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La Seu

PARROQUIA DE SANTA MARÍA • XÀTIVA Hoja Parroquial - Nº 325 Domingo 21 de septiembre de 2008 XXV del Tiempo Ordinario

Para mí la vida es Cristo

Frases del Evangelio

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 20, 1-16 El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal empezando por los últimos y acabando con los primeros.


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El Abad El próximo día 23 la Iglesia celebra la fiesta de san Pío de Pietrelcina, comúnmente llamado Padre Pío. Es un santo moderno en cuanto a la fecha de su muerte, beatificación y canonización. Muy poco conocido en España, aunque va creciendo la devoción poco a poco; sin embargo, en Italia y Francia es, sin duda alguna, el santo más famoso. El Padre Pío de Pietrelcina fue un hombre elegido por Cristo para llevar los padecimientos de la crucifixión en su cuerpo, durante 50 años de su vida. Las llagas en sus manos, en sus pies, y en el costado de su pecho eran permanentes, sangraban y no cicatrizaban, no supuraban, ni coagulaban. Durante su vida recibió el don de la bilocación, que es la posibilidad milagrosa de estar en dos sitios a la vez; el don de lenguas, por el cual podía darse a entender en diferentes idiomas, aunque nunca los hubiera aprendido; podía ver el corazón de los fieles, sus pecados y su arrepentimientos; curar enfermos. Amó incansablemente hasta las últimas consecuencias a Cristo y a sus “hijos espirituales”. Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre mediante la dirección espiritual de los fieles, la confesión y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad. En el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas familias, especialmente con la fundación de la «Casa del Alivio del Sufrimiento», inaugurada el 5 de mayo de 1956. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: «En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios». La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios. Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas virtudes en todos aquellos que se le acercaban. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad. Aceptó en silencio las numerosas intervenciones de las Autoridades y calló siempre ante las calumnias. Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir. Murió el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. Muy pronto se abrió el proceso de canonización que llegó a su fin el 16 de junio de 2002, acto presidido por el Papa Juan Pablo II, el Grande, muy devoto del Padre Pío.


Para saborear durante la semana ALGUNAS MÁXIMAS ESPIRITUALES EXTRAÍDAS DE LOS ESCRITOS DEL PADRE PÍO No amar es como herir a Dios en la pupila de Su ojo. ¿Hay algo más delicado que la pupila? No hay tiempo mejor empleado que el que se invierte en santificar el alma del prójimo. La humildad y la caridad son compañeras inseparables. La una glorifica, la otra santifica. Dios no realiza milagros donde no hay fe. Las tentaciones, los desalientos, las inquietudes, son mercancía del enemigo. El diablo es como un perro rabioso encadenado. Mas allá del radio que le permite la cadena, no puede morder a nadie. El alma es un campo de batalla, donde Dios y Satanás no cesan de luchar. Dudar es el peor insulto que podemos hacer a la Divinidad. Es pecado la mentira, no la verdad. La mentira es hija del demonio. La oración debe ser insistente, pues la insistencia denota fe. Reza. Espera. No te impacientes. La intraquilidad no te favorece en absoluto. Dios es misericordioso. Escuchará tu plegaria. Seamos inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús! Hay que progresar, jamás retroceder en la vida espiritual. Quien no medita es como quien no se mira nunca al espejo. No le importa salir desaliñado, pues, aun sin saberlo, puede haberse ensuciado. En los libros se busca a Dios. en la meditación se le encuentra. Sufrir y no morir es el lema de S. Teresa. No os entreguéis de tal manera a la actividad de Marta que lleguéi a olvidar el silencio y la entrega de María. Apóyate, como la Virgen, en la Cruz de Cristo, hallarás alivio. En la vida espiritual, cuanto mas se corre, menos se nota el cansancio. Siempre adelante! En la vida espiritual, cuando no se adelanta se retrocede. Busca continuamente la verdad y esfuérzate por conseguir el sumo bien. La ciencia no te puede revelar Aquel que es. Decir la verdad, siempre la verdad. El amor propio es hijo de la soberbia y más maliciosos que su madre. Los «Porqués» han arruinado el mundo. El Señor no le importa el pasado. Le importa el presente reparador y sumamente vigilante. Vamos a mantenernos firmes en la prudencia y el Espíritu Santo; porque el demonio se esconde en el alma de los no devotos.


San Pío de Pietrelcina

ORACIÓN Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo; concédenos, por su intercesión, conformarnos con la muerte de Jesús, para ser partícipes de su resurrección.


La Palabra del Papa AÑO DE SAN PABLO: 2000 AÑOS DE SU NACIMIENTO Miércoles 3 de septiembre de 2008 La conversión de san Pablo

Queridos hermanos y hermanas: La catequesis de hoy estará dedicada a la experiencia que san Pablo tuvo en el camino de Damasco y, por tanto, a lo que se suele llamar su conversión. Precisamente en el camino de Damasco, en los inicios de la década del año 30 del siglo I, después de un período en el que había perseguido a la Iglesia, se verificó el momento decisivo de la vida de san Pablo. Sobre él se ha escrito mucho y naturalmente desde diversos puntos de vista. Lo cierto es que allí tuvo lugar un viraje, más aún, un cambio total de perspectiva. A partir de entonces, inesperadamente, comenzó a considerar “pérdida” y “basura” todo aquello que antes constituía para él el máximo ideal, casi la razón de ser de su existencia (cf. Flp 3, 7-8) ¿Qué es lo que sucedió?


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Al respecto tenemos dos tipos de fuentes. El primer tipo, el más conocido, son los relatos escritos por san Lucas, que en tres ocasiones narra ese acontecimiento en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 9, 1-19; 22, 3-21; 26, 4-23). Tal vez el lector medio puede sentir la tentación de detenerse demasiado en algunos detalles, como la luz del cielo, la caída a tierra, la voz que llama, la nueva condición de ceguera, la curación por la caída de una especie de escamas de los ojos y el ayuno. Pero todos estos detalles hacen referencia al centro del acontecimiento: Cristo resucitado se presenta como una luz espléndida y se dirige a Saulo, transforma su pensamiento y su vida misma. El esplendor del Resucitado lo deja ciego; así, se presenta también exteriormente lo que era su realidad interior, su ceguera respecto de la verdad, de la luz que es Cristo. Y después su “sí” definitivo a Cristo en el bautismo abre de nuevo sus ojos, lo hace ver realmente. En la Iglesia antigua el bautismo se llamaba también “iluminación”, porque este sacramento da la luz, hace ver realmente. En Pablo se realizó también físicamente todo lo que se indica teológicamente: una vez curado de su ceguera interior, ve bien. San Pablo, por tanto, no fue transformado por un pensamiento sino por un acontecimiento, por la presencia irresistible del Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese acontecimiento, de ese encuentro, fue muy fuerte. Ese acontecimiento cambió radicalmente la vida de san Pablo. En este sentido se puede y se debe hablar de una conversión. Ese encuentro es el centro del relato de san Lucas, que tal vez utilizó un relato nacido probablemente en la comunidad de Damasco. Lo da a entender el colorido local dado por la presencia de Ananías y por los nombres tanto de la calle como del propietario de la casa en la que Pablo se alojó (cf. Hch 9, 11). El segundo tipo de fuentes sobre la conversión está constituido por las mismas Cartas de san Pablo. Él mismo nunca habló detalladamente de este acontecimiento, tal vez porque podía suponer que todos conocían lo esencial de su historia, todos sabían que de perseguidor había sido transformado en apóstol ferviente de Cristo. Eso no había sucedido como fruto de su propia reflexión, sino de un acontecimiento fuerte, de un encuentro con el Resucitado. Sin dar detalles, en muchas ocasiones alude a este hecho importantísimo, es decir, al hecho de que también él es testigo de la resurrección de Jesús, cuya revelación recibió directamente del mismo Jesús, junto con la misión de apóstol. El texto más claro sobre este punto se encuentra en su relato sobre lo que constituye el centro de la historia de la salvación: la muerte y la resurrección de Jesús y las apariciones a los testigos (cf. 1 Co 15). Con palabras de una tradición muy antigua, que también él recibió de la Iglesia de Jerusalén, dice que Jesús murió crucificado, fue sepultado y, tras su resurrección, se apareció primero a Cefas, es decir a Pedro, luego a los Doce, después a quinientos hermanos que en gran parte entonces vivían aún, luego a Santiago y a todos los Apóstoles. Al final de este relato recibido de la tradición añade: “Y por último se me apareció


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también a mí” (1 Co 15, 8). Así da a entender que este es el fundamento de su apostolado y de su nueva vida. Hay también otros textos en los que expresa lo mismo: “Por medio de Jesucristo hemos recibido la gracia del apostolado” (Rm 1, 5); y también: “¿Acaso no he visto a Jesús, Señor nuestro?” (1 Co 9, 1), palabras con las que alude a algo que todos saben. Y, por último, el texto más amplio es el de la carta a los Gálatas: “Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los Apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco” (Ga 1, 15-17). En esta “auto-apología” subraya decididamente que también él es verdadero testigo del Resucitado, que tiene una misión recibida directamente del Resucitado. Así podemos ver que las dos fuentes, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de san Pablo, convergen en un punto fundamental: el Resucitado habló a san Pablo, lo llamó al apostolado, hizo de él un verdadero apóstol, testigo de la Resurrección, con el encargo específico de anunciar el Evangelio a los paganos, al mundo grecorromano. Al mismo tiempo, san Pablo aprendió que, a pesar de su relación inmediata con el Resucitado, debía entrar en la comunión de la Iglesia, debía hacerse bautizar, debía vivir en sintonía con los demás Apóstoles. Sólo en esta comunión con todos podía ser un verdadero apóstol, como escribe explícitamente en la primera carta a los Corintios: “Tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído” (1 Co 15, 11). Sólo existe un anuncio del Resucitado, porque Cristo es uno solo. Como se ve, en todos estos pasajes san Pablo no interpreta nunca este momento como un hecho de conversión. ¿Por qué? Hay muchas hipótesis, pero en mi opinión el motivo es muy evidente. Este viraje de su vida, esta transformación de todo su ser no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o evolución intelectual y moral, sino que llegó desde fuera: no fue fruto de su pensamiento, sino del encuentro con Jesucristo. En este sentido no fue sólo una conversión, una maduración de su “yo”; fue muerte y resurrección para él mismo: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo resucitado. De ninguna otra forma se puede explicar esta renovación de san Pablo. Los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Sólo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender lo que sucedió: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquel que se había revelado y había hablado con él. En este sentido más profundo podemos y debemos hablar de conversión. Este encuentro es una renovación real que cambió todos sus parámetros. Ahora puede decir que lo que para él antes era esencial y fundamental, ahora se ha convertido en “basura”; ya no es “ganancia” sino pérdida, porque ahora cuenta sólo la vida en Cristo.


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Sin embargo no debemos pensar que san Pablo se cerró en un acontecimiento ciego. En realidad sucedió lo contrario, porque Cristo resucitado es la luz de la verdad, la luz de Dios mismo. Ese acontecimiento ensanchó su corazón, lo abrió a todos. En ese momento no perdió cuanto había de bueno y de verdadero en su vida, en su herencia, sino que comprendió de forma nueva la sabiduría, la verdad, la profundidad de la ley y de los profetas, se apropió de ellos de modo nuevo. Al mismo tiempo, su razón se abrió a la sabiduría de los paganos. Al abrirse a Cristo con todo su corazón, se hizo capaz de entablar un diálogo amplio con todos, se hizo capaz de hacerse todo a todos. Así realmente podía ser el Apóstol de los gentiles. En relación con nuestra vida, podemos preguntarnos: ¿Qué quiere decir esto para nosotros? Quiere decir que tampoco para nosotros el cristianismo es una filosofía nueva o una nueva moral. Sólo somos cristianos si nos encontramos con Cristo. Ciertamente no se nos muestra de esa forma irresistible, luminosa, como hizo con san Pablo para convertirlo en Apóstol de todas las gentes. Pero también nosotros podemos encontrarnos con Cristo en la lectura de la sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia. Podemos tocar el corazón de Cristo y sentir que él toca el nuestro. Sólo en esta relación personal con Cristo, sólo en este encuentro con el Resucitado nos convertimos realmente en cristianos. Así se abre nuestra razón, se abre toda la sabiduría de Cristo y toda la riqueza de la verdad. Por tanto oremos al Señor para que nos ilumine, para que nos conceda en nuestro mundo el encuentro con su presencia y para que así nos dé una fe viva, un corazón abierto, una gran caridad con todos, capaz de renovar el mundo.


Homenaje de cariño y gratitud Se cumplen 30 años de la muerte de dos Papas: Pablo VI y Juan Pablo I. Y en octubre, 50 de la muerte de Pío XII. Queremos tributarles un cariñoso homenaje en la Hoja Parroquial.

A) PABLO VI Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini nació en 1897 en Concesio, una población cercana a Brescia, Lombardía, Italia. Fue el segundo de los tres hijos de Giuditta Montini (su apellido de soltera era Alghisi) y del abogado Giorgio Montini, quien también fue director del periódico Il Cittadino di Brescia y diputado al parlamento italiano. Inicia sus estudios teológicos en el seminario diocesano de Brescia en 1916 y recibe su ordenación sacerdotal en la catedral de Brescia el 29 de mayo de 1920. Se graduó en la Pontificia Univaersidad Gregoriana, la Pontificia Academia Eclesiástica y la Universidad Estatal La Sapienza de Roma. Con un destino en la nunciatura en Varsovia, en 1923, inició enseguida una carrera en la diplomacia vaticana (tanto en el exterior como en la curia) que habría de durar más de treinta años. En 1937 el Papa Pío XI lo nombró sustituto de la Secretaría de Estado, llegando a ser la máxima autoridad en este dicasterio cuando el Papa siguiente, Pío XII, reservó para sí la titularidad del mismo. Estrecho colaborador, pues, de Pío XII, éste le nombró arzobispo de Milán el

1 de noviembre de 1954. Juan XXIII lo creó cardenal presbítero del título de Ss. Silvestro e Martino ai Monti el 15 de diciembre de 1958 (ya había renunciado al cardenalato que le ofreció Pío XII en 1952) e incorporándolo a la preparación del Concilio Vaticano II a partir del 11 de octubre de 1962. La temprana muerte del beato Juan XXIII dejó a su sucesor la difícil tarea de llevar adelante el Concilio y aplicar sus innovaciones a la vida de la Iglesia. A los dieciocho días de la muerte del Papa Juan, Montini resultó elegido para esa tarea. Tomó el nombre de Pablo VI y fue coronado papa el 30 de junio de 1963 por el cardenal Alfredo Ottaviani, protodiácono de Santa Maria in Dominica. A él le correspondió la apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II el 29 de septiembre de 1963 y las siguientes sesiones hasta su puesta en marcha a partir del 7 de marzo de 1965. Su pontificado, por tanto, estuvo marcado por la concreción del espíritu del Concilio en la renovación y modernización de la Iglesia y de sus enseñanzas. Reestructuró las instituciones vaticanas, internacionalizó el Sacro Colegio Cardenalicio y redujo el predominio abrumador de los italianos, descentralizó el poder papal para impulsar una mayor colaboración de los fieles en la vida de la Iglesia, viajó por todo el mundo para redoblar la presencia pública de la Iglesia y dio un nuevo impulso al diálogo ecuménico con las restantes confesiones cristianas.


PAPAS DE LA IGLESIA

SANTORAL DE LA SEMANA

(6) El Papa León XIII sería llamado a la casa del Padre Eterno a los casi 94 años, el 20 de julio de 1903. Tras de sí había dejado un valiosísimo legado a sus hijos y a la humanidad entera. Sin duda, su amoroso servicio pastoral ha redundado en inmensos beneficios para la Iglesia de nuestro siglo, frutos de los que podrá cosechar la Iglesia también en los siglos venideros. Verdaderamente, como decía el Señor, uno es el que siembra, otro es el que riega, otro el que cosecha y se beneficia con los frutos... y en los sabios designios del Señor, lo que León XIII sembró, lo que el Señor mismo ha hecho crecer y madurar por la gracia de su Espíritu, eso es lo que hoy recibimos y cosechamos, los frutos de los que nos nutrimos. Su Santidad León XIII, con su firme y valiente defensa del hombre frente a los peligros de las erradas concepciones antropológicas que nutren las ideologías y economías de este siglo, ha hecho sentir muy fuerte en el mundo entero la voz de la Iglesia que sale en defensa de lo que para ella es lo más sagrado: el ser humano y su dignidad, dignidad que le viene de ser hijo de Dios, por quien Cristo en la cruz pagó un precio de Sangre. El “rugido” de León XIII sigue resonando fuerte en el corazón de la Iglesia y en el mundo entero.

Día 22.- Beatos José Aparicio y 232 compañeros Mártires en 1936, víctimas de la Persecución Religiosa Española. Beatificados por Juan Pablo II, el Grande el 11 de marzo de 2001. Día 23.- San Pío de Pietrelcina. Año 1968. Santa Tecla, Mártir. San Lino, Papa, primer sucesor de san Pedro. Día 24.- Nuestra Señora de la Merced. Beatos Pascual Ferrer, sacerdote; José Mª Ferrándis, sacerdote; Encarnación Gil, virgen seglar; José Ramón Ferrangud, padre de familia; todos ellos Mártires en 1936. Día 25.- Nuestra Señora de la Fuencisla. Patrona de Segovia. Día 26.- Santos Médicos Cosme y Damián, Mártires. Patronos de los médicos y farmecéuticos. Siglo III. Beatas Amalia Abad, madre de familia; María del Olvido Noguera, virgen seglar, ambas Mártires en 1936. Día 27.- San Vicente de Paúl, sacerdote fundador de las Hijas de la Caridad. París, año 1660. Beatas Crescencia Valls, virgen seglar; Herminia Martínez, madre de familia; Beato José Fenollar, sacerdote; ambos Mártires en 1936. Día 28.- Domingo. Día del Señor. Santos Lorenzo Ruíz y 14 compañeros Mártires en Nagasaki, año 1633.

Mientras algunos fomentan la cultura de la muerte con leyes favorables al aborto y a la eutanasia, nosotros propagamos la cultura de la vida. El aborto provocado y la eutanasia son dos formas de terrorismo moderno: crímenes contra la humanidad.


Vida parroquial Ayuda a la Colegiata Si no está colaborando todavía en la campaña de autofinanciación de la Iglesia colegial, piénselo. Ya son bastantes las familias que lo están haciendo. A través de banco aportan una couta, la que deciden en conciencia, y la ingresan. También lo pueden hacer echando el donativo al buzón. Este proyecto ha sido aprobado por el Cabildo colegial y por el Consejo Pastoral y el Consejo de Economía. ÉSTE ES EL NÚMERO DE CUENTA BBVA. 0182 – 0563 – 40 – 0201531361

Galería de personajes ilustres de la Iglesia de Xàtiva Donativos: 50 euros. Tenemos ya: 1.774 euros.

Peregrinación a Tierra Santa – agosto 2008

El grupo visitando Petra, Jordania.

Para el Año Paulino: dos películas que nos ayudan a conocer al Apóstol

Pablo de Tarso (DVD) El Apóstol misionero (DVD) Pedidos en la Librería.


Campaña Navidad Ante la campaña laicista, también de cara a la Navidad, nosotros proponemos adornar los balcones y las ventanas con la imagen del Niño Jesús. Porque en Navidad celebramos el nacimiento del Niño Jesús y no otra cosa. Ya tenemos los tapices. Pueden pasar a recogerlos por la Seu o por sant Francesc.

Tierra Santa en la Seu En las librerías de la Seu y de sant Francesc nos hemos preocupado de acercarles artículos religiosos fabricados en madre perla y madera de olivo, en Tierra santa por familias cristianas.

Dos temas importantes para el nuevo curso Liturgia e Historia de la Iglesia, en el curso especial del Instituto de Ciencias Religiosas, los lunes.

San Pablo, el Gran Apóstol, los jueves en Nueva Evangelización

San Jacinto Castañeda Ante la próxima fiesta de san Jacinto del 7 de noviembre, se está realizando una nueva aureola de plata, ya que la anterior estaba totalmente rota y muy deteriorada. También se colocará la Reliquia insigne de san Jacinto que el Padre Vito entregó al Sr. Abad en Roma en octubre de 2007 en el relicario de plata que tenemos. Todo es poco para san Jacinto Castañeda.


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