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Agradecemos a: Archivo Provincial de la Memoria Agustina Pécora - Corrección Monserrat Hubert - Coordinación/ Digitalización Mechi Ferreyra - Arte Interiores


Relatos de amores, sueĂąos y luchas IV


Para afuera una sonrisa Emilia D’Ambra

La Emi es secretaria ejecutiva de Familiares, es nuestra compañera. Nació en Buenos Aires capital hace 84 años. Tiene el pelo plateado y una sonrisa imborrable. Habla fuerte y es tozuda como hija de españoles. Cada noche cuando vuelve de las reuniones y de las rondas cruza el arroyo para llegar a su casa en la calle “Hermanos D`Ambra” de la ciudad de Alta Gracia. Allí vive desde que se casó con Santiago. Yo no sirvo para escribir, prefiero hablar, hablarles, contar, contarles. Todavía me cuesta hablar de ellos, se me va a cortar la voz, pero no voy a llorar. Alicia fue secuestrada, estuvimos sin noticias durante muchos años, sólo recibimos una llamada telefónica anónima, donde nos decían que la habían detenido en Buenos Aires el 12 de junio. Luego en la CONADEP, tuvimos más datos, por una chica Calvo de Labordes, que dijo verla en Pozo de Banfield, prov. de Bs As. Parece que la secuestraron en Capital Federal, en casa de otras compañeras de apellido Narvaja de Santucho y la hermana de Santucho. Ahí pasó 9 meses de campo de concentración en campo de concentración. Así pudimos armar más o menos lo que le ocurrió. Con Carlos “el Nona” fue mucho más claro, porque hubo una testigo, su novia Sara Waitman, los detuvieron a ambos en la terminal de colectivos yendo para Alta Gracia. Estuvieron en Campo de la Ribera y luego a él lo llevaron al Campo de concentración La Perla, donde Carlos Alberto Pussetto, compañero de mi hijo, lo describe perfectamente, lo recuerda como si el tiempo no hubiese pasado. 9


Desde el secuestro de Alicia, con Santiago nos incorporamos a Familiares porque el miedo ya no era un inconveniente. Sigo en Familiares, porque no me podría quedar en mi casa, mientras tenga conciencia de que puedo ser útil, que es mi única función en este momento, ya es poco lo que puedo colaborar a esta edad, pero sí puedo hacer esto. Hablar con la gente, ir a las marchas, hablar con la prensa, difundir. Es lo que me queda por hacer. Cuando nació la idea de “Relatos...”, Santiago escribió para el primer libro, pero fue más una biografía de mis hijos, porque no había en ese entonces una idea clara de lo que iba a ser el libro. Relatos fue una manera de retratar lo que eran los chicos, no lo que veían las autoridades, ellos eran personas con una visión diferente, tenían una forma distinta de ver el mundo y la libertad. Nosotros estábamos metidos en el corral. Espero que “Relatos...” sirva para mostrar eso a la gente. Lo que me gustaría o esperaría, por más que el último “Relatos...” no hable particularmente de mis hijos, es que muestre la humanidad que tenían ellos, la visión del otro. Esperé 37 años este juicio (La Perla), pero no declaré en tono dramático, yo dramatizo para adentro, para afuera una sonrisa, porque creo que la lucha debe ser con una sonrisa, porque nosotros militamos por la vida y sus vidas eran puras sonrisas. La sociedad en general, no entiende lo que nos ha dado este gobierno, el impulso a hacer, a participar, pero no solamente ha hecho cosas importantes en Derechos Humanos, creo que hay que mirarlo desde todos los aspectos. 10


También es cierto que acá, en comparación, poco hemos conseguido al lado de Buenos Aires, más con el Gobernador que tenemos, pero hay que abrirle los ojos a la gente, al principio a nosotras, las Madres, nos insultaban, ahora de vez en cuando, nos dicen cosas y nos paran para decirnos que nos apoyan. Yo lo único que quiero, es que podamos llegar a la instancia donde estén todos presos. La emoción más grande que he tenido, fue cuando el Juez Gavier dijo que estaban condenados a cadena perpetua, en cárcel común. Nosotras no creíamos que íbamos a tener los Juicios, pero algo se ha conseguido, quizás no todo lo que queríamos, pero algo hemos conseguido. La militancia me enseñó lo que pensaban mis hijos, es más yo no sabía que militaban, creo que yo no estaba de acuerdo, tenían todo, mi marido trabajaba bien, no éramos ricos, pero estábamos bien. Ellos tenían mucho más de lo que yo había tenido, ellos querían arreglar el mundo, pero yo no lo comprendí, mi marido lo comprendió primero, él me lo enseño a mí. Yo militando y hablando con las otras Madres, cuando dábamos vuelta a la plaza, empecé a entender lo que era la militancia y entonces me hice militante. No puede ser que yo esté en esto desde el `75, ¡no puede ser! A veces pienso que fue un sueño, que esto no pasó. Volvería hacer todo de nuevo, sin ninguna duda, creo que lo haría más comprometida, porque no perdería el tiempo en entender, a mí me costó, pero por suerte, mi marido lo entendió enseguida.

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Carlos Alberto D´Ambra 23 años Profesor de Educación Física. Trabajaba en una fábrica de parabrisas. Militante del PRT- ERP. Fue secuestrado el 20 de Noviembre de 1976.


Vicente Fernรกndez Quintana Naciรณ el 1 de Febrero 1908 Escribano y Profesor. Secuestrado el 15 de Mayo de 1976.


Soy nieta de Don Vicente Fernández Quintana y de

Doña Beatriz Yáñez de Fernández. Mi abuelo está desaparecido. Yo nací 11 años después, pero en mí, su desaparición tiene un efecto inquietante, que parece un vacío en mi existencia. Cuando yo era niña, mi abuela me contaba historias. A partir de ellas fui conociendo a mi abuelo. Para mí, esto es importante: reconstruir el pasado en cuanto está vivo en el presente, en cuanto él está actuando y puede estar determinando el futuro. Sus historias ayudaron un poco a armar mi rompecabezas familiar, mi hueco histórico, la reconstrucción de mi identidad. Mi abuela me relató que se conocieron en Alta Córdoba, porque iban a pasear a la plaza a la cual ahora yo concurro. Él estudiaba abogacía y cuando se recibió trabajó de profesor en el colegio Corazón de María. Luego se casaron y se fueron a vivir a la casona paterna, con los padres de mi abuelo. Cuando se recibió de escribano se fueron a radicar a Río III donde nació mi padre, Ernesto, y luego, mi tío Enrique. Era un hombre alegre, gracioso, petizo, buen mozo y bigotón. Fue en esta pequeña ciudad que se transformó en un personaje más del lugar. Era el único escribano en ese momento y daba clases en la escuela secundaria José Hernández donde dictaba la materia Instrucción Cívica. Los jóvenes del lugar lo tomaron como referente: era un gallego, apasionado, gritón, un hombre que pareciera ser como todos, por llevar la vida como cualquier otro, pero, en realidad, Vicente tenía unos condimentos más en su forma de ser y vivir: era un ser comprometido con lo que sucedía, con el presente, con el futuro, con la historia, con lo social, con la democracia, con la humanidad. Vino muy chiquito desde España, su familia huía del franquismo. En su casa nunca faltaban las peleas de política en la mesa. Pasaron muchas instancias de nuestro país, en algunos momentos, mi abuela tuvo que esperar que le mandara señales de vida, y lo hacía muy románticamente, a través de mensajes 17


en los vagones del tren. Pasaron los ‘50, los ‘60, era la vieja guardia. Sus hijos no pudieron salir muy distintos a él, los dos militaban en movimientos universitarios de Córdoba en los años ‘70, por lo cual eran vistos, por ciertos sectores, como peligrosos. Ambos pasaron varios años presos: Enrique, nueve años y Ernesto, mi papá, seis años. Mi padre vivió seis años más en democracia, los mismos años que estuvo preso. Falleció a los 42 años, sin duda, a consecuencia de los hechos que vivió en las peores condiciones. Sumo a mi padre a esta sensación de impunidad, en la cual la vida está menospreciada, en la cual a nadie le importa. Padres sin hijos, hijos sin padres, nietos sin abuelos: las consecuencias se viven a través de generaciones. Mi abuelo, ser soñador, tuvo un corazón libre, lleno de coraje, valentía, sincero con lo que era y con lo que no. Era un hombre consecuente con lo que pensaba y hacía. Fue militante de Familiares de Detenidos y Desaparecidos junto con la Gorda, mi abuela, donde participaban muy activamente en las reuniones con el único objetivo de LA LIBERTAD A TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS, entre ellos, su hijo Enrique, detenido en noviembre de 1973. Ernesto, en cambio, fue detenido el 15 de mayo de 1977 (el mismo día de su nacimiento y de la desaparición de su padre). Hasta esa fecha estuvo proscripto. Allí, construyeron colectivamente, en el día a día, lazos afectivos con todos los presos y familiares, dando contención, ayuda y solidaridad como la base de cada una de sus actitudes. Sufrió persecución hasta la destrucción de su casa y escritorio en Río III. Para luego desaparecer en el año 1976. Sabemos que estuvo en La Perla, campo de exterminio, y que ahí lo mataron. Aún no tenemos sus restos. Pero, después de largos años de opresión en el pecho, la historia encamina una resolución, un suspiro de justicia para poder seguir viviendo. Clarisa Fernández Alfaro, Nieta De Vicente Una rosa para la vida… 18


Alberto Caffaratti Tenía 29 años. Nació el 12 de Junio de 1946 Delegado gremial del sindicato de Luz y Fuerza, [Militaba en el Partido Comunista]. Fue secuestrado el 15 de Enero de 1976.


Tu mirada de cielo soy un fantasma enredado entre mis muertos en este cuerpo no cabe un pedacito más de dolor Enero de 1976. En el diario La Razón de la tarde apareció junto a los nombres de otros secuestrados, el de Alberto Caffaratti, luchador del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba. Fue difícil creerlo. Él, junto a Agustín Tosco y muchos dirigentes combativos de aquella época parecían hechos de hierro, no por la fortaleza de metal, sino por la claridad de sus ideas: eran hábiles en la teoría y en la práctica. Pero una realidad tozuda confirmaba que mi amigo había caído bajo las hordas asesinas del general Luciano Benjamín Menéndez, los Vergéz y asociados. Vivíamos el preámbulo de la dictadura militar, inicio del terrorismo de Estado en manos de esa “Institución del Crimen” denominada Fuerzas Armadas Argentinas, e integrante del Plan Cóndor junto a Uruguay, Chile y otros países latinoamericanos con el fin de instrumentar el genocidio de militantes populares. A casi 30 años, Alberto es uno de los 30.000 desaparecidos. Quiero acercarme a su corazón que aún late, marcando el rumbo para estar alerta y continuar su sonido. Su voz ronca de desparramar tanto grito, a veces fue alarido, pero también ternura que se escapaba de su boca para levantarnos en los momentos dolorosos, reafirmándonos que la alegría es posible. Su sonrisa traviesa brotaba hasta en las situaciones más difíciles, pocas veces lo vi triste. Alberto era tan seguro de lo que quería que a menudo crecía hasta la estatura del hombre que cada uno por dentro aspira a ser. 23


Cómo olvidar esa mirada de cielo, ojos inquietos y bailarines que con sólo observarlos hacían sobrar las palabras. Siento su pesada mano sobre mi hombro cuando caminábamos juntos. Todavía me acompaña y a manera de timonel, me aparta de las frivolidades de este mundo actual donde abundan corruptos, arrepentidos, indiferentes y pusilánimes. Por eso al nombrarlo, él nos está recordando que la lucha por el decoro no se negocia ni se resigna. Se multiplica en cada hombre o mujer que comparte su vida con quienes sufren, participa, corta rutas en reclamo de trabajo, se rebela en las fábricas por un salario justo, y rechaza cualquier forma de política que no defienda los intereses verdaderos del pueblo. Pasaron los años, no pudieron matarte. Tu corazón latiendo, tu voz ronca, tu sonrisa, tu pesada mano y tu mirada de cielo se unieron en un solo abrazo con los cuerpos, las risas, las pupilas cielo, castañas y negras de todos los desaparecidos, y parieron madres, las Madres de Plaza de Mayo, madres revolucionarias, las del pañuelo blanco de la dignidad, que tomaron la posta y luchan para que haya juicio y castigo a los culpables del horror y de las injusticias actuales. Al resistir confirmamos que a pesar del dolor no han podido doblegar ese legado mágico que los miles de compañeras y compañeros nos entregaron. Cuenta la leyenda sobre los Mayas Quichés, que los dioses, luego de varias pruebas decidieron hacer a las madres y a los padres con maíz. Esos hombres y mujeres veían tanto como los dioses. Entonces éstos soplaron y les nublaron los ojos para siempre, pues no querían que las personas comprendieran más allá del horizonte. Nuestros compañeros desaparecidos violaron aquel mandato, vislumbraron más allá del horizonte. Nuestra tarea de hoy es recuperar esa mirada. A pesar de los dioses. Juan F. Cicale 24


Miguel Hugo Vaca Narvaja (Padre) Tenía 60 años. Nació el 5 de julio de 1915. Abogado y Docente. Fue Ministro del Interior del Presidente Arturo Frondizi, Ministro de Hacienda y de Gobierno entre 1958 y 1962 y miembro activo de la UCR. Secuestrado el 10 de Marzo de 1976.


A mi padre desaparecido por la dictadura. Con un fuego intangible Y nuestro el corazón se consume en el recuerdo de una vieja herida Mientras el viento ha torcido la rama nadie ve el lento hundimiento de la acera en el rostro de un niño que llora. Cierta vez, en una pieza contigua, mi padre confesó que le temía al dolor. Se lo llevaron en marzo. Creo que vivió hasta junio. No puedo superar el infierno de pensar que sufrió la encarnación humana, de su más temido miedo.

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Bajo la copa la mora derrama colores en secretos racimos. Hay moscas y abejas y un pino altanero de corteza lacerada que sacude su punta. Solo mis recuerdos habitan a ésta hora. Una galería con arcadas se dibuja custodiando una casa grande. Están cerradas sus puertas bajas las persianas y hay, bajo los faroles negros, negras hojas e insectos muertos. De vez en cuando el hombre pasea su mano por la frente organizando sus cabellos. Se lo ve cansado sin sangre agonizando. Más allá de esta superficie hay sed, polvo y más silencio. 30


Duelen los aromas viejos, los rincones vacĂ­os la fragilidad de las flores duelen. El hombre es el cuerpo. Tras su espalda un aljibe sevillano permanece inmutable, como un vaso de piedra. Sobre la calle de tierra el polvo se pasea solitario. Sin saber de la espera el hombre pasea su mirada hacia arriba. Apenas cerrado el cielo hay gotas que se hunden en mi pecho hasta ahogarlo. Solo el rumor del agua ĂĄgil, rĂĄpida, sacude la modorra de la tarde que se escapa.

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Mi padre sigue esperando su memoria de carne, huesos y lรกgrimas. Yo el desquite final y mi alarido.

Gonzalo Vaca Narvaja

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LUIS ROBERTO SOULIER Tenía 25 años Nació el 21 de Diciembre de 1950 Estudiante de la Facultad de Ciencias Médicas. Sindicalista del SSEPAC. Militante de la Organización FALL 22 Fue secuestrado el 16 de Agosto de 1976 JUAN CARLOS SOULIER Tenía 23 años Nació el 1 de Noviembre de 1952 Estudiante de la Facultad de Ingeniería. Militaba en el Centro de Estudiantes. Militante de la Organización FALL 22 Fue secuestrado el 15 de Agosto de 1976 ADRIANA MARIA DIAZ RIOS Tenía 22 años Nació el 22 de Febrero de 1954 Estudiante de Comunicación y Ciencias de la Educación. Militante de la Organización FALL 22 Fue secuestrada el 15 de Agosto de 1976.


“Si toda muerte humana entraña una ausencia irrevocable, ¿qué decir de esta ausencia que se sigue dando como presencia abstracta, como la obstinada negación de la ausencia final? Ese círculo faltaba en el infierno dantesco, y los supuestos gobernantes de mi país, entre otros, se han encargado de la siniestra tarea de crearlo y de poblarlo.” Julio Cortázar

Carta a mis Hermanos Quiero contarles algo sobre Memoria, Verdad y Justicia. Imposible no mantener viva la Memoria, si para asistir a su funeral, sería necesario, detener el latido, de todos aquellos que los amamos. Cómo olvidar lo que transmitían tus miradas Petizo, desde esos ojos color caramelo, tan claros, transparentes y llenos de bondad. Cómo olvidar tu carcajada contagiosa Negro, con esa sonrisa tan blanca y tan llena de felicidad, esa felicidad con la cual dimensionabas y concebías la vida. Eran mis mejores compañeros, mis hermanos. Con ustedes hice inolvidables fogatas de San Juan y comí las batatas más llenas de tierra, calientes y crudas, que no volveré a saborear por el resto de mi vida. Me enseñaron de buena música: amantes de los Beatles, Serrat, la Mecha Sosa, Vinicius. Pasábamos muchas horas de estudio, cada uno en lo suyo, pero el común denominador era el sonido que se escapaba desde el tocadiscos. Me dejaron el legado de la lectura y siempre me decían que tenía que leer de todo, porque eso amplía el conocimiento y el criterio para decidir. Como olvidarte cuñada, si eras una gringa llena de dulzura, delicada en tu aspecto físico, en tu manera de ser y de sonrisa fácil. Éramos 37


amigas, cómplice de mis secretos jamás me defraudaste, pues lo que te contaba, lo guardabas con el mayor recelo. Cómo olvidar los fines de semana con ustedes, las charlas hasta altas horas de la madrugada, con bizcochuelo o pan casero, que comíamos caliente y con mate amargo. En donde reflexionábamos sobre el porqué de la lucha y el compromiso para lograr un cambio social tan necesario como urgente. Éramos felices… pero ellos no lo permitieron y nos arrebataron todo, a ustedes los mutilaron hasta morir, a mí me mutilaron por vivir. Dejándome una gotera en el alma que no tiene arreglo y cada vez que los recuerdo se me anuda en la garganta. No sólo los he sobrevivido, hoy les duplico en edad y aunque trate de imaginarlos envejecidos no puedo. Es que las fotos se transformaron en pequeños espejos y son las que me devuelven una mirada, una sonrisa. Una presencia estancada en el tiempo. Fueron muchos los que dejaron de caminar por las calles, ir a trabajar, a estudiar o a divertirse en una peña y desde el desesperado pedido de ayuda y la incansable búsqueda de las madres, hasta estos días, han pasado treinta y siete años. Pero también las voces se multiplicaron y sobrepasaron el paso del tiempo y se siguen sumando otras. Jóvenes comprometidos a través de esta nefasta historia, en trabajar y denunciar aquellos derechos que aún hoy no se respetan, para lograr una mayor igualdad social. Lo cual no hace más que certificar que la verdad siempre sale a la luz porque se sostiene atemporal, paciente y sabia. Los malos tratos y la imposición del miedo no pudieron interrumpir las denuncias y la búsqueda incansable, pero infructuosa por mucho tiempo. Luego conocer la verdad nos sumió en el espanto y el horror, aun así no lograron silenciar ni esconder semejante atrocidad cometida. 38


Porque la verdad va de la mano de lo justo, pues esto la revalida y por eso después de muchos años de lucha, como el torrente de agua que nunca deja de buscar por donde seguir, la justicia está en marcha, llevando a cabo los juicios a los genocidas y a los civiles conniventes con semejante plan sistemático de tortura y exterminio. Hoy es el turno de La Perla, lugar en donde se acallaron tantas voces, terminaron con tantos sueños y se arrebataron tantas vidas. Entre ellas las de ustedes. Ante tanta pérdida, tanta incomprensión, tanta impotencia y tanta lucha, siento que los juicios son reparadores, más aún son liberadores. Pues ese gran peso interior se aliviana, al sentir que la condena judicial, es una condena social, necesaria para que este pueblo tan castigado pueda seguir creyendo en un futuro mejor y más justo. Como verán, no nos han ganado y hoy más que nunca, por ustedes, por sus hijos y sus nietos, seguimos levantando las banderas; que en su momento ustedes levantaron y que en definitiva, no hacían otra cosa que reclamar. Memoria Verdad Justicia Julia

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Rubén Manuel Goldman Tenía 24 años. Nació el 22 de Abril de 1952. Estudiante de Arquitectura. Trabajaba en la fábrica textil de su familia. Militante del Partido Comunista. Secuestrado el 20 de Septiembre de 1976.


Postales de Rubén La puerta de casa se abrió y con la luz que encandilaba sólo vi esa gran mano tendida y escuché el saludo: “... ¡contadora! ” La voz, entre pícara y solemne, recibiéndome auguraba la fiesta, cada visita tuya era una fiesta. La Mami, con esa sonrisa soñadora buscando en tus ojos al hermano extrañado. El Papi, a duras penas tratando de no reírse a carcajadas de cada una de tus ocurrencias, sobre todo cuando el blanco era tu favorita, la Tía Clara... Todos queriéndote, todos esperando la magia de tus palabras, de tus gestos, de tu sonrisa. A veces, no sabía por qué, los grandes te escuchaban y bajaban la mirada y una sombra se les cruzaba por el alma... rápidamente una palabra tuya y otra vez la luz en todos. Así ibas y venías por nuestras vidas, iluminándolas. Así te quedaste en mi memoria, lleno de luz y sonrisas. No puedo recordarte de otra forma. Me enseñaste muchas cosas. Como corresponde a un primo mayor. Bueno, no todo lo que el imaginario popular adjudica a los primos mayores. Desde payasear con un bonete rojo como el “Enanito Plin” hasta la sana irreverencia hacia las costumbres y los costumbristas. Desde la ternura de tu abrazo a Dorita hasta la firmeza de tus convicciones. ... 43


Con vos aprendí aquella frase de Julius Fucik: “...he vivido por la alegría; por la alegría he ido a combate y por la alegría muero. Que la tristeza no sea nunca unida a mi nombre...” Y así te sigo pensando. Aunque también hayamos aprendido “detención ilegal”, “secuestro”, “desaparición forzada”, “grupo de tareas”, “La Perla”, “traslado”... Vos seguís siendo la luz que va con nosotros Graciela Rubin

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...Vivimos juntos 24 años de luz, de alegrías, de experiencias tan intensas que son inolvidables. Ese 20 de setiembre del ‘76 se hizo la noche en nuestras vidas y desde entonces viajamos en el tren de la memoria. Fuiste siempre muy especial; tu simpatía y tu espontaneidad te crearon muchos amigos. Tu forma de querernos a todos te hizo dueño de toda nuestra ternura. Tu actitud ante la vida y la sociedad te hizo ser envidiado. Tu firmeza ideológica, tus sueños, tus proyectos y tus ilusiones te hicieron el mejor de los hombres. Sobresaliste en ese tejido humano que era la sociedad y la realidad de aquellos días. Imposible extrañarte sin recordar tu desenvoltura, tu honestidad, tus risas, tus bromas, toda tu forma de ser. Pero más te extraño por ser ese ser humano que fuiste; por esa relación fraternal que teníamos en la que bastaba con una sola mirada para compenetrarnos el uno con el otro. Esa fortaleza que en los momentos más duros te hacia conservar la calma y siempre tenías una palabra adecuada. Yo era cronológicamente tu hermano mayor, pero debo reconocer que en muchas ocasiones, me mostrabas el camino adecuado, con esa sonrisa tan especial. Nuestro viaje en el tren de la memoria no tiene fin; nunca te olvidaremos, todos los días al ver tu retrato, los recuerdos afloran. Que tu sacrificio y el de tantos otros haya servido para llegar a una sociedad mejor, donde el respeto a la vida humana sea uno de los pilares de la convivencia aún en medio de divergencias. Una sociedad que aunque tarde, demasiado tarde para muchos; permita 45


hacer justicia con tus asesinos y sus ideĂłlogos. Una sociedad que nunca le permita a nadie pisotear los derechos de los demĂĄs. Tu recuerdo siempre con nosotros Te extraĂąo Daniel

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Entre el cielo y la tierra -Diego II- Arte digital- Mechi Ferreyra


José Alfredo Duarte Tenía 26 años. Nació el 15 de Agosto de 1949. Trabajaba en la Universidad Nacional de Río IV. Militante de la Juventud Universitaria Peronista. Secuestrado en Marzo de 1976.


Quiero en estas palabras, llevarles a Ustedes, un pedacito de mi historia personal. Soy Hija de José Alfredo Duarte, el “Peco” como lo conocían sus amigos. A él lo desaparecieron un día de Marzo del año 1976, en la ciudad de Córdoba. En ésa época trabajaba en la UNRC, en el comedor Universitario y luego en la Imprenta. Militaba en la Juventud Peronista. Hacía trabajo barrial, en barrios humildes de la ciudad, consiguiendo alimentos, ropa. Ayudando al prójimo. Trataba de luchar contra el flagelo del ANALFABETISMO. Pensaba que un pueblo educado jamás sería explotado ni humillado. Ese era el “Peco”. Joven e Idealista. Comprometido, coherente con lo que pensaba. Fiel a su personalidad llena de valores. Quería lograr que los sectores más postergados, los excluidos socialmente por el sistema, ese que no les permitía alimentarse, educarse dignamente, poder siquiera acceder a comprar un par de zapatillas para sus hijos, tuvieran un mayor bienestar. Y Luchó tras ése objetivo. Alguien escribió en su memoria, que “al Peco le dolían los pobres”, y así era, le dolían las diferencias sociales, la falta de libertad, la falta de oportunidades. Quería “Cambiar ese destino”, y sumó su compromiso, su voluntad, su Vida, para lograrlo. Bastó simplemente su condición de militante social, para ser incorporado en las listas negras de la Triple A, comando paramilitar creado para secuestrar y matar a opositores ideológicos, a personas comprometidas socialmente como era mi papá. Y aquí empieza otra historia, la historia que no debió ocurrir jamás. Tuvimos, entonces que empezar a “escondernos, a huir los tres”, 53


nuestra familia. Mi mamá que en ese momento también era muy joven, mi papá de 26 años y yo de alrededor de 1 año de vida. Parábamos en distintas casas, de familiares, de amigos, de sus compañeros. De los que estuvieran dispuestos a escondernos. No era fácil lograr esto, puesto que la sociedad misma estaba amenazada. Sólo bastaba ser “conocido de” para que te hicieran un allanamiento en tu casa, y vulneraran tus derechos sin importarles nada. Hubo gente, en este sentido, que no nos abandonó y jugándose nos brindó alojamiento, y también hubo quienes nos cerraron sus puertas por miedo, fueron tiempos difíciles. Tras vivir un tiempo en éstas condiciones y sentir que la situación se tornaba cada vez más difícil, nos trasladamos a la ciudad de Córdoba. Es secuestrado en Córdoba por una patota militar y nunca más supimos noticias de él. Sólo una información reciente, que podría haber estado detenido en el centro clandestino de detención de la ciudad de Córdoba, campo “La Ribera”. Luego de éste episodio, mi mamá se enferma, a causa del miedo causado por las situaciones vividas. Ella se pone cada vez peor al sentir que mi papá no regresaba, y comienza con ataques de pánico y desesperación. Temor a nuestro secuestro también. Un familiar de Río Cuarto nos va a buscar para regresar, ya que era peligroso quedarnos en la ciudad de Córdoba. Ese regreso en soledad, tiznado de miedo, de angustia, agrava más la situación de mi mamá. Tiene intentos de tirarse del tren en el que viajaban, por ejemplo, tras ver operativos militares. Al llegar a Río Cuarto nos quedamos en la casa de mi abuela materna, en la que por 5 años mi mamá se esconde sin salir a la calle. Hubo en ese período allanamientos en la casa, lo que nos daba la sensación 54


de que no estábamos a salvo, lo que incrementa su miedo y agrava la enfermedad. Tras cinco años de encierro y ya muy enferma, debe ser internada primero en el Hospital de Río Cuarto y luego en el Hospital Neuropsiquiátrico de Córdoba. En estos, primeros años de mi vida, tuve que aprender a guardar silencio. A no decirles a los demás que mi mamá estaba viva, para su protección. Sólo el círculo íntimo de su familia sabía que ella estaba allí. Cuando venía alguna visita, amigos de sus hermanos por ejemplo, ella debía esconderse hasta que se fueran. Yo quedé a cargo de mi abuela materna. En el barrio se sabía que a mi papá lo había secuestrado la Dictadura, y había vecinos que no dejaban a sus hijos juntarse conmigo, porque según ellos yo era hija de “subversivos”, un poco quizás por lo que trasmitían los medios de comunicación de la época, influenciados por la Dictadura. Esa discriminación también la viví, cuando entré al Jardín de Infantes. Todavía guardo el informe en el que dicen que soy hija de prófugos. Sólo era una niña de 5 años a la que le habían desaparecido su padre, le habían enfermado a su madre y también le estaban robando su infancia. También me quitaron el derecho a ser feliz. Jamás pude compartir un paseo con mi mamá, jugar en la plaza o recibir la carpeta en el jardín. De algo estoy convencida “ No fue el destino, fue el accionar del terrorismo de Estado quien nos hizo esto”. Fui creciendo, viendo deteriorarse la salud de mi mamá, todavía me queda el sabor amargo de verla internada y volver triste tras verla en ésa situación. Sufriendo la ausencia de mi papá al que todavía esperaba. Recuerdo a mi mamá, todas las noches caminando de rodillas y abrazando un cuadro de Jesús, pidiendo para que él volviera, y yo siguiéndola 55


también de rodillas, tal vez en forma de juego, lo que generaba en mí la espera expectante de volverlo a ver. Crecí esperándolo. Recuerdo que cuando llegó la Democracia, nuestra familia esperaba que él hubiera estado detenido en algún lugar y lo dejaran regresar. Pero eso nunca sucedió. Ni siquiera pudimos reencontrarnos con su cuerpo, y saber qué hicieron de él. Creo que la Dictadura me robó perversamente el derecho a ser “Feliz”, porque siempre siento que me falta algo. Que esa persona a la cual amo y amé no puede descansar en paz, como la vida manda. Me falta su presencia. Me causa dolor imaginar su padecer. Todavía hoy espero encontrar su cuerpo, porque también una parte de mí está perdida, divagando por allí, esperando poder cerrar su historia, aunque sé que las heridas jamás cerrarán. Por la defensa de la Democracia. Por las vidas truncadas. Por los cuerpos mutilados. Por las familias destruidas. Por las infancias robadas. En memoria de nuestros padres. Yo pido justicia. Un lugar para tí

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Papá… ya no puedo tocar tus manos… Qué pasa… adónde estás? No escucho tus pasos… a dónde te llevan… Papá déjame buscarte, guía mi camino… Yo cerraré mis ojos y comenzaré a andar… Silba papá… canta una canción para que pueda escucharte… Comprende papá… hay mucha oscuridad… Voy con mis brazos abiertos… hay agua… No sé si podré pasar… Papá creo que te he encontrado… eres tú? Mira lo que te han hecho… Déjame limpiar tu rostro ensangrentado… yo te ayudo a levantar… Sacaré tus vendas para que veas cuanto he crecido… Aquí estoy papá… Tu boca está tapada… te sacaré las mordazas para que puedas hablar… Lo sé papá… no digas nada… sé lo que te hicieron tus verdugos… Ven conmigo papá… he conseguido un lindo lugar para tí… Se llama MEMORIA COLECTIVA… aquí podrás descansar… y andar libremente… sé que tus miedos se irán… Ya nadie podrá escupir tu rostro… ni maltratar tu cuerpo… 57


Toma… ponte cómodo y sírvete un mate… VISTE QUE ERA UN BUEN LUGAR!!! Toma… te devuelvo tu VIDA… te pertenece… Aquí está tu guitarra, el gamulán marrón que dejaste… Los libros que se salvaron… los discos de “Pomada”… sí… si ya sé que quizás pasaron de moda… canta “Mi Promesa” una vez más… Comprende papá… han pasado muchos años… Ríes papá… que lindo es verte feliz… hacía mucho que no lo hacías… … Pero qué torpe he sido… Toma papá aquí está la LIBERTAD que te arrebataron… Verás que cuando te pongas bien y sanen tus heridas… juntos podremos recorrer las calles hoy asfaltadas y cuánto ha cambiado el barrio… Sentirás la fuerza del sol y el aire puro de la mañana… Sé que alguna estrella te inspirará y me cantarás una canción de cuna … A la DIGNIDAD no te la devuelvo… porque siempre estuvo contigo Lo hiciste muy bien… jamás la has perdido… Pero ven papá… no quiero aburrirte con mis palabras… Sé que estoy hablando mucho… perdón papá es que te extrañaba tanto… 58


Tengo mucho para contarte desde que te llevaron… días… meses… años… De la escuela… de mis aciertos… de mis desaciertos… Pero ven papá… ya tendremos tiempo para hacerlo porque vas a quedarte… Ahora quiero pedirte un favor… Cuéntame ese cuento tan lindo que cuando niña me contabas … Prometo no dormirme. Gracias papá se que ahora podré descansar. Clarisa Duarte Hija de JOSÉ “PECO” DUARTE Presente

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Jorge Raúl Nadra Tenía 20 años. Nació el 13 de junio de 1956. Militó en la Unión de Estudiantes Secundarios. Estudiaba Medicina. Secuestrado el 3 de julio de 1976.


Mi hermano Jorge fue secuestrado el 3 de julio del ‘76, él tenía 20 años y yo, 16. Es por eso que para rearmar su figura muchas veces necesito el relato familiar, o el recuerdo de amigos y compañeros. Puedo decir que trabajó desde adolescente para ayudar a sostener la casa, que también estudiaba y militaba, salía con sus amigos, que me cuidaba como lo hace un hermano mayor. Lamento no poder decir qué lo alegraba, quién o quiénes fueron sus amores, qué le daba miedo, qué cosas lo ponían triste o lo enojaban. En verdad sufro su ausencia, me duele haber podido compartir tan poco tiempo. Pienso en mis viejos y la noche del secuestro: urgente a la policía, hacer la denuncia, preguntar por él; empezar un camino doloroso, queriendo saber dónde estaba, por qué se lo llevaban, preguntando en un primer momento con cierta ingenuidad, casi en forma individual. Pero al poco tiempo veo a mi familia junto a otras, compartiendo la misma búsqueda y reconociéndonos en el mismo sufrimiento, asumiendo el del otro como propio. Nos organizamos y reclamamos APARICIÓN CON VIDA, libertad, justicia. Lo hicimos no sólo por nuestro ser querido, sino por todos y cada uno de los desaparecidos, exiliados, presos o asesinados. Pasaron 36 años de organización y lucha inclaudicable. Hubo leyes de impunidad que no nos vencieron. Hoy podemos ver que la justicia va llegando y que las condenas a los genocidas son hechos reales. Para que esto fuera posible se conjugaron algunos factores: por un lado, el amor, la perseverancia y el convencimiento de nuestras VIEJAS Y 63


VIEJOS, que marcaron esa primera huella por donde luego anduvimos otras generaciones, senda que también transitan los H.I.J.O.S., motor fundamental de todo este proceso con sus escraches y su militancia en pos de lograr el juicio y castigo a los genocidas; por otro, las convicciones y entereza de los sobrevivientes y ex presos políticos, que guardaron todo en su memoria, ofreciéndolo siempre, reviviendo ese dolor con valentía, como una muestra de amor, para que la justicia sea una realidad. El camino fue doloroso, muy difícil, pero no se hizo en soledad; otras voces, otros brazos, otros corazones y muchas convicciones exigiendo justicia, se unieron y no abandonaron su reclamo. Y hoy que MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA es una política de estado, ese esfuerzo colectivo rinde sus frutos y permite juzgar y condenar a los genocidas que vistieron uniforme, empezando también a juzgar a los civiles que fueron parte del Terrorismo de Estado en nuestro país, no sólo como cómplices, sino como ideólogos. Jorge, tu sonrisa hoy más presente que nunca, nos invita a seguir andando. Osvaldo y Patricia

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Sergio Comba 22 aĂąos. Obrero de la empresa Sancor. Militante del PRT- ERP. Fue secuestrado el 10 de Diciembre de 1975. Marta Suzana Ledesma de Comba 28 aĂąos. No docente en la UNC. Militante del PRT-ERP. Fue secuestrada el 10 de Diciembre de 1975.


Nació el 3 de noviembre

de 1953 en Rio Cuarto,

Córdoba. Hijo de Elsa Gladys Comba y de Héctor Comba, por motivos laborales se mudaron a Córdoba. Tras la separación de sus padres vuelven a vivir a Río Cuarto. Él, Elsa y su hermana mayor Norma en una casona en la calle Rivadavia al 100, al lado del diario “El Puntal”, que funcionaba como una pensión para jóvenes estudiantes. Sergio siempre fue muy extrovertido, tuvo muchos ideales políticos, leía mucho acerca del tema, Río Cuarto le quedaba chico, así fue creo que sin terminar la secundaria, se fue a vivir a Córdoba. Desde muy joven participó de la militancia, repartiendo el diario “El Combatiente” junto con otros compañeros. En una de esas tardes en un barrio marginal, cuando estaban entregando el diario a los vecinos, es detenido y fichado, a su compañera la salvan los mismos vecinos que le avisan y la esconden en una de las casitas. Cuando se une al PRT-ERP conoce a Marta Susana Ledesma, quien estaba viuda y con una hija pequeña pues su esposo había sido asesinado en el ‘71, y pronto forman una nueva familia. Sergio, “Alberto” como lo conocían sus compañeros militantes, era obrero de la empresa SanCor, repartía su tiempo entre su trabajo, sus acciones revolucionarias y su hogar; las personas que lo llegamos a conocer lo recordamos como un muchacho buen mozo, de ojos color cielo, alegre, predispuesto con los niños y a ayudar en lo que fuera necesario a quien lo necesitara, sus primos/as y tíos lo recuerdan como era… un “extrovertido total”. Con Marta se casaron en marzo de 1975 y el 27 de agosto del ‘75, tuvieron un bebé al que llamaron Gabriel Ignacio, “Alberto” estaba muy feliz con su familia, pero “el diablo metió la cola”, el 10 de diciembre del ‘75 por la noche entraron a su casa los 69


muchachos de la triple A y se los llevaron a él, a su esposa y los niños en los famosos Falcon, por suerte sus hijos fueron dejados en la casa de sus suegros…María, su suegra, estaba en Bs.As, tramitando el Habeas Corpus de su hijo (y cuñado) el “Comandante Pedro”. Sabemos que lo sacaron de su casa a rastras por los golpes recibidos y que los llevaron al CCDTyE La Ribera, y que fueron fusilados, luego de interminables sesiones de tortura, junto a otros 16 compañeros…hasta el día de hoy nada se volvió a saber de Él. Marta Taborda

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Marta Susana Ledesma Nació en Córdoba, en la Maternidad Nacional, el 16 de agosto de 1947. Hija de Don Felipe Eliseo Ledesma, mi abuelo, mozo de la confitería La Selecta, y de Doña María Josefina Vera, mi abuela, ama de casa. En 1950 nació su hermano, Juan Eliseo. Cursó la educación primaria en la escuela Ortiz de Ocampo y la secundaria en el Colegio Alejandro Carbó, en donde se recibió de maestra. Cuando era chica esperaba por las tardes que mi abuelo llegara y le trajera el Diario Córdoba, se leía hasta las comas. Fue muy buena alumna, aplicada, responsable, muy estudiosa y curiosa. De carácter sólido, no temía discutir con un profesor si ella consideraba que estaba siendo injusto. En sus tiempos libres llevaba cositas ricas que mi abuelo le preparaba en la confitería al Hospital de Niños, en donde era voluntaria junto con otros jóvenes, leían cuentos, hacían obras de teatro, dibujaban. Tenía manos creativas, dibujaba como los dioses. Cuando entró a la Universidad Nacional de Córdoba, a la carrera de Agronomía, conoció a Juan del Valle Taborda. Imantados por los ideales comenzaron a transitar la vida juntos tanto en el amor como en la militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo. En 1970 se casó con mi papá, una ceremonia solo por civil, sin fiesta ni invitados, pero la felicidad era inmensa, lástima que duró poco… En abril de 1971 y con un embarazo (yo) de siete meses quedó viuda, a Juan (“Fabrizio”) lo mataron en un enfrentamiento, pero ella no bajó los brazos siguió luchando y militando. Entró a trabajar en la Universidad 71


Nacional de Córdoba como no docente y participó activamente de las reuniones gremiales exponiendo efusivamente los ideales, marcada por la pérdida de papá. Durante unos años fuimos las dos cambiándonos de casas, visitando otras… Recuerdo el perfume de su crema “Hinds”, cuando me bajaba la fiebre con rodajas de papa en la frente, cuando me enseñó a comer sándwich de pan con banana y me regaló una perra a la que le pusimos de nombre “piojo” porque era muy chiquita cuando la trajeron. En el mes de marzo de 1975 se casó con Sergio Héctor Comba (“Alberto”) y en agosto de ese año nació mi hermano Gabriel Ignacio en la Clínica Escudo de Oro. Con Sergio también coincidían en inclinaciones políticas y continuaron el camino erpiano (ERP). Habíamos formado una nueva familia, parecía que todo iba a mejorar pero no… Empeoró. El 10 de diciembre de 1975 por la noche entraron a mi casa y se llevaron a mis padres en medio de golpes, destrozos y violencia. A mi hermano y a mí nos llevaron y nos dejaron en la casa de mi abuela materna “Yaya”, pero ella no estaba…se había ido a Bs.As. porque el 8 de diciembre de 1975 se habían llevado a mi tío Juan (“Comandante Pedro”). Nos recibió mi abuelo “Tata”. Supe que los llevaron al CCDTyE “Campo de la Ribera”, que los torturaron, los humillaron y los fusilaron. Mi mamá tenía 28 años, un bebé de tres meses y una hija de cuatro años… Todavía la estamos buscando… Todavía estamos de luto. Marta Taborda 72


Alejandra Jaimovich Tenía 17 años Nació el 5 de Octubre de 1958 Militante de la Juventud Guevarista- PRT. Secuestrada el 1 de junio de 1976.


Cuando el silencio se hace palabra

…me pregunto en qué lengua podría hablarte…

Con la inevitable distancia que pone el tiempo, las palabras van apareciendo lentamente con los años, como parte de la historia que se cimienta con la energía de los afectos. Muchos ya no están, fueron arrancados de la vida, de la ternura, de la pasión de sus ideales y del valor de sus utopías. La gente quedó dolorida. Los párpados pesaban. La pena lastimaba el corazón. Hasta la tierra quedó herida. persecuciones desamparo errancia intemperie exilios Fuimos cabalgando entre el dolor y la vida, entre las pérdidas y los nacimientos: dos ríos que paralelamente discurren. Espacios de memoria, de verdad y de justicia. La Perla. Los juicios y sus condenas. 77


Empezamos a tejer nuevamente la trama de la vida, sorteando la quietud, los silencios y soledades. El cemento de esta nueva construcción lo encontramos en sus alegrías, en los sueños que no fueron, en las convicciones compartidas de que un mundo mejor es posible. Cuando hoy los jóvenes salen a la calle, cuando gritan y cantan, cuando veo a mis hijos contagiando sus alegrías y convicciones, soy pura memoria. Veo caras, risas –tu rostro y el de tantos-. Recupero la confianza, reservorio de los pueblos Hoy nos encontramos ante las puertas de un nuevo juicio, al que llegamos con paciencia infinita. Juicio, que en su condición sanadora es una fundación, un puente hacia la recuperación de la historia, la esperanza y los sueños. Rescata la memoria – restituye la palabra. El compromiso es resguardar el futuro a las generaciones que vienen, atesorando el legado simbólico que nos dejaron. Las nuevas ventanas dejan ver días luminosos, en lo mejor del clima que vivimos. Celebro el camino recorrido. Celebro estos tiempos de justicia. Rosy Jaimovich octubre de 2012

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Tus Juguetes Tengo conmigo un osito, un largo gato que vestiste de verde, un diablito muy bonito, muy chiquito, dos afelpados ratoncitos, un tigre de madera junto a su tigrecito. Un payasito de trapo, y… un mate chiquitito. Y seguiría enumerando hasta no terminar. Todos te esperan. Cuando me acerco a limpiarlos les saco la tierra con todo cariño, muy despacito para no dañarlos. Parecen preguntarme: ¿Por qué? ¿Por qué no estás con nosotros? Y yo, con una lágrima contenida, me alejo de ellos… Para no entristecerlos más, para no contagiarlos con mi tristeza, mi impotencia, mi dolor, mi angustia. Mami 79


Alejandro Héctor Gómez Nació el 3 de Septiembre de 1956. Trabajaba en la fábrica de llantas Andres Piumato Córdoba. Militante del PRT- ERP. Secuestrado en Mayo de 1977.


Bachi, amigo mío: Rompo con este reducto de silencio para abrir una dimensión de verdad, no alcancé a decirte algunas reflexiones viejas sobre nuestras vidas que coincidieron tanto y que al final se llenaron de innumerables nostalgias. Nacimos en el mismo lugar, el primer día de escuela sentimos el frío del asilo, su lejanía, ausencia de rostros que nos eran familiares, de los niñeros cuentacuentos delirantes, luego, cuando vinimos a Córdoba a estudiar elegimos la misma facultad. Atrás quedaron el cielo ancho con sus árboles, los caballos con sus galopes y los gritos, los enfermos con sus siempre pies descalzos bajo la lluvia empecinada agarrándose los pantalones con la mano, siempre. Teníamos vergüenza de todas las miserias y de la injusticia que sufría nuestro pueblo por eso decidimos empezar a militar. Porque morir de vergüenza es el único afecto de la muerte, que la merece. A menudo se dice, para reducir todo a futilidad “no vale la pena morir por esto”. Esta es una manera de decir que la muerte es algo que puede merecerse. Si hay alguien que puede evitar morir de vergüenza, ese alguien al final se tragará la vida como vergüenza. A veces basta muy poca cosa para producir un rayo de luz... Cuando caímos en el funeral de Tosco, esa violenta experiencia de horror también tuvo un “nosotros”. Después llegó el golpe de Estado más sanguinario de la historia de nuestro país, entonces fue la clandestinidad y las pérdidas sufridas en las oscuras noches compartidas donde yo traía a la palabra las ausencias 83


y a los ojos, las lágrimas. Eran la Petisa, la Chicata, Daniel, Adrián y otros, vos obturabas su sangriento vacío yendo hacia adelante sin tropiezos. Un día de noviembre anaranjado sentí que nos habían derrotado, nos despedimos, me exilié mientras vos decidiste quedarte hasta que te encontraron poniendo una flor en su tumba. ¡Hasta la victoria siempre, compañero! Ivana

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Entre el cielo y la tierra -Diego III- Arte Digital- Mechi Ferreyra


Diego Alejandro Ferreyra Tenía 22 años. Nació el 4 de julio de 1953. Estudiaba Arquitectura. Militante del PRT- ERP. Secuestrado el 24 de Mayo de 1976.


Carta dedicada a Nébula

(Joven desaparecido en mayo de 1976) Francisco Alejandro Ferreyra Querido Nébula, Soy Topio, ¿te acordás? Tu amigo de años.

Hace unos años que he vuelto al país y recién hoy en este mayo del 2012, me he puesto a conversar con vos. Perdoname por mi ausencia. La tristeza te gana muchas veces la partida y te inmoviliza. Pero dejame que converse con vos, tan sólo un rato…

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¿Te acordás, Nébula de esa tarde cordobesa cuando nos peleamos con el almacenero del barrio? ¿Cómo era su nombre? ¿Manuel? No… no me acuerdo. Creo que así era su nombre. Pero, ¿te acordás de esa tarde? Fue tremenda. Nos había roto la guitarra y vos usaste ese plus que te daba el maconio e hiciste justicia. Apareció Super Star con esa ropa verde y esa estrella roja en el pecho.

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¡Qué tiempos, hermano! Hace mucho de eso. Muchísimo. Corría el año 72 y parecía que el mundo iba a acompañarnos con nuestra música. Creíamos que podíamos caminar. Qué tiempos. Después, no sé bien como contarte lo que pasó, pero quiero hacerlo. Me he dado cuenta de que te extraño mucho y quiero poder encontrarme con vos.

¿Te acordás que con la guitarra dábamos vuelta y un día me dijiste que querías estudiar arquitectura y yo te dije que quería irme a estudiar música a Buenos Aires? Vos empezaste y yo terminé estudiando Letras en Cór-

doba. Así nos fuimos distanciando, pero siempre había una chance de comer en lo de tu vieja. Ustedes eran muchos y un plato de comida de más nunca presentó problemas. Cerca del 75, las cosas estaban más complicadas. Ya no te vi en todo ese año. Mi familia decidió que eran tiempos de mejores aires y nos fuimos a vivir a México. Llegó el 76 y en la Argentina se produjo el golpe militar. De vos, no supe nada en ese momento.

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Se dieron las desapariciones de personas, las denuncias en el exterior y la condena a un régimen siniestro. Era una época ideal para que vos y tu superhéroe aparecieran. Juro que te busqué por los diarios y trataba de encontrarte por todos lados. Me recibí de profe de Letras y el 84 me agarró con la nostalgia. No sabría por qué, pero volvimos al país. Volví al país y volví a Córdoba. Hubo en ese año marchas de DDHH y denuncias infinitas de los familiares. Te busqué en esas marchas, viéndote marchar conmigo. No entendía cómo no te encontraba. Nada. Aparecían denuncias e información de distintos campos de concentración: La Perla, la Ribera, el D2. Esa tarde, me acuerdo, estaba en un bar leyendo un diario que hablaba de las denuncias y mencionaba a las personas que los sobrevivientes vieron en los campos.

Hablaba esa nota de lo que se había vivido en la Perla. Se daban, además, nombres de los hombres y mujeres que fueron vistos en esos años.

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Y de repente y sin que me hubieran avisado, leí tu nombre. Mencionaban a un chico joven, estudiante de arquitectura y de nombre o sobre nombre Nébula. Había estado con otros conocidos y todos lo describían de la misma forma. Eras vos y mi alma se paró de repente. Se hizo de noche y se hizo de día, no sé, pero me volvieron en esa tarde del 84 los recuerdos nuevamente del almacenero. Me quedé viendo el diario y trataba de entender lo que pasaba. Busqué las razones, pero evidentemente no las había. Pensé “¿Qué pasó con la dosis de maconio?” Y me pregunté “¿Por qué no tuviste tiempo de usarla y mostrar tus poderes para que así, los buenos siguieran siendo invencibles? ¿Qué pasó con nuestros sueños?”

¿Qué pasó querido hermano? ¿Dónde estás, que no te puedo decir todo lo que hice, lo que había estudiado y simplemente ecncontrarte para que caminemos un poco?

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Ahora ya han pasado 36 años de ese golpe y de tu desaparición. Para finales de año, se darán los juicios y tu caso formará parte de ellos.

Y si, querido Nébula. Podremos condenar a quienes te sacaron de nuestras vidas. Será justicia verlos ser condenados. Yo he seguido haciendo las cosas de todos los días, pero de repente me ha vuelto la extrañeza y he querido decirte que no me he olvidado y que mis hermanos, tus hermanos han seguido estudiando, trabajando, que tu vieja está bien y sólo tiene los años cansados. Es eso, hermano, simplemente eso. Decirte que acá estamos y que cuando se hace de noche y el cielo se despeja busco esa estrella roja de nuestro héroe de esos años de adolescencia. Hay un vacío que ha quedado y, la verdad hermano, nadie sabe cómo llenarlo. Sólo el silencio de cada uno de ellos, apacigua el dolor. El juicio nos dará justicia, pero te seguimos buscando en los sueños. Te mando un abrazo… tu amigo Topio. 96


El personaje Nébula y los dibujos pertenecen a Diego Alejandro Ferreyra, estudiante de arquitectura desaparecido junto a su esposa en mayo de 1976. Él como muchos miles de hombres y mujeres fue visto por última vez, en el CCD La Perla. En el 2012 su causa forma parte del llamado Juicio de La Perla.

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Puertas, tantas puertas, tantos escombros, tantos golpes, tanto mar, tanto. Aquel niño, ese pequeño niño de rasgos castaños, se lo llevaron un día, un día eterno en mi vida. Hoy, se rompió el vacío y se llenó de espacio, entró aire y crecieron flores... se identificó, volvió a tener nombre, lo reconoció la historia. Pájaros de colores vienen desde lejos contando, que te fuiste y te transformaste en pez.

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Jorge Alberto Germain Tenía 23 años. Nació el 1 de Septiembre de 1953. Trabajaba en YPF. Militante del ERP. Secuestrado el 2 de Junio de 1976.


Hoy, como siempre,

te siento cerca hermano. Los recuerdos repiquetean en la memoria… la infancia en Bº Alberdi, los juegos y travesuras en sus calles y los domingos como un rito a “la piojera” con los amigos: Graciela, Pedro (su primer hijo lleva tu nombre, Jorge, para honrarte), Luis, el gato, Mario, el tomate,y Mirtita nuestra benjamina…Todos transitando aquella niñez de travesuras y chupetines. Jóvenes cantando, éramos felices mientras cantábamos… Además lo hacíamos bien hasta que nos tentábamos… sí, era suficiente el grito disonante de Nenette, nuestra madre - “¡a la mesa, que se enfríaaaa!”para desternillarnos de risa. Nos interrumpía en medio de nuestra actuación descollante… ¡que molesta! Justo cuando mejor nos salía… Reíamos mucho hasta llorar, muchas veces… Además peleábamos bastante te enojabas cuando yo recriminaba tu militancia – “¡TE VAN A MATAR, ENTENDÉ!”. “Entendé vos –respondías- que no se puede pasar por la vida sin intentar cambiar tanta desigualdad, hay que intentarlo, queremos un mundo mejor y más justo, sin poderosos explotadores y explotados, sin niños desnutridos, el bien triunfará. Esto es así y la felicidad del pueblo vale cualquier sacrificio”. Y largabas toda una retórica marxista, pero sobre todo humanista, apabullante. Yo no podía rebatir esos argumentos, estabas tan determinado, tan seguro, que solo podía repetir: ¡te van a matar! En realidad quería decirte: no quiero perderte, no me dejes… estaba asustada porque presentía tu muerte con tanta claridad, con una intuición aterradora… Entre la infancia y la adolescencia, compinches como éramos nos sostuvimos sorteando los infortunios que sufrió nuestra familia. De nuestro padre nos quedó el amor al ajedrez, la política y la lectura. Acompañando a nuestro hermano Cacho y al lado de su silla de ruedas aprendiste plástica. Recuerdo tus carbonillas y los retratos de 103


Fidel, Allende, el Che…Y a pesar de los pesares, como dice el poeta, cantábamos… cantábamos a dúo sin desafinar como nos marcaba nuestra hermana mayor, Dady. Ay, tu risa, cómo me falta… contagiosa, imparable, franca… nos tentábamos hasta llorar. Después vendría lo atroz… Cuando te arrancaron para siempre el mundo ya dejó de ser confortable, la cotidianeidad fue primero angustiante, las noches aterradoras y con el paso del tiempo, en mi caso, ninguna actividad ha sido demasiado estimulante ni maravillosa, y las noches siguen hasta hoy repletas de malos sueños. Esa madrugada de junio hacía tanto frío…Casi sin ropas te arrancaron, descansabas junto a Liliana y Gustavo, el bebé de ambos. Frío de muerte en el alma de tus amores. Jorge, ha pasado tanto tiempo… me esfuerzo para encontrar un final esperanzador en estas páginas… Solo puedo imaginar que Gustavo, tu hijo, al nacer su propia hija te sintió cerca de alguna forma y le escribió a su pequeña Maga este precioso texto que él quiso llamar La Receta y que dice así: Maga, la vida no tiene sentido por sí sola, es como un cuaderno en blanco donde vos sos la dibujante de tus días y vas inventándote soles, estampándole colores con tus sentimientos, tus deseos, tus sueños y todo lo que descubras que te gusta hacer. La vida es un descubrir y redescubrirse constantemente y hay que aprender mucho porque aprender es lo que te hace más libre y luchar mucho con todas tus fuerzas por lo que querés, es como un cuento pero mucho más real, Maga, donde vos sos la protagonista de tus días. Vas a encontrar muchos misterios insondables en la vida con los que vas a tener que convivir. El azar y el destino, que no sé si son lo mismo, se te colarán muchas veces en tus líneas y esta es la sal de la vida, a veces te sabrá a gloria y otras se te estrujará el pecho, 104


pero así es, mi pequeña, la vida es como un juego donde lo que está en juego es la vida y por eso es tan importante, tan absurdo y como en todo juego hay que aprender a ganar y a perder. Pero lo más importante es que todo lo que hagas sea con amor y pasión, es muy importante en todo esto, porque todo se multiplica una infinidad de veces cuando hay amor. El dolor también es importante y hay que aprender a doler, pero no debemos permitirle nunca un lugar central. Te amo en la completa locura y en la más dura racionalidad. Te quiero tanto, naricita de azúcar, dientecito de ajo, ruedita de bicicleta, boquita de miel, te quiero tanto... Gemma, la madre de tu nieta Maga, te imagina siendo abuelo y te dedica con el amor de una hija, a pesar de no haberte conocido, este poema titulado El Abuelo: Duerme, querido, duerme y descansa en este mar de flores que hemos soñado para ti. Duerme infinito, lejos del rumor y el ruido lejos del llanto y el dolor, cerca del cielo. Duerme padre y duerme hijo, duerme esposo, duerme hermano, duerme suegro. Hemos preparado para ti el lugar más dulce de la casa, la pared más blanca, el sol más bello. Estás aquí, Jorge Germain. Eres Abuelo. Gemma 105


Sirvan estas emociones brotando de nuestro corazรณn para gritarle al mundo que no olvidamos, ni perdonamos. Cรณrdoba, 30 de abril de 2013. Cristina

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Andrés Ariza 36 años. Nació el 5 de Marzo de 1941. Periodista, estudiante de Ciencias Económicas. Militante en la Liga Comunista- IV Internacional. Fue secuestrado el 22 de Julio de 1976.


Andrés, Aquel Julio Del ‘76 Nos cruzamos por casualidad, en la calle Rivadavia, a metros de Plaza San Martín. Era mi hermano Andrés, Chicho, cuando éramos chicos o “camarada Leopoldo”, hacía ya algunos años, y ni él, ni yo, nos imaginamos que esa sería la última vez que nos encontraríamos en la vida. Acababa de ser papá por segunda vez y no nos habíamos visto en los últimos tiempos dado que militábamos en distintos grupos políticos y la represión recrudecía; pero cuando nos poníamos a hablar, todo lo demás parecía no importar. Como un puñado de recuerdos se me representa cuando una vez, me vio con un reloj pulsera que le gustó mucho. Tenía la esfera color rojo, pero no cualquier rojo: era rojo profundo, como nuestras ideas. También recuerdo su especial predilección por una sobrina de San Juan a quién le enviaba constantemente postales de los lugares por los que viajaba. Pero hay algo que jamás logré saber: si le gustaba Julio Sosa o sólo algunos de sus tangos, por ejemplo “Destellos”. Cuando cantaba ponía la voz de acuerdo a la letra: “…yo he sabido otras veces beber, en la fuente de sus labios rojos y a la luz de sus lánguidos ojos, muchas noches de amor me embriagué…”. Y también cuando entonaba “Barrio Pobre” se emocionaba al cantar esa parte que dice: “…barrio, barrio pobre estoy contigo, vengo, a cantarte viejo amigo…”. Sí, pensábamos que la situación era grave pero ahí estábamos charlando en pleno centro de Córdoba, en julio del ‘76. Con su estilo detallista, me contó todas las particularidades del parto, bastante complicado por cierto, que terminó en una tremenda cesárea, pero él alcanzó a ver a su hija y a tenerla en brazos. Con ese mismo estilo detallista, me contó que le habían allanado todos los domicilios donde había vivido. La revista para la cual era corresponsal, del Sindicato de Mecánicos de 111


Alemania, le ofreció sacarlo del país. Aquí era una batalla perdida, no había grandes posibilidades de hacer mucho y el campo aliado estaba en franco desbande, sin embargo, su respuesta fue la misma que dieron todos nuestros desaparecidos: aquí se quedan miles de trabajadores y activistas obreros, miles de sindicalistas, miles de dirigentes estudiantiles… ¡aquí me quedo! Mi encuentro con él debe haber sido el 20 o 21 de julio. El 22, en un fugaz operativo relámpago, probablemente volvió a su casa para intentar sacar algo importante, y fue detenido por personal que, en un principio, se identificó como de la Policía Federal. Pero su destino final fue el Campo de Concentración La Perla. Años después, los primeros testimonios de sobrevivientes dieron cuenta de que estuvo ahí. Teresa Meschiatti, por ejemplo, me dijo que Andrés escribía en un papel con unos lentes chiquitos que ella no sabía si se los habían prestado o eran de él y con la cabeza inclinada hacia abajo, miraba por arriba de esos anteojos, para un lado y para otro, con ojos de “trotsko que está complotando”. Eduardo Porta me contó, también, que después de una tremenda paliza que le habían propinado los torturadores, lo arrojaron sobre un banco y sintió que alguien le palmeaba la espalda y le hablaba al oído, dándole valor: era mi hermano Andrés. Lo recordaba porque Andrés silbaba siempre una melodía que a él le gustaba mucho. Yo supongo que era la versión instrumental de la ópera “Carmen”. La buena suerte de Eduardo, que zafó del Consejo de Guerra que le tenía planeado Menéndez, pasó al P.E.N. y finalmente salió en libertad, duró poco. Escasos años después, un día, en el ómnibus que lo llevaba a su trabajo sufrió un ataque cardíaco fulminante y ahí quedó, quizás acumulando sobre sí, tantos sufrimientos del cautiverio. Ana, su joven compañera, con la nena que acababan de tener, en brazos y todos los sueños deshechos, debió volver a su pueblo. 112


Vivir así, estaba dentro de las opciones que nos tocó aceptar. Por eso, mi hermano, el “camarada Leopoldo”, va siempre conmigo. Si la vida que llevábamos nos hubiera dado otra oportunidad, o sea, la posibilidad de vernos nuevamente, nos habríamos envuelto en charlas interminables; porque dos militantes que se reencuentran, también tienen viejos recuerdos queridos sobre los cuales volver. Al imaginarme eso, omito su ausencia de décadas. Finalmente sé que si lo tuviera cerca, no vacilaría en obsequiarle un reloj, no muy caro, seguro, pero eso sí, con la esfera color rubí, rojo profundo, como nuestras inclaudicables ideas. Alberto Ariza – Cba, 25.09.12

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Ana María Espejo Tenía 34 años. Nació el 14 de Enero de 1942. Era Licenciada en Letras, trabajaba como docente. Delegada docente de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba. Militaba en el PRT. Secuestrada el 7 de Junio de 1976.


Che, Anamaría Cada caminante a su estrella, como el trovador a su laúd. ¡Cómo respeto aquellos que buscaron la suya allá al absoluto más alto! y tenía que ser así, un cóndor vuela solo, como el león mira en derredor la sabana y el pastizal, a veces... a la luz solo se llega en sangre. A tu victoria y tu sonrisa, mi corazón jamás te olvidó, vos tu luz, tu memoria siempre como marca indeleble. Anamaría Espejo 07/06/1976 Manuel Ángel y su Bicicleta Quienes representan el bien en los momentos de mayor caos, corrupción e incertidumbre desgraciadamente en algunas circunstancias lo pagan con su vida. Hoy escuché tu canción, un León la disparó. Así se van las palomas que brillan en derredor, ¿a dónde sino al corazón de ese continente profundo que nos hace ser? Para no olvidar. A la luz de Ana María Espejo, querida Tía, siempre estarás viva en mi memoria. Los héroes nunca son olvidados, A la memoria del Ángel de la Bicicleta Manuel Espejo Revol Ausencia en el Manzanares Y el niño pide al Río… un Imposible… “¿Acaso hoy alguien ha visto?” los rostros 117


Cada vez que escucho… y escucho mirar, volvés. Como vuelve aquella tarde del 76 cuando una instantánea nos captó, entonces sonreías en luz, al bebé que tenías en brazos, un instante la iluminación en derredor. Hoy, desde esta barba, 2012 razones me hacen volver, no sé si hubo el Río o fue La Perla, pero sé que hubo injusticia, la tremenda que sella el silencio y que la sociedad, en lo profundo, empieza a comprender. Entonces volvés, siempre volvés en miles de manos. Mi querida tía ¡volvés! Y vuelve tu mirada, la de la luz. A Ana María Espejo, su luz, su ejemplo. Manuel Espejo Revol

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Raúl Osvaldo Ravasi Tenía 29 años. Nació el 29 de Abril de 1946. Técnico electricista. Trabajaba en Pachini De Petris S.A . Radioaficionado. Era cristiano. Era peronista. Secuestrado el 6 de Enero de 1976.


Nació el 29 de abril de 1946 en Leones, Provincia de Córdoba. Fue el sexto y último hijo de María Luisa Deganutti y Juan Bautista Ravasi. Desde chico aprendió electrónica y mecánica viendo trabajar a su papá y a sus hermanos en el taller familiar. A los 17 años dejó Leones para radicarse en Córdoba donde vivió con tres de sus hermanos, junto a quienes replicó el taller de la infancia y trabajó. Se convirtió en un ‘sabetutti’ que trabajó en talleres, empresas y fábricas especializándose en electromecánica y, por supuesto, en lo que se presentara si el bolsillo estaba flaco. También era radioaficionado. Participó en un grupo de jóvenes de la Iglesia del Pilar donde conoció a Mirtha. En 1969 se casaron y tuvieron dos hijos. Era un enamorado de la vida, apasionado, inquieto, vivía intensamente. Era muy compañero de su mujer y formaron con los chicos un buen equipo. Solidario y generoso, siempre estaba presente, atento a los demás y dispuesto a dar una mano. Como cristiano, estaba convencido de que sus creencias se tenían que reflejar en el compromiso con la gente y con los desafíos de su tiempo. Actuaba según sus convicciones, sin muchas vueltas, sin ponerse excusas. Era realista, concreto y práctico. En la noche del 6 de enero de 1976 fue secuestrado de su casa y continúa desaparecido hasta hoy. En esos días de enero, junto con él fueron secuestrados en Córdoba, veintiuna personas más. Todas continúan desaparecidas y se sospecha que fueron confinadas en el predio militar denominado “Campo de La Ribera”. La causa judicial por la que se juzgan esos crímenes es la denominada “Vergez, Héctor Pedro y otros”. Tenía 29 años.

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La imagen que conservé de él, con los años, fue el recuerdo de un recuerdo y de tanto volver a pasarlo por el corazón se gastó hasta esfumarse. Quedan ahora fotos, relatos y recuerdos prestados. Lo que nunca falta a la cita y me acompaña infatigable es la presencia de su ausencia. Voy a armar un mosaico de palabras que lo pongan a vivir, reafirmen que estuvo entre nosotros y que no lo olvidamos. Si escuchan el rumor de hojas secas de mi memoria, sepan que hubo árboles. DIA DEL ANIMAL: Nació el 29/04. Cada año cuando escucho las consabidas notas sobre mascotas varias, silbo bajito un feliz cumple y pienso en él. SEIS HIJOS: Fue el menor de seis hermanos. Pregunta para el nono y la nona ¿cómo se siente que destrocen a un hijo? No lo sé y me espanta imaginarlo. Lo que sí puedo contarles es cómo se siente que destrocen a tu padre. PEREJIL: apodo que desde chico se ganó por la capacidad que tenía de estar en medio de todo. Como dijeron de alguien “predestinación de mezclarse con la vida, de meterse”. CROTO VOCACIONAL: A los 12 años se peleó con el padre y decidió “irse de croto”. Se lanzó a recorrer el mundo con unas cuantas pilchas atadas a un palo. Horas después, ya aplacada la sed de aventuras y el enojo, el trotamundo volvió a la casa. FLACO: Miren las fotos… ¡cómo no decirle Flaco! Pregunto: ¿no había pantalón que no le quedara corto? IGLESIA DEL PILAR: Ahí empezó mi historia, cuando él y mi mamá se miraron. DRAGONEANTE: Sí señores, fue colimba distinguido por el glorioso ejército argentino. Un orgullo para la nona. Pero tan rápido como 124


llegó a dragoneante volvió a ser soldado raso. Primera y suave patada castrense a mi viejo. JOTE: Bautizado así por los hermanos porque todo se llevaba al nido, al nido que era mi casa. Ahora sé más sobre los jotes: comparten su comida y como buenos rapaces tienen una vista formidable. Será con esa vista que encontró a mi mamá en el mar de gente que arrancaba aquel día de Retiro a Ezeiza. 29 AÑOS: Hace rato superé los 29 años de su vida, pero si les hablo de mi papá sepan ustedes que una nena de 4 años se esconde tras mis palabras. Ya lo dijeron “aunque hayamos envejecido… siempre el dolor parece recién nacido”. REYES – CUESTA BLANCA: Lo último que pudo compartir con nosotros. Paraíso perdido de blanca arena donde, imitándolo a él y a mi mamá, rodaba abrazada al Juampa. Después del paraíso viene el infierno. Y se deslizan entonces otras palabras que no lo ponen a vivir sino a morir una y otra vez: secuestro, saqueo, tortura, asesinato, desaparición, búsqueda, espera, ausencia y mucho, pero mucho TERROR. Para vos papá, unos retazos de canción: “no me resigno a olvidarte aunque pasen los años… quiero saber qué fue de ti… se me va la vida sin saber de ti”. OTRAS PALABRAS QUE TAMBIEN SON MI PAPÀ: hijo, amigo, hermano, compañero, solidario, leal, generoso, protector, divertido, práctico, decidido, temperamental, buscavida, emprendedor, hábil, cristiano, peronista. Cecilia

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Entre el cielo y la tierra -Diego IV- Arte Digital - Mechi Ferreyra


Leonardo Daniel Burgos Tenía 30 años. Nació el 4 de Octubre de 1945. Estudiante de Psicología. Trabajaba en Olivetti. Militante del PRT. Secuestrado el 24 de Agosto de 1976.


24-8-2010 Camino en el divorcio del sistema mal parido... Soy la grieta en la mesura, divagando en el último alarido y muero por el debate en este tiempo prometedor de los cambios postergados... Digo entonces que esta luz en la tangente viajera de los sueños venideros, será la cola del cometa que nos guíe recuperando lo que tanto hemos andado. Durmiendo en la cuna de la historia, me despierto a buscar el desenlace por las vidas que dejaron militantes de esos sueños tan dorados... Hoy es 24 y yo te elogio de Agosto Hermano querido tan detenido tan desaparecido que mi combatiente canto aún encerrado pero libre en la conciencia que me asiste te viene diciendo que vamos en camino del abrazo como eslabón de los tejidos ya pensados, ya deseados, en el bullicio de nuestra comprometida historia. Mario Alejandro Burgos 7/12/2010 131


Desde ayer aguardĂŠ tu luz necesitaba tu espacio en mi adentro ayer fue un tiempo de recuerdos luminosos y valientes renacidos en la plenitud de vientos y tormentas vuelves repitiendo gestos y sonrisas al borde del sol giran los sueĂąos al borde del aire el vuelo toma el giro del ave que renace en la cresta del agua se desliza la luz y estrepitosa cae al borde de la playa AnalĂ­a Estrella Burgos 132


Juana del Carmen Avendaño Tenía 27 años. Nació el 21 de Noviembre de 1948. Docente. Militante del PRT-ERP. Secuestrada el 15 de Mayo de 1976.


El 15 de mayo de 1976 fueron secuestrados mi yerno, José Guillermo Gómez y mi hija, Juana del Carmen Avendaño. Desde entonces no he parado de buscarlos. De José, solo entregaron un cuerpo acribillado y sin uñas en los pies y manos. Son muchos años de espera… De mi hija, se sabe por testigos que fue fusilada. Era el año 1977. Que la mataron junto a la profesora González y a Tomás Carmen Di Toffino, a las once de esa mañana de febrero. Dicen que fueron Menéndez y Anadón los asesinos cobardes que dispararon sobre ellos. Dicen… Que la justicia es lerda, muy lerda. Dicen… Que segura. Si no aflojamos los familiares. Pabla Teresa Avendaño

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Luis Justino Honores Tenía 37 años. Nació el 26 de Septiembre de 1939. Mecánico. Delegado Gremial de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina. Militante de la Organización Comunista Poder Obrero. Secuestrado el 3 de Noviembre de 1976.


Luis Justino Honores: 26 de septiembre de 2012. Si no saco mal la cuenta, hoy cumplirías 73 años querido viejo… así que estoy aquí, perdón, me corrijo, aquí estamos, rindiéndote homenaje Luis Justino Honores “El Negro”, militante de lucha con calificativos innumerables, pero sobre todo, un muy buen compañero, amigo, esposo, padre ejemplar y otras tantas virtudes que te destacaban, según me lo dijo mi madre y gente que te conoció, en aquel homenaje que te rindieron tus compañeros de lucha el 31 de octubre de 2009. Esos luchadores incansables de una misma causa, bendita causa que hoy nos trae a la memoria recordar y digo MEMORIA para NO OLVIDAR a esos 30000 compañeros desaparecidos que hoy no están y cuando digo no están, entiéndase que físicamente, porque su espíritu de lucha sigue vivo en nosotros, en cada uno, y que en vez de pasar al olvido va creciendo con el pasar de los años. Así es, querido papá, lo vemos año tras año, en cada marcha, en cada juicio a los represores, en la juventud que se suma y que logra que cada vez seamos más. Así es, ¡cada vez somos más! Por eso hoy estamos aquí en el día de tu cumpleaños plantando este árbol en tu homenaje y ¿por qué no? también en nombre de los 30000 compañeros desaparecidos. A este árbol, cada quién le encontrará el significado que su conciencia le dicte, cada uno es dueño de su verdad, de lo que quiera creer, de su libre expresión e interpretación, te digo la mía papá: para mí va a simbolizar el Árbol de la Vida, la misma que vos, junto a tu compañera Mirta (mi madre), me diste. La vida que te negaron y cegaron. Su crecimiento será aquel que no te permitió disfrutar de mi niñez y la de mis hermanas y también del amor de mamá, que al día de la fecha todavía espera para reunirse con vos en este lugar. Aquí quiere que 141


depositemos sus cenizas y así será. Pero espero que no sea tan pronto, quiero tenerla muchos años más, tus nietos y nosotros la amamos. Las raíces de éste árbol serán el significado de tu lucha y la de los 30000 compañeros desaparecidos, compañeros que dejaron nada menos que su vida, por pelear por un país mejor para nosotros. Este árbol será a partir de hoy la Esperanza del Mañana, del Amor a la Vida, a la Libertad, a la Justicia. Justicia para que no vuelva a suceder NUNCA MÁS, ¡ya NUNCA MÁS! Y no por casualidad este árbol es un algarrobo, qué más representativo para los 30000 compañeros desaparecidos que este ejemplar: simboliza la tenaz y noble lucha de ustedes, y también la de los que pudieron resistir y sobrevivir y hoy están aquí con nosotros, como Ana María Mohaded “la Turca”, querida amiga. Así que, querido viejo, donde quiera que estés, te digo que te AMAMOS y vivís en nosotros, en cada uno y que no bajaremos los brazos y seguiremos reclamando ¡JUSTICIA Y CASTIGO! Vamos a seguir peleando como ustedes nos enseñaron, por un país mejor para nuestros hijos, así como ustedes querían para nosotros. Tu lucha no fue en vano porque, ya ves, aquí estamos, de pie, más fuertes que nunca, tu espíritu y el de los 30000 compañeros nos dan fuerzas para continuar luchando. Esa lucha que sólo va a terminar el día que podamos decir: “éste es el país que queremos”, que querían ustedes. Hasta que ese día llegue vamos a continuar y cada vez seremos más. Caeremos, tal vez, pero nos volveremos a levantar, porque ustedes, 30000 almas, lo harán junto a nosotros. Nos seguirán guiando como hasta ahora, desde donde quiera que estén, ustedes allí y nosotros aquí. Todos juntos por ustedes, en este grito popular que nunca se va a callar: ¡¡¡30000 compañeros desaparecidos presentes, ahora y siempre, ahora y siempre!!! Luis Ernesto Honores

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Daniel Santos Sonzini Tenía 22 años. Nació el 11 de Noviembre de 1953. Estudiante de Física nuclear. Presidente del Centro de Estudiantes. Trabajaba en la empresa “Delta Electrónica”. Secuestrado el 12 de Agosto de 1976.


Hace algún tiempo pudimos encontrarnos con un primo nuestro que vive en Nicaragua y que, como primo y amigo de Daniel, en un viaje a Europa, consiguió a través de Amnistía Internacional la primera declaración que nos permitió saber qué había pasado con él: su detención y su corto paso por La Perla. A partir de esa reunión, nos dimos cuenta, como hermanos, lo mucho que nos costaba hablar de Dani, sentimos cuán fuerte nos habían impuesto el silencio. Por ese motivo surgió la idea de hacer un blog para invitar a todos los que lo conocieron a dejar sus recuerdos de un Dani vivo. Recuerdos que nos permitieran, de alguna forma, hacerlo aparecer. Este es el recuerdo del Gordo, nuestro primo y lo queremos compartir: Daniel Sonzini fue mi primo más querido y es hoy una de mis inspiraciones más fuertes. Lo recuerdo fresco, sonriente y brillante, con su pelo largo y una respuesta inteligente a flor de labios. Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de él es cuando un día se puso a recitar, casi jugando, sin dificultad, como platicando, como acompañando un suspiro, el soliloquio de Segismundo, algo así: ¡Ay mísero de mí, y ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido. 147


Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido. (…) Daniel continuaba, pero yo quedaba fascinado por estos versos. Y me apasionaron tanto que apenas pude me conseguí la obra de Calderón de la Barca y me la leí ávidamente, hasta que encontré el monólogo. Así era Daniel: contagioso, transmisor, ejemplar, paradigmático. Por eso tengo su recuerdo muy fresco en mi mente: no me cuesta recordarlo, es de las memorias que más fácilmente reconstruyo de aquellos años. También recuerdo que recitaba un discurso memorable de J. F. Kennedy, en inglés, y con mucha facilidad nos endulzaba el oído con sonidos armoniosos que no comprendíamos, pero que nos llenaban de música y misterio los oídos. La última imagen que guardo de Dani, la última vez que lo vi, fue en un ómnibus, viajando quien sabe a dónde. Eran los días aciagos de la muerte y las desapariciones, era la época que oscureció tanto brillo. Daniel se bajó rápidamente del colectivo, después de haber cruzado apenas unos pocos saludos conmigo. Estoy convencido de que lo hizo para protegerme: él sabía, en ese entonces, que su vida estaba en peligro y, seguramente, evitaba comprometer a otros innecesariamente. Era la época de la tristeza, de las flores arrancadas con saña y sin sentido. En esa época desapareció Dani de nuestras vidas. Después me tocó darme cuenta de ciertos detalles finales que antecedieron a su muerte: heroica, protectora, visionaria.

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Preferiría dejar aquí este relato, pues mucho sabemos ahora de la desafortunada muerte de Daniel. Yo más bien quería dejarles a quienes lean estas líneas un recuerdo del Daniel vivo y humano, del de carne y hueso, normal y frágil, de mi primo querido que tan bien recuerdo. Y creo que es justo con su memoria que deje aquí esta breve reseña de los felices días en que pudimos verlo y disfrutarlo. Pues si algo tuvo Daniel fue vida, humanidad, calidad de ser viviente y pensante, de amigo, de compañero, de guía, de ejemplo y de hermano. Querido Dani: te debía hace mucho estas líneas. Espero que comprendas que si no las terminé antes fue porque mis ojos no me lo permitían. Hoy, que comprendí que debía recordarte con el valor de tu alegría y de tu vida, logré por fin completar un duelo largo, y reencontrarte al vuelo. Quiero abrazarte ahora en un recuerdo que me trae el mejor aroma de mi juventud. Un abrazo eterno y terrenal, y lleno de alegría por la suerte de haberte conocido. Con mucho cariño, de tu primo, Gordo Nota: el fragmento del Soliloquio que él escribió no era el original, así que busqué y transcribí el verdadero por si hay que citarlo.

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María Elena Gómez de Argañaraz Tenía 35 años. Nació el 27 de Agosto de 1940. Estudiante de Bellas Artes y Modista. Militante del PRT-ERP. Secuestrada el 1 de Junio de 1976.


A mi vieja la habían criado para reina. Como toda señorita sanjuanina, sabía alta costura, bordaba y tenía el manual perfecto de cómo conseguir un marido. Hasta pudo aprender las bellas artes y se recibió de soñadora con óleos, grabados y esculturas. Pintaba a mi hermana durmiendo con traje de bailarina, a su madre y siempre había alguna mujer con los ojos tristes y las tetas al aire, ronroneando en sus lienzos. Después vino un viento flaco con los ojos azules a ponerla en la vela más alta de los sueños de América. Las bellas artes se fueron transformando en panfletos del ERP y las mujeres que volvían tristes una y otra vez, le abrazaban con besos la muerte de mi viejo. Mi mamá cantaba siempre “Cuanto trabajo para una mujer saber, quedarse sola y envejecer/ La vi quedarse sola/ la vi doblar despacio su soledad derecha” mientras el pedal de la singer cosía muñecos y cubrecamas. Después de las bellas artes, después del pecho destrozado de mi viejo, después de la viudez con dos hijos a cuesta, llegó su propio, involuntario, acto de fe: La secuestraron y la violaron. La torturaron con todas sus muñecas de la infancia. La barrieron de la faz de la tierra. Soplaron las cenizas de sus cenizas. Hicieron desaparecer el viento que había llevado sus cenizas. Ocultaron el agua, la atmósfera, los árboles que habían bailado con el viento. No dejaron nada de nada. Ah, sí, cometieron el error de dejarnos a nosotros, el triunfo de la otra sangre, la que va por las venas y los océanos volviendo las cosas a su sitio, poniendo a los muertos a jugar con su espíritu, a investigar cada moneda que se le cayó de los cuadros, a resucitar sus mujeres tristes, mi hermanita con traje de bailarina y los payasos cantando sus desmanes. Finalmente mi vieja apareció en los colores, burlando la muerte para siempre. Ernesto Argañaraz. 153


Mi abuela Negrita, María Elena Gómez de Argañaraz, siempre estuvo más desaparecida que otros desaparecidos, no tenemos casi información; pocos la vieron, pudieron acercarse, hablar con ella mientras estaba en cautiverio. Crecí, sintiendo la ausencia de alguien que no conocía, pero tan presente, que me faltaba. Escuché hablar de los desaparecidos, de la dictadura, de las torturas, estrategias y anécdotas de mi familia materna. Pero mi mamá hablaba de lo hermosa que era, las muñecas de trapo que hacía, la ropa que cosía, que era una artista del reciclado, una artista en todo lo que podía. Cuando era chiquita, cada cosa que mi mamá me enseñaba, le recordaba a cuando su mamá se lo había enseñado. Mi abuelo Chechi, no está desaparecido, pero su ausencia es tan intensa como la de mi abuela, fue muerto durante la toma de la fábrica militar de Villa María, cuando mi mamá era todavía más chica. Me contaron del carisma, de su simpatía, de la capacidad para conquistar personas. Solo consigo imaginarlo como es mi tío Ernesto ahora, simpático, emprendedor, conquistador y difícil. Cuando fue la declaración en el Juicio de la Perla, nos vinieron a buscar de manera muy formal. Nos recibió muy bien el grupo de acompañantes terapéuticos, pero nos sentimos más en familia cuando entraron las dos hermanas Bustos que también declaraban. Cuando llegó el momento, a mí ya me transpiraban las manos, los pies y hasta las orejas por los nervios, pero a mi mamá no, ella estaba avasalladora, fuerte, sonriente, segura. Me senté en mi lugar y me alegré de que mi hermano estuviera ahí, y lloré, por ella, por mi tío que no 154


consiguió entrar al edificio, (mejor así, prefiero verlo bien), por todos los que estábamos ahí y por todo lo que nos tocó vivir. Pero nadie estaba más preparado que mi mamá: esperó toda su vida para tener la oportunidad de pedirle a la Justicia, que busquen a su mamá, aunque no esperaba verla con vida, espera saber dónde esta, qué le hicieron y cómo terminó su vida. Ahora que comenzaron a aparecer los huesos de algunos desaparecidos, sentimos tanta alegría como si fueran los del nuestro, pero con una ansiedad renovadora, una esperanza nueva, las fuerzas y las ganas de seguir buscando. Los que secuestraron a mi abuela, los que la mantuvieron en cautiverio, los que la torturaron y los que la mataron, todos ellos, van a morir como la vergüenza de nuestro país, como asesinos, siempre perseguidos por quienes saben lo que hicieron, siempre juzgados por la mirada y el rechazo de este pueblo, como traidores, torturadores y asesinos. Mientras tanto, nuestros desaparecidos, están cada vez más presentes, cada vez más recordados entre nosotros, con orgullo y con valentía, con amor a la Patria y al futuro de sus generaciones… Valentina Barboza. Hija de Yamila Argañaraz

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Entre el cielo y la tierra -Diego V- Arte Digital- Mechi Ferreyra


Claudia Hunzinker 21 aĂąos. Estudiante de Historia. Militante de la Juventud Universitaria Peronista- Montoneros. Fue secuestrada el 28 de Julio de 1976.


Este es un poema que escribió Ramiro Márquez, poeta y músico, para Claudia Hunziker a quien conocía por ser vecinos y tomar todos los días juntos el colectivo. Lo hizo hace unos años y me lo acercó para que lo usemos en lo que nos parezca.

Una canción, una historia Era el tiempo en que ser joven (y libre) comenzaba a resultar un destino peligroso, el otoño en el que las cosas tomaban un giro que se parecía mucho a lo visto durante medio siglo en el país pero que, en realidad, era algo muy distinto, extremo, aberrante, perverso. A esto lo sabríamos mucho después, excepto quienes lo supieron inmediatamente, pero no sobrevivieron para contarlo. Hasta ese año, la ciudad seguía siendo un hervidero de ideas nuevas, de gestos insolentes, de efervescencia que hacía soñar a muchos la posibilidad de un cambio verdadero. Córdoba no llegaba todavía al millón de habitantes y por entonces el oeste de la ciudad era todavía un puñado de viejas casas quintas y caseríos aislados. El transporte urbano era apenas peor que el de hoy, y en la línea 162, que seguía de cerca el cauce del río, podía batirse cualquier récord de espera: una hora, una hora y media, o lo que hiciera falta. Tal vez gracias a eso los vecinos nos conocíamos todos, al menos de vista, en la larga espera o en la fatigosa travesía de casi catorce kilómetros hasta el centro de la ciudad. Ella debía cruzar el río para esperar el colectivo, una parada antes que la mía. Excepto su apellido o su casa, no conocía nada de su vida. Ignoraba que estudiaba filosofía pero, sobre todo, ignoraba que era mucho más que una muchacha bonita enfundada en su tapado azul, que las ideas que la animaban podían ser mucho más doradas y brillantes que su cabellera, que las convicciones que alentaba podían ser mucho 161


más transparentes e incisivas que su mirada clavada en el azul horizonte de sus sueños. Un día nadie más volvió a verla cruzar el río, ni esperar el colectivo. Imagino que, de haber estado más atento, habría comprendido por qué los árboles que le daban nombre a su barrio, amarillearon mucho antes de que se hiciera el invierno, mustios y tristes de no verla pasar otra vez. No estoy seguro de que todos los pasajeros, por igual, echásemos en falta su presencia en la diligencia motorizada del oeste, porque viajábamos mudos o, en todo caso, sin hablar nunca «de eso». Sólo unas pocas mujeres se atrevían a hacerlo, unas mujeres desesperadamente valientes que, a los ojos escandalizados de una sociedad tan bien disciplinada por la mordaza, el terror o la ignorancia, eran vistas como locas, girando y girando alrededor de una plaza lejana. Tiempo después el puente que ella cruzaba cada día fue arrastrado por una enorme crecida del río, símbolo —pienso ahora— del aluvión destructor que acabó por desparramar la sagrada vida en las riberas, como si se tratase de un montón cualquiera de escombros y detritos. Es que el monstruo era tan fuerte que se necesitarían treinta años más para llevarlo a los tribunales de la república y comenzar a saldar la gran deuda de la democracia. Y confirmar, por fin, la terrible sospecha de cómo ella, junto a tantos otros, había desaparecido de nuestras vidas. Hoy sólo queda pedir un milagro, sólo un milagro, porque en una república nadie puede ser forzado a declarar contra su voluntad, como lo hacen impunemente las dictaduras. El milagro de que, entre tantos monstruos, haya uno que se atreva a romper el silencio cobarde y cómplice, alcanzar por una vez un gesto de verdadero coraje, de súbita dignidad, y señalar dónde fueron sepultados los restos de todas las personas detenidas ilegalmente en La Perla, para cerrar el prolongado duelo, de una vez y para siempre. 162


Irónico que un lugar tan tenebroso tenga un nombre que aluda a algo brillante. La única luminosidad que le queda es la del espejo, donde se refleja lo que fuimos, lo que no queremos ser. En una de sus salas están las fotos de las víctimas. Cuántos sueños, cuántas expectativas truncadas lloran en esas fotos en blanco y negro. Esas son las verdaderas perlas del centro clandestino de detención, sobre todo cuando las hacemos brillar en la memoria. Una canción no puede cambiar la historia, pero cuando la historia cambia, las canciones deberían sonar menos tristes.

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Carta póstuma a Claudia A la memoria de Claudia Elizabeth Hunziker Pongamos que estas palabras van por vos pero también por nosotros, sobrevivientes, los que estamos aquí al abrigo de un sol que hace años quedó helado. Pongamos que aquel otoño del setenta y seis los carolinos marchitaron de golpe, y treinta años después esperamos que el cielo te devuelva el azul robado. Pongamos que al viejo puente lo tumbó el dolor de no verte pasar nunca más; a él le digo que no, treinta mil veces no, no caerá tu memoria al olvido. 164


Pongamos que estas palabras van por vos, Claudia. Ramiro Mรกrquez (2010)

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Hugo Alberto Kogan Tenía 21 años. Nació el 20 de julio de 1955. Era trabajador industrial. Militante del Partido Comunista. Secuestrado el 22 de Septiembre de 1976.


Cuando éramos chicos

vivíamos en barrio Pueyrredón. La calle era de tierra, rodeada de barrancas, así que los chicos jugábamos allí. Los vecinos nos conocíamos todos y la relación era muy fraternal. Hugo era muy inquieto, tenía mucho talento y habilidades. Desde chiquito cantaba muy bien. Frecuentemente los vecinos se reunían en alguna esquina y le pedían a Hugo que cantara. Él siempre accedía con su amplio repertorio de canciones. Los vecinos aplaudían y le regalaban monedas para comprar golosinas. Después Hugo venía corriendo a casa: -¡Mamá, mamá! Te traigo la plata para comprar la leche. Hugo era un alumno brillante. Era un centro de atracción por su inteligencia y empatía. Tenía mucha luz, y la sigue teniendo. Mauricio Kravetz, el mejor amigo de Hugo.

Con sólo evocar la memoria para recordar a Hugo la respuesta es automática: la trilogía perfecta de una personalidad para nada suave y sin embargo tan querible, que sin disimulo todos adorábamos entrañablemente. El Cabezón era un tipo más o menos así: -Una risa y una voz tan estridente y contagiosa, como su alegría de vivir; -Una garganta capaz de afinar cualquier melodía con pulcra hermosura, y decorarte una caminata a la siesta por la peatonal como el mejor; -Una mirada aguda, profunda, asociada siempre a una respuesta inmediata e inteligente, y una fidelidad obsesiva por sus afectos y sus ideas. ¡Luego, imaginen el cóctel en el cuerpo de un muchacho bien parecido, 169


simpático y entrador! Hugo expandía su presencia de tal forma que podía estar trabajando en Salta, visitando amigos en Rosario o Santa Fe, y es posible que varios jurásemos que había compartido con nosotros un asado, unos vinos, una guitarreada o una noche en la Peña de Chito Zeballos, todos en distintos lugares y al mismo tiempo. Así lo queríamos, así nos quería, así lo necesitábamos. Amigo inquebrantable, pero enemigo implacable del doble discurso y las acciones arteras, porque entonces, una sentencia terminante, una sonrisa burlona y una mirada socarrona, bajo el dominio de su astucia, se constituían en un arma letal en la discusión de ideas. En fin, un capo, uno de esos que nos robó la dictadura, y nos quedó faltando para siempre, pero siempre, siempre. Sonia Kogan

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Pedro Cipriano Finger Tenía 24 años. Nació el 22 de Septiembre de 1951. Obrero metalúrgico, trabajaba en Grandes Motores Diesel. Delegado gremial de SMATA. Militante en la Organización Comunista Poder Obrero. Secuestrado el 27 de Enero de 1976. Mario Luis Finger Tenía 25 años. Nació el 29 de enero de 1951. Trabajaba y era gremialista en la Industria del Caucho. Militante en la Organización Comunista Poder Obrero. Secuestrado el 2 de Abril de 1976.


Fue tiempo de angustia, de confusión, desconsuelo y sinsentido, ahora, es tiempo que llega, tiempo de justicia y castigo. No hubiéramos imaginado en aquel momento, en medio de tanta oscuridad y alocadas sombras fantasmales, que podríamos ver hoy corporizados, como hienas salvajes, tan inmutables como siempre, tan ajenos a su obra y tan orgullosos del deber cumplido, a los genocidas ejecutores, siendo juzgados por la mayor masacre de la historia de nuestro país. Tragedia que nos dejó llenos de vacíos, dolores y lágrimas, además de muertos, desaparecidos, niños apropiados, exiliados… Están ahí, sentados como estatuas de piedra, con hieráticas miradas, sin emitir palabra, sin decir qué hicieron con archivos y personas a las que despiadadamente torturaban y luego hacían desaparecer o simplemente, fusilaban infundiendo miedo, a la vista de quienes los quisieran ver, con absoluta impunidad. Es como si nos hubiéramos salvado de un implacable y cruento terremoto. El país se sacudió furioso dejándonos con muertos, desaparecidos y entre ruinas. Y fue cuestión de sacudirnos el polvo de la ropa, restañar cada uno como pudo sus heridas, acomodar los muebles, apuntalar o derribar paredes y reconstruir o refaccionar lo que pudiera haber quedado en pie. Y en medio de tantos pensamientos, emociones, reflexiones y en ese intrincado viaje hacia el pasado, que nos conduce, a veces, a insospechados recovecos de nuestra historia personal, van apareciendo las nostalgias, las anécdotas, las vivencias… a veces gratas, como el día en que nos conocimos con Pedro o “Lumumba” como le decían, y nos cruzamos por casualidad en el bufet de una peña que se realizaba en el local de SMATA. Nos conocíamos por un compañero en común, y después de charlar un rato acordamos encontrarnos a “tomar un café”, café que se extendió por unos pocos años. Fue a partir de ese extenso 175


encuentro en una gélida noche de julio en que me llevó de vuelta a mi casa EN MOTO!!!!! y en que, a decir de Benedetti “decidimos juntar nuestras osadías” …hasta que, arráncandolo brutalmente de la vida, de mi vida, aquel 27 de Enero de 1976, sus captores, como aves de rapiña, lo secuestraron en la vía pública, haciéndolo desaparecer. Y los sueños y proyectos se rompieron en mil pedazos, volando por los aires, esfumándose, junto con él … ;o como la alegría y la emoción compartida al saber que estaba embarazada… y la posterior tristeza ante la pérdida de mi embarazo. Pero lo que más recuerdo son los atardeceres en el campo, juntos, imborrables!!!; y los largos viajes en moto… Amable, simple, dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesitara, arreglando artefactos domésticos a vecinos o adquiriendo medicamentos por su obra social, sin cobrarlos, por supuesto, así de generoso y solidario era. Recordaré a Pedro con su mirada transparente, su sonrisa eterna, su buen carácter, pero sobre todo su firmeza y entusiasmo, que contagiaba, en sus convicciones. Cuando conocí a Pedro trabajaba ya en Grandes Motores Diesel. Hacía poco tiempo que había llegado desde Villa Ascasubi, provincia de Córdoba, donde había nacido. Allí vivía su mamá María Digna Rodríguez y su papá Felipe Amadeo Finger, que había fallecido pocos meses antes. Vivía con dos hermanos mayores en la capital cordobesa. Era el menor de siete hermanos. Fue designado delegado gremial en GMD e integraba la Comisión Interna de Reclamos, que adhería a la Comisión Directiva presidida por René Salamanca, que se oponía a la burocracia sindical nacional de SMATA (Sind. de Mecánicos). Había comenzado allí su militancia gremial poniendo de manifiesto su honestidad y coherencia, su sensibilidad ante las injusticias y el atropello patronal. Asumió con 176


profundo compromiso y entrega tal designación. Era muy buen orador, ferviente y apasionado, intenso en sus arengas, claro en la expresión de conceptos es, lo que inspiraba, creo yo, la confianza que sus compañeros depositaron en él. Al enterarse que Pedro había sido secuestrado en la vía pública por civiles y conducido a la Seccional 6ª de Policía, no dudaron en tomar la fábrica en señal de repudio y exigieron ingenuamente su liberación con vida, sin éxito, por supuesto. A partir de allí sólo el silencio perverso de los represores, su ausencia, el misterio, el dolor …. Y sus huellas. LUIS MARIO FINGER Luis o La Chancha, como lo conocíamos, era el hermano que le seguía en edad a Pedro. Lo recuerdo “bonachón”, afable y quería ser boxeador. Trabajaba, al momento de su detención en una fábrica de caucho, donde desarrollaba su militancia gremial. Fué salvajemente torturado y su cadáver apareció, según La Voz del Interior, “acribillado en un enfrentamiento” el 1º de Abril de 1976. Fue velado en Alta Gracia, donde la familia pudo constatar las torturas a las que había sido sometido. Luis fue sepultado en Villa Ascasubi. Y no puedo dejar de recordar a Pepe, hermano de Pedro y Luis, quien fue una víctima más que se cobró la represión. Pepe murió de tristeza. No pudo soportar la desaparición y muerte de sus dos hermanos. Pedro, Luis y miles y miles de compañeros ya no están. No están porque se los llevaron violentamente, secuestrándolos, torturándolos, fusilándolos o haciéndolos desaparecer. Y hoy los genocidas, autores de tantas aberraciones, están siendo juzgados y seguramente serán condenados, pero no habrá condena ni castigo capaz de remediar tanta barbarie, nada podrá mitigar tanto dolor, aunque “algo es algo” como diría Benedetti, ante el suicidio de un torturador. 177


Es este un tiempo de memoria, verdad, justicia . Y también es tiempo de construcción, ese debe ser nuestro compromiso, creo, como la mejor manera, de honrar y homenajear a nuestros queridos desaparecidos. Pero para poder avanzar en esta democracia que supimos conseguir es necesario sentir que cada herida dejada en el corazón de cada uno de quienes somos familiares y/o amigos de quienes desaparecieron, sea sanada, que sea un grito de dolor, pero transformado . Pensando que esta construcción de futuro sea a partir de cada uno, como individuos generosos, tratando de salirnos de nosotros mismos para ir hacia el otro, y encontrarnos en las coincidencias y acercarnos en las diferencias, con el objetivo de reflexionar para crecer en el intercambio . Para que la construcción de la que hablamos sea genuina, real, concreta .y que el entramado social que podamos entretejer nos cubra a todos por igual. Y como dijera E.Galeano: “los cambios se tienen que hacer desde abajo y desde adentro, y poquito a poco”. Y a modo de conclusión, pediré prestadas a Gioconda Belli, sus palabras que en “El país bajo mi piel” dice : “…El futuro es una construcción que se realiza en el presente y por eso concibo la responsabilidad con el presente como la única responsabilidad con el futuro”. Lo importante, me doy cuenta ahora, no es que uno vea todos sus sueños cumplidos, sino seguir empecinados soñándolos. Tendremos nietos y ellos hijos a su vez. “El mundo continuará y su rumbo no nos será ajeno… Mis muertos, mis muertes no fueron en vano. Esta es una carrera de relevos en un camino abierto...” y yo agregaría: y en el que nosotros, que pudimos sobrevivir, debemos tomar la posta. Marta Finger

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Luis Alberto Marconeto Tenía 24 años. Nació el 28 de Junio de 1952. Estudiante de Abogacía. Militante en la Organización Comunista Poder Obrero. Secuestrado el 15 de Agosto de 1976.


San Antonio, octubre de 2012

¡Hola Lu! Parece raro escribirte después de 36 años. Pensar que entonces estábamos juntos y más de una vez me sorprendiste con cartas, por nada especial, porque sí, por amor. Hoy no soy la que responde, como antes. Hoy escribo yo para contarte algo de lo mucho que oprimió mi corazón desde aquel 15 de agosto de 1976, cuando saliste tempranito de casa, con Anita. ¡Todavía hoy recuerdo el frío que hacía! Te pedí que te pusieras el sobretodo y así, bien abrigado y con bufanda me besaste apenas y se fueron. Te esperé mucho tiempo. Quería que volvieras cuanto antes para contarte que el hijo que esperábamos iba a ser varón, como vos deseabas. Cuando nació, pensando en nuestros sueños, nuestros ideales y convicciones, lo llamé Luis Ernesto, como su padre y como el Che. ¡Sentí que al reencontrarnos te sentirías orgulloso por ello! Pero el tiempo pasó, el país se oscureció día a día y tu regreso no fue. Mi espera se hizo dolor y, más tarde, tristeza con un atisbo de esperanza que duró tres años, hasta que un pediatra me preguntó cuándo le diría la verdad a Luisito, que tanto preguntaba por su papá. Una carta no alcanza para repasar media vida, así que sobre los tiempos que siguieron sólo te cuento que con tu mamá hicimos muchas cartas, búsquedas, averiguaciones, hábeas corpus, viajes, reuniones, pero nada, las respuestas fueron siempre las mismas: “No se encuentra detenido”; “Paradero desconocido”; “Por aquí no pasó”. 183


Con la llegada de la democracia, apareció otra sensación ciertamente extraña: la de ausencia-presencia, no estabas vos ni tantos amigos y compañeros de la facultad, pero ¿sabés algo? ¡¡¡Estaban!!! Madres, Abuelas, Familiares y tantos otros los traían permanentemente, en cada encuentro, en cada ronda, en todas las denuncias. Estabas vos y tantos que pensaban como vos, como yo, como otros que cerca o lejos luchábamos por lo mismo: una sociedad más justa, más igualitaria, un sistema político más distributivo, más solidario tanto en responsabilidades como en beneficios. Escribo y parece que estamos conversando de todo lo que tanto nos apasionaba, antes y ahora, aunque… claro, una carta no puede extenderse tanto. Con la democracia, vino el juicio, y avizoramos un comienzo de justicia que fue efímero. Llegaron los aprietes, las amenazas, los levantamientos, el accionar de la mano de obra desocupada y las temidas leyes de la impunidad, coronadas con los indultos y la privatización de la república en una década nefasta, que culminó con un diciembre negro en un país al borde del abismo, muy alejado de la Argentina con la que tanto habíamos soñado y por la que entregamos nuestros mejores años y vos, tu vida. Hoy vivimos otra realidad, con esperanza, con nuevos sueños. Nuestro hijo heredó tus genes solidarios y hoy trabaja con personas en situación de calle. Tenemos tres nietos que serían tus “compinches”, sobre todo Victoria, que está en el Centro de Estudiantes del “Manuel Belgrano”. Mucho de nuestra utopía está en camino: Latinoamérica es otra, hay organismos que aglutinan pueblos, no patrones o bancos; hay trabajo cooperativo, reindustrialización, fábricas recuperadas; nuestros pueblos originarios y nuestros compañeros campesinos se han visibilizado 184


a través de sus reclamos y defensa de las tierras, el país avanza con autonomía y decisión, no somos más patio trasero de nadie. El horizonte es otro, más cercano a nuestros ideales políticos. La verdad es que falta y no es fácil, pero sé que lo que vivimos te gustaría y también sé que, como siempre, irías por más, desde tus convicciones y principios, para que otros, sobre todo los niños, sean felices y tengan, no futuro, sino presente pleno y promisorio. Se termina la hoja, ¿cómo termino yo esta carta? Contándote que el juicio por tu asesinato está muy próximo y que esa instancia trae alivio. Te quiero como te quise… y más. Un beso inmenso, Cilly

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María del Carmen Sosa De Piotti Tenía 32 años. Nació el 20 de Abril de 1943. Docente. Estudiante de Psicología. Militante de Montoneros. Secuestrada el 9 de Enero de 1976.


“Mary” fue la primera esposa de Jorge Luis Piotti. Estudiante de Psicología, maestra alfabetizadora, nieta de españoles. Su padre era albañil y su madre ama de casa. Tenía la piel trigueña, ojos negros, pelo ondulado y oscuro; era delgada y de mediana estatura. Fue una persona dulce y amable; honesta y transparente en su conducta y sencilla en el vestir. De gran sensibilidad social, manifestó desde siempre un gran amor por los pobres e indefensos al igual que por los niños, a quienes se dedicaba como educadora por vocación. Adoptó un hijo al que llamó Martín y que luego de su asesinato crió su hermana Norma: éste, hoy, es poeta y editor. María del Carmen enfrentó la dictadura militar de Onganía, participando en el “Cordobazo” y “Viborazo”. Participó en la lucha por el retorno de Perón desde la Juventud Peronista (JP). Ingresó a Montoneros. Fue secuestrada-desaparecida el 9 de marzo de 1976, a la edad de 33 años, por la Triple A del lugar, que se escondía bajo el nombre de Comando Libertadores de América, dirigida por el general Luciano Benjamín Menéndez y el capitán Héctor Pedro Vergez (a) Vargas – uno de los jefes del Destacamento de Inteligencia 141 del Tercer Cuerpo de Ejército-, cuando imperaba el Estado de Sitio en todo el país y la provincia estaba intervenida por el brigadier Raúl Lacabanne, alineado políticamente detrás de López Rega. Fue llevada al campo de concentración “La Ribera” sitio en el que fue cruelmente torturada, violada y luego asesinada. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común del cementerio de San Vicente de Córdoba. Le rindo mi homenaje como a mi cuñada, amiga y la militante de la RESISTENCIA contra el Régimen Totalitario del Terrorismo de Estado. Lic. Cecilio Manuel Salguero Marzo de 2013 189


Entre el cielo y la tierra -Mural Diego- Arte Digital- Mechi Ferreyra


Osvaldo Ramón Suárez Tenía 28 años. Nació el 29 de Agosto de 1947. Viajante. Estudiante de Medicina. Militante de Montoneros. Secuestrado el 8 de Enero de 1976.


Recordando a mi hermano Osvaldo ¿Cómo hacer memoria desde tan lejos y cómo retratar en un breve relato algo esencial de tu vida, hermano? Simplemente, así, con esta palabra, “hermano”, solías comenzar o terminar generalmente tus frases cuando te referías a otro, fuese esta persona un amigo o solamente un interlocutor circunstancial con quién estabas estableciendo contacto. La tarea más compleja consiste a esta altura en intentar retratar tu situación actual, tu presencia-ausencia de hoy y de estos últimos 35 años. Valí, te llamábamos afectuosamente en familia y algunos años después, “Gato”, como te nombraban los amigos. No sé en realidad por qué empezaron a asociarte a este animal que es a la vez felino y doméstico, ni a darte este apodo. Las razones se fueron perdiendo en el tiempo, o se fueron sumando las razones, pero este mítico apodo te acompañó durante la juventud y nos asignó a nosotras, tus dos hermanas, el derivativo de “Gatas”, y a nuestro hermano menor, el de “Gatito”. Tal vez fue por ese brillo agudo de tus ojos verdes y por esa rapidez en tus gestos, por esa vivacidad en los reflejos que solía caracterizarte. Hubo que rendirse a la evidencia, y durante muchos años fuimos una familia de “Gatos”. Eligiendo entre mis recuerdos, algo que marcó mi relación contigo como hermano mayor que eras, fue tu enorme capacidad de lectura que siempre admiré y tu pasión por conocer y re-conocer la historia, las ciencias y las relaciones humanas. Fuiste mi primer profesor en la materia de “historias contemporáneas”. Lo digo así, en plural, porque me contabas y explicabas los procesos de historias más o menos recientes. 195


Eras un buscador de trazas de los pueblos vencidos y olvidados, en particular de las poblaciones autóctonas de nuestro país, y a vos te debo mi curiosidad por esos períodos históricos desconocidos o mal conocidos. Me facilitaste el descubrimiento de otras lecturas de esas historias sacándolas del relato oficial. Hiciste lo mismo con la historia del siglo XX, nos explicabas a los que te escuchábamos, con aplicación y muchos detalles, el resumen de tus lecturas. Fuiste el primero que me habló de exterminación de pueblos y de genocidios, de la Shoa como de los armenios. Curioso destino el tuyo, hermano. Terminaste siendo el protagonista de esta tremenda vivencia que es la desaparición forzada, experimentando en tu propia vida, en tu cuerpo y en toda tu existencia lo que habías reconocido antes en tantos otros, que como vos, sufrieron estos actos indignos del género humano y de los ideales. A pesar de todo, de tu sufrimiento y de tu ausencia, te estoy agradecida por haberme abierto el camino de la reflexión y la sensibilidad hacia estas causas e ideales. A lo largo de todos estos años, esta manera de seguir buscando lecturas de las historias, me ha acompañado permanentemente como un recuerdo siempre presente de tu persona. Creo que he sido una alumna aplicada y he continuado vinculada a estos temas, de cerca como de lejos, aprendiendo a recibir y a acompañar tantos otros testimonios de familias, de sujetos de todas las edades, de diferentes horizontes y latitudes que llevan también con ellos estas marcas del dolor extremo y que sufren los efectos de estos actos gravísimos sobre la persona y su entorno.

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En ese camino no he estado sola. Además de tu fuerte y constante recuerdo, he ido sumando la presencia de otras personas amigas con las que construimos juntas un espacio colectivo para solidarizarnos en estos dramas que nos ha tocado vivir y para ir construyendo otras perspectivas que permitan prevenir hoy y en el futuro la repetición de estos actos inadmisibles. Desde nuestro espacio, y desde otro continente, dentro de nuestro cercano territorio del “Jardín de los desaparecidos” aprendemos todos los días a cultivar tu memoria, y la memoria de todos aquellos que como vos, siguen estando de una cierta manera con vida entre nosotros. Porque a nosotros que somos tu familia, y que estamos en este día lejos, nos habrán hecho desaparecer tu cuerpo, tu voz, tu mirada, tus gestos, tu palabra, pero no han logrado borrar en nosotros las marcas de tu recuerdo ni la fuerza de tu ternura. Y los más jóvenes de nuestra familia, que viven lejos y que poco tiempo te conocieron porque eran muy pequeños por aquellos tiempos, aún ellos llevan las marcas de tu memoria, cultivan tu recuerdo y sigues teniendo un lugar en esta familia, un lugar hecho de momentos muy particulares, a veces íntimos y otras veces colectivos, de preguntas y de reflexiones como también de momentos de silencios. Porque en el silencio también nos reconectamos con tus trazas, o en algunas de las conversaciones que compartimos con las nuevas generaciones, con tus sobrinos y tus sobrinos nietos, que formulan preguntas y reclaman explicaciones. Te gustará saber que el niño de un año y medio con el que jugabas en tu auto simulando conducir muy poco antes de tu desaparición, es ahora todo un hombre que ama la 197


lectura como vos, que cultiva tu mismo gusto por la historia y que ha desarrollado su vida profesional en las ciencias aplicadas a la medicina, la carrera que elegiste y que recomenzabas en aquellos años que te hicieron desaparecer. ¡De qué manera extraña e invisible se cultivan estas transmisiones, y con qué fuerza que ignoramos se continúan estas motivaciones! Me acuerdo de tus años de estudios y de deporte, cuando practicabas el rugby, lo que te valió una operación de meniscos y unos varios meses de desplazarte con muletas. De tus estudios de medicina que no lograste terminar a pesar de tu voluntad de retomarlos durante los dos años que precedieron a tu secuestro. De esa medicina que comprendías como acción y del campamento de trabajo del que formaste parte en las sierras de Córdoba, participando con otros en una construcción local y llevando algunos cuidados sanitarios a la población de esa región. Todas estas, tus motivaciones, te acompañaron hasta ese momento fatal de tu desaparición, así como la amistad solidaria con que acogiste a tus amigos en tu casa y con los que sufriste y compartiste la misma suerte, hasta ese destino final que tanto se esfuerzan en ocultarnos hasta el día de la fecha. Como único consuelo, en ese recuerdo final, no te imagino solo, hermano, sino rodeado de todos aquellos que te recordamos tanto en este día. Marta, tu única hermana sobreviviente

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Herminia Falik de Vergara Tenía 21 años. Nació el 4 de julio de 1955. Militante del PRT. Secuestrada el 24 de Diciembre de 1976.


Herminia Falik 4 de julio 1955 – 24 diciembre 1976 ANTES Historias que Sara (su mamá, mi mamábuela) me contó cuando era chica: “La Herminia trabajaba en una fábrica de zapatos. Yo les daba de comer la papilla a ustedes dos y cuando ella venía del trabajo, las tiraba a las dos en la cama y les hacía cosquillas y les daba muchos besos. Las tiraba para arriba, y yo le decía “no, que las vas a hacer vomitar porque recién comen”, pero ella no me hacía caso y seguía.” Mamá carismamá… “Herminia cargaba a la Naty (1 año) en la mochila y a vos (Silvia recién nacida) a upa adelante y así salía.” Mamá joven mamá… La Ruptura – Lo que pasó Ahí se rompió todo. Como un cristal en mil pedazos. El 24 de diciembre de 1976 Herminia desapareció. Rodolfo, con Naty de 2 años y Silvia de 1, corrió a la casa de los abuelos. A Naty, la dejó con su mamá, la abuela Beta, a Silvia, en casa de los papás y la hermana de Herminia. Ahí quedaron. Él corrió. Ahí quedamos, separadas, sin hambre, con sueño, sin upa. 203


Y así fueron pasando los años, y Naty y Silvia, cada una con una familia. Se rompió todo. Pero eso no fue lo peor… ese 24, no dijiste nada fuerte fuerte joven mujer fuerte “a mis hijas no las entrego” mujer fuerte mujer madre fuerte y amadora muy amadora. Tu enseñanza imparable, incallable, tu enseñanza, mamá, es bella. Mamá pequeña, tu cuerpito de pocos años expuesto a la maldad, la maldad más indescriptible. Abriste tus ojitos, miraste a Tita, le dijiste gracias y ahí te fuiste. Después de tanto, lo último que tenías para dar era un “gracias” Hermosa Herminia. Tu enseñanza está ¡QUE EL MUNDO SEPA QUE HAY BELLEZAS FUERTES Y AMADORAS! Que siempre estarán En la boca de los niños que cantan En la piel de los niños que bailan Incallables Imparables Lo que fue será Será belleza AHORA “Es historia y es presente” — ¿Qué te pasa? —Y… ‘toy con lo del juicio. 204


— ¿Y cómo la llevás? — A veces, bien, a veces, caos total. Tengo un cagazo… no sé cómo será, cómo contendré tantas cosas, cómo miraré a la cara a los sin caras. — ¿Qué te pasa mami por qué llorás? — Porque estoy triste. Extraño a tu abuela, la Herminia, extraño a mis papis. Y juntos vemos la foto de la pancarta: Rodolfo, Herminia, la panzota y sobre la panzota, un gatito. Formar parte de “lo que existió” …que sucedió, que lo sepan todos: …que nacieron, que marcaron su tiempo, que parieron y amamantaron, que auparon, que dejaron huella, y que les arrancaron horriblemente la vida Ahora se confirma, ante todos, que así fue. Esto en algún momento puede ser tan fuerte o más que el dolor en nuestro corazón. PRESENTES PRESENTES PRESENTES HASTA LA VICTORIA PRESENTES AHORA Y SIEMPRE Silvia

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Hugo Alberto Junco Tenía 39 años. Nació el 15 de Octubre de 1936. Fue presidente de la Junta Gremial Interna del Frigorífico. Mediterraneo. Militante de la J.T.P. Secuestrado el 4 de Agosto de 1976.


Algún día de octubre de 2012 Hugo, querido: Parece increíble que llegue este momento. Todos pensábamos que nunca llegaría el día que se haga un juicio por todos los desaparecidos. Fue tanto tiempo de buscarte en soledad: viajes, papeles, preguntas sin respuestas, puertas invariablemente cerradas, que parece mentira que esto llegue. Si miro para atrás y retrocedo estos treinta y seis años, los recuerdos están ahí, intactos. ¿Te acordás cómo me enojaba porque estabas todo el día en el Frigorífico? Te decía que los chicos no te veían en todo el día: te ibas y estaban dormidos y volvías tan tarde por la noche, que ya también estaban durmiendo. Cuando llegaron los días de mayor pelea, y empezaron con las tomas, a mí me daba mucho miedo, y es por eso que me enojaba con vos. Una de esas veces, tu mamá dijo que había que llevarles comida, y yo dije que ni pensaba, pero al rato preparé algo y me fui. ¿Te acordás? Aproveché para retarte. Me acuerdo tan bien de tu entusiasmo y alegría cuando las cosas les salían bien. Y también la tristeza de las derrotas o los traspiés. Era bastante difícil seguirte el ritmo, convengamos. Un día, te habían despedido, al poco tiempo, te reincorporaban. Los muchachos ganaron la pelea y al mes o a los dos meses, te eligieron delegado general para el sindicato, y allí sí que no estabas nunca: reuniones, petitorios, asambleas, ir al sindicato, entrevistas en la casa de gobierno… y la alegría por las cosas que mejoraban para los compañeros. “El viejo Medievilla quiere hacernos una trastada. Aquí hay demasiados 209


reclamos y parece que el Frigorífico se va para Villa Mercedes”, me dijiste. “A defender con uñas y dientes la fuente de trabajo, no podemos dejar que tantos compañeros queden en la calle”, decías casi hablando solo. Ahí me parece que fue cuando se entrevistaron con Atilio López. Me acuerdo que me contaste por esos días que se había bajado del avión en el que se iba a Buenos Aires y se había vuelto para mediar en la toma. Ahora te digo que yo siempre tenía un poco de miedo. No sé, era como un presentimiento que trataba de borrar. Después, cuando pasaron los meses y los del sindicato les hicieron una por color, en cierta manera, me sentí aliviada cuando te despidieron nuevamente. Pero vos seguías con la militancia y las reuniones. Yo te acompañaba todo lo que podía. ¿Te acordás? Si hasta hubo marchas y manifestaciones en Río Ceballos… Parece mentira. Te cuento que nunca más nada parecido hasta ahora. Y no sabés lo que fue por tantos años, nos miraban de reojo, con desconfianza; hasta algunos se cruzaban de vereda para no saludarnos. Y después pasaron los años y nadie hablaba nada. Realmente parecía que ustedes no habían existido nunca. Recién en el 2006, Susana Gamba, (¿te acordás de ella?) nos propuso hacer un homenaje, algo que los recordara a todos. Allí surgió la idea de hacer un Parque de La Memoria, y fue diciendo y haciendo. Yo propuse que lo hiciéramos en el terreno de atrás de casa, porque ya habíamos querido muchos años antes y en la Municipalidad no nos habían llevado el apunte. Pero entonces, sí lo pudimos concretar. Convocamos y vinieron muchos, trabajamos un montón y el 25 de marzo del 2006 inauguramos con bombos y platillos. Fue lindo y muy triste a la vez. Pero lo mejor fue que nos seguimos encontrando todos los meses en el parque con un montón de familiares; Patricia y sus hijas nos acompañan todo lo que pueden. Hoy somos un grupo en el que nos queremos, nos acompañamos y hacemos muchas cosas por la memoria de ustedes y de todos. 210


¿Te acordás que me decías “qué les iban a hacer a esos chicos que eran buena gente y lo único que hacían era repartir algunos volantes”? Bueno, se los llevaron y no aparecieron nunca más. Pero qué te digo si vos tampoco creías que te iba a pasar nada, si me decías que si te llevaban, en dos o tres días te largaban, porque vos no sabías nada y no estabas haciendo nada, sólo defendiendo a los muchachos. Pero bueno, tanto tiempo de ponerle fuerzas y darle para adelante, parece que ahora por fin se va a hacer justicia. Y eso es porque ahora se habla de otra manera, todos están de acuerdo con nosotros, se difunde en las escuelas, se va hacer una Comisión de la Memoria en Unquillo, en la vieja comisaría. Me gustaría que sepas que yo te valoro mucho y me siento muy orgullosa de haber sido tu compañera. Y le puse el pecho a todo, tratando de hacerlo lo mejor posible. Teresa Benavidez De Junco

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Daniel Hugo Carignanno Tenía 27 años. Nació el 17 de Marzo de 1949. Delegado gremial - Militante del PRT. Secuestrado el 28 de Marzo de 1976.


Tiempos Daniel fue mi compañero durante seis años. Esos años fueron tan intensos que alcanzan para toda una vida. Nos conocimos en la militancia a través de mi querido amigo Ángel Baudracco, (hoy desaparecido) y muy prontamente sentimos la necesidad de caminar juntos los caminos del compromiso. Ese fue el sentido de nuestra vida en esos tiempos. Ambos éramos estudiantes universitarios con activa participación política. Al avanzar en nuestro involucramiento, nos sumamos a una organización revolucionaria, lo que trajo cambios importantes en nuestras vidas. Daniel comenzó a trabajar en el Frigorífico Mediterráneo. A partir de allí su crecimiento político y sus responsabilidades también aumentaron. Esos años fueron tiempos de felicidad, de plenitud y de entusiasmo revolucionario. Mientras tanto, casamiento de por medio, nació nuestro primer hijo Sebastián, y la vida era eso: la política, el trabajo, la crianza de los hijos. El Frigorífico era la militancia compartida con los obreros, y había mucho por hacer en tiempos de luchas y de reclamos de derechos. Fue parte activa de un rico proceso de organización y de concientización junto a sus compañeros obreros. Allí estaba, participando y compartiendo. La lucha tuvo sus avatares, al ritmo del contexto político provincial. La Comisión Interna fue despedida y Daniel cambió de trabajo, pero siguió con su militancia política con los obreros, ahora desde afuera. En esos días de octubre, se anunció nuestra segunda hija y la alegría se renovó.

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De pronto, como un mazazo, una noche de diciembre del año ‘75, el secuestro de mi querido hermano Hernán. La situación se puso muy difícil. Hubo que extremar las medidas de seguridad. Se acabó la alegría y la luz. Así llegó el marzo fatídico, y el miedo, la incertidumbre, la desorientación, y ese terrible 28, y la patota en nuestra casa, y los gritos, y el dolor indescriptible, y el páramo, y la nada… Año 2012. Transcurre la Semana de la Memoria, la vorágine de tareas y eventos nos tiene muy ocupados a quienes compartimos la decisión de sostener la presencia de los que hoy no están, desde el Parque de la Memoria de las Sierras Chicas. Tenemos actividades diversas en las tres localidades: Río Ceballos, Salsipuedes y Unquillo. Talleres en las escuelas secundarias, la muestra de objetos de memoria de nuestros desaparecidos, que preparamos con respeto y unción casi sagrada; la charla sobre los juicios en la Capilla Vieja de Río Ceballos. Estamos ocupados en terminar el Memorial en homenaje a los militantes sindicales a la entrada del Frigorífico, en Pajas Blancas. Lo hacemos junto con la Municipalidad de Unquillo. Allí estamos, en ese lugar a la entrada, con sus nombres en nuestras manos, con sabor a ritual sagrado; todos estamos serios y silenciosos. Los empleados municipales construyen la base de mampostería mientras nosotros armamos el texto con letras de molde. En eso llega una camioneta municipal con más gente que viene a ayudar; tiene que estar listo para dentro de dos días que es la inauguración. Se acerca un trabajador, José Lezcano, me dijo después. Tímidamente comienza a hablar y en voz baja, como si aún nos cubriera el miedo como manto de plomo, me pregunta: “¿Esto que están haciendo es por 216


la Charito?” “Sí, por supuesto”, le contesto, “por ella y por los otros compañeros trabajadores que fueron secuestrados y aún hoy continúan desaparecidos”. Allí José se transforma; es una transformación mínima, casi imperceptible. Comienza a hablar, en voz baja como evitando un riesgo, de sus épocas de trabajador del frigorífico. Me cuenta que “a poco de haber entrado a trabajar, comenzaron los reclamos a la patronal y fue la elección de algunos delegados dentro del sindicato, había que afiliarse”. Sus recuerdos fluyen desde un lugar en donde están los tesoros del alma. Habla de la Charito, lo brava y valiente que era, “no se le achicaba a nadie cuando se trataba de defender un compañero”. “Fueron años de lucha, de conversaciones y de pelea”. “Después elegimos la Comisión Interna completa. Allí conseguimos muchas cosas y los patrones andaban con miedo, porque cada vez pedíamos más. La Charito me enseñó mucho, y los otros compañeros también. Yo era muy joven, tenía veintidós o veintitrés años y era mi primer trabajo.” “¿Se acuerda de alguien más de esa época?”, le pregunto, “Sí”, responde con voz ronca, casi quebrada por la emoción “me acuerdo de un gringuito que trabajaba en la administración; era bravo y hablaba lindo. A veces en las asambleas también hablaba Junco, que era el delegado general; a él todos le teníamos mucha confianza y lo seguíamos con los ojos cerrados”. Mira los nombres, se queda en silencio, más que pensativo. Es para él, un instante fuera del tiempo. Sus ojos detrás de los lentes, albergan mucho más que toda la nostalgia, y dice en voz baja, casi imperceptible “fueron tiempos lindos esos, pero tristes también. Los del sindicato metieron la cola, como el diablo, y la Comisión Interna fue disuelta; yo no me acuerdo mucho qué pasó después, pero los compañeros empezaron a no estar. Decían que los habían echado, que habían 217


renunciado, que estaban presos, que andaban en cosas raras… hasta que un día llegaron los milicos”. “Todo el ejército aquí adentro. No se imagina lo que fue. Era raro, nadie hablaba con nadie, nos pedían documentos para entrar… Y lo más raro era que a los más peleadores y decididos cada día los veíamos menos; algunos ya se habían ido antes porque les pisaban los talones”. Vuelve a los nombres, se queda mirando, como escudriñando en las profundidades de su memoria y de sus sentimientos y pausadamente dice “Yo de todos no me acuerdo, seguro que los conocía, pero es tanto tiempo sin hablar con nadie… de los que no estaban no se podía hablar. Las cosas cambiaron mucho, los de las cámaras volvieron a las ocho horas de trabajo, el comedor se cerró, los de despostes se tenían que pagar las cuchillas, las horas extra se volvieron a pagar simples, aun las de los domingos. En fin doña, le diré que volvió la noche por un tiempo. Pero en el ‘85 volvimos a la lucha, de otra forma, más tranquila, pero volvimos”. La “Charito” que nombra José, es la compañera Rosario Aredes, secuestrada el 26 de marzo del ‘76. “Junco” es Hugo Alberto Junco, secuestrado en agosto del ’76, quien fuera presidente de la junta gremial interna. “El gringuito” era Daniel Carignano, mi compañero. María Del Carmen Torres

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Ricardo Armando Ruffa Tenía 23 años. Nació el 1 de Mayo de 1952. Estudiante de Ciencias Económicas. Militante del PRT- ERP Secuestrado el 2 de Abril de 1976.


Tenía facha,

muy buscado por las chicas, algo que él aprovechaba porque era bastante mujeriego, usaba ropa de marca, era “cheto” el chango. Jugaba al básquet en el Club Universitario, tenía mucho carácter y cuando no estaba de acuerdo con algo que cobraba el réferi, ahí estaba protestando, discutiendo lo cobrado. Un día ocurrió algo gracioso porque también jugaba mi otro hermano, Arturo Miguel, que es callado, no rezonga, sonriente y hasta tímido, si se quiere, bueno. En esta oportunidad protestó Arturo, pero como el protestón era siempre el Sapo, lo suspendieron por varias fechas de juego. Era muy cariñoso y celoso de nuestra madre y guardabosque conmigo. La verdad que mi familia era maravillosa, llena de amor y de diálogo. Algún amigo dijo en una ocasión, cuando los Ruffa tienen algún problema, ahí están todos, más unidos que nunca, haciendo una cadena de eslabones irrompibles hasta resolverlo. Y bueno, al ingresar a la facultad de Ciencias Económicas toda su vida dio un vuelco: comenzó a leer mucho, las pilchas quedaron atrás y empezó su militancia por un país mejor, más justo, dedicándose por completo a su ideal por el que dio su vida. Recuerdo que el primero de abril del ‘76, cuando llegó a casa, yo estaba feliz. Ese día me había enterado de que iba a ser mamá y cuando le conté, nos abrazamos muy fuerte, pero yo lo noté raro, le pregunté qué pasaba y me conto que a Mario, un militante que concurría bastante a casa, no lo ubicaban desde el 24 de marzo; era como si se lo hubiera tragado la tierra, me dijo. Entonces le pedí que se fuera, que se escondiera, y me dijo que no, por temor a que al venir a buscarlo a él y no encontrarlo, se ensañaran con nosotros. Esa madrugada, el 2 de abril del 76, efectivamente vinieron por él. Ni bien amaneció, salimos toda la familia en su búsqueda, recorrimos cárceles, hasta fuimos a ver 223


a uno de los cómplices (quizás el peor) de los genocidas: Monseñor Primatesta, hicimos Habeas Corpus, etc; todo era negativo. Mi madre recorrió todas las cárceles del país y mi padre comenzó su incansable búsqueda. Así se fueron uniendo los familiares que estaban en la misma situación. La lucha de mi padre les molestó tanto a los genocidas que lo secuestraron el 20 de Octubre del 76, junto a cuatro padres más. Estuvieron en el Campo La Ribera, de más está contar las torturas por las que pasaron, a mi viejo le preguntaban mucho donde estaba “la piba”, que era ni más ni menos que nuestra querida Otilia, gran luchadora y tan incansable como él, pues siguieron su lucha hasta el final de sus días. Como todos los que vivimos esto, sabemos lo que pasó con el Doctor Alfonsín, el juicio a la junta y leyes de impunidad, pero había que seguir. En la actualidad, después de treinta y siete años de lucha, estamos con los juicios a los asesinos. No sé cómo expresar lo que me ocurre, me alegra por supuesto, pero creo que se demoró mucho, ya que muchos de ellos ya están muertos. Un deseo muy profundo es que se castigue también a los integrantes de la Iglesia, que fueron sus más fervientes cómplices, menos unos cuantos sacerdotes que nos ayudaron desde el comienzo. Necesito agradecerle a los sobrevivientes por su comportamiento, porque no debe ser fácil revivir ese horror. Bueno, como dije antes son treinta y siete años y tendría muchísimas cosas más para contar, pero no quiero extenderme demasiado. Solo me queda expresar: ¡Gracias Néstor! ¡Gracias Cristina! SAPO RUFFA PRESENTE, por hoy y por siempre 30.000 Desaparecidos PRESENTES, por hoy y por siempre. Negra Ruffa

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Collage Perla-Ribera


La Justicia en su Lugar “Retornarán los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas, renacerá mi pueblo de sus ruinas y pagarán sus culpas los traidores.” (Silvio Rodríguez) 24 de abril de 2013. Un grupo de jóvenes de no más de 17 años se reúne en la vereda de Tribunales Federales, en la esquina de Concepción Arenal y Wenceslao Paunero, barrio Rogelio Martínez. Vestidos de negro, aparecen de a uno con diversos objetos: unas zapatillas de baile, un libro, una mochila. Ponen su cuerpo y su palabra en acción para transmitir un mensaje artístico. Y no es casual que lo hagan en este lugar, porque adentro del imponente edificio, están siendo juzgados 39 genocidas. La intervención teatral es su forma de ponerle el cuerpo a las memorias sobre el terrorismo de Estado. Cuando terminan, suenan aplausos. Después todos los chicos, los que actuaron y los que no, los del IPEM 360 y los del San José, comparten historias de vida y de lucha de los desaparecidos de la causa, hacen circular fotos y fabrican flores rojas de papel. Esas flores que hacen enojar tanto a Barreiro y al resto de los imputados. Cada una de esas flores tiene el nombre de una persona desaparecida y el compromiso es plantarlas en lugares públicos: la plaza del barrio, el patio de la escuela… para que florezcan las memorias. Después cada uno dice una palabra sobre el significado de las flores y la transformamos en un poema colectivo. La jornada termina con una lectura coral del poema. – Fuerte, bien fuerte – dice alguien – Que se escuche adentro de la sala. Un empleado del tribunal se acerca y le contamos que somos de los 229


Sitios de Memoria, que queremos que los chicos se apropien del juicio, de este hecho histórico del que todos somos parte y que excede a la sala de audiencias. Y que vamos a volver con otras escuelas, el último miércoles de cada mes. – Para la próxima avisen y les prestamos sillas. Y volvimos. Todos los meses. Con flores, con caligramas, con pañuelos pintados, con bombas molotov cuyas mechas eran palabras, con el colegio Sagrado Corazón, el Maestro Diehl, el PIT 14/17 del IPEM 270, el Instituto Integral Modelo; volvimos con la organización estudiantil La Bisagra y con docentes del programa 108 de la UEPC. Y el tribunal no sólo nos prestó sillas sino que, un día que no hubo audiencia, nos ofrecieron entrar y conocer el edificio por dentro. Pronto empezó a circular una nota donde se le solicitaba al tribunal que permita entrar a los estudiantes secundarios a la sala de audiencias. Y pronto “La justicia en su lugar” se convirtió en un espacio de expresión, de reflexión y de lucha por la ampliación de derechos. – Si podemos votar, cómo no vamos a poder entrar al juicio– se escuchó. Junto con los compañeros del espacio de Educación y DDHH “¿Vivimos en el país del nunca más?” compartimos esta iniciativa y la nota fue firmada por estudiantes, por profes, por organizaciones… Y un día el tribunal dijo que sí y un grupo de estudiantes del Manuel Belgrano pudo entrar a la sala. Por todo esto, por el teatro, por las flores, por la memoria y la ampliación de derechos, es que el último encuentro de este año, más que a un taller los invitamos a una fiesta.

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LAS FLORES No compramos flores Tampoco las robamos Nos juntamos y las hacemos Por la sangre que derramaron Por la vida, la primavera, la revolución Flores para crecer Flores anarquistas, socialistas, comunistas Flores rojas como sus banderas Un regalo para los que faltan, porque los queremos En cada hogar una alegría Un amor Una pasión Hoy hacemos flores juntos Para recordar con alegría

“La Justicia en su Lugar”. Córdoba, 24 de abril de 2013.

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LAS FLORES Significan libertad Justicia Lo asocié al rojo sangre Por la sangre derramada Y por la pasión Por la bronca que siente la gente Yo veo las flores y veo alegría Y no es siempre la misma flor Porque son más bonitas Significan vida y reclamos por su vida Por agradecimiento El rojo significa lucha.

“La Justicia en su Lugar”. Córdoba, 24 de abril de 2013.

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