciendo a Puerto Rico y engordando su fortuna. Otra semejanza entre los pueblos fundados por Ponce es que también Higüey fue trasladado más tarde. Se puede sostener, de manera concluyente, que en 1533 dicha villa ya había sido trasladada desde su original asiento más al sur y cerca del puerto del río Yuma a su actual emplazamiento.8 Como ocurrió también en Puerto Rico, la migración

6 Boyre Moya, Emile de; La casa de piedra de Ponce de León en Higüey, Clio, Órgano de la Academia Dominicana de la Historia, Año XXXII, enerodiciembre, 1964, Núm. 121, página 40. Alarife 1.m. Arquitecto o maestro de obras. 2.m. albañil, RAE . 7 Julián Amadeo, La conquista del cacicazgo de Higüey y la fundación de Salvaleón de Higüey, Clio, Órgano de la Academia Dominicana de la Historia, Año 80, julio-diciembre de 2011, No. 182 8 Julián Amadeo, La conquista del cacicazgo de Higüey y la fundación de Salvaleón de Higüey, Clio, Órgano de la Academia Dominicana de la Historia, Año 80, Julio-diciembre de 2011, No. 182

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LA CASA EN HIGÜEY Los estudios arqueológicos de la estructura de Higüey comenzaron en la década de 1950, y se alargaron por varios años. Entre 1952 al 1954 en colectas de superficie se rescataron fragmentos de cerámica mayólica.9 Los estudios se llevaron a cabo por el Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas bajo la dirección de ingeniero Emile de Boyre Moya. A diferencia de la casa en Caparra, la de Higüey se había mantenido en pie. La casa es de tipo medieval con muros muy gruesos, ventanas en aspillera y tiene un portal de piedra tallada. Ponce la ubicó cercana a la margen derecha del río Yuma. Adolfo de Hostos, quien dirigió las excavaciones de Caparra entre 1937 y 1938, visitó las obras de

restauración de la casa de Higüey en 1964 y comentó las analogías y diferencias entre ambas casas. ...Podemos afirmar que estas dos ruinas [Higüey y Caparra] son, en varios aspectos, casi idénticas. Ambas obras planeadas y dirigidas por la misma persona en un corto intervalo de tres a cuatro años... Los canteros españoles que el trajo a Caparra, si no fueron los mismos que trabajaron en Higüey, sin duda eran de la misma escuela de oficio... Abundan idénticos detalles estructurales y ambas obedecieron idénticos propósitos, la conquista y colonización de “tierras de indios...” ...En ambas la portada o puerta principal se construyó de sillares, es decir de fuertes bloques de piedra tallados a mano por los canteros y colocadas de acuerdo a un diseño de cierta elegancia, sin duda alguna, sugestivo por la autoridad ejercida por el morador... El marco de la portada, casi intacta de la casa de Higüey... Puede inferirse del examen de los escombros adornados con molduras, que fueron excavados en el sitio

9 Mayólica: Loza común con esmalte metálico, fabricada antiguamente por los árabes y españoles, que la introdujeron en Italia. RAE.

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Casa de piedra, tapiería y cal en Salvaleón del Higüey, 1981. Foto de Aníbal Sepúlveda Rivera.

que ocupaba el portal de la casa de Caparra... ...La casa nuestra [Caparra], de una sola planta, estaba provista de un pretil10 aspillerado; contaba con una espaciosa sala para refugio de moradores y vecinos y particiones para unas diez habitaciones, cuyo número exacto es imposible determinar porque las ruinas fueron derruidas, casi en una tercera parte de su extensión, al atravesarlas la carretera de San Juan a Bayamón... ...El área de la nuestra era cuatro veces mayor que la ocupada por las dos plantas de la casa de Higüey... ...Es de esperarse que las autoridades de Puerto Rico desplieguen la conservación de las casi abandonadas ruinas de la Casa Solariega del Pueblo de Puerto Rico, el celo patriótico con que el Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas ha acometido la tarea de conservar para la posteridad la casa de Higüey.11 De Hostos advierte que, desde 1938 en que se investigaron hasta al menos 1964, las ruinas de la casa de Caparra permanecieron abandonadas.

Ya restaurada, la casa de Higüey fue convertida en museo en 1972 por el gobierno dominicano. En abril y noviembre de ese mismo año, Ricardo Alegría, director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, visitó la obra de restauración. Así, tanto el que dirigió la arqueología en Caparra en 1937, como el que fundó el Museo en Caparra, conocían de primera mano los trabajos en la República Dominicana. La casa de Higüey fue remozada por el Ministerio de Cultura en 2010. Tuve la oportunidad de visitar el lugar en 1981 gracias a una beca de la Universidad de Cornell. De ese año es la foto de la casa restaurada que incluyo. CAPARRA, OTRO CRUCE DE CAMINOS Al parecer ya en 1508 Ponce había logrado lo que quería en Higüey. Tenía su casa, un gran hato de ganado, y estancias agrícolas que producían muchos de los bastimentos que vendía a las expediciones que salían a otras islas del Caribe y Tierra Firme. Había hecho una pequeña fortuna con mano de obra indígena.

10 Pretil: 1.m. Murete o vallado de piedra u otra materia que se pone en los puentes y en otros lugares para preservar de caídas. RAE. An adobe wall continued above the roof to form a low parapet. A parapet is a barrier that is an extension of the wall at the edge of a roof…Parapets were originally used to defend buildings from military attack. Wikipedia. Esta particularidad y sus almenas la hace ser una estructura más alta. 11 Adolfo de Hostos, Antes de que en Caparra Ponce de León construyó en Santo Domingo, El Mundo, 10 de febrero de 1964. Los énfasis son míos.

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Tras negociar con Nicolás de Ovando la exploración de la vecina isla de San Juan, el 12 de agosto de 1508 llegó a Puerto Rico y poco después decidió asentarse al sur de la bahía en el lugar que sería Caparra. Pronto comenzó a construir su casa-fuerte. Aunque se mantuvo yendo y viniendo a La Española, estuvo en Puerto Rico por casi cinco años en el proceso de fundación. En ese tiempo se acrecentaban codicias y rivalidades entre los nuevos conquistadores. El inquieto Ponce fue uno de los que codició más aventuras y triunfos. Puedo apodarle como un Adelantado Errante. Impaciente, partió de Caparra en busca de la legendaria isla de Biminí el 13 de marzo de 1513 y pocos días más tarde, el 27 de marzo de 1513, Domingo de Pascua, avistó lo que hoy es la Florida. Nadie puede negar que el gobernador de Puerto Rico descubrió el territorio de lo que es hoy Estados Unidos de América. El y su gente también descubrieron algo que transformó la historia de la navegación. El experto piloto de la expedición de la Florida, Antonio de Alaminos, detectó y describió en detalle la Corriente del Golfo. A partir de entonces, los barcos se impulsan por esa potente corriente. Desde entonces se hizo más fácil y rápida la travesía de regreso a Europa. También es la ruta más frecuentada por los huracanes, un ejemplo de las dos caras de la geografía. Luego de atravesar esa corriente, la expedición de Ponce recorrió la costa oeste de la Florida y orondos regresaron a Caparra en octubre. Lo que no esperaban fue encontrarse con un desastre. En ese periodo de ausencia, los indios habían incendiado --con razón-- la incipiente Caparra y los vecinos comenzaban a impacientarse. Esto debe haber desalentado a Ponce. El conquistador andarín con sus 54 años decidió embarcarse nuevamente a España en 1514. Quería informar personalmente al rey Fernando y asegurarse de que se le reconociera su descubrimiento en la Florida. En su casa de Caparra se hizo una segunda fundición de oro que Ponce llevaría como carta de presentación para gestionar nuevos acuerdos. El rey Fernando (la reina Isabel había muerto en 1504) lo nombró regidor perpetuo del cabildo de Caparra. Para mayor beneficio, le dotó una escribanía, y eso de certificar papeles dejaba y aún deja dinero. De regreso a Caparra, nuestro personaje no permaneció mucho tiempo en el asentamiento. Nuevamente se embarcó para España a finales de 1516 y permaneció allí hasta 1518. Era un periodo convulso en el gobierno de España. Con el comienzo del reinado de Carlos V, la geopolítica se hacía más compleja y Ponce tampoco era un mozo. Aún no había encontrado la mítica fuente de la juventud.

Mientras tanto, al otro lado del Mar Océano un mundo desconocido y desprovisto de fronteras esperaba por ser descubierto. Glorias y riquezas le aguardaban a aquellos que llegaran primero. Ponce lo había logrado en la Florida, pero no pudo afincarse en ella para reclamar su parte en el festín. Había otros que comenzaban a adelantársele. Diego Velázquez, gobernador de Cuba, y Francisco de Garay, gobernador de Jamaica, comenzaban a disputarle protagonismo. No obstante, Hernán Cortés le birló las tierras a ambos. Al cabo de dos años Ponce regresó a Caparra. Había enviudado y tenía que casar a sus tres hijas. Su hijo varón estudiaba con los religiosos dominicos en La Española y se consagraría sacerdote en 1527. El impaciente Ponce se hacía mayor y volvió a embarcarse en 1521 con 61 años en su último viaje. Llegó a la Florida para asegurarse que no le arrebataran su descubrimiento. Fue herido por indios. Murió poco después en la Isla Fernandina (Cuba), sin retornar a su casa de Caparra. ¿CÓMO ERA LA CASA DE CAPARRA QUE DEJÓ ATRÁS Y A LA QUE NUNCA VOLVIÓ? Como alma en pena, Caparra y, en particular, la casa que Juan Ponce de León dejó atrás, permanecieron en algún recoveco de la memoria del país. Para 1884, el ingeniero militar Rafael Aguirre Cavieses levantó un plano en el que se muestra el sitio donde se estimaba que estuvieran las ruinas. Provistos de ese plano, los directores de todos los periódicos de la isla (excepto La Democracia) hicieron una romería al lugar en ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América en 1892. Allí no encontraron nada pero constituyeron la Asociación de la Prensa Puertorriqueña. Además, festejaron a gusto según reseñan diversas crónicas. Al cumplirse los 400 años de la fundación de Caparra en 1908 se hizo otra ceremonia en el mismo lugar. Realmente no estaban seguros de estar en el sitio exacto. Nueve años después, el lugar fue cercenado para que pasara la carretera militar número 2. Dos décadas más tarde y gobernando en Puerto Rico el célebre Blanton Winhip, salió a relucir de nuevo el plano de Aguirre Cavieses. Esta vez hubo resultados. El sub-comisionado de Agricultura y Comercio, Agustín Rivero Chávez, buscaba afanosamente lugares que atrajeran el turismo a Puerto Rico, un proyecto estimulado por Winship. Utilizando el viejo plano de 1884, visitó una finca cercana para ver si encontraba la desvanecida Caparra. Luego de andar y desandar el lugar, entre alambres de púas, al funcionario le pareció encontrar un pedazo de lo que antiguamente se utilizaba SHPO

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Parte del posible ajimez y dibujo de ventana polilobulada. Dibujo cortesía de Osiris Delgado.

Con relación a los magníficos azulejos, nos dice: No hay marcas de artesano ni de gremio que los fabricó. No pasan de 40 a 45 ejemplares completos. No sé cuantos se llevaron en las excavaciones anteriores. (16 son del tipo A y 7 del tipo B). Otro tipo C aparece solo un fragmento en una enjuta13 de un vano... (ver página 143). En Caparra el uso de azulejos fue muy parco. En una pequeña área de unos 20 pies de ancho por 14 de largo. Puerta principal de la casa... Tipo A es de origen morisco14 y de probable factura mudéjar.15 (ver página 339). Tipo B Se aparta de las influencias moriscas para ceder completamente a las del Renacimiento, dentro de la modalidad plateresca... (ver página 340).

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Periódico El Mundo, 22 de enero de 1936. UPR.

para construir. Sin saberlo, don Agustín estaba justamente en el montículo donde estuvo la casa de Ponce. En poco tiempo se organizó un comité para encauzar las excavaciones. Entre sus miembros más relevantes estaban el historiador Rafael W. Ramírez, el arquitecto Rafael del Valle Zeno y Adolfo de Hostos, ingeniero e historiador. Este último sería designado presidente del proyecto en 1937, en una reunión celebrada en la casa del malogrado arquitecto Pedro de Castro (muerto el año anterior) y cuyo nombre era Villa Caparra. En su informe oficial publicado en 1938 (reeditado en 2011), Adolfo de Hostos señala que en el inicio del proceso, todavía sin tener un plan coordinado de actuación, se hizo lo que hoy se llamaría una excavación exploratoria. Aparecieron infinidad de clavos antiguos, profusión de azulejos, piedras talladas, herraduras, objetos de cerámica.

ARQUEOLOGÍA DE CAPARRA Tres asuntos sobre Caparra siempre me han cautivado: ¿Cuál era el altor de siete tapias... con el pretil y almenas que describió el propio Ponce? ¿Cuáles eran algunos de los lujos en Caparra?, y ¿Qué objetos cotidianos se han recobrado? ¿Qué nos dice de Hostos sobre lo desenterrado? [En la] puerta principal se encontraron azulejos y piezas de piedra labrada con aros de ciertas curvas características de la arquitectura mudéjar que indicaban fuertemente la posibilidad de que dichas piedras habían pertenecido al dintel de un ajimez.12 El hecho de que en la casa de Caparra hubiese un ajimez dice mucho más que solo nombrarlo, significa una distinción de refinación y autoridad.

12 Adolfo de Hostos; Investigaciones históricas, Comité de Acción de las Investigaciones de Caparra, San Juan: 1938, (Edición Oficina Estatal de Conservación Histórica: 2011), página 93. m. Ajimez: Ventana arqueada, dividida en el centro por una columna.

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En la hilera superior los azulejos moriscos, en la inferior, azulejos de tipo renacentista. Cortesía de Osiris Delgado.

Lamentablemente, no siendo un arqueólogo de profesión, Adolfo de Hostos tampoco hizo fotos ni dibujos a escala como se hace en todas las investigaciones arqueológicas. Los dibujos que disponemos se los debemos el arquitecto Rafael del Valle Zeno y al pintor Osiris Delgado. AZULEJOS Los azulejos utilizados en la casa de Caparra fueron de cuenca o arista. Se trata de una técnica decorativa en la alfarería y la cerámica. Consiste en utilizar un molde hecho de madera o hierro sobre la loseta de barro blanda. Ese molde deja impreso en el barro blando relieves (cuencas) que forman el motivo decorativo. Así se facilitaba el proceso de aplicar los colores deseados (vidriados) sin que los tintes se derramaran y se mezclasen. Esta técnica allanaba la reproducción de

Azulejos de arista idénticos a los de Caparra en el Museo del Alcázar de Sevilla, siglo 16. Wikipedia. Caparra, foto de Aníbal Sepúlveda.

patrones más eficazmente. La técnica se desarrolló a finales del siglo 15 y comienzos del siglo 16.13

13 Existen numerosos trabajos que describen esta técnica: Ver: José Gestoso Pérez; Historia de los barros sevillanos, Ed. Tipología la Andalucía Moderna, Sevilla: 1903. Josep Pérez Camps; Sobre la manera de fabricar la azulejería en Manises durante los siglos XIV al XVI, Museu de Ceràmica de Manises, Valencia, sin fecha, página 88. http://www.ceramologia.org/gestion/archivos/114comun.pdf https://www.glosarioarquitectonico.com/glossary/cuenca-y-arista/

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Azulejos tipo morisco y tipo renacentista, informe de Rafael del Valle Zeno, Colección de Haydee Reichard.

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Sillería con azulejos incorporados en Caparra. Azulejos de tipo renacentista. Cortesía Osiris Delgado.

¿Quién sería el cantero que talló la piedra e incorporó los azulejos en la casa de Caparra? Adolfo de Hostos es concluyente: Es de notarse la mano experta de un tallador de oficio Miguel de Aguilar, cantero, vecino de esta ciudad [Caparra] de cuyo testimonio se desprende que ya residía allí al ocurrir la sublevación de los indios en 1511... ...Así como creemos que la obra de azulejería y las tallas de piedra pertenecen al periodo de 1511-1512, existe una bien fundada probabilidad de que algunos de sus vestigios sean obra del cantero Miguel de Aguilar.14 Otro dato sobre este cantero lo ofrece las cuentas de la real hacienda: el 4 de junio de 1516 se pagaron

28 pesos a Miguel de Aguilar y a Juan de la Feria por una ventana que se abrió de la casa de piedra, donde Su Alteza mandó a que estén los libros. Dos meses más tarde se pagaron cuatro pesos al carpintero Francisco Toro por un bastimento que se hizo para la casa de piedra.15 PRODUCCIÓN SEVILLANA DE LOS AZULEJOS DE CAPARRA En 1936 Antonio Alonso, quien fabricó azulejos para muchos arquitectos puertorriqueños en las primeras décadas del siglo XX,16 sugirió que los azulejos de Caparra eran obra del taller de Fernán Martínez Guijarro, azulejero de renombre, posiblemente el mejor de su época.17

14 de Hostos, Adolfo; Investigaciones históricas, Comité de Acción de las Investigaciones de Caparra, San Juan: 1938, (Edición Oficina Estatal de Conservación Histórica: 2011), página 153. 15 Aurelio Tanodi; Documentos de la real hacienda de Puerto Rico, Volumen 1 (1510-1519), Ed. UPR, Río Piedras 1971, Página 58. 16 Antonio Alonso, Puerto Rico Ilustrado, Año XVIII, Núm. 1395, 5 de diciembre de 1936. UPR, Río Piedras. Está publicado en el Apéndice de la edición de 2011 por la Oficina Estatal de Conservación Histórica. 17 José Gestoso Pérez; Historia de los barros vidriados sevillanos, Ed. Andalucía Moderna, Sevilla: 1903. Este libro se puede consultar en Internet y ofrece interesantes detalles de la vida de este artista de finales del siglo 15 y comienzos del siglo 16. Ver páginas: 147-182. https://archive.org/details/AGuichot0473

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Sección de uno de los azulejos moriscos, dibujo de Rafael del Valle Zeno, Colección de Haydée Reichard.

Por su parte, el ingeniero y arquitecto Rafael del Valle Zeno, que era parte del comité de las obras, dedicó esfuerzo a documentar los azulejos de Caparra.18 Los fotografió profesionalmente y los midió incluyendo un perfil de los mismos. Concluyó con la contundente frase: Esta casa acusa mano maestra en muchos detalles y así queda plenamente justificada la presencia allí del azulejo que nos ocupa.

A finales del siglo 15 y comienzos del siglo 16, los alfares (talleres donde se fabrican objetos de barro cocido) del barrio sevillano de Triana gozaban de prestigio por la calidad de sus piezas, principalmente de cuerda seca y de arista con motivos geométricos de clara inspiración mudéjar. Gracias a la herencia musulmana, Sevilla era una ciudad vanguardista en la producción cerámica.

18 Rafael del Valle Zeno, 31 de diciembre de 1937, AGPR Oficina del Gobernador, Tarea 96-20 Caja 265. Está publicado en el Apéndice de la edición de 2011 por la Oficina Estatal de Conservación Histórica.

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Azulejos de artista en la catedral de Coimbra, 1503, cortesía de Alonso García García. Azulejo de Caparra. Foto de Aníbal Sepúlveda.

Puerto Rico Ilustrado, 22 de enero de 1938, UPR. Río Piedras

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Alfonso García García, en su ensayo Azulejos sevillanos de los siglos XV y XVI en Portugal19 nos ofrece un tesoro de información que vincula a Caparra con lugares renombrados como la catedral de Coimbra en Portugal. ¡Algunos de los azulejos de Coimbra son idénticos a los encontrados en Caparra! Como esos azulejos eran costosos se utilizaron con moderación en Caparra. Pero no deja de ser significativo vincular el taller que los produjo, los nombres de los artistas y el comienzo de su mercado en las Américas. Caparra comenzaba a formar parte de un circuito transatlántico a comienzos del siglo 16. LO COTIDIANO DESENTERRADO Adolfo de Hostos catalogó en 1938 varios tipos de cerámica doméstica que se encontraron en Caparra. Recordemos que la casa fue desalojada y que poco después de la mudanza a la isleta, fue prácticamente desvalijada de todo objeto de valor, sobre todo de materiales de construcción que eran valiosos en la isleta. No obstante el desvalijamiento, debieron quedar algunas piezas de cerámica que nos dan información de la vida cotidiana de sus residentes. TIPOS DE CERÁMICA De acuerdo a la pauta señalada por Gestoso Pérez en su libro de 1903, Adolfo de Hostos describe los restos de cerámica doméstica encontrados en Caparra: En general la cerámica es de tipo puramente utilitaria, libre casi por completo de toda evidencia de preocupaciones estéticas.20 19 http://www.retabloceramico.net/articulo0307.htm

Los divide en categorías generales: vasos de mesa, botes de farmacia, dos lebrillos, un bacín, jarros aceiteros o vinateros, dos tipos de atanores (desagües de barro y tuberías machihembradas), vasos, y desde luego las tejas. De todos los utensilios de cerámica encontrados, me quedo con los fragmentos de dos lebrillos. Son de mis piezas favoritas de la cerámica utilitaria y colecciono dos de ellos. Definido este artefacto [lebrillo] sería una vasija de barro vidriado, de ocho a catorce pulgadas de altura, de forma redonda, con la boca de más o menos dos pies de diámetro, bastante más ancha que la base... ...Estos objetos se les menciona en documentos del siglo 16: Había en Triana alfareros que se dedicaban expresamente a su manufactura y se les llamaba “lebrileros”... ...Dos ejemplares han aparecido en Caparra, ambos rotos, pero reconstruibles. Ambos están vidriados en verde tinta característicos de la época.21 Los lebrillos en Caparra fueron focos de vida y cultura que giraba en torno al agua. El lavado de la ropa era una labor predominantemente femenina y se hacía en los lebrillos. Casi siempre se agrupaban las lavanderas a hacer esta labor en colectivo. Eran ocasiones de comentar preocupaciones personales y del pueblo. Imagino a las mujeres comentando y opinando sobre el traslado de la ciudad a la isleta.

20 de Hostos, Adolfo; Investigaciones históricas, Comité de Acción de las Investigaciones de Caparra, San Juan: 1938, (Edición Oficina Estatal de Conservación Histórica: 2011), página 164. 21 de Hostos, Adolfo; Investigaciones históricas, Comité de Acción de las Investigaciones de Caparra, San Juan: 1938, (Edición Oficina Estatal de Conservación Histórica: 2011), página 171.

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A la izquierda bacín de barro vidriado con dos asas (una perdida) que se usaba para evacuar. A la derecha bacín de barro esmaltado por dentro en el Museo de Menorca, Baleares. Gobierno de España, Ministerio de Cultura y Deportes, Foto de C&C fotógrafos. http://ceres.mcu.es/pages/ Main?inventary=52918&museum=38. Ese bacín es prácticamente igual al de 5 siglos atrás. De alto tiene 23.5 cm. De lado 14.5 y su diámetro es de 24 CM.

No se si ellas estarían de acuerdo, puesto que en la isleta no había agua fácilmente disponible y eran ellas las que habrían de acarrearla hasta sus hogares. Sin embargo, en las vistas públicas hechas en 1519 sobre el traslado, las mujeres no tuvieron voz en el asunto. A las mujeres les tocaba también preparar el jabón que se hacía, como hasta hoy, con grasa (de cerdo) y sosa o soda cáustica. Pocos libros de historia tratan el trabajo

de las mujeres en esos tiempos fundacionales. Al menos en algunos sectores de Andalucía había uno o dos lebrillos en cada casa hasta la primera mitad del siglo 20. Eran utensilios multiuso. Uno de los usos, que no menciona Adolfo de Hostos, y que estoy seguro que en Caparra lo tuvo, era durante el tiempo de la matanza. Cuando se sacrificaba un cerdo, tener un lebrillo a mano era indispensable. En el lebrillo se recoge SHPO

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Mis lebrillos del siglo 20. Colección y fotos de Aníbal Sepúlveda.

Esta es una foto extraordinaria. Aparecen los segmentos de dos lebrillos coloreados por mi. Pero también las piedras labradas de la puerta y las medias lunas que ornamentaban las almenas de la casa. Puerto Rico Ilustrado, 22 de enero de 1938, UPR.

la sangre y se esparcen las vísceras, el tocino y la grasa del animal. ¡Imagino las primeras morcillas hechas en Puerto Rico! Y se sabe que en Caparra había cerdos.22 Añado la única foto que he encontrado de nuestros lebrillos de Caparra. Le puse el color verde a la foto como los describe de Hostos. TAPIAS Y ALMENAS ¿Qué alto tendría la casa en Caparra? Como ya había hecho en Higüey, Ponce le informó a Ovando la construcción de la casa en Caparra: ...hice una casa mediana, con su terrado e pretil y almenas, y su barrera delante de la puerta y toda encalada de dentro y de fuera, y de altor de siete tapias en alto con el pretil y almenas.23

Para estimar el alto de la cada siguiendo la descripción de Ponce hay que tomar en cuenta varios asuntos principales: el alto de las tapias y el de las almenas. ALMENAS Sabemos por el propio Ponce que la casa estaba dotada de almenas. Este atributo de fortaleza le daba especial presencia. ¿Cómo eran esas almenas? Gracias al estudio detallado del arquitecto del Valle Zeno sabemos el alto y ancho de las almenas (26.5 x 12 o 67 x 30cm). Además, adosadas a muro, las almenas estaban decoradas con piedras talladas en forma de media luna. Este detalle demuestra un esmerado tratamiento no solo defensivo sino estético de la casa.24

22 Justo L. del Río Moreno; El Cerdo. Historia de un elemento esencial de la cultura castellana en la conquista y colonización de América (siglo XVI), Ed. Estudios Americanos, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Universidad de Cádiz, 1996. 23 Aída Caro Costas; Antología de lecturas de historia de Puerto Rico, (siglos XV-XVIII), Ed. UPR, Río Piedras: 1972, página 77. 24 La ilustración de las almenas con sus adornos lo descubrió Zeno. Yo lo encontré por Internet. Se trata del castillo de Alba de Tormes, segmento de una litografía digitalizada por la Junta de Castilla y León. Autor: Alphonse Bichebois, Secundarios: Genaro Pérez Villaamill y Adolphe Jean Baptiste Bayoy.

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TAPIAS Sobre las tapias, Adolfo de Hostos nos dice, pero sin evidenciarlo: Nuestras tapias [son] de 3 pies 1 pulgada [0.94 metros] en los muros exteriores y de 2 pies 3 pulgadas en los de partición descansan directamente y sin enlace mecánico alguno entre ambas estructuras, sobre un cimiento o zócalo de dureza muy superior a la de la tapia y de mayor espesor que esta... No entiendo si don Adolfo está describiendo el largo o el alto de las tapias. Añade que ...todos los muros están protegidos, en ambas caras, por una capa de cal de un cuarto de pulgada, más o menos, de espesor... Utilizando ese comentario, y asumiendo que habla del alto, la aritmética nos dice que la casa tendría 21 pies con 7 pulgadas (6.6 metros) de alto incluyendo el pretil y las almenas. De Hostos no muestra en ningún lugar, un dibujo o fotos de esa altura. La única foto donde pudo aparecer la altura de la tapia es la que apareció en Puerto Rico Ilustrado. En la revista tampoco se incluye una forma que nos de la escala. Con cinco siglos de diferencia y sin tener a ciencia cierta la medida del alto,25 me pareció que sería muy alta la estructura. Me he pasado años midiendo tapias y sé que es una técnica ancestral. Las dimensiones de altura de las tapias han cambiado relativamente poco, tanto en la cuenca mediterránea, como en América.

¿QUÉ ALTOR TENÍA LA CASA DE CAPARRA? Si la altura que nos provee de forma indirecta de Hostos la comparamos con la casa de Higüey, parece razonable que la casa de Caparra tuviese 6.6 metros de alto. No obstante, para terminar con este asunto, recurro a una edificación que le fue contemporánea. Se trata de la medida de altura de una tapia en el ábside de la iglesia de San José. Esas tapias se construyeron en un horizonte de tiempo corto.26 La medida que ofrecen los arqueólogos para la sección en mampostería (sin el verdugado de ladrillos acostados) en el caso de San José es de 83 cm. Esa medida corresponde más con todas las referencias que he consultado y medido en Andalucía. En otras palabras, propongo que la casa de Caparra tendría 5.81 metros de alto, incluyendo el terrado, el pretil y las almenas. Estas últimas medían casi un metro de alto. CONCLUSIÓN A Ponce de León asentarse no se le daba bien. Quizás sus ambiciones no le dejaron echar raíces en ningún sitio. A Caparra sólo regresaba luego de sus viajes; era su único asidero en el Nuevo Mundo. Nunca quiso mudarse a la isleta y menos con 61 años cumplidos. De la isleta, a donde se mudaría la ciudad a pesar suyo, había aceptado en 1512 que se trajera piedra para hacer su casa. Juan de la Feria, vecino de Caparra

25 Se que hay multitud de tipos de tapias usadas en diferentes épocas y latitudes. Ver Amparo Graciani García y Miguel A. Tabales Rodríguez; El tapial en el área sevillana. Avance cronotípico estructural, en Arqueología de la Arquitectura enero–diciembre, Madrid: 2008. 26 Jorge A. Rodríguez López y Juan M. Rivera Gronnou, Iglesia San José, San Juan, Puerto Rico: perspectiva arqueológica a cinco siglos de su historia constructiva, en Arqueología de la Arquitectura, 18: e114, Madrid / Vitoria. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2021.007

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A la izquierda el volumen de una almena, a la derecha una imagen de cómo habrían lucido, debajo una de las muchas medias lunas que aparecieron en las excavaciones. Dibujos de Rafael del Valle Zeno. Colección Haydée Reichard.27

declaró: puede hacer siete años, poco más o menos, [1512] que este testigo fue a la dicha Isleta a hacer sacar piedra para hacer la casa de Juan Ponce de León.27 Los supuestos restos de Juan Ponce de León se trajeron a San Juan entre el 1521 y 1560. Pasaron tres siglos enterrados en el convento Dominico. El 21 de marzo de 1863, los huesos fueron examinados y verificados por tres doctores.28 Fueron entonces depositados en una caja de plomo sellada en la cripta de la iglesia de San José. No fue su destino final. Los restos fueron trasladados solemnemente a la Catedral de San Juan el 1 de marzo de 1913.

Ya en 1881 el municipio de San Juan había encargado hacerle un monumento al Adelantado. Como era de esperarse, el presupuesto era exiguo y la prensa, desinformada, lo catalogó como un mamarracho.29 Para la fundición de la estatua, se utilizaron dos cañones de bronce arrebatados a los ingleses en 1797, todo un acto simbólico. La mandaron a fundir en Nueva York. La compañía escogió al artista y el modelo. El arquitecto municipal Pedro Cobreros diseñó el pedestal. Cuando lo develaron pusieron el monumento en la plaza de Santiago, frente a la puerta principal de la ciudad. Con su mano estirada, Ponce parece apuntar

27 España; Colección de documentos inéditos, Volumen I, Número 36, página 515. 28 Creen poder deducir Primero: que el tiempo de enterramiento que representan dichos restos aparecen representar bien en relación con la época en que por la época en que en la historia consta el del Adelantado D. Juan Ponce de León. Segundo: Por el completo desarrollo y dimensiones de los huesos existentes, soldadura última de las ruturas de la bóveda craneana, desaparición total de las epífisis y aspecto de las muelas y dientes, opinan que dichos restos pertenecieron a un adulto. Tercero: A falta de otros datos más precisos en que este dictamen pudieron apoyarse para fijar el último punto, los que suministra la longitud y configuración de los huesos largos, consistencia y espesor de los del cráneo y dimensiones relativas de los trozos que existen de la pelvis, según conjuntamente, están todos a favor de haber pertenecido dichos restos a un individuo del sexo masculino... Acta de la exhumación de los restos del conquistador y primer gobernador que fue de la isla de Puerto Rico, Juan Ponce de León [Manuscrito] Biblioteca Digital Hispánica, Mss/20206. Madrid.http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000239429&page=1 29 Jorge A. Rodríguez López y Juan M. Rivera Gronnou, Iglesia San José, San Juan, Puerto Rico: perspectiva arqueológica a cinco siglos

de su historia constructiva, en Arqueología de la Arquitectura, 18: e114, Madrid / Vitoria. https://doi.org/10.3989/arq.arqt.2021.007.

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Puerto Rico Ilustrado, 22 de enero de 1938. UPR.

Tapias en Andalucía: Antiguo tapial para una cuadra de cabras. Tapias musulmanas del castillo de Bentomiz en la provincia de Málaga, siglo 11. En el empalme entre tapias se colocaba una capa de cal para endurecer al unión y a la vez impermeabilizarlas. En ambos casos, con muchos siglos de diferencia, la altura es de aproximadamente 80 cm.

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Documentos relativos al monumento a Ponde de León. Factura y diseño del pedestal. Colección Haydee Reichard.

Puerto Rico Ilustrado, 1886/ Plaza San José 1902 /Una imagen de cartón de Ponce durante el carnaval, Puerto Rico Ilustrado, 1938.

Traslado de los restos de Ponce a la Catedral, Puerto Rico Ilustrado, 1 marzo, 1913. UPR

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a la salida. Luego, cuando decidieron poner a Cristóbal Colón allí, trasladaron a Ponce a la plazuela de San José, donde permanece. En 1938, luego de que se excavó su

casa en Caparra, Ponce se puso de moda y el gobernador Blanton Winship reinventó las fiestas de Carnaval como carnaval Ponce de León, a modo de atracción turística. n SHPO

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Ajuares coloniales: Indicadores de cotidianidad en Puerto Rico en la década de 1510 Paola A. Schiappacasse INTRODUCCIÓN Mediante la conjunción de múltiples líneas de información nos aproximamos a lo que fue la vida cotidiana en los poblados españoles de la década de 1510, específicamente a través de los objetos que entraron a los puertos, cómo algunos de estos artefactos posiblemente fueron trasladados luego a la isleta de San Juan y tal vez pasaron a formar parte del registro arqueológico. La obra Documentos de la Real Hacienda de Puerto Rico Volumen I 1510-1519 compilada por Aurelio Tanodi (2010) nos sirve de fuente documental y facilita estudiar el periodo del colonialismo español desde una perspectiva transdisciplinaria. Sin lugar a dudas, la riqueza documental transcrita en este libro nos acerca a una variedad de temáticas para una mejor comprensión de los aspectos coloniales y de la década de 1510 en las villas de Caparra y San Germán. Para efectos de esta investigación nos concentramos en la Relación de Navíos de 1512 y 1513 que contiene datos de sesenta y siete (67) navíos que arribaron a los puertos de San Juan y de San Germán. La “Relación de mercaderías” es la información más rica contenida en este volumen. El alcance de los datos registrados incluye un desglose de las mercancías que entraron a través de los puertos, los derechos pagados, las cantidades de las mercancías y el nombre de la persona que efectuó su ingreso a la Isla. Es menester señalar que la mayor parte de la mercadería registrada en los puertos de arribo correspondió a sectores de la población popular y a un número limitado de personas consideradas de élite. Aquí se distingue el caso del Obispo Alonso Manso quien llegó a San Juan el 25 de diciembre de 1512 con un séquito de aproximadamente 17 personas entre

los que se destacan un mayordomo, un capellán, dos bachilleres, un maestresala, un paje y un carpintero. Las cosas del Obispo y sus acompañantes incluyeron útiles domésticos, piezas de vestimenta, objetos religiosos, artefactos relacionados a actividades de entretenimiento y ocio transportados en seis serones, cuatro arcas, diez líos, dos cajas, dos cofres, un maletón y un hachero (Tanodi 2010:158-164). Este trabajo identifica qué tipo de evidencia material puede haber sobrevivido de la mercancía que entró a Puerto Rico durante el periodo de 1512 y 1513 utilizando como base las características de la materia prima. Además, la evidencia física ligada a la cronología revela la longevidad de los artefactos importados, por ejemplo, aquellos que tuvieron que reemplazarse con opciones locales por su inefectividad. Para lograr esto se propone que la mercancía fabricada con materiales no perecederos tiene mejor posibilidad de haberse conservado en el registro arqueológico. Para realizar este estudio se diseñó una metodología con tres fases. La primera consistió en la consulta de trabajos arqueológicos en los sitios del siglo XVI temprano –específicamente La Isabela (República Dominicana), Puerto Real (Haití) y Caparra (Puerto Rico)– para establecer qué tipos de artefactos han sido recuperados. Segundo, se tabuló la información presentada en las relaciones de los sesenta y siete (67) navíos transcrita por Tanodi (2010).1 Por último, se desglosó la mercancía registrada en los documentos por tipo de actividad. Entendemos que la información documental está fragmentada e incompleta pero el ejercicio de delinear aspectos de los modos de vida de los primeros

1 Se reconoce y agradece la ayuda voluntaria prestada por los asistentes de investigación Julissa Collazo López y Randy X. Sanjurjo en la entrada a la base de datos creada para este proyecto.

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pobladores tiene validez al considerar dos fuentes distintas de información. Este análisis sirve como un indicador del tipo de evidencia material que se puede encontrar en excavaciones arqueológicas basado en la variedad de artículos disponibles e importados en esa época2. EVIDENCIA ARQUEOLÓGICA En su escrito Arqueología histórica en sitios del siglo XVI en el Caribe (2008), la arqueóloga cubana Lourdes Domínguez señala que “Para la Arqueología Histórica es un reto la búsqueda de los residuarios más tempranos relacionados con el primer y segundo viaje de Colón”. También identifica otras problemáticas al apuntar que “En América y en especial en el Caribe, hay un buen número de pesquisas arqueológicas realizadas, pero considero que han sido inconexas, no han tenido una línea de conducción lógica, son estudios por separado, solo conocemos con seguimiento consecuente, a partir del derrotero colombino en el Caribe, lo ejecutado por la Profesora Deagan en Haití, Santo Domingo y la Florida” (Domínguez 2008). Coincidimos con Domínguez en cuanto a la necesidad de conectar la información arqueológica disponible de sitios como La Isabela (1493-1498), Concepción de la Vega (14951562), Santo Domingo (a partir de 1498), Puerto Real (1503-1578), Caparra, Puerto Rico (1509-1521), La Habana (a partir de 1514), Sevilla La Nueva (15021535) y Nueva Cádiz (1515-1541), entre otros. La riqueza de la información arqueológica resultado de las excavaciones completadas en La Isabela, Puerto Real y Caparra debe ser reanalizada y puesta en perspectiva histórica haciendo uso de la documentación existente. Es primordial para cualquier estudio de los asentamientos tempranos el comparar y contrastar la mercancía que salió de España con lo que se ha recuperado en los sitios arqueológicos (tanto terrestres como subacuáticos). La mercancía listada provee un punto de comienzo para establecer los procesos cognitivos relacionados a las actividades de conquista y colonización más allá de las herramientas asociadas a la explotación minera y/u oficios, incluyendo una multiplicidad de dinámicas cotidianas en contextos domésticos, políticos, sociales, religiosos, entre otros. ¿Qué tipos de objetos eran favorecidos o considerados de importancia para ser traídos al Nuevo Mundo? Al momento de contemplar un viaje a América, ¿qué artículos eran considerados impor-

tantes? Analicemos brevemente cuáles pueden haber sido los racionales tras la mercancía que traía cada pasajero: 1) artículos portados para uso personal, entiéndase lo que un pasajero necesitaría durante su estancia en el asentamiento; 2) mercancía que había sido encargada, por una persona que ya estaba radicada en un asentamiento; 3) mercancía que se utilizaría en actividades económicas o relacionadas a profesiones u oficios y, 4) mercancía que sería vendida en los asentamientos. Tradicionalmente en la arqueología se utiliza la evidencia material para trazar aspectos relacionados al estatus social, creencias religiosas, alimentación y dieta, edad y género, etnicidad, modos de subsistencia y de producción, y cronología. En el caso de los asentamientos tempranos del siglo XVI, la evidencia material puede ser utilizada también para recrear las estrategias de colonización por medio de los artículos que se percibían como necesarios en los hogares de estos emigrantes. Estas características, delineadas a partir de la cotidianidad de los hogares españoles en la Península Ibérica de finales del siglo XV principios del XVI, se pueden usar para diseñar una rúbrica de análisis. Las diversas dinámicas y objetivos de los viajes también deben ser considerados al igual que incorporar información contenida en los inventarios de barcos que naufragaron y cuyas mercancías yacen en los fondos marinos como cápsulas de tiempo (Marken 1994). LA ISABELA, NORTE DE REPÚBLICA DOMINICANA (1493-1498) Cuando Cristóbal Colón regresó a las Américas en el segundo viaje descubrió el fatídico desenlace del fuerte La Navidad y se vio en la necesidad de buscar un mejor sitio para establecer el poblado que albergaría a las 1200-1500 personas que le acompañaban. Tras navegar por la costa norte de La Española (actualmente ocupada por Haití y la República Dominicana) llegaron al lugar donde fundaron La Isabela. La corta duración del asentamiento está atribuida a los múltiples problemas que confrontaron los colonos: falta de alimentos, enfermedades, disputas por el poder, preocupaciones de ser atacados por los pobladores locales, lo cual se puede traducir a una insatisfacción generalizada en cuanto a la manera en que se vislumbraba la vida en el Nuevo Mundo. Kathleen Deagan y José María Cruxent, en su libro Columbus’s outpost among the Tainos: Spain and America at

2 Una metodología similar fue utilizada por el arqueólogo Agamemnon G. Pantel en el faro Las Cabezas de San Juan al contrastar los listados de artículos provistos a los fareros durante el periodo español con la evidencia arqueológica recuperada (Com. personal, 2021).

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Ejemplos de formas comunmente encontradas en sitios españoles en las Américas (tomado de Deagan 1987:27).

La Isabela, 1493-1498, presentan un recuento de los trabajos realizados en La Isabela desde la década de 1890 hasta el siglo XX (2002) y detalles sobre el proyecto que dirigieron entre 1988 y 1994. Lograron establecer diez zonas de actividad humana y recuperaron cerca de un millón de artefactos (2002:108). 44 | OECH

La rica evidencia artefactual les permitió reconstruir aspectos relacionados a actividades cotidianas como, por ejemplo, la preparación, consumo y almacenamiento de alimentos. Se identificaron las típicas formas de ollas, cazuelas, pucheros, escudillas, boles, platos, picheles (jarras con esmalte de estaño), y atahonas

de mano entre los ajuares cerámicos3; y destacan que por lo menos el 70% de estos fueron producidos localmente en el sitio Las Coles, por lo que el resto debió consistir en una variedad de mayólicas (loza común con esmalte de plomo opacificado con estaño [Myers et al 1992]) importadas posiblemente para la élite. Este señalamiento es sumamente importante ya que representa la primera evidencia de producción alfarera de tradición europea trasplantada a las Américas y la reproducción de las formas comúnmente encontradas para finales del siglo XV en la Península Ibérica y el norte de África (Lister y Lister 1987). La continuidad de formas es un factor importante que evidencia la intención de los colonos de mantener sus tradiciones culinarias a pesar de que es muy posible que hayan tenido que adaptarlas a los productos que estaban disponibles en La Isabela (Figura 1). Por otra parte, la presencia de contenedores como los picheles, cántaros, cantimploras y pipas de vino son clara evidencia del almacenamiento de líquidos. Artefactos de metal como tenedores, cucharas y fragmentos de vidrio asociados a formas de tazas y vasos señalan la preocupación por mantener las tradiciones y etiqueta de mesa de la época y se pueden correlacionar a las mercancías enviadas desde España. El mobiliario aparenta haber seguido la moda de la época; mesas, sillas, bancos, baúles, camas o sacos de dormir, al igual que elementos autóctonos como las hamacas que hubiesen estado presente en las viviendas tanto de élite como de no-élite. La presencia de algunos de estos ejemplos de mobiliario se infiere por medio de fragmentos de tachuelas y clavos recuperados. El alumbrado de los espacios se logró con el uso de velas y la quema de aceite en lámparas de tradición árabe (Deagan y Cruxent 2002:147). También se descubrió evidencia que señala la preocupación por la higiene personal en artefactos que corresponden a lebrillos (recipientes abiertos de base plana y paredes evertidas) y bacines (contenedor cilíndrico usado mayormente como orinal), además de los pedidos de Colón a la Corona para que enviasen jabón. En cuanto a la salud de los colonos, se encontraron fragmentos de albarelos (frascos en cerámica utilizados para almacenar medicamentos) y viales de vidrio, ambos importados y seguramente bajo la responsabilidad de boticarios que residían en el poblado. Por último, mencionamos la escasa evidencia asociada a la vestimenta y adornos personales. En

los documentos se lista el envío de tela, zapatos y alpargatas, pero debido al carácter perecedero de los materiales usados para su confección, la evidencia artefactual se limita a los alfileres, cierres, ganchos, hebillas, ojales y puntas de encaje, todos elaborados en metal; no se recuperaron botones ni dedales (2002:154-155). El uso de joyería, común en la Península Ibérica, también se replicó en La Isabela ya que se encontraron anillos, cuentas y fragmentos de brazaletes de vidrio y pendientes o alambres de orejas. La presencia de libros está confirmada por los herrajes de metal e incrustaciones ornamentales, y algunos artefactos relacionados a juegos de mesa representan las actividades lúdicas. El listado de suministros solicitados en 1494 y reproducido por Deagan y Cruxent (2002:137), presenta la clara diferenciación entre lo que era para la “gente” y lo que se necesitaba para la casa de Cristóbal Colón. Manteles, cubiertos de peltre, tazas de plata y candelabros, refuerzan el postulado de las diferencias sociales que se pudieron reflejar en los alimentos preparados y servidos en la casa del Almirante y a sus invitados. PUERTO REAL, NORTE DE HAITÍ (1503-1578) El sitio se fundó en 1503 en lo que actualmente se conoce como En Bas Salines como una colonia minera, con una economía basada en el repartimiento y las encomiendas. A través de varias temporadas de excavaciones arqueológicas (1979-1985) se recuperó información valiosísima sobre la organización espacial de los sectores públicos, las áreas domésticas y comerciales, las estructuras existentes y las actividades cotidianas. La excavación también presentó la oportunidad de estudiar el intercambio cultural que tuvo lugar con la presencia de españoles, indios y africanos conviviendo en un mismo espacio. El libro Puerto Real the Archaeology of a Sixteenth Century Spanish Town in Hispaniola editado por Kathleen Deagan (1995) narra la historia del asentamiento combinando la evidencia arqueológica con la documentación primaria. Los datos recuperados de las localidades (locus) 19 y 33/35 identificados como unidades domésticas de estatus alto permitió comparar la evidencia arqueológica para los periodos de ocupación temprana (pre-1550) y tardía (post 1550). La arqueóloga Bonnie McEwan analizó los materiales excavados en estos espacios usando las siguientes categorías: cerámica, artefactos estructurales,

3 Las definiciones de los términos empleados para describir las formas y los tipos de cerámica pueden ser consultadas en los trabajos de Deagan (1987); Goggin (1960, 1968); Lister y Lister (1974, 1976, 1987) y la Colección Digital de Tipos Cerámicos del Florida Museum of Natural History (https://www.floridamuseum.ufl.edu/histarch/coleccion-digital-de-tipologias/)

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Vista panorámica de las excavaciones dirigidas por Adolfo de Hostos (Imagen del Archivo General de Puerto Rico, Fondo Fortaleza, Tarea 96-20, Expediente Excavación en Caparra 1937, Caja 265).

armamento, vestimenta y costura, objetos personales, objetos relacionados a actividades, artefactos asociados a mobiliario, herramientas; juguetes y juegos; y arneses y accesorios para caballos (1992:216-8). A continuación, presentamos algunos datos de interés de la muestra analizada. Cerámica: Los materiales de ambos sitios domésticos son bastante homogéneos correspondiendo más del 90% a fragmentos de cerámica (1995:197-229).En el Locus 19, el 47% de toda la cerámica es de manufactura aborigen mientras que el resto fue importado como, por ejemplo, piezas de servicio de mesa y utilitarias (para el almacenamiento de líquidos y alimentos, la confección de comidas, y actividades de higiene) hechas en España (mayólica y cerámicas burdas con y sin vidriado), Francia (faenza), Italia (maiolica) Países Bajos (delftware), Colonia, Alemania (cerámica gres) y China (porcelana Ming). En términos generales, destaca que en el periodo pre-1550 la cerámica aborigen e importada están representadas por el mismo porcentaje, en el post 1550 hay un leve descenso en este tipo de cerámica y se reporta la presencia de porcelana china y maiolica italiana. Durante todo el periodo de ocupación los objetos cerámicos producidos en España son primordialmente de función utilitaria (entre 54-56%) seguidos de las piezas de mesa (3840%). En el periodo pre-1550 un 84% de la mayólica corresponde al tipo Columbia sencillo (Columbia Plain)4 y el resto tiene decoraciones con combinaciones de azul sobre azul, azul sobre blanco, verde sobre verde,

verde sobre blanco y policromadas (azul y morado sobre blanco). Los fragmentos de las demás cerámicas importadas representan menos del uno porciento de la muestra total por lo que no es posible identificar si fueron traídas como objetos personales o adquiridos en el poblado. En el Locus 33/35 se recuperó un 56% de cerámica aborigen versus 44% importada (McEwan 1992:213). Las características del ajuar cerámico son similares a las del Locus 19 con la diferencia de los porcentajes para la Columbia Plain que disminuyen de 84% en el periodo temprano a 38% en el tardío. En el periodo pre-1550 también hay mayólicas con decoraciones pintadas en azul sobre azul, verde sobre blanco y policromadas (azul y morado sobre blanco). En ambos casos la cerámica indígena representó un alto porcentaje de la muestra total tanto para el periodo pre-1550 (72%) como para el posterior (68%). Esto puede indicar la presencia de mujeres indígenas a cargo de las actividades domésticas ya sea como ama de casa o personal de servicio, lo que demuestra la permanencia de esta tradición mientras que los fragmentos de burenes (planchas de barro cocido) confirman la confección y consumo de pan de casabe. Otros artefactos relacionados a la preparación y servido de alimentos incluyen fragmentos de vidrio, claramente importados, seis cuchillos, dos manos y un metate (herramienta de piedra triturada que se utiliza para procesar granos y semillas). Artefactos relacionados a la vestimenta: Para ambos periodos de ocupación en el Locus 19 se clasificaron

4 Columbia Plain es un tipo de mayólica con vidriado de estaño en tonalidades blancuzcas, crema y blanco grisáceo o verdes sin decoración pintada, mitad verde y mitad blanca, o bandas verdes sobre el borde (Goggin1968:119-125). Las formas reportadas incluyen platos, boles, escudillas y jarros posiblemente manuacturados en Triana, Sevilla y con un costo mas asequible para los consumidores.

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412 artefactos relacionados a la vestimenta y costura, un 24% corresponde a la ocupación temprana y son alfileres, cierres, hebilla, herretes (pieza de metal que se utiliza en el extremo de los cordones, cintas, correas y otros objetos) y tijeras. A partir de 1550 se duplica la cantidad de alfileres, triplican los herretes y aparecen los botones y dedales, lo que indica un alza en las actividades de costura generalmente asociadas a las féminas y que utilizaban objetos netamente europeos. Para el Locus 33/35, sólo se identificaron 37 artefactos, el 65% son del periodo temprano (herretes, hebilla, alfileres y un dedal). Artefactos personales: En el Locus 19 totalizan 191 de los cuales un 11% se recuperaron en los estratos más profundos (un anillo, cuentas de vidrio, herrajes de libro y monedas). Posteriormente se utilizaron otros objetos como campanas, llaves, navajas, pendientes, pipas de caolín y sellos. En el 33/35 se identificaron 135 artefactos: 13% utilizados antes de 1550 representando herrajes de libro, monedas y llaves, mientras que para el periodo tardío se reporta la presencia de anillos, campanas, cuentas de vidrio, herrajes de libro, monedas y pipas de caolín. Objetos relacionados a actividades: En el Locus 19 se recuperaron 68 objetos con un 45% en los depósitos más tempranos incluyendo cadenas, ralladores, ganchos, aros y arpas de boca mientras que en el periodo post 1550 se utilizaron portavelas, cadenas, crisol, anzuelos de pesca, ralladores, ganchos, un arpa de boca y un contenedor de rapé. Para esta categoría en el 33/35 solo se recuperaron siete artefactos en el depósito tardío, clasificados como crisol, ganchos y un arpa de boca).

Artefactos asociados al mobiliario (herrería): En el Locus 19 presentó una mayor cantidad y variedad post 1550 incluyendo escudos y tachuelas de latón. En cambio en el Locus 33/35 no se recuperó este tipo de evidencia. Herramientas: En el Locus 19 las herramientas tempranas son una plomada y una perforadora, y más adelante se utilizaron punzones, cinceles, limas, perforadoras y cuñas. En el Locus 33/35 solo se identificó una cabeza de hacha (post 1550). Juguetes y juegos: Los hallados en el Locus 19 son un silbato y una ficha de juego, luego se incorporaron las canicas. En el Locus 33/35 no se recuperó este tipo de evidencia. Arneses y accesorios para caballos: Los 31 artefactos identificados en el Locus 19 para ambos periodos son hebillas, herrajes, herradura y aros. En el Locus 33/35 se utilizó una herradura de caballo y un aro entre 1503-1550. La presencia de todos los artefactos mencionados provee un acercamiento a las diversas actividades llevadas a cabo y confirman la importación de bienes europeos y la utilización de objetos de manufactura indígena, o local, lo que refleja las dinámicas de adaptación al Nuevo Mundo. La importancia de ver en qué periodo se utilizaron ciertos objetos yace en entender las necesidades que se contemplaron inicialmente, y cómo perduraron o se reemplazaron los artefactos importados a lo largo de los 75 años de ocupación. CAPARRA, NORTE DE PUERTO RICO (1508-¿1521?) La Villa de Caparra, fundada por Juan Ponce de León en Puerto Rico, basaba sus actividades económicas en la minería y fue trasladada a la isleta

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Trabajo de campo en el área donde se expuso la Cámara C de la “Casa de Tapias” (Imagen del Archivo General de Puerto Rico, Fondo Fortaleza, Tarea 96-20, Expediente Excavación en Caparra 1937, Caja 265).

Ejemplo de los azulejos decorativos recuperados en la “Casa de Tapias” (Fotos de la autora).

de San Juan en 1521. Adolfo de Hostos menciona que para los vecinos del área de la Carretera #2 la ubicación de la Villa se conocía por tradición oral. Entre noviembre de 1937 y enero de 1938, de Hostos excavó en el lado norte de la carretera logrando exponer remanentes estructurales de lo que denominó como “Casa de Tapias” y recuperó materiales de construcción (ladrillos, tejas y hierro), azulejos decorativos, artefactos de cerámica y de metal, entre otros. 48 | OECH

Remanentes estructurales correspondientes a la Cámara B de la “Casa de Tapias” (Imagen del Archivo General de Puerto Rico, Fondo Fortaleza, Tarea 96-20, Expediente Excavación en Caparra 1937, Caja 265).

Atanor de barro exhibido en el Museo de Caparra (Foto de la autora).

De Hostos destaca el hallazgo, a dos pies bajo la superficie de uno de los ocho recintos excavados, de un conjunto de artefactos “… enteros de barro – jarros, vasos, albarelos, aceitera…” (2010:162). Además, se recuperaron fragmentos de mayólica (entre estos los correspondientes a un plato de mesa decorado en azul y morado sobre blanco y otros sin decoración) cuatro albarelos, dos ejemplares de lebrillos, uno de bacín, dos atanores (cañerías de cerámica para conducir agua), 16 monedas españolas de cobre, una botella,

Ejemplo de una variedad de artefactos de metal exhibidos en el Museo de Caparra (Foto de la autora).

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Albarelos o botes de medicina, a la derecha se aprecian los denominados “Caparra Blue” (Fotos de la autora.)

Ejemplo de algunos artefactos de cerámica exhibidos en el Museo de Caparra (Foto de la autora).

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diez pedazos de botellas, un centenar de fragmentos amorfos de vidrio, clavos de hierro, fragmentos de herrajes (herraduras, pernos y aros de carretas) y piezas de cerrajería artística (2010:177-198). La segunda temporada de excavaciones comenzó en enero de 1938, al lado sur de la carretera, exponiendo los restos de la “Casa de Piedra” y confirmando el impacto causado por la construcción en la Carretera #2. El material recuperado consistió en 4,890 fragmentos de barro cocido, 120 fragmentos de tejas, un fragmento de ladrillo, fragmentos de metales (una herradura, 65 de hierro y seis de plomo), 38 clavos, una moneda, siete fragmentos de hueso y uno de madera (2010:215). Al comparar los materiales de ambas “casas”, de Hostos menciona ciertas diferencias notables. Por ejemplo, en la “Casa de Tapias” se recuperaron 3,577 fragmentos de vasijería y 54 objetos mientras que en la “Casa de Piedra” se obtuvieron 4,890 fragmentos de vasijería y 15 objetos enteros (2010:216, 221). Una vez terminadas las dos temporadas de excavación y analizada la evidencia y artefactos arqueológicos, de Hostos concluyó que las ruinas correspondían a la casa que construyó Ponce de León en Caparra y publicó su obra Investigaciones Históricas en 1938. Hoy día se puede visitar el Museo y Parque Histórico Ruinas de Caparra

Vista panorámica de las “ruinas de Caparra” y su museo (Foto de la autora).

(https://www.icp.pr.gov/museos-y-parques/) para ver los artefactos descritos e ilustrados por de Hostos. No cabe duda de que el trabajo arqueológico de Adolfo de Hostos es impecable tanto en su metodología de campo como la de laboratorio, que incluyó estudios petrográficos de las cerámicas. Desafortunadamente, intentos para identificar la ubicación del resto de los miles de fragmentos de cerámica excavados entre 1937-1938 han sido infructuosos. Hay información que indica que cajas con los materiales arqueológicos fueron trasladadas y almacenadas en el Museo de Historia Natural, adscrito al Departamento de Agricultura, ubicado en el Polvorín del actual Parque Luis Muñoz Rivera durante la primera mitad del siglo XX. Entendemos que es necesario reestudiar estos materiales para hacer un nuevo análisis utilizando las tipologías cerámicas que se han refinado en los últimos 50 años y así dilucidar aspectos cronológicos del sitio. En 1958, Ricardo Alegría hizo excavaciones en la parcela donde de Hostos reportó sus hallazgos, tras haber sido adquirida por el Gobierno de Puerto Rico y cedida al Instituto de Cultura Puertorriqueña, pero solamente encontró una cantidad limitada de artefactos. La Fundación de Arqueología, Antropología e Historia de Puerto Rico diseñó y completó un

proyecto de investigación sobre la Villa de Caparra (FAAH 1988) que recopiló la historia del sitio, analizó las características arquitectónicas de la Casa Fuerte de Ponce de León y otras estructuras, recreó las actividades mineras, comerciales y administrativas del asentamiento; además de otros elementos como la distribución espacial y las dinámicas sociales (cantidad de habitantes y cotidianidad). El componente de campo recopiló datos para analizar las “ruinas” y concluyó que lo que hoy día observamos es posiblemente una consolidación de materiales de construcción que se reubicaron y alinearon a 90o de la carretera #2. Esto no corresponde a la ubicación original reportada en 1937 y confirma la falta de integridad del sitio. Asimismo, se excavaron 47 unidades en varios lotes alrededor del sitio, tanto al norte como el sur de la vía de rodaje, encontrando poquísimos materiales del siglo XVI y documentando el impacto causado por las dos ampliaciones de la carretera posterior a los hallazgos reportados a finales de 1930. Como apuntan los investigadores de la FAAH en su informe (1988), si el hallazgo de Adolfo de Hostos correspondía a la Casa Fuerte, ¿cómo es posible que se haya permitido su impacto por las actividades de construcción de la Carretera #2 y su posterior reubicación? Aunque de

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Hostos logró demostrar la unidad de tiempo, espacio y afiliación cultural en su investigación, quedan muchas interrogantes sobre la ubicación exacta de las más de 50 estructuras que existieron y si en efecto las “ruinas” corresponden a la Casa Fuerte o se trata de otra estructura. Sobre la mudanza de Caparra son muy relevantes varias fuentes que reportaron la demolición de las estructuras de la Villa y el envío de los materiales de construcción a la Isleta para su reutilización.

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EVIDENCIA DOCUMENTAL Los datos relacionados a la mercancía que entró a los puertos de la Villa de San Germán y la Villa de Caparra brindan la posibilidad de estudiar los objetos favorecidos por las personas que viajaron a la Isla. Como he mencionado en los apartados anteriores, hay una gran cantidad de información sobre la cotidianidad colonial que se ha podido constatar con los materiales procedentes de las excavaciones arqueológicas en el asentamiento de Caparra. Lamentablemente, no contamos con información comparativa de estudios arqueológicos en la Villa de San Germán. La Tabla 1 presenta un escogido de los objetos transcritos por Tanodi (2010) que entendemos por el carácter imperecedero de su materia prima, pudieron conservarse en depósitos asociados a las villas, o que igualmente se hayan dispersado a otros espacios como estancias, minas y/o aldeas indígenas. DESGLOSE DE EVIDENCIA POR ACTIVIDAD Los objetos importados son útiles para delinear las actividades que se llevaron a cabo como parte de la vida cotidiana además de las relacionadas a la minería. La mayoría de los objetos registrados en las relaciones de los trece navíos escogidos corresponden a la categoría de cerámica, seguidos en cantidad por metal, madera, piedra y vidrio. Es posible dividirlos según su función. En la categoría de cerámica hay un número considerable de contenedores empleados para la transportación de mercancía líquida o conservada en una matriz líquida como las botijas y pipas. Es muy posible que una vez consumido su contenido original, ya fuese aceite de oliva o vino, estos objetos fueran reutilizados para el almacenamiento de otros tipos de líquido. Las piezas empleadas para la preparación de alimentos y el servicio de mesa listadas en los documentos son similares a las recuperadas en La Isabela y Puerto Real, confirmando el interés por mantener las costumbres culinarias, la etiqueta de mesa y por ende el estatus social. 52 | OECH

En cuanto a los inmuebles, la introducción de un bajo número de ladrillos sugiere su utilización en las construcciones de tapia para las casas de élite y/o construcciones de carácter institucional. Se trajeron piezas de cerrajería y candados para atender preocupaciones relacionadas a la seguridad, además de armas para mantener el orden social. Las viviendas estuvieron amuebladas con mesas, bancos y sillas; mientras que los espacios fueron iluminados con la ayuda de candiles y candeleros. Esto demuestra la tecnología de la época. Asimismo, se mencionan artículos asociados al aseo personal, para preservar la salud, para actividades como la costura y la lectura, y el mantenimiento del ganado (en este caso son los ajuares relacionados al ganado los que confirman su presencia, ante la ausencia de restos óseos). Finalmente, llama la atención a los cientos de cuentas de vidrio, abalorio y azabache, contabilizadas por sartas, mazo o su peso en libras, traídas en algunos casos para intercambiar o regalar a los indígenas. Por último, hay que destacar que objetos similares a las mercancías listadas en las relaciones consultadas fueron recuperados en la “casa de Ponce de León” (bacín, bote de medicina, clavos, cerrajes, herrajes, jarro, lebrillo, plato y vaso). EVIDENCIA ARQUEOLÓGICA DEL SIGLO XVI EN SAN JUAN Una vez completado el traslado a la Isleta se desarrollaron nuevas dinámicas para las personas que se mantuvieron en Caparra y que quizás aprovecharon los objetos descartados por los que se mudaron, para los vecinos de San Juan y las necesidades que surgieron, y para las instituciones coloniales en sus nuevas localidades. Los focos de poder, prestigio y riqueza asociados al sistema colonial español desde la esfera política, socioeconómica y religiosa se ubicaron inicialmente en cuatro sectores. Primero, el área ocupada por la Catedral (c.1521, reconstruida a partir de 1529), el Cabildo (esquina de la Calle del Cristo y Caleta de San Juan), su Plaza y las residencias de élite; segundo, la Casablanca y sus inmediaciones (c.1521, la residencia de la familia de Juan Ponce de León); tercero, la Iglesia de Santo Tomás de Aquino (c.1532, actualmente conocida como la Iglesia de San José) y su convento (c. 1523); y por último la Fortaleza (c.1533). Estos sectores se deben analizar como núcleos de actividad con el potencial de develar la materialidad más temprana de la Isleta, entre 1521 y 1535. Esto permitiría comparar el periodo de ocupación en Caparra pre y post traslado y los primeros 15 años en la Isleta.

Tabla 1: Muestra de 13 embarcaciones que llegaron a los puertos de San Germán y San Juan, con los datos relacionados a la fecha y puerto de llegada, nombre de la embarcación y una selección de las mercancías no perecederas seleccionadas con base a su materia prima (Tomado de Tanodi 2010) FECHA 3 de septiembre de 1512

PUERTO DE LLEGADA San Germán

EMBARCACIÓN

MERCANCÍAS DE MATERIALES NO PERECEDEROS

Barco Santa María de Guía

Botija

19 de septiembre de 1512 San Juan

Carabela Santiago

Botes, cuchillos, jarros de distintos tamaños, librillos, ollas, olletas, pipas, y puñales.

10 de octubre de 1512

San Juan

Nao Santa Cruz

Agujetas, albornías pequeñas, alcuzas, almarrajas, asadores de hierro, botes de distintos tamaños, botijas cajas de boticarios, caldera, calderica, candados, candiles, cedazos viejos y nuevos, cencerros, cofre pequeño con tocas, cuchara de hierro, cuchillos, embudo de hoja de lata, escudillas, espátulas, espejos, espejuelos, gamella de palo, hachas, herrajes, hierros de cirugía, jarras de distintos tamaños, jeringa, ladrillos, lebrillos, mazos de cuentas verdes, medidas de hoja de lata, mesa con su banco, mortero de piedra, ollas y olletas, pailas, paleta de hierro, peines, pesos de oro con sus pesas, pipas, platos, puñales, rallo y unas parrillas, redomas y redomillas, sillas tajadores de palo, tijeras, tijeras de ganado y vasos de loza.

25 de diciembre de 1512

San Juan

Navío San Francisco

Agujetas, cuchillos, jarros, olletas, pipas y tijeras. Cosas del Obispo Manso: almirez y su mano, asadores y tenazas de fuego, azadones, botes, botijas, broquel, calderas, campanas, candado, cartabón, cazo de cobre, cerraduras de golpe, clavos de tillado y torno, compases, copas de vidrio, cucharas de plata, cuchillos de mesa, escoplos y formones, escudillas, espejo de acero, fierro de azuela, freno de mula, gubia, hachas, herraduras de mulas, herramientas de carpintería, jarro de plata, juntera, limas de hierro, martillo, ollas, palanquillas de hierro, pipas, plato grande de cobre y alambre, platos grandes de estaño, platos pequeños, sachuelo de hierro, salseras, saleros, sartenes de hierro, sierra, taladros, tazas de cobre, tenedor de plata y tijeras de sastre.

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FECHA

PUERTO DE LLEGADA

EMBARCACIÓN

MERCANCÍAS DE MATERIALES NO PERECEDEROS

27 de diciembre de 1512

San Germán

Carabela Santa María de la Consolación

Jarretas

9 de abril de 1513

San Juan

Navío San Juan

Bote, botijas, cuchillos, embudos, escudillas, espejos, jarros, librillo, pipas, platos y sillas jinetas.

11 de abril de 1513

San Germán

Navío la Concepción

380 piezas de loza, altamios, cacerolas, cascabeles, cazones pequeños, cazuelas de barro, cedazos, copas de vidrio, espadas, jarretas, jarrillos, ollas, orinales, pipas tinaja, y vasos con sus vaseras.

13 de abril de 1513

San Germán

Navío Santa Justa y Rufina

Agujas, agujetas, alfileres, hacha, jarretas, peso de balanzas con su marco, pipas, puñales negros y tijeras.

15 de abril de 1513

San Germán

Navío San Juan

Agujetas, almirez de metal, bacines de barbero, botijas, cajita pequeña con ciertas herramientas para sacar muelas, candelero, cierta loza, copa, cuchillos, cuentas de azabache, escudillas, espejos, jarras, jarretas, jarros, ladrillos, librillos, molejones pequeños de barbero, mortero de mármol, navajas, olletas, peines, pipas, platos y tijeras.

4 de mayo de 1513

San Germán

Navío La Gracia de Dios

Jarreta

13 de mayo de 1513

San Germán

Navío Cuerpo Santo

Ballesta, botes muy chiquitos, candados, cierta loza, ciertos platos y escudillas, cuchillos, cuentas para indios, espadas, jarros, hacha, lanzones, olla, peines, pesos de pesar oro, puñales variados, y tijeras de despabilar.

15 de mayo de 1513

San Germán

Nao San Cristóbal

Agujas salmeras, agujetas, botes de distintos tamaños, botijas, candados de cabo, cascabeles, cazuelas, cerrajes [sic.], cuchillos, cuentas azules y de abalorio, embudo, espadas, espejos, herrajes, jarras de distintos tamaños, peines, peso pequeño con su marco, piedras de vidrio baladíollas, pipas, puñales, sillas variadas y tijeras.

7 de junio de 1513

San Germán

Navío San Francisco de Buenaventura

Agujetas, almarrajas, ballesta, botes, botijas, candados, candelero, candiles, cascabeles, cencerros, cuchillos, cuentas de vidrio, espada, hachas, jarra, jarros, y peso de pesar oro.

Para las definiciones de algunos objetos listados se recomienda consultar el libro de Francisco Moscoso Artesanías, comestibles y vestuario: Vocabulario en documentos de Puerto Rico, siglo XVI.

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Tipología botijas establecida por John Goggin (1960): temprano, utilizado hasta 1570; medio, entre 1570-1770/1780 y tardío, a partir de 1770-1800 (tomado de Deagan 1987:31).

En San Juan, se han estudiado numerosas localidades arqueológicamente lo que ha permitido la recuperación de objetos de la primera mitad del siglo XVI entre estos Casablanca, la Iglesia San José, el Convento de los Dominicos, y la Fortaleza. Las investigaciones excavaciones en Casablanca durante la década de 2010 expusieron espacios utilizados como despensa, cocina, almacén para herramientas y dormitorios para el servicio (Rivera Fintan et al 2013, 2011). Una vez completado el análisis de los materiales se tendrá una mejor idea de las actividades cotidianas en dichos espacios. Las excavaciones en el

Convento de los Dominicos crearon una colección de materiales que se han atribuido periodos del siglo XVI hasta el XIX y que muestran fueron los servicios de mesa y otros objetos cotidianos (Rodríguez López 2005). La Iglesia de San José contiene evidencia de cerámicas del siglo XVI temprano, se trata de botijas utilizadas como relleno en “…las bóvedas dobles de albañilería que cubren el crucero y ábside góticos.” reportadas en las intervenciones hechas en la Iglesia de San José en el período 1952-1953 y nuevamente en los trabajos dirigidos por la arquitecta Beatriz del Cueto en dicho inmueble en el 2003-2011 (del Cueto SHPO

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y su ayuda en la obtención de fuentes bibliográficas. Agradezco a la editora de este número especial, Silvia Álvarez Curbelo por la gentil invitación para unirme a este proyecto. n

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y Pantel 2016). Las botijas hubiesen abundado tanto en Caparra como en San Juan ya que se utilizaron para transportar mercancías, aunque no se descarta su reuso por comerciantes y pobladores para almacenar otros productos. Queda confirmado su uso como material en obras de construcción. Un proyecto futuro contempla el análisis de todos los estudios arqueológicos completados en la periferia de los cuatro sectores principales para establecer qué otros tipos de evidencias tempranas se han recuperado bajo las calles San Sebastián, del Sol, Luna, San Francisco, Fortaleza, del Cristo, Caleta de San Juan y Caleta de Las Monjas. CONSIDERACIONES FINALES Este trabajo señala la importancia de diseñar investigaciones transdisciplinarias que incorporen la información recuperada en excavaciones arqueológicas y datos primarios, como los de la documentación oficial española, para entender los objetos disponibles en los asentamientos tempranos en Puerto Rico. Se ha establecido la viabilidad de utilizar los datos de las relaciones de navíos de la Real Hacienda de Puerto Rico. Un análisis detallado de los artículos y mercancías traídas por los españoles a las Villas de San Germán y San Juan permitá un acercamiento a la mentalidad de los primeros colonizadores y se podrá: • determinar qué objetos, considerados esenciales al momento de venir a la Isla, fueron traídos en el equipaje personal o con fines comerciales (oferta y demanda) comparando esta evidencia con la cotidianidad en la Península Ibérica. • correlacionar estos artículos con actividades domésticas tales como la preparación, almacenaje 56 | OECH

y servicio de comida, o los componentes del mobiliario. • enfocar en los artefactos vinculados a aspectos de carácter más personal como la higiene, la salud y las actividades lúdicas. • explorar si la ausencia de ciertos objetos netamente españoles se debe a su reemplazo por ejemplares de manufactura local como respuesta directa a la incorporación de tradiciones culinarias de la Isla. Los listados permiten ver el flujo de mercancía desde España hacia las Américas y los artefactos recuperados en sitios arqueológicos confirman qué cosas fueron incorporadas a la vida diaria en el Caribe. Todavía falta abundar en el estudio de los artículos y las tecnologías autóctonas llevadas a España para entender las dinámicas de “ida y vuelta”. Con este trabajo se demuestra que la “excavación” de fuentes documentales y la “lectura” de la evidencia arqueológica son fundamentales para ampliar nuestro entendimiento de cómo se vivió en el Puerto Rico de 1510 y en las primeras épocas de la mudanza de Caparra a la isleta de San Juan. AGRADECIMIENTOS Este trabajo se presentó originalmente en el panel New Interdisciplinary Approaches around Spanish America in the Sixteenth and Seventeenth Centuries de la reunión anual de la Asociación de Historiadores Caribeños (2015), gracias al apoyo del Decanato de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Mi gratitud va para los colegas Fernando Picó (qepd), Josué Caamaño, Miriam Lugo, Agamemnon Pantel y Roberto Valcárcel por sus acertadas observaciones en numerosas consultas

Moscoso, Francisco. 2007. Artesanías, Comestibles y Vestuario: Vocabulario en Documentos de Puerto Rico, Siglo XVI. San Juan: Centro de Investigaciones Históricas.

REFERENCIAS

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Deagan, Kathleen A. 1995. Puerto Real: The Archaeology of a Sixteenth-Century Spanish Town in Hispaniola. Gainesville: University Press of Florida.

Ejemplos de botijas producidas antes de 1570 y utilizadas como relleno (Fotos de la autora).

McEwan, Bonnie G. 1995. “Spanish Precedents and Domestic Life at Puerto Real: The Archaeology of Two Spanish Homesites.” In Puerto Real: The Archaeology of a Sixteenth- Century Spanish Town in Hispaniola, 197-229.

Deagan, Kathleen and José M. Cruxent. 2002. Archaeology at La Isabela: America’s First European Town. New Haven: Yale University Press. de Hostos, Adolfo. 2011. Investigaciones históricas: Las excavaciones de Caparra. El fondeadero de Colón en Puerto Rico. Reimpresión. San Juan: Oficina Estatal de Conservación Histórica. Disponible en https://issuu.com/prshpo/docs/caparra_inside del Cueto, Beatriz y Agamemnon Gus Pantel. 2016. “El Recate de la iglesia de San José (Puerto Rico): Estudios previos a su restauración.” LOGGIA 29:58-73. https://doi.org/10.4995/loggia.2016.5147 Domínguez, Lourdes. 2008. Arqueología Histórica en sitios del siglo XVI en el Caribe. Archivo Cubano. http://www.archivocubano.org/ transcult/arqueologia_historica.html

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“La ysleta donde dicen que ha de mudar el pueblo”: Viaje a la ciudad de San Juan (1521-1528)* Andy Rivera

Antes de que fuera San Juan

Contemplaba el sol levantarse mientras me tomaba el mágico café de la mañana y pensaba en el día ajetreado que me esperaba, comenzando con una reunión temprano en el Viejo San Juan. Bajo el vaho de la canícula isleña, apresuré los pasos hacia el Tren Urbano. Llegando al andén, el tren cerró sus puertas sin que me diera tiempo a subir. Al girarme resignado

a esperar, vi un flamante vagón esperando en la vía contraria. El conductor me invitó a que abordara pues estaba a punto de salir. Turbado, pero embargado por la curiosidad, subí al misterioso vagón. Pronto me percaté de que era el único pasajero. Ví pasar Hato Rey tras los cristales: multipisos, grafiti y cruces congestionados aparecían en rápida sucesión.

* Todas las imágenes en este ensayo que recrean la Isleta y sus edificaciones fundacionales son producciones digitales inéditas de la autoría de Andy Rivera y de Puerto Rico Historical Buildings Drawings Society a partir de información documental, gráfica y bibliográfica referenciable y corroborable.

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Aturdido, cerré los ojos y al abrirlos, el día se había oscurecido repentinamente, el cielo desencajándose en un torrencial aguacero. El tren aceleró de súbito, el paisaje a ambos lados se tornó borroso. Aguzando la vista distinguí una estela de humo negro a lo largo del tren; tras la humareda, palmeras, ganado y casas de madera desfilaban al costado de la vía. El acero inoxidable y las cristaleras del interior del vagón habían trocado en bancos de roble pulido y ventanales abiertos al viento; un agudo pito de locomotora me ensordeció por un momento. Aun sin comprender que sucedía, sentí el vehículo estremecerse como sacudido por un trueno, y al abrir los ojos nuevamente, ya cruzaba un angosto puente sobre el Caño de San Antonio pero en un tranvía de vapor, su campana sonando “tan-tan, tan-tan”, en dirección a Puerta de Tierra, mientras el Fortín San Jerónimo bañado por las aguas de la Laguna del Condado se deslizaba plácido a nuestra derecha. En la parada número 8, subieron al vagón dos damas vistiendo trajes largos, cuello alto y encaje en los puños, dándose aire con abanicos de nácar mientras comentaban la ópera que debutaba esa noche en el Teatro Municipal. El tranvía se aproximaba a los muros del Revellín del Príncipe, el Fuerte San Cristóbal alzándose imponente en el horizonte, sobre el ajetreo de las carretas que atravesaban la Puerta de Santiago, hacia la plaza en obras con nuevo monumento a Cristóbal Colon. A la izquierda, los muelles de San Juan bullían de actividad, estibadores sudorosos descargaban vapores y goletas que se amontonaban frente a la dársena. Bajando del tranvía en la Estación frente a la Puerta de España, sentí el peso de un sable colgando de mi cintura, sobre mi uniforme de rayadito, mientras el cochero de una calesa tirada por un caballo me hacía señas que me acercara “Venga Capitán Rivera, que lo llevo”. “Debo de estar soñando” pensaba, mientras cruzaba la calle y subía al carruaje de enormes ruedas. “¿Hacia dónde se dirige?”, “Al Cuartel de Ballajá”, le respondí. Subiendo por la Calle de la Tanca los cascos del caballo repiqueteaban sobre los recién instalados adoquines de escoria traídos de Liverpool en 1890. Al tornar hacia la Calle San Francisco, me restregué los ojos al ver la fachada de la vieja iglesia San Francisco de Asís; una muchedumbre de vendedores ambulantes, mujeres y niños se arremolinaban bajo la sombra de los árboles junto a la Barandilla. Ascendimos la concurrida calle, repleta de coches, carretillas y peatones hasta llegar a la Plaza de Armas; una

elegante balaustrada, y recargadas farolas rodeaban su perímetro. Las arcadas del Ayuntamiento, la Intendencia con la rojigualda ondeando sobre el escudo de España, la Calle Cristo, la vieja Catedral, el Convento de las Carmelitas Calzadas, el Seminario Conciliar de San Ildefonso, la Iglesia San José y el Convento de Santo Domingo pasaron ante mis ojos como celajes. Al llegar al Cuartel de Infantería de Ballajá crucé el gran patio donde soldados, caballos y oficiales se afanaban en sus tareas. Aun tratando de descifrar lo que sucedía, una vaga urgencia me impelió hacia el Castillo San Felipe del Morro, marchando por el centro del glacis. Llegando a la altura donde esperaba encontrar el Monumento al Capitán Juan de Amézquita, advertí que la mole del Castillo comenzó a reverberar en el calor y se desvanecía como un espejismo… Aturdido me giré abruptamente hacia el Manicomio Provincial, descubriendo ya nada me asombraba- que la ciudad había desaparecido, el lugar era ahora un paraje silvestre, en el horizonte se erguía majestuosa la verdeoscura Sierra de Luquillo. Sobre las aguas azules de la bahía, brillantes bajo el sol mañanero, espié una canoa que se acercaba a la pequeña cala donde hacía un momento estaba la Puerta de San Juan... Unos hombres ataviados con jubón y calzas desembarcaron vadeando el agua, poco profunda, hasta llegar a la arena. Sentí como una descarga eléctrica al intuir que, por un fenómeno indescifrable de la fortuna, presenciaba la fundación de la ciudad en la Isleta de San Juan en 1521. Lo que narro a partir de aquí es simultáneamente presencia y ausencia. Se pierde en la niebla de los tiempos, resurge en el duermevela de una memoria ancestral que llevo prendida. Se mezcla con lecturas de documentos y planos que he devorado sobre esta isleta de mis afectos. Es la resurrección de una ciudad aún en ciernes que las nuevas tecnologías de ver y recrear me permiten elucubrar. ¿Qué encontraron esos exploradores en la deshabitada isla en la que se internaron? ¿Cómo era el paisaje de ese islote virgen? ¿Cómo fue el proceso que hizo surgir la ciudad sobre ese promontorio rocoso acariciado por los vientos? Esto es lo que puedo contar porque, por un hermoso conjuro, he vivido la ciudad desde que se fundó EXPLORACIÓN DE LA YSLETA Trece años antes de mi encuentro con los expedicionarios, Juan Ponce de León había explorado el litoral de la espaciosa bahía de 3.5 millas de largo, bautizándola “Bahía del Puerto Rico”1, en atención al

1 Cerezo Martínez, Ricardo. La cartografía náutica española en los siglos XIV, XV y XVI. Madrid: Editorial CSIC, 1994, pág. 152. SHPO

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La isleta mirada por los colonos de Caparra

gran valor de sus aguas, protegidas por una estrecha boca, refugio ideal para los navíos que llegaban a la Isla en el incipiente tráfico transoceánico. La bahía y su fecundo estuario fueron determinantes en la localización del asentamiento de Caparra en 1509, apenas una legua al sur.2 No pasó mucho tiempo para que los vecinos de la villa de Caparra (llamada también “Ciudad del Puerto Rico”)3, quedaran imantados a la isleta ubicada al norte de su puerto, que era el paso obligado de los barcos que franqueaban la entrada a escasa distancia de los acantilados de la punta del Morro. Apenas cinco años de haberse fundado Caparra solicitaron su traslado a la isleta, por lo que es evidente que sabían de sus atributos de primera mano. Para Juan Cerón, dos veces Alcalde Mayor de Puerto Rico en el periodo 1509-1512, era “el mexor logar questaria cibdad nendguna en el mar océano”.4 Según los testimonios que recoge el licenciado Rodrigo de Figueroa en su “Información” de septiembre de 1519 dirigida al Rey respecto a la

mudanza de la ciudad, varios de los vecinos de Caparra habían recorrido la Ysleta en más de una ocasión. Por orden real, el propio Figueroa también la visitó durante su estancia en Caparra, haciendo una minuciosa descripción de su topografía y produciendo el primer boceto conocido de la zona de la bahía de San Juan.5 Aunque Figueroa tomó una ruta terrestre, en varias de sus exploraciones, los caparrenses habrían cruzado la bahía en canoas o piraguas, ya que afirmaban que era posible acceder a la Ysleta “andando por el mar”6, tal como la ha cruzado desde el siglo 19 la histórica “lancha de Cataño”. Los puntos naturales de desembarco, por su accesibilidad y menor distancia desde el puerto de Caparra, podrían ser el llano costero donde se reubicó el desembarcadero de San Juan en el siglo 17, hoy ocupada por la Dársena y los muelles turísticos de la ciudad, o la pequeña cala donde se estableció el puerto original, llamado “el fondeadero”, donde está la Puerta de San Juan desde 1635.

2 De Hostos, Adolfo (1938). Investigaciones Históricas: Las Excavaciones de Caparra. San Juan: Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico, Oficina del Gobernador, 2011, pp. 52-61. 3 Castro Arroyo, María de los Ángeles. Arquitectura en San Juan de Puerto Rico (siglo XIX). San Juan: Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico, 1980, pp. 15-16. 4 Testimonio de Juan Cerón, en la “Información” de Rodrigo de Figueroa: Mudanza de San Juan de Puerto Rico. 13 jul 1519, publicado en Coll y Toste, Cayetano. Boletín Histórico de Puerto Rico, tomo 3, San Juan, 1914, pp. 82-119. 5 Mapa de la bahía de San Juan de Puerto Rico (Serv. Hist. Mil. Madrid sign. 6.851: 2-3-1-3). Primer mapa que se conoce de la bahía de San Juan, asentamiento de Caparra y la «Ysleta», levantado por el Licenciado don Rodrigo de Figueroa en el año 1519, al cumplir lo ordenado por la real instrucción del monarca Carlos I. 6 Testimonio de Francisco de Cardona, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit., pág. 91.

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El fondeadero fundacional

Desde estos puntos, atravesando con dificultad los matorrales que cubrían el terreno, nuestros exploradores escalarían la paulatina pendiente atraídos hacia las zonas de mayor elevación localizadas en el área noroeste de la isleta. Se abrieron paso (¡y yo emocionado tras ellos!) por una explanada que alcanza su cota máxima de 175 pies sobre el nivel del mar en las pequeñas colinas donde se establecerían la Iglesia de Santo Domingo, la Casa Fuerte de los Ponce de León y el Hospital de la Concepción.7 Observaron cómo de norte a sur el terreno de la isleta baja hasta la bahía en cuestas de entre 12 y 20

grados de inclinación; sobre ellas se impusieron las empinadas calles que hoy caracterizan el casco antiguo de San Juan. Tornando su vista hacia el este vieron cómo el terreno desciende gradualmente hasta el nivel del mar en el área del Escambrón, llegando a su punto más bajo en una depresión en que se acumulaba agua formando una laguna estacional.8 Tres puntas (cabezas) de tierra marcan su litoral este, ocupado desde el siglo 17 por la primera línea de defensa de la ciudad. Un estrecho paso de mar la separa del banco de arena y piedra que forma la península del Condado y la ensenada al sur de esta, conocida

7 Los planos históricos apuntan a la existencia de otra eminencia rocosa, hoy desaparecida, en un punto denominado como Monte del Calvario, localizado en el hoy glacis del Castillo del Morro a la altura del monumento de en honor al Capitán Juan de Amézquita levantado en 1925. Este monte aparece ilustrado por ejemplo en el mapa holandés de San Juan y dos vistas en acuarela (1639) y en el Mapa holandés de San Juan (1644). https://www.geoisla.com/2018/10/mapa-holandes-de-san-juany-dos-vistas-en-acuarela-1639/. Allí se celebró el primer acto religioso de la nueva ciudad. Véase “Ermitas” en De Hostos, Adolfo. Tesauro de datos históricos de Puerto Rico. San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Volumen 1,1990. pp.. 8 Esta depresión se localizaba donde hoy día ubica el estacionamiento de la playa del Escambrón o Parque del Tercer Milenio. La laguna estacional se formaba hasta principios del S. 20 y aparece ilustrada en la cartografía histórica. Véase por ejemplo el Plano de la zona extramuros de la isleta de San Juan en 1871 por el ingeniero Evaristo de Churruca (1841-1917) titulado: “Plano de la zona extramuros de la isleta donde se halla asentada la Ciudad de San Juan de Puerto Rico: comprendiendo el caño de San Antonio, ensenada de Miraflores [https://www.geoisla.com/2019/03/plano-de-la-zona-extramuros-de-la-isleta-de-san-juan-1871/] SHPO

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La Atalaya

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Casa Fuerte de los Ponce de León, Iglesia de Santo Domingo y Monasterio de los Dominicos

hoy como Laguna del Condado. Desde ésta ensenada y a lo largo del sur de la isleta, manglares y ciénagas llegaban hasta la orilla misma de la bahía. Un canal comunica la laguna con la bahía, conocido desde el siglo 16 como el Caño de San Antonio. A lo lejos pude distinguir la obra en ciernes de la segunda calzada o “paso” sobre un área poco profunda del Caño, llamado entonces Puente de Aguilar, con el fin de enlazarla con el resto de la isla.9 UNA ATALAYA NATURAL En los puntos más altos del islote10, vistas de 360 grados permitían otear cualquier embarcación que se aproximara a unas 3 millas de sus costas desde cualquier dirección. La Ysleta proveía un mirador natural, una verdadera atalaya -más amplia cuanto estaba despejada de edificaciones que obstaculizaran la vista; al norte, se desparrama el Océano Atlántico conformando un gran arco visual de noroeste a

noreste; al este se divisa el litoral costero hasta Boca de Cangrejos, y las cumbres del Yunque; mientras que al sur se extiende la bahía y sus contornos, y en la lejanía, la cadena de mogotes y la cordillera que se alzan en el centro de la Isla; al oeste la desembocadura del Rio Bayamón y la costa hasta Punta Salinas. El dominio visual de la bahía, de la cual “no hay una comparable en toda la extensión de la costa norte de Puerto Rico en amplitud, comodidad, abrigo y facilidades de anclaje”11, era una clara ventaja estratégica del nuevo asiento para la ciudad. Permitía visibilizar incursones, tanto desde tierra por los taínos, que atacaron Caparra sorpresivamente en 1511, 1513 y 1519, como desde el mar, origen de acometidas por parte de caribes y franceses desde temprano en el siglo 16. Por el contrario, Caparra, asentada en una hondonada rodeada de montes (descrita literalmente como “un hoyo”, donde “oscurecía a pleno día bajo la espesa

9 Moscoso, Francisco. Fundación de San Juan en 1522. San Juan: Ed. Laberinto, 2020, pp. 55-56; Castro Arroyo, Arquitectura en San Juan, Op. Cit. pág.18. 10 En el punto de mayor elevación, “la cumbre misma de la isleta, sobre las dos vertientes de ella”, la Orden de los Predicadores estableció el segundo convento dominico en América, “a distancia unos centenares de metros del caserío”. “Las calles hoy adyacentes [al edificio monasterial] no se tiraron en docenas de décadas, surgiendo olo y solitario el gran monasterio, explayándose en arboledas y huertas en ambas vertientes y en dirección hacia San Cristobal y el Morro.” Véase, Cuesta Mendoza, Antonio. Los dominicos en el Puerto Rico colonial. San Juan: Publicaciones Gaviota, 2014, pp. 52-60. 11 De Hostos, Op. Cit. pp. 53-54.

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Un pueblo de “muchas naos”.

cubierta forestal”) y a una legua de la costa, carecía de vista alguna.12 En la información de Figueroa se manifiesta el gran valor que los promotores del traslado le otorgaron a las “vistas” panorámicas que ofrecía la Ysleta, considerándolas una de las mayores ventajas que tenía sobre Caparra la cual, al no ser visible desde la costa, muchos barcos le pasaban de largo, sin hacer escala. La distancia que separaba a

Caparra del “Puerto Nuevo”, imposibilitaba además que los vecinos se enterasen de la llegada de los barcos (“non se puede saber en la dicha cibdad la venida de nengund navío, fasta que lo ymbian a decir”). Esto presentaba un grave problema para los oficiales de la Corona en Caparra, ya que les dificultaba el cobro de los impuestos reales, asunto de máxima importancia para la Casa Real.13

12 Testimonio de Juan Cerón, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 92. 13 “[A] cabsa destar el pueblo tan lexos del puerto”, “se urtan muncho a los derechos de Sus Altezas, porque ansi lo a oído quexar a los almoxarifadgos que an sido desta cibdad”), Testimonio de Diego Arias Davila, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pp. 98-99.

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La isleta prístina

Nuestros exploradores proyectaron ilusionados la nueva urbe en la isleta como una floreciente ciudad portuaria, insertada de lleno en las rutas comerciales transatlánticas, donde se construirían “muchas naos” y “muchos vecinos y otras personas procurarían tener caravelas y barcos para contratar” “y para recorrer la isla por todas partes; lo cual ayudaría al ennoblecimiento y población de la ciudad”.14 Para aquellos hombres recién trasplantados de la Europa medieval a las selvas caribeñas, el Océano Atlántico era la gran avenida que los conectaba a la metrópoli, el vínculo vital a su origen, fuente de imprescindibles suministros, y oportunidad de enriquecimiento. La proximidad de la isleta al mar “junto al surxidero de las naos que vienen de Castilla”, fue un criterio fundamental para la reubicación de la villa; su situación geográfica se consideraba más propia de la ubicación de “los pueblos más nobles”.15 Afirmaban los vecinos que “si el pueblo esthobiese en la ysleta, por estar xunto a la mar, sería uno d ellos buenos

pueblos que obiese en estas partes”.16 Estoy seguro que asimismo apreciaron en extremo las brisas marinas que aún refrescan constantemente la isleta, “por estar en parte alta e sobre peña, donde todos los aires le corren limpio de la mar”.17 INVENTARIO DE LOS RECURSOS NATURALES Bajando de la cima de la colina, la cuadrilla de expedicionarios – que tal vez incluyera al cantero Miguel de Aguilar18, a Juan de la Feria, quien había extraído piedra de la isleta para la construcción de la casa de Ponce de León en Caparra19, al carpintero Cristobal Moreno20, y algún otro vecino con conocimientos de construcción u ordenamiento urbano- continuó su trayecto deteniéndose para inspeccionar y evaluar otros aspectos del terreno, particularmente los recursos naturales que pudieran ser de provecho y utilidad a la nueva ciudad. A cierta distancia, vi cómo los exploradores examinaban el suelo calcáreo, estudiando la composición de las múltiples

14 Testimonio de Pedro de Cárdenas, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pp. 87-88. Véase además Burset Flores, Luis Rafael, Notas sobre la mudanza de la ciudad de Caparra a la isleta de San Juan, Conferencia presentada en la Actividad de Inauguración de la Celebración de los 500 Años del Traslado de Caparra, 2019. https://albizusju.academia.edu/LuisBurset 15 Testimonio de Pedro de Cárdenas, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pp. 87-88 16 Testimonio de Diego Arias Dávila, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 99. 17 Testimonio de Pedro de Cárdenas, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pp. 87-88. 18 Testimonio de Miguel de Aguilar, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 105. 19 Testimonio de Juan de la Feria, “queste testigo fue a la dicha ysleta a fascer sacar cierta piedra para fascer la casa de Xoan Ponce de Leon”, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 108. 20 Moscoso, Op. Cit., pág. 177, nota 8.

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formaciones de roca caliza que abundan en sus costas norte, oeste y suroeste como potenciales fuentes de material pétreo a utilizarse en la edificación original de la ciudad. Según se describe en la Información de Figueroa, en la isleta encontraron abundancia de piedra, (“munchas piedras e buenas, cal, madera”, “ay en ella mucha piedra e cañería para edyficar… e ay mucha piedra caliza para facer cal”).21 Posiblemente la expedición incluía algún vecino con dotes de zahorí22, ya que uno de los propósitos del reconocimiento sería hallar agua potable en la isleta.23 La Información de Figueroa plantea un debate respecto a si había o no fuentes de agua potable en la isleta. Sin duda no las había corrientes ni superficiales, salvo unas lagunas o marismas, cuerpos de agua poco profundos, que se encontraban conectados al mar, en las áreas de la Puntilla de San Lázaro y del Escambrón, cuya agua provenía probablemente de escorrentías de agua de lluvia, de aguas subterráneas o como resultado de la entrada del mar.24 Aseguraba Ponce de León en su oposición al traslado que “en la ysleta no ay agua de rio nin de ningún arroyo nin fuentes” y que este “seria un pueblo sin agua”.25 No obstante, muchos otros testigos que prestaron declaración afirmaron que en la isleta sí había abundante agua y que varios años antes del 1519 se había abierto un pozo que así lo demostraba.26 La isleta en estado prístino que recorrieron nuestros exploradores estaba forrada de una variada vegetación, al igual que por multitud de especies animales; casi desaparecidos ambos en la actualidad debido a la agresiva deforestación y urbanización. Al penetrar la espesura tras los exploradores, me impresionó ver la frondosidad y exuberancia de la flora isleña que incluía especies típicas de nuestros bosques secos, matorrales, pastizales, y humedales. Observamos cerdos traídos por los colonizadores que se habían multiplicado y andaban sueltos por el lugar.27 En sus costas rocosas había uvas playeras, bejuco de playa y yerba de sal, icacos, y bajo las cristalinas aguas costeras, praderas de yerbas marinas que alimentaban una gama de vida acuática, incluyendo manatíes antillanos y abundante

pesca. Las costas sur y este estaban cubiertas de tupidos manglares, un enmarañado bosque de mangle rojo, blanco y de botón en las porciones más secas, los cuales los exploradores inmediatamente identificaron como una fuente potencial de leña para la nueva ciudad. En las lagunas y marismas crecía profusión de jacintos de agua, juncos, helechos de pantano y lechuga de agua, donde habitaban la garza, la gallareta, el pato y la cigüeña, cocolías, camarones, los famosos jueyes, la jicotea, cuatro especies de ranas coquíes y muchas especies de peces. En las pendientes y colinas interiores de la Isleta, vegetación baja costera y arboles nativos y endémicos de mediana altura tales como el roble blanco, el almácigo, el manzanillo, la péndula, el sapote de costa, y la palma de abanico, proveerían materia prima para hacer utensilios, ruedas de carretas, petates, andamios y otros objetos de uso cotidiano. En la tierra firme cercana, hoy Santurce, se encontrarían además algunas de las 10 especies de palma nativa, como la palma real, utilizada extensamente para carpintería y construcción. Entre los árboles proliferaba el bejuco, con sus tallos colgantes formando grandes festones, que, aunque nos dificultaba el paso a través de la isleta, sería útil para los habitantes de la ciudad en la fabricación de sogas según la tradición indígena. En áreas aledañas también pudo hacer crecido la enea, una planta nativa bien abundante de humedal de aspecto alargado, bien fibrosa, que se utilizó como material de construcción para los techos de los bohíos. SELECCIÓN DEL ASENTAMIENTO Siguiendo la instrucción dada por el Rey de que “vayáis a la dicha ysleta e trazen el mexor sitio de lo que os paresciere la dicha cibdad”28, observé cómo los vecinos, luego de su largo recorrido, se ocuparon de hacer un ejercicio de ordenación urbana sobre el espacio natural de la isleta, haciendo aparecer la naciente ciudad. Para el emplazamiento seleccionaron el pequeño altozano o planicie elevada localizada en su costa oeste, media milla al sur de la entrada

21Testimonio de Juan Perez escribano, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 103. 22 Zahorí es el termino con que se denomina a la persona a quien se atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto, especialmente manantiales subterráneos. Del ár. hisp. *zuharí, y este del ár. clás. zuharí ‘geomántico’, der. de azzuharah ‘Venus’, a cuyo influjo atribuían algunos este arte. 23 Sobre los pozos y fuentes de agua hallados en la Isleta, véase Sepúlveda Rivera, Aníbal. Acueducto – Historia del Agua en San Juan. San Juan: Ed. Para la Naturaleza, 2016, pp. 3-15. 24 “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pp. 84-113. 25 “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 86. 26 Testimonio de Juan de la Feria -“questando en el logar donde a de ser el pueblo, casi un tiro de piedra de la mar, este testigo fizo cavar un logar entreo los arboles para ver si abría agua, e que cavaron casi asta el fondo, y que fallaron un golpe de agua de pie, de la cual bebieron della; e que continoo, dende entonces siempre vido en la dicha fuente arta agua e buena”, Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pp. 108-109. 27 “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 116. 28 “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 112. SHPO

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estructura sencilla en madera y paja, pero ya para 1530 se había construido en piedra y tapiería con cubierta o techo de madera.32 Delimitado el trazado de las calles se procedió a la repartición de solares que, también por instrucción real, se hizo asignando a cada vecino la misma posición respecto de la plaza que había tenido su parcela en Caparra.33 En primer lugar, se asignaron los predios destinados a hospital y a “casas oficiales”, sede de las operaciones de la corona, la fundición de metales preciosos y los funcionarios de la administración colonial. No se conservan planos o dibujos preparatorios de la etapa de planificación de la ciudad, la información que se dispone es a base de las escuetas instrucciones dadas por la corona y precedentes de otros asentamientos coloniales y españoles de la época.34

El trazado original de San Juan

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de la bahía, adyacente al lugar donde se determinó establecer el primitivo puerto o “fondeadero” en una cala interna de fácil acceso, protegida por la defensa natural de los acantilados del litoral norte. MORFOLOGÍA DEL SAN JUAN INICIAL En atención a su carácter marítimo-mercantil, el trazado de las calles del núcleo urbano original se estableció tomando como punto de partida el puerto. Se siguió, como se había hecho en Caparra, una traza ortogonal o damero de vías que se intersectan en ángulos rectos. Cabe apuntar que, aunque esa fue la proyección, en la práctica la traza no fue rectilínea pues se crearon inflexiones al adaptarse a los accidentes del terreno. Es decir, ninguna calle es realmente derecha. Con ciertas alteraciones, esta retícula permanece hasta la actualidad. En las ciudades coloniales españolas fundadas en el siglo 16, la tarea de trazar la cuadrícula la realizaba el llamado “xumétrico”, técnico entendido en geometría, especie de agrimensor y topógrafo.29 La tradición urbanística clásica disponía que las calles debían ser orientadas a los puntos cardinales, no obstante, en la ciudad de San Juan la cuadrícula

está rotada levemente a la izquierda con relación a los puntos cardinales. Las calles que desembocan en la costa portuaria están trazadas a unos grados al suroestenoreste, y las calles perpendiculares se trazaron en una línea noroeste-sureste más o menos paralela a línea de la costa donde ubicaba el puerto. Esta alineación coincide con la dirección en la que soplan los vientos alisios, del noreste al suroeste, logrando así una mejor ventilación de la ciudad. Igualmente, se acató la instrucción de hacer las “calles anchas”30 que permitiera la circulación de dos carretas en direcciones opuestas, designando un espacio de una cuadra para plaza mayor, a sólo una cuadra de distancia del puerto, plaza que subsiste hasta nuestros días frente a la Catedral de San Juan. Las instituciones representativas de los poderes reales, coloniales y religiosos ocuparon los solares principales alrededor de esta plaza. La ubicación del templo elevada en el costado oriental de la plaza, de cara al puerto, fue seleccionada por el obispo Alonso Manso.31 Por orden real, la Catedral debía construirse primero como condición para autorizar la mudanza del resto de las instituciones y vecinos. Esta fue inicialmente una

29 En cuanto al tema de los ““xumétricos”, véase por ejemplo Castillero Calvo, Alfredo. La ciudad imaginada: Historia social y urbana del Casco Viejo de Panamá. Ciudad de Panamá Ed. Novo Art, S.A. 2da edición, 2014. 30“Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 112. 31 Arquitectura de San Juan, Op. Cit., pág. 32.

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APARECE LA CIUDAD Escuché discutir a los “gestores de la ciudad” que, luego de la repartición de los solares, los trabajos de edificación tenían que comenzarse inmediatamente, puesto que por mandato real los vecinos debían reubicarse en la isleta en un plazo máximo de 6 meses a partir de la fecha en que se terminara el “segundo paso” o puente que conectaba la Isleta con el resto de la Isla, so pena de perder su propiedad.35 Para lograr la mudanza en el plazo previsto tuvieron que construirse en “tiempo récord” las estructuras básicas para proveer albergue, protección y sustento a una población de varios cientos de personas.36 Esto incluía obras públicas para funciones defensivas, institucionales y religiosas; obras privadas para uso doméstico, comercial y artesanal; y caminos, almacenes, talleres, fraguas, hornos, corrales, aljibes, y letrinas, entre otros. Levantar la nueva ciudad en la isleta representó un esfuerzo constructivo sin precedentes en la breve ocupación europea de la Isla hasta entonces. Los primeros trabajos debieron enfocarse en la explanación y nivelación del basamento rocoso y limpieza del terreno, mediante tecnologías rudimentarias tradicionales y labor física intensa, realizados en su mayor parte por mano de obra indígena encomendada y esclavos africanos. Simultáneamente se requirió la

Casa del Cabildo, Calabozo y Casa para la fundición de oro

La Casa del Tesorero y Contador

La Aduana

obtención, acarreo y preparación de los materiales y herramientas necesarias para la construcción, incluyendo la fabricación de carretas, andamios, etc. Imaginamos que el oeste de la isleta para 1522 debió

32 Ibid. 33 “…es necesario que la cibdad se traze luego de la forma e manera que aquí esta, dando a cada uno su solar como lo tiene, poniendo la plaza e los mas cercano della; e ansi dyscurriendo por todo lo otro, porque nendguno resciba agravio como agora esta proveido por los reverendos padres”, “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 112. 34 Nos referimos por ejemplo a la historia cartográfica de San Juan de Sepúlveda, Aníbal, San Juan: Historia Ilustrada de su desarrollo urbano. San Juan: Carimar, 1989. 35 Instrucciones dadas para el traslado de la ciudad por los Padres Jerónimos en la “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 112-113. 36 La población al momento del traslado se estimó en 70 u 80 vecinos, o cabezas de familia, a razón de 5 personas por familia serian unas 300 a 350 total. Véase las “Notas” de Burset Flores, Op. Cit. pág. 4. SHPO

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Casa Fuerte de Juan Ponce de León en Caparra

La ciudad de paja

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ser una gran zona en obras, en la que de sol a sol un hormiguero humano se desplazaba en constante actividad – maestros de obras, albañiles, alarifes, carpinteros, canteros, herreros, aguadores y obreros. MATERIALES Y MÉTODOS CONSTRUCTIVOS Los edificadores de la ciudad utilizaron los materiales existentes en su entorno, elementos naturales de la propia isleta y sus alrededores: madera, barro colorado, arenisca, cal y tosca de piedra. Las obras levantadas en el San Juan primitivo fueron resultado de la amalgama de varios sistemas constructivos de la tradición española adaptada a los materiales locales, incorporando técnicas indígenas, y condicionada por los escasos recursos económicos disponibles. Uno de los “leitmotifs” que surge en los documentos relativos al traslado es el interés de los pobladores por construir edificios “fijos y durables” o “firmes y perpetuos”, ya que debido a la incertidumbre de su permanencia en Caparra sólo Ponce de León había edificado una estructura permanente, siendo las demás estructuras de naturaleza provisional.37

La caracterización de “permanente” se asociaba a los materiales de mayor calidad y resistencia y a métodos constructivos que producían estructuras de dureza y solidez, tales como el tapial, la mampostería de ladrillo, y la sillería de piedra utilizados en la etapa constructiva inicial de la ciudad. La milenaria técnica del “tapial” - más económica, fácil y rápida de aplicar- consistía en la fabricación de muros a base de una mezcla de tierra, grava o piedra machacada, “barro colorado” y cal que se vertía en un molde y compactaba hasta alcanzar la resistencia necesaria. La tapiería fue empleada en la construcción de la CasaFuerte de Ponce de León en la Villa de Caparra38 e igualmente en la estructura original de la residencia solariega de la familia en la nueva ciudad de la isleta, cuya construcción se inició en 1524, y donde aún se hallan secciones de muros de tapiería.39 La mampostería de ladrillo. heredada de la tradición hispanomusulmana, mediante la colocación de hiladas o ladrillos y rellenando los espacios libres con piedrecitas y mortero, también fue utilizada en las construcciones del San Juan original, convirtiéndose eventualmente en el método constructivo predominante hasta el siglo 19. Se usó también para completar los muros de tapial como cimientos o como elementos verticales para reforzar la fábrica, técnica conocida como “tapias mixtas”. El mortero, mezcla de cal, piedra, arena o arcilla, en una proporción que se determinaba según el edificio y el tipo de muro, se utilizó para recubrir, “encalar” o “enlucir” las superficies exteriores e interiores de las estructuras con una capa de hasta un ¼ de pulgada de espesor, dándoles un aspecto casi uniforme, cuyo tono variaba entre el blanco, crema, amarillento, rosado, etc. según los colores de los agregados.40 La sillería de piedra, o combinación de sillería y tapial, se utilizó en la edificación de las obras de mayor importancia construidas en el San Juan del siglo 16 como sede de las autoridades reales, la iglesia y la aristocracia local. Según el Censo hecho por el gobernador Francisco Manuel Lando, para el 1530 había siete edificios “construidos en piedra” en la ciudad, incluyendo las Casas de Su Majestad o Reales, esto es, la residencia del Tesorero y Contador; la

37 De Hostos, Adolfo, Op. Cit. pp. 53-60. 38 Ibid. 39 Rivera Groennou, J., Rodriguez López, J., y Rivera Fontan, J. Historia Constructiva de Casa Blanca: Documentación de Materiales Arqueológicos y análisis de morteros de fábrica, Informe final. Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico, Oficina del Gobernador, 2014. 40 En cuanto al tema de los materiales y sistema constructivo utilizado en las primeras edificaciones en San juan véase, por ejemplo, para precedente utilizado en la Casa Fuerte de Caparra, De Hostos, Op. Cit. pp. 107-201; para precedentes utilizados en la España siglo XVI véase por ejemplo, Espinar Moreno, Manuel “Materiales y sistemas constructivos de la provincia de Granada en los siglos XV y XVI”, Gazeta de Antropología. 2000, 16, artículo 20- · http://hdl.handle.net/10481/7515.

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instalación de la fundición de oro y la aduana; la casa del Obispo; la Iglesia y monasterio de los Dominicos; un hospital; la casa-fuerte de la familia de Ponce de León y otras tres casas de vecinos acaudalados.41 La descripción de estas estructuras, aunque somera, junto a las pocas imágenes que subsisten y los referentes de estructuras contemporáneas del Caribe colonial y España, nos permite reconstruir su morfología original en ausencia de otros datos.42 En la siguiente década se comenzaron las obras de construcción en piedra de la torre y cubiertas de la Catedral y de La Fortaleza, con muros fabricados en sillares de arenisca. Muestra de ello son las bóvedas de crucería gótica subsistentes en la parte posterior de la catedral y su escalera espiral construida en sillares de piedra arenisca. LAS ESTRUCTURAS DEL CASERÍO El Censo de Lando indica, además, que había 30 casas y 35 tiendas de madera con techos de teja y 20 chozas de paja. Las “chozas de paja” seguían los modelos de la vivienda indígena, bohíos o “bujios” o caneyes, construidos en cañas de enea o pajilla mediante el sistema constructivo tradicional de los taínos adoptado por los españoles.43 Sesenta años después, en la Memoria de Melgarejo de 1582, se describen las casas de San Juan con techos cubiertos de tejas o azotea y muchas construidas en tablas hechas de palma.44 Hemos realizados dibujos que acercan, desde el archivo y la memoria convocada de la ciudad, al aspecto y volumetrías de algunas de las estructuras originales del San Juan c. 1530, para poder visualizar cómo fue ese primer poblado edificado sobre la isleta. El aspecto de las edificaciones en la etapa inicial de la ciudad, ya fueran de madera o “fábrica”, debió ser modesto y austero, de una sola planta rectangular y con muy poca o ninguna ornamentación. Sus elementos básicos serían la fachada con grandes fenestraciones protegidas por antepechos; muros de considerable grosor de entre 18 a 22 pulgadas; techos de altura de entre 12 y 18 pies; pisos de tierra apisonada o ladrillo; y el patio interior medianero que permitía la máxima iluminación natural y flujo del aire a través de la estructura, conservando una temperatura fresca dentro de las condiciones de calor extremo del clima tropical.

Debido al clima lluvioso, y al hecho de que 90% de los edificios estaban ubicados en pendientes inclinadas, las estructuras en su mayoría debieron estar elevadas sobre un basamento de alrededor de 1 metro las de fábrica, o sobre zocos las de madera o bohíos, para protegerlas de las escorrentías y propiciar mejor ventilación. El balcón, que hoy día se considera un elemento típico de la arquitectura colonial del Viejo San Juan, estaría ausente en la ciudad de 500 años atrás, ya que fue introducido a finales del siglo 18 al empezar a generalizarse las segundas plantas. Las formas de las cubiertas o techos de la ciudad inicial serían en su mayoría inclinados en 2 o 4 aguas y cubiertos de tejas, o azoteas (techo llano o plano) de ladrillo apoyados sobre vigas y alfarjías, o armaduras de madera cubiertas de paja. A diferencia del Viejo San Juan actual, las estructuras no ocupaban los solares en su totalidad, habiendo espacios abiertos entre edificios, y empalizadas o muros que acotaban el perímetro de las fincas. Existían entre las estructuras huertas, corrales para aves y espacio para las bestias; también era común que se tapiara el borde del solar y dentro de este se edificaban bohíos. Las calles eran de tierra apisonada y no fueron pavimentadas hasta siglos después. 500 AÑOS DESPUÉS Mi última visión de los expedicionarios, sabios artífices de mi amado San Juan, los deja enfrascados en la ingente tarea de levantar la ciudad -españoles, taínos y africanos- que, con empeño y arduo trabajo, nos dejaron el valioso legado arquitectónico, de organización espacial y planificación urbana que distingue al casco antiguo hasta el presente. Al volver en mí, luego de esta dichosa alucinación canicular, me encontré frente a la entrada del Museo Casa Blanca, de camino al Cuartel de Ballajá, a las 8:30 am de un día de verano del 2021. Una nueva apreciación por los vetustos muros de medio milenio ardía en mi corazón. Mi estimación por los edificadores de la ciudad se agigantó al ser partícipe, por un arte que no alcazo a apalabrar, de la experiencia de imaginar la ciudad y hacerla realidad. Muchas ciudades se trasladaron en múltiples ocasiones luego de intentos fallidos de establecerse en lugares que resultaron no ser adecuados– es el caso de

41 Gonzalez Vales, Luis y María Dolores Luque, Historia de Puerto Rico. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, San Juan: Oficina de Servicios Legislativos, Historiador de Puerto Rico/ Centro de Investigaciones Históricas de la UPR, Recinto de Rio Piedras/ Ed. Doce Calles. 2012 42 En cuanto a las fuentes que describen la morfología de este periodo véase, “Descripción de la Ciudad de San Juan: Siglos XVI y XVII”, Revista del Instituto de Cultura. Primera serie número 53, octubre - diciembre de 1971, pp. 75-84. 43 “Descripción de la Ciudad de San Juan: Siglos XVI y XVII”, Op. Cit, pp. 76-77. 44 Memoria y Descripción de la Isla de San Juan de Puerto Rico Mandada a hacer por S.M. El Rey Don Felipe II, en el año 1582”. En Coll y Toste, Cayetano. Boletín Histórico de Puerto Rico. Volumen I. Tomo I. 1914, San Juan, Puerto Rico, pág. 143. SHPO

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San Germán que se mudó varias veces hasta encontrar su sitio en las Lomas de Santa Marta. Sin embargo, San Juan, una vez se trasladó a la Isleta se mantiene ahí, 500 años después. La identidad urbana de la ciudad está definida por la isleta; San Juan no sería lo que es, si estuviera en otro lugar. San Juan es ante todo una ciudad isleña – su paisaje marítimo, su puerto en la bahía, las suaves brisas que fascinaron a sus fundadores, y sobre todo su arquitectura patrimonial, están todas ligadas a su entorno de isla. Los fundadores de la ciudad valoraron todas las extraordinarias ventajas que proporcionaba su emplazamiento en la isleta; en palabras del Licenciado Rodrigo de Figueroa “tiene el mejor asiento para la ciudad que en el mudo se pueda buscar”.45 Lucharon por el traslado y se empeñaron en una mudanza trabajosa, onerosa, contra viento y marea, por encima de la oposición del conquistador y otras condiciones adversas. Ordenaron la ciudad con visión de futuro, utilizando al máximo sus recursos y a la vez conservándolos, conscientes de que en ello aseguraban su supervivencia. A través de los siglos los constructores de esta bendita Ciudad superaron asedios, invasiones, ocupaciones, incendios, falta de agua, epidemias, despoblación, huracanes, terremotos, crisis económicas, marginación de parte de la metrópoli; pero 500 años más tarde su huella material permanece, se niega a desaparecer; subsiste en la Casa Blanca, la Fortaleza, la Iglesia y Convento de los Dominicos, las bóvedas góticas y torre de la Catedral, la Casa Cabildo, la plaza de la Catedral, y la cuadrícula sui generis de sus calles. En San Juan se ensayó el modelo reticular español, la traza, que ha sido imitado en la ampliación de las ciudades en medio mundo; es una de las pocas ciudades en América cuya traza histórica mantiene un alto grado de integridad.46 Sus cimientos impregnados de historia merecen que la tratemos como el tesoro único que es, como la herencia centenaria irremplazable que encarna. Al cumplir sus 500 años honremos la ciudad renovando el compromiso de conservarla con hechos y no meros deseos, con plena consciencia de su valor, su fragilidad, su singularidad y de nuestra responsabilidad como custodios y mayordomos individuales y colectivos de sus mejores intereses. n

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45 “Información” de Rodrigo de Figueroa, Op, Cit. pág. 116. 46 Brewer-Carias, Allan R., “La ciudad colonial hispana en América como patrimonio cultural de la humanidad: ensayo de un itinerario”, en Juan Ramón Fernández Torres, Jesús José Prieto de Pedro, y Joan Manuel Trayter Jiménez (Coordinadores). El Camino de Santiago y otros itinerarios, Cultura, historia, patrimonio, urbanismo, turismo, ocio y medio ambiente. Liber amicorum a Enrique Gómez-Reino y Carnota, Madrid: Tirant lo Blanch, 2014. SHPO

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A DON LUIS GONZÁLEZ VALES

Don Luis González Vales ha velado, desde las instituciones públicas y privadas en las que ha ejercido, por acrecentar el patrimonio documental y material puertorriqueño.

Silvia Álvarez Curbelo José G. Rigau

Hace algunos años, la crítica literaria Carmen Dolores Hernández esbozó un perfil del historiador puertorriqueño, Luis González Vales. Describió al entonces Historiador Oficial de Puerto Rico como un “centinela alerta en la guerra del tiempo”. Con esa frase recogía la profunda vocación de servicio que don Luis ha desplegado en su fecunda vida profesional y en su admirado talante personal. La Oficina de Preservación Histórica de Puerto Rico y los colaboradores en este volumen se sienten muy honrados en dedicar el décimo número de la revista Patrimonio que conmemora la fundación de San Juan en la isleta al doctor Luis González Vales. Cual centinela en la guerra del tiempo, González Vales ha velado desde las instituciones públicas y privadas en las que ha ejercido, por acrecentar el patrimonio documental y material puertorriqueño. En ese menester ha escudriñado archivos natales y extranjeros; ha gestionado la reproducción de valiosa documentación; ha apoyado la publicación de textos que arrojan nuevas luces sobre nuestras andaduras y fraguas. Al servicio de Clío (la musa de la Historia), como él mismo describe su quehacer, Luis González Vales ha apoyado 72 | O F I C I N A

a historiadores consagrados y noveles con prólogos, presentaciones y ensayos para antologías. Junto a esa ejemplar mentoría, ha sido un estupendo embajador ante instituciones de prestigio internacional en las que ha expuesto con solvencia argumentativa y elegancia en el decir, el particular perfil de Puerto Rico en sus dinámicas internas y en sus relaciones con el mundo. Desde su niñez en Río Piedras, la valoración militar y estratégica de Puerto Rico alentó su interés en la Historia. Quizás en suave contrapunto con el Insularismo de Antonio S. Pedreira, su padrino y primer mentor muerto precozmente, González Vales quedó cautivado desde muy joven por las gestas militares y el rol geopolítico de Puerto Rico que vinculaban a nuestra tierra con los aconteceres internacionales. Eran tiempos de la Segunda Guerra Mundial y luego del conflicto en Corea. Como tantos otros jóvenes puertorriqueños ingresó en las Fuerzas Armadas en las que prosiguió carrera, con distinción, mayormente dentro de la Guardia Nacional. Una temprana decisión de estudiar Ciencias Naturales fue suplantada por una carrera en Historia, desarrollada en la Universidad de Puerto Rico y culminada con un doctorado en la Universidad de Columbia

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bajo la tutela del reconocido latinoamericanista, Frank Tannenbaum. A su regreso, desarrolló una intensa labor docente en la Universidad de Puerto Rico, Universidad Interamericana, Universidad del Sagrado Corazón, y el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Asumió además responsabilidades en la gerencia universitaria y en varias instituciones filantrópicas y culturales como el Hospital Presbiteriano y la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, entidad que lo distinguió en 1999 como Humanista del Año. En 1992 y hasta 2018, nuestro historiador fue Director de la Academia Puertorriqueña de la Historia. En 1997 fue designado Historiador Oficial de Puerto Rico, cargo que mantuvo hasta 2020. A lo largo de esos años, afirma, nunca hizo historia oficial. Su entendimiento de la responsabilidad conferida fue invariable: Ser historiador oficial significó tener la oportunidad para promover el estudio de la historia del país, de estimular las investigaciones, de aumentar el acervo de fuentes documentales y apoyar la publicación de trabajos de valor histórico. Su generosidad corre a la par con su curiosidad. Uno

de sus grandes placeres como historiador ha sido seguirle la pista a comentarios o palabras oídas al azar sobre documentaciones relativas a Puerto Rico que estaban en tal o cual biblioteca o archivo. Esta labor de sabueso lo llevó a más de “una isla del tesoro”. Quizás la más recordada sea la ocasión en que estando en un congreso en España oyó la participación del Coronel don Carlos Zamorano, quien presentó un trabajo con el título: “Puerto Rico, la Campaña Terrestre, 1898”, con la colaboración de los coroneles don Bretanión Mengual Boj y don Jesús Alonso Iglesias. La sorpresa fue el anuncio por parte de los autores de que existía en el Archivo General Militar de Madrid un conjunto de casi cuatro mil cajas de documentos sobre Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Según expresaron los autores del trabajo, dicha colección no había sido catalogada y esperaban que algún día pudiera ser investigada. Ni corto ni perezoso, González Vales siguió la pista de uno de los hallazgos documentales más sustanciosos que se haya hecho en los archivos españoles.

Cuando tuvo en sus manos la documentación debidamente inventariada y reproducida, la puso a disposición de los investigadores y pronosticó: “Esta publicación [Documentación de Puerto Rico en el Archivo General Militar de Madrid, 2002] será́ instrumento de gran utilidad para los investigadores, tanto de España como de Puerto Rico, que se acerquen a esta ventana recién abierta de nuestra historia común”. Un segundo proyecto correspondió a fondos de Puerto Rico en el Archivo General de la Marina en Viso del Marqués, adscrito al Instituto de Historia y Cultura Naval de España, y otro más a los mapas y planos sobre Puerto Rico en el Centro Geográfico del Ejército de España. En 2005, apareció el volumen San Juan, la ciudad que rebasó sus murallas en edición bilingüe en el que los documentos recuperados constituyen la base de una mirada ampliada a la ciudad baluarte. Como autor, la producción historiográfica de Luis González Vales revela líneas de pesquisa que se convierten en “ventanas S T A T E

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abiertas” a historias comunes entre Puerto Rico y las metrópolis. El gozne que vincula lo constituyen unas figuras -algunas conocidas, otras no tanto, pero claves- que iluminan una época o señalan rumbos nuevos. Su investigación sobre el intendente Alejandro Ramírez (fundador del Diario Económico) pone de relieve la importancia que tienen la historia de las instituciones y la historia de las ideas y su circulación en el avance de parámetros de modernidad económica y reformismo político en Puerto Rico. Por otro lado, su manejo de personajes como el mismo Ramírez, Ramón Power, y algunos autores norteamericanos en el cambio de siglo 19-20 le permiten narrar los avatares metrópolis-colonia desde una óptica equilibrada y atenta más a los intercambios que a los desencuentros. Una ciudad, un país, se fundan una y otra vez, más allá de los cambios que registran planos, mapas y crónicas en el tiempo. Lo hacen en las capas de profundidad de su memoria colectiva. Mediante el rescate, conservación y transmisión del conocimiento histórico, Luis González Vales ha contribuido a que conozcamos con hondura los contornos de la ciudad de San Juan y del país que le cobija, Puerto Rico. n

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CAVILACIONES

Sobre lo que está, pero no se ve en la Iglesia de San José en San Juan de Puerto Rico Arq. Jorge Rigau, FAIA A Don Arturo Dávila, aunque hoy ausente, porque me alentó a restaurar la antigua iglesia de Santo Tomás de Aquino confiado de que estaría en buenas manos. Ha reabierto la Iglesia de San José, cerrada al culto por casi dos décadas. El tiempo de espera que impuso el rescate del monumento del siglo 16 parece haberse dilatado a propósito para que la resurrección del templo sirviese como proemio a la celebración de los quinientos años de fundación de la ciudad de San Juan. Han regresado al templo fieles, curiosos, religiosos y turistas planteándose las preguntas que toda obra patrimonial restaurada suscita: “¿De qué año es esto?”, “¿Qué es original y qué es nuevo?”, “ ¿Por qué tardaron tanto?”, y, sin faltar,: “¿Cuánto costó el jelengue?” Quede claro que no se trató de un jelengue, porque el término alude a un desorden, desmadre y también falta de seriedad, lo que no fue el caso. Pero como la palabra también alude a una discusión acalorada entre dos o más personas – y de ésas, como en todo proyecto, hubo varias a lo largo del proceso – me abstengo de objetar su uso coloquial. Los visitantes posan la vista en innumerables detalles, tanto los obvios como los minúsculos. Mirar hacia arriba en la nave central de la iglesia constituye un lujo compartido por la gente de un país como el nuestro en que la ambición arquitectónica se decanta demasiadas veces por ornamentar y ostentar, antes que asombrar. Deleita, sin embargo, la mirada incisiva de muchos. Está quien sonríe al encontrarse la talla de San José en miniatura insertada en un pequeño nicho. No faltan quienes vigorizan su postura solidaria con la clase obrera al descubrir que un conjunto discreto de figuras de barro desprovistas de facciones hace 74 | OECH

Talla en miniatura de San José, por Eric Saunders Malavé. (Foto: Jorge Rigau)

honor a quienes fueron artífices de la iglesia a través de todos los tiempos. Sorprende la acogida del público al arte sacro contemporáneo en un edificio reconocido primordialmente por su valor histórico y sus características arquitectónicas renacentistas. Consciente de que esta integración pudiese despertar polémica, la selección de piezas y su ubicación fue parte del proceso de diseño.

Nave principal de la Iglesia, vista desde el área del Coro. Al fondo, bóvedas y nervaduras góticas; en la nave, arcos de mediopunto característicos del Renacimiento. (Foto: Jochi Melero)

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En la actualidad, ¿esta el público más receptivo que las agencias pro-patrimonio a aceptar intervenciones contemporáneas en un monumento histórico? Quizás, el afán de replicar la historia con el que Ricardo Alegría se dio a la tarea de restaurar la Iglesia de San José en el siglo pasado se aprecia hoy menos, prefiriendo que se resuelvan problemas “modernos” como la iluminación y la adecuación a códigos con apego honesto al espíritu de la época que los atiende. Sin ofender a Alegría, creemos que sí. Y entonces nos preguntamos: ¿Cómo el usuario experimenta estos cruces cronológicos? ¿En qué tiempo se está al habitar un monumento restaurado? Y claro, ¿a cuántos esta divagación no les va ni les viene? Vivir los tiempos encadenados – con el antes siempre en cuerpo presente - es privilegio de historiadores, restauradores y todo aquel con conciencia de que le precedieron personas y situaciones que ha podido identificar (aunque no siempre entender) incluyendo algunas que le serán vedadas por siempre, sin saber si jugaron papel relevante alguno. Pasa con la ciudad, lo que pasa con la gente: el entendimiento de una urbe precluye, casi siempre, lo que se nos escapa de su trayectoria pasada, porque no la vemos, aunque una vez haya sido. Corresponde a los historiadores acudir al rescate, restituyendo, reconstruyendo, reparando, realineando y, particularmente, reenfocando lo que no se hace obvio. En contraste, quien restaura se ve forzado a claudicar miras tan amplias porque toda intervención en un monumento histórico constituye una respuesta física, única, permanente por años. En un diseño a construirse, responder constituye en muchas instancias, una negociación entre lo visible y lo invisible. Para restaurar descubrimos, a veces removemos, se demuele y arranca; también raspamos, sustituimos y añadimos. Al final, llega la hora de fijar – escoger qué va a ver quien acuda al templo – y ello, en ocasiones, implica tapar, decidir qué queda expuesto, donde, cómo y por qué. Sabe uno que las razones propias para hacerlo no siempre son evidentes…

Capilla de San Vicente Ferrer en la pared medianera entre iglesia y convento, revelando heridas, cicatrices, cambios y remanentes relacionados a diferentes etapas históricas de la Iglesia. A la izquierda, en el nicho superior, las figuras de barro que honran a quienes han trabajado en el templo a través de los siglos y cuyos nombres desconocemos. (Foto: Jochi Melero)

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Intranquiliza pensar que toda restauración arquitectónica acalla algunas voces a la vez que privilegia otras. Incomoda que, en todo rescate del pasado, cuando se subraya, también se borra. Si bien ya lo han dicho otros, este dilema inquieta y aqueja particularmente a quienes asumimos la responsabilidad de (re)validar una edificación décadas o siglos después de que fue concebida. ¿Para quién, por qué y cómo redefinir la presencia y vigencia de una obra ajena y ajena al tiempo presente?

Se empieza por considerarla obra propia y pertinente al momento presente en que se ejecuta. ¿O será al revés, que ello en verdad ocurre al completarse, cuando hay mayor conciencia de autoría y cuando quienes – una vez culminados los trabajos - la disfrutan y la acogen como obra propia de sus tiempos? Ciertamente, toda pieza histórica intimida a quien se propone torearla. Y cuando de un monumento como la Iglesia de San José se trata, los propósitos y problemas se multiplican. El templo se empezó a alzar en o cerca de 1532, aledaño al convento erigido por los frailes dominicos diez años antes, para servir como plataforma a la Orden para la evangelización de la Isla y el Caribe hispano. Celebraremos los cinco siglos de vida de la Iglesia de San José en 2032. El arquitecto restaurador fija la fisonomía y materialidad del monumento en un tiempo específico (el suyo) caminando sobre una cuerda floja, reconociéndose incapaz de hacer justicia al cúmulo de visiones y vivencias que toda estructura con un pasado longevo acoge. El tiempo extendido dedicado a investigaciones, estudios, análisis y consultas, antes y durante la ejecución del proyecto, le vino bien a la iglesia. Patrimonio y prisa no compaginan. La decisión de remover todo empañetado de cemento (aplicado en tiempos modernos) para reponer su terminación original en mortero de cal fue crucial a pesar del tiempo que tomó, revelando información desconocida y confirmando planteamientos de algunos cronistas de antaño. Valga recordar que, al día de hoy, aún no se han encontrado documentos o dibujos ilustrativos del proyecto original o sus transformaciones subsiguientes. No los encontraron ni Ricardo Alegría ni Osiris Delgado, pero tampoco dejaron explicaciones sobre sus propias/ varias intervenciones en el templo. Hubiesen sido útiles para juzgarlas en base a sus intenciones y motivaciones. Aún así, en el proyecto actual se han conservado las mejores aportaciones de sus huellas. Con quinientos años de heridas y cicatrices, la Iglesia de San José tiene mucho que contar. Forma y contenido del edificio han experimentado cambios sustanciales producto de desastres naturales, ataques bélicos, mejoras estructurales, prácticas religiosas, políticas gubernamentales y, también, la moda. Un terremoto tumbó el campanario. Holandeses e ingleses la vandalizaron y el US Navy la bombardeó. El techo SHPO

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Removiendo el empañetado de cemento con formón y a mano. (Foto: Jorge Rigau)

original de madera y paja se sustituyó por una bóveda de ladrillo. Cada orden religiosa que tuvo a su cargo la iglesia (dominicos, jesuitas, padres paúles) incorporó emblemas e imágenes según su devoción. En el siglo 19, cuando Iglesia y Estado se separaron, templo y convento se independizaron y la mitad de la sacristía original quedó en lo que es hoy propiedad del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Los Paúles reforzaron bóvedas de piedra con hormigón, cuando así se estilaba en la restauración pero que hoy es práctica anatemizada. Imposible refrendar en una restauración tanta información para consumo público. Un proyecto pervive como algo estático - un fait accompli. En contraste, la historia, siempre dinámica, se nutre de solapes. De la desacralización del arte sacro dio fe el hallazgo de 1978 de la pintura mural de San Telmo, ahora restaurada. De otra parte, al develar la reparación del bombazo de los norteamericanos apareció en el muro un conjunto de ladrillos contrastante con el resto de la pared en mampostería. Nos pareció pertinente subrayar la reparación con un retallo a modo de anillo. 78 | OECH

Destacar el óculo ciego constituye homenaje al pintor Rafael Tufiño, que en 1979 escogió denunciar el ataque en su óleo “Iglesia San José bombardeada”. ¡Cómo contrasta su obra con una fotografía de época en la que edificio y compueblanos parecen resignarse a la agresión! Sobre este ojo tuerto, por adentro, un leve cambio de espesor en el encalado forma un triángulo a modo de “fantasma” que recuerda la cubierta original de la iglesia a dos aguas. En la fachada oeste, por afuera, un elemento se ha perpetuado hasta nuestros días como evidencia de aquel primer techo: el escalón notable que atraviesa de un lado a otro el inmenso muro blanco y, como tal, le servía de apoyo. Pocos lo perciben, quizás porque la cornisa/corona mixtilínea que asciende y se mueve con aspiración barroca relega el escalón a segundo plano. En la arquitectura, muchas veces, algunos componentes se roban el “show”, supeditando a otros, ya sea por su carácter, materialidad o configuración. Las formas cautivan, como también seduce conocer su por qué. ¿Entenderá quien entra a San José cómo la presencia conjunta de bóvedas góticas y arcos renacentistas – lejos de entenderse como inconsistencia – desborda elocuencia? Se le explicará a

Fachada oeste de la Iglesia de San José, ilustrando el escalón inferior y la cornisa superior. (Foto: Jochi Melero)

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Pared que atestigua cómo se añadió la Capilla de Belén a la iglesia original. (Foto Jorge Rigau)

quien pregunte que no es producto de veleidad, sino de la visión artística híbrida de un momento histórico particular en España. Un edificio, por sí solo, no es capaz de proveer respuesta a todas las preguntas que suscita. Quien restaura contesta algunas interrogantes, limitándose principalmente a aquellas que se plantea personalmente, ya sea antes de proceder con la intervención o a lo largo de la misma. En las etapas iniciales del proceso de rehabilitación, un edificio “cuenta” mucho sobre su devenir, particularmente si se trata de construcciones ensambladas en piedra, mampostería o madera. El hormigón, por su carácter monolítico, revela menos. En la Iglesia de San José, la incorporación de arqueólogos de la arquitectura al equipo de trabajo resultó trascendental. Permitió realinear conjeturas previas sobre los materiales que fueron utilizados para erigir el templo y enmendar lo que se entendía hasta entonces que habían sido las diferentes etapas de construcción. Los muros desnudos – entendidos 80 | OECH

como documento histórico dinámico, registro vital de cambios - brindaron información que el plano original de la iglesia, de haberse encontrado, no hubiese provisto por tratarse de un dibujo amarrado a un momento histórico específico. Como parte de los trabajos de los arqueólogos Jorge A. Rodríguez López y Juan M. Rivera Groennou, se analizó un segmento del paramento interior de la nave lateral norte, donde se evidenciaron actuaciones diversas. Salieron a la luz arcos, puertas, umbrales y nichos, abiertos unos sobre otros, eventualmente cegados todos y encalados. Allí se constatan ahora cambios tectónicos y cromáticos, evidencia de canjes de gusto y moda. Optamos por dejar sin encalar este repertorio de transformaciones sucesivas para ilustrar que un monumento se apoya en un libreto histórico propio, testigo de su evolución física a través de los siglos. Aquí y en otros espacios de la iglesia se reconocieron “cicatrices” clave del templo. En la Capilla de la Virgen de Belén puede ahora apreciarse cómo se engarzó ésta después de completarse la construcción original de la iglesia. En el

Figurines vestidos como frailes en la Sala Capitular del Museo Convento de los Dominicos. Imagen cortesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña - Archivo General de Puerto Rico.

espacio remanente de la sacristía original, la pared desencalada ilustra la fabricación en tapia, verdugadas (franjas horizontales de ladrillos sobrepuestos para dar consistencia al muro) y el uso de la vara castellana como medida y referencia proporcional. En el descanso superior de la escalera al coro, el ladrillo expuesto destaca la conexión original al segundo piso del Convento de los Dominicos. A lo largo del proceso de restauración, insistimos en que, con las debidas previsiones, podía reabrirse este enlace espacial que brindaba acceso directo a los frailes al área del coro desde su monasterio. Parecía lógico. El edificio servía como sede de la Galería Nacional de Puerto Rico. Entre las obras de arte que allí se mostraban al público, pensamos que sería genial sorprender a los visitantes de la galería abriendo la puerta al nivel del coro para desplegar ante ellos la vista de la nave principal desde lo alto. No pudo ser. La intención tropezó con la indiferencia gubernamental.

Las huellas, heridas y cicatrices de una estructura antigua obligan al restaurador a (re)posicionarse respecto a ellas: ¿Cuáles reconocer? ¿Cuáles obviar? El poder de obviar es el más temible y, como tal, ejecutarlo requiere prudencia. A fin de cuentas, ¿qué nos da derecho a suprimir parte de la información que un monumento es capaz de comunicar? ¿Investigaciones propias previas? ¿La formación profesional? ¿Confianza en la agenda de nuestros tiempos? ¿Saberse/creerse persona culta? ¿Privilegiar el gusto propio? Ciertamente, como producto final, un monumento restaurado debe expresar coherencia. Para muchos, casi siempre, tal noción se interpreta de manera literal: “Hay que devolver a la edificación su carácter prístino”. Sin embargo, esta preferencia por lo originario como atributo absoluto se alimenta, curiosamente, de una nostalgia por algo que no se conoció en vida. Así se posicionó Ricardo Alegría para emprender la SHPO

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restauración de la Iglesia San José, siendo director del Instituto de Cultura Puertorriqueña. A modo de terapia de conversión, despojó su arquitectura interior de componentes añadidos a través de los años para obligarla a ser como, a su entender, debió haber sido en sus primeros tiempos.

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Pero es que ni entonces ni ahora se puede precisar “como debió haber sido”. Las recreaciones históricas de Ricardo Alegría tenían como agenda revalidar nuestra herencia hispana ante la amenaza que para él representaba la influencia de la cultura norteamericana en la Isla. Sin restar méritos a sus logros, en San José y el Convento de los Dominicos, Alegría se excedió en simulaciones. A la iglesia – que entendió más como museo que como lugar de devoción- la dotó de arte sacro mexicano e intercaló esculturas de figuras históricas entre imágenes religiosas. A la entrada al convento dispuso maniquíes comerciales mal disfrazados de monjes dominicos, poco congruentes con el edificio. La restauración recién completada de San José reconoce cómo fue concebida la iglesia en un principio, pero también aquellas actuaciones subsiguientes que hasta hoy aún forman parte de su identidad. Se tiende así un puente entre el pasado remoto (ignoto) y quienes hoy, anclados en el siglo 21, buscan entender qué hace importante al monumento. Cada quien transita por ese puente como quiere o puede, sujeto a la voluntad del restaurador que, en última instancia, es responsable de lo que se silencia y lo que se revalida al rescatar una edificación. En la Iglesia de San José, un coro de voces opaca otras a las que como restaurador he dado un “mute” voluntariamente, aunque me consuelo pensando que se trata más bien de un “silent mode” que alguien puede desactivar en el futuro. Conturba ser responsable tanto de lo que está en San José, como de lo que no se ve ahora. Mucho (¿demasiado?) incide en la toma de decisiones de un proyecto de conservación. Instancias de vida, el trasfondo familiar y religioso, la formación profesional, oportunidades, privilegios y preferencias estéticas contribuyen más de lo que uno imagina a la hora de posicionarse teóricamente ante el problema. Y ahí radica el reto, ya que, a menudo, la subjetividad matiza la selección de una postura teórico/crítica. Bueno saberlo y estar atento a ello, pero no podemos eludirlo. En Puerto Rico, hasta ahora, el tema conservacionista se ha enfocado más en el cumplimiento de 82 | OECH

la reglamentación vigente y en consideraciones técnicas, que en suscribir la gama de estrategias de intervención que, por décadas, han planteado muchos especialistas en Europa y Latinoamérica. La restauración reciente de la Iglesia de San José se nutrió del concepto de restauro storico promovido por el conservacionista italiano Luca Beltrami (1854-1933), quien argumentó que las diferentes fases de crecimiento de un edificio deben identificarse, respetarse y reconocerse en cualquier esfuerzo de conservación. Ya a mediados del siglo XIX en Francia, el comisario francés de Monumentos, Ludovico Vitet (1802-1881), abogaba contra la “integración estilística” de los monumentos históricos, ante la insistencia imperante de homogeneizar (y hacer desaparecer) las diferentes intervenciones a las que había estado sujeto un edificio. Seguidores lúcidos del restauro storico sirvieron de apoyo teórico apropiado para el rescate de San José: Camilo Boito (1836-1914); Leopoldo Torres Balbás (18881960); y Gustavo Giovannoni (1873-1947), quien validó el uso de materiales y técnicas modernas para mejorar la esperanza de vida del edificio histórico restaurado. Orgulloso de las restauraciones que emprendía sin la participación de arquitectos, Ricardo Alegría nos dejó, desafortunadamente - huérfanos de teoría alguna sobre la restauración. Y faltó al ignorar los fundamentos científicos que garantizan la vida extendida de los edificios que se conservan. Garantizar el rendimiento y el mantenimiento prolongados de una estructura es inherente a cualquier acto responsable de conservación. Los monumentos deben trasladarse al futuro con algunas garantías. La apertura a nuevas posibilidades técnicas no debe descartarse a prima facie. La experimentación juega un papel vital en la conservación. Para asegurarle vida extendida al encalado – luego de hacer pruebas en diversas instancias incorporamos sílica coloidal, silicato de etilo, fibra sintética, fungicidas y algicidas. Con el propósito de consolidar las juntas carentes de mortero entre componentes de piedra, se importó de Italia una lechada superfluida de cal hidráulica que se aplicó por inyección. Y nada de esto se ve… Hemos dejado constancia del proceso, metodologías y materiales, pero ¿basta ello para que no se borre lo que ahora sabemos? Con el tiempo, ¿dónde irá a parar el material de referencia que hemos generado? En Puerto Rico demasiados documentos se condenan a la basura.

Pieza frontal de la mesa del altar en la Capilla del Rosario. Ilustra lo que se conoce como las “Armas de Cristo”, en alusión a los objetos relacionados con la crucifixión de Jesús, aquí destacados en negro sobre el fondo dorado. Colección del Instituto de Cultura Puertorriqueña. (Foto: Jorge Rigau)

A toda restauración debe acompañar una guía de lo invisible. En la Iglesia San José – como en otras piezas patrimoniales - un recurso afín incrementaría el aprecio y el entendimiento del edificio tanto a nivel trascendental como trivial. Así se enteraría el público de la cajita de madera con objetos y un mensaje que alguien escondió bajo las losas de piso y, después de verla, se dejó allí tal cual. Sonreirían muchos al encontrar la lata de Pepsi Cola que algún obrero escondió en un nicho cegado en la década del 1970. La guía que se me antoja permitiría visualizar uno de los atributos particulares del templo que tampoco es evidente: la utilización de botijas de barro dentro del techo como refuerzo para las bóvedas góticas. En la Capilla de la Virgen de Belén, nadie percibe que en el muro detrás del retablo hubo una vez una ventana. Tampoco entiende que dicho espacio funcionó como capilla abierta a la plaza aledaña, a pesar de haberse rescatado el arco que la enmarcaba como parte de los trabajos recientes. Para explicar por qué aparecen sirenas en la Capilla del Rosario, es

preciso referirse a la pintura mural representativa de la Batalla de Lepanto que una vez adornó la cúpula, pero ya no está. Conocer la profusión de elementos decorativos que una vez albergó este espacio, incluyendo un friso perimetral en patrón de greca al pie de las pechinas y un entramado de franjas negras a modo de trellage, contribuiría un mejor entendimiento de la importancia de la capilla para la Orden Dominica que la construyó. Allí mismo, el frente de la mesa del altar representa las llamadas “Armas de Cristo”, incluyendo en bajorrelieve los objetos relacionados a la crucifixión, tales como: la corona de espinas, los clavos de la cruz, la lanza del centurión y sus dados, entre otros. Allí están, pero ¿cuánta gente se fija en ellos? Pasa lo mismo con el escudo a colores del Emperador Carlos V, al fondo de la navícula norte, en lo alto. Rodea al emblema una representación del Toisón de Oro, collar insignia de una orden de caballería fundada por Felipe III de Borgoña. Del collar pende un diminuto carnero de oro. En el medioevo, el vellocino fue símbolo de la Jerusalén SHPO

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Luminarias colgantes en hierro y cristales que ”recuperan” la bóveda celeste que una vez hubo en el techo de la Iglesia. Diseño y fabricación de las empresas españolas, Intervento y Granda. (Foto: Jorge Rigau)

liberada. Gentes miran el escudo, pero sin que nada o nadie lo explique, quedan privados de la poesía inherente a esta alegoría mitológica concebida como metáfora discreta de la libertad de un pueblo. Ahí está, quisiera pensar, para motivar al nuestro.

Bóveda nevada sobre el presbiterio. Al centro, botón que aún conserva el emblema de la Orden de Predicadores (Frailes Dominicos). (Foto: Sebastián Feliciano Visalden).

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Hoy, la bóveda sobre la nave central, imponente y sobrecogedora ostenta un color blanco roto límpido. Sin embargo, en los arcos fajones que articulan el espacio entre los arcos formeros, han quedado ocultas unas bandas color azul añil y gris que, por su mal estado, no se restauraron. Se documentaron, pero no se removieron. La pintura blanca, a la vez que las protege, las esconde. De otra parte, casi nada resta de una etapa anterior, cuando el interior de la iglesia emulaba la bóveda celeste, representada por estrellas ambarinas dispersas sobre un fondo azul claro. En San José, el diseño contemporáneo de las luminarias suspendidas “recoge” el tema de las estrellas. Los cientos de cristales que cuelgan de sus armazones octagonales emulan la forma geométrica de una estrella con seis vértices. La luz emerge de adentro

de los vidrios. Referenciar así el pasado no lo hace presente, pero sí más fácil de imaginar. Al restaurador compete hacer realidad lo antiguo y lo ambiguo para trascender la mera apariencia de lo histórico y dotar lo inerte de carácter propio y capacidad expresiva. Para lograrlo, un monumento se nutre de esas voces: exaltadas, enfrentadas y silenciadas y las atrapa al unísono. Tal cual lo hace una ciudad. Al proponer en 1519 la ubicación de lo que es hoy nuestra capital, Rodrigo de Figueroa inscribió en su plano: “Aquí ha de ser ciudad”. Y San Juan – como su Iglesia de San José - lo ha sido siendo sede y tumba de múltiples voces, contando con el orgullo de quienes nos empeñamos en mantener vivo el diálogo al que convida el patrimonio construido. La tarea es siempre tanto desconcertante como prodigiosa porque la percepción pública de lo que el restaurador investiga, intuye, decide, formula y ejecuta, a fin de cuentas, será siempre limitada y fragmentaria, pero también vivificante. Hay que vivir con eso. n SHPO

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En mi Viejo San Juan:

Un palimpsesto caribeño de memorias y deseos Francisco J. Rodríguez Suárez, FAIA

Manuel Hernández Acevedo. Calle San Sebastián, 1964. Serigrafía. Colección Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Gabriel García Márquez expresó en una entrevista: “el gran talento del Caribe—y creo que es insuperable en el mundo—es narrativo, como te cuento un cuento…” En el acervo literario que tiene a la urbe caribeña como el telón de sus historias podemos resaltar “La Ciudad de las Columnas” de Alejo Carpentier, “En una Ciudad llamada San Juan” de René Marqués, William Faulkner en Nueva Orleans o el también ganador del Premio Nobel Derek Walcott en Trinidad, quien dijo: “because that is a what such a city is, in the New World, a writer’s heaven.” Ninguna de ellas se clausura en una frase, nunca es la misma ciudad aunque sus 86 | OECH

tramas de mar y tierra las asemejen. Al igual que las Ciudades Invisibles de Italo Calvino, el Viejo San Juan se transforma a diario y su relato se puede contar de mil maneras: la ciudad amurallada, la ciudad del mar, la ciudad fortaleza, la ciudad de los adoquines, la ciudad de los balcones, la ciudad de los patios, la ciudad de sus habitantes, la ciudad de las instituciones, la ciudad de las iglesias, la ciudad de los muertos, o la ciudad de las fiestas. A veces visitamos una de ellas y, la más de las ocasiones, varias a la vez. Aún sin palabras, a través del espléndido retrato de Don Miguel Antonio de Ustáriz, pintado en 1792,

El gobernador Miguel Antonio Ustáriz por José Campeche (c.1790 ). Cortesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

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Las tramas del mar. Dibujo del autor.

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Luis Torres de la Haba. Pescadores, 63/475, 1985. Serigrafía. Donado a nombre de Angelina Rivera de Bauzá. Colección Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

José Campeche nos narra una de esas ciudades. Es mi historia predilecta del Viejo San Juan. El pintor muestra al gobernador sosteniendo un plano de la ciudad mientras una ventana al fondo enmarca la perspectiva de San Juan en pleno proceso de obra. El sujeto, tan distinguido como orgulloso, queda representado para la posteridad con su uniforme de brigadier del Cuerpo de Ingenieros, mostrando por una parte su intención dibujada y por otra, el deseo construido de su legado: la ciudad. Dos siglos más tarde, esas mismas calles pintorescas y ya adoquinadas celebran quinientos años registrando los avatares del tiempo, glorias y cotidianidades, los estragos provocados por el descuido y el automóvil y unos vaivenes políticos que las definen de diferentes maneras y tratan de contar su propia versión según el futuro particular que desean proyectar. Para muchos, otra historia llegó a través de capítulos de libros escolares y exhibiciones de campamento veraniego en el Morro. Nos narraba como crónica de aventuras el proceso de descubrimiento, conquista y colonización. Esa historia de San Juan comenzaba en 88 | OECH

Cádiz con galeones que partían del puerto andaluz hacia una generosa bahía protegida del Atlántico por una isleta que recordaba a la península gaditana. La urbe intramuros no se puede narrar ni representar sin el mar: San Juan y La Habana de cara al Atlántico, Cartagena y Santo Domingo al Caribe y Panamá al Pacífico, cada una valiéndose de su cuerpo de agua para escribir una historia compartida entre una y otra ola. Su legado construido común nos brinda cinco siglos de historias a lo largo de reticuladas tramas frente a los cuerpos de agua donde se escenificaron mil batallas por hacerse con ellas. Cabe señalar que San Juan es la única de estas ciudades iniciáticas que escogió domar una topografía accidentada, a la cual rodeó a partir del siglo 17 con un lienzo de murallas y cubrió por un manto de manzanas rectangulares que se amoldan a sus pendientes proveyendo espléndidas vistas al Atlántico, la Bahía y la explanada del Morro. Las semejanzas morfológicas de la ciudad colonial portuaria en el Nuevo Mundo, que son muchas, suelen

Cartagena de Indias. Foto del autor.

Santo Domingo. Foto del autor.

atribuirse de forma simplista a las Leyes de Indias; no obstante, la fundación de Santo Domingo en 1502, La Habana en 1519, San Juan y Panamá en 1521 y Cartagena en 1533, por mencionar algunas, ocurren antes de la famosa recopilación de dichas ordenanzas. Cuando se inicia la conquista de Tierra Firme, no se disponía de una clara y precisa legislación urbana y las normas urbanas iniciales se fijaron mediante las ordenanzas, capitulaciones, instrucciones y cédulas reales... En búsqueda de remediar los desafueros, en 1526 Carlos V expidió una ordenanza en que se estipulaban algunos principios para poblar. En ella se establecía que:

La cita de Martínez aclara algunas de las razones por las cuales las ciudades caribeñas no cumplen con las directrices a la perfección, aunque todas se organizaron de una manera similar, siguiendo una retícula que partía de una plaza central rodeada por edificios importantes como la iglesia y el cabildo, alcaldía o ayuntamiento. Tanto San Juan, como La Habana, Santo Domingo y Cartagena comparten un DNA urbano que les permite a lo largo del tiempo decantarse por tipologías de uno, dos o tres plantas de vivienda multi o unifamiliar los amarillos y ocres cartageneros, los pétreos habaneros o dominicanos o los colores pasteles del Viejo San Juan, sin perder sus aires de familia. Las arcadas habaneras, las garitas sanjuaneras, los patios de Cartagena, los balcones panameños, las instituciones primadas de Santo Domingo, los chaflanes ponceños y las finas columnas de hierro en Nueva Orleans conforman un lenguaje que, conjugado de diferentes maneras y con sus acentos regionales, propone una poesía construida que seguimos relatando en postales, afiches, libros, fotos, cuentos y canciones. En el siglo y fracción tras la salida de los españoles, la ciudad del Caribe ha incorporado nuevas historias sobre las páginas que ya se habían escrito. En el caso del Viejo San Juan, sus calles han atestiguado encuentros – algunos surreales- entre las diversas memorias y el horizonte siempre en crecimiento de los deseos-. Tradiciones y modernidades; españolismos, americanizaciones turísticas y creatividades criollas se expresan en estéticas noches de galerías, fiestas carnavalescas de San Sebastián, regatas del Quinto Centenario, celebraciones de Día de Reyes, festivales gastronómicos, homenajes plásticos al primer pintor puertorriqueño que llamamos campechadas, bodas de famosos, funerales de famosos, marchas de protesta, el paso de todos nuestros líderes por la casa de gobierno

Cuando hagan la planta del lugar, repártanlo por sus plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor, y sacando desde ellas las calles a las puertas y caminos principales, y dejando tanto compás abierto, que aunque la población vaya en gran crecimiento, se pueda siempre proseguir y dilatar en la misma forma. Procuren tener el agua cerca, y que se pueda conducir al pueblo y heredades, derivándola si fuere posible, para mejor aprovecharse de ella, y los materiales necesarios para edificios, tierras de valor, cultura y pasto, con que excusarán el mucho trabajo y costos que siguen de la distancia... en caso de edificar a la ribera de algún río, dispongan la población de forma que saliendo el sol de primero en el pueblo que en el agua. Esta ordenanza fue complementada por el reglamento de 1529, titulado Instrucción y reglas para poblar, al que se añadió luego, en 1542, las Leyes Nuevas. Carlos Martínez, Apuntes sobre el urbanismo en el Nuevo Reino de Granada. Bogotá, 1967.

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San Juan, ciudad murada a finales del siglo XVIII. Plano de la plaza de San Juan de Puerto Rico y sus inmediaciones. Ingeniero Tomás O’Daly. Servicio Histórico Militar de España. Dominio Público.

Catedral de La Habana.

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más antigua en las Américas y la reciente renuncia por presión popular de uno de ellos. Sus espacios son visitados y ocupados a diario por miles de personas, algunos por vez primera y otros que regresamos a ella una y otra vez en busca de una nueva historia o inclusive escuchar la misma desde otro punto de vista. Los escenarios que se han construido a lo largo de cinco siglos nos brindan la oportunidad de ser actores, espectadores y en ocasiones hasta guionistas de una obra colectiva en espera de la próxima pincelada de la imaginación. Indudablemente, el turista se ha vuelto parte de ese teatro compartido. Sin embargo, a pesar de los imponentes cruceros que llegan a su puerto, el Viejo San Juan ha resistido la tentación de convertirse en un museo turístico. Por fortuna, en el casco coexisten restaurantes de tradición con barras del veintiuno, viviendas históricas y modernas, casas aristocráticas y barrios populares; en fin, una ciudad agradable, activa y plural, donde se solapan zonificaciones, instituciones, transportes, negocios, funciones, historias y sueños. El casco antiguo se activa a diario por dos universidades, dos escuelas, dos bancos, una Catedral, varias iglesias, una gran cantidad de tiendas e instituciones, un sinnúmero de plazas y un bar o restaurante prácticamente en cada manzana. De la misma manera tiene sus leyendas como la Garita del Diablo, la Rogativa o la Capilla del Cristo, además de sus personajes, algunos históricos y otros pintorescos: los que cuidan los carros, el que predica, el mesero, el guardia de la esquina y quienes se dedican a reciclar las anécdotas que articulan una historia alternativa de ese patrimonio de la humanidad.

A lo largo de sus centenarias fachadas podemos encontrar tarjas y monumentos como marcadores de esa historia anunciando que en dicho lugar nació tal persona, se fundó tal periódico o se inventó la piña colada. Algunas de ellas conectan la historia de una ciudad con la otra. En San Juan podemos encontrar a Francisco Miranda, quien luchó por la independencia de Venezuela. De igual manera, en Santo Domingo, uno de los ilustres puertorriqueños, Eugenio María de Hostos, yace en su panteón nacional de héroes y en la Habana Vieja, Eusebio Leal honró el legado de Ricardo Alegría y su influencia en el rescate del casco antiguo habanero con una tarja. Ha sido gracias a la gestión del antropólogo Ricardo Alegría que una cantidad significativa de la arquitectura sanjuanera ha sido restaurada o rehabilitada, escribiendo una historia reciente que releva a la anterior. En el 1992 su ciudad celebró el quinto centenario del descubrimiento de América con la Gran Regata Colón, un siglo después que Chicago hiciera lo propio con la World’s Columbian Exhibition del 1893. Una gran flota de buques de vela llegó a su bahía, incluyendo el Juan Sebastián Elcano de España y el Américo Vespucio de Italia. Para las embarcaciones participantes (incluyendo alguna del recién desaparecido Bloque del Este) tuvo que haber sido impresionante llegar en barco a la isla y recibir la bienvenida de esa majestuosa fortificación, horizontal y plana hacia la ciudad, pero vertical y orgánica hacia el mar, visible desde lo lejos y tomando forma paulatinamente hasta demarcar la entrada

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Tarja en honor a Ricardo Alegría en La Habana. Foto del autor.

Los colores de mi ciudad. Foto del autor.

a la bahía. El Cuartel de Ballajá tenía las banderas estadounidenses, española y puertorriqueña pintadas a lo largo de la fachada que daba a la plaza del Quinto Centenario y Puerto Rico ofreció a los visitantes su mejor cara en aquella época matizada por el eslogan político de “lo mejor de los dos mundos”. Lejos de ser una exhibición colonial congelada en la 92 | OECH

historia, como ocurre con otras ciudades museificadas, el Viejo San Juan respira aires de cambios constantes. Varios colegas arquitectos han colaborado en el proceso de restauración y rehabilitación, añadiendo capítulos importantes a una historia que no cesa. Entre ellos podríamos reseñar las intervenciones de José Ricardo Coleman Davis en La Fortaleza, Héctor Arce en el Banco Popular y la tienda Los Muchachos, Beatriz del Cueto en la Casa Power y Giralt para el Fideicomiso de Conservación, o la reciente puesta en valor de la Iglesia San José a cargo de Jorge Rigau, merecedora del Premio Nacional de Arquitectura en la Bienal del Colegio de Arquitectos. También es necesario mencionar los proyectos dedicados a crear espacios públicos que han facilitado la experiencia de la ciudad, muchos de ellos productos del tránsito del siglo 20 al 21 cuando la profesión y sus instituciones depositaron su quehacer en las virtudes de la ciudad y sus espacios. Desde la Plaza Colón de Arce y Rigau, a la Plaza de Armas de Alberto del Toro, el Paseo de la Princesa de Miguel Carlo, la Plaza de la Barandilla de Andrés Mignucci y finalmente, la Plaza del Quinto Centenario de Rivera y Alejandro con el Tótem de Jaime Suárez. Previo a ese periodo, Tom Marvel nos legó la Rogativa con la emblemática escultura de Lindsey Daen que memorializa la defensa exitosa de San Juan ante las armas inglesas en 1797. En fechas recientes, Segundo Cardona conectó el casco histórico con el Escambrón y el Parque Luis Muñoz Rivera mediante el Paseo de Puerta de Tierra con un proyecto premiado y a su vez controversial. La relación del casco histórico con el resto de los barrios que habitan sobre la isleta nunca ha sido ideal. Cuando en el 1897 de demolió la Puerta de Santiago junto a un segmento significativo de las murallas, se llegó a pensar en un ensanche reticulado como los realizados en Madrid, Barcelona y La Habana. Sin embargo, la Guerra Hispanoamericana del 1898 y el subsiguiente cambio de gobierno y bandera resultaron en una propuesta que resaltaba dos maneras diferentes de entender y hacer la ciudad. La fachada principal del Casino de Puerto Rico (construido en 1917), en lugar de hacerle frente a la Plaza Colón, dirigió su mirada a la Escuela José Julián Acosta -expresiva de la nueva administración colonial-, acentuando una cicatriz donde una vez estuvo la muralla y primera parada en una alfombra verde de edificios institucionales, seguidos por la Casa Olímpica, la Biblioteca Carnegie, el Ateneo, la Casa de España, el Capitolio y la Escuela de Medicina Tropical, hasta desembocar en el Parque Luis Muñoz Rivera, a la entrada de la isleta.

En términos de tipología arquitectónica y morfología urbana, San Juan experimentó una transición formal y espacial de unas manzanas que llegaban al borde de su propiedad, proveyendo un espacio abierto a modo de patio en el centro, a un edificio objeto que ocupaba el centro de la manzana, relegando el espacio abierto a su perímetro. La acción sentó las bases para el tipo de arquitectura que se daría en Puerto Rico a lo largo de la mayor parte del siglo veinte. Cabe mencionar que, además de las murallas demolidas, San Juan perdió el tranvía de Ubarri y la majestuosa estación con tren, donde hoy día un edificio posmoderno de Tom Marvel y Luis Flores intenta recordarnos su icónica torre del reloj. Mientras se realizaba el necesario proceso de restauración y rehabilitación iniciado en la década de los 1950, los residentes de la ciudad rehusaron convertirla en una caricatura de sí misma. El arquitecto Javier Blanco llegó hasta los tribunales para reivindicar su derecho a utilizar un color distinto al requerido ‘Old San Juan Brown’ en las ventanas de su casa, acción que abrió toda una serie de posibilidades en cuanto a la paleta disponible. Desde entonces, la comunidad de residentes en el Viejo San Juan ha tenido una presencia pública constante, discutiendo y debatiendo los proyectos de adoquines nuevos, chiringas y sombrillas frente a la Fortaleza, la prohibición del tránsito vehicular, más recientemente la reglamentación de los Airbnb que han proliferado como producto de inversiones incentivadas y la venta de edificios que componen el patrimonio histórico. Estas importantes luchas también han contribuido a esa historia, tanto oral como escrita, de la ciudad. No siempre con resultados armoniosos. Las opiniones encontradas sobre el perfil propio de la ciudad a menudo tienen su origen en las distintas posturas que los gobiernos de turno asumen sobre el significado pasado y futuro del Viejo San Juan. Por ejemplo, la Compañía de Turismo suele obviar la historia transcurrida desde el 1898, gravitando continuamente a las imágenes de adoquines, arcos y garitas para enmarcar un imaginario hispanizante capaz de seducir al turista en busca de algún escenario que complemente la playa paradisíaca en la misma página. A tal extremo ha llegado el ademán fantasioso que, durante un momento dado, el área de reclamo de equipaje del aeropuerto Luis Muñoz Marín estuvo adornado por fachadas bidimensionales que imitaban la ciudad del siglo 19. Por las mismas fechas, los cines del centro comercial Plaza las Américas también optaron por recrear un tipo de plaza rodeada por balcones, murallas y fachadas con colores pasteles, fusionando la

Escenografías turísticas en el Viaje San Juan. Foto del autor.

oferta de entretenimiento climatizado con una teatral escenografía histórica. Ese lenguaje arquitectónico ‘a la Disney’ se percibe también en algunas urbanizaciones donde la hilera de tejas, los arcos y los colores alusivos al Viejo San Juan intentan proveer una conexión visual, cultural y hasta de estatus social con lo que se asume es la iconografía sanjuanera. Afortunadamente, la ciudad colonial ha sido capaz de aceptar arquitecturas contemporáneas a su historia sin perder su aura. Hoy día, gran parte de las intervenciones gravita hacia una reinterpretación ensayada en lugar de imitaciones de algo que pudo haber sido, brindándole al entorno sanjuanero oportunidad de que el futuro vuelva a ser parte de una ecuación urbana obsesionada con resaltar el pasado. Algunos interesantes ejemplos de esto lo son el ático diseñado por Francisco Gutiérrez sobre la esquina de las calles San Francisco y O’Donnell, el edificio de viviendas de Fernando Lugo y Maria Rossi frente al Castillo San Cristóbal, las puertas del Cine Luna para la Universidad Albizu y los interiores de hoteles y restaurantes que entrelazan siglos. Además del legado construido y las posturas comunitarias y gubernamentales, me parece importante abundar sobre la manera que se ha tratado el tema del Viejo San Juan en las escuelas de arquitectura, donde se han escrito y se continúan escribiendo varios capítulos de esa historia. En la Universidad Politécnica, Jorge Rigau desarrolló un gran plano de los patios del Viejo San Juan, además de establecer un taller de restauración histórica donde se podría entrenar a las futuras generaciones que velarán por la integridad arquitectónica del casco. Durante la década que fungí como decano de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Puerto Rico, organizamos varios talleres de diseño dirigidos por los profesores Manuel Bermúdez y Emilio Martínez, entre otros,

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Memoria de la ciudad. Los cines de Plaza Las Américas. Foto del autor.

Una puerta, muchos tiempos. Pórtico de la Universidad Carlos Albizu. Foto del autor.

que exploraron el casco urbano caribeño y su ensanche extramuros, patrimonios de la humanidad que conforman el escenario de nuestras vidas cotidianas en la ciudad caribeña. Con tal propósito, fomentamos intercambios culturales y académicos en Santo Domingo, La Habana, New Orleans y Cartagena. En La Habana nos recibieron tanto Eusebio Leal como Armando Hart, logrando establecer un programa de verano dirigido por la profesora Marisa Oliver y gestado entre el Centro de Estudios Martianos y la Universidad San Gerónimo. El maridaje entre li94 | OECH

teratura, urbanismo y arquitectura es fascinante en la Antilla mayor. Las calles habaneras no solo inspiraron muchas de las historias de Carpentier, sino también son el escenario de vida y oficio de otros escritores de la talla de Leonardo Padura y Ernest Hemmingway. En Cartagena, donde García Márquez tenía una casa, Carlos Campuzano nos invitó a participar del Taller Internacional de Arquitectura organizado por la Universidad de los Andes, el cual tiene como sede la amplia nave sobre el Museo Naval, donde podemos apreciar los mapas que unían a las ciudades-puerto del Caribe mediante rutas de comercio y conquista. Entre sus calles respiramos las letras del Gabo y las lecciones de Rogelio Salmona. En Santo Domingo colaboramos con varias universidades, apoyados por comprometidos colegas como Gustavo Luis Moré, Marcos Barinas, Leyda Brea, Elmer González, Shaney Peña, Plácido Pina y Omar Rancier con los que debatimos estrategias comunes y posibles avenidas de intervención en un legado compartido. En el escenario de la ciudad murada, publicamos junto a la Fundación San Martín de Porres la guía San Juan Oculto: La ciudad antigua desde otras miradas. Editada con esmero conceptual y gráfico por el doctor Jorge Lizardi Pollock, la misma sugiere tres lecturas (o historias) tan diferentes como interesantes. La primera mirada nos confronta con la dicotomía intramuros/ extramuros desde la Puntilla y la pacífica Bahía hasta el barrio de La Perla y el violento Atlántico, bordeando la topografía monumental de la muralla por el Paseo de la Princesa, penetrando la ciudad por la Puerta de San Juan y volviendo a salir. Si los primeros dos paseos fluyen principalmente de norte a sur, el tercero se emplaza de este a oeste, enfatizando el adoquín, el arco, el balcón, el zaguán y el pequeño patio. Para muchos, es el San Juan que más se ve, pero el que menos se conoce. La segunda historia explora el San Juan institucional y la relación entre edificios gubernamentales y religiosos de amplios patios con galerías y arcadas que desafortunadamente no llegan a las aceras. Este paseo presenta una secuencia de escalas que fluctúan de la capilla del Cristo a la Iglesia San José o variedad de estilos como La Fortaleza y Ballajá. El tercer recorrido es mas íntimo y residencial, secreto y verdaderamente oculto. Hoy en día continúo trabajado entre sus murallas. Durante varios años mi balcón abría a la Plaza Colón y el Teatro Tapia. He dibujado la ciudad como estudiante y arquitecto, he pensado sus virtudes y desafíos como académico, disfrutado de sus calles como ciudadano y colaborado con valiosos colegas en rehabilitaciones tanto institucionales como residenciales. Como el

libro de Calvino, cada vez que penetro su entorno, me cuenta una historia nueva, tanto de sus memorias como de sus deseos. El gran reto, a mi entender, es calibrar ese delicado balance a lo largo de unas páginas que continuamos escribiendo con la tinta del presente. Epílogo: La vieja ciudad de antaño, llamada intramuros, es ciudad de sombras, hecha para la explotación de las sombras –sombra ella misma-, cuando se la piensa en contraste con todo lo que fue germinando, creciendo, hasta el oeste, desde los comienzos de este siglo, en que la superposición de estilos, la innovación de estilos, buenos y malos, más malos que buenos, fueron creando a La Habana ese «estilo sin estilo» que a la larga, por proceso de simbiosis, de amalgama, se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo, inscribiéndose en la historia de los comportamientos urbanísticos. Porque, poco a poco, de lo tornasolado, de lo entremezclado, de lo encajado entre realidades distintas, han ido surgiendo las constantes de un empaque general que distingue a La Habana de otras ciudades del continente. […] Este fragmento de una conferencia de Alejo Carpentier para Radio Habana inevitablemente me recuerda el Viejo San Juan. Su nombre ha sido inmortalizado por la famosa canción de Noel Estrada: En mi Viejo San Juan. Su entorno me ha servido de referencia al visitar urbes caribeñas como Santo Domingo, La Habana, Panamá y Cartagena, además de despertar el deseo de algún día poder hacer lo propio en otras ciudades del gran caribe como Veracruz, Colón, Port au Prince, Port of Spain o Santiago de Cuba. El libro de Jorge Rigau, Puerto Rico 1900, reseña de manera magistral la morfología y las tipologías de ciudades puertorriqueñas como San Germán, Guayama, Ponce, Arecibo y Mayagüez. Me parece de rigor continuar el esfuerzo a escala regional, trascendiendo fronteras e idiomas que suelen exagerar las distancias entre nuestras islas. Hace poco estuve en New Orleans junto a Giancarlo Mazzanti, italiano de nombre, ciudadano colombiano y caribeño de corazón. Durante su conferencia comparó New Orleans con su natal Barranquilla, el río Magdalena con el Mississippi y al Gabo con Faulkner, algo que han hecho otros autores desde otras disciplinas como la etnomusicóloga Ana María Ochoa. Conocí a Giancarlo en Cartagena y desde entonces hemos podido compartir en San Juan y ahora en esta ciudad norteamericana que se parece más a las nuestras que a Houston, Atlanta o Miami. De la misma manera podríamos decir que Cartagena se

Miradas diferentes pero imbricadas de la ciudad

parece más a Nueva Orleans que a Bogotá o Medellín. Su charla estuvo auspiciada por la Fundación Pro-Arq, presidida por Orval Sifontes, ex alumno de Tulane que hace medio siglo tenía que tomar un vuelo que salía de San Juan y paraba en Ciudad Trujillo (Santo Domingo), Port au Prince y La Habana antes de llegar a Nueva Orleans. Es un periplo que también exploran los talleres de Anna Georas junto a colegas de Houston, Georgia Tech, UW-Milwaukee y Tulane. La ruta enlazaba cinco ciudades caribeñas las cuales hoy día están separadas por idioma, pasaportes y sanciones gubernamentales y unidas por capas compartidas de influencias africanas, europeas e indígenas que son visibles desde la gastronomía y la música hasta la arquitectura y una manera de ocupar el espacio público que todavía requiere otras investigaciones para continuar fundando, una y otra vez, una maravillosa historia caribeña.n SHPO

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Escrito en las esquinas de las calles: 500 años de memorias sanjuaneras Magali García Ramis

La Capilla del Cristo. Foto: Doel Vázques Pérez

Una legión de hombres y mujeres se desplaza de noche por las calles de la ciudad amurallada de San Juan Bautista de Puerto Rico. Los que van a la vanguardia se detienen de pronto frente a una puerta enrejada de metal verde que da a un zaguán, y hacen señas a los que les siguen para que se queden quietos donde estén. Algunos han marchado como soldados, porque lo son; otros han caminado como heridos, porque lo están, y los más, simplemente se muestran ansiosos 96 | OECH

porque quieren que esto acabe ya. Han esperado el momento más oscuro, para materializarse y poder hacer su reclamo. A todos les falta algo y lo quieren de vuelta porque dicen que no estarán en paz hasta que lo tengan en sus manos - que son translúcidas y ni sé si pueden agarrar lo tangible. Es miércoles, mitad de semana. Al escucharlos murmurando, yo bajo las escaleras de mi casa con una mesita, una banqueta, un cuaderno y una pluma. Abro

Cerámica con silueta de nubes y aves en vuelo; atrás, la bahía de San Juan por donde entraba y salía el Coamo.

“En un abrir y cerrar de ojos hallamos mil fragmentos que componen una imagen de ciudad..”.

la reja, me siento y comienzo a oír lo que cuentan. Saben que llevo años recogiendo todo lo que encuentro en calles y plazas, entre adoquines o a ras de la tierra, y que estoy armando un mosaico con esos objetos que son sus oquedades, pero algunos los quieren de vuelta y vienen a reclamarlos. -Silencio, por favor – digo - y párense en una sola fila. De uno en uno me van diciendo rapidito qué buscan, a ver si puedo ayudarles. Hoy no puedo quedarme mucho tiempo, y por favor, sean precisos-. El primero en hablar es un hombre cincuentón, dice llamarse Emilio Colón y sus ojos tienen la mirada acuosa de los que han muerto en el mar. Escribo su nombre en el cuaderno y dejo un espacio para lo que va a pedir. -Quiero recobrar un pedacito de un plato de sopa que era de mi familia. Se cayó de las manos de una tía cuando recibió la noticia de que yo había muerto. Tiene unos trazos sencillos de nubes y unas siluetas de aves en vuelo, como las que uno ve en la lejanía si va a bordo de un barco. Es un pedazo muy pequeño, blanco y azul. Si logro recuperarlo, entonces el plato estará intacto, y ella descansará en paz porque,

oiga, ella también anda por aquí-. --Emilio – trato de explicarle - ¿sabe cuántos fragmentos tengo de platos y soperas y cántaros y tapas y vasijas decorados en blanco y azul? ¡Es lo que más abunda! -Usted mire a ver si me hace ese favor- responde, y se va calle abajo para que se acerque el próximo. Emilio Colón anduvo mucho por estas calles porque éste era el puerto de salida del Coamo, que por años navegó la ruta San Juan- Santo-Domingo -Nueva York llevando y trayendo residentes y visitantes. Cuando fue requisado por la Marina Estados Unidos al estallar la Segunda Guerra Mundial, el Capitán Nes Helgensen escogió quedarse a bordo, pasando de la marina mercante a la militar, y parte de la tripulación siguió su ejemplo, entre ellos el cocinero Emilio Colón. El 2 de diciembre de 1942 el barco iba rumbo a Gibraltar cuando fue torpedeado por los alemanes. Unos pocos sobrevivientes alcanzaron a subirse a las balsas salvavidas. Pero la Muerte estaba en una de ellas dirigiendo una borrasca que duró tres días, y nadie sobrevivió. Si alguien merece estar en paz es ese SHPO

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Pistolita por la Norzagaray.

Tirador de porcelana del cajoncito interior de un armario.

Objetos encontrados en las calles.

Catalina Borrás Ginart con su nana; es posible sea Carmen Ceth, oriunda de África. Circa 1864, San Juan de Puerto Rico.

hombre, me digo, pero me va a tomar días encontrar ese fragmento de loza azul y blanco. Le sigue un muchacho fuerte; anda en mahones y chaleco de cuero. -Mera, soy Joel, Joel Roberto Ortiz Cardona, y yo iba a las millas, iba de salida, cuando me caí de la motora. Mis amigos se fueron y tuvieron que dejarme porque todos andaban esplaca’os menos yo, que siempre he tenido licencia de motora. Y cuando me caí rodé por la Norzagaray y se me abrieron las cadenas que tenía al cuello. Eran cinco, tres de oro bueno, y dos de embuste, pero una tenía el dije que yo más quería, el de la pistola con once brillantes, también de embuste, pero fue el que mi hermano gemelo Tato me regaló y yo le juré que siempre iba a llevar esa prenda al cuello. A mí me llevaron en ambulancia al CDT pero yo iba sin casco, tú sabes como es, ya no había nada que hacer. Llevo 20 años esperando para ir a verlo con ese dije, para que vea que le cumplí. Yo creo que tú encontraste esa pistolita porque saltó por el aire, y el barrendero que limpió ese día tenía su walkman conectado y no estaba mirando al piso, si no, la hubiera cogido. Pero eso dio tumbos de lado a lado y allí quedó en el pasto cerca de la escuela Lincoln, donde tú la encontraste. Creo que te vi doblarte a cogerla, ibas con un cachorro peludo color marrón. Devuélvemela, mai, que me hace falta-. Le sigue un suspiro de muchacha que no tendrá más de 17 años. Viste traje largo, ceñido a la cintura, con adornos de brocado en las bocamangas. -Soy Amalia, la hija menor de los Asencio, de por allí por la Caleta-

dice con mucha familiaridad, como si yo debiese conocerla solo porque es de San Juan. Perdí un tirador de porcelana del cajoncito interior de un armario. Fue poquito después de que se fueron los ingleses. ¡Mira que hacía calor! Había tanto mosquito, y yo traté de abrir la gaveta del armario para sacar los abanicos que habíamos escondido. Todo, todo lo que apreciábamos lo habíamos escondido porque ya venían esas tropas desde Cangrejos y sabíamos que iban a tomar la ciudad. Pero la madera del cajón estaba hinchada, y halé y halé tan duro que rompí el tirador de porcelana. Mi hermana nunca me lo perdonó, porque ese armario era de Mamá y ella había muerto hacía poco, casi dos meses antes de la rogativa que hicimos junto al señor obispo. ¡Pero es que esa bolita salió rodando hacia el balcón, cayó a la calle y no pude recobrarla! Ni pude sustituirla porque por buen tiempo no surtieron los comercios. Todo lo que traían para abastecernos eran comestibles y armas, figúrese, después de tanto tiempo en ese asedio. Si usted tuviera la gentileza de buscar en esos frascos donde acumula todo, se lo agradecería. -Estooo, Rafi Sánchez, aquí, en busca de una uña – dice el próximo, un muchacho que huele a loción de farmacia, a sangre seca, a aceite de carro. -Perdone, pero no guardo materia orgánica humana – le explico. - Primero porque se descompone rápidamente, segundo porque creo es ilegal tener restos de personas en los hogares. -Se ve que tú no eres del ambiente musical. ¡Una uña de guitarra! La perdí en la Sol, por allí por casa de

mi novia. Yo venía de El Jibarito un sábado en la noche. Cuando llegué al carro me di cuenta de que la había perdido, se salió del estuche donde llevaba mis AirPods. Me fui para Levittown a casa de mis papás porque esa noche rompí con Ale. Un borracho me impactó en la número 2 y morí en el acto. Yo le llevo serenatas a Ale desde entonces, pero ella no me escucha porque no estoy entonando. Necesito mi uña y yo vi que tú la cogiste, sí, tú mismita. Está nueva. ¿Ibas a venderla o algo? Dámela, que es mía-. - Me llaman Carmen, Carmen Ceth - dice una muchacha negra, ataviada con vestido blanco, de falda amplia con adornos bordados y un sombrero oscuro, pequeño. Tiene un ligero acento que no puedo identificar. - ¿Su Merced me hará el favor de buscarme la piernica de la muñeca de la Niña Catalina que se le cayó en el estudio de fotografía? Ella la traía agarradita, pero se la quitaron para que no se moviera cuando tomaban el retrato-. He visto tu foto cien veces, Carmen, me digo. He caminado San Juan con ella. Dime si eres una de las dos mujeres esclavizadas que pertenecían a Bartolomé Borrás Llacer y hacían labores domésticas. En el documento que hicieron de los esclavos y sus amos previo a la abolición de la esclavitud solo hay anotadas dos mujeres asignadas a él cuyo lugar de origen lee “África”. Siempre he creído que tú eres una de ellas, porque dice que trabajabas en San Juan, donde estaba su casa y no en Caguas, en la hacienda. Quizás eras

la nana de esa niña y por eso en la foto la agarras con tanto cariño, aunque miras a la cámara con suspicacia, después de todo, vives sin saber nunca qué van a hacer contigo al día siguiente. No estás en paz desde antes de que esa niña pataleteara porque su muñeca se rompió y no apareció la pierna en medio de ese estudio lleno de bastidores, lienzos pintados y butacas. Tú estás en lucha con el mundo desde que te sacaron de tu aldea, te llevaron a la costa, te pusieron cadenas y te mandaron para estas islas. ¿En dónde desembarcaron luego de esa pesadilla de travesía? ¿Qué lengua dejaste de usar y cuál aprendiste primero en las Antillas, holandés, inglés? Hablas muy bien el español. ¿Qué fue de tu vida luego de la abolición? ¿Te quedaste con el apellido Borrás o escogiste uno libremente para borrar que tuviste amo? ¿Fuiste dulcera o costurera? ¿Pudiste montar un taller en viejo San Juan o en Puerta de Tierra con otras compañeras? Me obseden tu mirada y tu porte, y el futuro que te aguardó. Te voy a decir un secreto: tu rostro es muy puertorriqueño. Quizás tus descendientes caminan ahora esta ciudad y no saben que aquí habitaste, sufriste y sobreviviste. A lo mejor uno de los empleados del Departamento de Hacienda es bisnieto tuyo. O una de las abogadas que postulan en la corte Federal es tu tataranieta. Prometo devolverte esa pierna de muñeca, esa sí sé dónde está. Ven mañana en la noche, Carmen y si te es posible, extiende tu mano y estrecha la mía, que, aunque ese dueño tuyo no fue mi ancestro en línea directa, fue pariente de mi abuelo y alguien debe, tiene, que

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Pedazo del cristal de una botella.

Encaje de señora, siglo 19; encaje de hoja, siglo 21.

pedirte excusas por la vida que te tocó. -Hendryk de Hass, me llamo, soy holandés. Tuvimos suerte y pudimos saquear la ciudad, aunque no tenía más nunca el botín que esperábamos encontrar. Esta capital no era Cartagena de Indias, ni la Guaira, no tenía los collares de oro, ni las mil cuentas de plata pura, ni la esmeraldas tan grandes como ojos de cervatillo, ni las perlas en ristras todavía oliendo a mar. Pero algo pudimos saquear. La iglesia sí tenía sus tesoros, gracias a que ustedes los católicos todavía alaban al Señor con cálices y candelabros de metales nobles. De algo ha de servir tanta apostasía que los lleva a creer que Dios padre y Jesucristo exigen oro y gemas preciosas para que sus fieles les honren. Yo quise irme con mi tropa de regreso a la nave, pero un mosquetazo me traspasó el pecho. Estos sanjuaneros tenían armas de hace 100 años, abandonados como estaban por su Rey. Cuando caí herido se me rompió un tarro de miel que traje de mi país, y que para mí era casi tan preciado como el cáliz que llevaba en el saco. Quiero pegarle el pedazo que le falta para volver a Holanda, pero no puedo porque el orgullo me carcome con ese tarro roto. Por favor busque, creo que usted lo tiene. -Yo, yo no tengo muy claro qué fue lo que me pasó. Sí que le debía al dueño del colmado, pero no era pa’tanto, digo yo. Cuatro canecas y dos botellas de refresco era lo que había cogido fia’o - dice en hombre 100 | OECH

Flamboyán de fiesta en la Caleta, julio de 2021; borde de plato de servir roto durante las fiestas de San Juan, junio de 1864.

flaco, con bigote finito. -Yo me estaba tomando una colita champán, estaba para’o allí sin molestar a nadie y de pronto llegaron estos tres a darme una pela. ¡Uno hasta tenía una manopla! Desde entonces yo camino gambao. La botella que yo iba a devolver pa’ que me dieran el chavito, se cayó al piso y un canto del cristal voló. Y yo creo que si logro repararla pues, pues voy al colmado y… hasta vuelvo a ser el mismo de antes. Fue en la calle Tanca donde yo estaba para’o cuando me dieron. Busque ahí, a ver si usted la tiene, por favor. -Trataré, ¿cómo te llamas? - Simón, me llamo Simón. Y así siguen por horas, contando de sus vidas y sus muertes, pidiendo y reclamando. Güicho Cepeda busca una canica que era de su mejor amigo, Josito, ahogado en la bahía de San Juan mientras se sumergía buscando los vellones que la gente que fue a despedir un transatlántico en 1958 le tiraba al agua. El cabo Dionisio Ydrach - necesita desesperadamente el botón que falta de su uniforme; tiene el número 5, del 5to. Regimiento pero no recuerda si él era de Infantería o Artillería, ni el año en que lo perdió porque la memoria se le escapa por la herida profunda que tiene en su cabeza. Gerónima Ginart no descansa en su cripta en la Capilla de San Francisco porque le falta un pedazo de

Trebejos de ajedrez encontrados en una plaza.

Castillo de San Felipe de El Morro, las cocinas.

puntilla del cuello de una blusa que tenía puesta en septiembre de 1893 cuando fue al puerto a despedir a su cuñada poco después del huracán San Roque. Charlie no es muy conversador, señal de que murió hace poco. Me dijo que por un recodo del cementerio, pegado de la muralla, encontré algo que él dejó caer. -Tenía que hacer un trabajo, pero me habían seguido y eché a correr. Y tus huellas están junto a las mías. Me están pidiendo cuenta, mira a ver si te pones pa’ tu número y me devuelves lo que es mío -me dice, en un tono algo amenazante. Pero ahí yo tiro la raya. Imagino el trabajo que tenía que terminar Charlie. De todo lo que guardo es lo más reciente pero no sé si quiera desprenderme de ella. Es una Biblia con cubierta de plástico barato, sin colofón siquiera, y entre sus páginas, en medio de los Salmos, tiene un cuchillo de ocho pulgadas. Le dije que sí, que la encontré en el cementerio y que mis huellas están en ambos objetos, estamos unidos en lo macabro, pero él se fue antes que yo. Me la voy a quedar por ahora, además, dudo mucho que él leyera esa Biblia. Jacinto tiene 9 años. Es un niño indio reclutado para llevar agua a los esclavos y peones obligados a construir las cortinas de murallas. Necesita un pedazo de un cántaro de barro que rompió y por lo que le dieron tan fuerte con un fuete, que le quebraron el bracito. Cree que si recobra el pedazo y se lo lleva al

capataz, su brazo se arreglará. Llora quedito cuando lo cuenta. Rosendo de la Cruz estaba jugando al ajedrez con su compadre Toñito Báez en un murito por la Barandilla y de pronto se armó la de San Quintín. Fue el 30 de octubre de 1950 cuando el asalto armado a La Fortaleza. La gente empezó a correr y ellos se resguardaron en un zaguán. Al regresar a recoger el tablero y los trebejos faltaban una torre y un alfil blanco, y un peón negro. Su juego está inconcluso. Quiere las piezas para entonces ir a buscar a Toñito, aunque perdió su rastro hace tiempo. Sarita Martínez busca un pedazo de un plato de servir color amarillo claro, con un diseño de una cadeneta negra y luego el borde pintado verde turquesa. Se cayó de la esquina de la mesa de su casa cuando todos corrieron a ver la alborada del Regimiento de Antequera que desfilaba abriendo las fiestas del santo patrono de la capital en junio de 1864. Santino Pascuale, italiano, llegó a San Juan con una compañía de teatro en 1889 y se quedó para siempre. Busca un frasco algo astillado de aceite de oriza que le vendieron en la droguería de Guillermety para aliviar una inflamación. Angela Pamela Henderson – quiere devuelta una “A” blanca, de madera, de una pulgada de alto. Se la esculpió un bartender con quien vivió en San Juan SHPO

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La cúpula interior de la torre originaria de El Morro, donde los sanjuaneros buscaban refugio asedio tras asedio en los siglos 16 y 17.

Icónica vista de la ciudad de San Juan desde el Fuerte de San Cristóbal, por el artista y grabadista francés Isidore-Laurent Deroy, segunda mitad del siglo 19.

cuando ella vino de Chicago a trabajar de enfermera en los 1940, se enamoró locamente y quiso ser feliz. Pero no pudo. De pronto todos hablan a la vez, todos tienen prisa. Cuando comience a clarear tienen que irse porque entonces no se ven, y si no pueden verse sus cuerpos, no pueden comunicarse. Por eso salen en lo más oscuro, a medianoche, y se van de madrugada. Cuando hablan así al unísono no les entiendo. ¿Qué hace uno con tanta gente? ¿Qué hace uno con tanta historia? ¿Qué hace una ciudad con tanto años encima, con ese tropel de almas en pena, de muertos deambulando por casas y calles? Los de ahora creen que es con las Fiestas de la Calle San Sebastián que se llena San Juan. Pero nunca la han visto de noche en la dimensión de los que no aparecen en las crónicas, de los que han conformado la ciudad desde que los vecinos de Caparra comenzaron a mudarse acá, a este islote que abre a la bahía más hermosa de todas las Antillas. A veces, estos que vienen de noche a buscar sus losas astilladas, sus retazos perdidos, me preguntan que quién contará su historia. Porque cada historiador tiene un pedazo, cada historiadora tiene una fecha y narran de las vidas colectivas de todos los que aquí han habitado, trabajado, visitado o regenteado, pero a veces olvidan que estos hombres y mujeres que fueron de carne y hueso son los verdaderos protagonistas de la historia de San Juan y cuando cuentan cómo fueron sus vidas, cinco siglos de ciudad reverberan a la vez.

Para contar la historia de la ciudad hay que enlazar a los que conocemos con los que aparecen de noche buscando su lugar en las crónicas que la eternizan. Hay que pararse en el muelle y ver zarpar el barco con las últimas tropas del Imperio Español en las Américas, y hay que mirar al Arsenal frente a donde lloran las mujeres y los hijos de los soldados que se van para no volver, despidiéndolos con pañuelos blancos y lágrimas color ausencia. Hay que detenerse junto a la antigua Iglesia de San Francisco antes de que la tumbaran y oler los jazmines que por un siglo allí florecieron. Hay que mirar a la izquierda cuando uno va saliendo por Puerta de Tierra y ver la zanja que corre paralela a la carretera, por donde los soldados corren seguros hacia el fortín de San Gerónimo cuando se avistan enemigos. Hay que ir a la bahía de noche y apostar a que los muchachos de Cataño podrán traer el whisky de contrabando aunque “el gobierno tiene una lancha que juega con las olas del mar”. Hay que bajar a La Perla por la puerta de Santa Rosa a principios de siglo 20 y ver el macelo a donde llegan mansas las reses y chillando los cerdos, porque ellos sí saben que los van a matar. Hay que refugiarse en la torre originaria de El Morro, que era el lugar más seguro al principio, cuando los piratas y corsarios de todas las naciones querían tomar este puerto rico. Hay que regresar por mar en bergantín junto a

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Porque tantos cientos de boricuas letrados la han vivido o han trabajado en ella, tenemos una vasta colección de libros de su Historia, de ensayos que la explican, de poesías, cuentos, dramas y novelas que la tornan ente vivo; de reportajes de sus plazas, monumentos, problemas sociales y acciones gubernamentales; de memorandos de todo lo que han concebido los oidores, los alcaldes y los capitanes generales para mejorar la urbe o subirle los impuestos a quienes la habitan. Pero la Historia, lo sabemos, no está plasmada solo en documentos o reflejada solo en las decisiones de los poderosos, porque un puñado de políticos y comerciantes, y una ristra de gobernantes y capitanes no son San Juan. San Juan es ciudad de dignatarios y artilleros, de poetas y periodistas, de estibadores y dulceras, de marineros y lavanderas, de oficinistas y zapateros, de gobernadoras y mensajeros, de panaderos y maestras, de licenciadas y músicos, de limpiabotas y banqueros, de frailes y maquinistas, de linotipistas y presos. San Juan es el microcosmo de la Isla Grande y el crisol de 500 años de urbanismo que por poco perdimos hace unas décadas y podríamos perder ahora si no nos cuidamos de los nuevos piratas. Es tan pequeño su entorno, que a los seis meses de mudado aquí cualquiera se siente sanjuanero de toda la vida, y tiene espacios tan escondidos, que luego de treinta años de habitarla uno descubre lo que nunca imaginó.

ese muchacho tan joven y tan flaco, que morirá en unos años, pero al volver y ver su ciudad, romántico y enamorado la describirá como “la de blancos almenares”. Hay que bajar por la calle de los santos Justo y Pastor y detenerse frente a La Mallorquina y ver a esa piña de literatos entrar a imaginar el país. Hay que ver a esas mujeres rajando pedazos de trapos y faldas para hacer jachos, encenderlos e ir en rogativa por las calles clamando a Dios para que nos salve de los ingleses. Hay que ver a los gremios de sastres y tipógrafos reunidos a fin de siglo en su casino retando al gobernador al proponer luchar por mejorar sus salarios. Hay que ver a la turba enardecida caminando con palos, mazos y adoquines rumbo al periódico La Democracia dispuesta a destruirlo, creyendo que al romper imprentas y moldes de letras, destruyen, de paso, las ideas. Hay que ver la mirada de Isidore-Laurent Deroy cuando desembarca en la Dársena y ve la ciudad, y sus cúpulas, sus plazas y sus luces, que plasmará en las más icónicas vistas que tenemos del San Juan decimonónico. Hay que sentir la aprehensión del par de jóvenes bien vestidos, con las pistolas muy escondidas, que aguardan, en la esquina del Callejón del Gámbaro, a que pase en su auto luego de ir a misa un Domingo de Ramos Elisha Francis Riggs, el Jefe de la Policía, para ultimarlo. SHPO

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Hay que ver al papá del pescador “El Indio” Romero, treparse a pintar la base de la bombilla sobre el Banco Popular, el único obrero en su tiempo que se atrevía a escalar el edificio más alto del país cuando fue construido. Hay que ver el paso que lleva ese hombre menudo, de pura fibra, espejuelos gruesos, mirada inteligente y andar erguido que va camino a los talleres de la División de Educación de la Comunidad a imprimir serigrafías. Dejó su trabajo de diseñador de prendas de Cartier en Nueva York y ahora diseña y enseña en estos talleres, maestro de maestros cuando nace a borbotones el oficio de artista gráfico en Puerto Rico. Hay que acompañar a esa mujer que camina al Paseo de la Princesa a donde está preso su esposo por una artimaña del gobierno que se ha empeñado en fabricarle casos a todos los que se llamen a sí mismos Nacionalistas. Nieta de quien escribió las memorias de la ciudad y esposa del poeta cautivo que al verla llegar siente que le brotan como heridas de bala los versos que hablarán de ella “andando de noche sola”. Hay que caminar por las calles que caminaron Clara Lair y Doña Fela, la Infanta doña Eulalia, el gobernador de la Pezuela y el gobernador Baldrich, y el hijo de Teddy Roosevelt, y el poeta Santos Chocano, pero también los carreteros, los albañiles, las oficinistas, las empleadas de tiendas y bazares, los prisioneros que trajeron a empellones a las mazmorras por atreverse a rebelarse contra la Corona en el pueblo de Lares allá para 1868, y que caminó Maelo, bajando la cuesta para llegar a La Perla y cantarle a las caras lindas de Tite. Hay que ver al piloto Lindbergh en su gira triunfal por el mundo llegar aquí y dejar plasmado su recuerdo en un postre que inventan los isleños, de hielo con sirope llamado limbel; y hay que ver al músico y pintor Campeche bajar a los almacenes del puerto a comprar pigmentos para sus lienzos de nobles con sus damas, y de vírgenes que todavía intentan protegernos. Hay que sentarse a conversar con Tite Curet en la Plaza de Armas y ver cómo la cruza Tufiño cargando feliz su talento y su almuerzo; y hay que caminar al Convento para ver cuando sacan a las monjas de clausura para llevarlas a Santurce porque pronto comienza el bombardeo de San Juan en 1898. Hay que caminar la calle del Cristo y afinar el oído para escuchar a los músicos que salieron de tocar de un hotel en el siglo 20 y caminan rumbo a una barra a terminar de amanecerse, y casi chocan con los jinetes que en las carreras de caballo galopan sin cuidado por esa misma calle en el siglo 18 y desembocan en un milagro. 104 | OECH

Hay que ver a los sanjuaneros bajo las órdenes del gobernador De Haro descargando en El Morro las cargas de casabe, las peruleras de vino, las fanegas de maíz, las botijuelas de aceite y los quesos de islas, preparándose para el asedio de los holandeses, temiendo por sus vidas pero bravos en su empeño. Hay que escuchar las retretas en la plaza de Armas y el silbato del tren cuando entra a la majestuosa y afrancesada estación de ferrocarriles, y hay que buscar asiento en la barra del cafetín El Roto frente a los muelles, donde los prensistas del turno de la langosta de El Imparcial y las prostitutas de la Calle Luna desayunan, juntos, mondongo con pan. Hay que ver todo lo que fue y lo que es y lo que será, lo que se perdió y lo que se encontrará. Hay que parase a la salida detrás de donde estuvo el Casino, hoy Centro de Recepciones, e imaginar la Puerta de Santiago y leer el lema esculpido en piedras sobre ella, el salmo 127: “Si Dios no guarda la ciudad en vano vela el centinela” porque a veces parece que el Señor ya no la guarda, que la asedian los que vienen, como enemigos, a desmantenarla, obtener lucro y largarse luego. Pero ella permanece, y sus muertos, que son legiones y la viven de noche con su voluntad, remueven los malos recuerdos, deshacen las malas vibras, ordenan sus plazas, pasan rastrillo en las bases de árboles y palmeras y, pendientes a todo lo vivo, acurrucan a sus palomas para que San Juan amanezca siempre abierta a recibir a quien quiera venir. Lleva 500 años acicalándose para la isla toda, dama urbana yaciente en un promontorio, que se adorna con carretas y coches y se engarza con autos, trolleys y motoras en vez de con pulseras de oro y argollas de plata. Con adoquines azul plomo ciñe su torso, y recubre su cuerpo, que tanto ha sufrido y tanto ha gozado, con yeso y argamasa, con polvo de ladrillos y de recuerdos. Aislados en este promontorio a la entrada de una isla, por centurias celebramos todo lo que trajeron los barcos: compañías de ópera para ir a escucharlas al atardecer, gobernantes militares españoles pomposos y uniformados para verles subir a Catedral, gobernantes americanos con sombreros “pra pra” que no sabían ni decir “buenos días” en español. El mar nos trae ballenas que nos llevan a apostarnos en la costa solo para verlas desplazarse ente las olas, y nos trajo, una única vez, naves de ensueño de la Gran Regata que, luego del encuentro de los dos mundos que hace medio milenio nos conforman, nos dejaron desolados al salir por la bahía con sus velas rojas, verdes, anaranjadas y una estela de rosas rojas que la tripulación colombiana lanzó gallardamente al agua para hacer imposible que les olvidáramos.

“La ciudad no cuenta su pasado, lo contiene..escrito en las esquinas de las calles..”. Foto: Doel Vázquez Pérez

Todo lo que llega y todo lo que se va, todos los que quedan y todos los que la viven hacen a San Juan extraordinaria. Por eso tratamos de cuidar cada patio y cada aldaba, cada ladrillo y cada dintel, cada memoria y cada recuerdo, y cada pedazo de losa efangado que sale a la luz cuando llueve y se queda esperando que lo devuelvan a su lugar para completar el mosaico de la vida de San Juan. Y en un abrir y cerrar de ojos hallamos mil fragmentos que componen una imagen de ciudad que da al sur, siempre desde el sur es que tiene sentido

pintarla como la pintó en palabras Gautier Benítez: “Qué bella estás en la bruma”, sea del mar o del polvo del Sahara, qué hermosa es esta ciudad, y que intensa y qué nuestra. La historia de San Juan es el libro fundacional de la isla toda, porque aquí es que todo comenzó. Pero ese libro no está en los estantes de las librerías ni en los archivos de las bibliotecas. Porque, como explicó Ítalo Calvino, “la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras…”.n

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BITÁCORA DE UNA CONMEMORACIÓN: San Juan de Puerto Rico, 500 años

Primera reunión de representates del grupo cultural y educativo del Barrio Ballajá. Celebrada el 25 de mayo de 2017 en el Salón Maestro Rafael Cordero del Cuartel de Ballajá. Foto por el Sr. Agustín Graterole.

Lillian M. Lara Fonseca, Ed.D.

La ciudad continuamente nos cautiva, solo basta recorrer sus calles y plazas, y observar con detenimiento la simetría y ornamentación que dibuja las fachadas de sus edificios institucionales y residenciales. El San Juan que atesoramos, también es tiempo y espacio, en donde se marcó el surgimiento de una importante dinámica de intercambio y actividad vital, que encauzó no solo el desarrollo del enclave, sino también el de todo Puerto Rico. El estudio de la relevancia de los distritos históricos que componen la ISLETA capitalina, siendo estos: Viejo San Juan y Puerta de Tierra, nos mueve a seguir investigando ambos sectores, con la finalidad de procurar su conservación. Asimismo, nos interesa continuar provocando la identificación de la ciudadanía con nuestro patrimonio, indudablemente visible y tangible en el conjunto histórico sanjuanero. Definitivamente, el momento era y sigue siendo idóneo para unir voluntades, con la finalidad de conmemorar los 500 años de fundación de San Juan de Puerto Rico. En medio de esta coyuntura 106 | O F I C I N A

histórica, la Oficina Estatal de Conservación Histórica (OECH), ha reiterado su compromiso de proveer información y educar a la ciudadanía, según establece una de las disposiciones del Acta Nacional de Conservación Histórica de 1966. De esta manera, la OECH ha tenido una participación notable, al convocar a mediados del año 2017, las primeras reuniones en las que se discutió la celebración del quinto centenario de la ciudad de San Juan. Afortunadamente, desde un inicio, la OECH contó con el respaldo de los representantes de todas las entidades culturales y educativas del barrio Ballajá. Según estableció el director ejecutivo de la OECH, el arquitecto Carlos A. Rubio Cancela (en la primera reunión celebrada el 25 de mayo de 2017), con este encuentro quería llamar la atención sobre la necesidad de comenzar a aunar esfuerzos con miras a la conmemoración de este importante evento. Esa asamblea inicial viabilizó que se integraran portavoces de varias entidades, que ubican en el barrio de las artes y la cultura, estas son: el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), la Fundación Puertorriqueña

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de las Humanidades (FPH), la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española (APLE), la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de Puerto Rico (EAPDPR), la Liga de Estudiantes de Arte (LEA), el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC), el Museo de las Américas (MA) y la Academia Puertorriqueña de la Historia (APH). Cabe señalar, que este primer encuentro provocó un interesante diálogo sobre los posibles lemas para este memorable evento, al que todos acordaron que debía denominarse: Una Isleta – Una Ciudad, San Juan de Puerto Rico 500 años. Asimismo, se coincidió en la importancia de esbozar un organigrama sencillo para la incorporación de una Comisión y se delinearon comités de trabajo para la conmemoración. En las reuniones posteriores participaron representantes del Departamento de Estado y de la Oficina de la Primera Dama, los cuales verbalizaron que colaborarían en la consecución de proyectos conmemorativos. En este sentido, quedó constatado, que la incipiente voluntad de la OECH de encauzar

la celebración de nuestra ciudad de cinco siglos, también era compartida por organizaciones culturales y educativas del emblemático barrio, al igual que oficinas relevantes del Gobierno. A partir del 24 de septiembre de 2018, el grupo de trabajo se formalizó, con la firma del exgobernador de Puerto Rico, el Dr. Ricardo Rosselló Nevares, de la orden ejecutiva 2018-038,1 la cual dio paso a la creación de la Comisión especial para la celebración de los 500 años de la Fundación de la Ciudad de San Juan. De esta manera, la conmemoración sería impulsada por la comisión, la cual estaría presidida por el Secretario de Estado y copresidida por la Primera Dama de Puerto Rico, y que también contaría con otros miembros: la Secretaria de Hacienda, la Secretaria

de Educación, el Secretario de Desarrollo Económico y Comercio, la Directora Ejecutiva de la Compañía de Turismo, el Director Ejecutivo de la Corporación para la Difusión Pública, el Director Ejecutivo del ICP, el Director Ejecutivo de la OECH, la Rectora de la EAPDPR, la entonces Alcaldesa del Municipio Autónomo de San Juan, el Historiador Oficial de Puerto Rico y seis representantes del sector cultural y del tercer sector, nombrados por el Gobernador. A través de esta disposición se logró que los representantes de las entidades culturales y educativas del barrio Ballajá se integraran al equipo de trabajo. Con esta orden ejecutiva, también se estableció el periodo conmemorativo, el cual duraría dos años y tres meses, teniendo su inicio el 12 de septiembre de

2019 (día en el que se cumplieron cinco siglos de la autorización de mudanza desde Caparra a la Isleta partiendo de la noción del 12 de septiembre de 1519)2 y culminando el 31 de diciembre de 2021. De este modo, en la legislación se reconoció el 1521, como el año de fundación de la ciudad3, según lo aseveró Salvador Brau en su libro, La colonización de Puerto Rico, publicado por primera vez en 1907. Desde entonces otros historiadores han otorgado validez a esta referencia documental. Sin embargo, la fecha de fundación de San Juan como la ciudad capital es un debate que aún no ha terminado. El historiador Francisco Moscoso retomó las fuentes primarias del Archivo General de Indias con un análisis muy detallado, y publicó en el 2020 el libro, Fundación de San Juan en 2022.4

1 Boletín Administrativo Núm. OE-20-18-038. Orden Ejecutiva del Gobernador de Puerto Rico, Dr. Ricardo Rosselló Nevares para crear la “Comisión Especial para conmemorar los quinientos años de existencia de San Juan de Puerto Rico. Gobierno de Puerto Rico, La Fortaleza. San Juan, Puerto Rico. 2 La Provisión de los frailes Jerónimos del 4 de julio de 1519 fue el primer documento que aprobó el traslado de la capital de Caparra a la Isleta de San Juan (Moscoso, 2020,33). Sin embargo, el 12 de septiembre de 1519 fue que el licenciado Rodrigo de Figueroa “dio cuenta al rey”, acompañando el documento de mudanza con un “Plano de asiento y puerto de la ciudad de Puerto Rico”. Salvador Brau, La colonización de Puerto Rico. Quinta Edición. Instituto de Cultura Puertorriqueña. San Juan de Puerto Rico, 1981, pp. 311-314. También, se hace referencia a la fecha en la nominación “Distrito Histórico del Viejo San Juan”, incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos el 30 de junio de 2012. Documento de nominación sometido al Departamento de lo Interior por la OECH y preparado por la Dra. Arleen Pabón Charneco. 3 Boletín Administrativo Núm. OE-20-18-038, 2. 4 Francisco Moscoso, Fundación de San Juan en 1522. San Juan: Ediciones Laberinto, 2020.

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PAT R I M O N I O v 1 0 2 0 2 1 Grupo de representantes de entidades culturales y educativas del Barrio Ballajá. Primera fila de izquierda a derecha: la Sra. Mónica González Marrero – entonces Asistente del Rector CEAPRC, el Sr. Enrique Márquez Ocasio – entonces Director de Asuntos Públicos y Comunicaciones del ICP, la Dra. Lillian Lara Fonseca Coordinadora Educacional en Conservación Histórica de la OECH, la Sra Marilú Carrasquillo - Directora Ejecutiva de la LEA, la Dra. María Inés Castro - Secretaria de la Junta de Directores, APLE y la Sra Maité Rivera Carbonell-representante Asociación Acirc. Segunda fila de izquierda a derecha: la Sra. Nicole Marie Rivera – entonces Asistente del Director Ejecutivo del ICP, la Sra. María Ángela López Vilella - Directora Ejecutiva del MA, el Sr. Juan Tomasini – entonces asesor de la Oficina de Educación, Deportes y Cultura de La Fortaleza , el Arq. Carlos A. Rubio Cancela – Director Ejecutivo de la OECH, el Sr. Carlos Ruiz Cortés, Director Ejecutivo del ICP, el Dr. César Rey Hernández – entonces Director Ejecutivo de la FPH, el Sr. Miguel Rodríguez López - entonces Rector, CEAPRC y el Sr. Adrián Rivera. Participaron y no salen en la fotografía: el Sr. Carlos Rivera Pérez – entonces Rector Interino EAPDPR y la Sra. Aurora Sotográs – entonces Directora de Oficina de Proyectos del a FPH. El encunetro se llevó a cabo el 25 de mayo de 2017 en el Salón Maestro Rafael Cordero del Cuartel de Ballajá. Foto por el Sr. Agustín Graterole.

CONMEMORAR LA HISTORIA La Comisión Especial contó con el respaldo del Municipio de Guaynabo, anfitrión de la apertura oficial de la efeméride, que tuvo lugar en las Ruinas de Caparra, el 12 de septiembre de 2019. Concluida la concurrida actividad, en la que rememoramos el histórico evento del traslado, los participantes se dirigieron a la Isleta de San Juan, para culminar aquel primer fin de semana de actividades que se llevaron a cabo en el Antiguo Cuartel de Ballajá y en la Plaza del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, próximo al histórico Cuartel. El amplio ofrecimiento programático que oficializó el comienzo de las festividades, coordinadas por el equipo de trabajo del ICP, las cuales contaron con el apoyo de la OECH, incluyeron: conferencias, exhibiciones artísticas, recorridos guiados, performances y presentaciones musicales. En los meses subsiguientes también se concretaron iniciativas de varias entidades culturales, las cuales se llevaron a cabo o se llevarían a cabo en la zona histórica de San Juan. Entre una de las iniciativas 108 | O F I C I N A 108 | O F I C I N A

se destaca la organización de conferencias por la APH, que se presentaron en el Museo de Arte San Juan, adscrito al gobierno municipal de la Ciudad. También, en diciembre 2020 se llevó a cabo el Foro San Juan 500 impulsado por el Grupo Prisa, patrocinado por Iberia y Metropistas, y que contó con la colaboración de la Comisión San Juan 500 y la Compañía de Turismo de Puerto Rico. En el mismo participaron ponentes que abordaron aspectos sobre la ciudad antigua y la actual con acercamientos interdisciplinarios, desde: la historia, la planificación, la economía, la arquitectura, la arqueología y el turismo. Lamentablemente el impacto de la pandemia del coronavirus, propició una serie de medidas de distanciamiento social y cancelación de actividades en lugares públicos, desde mediados de marzo de 2020. Esto imposibilitó que se realizaran varios eventos multitudinarios que buscaban un mayor reconocimiento de la ciudadanía, de la importancia de este periodo fundacional. Igualmente limitó el potencial que tenía esta

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celebración para atraer el turismo a nivel internacional. Al comienzo del año 2021, la orden ejecutiva 2018-038 fue enmendada por el honorable gobernador de Puerto Rico, Lcdo. Pedro R. Pierluisi Urrutia para delegar la coordinación de las festividades directamente al Municipio de San Juan. En una decisión muy acertada, los miembros de la Comisión Especial fueron designados asesores culturales del cabildo municipal. Como parte de ese grupo, la OECH ha continuado aportando de manera significativa en este esfuerzo. El amplio programa de actividades orquestadas por el Municipio de San Juan bajo el lema: La Celebración de la Historia, se llevarán a cabo a partir del 12 de septiembre de 2021 y terminarán el 30 de junio de 2022. Definitivamente la amplia oferta, que incluye eventos educativos y culturales con difusión en diversos medios de comunicación ha provocado el interés de un público diverso, ávido de conocer a profundidad su ciudad capital. Cabe destacar, que aun en tiempos de pandemia, la Asociación de Historia del Viejo San Juan

Grupo de panelistas, especialistas en la historia de la ciudad de San Juan que participaron del Foro 500. En la fotografía de izquierda a derecha: el Arq. Carlos A. Rubio Cancela, Director de la OECH, la Dra. Silvia Álvarez Curbelo, el moderado del panel el Sr. Carlos Ruiz Cortés, Director del ICP y el Dr. Luis Burset Flores. Realizado el 17 de diciembre de 2019 en el Hotel La Concha. Foto por la Dra. Lillian Lara Fonseca.

logró llevar a cabo en abril 2021, el Congreso Internacional de Historia de San Juan: 500 años de su fundación, donde se dieron cita más de 50 especialistas que disertaron sobre la ciudad, desde un enfoque multidisciplinario. Los cinco días del evento se transmitieron en vivo, en la plataforma ZOOM y contaron con el apoyo técnico del ICP. En este importante encuentro académico, que fue visto por más de 30,000 personas, el personal de la OECH presentó los dos libros conmemorativos, publicados por la Agencia con motivo de la efeméride. ESCRIBIR LA HISTORIA En las reuniones que se convocaron desde mediados del 2017, cada entidad u organización cultural y educativa del barrio Ballajá, definió los proyectos de divulgación que estaría trabajando, enmarcados en la conmemoración. La OECH determinó que sus aportaciones

se orientarían a publicar un volumen conmemorativo de su revista oficial, Patrimonio y dos libros de primer orden. Específicamente, nos referimos a las publicaciones, Protegiendo la Capital: desarrollo histórico de las obras defensivas en Puerta de Tierra (2019)5 de la autoría del historiador José Marull del Río, especialista principal en Propiedad Histórica de la OECH y La ciudad en el tiempo: cinco siglos de representaciones artísticas de San Juan (2020)6 la cual contó con colaboraciones de varios historiadores e historiadoras del arte, y que fue coordinado por esta servidora y editado en conjunto con la Dra. Lizette Cabrera Salcedo. La OECH ha distribuido gratuitamente ambos libros, con el propósito de llegar a todos los sectores y democratizar el importante inventario de mapas, ilustraciones y obras de arte que se lograron compilar. Al igual, que diseminar los interesantes acercamientos que abordaron los especialistas que escribieron para

Inauguración de la conmemoración de los 500 años de fundación de la ciudad de San Juan, realizada el 12 de septiembre de 2019 en las Ruinas de Caparra, Guaynabo. Foto de la página oficial de Facebook de la Oficina Estatal de Conservación Histórica.

estas publicaciones. Durante los últimos treinta años José E. Marull ha investigado las distintas líneas defensivas de San Juan. En el libro, Protegiendo La Capital… el estimado historiador explica las trasformaciones que experimentaron las fortificaciones españolas ubicadas al este de la Isleta. La publicación, que está dividida en cuatro capítulos, rescató del olvido las obras militares que se desarrollaron desde el siglo XVI hasta el siglo XX, en el área de Puerta de Tierra. Estas murallas sirvieron como área de expansión y antesala de la ciudad, pero de igual manera, se convirtieron en un punto vulnerable en las extensas defensas que circundaban la ciudad desde el siglo XVII. Este libro es una aportación significativa a la historiografía puertorriqueña al abordar el tema de las fortificaciones más allá del núcleo central del San Juan antiguo. Hasta la divulgación de la investigación de Marull,

5 José E. Marull del Río, Protegiendo la capital: Desarrollo histórico de las obras defensivas en Puerta de Tierra. San Juan: Oficina Estatal de Conservación Histórica, 2019. 6 Lillian Lara Fonseca, coordinadora. La ciudad en el tiempo: cinco siglos de representaciones artísticas de San Juan. San Juan: Oficina Estatal de Conservación Histórica, 2020. S T A T E S T A T E

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PAT R I M O N I O v 1 0 2 0 2 1 Portada del libro, La ciudad en el tiempo: cinco siglos de representaciones artísticas de San Juan (2020). Arte por el Sr. Orlando Clavell.

Portada del libro Protegiendo la Capital: desarrollo histórico de las obras defensivas en Puerta de Tierra (2019) de la autoría de José Marull del Río. Arte por Aaron Salabarrías Valle.

no se había profundizado en la protección militar extramuros, aunque definitivamente tuvo un papel protagónico en la defensa de la Ciudad. Por otro lado, quedaba pendiente desarrollar una historia sobre el desarrollo urbano, social, político y cultural de la Isleta, usando como referente principal las obras que nos legaron múltiples artistas nacionales y extranjeros, que han documentado la ciudad a través de 500 años. A este libro, propuesto e impulsado por nuestro director ejecutivo, el arquitecto Carlos A. Rubio Cancela le llamamos, La ciudad en el tiempo: cinco siglos de representaciones artísticas de San Juan (2020). La publicación se vislumbró como la recopilación de múltiples obras inspiradas en la histórica Ciudad, particularmente: mapas, dibujos, grabados, pinturas y carteles, que nos han ido contando las transformaciones de San Juan. Con estos recursos y otras aportaciones documentales, un reconocido grupo de historiadoras e historiadores del arte se dio a la tarea de explicar y reflexionar sobre los valores estéticos, sociales y culturales de más de 200 obras, en contextos 110 | O F I C I N A

que van desde el siglo XVI hasta el siglo XXI. En el libro, organizado cronológicamente colaboraron: la Dra. Lizette Cabrera Salcedo, quien escribió, la Introducción y los textos del catálogo temático, la Dra. Ingrid M. Jiménez Martínez, quien aportó el capítulo I, «La ciudad de San Juan en imágenes: siglos XVI y XVII», el Arq. Héctor Balvanera Alfaro, autor del capítulo II, «La ciudad virreinal, espacio e imagen, San Juan en la obra de José Campeche», el Dr. Daniel Expósito Sánchez, a cargo del capítulo 3, «En donde todo se encuentra reunido: cuatro visiones foráneas de la ciudad de San Juan (1821—1936)» y la Dra. María de Lourdes Javier, quien discutió en el capítulo IV la producción más reciente sobre la ciudad, «Breves apuntes sobre la representación del Viejo San Juan hecha por artistas puertorriqueños del siglo XX». El texto cuenta además con un catálogo, en el que la Dra. Lizette Cabrera Salcedo, el Arq. Carlos A. Rubio Cancela y esta servidora organizamos más de 100 obras de arte, en nueve temas emblemáticos que definen a la Isleta. Las piezas cuidadosamente seleccionadas

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para el libro, no solo incluyen producciones de renombrados artistas que representaron la ciudad a través de toda su carrera, sino también a otros que han hecho lo propio, de manera más ocasional. El impacto que ha tenido la publicación, La ciudad en el tiempo…., no solo se limita a la versión impresa, ya que esta ha servido como guion para que el Museo de San Juan desarrolle el montaje de una exposición temporal que lleva el mismo título del texto. El Museo presentó una selección de piezas destacadas en el libro, con una muestra que abrió al público en septiembre 2021. La misma fue coordinada en conjunto con la OECH, y contó con la curaduría de los escritores de los capítulos y el diseño de la sala fue obra del Sr. Orlando Clavell, el mismo artista gráfico que diagramó esta hermosa publicación. Aunque en estas páginas, hemos esbozado algunos proyectos concertados por la OECH para aportar a la discusión académica y del pueblo en general sobre la trascendencia histórica de San Juan, también nos parece relevante destacar otros importantes estudios que hemos realizado en tiempo

Apertura de la exhibición, La ciudad en el tiempo: cinco siglos de representaciones artísticas de San Juan, llevada a cabo el 9 de septiembre de 2021 en el Museo de San Juan. De izquierda a derecha: los historiadores del arte y escritores del libro el Dr. Daniel Expósito Sánchez y el Arq. Héctor Balvanera Alfaro, la coordinadora educacional de la OECH, Dra. Lillian Lara Fonseca, el director ejecutivo de la OECH, Arq. Carlos A. Rubio Cancela y la subdirectora de la OECH, Arq. Gloria M. Ortiz Lugo. Foto suministrada por la Dra. Lillian Lara Fonseca.

reciente, con el fin de documentar la Ciudad. Particularmente, hacemos referencia a las nominaciones que se generaron de la zona del Viejo San Juan y del sector Puerta de Tierra, para que fueran incluidas en el Registro Nacional de Lugares Históricos (RNLH), del Departamento del Interior de los Estados Unidos de América (EUA). En el caso del Viejo San Juan, el distrito fue alistado en el RNLH en 1972 y luego esa nominación fue enmendada7 en el 2012,8 también se logró su designación en el 2013 como National Historic Landmark9, siendo el mayor reconocimiento que concede el gobierno de EUA. De igual manera se impulsó posteriormente, el reconocimiento de un importante sector del casco

sanjuanero, Puerta de Tierra. Este barrio extramuros fue nominado como distrito histórico en el 2019, y fue alistado en ese año en el RNLH.10 De este modo, la OECH cumplió su cometido de que toda la Isleta fuera declarada como zona histórica, previo a que comenzaran las actividades propias de la conmemoración del Quinto Centenario de la fundación de San Juan. Ciertamente, el personal de la OECH se ha movido en los últimos años por un genuino interés de documentar, investigar y lograr el reconocimiento de la historia que recoge la ciudad, en su complejo proceso de configuración, a lo largo de cinco siglos. Las nominaciones al RNLH,

de los distritos históricos del Viejo San Juan y Puerta de Tierra, están disponibles en formato pdf en nuestra página web: https:// oech.pr.gov/. Esperamos que estas aportaciones de estudios sobre la ciudad y nuestras publicaciones más recientes, se conviertan en referencias obligadas para: educadores en el campo de la historia, artistas, estudiantes, entre otros tantos investigadores, que interesen abrir ventanas con nuevas miradas, enmarcadas en el conjunto histórico capitalino. Siempre con la convicción que los ciudadanos y las ciudadanas que conocen y aman su ciudad, velarán por su permanencia en el tiempo, legándola a futuras generaciones. n

7 La nominación Zona histórica de San Juan fue preparada en 1972 por Luis M. Rodríguez Morales, archivero general del Archivo General de Puerto Rico. El documento fue firmado por quien fungía como State Liason Officer con National Park Services y quien en ese momento era el director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Dr. Ricardo Alegría Gallardo. Esta primera nominación que solo cubría el periodo del siglo XVI al XIX fue enmendada en el 2012 para cubrir la historia de la ciudad hasta 1939. 8 “Distrito Histórico del Viejo San Juan”, incluida en Registro Nacional de Lugares Históricos el 30 de julio de 2012. Documento de nominación sometido al Departamento del Interior por la OECH y preparado por la Dra. Arleen Pabón Charneco. 9 “Distrito Histórico del Viejo San Juan”, incluida en la lista de National Historic Landmark el 27 de febrero de 2013. Documento de nominación sometido al Departamento del Interior por la OECH y preparado por la Dra. Arleen Pabón Charneco. 10 “Distrito histórico de Puerta de Tierra”, incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos el 15 de octubre de 2019. Documento de nominación sometido al Departamento del Interior por la OECH y preparado por la Dra. Arleen Pabón Charneco. S T A T E

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NOTAS SOBRE LOS AUTORES MANUEL VALDES PIZZINI Doctor en Antropología Social de la Universidad del Estado de Nueva York, en Stony Brook (1985). Su interés por la gente de la costa se inició en 1973 con un estudio etnográfico de la Bahía de San Juan. Ha realizado estudios etnográficos en todo el litoral puertorriqueño, en la Isla de Santa Cruz, en la República Dominicana, en Dominica y en otras naciones caribeñas. Su interés radica en entender la relación entre los humanos y los ecosistemas, desde una perspectiva histórica y antropológica, conducente a la conservación. Es autor y coautor de varios artículos, libros e informes técnicos sobre las familias pescadoras, las comunidades costeras, la conservación de los arrecifes de coral y el uso de los bosques. Es investigador del Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral, del Departamento de Ciencias Sociales en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. manuel.valdes@upr.edu ANÍBAL SEPÚLVEDA RIVERA Es catedrático retirado de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico. Siendo estudiante doctoral obtuvo una Beca Fulbright para investigar en los archivos españoles. Su doctorado es de la Universidad de Cornell en Nueva York. Sepúlveda es Académico de Número de la Academia Puertorriqueña de la Historia.Desde el 2005 al presente colabora con el Fideicomiso de Conservación (Para la Naturaleza, PLN). En 2010 recibió la Medalla de la Arquitectura de parte del Colegio de Arquitectos y Arquitectos Paisajistas de Puerto Rico y la Medalla de la Fundación Ricardo Alegría. Ha escrito varios libros entre ellos: CangrejosSanturce (1987) en co- autoría con Jorge Carbonell, San 112 112 | | OO FF II CC II NN AA

P A T R I M O N I O v 1 0 2 0 12 91 Juan, Historia ilustrada de su desarrollo urbano (1989) y San Juan Extramuros (1991). En 2004 publicó Puerto Rico Urbano: Atlas histórico de la ciudad puertorriqueña. En coautoría con Silvia Álvarez Curbelo, De Vuelta a la Ciudad, San Juan de Puerto Rico 1997-2001, (2011) y The Day of Small Beginnings, Los cimientos del Hospital Presbiteriano, San Juan de Puerto Rico 1904-1930, (2015). Con el apoyo de Para la Naturaleza, publicó en 2016 Acueducto, Historia del agua en San Juan y en 2021 Historia del Faro de Culebrita. PAOLA SCHIAPPACASSE Se desempeña como catedrática auxiliar en el programa subgraduado de antropología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y ha sido profesora invitada, como especialista en arqueología histórica, en los programas de posgrado de Escuela Politécnica del Litoral (Ecuador), la Universidad del Norte (Colombia) y el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Obtuvo su maestría en museología y doctorado en antropología de Syracuse University. Ha trabajado en más de un centenar de proyectos de gestión de recursos culturales en Puerto Rico, Panamá, Republica Dominicana, las Islas Vírgenes Estadounidenses y en Estados Unidos continental. Sus investigaciones y publicaciones se han concentrado en sitios del periodo colonial español en el Caribe, del periodo colonial estadounidense en Puerto Rico, la arqueología documental y las colecciones arqueológicas. Actualmente, es miembro de la Junta de Directores de la Sociedad para la Arqueología Americana y asesora de varias juntas editoras en Estados Unidos y Europa.

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ANDY RIVERA RIVERA

JORGE RIGAU

Arquitecto, fundador y presidente de Puerto Rico Historie Building Drawings Society (PRRBDS), entidad privada sin fines de lucro cuya misión es estudiar, documentar y educar sobre la arquitectura histórica de Puerto Rico, y promover su preservación como legado para futuras generaciones. Estudió en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico.Obtuvo el premio URBE en 2015 por su trabajo de educación y divulgación de los patrimonios históricos y arquitectónicos de Puerto Rico a través de la Internet y otras plataformas.

Obtuvo su grado en Arquitectura en la Universidad de Cornell y una Maestría en Historia en la Universidad de Puerto Rico. Es académico de número de la Academia Puertorriqueña de la Historia y “fellow” del American Institute of Architects. Investigador de las arquitecturas del Caribe Hispano, Rigau fundó La Nueva Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico, desempeñándose allí 11 años como decano y 25 años como profesor. Rigau ha dictado cursos, seminarios y conferencias en el Caribe, Europa y las Américas. Habitualmente escribe sobre arquitectura y cultura en revistas y la prensa del país. Su práctica profesional abarca cuatro décadas e incluye proyectos de nueva factura y restauraciones. Entre las más recientes se destacan: el teatro de la Escuela Superior Central de Santurce, la Sala Capitular de la Alcaldía de San Juan y la Iglesia de San José, la segunda más antigua de América.

JOSÉ G. RIGAU PÉREZ Graduado de la Universidad de Puerto Rico (BS 1971), la Escuela de Medicina de Harvard (1975) y la Escuela de Salud Pública de Johns Hopkins (1988). Sirvió por 25 años como médico epidemiólogo en el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos (Centers for Disease Control y National Institutes of Health). A la par cultivó la investigación histórica, con énfasis en la historia de la medicina y sus implicaciones culturales y sociales. Es autor de más de 100 artículos científicos, y sus publicaciones históricas incluyen cuatro libros, otros tantos editados o co-editados, y más de 50 artículos y capítulos. De abril 2018 a abril 2021 sirvió como director de la Academia Puertorriqueña de la Historia. Sus investigaciones históricas principales están centradas en la historia de la salud de la ciencia y de la educación en Puerto Rico, los retratos por José Campeche y el trienio constitucional de 1820-1823.

Arquitectura Contemporánea en Puerto Rico 1993-2010 y Chronologies of an Architectural Pedagogy. En el 2005 fundó su estudio r s v p architects y en 2008 fue seleccionado por el periódico El Nuevo Día como uno de los diez puertorriqueños del año. Entre su obra se encuentran varios proyectos en el Viejo San Juan. MAGALI GARCÍA RAMIS Es escritora, periodista y profesora jubilada de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico. En sus novelas, cuentos, artículos y ensayos trabaja la ciudad y las identidades desde múltiples perspectivas. Es autora de, entre otros, Felices días, Tío Sergio (novela), La ciudad que me habita (artículos y columnas), Las horas del sur (novela), “Del color de la ciudad” (introducción al libro de artista La ciudad infinita), “La ciudad y la vida de las letras – tour solemne de San Juan” (artículo en Patrimonio, 2010) y La R de mi padre (columnas y textos de noficción creativa).

FRANCISCO RODRÍGUEZ SUÁREZ

LILLIAN M. LARA FONSECA

Estudió arquitectura en Georgia Tech, la Université de Paris y Harvard, donde recibió la Beca Fulbright. Ha sido invitado como investigador al American Academy en Roma y como conferenciante y profesor en Europa, EEUU, Asia, Africa y Latinoamérica. Anteriormente fungió como Decano de la Escuela de Arquitectura-Universidad PR y actualmente es el Director de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Illinois. En el 2016 la Association of Collegiate Schools of Architecture lo nombró profesor distinguido y en 2017 lo eligió presidente. Fue editor de (in)forma y co-editor de los libros Alma Mater, Aula Magna,

Posee un doctorado en Currículo, Enseñanza y Ambientes de Aprendizaje con especialidad en Arte y Cultura de la Universidad del Turabo (ahora Recinto de Gurabo de la Universidad Ana G. Méndez), una maestría en Bellas Artes y un bachillerato en Educación en Arte, con una segunda concentración en Historia del Arte de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Fue recipiente de la Medalla de Honor en Historia del Arte y la estudiante destacada en su especialidad del programa doctoral. Laboró como maestra de arte en escuelas privadas y públicas, y dirigió el Programa Educativo del Museo y Centro

S T A T E S T A T E

H I S T O R I C H I S T O R I C

de Estudios Humanísticos de la Universidad del Turabo. Desde el 2013 se ha desempeñado como Coordinadora Educacional de la Oficina Estatal de Conservación Histórica, destacando por el diseño e implementación de proyectos educativos con los que ha impactado comunidades escolares a través de toda la isla. También, ha coordinado la publicación de los últimos volúmenes de la Revista Patrimonio y ha editado libros publicados recientemente por la Agencia. De otra parte, le han publicado artículos con un acercamiento multidisciplinario en las revistas académicas: Pedagogía, Cuaderno de Investigación en la Educación y la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

P R E S E R V A T I O N P R E S E R V A T I O N

O F F I C E O F F I C E

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COORDINADORA DEL MONOGRÁFICO

DIRECTOR CARLOS A. RUBIO CANCELA

SILVIA ÁLVAREZ CURBELO

Obtuvo su grado profesional en Arquitectura en Pratt Institute, Nueva York. Como profesional laboró primero en la empresa privada y luego en la entonces Oficina Estatal de Preservación Histórica, hoy Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico. Ha participado en eventos y foros relacionados al tema de la conservación en Estados Unidos, Francia, Cuba y Puerto Rico. En el 2009, regresó a la OECH, esta vez en calidad de Director Ejecutivo donde se dio a la tarea de transformar el Antiguo Cuartel de Infantería de Ballajá en un edificio sustentable y amigable al ambiente. Entre sus proyectos están el “Jardín Mirador Ballajá”, en la azotea del cuartel, compuesto por jardines, estanques y veredas, y “Ballajá Plaza Mayor”, dirigido a convertir el recinto histórico y sus alrededores en un conjunto cultural y turístico activo. Otro proyecto bajo su dirección es la imponente proyección tridimensional ¨Puerto Rico, isla del encanto” que utiliza los elementos arquitectónicos de la fachada este del patio interior. Fundó la revista Patrimonio, de la cual dirigió los primeros cinco volúmenes y desde el séptimo hasta el presente. Logró la distinción de la Zona Histórica de San Juan como National Historic Landmark, el mayor reconocimiento que ofrece el gobierno de los Estados Unidos, un paso necesario para lograr su sueño inconcluso de ver al Viejo San Juan declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO. En la actualidad se desempeña, por segunda vez, como Director Ejecutivo de la OECH. Además, es miembro y vicepresidente de la Junta de Directores del Instituto de Cultura Puertorriqueña y el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré.

Es oriunda de Ponce y doctora en Historia de la Universidad de Puerto Rico. Es catedrática jubilada de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico e historiadora afiliada a la Fundación Luis Muñoz Marín en San Juan, Puerto Rico. Se especializa en historia cultural y en el análisis del discurso político y del discurso mediático. Entre sus publicaciones como autora o en co-autoría se encuentran: Ilusión de Francia: arquitectura y afrancesamiento en Puerto Rico (1997); Hispanofilia: arquitectura y vida en Puerto Rico (1998); Un país del porvenir: el discurso de la modernidad en Puerto Rico (Siglo XIX) (2001); Frente a la torre: ensayos del centenario de la Universidad de Puerto Rico, 1903-2003 (2005); De vuelta a la ciudad: San Juan de Puerto Rico 1997-2001 (2014); “The day of small beginnings”: los cimientos del Hospital Presbiteriano en San Juan (2014) y Tiempos Binarios: La Guerra Fría desde Puerto Rico y el Caribe (2017). Es Académica de Número de la Academia Puertorriqueña de la Historia y miembro de varias organizaciones académicas nacionales e internacionales.

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E S TATA L D E C O N S E RVA C I Ó N H I S T Ó R I C A E S TATA L D E C O N S E RVA C I Ó N H I S T Ó R I C A

VOLUMENES P A T R I M OANTERIORES NIO v10 2021

v1 2010 EL TEJIDO URBANO COLONIAL

v4 2012 OBRAS DE INFRAESTRUCTURA

v2 2011 EL VALOR DE LO RECIENTE

v3 2011 ORNAMENTOS Y ARTES DECORATIVAS

v5 2012 ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

v8 2019 VENTANA AL PAISAJE

v7 2019 El INTERIOR DE LA HISTORIA

v6 2014 ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL RECUENTO DE UN SIMPOSIO

v9 2021 DE LA VULNERABILIDAD A LA RESILENCIA

PATRIMONIO está disponible en el portal de la Oficina Estatal de Conservación Histórica www.oech.pr.gov S T A T E

H I S T O R I C

P R E S E R V A T I O N

O F F I C E

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18 PATRIMONIO

La sombra alargada del arco de Cáparra

Aníbal Sepúlveda Ribera


Revista Oficial de la Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico

v10 2021 REVISTA OFICIAL DE LA OFICINA ESTATAL DE CONSERVACIÓN HISTÓRICA DE PUERTO RICO OFICINA DEL GOBERNADOR

v10 2021

v10 2021

REVISTA OFICIAL DE LA OFICINA ESTATAL DE CONSERVACIÓN HISTÓRICA DE PUERTO RICO OFICINA DEL GOBERNADOR

OFICINA DEL GOBERNADOR