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EL DIARIO DEL JUICIO VIDELA EN CÓRDOBA PUBLICACIÓN INSTITUCIONAL DE PRODUCCIÓN INDEPENDIENTE · DISTRIBUCIÓN GRATUITA · AÑO II · NÚMERO 15 · CÓRDOBA · ARGENTINA · 18 DE OCTUBRE DE 2010

FINALIZANDO LA ETAPA DE TESTIMONIOS, SE PREVÉ PARA DICIEMBRE EL DICTAMEN FINAL

Testimonios decisivos Las previsiones auguran un desenlace antes de fin de año. En los últimos días, se destacó la presencia como testigo

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EDITORIAL

Nada fue casual

de una ex jueza federal. La sentencia se sumará a múltiples condenas en el país en el año del Bicentenario.

Estamos a punto de ver caer las últimas gotas de la inmensa cascada de responsabilidades que quedan al descubierto en este proceso judicial. Un juicio donde fuerzas con diversos matices y concepciones ideológicas respondieron a un único y diseñado plan sistemático, que tenía entre sus objetivos la eliminación del “opositor político”. Para ello tuvieron que mentir, fraguar pruebas e incluso, elaborar estrategias para imponer el terror disciplinante dentro de la propia institución policial. Algunos de estos personajes quedaron sin trabajo y ciertas agencias de seguridad privada han sido, en muchos casos, las bases desde las cuales los represores articularon sus operaciones –legales pero también encubiertas– para enfrentar los embates del presente.

ESCOLTA. La ex jueza federal Cristina Garzón de Lascano, quien instruyó las causas por delitos de Lesa Humanidad en Córdoba, es escoltada por dos policías luego de declarar en el juicio Videla.

La imagen ocupará la primera plana de los diarios. El presidente del tribunal leerá la sentencia frente a una sala colmada, con gente manifestando en los alrededores de la torre. Es una fotografía anticipada que parece estar cada vez más cerca. Según estimaciones que hizo en esta semana el propio Jaime Díaz Gavier, la sentencia podría llegar a mediados de diciembre. Son 97 los testigos que ya declararon a lo largo de 41 audiencias, y el juicio entra en su última etapa. Faltan pocas declaraciones. Luego vendrá el momento de las inspecciones oculares en los lugares donde ocurrieron los hechos (penal de barrio San Martín, edificio donde funcionó el D2 y la sede de la Cuarta Brigada Aerotransportada) y la incorporación de las últimas pruebas documentales. Finalmente, las partes expondrán sus conclusiones en los alegatos y, previa palabra final de los imputados, el tribunal dictará la sentencia. Pero aún falta para llegar a ese momento. Sin apresurarse, el juicio Videla sigue brindando muestras de su complejidad. En estas últimas dos semanas sobresalieron las declaraciones de dos personalida-

CONTRATAPA

La guerra santa de Menéndez La urdimbre de relaciones que se establecieron entre la jerarquía eclesial y los altos mandos del Tercer Cuerpo de Ejército en Córdoba. POR HORACIO VERBITSKY

des de la justicia y la política. El actual ministro de Justicia provincial, Luis Angulo, declaró como ex abogado defensor de presos políticos, entre ellos de Miguel “Vitín” Baronetto y Marta Juana González de Baronetto, una de las víctimas de la causa. Minutos después, brindó su testimonio Cristina Garzón de Lascano, quien fue por muchos años jueza federal e instruyó las causas relacionadas con violaciones a los Derechos Humanos que se tramitan en Córdoba. Fue citada para dar cuenta de su desempeño como secretaria penal del Juzgado Federal N°1 en febrero de 1976. Las víctimas de la causa “Gontero”, con excepción de Luis Urquiza que declaró el 21 de julio pasado, completaron la ronda de testimonios. El caso tiene como imputados a nueve policías, dos militares y un gendarme. Por el momento, la causa “UP1” pasó a un segundo plano. DISPARO DE BAJA ALTURA En el pabellón 9 del Penal de San Martín, donde estaba detenido junto a otros presos políticos, Luis Urquiza se granjeó el mote de “el Rengo”. El tiro que el oficial Oscar Gontero le dio en la rodilla derecha

cuando estuvo detenido en el D2 le dejó secuelas que todavía padece. Ese disparo a quemarropa del 15 de noviembre de 1976 tuvo múltiples testigos, todos detenidos por la patota policial, que presenciaron el episodio. En las últimas semanas, algunos de ellos declararon por esta causa, que juzga el secuestro y los tormentos sufridos por Urquiza (único querellante) junto a otras cinco víctimas: Oscar Samamé y los ex policías Horacio Samamé, José María Argüello, Carlos Cristóbal Arnau Zúñiga, quienes son testigos en este juicio, y Raúl Rodolfo Urzagasti Matorrás, que no pudo declarar porque falleció en 2009. A todos ellos se les atribuía el cargo de “infiltrados subversivos” en las filas de la Policía de Córdoba. Quienes asistieron a la sala de audiencias pudieron oír los relatos de las circunstancias de su secuestro, el 12 de noviembre de 1976, y los tormentos que sufrieron en tres centros de detención. LOCADEMIA DE POLICÍA Al entrar a la sala de audiencias, cada uno de los ex policías que fue torturado en el D2 se tomó su tiempo para identificar a sus captores entre los imputados. Eran vie-

ENTREVISTA:

Claudio Orosz y Martín Fresneda Los abogados querellantes evalúan el juicio. Páginas 4 y 5

La persecución a los abogados de presos políticos (Página 2) Complicidades políticas con la dictadura en Córdoba (Página 3) Efectos judiciales de la declaración de Charlie Moore (Página 5) Testigos cordobeses declaran en juicio por El Vesubio (Página 7)

Con la introducción a la causa Gontero, el juicio adquiere la particularidad de mostrar el abanico de perfiles que tiene cada fuerza represiva y las diferencias que existen entre ellas. Parte de estas características pueden analizarse tomando en cuenta la aplicación de las torturas, los circuitos de información y los niveles de degradación e indignidad al que se terminaron sometiendo ellos mismos. Las últimas declaraciones escuchadas en la sala de audiencias van cerrando el circuito del plan sistemático de aniquilación. No hay fracturas. Fue diseñado hasta el último detalle, nada de lo que se hizo fue producto de casualidades. Secuestraron a personas de todas las edades, de todos los estratos sociales y de todas las concepciones ideológicas. También dejaron a muchos vivos, como parte de la misma lógica: la instauración del miedo. Sin embargo ahora, Videla –el ingeniero principal del diseño terrorista– está sentado junto a otros 30 imputados. Pero los juicios no son sólo testimonios. En las próximas semanas entraremos en el análisis de los cuerpos documentales y los reconocimientos oculares y con todo ese conjunto de pruebas, que son abundantes, llega el momento en que se pone en juego nuestro más profundo deseo de justicia. Con todo lo que eso implica: dar cuenta de que sólo buscamos la verdad, lo más lejos posible del rencor y la revancha. En fechas cercanas al recordatorio del peor genocidio sufrido por nuestra América, dar cuenta de la verdad no es poca cosa. Más de 500 años nos llevó recuperar la memoria de nuestros pueblos dominados. Es tiempo de justicia.


Lunes 18 de octubre de 2010 DECLARÓ LA EX JUEZA CRISTINA GARZÓN DE LAZCANO jos conocidos, colegas o superiores en su época de instrucción policial. Fernando “el Tuerto” Rocha fue recordado como un instructor que enseñaba a plantar armas y pruebas falsas en los operativos. De la escuela de Rocha, con las mismas prácticas y artimañas, Horacio Samamé recordó a la “Cuca” Antón: «Me pegaba con un látigo o una varilla y me repetía como cantando “traidor, traidor”», dijo al tribunal. Según contó el testigo, el “Gato” Gómez torturaba a cara descubierta y se presentaba con su nombre. «Conmigo todo el mundo habla», le oyeron decir los dos hermanos Samamé durante los interrogatorios que derivaban en torturas. El caso del policía Luis Urquiza provocó enfrentamientos y persecuciones entre los policías, incluso hasta los últimos años de la década del 90. Ya entrada la democracia, muchos oficiales del D2 se reciclaron, llegando incluso a estar en la plana mayor de la Policía, y se garantizaron el silencio amenazando a sus víctimas. Así lo confirmó Arnau Zúñiga cuando el fiscal Gonella le mostró su declaración del año 1997 hecha para un sumario policial. El testigo mentía en esa oportunidad. «Tenía miedo –dijo al fiscal– por eso dije que en mi detención en el D2 me trataron bien». También declararon algunos militantes y ex presos que conocieron a Urquiza en la UP1, como Pedro Nolazco Gaetán. –Debo confesar que tuve muchos prejuicios por declarar en esta causa –admitió Nolazco Gaetán–. Era policía y todos en el pabellón sospechábamos de él. –¿Abandonó los prejuicios? –preguntó la abogada María Elba Martínez. –Si estoy declarando es porque eso que-

EL DIARIO DEL JUICIO VIDELA EN CÓRDOBA

Editor responsable: Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba. Secretaria Ejecutiva: Emi D'Ambra Consejo Editorial: Por Familiares: Betty Argañaraz, Gustavo Tissera y María del Carmen Torres. Por H.I.J.O.S: Cecilia Correa, Lucía Galará y Martín Notarfrancesco Director de contenidos: Sebastián Puechagut Redactores: Waldo Cebrero, Pablo Luro y Lautaro Bentivegna Secretaria de redacción: Matilde Nasser Corrección: Victoria Picatto Fotografía: Manuel Bomheker y María Bethania Cuello Diseño y diagramación: Usina Creativa SH Distribución: María Ester Cobe, Julia Soulier, Ernesto Torres, Rubén Vergara Colaboraron en este número: Alexis Oliva, César Pucheta, Claudia Baldovin, Mauro Ricci, Paco Ferreyra Impresión: Comercio y Justicia Editores Cooperativa de Trabajo Ltda. Producción gráfica y editorial: Usina Creativa SH (0351) 427 1736 • info.usinacreativa@gmail.com

Será Justicia es propiedad de la asociación civil sin fines de lucro Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba (Personería Jurídica 234-A-1992)

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«Una omisión material»

TESTIGO. El ministro de justicia Luis Angulo declaró en el juicio Videla.

dó atrás. Ahora hay justicia –respondió. MUERTOS DE IMPUNIDAD Oscar Gontero murió antes de llegar al juicio. También fallecieron muchos policías implicados en la causa que tuvieron alto rango en el D2 en años de dictadura. Pese a ello, en los testimonios de las víctimas, son nombrados como los responsables impunes de muchos crímenes. Para María Elba Martínez, la abogada que representa a Luis Urquiza en el juicio, ha quedado acreditado en los testimonios de esta semana cuáles fueron «los motivos políticos e ideológicos de la detención, los tormentos a los que fue sometido y la falta de atención médica luego de que recibió un disparo». Pero también, a su criterio, la mención de los implicados fallecidos «aporta a la comprensión de estos crímenes de alto contenido político para que no queden impunes ante la historia». Entre las ausencias importantes en el banquillo de acusados se cuentan el ex jefe del D2 Raúl Pedro Telleldín, José Esteban, segundo jefe de inteligencia, y también los comisarios Américo Romano y Juan Antonio Tissera. Todos ellos, junto a otras autoridades militares entre las que se destaca el General Juan Bautista Sasiaiñ, esquivaron el juicio con su muerte,

En su larga carrera dentro de la Justicia Federal, Cristina Garzón de Lascano nunca imaginó que sería llamada a declarar para dar cuenta sobre su breve actuación como secretaria penal en 1976. Menos aún en una causa por delitos de Lesa Humanidad que ella misma instruyó desde el Juzgado Federal N° 3. Pero la complejidad del juicio que investiga el fusilamiento de presos legales la puso por unas horas en la silla del testigo para responder preguntas del tribunal y las partes. Cristina Garzón de Lascano fue designada en 1974 en la Secretaría Fiscal del Juzgado Federal N° 1, a cargo de Zamboni Ledesma, y en febrero de 1976 debió reemplazar por unos días al secretario penal de ese juzgado, el ex juez Otero Álvarez. El 3 de febrero, estando a cargo de la secretaría, Garzón de Lascano recibió la declaración indagatoria de dos detenidos de la UP1: Raúl Bauducco y su esposa Dora Caffieri, embarazada de ocho meses. En dicha audiencia, Dora denunció “apremios ilegales” y la “susaunque son recordados por los testigos. El testigo Ramón Eduardo Zabaleta, un ex sumariante del D2 que se jubiló como comisario de la Policía de Córdoba, pintó con algo de humor a los viejos jerarcas. Sabe más de lo que dijo: con salidas elegantes evadió preguntas de la querella simulando inocencia y usando metáforas deportivas. «Romano era “el Grondona” del D2. Era inhablable (sic). Él y Esteban, que era el jefe de operativos, estaban en el grupo al que yo le digo el “Comité olímpico”», explicó. A pesar de su esfuerzo, se le escapó una frase que lo dejó en evidencia: «Mire que yo no comulgaba con las cosas que ahí hacían, ¿eh?», aclaró sin que le pregunten. Luego intentó enmendarse explicando que no “comulgaba” con la poca comunicación entre jefes y subalternos. «Eran como esos técnicos que no hablan con sus jugadores, ¿vio?», dijo y respiró aliviado.

tracción de bienes personales” por parte de la brigada policial que la detuvo en diciembre de 1975, pero el acta fue completada con errores administrativos. Fue sobrescrita en el interlineado de la máquina de escribir, como si hubiese sido agregada la denuncia de “apremios ilegales” sin ser certificada por la secretaria al final de la hoja, como indica el procedimiento. La ex jueza fue citada por la querella que representa a la familia Bauducco para explicar ese olvido. Ante el estrado, la ex jueza dijo no recordar el hecho, aunque explicó que pudo haber cometido el error por no conocer los procedimientos del cargo, ya que se desempeñó sólo unos días como secretaria penal. «Puede haber sido una omisión material», reconoció. La fiscalía, la mayor parte de los abogados querellantes y defensores se abstuvieron de interrogar a la testigo. El tribunal consideró improcedentes algunas preguntas que iban por fuera del período por el cual se la había citado a declarar, de modo que las interrumpió. SENTENCIA A LA VISTA Las partes coinciden al estimar el tiempo que resta. El fiscal Carlos Gonella dijo: «Queda una semana de testimonios y una de inspecciones oculares. Dos semanas de preparación de alegatos y luego otras dos de alegatos». Se dictaría sentencia iniciando diciembre, cerca del Día Internacional de los Derechos Humanos. El año del Bicentenario, finaliza con condenas por casos paradigmáticos en diferentes tribunales del país. En La Plata, las banderas con el rostro de Julio López flamearon en la jornada en que el tribunal N°1 leyó la sentencia por los delitos cometidos en la Unidad Penitenciaria N° 9 [ver página 7], una causa muy similar a la de Córdoba. Mientras, en esta provincia se acerca el final del juicio Videla. Córdoba se acerca a su tercera sentencia y queda todavía camino por recorrer.

LA PERSECUCIÓN MILITAR TAMBIÉN ALCANZÓ A LOS ABOGADOS DE PRESOS POLÍTICOS Por Waldo Cebrero

En la boca del lobo Cada vez que el abogado Luis Angulo ingresaba al edificio de la calle Hipólito Yrigoyen, donde funcionaba el Juzgado Federal N°1, lo sacudía el miedo. Era difícil defender a los presos políticos con las Fuerzas Armadas controlando las cárceles y los juzgados. Sentía –por la persecución que sufrían sus colegas– que su vida también corría peligro. Investigar y denunciar a los miembros del D2 por las violentas detenciones a militantes sociales significaba un riesgo para los abogados, pero también era intimidante acudir al edificio de la Justicia Federal. Se sentía, según Angulo, «la desazón de estar entrando al lugar equivocado». Esa desazón se formalizó el día en que Otero Álvarez, el secretario penal de Zamboni Ledesma en el Juzgado N°1, le comunicó que por orden militar ya no podía seguir defendiendo a Luis Baronetto y a su esposa Marta González. En su lugar se designaría al defensor oficial Luis Molina. La justicia federal convalidaba con estas medidas un cerco que dejaba a los presos políticos en la indefensión absoluta y exponía a los abogados defensores al acoso y la persecución de las brigadas militares. DEFENDER LA POLÍTICA En 1977 las patotas policiales operaban a destajo, secuestrando y torturando militantes sociales en Córdoba. En los distintos tribunales de la provincia se amontonaban los recur-

ANTIGUO EDIFICIO. El Juzgado Federal Nº 1 tenía su sede, en 1976, en la calle Yrigoyen, frente al arzobispado.

sos de hábeas corpus y las denuncias por apremios ilegales. Mientras, el Colegio de Abogados de Córdoba, ligado a los sectores conservadores, recomendaba a sus asociados no asumir la defensa de “delincuentes subversivos”. Por ello, ya desde principios de la década, algunos abogados más comprometidos se agrupaban en la Asociación de Abogados para la Defensa de los Presos Políticos y Sociales, mientras que otros se organizaban en Jóvenes Abogados Peronistas (JAP). Luis Angulo militó en la JAP y recuerda que muchos de sus colegas sufrieron represalias por su actividad. Algunos fueron desaparecidos o detenidos y otros debieron exiliarse. «Pese al miedo que imperaba

–dice– muchos nos manteníamos en la defensa aun cuando no nos dejaban ingresar a la cárcel ni comunicarnos con los defendidos». Hugo Vaca Narvaja investigaba el caso “Siriani” (un militante que murió torturado por la policía) cuando fue secuestrado en la puerta de tribunales. Su colega Enrique Asbert asumió su defensa, pero al tiempo también fue detenido. Un día, en la cárcel, Asbert vio llegar a un compañero, que era también su abogado defensor. Por un instante se sintió aliviado. Ya de cerca pudo ver que tenía marcas de golpes en una ceja y la impresión de un sello grabada en su frente calva. También había caído. Estaban presos por defender a presos políticos.


Lunes 18 de octubre de 2010 ANÁLISIS • LAS COMPLICIDADES POLÍTICAS CON LA DICTADURA QUE SE CONTINUARON EN DEMOCRACIA Por Pablo Luro

Puentes que unen pasado y presente Los encuentros entre políticos y represores de la policía provincial tienen una larga historia. En Córdoba, las complicidades entre ambos también son fruto de un complejo entramado de poder. Unen pasado y presente de diferentes modos. Más allá de la centralidad que tuvieron en el mapa represivo cordobés, los represores del Departamento de Informaciones (D2) y su accionar perduraron en democracia por muchos años, pese a que muchos de esos policías figuraban en el informe de Conadep de 1984. Los primeros años de la democracia cordobesa permitieron la continuidad en la fuerza de represores que hoy son juzgados por cometer delitos de Lesa Humanidad. El pasado martes 5 de octubre, José Salvador Quiroga (el testigo Nº 80) manifestó ante el tribunal una declaración encorsetada puntualmente en un hecho en el que tuvo un rol protagónico. Reguló a conciencia sus palabras, recordando poco, casi a cuenta gotas. Pero sus palabras dejaron una certeza en la sala de audiencias: por más que se puedan confundir, son diferentes las “informaciones sumarias” y los “sumarios administrativos” dentro de la policía. Son procedimientos burocráticos de sanción policial con diferente gravedad que afectan en la salida de la fuerza según se aplique uno u otro. Según afirmó el especialista en sumarios policiales (retirado en 1997, como Jefe de Asuntos Internos), las informaciones sumarias son para inconvenientes de menor relevancia, mientras que los sumarios son para denuncias mayores y deben ser resueltos por la autoridad máxima de la Policía. Del mismo modo, el testigo no dejó ninguna duda y afirmó que la denuncia que había sufrido Carlos Yanicelli, jefe de inteligencia del gobierno radical de Mestre, fue una información sumaria. Quiroga era el responsable de su realización. El gobierno radical dijo enterarse del accionar represi-

PALCO. Ramón Bautista Mestre (por entonces gobernador), la ex jueza Cristina Garzón de Lascano y el actual diputado radical Oscar Aguad, compartiendo un acto oficial con el genocida Luciano Benjamín Menéndez. Era 1997, y Yanicelli seguía en la Policía.

vo de Carlos Yanicelli por las denuncias de Luis Urquiza en 1997. El represor, habiendo ascendido de modo constante en años democráticos, llegó a ser el tercer hombre en el organigrama policial, ocupando el cargo estratégico de Jefe de Inteligencia. Ahora bien, resulta imposible llegar a ese lugar sin la confianza de quien era jefe de la Policía de Córdoba, Máximo Lascano, y del entonces ministro de Relaciones Institucionales, Oscar Aguad. A fines de ese año, le dan el retiro a Carlos Yanicelli con una buena jubilación garantizada. Pero siguieron en la policía otros 100 hombres que participaron en la inteligencia a lo largo de la dictadura. Fue la moneda de cambio de las denuncias de Luis Urquiza por lo sufrido en el D2: correrlo al Tucán para que todo siga igual. De este modo, Urquiza tuvo que partir nuevamente al exilio, pero esta segunda vez, en plena democracia.

RECORRIDOS • LA CAUSA GONTERO | Por Martín Notarfrancesco

VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN

Ocho años y un funeral Pedro Nolasco Gaetán fue detenido en octubre de 1976 por efectivos del D2. Peregrinó durante ocho años por varias cárceles del país, hasta julio de 1984. El mismo día en que lo detienen otra brigada policial secuestró a su esposa, que estuvo 26 meses incomunicada sin poder ver a su hijo de cuatro años. La familia, mientras tanto, deambuló por las cárceles tratando de saber el paradero de Pedro y su compañera hasta que su suegra leyó, en 1976, una noticia del Diario Popular que informaba el saldo de un enfrentamiento a tiros con la policía: “Murió abatido un peligroso subversivo y fue detenida una paraguaya”. «Cuando leyeron esto, y como a mi esposa no la podían encontrar, también la dieron por muerta», dice Pedro. «Así que decidieron hacer un velorio, una capilla ardiente en la casa de mi suegra». Cuatro meses después, en febrero de 1977, un juzgado de Buenos Aires le informa a su suegro que ambos están vivos y detenidos a disposición del PEN. Ante la revelación, sobrevino un súbito desmayo, y pocos días después el viaje a Olavarría para ver a Pedro en la cárcel de Sierra Chica. Ahí le comentó del velorio. «Yo sin saberlo, estuve cuatro meses muerto. Es decir que ahora estoy viviendo horas extras», bromea.

IMPUTADOS

POLÍTICAS Y POLICÍAS La diferencia entre optar por un informe sumario y el sumario administrativo denota una opción política frente a la denuncia concreta de Urquiza. Ante la denuncia, el gobierno radical optó por una salida administrativa que respaldaba implícitamente al represor. Entre las opciones burocráticas, se inclinó por la que le permitiría quedar bien con ambas partes, apartando de modo ligero al actual imputado de 10 casos de torturas y 6 homicidios Carlos Yanicelli, pero con un pase a retiro, de manera que siguiera perteneciendo a la fuerza. El actual diputado nacional por el radicalismo, Oscar Aguad, le dijo por esos días a Urquiza que «no podía hacer una sangría dentro de la policía porque se le levantaría la guardia de infantería». Así de tajante, quien era el responsable de la Policía provincial respaldó a Yanicelli por unos meses, hasta que finalmente fue retirado. El mayoritario grupo de represores quedó en actividad. Aguad, en un curioso ejercicio de la memoria selectiva, esgrime su versión de los hechos en su página de internet: no recuerda los hechos que se investigan en este juicio. Paradójicamente, sí recuerda que a partir de las denuncias de Luis Urquiza ordenó el inicio de un sumario por el que se retira a Yanicelli de la fuerza. Aclara que a Urquiza se le brindó protección y que en noviembre de 1997 “se fue del país” (www.oscaraguad.com). En el juicio Videla, el testigo José Salvador Quiroga desmintió los términos del encargado político de la Policía, por lo que se ha solicitado que el diputado declare ante el tribunal y aclare la situación. En un proceso judicial tan complejo, la investigación sobre causas relacionadas al terrorismo de Estado reabre constantemente debates inacabados. Las duraderas relaciones entre las estructuras políticas y represivas en tierras cordobesas es una de esas cuestiones que aún están pendientes.

Policías perseguidos por policías La causa conocida como “Gontero” fue instruida en el Juzgado Federal N° 3 a cargo de la ya jubilada Cristina Garzón de Lascano. El 28 de octubre de 2009 salió sorteado el TOF Nº 2 para sustanciar el juicio oral, pero luego la Cámara Nacional de Casación Penal definió su unificación con la causa UP1 en el TOF Nº 1, conformando así el proceso penal por delitos de Lesa Humanidad más grande tramitado hasta el momento, que es hoy el juicio Videla. Reúne la investigación por los secuestros y torturas sufridas por Oscar Samamé y cinco ex policías: José María Argüello, Luis Alberto Urquiza, Horacio Samamé, Carlos Cristóbal Arnau Zúñiga y Raúl Rodolfo Urzagasti Matorrás. Todos ellos eran acusados de “subversivos” por las fuerzas represivas. Una de las particularidades es que estas seis personas lograron sobrevivir al terrorismo de Estado y la mayoría de ellos declaró en el juicio, frente a sus torturadores. La excepción es Urzagasti Matorrás que falleció en 2009. Fueron detenidos entre el 12 y el 13 de noviembre de 1976, pasaron una semana en el D2, después estuvieron confinados en el centro clandestino de detención conocido como “La Ribera” y alojados en la penitenciaría de barrio San Martín (UP1) hasta agosto y septiembre del año 1978. A poco de recuperar su libertad, Luis Urquiza se exilió en Dinamarca. En 1993 regresó al país y se encontró con que muchos de sus torturadores continuaban en la Policía. En 1997 de-

QUERELLANTES. Miguel Hugo Vaca Narvaja y María Elba Martínez representan legalmente a Luis Urquiza, la única querella de la causa Gontero.

nunció que el jefe de Inteligencia Criminal era Carlos Yanicelli, el mismo que él había denunciado ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) en 1984. Fuertes amenazas aparecieron en la vida de Urquiza que buscó respaldo en el gobierno radical de Ramón Mestre. Así fue que decidió dejar el país nuevamente y volver a radicarse en Dinamarca. Recién con el nuevo marco jurídico abierto tras la anulación de las leyes de impunidad, la justicia federal tomó el caso y se conformó la causa que hoy se juzga.

Menéndez en cama

La causa Gontero tiene 12 imputados:

El miércoles pasado el tribunal informó que Luciano Benjamín Menéndez se encontraba internado en el Hospital Militar. El diagnóstico: neumopatía congénita y un “recrudecimiento de su afección pulmonar”. Los médicos le dieron tres días de reposo, por lo que el represor estuvo ausente en las últimas dos audiencias de la semana. Su representación en el juicio estuvo a cargo del abogado defensor Alejandro Cuestas Garzón.

También imputados en la causa “UP1”

1. Menéndez, Luciano Benjamín 2. Jabour, Yamil 3. Gómez, Miguel Ángel 4. Yanicelli, Carlos Alfredo 5. Flores, Calixto Luis 6. Lucero, Alberto Luis

Sólo imputados en la causa “Gontero”

7. Rodríguez, Hermes Oscar 8. San Julián, José Eugenio 9. Rocha, Fernando Martín 10. Salgado, Gustavo Rodolfo 11. Merlo, Luis David 12. Antón, Mirta Graciela


Lunes 18 de octubre de 2010

EL JUICIO, DÍA X DÍA DÍA 36 - MARTES 05/10

Entre sin golpear Declara el ex sumariante del D2, Ramón Eduardo Zabaleta. Se inquieta. Está nervioso y es evidente que ha visto más de lo que dice. De todos modos, hace lo posible por salvar a sus colegas. «¿Cómo hacían los operativos?», pregunta una de las querellas. «Romano hacía la previa, y venía con el 311. Después decía quién hacía la comisión», dice en clave policial. La previa consistía en espiar a la víctima. El 311 era un formulario para entrar a la casa sin permiso del morador. La “comisión” (o “paquete”) era el morador.

Mate amargo Zabaleta cuenta que cuando se inauguró el D2 en la Avenida Vélez Sarsfield fueron varias personalidades de la justicia al convite. «¿Recuerda a algún juez?», lo interrogan. «Había uno –dice–, lo recuerdo porque cuando se estaba yendo, le digo como al pasar: 'Oiga doctor, tómese un matecito así no se va rengo'. Lo tomó pero cuando se iba vi que de verdad era rengo». ¿Meter la pata?

DÍA 37 - MIÉRCOLES 06/10

Trapo Negro José María Argüello: policía con una historia parecida a la de Luis Urquiza. En el año 77 su madre fue a buscarlo y le dijeron «que vuelva a la casa» porque su hijo era «un subversivo trapo negro, que nada había que reclamar».

DÍA 38 - JUEVES 07/10

Un baño de sol Jornada corta pero intensa en el juicio Videla. Ya declaró Luis Angulo, ministro de Justicia, y se espera el testimonio de la ex jueza federla Cristina Garzón de Lascano. Desde que se retiró del cargo no se la ha visto aparecer en la escena pública. Cumpliendo su función, pasó años en las frías oficinas de tribunales, pero ahora se puede apreciar por su parejo bronceado y su look formal pero relajado, que se dio unas buenas vacaciones. ¿El juicio las habrá interrumpido?

«Salvame colega» Los querellantes Battistón, Martínez y Ceballos se desviven por hacer hablar a la ex jueza. Se sobresaltan, preguntan de mil modos la misma cosa. Su interrogatorio comienza a deslizarse por el pantanoso terreno de la chicana. La ex jueza sabe cómo responder y evadir. Está en esto desde 1974. «Señor juez, le recordaría a la testigo que está bajo juramento y que omitir es también falso testimonio», inquiere Miguel Ceballos y el juez lo pone rápidamente en su lugar.

DÍA 39 - MARTES 12/10

Siete de Orosz El cuarto intermedio de la mañana se alarga y en la sala de prensa se juega una partida de truco. La ronda está pareja. Hay guiños, muecas y señas de todo tipo. La última mano enfrenta en un real envido a un astuto periodista radial, sutil en el oficio de liar con la palabra, y a un experimentado abogado, más ducho en preguntar que en mentir. Las cartas están con el periodista, pero al abogado lo salva la campana. Se reanuda la audiencia.

ENTREVISTA · CLAUDIO OROSZ Y MARTÍN FRESNEDA EN SU TERCER JUICIO | Por Sebastián Puechagut

«Pensar políticamente para actuar jurídicamente» Tienen fama de tipos serios, los abogados. El ámbito en el que desarrollan su tarea cotidiana tiende a acartonar las relaciones, filtradas en el tamiz del discurso protocolar y la redacción de expedientes. La formalidad hierática de ese trajín no deja mucho espacio a la emoción. Claudio Orosz y Martín Fresneda son abogados querellantes. Transitan ya su tercer juicio por delitos de Lesa Humanidad. Se podría pensar que el ejercicio legal los habrá endurecido, forzándolos a la apatía leguleya. Sin embargo, resulta difícil conversar diez minutos con alguno de ellos sin que el humor se cuele y estalle en risas. Este matiz humano quizás sea la principal fortaleza que sostiene su trabajo, basado en convicciones y en la calidez de una memoria que mira sobre todo hacia adelante. Recibieron a Será Justicia en casa de Martín. La mesa, repleta de copas, invitaba a compartir una charla reflexiva que se extendió sin pausa por largas horas nocturnas. Como debe ser. La Justicia quizás requiera esa sobriedad medida e institucional. Pero las luchas populares se han nutrido siempre de personas comprometidas, sensibles. Estos abogados saben sobre qué esquema asientan su profesión. Será Justicia: Claudio, ¿cuándo te integrás a los equipos que llevan adelante las causas por delitos de Lesa Humanidad? Claudio Orosz: A fines de los 90 cuando la Cámara Federal de Córdoba decide reabrir los Juicios por la Verdad, ya se había formado la agrupación H.I.J.O.S, que decide participar en ese proceso. En ese momento tuve un encuentro con Agustín Di Toffino y Emiliano Salguero, y ellos me plantearon la posibilidad de intervenir en un primer equipo. Había un debate sobre si la participación iba a ser para conocer el destino de los desaparecidos, o si íbamos a intentar desarmar el entramado de las leyes de impunidad. H.I.J.O.S decide entonces constituirse en querellante y su primera actividad jurídica es el planteo de in-

Claudio Orosz.

constitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Se abrió la posibilidad de investigar aquello que no había sido contemplado en el indulto a Menéndez. Las exhumaciones en el cementerio San Vicente nos permitieron trabajar buscando hechos de antes del 24 de marzo, y tuvimos la suerte de incorporar algunos testimonios que por primera vez se receptaban, como el de Piero Di Monte. En esa época, Martín Fresneda se recibe de abogado y se incorporó al incipiente equipo jurídico que hasta ese momento conformaba solamente yo. Así fue como se empezó a trabajar. Martín Fresneda: Acordate de cómo entró Familiares, también. CO: A todo esto, esa puerta abierta permitió la investigación de lo que luego fue la causa Brandilisis. Mientras se daba este proceso se jubila Amalio Rey, el abogado histórico de Familiares, que en una asamblea decide que los representantes seamos Martín y yo. A partir de ese momento asumimos la representación también de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba.

SJ: ¿Y vos Martín, cómo viviste ese proceso de iniciar el camino jurídico? MF: Hace tiempo decidimos asumir una de las consignas más importantes que tenían los organismos desde su nacimiento y darle un impulso mayor, diferente. Era una nueva generación retomando esa lucha por juicio y castigo. Armamos el equipo jurídico con pocos recursos, con poca experiencia propia. Realmente era la Armada Brancaleone, un equipo que tenía solvencia jurídica pero sin ninguna estructura para sostener ese bagaje de conocimiento que traía Claudio. Pero entiendo que inauguramos una lógica que dio resultado para la matriz política de los organismos de Derechos Humanos. SJ: ¿Cuándo conocés a Claudio? MF: Cuando decidimos presentar un pronto despacho a la Justicia Federal. Yo en 2002 me tomo una licencia militante porque ese año me tenía que recibir, y prácticamente no participo de ninguna actividad. Me recibo y coincide con que en marzo de 2003 la jueza [Garzón de Lascano] resuelve a favor del planteo de inconstitucionalidad que hacemos. Ahí empeza-

LA COMPLEJA TAREA DE ACUSAR • CÓMO SE ELABORAN LOS PEDIDOS DE SENTENCIA Por S. P.

«Esto no es una cacería de brujas» Será Justicia: El cuerpo probatorio generado hasta el momento en el juicio, ¿permite refrendar todas las imputaciones iniciales? Claudio Orosz: Es una cuestión esencial tener en cuenta que los juicios no solamente son los testimonios. En las próximas semanas van a ser incorporados al debate todas las pruebas documentales, que son abundantes y reflejan formalmente cómo las órdenes eran producidas y retransmitidas hasta llegar al ejecutor. Son todos elementos que nos van a dar la certeza que se requiere. Porque para condenar se necesita certeza. Martín Fresneda: Aquí se pone en juego no solamente nuestro deseo de justicia, sino que también se pone en juego nuestra participación honesta en este proceso, que nos interpela en distintos sentidos. En el sentido de que nosotros vamos a pedir una condena. Nosotros vamos a atribuir responsabilidades en nuestros alegatos y solicitaremos las penas aplicables a cada uno de quienes nosotros entendemos que fueron responsables. Aquí es donde nosotros nos interpelamos desde lo individual a lo colectivo y volveremos a lo individual cuando manifestemos en la palabra de Claudio Orosz, Martín Fresneda, Lyllan Luque o Elvio Zanotti nuestras conclusiones y nuestro pedido de condenas, o directamente si es necesario, no acusar, no pedir la absolución, sino no acusar.

SJ: En el caso de 31 imputados, ¿es más delicado este límite? MF: Sin lugar a dudas. Pero quiero manifestar esta complejidad que implica tener la seriedad, la honestidad suficiente como para ser justos, nosotros mismos con lo que nosotros pretendemos, con lo que pretendemos de esta sociedad, con lo que implicaría ese pedido de condena, lo que significa mi palabra, mi gesto, mi cuerpo diciendo “señor, usted es responsable y tiene que cumplir esa pena, porque esto es lo que el sistema jurídico y nuestro Estado de derecho ha predeterminado antes de que usted cometa esa conducta”. Nosotros estamos en esa oportunidad atravesados por sentimientos. Estamos atravesados por un sentido de justicia, por las limitaciones de la justicia que soñamos y la justicia que tenemos. Estamos, por sobre todas las cosas, complejizados en un sistema que de por sí es defectuoso, pero también nos encontramos con la historia de un país que luego de 34 años nos permite juzgar a estos hombres, que de ninguna manera el sistema los va a resocializar. Lejos está de nuestro pensamiento la cacería de brujas, lejos de nuestro pensamiento y nuestras convicciones está acusar a alguien sin pruebas. En este punto es donde está la seriedad del equipo, donde se juega el momento más trascendente de nuestra honestidad como profesionales, como militantes, como seres humanos. Nosotros no queremos que nadie sufra algo injusto.


Lunes 18 de octubre de 2010 mos a romper la vieja tradición de la herramienta jurídica pensada por separado de lo político, y sanear esa lógica dañina que es el individualismo del abogado, que trabaja generalmente con una perspectiva autorreferencial y desde sus propios criterios. Empezamos a pensar políticamente para actuar jurídicamente, y se integran compañeros que no tenían formación jurídica, pero que habían demostrado interés en esto y una trayectoria histórica, como Silvia Di Toffino. Se crea un espacio nuevo con criterios de responsabilidad diferentes a las de un militante. Teníamos que generar un espacio que se sostuviera en el tiempo para lograr los juicios penales, y empezamos a pensar seriamente cómo conseguir recursos. Ahí nace el área jurídica de investigación. CO: Una decisión importante que tomaron las organizaciones fue la presencia diaria, la incidencia sobre el órgano judicial. No es un dato menor. Darse una política también hacia la justicia. Nos interesaba apuntalar los sectores que detectábamos dentro de la justicia con interés en acompañarnos en este camino. SJ: ¿Y encontraron aliados? MF: Yo creo que hay un antes y un después de una definición que toma H.I.J.O.S en un asamblea multitudinaria, donde decidimos no recusar a la jueza Cristina Garzón de Lascano, y decidimos colaborar con la justicia en la investigación del Juzgado Federal Nº 3 en la convicción de que nosotros teníamos que tener los juicios con las virtudes y los defectos de esta democracia que tenemos. CO: Hay algo que debe quedar claro: compartimos con otros sectores que quisiéramos tener otra justicia. Pero hubo una apuesta a operar jurídicamente y polí-

EL JUICIO, DÍA X DÍA DÍA 40 - MIÉRCOLES 13/10

Pregunta protocolar Pese a la obviedad de los hechos, el juez debe hacer preguntas obligadas. Por ejemplo: «¿Le mostraron alguna orden de detención?». El testigo Enzo Domingo Sacco entiende el trabajo del magistrado y quiere ayudar con su respuesta: «Sí, me mostraron dos pistolas 45 en la cabeza», dice, para no responder con la negativa.

DÍA 41 - JUEVES 14/10

Jardín Florido, aprendiz Martín Fresneda.

ticamente sobre lo que había, no sobre lo que quisiéramos que hubiese. Y esa decisión ha tenido consecuencias jurídicas que nosotros, por encima de las contradicciones, por encima de los avances y retrocesos, consideramos altamente positivas. La práctica es lo que define. SJ: ¿Este juicio es distinto que los anteriores sólo porque es más grande, o tiene otra complejidad? MF: Para mí tiene una complejidad política diferente. Se juzgan episodios de personas detenidas antes del golpe, que tuvieron un tratamiento penitenciario en democracia y que pasaron después esa dura transición a una cárcel intervenida por militares. Los juicios se van a ir dando con diferentes matices de acuerdo al lugar y de acuerdo a la fuerza que actuó en el lugar. Este juicio sí tiene algo diferente: se ha logrado establecer la cadena de mandos en todas las instancias, desde Videla para

abajo, hasta el que hacía la acción. SJ: ¿Hay acuerdos con las otras querellas para definir estrategias? MF: En algunos casos, si el tiempo lo permitía, pudimos socializar y consensuar posturas. Hay puntos en donde no, porque han surgido del propio reflejo de cada equipo, que trabaja de acuerdo a la condición jurídica y política que tenga la postura que asuma. SJ: En eso también es distinto este juicio de otros… CO: En la práctica hemos tenido coincidencias en el tratamiento de los testigos, hemos tenido coincidencias en fortificar determinados elementos que tienen que ver concretamente con probar los hechos. Y no vamos a obviar que por pertenecer a organizaciones distintas y tener tradiciones distintas, se evidencian algunos enfoques diferenciados, lo cual no es nada malo. Para nada malo.

Desde el estrado, Jaime Díaz Gavier puede mirar con soltura a las coquetas abogadas de la querella que se sientan frente a él. Lo que ve le agrada y se lo recomienda al testigo Horacio Samamé que responde las preguntas de María Elba Martínez. «Cuando responda, diríjase al tribunal –le dice–. Mire a la doctora si quiere, que vale la pena, pero responda hacia acá». María Elba se sonroja y el juez celebra su piropo con una risotada.

Ni así, Nabo Ya son un clásico las arengas con las que los represores increpaban a los detenidos en la cárcel. Se escucharon desde las moralistas hasta las más heroicas, pero la del “Nabo” Barreiro se considera la más rebuscada de todas. «Ustedes que son tan antiimperialistas –le dijo al detenido Rolando Puerta cuando llegaba la Cruz Roja Internacional en 1978– no puede dejar que ingrese así de fácil una multinacional de los Derechos Humanos».

REPERCUSIONES • ALGUNOS ABOGADOS ANALIZAN LOS EFECTOS JURÍDICOS DE LAS DECLARACIONES DEL TESTIGO CHARLY MOORE

Un testimonio nacido “en el corazón de la bestia” Claudio Orosz

Natalia Bazán

ABOGADO QUERELLANTE

ABOGADA DEFENSORA OFICIAL

Por el conocimiento que tuvo Moore de cómo se desarrollaba la dinámica propia de la represión, obviamente, es un testimonio muy importante, al igual que la denuncia que hizo en 1980 en Brasil. Pero me parece que el tratamiento de Charlie Moore no puede ser sesgado. Debe darse en el marco del tratamiento que se le da a todos aquellos testimonios que tienen que ver con sobrevivientes de campos de concentración que durante muchísimos años han sido un elemento al menos revulsivo dentro de los organismos de Derechos Humanos, y dentro del gran espacio de quienes fueron militantes durante la década del 70. Es esclarecedor un dictamen de la Procuración Nacional, respecto a este tema en específico, que tiene que ver con un apotegma: “Aquella persona que no entró por su propia voluntad a un campo de concentración es un detenido”.

El testimonio de Charlie Moore va a ser valorado cuando llegue la etapa de alegatos. Si bien su declaración tiene muchos puntos de coincidencia con lo que declaró en Brasil en 1980, hay puntos que no se corresponden. Por eso esta defensa va analizar integralmente ese testimonio y verá qué es aquello que le sirve cotejándolo con todas las pruebas de este juicio. Por otro lado, quedó en claro que el testigo se ha ido muñendo de información durante todos estos años, hecho que fortaleció lo que pudo ver en los años que estuvo en el D2. Eso también va a ser analizado por las defensas.

Carlos Gonella FISCAL FEDERAL

Marcelo Arrieta ABOGADO DEFENSOR OFICIAL Estoy esperando leer el libro La Búsqueda de Miguel Robles, que fue incorporado como prueba, para formar una apreciación general. De todas maneras, las defensas necesariamente tenemos que cuestionar el valor convictivo (sic) del testimonio. Por supuesto que esto se hace con aspectos técnicos, discutiendo principalmente la idoneidad del testimonio para generar credibilidad. Evidentemente ha vivido una situación comprometida, yo lo reconozco como víctima y no discuto esa condición. Pero las circunstancias lo ponen en una situación muy complicada para el ejercicio del derecho de defensa de mi asistido.

Los dichos de Charlie Moore adquieren y cobran relevancia si los analizamos con el resto de los elementos de prueba. Porque el resto de los elementos probatorios confirman plenamente todos los dichos de Moore. Ese es el principal argumento para demostrar su veracidad, además de que corrobora todo lo que escribió en Brasil en 1980: las muertes en el D2, los tormentos, los fusilamientos de los presos por una comisión policial. Es un eslabón más en la cadena que se correlaciona con otros testimonios, pero hacía falta escucharlo porque conocía a la perfección el movimiento en el D2, hablaba y escuchaba a los represores. Me adelanto y pienso que los argumentos de la defensa van a ser atacarlo y exponerlo como un quebrado o un colaborador. Pero esa estrategia quedó explicitada en el hallazgo obtenido en el domicilio del represor Manzanelli en el

año 2001, donde se encontró un manual con instrucciones para responder ante los juzgados. En ese instructivo, los represores ya se adelantaban a los juicios y recomendaban mostrar a las víctimas como quebradas y colaboradores. Con Charlie Moore esa maniobra se corrobora. Pero esa circunstancia no le resta valor probatorio a sus dichos.

Martín Fresneda ABOGADO QUERELLANTE Hay que analizar el testimonio de Charlie Moore en dos dimensiones. La dimensión de la prueba testimonial, que aporta al esclarecimiento de la verdad en estos episodios, en un juicio penal. Ese tratamiento es despojado de cuáles fueron las circunstancias de las conductas éticas o no éticas de acuerdo a códigos de moralidad. Desde ese punto de vista, Charlie Moore ha aportado muchísimo, elementos que no han podido aportar otros testigos que han tenido otra vivencia. De ninguna manera nosotros podemos perturbarnos por esa tensión entre lo éticamente aceptable y lo jurídicamente aceptable. No nos corresponde juzgar si era políticamente aceptable la conducta de un detenido en un centro clandestino sometido a una lógica perversa de sometimiento y quebrantamiento de voluntades. Entonces, hoy analizamos y tratamos a Charlie Moore en la dimensión de su aporte, que es sustancial, porque las condiciones a las que lo sometieron fueron condiciones que le permitieron conocer circunstancias que otros detenidos no pudieron conocer. Como dijo Miguel Robles, Charlie Moore es el único que conoció el corazón de la bestia. Arroja elementos de naturaleza jurídica que redundan en beneficios, en términos de verdad para los familiares, para la historia de esta Córdoba, para lograr la verdad real en un juicio penal. Y eso debe ser tenido en cuenta por aquellos que están dispuestos a pensar la historia del país más allá de los 70.


Lunes 18 de octubre de 2010 HISTORIAS DE VIDA DE LOS MILITANTES ASESINADOS EL 5 Y EL 15 DE JULIO DE 1976

Asesinatos en el interior del penal REQUISA MORTAL El de 1976 fue un invierno cruento en el interior de la cárcel de barrio San Martín. El 5 de julio, personal militar del Regimiento de Infantería Aerotransportada II llevó a los presos políticos del pabellón 6 al patio de recreo para realizar una requisa. Imponiendo la voz castrense, se ordenó a los detenidos formar fila y desnudarse para dar inicio a la inspección. El cabo Miguel Ángel Pérez fue golpeando con su bastón de goma a cada uno de los presos políticos, que se encontraban de pie y apostados contra la pared. Uno de ellos corrió distinta suerte durante el transitar de Pérez. Raúl Augusto “Paco” Bauducco recibió en su cabeza un golpe de tal magnitud que sufrió un desmayo y cayó al piso. Sin detener su accionar, el cabo ordena a Paco que se levante, amenazándolo de muerte. Sin embargo, el fuerte dolor se sumó a su débil estado físico, impidiéndole responder. Consultado por Pérez, el teniente Enrique Pedro Mones Ruiz, su superior, lo autorizó a cumplir la advertencia. Sólo un instante después, el estallido del arma enmudeció al penal. Días más tarde, el diario La Voz del Interior publicó un comunicado del Tercer Cuerpo de Ejército donde se informaba sobre “enfrentamientos mantenidos con delincuentes subversivos”. Uno de ellos aducía que mientras se efectuaba un control de rutina de personal detenido, Bauducco se habría abalanzado sobre el “jefe de la patrulla militar de seguridad intentando arrebatarle el arma reglamentaria”. Este, con una reacción “instantánea y automática” habría efectuado un disparo que dio muerte al “delincuente subversivo”.

UP1. Vista actual de la penitenciaría de barrio San Martín.

POR UN PUÑADO DE SAL Días después del asesinato de Paco, otra muerte consternó a la población de la UP1. Ese 14 de julio fue uno de los días más fríos del mes. Entrada la siesta, José René Moukarzel se encontraba limpiando el pasillo del pabellón 8. Mientras realizaba la labor, cruzó unas palabras con el preso “común” Facundo González, quien le entregó un pequeño paquete de sal fina. El teniente Gustavo

Adolfo Alsina, jefe de la Compañía Policía Militar 141, al observar fastidiado la situación, decidió propinarle un castigo a Moukarzel. El preso político fue trasladado a uno de los patios del penal: “la Mosaiquería”. Allí ataron con sogas sus manos y pies a cuatro estacas, y lo dejaron con el cuerpo desnudo a la intemperie, a merced de las bajas temperaturas. Con el objetivo de acrecentar el “castigo”, pusieron piedras entre su cuerpo y el piso, a la altura de los riñones, para agudizar el intenso dolor del estacamiento. Mientras, el teniente Alsina arrojaba agua fría sobre Moukarzel y entre varios lo golpeaban, hasta que una de las estacas se rompió. Disconforme aún con el “castigo”, decidió trasladarlo a otro patio, donde anteriormente habían sido estacados otros detenidos. La diferencia era que allí estaría a la vista de las mujeres, presas políticas que se encontraban en el pabellón 14. En ese lugar continuaron propinándole torturas por largo tiempo. La temperatura bajaba con el correr de las horas. A medianoche el personal observó que Moukarzel había quedado inconsciente. Cerca de la una de la mañana del 15 de julio fue llevado al Hospital Penitenciario, donde falleció a los pocos minutos. Fuentes bibliográficas: • Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba, Por la memoria, por la justicia, por un sueño, Córdoba: 2000. • Drago Margarita, Fragmentos de la memoria, recuerdos de una experiencia carcelaria (1975-1980), Nueva York, Ed. Campana, 2007. • El diario del juicio, información digital: eldiariodeljuicio.com.ar • “Cinco extremistas fueron muertos en nuestra ciudad, el lunes último” (1976, 07 de julio), La Voz del Interior.

Raúl Augusto Bauducco

José René Moukarzel

Paco, «un tipo simpático, inteligente, que se hacía querer». Así es Raúl Augusto para muchos de sus compañeros de la “Escuelita” de Ciencias de la Información de la UNC, donde estudió. Nacido en pleno verano riocuartense un 13 de enero de 1948, estudió en el Colegio Nacional Nº1. Egresó con el título de bachiller en 1965. Radicado en Córdoba, a los 24 años comenzó estudios universitarios en la Facultad de Arquitectura, mientras trabajaba para solventar mejor sus gastos. Atilio Tazzioli, uno de sus compañeros en la Escuelita, solía recordar que «no era difícil ser su amigo: alegre, simpático, encabezaba todas las acciones solidarias, tanto la colecta para la operación de una compañera como los reclamos gremiales estudiantiles por apuntes o por un mejor nivel académico». Alumno ejemplar. Paco militaba orgánicamente en el PRT-ERP, y en la universidad «sus opiniones eran respetadas en las multitudinarias asambleas de aquellos años, donde se repasaba desde la situación nacional hasta la marcha de las revoluciones China, cubana o vietnamita», aseguraba Atilio. «Compartíamos estudios, los ideales de justicia, las peñas en el Comedor y las guitarreadas del centro de estudiantes. Era alegre, tocaba la guitarra y contaba cuentos haciendo gala de la chispa y el típico humor cordobés», relata Norma San Nicolás, compañera de estu-

A pocos kilómetros del límite con Catamarca, en Frías, una localidad de Santiago del Estero, Olga y Constantino vieron crecer a sus hijos. José René, Marta, Nora y Carlos, cuatro hermanos, todos seguiditos, que hasta el día de hoy continúan eligiendo Frías para vivir. Allí, el 30 de octubre de 1949 nació José René, el mayor de los hermanos. Asistiendo a la primaria y al secundario en la Escuela Normal, siguió los mismos pasos que sus padres y en 1966 se recibió de maestro rural. Un año después, viajó a Córdoba y comenzó a estudiar la carrera de medicina. Se recibió a fines de 1972. Destacado como un alumno inteligente y muy compañero, “el Turco” militaba en el PRT-ERP. Mientras combinaba su trabajo en el Hospital de Urgencias y la atención particular en su consultorio de barrio Yofre, siempre se hacía un tiempo para jugar al básquet en el club Instituto, siendo el deporte una práctica que realizó desde pequeño. Alegre y generoso, José es recordado por muchos de sus amigos como gran contador de cuentos. Siempre contagiaba su buen humor al resto. El 22 de octubre de 1973 el Turco se casó con Alicia De Cicco, su compañera oriunda de Cruz del Eje y estudiante de Educación Física. En 1974, tuvieron a María Alejandra, su hija. La persecución política haría que Alicia y José no pudiesen ver crecer a su niña y disfrutar de su infancia. En diciembre de 1975 Alicia es se-

dio en Ciencias de la Información. Atilio también cuenta que recordaba a Paco, como todos los que compartieron su vida, «llegando en su moto a la facultad, desparramando vitalidad, tomando mate mientras estudiábamos». En 1975 Paco fue detenido y Dora Caffieri, su compañera de vida, padeció el mismo infortunio. Gestando a su primer hijo, fue alojada en la cárcel de barrio San Martín. Paco y Dora llamaron Diego al pequeño, que nació el 6 de marzo de 1976. La pareja se había conocido en el Coro Universitario a fines de 1973, transitando las calles de Arquitectura y Ciencias Exactas en el centro cordobés. Las compañeras de pabellón de Doris [así la llamaban] recuerdan que estando detenida, apoyada en la reja de una de las ventanas de la celda, cantaba: Cómo gastos papeles recordándote, cómo me haces hablar en el silencio, cómo no te me quitas de las ganas, aunque nadie me ve nunca contigo, y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años, sin pasar por mí tu detenido, inflando su pecho y colmando de fuerza vital su interior. Tras ser liberada, Dora se radicó en Venezuela, país al que llegó desde el exilio y que ahora elige por voluntad propia. Allí ejerce la Arquitectura. Diego, por su parte, estudia música en una universidad de Estados Unidos, llenando de melodías la memoria de su padre.

cuestrada y separada de su beba, que se crió al calor de sus abuelos maternos y paternos, y sus tíos, al principio en Córdoba y luego, hasta su adolescencia, en Frías. Meses antes, el 21 de junio de 1974, el Turco había sido detenido y alojado en la cárcel de barrio San Martín. Allí, en algunas oportunidades, en épocas previas al golpe de Estado, pudo dormir junto a su hija. Alicia aun continúa desaparecida, y se sabe que estuvo en el centro clandestino de detención La Perla. No fue fácil para Alejandra criarse sin un padre y una madre. «Mis dos abuelas eran tan distintas… yo sé mil cosas de mi papá porque mi abuela, a pesar del dolor de la muerte, cuando yo hacía los deberes, ella cocinaba y me contaba cosas de él. Contenta, feliz, riéndose, me contaba cosas lindas. En cambio, de mi mamá, sé súper poquito porque mi abuela se ponía triste, se largaba a llorar… las dos eran madres y les pasó lo mismo, pero cada una reaccionó de distinta forma», relata al tiempo que destaca la importancia para su vida de su tía, “la Gringa” Marta, quien la ha apoyado siempre. Hace varios meses, Alejandra volvió a Córdoba luego de 9 años de haber estado trabajando junto a su marido en Estados Unidos. Allí tuvieron dos niños pequeños que ahora asisten a la guardería, mientras Alejandra vuelve a encontrarse con Córdoba y con gran parte de su historia.


Lunes 18 de octubre de 2010 JUICIOS EN EL PAÍS • BUENOS AIRES | CAUSA “EL VESUBIO” Por Lautaro Bentivegna

Ellas, las testigos que viajan Dos mujeres que viven actualmente en la ciudad de Córdoba atestiguaron en el juicio por la causa El Vesubio. Elisa Fabbri y Ana Molina, militantes de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba, recorren el camino que las llevó a declarar por la desaparición de sus familiares en la ciudad de Buenos Aires. De lo que fue uno de los más grandes centros clandestinos de detención durante la última dictadura, sólo quedan un par de baldosas. “El Vesubio” fue demolido en 1978, y se estima que pasaron por allí más de 2500 personas. La causa tiene 8 imputados que deberán responder por un total de 156 delitos, incluyendo 75 desapariciones forzadas y 17 fusilamientos. Tres de los acusados, altos mandos del Primer Cuerpo de Ejército, fueron los responsables de El Vesubio: Humberto Gamen, Pedro Alberto Durán Sáenz, y Hugo Ildebrando Pascarelli. Actualmente están en libertad. Los restantes ex agentes penitenciarios, Diego Salvador Chemes, Roberto Carlos Zeoliti, José Néstor Maidana, Ricardo Néstor Martínez, y Ramón Antonio Erlán, cumplen prisión preventiva desde 2005 en Marcos Paz. El juicio comenzó el 26 de febrero, se lleva a cabo en Comodoro Py y está a cargo del TOF Nº 4 de la ciudad de Buenos Aires. Se estima que concluirá a principios de 2011. Las causas residuales que se abren a partir de este juicio son múltiples. Ana Molina declaró el pasado 6 de julio

Monumento emplazado en terrenos del Vesubio.

Elisa Fabbri, testigo en la causa Vesubio.

en calidad de querellante por la desaparición de su marido Roberto Cristina. Elisa Fabbri lo hizo el 23 de septiembre por la desaparición de su hermano Luis Alberto. ROBERTO POR ANA «¿No me vas a dar un beso, Anita?». Roberto Luis “el Cabezón” Cristina estaba parado en la puerta. Eran casi las dos de la tarde del 15 de agosto de 1978. Vivían juntos. Él estaba saliendo a una reunión con un compañero de Vanguardia Comunista. Ana lo abrazó fuerte y lo besó con el amor de siempre. Fue la última vez que lo vio. Lo secuestraron en un bar de barrio Chacarita, sobre calle Federico Lacroze. Simultáneamente, una patrulla militar deI Primer Cuerpo de Ejército irrumpió con armas largas en el hogar que compartía con Ana y María, su hija de un año y once meses. Buscaban documentación que pudiera comprometer a su marido. Se llevaron a Jorge Montero, compañero de militancia de Roberto, que se había quedado en el departamento luego de una reunión. Roberto, de 37 años, maestro de nivel primario, fundador y secretario general de Vanguardia Comunista (en ese momen-

JUICIOS EN EL PAÍS • LA PLATA

Duras condenas El Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata dio a conocer la sentencia de la causa denominada “Dupuy”. Fueron 14 severas condenas, que oscilaron entre la prisión perpetua para cuatro imputados –quienes eran autoridades del penal–, 25 años de prisión para tres miembros del Servicio Penitenciario, y penas que fueron de los 14 a los 10 años de prisión para otros imputados, dentro de los que se encontraban los tres médicos. Siete meses duró este juicio que investigó los delitos cometidos sobre 90 víctimas, en el que declararon más de 100 testigos. En la sentencia, el tribunal expresó que «todos los delitos por los cuales se dicta esta condena son crímenes de Lesa Humanidad cometidos en el marco del genocidio que tuvo lugar durante la última dictadura cívico militar en la República Argentina». Al mismo tiempo, instó a que se continúen investigando los miembros del Ejército y del Poder Judicial que fueron relacionados a lo largo de las audiencias. Junto al juicio de la UP1 y el proceso que investiga en Chaco la masacre de Margarita Belén (1976), la causa de la UP9 de La Plata investigó la represión dentro y fuera de establecimientos penitenciarios. Los fraguados intentos de fuga en los que asesinaron a presos políticos y las torturas dentro de las cárceles son el factor común de las tres causas. Este mismo tribunal platense ya juzgó anteriormente dos casos emblemáticos, condenando a prisión perpetua al ex jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, Miguel Etchecolatz, y después al capellán de esa unidad, Christian Von Wernich.

to denominada Partido Comunista Marxista Leninista), fue llevado a El Vesubio. Hacía unos meses que había regresado del exterior, en un viaje emprendido para denunciar ante la comunidad internacional los crímenes de la dictadura. En El Vesubio fue brutalmente torturado. Jorge Watts, quien compartió el cautiverio con Roberto, cuenta en su libro Memorias del Infierno la entereza y la dignidad del “Cabezón” Cristina: «¡Viva la clase obrera, viva la Patria, viva la Revolución!» gritaba mientras lo torturaban. Como han declarado numerosos testigos, a pesar de su difícil situación, se ocupó de dar ánimos a sus compañeros que se encontraban detenidos. Desde septiembre de 1978 se desconoce su paradero. Ana Molina declaró en julio por la causa de sus compañeros. Fue acompañada por su hija, ex camaradas de militancia y otros amigos que habían vuelto del exilio. «Declarar fue una experiencia sanadora y liberadora en comparación con otras veces en que lo hice, por ejemplo en el Juicio a las Juntas, que se hizo en circunstancias mucho menos piadosas. Poder dar testi-

OTROS JUICIOS • IDENTIDAD

Cada vez más cerca La primera causa por robo de bebés en Córdoba halla puertos seguros en la Justicia. Los organismos de Derechos Humanos y los querellantes en la causa “Díaz, Carlos Alberto y otros” siguen sorteando los obstáculos que el proceso trae aparejado. En ediciones anteriores publicamos el dictamen con el que la jueza Cristina Garzón de Lascano, ahora retirada, desafectó por falta de mérito a nueve de los 16 imputados por el delito de sustracción de un menor de 10 años. En disconformidad con la medida, María Teresa Sánchez, querellante en la causa y abogada de Abuelas de Plaza de Mayo Filial Córdoba, apeló dando pruebas que validan la imputación. Por fortuna, el pasado martes 10 la Sala A de la Cámara Federal de Córdoba, integrada por Luis Rodolfo Martínez, Roque Rebak y Octavio Cortés Olmedo, revocó la falta de mérito dictada por Garzón de Lascano y amplió la imputación. Al mismo tiempo, el tribunal confirmó el auto “procesamiento y prisión preventiva” para Luciano Benjamín Menéndez como responsable máximo, y trabó un embargo por un total de 200.000 pesos. En esta causa se juzgará a miembros del grupo de tareas de “La Perla” (OP3) por privación ilegítima de la libertad agravada, imposición de tormentos agravados y homicidio agravado, además del delito de sustracción del menor ya mencionado. El niño, nacido en cautiverio, y que Abuelas sigue buscando, es hijo de Silvina Parodi y Daniel Orozco, secuestrados en 1976. El juicio, estipulan las partes, comenzará en el año entrante.

monio frente a Víctor, hijo de Jorge Montero que nos estaba acompañando, sobre que su padre frente a la patota estaba más preocupado porque me dieran la libertad a mí y a mi hija que por su propio destino, fue hermoso. Saber que, aunque lloremos, podemos seguir contando la verdad». LUIS POR ELISA Antes de ser fusilado, a Luis Fabbri le curaron las heridas de las torturas y lo vistieron con ropa nueva. Había que preparar a las víctimas para simular el enfrentamiento. El Diario Córdoba publicó la versión del hecho y los nombres de 17 fusilados el 1 de junio de 1977. Luis Fabbri encabezaba la lista. Fue la primera noticia sobre Luis que recibió su hermana Elisa desde que lo vio por última vez en febrero de 1977. En los últimos años se habían visto poco. Luis se fue de Córdoba en 1975, amenazado por el Comando Libertadores de América. Elisa y su familia se quedaron en Córdoba. Al tiempo, una carta que llegó desde Buenos Aries trajo más noticias. La firmaba Elena Alfaro, la esposa de Luis, que había estado detenida con él en “El Vesubio”. Contaba el secuestro de Luis, el 19 de abril del 77, cuando salía de su departamento de Boedo. Reconstruir esos fragmentos de vida le costó mucho dolor a Elisa, pero ahora –35 años después– siente que valió la pena. Hace tiempo, Elisa declaró frente a la justicia Italiana denunciando el caso. pero en circunstancias muy distintas a las del pasado 23 de septiembre en Buenos Aires. Estaba sola y en el extranjero. «Días atrás –cuenta– viajé a Buenos Aires e hice el mismo camino que mi hermano, pero yo fui a contar su historia a la Justicia».

EL JUICIO EN LA CALLE • LA PERLA

Comunicar memorias Desde la Escuela de Ciencias de la Información partieron dos micros repletos. La cita acordada prometía una visita guiada al Espacio para la Memoria y una charla posterior a cargo de miembros del Consejo Editor, la dirección de contenidos y periodistas de Será Justicia. El objetivo: debatir el rol de los medios en la cobertura de los juicios por delitos de Lesa Humanidad. Anualmente el Centro de Estudiantes de esta unidad académica realiza la Semana del Comunicador, un evento que pretende poner en debate los perfiles profesionales de comunicadores y periodistas, los nuevos horizontes en el campo de las comunicaciones, y otros temas centrales de la coyuntura nacional. En esta oportunidad, bajo el lema Comunicación, Bicentenario y proyecto de País, el debate se trasladó a La Perla, poniendo sobre el tapete la importancia de los juicios por delitos de Lesa Humanidad a partir de la anulación de las leyes de la impunidad. Casi 100 alumnos siguieron durante 2 horas al guía que expuso la historia de las instalaciones del ex centro clandestino de detención. Se recuperaron memorias de militantes desaparecidos y la emoción estuvo a flor de piel. Al finalizar el recorrido los estudiantes compartieron un refrigerio y comentaron sensaciones. La charla comenzó alrededor de las 14 horas. Luego se abrió un debate en el que se intercambiaron experiencias y se dio cuenta de los procesos de producción informativa sobre los juicios. En esa tarde, la memoria cubrió como un manto a las nuevas generaciones, y mostró los horizontes que se abren a partir de la lucha, el compromiso y la formación profesional.


Lunes 18 de octubre de 2010 CONTRATAPA • por Horacio Verbitsky

La guerra santa de Menéndez La elección del cardenal Raúl Primatesta como presidente del Episcopado católico, en mayo de 1976, coincidió con el asesinato en un falso enfrentamiento de Miguel Ángel Mozé, el “Chicato” Mozé, quien se había formado con Primatesta, pero dejó el seminario antes de la ordenación sacerdotal. Dirigente de la Regional Córdoba de la Juventud Peronista y vinculado con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, estaba preso desde julio de 1975. Un comunicado del Ejército afirmó que había muerto junto con otros cinco “delincuentes subversivos” en un intento de rescate durante un traslado. Como siempre, sólo murieron los detenidos, sin bajas entre los custodios ni en el presunto grupo atacante. Mozé tenía 27 años. Su cautiverio y ejecución fueron narrados en la novela El poder y la sangre, escrita por el ex religioso Abud Máximo Layús, quien también reprodujo la vida en la cárcel y las visitas del capellán Eduardo McKinnon: “Su llegada era anunciada por un penetrante olor a perfume, de los más finos, que contrastaba con el olor a bosta de los pabellones. Era muy limpio y vestía pulcramente. Otro capellán (…) soltó un día una frase que dejó a Mozé y a Luis Miguel helados. -¿Qué, los han torturado tres días? ¡Si habíamos quedado que las torturas no excederían las 24 horas! ¡Yo les prometo en nombre de monseñor Tortolo, Primatesta y Menéndez que esto no va a ocurrir más!”. Luis Miguel es “Vitín” Baronetto, compañero de Mozé en el Seminario Menor, quien avala la veracidad del relato. También su esposa, Marta González, fue asesinada pocos meses después en otra aplicación de la ley de fugas. McKinnon y el otro capellán del Tercer Cuerpo de Ejército, el español Sabas Gallardo, eran parte activa en la extorsión a los detenidos políticos. Les decían que eran rehenes y que pagarían si sus compañeros atentaran contra los jefes militares o del gobierno. La represalia había sido tasada: por cada soldado muerto asesinarían a un preso, tres serían ejecutados por cada suboficial, cinco por un oficial y quince por un coronel o general. Gallardo contaba que los comunistas lo habían torturado en su país durante la guerra civil. “La tortura dignifica” porque la información obtenida puede salvar vidas, predicaba. Primatesta permitía que ambos capellanes visitaran a los presos con uniforme de paracaidista y él mismo había recibido un brevet de comando aerotransportado honoris causa. Cuando el amenazado obispo riojano Enrique Angelelli se reunió con Menéndez, el general le dijo: “Mi sueño es poder recibir de mi obispo diocesano la investidura de cruzado de la fe y poder empuñar en una mano una espada y en la otra la cruz de Cristo, para eliminar a los enemigos de Dios y de la Patria”. Por su seguridad, Angelelli pidió que lo acompañara Primatesta. Angelelli expuso la situación de los detenidos políticos y sociales riojanos. Menéndez lo escuchó y le advirtió amenazante: «Tenga cuidado». También Angelelli visitó a Videla en la Casa Rosada, en compañía de Primatesta y Vicente Zazpe. Según el relato de Angelelli a sus curas, Videla le sugirió que se fuera del país porque

él no podía garantizarle su seguridad en la jurisdicción de Menéndez. Ante un cuestionario judicial, cuando Angelelli y Zazpe ya habían muerto, Primatesta negó la existencia de la segunda reunión. Menéndez ordenó quemar libros, folletos y revistas, porque el fuego defendería a “nuestros símbolos nacionales, nuestra familia, nuestra Iglesia, y en fin, nuestro más tradicional acervo espiritual sintetizado en Dios, Patria y Hogar”.

El 18 de agosto de 1976, Menéndez inauguró en Córdoba la segunda jornada religiosa del Vicariato Castrense junto con su titular Adolfo Tortolo, quien había presidido el Episcopado durante los seis años previos. “Mientras el Ejército enseña a vencer, el capellán debe enseñar a morir en gracia de Dios, lo cual completa la formación de un soldado argentino y cristiano cuyo objetivo es, sin alternativa, vencer o morir” dijo el militar, según el texto difundido por el boletín 51 del Vicariato. “El capellán debe darnos el aval moral para nuestra lucha, y decimos que nuestra lucha es una cruzada para discernirla de la violencia en general”. El integrismo predicaba siguiendo los trabajos de San Agustín y Santo Tomás: que si el orden, querido y establecido por Dios, es amenazado o agredido, es necesaria la violencia para restablecerlo. Tortolo transmitió a los capellanes sus reflexiones sobre el rol sacerdotal. Criticó a aquellos que protestaban contra las estructuras de la Iglesia pero en realidad buscaban “liberarse del celibato” y a las “declaraciones tercermundistas a favor de la promoción humana”, y llamó insensata a la frase “no se puede predicar a estómagos vacíos” porque en la jerarquía de los valores “primero es el alma” y, como dijeron los apóstoles, “no es justo que dejemos la palabra para servir las mesas”. La jornada conclu-

yó con un encuentro de camaradería entre oficiales y capellanes. El general José Antonio Vaquero definió el servicio religioso como el alma del Ejército, y Tortolo concluyó que sólo la espiritualidad católica blindaría a la juventud para la lucha universal del cristianismo contra el comunismo. Para facilitar la tarea, Tortolo había solicitado a su secretario en el Arzobispado de Paraná, el fundador de Tacuara, Alberto Ezcurra Uriburu, que le sistematizara por escrito los conceptos que había usado en el Episcopado para defender la tortura. Según el trabajo que le encargó Tortolo, el Estado no debía fijarse límites legales ni morales para combatir a la guerrilla y quienes reclamaban por los desaparecidos servían a “la conquista del poder mundial” por el marxismo. El arzobispo había ayudado a Ezcurra Uriburu a concretar una vocación tardía en el seminario de Paraná, al que Tortolo había impreso una línea remisa a la renovación conciliar. También gestionó su ingreso al colegio donde se perfecciona la elite de la Iglesia, el Pío Latinoamericano de Roma. Allí se vinculó con los neofascistas de Giorgio Almirante. Tomó los hábitos en 1971, cuando la penúltima dictadura empezaba a ceder ante los embates del peronismo y sus formaciones especiales. Escribía en la revista del seminario de Paraná, Mikael, que llegó a dirigir. Mikael es el caudillo del ejército celeste que apartará a los réprobos de los elegidos el Día del Juicio. Allí presentó La guerra moderna, el catecismo de los secuestros, las torturas y las ejecuciones clandestinas, del coronel francés Roger Trinquier, miembro de Cité Catholique y oficial de inteligencia. Ezcurra Uriburu tituló en latín el opúsculo que le pidió Tortolo, De bello gerendo (Sobre la conducción de la guerra). El marco general lo obtuvo de las encíclicas papales y del escolástico español del siglo XVI Francisco de Vitoria, que desarrolló la teología de Santo Tomás sobre la guerra. Con la bibliografía del ejército colonial francés caracterizó la guerra revolucionaria. Como principio general, este tosco manual sostiene con Vitoria que “en una guerra justa se tiene el derecho de hacer todo lo que sea necesario para la defensa del bien público” y guerra justa es aquella que se libra según los principios del Evangelio y del Orden Natural. “Nada se opone a que, en una guerra justa, los prisioneros que se han rendido puedan ser muertos si son culpables, sin que en rigor la justicia sea violada (Francisco de Vitoria, De Jure Belli, N° 49)”. La licitud de esta práctica emana de “la presión política y la ausencia de respaldo jurídico que hacen más que presumible la futura impunidad de los delincuentes”. Pero Ezcurra va más allá en su doctrina de la eliminación lícita: “La universidad, la justicia, los medios de lucha psicopolítica son frentes de combate tanto como el monte o la sierra”. Ésa fue la lógica de la represión en Córdoba y en el resto del país, inspirada por la doctrina católica de la guerra contrarrevolucionaria.

Este ejemplar contó con el aporte solidario de:

• Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC) • Sindicato de Trabajadores de la Alimentación (STIA) • Sindicato de Empleados Públicos (SEP Córdoba) • Asociación Bancaria - Seccional Córdoba • COOPI (Cooperativa Integral Carlos Paz) • Asociación Gremial Empleados del Poder Judicial (AGEPJ) • Sindicato de Luz y Fuerza - Córdoba • Fundación Electroingeniería

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Será Justicia Nº 15  

Será Justicia es una publicación impulsada por uno de los organismos de Derechos Humanos de Córdoba -Familiares de Desaparecidos y Detenidos...

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