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Sebastián Muñoz Chavarría Sergio Andrés Hincapié Zapata Daniel Esteban Vélez

Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar. Llevad a mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy Manso y Humilde de corazón; y halareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11, 28-30).


Paz Alegría Plenitud Servicio Valentía

Primeramente, seguir al Señor es aceptar una invitación personal. Nos llenamos de alegría cuando alguien de cierta categoría social o política nos extiende una invitación. La invitación de Cristo está hecha. Es cuestión de decir "SI" a ella y hacerla nuestra. Este es el precio que hay que pagar por seguir a Cristo. Renunciar al amor de los seres que más amamos, de las cosas que más queremos, si es que estos seres y estas cosas nos apartan del Señor. Cristo debe ser primero en nuestra vida, primero en nuestros objetivos terrenos, primero en nuestro suspiro final. Pero este precio es posible pagarlo. No hay nada difícil ni imposible en la vida con Cristo. Porque el Señor no exige imposibles. El conocía y conoce perfectamente nuestras debilidades, nuestras indecisiones, nuestros pecados. Precisamente por todas estas cosas murió en la cruz. Pero, a pesar de ello, Cristo quiere que andemos cerca de él. Esto no puede hacerse, lógicamente, si la sangre de Cristo no ha salvado primeramente nuestra alma.


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