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12 OPINIÓN SIGLO.21

SÁB 10 12 11

Opinión Editorial

Mensajes y sociedad

Urge poner un freno a la inflación

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ste año, por lo menos hasta noviembre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) todavía no había rebasado la línea mortal impuesta por el Banco de Guatemala (Banguat). La inflación en los primeros 11 meses de 2011 estaba apenas por debajo del 6% impuesto como meta por el Banco Central. En realidad, como un país con metas explícitas de inflación, la proyección era de cerrar con un 5%, pero con márgenes de tolerancia de 1%, tanto hacia arriba como hacia abajo. Por lo menos en la última década, el Banguat no ha tenido mucho tino para pegarle a sus propias proyecciones. Diversos eventos económicos han explicado siempre esos porcentajes alejados de la propuesta inflacionaria. Sin embargo, es necesario resaltar que, como lo asegura el Instituto Nacional de Estadística (INE), desde el 1 de enero de 2001 al 30 de noviembre de este año, el quetzal, nuestra apreciada moneda, ha perdido Q0.55 de su capacidad adquisitiva. Es decir que, comparada con aquella fecha, nuestra moneda nacional sólo cuesta Q0.45. Por supuesto, los principales afectados son los sectores más vulnerables, cuyos ingresos son muy restringidos. Encima de esa escasez de recursos, los más pobres del país resienten una merma en sus compras con billetes cada vez más depreciados. Se ha dicho hasta la saciedad que la infla-

ción es el impuesto más injusto, porque afecta principalmente a quienes tienen menos oportunidades de gasto. ¿Qué hacer frente a este fenómeno? Los teóricos se devanan los sesos para buscar una medida con la cual se pueda evitar la caída de la capacidad adquisitiva de las monedas. Hasta ahora resulta una tarea muy difícil, porque casi siempre ese control tiene un fondo político. De hecho, de acuerdo con los economistas, todo fenómeno inflacionario tiene su origen en la emisión de moneda. Tal vez la explicación no sea tan simple, pero sí nos da una idea acerca de cómo se pueden frenar los aumentos en el IPC. A veces, las presiones sobre los precios de los productos provienen de la misma dinámica de la economía. A mayor demanda, más encarecimiento de las mercaderías. La respuesta está, entonces, en el impulso de la productividad. Con el aumento de la oferta, los precios tienden a bajar. Por supuesto, esto requiere un esfuerzo serio y coordinado entre los sectores público y privado, de manera que no ocurran desgastes innecesarios en los históricos enfrentamientos entre Gobierno y empresarios. La situación de pobreza de muchos guatemaltecos no permite demorar ciertas acciones que conduzcan a evitar un mayor deterioro del poder adquisitivo del quetzal. Es urgente comenzar a visualizar los modos de fortalecer una moneda que no tiene por qué depreciarse a tal velocidad.

Directorio

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Celac: blindaje para los autoritarios Ricardo Trotti PERIODISTA

trottiart@gmail.com

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as principales causas del deterioro de la democracia y de la calidad de vida en Latinoamérica son la inseguridad pública, la corrupción, la subordinación de la justicia, el fraude electoral y las violaciones a la libertad de prensa y de expresión. Sorpresivamente, ninguna de estas fue abordada en los 40 puntos de la Declaración de Caracas, texto fundacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), aprobado por los presidentes de la zona. Lejos de las necesidades y pesares de los ciudadanos, la Declaración promulgada el fin de semana pasado en Caracas, puso énfasis en la política ideológica del anfitrión y mentor de la nueva sociedad, Hugo Chávez, y de una orquesta de socios que tampoco se caracteriza por sus prácticas democráticas, como Rafael Correa, Raúl Castro y Daniel Ortega. El documento constitutivo de la la Celac suena como una canción de protesta de Calle 13. En la flamante Comunidad, en lugar de discutirse sobre temas que realmente conectan a la gente con sus gobernantes: transparencia y anticorrupción, inseguridad y salud, empleos y comercio, innovación y tecnología, se habló sobre autodeterminación de los pueblos y el principio de no injerencia, características de un discurso politizado y resentido, que nos retrotrae a la década de los 70 y la Guerra Fría. Descompasados con la actualidad, los principios esbozados no tuvieron la intención de integrar a la región económicamente y blindar-

la de colonialismos pasados como vendieron los discursos. Más bien, pareció que los gobiernos más autoritarios crearon su propia coraza para impedir que en sus países se supervise el cumplimiento de los derechos humanos, acción que universalizó la Convención de Viena de 1969, por encima del derecho interno y de la Constitución de cada país. No es casualidad que los mayores deudores con los derechos humanos, Cuba, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, fueran los más estentóreos en esta Cumbre. De esta forma, Chávez y Correa –sin el contrapeso que otrora ejercían presidentes de la vereda de enfrente como Álvaro Uribe, Alan García, Óscar Arias o Vicente Fox– se sintieron a sus anchas, más libres y arrogantes para pedir el reemplazo de la Organización de Estados Americanos por la Celac, para criticar el método de protección de derechos humanos reconocido como el más funcional del mundo, con su Comisión y Corte interamericanas, y para reprender a los medios de comunicación privados. La Celac nació con muchas contradicciones. No sólo excluyó a dos de los socios comerciales, militares y de mayor influencia en la región y el mundo, como EE.UU. y Canadá, sino que incorporó a la mesa a Raúl Castro en el mismo momento que en su país se reprimía brutalmente a los disidentes, y a Daniel Ortega, quien ganó su tercer mandato, pese a una reelección prohibida por la Constitución, y desoyendo a veedores de la OEA y la Unión Europea. En realidad, si de alguna integración se puede hablar, es que en la Celac se mezclaron sistemas democráticos, autoritarios y dictatoriales, incluyendo a varios pequeños países caribeños angloparlantes, sumisos y silenciados por los petrodólares de Chávez.

La Celac suena como una canción de protesta de Calle 13.

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