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La dialéctica del capital en la Crítica de la Economía Política y en la Historia del desarrollo capitalista................................................................................................................................ 2 1.La clave del concepto de capital: la autonomización del valor. .......................................... 5 2. La crítica de la economía política y el objeto teórico de El capital ................................... 9 3. Los seis libros del Plan de Marx: abstracción práctica y aplicabilidad inmediata. .......... 12 4. La introducción del 57 y la estructura lógica de El capital .............................................. 15 5. Subsunción formal y subsunción real: núcleo de la teoría del desarrollo histórico capitalista.............................................................................................................................. 35 6. El paso de la lógica a la Historia: la medida de capital .................................................... 36 7. Crisis, revolución y medida geopolítica de capital........................................................... 39 8. El concepto de capital, la necesidad económica de la revolución comunista y las ilustraciones de El capital .................................................................................................... 44


La dialéctica del capital en la Crítica de la Economía Política y en la Historia del desarrollo capitalista Por Jorge Veraza Urtuzuástegui En el último cuarto del siglo XX la conciencia de clase proletaria sufrió un grave descalabro con la caída del Muro de Berlín (1989) y el desmembramiento de la URSS (1991), que le produjo gran inseguridad respecto de sus conceptos y certezas previas acerca de qué era el capitalismo, cómo combatirlo y cuál la presencia de la sociedad socialista a construir después de revolucionar a la sociedad burguesa; pero desde mediados de la década de los noventa la conciencia de clase proletaria recuperó vitalidad con la emergencia de movimientos rebeldes de orden nacional pero de amplia significación mundial -como el del EZLN en México o el movimiento de los Sin Tierra en Brasil etcétera- y, aún, con un cada vez más extendido y radicalizado movimiento altermundista que confronta el dominio globalizado del capital industrial y la forma de hegemonía mundial del mismo que ejerce Estados Unidos. En el curso de estas luchas el pensamiento marxista ve confirmadas sus nociones al tiempo en que cada movimiento social siente la necesidad de darse luces con los conceptos marxistas hace poco despreciados o simplemente olvidados. Habría que usar esos conceptos adecuadamente, pues quizá no lo supimos hacer. Habría que desarrollarlos pues quizá son


limitados para comprender el desarrollo mundial del capitalismo. Habría quizá que criticarlos si es que están equivocados; pero para ello no podemos seguir el lema del “pensamiento único” que sugiere el fin de las utopías y de las ideologías e incluye en este fin sin más a la crítica radical de las ideologías y de las utopías que es el socialismo científico elaborado por Karl Marx y Friederich Engels; así que si hay que criticarlos hay que demostrar –y no simplemente decretar– su equivocación y para ello no queda otro camino que conocerlos a cabalidad en lugar de repudiarlos con resentimiento, con horror o con odio. Y bien, la conciencia de clase proletario comunista en especial bajo la forma de marxismo se ha ido recuperando y desarrollando de entonces a la fecha al lado de las luchas de los oprimidos en todo el mundo y, aún, intentando pensar al capitalismo mundial recuperando a Lenin y a Marx para contestar a la ideología de la globalización triunfante. Pero afortunadamente los propios pensadores de izquierda se percatan de la insuficiencia de su contestación y muchos de ellos recuerdan las críticas radicales que en los sesenta y setenta se hicieran desde el marxismo a la teoría del imperialismo de Lenin, así como los múltiples errores que se le atribuyeron atinadamente o no a Marx. Así que con el afán de contestar a preguntas inmediatas por cómo proseguir la lucha y cómo entender lo que nos oprime hoy, los marxistas se ven impelidos a profundizar en la esencia de la teoría de Marx en términos metodológicos y aún lógicos porque sólo así se capta su estructura nuclear, se hace una radiografía que permite captar su corrección o su incoherencia y que habilita a una mejor aplicación de la misma, a su desarrollo y, aún, a la contestación puntual de las preguntas de la política del día. De tal manera, la pregunta por la dialéctica del concepto de capital busca establecer los parámetros teóricos rigurosos para intentar la crítica de la economía política en el capitalismo contemporáneo. Se atiene a la necesidad de construir una crítica de la economía


política a la altura del mercado mundial intuido por Marx en el Manifiesto del Partido Comunista pero realizado en plenitud –o como mercado mundial en donde en todos los países de la Tierra domina el capital industrial– sólo a fines del siglo XX. Se trata de una pregunta de la más refinada elaboración teórica porque sólo así puede contestarse a las necesidades prácticas del movimiento tanto a nivel local y nacional como mundial. De éste basto problema objeto de una reflexión colectiva en curso –de la que es síntoma este coloquio– en lo que sigue me ocuparé de desarrollar ocho temas. El centro de mi exposición (inciso 4) lo constituye la determinación de la estructura lógica del concepto de capital apoyándome para ello en la descripción de la arquitectura de El capital de Marx con base en la Introducción de 1857; para alcanzar esta meta ofrezco en primer lugar (inciso 1) –sobre la base de observar al capital constante y al variable como determinaciones primeras de nuestro tema– la clave del concepto de capital: la autonomización del valor hasta constituirse en valor que se valoriza, es decir, un valor que lleva a cabo acciones como de sujeto; después (inciso 2) con base en esta clave se vuelve posible establecer el objeto teórico de El capital así como confirmar su carácter – erróneamente negado por algunos– de ser crítica de la economía política; de tal manera que estamos en posibilidad ahora (inciso 3) de establecer el talante de esta crítica –su aplicabilidad inmediata y su referencia a abstracciones prácticas o formas sociales concretas– así como su ámbito completo de reflexión que no se agota en los tres tomos de El capital sino que sólo se cumple en el célebre “plan de seis libros” formulado por Marx en 1857 y 1859; ahora bien, lo dicho sobre la estructura lógica del concepto de capital (inciso 4) nos permite ubicar en ella (inciso 5) aquel momento estructural de este concepto que posibilita trasladarlo a la escena histórica, es decir podemos determinar el núcleo de la teoría del desarrollo histórico capitalista de Marx: la subsunción formal y real del proceso


de trabajo inmediato bajo el capital; pero no sabemos aún cómo llevar a cabo el paso de la lógica a la historia, por eso nuestro inciso 6 procede a resolver este problema; y el 7 se refiere a las determinaciones más desarrolladas del concepto de capital (la crisis y la revolución) pero intentando singularizarlas históricamente mediante el concepto de medida geopolítica de capital, parte insoslayable del concepto de mercado mundial; arribamos finalmente (inciso 8) a la cumbre de la lógica del concepto de capital estrechamente vinculado con su historicidad: la necesidad económica de la revolución comunista, a propósito de la cual resulta necesario resolver el estatuto teórico y el contenido de las así llamadas ilustraciones o ejemplificaciones contenidas en El capital, esto es, la referencia discursiva de este texto a la realidad concreta.

1.La

clave

del

concepto

de

capital:

la

autonomización del valor. Capital constante y capital variable son diferenciaciones funcionales que establece Marx críticamente, arregladas desde la perspectiva de la producción, al interior de los conceptos de capital fijo y circulante que ya la economía política clásica había elaborado desde la perspectiva de la circulación; y que por su “limitación burguesa” esta ciencia estaba imposibilitada a construir, pues el capital variable obliga a asumir algo que está prohibido –como el mirar directamente a los ojos de la muerte– a la ideología de dominio: la explotación del obrero como fuente del enriquecimiento del burgués;1 y, por su parte, el concepto de capital constante obliga a asumir la enajenación de toda la riqueza objetiva –y no sólo la explotación del plusvalor– a la clase obrera por parte de la clase burguesa en el

1

Cfr. K. Marx, El capital. Tomo I. Capítulo VI. “Capital constante y capital variable”.


curso de la acumulación de capital2 y, aún, remite a la acumulación originaria de capital3 que no sólo precede al establecimiento del modo de producción capitalista sino que lo acompaña en su aventura mundial de expropiación de todos los pueblos de la Tierra como parte del desarrollo histórico capitalista. Y, en fin, el capital constante y el capital variable conducen lógicamente a la visión de que “ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados”.4 De por medio tenemos el triunfo de la reflexión de Marx ante el magno desafío de establecer la ley del desarrollo capitalista, en primer lugar como ley general de la acumulación capitalista5 como magna sorpresa para la economía burguesa en tanto presunta ciencia de la riqueza, pues la ley es precisamente la de la producción creciente no sólo de riqueza sino de miseria simple y compleja porque es la de la producción sistemática de un ejército industrial de reserva, de una sobrepoblación relativa de seres humanos funcional con las necesidades de acumulación de capital. La ley del dominio del objeto es la postulación práctica de la humanidad como supernumeraria. La ley del desarrollo capitalista no es la ley de la “riqueza de las naciones” como reza el optimista título de la obra de Adam Smith, es la ley a través de la cual el capital elige a sus muertos: –quién debe morir y quién sobrevive– pero con la condición de entre tanto explotar a todos y cada uno hasta el límite de lo posible. La ley del desarrollo capitalista es una ley a través de la cual el capital llega a estatuirse prácticamente como “sujeto en sustitución” ante la inoperancia de la sociedad humana como auténtico sujeto de su funcionamiento y destino. Por eso es que este

2

Cfr. K. Marx, El capital. Tomo I. Capítulo XXI “Reproducción simple”. Ibid. capítulo XXIV “La llamada acumulación originaria” 4 K. Marx, El capital. Tomo I. FCE, p. 649 5 Ibid. Capítulo XXIII “La ley general de la acumulación capitalista” 3


pseudosujeto6 que es el capital aparece como el auténtico sujeto y termina por construir una falsa apariencia de sí mismo pero que no es meramente fantástica sino que coincide con la realidad, cuando en la última sección del tomo III de El capital aparece no sólo como cosa sino simultáneamente como persona de poder, honorable y prestigiosa en tanto Monsieur le Capital al lado de Madame la Terre.7 De hecho la clave de la reflexión de Marx consiste en que entiende o asume el concepto de capital como culminación del proceso de autonomización del valor. Según lo revelan los Formen8 en general y puntualmente el Urtext,9 donde Marx va estableciendo paso a paso las estancias de la autonomización del valor desde la forma mercancía y la forma dinero, así como las diversas funciones de éste, hasta “el paso al capital”10 donde el valor se intercambia directamente por valor de uso – precisamente el de la mercancía fuerza de trabajo– y lo consume para autovalorizarse. En efecto, el proceso de autonomización del valor lo sugiere como presunto sujeto pues que su mero devenir conduce a una forma de existencia comparable con la autonomía propia de los sujetos humanos: la autonomización. Por eso es que Marx señala que el proceso de producción capitalista constituye la unidad del proceso de trabajo y del proceso de valorización, (capítulo V, tomo I) sí, de valorización del valor; esto es, que el valor en tanto presunto sujeto actúa sobre sí mismo y se valoriza tal y como el sujeto humano es autoconsciente y se autoreproduce. El concepto de autonomización del valor preside al concepto de valorización del valor y lo vuelve inteligible.11

6

Bolívar Echeverría, El discurso crítico de Marx. Era, México, 1986. Karl Marx, Op. Cit. Capitulo XLVIII “La fórmula trinitaria” 8 K. Marx, Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política. SXXI, México. Año, T. I 9 K. Marx, (Fragmento de la versión primitiva de la contribución a la crítica de la economía política) en Ibid T.III 10 Ibid. 11 Karl Marx, El capital. Tomo I. capítulo V “Proceso de trabajo y proceso de valorización” 7


De tal manera al creciente proceso de enajenación de la riqueza objetiva respecto de los individuos sociales –primero bajo la figura del establecimiento de la propiedad privada cada vez más generalizada que excluye a cada uno de la riqueza del otro, y luego bajo la figura de la propiedad privada de los medios de producción monopolizados por toda una clase de propietarios privados (los burgueses) que se enfrenta, para explotarla, a la clase proletaria expropiada de toda la riqueza, pero que aparece como presunta propietaria privada en tanto que detenta su fuerza de trabajo devenida en mercancía debido a la compulsión clasista económica, social, jurídica y política– sí, al creciente proceso de enajenación de la sociedad respecto de la riqueza objetiva, digo, corresponde el proceso de creciente autonomización de ésta en tanto valor: la autonomización del valor hasta realizarse como capital. Este proceso histórico ha quedado puesto como estructura económica de la sociedad burguesa. Por eso El capital critica los efectos que tiene sobre el conjunto de los individuos sociales la autonomización del valor que prevalece en dicha sociedad. En efecto el tomo I de El capital en tanto crítica de la economía política señala que en lugar de prevalecer la gestión de las necesidades y capacidades sociales por cuenta de los sujetos sociales, ésta ha quedado cedida al mecanismo automático del mercado en tanto regulador cósico. Lo que prevalece no es la autogestión social en la que la sociedad democrática se muestra como sujeto soberano sino la cosificación de las relaciones sociales (seccs. I y II del tomo I de El capital). Misma que es la condición de posibilidad para que ocurra la explotación de plusvalor absoluto y relativo a la clase obrera (secc. III-VI del tomo I de El capital). Explotación que por su propia dinámica se convierte en enajenación de toda la riqueza objetiva a la clase obrera como ley del desarrollo capitalista. En síntesis en el tomo I de El capital Marx tematiza el concepto crítico comunista de autonomización


del valor para caracterizar esencialmente lo que es capital en sus tres estancias fundamentales articuladas entre sí y a no confundir unas con otras. Las estancias o momentos de la autonomización del valor son la cosificación de relaciones sociales, la explotación del plusvalor o excedente propio de la sociedad mercantil desarrollada, y la enajenación total de la riqueza objetiva. De hecho, podemos decir –parafraseando la lúcida idea de Karel Kosik12 acerca de que El capital constituye la “Odisea de la mercancía”– que esta obra de Marx en sus tres tomos nos ofrece la fenomenología de la autonomización del valor.

2. La crítica de la economía política y el objeto teórico de El capital El misterio –y la polémica– en torno al título de la obra cumbre de Marx El capital. Crítica de la economía política puede ser resuelto con base en lo dicho. En primer lugar, si contrastamos este título con el Para la crítica de la economía nacional de 184413 y con ese otro Zur Kritick o Para la crítica de la economía política de 1859, la célebre Contribución a la crítica de la economía política como se eligió traducir el título en castellano, o con ese extenso manuscrito, el Zur Kritick de 1863-66 que debía completar a aquella Contribución, o si lo comparamos con esos Elementos o mejor, Raíces fundamentales de la crítica de la economía política, los Grundrisse, de 1857 y ese otro Zur Kritick de 1858 del que sólo queda un fragmento y que fuera el texto primitivo (Urtext) con base en el cual Marx compuso su Contribución de 1859. Echamos de ver que, en todos los casos, Marx quiere 12 13

Dialéctica de lo concreto. Grijalbo, México, 1972. Manuscritos de París o Manuscritos económico filosóficos de 1844. Varias ediciones


aportar argumentos en vista de lograr el perfeccionamiento de la Crítica de la Economía Política contra la sociedad burguesa, cuyo primer esbozo se debe a la pluma de Friederich Engels y data de 184314; mientras que El capital de 1867 ya no ofrece un «esbozo» ni sólo unos «elementos fundamentales» ni aún pretende sólo aportar pues ya no es un Zur Kritick, un Para la crítica; sino directa y redondamente es la Crítica de la Economía Política. De suerte que Marx piensa que ha logrado el perfeccionamiento de este argumento científico comunista a nivel esencial cuando que antes su elaboración era insuficiente. Y precisamente ha logrado el perfeccionamiento de la crítica de la economía política cuando puede dar cuenta redondamente de lo que es el capital. Lo que significa explicar no solamente la existencia, la presencia o estructura del capital sino su origen o génesis, su desarrollo y su muerte15. Por eso es que, ahora, no titula Marx su obra Crítica de la economía Política sino El capital. Crítica de la economía política porque la condición para redondear esta crítica es precisamente la explicación científica de lo que es capital. Al contrario de lo que pensó la escuela althusseriana a fines de los sesenta del siglo XX de que Marx

había abandonado su proyecto de crítica de la economía política

mantenido por veintidós años (1844-1866) por ser ideológico y girar todavía en torno al homo economicus y la noción empirista de riqueza,16 sustituyéndolo por el proyecto científico de explicación del modo de producción burgués, así que tituló su obra El capital 14

Friederich Engels, Esbozo de la Crítica de la Economía Política. En K. Marx-F. Engels Escritos económicos varios. Grijalbo, México, 1972. 15 Cfr. El capital. Tomo I. Prologo a la primera edición. “ Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes […] Aunque una sociedad haya descubierto la ley natural que preside su propio movimiento –y el objetivo último de esta obra es, en definitiva, sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna–, no puede saltarse fases naturales de desarrollo ni abolirlas por decreto” SXXI, México, 2002, pp. 7-8. así como el epílogo a la segunda edición: “la dialéctica […] en su figura racional, es escándalo y abominación para la burguesía y sus portavoces doctrinarios, porque en la intelección positiva de lo existente incluye, también, al propio tiempo, la inteligencia de su negación, de su necesaria ruina; porque concibe toda forma desarrollada en el fluir de su movimiento, y por tanto sin perder de vista su lado perecedero; porque nada la hace retroceder y es, por esencia, crítica y revolucionaria”. Ibid. p. 20. 16 Louis Althusser y otros, Para leer El capital. SXXI, México, 1970.


quedando en segundo lugar y como mero recuerdo lo de Crítica de la economía política17; al contrario, Marx ha coronado su proyecto científico de crítica de la economía política, toda vez que según La Sagrada familia o Crítica de la crítica crítica de Bruno Bauer y consortes18 (1844) la crítica ofrece un aspecto inicial o negativo que se completa o redondea solamente con la crítica positiva de lo existente, cuando se da explicación de lo existente en tanto totalidad –o cómo es que lo existente se produce, reproduce y desarrolla– y por ese motivo logramos establecer su límite y superación.19 En segundo lugar, Marx no simplemente rechaza el concepto empirista de riqueza de la ideología burguesa –como lo hizo la escuela althusseriana quedando presa de dicho empirismo por aferrarse a su negación abstracta– sino que procede a construir un concepto no empirista de riqueza, un concepto dialéctico materialista y crítico científico, según el cual el objeto teórico de El capital es el esclarecimiento de la riqueza burguesa asumida como modo de producción, reproducción y desarrollo del capital y, a la inversa la asunción del modo de producción capitalista en tanto riqueza. Término que obliga a suponer un sujeto, así que ¿riqueza para quién? Y es por este para quién que la única manera de hablar de ciencia de la sociedad o en este caso de la economía es como ciencia crítica o crítica científica; y por lo cual la cuestión epistemológica del objeto, instrumento y sujetos del conocimiento se cruza con la cuestión praxiológica del sujeto que produce ese objeto de conocimiento y se autoproduce en esa producción, y con la cuestión política de cómo

17

Véase Pierre Macherey, “Acerca del proceso de exposición de del capital” en Lectura de El capital (Tomo II de Para leer el capital en la edición castellana) Ed. Oveja negra/zeta limitada. Buenos Aires, 1971. p. 151202. 18 Karl Marx, La sagrada familia o la crítica de la crítica crítica de Bruno Bauer y consortes. Grijalbo, México, 1968. 19 Cfr. § 4 “Proudhon” del capítulo 4. “la «crítica crítica» como la quietud del conocer o la «crítica crítica» como el señor Edgar” de La Sagrada familia. Parágrafo que constituye el resumen metodológico de los Manuscritos de 1844 y la formulación del programa de cómo hacer la crítica de la economía política que presidirá el trabajo teórico de Marx por décadas hasta su muerte.


soporta el sometimiento hasta terminar revolucionando prácticamente al objeto real: el modo de producción capitalista. De tal manera que el objeto teórico de El capital obliga a una formulación dual, pues es: la exploración crítica de la riqueza de la sociedad burguesa en tanto modo de producción capitalista que explota y enajena al proletariado, al tiempo que es la exploración crítica del modo de producción capitalista asumido como riqueza para el proletariado en tanto sujeto ya no del proceso de producción capitalista de plusvalor –o en tanto fuerza de trabajo explotada por el capital– sino en tanto sujeto de la revolución comunista, fuerza revolucionaria que ha superado su condición de mercancía sometida unilateralmente a la función del trabajo productivo capitalista.20 De ahí que el concepto de capital no sólo sea un concepto abstracto sino una abstracción práctica, histórica y cuyo desarrollo no se agota en diversas funciones y formas funcionales circulatorias y productivas (tomos I y II) así como en formas transfiguradas (tomo III) sino que coincide con la concreción espacial y temporal, geográfica e histórica de la sociedad burguesa.

3. Los seis libros del Plan de Marx: abstracción práctica y aplicabilidad inmediata. En su Introducción de 1857 Marx señala cómo fue que la economía política clásica inició su investigación partiendo de las situaciones empírico concretas de la naciente sociedad burguesa llegando a elaborar conceptos cada vez más abstractos, a partir de los cuales Adam Smith y David Ricardo ya pudieron reconstruir teóricamente una imagen del

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Jorge Veraza U, “El objeto teórico de El capital” en Revista del seminario de El capital. FE-UNAM, México, 1979.


funcionamiento concreto de la economía.21 “La elevación de lo abstracto a lo concreto” – dice– constituye el único camino científico, y fue el que Marx siguió en El capital; así que la “dialéctica de lo abstracto a lo concreto”22 integra la estructura del concepto de capital. Sin embargo Marx no sigue exactamente el procedimiento de la economía política. En sus “Glosas marginales al Tratado de economía política de Adolf Wagner” (1874)23 dice que él no parte en su exposición del concepto de valor, mera abstracción teórica, sino de la mercancía o mejor aún –para distinguirla de los meros conceptos– de la forma mercancía, una forma social concreta dada, dice, a la vez en la realidad y en el pensamiento; ni más ni menos que una abstracción práctica. Por donde en el capítulo primero de El capital ya pisamos terreno concreto –y de hecho a lo largo de todos los capítulos de ésta obra– sin tener que esperar a llegar hasta el tomo III para hacerlo como algunos autores piensan. Pisamos el terreno concreto de la forma mercancía, aunque ésta no sea sino un momento abstracto del capital; cuya concreción es arduamente construida a lo largo de los tres tomos y lograda al final del tomo III, aunque en cada capítulo y sección Marx observa nuevas formas económicas que le confieren concreción a su exposición teórica rigurosa y permanentemente crítica de la empirie fetichista capitalista. De todas maneras el logro al final del tomo III es la refiguración teórica del capital social nacional, él mismo momento abstracto del capital social mundial que se configura como mercado mundial. Recordemos que los tres tomos de El capital serían apenas el libro primero de un programa de seis expuesto por Marx en el Prólogo a su Contribución a la crítica de la 21

Introducción de 1857 § 3 “El método de la economía política” en Elementos fundamentales. Ed. cit. E. V. Ilienkov “Dialéctica de lo abstracto a lo concreto en El capital de Marx” (1960) en Problemas actuales de la dialéctica; ed. Alberto corazón, comunicación serie A no.9; Madrid, 1972. de Ilienkov, Kosik, Rossi, Luporini y Della Volpe. 23 En El capital. FCE, México, 1968. Tomo I. Apéndice. 22


economía política de 1859, el segundo de los cuales sería el de la propiedad de la tierra, al que seguirían los de el trabajo asalariado; el Estado, el comercio exterior y el mercado mundial.24 Evidentemente en este último tendríamos el concepto de capital social mundial en tanto forma social concreta y en tanto abstracción práctica que paradójicamente da forma y subsume a todo el mundo empírico.25 Así que muerto Marx nos toca elaborar por lo menos esos cinco libros restantes; y para ello es forzoso establecer la dialéctica del concepto de capital expuesta en la obra de Marx, siguiendo un camino que parafraseando el “de lo abstracto a lo abstracto” –con el que Cesare Luporini26 subraya el refinamiento teórico de Marx, ajeno a todo empirismo en el que recayeron muchos autores a propósito de la idea de “elevarse de lo abstracto a lo concreto”– sí, Marx expone el concepto de capital siguiendo un camino que va “de lo concreto pensado1(simple) a lo concreto pensado2 (complejo)”, camino así señalado para subrayar la aplicabilidad inmediata de todos y cada uno de los conceptos de El capital a la realidad empírica capitalista con la condición de que los consideremos como abstracciones prácticas, las cuales –en el modo en que están expuestos en El capital– se comportan críticamente respecto de la empirie o tienden a destruir la cáscara pseudoconcreta27 de la realidad burguesa actual cada vez, cáscara que encubre su coincidencia con el concepto de El capital que en cada ocasión devela la realidad y la critica. Sólo por eso se ha creído que son inactuales, que contradicen la 24

En el prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política de 1859 Karl Marx formula así su plan: “Examino el sistema de la economía burguesa por el orden siguiente: [capital] [propiedad de la tierra] [trabajo asalariado] [Estado] [Comercio exterior] [Mercado mundial]. Bajo los tres primeros títulos estudio las condiciones económicas de existencia de las tres grandes clases en la cuales se divide la sociedad burguesa moderna; el enlace de los otros tres títulos salta a la vista”. Se trata del Estado que cohesiona a esas “tres grandes clases” en unta totalidad nacional; así que es el gozne del capital nacional explorado por los primeros cuatro libros con el capital internacional y, aún mundial del que se ocupan los restantes dos. 25 Se sobrentiende que me apoyo aquí en la crítica que Roman Rosdolsky (Génesis y estructura de El capital de Marx, SXXI, México, 1978) enderezara a Henrik Grossmann (Ensayos sobre la teoría de la crisis Pasado y Presente, México, 1979) cuando éste ironiza a quienes después de los tres tomos de El capital deploran que Marx haya muerto antes de publicar sus cinco libros restantes. 26 Problemas actuales de la dialéctica. Ed. Cit. 27 Karel Kosik, “El mundo de la pseudoconcreción y su destrucción” en Dialéctica de lo concreto. Ed. cit


realidad o peor, que ésta los contradice a ellos o que su aplicación sólo es posible de manera mediatísima y sofisticada.

4. La introducción del 57 y la estructura lógica de El capital Para la investigación de la estructura lógica (dialéctica) del concepto de capital el lugar estratégico –además de, por supuesto, observar la arquitectura de El capital– no es el célebre parágrafo 3 sobre “El método de la economía política” de la Introducción de 1857 sino su parágrafo 2 “La Relación General de la Producción con la Distribución, el Cambio y el Consumo” puesto que estas relaciones constituyen la estructura económica de la sociedad, misma que el capital debe dominar y en acuerdo a ella estructurarse. Y bien, las relaciones entre la producción y el consumo (así como del resto de instancias) son tres y Marx sigue aquí la Lógica de Hegel: la inmediata, la mediata y la relación absoluta o, también llamada relación inmediata/mediata porque constituye la síntesis de las dos anteriores. 4.1 Así las cosas podemos establecer que el tomo I nos ofrece el concepto inmediato de capital; y como sabemos que su título es precisamente el “Proceso de producción de capital”, entendemos que la entrada en escena o presentación inmediata del capital es su acto productivo, el capital como productor de plusvalor y explotador de la clase obrera; y como nos encontramos en el nivel inmediato de la estructura económica de la sociedad burguesa donde aparecen la producción y el consumo –estos extremos de aquella– identificados, entendemos por qué la sección séptima del tomo I (dedicado a la producción


de capital) se permite, sin embargo, desafiarnos al exponernos no la mera producción sino la reproducción de capital.28 Argumento que en principio creeríamos no debería aparecer en el tomo I, pero que si observamos con más profundidad el problema, dialécticamente, vemos que la relación inmediata entre la producción y el consumo es también el nivel inmediato de constitución del concepto de capital; y si estos extremos en un inicio los tenemos juntos, si aquí el fin está al principio, la reproducción se identifica con producción puesto que el extremo de ésta (el consumo) es intercambiable por ella; en realidad, cuando observamos que la sociedad se reproduce – o que el capital lo hace– tenemos la memoria del acto productivo previo que ahora se repite; pero, de hecho, si hacemos a un lado esta memoria, el acto reproductivo no se distingue del productivo que en este momento ocurre inmediatamente. Aún más, como en este momento de constitución del capital la producción y el consumo coinciden, el nivel inmediato del concepto de capital es aquel básico y general en el que el capital individual se identifica con el capital social. Por eso, en el tomo I de El capital el capital individual funciona como ejemplo del capital social propio de toda una rama, de toda la sociedad o incluso del capital mundial: es capital que explota plusvalor a la clase obrera, etcétera.

28

Sección séptima “El proceso de acumulación de capital”


CUADRO 1

29

Tomo I. El proceso de producción de capital Inmediato

Tomo II. El proceso de circulación de capital Mediato

Tomo III. El proceso global de la producción capitalista Inmediato/mediato o absoluto

Capital social=capital individual

Capital social ≠capital individual

Capital social≠capital individual/capital individual≡capital social

General

Particular

Singular

Mediación presupuesta

Mediación explícita

Mediación ya vista

Circulación presupuesta de mercancías y distribución de presupuesta de plusvalor29 Producción

Circulación explícita de mercancías (V/VU)

Distribución de plusvalor

Reproducción

Desarrollo

Ley

Esquema

Ley

Por tanto el tomo I supone para su exposición tener resuelto el tomo II y el tomo III.

Explicación El sometimiento de la producción/consumo extremos de la base económica de la sociedad dan contenido al capital En concordancia, la relación inmediata/mediata y absoluta del capital individual con el capital social constituyen al capital en general. De ahí el aspecto de silogismo que ofrece el concepto de capital en general establecido por los tres tomos. Cuyo ritmo expositivo =y de constitución del capital= está determinado por cómo se aborde en cada tomo la relación de los extremos: producción/consumo y capital individual/capital social. Lo cual determina qué instancia de la estructura económica como totalidad se tematiza o incluye en cada ocasión Según lo dicho se posibilita a partir del establecimiento de la estructura del capital (en si) dar cuenta del despliegue procesual del capital (para si ) Lográndose la perspectiva dialéctica de abordaje de la crítica de la economía política sobre el capital en tanto análisis legaliforme que reparte su aspecto legal: en un momento premisial básico (tomo I) y un aspecto resultante suficiente (tomo III) articulados por su aspecto formal (tomo II) en tanto momento mediador de los otros dos.


4.2 Por su parte el tomo II de El capital nos entrega el concepto mediato de capital. Esto es, cuando la producción y el consumo –los extremos de la base económica de la sociedad– establecen una relación mediada entre ellos, no cuando se identifican sino cuando se distinguen uno del otro y para relacionarse entre sí deben hacerlo mediante un objeto diferente a ambos; un objeto emanado de la producción y que será consumido como un bien a nivel del consumo. Pero, además, sabemos que el título del tomo II es “El proceso de circulación del capital” así que, en principio, no se entiende por qué la sección III del tomo II de El capital se encarga de “La Reproducción del Capital Social”, esto es, de la repetición del acto productivo. La paradoja se resuelve si consideramos que Marx se encuentra explorando la estructura económica de la sociedad. En el tomo I exploró el conjunto de esta estructura por cuanto que consideró sus extremos –la producción y el consumo– pero precisamente como identificados inmediatamente. Ahora, en el tomo II, aborda de nueva cuenta la totalidad de las relaciones económicas, de la estructura económica pero introduce el análisis de la circulación; aquello que había dado por supuesto en el tomo I. Ahora está forzado a analizarla porque el momento mediato de constitución del capital implica la relación mediada de la producción con el consumo; y bajo la sociedad burguesa el producto/bien que debe vincular mediadamente a la producción con el consumo debe hacerlo bajo la forma de mercancía intercambiada a nivel de la circulación. Además, no habrá de abordar el acto de la producción porque este queda presupuesto; pero si debe abordar necesariamente a la reproducción porque, precisamente, en tanto que la circulación


media a la producción y al consumo y, a la inversa, al consumo con la producción, la llegada del bien al extremo en que es consumido nos deja ante el hiato que media al consumo con la siguiente producción, la reproducción; la cual no está presupuesta sino que por ello mismo debe ser explicada. De tal manera, la doble mediación entre la producción y el consumo mediada por la circulación es una vez el producto/bien y, otra vez, el hiato que la sociedad debe cancelar si es que habrá de sobrevivir: deberá volver a producir entonces. Y bien, el capital está obligado también a llenar ese hiato, constituirse en capital en reproducción; pero ahora la cosa no es tan fácil como en el tomo I, en donde producción se identifica con consumo. Ahora el hiato entre consumo y producción debe ser llenado concretamente, no puede simplemente presuponerse; hay que explicar qué tipo de valor de uso debe ser producido y consumido y en qué proporciones de valor intercambiado para que, efectivamente, ocurra la reproducción de capital. No sólo sino que en tanto que ahora se distingue la producción y el consumo, se distinguen el capitalista que compra y el capitalista que vende, el que produce y el que consume; de hecho, el capital que produce medios de producción (sector I) y el capital que produce medios de consumo (sector II). Y, finalmente, ahora se distingue el capital individual respecto del capital social; éste último no está ya más inmediatamente presupuesto en el primero como ocurría en el tomo I. Ahora debe ser construido el concepto de capital social y, precisamente, en tanto cualitativamente diferente del de capital individual. La entrada expositiva del capital social ofrece un cambio de ritmo tumultuoso en el análisis de Marx, pues todo el tomo I y las dos primeras secciones del tomo II se sitúan en


la perspectiva en la que es idéntico el capital individual con el social;30 pero no es cierto que antes no haya sido considerado ya el capital social. Eso sí en el momento de constitución mediato del concepto de capital ya no nos hayamos en el nivel general y básico del tomo I sino que hemos dado un paso más; estamos en el nivel particular de su constitución, allí donde la diferencia (particular) es lo decisivo; difiere la producción del consumo y ambos difieren de la circulación –mientras que ésta antes (tomo I) se identificaba con aquellos o quedaba presupuesta en ellos– y también difiere el capital individual y el social; pero no sólo difieren cuantitativamente ni sólo funcionalmente sino que deben diferir cualitativa y esencialmente. Por eso es que en la sección tercera del tomo II vemos a un capital individual producir medios de producción frente a otro capital individual completamente diferente, pues produce medios de consumo. La diferencia entre ambos es cualitativa; y por esta diferencia cualitativa es que la reunión de todos los capitales a través de la circulación imposibilita que la diferencia entre el capital individual y el social sea meramente cuantitativa y funcional –que también lo es– sino que es esencial; ya que para que realmente exista el capital social, forzosamente deben existir por lo menos dos tipos de capitales cualitativamente distintos, unos que produzcan medios de producción y otros medios de consumo; de tal manera que su intercambio garantice la reproducción de la sociedad y del capital. El capital individual es esencialmente el capital que produce; pero el capital social –como vemos– es esencialmente el capital que se reproduce.

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Este cambio de ritmo dio pie a Roger Establet en su “Presentación del plan de El capital” contenido en Lectura de El capital. Ed. Cit. pp. 203-271 para situar lo que él denomina la principal subarticulación que divide y vincula el argumento de los tres tomos de El capital. Idea que contraviene, no obstante, la construcción de Marx de su obra tanto en acuerdo a las relaciones estructurales entre la producción y el consumo etcétera (inmediata, mediata y absoluta), como de la dialéctica del concepto de capital con sus momentos general (tomo I), particular (tomo II), y singular (tomo III). Por eso la obra de Marx es en tres tomos pero la de Establet de ser consecuentes debería de ser en dos. No es este el lugar para abundar más en la discusión con este discípulo de Louis Althusser a propósito de su por demás sugerente interpretación de la estructura de El capital de Marx.


El nivel particular de constitución del concepto de capital social –que es el ámbito teórico del tomo II de El capital– no sólo se echa de ver en la referida particularización cualitativa del capital en una versión que produce medios de producción y otra medios de consumo, así como en el consiguiente establecimiento de la producción social y de la división del capital social en dos sectores o ramas.31 También resalta la importancia de la parte –esto es, del concepto de parte– en tanto diferente cualitativamente, en tanto valor de uso cualitativo, en la sección II del tomo II de El capital dedicada a la rotación de capital; puesto que la velocidad de rotación del valor depende de la parte de valor de uso que esté puesta en circulación; de la cualidad de esa parte depende también la diferencia entre capital fijo y circulante. Y algo decisivo, aquí resalta un rasgo esencial –para nada accidental– de lo que es capital: es necesaria y sistemáticamente antiecológico porque su velocidad de rotación debe ser siempre la más rápida posible en acuerdo a la necesidad de acumulación de plusvalor que tiene el capital; pero necesariamente debe atenerse a los ritmos naturales de reposición y de los valores de uso en general orgánica y cualitativamente determinados. Así que de continuo los transgredirá y sólo por casualidad habrá sincronía entre ambas velocidades: la del valor y de la del valor de uso social y natural. La sección I del tomo II por su parte muestra tres diferentes formas funcionales del capital: el capital dinero, el capital productivo y el capital mercancía. Es decir, que el capital individual o social que teníamos en general en el tomo I se ha re-partido o distribuido en tres versiones cualitativamente distintas –no en cuanto a la materia o valor de uso como en la sección III sino– en cuanto a funciones de si mismo.

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Es evidente que es mejor la denominación de “sector” que la de “rama” de la producción porque retiene la dimensión de la particularidad decisiva en el tomo II tanto lógica como temáticamente.


Pero, sobre todo, el nivel particular de constitución del capital es un nivel de fijeza en donde se hace valer el límite, puesto que esto es lo que distingue a una parte respecto de otra. De ahí que los esquemas de reproducción de la sección III del tomo II mantengan el supuesto decisivo de composición orgánica constante o fija; y que como observamos la circulación (Zirkulation) de capital, no pueda haber ninguna alteración de contenido de reproducción en reproducción ya que lo que prevalece son intercambios meramente formales: observamos al capital circulando. Lo cual niega la posibilidad de observar el desarrollo social y de establecer una ley de acumulación (tomo I) o de desarrollo (sección III, tomo III) puesto que estas requieren necesariamente de la alteración de los contenidos de ciclo en ciclo, así que vendrán a cuento sólo cuando el acto productivo sea objeto de investigación en cuanto tal (tomo I) en su nivel inmediato o, bien, como en el tomo III en su nivel absoluto o como “proceso de producción global de capital”, subtítulo del tomo III; cual no es el caso en el tomo II. Así que en este tomo no se expone ninguna ley. Lo que tenemos es un esquema que ni más ni menos reprime la diferenciación cualitativa que necesariamente sufre y despliega el metabolismo social –precisamente por ser un proceso vivo en que ningún intercambio es meramente de forma sino siempre de contenidos reales cualitativamente distintos– de reproducción en reproducción; por ello Marx debe exponer precisamente los esquemas de reproducción con la fijeza con la que los expone no sólo por responder así a la necesidad científica de demostrar la coherencia reproductiva del capital;32 sino también –y me gustaría decir sobre todo– porque de esta manera asienta una crítica radical al modo de producción y reproducción capitalista33 por ser necesaria y

32

Fue esto lo que de fondo no entendió Rosa Luxemburgo en La acumulación de capital (1912). Grijalbo, México, 1970. 33 Fue esto lo que no entendió Rudolf HIlferding (en El capital financiero (1908). Instituto cubano del libro, La Habana.) y por oponérsele Rosa Luxemburgo pero creyendo que el cientificismo de éste coincidía con la


sistemáticamente recortante, represor y distorsionador de las necesidades, capacidades y valores de uso de la sociedad. Porque sólo siéndolo puede inscribirse en la realidad viva el equilibrio necesario para que el capital –valor que se valoriza, contenido homogéneo diferenciado sólo cuantitativa y formalmente– se mantenga reproduciéndose. De tal manera en la sección III del tomo II la Crítica de la Economía Política llega a una cumbre, porque denuncia el esencial esquematismo formal del capital en tanto enderezado contra el proceso vivo de la sociedad y la naturaleza como necesidad inherente de la “vida” del capital. Así que no sólo antiecológico sino antihumano en términos fisiológicos, psicológicos, comunicativos, ideológicos, etcétera. 4.3 El tomo III de El capital también aborda a la estructura económica de la sociedad como un todo pero ahora de manera completa o concreta o no dejando ninguna de sus instancias por supuesta sino exponiendo y explicando cada una. Su título es “El proceso de producción global del capital” y observa al concepto de capital en su momento de constitución absoluta o completa y final; esto es, allí donde tiene por contenido la relación tanto inmediata de la producción con el consumo (tomo I) como la mediata (tomo II) tanto cuando se identifican éstos como cuando difieren y son mediados por la circulación de mercancías capitalistas. Marx dice en la introducción del tomo III que no se va a ocupar de esta unidad en cuanto tal pues ya fue expuesta (se sobrentiende, en la sección III del tomo II) sino que analizará las formas concretas que brotan de esta unidad y a través de las que ocurre la distribución del plusvalor para los distintos capitalistas individuales. Sabemos que alude a las formas transfiguradas del plusvalor (la ganancia industrial y la comercial, el interés y la renta del suelo). Es decir, que unificados formal y mediadamente la producción crítica científica de Marx en los esquemas de reproducción, ella se prohibió entenderlos según dijimos en la nota anterior.


y el consumo tanto en lo que se identifican como en lo que difieren –y por tanto el capital individual y el capital social, etcétera– brotan de esta unidad reproductiva ciertos resultados (las referidas formas transfiguradas del plusvalor) que como tales resultados se insertan en la unidad reproductiva formal y mediadamente constituida (sección III tomo II) y la modifican en vista de un subsecuente momento reproductivo. Si en el tomo I Marx abordó de frente a la producción y en el tomo II a la circulación –aunque en ambos siempre a la unidad ora inmediata ora mediata de producción y consumo– ahora en el tomo III introduce la dimensión de la distribución para con ella completar la exploración explícita de la estructura económica de la sociedad y por ende de la estructura lógica del concepto de capital. El capital distribuido socialmente en múltiples capitalistas singulares y a los que se les distribuyen diferentes secciones del plusvalor social en acuerdo a la potencia competitiva de cada uno, es el capital en su presencia concreta o simultáneamente social individuado. El nivel lógico de constitución del capital en el tomo III es el de su singularidad; mientras que el del tomo II fue el de su particularidad y el del tomo I el de su generalidad. La singularidad no resalta en la mediación de las partes de un todo entre sí a través del intercambio de productos entre ellas (tomo II), sino en la distribución de la pluralidad de individuos (los distintos capitales) y del producto que les es esencial (el plusvalor) para su sobrevivencia. Pero precisamente la distribución del plusvalor para la pluralidad de los capitales ocurre a través de la circulación de capital y de las mercancías y dinero que lo constituyen, entre ellas la fuerza de trabajo que habrá de ser explotada por cada capitalista y que, devenida en mercancía, encubre bajo la forma de objeto su ser sujeto y el tener la capacidad entonces de producir más valor que el que cuesta reproducirla. Así que el plusvalor brota de


esta diferencia y al mismo tiempo oculta su origen, mayormente porque luego es introducido como parte de la mercancía producida en el intercambio mercantil regido por la equivalencia de valores. Por eso es que en el proceso global de producción del capital -o en el que se incluye la distribución del plusvalor social para cada capitalista individual o singularmente considerado- se suscita necesariamente una distorsión de la percepción del plusvalor por parte de los agentes de la producción, tanto los capitalistas como los obreros. Este aparece como ganancia, así que brotando tanto del capital constante como del variable y no sólo del variable como realmente ocurre. De ahí que los resultados de la unidad formal y mediada de la estructura económica capitalista sean necesariamente formas transfiguradas del plusvalor y que –al incidir en el proceso de reproducción del capital, esto es, de los múltiples capitales y del capital como un todo–, alteren cualitativamente esta reproducción. Cuando que para que mantuviera equilibrio debería mantenerse esquemáticamente inalterada. De tal manera el argumento del tomo III de El capital se contradice dialécticamente con el del tomo II y esta contradicción los articula esencialmente.34 Pues bien, la alteración de la reproducción de capital sería imposible por cuenta de la naturaleza o de las necesidades y capacidades de los seres humanos, así como de los valores de uso para el consumo y las fuerzas productivas de la sociedad; ya que el capital mismo en su reproducción recorta toda alteración que proviniera de estos contenidos y que pusiera en peligro su equilibrio (argumento de la sección III del tomo II). De hecho el desarrollo social sería imposible; pero ahí tienes que el propio capital se ve obligado a alterar su proceso de reproducción precisamente al introducir en éste las formas

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Vaya esto contra la idea de Establet de ubicar la subarticulación principal de los tres tomos en la sección tercera del tomo II.


transfiguradas del plusvalor que brotan de la unidad circulatoria de los múltiples capitales entre sí. La alteración de la reproducción del capital la lleva, entonces, a cabo y sólo la puede llevar a cabo el propio capital; precisamente en tanto que los múltiples capitales lucha entre sí; porque, en primer lugar, de esta manera se constituyen como clase que explota en tanto tal no sólo a cada obrero individual sino a la clase obrera en tanto tal (argumento de la sección II del tomo III del capital).35 Y, en segundo lugar esta lucha competitiva por el plusvalor, es una lucha esencialmente equívoca porque creen luchar por la ganancia. Y, por ello, no sólo se presionan unos a otros –y al hacerlo proceden a presionar más a la clase obrera– sino que cada uno se presiona para desarrollar tecnológicamente su proceso de producción individual en vista de ser más competitivo y quedarse con mayores cuotas de ganancia e incluso con ganancias extraordinarias. Lo cual es perfectamente posible pero a costa de incrementar la composición orgánica de capital y, entonces, de socavar el capital variable único del que puede brotar el plusvalor. Por aquí es que el desarrollo social de nuevo se vuelve posible y el concepto de capital no simplemente es una reproducción esquemática sino que él mismo está en desarrollo; pero todo ello ocurre a condición de desequilibrar las condiciones de reproducción del capital conforme se altera y crece la composición orgánica de capital. La reproducción de capital ha quedado alterada, así que el siguiente ciclo reproductivo se muestra distinto al anterior no sólo cuantitativa (no sólo es reproducción ampliada) sino cualitativamente; así que ya no podemos hablar más de reproducción sino necesariamente de algo más complejo, de desarrollo, de aquello que al reproducirse se altera. 35

Que es secundariamente una sección dedicada a precios y valores y esencialmente dedicada a articular distribuida o concretamente el concepto de capital social y por tanto de la estructuración de la clase burguesa en su conjunto.


El proceso de producción global del capital es aquel que lo retrata concreta o totalmente o de manera singular y distribuida; lo que consecuentemente entendido significa que es aquel que lo retrata en desarrollo. En un desarrollo que él mismo –el capital– produce y, en verdad, se autoinflinge, puesto que lo contradice al socavar la fuente de plusvalor que es su fuente de vida. La sección tercera del tomo III de El capital al exponer la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en tanto ley de desarrollo de la sociedad burguesa por ser la ley de desarrollo del capital, retrata al capital en tanto que lleva a cabo un tercer acto productivo: el primero lo mostró el tomo I; el segundo lo mostró el tomo II como repetición del primero; el tercero es el del tomo III en tanto producción cualitativamente distinta a las dos anteriores. Esta producción inmediata es directamente desarrollo y muestra al capital como límite de sí mismo, contradiciéndose consigo mismo, socavando por propio interés su fuente de vida. La ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es también la ley del dominio del capital industrial sobre toda la sociedad; así que el capital industrial logra dominar a la sociedad plenamente sólo a costa de autocontradecirse. Lo que paradójicamente significa que domina a través de crisis económicas en las que se pone en juego su propia vida pero, también, a través de las cuales procede a someter cada vez más férreamente a la sociedad. 4.4 Hasta aquí tenemos explorada la constitución del concepto de capital en los tres tomos de Marx en su nivel inmediato, mediato y absoluto –en los que logra someter a la estructura económica y, sobre todo a la producción y al consumo sociales– niveles correspondientes con el nivel general, particular y singular propios de la dialéctica de todo concepto. Esto es, el capital en cuanto tal se constituye a sí mismo –general o básicamente, particular o diferencialmente y singular o completamente– sólo conforme logra someter


cada vez más –tanto en extensión como en profundidad– a la producción y al consumo sociales, tanto en lo próximo o inmediato como en aquello más lejano y profundo o mediado; y, finalmente, de manera total y redonda. El capital se autoconstituye sólo sobre la condición de depredar a la sociedad y a la naturaleza. Pero si bien nos fijamos, el tomo I introduce la exposición explícita de la producción. El tomo II la de la circulación y el III la de la distribución. Y en cada momento el consumo ha ofrecido una dimensión cada vez más concreta; pero Marx no ha explicitado este nivel de exposición con el cual se completaría la exploración de la base económica de la sociedad constituida por las relaciones de la producción con la distribución, el cambio y el consumo; y por cierto no sólo a la manera en que la Introducción del 57 las expone; es decir, en su nivel general. Pues los tres tomos de El capital han expuesto también la relación particular y singular de estas estancias; pero, como digo, falta explicitar las propias del consumo. De tal manera el redondeamiento de la base económica del capitalismo ha quedado implícito. El consumo1 o inmediatamente idéntico con la producción lo expuso el tomo I; un consumo2 diferente de la producción, el tomo II y un consumo3 idéntico y diferente pero distribuido es el que ha expuesto el tomo III, aunque no el de todos los valores de uso sino sólo el de una sustancia gelatinosa y homogénea: el plusvalor que produce en los seres humanos fantasías de ambición y conductas aberrantes. De tal manera, para que la estructura económica de la sociedad capitalista quedara explorada concretamente faltaría, entonces, exponer el desarrollo cualitativo del consumo social, la presencia y producción de los valores de uso, su reproducción y desarrollo conforme se desarrolla históricamente el capital y la sociedad dominada por él. Podemos pensar que el tomo IV de El capital esto es, la Teoría Crítica del Plusvalor expone un consumo social e individual cualitativo completamente diferente del


consumo de plusvalor realizado por los múltiples capitales individuales: el consumo teórico que los agentes de la producción devenidos en economistas clásicos y vulgares llevan a cabo de la significaciones sociales, de esas que brotan espontáneamente del proceso mismo de reproducción del capital. Esta semiosis social tiene, efectivamente, un momento productivo o emisor espontáneo –llevado a cabo por la sociedad en su conjunto en tanto subjetividad que se despliega intentando sobrevivir en el seno de la naturaleza–; pero presenta, también, un momento consuntivo o de recepción llevado a cabo voluntariamente por unos individuos sociales especiales (intelectuales) que elaboran en tanto sujetos del conocimiento teorías que intentan explicar el acaecer; en particular el problema esencial constitutivo de este acaecer: la explotación de plusvalor. Pero, como se ve, el consumo concreto de los valores de uso mediante los cuales se reproduce realmente la vida de la sociedad queda ausente de la consideración de El capital. Crítica de la Economía Política en sus cuatro tomos. 4.5 En realidad solamente los libros subsiguientes, del II al VI, del programa de crítica de la economía política de Marx y que van más allá del concepto general de capital (en su constitución inmediata, mediata y absoluta) podrían abordar explícitamente el tema del desarrollo del consumo social, esto es, de la reproducción concreta de la sociedad conforme ocurre el desarrollo histórico y geográfico capitalista. El libro VI sobre el mercado mundial sería aquel en el que quedara redondeada la figura del desarrollo histórico del consumo social bajo el capitalismo. Expondría necesariamente, –debido a la compulsión de los esquemas de reproducción sobre las necesidades, capacidades y valores de uso así como debido a la psicología y conducta alterada de todos y cada uno de los capitalistas por la ambición de lucro, según la cual luchan salvajemente unos contra otros y todos contra la clase obrera siempre urgidos por la ganancia, los intereses y la renta del suelo, contra los


ritmos naturales y contra las necesidades de la población–, el libro sobre el mercado mundial expondría necesariamente, digo, el creciente sometimiento del consumo bajo el capital conforme este se desarrolla. Y, precisamente no un sometimiento meramente formal o si se quiere clasista, el cual es inherente al establecimiento del modo de producción específicamente capitalista o, dicho de otro modo, en el que domina la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital.36 Sino una subsunción real del consumo bajo el capital37 que es la otra cara de la Subsunción real del trabajo (tomo I) pero sólo cuando ésta ya se ha desarrollado grandemente y se ve llevada a alterar sistemáticamente el contenido de los valores de uso– y en correspondencia de las necesidades y capacidades sociales– quedando éste degradado o alterado nocivamente si es que el capital debe reproducirse (tomo II), apropiarse plusvalor y desarrollarse (tomo III) en la escena histórica. 4.6 Pero mientras tanto nos encontramos dentro de los límites de los tres tomos de El capital (o si se quiere cuatro) primer libro de la crítica de la economía política de Marx. Y esos límites posibilitan la consideración de la historia de la sociedad burguesa sólo a título ilustrativo y no de manera conceptual, con la aparente excepción del capítulo XXIV del tomo I sobre la acumulación originaria de capital que, efectivamente, reflexiona de manera conceptual la historia pero sólo aquella previa a la constitución del capitalismo e inmediatamente lindante con él. En efecto, la historia es tiempo concreto y, como tal, siempre asociado a un espacio concreto, a una geografía determinada, y el tiempo concreto

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K. Marx, El capital. T.I. Capítulo XIV “Plusvalor absoluto y plusvalor relativo”; así como Capítulo VI (inédito). SXXI, México, 1981. Primera parte. 37 He expuesto este concepto en diversos lugares: “Coyuntura acutal y subsunción real del consumo bajo el capital” Revista Momento Económico no. 5. Mayo-Junio de 1991; Génesis y estructura del concepto de subsunción real del consumo bajo el capital. Itaca, México, 1993; Para la historia emocional del siglo XX. Itaca, México, 2003; El siglo de la hegemonía mundial de Estados Unidos. Guía para comprender la historia del siglo XX. Itaca, México, 2004.


y el espacio concreto constituyen las dimensiones generales de todo valor de uso consumido por la sociedad; pero, precisamente, es el consumo concreto de valores de uso cualitativos determinados lo que no cabe en la exposición de los tres tomos de El capital; y sólo es el consumo concreto del valor de uso «significación espontánea del modo de producción burgués» el que cabe en el tomo IV. Así que de ninguna manera el tiempo concreto, -la historia del desarrollo capitalista- puede ser objeto de reflexión teórica del primer libro de la Crítica de la Economía Política. Así que si quisiéramos hallar un correlato histórico al despliegue lógico del concepto de capital no encontraríamos en este primer libro ni un referente ni cómo hacerlo. Por ello, tampoco cómo aplicar a la historia ese concepto o alguno de sus momentos. Ésta ausencia ha dificultado ciertamente la intelección del desarrollo histórico de la sociedad burguesa para la clase obrera y en particular para los marxistas. Así mismo dicha ausencia ha posibilitado que el necesario intento de intelección histórica coyuntural o de largo plazo por parte de los intelectuales del movimiento revolucionario haya sido ensayado de diversas maneras, en la mayoría de los casos más o menos exitosa en lo que respecta a la narración de los hechos en curso pero, generalmente, equivocada cuando se ha tratado de atribuirle historicidad al propio texto de El capital de Marx. Que Lenin diga que ese libro piensa al capitalismo libre competitivo38 fue evidentemente un despropósito; como lo es el que Rosa Luxemburgo39 señale que los esquemas de reproducción no pueden enfocar adecuadamente la historia capitalista precisamente porque están equivocados etcétera.

38 39

Lenin, Imperialismo fase superior del capitalismo. Varias ediciones Rosa Luxemburgo, La acumulación de capital. Grijalbo, México, 1972.


cuadro 2 Libro 1 sobre El capital respecto de los seis restantes Tomo I Producción

Tomo II Circulación

Tomo III Distribución

Tomo IV Consumo teórico

Consumo 1

Consumo 2 (de dos tipos y de dos clases sociales)

Consumo 3 De plusvalor y por lo tanto de significaciones sociales básicas (general) o inmediato (formas transfiguradas)

Consumo 4 formal O elaboración suficiente (teórica) de las significaciones sociales básicas

Marx explica la constitución de la conciencia de los agentes de la producción sólo en referencia a la mercancía en general (fetichismo) y a la mercancía fuerza de trabajo (forma transfigurada salario)

La conciencia de los agentes de la producción está adherida a sus relaciones sociales

Marx explica la constitución de la conciencia de los agentes de la producción por lo que respecta a la distribución del plusvalor en cada vez más desarrolladas formas transfiguradas

La conciencia de los agentes de la producción fetichizada y presa en formas transfiguradas pasa a ser elaborada teóricamente profundizando su alienación en vías de superarla.

Marx explica la producción, reproducción y desarrollo del modo de producción capitalista sobre una base geográfica cada vez más extendida y una estructura funcional cada vez más compleja con base en el desarrollo de la subordinación formal y real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital incluyendo cada vez nuevas dimensiones de valor de uso a ser subsumidas realmente bajo el capital. Quedan incluidos los distintos aspectos en los que la conciencia social de los agentes de la producción se produce.

La subsunción formal del consumo bajo el capital es asumida como subsunción real del consumo bajo el capital porque se trata de el consumo de significaciones ideales Singular Particular y Complejo

La subsunción formal del consumo bajo el capital aparece distinguida y articulada con la subsunción real del consumo bajo el capital.

Subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital

Repartida en dos sectores mediados por la circulación

Participando en la competencia con diferente potencia o composición orgánica de capital

General

Particular

Singular

Libros subsiguientes 2 a 6 Consumo material concreto abordado en aproximaciones sucesivas por cada libro hasta redondearlo en el VI sobre El Mercado mundial Consumo 4 real

Nuevo nivel de constitución del capital general, particular y singular.


5. Subsunción formal y subsunción real: núcleo de la teoría del desarrollo histórico capitalista Pero entonces ¿cómo poder considerar la historia del desarrollo capitalista en acuerdo al concepto de capital según su lógica rigurosa? O en otros términos ¿de qué depende la articulación de la perspectiva lógica para abordar al capital con la perspectiva histórica de su desarrollo real? ¿cuál es la clave? El capital concebido como culminación del proceso de autonomización del valor y, correlativamente, de la enajenación de la riqueza social respecto de la sociedad, en particular respecto del factor subjetivo del proceso de trabajo creador de esa riqueza, la clase obrera es, consecuentemente, una potencia subordinante; la acción esencial que lo caracteriza –como al vampiro succionar sangre– es la acción de someter y, precisamente al valor de uso; en primer lugar, el valor de uso del proceso de trabajo inmediato, sometimiento a partir del cual explota el plusvalor. De tal manera el núcleo esencial del concepto de capital cuando lo observamos no desde el punto de vista sólo de la producción o de la reproducción sino del desarrollo –el núcleo esencial, entonces, también de la teoría del desarrollo capitalista de Marx–40 es la subsunción formal y la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital. Por cierto, el paso de una a otra y, sobre todo, el desarrollo de la subsunción real ocurre según la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia; recíprocamente ésta es la ley del dominio del capital industrial, sólo porque expresa el poder de la subsunción formal y la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital. Lo cual se echa 40

Jorge Veraza, Para la crítica a las teorías del imperialismo. Itaca, México, 1987. capítulo 1 “La subsunción formal y la subsunción real como contenido nuclear de la teoría del desarrollo de Karl Marx”


de ver en el papel central que tiene la composición orgánica41 de capital en la formulación de la ley, porque la composición técnica –factor de aquella junto con la composición de valor– alude precisamente al sometimiento del valor de uso de las fuerzas productivas técnicas y, por ende, a la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital. Toda vez que la acción genuina del capital –en tanto autonomización del valor– es el sometimiento del valor de uso, cada vez que ésta acción se efectúa las cosas cambian materialmente; del plano formal del valor la acción de sometimiento nos traslada a lo sometido, al plano de la realidad; y desde el momento en que las diversas funciones del concepto de capital arraigan en un cuerpo útil, se vuelven espacio y tiempo; y de un plano estructural de exposición nos introducimos en un proceso genético, propiamente histórico. La dialéctica del concepto de capital nos permite la intelección del desarrollo histórico capitalista si nos atenemos a su esencia subsumiente, sometiente.

6. El paso de la lógica a la Historia: la medida de capital Sin embargo en el tomo I de El capital Marx ofrece a la Subsunción formal y subsunción real bajo el capital preponderantemente como diferenciaciones estructurales del concepto de capital o en tanto métodos de producción de plusvalor absoluto y relativo correspondientemente; aunque no deja de señalar su carácter procesual genético, histórico, sumamente resaltado –en contraste– en la exposición del Capítulo VI inédito. Ahora bien, en el capítulo IX de El capital42

Marx introduce un concepto emparentado –según

veremos– con el de composición orgánica de capital, el

de “medida de capital”,

precisamente para establecer el momento histórico en que el artesano que explota a sus

41 42

K. Marx, El capital. T. I secc. VII. Capítulo XXIII “La ley general de la acumulación capitalista” Ibid. “Tasa y masa de plusvalor”


oficiales y aprendices se convierte en capitalista; el concepto de medida de capital entonces, es el gozne mediante el cual podemos pasar desde la perspectiva estructural a la genética, desde la lógica del concepto de capital hasta la historia del desarrollo capitalista propiamente dicho.43 Marx cita en este punto “aquella ley descubierta por Hegel en su Lógica, según la cual, al llegar a un cierto punto, los cambios puramente cuantitativos, se truecan en diferencias cualitativas”.44 En efecto, hay que reconocer que la perspectiva de la reproducción ampliada de capital (sección tercera, tomo II) incluye “cambios puramente cuantitativos”; mientras que la del desarrollo capitalista propiamente dicho, alteraciones cualitativas (sección tercera, tomo III). Pero ¿Por qué esta ley dialéctica se concentra en lo que es medida de capital? Debido a que ésta no es mera cantidad –en tanto que la cantidad es, dice Hegel, “cualidad superada” en el sentido de que siempre que cuento cuento algo, esto es, presupongo una cualidad así que cada número que añado ocurre por encima de la misma: la cantidad es cualidad superada; mientras que la medida, además, vuelve a incluir a la cualidad, la medida es cantidad superada cualitativamente.45 De tal manera si la composición orgánica de capital -por ser la expresión de la composición técnica en la composición de valor–46 incluye la perspectiva del valor de uso y

43

Jorge Veraza, Para la crítica a las teorías del imperialismo. Ed. Cit. capítulo 1 “La subsunción formal y la subsunción real como contenido nuclear de la teoría del desarrollo de Karl Marx” inciso C. “La subsunción formal y la sección tercera del tomo I: “plusvalía absoluta”. la dialéctica de la relación capitalismo, 2.c) “El desarrollo histórico genético de la subsunción formal y la personificación del capital”. Ed. Cit. 44 K. Marx. El capital. T. I. FCE, México, 1971 p. 247 45 G.W.F. Hegel, Ciencia de la lógica. Solar/Hachette, Argentina, 1976. Libro primero La Doctrina del Ser, Tercera sección “La medida” capítulo segundo “La medida real”. 46 “Smith pasa por alto que al progresar la acumulación se opera una gran revolución en la relación que existe entre la masa de los medios de producción y la masa de la fuerza de trabajo que los mueve. Esta revolución se refleja, a su vez, en la composición variable del valor del capital –constituido por una parte constante y otra variable–, o en la relación variable que existe entre su parte de valor convertida en medios de producción y la que se convierte en fuerza de trabajo. Denomino a esta composición la composición orgánica de capital”. Karl Marx, El capital. Tomo I, Capítulo XXIII, parágrafo 2 “Disminución relativa de la parte variable del capital a medida que progresa la acumulación y, con ella, la concentración”. Ed. Cit.


del valor, la perspectiva cualitativa y cuantitativa, entendemos que no es sino la otra cara de la medida de capital, en tanto cantidad superada cualitativamente, que contiene el valor y el valor de uso que en un momento dado un capitalista posee o todo el valor y el valor de uso que el capital social en su conjunto ha logrado apropiarse a nivel nacional o mundial. Ahora bien, por su parte, la composición orgánica de capital alude a la dualidad técnica y de valor en relación consigo misma o en si; mientras que la medida de capital se sitúa en un contexto determinado con el cual se relaciona, es en referencia a este contexto más basto que establecemos la medida; misma que se encierra sobre sí misma o es para si frente a ese entorno. Por donde entendemos que el desarrollo histórico capitalista que se extiende geográficamente por el planeta Tierra muestra en cada momento respecto de este basto contexto una medida de capital específica tanto si lo observamos en el capital individual como en el capital mundial. Medida que es también la del grado de subsunción formal y real de todo el planeta o de segmentos del mismo bajo el capital, es medida del dominio, así como de las posibilidades y de los límites del capitalismo. Una teoría del imperialismo globalizado desarrollada sobre la base de El capital tendría en su centro los conceptos de subsunción formal y real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital –y la ley de desarrollo correspondiente con estas subsunciones– y el de medida de capital, precisamente concretado geográfica e históricamente como medida geopolítica de capital.47 En el entendido de que la medida geopolítica de capital alude en resumen –o sin tematizar pero implicándola– la subordinación real de todo un ámbito territorial bajo el capital. Alude al sometimiento de un valor de uso territorial total, el cual incluye de suyo innúmeros valores de uso particulares caros al metabolismo social; así que el concepto de medida geopolítica de capital involucra, también en diversos grados, el 47

Jorge Veraza U, Revolución mundial y medida geopolítica de capital. Ed. Cit.


sometimiento real de todos y cada uno de estos valores de uso. Por donde el concepto de medida geopolítica de capital para ser explanado adecuadamente obliga a la consideración de la subsunción real del consumo bajo el capital en tanto acción redondeante del capital; y a la inversa, el concepto de subsunción real del consumo bajo el capital llevado consecuentemente a su expresión geográfica e histórico concreta decanta en el de medida geopolítica de capital.48

7. Crisis, revolución y medida geopolítica de capital Por lo dicho debemos entender que el paso de la perspectiva lógica y estructural a la genética e histórica en lo que corresponde al concepto de capital revela en el pensamiento de Marx un procedimiento análogo al que utilizó para la construcción de su teoría del plusvalor, tan ensalzada por Engels49 como superación científica del “horizonte” ideológico de la economía política burguesa. En efecto, así como la compra de la capacidad o fuerza de trabajo por parte del capitalista le permite a éste no sólo someter a esta capacidad estáticamente sino a consumir la actividad de la misma, el trabajo, para explotarle plusvalor, este paso de la formalidad de la circulación a la realidad de la producción, –ella misma productora de realidades–, conlleva el hecho de que la vida toda del obrero queda sometida al capital porque la fuerza de trabajo del obrero es inseparable de la existencia de éste; sometimiento integral demostrado brillantemente en los esquemas de reproducción de capital del tomo II.50 Del mismo modo, tenemos que la subsunción formal y real del cuerpo de valor de uso del 48

Jorge Veraza U. “Coyuntura actual y subsunción real del consumo bajo el capital”. Ed. Cit, en donde los bloques geopolíticos conformados por el TLCAN y por la UE son considerados desde esta perspectiva. 49 Cfr. Friederich Engels, Introducción de 1891 a “Trabajo asalariado y capital”. Karl Marx, Friederich Engels, Obras escogidas en dos tomos. Lenguas extranjeras, Moscú. 1951. 50 Sección III del tomo II.


aparato tecnológico es inseparable de la subsunción formal y real del terreno en el que se emplaza cada fábrica, cada oficina, cada almacén, cada institución bancaria y cada institución política y cultural del capital, y así como la subsunción del cuerpo involucra la del espacio geográfico, la subsunción de éste es inseparable de la subsunción del tiempo. Y bien, el capital no puede intervenir en la escena histórica –digamos, saliéndose de su calidad de mera idea o concepto lógico– sino procediendo a someter a la historia, estructurando el tiempo a su imagen y semejanza en acuerdo al logro espacial (geográfico) y útil corporal (valor de uso productivo y consumtivo) de su acción subordinante formal y real. 7.1 Es así como los momentos funcionales propios del concepto de capital quedan proyectados en el espacio –tanto el de las cosas particulares como el geográfico en el que éstas se emplazan– y, por ende, se convierten en regidores del tiempo histórico. Lo cual adquiere gran significación cuando nos ocupamos de ese momento estructural constitutivo del concepto de capital: la crisis cíclica. Concepto que Marx expone en El capital51 y en la Teoría crítica de la plusvalía52 de manera general y no concretada históricamente, eso sí ilustrada en varios ejemplos. Pero ciertamente es decisivo establecer un concepto de crisis cíclica concreto o arraigado históricamente. Ya sabemos cómo lograrlo: debemos arraigarlo primero geográficamente. Marx mismo siguió este procedimiento en su célebre artículo “Mayo a Octubre de 1850”53 para no sólo describir sino conceptualizar54 la crisis de 184749 y su correspondiente recuperación que en su seno contuvo ni más ni menos que a la 51

Tomo III sección III. Teoría crítica de la plusvalía, tomo II. Capítulo XVII “Teoría de la Acumulación de Ricardo y Crítica de ella (la Naturaleza misma del Capital conduce a las Crisis)”Cártago, Buenos Aires, 1975. 53 “De mayo a Octubre de 1850 “Revista de economía y política” publicado en español en revista Historia y sociedad no. 4, segunda época, invierno de 1974, México, pp. 3-21. Publicado en Neue Rheinische zeitung (NRZ), cuadernos 5 y 6. 54 Jorge Veraza U, Crisis y desarrollo capitalistas actuales “De mayo a Octubre de 1850”. Reportes de investigación I, II y III, UAM-Iztapalapa, 1992. 52


primera revolución internacional de la historia: la revolución democrático burguesa de 1848.55 7.2 Y bien, es el caso que el libro VI referido al “Mercado mundial” fue formulado vehementemente por Marx en cuanto a su contenido conceptual decisivo como del “Mercado mundial y las crisis”, sin olvidar la revolución social. Se entiende que si de entrada el título de este libro alude –como ninguno de los cinco previos– al espacio geográfico, es porque contiene tematizadamente la reflexión sobre el sometimiento capitalista del consumo, de los valores de uso concretos y de los efectos materiales y sociales que este consumo tiene en el proceso de acumulación y desarrollo del capital así como en el de la reproducción de los seres humanos. Se entiende que por ello el libro VI puede ofrecer una consideración concreta o geográfica e histórica de la crisis de sobreacumulación de capital. 7.3 La importancia de la consideración de crisis cíclicas singulares o propiamente históricas frente a la consideración meramente general de las crisis, consiste en la relación existente –muchas veces expresada por Marx– entre crisis económica y revolución social. Cuando que la exposición de la crisis en general siempre muestra una salida favorable para el capital; pues si “el límite del capital es el capital mismo”56 y por ello necesariamente arriba a crisis, éstas tienen como salida general el incremento de la tasa de explotación de la clase obrera como contrarresto fundamental a la caída de la tasa de ganancia.57 Así que no sólo los esquemas de reproducción de capital (sin crisis) sino la propia consideración general de la crisis capitalista parecen sugerir el carácter eterno del capitalismo, pues el

55

Revolución mundial y medida geopolítica de capital. Tomo III. Secc.III Capítulo XV “Desarrollo de las contradicciones internas de la ley” 57 Tomo III. Secc.III 56


desarrollo histórico de éste ocurre precisamente mediante crisis. Éstas son su instrumento de desarrollo general, la expresión externa de la dialéctica interna del concepto de capital. Pero las crisis económicas no sólo expresan la dialéctica interna del capital sino también el sufrimiento de la clase obrera en tanto capital variable y su contestación rebelde en tanto fuerza revolucionaria que no soporta las condiciones redobladas de sometimiento que la crisis impone. De tal manera, en el propio concepto de crisis general se implica la posibilidad general de la revolución; pero esta posibilidad no queda determinada. Como si sólo el azar decidiera, como si la organización, la voluntad y la energía revolucionarias fueran toda la respuesta. Y no es que éstos factores no sean decisivos en la historia pero son igualmente generales.58 Y el caso es que dentro de las múltiples crisis cíclicas que ha sufrido y que puede sufrir el capitalismo la mayor parte de ellas no han desencadenado procesos revolucionarios, en cambio algunas han desencadenado procesos revolucionarios nacionales: interesa saber cómo son, qué las distingue. Y ciertamente sólo una de esas crisis cíclicas ha desencadenado hasta hoy una revolución internacional propiamente dicha:59 la crisis europea de 1847–49. ¿Cómo fue y qué la vuelve singular respecto de otras crisis cíclicas? Y para ajustar más nuestra pregunta ¿qué es lo que posibilita que la crisis económica desencadene por su propia dinámica a la crisis política revolucionaria? La respuesta a esta pregunta nos lleva del concepto general de crisis cíclica al concepto

58

La polémica que en torno a libro de Grossman (La ley de la acumulación y el derrumbe del sistema capitalista) llevaron a cabo Karl Korsch, Antón Pannekoeck, Paul Mattick y el propio Grossmann fue publicada en forma de libro con el título ¿Derrumbe del sistema capitalista o sujeto revolucionario? SXXI, México, 1979. En realidad todos los participantes en la polémica no supieran la antinomia plasmada en este título precisamente porque no van más allá de generalidades ora económicas (lo que tiende al determinismo y al pasivismo) ora sociales y políticas (lo que tiende al voluntarismo y aventurerismo). 59 Pues el movimiento estudiantil de 1968 no fue propiamente una revolución social internacional. Cfr. Jorge Veraza U. “Proletarización de la humanidad y subsunción real del consumo bajo el capital”


singular o propiamente histórico. En su análisis de 185060 sobre la revolución de 1848 y la crisis de 1847 Marx sitúa en el lugar central el tema del espacio geográfico. La recuperación de la crisis en 1850 muestra que el capitalismo inglés se desborda más allá de Europa hacia América, Asia y África; mientras que la crisis inglesa se generalizó a los principales países del continente europeo precisamente por constreñirse la acumulación de capital a este espacio. En otros términos, la revolución de 1848 demuestra que la medida geopolítica continental de capital se hallaba cumplida –y por ende formalmente agotada– en ocasión de la crisis de 1847; y al contrario la recuperación iniciada en Gran Bretaña en 1849 inauguró la medida geopolítica mundial del capitalismo. De tal manera la crisis de 1847 presenta la singularidad frente a otras crisis cíclicas de que en ocasión de la misma el capitalismo internacional vio formalmente agotado su espacio vital y la asfixia lo convulsionó impotente para dar una salida meramente económica al problema, la crisis económica desencadenó a la crisis política revolucionaria. Desde fines del siglo XX la medida geopolítica mundial de capital –inaugurada en 1850–

alcanzó

redondeamiento

con

el

establecimiento

del

mercado

mundial

específicamente capitalista industrial, o donde todos sus concurrentes son países en los que domina el capital industrial, así que está latente la posibilidad de una crisis cíclica singular o propiamente histórica que por su propia dinámica desencadene un proceso de crisis política revolucionaria generalizado. Habrá que ver cuál es la configuración del mismo pues no podemos conformarnos con la analogía respecto de la revolución de 1848.

60

“De mayo a octubre de 1850” ed. Cit.


8. El concepto de capital, la necesidad económica de la revolución comunista y las ilustraciones de El capital Marx subraya que la finalidad de El capital es la demostración de la necesidad económica de la revolución no sólo en el Prólogo a la primera edición sino, polémicamente al comentar el resumen popularizador de El capital que el revolucionario anarquista Carlo Caffiero publicara.61 Así que debemos considerar a esta necesidad como momento inherente de la lógica del capital no sólo al capital individual y social, al plusvalor y a la tasa de ganancia etcétera. El penúltimo capítulo del tomo I de El capital62 concluye con la necesaria expropiación de los expropiadores; el tomo II concluye retratando la presunta vigencia eterna de la utopía represiva del capital. Mientras que el tomo III con el capítulo de “Las clases” que, aunque inconcluso y apenas iniciado, debe exponer sus luchas y su resultado posible: la revolución proletaria o la destrucción de las clases beligerantes (como reza la idea de El Manifiesto del Partido Comunista). Se trata del nivel más concreto al que puede arribar El capital para refigurar teóricamente la posibilidad que el libro VI. El Mercado mundial, la crisis y la revolución tematizaría en forma articulada. El tomo III logra arribar a esa meta repartiendo su argumento en tres estancias decisivas.63 La primera va de la sección I a la V al exponer el dominio del capital industrial (secciones I a III) sobre la sociedad burguesa utilizando como instrumentos de este dominio al capital comercial (sección IV) y al capital a interés o bancario (sección V). Se trata de la exposición del capital en tanto potencia mediadora, monopolio tanto de medios de 61

Karl Marx, Cartas sobre El capital. Libro de bolsillo, Barcelona, 1974. Capítulo XXIV “La llamada acumulación originaria” 63 Jorge Veraza, Objeto, plan y estructura del tomo III de El capital (inédito). 62


producción como de medios de circulación. La segunda estancia del argumento la constituye la sección VI (La Renta del suelo) en donde vemos cómo la potencia mediadora (el capital) devenido en potencia productora de riqueza, logra apropiarse y dominar al fundamento natural de la sociedad, la tierra, la premisa de todos los medios de producción anteriores a la sociedad burguesa.64 La tercera estancia la constituye la sección VII. “La renta y sus fuentes” que concluye con “Las clases”. Y es que la potencia mediadora (el capital) una vez que se hace con la premisa natural de la sociedad puede proceder a una subsunción final, después de arraigar en la tierra, el capital puede volverse sujeto social humano, personificarse realmente repartiéndose o clasificándose en tanto capital total (C+V+PV), en terratenientes (CC) obreros (CV) y capitalistas (PV). Así, una vez que el capital logra aferrar a la tierra (espacializarse) puede volverse sujeto (temporalizarse) y la propia lucha de clases lo desarrolla por contradictorio que esto resulte, deviene en su instrumento de desarrollo histórico específico. Pero la propia dialéctica del capital obliga a que de la lucha de clases –que es inherente a su desarrollo– brote como sorpresa incontrolable para el capital la revolución proletaria. Tal y como el desarrollo capitalista es una sorpresa respecto del necesario equilibrio que el capital social debe estatuir. Como planta exuberante que brota del suelo fértil, la revolución proletaria contra la clase burguesa brota así con necesidad arrancando de la tierra; se sobreentiende que media la destrucción ecológica y su impacto en las condiciones de vida de la humanidad y de la clase obrera; y media la degradación alimentaria y su impacto en la salud humana, provocada por la doble presión del terratenientre sobre las ganancias extraordinarias y, sobre todo el valor producido por el capital industrial, doble presión en la que se resume la de todos los 64

Formen. En Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Ed. Cit.


capitalistas entre si y de toda la clase burguesa sobre la clase obrera. Asuntos presupuestos que sólo el libro VI sobre el Mercado mundial –con su consideración explicita sobre el consumo concreto– podría exponer articuladamente. En todo caso la revolución proletaria brota así, de la tierra al final del tomo III siguiendo una antigua pauta descubierta por Marx en sus Manuscritos de 1844. Pues en el Primer Manuscrito dividido en tres columnas;65 la del salario, la ganancia y la renta del suelo – columnas que la “Fórmula Trinitaria”66 de la sección séptima del tomo III de El capital reúne para dar sustento económico y psicológico al capítulo final sobre “Las Clases” y sus luchas–. Sí, en la columna sobre la renta del suelo del Primer Manuscrito de 1844, Marx sintetiza todas las contradicciones de la sociedad burguesa y expone cómo se levanta la clase obrera urbana y rural en alianza con el campesinado como sujeto revolucionario soberano.67 Al contrastar la lógica inherente al concepto de capital –incluidos sus límites expositivos propios en los tres tomos de El capital, el primer libro del plan de Marx– con la concreción que sólo los subsiguientes libros del plan de Marx podrían cumplir, en particular el libro sobre el mercado mundial, resalta la desproporción consistente en que, por un lado, la intención crítico revolucionaria de El capital es patente casi palpable; mientras que su demostración sólo es formal e indeterminada, toda vez que el valor de uso –y su sometimiento por el capital– no ha entrado a escena en toda su profundidad y potencia. Así que el valor que se valoriza puede semejar una potencia luminosa y civilizatoria aunque contradictoria y sanguinaria; pero aún no aparece como el mounstro tánatico, bélico y

65

Jorge Veraza U, “Cómo fueron escritos los Manuscritos de 1844”. Itaca, México, 1994. Capítulo XLVIII del tomo III de El capital. 67 Jorge Veraza, V.V.A.A “La renta de la tierra en los Manuscritos de 1844” en Ensayos sobre el campesinado y la cuestión agraria. Juan Pablos ed. México, 1981. 66


degradador de las condiciones de vida de toda la humanidad a escala planetaria que realmente es. Según hoy lo vemos y que el libro sobre el Mercado mundial habría de retratar no sólo por adelantado sino ya en lo que de mounstroso mostró el capitalismo en el siglo XIX. En realidad, Marx se atiene con todo rigor a lo que puede exponer y a lo que no según niveles de abstracción y momentos lógicos de constitución del concepto de capital, mismo que él se encuentra refigurando. Y no obstante logra una sorprendente impresión de concreción cumplida. Eso es debido a que se permite ilustrar los conceptos generales que expone y en esas ilustraciones

–aparentemente

sólo

narradas

aunque,

en

verdad,

ya

preparadas

conceptualmente con arreglo a determinaciones que rebasan el nivel argumentativo de los tres tomos de El capital– sí, en esas ilustraciones (y éste es su secreto de composición) se ofrece en concreción la consideración del consumo (productivo o personal) y del valor de uso cualitativos. Es el caso de la “ilustración histórica” del capítulo VIII68 con sus luchas sociales y políticas en torno a los límites de la jornada de trabajo y con la exposición de la degradación de las condiciones laborales y del consumo alimentario, obrero y de su salud. O el caso de la ilustración del desarrollo maquinístico, en el capítulo XIII69 tanto en su impacto internacional y revolucionario (parágrafo 6) como social (parágrafo 7) cultural (8 y 9) y ecológico (10). O el caso de “La ilustración de la ley”, título del parágrafo 5 del capítulo XXIII70 en el que el tema son las condiciones de vida de la clase obrera fuera de la fábrica y del proceso de trabajo, esto es, la vida cotidiana –urbana y rural– que gira en torno a un 68

Capítulo VIII. Tomo I “La jornada de trabajo” Capítulo XIII. Tomo I. “Maquinaria y gran industria” 70 Capítulo XXIII. Tomo I. “La ley general de la acumulación capitalista” 69


sistema de necesidades y de valores de uso sometidos a la lógica del capital; así que la subsunción real del consumo bajo el capital se ofrece descarnada –aunque no explícitamente conceptualizada– no sólo en cuanto al sometimiento del espacio urbano y rural sino en cuanto a la estructura material de los valores de uso necesarios al metabolismo humano. Las ilustraciones de El capital, centradas en torno a la experiencia de la vida en tanto valor de uso concreto, confieren textura plástica a los conceptos de esa obra al mismo tiempo que son el índice de lo que sus tres tomos no pueden exponer y el síntoma de lo que solamente los seis libros del plan de la crítica de la economía política podrían cumplir cabalmente. Se deduce de lo dicho que El capital no contiene –dicho rigurosamente– sino capítulos teóricos, aunque algunos de éstos pueden ser denominados impresionisamente “capítulos históricos” bien porque tramos de la historia de la sociedad burguesa son referidos por Marx a título de ilustración (además de los capítulos VIII, XIII, y XXIII del tomo I aludidos en este inciso están las consideraciones históricas sobre el capital comercial, sobre el bancario y las crisis así como sobre la renta y propiedad del suelo contenidas en el tomo III). El caso del capítulo XXIV “La llamada acumulación originaria” no es ciertamente el de una ilustración histórica sino que se la conceptualiza, pero se trata no de la historia de la sociedad burguesa sino previa. Por su parte el tomo IV Teoría crítica de la plusvalía – llamado por Kautsky con poco rigor “Historia crítica de la plusvalía” – no es un libro al mismo tiempo teórico e histórico, como tampoco las consideraciones históricas sobre la idea de mercancía y de dinero contenidas en los dos capítulos de la contribución a la crítica de la economía política de 1859, ni tampoco la referencia a la idea de capital fijo en la economía política clásica, especialmente en Adam Smith que encontramos en la sección segunda del tomo II etcétera y que constituyen raíces que conducen desde los tres tomos de


El capital –por decirlo así– hasta el cuarto; como él se ocupan de un consumo concreto aunque formal, el consumo teórico de las significaciones espontáneas del modo de producción capitalista; así que se trata de un devenir conceptual –para nada de una historia concreta– así que dependiente en todo momento de la condición estructural a la que se refiere sea ésta la mercancía, el capital fijo, o el plusvalor etcétera. Que este es el método seguido por Marx resalta descoyantemente en la sección primera del tomo II en la que Marx hace brillantes señalamientos de cómo a partir de la existencia del capital-dinero, del capital-mercancía y del capital productivo puede entenderse el desarrollo histórico de las escuelas económicas: la mercantilista respecto del capital dinero, la fisiocracia respecto del mercancía y la economía política clásica inglesa respecto del productivo. Así que el origen de las unilateralidades de la economía política se deben a la especialización de funciones que realmente debe adoptar el capital para reproducirse y que luego, lo conducen a constituirse en formas autonomizadas y transfiguradas (el capital industrial sobre la base de el capital productivo; el capital comercial sobre la base del capital mercancía; y el capital financiero sobre la base del capital dinero). Por eso la economía política burguesa no pudo construir un concepto de capital en general; triunfo científico y crítico que pertenece sólo a Marx y que es patente en el título de su obra cumbre. En este punto –aunque de entrada parezca que repetimos– vale la pena explicitar lo siguiente. Los tres tomos de El capital (y aún el cuarto) no pueden tratar el problema de la historia del desarrollo capitalista, no pueden construir una teoría de la historia del capitalismo precisamente porque la historia es un problema concreto para el que el concepto de capital en general es insuficiente. Y sólo sacando a éste de su generalidad a través de enriquecerlo cada vez más con consideraciones sucesivas sobre el consumo concreto, sólo así puede entrar la historia concreta en la exposición de la crítica de la


economía política a lo largo de los libros II a VI del plan de Marx. Toda vez que –para decirlo lapidariamente– la historia es un problema de consumo concreto, sólo el libro VI sobre el mercado mundial podría tratar a cabalidad la historia del desarrollo capitalista; precisamente como historia de la constitución del mercado mundial. Así que en libros anteriores la historia del desarrollo capitalista sólo puede entrar en consideración parcial y fragmentariamente y, aun, como ocurre en los tres tomos de el libro primero, el del capital en general, a título de mera ilustración. Dicho de otro modo, la realidad concreta –reflejada en esas ilustraciones– es el ámbito de la experiencia. Y qué es esta sino la síntesis de exis y de praxis. De tal manera que si “lo concreto es concreto por ser la síntesis de múltiples determinaciones”,71 esta multiplicidad no es caótica sino que se encuentra organizada dualmente en acuerdo tanto a la producción como al consumo; de los que dependen, por un lado, el despliegue temporalizador y, por otro lado, la sensoriedad espacial; así que la experiencia del tiempo y del espacio –no está a priori predeterminada como pensaba Kant72– es recíprocamente experiencia del objeto sensible y de la transformación práctica, de recepción y de emisión de sentido. La realidad concreta es, en fin consumo y producción y consumo etcétera,73 es el valor de uso y el producto constante de nuestra acción; así que la subsunción real del consumo bajo el capital es la clave intelectiva de la realidad capitalista concreta. Y para llevar un paso adelante nuestra exploración, diremos que, entonces, la realidad concreta capitalista se revela hoy como la unidad de subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital y de subsunción real del consumo bajo el capital; y esta complitud del sometimiento de los

71

Karl Marx, Introducción del 57. parágrafo 3 “El método de la economía política” ed. Cit. Emmanuel Kant, Crítica de la razón pura. Porrúa, México, 1960. 73 Introducción del 57. parágrafo 2 “La relación general de la producción con la distribución, el cambio, el consumo.” 72


extremos metabólicos de la sociedad, esto es, de su producción y de su consumo, esta complitud funcional e interior del sometimiento real del metabolismo social bajo el capital, se copertenece con la existencia del mercado mundial en tanto redondeamiento externo tanto geográfico como histórico del sometimiento real del planeta Tierra, reducido a mundo humano y éste reducido a mundo del capital. Esa es la realidad concreta. Realidad abstraída prácticamente al detalle, la realización del mercado mundial industrial capitalista o de la Susbunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital y de la Subsunción real del consumo bajo el capital produce y reproduce constantemente no sólo unas cada vez más desarrolladas relaciones capitalistas sino la cumbre continua de éstas: la necesidad económica de la revolución proletaria, y la produce no como el final o como “la noche de los tiempos” sino en tanto realidad cotidiana vuelta a someter una y otra vez pero nunca anulada y siempre resurgente. Esa es la realidad concreta y es nuestro tiempo y nuestra oportunidad.


3 Jorge Veraza