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Sergio Pereira

Will be friends?


In case we meet each other: Casi nunca nos despedimos de alguien a quien no volveremos a ver. Es triste, pero cierto. ¿Cuántas veces he dicho hasta luego, y ese luego se va convirtiendo en días, semanas, meses, años... o toda una vida? ¿Y cuántas veces eso a llevado a no poder despedirnos nunca como Dios manda de una persona que significó mucho para nosotros en el pasado, o incluso lo sigue significando? Nunca contamos con cómo saldrá todo, qué pasará en la vida para que todo conduzca a vernos de nuevo, y en que condiciones nos encontraremos. Supongo que todo tiene fecha de caducidad, que si mañana no nos vemos pasado ya será todo diferente. Pero no sabemos que va a pasar. Sería maravilloso saberlo...¿No?

Quizá el no saberlo sea parte del encanto de la vida.


Old Friends

Un día Mike iba paseando por la calle, cuando vio a un viejo conocido en un banco sentado. Estaba sencillamente ahí, mirando a una paloma solitaria, tan solitaria como él. Desde dónde el lo miraba solo podía ver su espalda, envuelta en un abrigo negro, pero podía adivinar su mirada, tan negra como el mismo abrigo, tan cansada como siempre. Se acercó lentamente y sin mediar palabra se sentó a su lado. Ni siquiera se miraron, pero antes de que Mike pudiera decir nada su viejo amigo respiró con fuerza. Mike se quedó callado, sabía que este era su saludo, y que equivalía en ''jerga tradicional'' a un ''Hola, cuanto tiempo sin verte''. Era cuestión de acostumbrarse. Así pues, con el saludo ya hecho, empezó a hablar: - Te veo muy oscuro- dijo mirando su pelo negro y alborotado. - Yo a ti prefiero no mirarte.- Respondió con una voz ronca, pero a la vez suave, notablemente triste y cansada.- Seguramente me deslumbrarías. -... - Ya sabes, con tus melenas rubias y eso. - Me he cortado el pelo un poco desde la última vez que nos vimos. - Ya, las puntas, como siempre. Eso no cuenta. Durante los siguientes dos o tres minutos permanecieron los dos en silencio, absortos con el picoteo de la paloma que tenían justo delante. Mike habló de nuevo. - Se te echa de menos, ¿sabes? - No mientas. Allí todo el mundo me odia. Y tú lo sabes mejor que yo, que sigues viviendo allí. - Ya bueno, ahora te odian. Pero te echan de menos como eras antes. - Pero si no he cambiado. Y también lo sabes, eres el único que me sigue hablando. Sabes que no he cambiado. Lo que hice, lo de largarme y eso, solo fue porque necesitaba libertad, experimentar algo diferente... pero es igual, fue un error. -... -Un gran error -Pues mira, no te voy a decir que no, porque lo fue. Pero bueno, si lo necesitabas... Pero... ¿porque no volviste? - No pude. -Ya... ¿y porque no vuelves ahora? Su amigo lo miro, por primera vez en toda la conversación, directamente a los ojos. Eran diferentes a como los recordaba, es decir, siempre habían sido negros, pero ahora eran mas oscuros, mas profundos, mas tristes, mas... desolados. Y desde esos ojos tristes y negros le lanzo una mirada descorazonadora al tiempo que le preguntaba, con sorna: -¿Cómo? -... - Creo que no has entendido nada de lo que pasa. - No es eso. - No es que no entiendas nada, es que no entiendes lo esencial. Ya sabes que no es que me fuera, es que me echaron, aunque realmente quería irme... quizás no así, no como al


final salió todo... pero era lo que quería, irme. Pero ahora soy distinto... aunque sigo igual. ¿Entiendes? -... -Yo no... Realmente creo que no del todo. Es decir... éramos iguales, todos, no solo tú y yo... entonces, ¿Porque esas ganas de salir me vinieron solo a mí? - No se si se te puede culpar de ello, pero tu reacción... - ¡Reaccione como pude ante mis sentimientos! Era el mayor de todos, no tenía nadie a quien alcanzar. ¿Como puedo vivir así? Mientras vosotros pugnabais por demostrar vuestra valía yo solo Podía miraros a lo lejos, en la distancia, y luego hacia arriba, también en la distancia. Solo quise saber como seria... - Aún así, fue mala elección y lo sabes. Y lo peor es que hubo quien se fue contigo, quien sufrió tu misma suerte - Pero son una panda de payasos. ¿Les has visto? Están “desterrados” aquí, aunque desterrados no sea el término mas apropiado, y van fardando de ser superiores a la gente, vamos, a los habitantes de aquí. Se fascinan con sus propios…”poderes”, les encanta esto. Son unos desgraciados. - Pues los llaman tus ''seguidores'' - Mira, si todos los de allí os habéis enterado de poco, estos idiotas que vinieron conmigo mucho menos. Creen... no se, que soy una especie de... líder o algo así... panda de idiotas. Y esperan que yo sea el máximo exponente de su estupidez, que sea el primero en andar de aquí para allá haciéndole la vida imposible a la humanidad. Yo no soy como ellos. - Ni como nosotros. Ya no. - Ni antes. - Eso es discutible. -¿No iras a decirme que éramos todos iguales? - Está claro que no… es decir, físicamente. - ¿Psicológicamente, intelectualmente… si? - Iguales no, pero si parecidos. Todos éramos en un principio capaces de lo mismo. Tu te… desarrollaste de una manera espectacular, pero igual que tu pudo ser cualquiera. - Ya claro. Pues yo creo que no es del todo culpa mía, todo esto que pasó. - Por favor, no digas lo que creo que vas a… - Creo que es su culpa. Ya sabia lo que iba a pasar, ¿O no? - ¡Yo que se, Lou! Ni lo se ni me importa - Esa es la diferencia entre tú y yo. Y la diferencia entre todos vosotros y yo. Incluso la mayor diferencia entre esa panada de inútiles que llaman mis seguidores y yo. Ambos se quedaron en silencio. Mike se quedo pensativo un rato, y luego miro a su viejo amigo Lou. Su pelo negro, antiguamente largo y sedoso como el suyo propio, ahora estaba recortado, despeinado, incluso el negro ya no era como antes, brillante y precioso, sino opaco. Las greñas caían sobre su cara, marcada por el paso de los años, pero aún conservaba su belleza. La voz de Lou le sacó de sus pensamientos. - Te envidio, Mike. A ti y a todos los demás.


- No puedes, ¿No es así?- Interrumpió con un suspiro. Por toda respuesta él arrugó el entrecejo.- Volver. Una vez te fuiste, y ahora ya no puedes volver, ¿Verdad? Lou volvió a arrugar el entrecejo, la voz de Mike, normalmente cantarina y alegre, había sonado resquebrajada. - No sé. Supongo que me perdí. - Estoy preocupado. Temo no volverte a ver. - Venga ya, Mike. Los ángeles no lloran. - Tú lloras. - Yo ya no soy un ángel. - Por ahí te llaman el ángel de los ojos tristes. - Da igual, ahora tengo muchos nombres, la mayoría horrendos. - Claro que sí. Sólo tienes que dejar que tu buen corazón te traiga de vuelta a casa. - No… Mike se levantó, y se alejó. Esperaba que Lou le dijera algo como despedida, aunque realmente sabía que no lo iba a hacer. Mientras andaba lentamente por el paseo, alargando eternamente cada paso, pensaba en el cielo azul, en esas nubes vaporosas que apenas podían ocultar el brillo del sol. Y pensó en lo agusto que podría estar flotando entre ellas, ajeno a todo. Incluso a Lou. Pero le hubiera gustado flotar con Lou. Entonces lo vio delante, apoyado en una valla que delimitaba un estanque de patos y cisnes. - ¿Qué haces? – Le preguntó. - Sabes que no puedo volver, no me lo pidas. - No te lo pediría si no pudieras. - ¿Cómo voy a hacerlo? Me odian. - Ya te he dicho que te odian por como eres ahora, no por como eras. Vuelve como antes, haz un esfuerzo. - No ellos, él. Mi padre me ha odia. - Pero aun es tu padre. - Y perdonaría a cualquiera antes que a mí. - Y ellos… bueno, nosotros, tus hermanos. Lou le miró a los ojos, azules y límpidos, una vez más. Eran tal y como los recordaba, inocentes y alegres, pero ahora guardaban en el fondo una aflicción secreta, una preocupación sincera. Sintió que debía poner fin a la conversación, que a ninguno le hacía ningún bien prolongarla más. - Los echo a todos de menos, especialmente a ti, Miguel. La próxima vez que nos veamos… - No quiero pensar ahora en la próxima vez que nos veamos. - Como quieras.- Entonces se dio la vuelta, y se fue caminando lentamente. Mike se quedo unos segundos quieto, mirando la figura que se alejaba envuelta en un abrigo negro. Sabia que esta era la última vez que le vería así. Sabía que le oía, así que simplemente susurró al aire: - Hasta siempre, Luzbel.


My best friend

¿Dónde estuviste, Mike? La caída más grande desde el lugar más alto, la bajada mas cansada para llegar al lugar mas bajo. El peor de los viajes, la mejor de las pesadillas, mi favorita, sin duda alguna. ¿Y ahora dónde estas? Creo que no te fuiste. Creo, sin temor a equivocarme, que nunca te fuiste. Fui yo. Y ciego en un abismo oscuro, teñido de rojo por la sangre de los que cayeron antes, paso el día o la noche, por que he perdido hasta la noción del tiempo, gritando "Mike, ¿dónde estás?" Cada segundo que pasa estamos más cerca del fin, cada minuto es una agonía esperando el fin. Poco a poco nos acercamos a ese anunciado desenlace que lo mejor que puede hacer es acabar con todo. Creo que no haré caso l futuro, y viviré el presente como lo estoy haciendo. No porque me guste, sólo porque no se cambiarlo. Saber el futuro no es bueno. Por eso le doy la espalda, tanto al futuro como al pasado, como a la presente realidad. Vivir de espaldas a la realidad nunca me había sido tan difícil. No lo intentes nunca, es algo que te acaba superando. Llevo siglos sin ver nada, y sólo escucho el eco de mis gritos, de mi garganta resquebrajada por humo y por el fuego y por el "Mike, ¿dónde estás?". Dando tumbos en el abismo buscando una puerta que se cerró hace tiempo, una escalera que se destruyó, lo que sea, para escapar. A veces, mientras intento dormir yaciendo en el frío suelo de este agujero sueño que creo ver una cuerda dorada que cae del cielo. Pero nunca me acerco. Sé que si me acerco lo más seguro es que sea una serpiente y trate de morderme. No me fío de las cosas que brillan. No te veo, y cada día me mata. Aunque no lo parezca, cada día me muero un poco por no ver tus ojos reflejando la luz del sol, como antaño. Aquí no hay sol, ni siquiera están tus ojos. No se ve ni siquiera el cielo, no como debería verlo. Sólo es un erial azul e infinito, salpicado por nubes y gotas de la sangre que dejé en la caída, el humo que desprendía al caer a más velocidad de la que nunca nadie antes había caido. De cualquier manera, creo que es lo que más echo de menos. Ver tus ojos reflejando el sol. Temo el día de mañana. Ha llegado un momento en el que es imposible no pensar en ello. Mañana será un nuevo día, y ya no será igual que los treinta siglos anteriores. Mañana toca luchar, mañana toca una batalla en la que me toca perder. Perder como siempre he perdido, morir como nunca había muerto. Pero casi lo prefiero a este maldito agujero. Mike, ¿dónde estás? Mañana nos veremos, Mike. Mañana, por última vez, mis negros y asquerosos ojos se clavaran en tu preciosa y limpia mirada, reflejando ese sol de la mañana tan caluroso como siempre, aunque un poco mas viejo. Mañana una vez mas veré tu pelo ondeando al viento, tus blancas manos acariciando la empuñadura de esa espada que protegió el Edén. Espero que me la claves en el corazón. Mañana volveré a mirar tus ojos, y no diré nada. Sólo los cerraré, y lo último que veré será eso, ese sol ligeramente mas viejo que cuando nos miraba correr juntos, reflejado en tus cristalinos ojos. Mike, ¿dónde he estado?


Friends or enemies

-Eh, ¡sucio payaso! Levanta y mírame, sabes todos los crímenes que has cometido. Levanta y afróntalo. ¿Que coño haces de rodillas en un puto baño lleno de sangre? ¿Crees que así vas a solucionar algo?- Le da una calada a su cigarro antes de seguir hablando.- ¿No ves que al final, como siempre supiste, estás solo, aguantando sin decir nada? -Si siempre lo supe- le contesto, tosiendo un poco- ¿Como no lo voy a ver ahora? - ¡Puag! Arrogante hasta el último momento, ¿verdad? Ya no puedes vivir sin esa prepotencia que te ha traído hasta aquí. ¿No te da pena pensar que lo tenías todo tan fácil, que sólo tenias que cogerlo...? y mírate ahora. Das grima, cubierto así de sangre.Otra calada. Parece que esto de intentar matar a sangre fría le produce ansiedad. -Dios- respondo entre escupitajos de sangre. Apenas puedo hablar.- Dispara cuando quieras... dispara de una puta vez. -Entre tu y yo: ¿no te aterra conocer el final, desde el principio? -¿Como coño...- necesito una pausa para que mis pulmones cojan aire-¿Como coño lo iba a conocer? No soy Dios. - ¿Y ahora que lo conoces? Estas acojonado, ¿verdad? Le miro a la cara. Ha cambiado el tono de su voz. Ya no suena tan cruel como antes. LE miro a los ojos, atino a ver un resquicio de pasado. Pero nada, fugaz, momentáneo, con mi respuesta el telón vuelve a caer sobre su mirada. Se lo quiero poner fácil. Me acerco unos milímetros a él, lo poco que puedo moverme, y casi le vomito una palabra: - No. Una sonrisa ligeramente mezquina ahora quedaría genial. Lo hago, quiero ver como se desespera. Lo he conseguido, su siguiente frase va cargada de odio. Mi corazón se acelera. ¿Nervios?¿Emoción?¿Miedo? No sé, nunca he sabido describir mis emociones. -Cuando vengan a por ti y recojan lo que quede de tu alma, y te lleven al infierno... -No me importa. Ya estaré a dos metros bajo tierra.- Toso con fuerza. Antes de seguir hablando levanto la cabeza para mirarle directamente a los ojos, azules, oscuros, empañados por el odio.- Y ya he vivido allí mucho tiempo. -Más bien con la cabeza apoyada en los fríos azulejos. Que bonita escena, ¿Verdad? -Preciosa. Menuda mierda de mundo. Maldición gratis para todos. Eso es lo que habéis conseguido, joder. Mira como acaba todo... -Ni un hijo pródigo puede deshacer lo que ha hecho. Eres el único culpable de un crimen parricida, de un asesinato. ¿Que vas a hacer ahora, ahí de rodillas? -Arrepentirse sólo sería mentir. Traga saliva. Parece que la respuesta le ha pillado por sorpresa. Supongo que todos a los que él y su gente se han cargado antes se han arrepentido. Supongo que a todos los demás les aterra la muerte, por más que se empeñen en que es un paso más de la vida. Cierro un momento los ojos. No me imaginaba esto así, tan oscuro. Yo me esperaba más luz, y quizá menos sangre. Y, sobre todo, un sol cansino reflejándose en sus ojos claros. Ahora sus ojos están tan oscuros que sinceramente no sé si siguen siendo azules. Creo que sí, pero muy oscuros, tanto como los míos. Pero los míos son negros. Que


decepción. Me saca de mis pensamientos cuando vuelve a hablar. Su voz también ha cambiado. Apenas le reconozco. Ahora cambia de tema, parece que la respuesta le pilló por sorpresa. -Ya me imagino tu epitafio: "Aquí yace un hombre que fue colgado sobre todos nosotros".Termina su cigarro y me arroja la colilla con desdén. No puedo hacer otra cosa que no sea sonreír. - Me acabas de llamar hombre, ¿Verdad? - ¿Se te puede llamar de otra manera? - Antes tú mismo me llamabas de otra manera. - Antes eras diferente. - Pero ni siquiera ahora soy un... -No puedo seguir la frase. Vuelvo a toser, y escupo sangre. El suelo tiene tanta mierda que ni siquiera se ve su color normal. Sólo rojo, rojo oscuro. Cojo fuerzas. Él me mira desde encima, con soberbia. Se cree mejor que yo, o que cualquiera, como todos sus compañeros. Arrogante, como dice que soy yo. No hay peor ciego que el que no quiere ver. No se dan cuenta que están prácticamente tan abajo como yo. No sabe que decir. No sé que pensar. Vuelvo al tema del epitafio. - No creo que nadie quisiera esculpir el epitafio de alguien como yo. - ¿Alguien como tu? ¿Alguien tan mezquino, malvado, arrogante... traicionero como tu? No creo que haya otro como tu. Sonrío más. -¿Que pasa?¿Tienes celos? -... Sonrío más aún al ver como cambia su expresión en una mueca de asco. Mis palabras le taladran los oídos, le irritan, le sientan fatal, tanto que parece que va a vomitarlas. Mejor, así será más fácil. Me apunta a la cabeza con el arma, tengo el cañón delante de la frente. Nunca antes le había visto sudar así. Las gotas caen lentas por su frente, resbalando hasta quedar colgando, pendiendo sobre el vacío, empapando su larguísima melena rubia. Su mano tiembla, casi imperceptiblemente, pero tiembla. No se si de rabia, tensión, pena... no se. Clava sus ojos, azules como el mar embrabecido en mi sonrisa. "Sí, es lo que estás pensando. Piensas que te estoy provocando con mis labios, piensas que te estoy retando porque se que no lo vas a hacer. Pero sé que lo vas a hacer. Es lo único que puedes hacer." Parricida, me ha llamado. Y yo fui su hermano, o eso creo. Escucho, nítido como la noche, como amartilla su pistola. "Dispara de una puta vez, Mike."


Un día Mike iba paseando por la calle, cuando vio a un viejo conocido en un banco sentado. Estaba sencillamente ahí, mirando a una paloma solitaria, tan solitaria como él. Desde dónde el lo miraba solo podía ver su espalda, envuelta en un abrigo negro, pero podía adivinar su mirada, tan negra como el mismo abrigo, tan cansada como siempre. Se acercó lentamente y sin mediar palabra se sentó a su lado. Ni siquiera se miraron, antes de que ninguno pudiera decir nada la paloma levantó el vuelo y se fue, abandonando el parque y olvidando para siempre el rítmico picoteo al recoger granitos de maíz. Mike respiró con fuerza, y luego empezó a hablar: -¿Y ahora que, Lou? Nadie respondió. Mike se pasó las manos por la cabeza, por su pelo rubio y ahora corto. Su voz ya no sonaba alegre y cantarina, como en el pasado, ni siquiera con una cierta tristeza, como la última vez que se vieron aquí. Ahora sonaba rota, rota como hacía mucho tiempo que no había sonado una voz angelical como la suya. -Has perdido la guerra. Y creo que nunca tuviste opción de ganarla. Pero ya lo sabías, ¿verdad?- Parecía debatirse consigo mismo, frotándose el pelo con fuerza- ¿Y por que luchabas, entonces?Podías haberte arrepentido, haber vuelto.... ¿o no? De verdad que no lo entiendo. Sólo te llevó a estar sólo, y ahora... derrotado Una voz le sacó de sus pensamientos. -Derrotado no, mejor di muerto. No habría podido decir si era real o estaba en su cabeza, pero cuando miró a su compañero no estaba ahí. Y tuvo la certeza de que nunca había estado allí. Se rió de su propia estupidez mientras pensaba “Es verdad, muerto...”. Después un par de lágrimas se escaparon de sus ojos, negros como la noche, mientras se levantaba. Se encaminó hacía una luz cegadora que se divisaba a lo lejos, en el camino, mientras un canto de gloria le envolvía. Pero el era ajeno a todo eso. Se paró un momento, pensando si ir hacia allí o no. Subió el cuello de su abrigo negro y se secó los ojos. Estando ahí quieto parecía un ángel de ojos tristes.


“¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, Hijo de la aurora! ¡Has corrompido la sabiduría por causa de tu esplendor! Y yo he sacado de ti el mismo fuego que te ha devorado. Todos los que te conocían están anonadados: ahora eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre.”

Sergio Pereira, 2010


Will be friends?