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La Seu

PARROQUIA DE SANTA MARÍA • XÀTIVA Hoja Parroquial - Nº 333 Domingo 16 de noviembre de 2008 XXXIII del Tiempo Ordinario

La Iglesia diocesana

Frases del Evangelio

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 25, 14-30 Dijo Jesús al que le había presentado otros cinco talentos ganados: Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió; eres un empleado negligente y holgazán. Y dijo a los criados: Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas.


El Abad En este domingo anterior a la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, la Iglesia Española celebra el Día de la Iglesia Diocesana. Es una jornada para crear conciencia de que los católicos formamos la Iglesia universal y ésta se concretiza en la Iglesia local, la Iglesia que está en Valencia. Formamos parte de la misma Iglesia que vio san Vicente Ferrer, san Francisco de Borja, san Juan de Ribera, los beatos Francisco de Paula y Gonzalo Viñes, los santos Bernardo, María y Gracia. Somos la Iglesia de Cristo presente en Valencia, con una historia concreta y una cultura bien definida y con todo ello enriquecemos a la Iglesia Universal de Jesucristo. La Iglesia desde hace dos mil años trabaja para el Evangelio y vive para su propagación. Dios quiere que todos los hombres se salven; la Iglesia facilita esa misma salvación. La Iglesia católica, con su trabajo pastoral, contribuye al bien de la humanidad. La catequesis que imparte a los niños, jóvenes y adultos; las visitas a los enfermos, la administración de los sacramentos, la acción caritativa y social con los pobres, marginados y necesitados de toda índole, humaniza la sociedad actual. Hay que decirlo fuerte y muy claro: ninguna entidad mundial presente en la historia ha hecho tanto, y continua haciendo, por el hombre como la Iglesia Católica. Y hay que decirlo sin ningún complejo y con la cara bien alta. Ya está bien de tanta crítica, de tanta difamación, de tanto odio y agresividad. ¿Quiénes son hoy los enemigos de la Iglesia? ¿Quiénes son los interesados en difundir tantas mentiras, casos no verificados, tanta difamación? ¿los que tanto critican y ridiculizan a la Iglesia católica son capaces de desempeñar y hacer lo que la misma Iglesia lleva a cabo en el mundo, allá muy lejos y aquí muy cerca? Estoy convencido que no; además, lo vemos, esos mismos criticones son los que mejor viven y nunca se ensucian las manos haciendo el bien, comprometiéndose a fondo. Creo en la Iglesia Católica. Y también lo digo bien alto y bien claro. Trabajamos desde la parroquia haciendo el bien, dejándonos el pellejo y la salud, invirtiendo horas y horas, de día y de noche, atendemos a las personas que nos buscan; incluso nos dejamos tomar el pelo en muchas ocasiones; sufrimos y rezamos ante la descristianización galopante que nos invade. Y a pesar de todo, ahí estamos, a tiempo y a destiempo, haciendo lo que tenemos que hacer, sin desanimarnos. Los católicos debemos salir del escondite y defender lo nuestro. Ante los fallos y pecados pedir perdón. Pero no todo lo hacemos mal. En el día de la Iglesia diocesana reafirmamos lo que rezamos en el Credo: Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.


Para saborear durante la semana Volvemos a ofrecer la reflexión de san Agustín, ya que son muchas las personas que desean tenerla a mano. No llores si me amas. ¡Si conocieras el Don de Dios y lo que es el cielo! ¡Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la Belleza, ante la cual las bellezas palidecen! ¿Me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme en el de las inmutables realidades?

Créeme, cuando llegue un día que Dios ha fijado y tu alma venga a este Cielo en el que te ha precedido la mía, volverás a ver a aquel que siempre te ama y encontrarás su corazón con todas las ternuras purificadas. Transfigurado, feliz, no esperando la muerte sino avanzando contigo por los senderos de la luz. Enjuga tu llanto y no me llores si me amas.

SAN AGUSTÍN A TODOS LOS QUE LLORAN POR UN SER QUERIDO DIFUNTO

Para rezar en especial en el mes de noviembre Oración por los seres queridos ¡Oh Dios! que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres; por intercesión de Santa María, la Virgen, y de todos los Santos, concede a nuestros padres, hermanos, esposo o esposa, abuelos, parientes, amigos y bienhechores que han salido ya de este mundo, alcanzar la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica ¿CUÁL ES EL EFECTO DE LA ORDENACIÓN PRESBITERAL? Pregunta 328. Pág. 118. La unción del Espíritu marca al presbítero con un carácter espiritual indeleble, lo configura a Cristo sacerdote y lo hace capaz de actuar en nombre de Cristo Cabeza. Como cooperador del Orden episcopal, es consagrado para predicar el Evangelio, celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, de la que saca fuerza todo su ministerio, y ser pastor de los fieles.


Nuestra Diócesis de Valencia RESEÑA HISTÓRICA Se vislumbran indicios ciertos de una comunidad cristiana en el siglo iv. Cuando es martirizado en Valencia San Vicente Mártir, el 22 de enero del año 304, siendo diácono de San Valero, obispo de Zaragoza, existía una comunidad cristiana. Al final de ese siglo, o en el siguiente, debió instalarse la jerarquía eclesiástica, dependiente originariamente del metropolitano de Tarragona. Justiniano (527548), primer obispo cuyo nombre se conoce, en el año 546 firmó en segundo lugar en el primer Concilio Valentino, de la escindida provincia eclesiástica Cartaginense, con su capital Cartagena, a la que entonces pertenecía Valencia. La jerarquía eclesiástica, durante la época mozárabe, subsistió en Valencia, hasta mediados del siglo xii por lo menos, si bien en el siglo xiii se daba por extinguida, aunque permanecieron varios núcleos cristianos en la ciudad y en algunas poblaciones. Se rindió Valencia al rey Jaime I de Aragón el 28 de septiembre de 1238, y el Arzobispo de Tarragona, Don Pedro de Albalat, designó Obispo de la misma al dominico fray Berenguer de Castellbisbal, que no llegó a consagrarse, siendo elegido en su lugar el Prepósito de Tarragona, Ferrer de Pallarés, como sufragáneo de la provincia tarraconense. Hasta el 11 de octubre de 1470 per-

manecieron en esta obediencia los obispos de Valencia. En esa fecha, Paulo II declaró exento de toda jurisdicción metropolitana a la sede valentina, siendo su obispo Rodrigo de Borja, cardenal vicecanciller de la Santa Iglesia Romana. El 9 de julio de 1492, Inocencio III elevó dicha sede a la categoría de metropolitana, dignidad que confirmó el 27 de agosto, Rodrigo de Borja, pocos días después de ser elegido Sumo Pontífice con el nombre de Alejandro VI. Han presidido la diócesis veintiséis obispos con este título, y cuarenta y tres arzobispos desde que la Sede fuera elevada a metropolitana. Un momento de especial esplendor tuvo la diócesis a mediados del siglo xvi. Sus Arzobispos Santo Tomás de Villanueva y San Juan de Ribera, junto con D. Martín Pérez de Ayala, aplicaron en nuestra diócesis la reforma que inspiró el Concilio de Trento, dejando una profunda y duradera huella pastoral y apostólica, confirmada por la vida y obra de santos como San Francisco de Borja, San Pascual Bailón y San Luis Bertrán, y los Beatos Andrés Hibernón y Gaspar Bono. En 1350 nació en Valencia San Vicente Ferrer, que recorrió sus pueblos varias veces en fecundas actividades apostólicas, sembrando la Palabra de Dios y la devoción a Cristo crucificado. Una obra de especial trascendencia es la inspirada por fray Gilabert Jofré, con su preocupación por los locos, inocentes y desamparados; obra que él vincula a su devoción a la Virgen María. Desde entonces, la Madre de los Desamparados es venerada

2008-2009 Año Jubilar con motivo del 2000 aniversario del nacimiento de san Pablo. La Colegiata de Xàtiva es Templo Jubilar. Cada tercer domingo de mes la misa de las 7’30 tarde será Jubilar facilitando poder lucrar las Indulgencias.


La Palabra del Papa Miércoles 22 de octubre de 2008

La divinidad de Cristo en la predicación de san Pablo

Queridos hermanos y hermanas: En las catequesis de las semanas anteriores meditamos sobre la “conversión” de san Pablo, fruto del encuentro personal con Jesús crucificado y resucitado, y nos interrogamos sobre cuál fue la relación del Apóstol de los gentiles con el Jesús terreno. Hoy quiero hablar de la enseñanza que san Pablo nos ha dejado sobre la centralidad del Cristo resucitado en el misterio de la salvación, sobre su cristología. En verdad, Jesucristo resucitado, “exaltado sobre todo nombre”, está en el centro de todas sus reflexiones. Para el Apóstol, Cristo es el criterio de valoración de los acontecimientos y de las cosas, el fin de todos los esfuerzos que él hace para anunciar el Evangelio, la gran pasión que sostiene sus pasos por los caminos del mundo. Y se trata de un Cristo vivo, concreto: el Cristo —dice san Pablo— “que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Ga 2, 20). Esta persona que me ama, con la que puedo hablar, que me escucha y me responde, este es realmente el principio para entender el mundo y para encontrar el camino en la historia. Quien ha leído los escritos de san Pablo sabe bien que él no se preocupó de narrar los hechos de la vida de Jesús, aunque podemos pensar que en sus catequesis contaba sobre el Jesús prepascual mucho más de lo que escribió en sus cartas, que son amonestaciones en situaciones concretas. Su intencionalidad pastoral y teológica se dirigía de tal modo a la edificación de las nacientes comunidades, que espontáneamente concentraba todo en el anuncio de Jesucristo como “Señor”, vivo y presente ahora en medio de los suyos. De ahí la esencialidad característica de la cristología paulina, que desarrolla las profundidades del misterio con una


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preocupación constante y precisa: ciertamente, anunciar al Jesús vivo y su enseñanza, pero anunciar sobre todo la realidad central de su muerte y resurrección, como culmen de su existencia terrena y raíz del desarrollo sucesivo de toda la fe cristiana, de toda la realidad de la Iglesia. Para el Apóstol, la resurrección no es un acontecimiento en sí mismo, separado de la muerte: el Resucitado es siempre el mismo que fue crucificado. También ya resucitado lleva sus heridas: la pasión está presente en él y, con Pascal, se puede decir que sufre hasta el fin del mundo, aun siendo el Resucitado y viviendo con nosotros y para nosotros. San Pablo comprendió esta identidad del Resucitado con el Cristo crucificado en el camino de Damasco: en ese momento se le reveló con claridad que el Crucificado es el Resucitado y el Resucitado es el Crucificado, que dice a san Pablo: “¿Por qué me persigues?” (Hch 9, 4). San Pablo, cuando persigue a Cristo en la Iglesia, comprende que la cruz no es “una maldición de Dios” (Dt 21, 23), sino sacrificio para nuestra redención. El Apóstol contempla fascinado el secreto escondido del Crucificado-resucitado y a través de los sufrimientos experimentados por Cristo en su humanidad (dimensión terrena) se remonta a la existencia eterna en la que es uno con el Padre (dimensión pre-temporal): “Al llegar la plenitud de los tiempos —escribe— envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Ga 4, 4-5). Estas dos dimensiones, la preexistencia eterna junto al Padre y el descenso del Señor en la encarnación, se anuncian ya en el Antiguo Testamento, en la figura de la Sabiduría. En los Libros sapienciales del Antiguo Testamento encontramos algunos textos que exaltan el papel de la Sabiduría, que existe desde antes de la creación del mundo. En este sentido deben leerse pasajes como este del Salmo 90: “Antes de que nacieran los montes, o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios” (v. 2); o pasajes como el que habla de la Sabiduría creadora: “El Señor me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas. Desde la eternidad fui fundada, desde el principio, antes que la tierra” (Pr 8, 22-23). También es sugestivo el elogio de la Sabiduría, contenido en el libro homónimo: “La Sabiduría se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo” (Sb 8, 1). Los mismos textos sapienciales que hablan de la preexistencia eterna de la Sabiduría, hablan de su descenso, del abajamiento de esta Sabiduría, que se creó una tienda entre los hombres. Así ya sentimos resonar las palabras del Evangelio de san Juan que habla de la tienda de la carne del Señor. Se creó una tienda en el Antiguo Testamento: aquí se refiere al templo, al culto según la “Torá”; pero, desde el punto de vista del Nuevo Testamento, podemos entender que era sólo una prefiguración de la tienda mucho más real y significativa: la tienda de la carne de Cristo. Y ya en los libros del Antiguo Testamento vemos que este abajamiento de la Sabiduría, su descenso a la carne, implica también la posibilidad de ser rechazada.


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San Pablo, desarrollando su cristología, se refiere precisamente a esta perspectiva sapiencial: reconoce en Jesús a la Sabiduría eterna que existe desde siempre, la Sabiduría que desciende y se crea una tienda entre nosotros; así, puede describir a Cristo como “fuerza y sabiduría de Dios”; puede decir que Cristo se ha convertido para nosotros en “sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención” (1 Co 1, 24.30). De la misma forma, san Pablo aclara que Cristo, al igual que la Sabiduría, puede ser rechazado sobre todo por los dominadores de este mundo (cf. 1 Co 2, 6-9), de modo que en los planes de Dios puede crearse una situación paradójica: la cruz, que se transformará en camino de salvación para todo el género humano. Un desarrollo posterior de este ciclo sapiencial, según el cual la Sabiduría se abaja para después ser exaltada a pesar del rechazo, se encuentra en el famoso himno contenido en la carta a los Filipenses (cf. Flp 2, 6-11). Se trata de uno de los textos más elevados de todo el Nuevo Testamento. Los exegetas, en su gran mayoría, concuerdan en considerar que este pasaje contiene una composición anterior al texto de la carta a los Filipenses. Este es un dato de gran importancia, porque significa que el judeo-cristianismo, antes de san Pablo, creía en la divinidad de Jesús. En otras palabras, la fe en la divinidad de Jesús no es un invento helenístico, surgido mucho después de la vida terrena de Jesús, un invento que, olvidando su humanidad, lo habría divinizado. En realidad, vemos que el primer judeo-cristianismo creía en la divinidad de Jesús; más aún, podemos decir que los Apóstoles mismos, en los grandes momentos de la vida de su Maestro, comprendieron que era el Hijo de Dios, como dijo san Pedro en Cesarea de Filipo: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16). Pero volvamos al himno de la carta a los Filipenses. Este texto puede estar estructurado en tres estrofas, que ilustran los momentos principales del recorrido realizado por Cristo. Su preexistencia está expresada en las palabras: “A pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios” (v. 6). Sigue después el abajamiento voluntario del Hijo en la segunda estrofa: “Se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo” (v. 7), hasta humillarse “obedeciendo hasta la muerte y una muerte de cruz” (v. 8). La tercera estrofa del himno anuncia la respuesta del Padre a la humillación del Hijo: “Por eso Dios lo exaltó y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre” (v. 9). Lo que impresiona es el contraste entre el abajamiento radical y la siguiente glorificación en la gloria de Dios. Es evidente que esta segunda estrofa está en contraste con la pretensión de Adán, que quería hacerse Dios, y también está en contraste con el gesto de los constructores de la torre de Babel, que querían edificar por sí solos el puente hasta el cielo y convertirse ellos mismos en divinidad. Pero esta iniciativa de la soberbia acabó en la autodestrucción: así no se llega al cielo, a la verdadera felicidad, a Dios. El gesto del Hijo de Dios es exactamente lo contrario: no la soberbia, sino la humildad, que es la realización del amor, y el amor es divino. La iniciativa de abajamiento, de humildad radical de Cristo, con la


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cual contrasta la soberbia humana, es realmente expresión del amor divino; a ella le sigue la elevación al cielo a la que Dios nos atrae con su amor. Además de la carta a los Filipenses, hay otros lugares de la literatura paulina donde los temas de la preexistencia y el descenso del Hijo de Dios a la tierra están unidos entre sí. Una reafirmación de la identificación entre Sabiduría y Cristo, con todas sus implicaciones cósmicas y antropológicas, se encuentra en la primera carta a Timoteo: “Él ha sido manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, proclamado a los gentiles, creído en el mundo, levantado a la gloria” (1 Tm 3, 16). Sobre todo con estas premisas se puede definir mejor la función de Cristo como Mediador único, en la perspectiva del único Dios del Antiguo Testamento (cf. 1 Tm 2, 5 en relación con Is 43, 10-11; 44, 6). Cristo es el verdadero puente que nos guía al cielo, a la comunión con Dios. Por último, sólo una alusión a los últimos desarrollos de la cristología de san Pablo en las cartas a los Colosenses y a los Efesios. En la primera, a Cristo se le califica como “primogénito de toda la creación” (cf. Col 1, 15-20). La palabra “primogénito” implica que el primero entre muchos hijos, el primero entre muchos hermanos y hermanas, bajó para atraernos y hacernos sus hermanos y hermanas. En la carta a los Efesios encontramos la hermosa exposición del plan divino de la salvación, cuando san Pablo dice que Dios quería recapitularlo todo en Cristo (cf. Ef 1, 3-23). Cristo es la recapitulación de todo, lo asume todo y nos guía a Dios. Así nos implica en un movimiento de descenso y de ascenso, invitándonos a participar en su humildad, es decir, en su amor al prójimo, para ser así partícipes también de su glorificación, convirtiéndonos con él en hijos en el Hijo. Pidamos al Señor que nos ayude a conformarnos a su humildad, a su amor, para ser así partícipes de su divinización.


Nuestra Diócesis de Valencia

con especial cariño e intensidad por el pueblo valenciano. Muchos hijos ilustres de la Diócesis de Valencia han sido elevados a los altares. Entre ellos, destacan: Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, Santa Teresa de Jesús Jornet y la Beata Inés de Benigánim. Ha de destacarse también la labor realizada por Arzobispos, sacerdotes y religiosos en los sectores de la piedad eucarística, la veneración a la Santísima Virgen María, las devociones populares y el apostolado social. Esta labor es también asimilada y difundida por numerosos y beneméritos seglares, que militando en numerosas asociaciones apostólicas, manifiestan el mensaje de Jesucristo con valentía y autenticidad a sus contemporáneos. No se puede olvidar la influencia del “catolicismo social” del padre Vicent, y también de la Acción Católica y otras entidades de apostolado seglar. El siglo xix y el primer tercio del xx, como en toda España, la comunidad cristiana de Valencia vivió tiempos de gran agitación, que fueron testigos asimismo del nacimiento de nuevos institutos de vida consagrada, concluyendo esta época con la gran gesta martirial de 1936, en la que numerosos cristianos dieron su vida por Cristo en medio de la mayor persecución religiosa de la historia cristiana de Valencia. Fueron auténticos mártires por causa de la fe. Fueron libres de escoger entre el sistema ideológico que se les imponía y el Evangelio de Jesús al cual se habían adherido. El 11 de marzo de 2001, el Papa Juan Pablo II beatificó a 233 de ellos: 37 sacerdotes diocesanos, 39 fieles laicos y 157 religiosos y religiosas. La constitución de la archidiócesis de Valencia como sede metropolitana queda configurada con las diócesis sufragáneas de Mallorca, Menorca, Ibiza, Orihuela-Alicante, SegorbeCastellón y Albacete. Sin embargo, los límites territoriales de las diócesis no siempre han estado estables. El último reajuste de los límites

territoriales de la archidiócesis se efectuó por Decreto de la Sagrada Congregación Consistorial de 6 de junio de 1957 (B.O.A. de 1 de octubre de 1957, pp. 365-369) y en virtud del Concordato estipulado entre la Santa Sede y el Estado Español en 1953, en el que indicaba la conveniencia de modificar las demarcaciones de algunas diócesis de España. Por las disposiciones del citado Decreto, que entraron en vigor el 1 de octubre del mismo año, Valencia cedió a la diócesis de Orihuela-Alicante los arciprestazgos de Jijona, Villajoyosa y Callosa de Ensarriá y recibió de la misma la parroquia de Ayora; de la diócesis de Cuenca recibió el arciprestazgo de Requena; de la de Segorbe-Castellón anexionó los de Ademuz, Alpuente y Chelva y le cedió a la misma el arciprestazgo de Villahermosa del Río, integrado por veintisiete parroquias situadas en las riberas y estribaciones montañosas del río Mijares. Los límites actuales configuran casi en su totalidad los correspondientes a la provincia civil de Valencia, excepción hecha de la parte sur, en la que conserva los arciprestazgos de Benisa, Denia, Pego, Cocentaina y Alcoy, enclavados en la provincia de Alicante, que suman en su conjunto sesenta y tres municipios de dicha provincia. La diócesis limita, pues, al norte con las diócesis de Teruel y Albarracín y Segorbe-Castellón; por el sur, con la de Orihuela-Alicante; por el oeste, con las de Albacete y Cuenca, y por todo el este con el mar Mediterráneo. Finalmente, la Congregación para los Obispos, en virtud de las facultades especiales que le fueron conferidas por el Sumo Pontífice Juan Pablo II por el Decreto Vacetinae Toletanae de 28 de julio de 1994, determinó que la diócesis de Albacete, hasta entonces perteneciente a la provincia eclesiástica de Valencia, fuera agregada a la de Toledo. Dicho Decreto fue ejecutado en Albacete el día 30 de octubre de 1994.


PAPAS DE LA IGLESIA B E N E D I C TO XV (3) A sólo tres meses de su nombramiento como cardenal, participó en el cónclave que siguió a la muerte de san Pío X. El tercer día de reunión y a la décima votación fue elegido papa: era el 3 de septiembre de 1914. Fue coronado tres días después en la Capilla Sixtina por el cardenal Francesco Salesio della Volpe, protodiácono de Santa Maria in Aquiro. El inicio de su pontificado coincidió con el estallido de la I Guerra Mundial, contra la que no pudo hacer más que labores humanitarias. En su encíclica Ad beatissimi Apostolorum del mismo 1914 analizó lúcidamente las causas del conflicto y proclamó una neutralidad estricta que disgustó a ambas partes beligerantes. Casi al final de la guerra, en 1917, promulgó la exhortación apostólica Dès le début que era todo un programa doctrinal de cara a un posible armisticio. Con la encíclica Pacem, Dei munus pulcherrimum (1920) sugirió las bases para que un conflicto de tal magnitud no volviera a producirse.

SANTORAL DE LA SEMANA Día 17.- Santa Isabel de Hungría, duquesa de la Tercera Orden Franciscana. Año 1231. Día 18.- Dedicación de las Basílicas de san Pedro y san Pablo. Día 19.- Santa Inés de Asís. Año 1253. Santa Matilde. Año 1398. Día 20.- Beatas Ángeles Lloret y 17 compañeras Mártires de la Doctrina Cristiana. Inmensa mayoría valencianas. Año 1936. Día 21.- La Presentación de la Virgen María en el Templo. Día 22.- Santa Cecilia, virgen y Mártir. Año 230. Día 23.- Domingo. Día del Señor. Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. San Clemente Romano, Papa y Mártir. Año 101.

ORACIÓN

Acoge nuestras súplicas, Señor, y, por intercesión de santa Cecilia, dígnate escucharnos con bondad.

Santa Cecilia

Hoy, Día de la Iglesia Diocesana, la colecta es extraordinaria para ayudar a la Iglesia Diocesana. Seamos generosos.


Vida parroquial Ayuda a la Colegiata Si no está colaborando todavía en la campaña de autofinanciación de la Iglesia colegial, piénselo. Ya son bastantes las familias que lo están haciendo. A través de banco aportan una couta, la que deciden en conciencia, y la ingresan. También lo pueden hacer echando el donativo al buzón. Este proyecto ha sido aprobado por el Cabildo colegial y por el Consejo Pastoral y el Consejo de Economía. ÉSTE ES EL NÚMERO DE CUENTA BBVA. 0182 – 0563 – 40 – 0201531361

Una nueva imagen de la “Milagrosa” para la iglesia de sant Francesc

Donativos: 10+15+50 euros. Tenemos ya: 1.305 euros. Bendición de la imagen el día de la fiesta, 27 de noviembre con Misa solemne en sant Francesc.

200 aniversario del Retablo del Altar Mayor (1808-2008) Celebramos este Aniversario con diversos actos. El próximo Jueves 20, a las 8 de la tarde en el Palau del Ardiaca, conferencia del Sr. Abad. Tratará el tema Inocografía del Retablo del Altar Mayor.


Dos libros que deberíamos comprar y leer

A LA SOMBRA DE TU MANTO. Autor: Sr. Abad

FAMILIA, DERECHO Y RELIGIÓN: FRANCISCO ANTONIO CEBRIÁN Y VALDA. Autor: D. Ramón Aznar García

Nuevo Curso 2008-2009 Calendario Mes de Noviembre DÍA 16. TERCER DOMINGO. Por la tarde Misa Jubilar: Año Paulino. DÍA 17. 6 t. Confirmación. 8 t. Instituto de Ciencias Religiosas. DÍA 18. 8 t. Ensayo de Coro. DÍA 20. 8 t. Nueva Evangelización: 200 Aniversario del Retablo del Altar Mayor: “Su Iconografía”, conferencia del Sr. Abad. DÍA 23. SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO DÍA 24. 6 t. Confirmación. 8 t. Instituto de Ciencias Religiosas. DÍA 25. 8 t. Ensayo de Coro. DÍA 27. 7 t. Fiesta de la Virgen Milagrosa. Bendición de la nueva imagen de la Milagrosa en sant Francesc y Misa solemne. 8 t. Reunión prebautismal para padres y padrinos. DÍA 30. PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Campaña Navidad

Gran éxito de los tapices con el Niño Jesús. Nos acercamos ya a los 300 tapices vendidos. Darán un colorido festivo y cristiano a toda Xàtiva en las fiestas navideñas de este año 2008. Hoy más que nunca hace falta dar testimonio cristiano; colocando este tapiz, manifestamos nuestra fe en el misterio que se celebra en Navidad, esto es, el Nacimiento de Jesús, el Señor.

Ayuda a los cristianos de Belén

Para ello tenemos artículos religiosos de madera de olivo y madre perla: belenes, rosarios, imágenes, cruces de muchos tamaños, etc., trabajados por los cristianos de Belén. Comprándolo ayudamos a esas familias.


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La Iglesia diocesana Hoja Parroquial - Nº 333 Domingo 16 de noviembre de 2008 XXXIII del Tiempo Ordinario P ARROQUIA DE S ANTA M ARÍA • X ÀT...

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