Page 1


Número Doce. Noviembre 2011

04 Tema del mes Luis García Berlanga 14 Perfil Medina Galeote 16 Cine ‘La naranja mecánica’ 20 Escenas 'El castigo sin venganza’ 24 Televisión ‘A dos metros bajo tierra’ 28 Música ‘Achtung Baby!’ 32 Literatura ‘La colmena’ 36 Arte Alberto Giacometti 40 Histo ria Abraham Lincoln 42 Viajes Cambridge 44 El Cierre Edición) Asociación Think Again Dirección de contacto) manualdeusocultural@gmail.com Redacción) Miguel Pradas, Jesús Peña, Sergio Sánchez Diseño) Sergio Sánchez (behance.net/diecinueve) Colaboradores) Emilio Perianes, Miguel Blasco, Juan Gabriel Pelegrina, Carmen Alcaraz, Antonio Gómez Hueso, Ruth de Frutos, David Dueñas, Nacho Gutiérrez, María Sánchez, Laurent Wauquier, Nacho Sánchez, Inmaculada Sánchez, Rocío Yuste, Isabel Bono, Marietta Gedda, Manuel España, Alejandro Díaz, Sergio Contreras, Irene Urbano, Susana Hermoso-Espinosa, Sara G. Cortijo, Marta Díaz Teléfonos) M. Pradas (650.963.622), S. Sánchez (651.141.293), J. Peña (645.623.693) Depósito Legal) MA 3069-2009 ISSN) 2171-3979 Manual de Uso Cultural es una publicación gratuita de la asociación Think Again. No se hace responsable de la opinión de sus colaboradores. Prohibida la reproducción total o parcial de sus contenidos.


España, más allá de la trinchera

POR MARIETTA GEDDA.

Como 'La Vaquilla' es una película histórica colmada de grandes interpretaciones y escenas memorables que se desarrollan en un clima irónico que la hacen encantadora, hago el ejercicio de abstraerme y traer a mi mente lo que el espectador percibe al verla: la ironía de abandonar la vaquilla a los buitres en la escena final, a pesar del hambre. Dos toreros, uno franquista y otro republicano, que comparten una historia común y que deben enfrentarse para definir quién se adjudica el trofeo vacuno, mientras conversan sobre un antiguo amigo torero al que «mató el hambre», ven morir al pobre animal en manos del destino, muerte que los exime de hacer gala de su talento y de superar la proeza que los convoca. Esta escena refuerza de manera metafórica que la identidad española trasciende los paradigmas políticos y que llegan a su extremo al encarnarse en una guerra civil que enfrenta a ciudadanos que se conocen desde siempre, y que hace patente lo absurdo de la guerra al punto de sacarnos

carcajadas. El grupo de republicanos infiltrados en 'territorio franquista' demuestran en cada paso que dan por el animado pueblo que son todo lo contrario a un extraño en tierras desconocidas y que son, sobre todo, miembros de una misma patria: el teniente que por azar llega a una barbería y se ve enfrentado a afeitar a una 'autoridad militar enemiga' se emociona al recordar que el también fue barbero, y se entrega a la tarea con entereza, abstrayéndose por un instante de su papel de 'teniente enemigo'; o el mencionado torero republicano –que de los infiltrados era el encargado de matar a la vaquilla antes de la corrida– es aclamado por el pueblo y las autoridades por haber toreado con éxito en la fiesta popular. Su felicidad traspasa toda contingencia bélica, la misión de guerra queda entre paréntesis y obnubilado por el encanto de una señorita que lucía un bello vestido se pierde en el baile que no tendría al volver a su trinchera, ni la mujer, ni la vaquilla, ni la gloria de ser el torero estrella.

LA COPLA Y LA TRAMPA

POR INMACULADA SÁNCHEZ.

Abril de 1953: en la pantalla del cine Callao de Madrid, se ve a Lolita Sevilla avanzar por las calles del imaginario pueblo castellano de Villar del Río. La joven, que interpreta a la cantante Carmen Vargas, va junto a dos de los actores más famosos de la época, Manolo Morán, que encarna a su representante, y Pepe Isbert, el alcalde del pueblo. El grupo es grande, porque, además de la banda de música que lo encabeza, a «Afortunadamente, los los personajes censores no supieron principales los apreciar su ironía» siguen hombres, mujeres y niños, los supuestos habitantes del pueblo en el que se sitúa la acción. Con la folclórica como voz solista, ataviados con trajes andaluces, todos interpretan 'La coplilla de las divisas', que ha quedado en la memoria como 'Americanos'. Hasta ahí no hay nada anormal, en una década en la que

las películas folclóricas conseguían grandes éxitos en las salas de cine españolas. '¡Bienvenido Mr. Marshall!', al que pertenece ese fragmento que vieron los espectadores sentados en el patio de butacas del cine madrileño, es el segundo de los títulos de Luis García Berlanga. Aunque se le imponen algunos cortes, la película es considerada, incluso, de 'interés nacional'. Afortu-

nadamente, los censores no supieron apreciar la ironía de esta fábula tremenda en la que Villar del Río se convierte en reflejo de las circunstancias españolas. Sin obtener ningún resultado, porque los supuestos benefactores pasan de largo, los habitantes de Villar del Río se empeñan en convertirlo en un pueblo andaluz para que los americanos se sientan halagados y los incluyan en el 'Plan Marshall' de ayuda a Europa al que alude el título. Poco después del estreno, España firmará acuerdos económicos y militares con los Estados Unidos a cambio de escasas concesiones estadounidenses, y a pesar de haber sido excluida del famoso plan. El paralelismo parece claro. La carga crítica que Berlanga y sus coguionistas supieron imprimir en '¡Bienvenido Mr. Marshall!', también. Las apariencias, y los musicales folclóricos, pueden engañar, ¿no les parece?.


Tema delmes

06

BERLANGA Patrimonio nacional

Este mes se cumple un año de la muerte de Luis García Berlanga (Valencia, 1921 – Madrid, 13 de noviembre de 2010), ese provocador nato, de crítica deslizante, que bien ennegrecía cielos provincianos que amanecían engañosamente luminosos ('¡Bienvenido Mr. Marshall!', 'Plácido', 'Los jueves, milagro'), como arrojaba sombras a la maquinaria laberíntica de una alta sociedad de amantes y esposas traicionadas, de ricos de nuevo cuño, de políticos que se codean con la nobleza, de profesionales liberales que se sumergen en la modernidad de Europa ('Patrimonio nacional', 'Tamaño natural'). Berlanga, junto a Rafael Azcona (pareja inseparable en los guiones del cineasta valenciano desde los 60 hasta finales de los 80), operaba a ras de suelo, siempre echando mano de algún Cassen (el protagonista de 'Plácido', tan profundamente espontáneo) para

realzar lo que cuenta. Se puede decir que ambos siempre habían «viajado en autobús» para imbuirse de lo cotidiano, si hacemos caso a esa famosa frase de Azcona en la que criticaba la falta de imaginación en el cine español por no estar apegado a la realidad. En 1973, ambos producen 'Tamaño natural', estación rarísima en el recorrido berlanguiano. Con el carácter de las colaboraciones que Azcona empezó a alumbrar con el director italiano Marco Ferreri a mediados de los 60, 'Tamaño natural' se desarrolla de manera obsesiva, asfixiante, brumosa, atrapada entre cuatro paredes para que el protagonista mantenga su posesión más preciada, una muñeca hinchable. Contiene la esencia que emanó siempre de la sociedad de Ferreri y Azcona: por momentos, el hedor de lo macabro de 'La gran comilona' (1973), donde cuatro

amigos (cuatro grandes: Michel Piccoli, Ugo Tognazzi, Philippe Noiret, Marcello Mastroianni) se entregan a un festín de comida y prostitutas para flirtear con el suicidio; pero también el aroma floreciente y romántico de 'La última mujer' (1976), con Gerard Depardieu y su amante accidental; sin olvidar el acidulado perfume de lo extravagante que sobrevuela, por ejemplo, 'Adiós al macho' (1977), relato de un joven que adopta a una cría de chimpancé tras sufrir el maltrato de un grupo de actrices. Berlanga acoge esos tres componentes en 'Tamaño natural' para contar la historia de un dentista parisino (Michel Piccoli), con esposa, amante y engordada cuenta corriente, que se embarca en una espiral de introspección y decadencia. La primera escena ya deja entrever la atmósfera de obsesión y creciente nerviosismo que acompañará al prota-

gonista: Piccoli espera con insistencia la entrega en correos de la enorme caja que contiene la muñeca, se acerca al operario que la descarga y amaga con abrazar el envoltorio, acaricia el cartón desde la ventanilla de aduanas. La lleva a su consulta y, todavía en penumbra, abre el paquete tras haber escogido con cuidado el mejor instrumento para hacerlo. Por fin es suya, enciende la luz, sonríe y le palpa los labios jugosos. En cinco minutos, Berlanga esboza la irresisitible perdición a la que se verá abocado su personaje. Profundo hedonismo, el disfrute a cambio de todo, qué es la vida sin el desahogo de un deseo, puro hastío. Cautivadora es esa negrura que lo absorbe, desde los ingenuos preliminares hasta su conversión en amante 'real'. Las parejas al uso, siempre con esos picos de incomprensión, quedan en el olvido. Aquí repunta el aislamiento, con esa pareja de goma que no lleva la contraria, que no se queja al hacer el amor embadurnada de arena. Pero todo era 'real', aunque ella nunca respondiera: nueve millones de pesetas costó hacer la muñeca. «El presidente de la Paramount, que la producía, dijo: ¡Coño, con ese dinero por qué no contratan a Brigitte Bardot y que se esté quieta durante toda la película!», recordaba el cineasta en 'El País'. Piccoli es todo nervio: la ducha, la viste y la protege de la lascivia de Manuel Alexandre. Quería el idilio perfecto: qué más da el resto si se tuvo siempre la soledad como destino. | Miguel Pradas | Pieza gráfica: Irene Urbano


08 'Plácido': ponga un pobre en su mesa «El humor negro es un tipo de humor que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra perspectiva, piedad, terror, lástima o emociones parecidas» (DRAE). Castro Sendra –Cassen– aceptó la condición de 'no actuar', de comportarse ante la cámara como era en realidad. Y seguro que, al firmar, murmuraría aquello de «No te…, como si yo pudiera hacer otra cosa». Es el único personaje real – Zavattini y su ladrón de bicicletas, mediante– de la película. El único con quien puede identificarse el espectador, en su odisea de veinticuatro horas, donde la Ítaca homérica se convierte en la letra del motocarro que hay que pagar antes de la medianoche del 24 de diciembre. Su historia es tan cercana a la nuestra, tan verosímil, que la damos por válida para mantener el macguffin hasta el final. Sólo que, desde el principio, se encuentra rodeado por un mundo absolutamente esperpéntico, por un compendio de personajes que son un acertado retrato, cruel y a la vez cómico, de la sociedad española de postguerra, y puede que de la de ahora mismo. Esa es la grandeza de los genios, su intemporalidad. Y si Goya ya había hecho merecedores a sus caprichos, de su adscripción a eso que llamamos 'humor negro'; no es hasta que Berlanga rueda 'Plácido' en 1951, cuando ese concepto toma su auténtico significado. 'Ponga un pobre en su mesa' era el

título de la campaña navideña, organizada por los medios de comunicación de la época, en la que veríamos las caritativas fuerzas vivas –y otras no tanto– del lugar, compitiendo entre sí por llevar a su casa durante unas horas a un desgraciado (sic) para que compartiese la comida familiar. Aparentando una generosidad inexistente, en una competición dirigida a demostrar unas virtudes, cuya ausencia será puesta en continua y cómica evidencia. El cinismo, la desvergüenza, el despropósito, el racismo implícito en los diálogos de los pudientes es tan impresionante que, el resto era previsible. El sarcasmo, el veneno, la gracia mediterránea y toda la tradición teatral de la tragicomedia patria puestos al servicio de Azcona y de Berlanga. Una comedia costumbrista que, a pesar de eliminar cualquier referencia que pudiese resultar hostil para los tabúes censoriles de siempre, se convierte en un ataque tan feroz como sutil, tan mordaz como subversivo, a las convenciones morales de entonces y de ahora. Nominada al Oscar a la Mejor película de lengua no inglesa, la felicitación desde El Pardo le llegó mediante una frase lapidaria y ya histórica: «Es un buen director y un mal español». Mientras, José Luis, que siempre fue un anarquista de derechas, intentaba explicarle a Bergman, ganador aquel año, cómo había podido hacer aquellos prodigiosos planos secuencia, sin ape-

nas dinero, con algo tan sencillo como un buen guión y un puñado de actores –los suyos– de excepción. Uno vuelve a verla y vuelve a sentirse identificado con sus personajes, las víctimas de la campaña 'Ponga un pobre en su mesa', con el pobre que come bien por un día, en mesa ajena. Sólo que, llevaba tanto tiempo convencido de que no hay pobres, de que la justicia social había relegado a la compasión forzada, a la falsa caridad provinciana al baúl de los recuerdos; que las instituciones públicas son de todos y que jamás, bajo ningún concepto iban a despilfarrar en champán francés, pagado con dinero de los prestamistas, el dinero que vamos a necesitar mañana mismo para dar de comer, por justicia y no por caridad, a los que hemos firmado, sin saberlo la letra impagable del humilde motocarro de Plácido, que se me atraganta la Navidad.Tanto tiempo equivocado que, como la Concheta, que fue viuda antes que esposa, me veo escupiendo las peladillas, robadas por otros de la cesta, y que mi dentadura no acierta a negociar. Por cierto, a las campañas caritativas de hoy, las llamamos ONGs. Lástima que no tengamos a mano ninguna palmera. Se las llevó por delante el picudo rojo. «Nos llamaban las dos palmeras porque éramos lo único que había en el desierto del cine español» (Berlanga habla sobre Bardem). «Y el mes que viene, otra vez el mismo fregao» (Plácido). | Emilio Perianes | Pieza gráfica: Rocío Yuste


10 'Calabuch', la sabiduría de lo sencillo La trama comienza con el científico americano Hamilton, Jorge para los amigos, paseando en solitario por la playa de Peñíscola. En la escena final contempla una vista aérea del pueblo y asiste al despegue de su «último cohete», en palabras propias, con las que concluye 'Calabuch' (1956), de Luis García Ber Berlanga. Entre esos dos momentos, Jorge experimenta con asombro un modo nuevo de encarar la vida, con sencillez, hermandad y generosidad. Es la lección que va a recibir de una pequeña e idílica comunidad mediterránea, en donde llega huyendo y aturdido por su papel de sabio atómico. Ya en el helicóptero, cuando lo encuentran, toma la decisión de dejar definitivamente sus investigaciones nucleares, una vez que ha comprobado que sirven para propósitos belicistas. 'Calabuch' es una fábula con la que Berlanga sienta las bases de lo que sería su cine: sátira del militarismo, ridiculización de los poderes políticos y religiosos, protagonismo colectivo, visión crítica de los privilegiados sociales, denuncia de la hipocresía y doble moralidad, siempre con humor negro y esperpéntico…; todo plasmado sutil y amablemente, ya que la férrea censura del régimen no permitía más. La realidad que presenta el utópico enclave marinero no es, por supuesto, representativa de la vida de un pueblo de aquella dura época de posguerra, pero sí sus personajes son arquetipos fácilmente identificables

(alcalde, guardia civil, sacerdote, maestra…). Berlanga los dota de cualidades bondadosas que se imponen al oficio más o menos represor de cada uno. 'Calabuch' no representa la realidad, sino la utopía, pero es fácilmente creíble debido a los ricos mensajes subliminales y al impresionante documento costumbrista gráfico que expone: el modo de vida de un pueblo mísero, cuyo único recurso es la pesca y el contrabando, las penurias económicas de sus habitantes, la pobreza del ambiente, la necesidad de la solidaridad para vivir, la importancia de las fiestas (boda, corrida, feria, cine), único modo de celebrar la alegría colectiva, la rudimentaria tecnología… Recorremos en blanco y negro las calles de un pueblo del siglo pasado cuya transformación ha sido tal que hoy es casi irreconocible: la costa no está despoblada, sino saturada de hoteles y urbanizaciones; el castillo, restaurado y ocupado por los turistas; las plazas, llenas de terrazas y restaurantes; las calles, pobladas de tiendas de souvenirs. La película es un valioso testimonio gráfico de cómo la especulación urbanística costera ha ahogado a pequeños enclaves como Peñíscola. Estamos ante una comedia excelentemente realizada y con un guión preciso e ingenioso, inspirado en el Neorrealismo italiano (fue una coproducción con aquel país). Los actores están soberbios: Edmund Gwenn, el protagonista, realiza uno de sus mejores papeles de su larga carrera. Precisamente fue el último,

pues murió poco tiempo después. Hay dos grandes italianos: Franco Fabrizi y Valentina Cortese, ambos de lo mejor de aquella cinematografía; y un elenco de actores españoles inolvidables: Juan Calvo, José Luis Ozores, Pepe Isbert, Manuel Alexandre, etc. La película fue premiada en el Festival de Venecia y constituyó el reconocimiento internacional definitivo a Luis García Berlanga. Pero, además, 'Calabuch' es una cárcel sin llave, en donde se entra y se sale al antojo, un niño que orina sobre cañones de guerra, un sabio que va a la escuela y comprueba cómo un paleto de pueblo resuelve un problema con los dedos antes de que él lo haga con ecuaciones, un cura tramposo, un torero de sentimiento paterno filial con el toro, una corrida en la que todos participan menos el torero, un caótico ejército romano como tropa de la Guardia Civil, unos vecinos con sus palos frente a la armada norteamericana, un contrabandista que ama a la hija de un guardia civil, un farero haciendo cálculos siderales, un científico nuclear que inventa un cohete de feria y… ¡mucho más! La enseñanza vital de 'Calabuch' nunca pasa de moda: exaltación de la sencillez, de lo puro y natural, apuesta por un mundo en paz, desmitificación de los poderes, adaptándolos al servicio de la comunidad, apuesta por la ayuda y la comprensión, son valores que necesitamos hoy más que nunca en este mundo artificioso y egoísta. Un clásico de nuestro cine. | Antonio Gómez Hueso | Pieza gráfica: Laurent Wauquier


12 'El verdugo' o morir en cama propia Luis García Berlanga dirigió esta película en el año 1963, contando en el reparto con José Isbert, Nino Manfredi y Emma Penella. Está basada en una historia real de la época, afinada por el tamiz tragicómico que tan bien manejaban como guionistas Berlanga, Azcona y Flaiano. 'El verdugo' es una película que constantemente nos pedirá calma, a través de Amadeo (José Isbert) en su papel de verdugo experimentado. Pero en el fondo sabemos que existe una realidad mucho más patética, agitada y presente, para la cual no hay atenuante ni calma que sirva. Y a pesar de que no se pueda destruir la cadena de acontecimientos, la película funciona a pequeños pasos, cada uno con su propia calma infundida por algún personaje en el momento de tensión para que los demás puedan continuar un poco más de tiempo, posponiendo y asumiendo también, sus quehaceres. Existe, además, otra forma de sobrellevar y cargarse toda esa angustia a las espaldas para continuar el «La película funciona a camino. Es ésta pequeños pasos, cada uno con su propia calma» una forma antigua: a través de las sencillas melodías que aparecerán a lo largo de la película y que intentarán quebrar los ecos de las cárceles y las discusiones de los personajes. Estas músicas serán pocas, pero precisamente por ello más necesarias. Conmueve sentir quejíos flamencos

en las primeras escenas de la película, dentro de la prisión. Desde lejos, ahogado por los huecos de las rejas, alguien se lamenta de su suerte, y mientras en escena vemos cómo el patio de la cárcel va quedándose vacío, continúa la letanía. Esa escena, y en realidad la película entera, con sus encadenamiento de acontecimientos trágicos, recuerda aquella toná carcelera que decía: «Veinticinco calabozos / tiene la cárcel de Utrera / veinticuatro llevo andaos / y el más oscuro me queda…». La música volverá tímida en una sencilla escena en la que a Nino Manfredi en el papel de José Luis y a Carmen (Emma Penella) les quitan la música mientras bailan juntos. Entonces él comenzará a silbar para poder seguir con el baile. Un arreglo rápido para que continúe la vida. Entre la música y la calma se conforma esta película que nos quiere encerrar a todos en la piel del deber, en el buen cumplir, en el alguien lo tendrá que hacer. Amadeo es, para ello, el personaje práctico, el ejecutor y pregonero del oficio, al que todos acompañan en su afán de enseñar a José Luis la tradición familiar. Pero José Luis solo piensa en un país lejano, una tierra prometida, un éxodo, quizás más interior que exterior: Alemania. Con cierto interés ascético, anhelará desprenderse de las cargas que al mismo tiempo el se va dejando poner. Frente a la justicia que impone senten-

cias de muerte, él expresará de una forma humilde sus pensamientos: «Yo creo que la gente debe morir en su cama, ¿no?». Y entre todo esto pasan los 87 minutos de película esperando el indulto. El indulto es en la película algo que si existe, nadie puede ver. No hay forma de descargarse del crimen cometido. El indulto sirve, pues, para esperar, para soñar, para que tenga sentido todo el sufrimiento acumulado mientras llega. 'El verdugo' es un firme alegato en contra de la pena de muerte. Pero, por encima de ello, es un alegato en contra de la vida absurda, aquella vida que acometemos sin querer y que se va apoderando rápidamente de todo el tiempo que nos queda por delante. Y al final, la escena de la gran sala blanca para la que, según cuenta Berlanga, construyó toda la película. Es el único espacio vacío en todo el metraje, en contraste con las atmósferas cargadas de objetos, personajes y situaciones del resto de la película. Esta sala de suelo mojado se nos muestra como la última aberración oficial: por ella, y en contra de su voluntad, deberá cruzar el próximo verdugo. Recuerdo de nuevo la carcelera «Veinticinco calabozos / tiene la cárcel de Utrera / veinticuatro llevo andaos / y el más oscuro me queda…». Es una pena que cantaban los presos desesperados. José Luis, a pesar de ser verdugo, irá también por el veinticuatro. El más oscuro le queda. | Juan Gabriel Pelegrina | Pieza gráfica: Sergio Sánchez


14 Elperfil

15

El lEnGUajE dE mEdina GalEOtE

pOr nachO sánchEZ.

Trazo a trazo, el artista va ganando su batalla. Línea a línea, camina hacia la dirección que tiene en su cabeza. En su interior, él sabe dónde va; pero desde fuera hay un momento en el que nada parece tener sentido, que camina hacia ninguna parte. Luego todo cambia: la obra surge, se completa, se entiende. Se disfruta. Su mente no deja de maquinar. La guerra está ganada. Y, en una esquina, queda la huella de quien una vez pasó por allí: JMG. Lo de la firma es lo de menos. El trabajo detrás de esas iniciales es el de un José Medina Galeote cada vez más reconocible, más personal, más suyo. Pero en el que, lejos de estancarse, el artista antequerano –aunque nacido en Gerona– sigue evolucionando. Y toma su arma, un pincel, un rotulador, un lápiz. Y vuelve a disparar interviniendo espacios en los que se mimetiza, en los que sus trazos lo inundan todo. Horas y horas frente a una gran pared en blanco con un arsenal de rotuladores

acrílicos en el bolsillo. Lo hizo hace unos meses en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga –con su trabajo titulado 'Artista Invisible Dispara', donde intervino en 280 metros cuadrados– y lo acaba de hacer hace unos días en un espacio tan singular como la Polígono Gallery de Marbella –con un nombre tan simbólico como claro: 'En mi hambre mando yo'–. Mientras, una parte de su trabajo, cuadros, dibujos y libretas se muestras hasta mediados de noviembre en la malagueña Galería JM, donde elude el conflicto: Quiero que esta guerra sea más pacífica. 2011 está siendo un año de gran intensidad para Medina Galeote, que también ha empezado a dirigir el Centro Unicaja de Cultura (CUC) antequerano. Pero 2010 tampoco se quedó atrás, entre otras historias por su exposición en el Museo de Huelva ('El año de Belem') o el original proyecto 'Studio #10', en el que trasladó todo su estudio –libro a libro, pincel a pincel,

lienzo a lienzo– al interior de la Real Colegiata de Santa María, en Antequera. Es en esta ciudad donde, alejado del ruido y de la presión, prefiere haber mutado en artista periférico. «Estar aquí es trabajar con más tranquilidad, aunque en detrimento de la visibilidad de allí. Pero estoy convencido de que también así se pueden provocar ruidos, que provienen de un trabajo realizado desde la calidad, independientemente del lugar en donde éste sea concebido», asegura. Es entre las paredes de su precioso estudio y la gran cristalera que le da luz natural donde ha ido afinando esos trazos, horas y horas de silencio en las que ha conseguido convertirlos en palabras de su propio idioma. Fue con su trabajo 'I am bored', en 2006, donde empezó a atisbar su lenguaje y es ahora donde ha puesto las reglas a la gramática, la ortografía y los acentos de sus líneas. «Todo es trabajo en progresión. Cuando quieres darte cuenta, manejas un lenguaje al que le has dedicado muchas horas para construirlo y darle forma», explica Medina Galeote, que sigue añadiendo, quitando y haciendo evolucionar su obra: «El trazo está tan vivo como nuestra lengua». Dice que no sabe si fue él el que encontró al arte o el arte el que le encontró a él. «El caso es que desde hace unos años está alojado en mi vida y, por ahora, tiene intención de quedarse», asegura. Pronto llegarán nuevos proyectos. Nuevos trazos. Nuevas batallas. Que sean muchas más.


Cine

16

una CarTa MeCÁnICa (La naranja 40 años después) «…una tremenda sensación de que se están riendo de nosotros, de muchos de nosotros. Es una carcajada que viene de arriba y que tras el cariz alegre de la risa, esconde un pisotazo». Anthony Burgess. ¡Qué radosto tan grande cuando Miguel Pradas y los drugos de Manual me pidieron que les escribiera esta carta para celebrar el cuarenta aniversario de 'La naranja mecánica', cokotchka película del starrio Kubrick! Y qué yarboclos tan bolches los del brato Kubrick, qué dobo estuvo adaptando la novela de Burgess y qué actual y qué necesario es volver

a videarla en estos días en los que el ambiente social suele amanecer bien schubo. Porque, uchasña coincidencia, ¿quién es el único triunfador de 'La naranja mecánica'? Sin duda, el poder político; representado en ese porovno ministro oportunista que manipula a Alex a su antojo, ahora le aplica la técnica Ludovico, ahora se hace una foto con él y lo invita a volver a ser 'normal'. Poder político pendiente de la opinión pública, de las encuestas, poder político corrupto y desalmado que no tiene en consideración ningún tipo de ética. Un pequeño inciso sobre la gloriosa técnica Ludovico: ¿acaso no


18

19 es el mismo método conductista por el que la televisión nos tiene a todos bien idiotizados? Spruvno opio del pueblo (junto al mete-goles). Con una diferencia: en lugar de crear aversión, se crea adicción, fascinación, llegando a la paradoja de que cuanto más idiota es un programa, cuanto más malekva y tolonka es una serie, más nos gusta. Nadie nos retiene con agujas de firro en los ojos, no nos dan drogas ni leche con vellocet para estimularnos, pero ahí estamos, tan enganchados a unas imágenes nefastas y dorovkas como mi gran-gran primo, el tirrio Alex. Otro apunte: ¿quiénes se convierten tranquilamente en los esbirros de este poder político? ¿Quiénes se meten a militsos, limpiando su expediente de violencia y dando rienda suelta a sus impulsos en el 'lado bueno' de la ley? Los drugos de Alex, ni más ni menos. No es difícil imaginarse a Georgie, a Pete o al Lerdo tras esos cascos cobardes y esas ropas sin placa identificativa que se usan hoy en día para cracar a ciudadanos, debochcos «Acusaron al 'starrio' y debochcas que se Stanley Kubrick de manifiestan preciestetizar la violencia» samente en contra de un poder político tan ponzoñoso como el que propone 'La Naranja'. Pero bueno, no nos pongamos meletcos y hablemos del gran svuco que se armó el día de su estreno. Acusaron al starrio Kubrick de estetizar la violencia y una sarta de rascasos

más. Los crichidos de los moralistas bolnoyos de siempre que no querían o no podían comprender la profunda capacidad visionaria del paisaje moral en ruinas tan «Los moralistas no real que nos comprendieron su proponen capacidad visionaria» Kubrick y Burgess. Esa capacidad visionaria se origina a partir de uno de los grandes aciertos de la película: su dirección artística, cuidada hasta el más duco de sus detalles, hasta el atrezzo más tastuco de todas sus localizaciones. Una dirección artística que sin necesidad de coches voladores ni artificios virtuales nos transporta a un futuro que podría ser. Un futuro donde no existe la bondad ni la piedad y Bogo hace mucho tiempo que murió. ¿Y no caminamos ya todos joroschos y de la mano al son de la gloriosa novena sinfonía del gran-gran Ludwig Van hacia un futuro si no así, mucho peor? Pudimos ver un asomo este verano en Londres. No era Berlin, escenario donde se rodó la película, pero eran zonas de otra capital europea saqueados por unos cuantos debochcos y debochcas que de un modo parecido al de los protagonistas de 'La Naranja' saqueaban tiendas por pura desidia. Habrá un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento. Vuestro Humilde Narrador, Miguel B. DeLarge. | Miguel Blasco

‘caninO’

Giorgos lanthimos, 2009

‘las FUrias’

anthony mann, 1950

'raincOat': Un lUGar dOndE EscOndErsE

pOr sara G. cOrtijO. Es difícil buscar calificativos para una película como Canino, porque 'rara' es la palabra que insiste en abanderarse como resumen de la misma. Y es que Giorgos Lanthimos parece haberse aplicado para realizar una obra extravagante, claustrofóbica y atrevida que consigue, a través de extraños huecos y rendijas, introducirnos en su absurda atmósfera con una crudeza magistral. El director griego por momentos casi nos hace olvidar que se trata de una obra de ficción, pudiendo confundirse con una suerte de documental más cercano al mundo animal que al humano, aunque trufado de perversidad explícita e hiriente. Situaciones truculentas que, sin embargo, cobran matices ingenuos y casi puros en un mundo que se ha detenido forzosa y enfermamente. Difícil de encasillar e imposible de olvidar. | Carmen Alcaraz

'Las furias' es un western brutal, descarnado, tan oscuro que las sombras se llenan de polvo. Ahí está la mujer total, Barbara Stanwyck, tomando las riendas del rancho entre las disputas masculinas: un padre viudo, un hermano apocado, un pretendiente imposible carcomido por la ambición, otro pretendiente idealista ahogado por el pasado. Una propiedad tan grande como ingobernable es la herencia que le tocará asumir a la Stanwyck, haciendo gala, como solía ser habitual, de un carácter avasallador, en la línea de grandes heroínas como la extraordinaria Joan Crawford del 'Johnny Guitar' de Nicholas Ray. Imperdible esta radiografía de las pasiones humanas de Anthony Mann, el genio de 'Winchester 73' y 'Tierras lejanas', aunque no contara en esta ocasión con James Stewart. | Miguel Pradas

Con un ritmo pausado que a veces dificulta seguir el hilo, ‘Raincoat’ habla de historias universales. Aunque centrada en la ciudad de Calcuta, donde las tradiciones tienen un peso muy fuerte, los temas que trata esta cinta son perfectamente extrapolables a la sociedad occidental, pues en ella se habla de las miserias que cada uno guarda bajo el techo de su propia casa, de la cobardía a la hora de tomar decisiones, de la cadenas que nos ponemos a nosotros mismos para negarnos la felicidad y del miedo que provoca a veces sentirse libres, asuntos perfectamente trasladables a la sociedad occidental, donde a pesar de no existir castas ni bodas concertadas, estos arquetipos siguen estando vigentes. El director bengalí Rituparno Ghosh se sale de los moldes de Bollywood, prescindiendo de bailes y colores, para contar una historia intimista que básicamente habla de la pervivencia del amor. Especialmente recomendada para los amantes del drama y los personajes atormentados. Se proyectará el 30 de noviembre a las 19.00h en el Centro de Cultura Asiática de Málaga (Avda. Andalucía, 27).


Escenas

20

C DE CASTIGO Venganza y castigo parecen dos palabras que pueden tener consecuencias similares, especialmente para el que lo recibe. Sin embargo, el honor público del que lo inflige puede depender de esa pequeña distinción léxica. Desde el mismo título Lope ya 'avisa' de la profundidad de esta obra. Y como el que avisa no es traidor, la musicalidad del verso no es lo único que capturará al público. 'El castigo sin venganza' es una de las últimas piezas de Lope de Vega y una de sus grandes obras maestras. Nacido en Madrid en 1562, Lope es el dramaturgo de referencia del Teatro del Siglo de Oro. Rebautizado por Cervantes como «el monstruo de la naturaleza» o «el fénix de los genios», escribió alrededor de 1.500 obras lite-

rarias a lo largo de su vida. El Teatro Cervantes recibe esta pieza los días 25 y 26 de noviembre de la mano de la compañía Rakatá. Dirigida por Ernesto Arias y con Gerardo Malla en el papel de Duque, Alejandra Mayo como Casandra o Rodrigo Arribas como Federico, entre los actores principales. El Duque de Ferrara, conocido por su promiscuidad, decide casarse para limpiar su imagen pública con Casandra, Duquesa de Mantua. El Conde Federico, hijo ilegítimo del duque, será el encargado de ir a buscar a la prometida de su padre. Sin embargo, en cuanto se ven, Federico y su futura madrastra se enamoran. Cuando el Conde se entera de esta relación, parece arrebatarle la pluma a Lope para


22 planear él mismo el final de esta obra, una venganza disfrazada de castigo. Esta obra no es una pieza sobre un amor imposible, sino que se mueve en un enfrentamiento entre la moral y el poder. El Duque encarna al Estado, a la política, quien cometerá un crimen al que buscará justificar, sometiendo la moral al realismo práctico. Pero no es el único que viola las reglas impuestas, Casandra y Federico también deben romper con el deber y la moral religiosa para sólo hallar perdón en el ideal del amor. Ambos sufren un proceso similar: primero viven el amor correspondido, luego son traicionados y por último, deberán ser castigados. Así es como la obra pasa de la comedia al drama y, de ahí, a la tragedia. Este cambio de género dentro de la misma pieza fue una de las innovaciones que Lope de Vega introdujo en la dramaturgia española. Pero su separación del teatro aristotélico no termina ahí, sino que continúa con la ruptura de las unidades clásicas de tiempo, lugar y acción; así como con la combinación de métricas diferentes según la «Se mueve en un emoción que exenfrentamiento entre prese el personala moral y el poder» je. Lope de Vega escribió 'El castigo sin venganza' en 1631 –cuatro años antes de su muerte–, por lo que se considera culmen en su proceso de renovación teatral. La profundidad psicológica de los personajes, una trama y una estructura literaria complejas hacen que este

sea uno de los textos más destacados del teatro español. Lope perfiló a los personajes con la pluma más humana, con conciencia de sus virtudes y sus defectos y capaces de trasgredir lo correcto asumiendo su culpabilidad. NI MALVADOS NI TIRANOS En su adaptación, Ernesto Arias interpreta esa humanidad de los personajes de Lope en la dualidad del ser y del comportamiento. Como anuncia el programa: «No hay ni buenos ni malos comportamientos; no hay injusticias a las que rebelarse, no hay malvados ni tiranos que provocan situaciones dramáticas. Es una situación en la que todos los personajes tratan de hacer lo correcto y evitar sufrimientos…, y sin embargo, eso no impide la tragedia». En esta versión, la escenografía –compuesta de columnas–, la iluminación y el vestuario se mantienen en una línea elegante pero sencilla para reservar al texto el máximo protagonismo. La elección de una pieza clásica y la decisión de mantener el verso en la representación es un gran desafío en la actualidad. Pero, aunque en un primer momento pueda parecer ajeno el lenguaje, una vez entrado en el texto el espectador se quedará atrapado por la musicalidad de los diálogos hasta el final. Esta aventura exitosa ha sido posible gracias al respaldo de una compañía como Rakatá, comprometida desde sus inicios con la puesta en escena de autores del Siglo de Oro. | María Sánchez


Televisión

24

La puLsión deL eros en La famiLia fisher Un rostro que pueda mirar de cara al Sol, nunca, desde siempre, ha existido. El que duerme y el muerto son parecidos uno al otro porque ¿no representan la imagen de la muerte? El hombre no tiene más que la condición humana. (Poema de Gilgamesh) ¿Quiénes se ocultan tras aquellos que poseen una funeraria y que afrontan por nosotros la tarea de acicalar a los muertos y de preparar los velatorios? Esta es la pregunta que lanza y resuelve Alan Ball –'American Beauty', 'True Blood'–, productor, coguionista, codirector y creador de una de las series de la HBO más originales y cáusticas de la década: 'A dos metros bajo tierra'. Este drama televisivo cargado de ironía y de humor negro nos introduce en los entresijos de un negocio

familiar funerario: 'Fisher and Sons'. La (a)normalidad de la muerte en el hogar se convierte para sus dueños en una profesión cotidiana y cargada de solemnidad que choca con sus vivencias personales. Y el aséptico protocolo mortuorio se les resquebraja cuando el curso de la vida refulge, palpita, y los Fisher deben lidiar con la homosexualidad y la homofobia, la religión, la voluntad de los muertos, la autodestrucción, el arte, la voracidad de las grandes empresas o los desequilibrios mentales. Alan Ball decía al respecto que 'A dos metros bajo tierra' no se refiere únicamente a una expresión ligada al oficio funerario, sino también a todo aquello que late bajo la superficie de la consciencia de los personajes de la serie. Así, ante la asfixia lúgubre,


27

26 pesarosa y dramática del oficio, se hace necesario que en casi cada episodio surjan en los Fisher las freudianas pulsiones de vida. Es una tracción inconsciente que los empuja a huir de su ambiente marchito de crisantemos, lutos y pésames, a través de lo más primitivo, natural y humano: el sexo. De ahí que el eros se manifieste en todos sus personajes con los más variados matices: la experimentación sexual de Claire, la más joven de la familia, en su gótico-hippy hippy coche fúnebre; la necesidad perentoria de Ruth, la madre viuda, de esquivar la soledad a través de sus aventuras amorosas con un peluquero, un florista ruso o un profesor esquizofrénico; la supuesta ninfomanía de su nuera, Brenda; los escarceos amorosos de Nathaniel, el hijo mayor; la doble vida de Federico, empleado primero y después copropietario del negocio, con una bailarina de striptease; o el sexo aleatorio y sin compromiso de la pareja homosexual formada por David y Keith. Pero tras estas incesantes pulsiones vitales, la muerte, planteada desde «Acertada es su belleza diferentes formal, pausada, sin perspectivas estridencias» –personal o dramática, religiosa y filosófica–, siempre hace acto de presencia. Y cada capítulo –a excepción de un par de ellos– se abre con la misma estructura: el fallecimiento de un personaje desconocido. Esto zarandea al espectador y le hace ver que la

muerte es absurda, cruda y azarosa, y que embiste sin cita previa desde los flancos más imprevistos. Además, cada secuencia es concluida con un fundido en blanco que indica que cada instante observado hubiera podido ser el último. Sin embargo, este aldabonazo, esta consciencia de finitud de la naturaleza humana no tiene la intención de amargarle la tarde al espectador, sino la de invitarle a encontrar el significado motriz de su existencia. Cada momento es único y transitorio, y como tal es inconmensurablemente valioso; y ya que el ser humano no puede controlar la muerte sí tiene la posibilidad –al menos en los países occidentales– de colorear su vida de un sentido positivo, hermoso. Otras de las cosas loables de 'A dos metros bajo tierra' es la magistral cabecera musical, un réquiem para ataúdes que desde las primeras notas te sumerge en la atmósfera y el ritmo envolvente de la serie. Igualmente acertada es su belleza formal, pausada, sin estridencias, y el cierre de la última temporada. Un ciclo vital de vida y muerte con el que pocas veces me he sentido tan aturdido. He de reconocer que tardé varios días en sacudirme el cierto resquemor agrio, nostálgico y melancólico que me dejó la familia Fisher. Un dolor opaco y de angustia existencial que te anuda la garganta y te recuerda que el peaje de las autopistas no valida viajes eternos y que cualquier baliza te indicará en cualquier tramo el fin de la ruta. | Manuel España

‘thE GOOd WiFE’

‘lUthEr’

neil cross, 2010

pOr sErGiO sánchEZ.

Julianna Margulies se ha ganado un Emmy y un Globo de Oro gracias a su fabulosa y sorprendente actuación en ‘The Good Wife’, una serie que aumenta su leyenda a cada capítulo y en la que Margulies interpreta a una esposa engañada que al ser encarcelado su marido debe asumir la conducción de su familia y retomar la profesión de abogada que había dejado años atrás. Ojo con las interpretaciones, son la base de este drama novelado de la cadena CBS.

En ‘Luther´, ficción británica producida por la BBC, uno de los villanos de la grandiosa ‘The Wire’, el actor Idris Elba, encarna a un inspector de policía en un papel totalmente opuesto. Obsesivo y consumido por la oscuridad de los crímenes que investiga, Luther (Elba), lucha contra sus demonios interiores que lo alejan de sí mismo y de todos los que lo rodean. Policiaca de las de siempre, la intriga es uno de los ejes centrales de esta serie que cuenta con dos temporadas.

Tanto tiempo buscando la comedia de la década y resulta que la tenemos ante nuestras narices. Cansados ya de las irregulares ‘Cómo conocí a vuestra madre’ o ‘The Big Bang Theory’, incapaces de mantener el ritmo de las temporadas al mismo nivel, y desaparecida la grandiosa ‘Friends’, caminaba buscando risas entre las extintas jugarretas de Michael Scott en ‘The Office’ versión USA, los líos de ‘Modern Family’ «Charlie Sheen y las inocentadas universitarias de ‘Community’, casi se reinterpreta pero, como digo, no encontraba el humor fino a sí mismo» y negro que andaba buscando. Lo encontré en Charlie Sheen –aunque sustituido ya en la novena temporada por Ashton Kutcher–, un mujeriego rico en ‘Dos hombres y medio’ que casi se reinterpreta a sí mismo. Charlie Harper (Sheen) acoge 'temporalmente' a su hermano Alan, un divorciado maniático, que recibe durante los fines de semanas al hijo simplón de éste, Jake. La combinación de estas tres personalidades te sacará de quicio. Para bien.

michelle & robert King, 2009

casi trEs hOmbrEs


28

u2: achtung baby! ===== 20 años de cuidado nena! ===== Es la última noche de mil novecientos ochenta y nueve. Dublín, cerveza Guinness, vikingos, frío, lluvia, tréboles, el río Liffey. Los dublineses –incluso hasta Molly Malone– esperan con expectación el nuevo año y lo que será el último concierto de su banda más universal. U2, o lo que es lo mismo: Bono, The Edge, Adam Clayton, Larry Mullen Jr., había pasado más de dos años girando por todas partes después de haber editado 'The Joshua Tree', en marzo de mil novecientos y ochenta y siete. Un disco redondo lleno de raíces propias –de sus tierras gaélicas– y del más puro rock americano. Un compendio de sonidos que atrajo la atención, por

fin, del pueblo tan exigente como el estadounidense. Todo estaba dispuesto. La BBC por radio retransmitiría este concierto para toda Europa e incluso Unión Soviética. Y sería emitido en televisión en directo para toda Irlanda. 'Where the streets have no name' abría el año mil novecientos noventa. A nadie se le pasaría por la cabeza que dos años después, justo veinte años ahora, se gestaría lo que fue, para muchos, su mejor producción artística de la historia. 'Achtung Baby!' (octubre, 1991). En alemán, 'Cuidado nena', en clara referencia a la situación de unificación alemana. Una cinta de 'casette' grabada por


31

30 un buen amigo con estas palabras: «Esto te va a parecer extraño cuando lo oigas. Será la primera vez. Luego ya no podrás salir». Y así fue. Había conseguido sin duda ese efecto. Porque lo primero que viene a la cabeza cuando lo oyes es: «Sorpresa». Y si hubiera una segunda, sería «riesgo». Y con la tercera, cuestan las palabras. U2 habían decidido romper también musicalmente el muro de Berlín. Tenían consolidada una imagen que les había costado mucho trabajo y no tenía sentido que dieran ese giro. Como así se ha visto, el grupo ha ido necesitando de estímulos, de motivaciones y de nuevos retos para seguir en la brecha. Quizá era suficiente haber usado las influencias de otros para hacer música. Quizá era el momento de que sean los otros los que bebieran de ellos mismos. Era momento de crear tendencia. Así se entiende como se celebra la entrada de la electrónica. El disco contiene doce cortes. Que quizá de no ser por los productores, Eno y Lanois, podrían haberse quedado en 'más de lo «En definitiva, U2 mismo' o no haber dotó al 'fenómeno salido jamás. Pruefan' de glamour» ba de ello fueron las fuertes discusiones que se vivieron en los Hansa Studios durante la grabación. Empieza fuerte el álbum con la demoledora 'Zoo station' con distorsiones en la guitarra y la voz queriendo mostrar de un tirón lo que pretendían. Algo parecido al mensaje de la mosca

en el cielo de 'The fly', la bailable 'Mysterious ways', o los 360 grados de 'Even better than the real thing', donde además comprendieron que el vídeo musical era parte importante del contenido. Inolvidables para varias generaciones ha sido 'One', una hermosa canción de amor millones de veces versionada que cuentan que hizo llorar incluso a Axl Rose. La curiosa descripción de la última cena de 'Until the end of the world' desarrollada a caballo entre las letras de Bono y los riffs de The Edge. Y en particular dos temas casi al final 'Acrobat' y 'Ultra violet'. Cuesta no caer en el fanatismo barato. Sin embargo, lo que parece más difícil es mencionar algo de esta banda sin que alguien pueda rebatir lo dicho. Desde estos días, los fans de U2 son legión. No sólo radicalizan su discurso musical sino que a través de sus vídeos, sus declaraciones o su gira 'ZooTv', consiguen crear una marca que en este presente y en el futuro los reconocerá como iconos musicales de por vida. Había que tener símbolos. Las gafas de 'The fly', la revista 'Propaganda', caras-B, los trajes de cuero de Bono. En definitiva, U2 consiguió dotar al 'fenómeno fan' de glamour. Todo lo que tocase o produjese la banda sería considerado material de coleccionista. Aquel concierto de año nuevo de Dublín está acabando. Bono hace múltiples referencias al futuro. Muchos pensaban que U2 se disolvía. Sus palabras fueron otras. «Necesitamos tiempo para soñar». | Sergio Contreras

'la vida Es Extraña Y rara'

'scrEamadElica'

lOs días intactOs

primal scream, 1991

pOr david dUEñas.

Si el líder de dos de las mejores bandas de nuestro país (Surfin Bichos y Chucho) saca nuevo disco hay que darle una oportunidad, aunque su último intento, 'Carne visión', fuese un poco decepcionante. No es el caso de 'La vida es extraña y rara', que puede ser su encuentro definitivo con el público. Un compositor de culto que ha querido olvidarse de toda su trayectoria y le ha pedido a su nuevo compinche, el productor de moda indie Refree, que piense en algo diferente a lo que grabaron en sus proyectos pasados. ¿Un poco triste que su disco más popular sea el menos Alfaro de todos? Al menos en lo musical, aunque…, mejor me callo. Bueno, ¿por qué iba a molestarme que uno de mis favoritos empiece a vender discos? Como dijo su compañero en Surfin Bichos: «El culto para los domingos en misa». | Nacho Gutiérrez

Finiquitada la primera década del siglo, el 'Screamadelica', un disco que miraba al pasado y al futuro, cumple veinte añitos. ¡Qué viejos somos si Primal Scream son clásicos! El tercer disco del grupo (aunque los dos primeros no cuentan) inauguraba oficialmente la mezcla de rock y electrónica que tan buenos resultados le ha dado a mas de uno. Los que piensan que el disco está sobrevalorado, lo definen como unos Rolling Stones comiendo pastillas en un after. Cuentan que de lunes a jueves se encerraban en el estudio de grabación y que de jueves a lunes se iban de fiesta para 'absorber' el ambiente rave. El rock, la psicodelia y un poco de estilo Manchester generaron uno de los discos más importantes de la década. Como celebración, durante todo el 2011 lo tocarán integro en sus actuaciones. | N. Gutiérrez

El nuevo trabajo de estudio de Manolo García esta formado por una gavilla de canciones que no dejan margen para la sorpresa. Catorce temas vestidos de medios tiempos en su mayoría y con ese deje aflamencado que ya es marca de la casa. La escucha continuada denota la falta de ruptura con sus anteriores trabajos pese a que median tres años entre éste y el anterior. Es como si todos y cada uno de sus discos, desde que comenzó su andadura en solitario, formasen parte de un mismo proyecto que «Y es que cuando la comodidad entra apuesta por los lugares comupor la puerta...» nes, por el terreno conocido donde buscar firmeza a la hora de pisar. Una nueva entrega que a todas luces no dejará indiferente a la mayoría de sus seguidores, que se sienten cómodos en ese camino conocido, pero que dejará mal sabor de boca a ese sector que espera una vuelta de tuerca desde hace ya demasiado tiempo. Y es que cuando la comodidad entra por la puerta la inspiración salta por la ventana.

Fernando alfaro, 2011


Literatura

32

La Colmena TROZOS DE VIDA INCOLOROS ‘La colmena’, obra perenne de Camilo José Cela, cumple, vivísima, sesenta años. Vista como nociva por algunos en las entretelas del franquismo, considerada necesaria y arrullada por los aplausos velados de otros tantos, la novela del autor gallego fue vetada por la dictadura en su primera edición. Demasiado pesimista para el régimen, aunque para Cela únicamente fuera un «pálido reflejo, una humilde sombra de la cotidiana, áspera […] y dolorosa realidad». Obra de mil personajes que, al fin, son uno sólo, ‘La colmena’ se maneja en las calles de la insignificancia, como si fuera ese charco embarrado que todos pisan mirando al frente. En Madrid, donde transcurren esos trozos de vida, todo es incoloro, ordinario,

derrotista. No hay energía vital ni destino rosado. Siempre es demasiado tarde para ir a cualquier lado. El protagonista de esta novela bien podría ser el tal Martín Marco, escritor al que nadie recuerda y que se desvive admirando los baños de un escaparate del barrio de Salamanca: «Parecen de otro mundo, lavabos del paraíso, purísimos espejos». Todo es desesperadamente inalcanzable. También doña Rosa podría considerarse protagonista por esa cafetería que regenta, una colmena de individuos acabados, un cementerio desierto al echar las persianas: «El café es como el gato, sólo que más grande. Como el gato es mío, si me da la gana le doy morcilla o lo mato a palos». O el niño que canta flamenco, principio y fin de


34

35 esta desgracia de hombres apiñados, y que «se moja cuando llueve, se hiela si hace frío, se achicharra en el mes de agosto», siempre mal cubierto por la corta sombra del puente. El protagonismo absoluto recae en todos y en nadie, como un lodo que cubriera inmisericorde los rostros y anegara la singularidad. Ahí están también los bancos callejeros para reafirmar esta antología de «todos los sinsabores y de casi todas las dichas»: Cela habla del mendigo que se despioja, del tísico que se fatiga, de la ciega que espera a que pasen las horas, de la cancerosa que aguanta su dolor. La calle testifica y deja aflorar la realidad obviando, como diría el autor coruñés, «la máscara loca de la literatura». En el realismo social embarcaron a 'La colmena', con su lenguaje llano y poético, un acólito de los llantos entrecortados y las risas escasas. «A Martín Marco le preocupa el problema social. No tiene ideas muy claras sobre nada, pero le preocupa el problema social». A veces todo está tan claro que duele, que hacer hervir la sangre. «El niño «Con su lenguaje llano no tiene cara de y poético se inscribió persona, tiene en el realismo social» cara de animal doméstico, de sucia bestia, de pervertida bestia de corral». Hay verdades que se apropian de tu semblante, que se sienten dentro del cuerpo. Para todos menos para aquél al que se denomina 'poeta de la vecindad', la excepción que confirma la regla, siempre evadi-

do, ajeno al barranco, presentado con crueldad por Cela, porque aquí hay que implicarse con la causa o, qué menos, ponerse a sufrir con todos. Muchas veces se destacó el carácter fílmico de 'La colmena', como si la narración se hallara encabezada por una cámara que expone todo lo que ocurre en la superficie y que, a duras penas, incide en las almas. Pero no es la esencia de un personaje lo que se busca, sino unir las piezas de ese puzzle que no tiene paisaje al fondo, componer las entrañas de Madrid con tres calles, dos bares y paseos de cinco minutos, siempre tan breves como los prolegómenos de esa pareja que fuma repetidamente un solo cigarrillo. En tres días y dos noches, Cela esboza una época, de cuerpos rendidos, como ése que escupe con fuerza y se detiene de repente, apoyado en sucias paredes: «Nada ve claro y hay momentos en los que no sabe si está vivo o muerto. Martín está rendido». Pero para calibrar la grisura, y luego oscurecerla, siempre fue necesaria la nota de color: en el corazón de la ciudad, las noches se cierran, dice Cela, con «docenas de muchachas con la mente llena de dorados sueños», pero más allá, contrapuestos, miles de hombres se duermen abrazados a sus mujeres «sin pensar en el duro, en el cruel día que quizás les espere, agazapado como un gato montés, dentro de tan pocas horas». El arcoiris nunca llega a deslumbrar, apenas si asoma su cumbre. | Miguel Pradas

‘nOcilla ExpEriEncE’

‘KnOcKEmstiFF’

alFaGUara. 16€. 208 páG.

librOs dEl silEnciO. 20€. 300 páG.

El gallego Fernández Mallo vuelve con su segunda entrega de la trilogía Nocilla, acuñada como novela experimental por su variedad de voces y de miras, con 'Nocilla Experience', un libro que, como su predecesor, enfoca distintos puntos de vista de la realidad contemporánea y con la influencia vital y palpable de la cultura pop americana y europea. Referencias a filmes como ‘Apocalypse Now’ o al cine de Jarmusch, al manga, a la música española de los 80, fragmentos de entrevistas o postulados científicos constituyen la columna vertebral de la obra de Fernández Mallo, que bebe de modo reconocible de la literatura de Georges Perèc o de Foster Wallace, y que ha recibido los elogios de las esferas independientes de la cultura española. Muy interesante la propuesta de este físico reconvertido a escritor. | Sergio Sánchez

El primer libro de un empleado durante 32 años de una fábrica de papel (Donald Ray Pollock) es un puñetazo al mito del 'sueño americano'. Una serie de relatos protagonizados por una veintena de personajes que malviven en la hondonada de un pueblo de Ohio, Knockemstiff, de tierra yerma y atmósfera deprimente (dice una leyenda urbana, tan elocuente, que su nombre proviene de la expresión «Knock them stiff» / «Déjalo tieso»), golpea una y otra vez. Chuck Palahniuk habla de «la gente más triste que jamás se haya visto». Es posible. El autor encierra a sus personajes y les arrastra por la inmundicia, entre botellas vacías de whisky y latas de cerdo con judías; luego les hace creer que la huida es posible. Pero, para nada, Ray Pollock ya decidió que de Knockemstiff no se puede salir. | M. Pradas

agustín Fernández mallo, 2008

donald ray pollock, 2008

El alma arrUGada

pOr carmEn alcaraZ.

Decía Mark Twain que las arrugas deberían ser simplemente huellas de risas, y es probable que algún surco nos recorra la cara tras esa indefinida mueca, parecida a una sonrisa triste, que la lectura de 'Arrugas' provoca. Porque lo más despiadado de este cómic de Paco Roca es el tierno reflejo que realiza de una realidad tan cercana como es la vejez. El inexorable paso del tiempo hace que dejemos de ser quienes fuimos, o quién sabe, tal vez recupere realmente nuestra esencia de un modo perverso e «No puede más que dejarnos un sabor de inmisericorde. Es por eso que Emilio se bate en duelo contra victoria en los labios» el olvido, que Modesto sonríe cómplice a su mujer, o que Antonia recopile tesoros escondidos. La vida que se escurre entre los sillones de la residencia de ancianos es retratada con tal dulzura por Roca, que no puede más que dejarnos un sabor de victoria en los labios que el tiempo se encargará de borrar. Mientras, algunos se hacen eternos a través de grandes obras como ésta.


Arte

36

ALbERto GIAComEttI FIGURA CLAVE DE LAS VANGUARDIAS

El Museo Picasso Málaga nos sorprende con una exposición del artista suizo Alberto Giacometti (Borgonovo, 1901 – Coira, 1966), una figura clave en el arte de las vanguardias del siglo XX, época en la que desarrolló una parte esencial de su obra el propio Pablo Picasso. De hecho, ambos artistas se conocieron en París y mantuvieron una relación de amistad y admiración mutua. La muestra presenta una nueva visión retrospectiva, con un buen número de obras: setenta y tres esculturas, cuarenta y dos pinturas, treinta y nueve dibujos, nueve objetos, muchos de los cuales se exponen por primera vez en España, y que provienen, en su mayoría, de la Fondation Alberto et Annette Giacometti de París, de la

que es directora Véronique Wiesinger, comisaria de esta exposición. A esto se añaden una obra de José Ruiz Blasco y ocho de Pablo Picasso provenientes de colecciones privadas, de la propia Colección MPM y de la Fundación Picasso Museo Casa Natal, así como veinte fotografías de varios autores que documentan el trabajo de primera mano en el estudio de uno de los creadores más significativos de la historia reciente del arte. Las piezas están distribuidas en varias secciones, organizadas cronológicamente. Comienza con obras de juventud, realizadas en el ámbito familiar, y los primeros retratos y estudios anatómicos. Un capítulo importante en la exposición es la aproximación es-

‘Admiración’, 1899. Museo de Arte Moderno (MOMA), Nueva York.


38

39 cultórica que realiza al cubismo tardío o su acercamiento al surrealismo. Se incluye asimismo un destacado conjunto de grabados y dibujos en los que indaga en los modos de representación del estudio y los modelos del artista, así como obras que reflejan su atracción por el arte de otras culturas. Como no podría ser de otra manera, también pueden verse sus famosas esculturas de figuras filiformes en bronce. Giacometti, que era hijo de un pintor, comenzó a dibujar y esculpir a temprana edad. Llegó a París en 1922, donde entró en contacto con los principales artistas e intelectuales de la época, con la llamada vanguardia. Eran años en los que la presencia del cubismo aún era fuerte, en 1925-26 esculpió varias obras que recuerdan a Henri Laurens o Jacques Lipchitz. Pero también se acerca al primitivismo, la abstracción y al surrealismo, como lo demuestran sus obras 'Bola en suspensión' o 'Femme égorgée'. Admira a Constantin Brancusi, y trata con Picasso, Max Ernst, André Masson, JeanPaul Sartre o Samuel Beckett. «Poco importa la Pero su periodo disparidad de técnicas: surrealista no es la misma mirada» supuso más que un momento, una época de formación. No tardó en dedicarse a una búsqueda que suponía una ruptura con todo lo que podía ver que se hacía a su alrededor. Dejaron de interesarle los objetos (el último fue 'L’ojet invisible') y se dedicó a la contemplación del rostro

humano. Dibujar 'caras' era considerado «retrógrado» para André Breton y su entorno, por lo que Giacometti fue excluido del grupo. Retomó el espectro figurativo, primero mediante esculturas diminutas que realizó en Ginebra entre 1939 y 1945, y que más tarde al volver a París fueron creciendo en tamaño y estrechez, con miembros muy alargados conformó su imaginario más conocido: el de las figuras filiformes, cuerpos delgadísimos, apenas apuntados, pero rotundos en su representación del hombre como podemos ver en 'Homme qui marche I' (1960), presente en la muestra. Otro aspecto importante en la exposición es el retrato. Es en este punto donde culminaría el acto del escultor o del pintor, poco importa la disparidad de técnicas, ya que se trata de la misma mirada. Giacometti hace un gran esfuerzo por reconstruir, a través de los aspectos visibles, lo invisible de la presencia. Giacometti pinta, dibuja, crea objetos decorativos y escribe sin descanso, sus últimos días los pasa trabajando en bustos de su amigo Élie Lotar, un fotógrafo que también está viviendo sus últimos momentos, y es precisamente una de estas esculturas, lo último que hizo antes de viajar a Coira, donde moriría. Nunca cesó de explorar nuevos caminos artísticos. El conjunto de la exposición da cuenta de ese mundo inquietante y maravilloso que el artista fabricó. | Susana Hermoso-Espinosa

thOmas rUFF

cac málaga (hasta 29/01)

CAC Málaga acoge estos días 'ma.r.s.' de Thomas Ruff, gran referente de la fotografía y el arte contemporáneo y uno de los miembros más destacados de la escuela alemana desde los años 80. La exposición contiene imágenes del universo que muestran espacios aparentemente lejanos, aunque la post-producción es lo que realmente importa en el trabajo del artista alemán, con unos resultados inesperados y con una visión sorprendente de paisajes marcianos. | CAC Málaga

david EscalOna

la FOtOGraFía, la Otra dEFEnsOra dE lOs dErEchOs hUmanOs

Galería isabel hurley (hasta 12/11)

pOr rUth dE FrUtOs.

El malagueño David Escalona retoma la escultura, trabajada en alabastro, resina, porcelana y cristal, como lenguaje cardinal para la exposición 'El pan', primera parte de un proyecto complejo plasmado en diversos soportes, en el que revisita su infancia en el momento de la pérdida precoz de la inocencia al sufrir un traumático accidente en el obrador de sus padres. El reencuentro con su entorno familiar despierta la necesidad de comunicarse con su pasado. | Galería Isabel Hurley

Campesinos, profesoras, líderes indígenas, abogados…, cualquier persona que proteja los Derechos Humanos de forma pacífica se convierte en un defensor. Sin embargo, en ocasiones, su testimonio no es suficiente. Las organizaciones pro-derechos humanos siempre han buscando fórmulas imaginativas para que su mensaje sensibilice a la población civil. Un ejemplo claro es la fotógrafa Sofía Moro, quien inmortalizó a treinta defensores «Primeros planos para de Derechos Humanos protegidos por el pro- personas que no ocultan grama de Amnistía Internacional España, con su realidad diaria» motivo del 60º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Colores cálidos y primeros planos para personas comprometidas que no ocultan su realidad diaria. Las fotografías retratan la vida de treinta perseguidos por organizaciones militares, empresas multinacionales o gobiernos al apoyar cuestiones protegidas por el derecho internacional.


Histo ria

40

ABRAHAM LINCOLN LA ASFIXIA DEL PODER Soñó con el final. Deambulaba por los pasillos de la Casa Blanca envuelto por una luz extrañamente brillante y alguien le decía que el presidente había fallecido. Después se despertó, venía de su funeral. El crimen de Abraham Lincoln no desentonó con su vida, envuelta por momentos en una pátina de angustia espiritual digna de los escritos románticos de Poe, con quien, quiso el destino, compartió año de nacimiento (1809). Un Deringer, el palco del teatro Ford de Washington, un actor –John Wilkes Booth– por verdugo; épico final para el primer presidente republicano de Estados Unidos, responsable del principio y del fin de la Guerra de Secesión (1861-1865). Ganó sus primeras elecciones el 6 de noviembre de 1860 y alcanzó la reelección pocos meses antes de su violenta muerte el 15 de abril de 1865. «El mundo

notará y recordará poco lo que hoy decimos aquí, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron», dijo en medio de un cementerio militar tras la cruenta batalla de Gettysburg. Hoy, aniversario de su primer triunfo electoral, también a él lo recuerda el mundo. Su historia es la Historia de EEUU y un vívido ejemplo de lo que posteriormente tornó en llamarse 'sueño americano'. Descendiente de una familia británica de pioneros, el joven Abraham vagó durante su infancia, junto a sus padres Thomas Lincoln y Nancy Hanks, por casi todo el medio oeste, desde Kentucky hasta Springfield (Illinois). Abraham era un chico listo. No necesitó ir a la escuela, creció autodidacta y se convirtió en un político brillante, un abogado sobresaliente y un orador temido. La penuria que acompañó a su familia durante sus primeros años de vida le hizo un hombre ambicioso en los

negocios y atormentado interiormente. Tendencias suicidas, rumores de homosexualidad, una esposa –Mary Todd– bipolar, tres hijos muertos prematuramente: la mente de Lincoln pasaba del cielo al infierno con bastante frecuencia. En la política canalizó su anhelo de poder mediante el esfuerzo y la superación personal. Como dirigente fue estricto y metódico. Quería una América vertebrada por el proteccionismo aduanero, las infraestructuras y una política bancaria inflacionista; aunque para ello fuera necesaria una guerra civil. Lincoln necesitaba a los Estados unidos, y para erradicar las ínfulas secesionistas no cabía otro camino diferente al del conflicto «No le alcanzó el armado. Había aire para ser líder de que acabar con una América unida» la esclavitud (Proclamación de Emancipación) y deshacerse de los residuos coloniales, solo así se podría levantar una nación moderna, conquistadora de los derechos civiles. La guerra le llevó al borde del abismo político y psicológico. No era un estratega. En el sur había grandes generales, especialmente Lee, y la Unión, hasta la llegada del salvador Ulysses S. Grant, no dejó de acumular derrotas en el campo de batalla. El ‘Sic semper tyrannis’ (‘Siempre así a los tiranos’) que retumbó en el teatro tras el magnicidio coincidió con la rendición de Lee. Lincoln lo consiguió, nacía una América unida, pero no le alcanzó el aire para ser su líder. | Jesús Peña


42

CAMBRIDGE

LA unIvERSIDAD ETERnA Londres se despierta a 15 grados. Es una temperatura bastante cálida, especialmente para estar en noviembre. Claro que con el desajuste del clima quién se atreve a definir la normalidad. Aterrizamos, pasadas las diez y media de anoche, en Stansted, al noreste de la capital británica. El vuelo desde Málaga, tres horas menos algo, resultó tranquilo, a la postre casi el mejor calificativo que se puede dedicar a una compañía de bajo coste. Tren hasta la City, autobús, y a dormir en un hostel de Queensway. Somos dos y, tras confirmar la reserva hecha por internet un par de semanas atrás, nos dirigimos desde la sala de recepción hacia el cuarto casi por inercia. Estamos solos, tenemos baño propio. Hoy es sábado. Madrugón. Metro –Central Line– hasta la estación de Liverpool Street, donde acabamos de subirnos al National Express de las

7:58 con destino a Cambridge. Me ha tocado ventanilla, no está mal por 30’50 libras, ida y vuelta. Miro al andén 16, donde mañana estaremos a las 13:15. La excursión va a ser corta, el avión vuelve a España a las 16:50. Son las ocho, a las nueve y media estaremos caminando por Station Road, directos al centro de la ciudad y a los colleges. Cambridge es bonita, fascina su parque ciclista y su paisaje bucólico. Agua, campo y Universidad constituyen un cuadro de belleza supina. Tenemos que visitar el jardín botánico y subir por Trumpington Road hasta el museo Fitzwilliam. Si hay tiempo, también pasaremos por el de arqueología clásica. Antes de comenzar el recorrido por las facultades deberíamos desayunar. Me gusta The Anchor, entre Silver Street y Laundress Lane. Es un pub inglés tradicional, con ales artesanas y con-

tundentes platos continentales. Si no llegamos a tiempo al desayuno, creo que pediré un brunch. Del Anchor, al Queens’ College, un edificio del Siglo XV, dotado de un encanto a media distancia entre lo anciano y lo eterno, que no nos dejan visitar por ser horario lectivo. Probaremos suerte en el Trinity, fundado por Enrique VIII cien años después. Tampoco hay suerte. Pese a todo, conservamos la fe. Estamos frente a la entrada principal de la capilla del King´s College, qué maravilloso era el gótico. Nos perdemos entre la luz desplegada por las vidrieras, apenas si hemos accedido al recinto y ya queremos postular al coro. ‘Ladies and gentlemen’, la voz del bedel llamando a filas no saca del letargo, miramos al riachuelo y sin hablar nos ponemos de acuerdo: vamos a dar un paseo en barca. Después de 45 minutos navegando por el corazón de la Universidad de Cambridge se despierta el apetito. Tomamos una merienda ligera, porque hemos reservado mesa en The Eagle para la cena, a la que acudiremos después de quemar dinero en el Cambridge Market y visitar el Jesus College. Con esos jardines y la historia que respira cada centímetro de estos edificios centenarios: ¿quién no estudia?. Cumplidas las diez de la noche, manda el cansancio; aunque todavía hay tiempo para pasarse por el Fez Club. Ambiente agradable, buena música, precios razonables. Dormimos en el Hamilton Lodge. Mañana volveremos a la realidad. Ahora, el revisor anuncia la partida del tren. | Jesús Peña


44

45

OTRO SANTO BEBEDOR

No diré que tu adiós

POR ISABEL BONO.

Dicen que siempre se van prematuramente los mejores. Quizá, por eso, porque no les da tiempo a empeorar. Alfred Otto Wolfgang Schulze nació en Berlín en 1913 y murió a los 38 años. Decir que fue músico, fotógrafo, grabador y acuarelista, que estudió en la Bauhaus, que era amigo de Sartre, Artaud y Malraux, que fue perseguido por los franquistas y enviado a un campo de concentración por los nazis, que trabajó en una revista de moda, que escribió aforismos, que ilustró libros de Kafka, que se adelantó al expresionismo abstracto y que se le considera el padre del tachismo, es no decir nada. Dicen que se ha perdido la mayor parte de su obra y aun así se conservan unos dos mil negativos. Pero a mi querido Wols, por quien siento una especial devoción, lo que le gustaba de verdad eran los insectos. Sus ilustraciones siempre me han parecido enjambres, ciudades orgánicas y

POR Alejandro Díaz.

diminutas miradas al microscopio. Quiero imaginarlo en trance después de manchar un papel o un lienzo y, con los ojos vueltos, dibujar sobre esas manchas las finas líneas de un mapa. Un mapa para insectos, para hacerles la vida más fácil. No hay nada más perdido que un insecto en los pliegues de la luz. «Uno relata sus pequeñas fábulas terrenales en pequeños trozos de papel», dijo. Los insectos son los besos del sol, rezo cada noche antes de dormir. Scriabin, ese otro santo, estaba tan convencido de ello que decía que su 'Sonata nº10' era una sonata de insectos (Scriabin murió con 43 años por picadura de mosca carbonosa). Wols se nos fue en 1951 justo cuando había comenzado un tratamiento de desintoxicación. Paradójicamente no murió a causa del alcohol, sino de botulismo. Quizá una mañana en vez de conformarse con fotografiar aquellas viejas latas, se las comió. Tentaciones, por santos que seamos, tenemos todos.

Hay noches de noviembre en las que el frío entumece las calles de Malasaña. Hace doce años, Enrique se quedó dormido en uno de sus portales para despertarse apenas unas horas más tarde en sus canciones, gracias a las que, justicia poética, sigue vagando hoy por las aceras de varias generaciones. Enrique nunca se fue. De hecho, ahora, mientras escribo estas líneas, me canta: «Hoy tengo que dejar / su castillo en el aire, / pisar el suelo, / aceptar / un cambio de planes». Le recordarán por darle a Los Secretos los mejores singles, caras be y versiones de la banda. Y quizás un poco menos por esos dos últimos discos que grabó junto a Los Problemas en la década de los noventa: 'Desde que no nos vemos' y 'Mundo raro'. Si les apetece, ahí también habita un Enrique maduro, que disfruta intercalando temas propios con versiones como 'Amanecí en tus labios' o 'Mundo raro' de José Alfredo Jiménez.

La tristeza es el tono con que consiguió dar cierta unidad a su obra. Y hay quien no quiere oír hablar de esto. Porque la melancolía no cotiza al alza. Porque la persona era otra. Porque etc. A mí me hace sentir bien; no es una nostalgia que nazca de la gratuidad, sino de la perplejidad; la extrañeza que brota, insaciable, en quien se asoma ante un mundo siempre raro. Transformó la sencillez en el arma con la que disparaba a traición para abrir la herida en canal: apenas dos minutos con treinta y seis segundos, duración del trayecto de No digas que no, uno de sus últimos detonadores emocionales: «Nunca se recibe / sin dar nada a cambio. / Yo daría mi vida / por dormir en tus brazos». Decir Enrique es decir 'Agárrate fuerte a mí María' o 'Volver a ser un niño'; decir 'Hoy no' u 'Ojos de gata'; decir 'Frío', noviembre y Malasaña. Decir tanto y sin embargo nunca, jamás: adiós.


46

Un planEta indiGnadO

pOr marta díaZ.

El cinismo, la deshumanización de la política y la supremacía de los mercados han provocado que se expanda en todo el planeta una ola de indignación, que reitera, desde Ontario a Melbourne, la crisis sistémica actual. Hartos del inmovilismo del statu quo, cansados de sentir como el capital se antepone a las personas y con el firme propósito de preservar la dignidad de nuestros congéneres, la ciudadanía empieza a demandar transformaciones a nivel global. En sus peticiones se atisban nuevas formas de entender la democracia, en las que la que participación ciudadana sea efectiva y se dote con ello de significado a esta forma de gobierno. Mientras tanto, los líderes políticos se aferran a formas de organización arcaicas, ignorando las demandas del pueblo en una actitud perversa

Búscanos en nuestra página de Facebook facebook.com/ManualdeUsoCultural y visita nuestro Twitter @manualdeuso

que traiciona la condición sine qua non de su existencia. Sin embargo, la transnacionalización de la indignación hace tambalearse los cimientos de un sistema que agoniza desde hace tiempo. Por fin, la tecnología, a través de la expansión de las redes digitales, ha permitido a las personas aunar esfuerzos y remar «Esto es lo que vi, y lo en cientos que sentí, el pasado de barcas 15 de octubre» diferentes hacia un mismo horizonte. Y esto es lo que vi, y lo que sentí, el pasado 15 de octubre. Un millar de ciudades en todo el mundo en las que se escuchó a miles de personas, en una protesta mundial sin precedentes, dirigida hacia unos dirigentes que ya no representan a nadie, ni siquiera a los que aún les votan.

MÁLAGA Café Negro, Café con Libros, Café del Viajero, Librería Luces, Centro Cultural Provincial, Galería Alfredo Viñas, Ancora, CAC Málaga, Cincoechegaray, Galería Isabel Hurley, Hotel del Pintor, Café Citrón, Ateneo, La Casa del Libro, Fundación Picasso, Café Alamos 38, Clandestino, Galerías Goya UNIVERSIDAD DE MÁLAGA Comunicación, Filosofía y Letras, Psicología y Educación, Empresariales, Industriales, Informática, Telecomunicaciones, Medicina, Derecho, Aulario López Peñalver, Aulario Gerald Brenan, Bellas Artes, Biblioteca General, Rectorado. RONDA Museo Joaquín Peinado. FRIGILIANA Casa de la Cultura, Galería Krabbe. RINCÓN Café La Galería, Café Bar Marlin. JAÉN Librería Metrópolis, Café Deán, Café del Consuelo.


es una publicaci贸n de

Manual de Uso Cultural 12  

Noviembre de 2011

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you