Issuu on Google+

Talleres de escritura creativa

tallerescrituracreativa.es serescrito.weebly.com

A escribir se aprende leyendo, escribiendo y corrigiendo.


E

D

I

T

O

R

I

A

L

Y

o creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema. Las palabras de Jaime Gil de Biedma son el punto de partida para este espacio literario digital. SERESCRITO no quiere hacer gala de un excelso registro de reconocidos autores, sino de un cuidado escaparate de textos adecuados. Adecuados a las señas de identidad que han dado pie a este primer gesto de apertura, estas páginas donde habrán de cohabitar narraciones, poemas, ilustraciones literarias, artículos, recomendaciones y entrevistas. La humildad y la honestidad como señas de identidad de un criterio y un trabajo que pretenden generar un espacio de libertad creativa. Un espacio para nombres reconocibles en el ámbito literario por tener parte de su obra ya publicada y a disposición de los lectores en librerías y bibliotecas, y nombres desconocidos para la mayoría por no haber podido cruzar la frontera que conduce a la difusión. Un espacio abierto, por cierto, y muy especialmente, a los que no pisan las librerías y bibliotecas, pues son ellos los que más pueden descubrir en las páginas de este espacio: el entretenimiento de un ocio que entrañe desarrollo y aprendizaje. Sean todos bienvenidos, propios y extraños. SERESCRITO es un taller de escritura creativa, una breve sección radiofónica, y ahora, también, una revista literaria digital.

C

O

N

T

E

N

Ojo avizor Narrativa

El beso rojo Poesía

4 8 17 10

6 10 16 18

Juan Pardo Vidal Sebastián Hernández Fernando Martínez María Ortiz

I

Juan José Ceba Soledad Ruiz Navas Ignacio Martín Lerma Daniel J. García

D

O

S

Atrezzo Ilustración

12

Santiago Girón ilustra dos poemas de Joan Margarit.

La mirada zurda Entrevista

A fondo perdido Artículo

El librero Lecturas

24

27

30

Antonio Guerrero entrevista a Antonio Orejudo.

Juan José Rosado

Manuel García Iborra (Librería Sintagma)

SERESCRITO 3


Ojo avizor Narrativa

El efecto Coriolis Un relato de Juan Pardo Vidal A Nati de la Puerta

H

ay quien le da vueltas al café con leche durante minutos, a sabiendas de que hace ya mucho tiempo que el azúcar se ha disuelto por completo. Giran una y otra vez la cucharilla, innecesariamente, ajenos a que las estructuras moleculares de la glucosa están de sobra integradas en las de la leche, y al hecho de que, si el café estaba muy caliente, también hace minutos que se cumplió la segunda ley de la termodinámica y se ha enfriado de sobra como para poder tomarlo sin quemarse. Es difícil saber por qué demonios siguen dándole vueltas, si entran en un trance hipnótico producido por el pequeño embudo que la inercia del movimiento circular provoca o si están más interesados en comprobar cómo la espuma de la leche es atraída y succionada por el ojo del remolino que se forma en el centro de la superficie del vaso. Una especie de agujero de gusano que comunica el presente con los recuerdos del pasado, la dimensión del que desayuna con la dimensión de vaca. Pura mecánica cuántica láctea. Una vez que se han cerciorado de que las leyes de la física siguen intactas, abren el periódico. Normalmente, de atrás hacia delante —sobre todo si son diestros y están en el hemisferio norte— y se detienen en los titulares, en las necrológicas o en las páginas deportivas. Intentan leer o mirar algo que no requiera el concurso de una zona relativamente grande de su córtex cerebral; cualquier cosa que no interrumpa

4 SERESCRITO

el movimiento mecánico y elíptico de la muñeca haciendo girar el café con leche — un gesto, por cierto, muy parecido al de escribir con un lápiz—. Otros mantienen la mirada perdida, el tintineo metálico de la cuchara sobre las paredes del vaso de cristal les sirve de mantra budista, les ayuda a pensar, a llegar a soluciones, a elegir caminos. Tal vez nuestro pasado nómada esté en la raíz de que sea más fácil pensar cuando se está en movimiento. Geológicamente hablando cuatro minutos no es nada, cero. Desde ese punto de vista telúrico cuatro minutos es algo irrelevante, tal vez ni siquiera existan; algo parecido le ocurre a esas nanopartículas cuya masa está tan cerca del cero que se considera que no tienen masa. Sin embargo, esos mismos cuatro minutos, esta vez removiendo inútilmente un café con leche, es mucho tiempo. Doscientos cuarenta segundos girando una cucharilla dentro de un vaso de café es un espacio de tiempo enorme, sobre todo si te pones a medirlo. Y a Ander le gustaba hacerlo, cronometrar a los demás clientes. Al bar de Ainhoa, como está en el lado derecho de la ría de Bilbao, en la zona de las arenas, le influye más que a otros el efecto Coriolis. A eso se suma que todo objeto sufre una aceleración relativa desde el punto de vista del observador en rotación, al menos eso dijo el científico francés, y allí todo está en movimiento y por eso, tal vez, Ainhoa no se ha fijado aún en cómo la mira


Ander, el chico que se sienta cada mañana en la esquina de la derecha de la barra, junto a la máquina del tabaco. Ainhoa ha quitado el tapón del fregadero y se queda mirando, impaciente, cómo el agua desaparece en una espiral que gira en el sentido de las agujas del reloj. —Eso es porque estamos en el hemisferio norte —le dice Ander, que está frente a ella, sentado al otro lado de la barra sin mover el café—, en este bar todo gira en el sentido de las agujas del reloj, hasta el agua succionada. Fíjate Ainhoa en toda esa gente, todos están moviendo sus cafés en el sentido de las agujas del reloj, eso puede estar influyendo hasta en la meteorología (no quiso hablarle de Edward Lorenz) y en la rotación de la Tierra —y señala a las mesas y a parte de los clientes sentados a la izquierda de la barra. Ella sonríe ruborizada y, mientras enjuaga unos vasos, gira su cabeza haciendo un pequeño círculo como diciendo «pero qué cosas tiene este chico». En ese momento, Ander comienza a mover su café sin dejar, descaradamente, de mirarla. Pero lo hace en sentido contrario a las agujas del reloj, justo al revés que los demás, acelera, el café se derrama y se produce un desajuste en el sistema que afecta al eje de rotación de la Tierra. El magnetismo de los polos no es suficiente

para evitarlo y el mundo se detiene bruscamente. La imagen de la televisión queda parada en un fotograma que ni siquiera parpadea, en la calle la circulación de los coches es una fotografía, los clientes del bar son estatuas. Ainhoa se queda con la boca entreabierta. Tal vez iba a decir algo. Ander se da cuenta de lo que ha pasado, ha detenido el mundo con una cucharilla de café y ahora no sabe cómo ponerlo en marcha. Y como no se le ocurre nada mejor, y Ainhoa está delante de él y se parece a Blancanieves con ese mandil, y además, como no recordará nada, se levanta del taburete, se apoya sobre la barra, le quita las gafas de pasta y la besa en los labios, lentamente, dulcemente, porque tiene todo el tiempo del mundo y ella no puede moverse. Cuando termina, vuelve a colocárselas, se sienta de nuevo y toma el primer sorbo de su café, nunca le había sabido tan bien. En ese momento, todo se pone de nuevo en marcha, la tele, el tráfico en la calle, los clientes. Ainhoa se toca los labios con la mano, como buscando la huella de algo, y mira a Ander con otros ojos. —¿Qué ha pasado? Tengo la impresión de que algo ha empezado de nuevo. ¿Verdad, Ander? —Sí —sonrió nervioso (tal vez, por la cafeína).

Juan Pardo Vidal (Almería, 1967). Poesía: La mujer sin brazos (Ediciones 4 de agosto, 2007) Poemas de amor a una piedra (Celya, 2003) Poesía para insensibles (EEPUR, 2009) Narrativa breve: Tus muertos (El Gaviero Ediciones, 2004) 35 maneras de sentirse solo (A fortiori, 2011) Novela: La luz de la mesita de noche (Sloper, 2012)

SERESCRITO 5


El beso rojo Poesía

Tierra que arroja venablos de la luz Un poema de Juan José Ceba I La luz es música. Dentro de mí la obtengo como una miel que extiende su paz sobre el deseo. Fluye desde mi centro en corriente de ángeles. Un volcán de palomas incendiarias del pozo de la noche asciende llevándonos al aire para hacernos presencia, revelación, total deslumbramiento. Hallazgo de mi alma expandida en encuentro de amor, en coito con las formas. Arena de oro, nube de transparencia para impregnar el mundo. Luz que nace y que vuela. La hallo dentro de mí y cae sobre los senos cambiantes de la tierra, curvas de rosa intacta, mujer desnuda, de cristal, purísima, que la acoge, entregada, a su voraz dominio.

6 SERESCRITO

Quedó mi alma clavada de venablos, erguida en luz, gozosa, alimentada, bien herida su desnudez, sus ansias elevadas y abriendo en la mañana cálida del mundo una fruta que guarda los latidos y envía, feliz, una tormenta de oro.


II En la luz me disuelvo, me deshago en la luz: mi pupila la bebe, se embriaga, se extasía cuando recibe su invasión, su orgasmo de claridad, que afirma, que rapta y aproxima la tierna desnudez del cuerpo puro. Cuando sin túnicas, vibrante, existe en el abismo poderosa materia de sol vivo, criatura elemental ardida bajo el cielo. A ella tiendo, imantado por su esencia, por la intensa belleza que descubre y ahonda. Me moriré en su llama poderosa, en su lengua de plumas inflamadas, en el descubrimiento de su blanca fiereza. ¿Qué soy, sino esa luz, energía que camina hacia el monte no hollado, hacia el lecho secreto del impulso primero? ¿Qué soy sino torrente de esa luz, catarata de escamas y de flechas que despierta y aviva y hace cantar al mundo? A la luz me incorporo. Y salgo de mí mismo. Y me veo repartido en la música virgen que define y sostiene. Y la boca se bebe su tibieza y el ritmo de la tierra y la dulce ternura de sus mínimas cosas y comienzo a cantar, gozoso, pues existo y me incendio en una nueva aurora.

Juan José Ceba (Albox, 1951) Poesía: Libros individuales: Poemas, Anclado..., Huye el sur, Dunas, Claridad. Libros colectivos: Cien del Sur sobre la épica, El dios del mediodía, Poetas de Almería a Luis Rosales, La honda presencia, Libertad tras las rejas. Prosa:

Instantes de paz en la guerra, La selva de los rostros, Solo el misterio. Lorca y su maestro.

SERESCRITO 7


Ojo avizor Narrativa

El tigre y El backstage del musical Dos microcuentos de Sebastián Hernández

El tigre

E

l disco de luz quemaba en sus espaldas. Top golpeó en el hombro a Dej y se detuvieron frente a la roca. Subieron por ella. Miraron a la lejanía: las hierbas tenían un color y una forma indefinida bajo el disco y doblabas en dirección al cauce seco por el fuerte viento. Allí, en el remanso por el que Dej veía ocultarse la luz, antes de que la noche lo cubriese todo y el peligro aún fuera más acuciante, sobrevivía una mísera charca en la que bebían los animales. Miraron los palos que portaban, en los que habían cosido unas piedras que habían tallado para matar. Se sacudieron, satisfechos. Entonces, Top le propinó un golpe y señaló al sol. Dej supo que ésa era la manera en que su compañero se preguntaba y le preguntaba si los animales aún estarían revolcándose en el lodo y el agua cuando ellos llegasen, pues lo brillante estaba muy alto. Respondió con un gruñido y bajaron de la piedra. Se internaron en las hierbas y comenzaron a correr. Lo hacían arañándose contra las matas, manteniendo agachadas las cabezas para proteger los ojos de las espigas cortantes. Seguían corriendo y el agua salada que se desprendía de sus cuerpos hacía que sus cabezas resplandeciesen al sol.

8 SERESCRITO

Entonces todo sucedió rápido. El ataque fue lateral. La cola y la pata arrollaron a Dej que cayó de bruces mientras la garra del tigre se clavaba en el brazo de Top y lo derribaba. Pero el animal erró, al confundir en el correr síncrono de los homínidos a una sola figura. Así, Dej pudo revolverse y hundir la lanza en la yugular justo cuando los dientes acerados del felino trituraban las vértebras cervicales y el bulbo de Top. Ambos murieron al mismo tiempo y Dej, enfurecido, aún descargó la lanza sobre el tigre varias veces, desgarrándole el vientre. Cuando acabó, descansó sentado al lado de ellos, mientras los órganos y vísceras del animal caían como un susurro sobre la pradera y millones de insectos acudían al festín. Después arrancó un trozo de carne y lo devoró con rabia. Luego se incorporó y, con esfuerzo, liberó el cuerpo de Top que había quedado aprisionado debajo. Le golpeó con el palo, pero Top no respondió y no se extrañó. Volvió a sentarse a su lado y las hierbas cubrieron los cuerpos. Pensó en el tigre y se preguntó si el animal sabría que algún día estaría así; tumbado e inmóvil sobre la hierba, como Top. Quizá no lo supiera. Pero Dej, en cambio, sí presentía que alguna mañana, bajo la luz que brilla, su cuerpo quedaría tendido y ya no se levantaría. Y, por primera vez, maldijo su condición humana.


El backstage del musical

E

l hombre permanecía frente a la puerta del edificio de límpido mármol, sin decidirse a entrar. A su espalda el sol aún brillaba, pero pronto empezaría a decaer. Había sido una tarde cálida y, a pesar de todo, quiso ponerse la americana de lino, aunque marzo era todavía un mes fresco para esa prenda. Rebuscó el paquete de cigarrillos en el bolsillo de la chaqueta. Lo había comprado hacía apenas una hora. Junto a la cajetilla, encontró las entradas del último musical al que asistieron. Fue a finales del verano anterior. Contempló los tickets antes de arrojarlos a una papelera metálica que había a su lado. Después, quitó el precinto de seguridad y abrió el paquete. Entonces, la luz anegó la cajetilla y los cigarros despertaron a la vida. El hombre los observó con detenimiento. Parecía recorrer con su mirada los intersticios que separaban los pitillos. Al cabo, levantó la vista hacia el horizonte, donde las montañas perdían el color y mudaban a un gris impreciso, y golpeó la base de la cajetilla, y Trece y Catorce emergieron de su encierro.

Catorce había anhelado de tal manera ser el elegido que, durante aquel lapso de tiempo, quizá el equivalente a un año en la vida de un cigarro, desesperó hasta desear la muerte. Pero, cuando fue rescatado entre sus iguales y Trece regresó a la cajetilla, creyó que era el ser más dichoso del planeta y rezó para que todo ocurriese tal y como había soñado. Y no pensó en nada más allá del instante en que sería prendido y en su esplendoroso refulgir y en el placer de todo ello. Luego, se sintió consumir cuando la llama se le acercó y su luz interior brilló en la ya cercana noche. Después, ese momento de éxtasis fue perdiéndose, acaso de forma involuntaria, entre los huecos de su memoria de pitillo y, más tarde, sólo fue un recuerdo vago de algo que alguna vez ocurrió. El hombre apuró la última calada y volvió a dirigir una mirada enigmática al horizonte ya totalmente oscurecido y a lo que quedaba de catorce. Y, con un gesto de rabia y desesperanza, arrojó la colilla y se dijo que debía entrar. Aquella mañana le habían confirmado el resultado y el doctor le había citado en la clínica para planificar los siguientes pasos. El hombre cruzó la puerta, pero ya no pensaba en nada.

Sebastián Hernández (Almería, 1973) Compañero del taller de narrativa breve SERESCRITO durante más de un año, publicó su relato Humano en el libro colectivo Sonambulario, y se pueden leer otros microcuentos de su autoría en el blog tallerescrituracreativa.es

SERESCRITO 9


El beso rojo Poesía

Celdas Tres poemas de Soledad Ruiz Navas Miedo cervical

Pájaros voraces

Con tu miedo cervical a las mañanas —¡estalactitas del alma!— me sonríes, y sé que has recurrido a la agenda de citas anuladas para recordar tu nombre, y los nombres a los que te uniste en nexos de extrema unción y pasiones subterráneas. Huye, sí, mientras puedas, o quede huida para ti, aún te faltan documentos para franquear esta aduana, este otro lado de las cosas, esta tristeza profunda de arco ojival sin palomas.

Puede que en este olvido lamentes ausencias de palomas o de águilas, juncos que ondean desnudos abriendo cuerpos hondos, remotos y yacentes, o en la memoria ignorados: suspende este navío, suspende este viaje.

10 SERESCRITO

Vuela al principio y al origen, ocupa desiertos y selvas, ríos, oceános y mares, azules, extensos e infinitos como pájaros voraces de Aleixandre esculpidos en pasillos de hospital sosteniendo frágiles el universo.


Celdas y sueño africano “Y, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por segundo.” Cesar Vallejo

Extraños son los ojos que te miran en mitad de la noche dormir, y sin pausa como quien golpea y a la vez tira un cigarrillo por la ventana, o arrastra una depresión crónica y ríe desesperadamente, te han percibido, y saben que tus ojos están cerrados. Y todo es oscuro porque la oscuridad se adueña de lo que toca como un verdugo. La oscuridad, una herida necrosada que anhela sangre por la piel, para recordar la vida. La oscuridad, una habitación con luz reflectante, un cuerpo entumecido rodeado de instrumentos de tortura. La oscuridad, la compañía de la incertidumbre y de saber que es tan doloroso despertar, que hay que forzar los párpados, animales agazapados que no pueden emprender la huida. La oscuridad, la sed saciada con el sabor acre del orín como alacranes recorriendo insistentes la boca. Extraños son los ojos, ¿tú qué sabes por qué están todos esos ojos abiertos observándote mientras duermes? Tú sueñas, y afortunadamente diez hotentotes danzan, con la planta de las manos y los pies hacen la música, sus torsos hacia adelante y hacia atrás hacen girar el eje de la tierra, y sostienen, sostienen con humanidad tu sueño.

Soledad Ruiz Navas (Lugar, año) Compañera del taller de escritura creativa SERESCRITO, será una de las cinco responsables de la coautoría del poemario colectivo Susurros de las norias, y se pueden leer otros de sus poemas en el blog tallerescrituracreativa.es

SERESCRITO 11


Atrezzo Ilustración

Dos poemas de Joan Margarit ilustrados por Santiago Girón Raymond Chandler

Concierto en el Europa

Cada uno es una novela negra. El dolor es el crimen y, amar a una mujer, el detective duro y honrado del relato. Dormirse fatigado, oyendo a alguien que llora, necesitar dinero, quedarse sin trabajo, es la comisaría donde nos interrogan tan sólo acerca de la soledad. Y nadie es inocente: tras la puerta de los ojos se juega hasta la madrugada. Un amor fracasado es volver a un barrio pobre y dormir solo en un hotel por horas. Los recuerdos son huellas digitales en el lugar del crimen, pruebas falsas, montajes de corruptos policías. Somos calles ocultas por la niebla, escenarios de un thriller.

(Herb Heller, 24.III-91)

Podría ser contable o profesor, pero, hace cuarenta años, tocó con Charlie Parker. Todos somos contables, profesores, pero existe el instante en el cual uno puede escapar de la derrota. Bajo las cejas blancas, cierra los ojos y sus labios despiertan el sonido del saxo, como una alarma aérea. Tras el solo, se sienta y, dándose masaje en la rodillas, sonríe y sigue el ritmo de la música moviendo la cabeza. Sostiene el saxo entre sus brazos, el fusil de un soldado que descansa, en su última noche, antes de la batalla.

Santiago Girón (La Carolina, Jaén, 1963) Como dibujante y guionista: De perros y jabalíes (DIABLO, 2000). Como guionista: Tartessos, el comic (Almuzara, 2004, 2005). Otras muestras de su trabajo pueden ser Horizonte Azul u Operación Gorrión, junto a Fran Carmona; Airon man, Los cuatro fanáticos o Los vengadores, en colaboración con Rafael Amat AleS; Desehele, junto a Antonio Maldonado; Pirados del Caribe, en colaboración con Frances X. Perez Giralt. Actualmente, publica historietas cortas en La Duna, El arca de las historietas y Cthulhu. Ilustra la totalidad de la publicación digital SERESCRITO.

12 SERESCRITO


SERESCRITO 13


14 SERESCRITO


SERESCRITO 15


16 SERESCRITO


Ojo avizor Narrativa

Concierto de año nuevo Un relato de Fernando Martínez López

SERESCRITO 17


Prueba revista serescrito