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img: Alvar Ramos


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Colaboradores

www.kymagazine.com.mx Samili

Valeria Guzmán Karla

Mariana

Dulce

Don Eugenio

“Valeria, ¿qué es la oscuridad?”, le preguntó Gloria Pérez. “La ausencia de luz”, respondió. “¿Y qué la ceguera?”, volvió a preguntar Gloria. “Si es física, la ausencia de vista y si es mental, falta de lucidez”, respondió Valeria. Valeria Guzmán es locutora, escritora, cantautora, psicóloga, viajera, lúcida y ciega desde niña. Ahora se encuentra en Barcelona y desde ahí nos escribe -les escribe a sus amigos- sobre lo que le sucede allá y sus impresiones de reconocer una ciudad que no es la suya. Mariana Regla

Valeria

Jose

Nació el Día del Cartero y tiene una hija que se llama Luna. Fotógrafa de profesión y fotógrafa de corazón, egresada de la Universidad de Guadalajara (¡estuvo en la Prepa 7, nuestra favorita!), tiene ya a pesar de su juventud una larga carrera y entre otras experiencias, estuvo en el diario Siglo 21, donde además de tomar fotos, publicaba en los suplementos Nostromo y Tentaciones. Sabemos de buena fuente que es una excelente cocinera y que le encanta leer. Actualmente labora para el DIF Jalisco, claro, tomando fotos. Eugenio Ortiz Carreño El señor Don Eugenio Ortiz Carreño es uno de los mejores periodistas de


la zona de Vallarta. Tiene una gran trayectoria profesional y aunque es oaxaqueño, pasó una larga temporada trabajando para diarios de la Ciudad de México. Luego se enamoró de Vallarta y no hay quien lo saque ya de ahí. De hecho es casi casi el cónsul plenipotenciario y maracame de la comunidad oaxaqueña avecindada en las costas jaliscienses. Actualmente y desde hace ya varios años escribe para el diario Ocho columnas. Es capaz de, al probar un mezcal oaxaqueño, reconocer no sólo su autenticidad, sino identificar la zona donde se produce. Auténtico conocedor y catador, además, de la tradicional cocina oaxaqueña, “una de las mejores del mundo”, asegura. ¡Salud, señor Don Eugenio!

Karla Ochoa

Samili Blanco

Fotografa y Productora de moda h t t p : / / w w w. f l i c k r . c o m / p h o t o s / dulceochoa/

Nacio el 4 de junio de 1986. Estudió Diseño Gráfico en la Universidad de Guadalajara y está orgulloso, como otras catorce personas, de irle al Atlante. Chistosón, llorón, anda medio triste y hasta chipilón por la salud de Gustavo Cerati. No se droga. Confundador de Killy Joy. Le gusta el vodka y detesta el tequila. Le gustan las tortas ahogadas y le cagan Las Chivas (¡buuuh!) y la cumbia villera. Cuando estuvo en la oficina de KY hizo una pinta en una servilleta, que conservaremos para recordársela. Dice: “México será campeón del mundo”. Lo bueno es que no aclaró en qué.

Karla Ochoa, diseñadora de moda & cool-hunter underground lady. Nacida en Guadalajara en los 80’s viene al mundo entre el LP y los revolucionarios CD. Karla suena a flores de tela-casa y huele a musica-amizcle. La señorita de sonrisa escurridiza y ojos rimmel disfruta caminar por las calles de su ciudad-perla. Sueña, cuenta, crea, espera y da. Podrías encontrarla mañana camino a un parque o en una foto de la revista local. Discreta, pero sonora por su peculiar personalidad, recuerda a aquella hormiga del cuento que después de encontrarse una moneda se dirige a comprar listón. Dulce Ochoa García

Jose Urriola Este venezolano de 38 años y perteneciente al signo de cáncer, estuvo en el último concierto que ofreciera Gustavo Cerati. Y ha escrito una gran crónica de esa noche y de lo que ha pasado un poco después. Y se la hemos pedido. Y nos dejó publicarla. ¡Gracias hermano! Hijo de escritor y bióloga, en su ADN viene el mandato de rendir culto a la ciencia ficción. Lunático y melancólico incurable. Te recomendamos mucho su blog: http://joseurriola.blogspot.com


Primera KY

Junio, el ombligo del año Junio no sólo nos marca la mitad del camino (hablando del Veinte Diez) nos recuerda también que cada vez está más cerca el momento en que se vaya el calor, en que vengan las primeras lluvias (y el caos citadino que lo conlleva, irremediablemente) y que de aquí para adelante el año va de bajada. Porque junio, es, digámoslo así: el miércoles del año. Ya el jueves y el viernes, como sea... Mayo se fue y ya nadie nos quita lo bailado, porque el Festival de Mayo, ni dudar, estuvo buenazo: nosotros le damos el 10 y estrellita a los conciertos de la Alternativa, pero sobre todo al de Bomba Estéreo. ¡Qué vocalista! ¡Qué grupo! Colombianos tenían que ser. Ya está: en KY somos fans de Bomba Estéreo, eternos fans. Y junio, ni cómo disimularlo, marca también el inicio del Mundial de Fútbol. Y en KY somos futboleros, muy futboleros. Pero como todo mundo habla -lugar común- del Mundial, nosotros decidimos no tocar el tema. Y ya.

En cambio, te preparamos un número variadito, con crónicas sabrosas, con recorridos citadinos (¿qué tal el Mercado Alcalde?), con fotografías, ilustraciones, cómics, moda (¡Uy, nos encantaron las bolsas para las bicicletas, no dejes de checarlas) y varias recomendaciones, como siempre, pensando en que hay que disfutar de esta ciudad y en que hay que compartir los rincones que nos gustan. Te queremos recordar también que visites nuestro blog (http://composta.net/ky), que nos dejes tus comentarios y participes de las distintas promociones que estamos haciendo con nuestros patrocinadores. También te invitamos a que escuches nuestro podcast mensual sobre los contenidos de la revista: búscalo en el blog, los primeros días de cada mes. Y, como siempre, te damos la bienvenida al núermo 17 de tu KY. Pásale, siéntete como en casa y si te gusta lo que lees y lo que veas, díselo a quien más confianza le tengas. Y no dejes de decirle también que ¡es gratis!


www.kymagazine.com.mx Director Editorial David Izazaga Márquez dizazaga@kymagazine.com.mx

Portada: Ricardo Luévanos Colaboradores: José Israel Carranza, Alfonso Cadena, Nacho Cadena, Federico Barón, Ana Cinthya Uribe, Hugo Hernández, Paco Castro, Miriam Ramos, Ricardo Luévanos, Ilsem Yaremy González de Alba, Erandini Aparicio, Sergio Saucedo, Sergio Rodea, Mariño González, Adrián de Galo, Quetzal Cárdenas, Diana Martín, Jonás Acosta, Magaly Ruiz, Victor Sprint Nova, Azzem, René Córdova, Mario Ruiz, Ulises Rodríguez, Gabriel Anguiano, Alfredo Rodríguez, Damián Trejo, Eva Cabrera, Carlos Alberto Salgado Chablé, Ulises Arreola, Elizabeth Martínez, Jerónimo Escudero, Carlos López de Alba, Dolores Díaz, Verónica Nieva, Manuel Ramos, César Chávez, Gloria Pérez, Shantal Contreras, Alejandro Fournier, Ricardo Ruiz, Carlos Aroche, Franky Álvarez Maxemin, Bruno de Loera, Juan Carlos Jiménez “Knito”, José Soto, Gaby Becerra, Tonatiuh Figueroa, Jorge Báez, Tania Ochoa, Héctor Nápoles, Israel Martínez, Daniel Arelis Fuentes “Le Percep”, Cabeza de Caset, Gloria Montanaro, MarieJo Delgadillo, Alejandra Leyva, Quentin Chamard-Bois, Gloria Briseño, Kitzia Salgado, Omar Guillermo García Santiago, Octavio Grimaldo “Tavi”, Samili Blanco, Jose Urriola, Eugenio Ortiz Carreño, Valeria Guzmán, Hèléne Joncour, Marie-Fred Dupré, Mariana Regla, Ricardo Cerqueda. KY magazine, revista mensual de distribución gratuita. Año 2, número 17, junio de 2010. Editor responsable: David Izazaga (dizazaga@kymagazine.com.mx). KY magazine es una publicación independiente. Impresa en Zafiro Editores, S.A de C.V: calle Cartero 86, Guadalajara, Jalisco, México. C.P. 44190. Número de certificado de reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: en trámite. Número de certificado de Licitud de Título: en trámite. Número de certificado de Licitud de Contenido: en trámite. El contenido de los artículos es reponsabilidad de quienes los escriben, no necesariamente reflejan el punto de vista de la publicación. Los derechos de reproducción de los textos e imágenes, así como el nombre aquí publicados, están reservados por KY magazine. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido, imágenes y fotografías, por cualquier medio físico o electrónico sin previa autorización por escrito del editor. Todos los derechos reservados. “Quiero hacer cosas imposibles”.

Director Creativo Alvar Ramos Martínez alvar@kymagazine.com.mx Editor Jonathan Lomelí López jona@kymagazine.com.mx Redacción Federico Barón Corrección Gloria J. Martínez Güitrón Fotografía Natalia Fregoso natalia@kymagazine.com.mx Abraham Pérez abraham@kymagazine.com.mx Director Comercial Carolina Lerma Martínez direccion.comercial@kymagazine.com.mx Consejo Editorial José Luis Coronado, Javier Audirac, Jorge González Arce, Mariño González, Sergio Rodea, Mak Gutiérrez, Gloria Pérez.


Placeres

Comerse los colores ¿Quién, en su sano juicio, se puede resistir al ver los múltiples colores de la pitaya y no comerla? Está bien: sé que hay muchas otras cosas de vivos colores y no por eso va a andar uno por la vida engulléndolo todo. Pero ante un fruto, comestible, de agradable sabor, de textura sinigual y precio bajo... ¿cómo resistirse, insisto? La pitaya es un fruto poco común. No es una fruta que encontremos en los supermercados todo el año. Primer gran secreto que muchos ignoran: las mejores pitayas son las de mayo y junio, justo antes que inicie el temporal de lluvias. Nomás llueve y adiós pitayas. ¿Qué hacer con un fruto que la naturaleza sólo nos lo concede apenas unos cuantos meses al año? Muy fácil: comer todas las posibles, comer por los meses que no habrá, comer, una tras otra, de todos los sabores. ¿Sabores? Bueno, objetivamente las pitayas no cambian mucho su sabor de un color a otro, pero a mí me gusta imaginar que sí, que la más morada y la más roja saben dulcísimas, casi hasta el empalago, como paletas de La Rosa, y que la blanca es más fresca y desabrida y que no

txt: David Izazaga img: Abraham Pérez

hace falta ponerle limón para sentir su acidez; la amarilla me quiere saber a mango y la lila a como me sabían las Palelocas violetas. Y aunque a muchos les desagrada su textura yo no tengo problema con eso. Me gusta que las pitayas se deshagan entre mis dedos. Me gusta desbaratarlas. Me gusta pensar que cuando agarro una puntita de lo que parece una madeja de fino estambre, voy a ir jalando y jalando hasta descubrir que la bolita era en realidad un hilo que tiene fin y principio. Y que mientras lo hago mi abuela me observa. Hay que ir a las Nueve Esquinas y dejarse llevar por los colores. No caiga usted tan fácilmente: no crea siempre que la más colorida y firme va a ser la más sabrosa. Voltee hacia allá, hacia aquel puesto medio escondido y vaya tras la pitaya rosa que está atrás de la verde, escondida. Finja que la llevará a casa y en cuanto pueda, apenas unos pasos después de haber pagado, sáquela de la bolsa y de una mordida cómasela, no le dé tiempo de nada. Y regrese por más, una y otra vez, hasta que se haya comido las que se comería si hubiera todo el año.


Contenidos

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Las cosas que le cambiaron la cara a la ciudad Por los pasillos del mercado Alcalde, una y otra vez, siempre Sobre el domingo en que vi rodar esferas agridulces Gustavo y los nuestros Excipiente: Tea for Two Llegan de la mano el Verano y la poesía La fe vence a la montaña Crónica de Viaje ¡¡¡Saludos desde Barcelona!!! El Colectivo: Rodada cultural con mucha idea No por mucho tilichear, se pierde el estilacho Juegos de seducción: De insomnio y medianoche Rhythm&Books: Música en su tinta Antifashion, la versión urbana de la moda Portafolio Moda Post Cómics Última KY


Las cosas que le cambiaron la cara a la ciudad

txt: Jonathan Lomelí img: Abraham Pérez

Llamé por teléfono al Departamento de Expansión de una famosa cadena de tiendas de conveniencia. De ésas que en la última década, plagiando las atribuciones de natura, surgen por generación espontánea en las esquinas más selectas y visibles de la ciudad. Me respondió una señorita, de voz infantil y más melifluo acento, avasallada por el bullicio de una oficina en plena efervescencia. –Soy un estudiante de mercadotecnia –mentí–. Hago un trabajo sobre empresas exitosas en la ciudad. ¿Sabe cuántas de sus tiendas hay en Guadalajara? –¿Ahorita o hace diez minutos? –respondió mi interlocutora con una risita burlona. El Departamento de Expansión ha hecho bien su trabajo. Tan bien y buenos resultados ha traído, que sin proponérselo, es responsable de cambiarle para siempre el rostro a Guadalajara. La fórmula del éxito de estas cadenas comerciales está por encima de sus pecadillos. Suelen ser ligeramente más caras que las “tienditas de la esquina” y no ofrecen muchas opciones

El otro Big Bang

nutritivas. Su línea dura son la comida rápida, los enlatados y la chatarra. Incluso una manzana fresca desentona en la atmósfera. Para eso se encargan de envolverla en un plástico blanco, minimizando y ocultando su amenaza. Así su apariencia saludable y natural no nos aterroriza. Pero también es cierto que venden café negro, aunque requemado, y cerveza; abren las 24 horas del día, los 365 días del año y están por todos lados. En este momento, quizá mientras usted hojea su KY, una sucursal más se abre en la esquina de su casa; se completan dos tiendas espejo en el centro histórico; y nace un Líder de Tienda, un Encargado de Turno y un Comisionista. Todo en un solo Big Bang. Ya es ineludible. Estas sucursales tapizan el paisaje urbano: siempre insolentes y facilotas a la vuelta de cada esquina. Son remansos de familiaridad en donde caben todos: el niño, el hambriento y el borracho. Son tan cotidianas y abundantes, que en este país y esta ciudad, lo único anormal en las tiendas de conveniencia es que Carlos Slim no sea el dueño.


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Por los pasillos del mercado Alcalde, una y otra vez, siempre txt: MarieJo Delgadillo imgs: Abraham PĂŠrez


Lo que más me sorprende del mercado Alcalde es su capacidad para mantenerse intacto al paso del tiempo. Desde que recuerdo, los mismos puestos continúan atendidos por las mismas personas, apilando frutas y verduras con un orden memorizado, que me ha hecho pensar que el talento para apilar naranjas –de tal forma que no se caigan–, viene en los genes. Situado entre cuatro calles del centro: Pino Suárez, Angulo, Liceo y Herrera y Cairo, se mantiene estoico, como un recuerdo de que ésta no ha sido siempre la cuidad de Wall Marts y Seven Elevens (tiendas de conveniencia, cómo no), que pululan hoy en cada esquina. Al cruzar la avenida Alcalde y mientras más nos aproximamos, más se van apareciendo los tintes de colores que de no ser por las frutas serían imposibles; seguir el curso de estas calles es como seguir el trazo de un mapa y el tesoro es llegar al edificio que alberga los puestos.

Dependiendo por dónde quiera entrar uno, es lo que se puede encontrar. La variante incluye desde pozole o chilaquiles, hasta puestos donde podemos toparnos lo mismo alcachofas, espárragos y echalots que huazontles; o la película novedosa de los pollos descuartizados que exhiben con toda su indecencia tripas y mollejas. Uno puede pasarse la vida completa inspeccionando las diferentes clasificaciones de las peras, o intentando descubrir si las fresas son mejores con o sin hoja (con hoja, se los digo desde ahora), o si las uvas adecuadas son con o sin semilla, verdes, rojas o moradas, y todo esto en un solo puesto. Claro, eso sin contar que el trato personalizado le tomará el doble de tiempo de lo que usualmente demora en comprar. Los cientos de puestos son inabarcables; las frutas que se venden, cada vez más exóticas, se van volviendo irreconocibles mientras más picos, pulpas y colores se van agregando.


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Debo de confesar que después de 18 años de ir al mercado Alcalde cada domingo religiosamente, todavía no me sé los nombres de todas las frutas y aún, a veces, me pierdo entre los pasillos enfrutados buscando una salida. Mi madre es una persona de rutinas. Siempre, desde que puedo recordar, vamos a comprar en los mismos puestos, quizá por eso uno termina por perderse, volviendo al mapa del tesoro, pues salirse de la ruta lleva un precio caro. Por tanto mi madre sigue la ruta trazada una y otra vez, en los puestos donde ya somos conocidos, donde preguntan por “las niñas” (sí, “las niñas” de 16 y 18 años), por el “inge” (aunque mi papá no es ingeniero de nada) y donde le brotan los amigos por todos lados. Eso sí, como cualquier mercado que se respete, uno siempre duda del lugar donde pararse, porque no importa el huequito, siempre pasa la señora con su bolsa o carrito que te pisa, el señor con tres costales de naranjas encima que te hace sentir pequeña, delicada e inútil por no poder con la media sandía, o los niños que por unos pesos le cargan la bolsa a una señora nada pequeña ni delicada, pero sí muy

inútil. Lo bueno del Mercado Alcalde es su variedad, si uno tiene hambre puede recurrir a lo más práctico: algo así como un segundo piso donde tienen cabida distintas fondas menuderas, típicas para la cruda que acompaña los domingos; pero si no es tan fanático del menudo o simplemente es más dulcero, puede ir a mi cafetería favorita: el café Siglo XXI. La especialidad es todo el menú: hot cakes, lonches, molletes, bisquets, chocomiles de esos que por más que uno bata en su casa no consigue el punto exacto de densidad espumosa, cafés americanos, capuccinos y chocolates calientes. El trato de los dueños (primos de cariño, por la gran casualidad de compartir el apellido) es amable, tirándole a lo carrilla si ya lo conocen a uno, como es el caso. Sobre la única pared, se encuentran lo mismo Queen que el Ché que Osama Bin Laden y estoy segura de que todos ellos sonríen para la foto deseosos de los humores que suelta la plancha.


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Y si uno quiere comprar frutas puede preguntar por el puesto de Ramón. Sí, así, usted pregunte. A Ramón le llegan las frutas más gourmet, más bonitas y, por lo tanto, las más caras. Pero si uno quiere cerezas, o arándanos o peras asiáticas, habrá que caer donde él. Lo interesante de Ramón, más que las nueces de la India que guarda en paquetitos de 500 gramos, es que le dará consulta gratis y le encontrará el remedio natural perfecto para sus males. No importa lo que padezca, alguna de las frutas que atesora en su puesto lograrán curarle hasta el corazón roto. ¿Qué si la nena está muy pálida? Échele arándanos al licuado. ¿Qué si me

duele el estómago? Ándale, por no comer manzanas. Usted pregúntele con toda la confianza y encontrará un remedio que él, afanoso, le venderá por kilos. No hay que creer mucho en esas recetas milagrosas, digo yo que ya he sido recetada varias veces, pero vale la pena conocer el puesto. No lo puedo asegurar, pero casi presiento que aunque vaya al mercado Alcalde otros dieciocho años, religiosamente como hasta hoy, cada domingo, me seguiré perdiendo en sus pasillos y seguiré sin aprenderme los nombrees de todas las frutas, como si nacieran nuevas variedades cada año.


Sobre el domingo en que vi rodar esferas agridulces

Txt: Shantal Contreras imgs: Abraham Pérez

Dicen que para saber si las naranjas están en su punto hay que sostenerlas en la mano, sopesarlas. Las sabrosas son aquellas que al tacto nos hacen sentir que su peso es mayor al que sugiere su forma. Para identificar su grado de madurez y dulzor no hay más que recargarla en los labios y aspirar su ombligo blanco. La boca hecha agua es memoria viva. Hacía fila para comprar tortillas. No recuerdo la hora, sólo que había diez personas delante de mí y que cansada de mirarles la cabeza giré la propia hacia otro horizonte. Cuatro locales después de la tortillería, un hombre de pantalón de mezclilla y botas industriales colocaba una resbaladilla de la caja de un camión de redilas hacia una especie de

coladera situada al final de la banqueta. Al fondo de la caja, inmóviles, cientos, miles de naranjas. El hombre corroboró a jalones la firmeza de la resbaladilla mientras yo hacía pequeñas operaciones aritméticas con los números de la placa. Las naranjas venían de Veracruz. Después lo vi coger una fruta, retroceder unos pasos y lanzarla en un braceo suave sobre el extremo izquierdo de la muralla de naranjas. Al impacto, las esferas agridulces comenzaron a rodar hasta ser engullidas por la boca de metal en la banqueta. Intrigada por la desaparición vertiginosa de casi una tonelada de naranjas, abandoné la fila de las tortillas para averiguar a dónde iban a parar. Caminé emocionada imaginando que bajo la capa asfáltica


de la calle Pino Suárez, los comerciantes del mercado Alcalde guardaban su mercancía. Supuse que el tsuru azul que estaba estacionado a la mitad de la cuadra tenía las llantas sobre las sandías, que la mujer escuálida que salió del mercado sin mandado caminaba sobre los cereales y que yo y los de la cola que dejé atrás sentíamos un ligero mareo porque bajo nuestros pies se mecía un mar naranja. Al llegar nada era como lo imaginé; los cítricos aparecían brillantes en el interior de la Frutería Guzmán. Hace cuarenta años el papá de Alonso, hoy propietario del negocio, cavó un túnel del machuelo de la banqueta hasta la entrada de la bodega, recubrió con cemento las paredes del pasadizo y selló la superficie de la banqueta con acero inoxidable. Desde entonces, tres veces por semana se

abre la boca del túnel para descargar de 10 a 14 toneladas de cítricos. Tres veces por semana un hombre como el que divisé desde la fila de las tortillas, lanza con la fineza del mejor pitcher una naranja hacia el extremo izquierdo de un camión de carga. Tres veces por semana, cuando la naranja impacta a las otras frutas, éstas ruedan hasta el fondo del túnel donde las recibe un pequeño elevador para depositarlas sobre una banda por la que siguen rodando impulsadas por la fuerza de su circunferencia hasta caer como goterones sordos en el interior de alguno de los cuatro cajones que conforman el mobiliario de la Frutería Guzmán. Ese domingo regresé a casa pensando que una naranja madura le dijo a la verde: “ya no te doy mi piquito porque mucho me lo muerdes”.


Gustavo y los nuestros Sí, lo confieso, a mí el Fuerza Natural, el último disco de Cerati, nunca me gustó. Me pareció un disco regulero, una cosa campestre con nostalgia de viejo roquero al que ya le pesa colgarse la guitarra y le aturden los amplificadores; el disco de un músico al que le va creciendo la panza, se le va poniendo la cabeza cana y comienza a mirar más hacia atrás que hacia el frente, como una pequeña traición que sólo a él se la podíamos permitir, porque hacia el frente era el lugar donde siempre nos acostumbró que miraba él. Hacia allí nos llevaba para que lo lleváramos. Compramos el boleto para el concierto del sábado, ése que sería en el campo de fútbol de la Simón Bolívar, sin muchas expectativas, casi como un ritual; porque si viene Cerati uno tiene que verlo. Es como un familiar que vive afuera y que viene cada cuanto y entonces tácitamente se organiza una reunioncita para verlo. Para vernos. Tenemos 20 años recibiendo a Gustavo. Hemos envejecido con él, nos ha crecido la panza con él, se lo hemos puesto a sonar a nuestras madres, hermanos, amigos, enemigos, novias, hijos, exmujeres, perros, tortugas. Porque el peor disco de Cerati es mejor, con distancia, que el mejor disco del 95% de las bandas que suenan por allí. Así que había que ir, aunque fuera para decir: ya este pana no es el mismo. Está viejo. Estamos viejos todos. Pero Cerati se ha lanzado el concierto de su vida. Se mandó un camión de música, el mejor as que tenía escondido bajo la manga, una cosa impecable, memorable, masiva y maciza, y además en dos entregas: la etapa negra y la blanca. La negra estuvo potente, pero la blanca no tuvo nombre. En la blanca fue cuando se me ocurrió comentarle a Claire y a mis amigos: “Siento que se está despidiendo de nosotros; esto me huele a última vez”. Y me miraron con cara de “pero

qué cosas dices, cállate, no seas pavoso y déjanos disfrutar el concierto”. No sé, será porque yo no me sé despedir y por eso he desarrollado un olfato especial para percibir cuándo los otros sí. Se despiden aunque no estén conscientes de ello, aunque no lo sepan. Gustavo siempre nos ha dejado un comentario para la posteridad, una perla con matiz porteño (a medio camino entre la afectación, la poesía y el chiste), siempre ha abierto la boca en sus conciertos para dejar una frase memorable sembrada en el imaginario colectivo de los presentes: “El poliedro esta noche… parece… parece un paralelepípedo”. O, una vez, señalando a un muñeco inflable de esos que dice cosas como Duracell y mueve la cabeza y las extremidades gracias a un tubo que les dispara aire caliente por dentro, comentó: “¡Qué bien, mira cómo baila el flaco!”. O cuando vino un diciembre hace poco, a razón de la vuelta de Soda Stereo, y comentó: “Es primera vez que venimos a Caracas y hace fresco… es como el calentamiento global… pero al revés”. Cerati esa noche del sábado pasado sonó como nunca, habló como nunca, bebía de su trago infinito y brindaba: “Salud, por un mundo destruido”. Estuvo simpático y ocurrente. Un bicho de esos nocturnos que vuela hacia la luz se le incrustó en su afro a mitad de una canción: “Se me metió una langosta en la cabeza, bueno al menos ya hay algo allí dentro”. Y al ver que el concierto pasaba de dos horas y nadie se iba: “Es noche de sábado, ¿acaso no tienen nada mejor qué hacer?”. No, Gustavo, la verdad no había nada mejor qué hacer. Son pocas las oportunidades en la vida en que uno dice me quedaría en este instante un ratísimo más. Y si vives en esta


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txt: José Urriola imgs: Samili Blanco

Caracas de hoy, pues menos aún. Además te habías traído a esa corista, Gustavo, Dios mío, gracias por la corista. Al día siguiente ya la noticia estaba por todas partes, Cerati había sufrido un ACV, tenía parte de la cara paralizada, problemas para hablar, esa misma noche lo habían llevado a la clínica, estaría de reposo y en estado delicado por unos días. Y es inevitable sentir, al menos para mí, que está hospitalizado uno de los nuestros. Que ese tipo es un amigo que ha ido a la playa con uno, que se ha calado tus despechos, que te ha acompañado en las borracheras, en las euforias, que con él estuviste en el colegio y en la universidad y que cuando comprobaste que a ella le gustaba más Cerati que Luis Miguel dijiste: coño, entonces sí que vamos en serio con esta flaca. Es inevitable pensar que creciste escuchando a Cerati, citando a Cerati, que hay tantos Ceratis como varios tú ha habido en tu vida. Recuerdas quién eras cuando el Signos, recuerdas con quién estabas en Canción Animal, recuerdas aquel día que te pasó aquello, qué fuerte, cuando sonaba el Dynamo. Cerati estuvo contigo en el verano, en el invierno, en el banquito aquel durante el otoño, pero también en la Gran Sabana, en Mérida, en Barcelona, en la cola aquella del día que casi mueres tapiado en la autopista. Hay amigos que se te fueron pero que siempre están cuando suena el Amor Amarillo, siempre vuelven a estar y siempre aparecen y siempre les dices: “coño, qué risa, qué bueno estuvo, algún día volveremos a escucharlo juntos, donde sea”. Cerati es parte del soundtrack, es parte del escenario, es parte del guión, es un actor de reparto que siempre ha estado allí en un costado del encuadre y que, a veces, más de una vez, ha sido también protagonista. Menos mal.

Ese narizón, lo diré con absoluto desparpajo y con toda desvergüenza, se me antoja mejor poeta que mucho poeta oficial con P mayúscula que uno debería leerse según dicta el canon. Ese flaco es mejor narrador que la gran mayoría de escritores que uno encuentra en una librería de Caracas (sobre todo los foráneos). Ese narizón hace cómics con su música. Hace cine con su música. Pinta cuadros con su música. A quien le gusta Cerati sabe exactamente a qué me refiero. En un mundo superpoblado de Davides Bisbales, de Ricardos Montaneres, de Olgas Tañones y de reguetoneros de toda calaña (ojo: no hay por qué hacer reguetón para ser reguetonero) Gustavo es un oasis, un bálsamo, la luz noble al final del túnel. Es, en la música, el portador de ese placer indescriptible que uno tiene cuando lee a Bioy Casares o a Cortázar y dices: pana, qué grandes que son estos tipos y en tu propio idioma. Gustavo es, por fin, uno de los nuestros. Y vaya que quedan poquísimos. Así que nos haces el favor, Gustavo, te recuperas del todo, abandonas esa cama y agarras tu guitarra y vas a hacer un disco aún peor que el Fuerza Natural. Porque la verdad es que prefiero mil veces hablar sobre cómo la has cagado y sobre lo viejo que estás (que estamos todos) y que ojalá el bajón sea pasajero para que el próximo disco vuelvas a ser sublime (porque siempre habrá otro disco y siempre tienes que venir para volverte a ver como todos los años), lo prefiero mil millones antes que sentir esta profunda tristeza de tan sólo pensar que de verdad te estabas despidiendo en el mejor concierto que este país haya visto jamás. Lo sentimos pero no te aceptamos el adiós, Gustavo. No te irás, te quedas aquí.


Excipiente


Tea for Two Cerrada e inaccesible como luce, precisados sus contornos por la luz del día, esta casa finge atarearse sólo en la ensimismada y casi imperceptible progresión de su ruina. Se desentiende de la calle, que, a su vez, le saca la vuelta sin querer ocuparse de ella. Los árboles que la escoltan permanecen quietos en sus proposiciones inconsecuentes: las sombras que de cualquier modo riegan en torno de los dos bloques principales, y también sobre la acera, un poco más allá del perímetro enfatizado por una barda enana que camina lentamente, lleva un alambrado alrededor de toda la manzana, se alza de hombros en las esquinas y, llegado el momento, crece sobre sí misma para describir las dos suaves curvas que enmarcan el cancel principal: una trama de rombos y la plancha de la puerta. Un automóvil, solo, a medias bajo la lona empolvada que se ha fastidiado de

txt: José Israel Carranza imgs: Abraham Pérez

guardarlo, aguarda: magnífico todavía en la reciedumbre de su carrocería negra, en sus molduras en las que aún destella el cromo, en los faros dobles que parecen ojos entornándose en la remembranza de una autopista sobre la que habrán volado en technicolor, la capota bajada, hacia un mar cuyos azules quedaron impresos en los brillos del parabrisas cuando lo reflejó la última vez. Los ángulos rectos de la construcción y los volúmenes que establecen o desmienten están también a la espera: a costa, está dicho, de algún mínimo deterioro, de cierto desarreglo con que importuna la vista algo de maleza, algunas ramas secas que han quedado sobre los senderos casi indistinguibles del jardín. El día ha de pasar, desde luego. Toda noción de tiempo presente, aquí, es poco menos que una vulgaridad, y conforme


Excipiente

la tarde va extinguiéndose es posible —pero ello no quiere decir que nadie pueda constatarlo— reconocer siluetas, leves formas a contraluz tras las cortinas en los ventanales (¿había cortinas en la mañana?). Si, desde la glorieta vecina, se adopta el ángulo idóneo (y también si se consigue algo de silencio: la hora mejor es pasada la medianoche), se llegará a conocer una breve risa, el aliento de una cabellera rubia, el humo de un habano o el fulgor de una mancuernilla, tal vez una música («Tea for Two», en la versión chachachá de Tommy Dorsey) y quizás hasta el tintineo de unas copas. Que a nadie le conste no obsta para que sea así, ni para

que, al acercarse la madrugada, el cancel se abra y deje salir uno, dos, tres, hasta catorce coches que se disuelven unas calles después, magníficos todos, como el negro que ya esperaba ahí, y que ahí amanecerá, mal cubierto por la lona de siempre. Pero ya no es el único: a su lado —y nadie que pase frente a esta casa durante el día va a darse cuenta—, el sol está por dar de lleno en el rojo apagado y polvoriento de otro coche, también con las llantas reventadas, también con telarañas en el tablero, también con los asientos destripados. Quién sabe si mañana siga ahí.


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Llegan de la mano el Verano y la poesía txt & img: KY Staff

Existen razones para creer que los poetas, en un sentido muy especial, son unos eternos vacacionistas. Y es que el servicio a la poesía exige cierto grado de desocupación. Por eso en nuestra ciudad, el verano es la mejor temporada para acercarse a las musas. Esto gracias al III Verano de la Poesía en Guadalajara, promovido por Cultura UdeG, que del 23 al 26 de junio organizará talleres, presentaciones de libros, charlas bohemias en donde no faltará una cerveza bien fría, un maratón y un rally de poesía, así como espectáculos poético-musicales. El público en general está invitado al evento, incluidos niños. En esta edición, el Dr. Miguel León Portilla, antropólogo, historiador y filólogo, recibirá el homenaje y galardón “Juan de Mairena”, el 25 de junio a las 20:30 horas, en el Paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara. Participarán el historiador jalisciense José María Muriá y el poeta Luis Vicente de Aguinaga. Una de las propuestas más novedosas será el “Rally de Poesía”, en el que se abrirán talleres de poesía en La Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz”, El Ex Covento del Carmen, Casa Escorza y Casa Vallarta. Los talleristas asistirán a cada uno de los espacios, en un recorrido para rotar y participar en todas las sedes durante una hora. Los talleres estarán a cargo de los poetas Ángel Ortuño, Lisi Turrá, Raúl Bañuelos y Jorge Orendáin.

Para los bohemios y amantes del fútbol, se prepara la sesión “Poesía para trasnochados: La poesía del fútbol”, el jueves 24 de junio a las 21:30 horas, en el bar Primer Piso (Pedro Moreno 974). Los poetas Luis Vicente de Aguinaga y Raúl Bañuelos compartirán mesa con el músico y periodista cultural Alfredo Sánchez, para hablar del deporte masivo más taquillero del País, y hurgarán su poesía, situada ésta en el otro extremo de impopularidad. Combinación sabrosa, sin duda. El sábado 26 de junio, a partir de las 18:00 horas, se realizará un “Mercado de la poesía” en Paseo Chapultepec, en donde participarán editoriales y revistas de la ciudad. En ese evento podrás obtener tu KY porque estaremos presentes. También se presentará un clásico de la Ciudad, el espectáculo “Borrados: poesía y música de Ricardo Castillo y Gerardo Enciso”, el mismo sábado, pero a las 21:00 horas sobre Paseo Chapultepec. Al terminar, se presentará “Xolo”, un espectáculo poético musical en náhuatl y español, a cargo de Mardonio Carballo y Juan Pablo Villa. No hay pretexto. El III Verano de la Poesía te espera este mes de junio. Para mayores informes, comunícate a los teléfonos: 30-44-43-20/21/22/23, o al correo electrónico: vanessa.garcia@redudg.udg.mx


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La fe vence a la montaña Elena y “Güello” ante la “Chaparrita” en Talpa Elena y “Güello” se distinguen en el contingente de caminantes. Él con sus lentes y su sombrero de tela camufle, y ella su cabello recogido con una gorra. Ambos con mochilas donde llevan pomadas, pastillas y agua; golpean el suelo con su “burra” o bastón al caminar. Ambos forman parte del contingente de peregrinos que una noche de abril salieron desde el puente del Río Cuale, en el Remanse, rumbo al Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Talpa. Ella peregrina desde hace once años –cinco desde Ameca, y seis desde Puerto Vallarta–, acompañada de su querido “Güello”. Así le dice, porque se llama Aureliano y porque es güero, casi albino. Elena peregrina no porque pague alguna “manda”, sino para dar gracias a la Virgen: padece diabetes y ha salido bien un año más. Y ha prometido que lo hará “mientras pueda caminar”. Él lo hace sólo por acompañar a su “amor” y por agradecer a la “Chaparrita” que está bien y que tiene trabajo. Hay tantas cosas qué agradecerle a “nuestra Madre”, dice. Atrás y adelante hay grupos de jóvenes que van cantando a grito pelón, o hablando de todo, menos del encuentro que tendrán con Nuestra Señora. Ahí van, trepando por el espinazo de las laderas; los acompaña el murmullo de las aguas del Río Cuale, primero a la izquierda, después del puente de Paso Ancho a la derecha.

txt & imgs: Eugenio Ortiz Carreño

Unos 200 metros adelante desaparece y el silencio de la noche acompaña a los caminantes. A la luz de la luna, las montañas dibujan apenas sus perfiles y se desdoblan poco a poco; un aroma a poleo y a resina tonifica la agitada respiración. Aves nocturnas emiten gritos repentinos, pero pocos reparan en ellos, como pocos reparan cuando el ruido de las aguas del Cuale vuelve a oírse, pero 500 metros barranca abajo. A medida que se sube, se escucha con menos intensidad, hasta desaparecer por completo. En el rancho el Hundido empiezan las dificultades de los novatos. Hay calambres en las piernas, en los pies, en las rodillas, debido a la falta de ejercicio previo. Los que iban adelante, se retrasan. Algunas señoras caminan del brazo, como si anduvieran de paseo en el parque. Entre la vegetación se oyen los cencerros del ganado; es como una música cacofónica que acompaña al peregrino. “El Güero”, un caminero de El Pitillal, encabeza la fila. Va rápido y le dicen “la chiva” por la forma como trepa los cerros. Atrás va “el terrible Don Manuel”, y más atrás Lucio y sus sobrinos que cantan y cantan canciones de rompe y rasga, de banda. Todos salieron a las 12:00 de la noche, con sólo la bendición del padre José Agustín Ibarría, párroco de El Pitillal, en esta peregrinación que es la más antigua de


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Puerto Vallarta y la más concurrida. Ha habido años que son hasta 350 los participantes. Este año son unos 150 y se distribuyen a lo largo de la brecha hacia el oriente, sobre la Sierra Madre. A las seis de la mañana, llegan a San José, un caserío que está en medio de la nada, a 18 kilómetros del punto de partida. Toman atole y tamales o cualquier desayuno y algunos tienden cartones o sacos de dormir para descansar unas horas. *** Elena y “Güello” prefieren avanzar. Subir la cumbre de “Las Burras” es muy pesado y no quieren hacerlo con el sol a cuestas. Está amaneciendo y en el trecho que sigue son bendecidos con un bellísimo concierto de aves canoras. Gorriones, cenzontles, ruiseñores, luises y palomas torcazas cantan al paso de los caminantes. “Güello” quiere identificarlas a todas. Unas parecen afinar su organillo interior al cantar, mientras otras parecen competir entre ellas. Pronto inicia la pesada subida, y algunos osados tratan de “cortar” camino, con el riesgo de perderse. Ya ocurrió en una ocasión, cuando un grupo se perdió y fueron encontrados hasta las seis de la tarde. Otros se salen del camino para hacer sus necesidades, pero el riesgo del puma los hace quedarse a la orilla. La subida se hace más penosa, las rodillas duelen. En dos

ocasiones, Elena emite un agudo grito: “Aaaiiieeeh”, cuyo eco rebota en las montañas. Pero lo más duro es al descenso. Ya es de mañana y la luz intensa ilumina los confines de la Sierra Madre; atrás aparecen las montañas de Vallarta. Adelante ya dibujan su silueta imponente las dos montañas más altas de la región: La Cumbre y El Cabro, donde los depredadores abundan, particularmente el león y la “onza potrillera”, una especie de pantera. Antes hay que almorzar en Barandillas y descansar en Zapotán, en el Municipio de Mascota, en el nacimiento del Río Pitillal. La subida y la tremenda bajada, han provocado ampollas en las plantas de los pies; las rodillas están doloridas, los calambres no cesan. En la casa de descanso de Zapotán, aparece un “Ángel Guardián”, un sobador que se acomoda en una silla y no tardan en hacer fila los doloridos peregrinos. Señoras, señores y muchachos se forman para que les “deshaga” las bolas que se les han formado en las piernas. La familia de la casa apenas se da abasto para atender a todos los “invasores” que se tienden en el patio sobre unos costales para dormir, bajo los naranjales, limonares, mangos y platanares, después de caminar más de 10 horas continuas. Mientras unos duermen, otros comen pozole, birria y unas tostadas de último momento porque todo se acaba. El padre Ibarría recorre el campamento y supervisa que todo esté bien.


Se despiertan y se vuelven a dormir. La salida estaba prevista a la una de la mañana, pero a las 12:00 inicia el ‘levantadero’. Sigue la etapa más dura, la subida de La Cumbre, el cerro desde el cual se puede observar todo Puerto Vallarta y la Bahía. Las piernas están doloridas, a pesar del masaje con gel de yerbas. Pero todos inician el camino en grupos de 4 a 6. La subida empieza desde el primer momento. Todo es subir y subir. A la izquierda, a la derecha, la noche es obscura, las lámparas sordas se encienden y a la distancia serpentean como luciérnagas en la brecha. Aparecen a veces abajo, otras arriba, cerca, pero hay que dar vuelta y vuelta, subir y subir. Una hora después se sigue subiendo. Los penitentes parecen fantasmas pardos que avanzan penosamente en la oscuridad. La pendiente desespera, y Güello dice que “llegando a la Virgen ya está cerca la cima”. Cerca es un decir. De hecho, la pequeña ermita aparece a la mitad y apenas se deja ver en la semioscuridad de la madrugada. La neblina es espesa, una ligera lluvia se confunde con las gotas de resina de los árboles. Pinos y robles oscurecen más el camino. Patricia y su hija Rebeca, que se lanzaron a la aventura motivadas por compañeros del colegio, se quedan solas, rezagadas; un muchacho se compadece de ellas y las acompaña. Llegan a la cima y el frío las paraliza. Cerca del

rescoldo de una fogata, se duermen, según ellas 10 minutos; realmente fue una hora. Inician el descenso de La Cumbre. Todavía está oscuro, el frío es intenso, la ropa está empapada de sudor, la tierra está suelta. Patricia dice que llegó a escuchar el rugido de un puma, se sobrecoge de temor y camina más aprisa. Otros escuchan berridos de jabalíes. Un grupo de 4 peregrinos siguen a “El Güero” por un atajo por donde corría antes el telégrafo. Es peligroso por los felinos depredadores, pero ahí van… luego se arrepentirán de su osadía. La mayoría sigue la ruta del camión maderero. Si fue penosa la subida, peor es la bajada. En las rodillas se sienten pinchazos como de alfileres. Los tenis o botas se llenan de tierra floja, las uñas de los pies torturan, y no obstante, cuando hay un tropezón, por inexplicable que sea, el peregrino logra mover afanosamente las piernas para no caer. La luz de la mañana disipa un poco la niebla y a la izquierda aparece la formidable silueta de “El Cabro”, un coloso que se eleva a 2 mil 200 metros de altura. En su cara al sur, hay una plancha de granito y una bola boscosa al Norte. Hace años se estrelló un avión en sus faldas y dicen los rancheros que en las noches se escuchan gritos de terror. El peregrino no deja de verlo durante casi toda la bajada, hasta que tiene que darle la espalda.


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En el llano y en la recta nadie tiene ganas de bromear. Los jóvenes caminan callados. Elena sufre por primera vez una punzada en la rodilla que casi le impide continuar. Sólo su fuerza de voluntad la hace seguir. Su querido “Güello” le ofrece apoyo, le da una pastilla para el dolor, le unta ungüento y le amarra una venda, pero nada le quita el dolor. Aún así, sigue. Su compañero le aconseja que se suba a uno de los vehículos de algunos rancheros del rumbo, que a esa hora comienzan a circular hacia Talpa y al ver a los caminantes ofrecen agua o naranjas. Una pequeña pendiente otra vez saca los dolores más intensos. Luego el prolongado descenso, hacia Cabos. Tras 12 o 14 horas la columna llega al pequeño templo del pueblo, y uno a uno se tira en el atrio, en el lugar que mejor les acomoda. Parecen pordioseros tirados en el suelo. Ahí pasan el resto del día y aprovechan para comer algo. Ahí llegan los que venían rezagados y se encuentran los que estaban perdidos. En el descanso, Catalina Colín reflexiona: “peregrinar es como la vida, no sabes cómo, pero lo importante es caminar”. Paola y Adriana la acompañan. Cerca también está Héctor García Lugo, periodista y curandero. A la una de la mañana se levantan todos y reinician el camino hacia el Santuario. Se recupera un poco la alegría, faltan 20 kilómetros, no hay casi subidas. Lucio alburea a sus sobrinos, que dejan escapar una ventosidad. Media hora

adelante, en la intersección del camino, aparece una fogata. Héctor y Lupe –él es un mecánico–, han preparado agua caliente a la que pusieron unas rajas de canela. En una mesa tienen vasos desechables, botes de nescafé y azúcar para que la gente se sirva. Las señoras llegan y piden: “sólo canela, por favor”. Otra le pide: “solo una cucharada de café”. Otra más le quiere pagar. Héctor aclara que “no es Oxxo, señora”. Otros más despistados de plano ni se acercan y pasan de largo, porque no creen que sea para ellos. De todas formas, se repartieron 150 vasos. En las goteras del Santuario, cuando ya se alcanzan a ver el Cristo del Cerro y los campanarios de la Iglesia, los peregrinos se animan. Unos arrastran las piernas, otros caminan como sobre brasas, otros azotan la “burra”. Una chica que no había saludado a nadie, dice: “cuñao, ya estamos cerca”, y camina empujando la pierna izquierda. “Si le bajo me duele más, así me la llevo”, dice ufana y se adelanta a todos. El empedrado de las calles de Talpa de Allende da el repasón a los dolores. Por fin, todos se postran ante la “chaparrita”. Algunos lloran de dolor, otros de gozo, de gozo auténtico porque han entregado el sacrificio a la venerada imagen. A eso vinieron, por ella salieron desde Puerto Vallarta, por eso vencieron el miedo, los peligros y las penosas subidas y bajadas. Por ella lo volverán a hacer el próximo año y Elena y “Güello” también estarán aquí, porque “hay que dar gracias por un año más”.


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De: Valeria Guzmán <samueladeljuicio@gmail.com> Para: Amigos Enviado: Domingo 25/04/10 3:41 PM Asunto: Crónica de Viaje ¡¡¡Saludos desde Barcelona!!!

Hola: Perdonarán este mail colectivo, pero es un poco más fácil hacerlo así. Hoy fue una buena tarde, en general un buen día Guadalajara...

acá en donde los paisajes sonoros son tan distintos a los de

Camino por unas calles que mi cuerpo aún no reconoce. Les parecerá extraño, pero es así... Sabía que el cuerpo tiene memoria, pero no sabía que eso en algún lugar me daría problemas. Porque mi cuerpo recuerda las calles de Guadalajara o del Distrito Federal, llenas de baches si tú quieres, pero conocidas; de alguna forma son terreno familiar aunque se pisen por primera vez. No sé establecer qué rasgos tienen las calles de nuestro país que son fáciles de recorrer aunque no las conozca. Pero acá no, aunque toda la gente me dice que Barcelona es muy simétrica, mi cuerpo todavía no entiende esa simetría. Y bueno, sin ver se pone un poco más complejo el asunto. Las calles del barrio donde vivo son muy, pero muy anchas, como lo triple o cuádruple de las calles de allá, y las esquinas van empezando desde muchos metros antes de que termine la cuadra. Así que las manzanas tienen una suerte de forma hexagonal o no sé cómo. Además de que cruzo por lugares muy específicos que me cuesta encontrar, y luego tienen unas calles que salen de quién sabe dónde, y van en diagonal de modo que si te descuidas, pues ya te diste la vuelta o te fuiste a otra dirección. Pero nada que no se pueda dominar en cosa de algunos días más. Por lo pronto ando como cualquiera que anda en terrenos desconocidos, lentamente y con precaución, y preguntando cada tanto para no desviarme, y pidiendo apoyo para cruzar. Barcelona es amable realmente y muy segura. Quizá solo me gustaría, a la de “ya”, ser lo independiente que soy en Guadalajara pero eso me llevará más tiempo y es cosa de paciencia y humildad. Es posible que en mails próximos salte uno que otro comentario sobre las banquetas de Barcelona y mi cuerpo que se resiste a ellas, al menos hasta que lo supere. Extraño los paisajes sonoros de allá porque acá todo es una sonata de murmullos en catalán y en otros idiomas... tanto afuera como en del piso donde vivo, porque tengo de compañeros a una portuguesa, un brasileño y una holandesa. Y todos esos acentos ponen en evidencia mi acento y me echan a la cara quién soy. Y a decir verdad, todavía ando averiguando qué hay conmigo: una tipa bajita, con un bastón en la mano, a ratos miedosa o eufórica o reflexiva o media melancólica, u observando, o todo junto o todo lo contrario... Es mi quinto día acá y apenas me he cocinado cosas simples en el microondas y tengo que hacer el aseo de mi habitación, cuidar las llaves, cerrar la puerta con seguro cuando salgo y caminar a la escuela y saber que nadie me espera en casa de la manera en la que me esperan en mi casita que ahora está tan lejos... Me gusta pensar que seré más fuerte después de este viaje y que tampoco es para hacer tanto alarde porque sólo son dos meses. Hoy, mientras transbordaba en el metro, mientras caminaba por un pasillo largo y escuchaba en primer plano la música de un acordeonista callejero, y en segundo plano todo el barullo de voces hablando catalán, inglés, francés y español con acento ibérico. Me sentí fuerte, realizada y feliz... dirán que no tiene nada de extraordinario caminar en un pasillo del metro, pero me sentí tan satisfecha de haber logrado llegar acá y casi por completo por mis propios medios. Porque también recibí apoyo de algunos de ustedes (cada quien ya sabe en lo que me ayudaron y espero sepan también que se los agradezco muchísimo), pero de que me representó un gran esfuerzo ni dudarlo. He roto con muchas cosas y espero que vengan cosas buenas... es que esto es de alguna forma un sueño cumplido, al menos en principio, porque todavía tengo que regresar el próximo año y habrá que hacer más malabares para ello, pero despacio que voy de prisa, ya empecé y ahora ni como rajarse. Hasta ahora sólo conozco algunas estaciones del metro, el café con leche en una taza pequeña, el agua natural que sabe distinta a la de allá, las calles que van de mi casa a la escuela y algunas personas muy lindas de acá: la voz de Linares, la de Ricardo Ramos y la de Franshesca; la playa y el agua fría del mar, ¡ufff!, se me congelaron los pies. Y el jueves me voy para Huelva a un encuentro de literatura y editoriales independientes. Voy a leer de mis poemas y a ver si vendo libros y conozco muchos escritores y artistas de por acá. Los quiero mucho y espero comunicación suya pronto. ¡Hasta pronto! Valeria


El Colectivo: Rodada cultural con mucha idea Casa grande y de corazón grande también. No importa si no has escuchado hablar de él, o tampoco visto su camión verde, probablemente has pasado por esa gran casa roja. El Colectivo cuenta con un servicio de panadería, el cual se rumora que es delicioso y aparte de tener cafetería-restaurante se le suma una galería y todo tipo de actividades durante todos los días de lunes a sábado, variando de una buena manera, donde indudablemente alguna te llamará la atención. En marzo del año pasado se crea lo que actualmente es El Colectivo, para dejar atrás lo que en su momento fue Haus Der Kunst. Instalado en López Cotilla #1939 casi esquina con Francisco Javier Gamboa (o conocido también como Luis

Pérez Verdía) abriendo sus puertas a todo tipo de público. Con una galería que muestra un poco de los movimientos que van abordando a nuestro país y a nuestra ciudad. Teniendo una filosofía dirigida a apoyar proyectos jóvenes, y no necesariamente de edad (del artista), sino de innovación. Una semana de actividades va desde un día con cine-foro, seguido por un grupo de jazz o bossa nova, continuando con un grupo de rock, para terminar quizá en una subasta. Y si en alguno de estos eventos se pide cover, probablemente incluya una cerveza.


txt:Gabriela Becerra imgs: Abraham Pérez

A finales de abril y durante todo mayo se expuso en la galería “69 miradas contra Polifemo”, 69 elementos fotográficos que mostraban la vida de los zapatistas. Este miércoles 16 de junio comienza una exposición sobre Temacapulín, elaborada con imágenes, instalaciones y hasta un mural. Lo próximo planeado en la agenda de El Colectivo, incluye: una aportación de Gdl en Bici, con instalaciones de bicis blancas; en septiembre, en relación con el aniversario del CAAV, Daniel Varela expondrá su obra; para noviembre tienen planeado una exhibición sobre migrantes. Y para el 2011, lo que se ha mencionado es una muestra sobre la construcción con tierra apoyando la ecología y el desarrollo social.

Su horario comienza a las 5:00 pm. y termina según la cantidad de gente que se encuentre ese día, pero generalmente entre semana cierran a las 12:00 am. y los fines de semana alrededor de la 1:30 a 2:00 am. Un espacio abierto para todos, ameno, y muy fresco para estos días de calor, donde se puede disfrutar de todo tipo de ideologías y actividades con un poco de comida y bebida. Vale la pena darse la vuelta y de pasada comprar un poco de su famoso pan para llevar a casa.


No por mucho tilichear, se pierde el estilacho Hablemos un poco de Perla: una viajera, empresaria, actriz, comunicóloga y tilichera –no precisamente en ese orden–. Su amor por los tiliches es inobjetable. Incluye desde un paraguas oriental, medio roto y moribundo, hasta una inusual artesanía tailandesa fruto de una aventura de mochilazo a ese país. Y se añade una licuadora roja –que como ella relata, adquirió en sus tiempos de “rojilla”–, comprada durante una marcha de Andrés Manuel López Obrador rumbo al Zócalo de la Ciudad de México. –Tengo unos seis o siete años recolectando tlilichero y medio. Hay cosas que me costaron desde un peso hasta mil, pero no pasa de allí –relata Perla. Las historias de numerosos objetos, que con obsesión tilichera ha acumulado Perla durante años, ahora conforman

la decoración de “Al Té de Tai. Tea Room”, en Avenida 8 de Julio 127, frente al Jardín del Carmen, entre López Cotilla y Juárez. Este nuevo y alternativo rincón de inspiración vintage, es un proyecto de Perla Gómez e Iván Jiménez; este segundo, un estudiante de gastronomía que ayuda a completar un binomio ancestral: el de una taza de té y un aperitivo para acompañar. A elección del comensal están las más de cincuenta variedades de té. Y las crepas, ensaladas, paninis y postres. En una casona de la ciudad, la atmósfera evoca un antiguo bazar y una casa de té oriental. Las infusiones más ricas y tradicionales de todo el mundo están aquí.


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txt: Jonathan Lomelí imgs: Abraham Pérez

Los que saben recomiendan: Siam Tea El famoso té helado de Tailandia, a base de especias, té negro, leche y mucho hielo: Gingerele Trocitos de jengibre fresco endulzado con miel Champang Supernova Té verde, flor de malva, pétalos de girasol, pétalos de rosa y esencia de uva. Ensalda Al té de Tai Con pollo satay, aderezo de coco, cacahuate y lechuga fresca. Papaya Salad Papaya verde, em salsa tailandesa, camarón, cacahuates y chile, vaina de chícharos.


Juegos de seducción: De insomnio y medianoche El espacio es íntimo y ajeno. Todo transcurre en la habitación de un espacioso hotel de una ciudad pequeña. Quienes intervienen están de paso, pero hacen de esta habitación su territorio. El tiempo, perdido: el orden cronológico no existe aquí. Suspendido en el espacio, en el tiempo, en la imaginación, este cuarto es habitado por los juegos de seducción de dos desconocidos. Elegir a la víctima correcta Ella es joven, probablemente bonita. No asombra por su ingenio. Él es un hombre viejo, o eso cree. Se siente enfermo. Ella, a contraluz comienza la historia, mientras él escucha inmerso en la penumbra. ¿Quién es la víctima, quién seduce? Las piernas largas y fuertes se convierten en una tentación para Él, y las manos elegantes son la primera invitación para que Ella vuelva, noche tras noche a esa habitación. Esta no es una historia ajena. Un hombre maduro seduce

a una joven aparentemente ingenua. El juego inicia con sutileza, no hay contacto físico, sino apenas el dibujado por las palabras, las intenciones, el sentido de las conversaciones y las provocaciones que llenan este espacio en medio de la nada, a la medianoche. Ella, como una Sherezada, narra historias que acercan a las temáticas del Decamerón. Una a una esas breves historias alimentan el deseo y sus ligeros movimientos felinos evidencian pausadamente la necesidad de otra cercanía. Él, en cambio, apuesta por otra estrategia: su curiosidad y su inteligencia. La ingenuidad de ella se contrapone a la seguridad aparente que él muestra, tensión que genera el abismo en el que se convierte el aparente amor que surge entre ellos. El público se convierte en una especie de voyeur, ahí, enclavado en lo íntimo de la sala y en el espacio habitado por los momentos en los que esos desconocidos juegan a seducirse. Jóvenes y adultos, los espectadores se reconocen en las intenciones de estos personajes, pueden leer la


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txt: Hélène Joncour imgs: Mario Montaño

provocación de las historias que ella narra, y conocen la otra historia, aquella que tiene lugar en los momentos no observados y de los cuales sólo somos testigos de sus efectos. Seducción, humor, suspenso, un posible crimen, amor, destrucción. De insomnio y medianoche (cuento para espantar gatas) es la representación de diferentes aspectos cercanos al ser humano. Cazadores o presas, los roles suelen invertirse. Cuidarse de las secuelas Seducir es un arte, y todos solemos tener nuestras propias estrategias. Somos actores y testigos. Los personajes de esta obra nos recuerdan los riesgos de este juego, el lado oscuro del amor. El final de este montaje nos recuerda que la historia, esta historia, se repite. “Un día vas a entender que la mayor voluptuosidad del amor está en hacer el mal. Hacer el mal es inevitable. Está en todo deseo.”

De insomnio y medianoche (Cuento para espantar gatas) De Edgar Chías Dirección Miguel Lugo Música original: Alfredo Sánchez Reparto: Carlos Hugo Hoelfich, Mariel Rodríguez Jueves y viernes de junio (excepto 10 y 11) La Casa Suspendida (Av. Alcalde 830) Costo general $100; estudiantes, maestros y adultos mayores $80 www.lanadateatro.wordpress.com Promoción para lectores de la revista KY. Ven a cualquiera de nuestras funciones del mes de junio, y al comprar tu boleto de costo general, presenta este ejemplar en la taquilla y obtén de regalo el libro De insomnio y medianoche. Válido a los 4 primeros lectores que se presenten.


Rhythm&Books: Música en su tinta txt: Juannabis y Knito imgs: Rhytm&Books

“En el principio fue el verbo; éste no existiría sin la voz”. Jaime López

Baquetas en lo alto… se escucha una voz mientras son golpeadas una a la otra haciendo un sonido de tres tiempos… ¡Un, dos tres…! Los brazos sudorosos bajan con fuerza golpeando tambores y platillos… las manos sujetan los dos instrumentos de madera que en sus movimientos rítmicos marcan el camino de la música. Otras manos rasgan las cuerdas de guitarras eléctricas. Manos que pellizcan y acarician un bajo eléctrico haciéndolo vibrar y brincar. Manos que sujetan con fuerza un micrófono que recibe toda la potencia de un vocalista, mientras que en todo el escenario se derrama sudor y mucho, pero mucho corazón por parte de los músicos rockeros de México. Son manos creativas que ahora, junto a sus guitarras, baquetas y otros instrumentos, toman lápiz y papel para narrar las historias que tenían escondidas en el armario.

De músicos rockeros a nuevos escritores “Rhythm & Books” es un proyecto editorial dirigido por Elena Santibáñez y Verónica Maza. Una editorial joven que recibe plumas de rockeros que tienen algo qué decir aparte de la música y las canciones que hacen. “Rhythm & Books” es una editorial cuyo objetivo es dar a conocer la vena literaria de músicos de rock. Títulos publicados “Rhythm & Books” cuenta con tres publicaciones. Pascual Reyes, José María Arreola y Carlos Avilez, son los autores pioneros, los primeros en aventurarse en otro campo: el de la literatura.


El catálogo de Rhythm & Books se puede conseguir en algunas librerías de Guadalajara, en la librería Gonvill y en la librería del Teatro Diana. Corazón minado. Declaratoria de Pascual Reyes, vocalista y guitarrista de San Pascualito Rey. Prólogo por el compositor Jaime López. Ilustraciones de Antonio Ledesma Nostragamus. Una historia como cualquier otra de Carlos Avilez, bajista de los grupos Cuca, Nata y Forseps, creador de la banda de blues Las Horas Muertas y del grupo de bolero arrabalero Los Extraños. Aire en espera de José María Arreola, baterista que ha participado en proyectos como Fractales y LabA. Ilustraciones de César Caballero, prólogo del músico y periodista Fernando Rivera Calderón. Ilustraciones de César Caballero. Corazón minado. Declaratoria. El primer libro Corazón minado. Declaratoria, es una selección de poemas en donde Pascual Reyes encuentra otra forma de expresarse, en una serie de textos que rozan el canto y la poesía. Este libro evoca un campo de guerra donde el corazón puede ser destruido por un paso preciso o un beso inesperado y alude al alma fatigada, a la víscera cansada y lastimada por el fragor del combate cotidiano. “Lo peor de la soledad es que haga costra / andas vacante / con los puños amargados… / …de un momento a otro / el amor puede perder sabor / nada puedes cambiar / y tienes que volar / ves tus recuerdos caminar… sigue delirando el poeta” “…nos queda sólo acostarnos / y observar cómo se apagan las estrellas / mientras se prenden otras… / …no quiero que llegue ese día / y nos encuentre muertos / …estoy colgado / pero con la cabeza bien puesta”. Una historia como cualquiera En Una historia como cualquiera, Carlos Avilez dejó su bajo y se unió a la colección con un cuento corto que le escribió a su hija, acerca de un hada, un hechicero y el tercer personaje: la ciudad. La historia narra la pérdida de la inocencia. “Era un hada como cualquier otra / pequeñita y con alas / con esa fragilidad aparente de las mariposas… / nadie lo sabe con certeza / lo que sí sabemos es la extraordinaria transformación / que tuvo un tiempo después de vivir entre la gente” Aire en espera José María Arreola, baterista y conductor de programas de radio, es nieto de Juan José Arreola. Pasa de las baquetas a la pluma con su primer novela titulada Aire en espera, que trata de un loco llamado Archibaldo, un personaje que se encierra en un departamento y trastoca la vida de sus vecinos y moradores del edificio. La personalidad de Archibaldo está cargada de humor negro. Lo que viene en Rhythm&Books A un año de su creación “Rhythm & Books” está creciendo, y está trabajando para traernos libros nuevos e interesantes.

Son tres los libros que tienen contemplados para este año: Diario de un López del cantautor Jaime López, Ilustrado por Jorge Manjarrez. Nos cuenta Elena Santibáñez que ésta será una publicación especial porque será un libro caligráfico, es decir, un libro hecho a mano. La ventana y el umbral, un poema largo, un delirio alcohólico escrito por el músico y escritor Armando Vega Gil; ilustrado por el cineasta, pintor y músico Sergio Arau “el Uyuyuy”, y prologado por el cantautor Francisco Barrios “El Mastuerzo”. Es decir, se tendrá a La Botellita de Jerez en un libro. A finales de año se tiene proyectado sacar un libro llamado Solares Baldíos, un homenaje al músico Rockdrigo González. Esta edición es especial porque aquí participan 25 músicos, unos escriben y otros ilustran, y además un ensayo a propósito del 25 aniversario luctuoso del Profeta del Nopal. El prólogo será de Fernando Rivera Calderón. Entre los proyectos de Rhythm&Books se tienen contemplados editar un par de colecciones: Sexo, drogas y Rock & Roll y Con Música de Fondo. El primero dará cabida a autores vinculados con la música, no necesariamente músicos; prácticamente cualquier persona que esté interesada en escribir textos, ensayos, crónicas o cualquier género literario. Los requisitos son que las letras tengan que ver con música y que los textos sean de calidad. Con Música de Fondo, la música será un personaje. Una buena noticia es que en este proyecto editorial ya empiezan a sonar nombres de mujeres que se dedican a la música como Jaramar Soto, Sara Valenzuela, Rita Guerrero, Lety Servín y Cecilia Toussaint. ¿Dónde se consiguen los libros? El catálogo de Rhythm & Books se puede conseguir en algunas librerías de Guadalajara, en la librería Gonvill y en la librería del Teatro Diana. Próximamente se agregarán otros puntos de venta, entre ellos las librerías Gandhi y Sanborns; y a nivel nacional, las librerías Educal de CONACULTA. El año pasado ya se presentaron en la FIL y este año quieren estar presentes nuevamente. La vida en sí misma con sus luces y sombras goza de música, ritmo, silencios. El ritmo, la voz y las imágenes se reúnen en tinta fresca. En esta ocasión no se escuchan los aplausos ni los cantos de un concierto, la celebración es al interior de cada lector que se alimenta de estas palabras que suenan a acordes frescos. Cada libro es una partitura con sus bemoles, sostenidos y silencios que nos cuentan una historia que nos mueve, nos emociona y lentamente nos convertimos en cómplices al leer a los músicos desde la trinchera de sus palabras. Hoy las batallas no se ganan con las armas, las victorias diarias se logran armados con la pluma y papel. Contacto: Elena Santibáñez / Directora 044 55 5462 3969 rhythm.books@gmail.com www.rhythmandbooks.com.mx/


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Antifashion, la versión urbana de la moda Hoy en día, las posibilidades creativas del diseño gráfico se abren hasta horizontes impensables. Un buen diseño no es una pieza de arte, pero puede ser artístico, y ricamente expresado. En ese terreno surgen opciones inagotables que se materializan y ejemplifican con Antifashion, una marca tapatía de ropa y accesorios para dama y caballero, que busca expresar el concepto humano, urbano y natural, pero a otro nivel: el artístico. La idea surgió en el 2005. Un grupo de amigos decidieron crear una marca propia en donde pudieran expresar sus diseños y ponerlos a circular por las calles. Tras arrancar y afianzarse el proyecto, para julio de 2006, Antifashion estuvo presente con gran éxito en la Intermoda

de Guadalajara, en donde mostraron un estilo creativo propio: una línea de ropa, accesorios y diseño, en donde se refleja la multiculturalidad de expresiones como el arte pop y urbano, el rock, punk, skate, indie y el tatoo. Para finales de 2007, la marca lanzó su línea Antifashion Skate Division, que ofrece una extensa variedad de artículos para el deporte en patineta o Skate. Sus fundadores aseguran que esta es la primera colección de una marca en México que ofrece toda la línea de Skate para practicar este deporte. Antifashion internacional La proyección y expansión de Antifashion cruzó fronteras y llegó al otro lado del Océano. En 2008, estuvo presente


en la expo de moda alternativa POOLTRADESHOW, en Las Vegas, Nevada, en Estados Unidos. Este fue el inicio de Antifashion Internacional, que tiene sus oficinas centrales en Atlanta, Georgia, en Estados Unidos. Gracias a su centro de distribución internacional, la marca tapatía ya tiene presencia en Alemania, Canadá, Japón, Holanda, Puerto Rico y Corea, entre otros países. El chouroom, una Expo para la urbe Ante las diferentes manifestaciones de culturas alternativas dentro de la ciudad, Antifashion y otras marcas locales decidieron crear un colectivo para organizar una Expo que promoviera la esencia de la moda urbana. Desde

enero de 2009 y por medio de conciertos, torneos de skate, pintura, graffiti y otros, el Chouroom trata de hacer coincidir distintas manifestaciones de la urbe. Con su propio equipo de diseñadores y un grupo de gente destacada como artistas urbanos, patinadores y músicos que colaboran con ideas y diseño para la línea, Antifashion es una marca que incluso viste a bandas de rock, patinadores y otras celebridades. Contacto Oficinas Corporativas Av. Washington #355 Int. 18 Rincones del Agua Azul www.antifashion.com


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Grafiti en Santa Anita Marie-Fred DuprĂŠ


Parque Extremo Mariana Regla


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Lizbeth Karely Escalante


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Fotografía: Zamarripa Maquillaje: Asalea Trani y Sermeño


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Adriรกn Castro Sandoval


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FotografĂ­a: Dulce Ochoa Maquillaje: Roberto Guerrero Asalea Trani Modelos: Mitzy y Mariana


EN GUADALAJARA de venta en

Hidalgo 912 casi esquina Cruz Verde Centro, Guadalajara, México 4410 Pedido de playeras: quieromimatanga@hotmail.com t  Catálogo: http://quieromimatanga.blospot.com


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