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SHIRLY DOMÍNGUEZ

Nacida el 19 de enero de 1995 en la ciudad de Barranquilla, Colombia. vivió en esta sus 2 primeros años de vida, tiempo despúes se fue a vivir con sus padres a Palmar De Varela Atlàntico, allí estudió en el instituto educativo técnico comercial y actualmente regresó a Barranquilla a estudiar en la universidad autónoma del caribe comunicación social y periodismo.

LA MIRADA TRAS LA VENTANA

En un semáforo cercano a su lugar de destino, su corazón reacciono haciéndolo brincar en el puesto del bus, su rostro se iluminó y sus ojos se inundaron de lagrimas que traían algo de felicidad; llevo sus manos al rostro y dirigió una mirada al cielo mientras mencionaba:

LA MIRADA TRAS LA VENTANA SHIRLY DOMÍNGUEZ

DURAN

EDITORIAL


LA MIRADA TRAS LA VENTANA

Shirly Domínguez Pérez


LA MIRADA TRAS LA VENTANA Shirly Domínguez Duran Editorial


Duran Editorial Barranquilla, Colombia Edición 050

Autora: Shirly Domínguez pérez Shirlydominguez@hotmail.com PBX: (57)32514042

Publicista: Cruz López Gómez Cruzadriana.lopez@hotmail.com PBX: (57)3285698

LA MIRADA TRAS LA VENTANA


AGRADECIMIENTOS Quiero manifestar mi agradecimiento a algunos de quienes, directa o indirectamente, contribuyeron al resultado del libro, ya que me serĂ­a imposible mencionarlos a todos. En primer lugar, a Dios y a mis padres quienes siempre estuvieron en mi camino ayudandome y dandome aliento para salir adelante y no dejarme vencer por los tropiezos que tuve en el camino, a mis amigos quienes amablemente me brindaron sus puntos de vista de forma clara y agradable para mejorar cada punto del escrito que se pĂşblica.

LA MIRADA TRAS LA VENTANA


LA MIRADA TRAS LA VENTANA Un señor se sube al bus del Transmetro en Barranquilla, ese bus creado para la comodidad de la gente, brindando el espacio adecuado para una mejor ubicación, distribución y ambientación a todo ese personal que a diario lo utiliza para acercarse al lugar donde deben llegar, sin pagar mucho y en un transporte publico más sofisticado; tiene aire acondicionado, cosa que para un barranquillero o visitante que esté en La Arenosa es un placer que hay que aprovechar. Esta podría ser la mejor descripción hecha desde un punto de vista objetivo, pero a manera personal, para el hombre que se encontraba en el automotor a las 10:10 de la mañana, “era una caja de cigarrillos”:  - “Esto en una caja de cigarrillos, no por lo pequeño, sino por lo incómodos que venimos aquí, hasta pensaremos lo mismo”. Finalizó en un tono de burla, aunque al principio su aspecto y su voz transmitía inconformidad y enojo. Se sentó cerca a una de las salidas del rustico transporte, diagonal a ella, en una posición erguida que poco a poco se fue perdiendo, a penas logro concentrarse en el paisaje que le brindaba la cuidad a través de la ventana que proyectaba el reflejo de un rostro triste y desencajado. Su pensamiento parecía ir más rápido que el bus del Transmetro, pues poco apoco le iba cambiando el semblante, aunque sonreía y era agradable, sus ojos transmitían lo que el corazón sentía y era un vacío enorme, tan grande como el recorrido que estaba haciendo por la cuidad, que ya le causaba molestia. Nadie tiene una vida perfecta, nadie puede evitar no sentir tristeza por algo y muchos aprovechan su estancia en un transporte público para escapar de la realidad y formar su propia capsula, esa misma que los mantiene alejados entre ellos y los ayuda a meditar o soñar con el mundo fantástico que prefieren; este hombre no soñaba un mundo fantástico, buscaba algo, algo que le hacía falta y no se sacaba de la cabeza, su mirada a través de la ventana no solo miraba, también detallaba y observaba cada sitio; hubo un momento en el que su mirada se canso y su rostro reflejo resignación, su mirada solo miraba superficialmente y su cuerpo se separo del pensamiento, pero en ese estado no duró mucho; en un semáforo cercano a su lugar de destino, su corazón reacciono haciéndolo brincar en el puesto del bus, su rostro se iluminó y sus ojos se inundaron de lagrimas que traían algo de felicidad; llevo sus manos al rostro y dirigió una mirada al cielo mientras mencionaba: “Gracias Señor, gracias porque mi hijo está vivo”. Una mujer que estaba a su lado, no pudo evitar preguntarle: ¿por qué llora y hacía ese agradecimiento a Dios?,

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- Él le dijo: mi hijo era el que estaba en la acera, vestido como harapos y sucio, alrededor de una pila de cartones que vendía para alimentarse. - Ella asombrada e indignada le pregunta llena de rabia: ¿Y por qué llora y agradece a Dios por la vida de su hijo si ni siquiera lo ayuda? - Él con amabilidad y tristeza le responde: porque yo cumplí como padre, le di todo y nada le falto, siempre le ofrecí mi ayuda y nuca la acepto; no soy un mal padre y aunque me duela, la misma vida que el lleva le ayudará a tomar escarmiento. Llevaba mucho tiempo sin verlo y temía que hubiese muerto, nunca lo he dejado solo y hay algo que ni el ni usted saben, y es que yo soy el que le compra los cartones, esos mismos que el vende para poder vivir…

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