Page 10

10

economÍa siglo.21

Sáb 10 12 11

Perspectiva Falta de reglas parece perpetuar la crisis

Los reclamos contra el status quo se realizan desde Nueva York hasta las calles de la capital española, Madrid, donde también protestan los inmigrantes. FOTOS: archivo

¿Se requiere más control financiero? Francisco Ancheyta Periodista

fancheyta@siglo21.com.gt

L

a crisis financiera en Europa, como antes la de Estados Unidos, ha incidido en un golpe directo a la economía real, la que se encarga de producir bienes y servicios. Es decir, la irresponsabilidad de los banqueros y de los políticos tradicionales ha comenzado a pasarle la factura a los mercados que creyeron a pies juntillas en la infalibilidad de la libertad de empresa. Como siempre, aunque normalmente los sectores poderosos se oponen a los subsidios dirigidos a los pobres, ha sido el Estado el que

ha salido a defender a los bancos, haciendo cuantos malabares estén en sus manos para evitar que se queden sin sus estratosféricos activos y sus abultadas ganancias. Los movimientos de los indignados, que comienzan a regarse, ironías de la vida, por las ciudades del mundo desarrollado, son una expresión desde abajo de la inconformidad con el sistema de cosas. Hay una especie de condena contra los férreos opositores de las políticas estatistas, quienes ni siquiera aceptan las regulaciones tan útiles para prevenir abusos financieros, pero sí miran para todos lados, esperando que el dinero público los rescate. Resulta curioso que los bancos no puedan sobrevivir sin la utilización del Estado, tanto para defenderlos de los vaivenes sociales como de las muy objetivas posibilidades de que sus acreedores se queden sin recursos para cubrir

sus deudas. Así pasó durante el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Tras una cadena de operaciones irresponsables, en las que los banqueros consintieron la contratación masiva de préstamos hipotecarios otorgados a personas sin solvencia económica, la Casa Blanca y la Reserva Federal debieron autorizar la entrega de recursos públicos para que el sistema (demasiado grande para caer) no se derrumbara.

Crisis tras crisis

Tras la explosión de la crisis financiera internacional en 2008, se pensó que salir de la recesión llevaría apenas un par de años. No ha sido así. La escasa demanda se ha hecho endémica en Estados Unidos, mientras el desempleo se mantiene alto. Incluso se cree que, como cualquier país latinoamericano, en la Unión Americana también se maquillan estadísti-

cas para dar la sensación de que todo está bien. El malestar generado entre muchas personas sin trabajo los ha llevado a manifestarse y protestar frente a Wall Street, el centro capitalista más importante del mundo. Los reclamos de los Ocuppy Wall Street tienen, en el fondo, una expresión de impotencia, porque mientras los inversionistas, y entre ellos los grandes bancos, siguen acumulando riqueza, la esperanza de conseguir un puesto de trabajo se disipa, al tiempo que las deudas no bajan sus saldos y en muchos casos crecen todavía más. Las fuertes inyecciones de capital hechas por el sector público no han podido levantar el ánimo de los productores, y los bancos tampoco se esmeran mucho en colocar el dinero para reactivar las fábricas y obligar a la gente a consumir. Una situación similar se vive en Europa, donde pese a

Origen de las crisis El pánico financiero Un artículo de Kelly Evans, analista de The Wall Street Journal, reveló que “la crisis financiera de 2008 mostró los síntomas típicos asociados con un pánico bancario”. En su opinión, “las versiones modernas de este fenómeno son protagonizadas exclusivamente por instituciones financieras importantes y no salen a la luz pública hasta que son lo suficientemente severas para provocar un derrumbe en las bolsas, bancarrotas, despidos y un alza del desempleo”. La advertencia de Evans gira en torno a que “la actual crisis europea sirve como recordatorio de lo poco que se ha hecho para resolver las vulnerabilidades que la crisis de 2008 dejó al descubierto”. las amenazas de los países dirigentes, Alemania y Francia, no se ha podido reencauzar la política fiscal, y mucho menos la economía, en naciones como Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. El miedo prevalece entre los capitalistas, quienes te-

men, con razón, que buscar acomodo a su dinero por estas latitudes representa grandes riesgos, los cuales no están dispuestos a correr. Las sociedades que conforman el peyorativo grupo PIIGS no se quedan cruzadas de brazos y protestan en las calles, causando no pocos problemas a sus respectivos gobiernos.

Fin de paradigmas

La reacción de los indignados no es una rebeldía sin causa, como algunos quieren hacernos creer. Se trata de un grito justiciero contra los abusos de las instituciones financieras, las cuales no sólo han manipulado los movimientos de dinero, sino que también se lanzan con saña mercantilista contra los cuentahabientes y deudores. No sabemos qué saldrá del desbarajuste, pero lo que si es cierto es que, poco a poco, se impone la idea de que es necesario poner en cintura a tanta institución, de carácter transnacional, que actúan como auténticas mafias. La liberalización a ultranza del mercado financiero llegó a su fin, y no existe modo de parar el endurecimiento de las reglas que lo norman. El Comité de Basilea, el cual establece las regulaciones de la banca, tiene una dura tarea para frenar estos abusos (lea: Origen de la crisis).

/siglo101211  

http://www.s21.com.gt/sites/default/files/siglo101211.pdf

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you