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A9o*úaM-*: Por A. IGLESIAS

HUETE, 1987


A SANTA QUITERIA Allá por los años cien, poco después de'Cristo y según nos han contado ocurre 1o que ahora digo. u¡:l

En

Lusitania o Galicia,

que ahora Portugal se llama, allá cerca de Coimbra vino aI mwrdo nuestra Santa. De nueve hermanas que fueron todas virgenes y Santas,

e1la fue Ia más pequeña Quiteria que así se lIama. Hijas de padres paganos, Catelio y Casla se lla¡nan quieren deshacerce de ellas para 1o qu€ a Sila llaman. Catelio rey de las tropas paganas, quería tener varone§ y adiestrarles con las &HIl&s. Casia que de esto sable se encontraba avergonzada,

y da órdenes a Sila de que al Miño las echara. Sila, que sin saberlo era santa, no puede echarlas aI aguar' las reparte coÍno ptrede entre familias cristianas. Las educan en Ia fe, Ias enseñan a rezar

manteniendo en su cabecita que a Cristo tienen que amar. Aprenden bien Ia lección pues a Cristo se consagran, primero se hacen cristianas y más tarde fueron Santas.


Cuando

ya se hacen rrujeres

y deciden regresar,

no fueron mal recibidas en eI hogar paternal. Pero Catelio; su padre las impone condiciones teneis que casar, las dice, yo elegiré los varones. A nuestra Santa Quiteria ya le han elegido esposo es capitán es Germano

del ejército, eI poderoso.

0bedeceros no puedo sabed que estoy desposada, yo soy esposa de Cristo antes de venir a casa. No se de que Cristo hablas, a Germano aceptarás

es capitán y guerrero y es esa mi voluntad. que

Oye una voz nuestra Santa al momento la ilunina,

parte de casa la dice y predica la doctrina.

La Santa gue nos ocupa, pasaba por nuestro pueblo que tiene por nombre Huet,e

y

es alcarreño. Aquí se quedó unos días predicando Ia doctrina además

así

como

Ia

anunciara

aquella voz que ell¿ oía. Convirtiendo a los paganos

gue entonces poblaban Huete, enseñándoles a orar y aJ. prójimo respetar. Ya se han convertido muchos, ya no hay más guerras en Huete, aprenden a respetarse aquellas humildes gentes.


¿Quien es aquella mujer que a todrcs ha cautj"vaclo? no comprenden nada de esto pues están anonadados.

Esta mujer tarr hermosa de cara tan virginal abandona Huete erl punto pues se tiene que marchar. Ya ha emprendido su camino, Huete ya se queda atrás, todos se quedan con pena, nadie sabe donde va. Los moradores de fluete ,,stán todos confr¡rdidos pensando en e§ta mujer y de donde habrá venido. ElIa sigue su camino pues no se puede parar, Ia queda mucha tarea que tiene que realiuar. Ha cruzado muchos pueblos, muchos caminos y sendes,

ha llegado a Marjaliza Dios sabe 1o que Ia espera. Enseña a los ignorantes, discute con los más sabios, les enseña la doctrina y les convierte en cristianos. Ya han aprendido a rezar y a quererse como hermanos y alabando a esta mujer algrlros se han bautizado. Entre tanto en Lusitania, algo se estaba tramando, la muerte de mrestra Santa

a la que estaban matando. Catelio, que de Quiteria era Padre, manda llamar a Germano, Ie da ordenes concretas


que ha de cumplir con su mano. Donde quiera que la encuentres como esposa tómal-a y si ella se negara Ia cabeza arráncala. Germano toma una escuadra,

del ejército pagano ha tomado Ia cabeza, lleva Ia espada en Ia

mano.

Ya se ponen en camino nadie sabe donde van, es Germano quien les dice que a Quiteria han de encontrar. Cruzan cerros y montañas, también va1les y cañadas preguntando por Quiteria por donde quiera que pasan. Germano se desespera pero siguen su camino pues sabe que un día u otro Ilegarán a su destino. Cruzan un frondoso val_1e, se divisa una montaña se ve un pueblo pequeñito que Marjaliza se l_lama. Germano se sonreía parece que presentía que allí estaba nuestra Santa a Ia que é1 pretendía. Pero decidido estaba si su amor no conseguía,

a cumplir aquella orden que Catelio le dió un día.

Nuestra Santa tuvo al punto un presentemiento raro, algo malo iba a pasarla era veintidós de Mayo. SaIió como cada día a rezar a la colina,


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se saluda con un hombre que un rebaño conducía. Aquel hombre lamentaba la sequía de aquel año, pues allí no había agua para dar a su rebaño. ¿Qué lamentas tú, buen hombre? le pregunta nuestra Santa nada; estaba yo murmurando que en esta tierra no hay agua. En aquel mismo momento tuvo una corazonada y mirando al valle vió que las tropas avanzaban. Sabiendo las intenciones que aquellos hombres traÍan, le preguntaba aI pastor que donde se escondería. Métete aIIÍ; él la dice señalando un árboI hueco allí se mete la Santa y espera acontecimientos. Yo te prometo buen hombre que si tú no me delatas tendrás agua en abundancia para tí y para tus cabras. AI punto lJ-egan los hombres que conducía Germano, le preguntan por Quiteria éI señala con la mano. No pronuncia una palabra se le ve aterrorizado, se nota que eI nuy cobarde le tiene miedo a Germano. Germano que es capitán y adenás es ui tirano, se dirige al árbol hueco que el pastor ha señalado. Allí sorprende a Quiteria de rodillas y rezando


al Dios de todos los hombres, a quien ella amaba tanto. Oye a su espalda una voz que la llama por su nombre soy Germano eL poderoso soy tu esposo, soy tu hombre.

He recorrido muchas leguas por desposarme contigo, es deseo de tu padre que así me Io ha prometido. Yo no puedo complaceros, sabed que ya estoy casada, he consagrado mi cuerpo, mi corazón y mi alma, al Divino Redentor que Jesucristo se llama. Germano se ha sonrojado, se enfurece, está enojado, ¿quién es eI tal Jesucristo que la esposa le ha quitado?. A1 ver que nada consigue de aquella mujer tan dura,

l}eva Ia

mano

a Ia

espada

blandiendo el arma con furia. Ya no te suplico más, a desposarte he venido, te arrancaré Ia cabeza si aI punto no fo consigo. Nuestra Santa se arrodilla, teza y suplica aI Señor que la lleve junto a E1 y perdone a su agresor. Germano levanta el- arma Ia deja caer con fuerza y de un certero taja Ia cortaba la cabeza. Nuestra Santa se levanta y cogiendo su cabeza que rodaba por e1 suelo da uros pasos temblorosos que Ia conducen aI pueblo.

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Pero no puede l1egar pues sin vida cae al suelo, r¡ros hombres Ia recogen y 1a cubren con un velo La conocen al momento, de Quiteria se trataba, ¿qué ha hecho esta Santa mujer que 1a vida la quitaban?

Cae al suefo la cabeza de aquella Santa mujer, los perros rabian el puntrr y el pastor deja de ver ¿Qué me pasa a mf en los ojos que ciego yo me he quedado) es obra de esa mujer por no cumplir 1o pactado. Este hombre que recrrerda Ia promese que la hiciera, se pone a llorar con pena

Al momento se arrepiente por no cumplir Ia prome'sa que a aquella bella mujer un momento antes Ia hiciera. Santa; que desde la cuna era, hace que vuelvan a ver los ojos de aquel pastor que tan cobarde fue é1 Los perros rque habían rabiado se les curaba la rabia, que están sa¡ros como antes por voluntad de la Santa.

Para ef pastor... que sorpresa cuando aI mirar hacia e] sitio donde Ia cabeza de nuestra querida Santa. Vió que allí y en aque1. sitio estaba brotando agua, entonces y avergonzado

recordaba

la

promesa

calló


que a nuestra Santa Ia hiciera antes de irse hacia el árbol. El, bebe de aquel agua da de beber al rebaño se marcha comiendo al pueblo a deelr lo que ha pasado. Pero... cuando a Marjaliza llega mt¡ds se había quedado, EQ encuentra que a nuestra Santa §eFultura estaban dardo. §l cuerpo de nuestra Santa en le iglesia está enterrado, SU fllma egmo es tan pura

do Ie gloria estd goaando. §e }a reu& una oracién p§r sl t*ene algrnr pecado,

lnvocando aI Redentor que a su diestra l¿ ha sentado. EI entierro ha terminado, tpdos se marchan a casa llevan en eI pensamiento el nembre de aquella Santa. El pastor contaba a gritos Ia verdad de Io ocumido, pero nadie le hace caso

están todos confurdidos. Han pasado algunos días, de la fuente ya se habla

pues el agua que aIIí mana es agua purificada. Cura los males de cuerpo, también cura los del alma, también apaga la sed del peregrino que pasa. De este agua milagrosa de Ia que hay mucho que hablar, hoy está canalizada por si la quieres tomar.


Acuden a. Marjaliza con garrafas y bi.dones, se llevan el agua a casa para cuidar sus riñones. Pero dejamos a un lado los milagros que hace e1 agua y volvamos a1 principio y hablemos de nuestra Santa. ¿Era veintidós de MaYo querida Santa Quiteria cuando un salvaje pagano sin saberlo te hacía reina?. Reinas en mi corazón, reinando estás en eI cielo, de mi barrio eres Ia reina, reinas en eI murdo entero. Cuando llega eI mes de maYo, que ocurre urn vez al año, se preparan los quiterios ya Ilega tu aniversario. Pues eI día veintiuno que es víspera de tu fiesta, llegan aI pueblo las bandas de tambores y cornetas. Les acompaña la música,

la

música

militar

tienen su sede en Toledo en Tofedo la Imperial. Ya ha empezado eI pasacal les

y

galopeando están

todo el barrio de San GiI pues la fiesta va a empezar. Las Corsarias han tocado,

que alegría, que emoción, unos brincan, otros bailan, les sale del corazón. Así pasa todo el día pensando en Santa Quiteria por que ya al día siguiente


y cuando estamos cansados nos marchamos acostar. Entre dianas y bai-l es y entre aquellos buenos ratos, pasa el día veintitrés que da paso aI veinticuatro. Que penita me da a mí, la fiesta ya se termina, algr.utos se desesperan pero me marcho corriendo que hay concierto en la chopera. Y a} terminar eI concierto que interpretan con cariño, cantaremos todos juntos a nuestra Santa su himno. Todos nos vamos a casa, ya comemos en silencio, pues nos queda por bailar eI úItimo galopeo. Ya termina el galopeo,

ya se termina la fiesta, ya nos quedamos llorando a los pies de la chopera. La música se ha marchado también se van las cornetas, y se han llevado con ellos Ia alegría de la fiesta. Pues hasta eI año que viene que ya queda un día menos y secaos ya los ojos que no es bueno que lloremos. Santa Quiteria bendita a Tí yo te estoy hablando conserva nuestra salud te 1o pido por mi barrio. Aquí yo ya me despido, os digo... hasta pronto amigos pues quiterio yo nací y para eI año que viene espero veros a todos en l¿ ermita de San Gil. l2


PT.H}ANIA

A

SAI{TA QUITMIA

Perdona Santa Quiteria

si distraigo tu atención lo que tengo que decirte me sale del corazón. a

Como

penas

vesr soy muy pequeña

llego a tu altar

por eso Santa Quiteria

mucho tengo que

gritar.

Y ahí va con toda mi alma pues no me puedo aguantar. mar la espuma de la sierra eres la nieve le §an GiI la reina eres y ni pobre corazón está preso entre tus redes. Tu eres de

Ia

Cual pescadito pequeño que apenas sabe nadar o ese gorrión chiquitito que se ha caído del nido porque no sabe volar. Así iré yo por Ia vida si de tu nano me dejas, como oveja descarriada que del rebaño se aleja. Por eso te pido a Tí que de pastores entiendes, que no dejes de Ia mano a los que tanto te quieren. Te Io pido por los niños y también por los mayores y en nombre propio te pido que nurca nos abandones. Yo quisiera tener alas

y subir a tu

regazo T3


decirte 1o que te quiero y estar sentada en tus brazos. Y besarte las mejillas y ante tus pies de rodillas estaría noche y día, de día porque te miro, de noche sueño contigo,

y donde quiera que voy tu recuerdo va conmigo

de noche estás en mi lecho

y yo soñando contigo, y al amanecer el alba

:

en un rincón de mi alcoba, rriras y me sonrie s, yo me pongo sonrojada y azorada yo me quedo. ¿Puede ser Santa Quiteria eI amor que yo te tengo? desde pequeñita yo y antes de aprender a andar, pienso yo que ya en la cuna me enseñaban a rezar me

y a cantar tus alabanzas y a pregonar tus virtr.des. y a gritar a pecho abierto que eres de San Gil las lucst"

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Luces que a mí me iluminan y a todos con su destello nos alumbran eI camino que nos llevará Señora a estar contigo en el cielo. Perdona Santa Quiteria si lo tengo que dejar pues cuando estoy terminando a penas si empiezo a hablar, no te he dicho casi nada todo se me queü aquí,

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metido dentro del pecho, cuanta pena me da a mí.

Así Señora Quiteria hasta Ia proxima vez que como siempre estaré de rodillas a tus pies.

¡Viva Santa Quiterial reina de mi corazón eres la fuente que mana

eI

agua que bebo yó

¡Viva el barrio de San Gill Ia tierra donde nací barrio aI que yo quiero tanto

donde yo quiero morir.

¡Viva Ia angéIica españoIa!

o portugue sa y si tu quieres gallega de Io que si estoy seguro es que del cielo eres reina. española

¡Viva esa pura doncella!

Ia pureza es u1 brebaje del que yo quiero beber,

dame un poquito Quiteria que como Tú quiero ser.

¡Viva Ia reina de Ia humanidad! que reinando está en el cielo, en mi- barrio de San GiI y debajo de mi pecho. ¡Viva ese jardín floridol de1 que yo tengo una flor, la llevo siempre prendida cerca de mi corazón. 15


¡Viva la blanca paloma!

símbolo que es de la paz que no se maten los hombres que venimos a rogar.

¡Viva Ia reina del cielo!

que en su linda cabeci ta Ileva puesta la corona que este títu1o acredita.

¡Viva esa mujer fuerte! que no se dejó yencer enseñando a 1os humanos a su honra defender. ¡Viva la hija de Casia poco pues tan mala que al río Ia

de Casia! hay que hablar madre fue quiso echar.

¡Viva la hija de Catelio! que más que padre, canalla, ya que ordenaba a Germano que Ia vida 1a quitara. ¡Viva esa estrella brillantel que como estrella fugaz has caído aquí en mi pecho

y no te

puedo arrancar.

¡Viva Ia reina de los ángelesl que reinando siempre estás por la noche o biert de día reinas en mi voluntad. ¡Viva la vencedora españoIa! que venció a sus asesinos que a pesar de degollarla ellos fueron los vencidos. t6


¡Viva la flor que nunca se marchita! con las }ágrimas que lloran los quiterios al rezar, la regamos cada dla no se puede marchitar. ¡Viva la virgen y nártirl virgen porque asÍ nació mártir Io fue por amor enseñando aI mt¡ndo entero como se ama aI Redentor. ¡Viva la rosa de Jericól

blanca

y

pura

cual ¿zucena silvestre,

embrlágame con tu arom& pues quiero tener tu suerte.

¡Viva nuestra quorida Santal querida no es Ia palabra y es que yo la quiero tanto que no me atrevo a decir lo que ahora estoy pensando. ¡Viva los Quiterios de corazón! y Ios que viene de fuera y tantos y tanto§ otro§ que la ven por vez primera. Que cuando se van de Huete al volver Ia vista atrás, con lágri¡nas en los ojos no se c¿Lnsan de gritar. §anta Quiteria bendita de que brebaje me has dado que mi pobre corazón tan pronto Tú has cautivado. Si alguna vez vuelvo a Huete

te prometo santa mía que iré corriendo a tu ermita a ürte los buenos días.

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HIilTO A STTTA QUITMIA

En

Castill¿ Ia

manchega

en Cuenca concretamente está enclavado mi pueblo

y tiene por nombre

Huete

En mi barrio de San Gil aIIí nací y me crié, tiene su trono Quiteria que virgen y mártir fue. En este barrio Quiteria, siempre te seremob fieles,

aprendimos desde niños

a degustar de tus mieles. Tienes tu trono paloma en Ia ermita de San Gil,

donde desde pequeñito

a gritos quiero decir.

ESTRIBILLO

SoI que ih¡mina mi vida, eres lucero deL albar pétalo de rosa fina, manantial de pura agua. Postrados ante tus plantas, Ios de San Gil te pedilrcs, que traigas la paz aI mundo, parra bien de nuestro hijos. Tu serás Ia que me guíe

si tuviera que marcharme, a donde quiera {lue vaya nl¡nca yo podré olvidarte.

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El día que yo regrese a mi barrio de San GiI, te diré

Santa Quiteria (Uis¡ cuanto me acordaba yo de tí.

2A

LETRA

Tu viniste de Galicia y pasaste por mi pueblo camino Santa Quiteria de los montes de Toledo. Donde

fuiste

del,atada

por aquel pastor cobarde, a los que te perseguían por mandato de tu padre. Aquellos que te seguían y Ia vida te quitaron fue por orden de tu padre

y el asesino germano. La vida diste Quiteria, por amor y con gran fe, en aquel mismo momento

por reina yo te

tomé.

AI estribillo Para

fin.

Quiteria la de San GiI.

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