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[ ARTE ] DARÍO VILLALBA Y SUS JUGUETES PATOLÓGICOS PARA ADULTOS

La sala Alcalá 31 de Madrid exhibe el mayor conjunto visto hasta la fecha (desde sus exhibiciones originales en los sesenta) de una de las obras más inauditas y célebres del arte español del siglo XX, los Encapsulados de Darío Villalba, recientemente fallecido. Un justo homenaje al primer artista español abiertamente gay de la segunda mitad del siglo. TEXTO GUILLERMO ESPINOSA

1 Pies vendados, 1973.

2 Exposición de Darío Villalba en la Galería Vandrés. Madrid, 1974

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3 Preso andando, 1974-1991

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uando Darío Villalba creó sus primeros Encapsulados a finales de los años 60 (los expondría por primera vez en la Bienal de Venecia de 1970) no era un novísimo en el mundo del arte. Nacido en Donostia en 1939, el joven Darío tuvo la oportunidad de viajar cuando nadie lo hacía, gracias a un padre cónsul en Estados Unidos. Allí se hizo patinador artístico y compitió en el equipo olímpico español en los Juegos de Invierno de 1956. Lo tuvo que dejar a su vuelta a España por pura coyuntura: aquí apenas existían pistas de patinaje sobre hielo.

C

Dibujante precoz, a los 18 años realizó su primera exposición en la Galería Alfil de Madrid, mientras comenzaba sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Durante la mili, regalaría cuadros a sus generales y sargentos para que le dieran permiso para acudir a sus propias inauguraciones. Ajeno a las peleas generacionales de la comunidad de pintores vascos, sus primeras obras de gran formato, pinturas matéricas de técnica informalista (tierras y pasta de óleo sobre negro) y temática figurativa, generalmente banal y costumbrista (jugadores de fútbol, por ejemplo) siguieron cierta tradición local, pero buscando la quiebra con “la tradición informalista abstracta por el simple sistema de utilizar sus técnicas y llevarlas a la figuración. Hasta que descubrí la fotografía combinada con la pintura, que era mi manera de contestar al grupo Dau al Set o a El Paso, que habían presidido la vanguardia española en tiempos de Franco. Quería crear unas

imágenes absolutamente propias, fuera de esos grupos tan cercanos al informalismo”, contaba el propio Villalba a Shangay unos meses antes de su muerte. Vaya si logró algo propio: nadie antes había mezclado fotografía con pintura informalista. Darío, que había comenzado a viajar a París y Londres para huir del represivo y asfixiante ambiente de la España franquista, donde la homosexualidad se penaba con cárcel, comenzó a trabajar primero con fotografías encontradas. Para luego pasar a las propias, tomadas casi siempre en las calles de las urbes. Tanto Londres como Estados Unidos (en 1962 recibió una beca de la Universidad de Harvard, que le permitiría darse a conocer con exposiciones en el país) le sirvieron para encontrar, aparte de amantes y amigos (entre ellos Andy Warhol), el material humano que poblaría su trabajo: personalidades marginales, sobre todo indigentes y chaperos, también jóvenes y mayores de las clases medias empobrecidas, que primero amplió en lienzos, pintando sobre ellos, para luego terminar encapsulándolos en metacrilato.

Son precisamente estas series de Encapsulados –la primera serie en rosa que presentó en la XXXV Bienal de Venecia y que le granjeó admiración internacional inmediata– y la algo posterior (entre 1973 y 74) de encapsulados negros y blancos, con la que ganó el Gran Premio de la Bienal de São Paulo en 1973, las que se verán (no en su totalidad, pero sí en un número relevante) en Alcalá 31. Él no dudaba en llamarlos, con su

asertividad poética y cierta retranca negra, “juguetes patológicos para adultos”. Villalba aquí no solo dio dimensión trascendente a una serie de excluidos –“náufragos de la sociedad”, como le gustaba llamarlos–, también logró alterar y unir prácticas diversas –fotografía, pintura y escultura– como nadie había hecho antes. Hoy, cuando lo que se ha dado en llamar “fotografía expandida” es una práctica novedosa en manos de una nueva generación –fotógrafos que la trabajan desde lo escultórico o la instalación–, el propio Villalba criticaba “tanta fotografía de técnica tan impecable. No lo veo sincero. No lo defiendo. Es un recurso fácil. Veo muchos trabajos ajustados a unos cánones previstos: piezas sin alma, sin trascendencia, realizadas porque se sabe que van a funcionar...”. Contraponía a esto sus propias imágenes, “llenas de fuerza, de parquedad, de empeño”. Su amigo Andy Warhol le definió como “el artista pop del alma”, de ahí el título Pop Soul de esta exposición. Fue el único de su generación en utilizar algo tan inmediato como la fotografía para trascender la epidermis del discurso no ya del pop de su época, sino de la vanguardia en general. En cierta medida, estaba avanzando ya la llegada del arte conceptual. { LA EXPOSICIÓN POP SOUL. ENCAPSULADOS & OTROS. DARÍO VILLALBA SE PUEDE VISITAR DEL 23 DE MAYO AL 28 DE JULIO EN LA SALA DE EXPOSICIONES ALCALÁ 31 (C/ALCALÁ, 31) DE MADRID }

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AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS... DE VIDEOCLUB

Un homenaje a toda una manera de absorber una cultura visual, la de finales del siglo XX, a través de una serie de películas claves en versión cassette de VHS: el primer formato que nos permitió salir de la sala de cine y entrar en la cápsula del hogar. Y también un juego referencial en modo generacional –y personal– que se permite hasta fantasear con ucronías fílmicas: incluyendo títulos de hoy en la estética del ayer, como la serie Pose. El valenciano Octavio Terol, conocido creativo publicitario y también último diseñador gráfico y testigo vivo de esa noble profesión, la de cartelista, que él ha devuelto a la actualidad, realiza en esta primera exposición en La Fresh Gallery (Conde de Aranda, 5. Hasta el 23 de mayo) un divertido, pero también nostálgico, ejercicio de apropiacionismo y reinterpretación.

[ SHANGAYARTE. 54 ]

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