Page 1

“Lejano Oriente” − ¡Por fin he podido escapar de sus sermones! Menudo rollo...- murmuró la joven acercándose a unos matorrales. − Vaya una vida, encerrada entre mi habitación y el templo, ¡ya está bien de tenerme aprisionada como un pájaro en jaula!- gruñía mientras se acurrucaba detrás de la planta, mirando de reojo a su alrededor, por miedo a que alguien hubiese descubierto por casualidad su intento de fuga. Quiero poder extender de una vez mis alas y volar libre, ¡basta de trabas! - mientras se autoconvencía de que su actitud era la correcta, poco a poco fue poniéndose cómoda en la mullida hierba fresca, pensando en cómo podría escapar de aquella situación. De repente, una melodía penetró tímida y discretamente por sus oídos. Era una música suave y dulce, pero de alguna manera denotaba también cierto deje tristeza y nostalgia. Al percatarse de lo agradable que resultaba aquel sonido, la chica se irguió con cautela para intentar averiguar de dónde surgía aquel melancólico llanto. Como desde su posición no atinaba a descubrir la procedencia de aquella música, decidió seguir avanzando, dejándose guiar por sus sentidos, pero siempre atenta por si algún ojo intruso se clavaba en ella. Su instinto le llevó a cruzar unas cuantas murallas de baja altura y allanar varios jardines reales, pero no le dio mayor importancia a su infracción, en su cabeza sólo existían notas que resonaban con dulzura. Seguía avanzando mecánicamente, como poseída por un espíritu que la tuviese a su completa merced. Hasta que súbitamente la hermosa joven volvió en sí al haber descubierto por fin la causa de su hipnosis. De nuevo unos ejemplares matorrales estaban colocados de manera perfecta para servirle de escondite. Su corazón había dado un vuelco al descubrir la procedencia de aquella música, pero la curiosidad volvió a invitarla a echar otro vistazo a lo que se extendía tras su pequeño escondrijo. Progresivamente fue asomando la cabeza por un lado de la densa planta, hasta conseguir el ángulo adecuado para poder saciar sus sentidos de ese deseo de conocimiento que la atacaba por dentro. En la orilla de un pequeño estanque se dibujaba la figura de una persona, más exactamente de un joven varón. Estaba sentado en la hierba al lado del agua en calma, sólo perturbada por una pequeña fuente de bambú que chocaba de vez en cuando contra las piedras que delimitaban aquella laguna, creando un relajante sonido que no podía rivalizar con la música que se mantenía en el ambiente. La silueta agarraba con ambas manos una flauta travesera, de la que surgía la melodía que ella tanto anhelaba descubrir y seguir disfrutando. Pero ya no era sólo cuestión de deleitarse con su música celestial, sino que ahora también su sentido de la vista ejercía su función hipnotizadora. Se trataba de un chico esbelto de increíble belleza. Una larga túnica de color oscuro y con motivos orientales caía hasta sus pies, parecía salir del más exótico de los palacios. Su tez era pálida, clara


como los guijarros lavados por el agua salada. Su rostro era fino y ligeramente alargado, con facciones muy suaves y poco pronunciadas, lo que lo hacía parecer muy afeminado. Sus manos eran finas y hábiles, y sus dedos largos y expresivos, parecían estar en completa armonía con el instrumento, al igual que sus frágiles muñecas y sus finos y rosados labios, posados suavemente en la boquilla, contrayéndose delicadamente al introducir aire en la vara, mientras un acompasado movimiento de sus redondas mejillas inflaba y desinflaba levemente su rostro. Sus ojos estaban cerrados, pero incluso sin ser capaz de verlos, podía imaginarse lo vivos y brillantes que serían si decidiese abrirlos. Curiosamente sus cejas eran del mismo color que su cabello, una larga y lisa melena que se abría paso entre sus hombros para caer a mitad de espalda. Sus mechones eran finos como el hilo, y a pesar de llevarlo recogido a medias detrás de su cabeza, el viento se empeñaba en esparcirlo todo a su alrededor, dándole a su rostro un tono más salvaje e indómito, pero a la vez afable y sereno. Todo él parecía salir de un cuento de hadas, hasta su postura era demasiado perfecta y hermosa como para ser real. Sus gráciles piernas ligeramente cruzadas, y sus dedos deslizándose con agilidad por cada agujero, mientras sus brazos mantenían la postura sin moverse ni un ápice; cualquiera que lo hubiese visto en ese momento habría creído divisar una estatua esculpida en el más frío e inanimado mármol blanco si no llega a ser por el viento moviendo las anchas mangas de sus ropajes hacia un lado. Aquella andrógina figura no podía ser de nuestro mundo. La joven había quedado completamente obnubilada por la presencia del músico, y los único pensamientos que se le atropellaban en la cabeza eran: Oh dios... qué bueno está... parece un ángel... Parecía que todo a su alrededor estaba en completa sincronización con él mismo, parecía que hasta los árboles escuchaban con atención su concierto, hasta las carpas que bullían en el agua se detuvieron cerca de la orilla, como si de repente todo se hubiese tranquilizado y ya no sintiesen la necesidad de seguir con su frenética carrera. Un par de grullas vinieron a posarse al lado del joven para así oír su melodía con más precisión, mientras poco a poco cerraban los ojos, y sus largas y delgadas patas se iban doblando hasta hacerse invisibles debajo de sus plumas. Aquella imagen semejaba un cuadro sublime de lo más realista. La joven hubiese dado todo por formar también parte de esa idílica escena, y justo antes de poder avanzar un paso para dejarse descubrir llevaba por su tremenda emoción, la música cesó de manera abrupta, pero no por ello rompiendo la armonía por completo. Las lágrimas empezaron a rodar sobre las mejillas de la chica, mientras una suave pero a su vez alegre voz surgió cerca del estanque: − No sé quién eres, pero nada me gustaría más que conocer a la persona que me escucha con atención tras las camelias. En el momento en el que la figura abrió los ojos, sus miradas se cruzaron. Desde sus empañados ojos pudo percibir el verde más bonito que nunca en su vida volvería a ver de aquella manera... - ¡Señorita Hwang Ri! Ya que la veo tan concentrada, ¿puede usted decirme el tema que estamos tratando en este preciso instante?- exclamó una señora con tono amargo. - Eeeeeehm...- vaciló dubitativa la chica- ¿Los palacios feudales en la antigua Corea?- respondió con un cierto tono inseguro.


- ¡Hmpf! Prosigamos, como iba diciendo, era muy común en aquella época que toda la corte estuviese instalada en los recintos del palacio real...- comenzó de nuevo la señora dándose la vuelta y volviendo a ignorarla mientras se dirigía de nuevo a la pizarra. Un boceto a lápiz había aparecido en ese instante en la libreta de la chica, adornado por unos garabatos en la parte de arriba que se asemejaban a apuntes mal copiados. ¡Bien! ¡Lo tengo! - pensó la chica mientras una gran sonrisa iluminaba su rostro. Cogió su lápiz, y con una rapidez pasmosa escribió un nombre al lado de aquel dibujo. El día había empezado con buen pie, y esperaba con ansias a que las horas pasasen para poder sumergirse de nuevo en su mente, ya que al fin y al cabo sólo ella era dueña de sus pensamientos, y nadie podría invadirla ni descubrirla en su refugio, ¿verdad?

FIN

Lejano Oriente  

Historia personal

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you