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Crónica No es lo mismo el lugar que soñamos con el que encontramos. A veces, los años, nos cambian las cosas de lugar, los colores, las texturas, y no estamos seguros si recordamos algo que inventamos o que de verdad estuvo ahí. A Graciela le pasó con el Zoológico Simón Bolívar. Acá su historia.

Sola en el Zoológico Por: Graciela Mora ¿Para qué te apuraste tanto, y llegaste tan temprano, si aquí no hay nadie? Pensaste que tendrías que parquear lejísimos de la entrada… cuando estabas en la escuela, ir de paseo al Zoológico era meterse en una maraña de gente… Recordás cientos de vendedores en la entrada, sobre todo te acordás de los que hacía miles y miles de pompas de jabón, que parecían no estallarse nunca… Se te estalla este recuerdo, y volvés a ver el parqueo vacío. Estás a la entrada del Simón Bolívar y el tuyo es apenas como el quinto carro que parquea. Señor, le preguntás al que cuida los carros, ¿siempre está así de vacío? Es un viejito, bien arrugadito, seguro que trabaja ahí desde que abrieron el zoológico en 1921. Usa una gorra roja, desteñida por el sol, y un chaleco reflector. De pronto te ves rodeada de niños que corren, papás y mamás que gritan: Juan, María, Marco, Graciela. Vos querías que te compraran de esos frasquitos de vidrio llenos de líquido de colores, de donde soplaban las pompas de jabón, pero tu papá siempre decía que él las sabía hacer de jabón azul, y tu mamá decía que salían mejor las de jabón Fab, pero nunca salían mejor. Otros niños salían con molinetes de papel metalizado, con juguetes inflables y con todo tipo de animales africanos. A vos te traían a ver el caimán, la boa, los monos, y si topabas con suerte, el león rugía. Pero ya no está la gente, eso fue hace más de 20 años… No, señora, te dice el cuidacarros, los sábados casi no viene gente… Los domingos hay un poco más de movimiento. Entre semana no viene nadie. Un enorme mural, que nunca habías visto, muestra infinidad de animales, y vos te preguntás si todos esos estarán ahí en el zoológico.


También están los vendedores, pero ahora son solo cuatro puestos: uno con comida, uno con inflables, otro con molinetes y el de chucherías tejidas y collares de conchas. No estás segura si cuando eras pequeña eran solo cuatro y era que vos no sabías contar, o es que tu imaginación te juega una broma y recordás una larga fila de chinamos a ambos lados de la entrada y las monedas que pasaban de mano en mano. Apurás el paso porque adentro ya te espera la bióloga que embarcaste en tu misión: tenés que hacer una crónica y se te ocurrió la idea de ver el Bolívar desde los ojos de una especialista en vida silvestre. Pero apenas atravesás la entrada, lo que ves es un carrusel mecánico de guacamayas rojas y verdes. Y seguro que no funciona, porque no lo mece ni el viento. Aquí no se ve vida alguna, ni animal ni humana. A la entrada del parque zoológico Simón Bolívar, un rótulo recibe a los visitantes anunciado que “los animales que vivimos en este zoológico nos sentimos muy felices y te damos la bienvenida.” Te preguntás como saben ellos si los animales se sienten felices o no. La bióloga te espera frente a la jaula del tolomuco, uno de los primeros mamíferos que se encuentran en el recorrido. Le preguntás qué le parece y la pregunta le ha caído bastante mal. Sacude su largo cabello, castaño oscuro y lacio, recogido en una trenza desgarbada. Si lo que quiere es que le diga es que soy infeliz porque veo a los animales en estas condiciones, te contesta, señalando al tolomuco, que caminaba de un lado a otro, una, dos, tres, cuatro, cinco y hacia el otro lado, una, dos, tres, cuatro, cinco. De los animales salvajes, este es uno de los pequeños. Sin embargo, te asombra siempre ver la gracilidad de sus movimientos, aunque sean compulsivos. Esa fue la palabra que usó el ecologista Luis Diego Marín cuando interpuso un recurso de amparo en contra del Ministerio de Ambiente y Energía, que delega en Fundazoo la administración de los zoológicos.


Marín se basó en un dictamen de una comisión del MINAE que indicó, en el 2004, que los animales viven estresados por las condiciones de sus encierros. Esto genera conductas estereotipadas, las cuales se caracterizan porque los animales se desplazan de forma constante y frecuente de un lado para otro de forma compulsiva. El tolomuco, pariente de la comadreja y de la nutria, una, dos, tres, cuatro, cinco, a un lado y al otro, ocasionalmente se subía a un tronco que le tenían en su jaula. Una niña pequeña le dice a su mamá, abriendo los brazos: ¡yo les abro las jaulas y los dejo libres! Cuando vos tenías la edad de ella, no pensabas en dejarlos libres. Querías que estuvieran ahí, para poder verlos. De hecho, te costaba mucho verlos, había tanta gente, se empujaban y agolpaban todos ante las jaulas, y a vos te metían codazos en la cabeza. Tu papá, alto, te alzaba, y vos siempre fuiste flaquilla, insignificante, y te encantaba ver a los animales, caminando para acá, una, dos tres, cuatro, cinco, y para allá, tan ágiles, con músculos fuertes. Llevan 20 años de caminar compulsivamente por la jaula. ¡Yo les abro las jaulas y los dejo libres! La bióloga mira a la niña pequeña, es ella la que habla, no vos, Graciela. Tiene razón, esto no es natural, te dice ella. Ese animal la pone ansiosa. Pero por otro lado, ¿se les puede soltar? Ya no están en condiciones de vivir en libertad. Según la Real Academia Española, un parque zoológico es un lugar en que se conservan, cuidan y a veces se crían diversas especies animales con fines didácticos o de entretenimiento. Pero a vos te parece imposiblemente cruel que sea un entretenimiento ver animales con actitudes compulsivas. La bióloga te señala al mapache, que lentamente escala la malla. Parece un peluche grande y gordo. Le falta una falange. La ley dice que cuando encuentran animales heridos o los decomisan a cazadores, vienen al Simón Bolívar. Vos te preguntás si este mapache, sin esa falange, podría sobrevivir en libertad. El mapache se asoma insistentemente entre la vegetación, para tratar de ver por el sendero. La bióloga te cuenta que hace unas semanas vino con su sobrinito y el león empezó a llamar: oh oh oh. Al rato, vieron que venía el cuidador con el alimento. Ya están domesticados, te dice, y saben por dónde viene el que les trae la comida.


Recordás el rugido del león, el de hace 20 años. Cuando rugía, los visitantes corrían hacia el fondo del parque, donde estaba el rey de la selva. No siempre tenías esa suerte, un amigo tuyo recuerda que su mayor decepción de niño fue encontrarse con un león dormido que no se parecía en nada a los que él veía actuando en la tele, los que luchaban con Tarzán. El que rugía está ahora en un macabro cementerio que tienen en la entrada del parque. En realidad es como un pequeño museo donde hay juegos educativos de los ecosistemas, pero al fondo están disecados los que han pasado a mejor vida: un caimán y una muestra variopinta de felinos de todo el planeta: el león africano que recordás, un puma de Norteamérica, un mexicano jaguar y un tigre de la India. Te parece una exhibición realmente macabra de los animales que pueden llegar a morir ahí. Huele a animal. Los cuidadores están lavando la jaula de Kariva y Kivo, los leones de ahora. Es una mañana fresca, con nubes pasajeras y una brisa que hace a los árboles interpretar los sonidos del bosque. Los pájaros silvestres son la segunda voz de los pájaros cautivos. Hace casi cuarenta años, los niños de la escuela Buenaventura Corrales se escapaban de clases para ir a ver al león, a las serpientes y a los monos. Quien cuidaba la puerta era un ancianito y cuando los veía con uniforme de escolares, los dejaba entrar sin pagar. Eran como una bandada que recorría ávida el parque. Se devoraban las serpientes con los ojos, tratando de descifrar dónde estaba cada una. Se asomaban con miedo, en sus tamaños infantiles la fosa parecía infinitamente profunda y si caían dentro, vendrían las serpientes a comérselos. Como la boa que traga el elefante del Principito, los niños se imaginaban dentro del vientre de uno de esos reptiles. Luego de pasar lista a las serpientes, corrían donde los monos. Se quedaban sin palabras ante la gracilidad con que se columpiaban, una mona se ponía al monito en la espalda, y no respiraban de la expectativa de que el monito se iba a caer… Pero no se caía, y otro mono se venía a la orilla a esperar que vos, Graciela, le echaras uno de los meneitos que estás comiendo, tu mamá tiene a tu hermanito alzado, mami, agarralo fuerte que se te puede caer, y mirabas al monito en la espalda de la madre… Sos la misma niña de hace 40 años, sos la misma niña de hace 20, sos la que hace una hora quería liberarlos a todos…


Pero hoy no hay serpientes. Ya no está la imponente boa que se enroscaba alrededor del tronco, una y otra vez, como tus recuerdos se confunden con lo que ves hoy… En esa fosa hay pizotes, uno de los de abajo daba vueltas a un huevo duro entero, buscando la manera de abrirlo. Y te preguntás si la boa estará en la siguiente, pero lo que hay es una iguana y una guatusa y te preguntás si está en la siguiente, pero lo que hay son cariblancos y unas ratas grises y gordas que se comen lo que los monos dejan caer. Tus dudas son una bandada que recorre el cielo y gira sobre sí misma: Si es el animal es carnívoro, ¿cuántos animales come y cada cuánto tiempo? ¿A cuántos se les ha caído el pelo? ¿Cómo lo cuidan? ¿Qué tal si una de las ranas era diurna y nunca la pusieron al sol? ¿Cómo le calculan el tamaño de la jaula? ¿Qué tal si un animal es más pequeño pero es más móvil? ¿Cuántos hay aquí? Un muchacho moreno, de pelo muy lacio, le habla a uno de los pericos. Vamos, vamos, jale, le dice, y lo sube en un plato metálico con semilla de girasol y maní sin pelar. Pensás que si lo encontraras en medio bosque, te parecería que es uno de nuestros ancestros… Resulta no ser el cacique Acserrí, sino Sergio, estudiante de Biología de la UNA. -Cuánto tenés de trabajar acá? – le preguntás. -Trabajar, trabajar, solo semana y media- dijo quitándose los guantes de las manos. Pensás que te equivocaste de persona para entrevistar. Para tu crónica, querés alguien que conozca el entorno. -De voluntario estuve tres años- te explica Sergio. El ave de la duda se espanta de tu cabeza. Te cuenta que los voluntarios son principalmente estudiantes europeos. No quisiste parecer asombrada, pero te dejó sin palabras pensar que los muchachos del viejo continente cruzan el océano para venir a trabajar con estos animales. Sergio es cuidador, y muy brevemente te cuenta que algunos animales tienen nombre: el grisón se llama Cuco, el tolomuco se llama Morgan y hay unos cinco monos que tienen nombre porque algún día hicieron algo y se ganaron algún apodo.


Cinco minutos de conversación con una persona parecieron demasiados para Sergio. Le urgía volver con sus animalitos, que no le preguntaban nada. Pensás que este era uno que sí podías dejar en libertad, ya no lo atraso con su trabajo, gracias. Al llegar a la fosa de los monos, que ahora sabés que se llaman monos araña, el sol se oculta y una telaraña de cinco pisos que está al borde de la fosa pierde su brillo. La bióloga y vos comparten el espectáculo y el silencio. Te das cuenta que aparte del sonido ensordecedor de un bosque ubicado en plena ciudad, susurra a tus espaldas el río Torres. Un rótulo dice que el río Torres, que nace en Montes de Oca y desemboca en el Virilla, fue aprovechado en el pasado para generación hidroeléctrica y actualmente Acueductos y Alcantarillados los usa como colector a cielo abierto de aguas residuales, pluviales y aguas negras. Te preguntás quién habrá tenido un humor tan negro como para anunciar semejante cosa como si fuera un logro. Otra telaraña guinda del rótulo y brilla, dorada, bajo el sol decembrino que volvió a asomar. Tu esquema mental de ama de casa te vence y pensás que acá nunca limpian. Entonces recordás las ratas gordas, que el cantar no era de río sino de cloaca y te sacudís la tentación de destruir la telaraña: este era el hábitat de ese insecto de largas patas que reposaba en el centro. Este no necesitaba jaula, para eso tenía su telaraña. La bióloga rompe tu silencio. Estos monos están obesos, parecen una cuerda con un nudo. Te confiesa que son sus animales favoritos, y te cuenta que los ha visto muchas veces en la Península de Osa, pero que allá son de otro color. -Si estos bichos provienen de capturas que se han hecho a los cazadores, negociadores y de recuperaciones a la hora de exportarlos, son un grupo totalmente desmembrado. Tienen diferentes costumbres y ¿qué tal si alguno está loco y le hace daño a los demás? Al menos el jaguar y el tolomuco son animales solitarios, pero para estos bichos sociales, creo yo que es más complejo porque se crean los grupos a la fuerza- te dice ella.


Ya estás deseando irte. Hace 20 años, las jaulas te parecían enormes, las fosas imposiblemente profundas, y el aviario alto hasta el cielo. Hoy no has visto las aves, aquí viste por primera ves un quetzal. La segunda vez, y única que has tenido la suerte de verlo en libertad, fue en el lago del Arenal. La tercera, en el Zooave. Las aves que tienen acá son una lechuza y un águila desplumada, no se te parece para nada el rey del cielo. Una pareja de negros se acerca y empieza a hacer ruidos a las aves… Desconocés el idioma que hablan pero las aves los miran muy atentos. Ellos, al igual que las lechuzas y las águilas, son de otra latitud. Un busto de Simón Bolívar es como un niño perdido en medio de una construcción sin terminar. Hace años, el Gobierno de Venezuela ofreció administrar el parque por cinco años e invertir en él, pero una persona en Fundazoo dijo que no debía haber ningún gobierno extranjero involucrado en esto. Pensás la ironía que es que este lugar esté bautizado en honor al Libertador. El parque es también como un niño perdido en medio de la ciudad. Es un bosque, en el cual animales que no pertenecen a él han quedado cautivos. Pensás que es un encanto del cual se conserva lo que crece por su propia cuenta: la vegetación. Un rótulo señalaba el lugar donde estaba la danta. La buscás, pero ahora lo que está es el carrusel de guacamayas rojas y verdes, vueltas y vueltas de animales de plástico. Estás en medio de la vegetación, hay muchos árboles, estás rodeada de jaulas y un olor penetrante. Gracielita, no te vayás sola, aquí estamos, te dice tu mamá. Una familia se sienta en un mantel y saca comida de una canasta de mimbre. Vos pensás que no podrías comer con este olor. Pero sí te has quedado sola, Graciela. Hoy, la bióloga ni se ha despedido y se ha marchado. Le urgía salir de este parque perdido. Es casi medio día y aún así no ves a los niños que hace 20 años entraban saltando, haciendo caballito, de la mano de sus papás.

Aquí no hay nadie.


Entrevista Los Blogs y el internet en sí hann venido a cambiar la forma en que se ejerce la profesión del periodismo en nuestros días ¿Quién mejor que un Periodista-Bloguero de renombre para explicarnos como afecta esta situación a nuestra vida? Entrevista a Cristian Cambronero de Fusil de chispas.

Bloggers y Periodismo en la era digital

“El proceso de formación de opinión pública cada vez es mucho más democrático, mucho más horizontal, mucho más participativo.”

Por: Mauricio Sgadi

Habíamos quedado a las dos de la tarde en la oficina de BigWebNoise, y yo desde las diez andaba buscando qué ponerme para parecer profesional. Faltando cinco minutos para las dos estaba frente a un edificio de apartamentos en San Pedro de Montes de Oca, en medio del bullicio de los carros y el retorcijón de estómago de los nervios. Me encontré al portero y me dijo que Cristian había salido a comer, entonces tenía que sentarme a esperar. A las dos y diez en punto lo vi pasar en su carro hacia el parqueo y recordé un post que le había leído sobre el carro que había comprado y como la publicidad y el boca a boca podían afectar a una empresa. Esperé un poco más y a eso de las dos y quince una muchacha muy atenta que venía, también del almuerzo, me hizo pasar con ella hasta la oficina. Según lo dice en su blog: “Periodista multimedia y diseñador gráfico. Blogger de tiempo completo. Pionero en el campo del periodismo web en Costa Rica.” Cristian Cambronero me estaba esperando para la entrevista que tenía que hacer sobre el periodismo en internet, los bloggers y sus efectos en Costa Rica; y allí estaba bajo el calor del viernes en un apartamento de habitación como cualquier otro, tocando la puerta y esperando. Un hombre de ojos abiertos y despiertos tras unos llamativos anteojos negros me abre la puerta, me da la mano y me invita a seguirle por en medio de la sala donde los vasos medio llenos (o medio vacíos, como usted lo prefiera) reposaban en una mesita. Llegamos a un pequeño cuarto donde apenas cabe el escritorio en medio de las cuatro paredes blancas, una laptop, un celular, una cajita que será acaso del tamaño de una caja de fósforos con el logo de Facebook, una lámpara, unas fotos y unos gafetes de prensa que mostraban en cuanto evento ha estado metido. Cinco años después de publicar su primer post en


el Fusil, estaba sentado frente a mí para responder mis preguntas sobre los blogs, el internet, los medios, el “nuevo periodismo” y hacia dónde vamos con esto.

Y es que de acuerdo a un estudio del ITU (Organización de las naciones unidas para las tecnologías de la información y comunicación) para septiembre del 2009 Costa Rica tenía 1,5 millones de usuarios de internet, un tercio de ellos estaban en redes sociales y al menos 200 mil (aproximadamente un 22,5% de la población del país) utilizan estos recursos diariamente. Lo que hace este un tema de suma importancia, especialmente para los comunicadores que hemos encontrado en el internet una nueva herramienta de comunicación. Lo primero era ponerle un nombre a ese fenómeno que se viene cultivando los últimos años en el mundo sobre esas personas que desde su computadora han entrado en el juego de la información y han pasado a ser actores en una “liga” que antes estaba completamente cerrada para los profesionales en periodismo: P. ¿Para ud que es lo que llaman “nuevo periodismo”? R. Yo te diría que no existe algo que se llame nuevo periodismo, existe el periodismo. Lo que es nuevo son herramientas y plataformas, y de alguna forma han impuesto una serie de cambios bastante dramáticos en la forma de ejercer la profesión. Pero no creo que esos cambios se manifiesten en la esencia de cómo se ejerce la profesión, es decir, los valores periodísticos probablemente siguen y seguirán siendo los mismos y las reglas (si lo queremos llamar así) del ejercicio periodístico también siguen siendo las mismas. Y un nuevo paradigma, que es quizás lo más importante de todo, en el que los que antes eran solo lectores, o televidentes, o radioescuchas, son participantes activos en los procesos de generación de contenido, que es algo que antes simplemente no era así. Y no solamente son activos en la generación de contenidos, sino que son, que existe un enorme potencial para que personas comunes y corrientes (no periodistas) también ejerzan esa función de publicación, de republicación, de distribución de la información, que eran tareas que históricamente habían estado monopolizadas por periodistas y por medios de comunicación tradicionales. Y bueno, es que mientras él y yo estamos sentados conversando sobre el paradigma que se ve tan lejano para algunos en estos lares, este mismo que menciona Cristian se está comiendo vivos a los periódicos en Estados Unidos. Un ejemplo es un reportaje del Diario el País (España) que señala: “La media diaria de ejemplares vendidos allí ha bajado de 62 millones a 49 millones desde que hace 15 años Internet empezó a volverse accesible a todos. Unos cien diarios se han visto obligados a dejar de imprimir en papel. En el mismo periodo, el número de lectores de periodismo digital en Estados Unidos ha ascendido de cero a 75 millones.” Los autos pasan rápido frente al edifico, Cristian se ha levantado a cerrar la ventana para bajar el nivel de ruido y se queda pensando un poco más sobre la próxima pregunta: “Yo creo que el aspecto más importante (en que esto afecta) es el cambio que ha ocurrido en la forma en que se genera opinión pública, es decir, hasta ahora o hasta hace algunos años, la gente, los ciudadanos comunes y corrientes, formaban su opinión con base a lo que ocurría con las


informaciones que consumían de medios de comunicación tradicionales y verticales como la radio, la tele y los periódicos. Y de pronto ya no es así, es decir, el proceso de formación de opinión pública cada vez es mucho más democrático, mucho más horizontal, mucho más participativo.”

P. ¿Qué papel tienen los blog o los blogueros en este juego de información entonces? R. Depende, yo creo que tendrías que como localizarlo porque no se puede como generalizar, digamos, el papel que tienen los blogueros en U.S.A o en España o en Francia es muy distinto al que se ha producido hasta ahora en América Latina por ejemplo. Entonces yo creo que aquí es mucho más pequeño, mucho menos protagónico el rol que han jugado los blogs hasta ahora. Pero sin embargo en esos países por mencionar solo tres ejemplos, es un rol definitivamente protagónico, es decir, los blogueros de Washington son absolutos protagonistas de la forma en que se construye la agenda informativa de los Estados Unidos, entonces, es un papel que no es nada despreciable, que es sumamente importante. Bueno, el huffingtonpost ( http://www.huffingtonpost.com/ ) que empezó siendo un blog, es el segundo medio de comunicación más leído en internet en los Estados Unidos solo superado por el New York Times ( http://www.nytimes.com/ ) y lo acaba de comprar AOL por una suma millonaria, digamos, lo que habla claramente del potencial que tiene, y es un medio que surgió como un medio independiente. Y en Washington está Politico.com ( http://www.politico.com/ ) que se ha convertido como en la gran fuente de referencia de información política del gobierno de los Estados unidos y es un medio independiente, que empezó circulando entre círculos políticos y de lobby y ahora es de un consumo bastante más generalizado. Pero son protagonistas absolutos dentro del ecosistema de medios de comunicación. Creo que influyen una gran cantidad de factores, o sea, no el caso de C.R sino en el caso de toda América Latina: La penetración de internet apenas está creciendo, rara vez supera el 50% en promedio para toda América Latina, entonces creo que hemos sido como impacientes en pensar que iba a ser muy rápido, que podíamos imitar o jugar un papel como el que se está jugando en otros países pero hay que entender que el panorama, digamos las circunstancias particulares de la región son muy diferentes y por lo tanto también el comportamiento es naturalmente diferente. Cristian corre con sus palabras y sus ideas parecen chocar, ocasionalmente entre sí. Cierra los ojos y mueve su mano para mover su cursor y así no ver el protector de pantalla. Está confiado en lo que dice, y los números lo aprueban, los blogueros como él manejan países y opiniones. Y de a poco C.R va cediendo a la tendencia. Es obvio que los blogueros son una fuerza independiente en crecimiento. Pronto tomarán en nuestro país el papel protagónico que la historia les ha dado en otras naciones, y lo importante para enfrentar este proceso es estar muy seguros de cuál es el papel que deben jugar los comunicadores para enfrentarse a las personas que no son profesionales y juegan en este ecosistema de comunicación online:


P. Digitalmente, entonces, ¿cuál sería el futuro de los periodistas en la web? ¿Qué tendría que hacer un periodista a nivel de web para diferenciar su trabajo de un no profesional? R. Vieras que yo creo que no. Este es como mi punto de vista muy personal (agrega mientras se acomoda en la silla), yo creo que no es importante si es periodismo profesional o no. Yo creo que hay buen periodismo y mal periodismo y ambos se pueden ejercer profesional o no profesionalmente. Entonces, ha pasado un fenómeno bien interesante que es toda esta discusión de si le llamamos periodismo o no, si le llamamos nuevo periodismo o no, si le llamamos periodismo ciudadano o no, que implicaciones tiene, q significa, etc. Y mientras las academias, las universidades y los centros de estudio están teniendo estas discusiones ciudadanos comunes y corrientes están teniendo iniciativas y están siendo emprendedores. Yo lo que creo es que los periodistas lo que tienen que hacer es el buen periodismo, en internet o en cualquier otra plataforma, no hay diferencia, dice Ignacio Escobar que es un bloguero español, ex director del periódico público que esto es como una maratón y en esta maratón los periodistas somos los atletas de élite, es decir, es una carrera que cualquiera puede correr pero que no cualquiera está sistemáticamente preparado para correrla con eficacia ¿no? Y yo creo que eso es un poco como una muy buena metáfora porque es lo que yo creo que pasa actualmente. Y nos encontramos entonces en la época de quiebre, en medio de este proceso irreversible que es la llegada de los blogs a el ecosistema de medios de información. Es lógico que el proceso ha sido lento en un país en donde la plataforma (el internet) no tiene el acceso que requeriría para poder operar de la forma en que ha operado en otros países, la educación digital de la gente no es tan amplia y la cobertura no es todavía la suficiente. Pero es un hecho que el cambio está a la vuelta de la esquina, los números del mundo lo muestran, a como demuestran también que si los periodistas no se toman el tiempo para aprender sobre las nuevas tendencias y tecnologías, al igual que los medios, se irán quedando atrás. Va a llegar un punto en el cual el buen periodista sabrá sobresalir por su labor y no por sus títulos, y los medios estarán consolidados por poder llevar una línea digital aceptable y activa. Los blogueros vendrán, o seguirán viniendo, estamos advertidos de que si no ponemos de nuestra parte en agarrar algo de esta “nueva escuela” no nos dará ni para trabajar en la “vieja”. *** Hora y media después apago la grabadora y nos acomodamos en las sillas como saliendo de un largo sueño, Cristian recoge sus cosas y yo sé que es hora de irme, me acompaña hasta la puerta mientras conversa trivialidades. Me da su mano temblorosa y hace un gesto detrás de sus anteojos mientras cierra la puerta y yo bajo las escaleras, y voy saliendo a un viernes que todavía se aferra de las paredes de los edificios con un viento que viene arrastrando desde diciembre.


Reportaje Jorge nos mete en un mundo que no conocemos o queremos ignorar ¿Qué hay detrás de las vidas de las “Trabajadoras sexuales”? ¿Qué anhelan? ¿Quiénes son? O hasta ¿Cuánto cobran? … un reportaje buenísimo que nos da una mirada a un tabú de siempre.

Trabajo Sexual en Costa Rica: Algo más que minifaldas "Un reciente estudio realizado por una universidad estatal arrojó datos reveladores sobre la realidad de las trabajadoras sexuales en Costa Rica." Por : Jorge Monge / Saddharma7@gmail.com Escote bien pronunciado, minifalda extra corta, ojos cansados, pero con brillo. El 73% de las mujeres encuestadas tenía más de tres dependientes. Éstos últimos -por más curioso que parezcaeran los que mas llamaban la atención. En ocasiones los ojos dicen mucho más que lo que se puede expresar con palabras. La dueña de la mirada se hace llamar “Ginger” quien junto con otras 10 muchachas labora en una de las tantas salas de masaje en San José. Cada vez más mujeres recurren al trabajo sexual como medio de subsistencia, y para escapar así, de las garras de la pobreza. Un estudio publicado por la Universidad Estatal a Distancia (UNED) en noviembre del 2009, indicó que a diferencia de la creencia popular, la principal razón por las que mujeres acuden al trabajo sexual es porque no logran conseguir ingresos suficientes para asegurar una buena calidad de vida para las personas que dependen de ellas. “Nadie entiende bien, sólo alguien que ha pasado por las mismas situaciones. A veces no hay comida para el día siguiente...La gente lo juzga a uno pero yo quisiera saber como harían ellos para mantener a 4 chiquitos, sin ayuda de nadie, con una pensión de 70.000 colones y sin bachillerato; uno quiere que los hijos estén bien y hace cualquier cosa por ellos” respondió Ginger, para justificar su trabajo sexual. Ver a Ginger en su hogar, esta vez con un delantal y un pañuelo en la cabeza, compartiendo en la mesa con sus hijos y alimentando al menor de 7 meses de edad, ofrece una nueva perspectiva de esta madre soltera; observarla con los niños muestra la razón del brillo en sus ojos: “Ellos son todo para mí, me olvido de todo cuando estoy con ellos y los veo aquí en mi casita, felices, jugando” reflexionó mientras les miraba con ojos de ternura, como cualquier madre mira a sus hijos.


La respuesta del Estado La problemática del trabajo sexual se evidencia en la investigación de la UNED pues se demostró que 73 % de las mujeres encuestadas tenía más de tres dependientes y que el 60 % no contaba con estudios secundarios, lo que condiciona de manera significativa, las posibilidades de obtener un empleo que les provea de ingresos suficientes para asegurar el bienestar de sus familias. El estado parece no reconocer el aporte que el trabajo sexual hace a la economía nacional. En Costa Rica no se ha estimado el aporte que hace este grupo al Producto Interno Bruto (PIB) del país pero las últimas estimaciones apuntan a que de cada 1000 habitantes 2 son trabajadoras sexuales. Aparte de lo anterior se estima que las mujeres que ofrecen estos servicios trabajan aproximadamente 9 horas y media diarias. Si bien no todas tienen horario fijo, la mayoría debe cumplir con una cantidad de horas para asegurarse un ingreso relativamente estable. El estado solo se limita a exigir exámenes sanitarios regulares, pero no las asegura. Esto representa una desventaja tomando en cuenta que cumplen con los mismos requerimientos sociales que cualquier otro trabajador que paga sus impuestos y lamentablemente el 60 % tiene más de dos hijos por lo que se les imposibilita asegurarlos también. Retratos contrastantes Tres mujeres, tres historias que van mucho más allá de las impresiones o apariencias. Los relatos que siguen investigan la vida de “Cecilia”, “Sharon” y “Ángel”, trabajadoras sexuales de San José quienes accedieron a relatar un poco de sus experiencias de vida. Los nombres se han cambiado por respeto a la privacidad de las entrevistadas. “Cecilia” “Cecilia” comienza su día a eso de las dos de la tarde; cuando tiene dinero se hospeda en una cuartería en las cercanías del mercado Borbón. No recuerda muy bien como fue que llegó a las calle y dice no saber cuantos años tiene “Cuando uno vive así, ya no le interesa cumplir años... dígame ¿Qué voy a andar celebrando?” Viendo la piel de sus manos, con pliegues y reseca me atrevo a calcular más de 50 años; satisfecho con el cálculo, decido no ahondar más en el asunto. Además es de mala educación preguntarle a una mujer por su edad, así que me dedico a investigar lo que me trajo hoy a el motel: “La casa portuguesa” en las cercanías del “Paso de la vaca” en San José. En contraste con la mayoría de hombres que ingresan a este lugar yo no estoy buscando servicios sexuales, solo quiero algo de información. Esta trabajadora sexual que asegura no haber concluido el quinto grado de primaria, se confiesa madre de tres hijos a quienes no ve “desde hace muchos años”. Dice que una parte de su vida trabajó como ama de casa, pero que los patrones siempre le ofrecían sexo a cambio de dinero y como ella necesitaba los extras, aceptaba. En varias ocasiones fue descubierta por las esposas de los patrones lo que ocasionaba su despido inmediato. “Siempre


salía perdiendo, si les decía que no (a los patrones) me decían que me iban a echar.” El esposo de “Cecilia” se desempeñaba como guarda residencial y al igual que ella, era alcohólico. Cecilia asegura que el alcoholismo y la falta de preparación académica son las principales razones por las que vive en la calle y se dedica al trabajo sexual. Cobra una tarifa de cinco mil colones por una hora de sus servicios. Su apariencia y edad madura para la ocupación ocasiona que algunos días ni siquiera consiga clientes. Se confiesa temerosa de pensar en su porvenir “Me veo viviendo en un asilo de locos o durmiendo en la calle, muerta o asesinada por algún enemigo de la calle. Yo ya no veo ninguna posibilidad de algo diferente” “Cecilia” pertenece al grupo de trabajadoras sexuales ambulantes caracterizadas por encontrar a sus clientes en la calle; estadísticamente son las de mayor edad (26-81 años) Su tarifa va de los 3000 a 5000 mil colones por hora. “Sharon”

En las cercanías de las paradas de los buses de Desamparados hay un local cuyas ventanas son reflectivas y parecen espejos; tiene un toldo afuera y solo se vislumbra un rotulo muy pequeño con luces de neón en el que se lee “Open” (“abierto” en Inglés). Al lado de una puerta metálica, hay un timbre. Luego de tocarlo una atractiva mujer que viste un “Baby doll” me pregunta si “quiero información” Cuando respondo afirmativamente me invita a ingresar al local, que en verdad es como cualquier casa normal de clase media: lo primero que veo es una salita con sillones en los que reposan unas 7 muchachas como la que me acaba de abrir la puerta y un televisor; es la una y media aproximadamente, y están viendo una novela; una de las mujeres, me aclara el nombre de la misma en tono amigable. La escena se parece mucho a la de una sala de estar cualquiera. La única diferencia es que en otras casas las mujeres a esta hora, normalmente no están vistiendo ropa interior. La mujer que me abrió la puerta se llama Sharon, tiene 23 años y dos hijos varones. Afirma vivir sola, sentirse satisfecha con su vida y tener novio. “Él no sabe a que me dedico, si me llegara a casar, dejaría el trabajo sexual, pero por ahora me siento confortable así”. Sharon quedó embarazada cuando estaba en cuarto año de colegio. El embarazo la obligó a dejar los estudios, se mudó con el padre del niño y pronto tuvieron otro hijo. “Él era mensajero y yo empecé a trabajar como recepcionista en un bufete, los jefes me invitaban a ir a la playa con ellos, me daban plata, a veces llegaba dos días después a la casa toda bronceada” El papá de los hijos no pudo con la situación y prefirió separarse; no le da pensión. Sharon decidió que era más conveniente dedicarse completamente a los servicios sexuales y así fue como comenzó a trabajar en las salas de masaje. Esta joven trabajadora sexual afirma estar ahorrando para eventualmente abrir un negocio propio y dejar su ocupación.

“Sharon”, como la mayoría de las trabajadoras sexuales del país, trabaja en una sala de masajes, sus tarifas oscilan de 12 mil a 35 mil colones por hora. Son mujeres con escolaridad intermedia.


“Ángel” Un todo terreno, se detiene frente a mí, una de las ventanas del vidrio polarizado baja y se asoma una mujer cuya cara no me es para nada desconocida. La mujer me invita a subir, algo impresionado por su belleza; con algo de torpeza accedo. Su atractivo es indiscutible. Cuando tenía apenas 19 años apareció en la portada de una conocida revista de circulación nacional orientada al público femenino de clase media. Dedicada al modelaje desde los 16 años “Ángel” ha visitado diferentes países. “Trabajé en un casino en las Vegas, viví en Canadá 4 años y estuve en México intentando entrar a Televisa pero es muy difícil” Asegura que vivió del modelaje hasta los 21 años aproximadamente pero dice que es muy caro ser modelo: tratamientos de belleza, gimnasio, salas de bronceado, ropa, tintes y cortes de cabello, entre otros gastos, resultaron difíciles de costear cuando el trabajo escaseó. Fue entonces cuando decidió seguir el consejo de varias compañeras modelos, que ofrecían servicios sexuales paran poder cubrir los gastos. “La mayoría de las modelos de ahora lo hacen. Las que salen en la tele son peores que uno” Cuando volvió a Costa Rica, se relacionó con un conocido maripepino nacional, quién le ayudó a trabajar en despedidas de soltero y night clubs. Aunque se dedicó por algunos años a los clubes nocturnos, no se encontró a gusto por lo que actualmente labora en un hotel muy exclusivo en los Yoses en San José. Para entrar a ese hotel se requiere pagar una membresía anual que ronda los $2000, lo que asegura la exclusividad y anonimato de las trabajadoras sexuales que trabajan ahí, algo que resulta muy conveniente para ella, pues confiesa que no gusta de “farandulear”. A sus 26 años “Ángel” tiene una licenciatura en administración de empresas, es dueña de un pequeño spa cuya clientela esta constituida por algunas de sus compañeras de trabajo (muchas de ellas modelos también) y se considera una pequeña microempresaria; aspira tener una cadena de salas de broceado y formar una familia cuando alcance los 30 años. “Ángel” forma parte del grupo de trabajadoras sexuales independientes o V.I.P. quienes cobran desde $100 a $300 (a veces incluso más) por hora, consiguen a sus clientes en bares, discotecas, hoteles y por medio de Internet. Son de apariencia física muy atractiva y su nivel educativo es de secundaria y en algunos casos universitario. Los clientes La gran mayoría de clientes son recurrentes, de origen costarricense y casados. ¿Qué buscan los clientes? Entre las principales razones que apuntan los clientes para buscar sexo por dinero están:     

Obtener practicas sexuales específicas, como sexo oral Tener sexo con una persona de cierta imagen o atributos físicos (color de piel, atractiva.) Por el atractivo de lo ilícito y riesgoso Evitar obligaciones emocionales Se les dificulta conseguir relaciones de manera convencional


Al contrario de la creencia popular la clientela de la trabajadoras sexuales no ha cambiado durante los últimos 30. Los estudios realizados por la UNED demuestran que la gran mayoría de clientes son costarricenses, casados y de clase media. La imagen de Costa Rica como destino sexual dista de la realidad, puesto que la cantidad de trabajadoras sexuales sería insuficiente para suplir las necesidades de los supuestos dos millones de turistas que visitan el país. La realidad demuestra que las edades de los clientes van desde los 15 a los 91 años, con excepción de las trabajadoras ambulantes (cuyos clientes son de ingresos bajos e inmigrantes), la clientela principal de las trabajadoras sexuales son personas con ingresos medios, quienes pagan desde 12mil hasta 150mil colones por una hora de servicios. El estudio también rebeló que tanto clientes como trabajadoras opinan que su trabajo tiene un impacto positivo en la estabilidad familiar y ayuda a evitar la violencia doméstica, pues la mayoría de los hombres casados dicen recurrir a los servicios sexuales para “escapar de la monotonía y el estrés del matrimonio” El rol de la sociedad En Costa Rica el trabajo sexual ha sido estudiado durante décadas con una visión patriarcal, y se le ha visto como una enfermedad. Una gran mayoría de las trabajadoras sexuales no tiene otra fuente de empleo, y otra parte muy importante de ellas no tiene una pareja que le ayude a llevar las responsabilidades familiares ni el sostenimiento de sus hijos. El país pretende promocionarse como una nación con mayor nivel educacional y mejor calidad de vida que el resto de los países de Latinoamérica. Sin embargo, es evidente que los avances sociales no han permeado a este sector de la población pues cada vez más mujeres optan por esta opción laboral al no poder encontrar otra solución a sus problemas económicos. Las trabajadoras sexuales claman al estado por oportunidades reales de superación, la mayoría considera los pocos años de estudio que tienen como su principal logro en la vida. Una cantidad importante de ellas asegura no haber tenido una niñez traumatizante y más bien mantienen relaciones cordiales con sus familias. Prácticamente todas las entrevistadas aseguraron utilizar el preservativo en la totalidad de sus encuentros sexuales y a los clientes que se les cuestionó al respecto dijeron sentirse más seguros teniendo relaciones con trabajadoras sexuales que con desconocidas, pues son conscientes de lo precavidas que son. Las universidades en conjunto con el gobierno podrían ofrecerles apoyo para concluir sus estudios con becas. Como usted o como yo, intentan salir adelante, pues muchas son madres solteras que deben mantener a sus hijos. Sus historias de vida son un reflejo de nosotros también porque todos somos miembros de la sociedad y como tales, ellas necesitan una voz para así separar de una vez por todas, los mitos de la verdad.


Editorial Periodismo, no sensacionalismo Con bombos y platillos, los periodistas más neófitos, además de los estudiantes de esta carrera, celebraron el pasado lunes el día del Periodista, un año después de que el ex presidente Óscar Arias lo estableciera en memoria al atentado en la Penca. Los enlaces y comentarios en las redes sociales, más las felicitaciones en las universidades, fueron una tónica entre los más entusiasmados por celebrar este día, pero desgraciadamente en nuestro país, esta profesión está siendo bastante prostituida y denigrada, mientras los que tienen el deber de reformarlo, no se han percatado y se dedican a embriagarse de felicitaciones. Es imperativo que los periodistas retomen su labor cívica y se dediquen a cumplir una labor informativa e interpretativa y se deje de lado el farandulismo, el sensacionalismo y la masificación. Deben regresar la mirada al individuo, retomar el respeto y le darles rostros a los invisibles y voces a los mudos, por medio de su labor. Se debe regresar al periodismo social por medio de crónicas a profundidad, reportajes interpretativos y géneros de opinión. El periodismo dejó de cumplir una labor cívica y ahora se dedica a difundir, inmediatamente, cualquier asunto que genere interés colectivo (no lo confundamos con la opinión pública). El entretenimiento y el chisme han crecido más que la información y el deber cultural. Esta misma semana, varios medios de comunicación se dedicaron a difundir notas sobre el “divorcio del año”, entre una actriz y un empresario estadounidense. Mientras, al mismo tiempo, el diario con más difusión el país, le dedicaba una nota completa a una pauta pagada en otro medio, en la cual una mujer se disculpaba por su infidelidad. Estos son solo dos ejemplos para darse cuenta que la labor cívica se está abandonando. Los practicantes de esta profesión han renunciado, también, a la interpretación, al análisis, a la inmersión y la cobertura por medio de muchas fuentes y voces, al mejor estilo del periodista polaco Ryszard Kapuscinski. Tal y como lo dice el director del diario Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet: “en la actualidad, los comunicadores están obligados a reproducir en tiempo real la información, sin tiempo de filtrar, ni de comparar, porque si pierde mucho tiempo haciéndolo sus colegas le ganarían la partida. Y, por supuesto, alguien se lo reprocharía”. Los periodistas y los medios de comunicación se están olvidando del origen de esta profesión. Kapuscinski en su conferencia llamada El arte de reportear, fundamentó todo su discurso en el


padre del reportaje: Herodoto. Para el periodista polaco, Herodoto tenía un escalpelo social con el que veía lo medular y no lo sensacionalista. Era un hombre que le daba rostros a los invisibles. “Aquí Herodoto resulta ser el maestro extraordinario. Su actitud y comportamiento muestran lo que es esencialmente importante para un reportero: el respeto para los demás hombres, su dignidad y su valor. Escucha con cuidado el latido de su corazón y la forma en que los pensamientos cruzan por su mente”, decía Kapuscinski. Es hora regresar al punto de vista social. Es tiempo de regresar a las crónicas a profundidad como lo hacía César Vallejo y José Martí. Es hora de comprender que con la instantaneidad de las nuevas tecnologías no se compite, si no que se complementan con análisis y con historias. Es hora de que esta nueva generación de periodistas le den un nuevo rumbo a esta profesión, pero para eso deben cumplir una labor social, cívica y cultural.


Zona Cronica Semana 1