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REVISTA Para difundir el pensamiento filos贸fico y teol贸gico en la Iglesia Resoluci贸n Ministerio de Gobierno N潞. 3587 del 30 de Julio de 1990

Afiliado a la

Pontificia Universidad Javeriana


ISSN 1794-7138 Rector: MONS. RAFAEL MEDINA RAMOS Director: P. DANNY LEONEL SUESCA NIÑO Edición y Redacción: P. DANNY LEONEL SUESCA NIÑO YEISON CABALLERO Fotografías MAURICIO LIZARAZO LUIS ALBERTO ROJAS EUSTORGIO BOLAÑO Publicidad P. JOSÉ ALBERTO MEDINA JORGE ALFREDO MONTAÑEZ MONROY YEISON CABALLERO Caricaturas LUIS ALBERTO ESTUPIÑÁN Diagramación e Impresión: BÚHOS EDITORES LTDA. Diag. 57 Nº. 7-34 - Tel. 744 2264 - Tunja SEMINARIO CONCILIAR DE TUNJA Av. Central del Norte - Transversal 6ª. Nº. 63-00 PBX..........................................................7447111 RECTORÍA TELEFAX..................................7457085 SECRETARÍA TELEFAX..............................7457097 ..........................................................3107852412 www.seminarioconciliartunja.org E-mail: seminarioconciliartunja@hotmail.com


Contenido EDITORIAL: NUEVO PENTECOSTÉS EN LA IGLESIA MONS. RAFAEL MEDINA RAMOS, RECTOR ........................ 5 EL PRIMER ANUNCIO Y SUS PROTAGONISTAS MONS. LUIS AUGUSTO TRUJILLO ARANGO ARZOBISPO DE TUNJA ...................................................... 9 EL CONCILIO VATICANO II Y EL CÓDIGO DE 1983 MONS. LEOPOLDO LÓPEZ VEGA....................................... 31 NUESTRA COMUNIDAD ................................................... 34 LA PALABRA DE DIOS, EN LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA NELSON FELIPE CAMPOS, PBRO. .................................... 39 SERVIR A TU MESA, CANCIÓN DANNY LEONEL SUESCA, PBRO. ..................................... 43 LA REFORMA LITÚRGICA ELIÉCER WILLIAM BARÓN, PBRO. ................................... 46

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EL PADRINITO FRENTE AL CONCILIO VATICANO II JERÓNIMO GIL OTÁLORA ................................................. 50 LA DULZURA EN EL SENTIR Y EN EL CREER EN LA VERDAD LUIS QUINTERO PINTO, PBRO. ......................................... 55 DE QUE ESTÁ HECHO EL “YO” P. JOSÉ CARVAJAL SÁNCHEZ .......................................... 58 FILOSOFÍA EN CLAVE DE FE Rogerio Sanabria, Robinson Nope, Camilo Gómez . 60 FUTUROS PRESBÍTEROS ................................................ 64 El hombre y la mujer, en su hondura y complejidad de su ser, son un misterio que sólo se descifra en Jesucristo camino, verdad y vida. Beatriz Helena Ochoa Moreno ................................. 67 CAMINANDO CON EL MAESTRO EDWIN ALFONSO GÓMEZ CORREDOR ............................. 69 La experiencia de fe de un misionero de la esperanza, en la vida del seminario TITO ALFONSO YANQUÉN TENZA ..................................... 71 AL CORRER DE LOS DÍAS MANUEL ADEMIR CASTILLO Y CAMILO ANDRÉS GÓMEZ ................................................. 74

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Editorial “Nuevo pentecostés en la iglesia” Mons. Rafael Medina Ramos

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na de las tradiciones de nuestra cultura es la de reunirse para celebrar los acontecimientos más importantes de la vida, con mucha alegría y gozo: cumpleaños; aniversarios de títulos profesionales o de instituciones de valor cívico, económico, cultural o religioso; bodas matrimoniales de plata, de oro o de diamante de los mayores. Su intención común es la de afianzar el valor de la vida, los logros alcanzados, incluidos los bienes materiales. ¡Qué hermoso y grandioso cuando tales acontecimientos celebrativos sirven para consolidar el patrimonio de las verdades de la vida y de valores cristianos. Nuestra Madre Iglesia católica, desde el pasado once de octubre, según convocación del Santo Padre Benedicto XVI, celebra el Año de la Fe para conmemorar los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II, los veinte años de la publicación oficial de Catecismo de la Iglesia Católica. La Santa Sede, con el Santo Padre a la cabeza, espera celebrarlo en todos los estamentos internacionales, nacionales y locales, en todos los consejos y conferencias episcopales; igualmente, en las diócesis, comunidades religiosas parroquias y pequeñas comunidades locales. De manera especial, con el sínodo de los obispos

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sobre la Nueva Evangelización, congresos, encuentros, jornadas y celebraciones diocesanas, parroquiales y locales. Los cincuenta años del Vaticano II nos recuerda esa gran luz, ese momento de gracia experimentado en la Iglesia universal. Fueron cuatro años de búsqueda de la respuesta más adecuada para ese momento expectante de la Iglesia La Iglesia, desde entonces, y a pesar del oleaje existente en el inmenso mar en el cual navega, sigue adelante sin demora, siendo consciente de los cambios culturales, religiosos y económicos. Aún más, descubre sus continuos cambios internos, tanto que hoy día, esta Madre querida hoy no es la misma de hace cincuenta años. Los signos de los tiempos la interpelan siempre y le exigen cada vez una respuesta más rápida y efectiva. Hoy la Iglesia y el mundo, por fortuna, tenemos un nuevo paradigma eclesial y teológico. Esto nos urge a movernos, a cambiar, a situarnos de otra manera. La renovación eclesial y teológica, del 1962-65 trajo miedo al abandonar lo que se conocía y adentrarse en lo desconocido. En muchos quedó la perplejidad, el asombro, hasta el afán de volver al pasado, para unos; como para otros, la pasión por lo nuevo con el olvido del pasado legítimo. A pesar de todo, el cambio se dio; y aún hay muchos testigos directos, de primer nivel, de la manera como la Iglesia tenía su modo de ser y presentarse ante el mundo. En ese entonces, resultó que de una Iglesia preocupada por definirse a sí misma, se pasó a una Iglesia que tenía la capacidad de mirar y de relacionarse con el mundo; también, una iglesia que se interrogaba por los desafíos del mundo, tal como lo presenta la constitución conciliar, denominada Gaudium et Spes. La historia viene a ser como el lugar de la Revelación Divina, en hechos y palabras, intrínsecamente unidos entre sí, cambió el horizonte epistemológico de la teología y de la pastoral. La autoridad ya no es la única garante de la verdad. Una teología y pastoral que parten del ver la realidad aportan el cambio epistemológico. La Iglesia es un gran misterio (LG. 1), el Pueblo de Dios en su totalidad es el primer depositario de este misterio (LG, cap 2), y es imagen comunión. La vida religiosa, por su parte, busca transformarse al desear la vuelta a las fuentes. Se valora la conciencia rectamente formada para tomar sus propias decisiones y garantizar la dignidad de la persona humana (GS, 41).

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La liturgia es una de las que más plasma y expresa los cambios del Concilio Vaticano II. A pesar de las variadas dificultades en su renovación logró su transformación con maravillosos resultados. En resumen, fueron muchos los cambios positivos que nos retan a celebrar el paso del Espíritu por la vida de la Iglesia. Por esta razón, el Vaticano II es llamado “el Nuevo Pentecostés”, que trajo ilusiones y esperanzas, realizaciones y avances, junto con muchas dificultades y críticas. No faltaron quienes llegaron a afirmar, que este acontecimiento no era presencia del Espíritu, sino, mas bien la repetición de lo narrado por los Hechos de los Apóstoles: “Al oírlos hablar en sus propias lenguas: algunos se maravillaban pero otros burlándose decían: Están borrachos” (Hch. 2,8-13). En la vida de la Iglesia, todo cambio trae sus aceptaciones y también sus rechazos. Unos anhelan la tierra prometida, y otros, las cebollas de Egipto. Otro aspecto importante que se ha de tener en cuenta para celebrar el Año de la Fe, se puede asumir del proceder de la sociedad civil. En efecto, cuando esta quiere celebrar algo importante, durante buen tiempo hace mucho ruido para llamar la atención y crear expectativa. La Iglesia no es amante del ruido, de la popularidad, ni de los grandes festejos. De una manera muy sencilla inicia este año de la fe, con el fin de despertar la conciencia, y para que todos los fieles vuelvan a mirar ese gran valor que se está quedando en el cuarto de san Alejo. En relación con la virtud teologal de la fe, hace unos cuantos años que no se proclamaba un año para este propósito. El primero, que se recuerde fácilmente, fue en 1967, siendo proclamado por el papa Pablo VI, y ahora, el Pontífice actual, Benedicto XVI. El papa Benedicto XVI, con gran cariño y unción, nos invita a redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y orada. Necesitamos, la Humanidad y más, nosotros los fieles católicos, tener una brújula que nos oriente durante este siglo que comienza. Nos urge que intensifiquemos la reflexión sobre la fe y que nos unamos profundamente al Evangelio de nuestro Señor Jesús. Al celebrar los veinte años del Catecismo de la Iglesia Católica, recordamos que este es la guía privilegiada de la fe católica según los ideales del Señor. En él, encontramos los contenidos de nuestra fe y nuestros compromisos ineludibles ante la misma. El Catecismo es el camino seguro para encontrar tan profundas verdades, debido a que en él se resume y expresa la fe de toda la Iglesia, desde sus orígenes hasta nuestros días. En el Catecismo, encontramos: lo que debemos creer, celebrar, vivir y orar como cristianos católicos y hombres de buena voluntad. Nuestra conciencia espera y desea vivamente que el “Sínodo de los obispos sobre la Nueva Evangelización” nos aporte grandes luces sobre la manera apropiada de transmitir el Evangelio en estos tiempos de las grandes neotecnologías; siendo lo más importante el modo como hemos de anunciar la Buena Noticia a fin que sea eficaz y creíble por los destinatarios. El Seminario Conciliar de Tunja, cada año tiene como propósito la impresión de la publicación presente, intitulada Seminarium. Su objetivo es el de ofrecer un ensayo de profundización y reflexión teológica a los fieles y personas de buena voluntad, a la luz de los grandes acontecimientos que se están viviendo al interior de la Iglesia. Con el deseo de que se profundice en la fe, durante este año, en nombre de nuestro Seminario Conciliar, presento esta nueva edición, a todo el Pueblo de Dios, y toda persona inquieta por la verdad y la vida ideal, que peregrina en estas tierras del Interior Colombiano. Dios Todopoderoso, eternamente amante de todas sus criaturas quiere que aproveche su mensaje salvífico en orden a su eterna felicidad. Seminario Conciliar de Tunja

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El primer anuncio y sus protagonistas Mons. Luis Augusto Castro Q. Arzobispo de Tunja

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e decían en Roma unos estudiantes latinoamericanos de teología, que habían protestado contra un profesor. Éste había afirmado que los problemas de Europa hoy, los tendremos nosotros dentro de cincuenta años en nuestro continente. La protesta indica una voluntad de no dejarse llevar por una casi fatalista decadencia religiosa. Sin embargo, hay que decir que nosotros tuvimos el problema ya hace unos años. Fue cuando pensamos que todo el continente había sido evangelizado y no había ya necesidad del primer anuncio del evangelio sino partir directamente de la catequesis. Error fatal. Dejamos un hueco enorme en la pastoral y por ese hueco entraron en masa todas las sectas con un solo propósito: ofrecer el primer anuncio. Evidentemente Europa perdió en muchas regiones esos tres vientres que ayudaban al crecimiento de la fe: El vientre de la familia católica, el vientre de la educación católica y el vientre del pueblo o ciudad católicos.1 Estos tres vientres favorecían la comunicación de la fe la cual se perdió. ¿Qué hacer ahora, se pregunta Europa? La respuesta es la misma que debíamos dar nosotros y no dimos suficientemente: Partir del primer anuncio. Volver al primer anuncio. Ya Tertuliano lo decía con sencillez: “El cristiano no nace, se hace” La crisis de Europa hoy, tema que será central en el Sínodo, nos ha llevado a todos a volver a pensar en algo fundamental y olvidado también en nuestro continente, algo que la Conferencia de Santo Domingo consideró con urgencia: el primer anuncio.

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Véase, Biemmi, Enzo, Il Secondo annuncio, Ed. EDB, Bologna 2011

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¿Se logran imaginar a un campesino que se dedique a irrigar la tierra todos los días para que brote una cosecha sin haber antes sembrado la semilla? El primer anuncio es la siembra de la semilla, la catequesis es el cuidar eso que se ha sembrado. ¿Pero acaso ya no está sembrada? No tenemos acaso enormes comunidades cristianas? No se puede dar por descontado que todos los llamados cristianos conozcan y amen a Jesucristo. No se puede dar por descontado que todos los que siguen el cristianismo siguen la persona de Jesús. No se puede dar por descontado que la sola catequesis siembre la semilla aunque es una ocasión muy bella para sembrarla. La catequesis alimenta la fe. El primer anuncio propone la fe. El primer anuncio es la puerta y el fundamento de la fe. No se puede dar por descontado que en todos los corazones se haya sembrado la semilla de Jesús. Puede suceder que allí no se haya sembrado la semilla sino otras cosas: costumbres, doctrinas, prácticas culturales y mandamientos. Antes, como por un baño sociológico se aprendía a la par a ser un buen ciudadano y un buen cristiano. El cristianismo entraba con la leche materna. Hoy no podemos pensar así. Caeríamos en una trampa muy grande. El camino del cristiano hoy, preparado en el hogar y en la parroquia, lo mejor posible, empieza con el primer anuncio, ese momento inicial de la evangelización que a veces nos parece poca cosa, de poco impacto, demasiado simple. El primer anuncio implica tres realidades o mejor, tres protagonistas: Uno que siembra, otro que acoge la semilla y un tercero que la hace crecer. 1. UNO QUE SIEMBRA ¿Qué tengo para sembrar? Buena pregunta porque nadie da de lo que no tiene. Lo único digno de ser sembrado se llama Dios, manifestado en Jesucristo y recibido como un amor que inunda tu vida. Pero además, en Jesús, descubro el tamaño de ese amor como lo descubrió Pablo que, siempre emocionado exclamaba refiriéndose a Cristo: “Me amó y se entregó por mí.” (Gal 2,20) De manera que lo primero que debo hacer es vivir la experiencia de recibir a Jesucristo en mu vida, es decir, vivir un encuentro continuo con él, un encuentro personal, amoroso y asombroso. Un encuentro que no termina y que se convierte para mi en un continuo recomenzar. Esta experiencia vivida, que es don y tarea, no es algo inerte o puramente privado. Es un perfume cuya fragancia difundo, un perfume que mueve a los otros a decidirse. (2 Cor 2,14-15)Por eso, yo y todos podemos sembrar nuestra experiencia de Cristo, como se siembra una semilla. ¿Pero cómo lo siembro? Lo primero es que esa experiencia de Jesús sea de verdad una realidad que haya entrado en mi corazón. El corazón le habla al corazón, decía el beato John Henry Newman, aún más, era el lema de su vida. De manera que el primer anuncio no es ofrecer algo que he aprendido con mi razón, que tengo en la cabeza y que quiero predicar, enseñar o comunicar de alguna manera.

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Eso que vivo en mi corazón lo puedo manifestar en una ocasión propicia, no importa el lugar en que esté, ni lo que esté realizando. La vida de cada día me da muchas oportunidades para manifestar esta experiencia de Jesús que llevo en el corazón. Lo importante es que lo manifieste con sencillez, con humildad, con brevedad y claro está con cordialidad, es decir, desde el corazón. Nada sino un corazón, puede cambiar a otro corazón. Por eso, Pablo les decía a los corintios: “Hermanos, les hemos abierto por completo nuestro corazón. Les ruego por tanto, como un padre ruega a sus hijos, que me abran su corazón como yo he hecho con ustedes.” (2 Cor 6,11-13) Juan y Daniel salen a trotar por el parque. Después de una buena sudada, deciden tomar una gaseosa. Entran en un pequeño bar. Allí hay un crucifijo colgado en la pared. Mientras se toma su gaseosa, Juan manifiesta: “Yo no creo en asuntos religiosos”. Daniel, con naturalidad, expresa lo que tiene en su corazón: “Yo sigo a Jesús y lo amo”. Daniel no ha querido hacer un sermón, un reproche, una catequesis ni nada de eso. Sencillamente, con la misma espontaneidad con que Juan se expresó, también Daniel manifestó su fe con esa sencilla frase. ¿Qué tiene tan de especial esa frase? Lo especial es que por parte de Daniel hubo una apertura de su corazón que duró tres segundos, como un flash de fotografía, con humildad y sencillez. Pero fue también como en el fútbol, un disparo al arco que puede tener uno u otro efecto: El disparo podría pasar rozando el travesaño y no entrar o ser detenido por el portero pero también podría colarse por un rincón, al estilo Falcao, y convertirse en gol. El primer anuncio es el disparo que se dirige al corazón del otro. Puede pasar rozando y por fuera del corazón o puede entrar en el mismo, hacer gol. Esto quiere decir que la experiencia breve manifestada por el compañero empieza, cual semilla escondida, a inquietar, a despertar un mínimo de interés, y, como veremos, se pone en acción el Espíritu Santo que habita en él. Esa experiencia manifestada se convierte en el fundamento de la fe, en la puerta de la fe de este compañero de poca fe y ello sin que su amigo pretendiese tanto. Lo que hizo el creyente, es decir, Daniel, fue anunciar por primera vez a Jesús a su compañero, un anuncio flash, humilde, que brota de la sinceridad del corazón y que no pretende enseñar, sino dar razón de la propia esperanza con humildad y respeto, como lo pide el apóstol Pedro (1 Pe 3,15-16); sólo quiso mostrar algo del Jesús que lleva dentro. Es como presentar un amigo a otro amigo en la calle. Se hace ahí mismo, sin muchas introducciones. Nada más. Pero el alcance puede ser enorme. El primer anuncio hecho por Daniel se puede traducir para su compañero en la primera atracción hacia Jesús. Daniel dijo en sencillas palabras eso que dice un canto: “Yo tengo un amigo que me ama”…e insinuó la otra parte: “Tú tienes un amigo que te ama.”

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¿Pero, unas simples palabras como las que pronunció Daniel, tan breves y rápidas, como de pura pasada, explican un posible cambio en una persona que no cree? Sí. No hay simplismo ni emocionalismo en lo que se ha dicho. Lo que pasa es que en la práctica pastoral, no todo es cuestión de grandes discursos o de reflexiones teológicas. Al respecto considera lo que dice un autor sobre los que tienen recelo, desconfianza, incredulidad sobre las fórmulas breves: “La actitud de recelo antiintelectualista hacia las fórmulas breves de anuncio se podría comparar a la de aquellos ingenieros que habiendo ideado y montado el complicado engranaje que permite extraer rápidamente dinero de un cajero automático, exigiesen a los clientes que para proceder a la expeditiva extracción de sus billetes explicasen primero el mecanismo que lo hace posible. Asimismo… hay que distinguir el acto de fe concreto, de la explicación teológica del acto de fe.”2, Daniel hizo un sencillo acto de fe, no era el caso de que entrase en la explicación teológica del mismo, que tal vez ni él mismo podía ofrecer. Por otra parte, así procedió Jesús, hablando desde su corazón con sencillez. “Zaqueo, baja de ese árbol que quiero entrar en tu casa”. “Síganme y los haré pescadores de hombres”, “Mujer, qué grande es tu fe” “Dame de beber”. Pero no fueron sólo las palabras con las que Jesús ofreció el primer anuncio. Él no se anunciaba a sí mismo sino al Padre y a su plan de amor por la humanidad. El más grande testimonio de ese amor lo dio en la cruz con su muerte y fue el gran anuncio al paganismo representado por el centurión: “Verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios.”. Y cómo no citar esta otra frase de purísimo primer anuncio, también nacida del corazón del mismo Jesús: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Jesús anunció con la vida y con la muerte, con las palabras y con las obras. Un gran biblista como es Albert Nolán dice que era amando a las personas que Jesús las sanaba. Es decir, desde una relación de corazón a corazón, con una visión holística como intenta la medicina hoy.3 ¿También los primeros cristianos ofrecían el primer anuncio? Claro que sí. En su tiempo no existían los evangelios. Pero sí existía la palabra evangelio. Para ellos no era un tratado sobre Jesús sino la palabra que les producía un sobresalto en el corazón porque expresaba el secreto de su alegría. Los primeros cristianos son para todos nosotros los grandes modelos. Ellos no contaban con nada de lo que contamos nosotros en términos de pastoral. No tenían los tres vientres a que me he referido al comienzo. Lo único que tenían era un amor muy grande a Jesucristo y lo anunciaban. Su especialidad era el primer anuncio de Jesús. “¡Si supiéramos cómo se propagó el evangelio! No creamos que fue por la boca de los grandes santos que iban predicando la Palabra de Dios con profundas e impresionantes citas de los profetas. No fueron ellos los mayores propagadores del primer anuncio de Jesús. Fueron las señoras y señoritas…El caso es que las señoras, las jóvenes y las niñas escucharon algo que les

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Morlans, o.c. p.95

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Nolan, Albert, Cristiani si diventa, Ed. EMI, Bologna, 2009, p.90

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llegó al corazón, que era vida para ellas, que les entusiasmaba y, claro está, no se podían quedar con ello guardado en el corazón, tenían que difundirlo, comunicarlo, dialogarlo y de esa manera conocerlo mejor…Al lado de la noticia de Jesús resucitado, que era la de máximo impacto, había otras noticias muy relacionadas con la mujer. En efecto, lo que se decía de Cristo y que se transmitía de boca en boca era también su manera de tratar a la mujer, de no dejarla condenar vilmente (Jn 8,3-11), de elogiar su fe (Mt 9,22; 15,28), de aceptar sus pedidos (Jn 2,4), de agradecer su acogida (Lc 10,41-42) y de ennoblecerla como aconteció con la samaritana, perfecta misionera que, a partir de la experiencia del encuentro con Jesús, lo anunció a su pueblo de manera muy efectiva. (Jn 4,7-39)”4 ¿Era el primer anuncio exclusividad de la mujer? Claro que no. Son todos los cristianos de ese período inicial llamado la Iglesia primitiva quienes se sentían llamados a anunciar a Jesús y al Evangelio. Debían ofrecer el primer anuncio en condiciones que tienen un parecido grande a ciertas situaciones europeas y de otros continentes hoy, afectados profundamente por el indiferentismo religioso y por el paganismo abiertamente celebrado. “Es el período en el que el cristianismo se abre espacios por su propia fuerza. No hay ningún brazo secular que lo apoye. Las conversiones no están determinadas por alguna ventaja externa, material o cultural. Ser cristiano ni es una costumbre ni es una moda sino una opción contracorriente y con el riesgo de perder la vida…La fe cristiana nace con una apertura universal porque Jesús les había dicho que fueran por todo el mundo (Mc 16,15) e hiciesen discípulos de todas las gentes (Mt 28,19), de ser sus testigos hasta los confines de la tierra (Hch 1,8) y de predicar la conversión y el perdón de los pecados. (Lc24,47).”5 Todo esto, no era otra cosa que un lanzarlos a llevar el primer anuncio de Jesús a toda la tierra. De esta manera, un anuncio que nació en un oscuro y despreciado rincón del imperio romano entre personas sencillas, sin cultura y sin poder, en menos de tres siglos se extendió por todo el mundo entonces conocido, atrayendo la refinadísima cultura de los griegos y subyugando la potencia imperial de Roma. Entre las diversas razones de este éxito está el amor que Cristo les enseñó y del cual daban testimonio con el ejercicio activo de la caridad. Además poco a poco aprendieron también a expresar cuanto llevaban en el corazón, esto es, el primer anuncio de Jesús, con las formas narrativas (discursos de Pedro, Pentecostés, Cornelio), formas breves (1 Cor 15,3-8), las fórmulas de fe Jesús Señor (1 Cor 12,3) y los himnos cristológicos (Fil 2,6-11; Col 1,15-20). ¿Pero hay ejemplos más recientes de resultados no negativos sino positivos? Sí. Todos los días y en los lugares menos pensados y a veces con resultados muy positivos, a la manera del disparo que se convierte en gol, se ofrece el primer anuncio. Se llamaba Edith. Era judía o mejor exjudía porque prácticamente era atea. Asistente del filósofo Husserl en la Universidad. Uno de sus colegas murió en la guerra. Edith quiso visitar a la viuda y fue a su casa. Esperaba encontrar a una mujer desgreñada, desajustada, desesperada pero

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Castro, Luis Augusto, Metáfora y Misión, Ed. Paulinas, Bogotá, 2010, pp.75-76

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Cantalamessa, Raniero, Come la scia di un vascello, Ed. San Paolo, Turín, 2012, p.7

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cuando apareció, la viuda se presentó serena, muy compuesta, dueña de sí. Edith le preguntó: ¿De dónde sacas tanta fuerza? La viuda respondió: “Es la fuerza de la cruz”. Fue una pequeña frase que se dice en tres segundos sin ninguna pretensión de enseñar algo, sencillamente era lo que estaba en el corazón de esta mujer pero a Edith se le clavó en el corazón. Fue un golazo. Fue la puerta de entrada de su fe, fue el fundamento de su nueva vida como cristiana, como religiosa y como santa. Nada de raro que una de sus principales obras escrita posteriormente se llamará así: “La fuerza de la Cruz”. Marina, niña de ocho años, se sentó a la mesa con sus papás. Era domingo. Se hablaba de muchas cosas del día. Cada uno decía lo que le interesaba. Marina, a cierto punto, en forma sencilla y espontánea dijo: “¡Cómo me gustó la misa hoy!”. La frase aparentemente pasó sin importancia. Pero el papá, religiosamente indiferente, la escuchó y se le quedó en el oído. Sólo en el oído. Él no acostumbraba a ir a misa, ni a nada, y esa frase lo inquietó. Fue una semilla que, sin que Marina pretendiera algo, quedó sembrada para que prosiguiese su camino, del oído al corazón y del corazón a los hechos. Carlos de Foucauld había abandonado toda religión. Pero la presencia silenciosa y virtuosa de su prima María de Bondy lo llevó a preguntarse: “¿Acaso esta religión (la cristiana) no era absurda? Sin hablar, sin sermonear, sencillamente viviendo como una testigo llena de amor cristiano, María lo llevó a Jesús. Carlos se lo escribirá luego en una carta: “Si tú no me hubieras convertido… estaría donde estoy hoy?” De ella aprendió el apostolado del amor, de la amistad y la fuerza del testimonio, todas cosas que fueron la fuerza de su apostolado entre los tuaregs argelinos. Cuando aún era increyente, a Carlos le vino esta expresión: “Jesús, si existes, has que te conozca”. La respuesta le llegó a través del primer anuncio que con su vida le ofreció María de Bondy. Decía un hombre: Mi mujer era católica, yo no, yo era indiferente a todo eso por experiencias negativas y sobre todo por la piedad de mi mujer que me producía náuseas: llena de rezos, de ritos, de rarezas y de egoísmos. Un día iba ella a participar en un retiro parroquial. Yo la llevé con el carro pero para no volver decidí esperarla. Sólo por curiosidad entré a la capilla en la que iba a tener lugar una meditación. Siempre por curiosidad, por quemar el tiempo me quedé a escuchar. Habló sobre Jesús, sobre su ternura y su conmovedora humanidad, sobre la fascinación que ha ejercido y sigue ejerciendo en quienes se acercan a él. Fue como si de repente hubieran levantado la persiana de mi habitación a oscuras y empezara a ver un paisaje ensoñador. Todo esto aconteció un sábado. Al lunes siguiente fui al trabajo en la oficina de correos. Tres amigos míos eran católicos practicantes, les conté cuanto me sucedió y les dije:¿Por qué ustedes nunca me hablaron de Jesús? ¿Por qué no me propusieron su fe con claridad? Cuánto hubiera agradecido un anuncio de Jesús en mi vida como el que recibí el sábado. Qué hay de común en los diversos ejemplos presentados? Buena pregunta y muy necesaria. Porque es importante decir que en todos los ejemplos presentados, lo común fue que cada uno quiso mostrar algo de Jesucristo su Dios y Señor.

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Hay cuatro aspectos de Jesús que es necesario mostrar. Los llamo las cuatro eses: Signo (Jesús signo del amor de Dios) Salvador (que con su sacrificio nos libera del pecado deshumanizante), Señor (que nos pide entregarnos a él) y Santificador (que nos da al Espíritu Santo). Naturalmente, en la sencillez del primer anuncio no hay que pensar en todo ello. Basta que yo ofrezca lo que tengo de Jesús en el corazón y lo demás seguirá luego. Cuando la reina de las abejas sale del panal, todas las demás abejas salen con ella. Cuando yo manifiesto algo de Jesús que está en mi corazón, eso hace de reina y lo demás seguirá. ¿Pero el primer anuncio es solamente hablar de Cristo? No es sólo hablar, es mostrarlo y eso se puede hacer con las palabras, con los gestos, con las acciones, con los sentimientos y con las bellas cualidades personales. Vuelvo sobre Edith en esos tiempos en que aún era aparentemente descreída. Entró ella en una catedral. Quería mirar la arquitectura de la misma. Estaba en esa tarea, cuando una mujer humilde con delantal puesto y un canasto en la mano, ingresó en la Iglesia. Edith se dio cuenta y la siguió con la mirada. Su sorpresa fue enorme cuando esta mujer se arrodilló frente al Santísimo a orar. Esa escena fue todo un gol. ¿Es que acaso se le puede hablar a Dios en cualquier momento, con cualquier vestido y llevando un canasto y mercado en las manos? Edith quedó muy pensativa. Otra semilla quedaba sembrada en ella a partir de un testimonio de fe y oración cuya testigo nunca supo qué efectos tan espectaculares tuvo. Un día, San Agustín, aún desesperado, mientras estaba en el jardín oyó una voz de niño que cantaba: “Toma y lee. Toma y lee”. Coge el códice y lee las siguientes palabras: “no en comilonas ni embriagueces; no en las impurezas, sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo. De repente el milagro se había cumplido. Ese niño, sin saberlo, como la dueña del canasto en la vida de Edith, anotó gol. De repente, el milagro se había cumplido. Mónica, su mamá, estaba con él. Me viene a la mente, ese grupo de cantautores que ofrecen con bellas melodías la Palabra de Dios para que caiga como lluvia en una tierra seca. Como ves, el primer anuncio no es sólo hablar de Cristo sino mostrarlo, hacer ver la belleza de su rostro y que el reflejo de su luz brille por un instante. Pero en los dos acontecimientos, el de la mujer y su canasto y el del niño y su canto “toma y lee” ¿no hay sencillamente una pura casualidad? Si yo veo las cosas exteriormente no deduzco sino eso. Una escena bíblica podría leerse así: “El diácono Felipe encontró de casualidad un coche que llevaba a un etíope y de casualidad el etíope se paró y Felipe subió al coche de casualidad. El etíope iba leyendo la Biblia y le preguntó a Felipe qué leía. Y Felipe le explicó. Finalmente, de casualidad el etíope pidió ser bautizado como en efecto aconteció. Exteriormente todo parece de casualidad. Pero la Biblia nos ayuda a ver más en profundidad. Nos ayuda a ver la acción de Dios. Por eso, ante todo anota que el Espíritu le dijo a Felipe: Ve y acércate a ese coche”. Hay un tercer protagonista del cual hablaremos más tarde. No se trata de pura casualidad.

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¿Solamente cada individuo cristiano ofrece el primer anuncio? Los ejemplos que presentados podrían dar a entender que es así, pero la verdad es que toda la comunidad cristiana está llamada a ofrecer el primer anuncio, porque hay también una experiencia comunitaria de Jesús a través de la cual se puede mostrar al Señor. Aquél hombre que no era cristiano pero fue a visitar a unos amigos durante unos días, fue invitado el domingo a la misa. Aceptó ir por curiosidad. La homilía no le gustó, los cantos le parecieron de baja calidad, la liturgia fue difícil de entender. Pero terminada la misa, él se decía: ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Por qué viene la gente a este tipo de encuentros cuando no hay ningún espectáculo de calidad? La pregunta buscaba respuesta y finalmente cayó en cuenta: ¿Es que allí había algo más o mejor alguien más que él no notó: Se llamaba Jesucristo. Efectivamente, lo decía el mismo Jesús: Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre ahí estoy yo en medio de ellos.” (Mt 18,20) Como ves, la experiencia de la comunidad cristiana le quedó ante los ojos como una semillita que fue pidiendo respuestas. Los primeros cristianos vivían como todos los demás pero había algo en ellos que los hacía diferentes: El amor con que se amaban, ese amor que habían recibido de Dios en su corazón. Ese amor lo mostraban y la única explicación que tenían era el ser discípulos de Jesús. Y Jesús empezó a entrar como semilla en esos observadores. Era el primer anuncio no de una persona sino de una comunidad, un anuncio sin palabras, sólo con hechos. El Padre Congar, de tanta autoridad en el Vaticano II afirmaba: “La realización de una auténtica comunidad de cristianos produce con su sola existencia la propagación del Evangelio” Y mucho más, añado yo, si da testimonio de compromiso social, de lucha por la justicia, por la dignidad de las personas, por la paz. ¿Pero qué necesidad hay de gastarle tiempo al estudio de algo tan sencillo y obvio como es ese primer anuncio? ¿Vale la pena? Sí, así es, vale la pena. Durante muchos siglos cayeron manzanas todos los días y nadie vio en ello algo interesante. Era un fenómeno banal, sencillo, sin interés. Pero Newton observó con cuidado esa caída y descubrió la ley de la gravedad. Su observación, tan sencilla, fue desarrollada al punto que hoy caen aviones desde el cielo y además se levantan hacia el cielo calculando y desafiando la ley de la gravedad. Con esto quiero decir, que algo que puede parecer tan rutinario como es el hablar de Jesús a otro, puede contener muchos aspectos que vale la pena considerar más a fondo. Así como para encontrar el tesoro anhelado, los piratas buscaban ansiosos el mapa que indicaba los pasos para llegar al mismo, igualmente, podemos esbozar un mapita que no es nunca la realidad pero que ayuda a entender el acto del primer anuncio. Para ello te invito a considerar una fórmula muy especial.

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¿Tan vital como la fórmula H2O? Diría que aún más vital pues se refiere a un agua que quita la sed definitivamente como le explicaba Jesús a la Samaritana. Es la fórmula EDECA que, como vez, contiene cinco letras que indican cinco pasitos: Enlace, Diálogo, Experiencia, Confianza, Apertura. El primer paso es buscar un enlace o conexión entre quien propone el anuncio y las vivencias fundamentales del destinatario, ya sea grandes deseos como el de ser útil en la vida, o el deseo de amar y ser amado, o el deseo de felicidad, el deseo de justicia y fraternidad, el deseo de trascendernos a nosotros mismos, etc.o limitaciones como el miedo al futuro, poca aceptación de sí, ansiedad, desencanto, fuga de la realidad,etc. (Pierre d’atente; stepping stones, semillas del Verbo). Determinada esta conexión, se puede dar el segundo paso como es dialogar al respecto con el destinatario en torno a esos deseos o limitaciones, tanto los de él como los propios. Es un diálogo sencillo, de amigos, de familia y siguiendo el ritmo del destinatario sin imponer, sabiendo frenar, dosificar, no atosigar. Es la entrada al tercer paso como es presentar la propia experiencia de Jesús que en cierta forma se conecta con esos deseos y limitaciones del destinatario. Al destinatario le puede parecer interesante pero también podría decir: No me interesa el asunto. Hay sacerdotes en crisis y no lo saben pero no tienen la capacidad de ofrecer el primer anuncio porque no son testigos. Simplemente, repiten lo que estudiaron o lo que otros testigos dicen de Jesús. Les falta el encuentro vivo con Él, el tomarlo verdaderamente en serio, dejar de ser asalariados y empezar a ser buenos apóstoles. Los profetas, para que los oyentes escucharan sus mensajes, debían presentar la garantía de haberse encontrado personalmente con el Señor. En este sentido, ellos tienen sus relatos vocacionales. Igualmente, hay laicos en crisis porque no han pasado de una religiosidad heredada, cultural, sociológica. Aún deben llegar a descubrir a Jesús como una persona que los ama y a quienes pueden amar. El cuarto paso es mostrar que se puede tener confianza en Jesús e invitar a intentarlo. También aquí la respuesta puede ser positiva o negativa. Puede ser el despertar de un mínimo interés, que por mínimo que sea, es valioso, de la persona de Jesús. El quinto paso es mostrarle la posibilidad de apertura a Jesús Salvador con ese tris de confianza anotado, para un conocimiento mínimo de Él. Pero estos pasos y esa fórmula, los siguen muchos grupos y movimientos con sus miembros, para qué insistir sobre ello. ¿No es como llover sobre mojado? Lo importante de los nuevos movimientos es que retomaron con pasión el primer anuncio. Pero muchos de ellos llovieron más sobre mojado que sobre seco. La urgencia hoy es que llueva sobre lo seco.

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Si se trata de dirigirse a los buenos cristianos es exactamente eso, llover sobre mojado. Pero el primer anuncio no es un agua para llover sobre mojado sino para que llueva sobre lo seco, lo estéril, lo desértico. Isaías anunciaba ese llover sobre seco exclamando: Que se alegre el desierto, tierra seca; que se llene de alegría, que florezca, que produzca flores como el lirio, que se llene de gozo y alegría. (Is 35,1) Pero para ello hay que estar dispuestos a ir más allá de las fronteras del grupo cristiano consciente y practicante, hacia quienes no son cristianos, amigos o compañeros, aún si han sido bautizados pero no han tenido ese encuentro personal, consciente, amoroso con Jesucristo vivo. Hay que salir del círculo de los devotos para ubicarse en medio del mundo. Hay que hacerse presente en eso que hoy Benedicto llama, con una metáfora judía, el atrio de los gentiles, para que la presencia de Cristo sea más notada. ¿Qué es eso del atrio de los gentiles? Antes de explicarte qué significa hoy, tengo que contarte qué era ayer, en los tiempos bíblicos. El templo de Jerusalén comprendía cuatro atrios o pasillos bien delimitados: Primero, el Santo de los Santos, lugar sagrado destinado al culto hacia el que el pueblo de Israel se dirigía para “encontrar a Dios” Segundo, un espacio reservado a los judíos hombres. Tercero, un espacio reservado a las mujeres. Cuarto, el espacio más externo en el cual podían estar los gentiles, es decir, los que no eran judíos pero también los que no siendo judíos simpatizaban con la religión judía y querían orar al Dios desconocido. Sin embargo, el patio de los gentiles se había vuelto un mercado, una plaza de negocios que impedía que esos hombres que tenían sus interrogantes pudiesen ir encontrando respuestas. Por ese motivo, un buen día Jesús sacó a todos esos mercaderes del patio de los gentiles. Los gentiles debían permanecer en este atrio y no meterse en los otros. Estaba terminantemente prohibido pasar, como si hubiese un muro entre este atrio y los demás lugares. Tal vez, Pablo pensaba en ese muro imaginario cuando decía que “Cristo ha derribado el muro de separación que dividía aquellos dos pueblos, para crear de los dos un solo hombre nuevo haciendo las paces y reconciliando ambos. ¿Por qué Benedicto XVI habla del atrio de los gentiles hoy? Benedicto se refería a la gran cantidad de seres humanos que se han vuelto indiferentes ante la realidad de Dios y que, sin embargo, tienen alguna inquietud, un deseo de búsqueda, unos interrogantes. A veces van buscando por caminos extraños ofrecidos por nuevas doctrinas,

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nuevos paganismos, prácticas de magia y otras ofertas. Se puede decir que ellos se encuentran en el patio de los gentiles con alguna inquietud. Pues es necesario llegar hasta ellos en actitud de diálogo precisamente para que puedan ir respondiendo a partir del encuentro con los cristianos, a los interrogantes que llevan en el corazón. Por eso, debe ser un encuentro de corazón a corazón, con la sencillez y humildad de que te he hablado cuando se lleva el primer anuncio de Jesús. Gran pregunta que nos tenemos que hacer: ¿Sabemos dónde está en Tunja el atrio de los gentiles? Parece que el primer anuncio se transmite de persona a persona, pero ¿No hay otros caminos de transmisión? Claro que sí. Porque una persona puede hablar con otra persona por diversos medios pero siempre buscando de ofrecer el primer anuncio. Primer anuncio en encuentros convocados para esta propuesta en casas particulares. Primer anuncio con ocasión de algún evento mediático público: proyección de una película, presentación de un libro, debate en televisión cuyo tema es religioso. Primer anuncio a destinatarios específicos en el ámbito parroquial: Niños, jóvenes, papás, novios, enfermos, desocupados, detenidos, emigrantes, etc. Primer anuncio como compromiso de los grupos y movimientos apostólicos. Primer anuncio en las instituciones educativas. Primer anuncio en el tiempo libre dedicado al deporte, al turismo. Primer anuncio a través del arte expresado por los cantautores, artistas y comunicadores cristianos. Primer anuncio ofrecido a través del Internet.6 Si el primer anuncio ideal es cara a cara, corazón a corazón, ello no quita que se pueda también usar otros medios para expresar lo que se tiene en el corazón. En primer lugar están los medios de comunicación como Internet, redes sociales, emisoras, televisión y cine. El mensaje de Jesús llega a un corazón desde otro corazón por estos medios como me llegó la vocación misionera por una película sobre los misioneros en África y una cartelera sobre los pueblos de otras religiones. Igualmente, la música especialmente cuando los cantautores expresan genuinamente su experiencia de Dios. También está la técnica de la actuación con sus luces y sonidos como los sacramentales de épocas pasadas en los cuales era, entre otros, muy experto Lope de Vega.

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Ver, Zenezini, Renato, Il primo annuncio, fondamento della teologia pratica, Ed. Pardes, Bologna, 2011, p. 94

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Está el medio escrito como el libro o la revista que en la sencillez llega a los corazones no cristianos o cristianos sólo por costumbre. Como podemos ver, los modos de sembrar esa semilla del primer anuncio son muchos. La creatividad encuentra aquí un gran desafío para que esa semilla llegue a otro corazón. ¿Y luego, qué más hago? Nada más. Me puedo ir a dormir. Lo dice el evangelio (Mc 4,27). Daniel hizo lo que le correspondía a él. Sembró una semilla. No le toca a él hacerle seguimiento al crecimiento de la semilla en el corazón de su amigo, para ver si crece. El sembrador siembra y luego duerme. Es decir, deja en las manos de Dios todo lo que sigue porque ya Pablo lo explicaba con claridad: Yo sembré, Apoló regó pero es el Señor el que hace crecer lo sembrado. (1 Co 3,6) ¿Qué tanto puede valer un sembrador que no confía en Dios y se pasa la noche pensando si la semilla crecerá o no? Ve a dormir; el que no duerme no es fiel a la esperanza. 2. OTRO QUE RECIBE LA SEMILLA En la Biblia aparece que a los israelitas se les insistía mucho en que escucharan la Palabra de Dios: “Shemá, Israel”. El caso es que somos oyentes de la Palabra lo cual es muy importante porque, como anotaba Pablo, la fe llega del escuchar (Rom 10,17). Claro está que Dios nos habla, y especialmente hoy, por medio de imágenes, así que es un escuchar en sentido amplio como quiera que indica un acoger la Palabra ya nos llegue a través del oído, a través de los ojos o por otros canales como la piel de Elías que captaba la suave brisa en la que se escondía la presencia de Dios. En el diálogo anterior te he considerado como el sembrador, pero ahora te voy a considerar como el destinatario de la siembra, es decir, del primer anuncio. Yo escucho todo el día, eso no me garantiza que escucho un anuncio de Dios, ni mucho menos que soy un destinatario de ese anuncio. Exacto. No todas las voces que te llegan son la voz de Dios. Por una parte, puedes estar tan inundado de voces que no logras escuchar bien. Las cotorras que se colocan todas ellas en el mismo árbol, hacen un ruido infernal. Tu cabeza puede parecerse a ese árbol lleno de cotorras que hablan sin parar. Claro, si tú pegas un grito, las cotorras por un momento se van y se abre un espacio de silencio en el que tú puedes escuchar mejor. Por otra parte, puedes estar tan distraído con otras cosas o tan dormido, que no escuchas la voz de Dios y concluyes cosas tan exageradas como que Dios no existe. Pero también si tu vida es un continuo dormir, Dios se las arregla para hacerse escuchar. Como se hizo escuchar de Samuel, el cual, por instrucciones de Elí, exclamó: “Habla Señor que tu siervo escucha”. (1 Sam 3,10) El mismo Samuel fue enviado donde Saúl y le dijo: “Escucha lo que el Señor te quiere decir” (1 Sam 15,1). Eso significa que Dios se hace escuchar por medio de otras personas. Y la más grande de todas por medio de la cual se hizo escuchar fue Jesucristo, la Palabra de Dios.

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Hay también otros caminos. Por ejemplo, el gran escritor Lewis decía que el dolor es el megáfono de Dios. El megáfono es como un micrófono de pilas que se usa donde no hay luz eléctrica. Cuando visitaba a un pueblito donde no había luz eléctrica, antes de mi llegada la gente escuchaba a alguien que con el megáfono decía: “Noticia alarmante, llega el Obispo”. Muchas veces para que lo escuchemos, permite que aparezca el dolor y nos haga más sensibles a su palabra. Así le aconteció a Ignacio de Loyola, soldado herido en la batalla y gracias a esa herida pudo abrir su horizonte, descubrir el valor de los santos y empezar a escuchar la Palabra. Es importante tener presente la clásica expresión de Pablo: La fe viene del oír.(Rom 10,17) ¿En qué sentido los santos ayudan? En el sentido que ellos son testigos de Jesús. Ellos con su vida, con su actuar y con sus palabras muestran algún aspecto bello de Jesús. Un verdadero testigo se parece a Jesús ya que ha sido transformado en Jesús por la acción del Espíritu Santo. Francisco de Asís no hablaba mucho pero con su manera de ser, mostraba la bondad y el amor de Jesús a los demás. Era un testigo maravilloso. Teresa de Calcuta no hablaba mucho pero con su caridad heroica mostraba el amor de Jesús y muchos pudieron darse cuenta de que el amor de Jesús es real. San Juan Bosco sí hablaba mucho, pero hablaba con un corazón lleno de amor por los jóvenes y estos se daban cuenta de que eran amados por Dios y que eran valiosos y podían ser cada vez mejores. Pero no te confundas. Cuando hablo de santos me refiero a los cristianos que te rodean y que son sencillos pero llenos de Dios. Ellos te muestran a Jesús continuamente. Claro que te va a tocar exclamar como el ciego Bartimeo: “Señor, haz que yo vea” (Mc 10,51). Jesús dio una mirada a Jerusalén y se le vinieron las lágrimas porque la quería y le reprochó que no supo reconocer el momento en que Dios vino a visitarla. Que no te suceda lo mismo porque Él quiere visitarte. Pero estabas hablando de semillas, ¿por qué terminas hablando de visitas? Sí, es verdad. Lo que pasa es que una visita puede pasar sin ser notada como lo hacía ver Jesús cuando decía: “He aquí que estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre entraré y cenaré con él y él conmigo” (es decir, seremos amigos).(Ap, 3,20) o como cuando le reprochaba con lágrimas a Jerusalén que no había reconocido el momento de la visita. Pero también una semilla puede caer en la tierra y puede ser notada o no ser notada. De manera que hay diversas posibilidades y son exactamente cuatro, como lo hacía ver el mismo Jesús. La primera posibilidad es la impenetrabilidad. La semilla cae en una tierra tan pisoteada como los caminos que recorre la gente y se vuelven tremendamente duros. La semilla del primer anuncio puede llegar a un oído y no pasar de allí porque el corazón está tan endurecido que no hay forma de que la semilla lo penetre. Menos mal que para Dios no hay nada imposible y por eso por boca del profeta Ezequiel, decía: “Yo les quitaré ese corazón duro como la piedra y les daré un nuevo corazón y un nuevo espíritu” (Ez 11,19).

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La segunda posibilidad es la superficialidad. El primer anuncio llegó al tímpano pero no descendió hasta el corazón donde está la tierra buena. Se quedó en terreno pedregoso donde hay muchas piedras pero las raíces no llegaron hasta la buena tierra. El anuncio no pasó de ser oído físicamente. Tal vez llegaron hasta las palabras pero no pasaron de ahí. La importancia de echar fuertes raíces nos la enseña el bambú que se gasta cinco años sólo echando raíces, sin crecer nada y luego en poquísimo tiempo crece a alturas inalcanzables. Esta situación la expresaba Isaías en forma sencilla: “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13). La tercera posibilidad es la mundanidad. La mundanidad está representada en la parábola de la cizaña y el buen trigo. La cizaña es la mundanidad, es el deseo desordenado de placer, de poder y de poseer. La mundanidad impide que la semilla crezca y dé fruto. La higuera no dio fruto, se pidió que la cortasen. La viña de Israel dio uvas amargas. Ese fruto no sirvió. A Dios gracias, hay aún otra posibilidad. La cuarta posibilidad es la fecundidad. Eso significa que la semilla llegó al corazón y dio fruto. La parábola no ahorra cálculos positivos: 30, 60 o 100 por ciento. Piensa, no más, en la semilla que el mismo Jesús sembró en Pablo. Jesús le dijo a Pablo unas cortas palabras: “Pablo, Pablo, ¿por qué me persigues? Sólo eso fue suficiente para que Pablo llegase a ser un gran apóstol que dio mucho fruto. Se trata de una frase sencilla, corta pero nacida del corazón de Cristo y de toda la comunidad atropellada por Saulo. Fue el primer anuncio que Pablo recibió y que lo recordará con emoción toda la vida. ¿Por qué dio fruto? La pregunta es complicada pero vale la pena responderla con cuidado. En primer lugar está la acción del testigo en el que brilla con luz propia el testimonio que da de Jesús en medio de los demás. La mayoría de las veces, en el proceso evangelizador, el testimonio “es la primera e insustituible forma de misión” (RM 42), la llave con la cual se puede abrir todo el proceso. “El testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. (EN 21)”7 Helder Cámara decía: Me produce estremecimiento el saber que muchas de las personas que me rodean no conocerán otro evangelio que el de mi vida”. En cuanto al destinatario hay que decir que aunque no tenga fe, es necesario que tome su vida en serio saliendo de la superficialidad y que se ponga en actitud de búsqueda. A esto ayuda también el posible diálogo con el testigo. Ambos, testigo y destinatario están llamados a salir del anonimato y a manifestarse como personas en forma tal que se abran espacios de confianza, un desvelamiento mutuo y un interrogarse con amistad y sinceridad.

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Carvajal Blanco, Juan Carlos, Pedagogía del Primer Anuncio, Ed. PPC, Madrid, 2012, p. 60

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Pero el fruto verdadero es la primera fe que surge en el destinatario. Algo así como lo que manifestaban los discípulos de Emaús cuando decían que les ardía el corazón.(Lc 24,32) Es un comenzar a abrir el corazón a Jesucristo. Esta aceptación inicial es como el embrión de un cambio de vida que llevará luego al crecimiento en el amor de Dios y de los hermanos, al perdón y otros frutos más de vida cristiana. Este crecimiento hay que entenderlo bien. Porque uno es el que planta, otro el que riega pero es otro el que hace creer y éste no es ni el que planta ni el que riega sino es Dios, pues es Él quien hace crecer lo sembrado.(1 Cor 3,6-7) Esta es la tarea especial del Espíritu Santo. 3. UNO QUE HACE CRECER. ¿Qué tiene que ver en todo esto el Espíritu Santo? Pregunta muy interesante y qué nos lleva al tercer protagonista. Si te acuerdas, el primer protagonista es el que siembra, el segundo es el que recibe la semilla y el tercero es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo está presente tanto en el que siembra como en el destinatario y por ello, lo que digamos se puede referir a los dos. San Gregorio Nacianceno decía que Cristo nació pero el Espíritu Santo fue su precursor. También ahora hay que decir lo mismo: Cristo va a nacer en un corazón por el primer anuncio pero ahí, en ese corazón, está desde antes, listo para actuar, el precursor. Cuentan las crónicas de la evangelización del Canadá que en el año de 1648 (o marzo del 1649) un jesuita francés, el padre Juan Brebeuf fue apresado por los indios iroqueses cerca de la ciudad de Ontario. Estos indígenas habían lanzado su grito de guerra contra la tribu de los hurones a cuyo servicio estaba el padre Brebeuf y otros jesuitas. Las torturas y tormentos a que fue sometido el padre Juan fueron tan crueles y el valor demostrado en ellas fue tan grande que los indios comprendieron que estaban en presencia del mayor valiente que jamás hubiesen conocido. Decidieron entonces con toda lógica, beber su sangre, abrir su pecho y repartir su corazón entre el grupo de guerreros, ya que se decían admirados: Si nos alimentamos de la carne de este valiente, seremos invadidos de su espíritu, su valor y su fuerza. (SR 14) El hecho verdadero es que cuando nos dejamos invadir por el espíritu de un valiente, adquirimos esa misma valentía. ¿Qué tiene que ver esta historia con el primer anuncio? Tiene que ver con el tercer protagonista del primer anuncio. Jesús el valiente, nos ha comunicado al Espíritu que le daba valor. Ese compañero de Jesús que siempre está con él, Jesús mismo ha querido que esté con nosotros. Los compañeros se llaman así porque comparten la misma suerte, el mismo pan, el mismo viaje, la misma aventura. Me parece que cuando Noé hizo el arca, subieron otros compañeros para compartir con él, el mismo viaje. Empezaron a subir los animales al arca y a cierto punto el elefante se enfadó. No hay nada más peligroso que un elefante enfadado. El paquidermo en su Seminario Conciliar de Tunja

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enfado gritó: “No empujen”. Detrás de él venía una pulga. Uno puede exclamar: “¡Qué animal tan quisquilloso!”. Si quisiéramos sintetizar lo que es y hace ese compañero de viaje que Jesús nos ha dado y que se llama el Espíritu Santo, podemos usar la misma palabra usada por el elefante: Empujar. Pero a diferencia del elefante, los empujones del Espíritu no nos enfurecen sino nos alegran con júbilo y sobre todo nos desafían en múltiples sentidos, porque él nos empuja en múltiples direcciones. ¿Qué quiere decir que él nos empuja? Quiere decir que él es una fuerza que irrumpe, una energía creativa, un motor que pone en movimiento, una fuente de vitalidad, un factor de comunicación, un constructor de unidad.8 Todo esto porque es una persona divina. En este momento, de los tantos empujones del Espíritu, podemos considerar tres: Un empujón hacia el fondo, un empujón hacia fuera y un empujón hacia arriba. El primero es el empujón hacia el fondo. San Francisco de Sales en su ingenioso libro llamado la Filotea o Introducción a la vida devota, cuenta que en una región llamada Paflagonia, existían perdices que tenían dos corazones. Luego, él saca sus conclusiones espirituales sobre el corazón tolerante consigo mismo y el corazón exigente, intolerante, con los demás. Pero, el caso es que también Santa Teresa, en otro sentido, habla de los dos corazones. Uno el corazón del cuerpo y otro el corazón del alma o centro del alma.9 Ese corazón o centro es como el lugar del encuentro más íntimo y denso del ser humano con Dios. Cuanto Teresa llama corazón del alma, Pablo lo llama espíritu (con minúscula). “Que Dios mismo, el Dios de paz, los haga a ustedes perfectamente santos, y les conserve todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sin defecto alguno, para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tes 5,23 Ver, Rom 1,9; 8,16) En la historia de la espiritualidad aparecen muchísimos nombres para esta misma realidad, desde el corazón del alma de Teresa hasta la cueva del alma del Upanishad, desde el medio silencioso del maestro Eckart hasta lo más íntimo del alma de su discípulo Taulero, desde el punto sereno del gran misionero Henry Le Saux (Abhishiktananda) hasta lo más íntimo de mi íntimo de Agustín.10 Juan Pablo II habla del espíritu creado frente al Espíritu increado.11

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En el caudal religioso cristiano que tiene raíces judías, existe una afirmación constante a través del espacio y del tiempo. Su homogeneidad es impresionante sean cuales fueren las fuentes que se tomen. Y es la siguiente: Dios está presente y actúa en nuestras vidas a través de una fuerza que no violenta, a la que denominados Espíritu Santo. Congar, Y. o.c. p. 45

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Ver, Teresa de Jesús, Castillo Interior, IV.2.5

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Para las referencias sobre estos autores, puede verse: Goergen, Donald, Fire of Love,Paulist Press, New Cork, 2006, pp. 6-11

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Juan Pablo II, Spiritum et Vivificantem, N.52

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Este lugar maravilloso, esta sede de habitación de Dios dentro de mí y la conciencia de la misma es un aspecto esencial de todas las espiritualidades, especialmente misioneras. Una espiritualidad misionera está abierta a las espiritualidades de los demás, entra en comunión con ellas, no tanto en la superficialidad de las diversidades culturales cuanto en la profundidad de los corazones, en ese fondo donde está presente el único y mismo Espíritu de Dios. Sin embargo, esta realidad del corazón del alma ha sido poco considerada. Dado que nuestro mundo es supremamente funcional y cada uno se identifica con su función, (yo soy un maestro, yo soy un médico, yo soy un esposo, yo soy un diácono, etc.) deja en la sombra cuanto es más que función, cuanto es ser en profundidad. Y es precisamente por eso, que el Espíritu Santo nos da un empujón hacia el fondo, hacia ese otro yo profundo, hacia ese corazón del alma, para que lo cultivemos porque es allí donde el Espíritu mismo gusta poner su morada y donde experimentamos el encuentro íntimo, personal, bello y alegre con el Dios vivo revelado en Jesucristo.12 ¿Qué hace el Espíritu Santo en ese fondo del corazón? Cuanto hace es precisamente llevar el primer anuncio del oído a lo más profundo del corazón. Santo Tomás lo expresa de esta manera comentando el evangelio de Juan cuando Jesús dice: Él les enseñará todo” (Jn 14,26). El hombre puede aprender todo lo que viene de fuera, pero su trabajo es vano si el Espíritu Santo no le da, desde dentro, la comprensión. ¿A qué comprensión se refiere, aún a las matemáticas? En primer lugar, se refiere a la comprensión de la Palabra que gracias al Espíritu Santo se recibe, no como cualquier palabra sino como Palabra de Dios. El Espíritu es el lazo de unión entre la vida y la Palabra, dando a la palabra la plena comprensión de lo que es, la Palabra de Dios. San Agustín, predicando sobre la 1 de Jn 2,27 dice: Sus oídos han sido tocados con el sonido de mis palabras, pero el maestro es interior. Nosotros podemos instruirlos con el rumor de nuestra voz; pero si no hay, adentro, alguien que les enseña, nuestro rumor es sencillamente vano” Esta unión de la Palabra y del Espíritu era ya anotada por Pablo en uno de los textos más antiguos: “Nuestro evangelio les fue predicado no sólo con palabras sino también con poder y con el Espíritu Santo, con plena persuasión” (1 Tes 1,5) San Simeón llamado el nuevo teólogo (+1022) habla de la puerta y de la llave. La puerta es fundamentalmente Jesús (Jn 10,7.9) y su palabra pero la llave de esa puerta es el Espíritu Santo, Así que entramos en la comprensión de la palabra de Jesús gracias al Espíritu Santo.

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“Cada uno de nosotros puede realizar la relación yo-tú no sólo horizontalmente con un compañero humano, sino también verticalmente, con ese compañero que está infinitamente por encima de nosotros pero que a la vez nos es más íntimo que nuestro yo profundo.” Congar, Y., o.c. p. 73

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¿Qué quiere decir eso de subidísimo deleite? Este conocimiento asombroso del anuncio de Jesús está unido al conocimiento amoroso de Jesús como revelación del amor de Dios Padre. San Juan de la Cruz hablaba de esta revelación como algo que produce ese subidísimo deleite. Sin el Espíritu Santo, Dios se queda allá en la majestad de su divinidad y nosotros acá en nuestra pobre vida terrenal sin podernos comunicar. Es el Espíritu Santo que nos conduce al Padre y que hace que el Padre con su amor llegue a nosotros. Qué bueno recordar lo que dice Pablo: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos ha sido dado” (Rom 5,5) ¿Entonces, el Espíritu Santo promueve que nos encerremos en nuestro propio corazón deleitándonos de la presencia de Dios? Ya eso es algo muy bello en la vida de quien recibe el primer anuncio. Pero no es un encerramiento en sentido negativo puesto que va acompañado de los otros dos empujones conectados con el primer anuncio. El segundo empujón es hacia fuera. Pentecostés, ya sea un Pentecostés o miles de ellos, es ante todo eso: El Espíritu Santo nos toca. Es todo lo contrario de lo que quería el apóstol Tomás: Para creer, Tomás quería tocar. También nosotros queremos tocar. La religiosidad popular mantiene este deseo de tocar a Dios. Como dice bellamente Aparecida: “Nuestros pueblos se identifican particularmente con el Cristo sufriente, lo miran, lo besan o tocan sus pies lastimados como diciendo: Este es “el que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20)13 Pero no podemos tocar a Dios directamente. En cambio, Dios sí nos puede tocar a nosotros.14 Esto es el Espíritu Santo, Dios que nos toca.”15 Y nos toca de una manera decidida, nos empuja hacia fuera. Éste es nuestro Pentecostés. Es sentir su empujón hacia fuera; es descubrirnos en movimiento; nos sentimos llamados a una misión, nos descubrimos enviados, descubrimos que no somos autoprogramados, que nuestra vida no transcurre a nuestro modo, sino al modo del que nos envía. Frank Sinatra cantaba la canción “A mi manera” y entusiasmaba a los oyentes de ayer y de hoy que sentían que podían hacer su vida a su manera, auto referenciada y auto programada. Ni Jeremías ni Pablo pudieron cantar esa canción. Ambos fueron prediseñados desde el vientre de la madre. Ambos fueron empujados por el Espíritu hacia fuera. “Aquél que me separó desde el seno

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D.A. 265

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Cirilo de Alejandría anuncia que todo lo que el Espíritu toca, queda santo y transformado. Ver Mc Donnell, o.c. p. 225

15

Ricca, Paolo. La Pentecoste e le Genti, en Autori Vari, Riempiti di Spirito Santo, si misero a parlare in altre lingue, Ed. Dehoniane, Roma, 1995, p. 55

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de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que lo anunciara entre los gentiles” (Gal 1,15). Podemos recordar también aquel otro empujón hacia afuera cuando estando los discípulos en oración el Espíritu Santo dijo: “Sepárenme a Pablo y Bernabé para la misión a la cual los he llamado.” (Hch 13,2) ¿De manera que se trata de ir a anunciar a Jesús como podamos? Después de ser destinatarios del primer anuncio nos convertimos en sembradores del primer anuncio pero entonces, como se dijo al comienzo, el sembrador tiene que ser en primer lugar no uno que habla sino uno que es testigo, esto es, que vive la experiencia de Jesús y la anuncia. El Espíritu Santo nos mueve a ser testigos de Jesús. Este es el tercer empujón. Hay tres palabritas que van juntas como los ángulos de un triángulo: Ser, actuar y hablar. Cuanto el Espíritu Santo hace es ayudarnos a que las tres estén en sintonía, no en contradicción. Se dice que cuando dos cosas se parecen a una tercera se parecen entre sí. Lo mismo vale para tres cosas. Nuestro ser, nuestro actuar y nuestro hablar deben parecerse al ser, al actuar y al hablar de Jesús. Entonces somos testigos. Leonidas tenía un hijo pequeñito llamado Orígenes. Cuando Leonidas llegaba a la casa por la noche, el hijo ya estaba dormido. Se acercaba, le destapaba el pecho y le daba un beso explicando que en ese pecho habitaba el Espíritu Santo. Pero no un Espíritu Santo perezoso o un Espíritu Santo en vacaciones. Ese pecho era como el taller de un artista, y tal es el Espíritu, que trabajaba incansablemente para dar a Orígenes la forma de Cristo. Y Orígenes llegará a ser gran catequista y gran teólogo y podrá decir: “El Espíritu actuando la santificación del hombre no hace otra cosa que lograr que alguien se parezca a Cristo, que esté hecho conforme a la imagen del Hijo y siempre más unido y cercano al Padre.”16 Desde dentro, Él, como artista maravilloso, nos va trabajando para que en nosotros tome forma la figura de Cristo, la imagen de Jesús. Al fin de cuentas hemos sido predestinados a reproducir en nosotros la imagen del Señor por la acción del Espíritu Santo (2 Cor 3,16) ¿Y es por eso que el cristiano se llama templo del Espíritu? Solemos decir que somos templo del Espíritu y es verdad. Pero el templo da la idea de algo acabado donde sólo falta que venga a habitar ese huésped que es el Espíritu Santo. En cambio, es más bello en este caso que nos llamemos criaturas del Espíritu dado que el Espíritu está haciendo su trabajo interior en nosotros para que de verdad podamos ofrecer un testimonio de vida cristiana. Ser criatura del Espíritu significa ser alguien a quien el Espíritu va dando vida, va dando forma, va puliendo, va haciendo crecer desde dentro.

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Ver, Madonia, Nicoló, Cristo sempre vivo nello Spirito, Ed. EDB, Bologna 2005, p. 220

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Nuestro ser va adquiriendo una forma especial que nos es dada por el Espíritu Santo y esa plenitud de forma es cuanto constituye la belleza del ser humano y del cristiano trabajado, pulido, trasformado por el Espíritu Santo.17 En el lenguaje antiguo no se hablaba de hermoso sino de formoso. Formoso viene de forma y de oso. Oso quiere decir lleno de. Por ejemplo, dichoso quiere decir lleno de dicha; precioso quiere decir lleno de valor; mocoso quiere decir lleno de lo que te estás imaginando. Estar lleno de forma es para un cristiano de la forma de Cristo. “En este sentido todo lo bello, lo grande y lo vivo que está en Cristo resucitado pasa a nosotros.”18 El Espíritu hace realidad en nosotros, lo que es realidad en Cristo.19 Se cuenta de una estatua cuyo escultor dejó a medio hacer. Se veía horrible. Un día, la estatua habló, no era para menos, y le dijo al escultor: “Termíname, para que no se rían ni de mí ni de ti”. Que bonita invocación que podemos dirigir nosotros cada día al Espíritu Santo. ¿Por qué es importante este empujón hacia arriba, esto es, hacia ser testigo, en términos de la eficacia del primer anuncio? Toda persona necesita buscar la verdad o las verdades que le servirán de referencia en su vida, verdades que responden también a los profundos deseos, interrogantes y limitaciones de la misma. Ahora, las verdades que impactan, que configuran la vida y abren el horizonte de una persona, no derivan de simples conocimientos y especulaciones sino llegan a través del testimonio creíble de los demás. “Quien es creíble es el testigo que desvela sus convicciones profundas en la distancia corta de la relación personal, y sobre su credibilidad el destinatario puede acceder y confiarse a la misma verdad que la existencia del testigo manifiesta.” 20 Es decir, el testigo con su vida manifiesta la verdad de Jesucristo, Su salvador y su Señor, y esa manifestación, por la fuerza de la vida misma del testigo, puede ser acogida por el destinatario siempre con la acción propia del Espíritu Santo. Pero es tan mecánico el testimonio que basta que yo lo presente con mi vida para que la otra persona lo acoja? ¿No es algo muy simplón?

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Anota el P. Congar: Hoy como siempre, y mucho más que en otras épocas, hay vidas que cambian por la acción del Espíritu. Oigamos lo que dice este proverbio musulmán. “Si te dicen que una montaña ha cambiado de sitio, créelo. Pero si te dicen que un hombre ha cambiado de carácter, ¡no se te ocurra creerlo! Es probable que el carácter se mantenga, porque siempre se reaccione conforme a lo que se es. Sin embargo, hay hombres y mujeres que toman otra dirección en su vida y adoptan normas diferentes de comportamiento porque ha irrumpido en ellos una fuerza y una inspiración que atribuyen al Espíritu Santo. Y se constatan en ellos las notas que San Pablo ya advertía: “Amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo” (Gal 5,22) Uno de los rasgos más importantes de esta historia es la coherencia, aún más, la homogeneidad de los testimonios en medio de contextos extraordinariamente diferentes. Ver, Congar, Y. o.c.p.48

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Vanni, Ugo, El Soplo del Espíritu, Ed. San Pablo, 2000, Bogotá, p.13

19

Mc Donnell, Kilian, The Other Hand of God, Liturgical Press, Minnnnesota 2003, p.119

20

Carvajal, Juan Carlos, Pedagogía del primer anuncio, Ed. PPC, Madrid 2012, p.61

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El anuncio de Jesús se da en un contexto de diálogo sencillo, aunque parezca algo simplón. Este anuncio es recibido por la otra persona que puede acogerlo o no. Eso depende de muchas y variadas circunstancias propias y de la acción del Espíritu Santo. Aunque es oportuno que en diversas circunstancias anunciemos a Jesús teniendo presente esas profundas aspiraciones y claros deseos de los destinatarios para que el anuncio les llegue como buena noticia, eso no está al alcance de todos. Lo que sí está al alcance de todos los cristianos, es ofrecer el testimonio sencillo y claro de Jesús, es decir, el primer anuncio. Ya te dije que no hay necesidad de explicar todo el mecanismo del cajero automático para sacar la platica. No hay que saber toda la teología para ser un sencillo testigo de Cristo. Hay que confiar también en la acción del Espíritu. Gracias a su acción, a partir del testimonio, el anuncio puede llegar por penetración silenciosa, como la sal en la comida o también como irradiación visible, para que el mensaje de Cristo, aún si es paradójico o alternativo, sea percibido claramente. ¿Qué quiere decir que el primer anuncio es paradójico o alternativo?. Algo es paradójico cuando parece contradictorio y no lo es. Por ejemplo, hacerle ver a una persona que lo que menos quiere es lo que más necesita, parece una contradicción. Lo normal es que lo que menos quiere no se le ofrezca y sin embargo eso es cuanto se le ofrece. Esa es una paradoja. Por ejemplo, en muchos contextos donde hay un individualismo exagerado, porque cada uno quiere realizarse plenamente mirándose a sí mismo, desde sí mismo y sin pensar en los demás, lo menos que quisiera una persona es comprometerse con otro con minúscula y con el Otro con mayúscula, de manera tal que su corazón y su mente se orienten a esa otra persona. Lo paradójico está precisamente en desafiarla a abrirse al otro como condición para que, de verdad, pueda realizarse plenamente. Es como decirle: Si quieres ser feliz contigo mismo, olvídate de ti y ábrete a los otros. Si quieres vivir plenamente tu libertad, entrega tu ser a Dios. “El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por causa mía, la encontrará” (Mt 16,25). En estas frases hay toda una paradoja según la cual es no haciendo lo que quiero que voy a lograr lo que quiero. En el primer anuncio no se puede evitar un cierto efecto de contraste, en algunos casos, trasgresor de lo que es habitual. Ustedes han oído decir, pero yo les digo… Cuando Inés le decía a Santa Teresita su hermana que se sentía aún muy pobre y que tenía todavía mucho por lograr, Teresita le respondía: “No, no es así, no tienes mucho por conquistar, lo que tienes es mucho que perder, mucho que quitarte de encima.”. Obviamente, era una respuesta muy paradójica, casi en contraste con lo que decía Inés. Si se piensa bien, es obvio que no hay contradicción entre las dos afirmaciones, aunque sí hay un contraste. También el primer anuncio puede llegar al destinatario como un contraste. Pero puede haber más. El primer anuncio puede llegar como una clara alternativa de vida, de cultura, de mentalidad en el sentido expuesto por Jesús cuando decía: “Conviértanse y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15) o como una invitación que cambia totalmente la vida: “Vengan conmigo y les haré pescadores

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de hombres” (Mc 1,17) o como le aconteció a Mateo: “Vio a Levi sentado en el despacho de impuestos y le dijo: “Sígueme” Él se levantó y lo siguió” (Mc 2,14). Parece que el primer anuncio se transmite de persona a persona, pero ¿No hay otros caminos de transmisión? El primer anuncio se transmite de persona a persona. Pero sucede que la persona que quiere transmitirlo puede buscar llegar desde su corazón al corazón del destinatario a través de muchos caminos y usando muchos medios. Todos estos caminos y medios deben ser muy estudiados pastoralmente para que efectivamente sean adecuados transmisores del primer anuncio. Primer anuncio en encuentros convocados para esta propuesta en casa particulares. Primer anuncio con ocasión de algún evento mediático público: proyección de una película, presentación de un libro, debate en televisión cuyo tema es religioso. Primer anuncio a destinatarios específicos en el ámbito parroquial: Niños, jóvenes, papás, novios, enfermos, desocupados, detenidos, emigrantes, etc. Primer anuncio como compromiso de los grupos y movimientos apostólicos. Primer anuncio en las instituciones educativas. Primer anuncio en el tiempo libre dedicado al deporte, al turismo. Primer anuncio a través del arte expresado por los cantautores, artistas y comunicadores cristianos. Primer anuncio ofrecido a través del Internet.21 En conclusión, el primer anuncio recibido, con la luz del Espíritu Santo, transforma la vida y es el secreto de la alegría de muchas personas que lo recibieron, como quien abre la puerta para que entre Jesús en sus vidas, para evocar el año de la fe y la figura ofrecida por Benedicto XVI. El primer anuncio es la puerta y el fundamento de la fe. La puerta se cierra cuando se deja de llevar el primer anuncio a quienes no conocen personalmente a Jesús. El fundamento se agrieta cuando se deja de llevar el primer anuncio y hace que la fe se derrumbe como un castillo de naipes. La historia nos enseña que pagamos muy caro el olvido del primer anuncio. Debemos ser testigos que llevan el primer anuncio a quienes no son discípulos de Jesús. Las órdenes no han cambiado.

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30

Ver, Zenezini, Renato, Il primo annuncio, fondamento della teologia pratica, Ed. Pardes, Bologna, 2011, p.94

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El Concilio Vaticano II y el Código de 1983 Mons. Leopoldo López Vega Doctor en Derecho Canónico

E

l Código del 83, tiene su fundamento en el Concilio Vaticano II, es más, tuvo que esperar la pretendida y reclamada urgente reforma del Código del 17, hasta que se publicara el Concilio que le daría fundamentación doctrinal y estructural. De este modo, el Código de 1983 es consecuencia de la doctrina conciliar y de las experiencias inmediatamente posteriores llegando así a convertirse “en cierto sentido es el último documento conciliar”. De esta forma se expresó el Papa Juan Pablo II al recomendar el estudio del Código dentro de la escuela del Concilio1.

La referencia al Concilio, impuso temas de importancia capital que fueron recogidos de manera juiciosa y acuciosa por el Código, tales como el tema de la Iglesia Pueblo de Dios que dio lugar en el Código a su segundo Libro Codicial que reproduce con los mismos términos la nueva realidad de los cristianos:” Ser el Nuevo Pueblo de Dios” en el que la estructura fraternal de servicio y el espíritu dinamizador del Cuerpo Místico2 se concretan y se realizan en la Unidad Carismática según la cual todos los miembros del Cuerpo tienen responsabilidades y son a la vez agentes y sujetos de la misión evangelizadora que sustenta y fortalece la Comunión3.

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Seminario Conciliar de Tunja

Jean Beyer. S.J. del Concilio al Código. Edizione Dehoniane Bologna 1983.

2

Pío XII Mistici Corpus.

3

Comunicationes P. 125. N. 2

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Pablo VI, destacado canonista, impulsor de la obra heredada de su gran predecesor Juan XXIII y maestro de canonistas en su estudio y aporte que hizo al Concilio y luego al Código se preocupó por fusionar la Teología con la ciencia jurídica para profundizar en la visión del orden, la paz, la verdad y la justicia. De esta manera el Derecho Canónico resultante, según el beato Juan Pablo II, es un Derecho diferente del Derecho estatal por ser un derecho de Gracia y por ser un derecho de comunión fruto del trabajo apostólico en el cual se destaca la labor de la autoridad en la caridad ejercida por los apóstoles como verdaderos “judices fidei, doctores veritatis, pastores caritatis”4. Este es el papel que debe reproducir todo el que ejerce la autoridad en el sentido evangélico como servicio, ministerio y no en el sentido conquista y dominio. De este modo el Código poniendo en lenguaje jurídico la estructura eclesial propuesta por el Concilio, tiene como tarea realizar la comunión eclesial como una gran tarea edificadora de la verdadera Iglesia5 signo e instrumento de salvación6. La relación entre Concilio y Código es vital, fue importante en su reacción y en su fundamentación, así lo expresó Juan Pablo II al hablar del Código como un “instrumento que se ajusta perfectamente a la naturaleza de la Iglesia” y que se ha esforzado por reproducir perfectamente en lenguaje jurídico la doctrina del Concilio”7. Entre los elementos que el Concilio propuso y que el Código reproduce y organiza se encuentran estos que podemos destacar: la Iglesia como Pueblo de Dios (LG.2), la autoridad jerárquica como servicio (LG 3), la Iglesia como comunión y en virtud de ella la profunda relación que debe haber entre las Iglesias particulares y de ellas con la Iglesia Universal y entre la colegialidad y el primado, la importancia del laico y su responsabilidad en el ejercicio de la triple misión de Cristo: sacerdote, profeta y rey. Esta doctrina enlaza perfectamente con lo que se refiere a los derechos y deberes de cada uno de los miembros del Pueblo de Dios y finalmente el afán por trabajar por el ecumenismo. El Código sin embargo por ser obra humana, será obra imperfecta y por ser obra colectiva, no podrá tener la unidad de la obra que haría un solo autor, pero a pesar de eso es admirable que siendo trabajo de tantos mantiene y expresa una unidad fundamental que se la debe al Concilio. El Concilio no quiso ni pudo tratar todas las cuestiones planteadas, muchas de esas se las dejaron al Código en el que trataron de solucionar o sencillamente quedaron aplazadas para una ulterior perfección de dicho instrumento eclesial. De esta manera del Código próximo a cumplir también sus 30 años necesita seguir profundizando y perfeccionándose como expresión de un

4

Ibídem. Jueces de la fe, doctores de la verdad, pastores de la caridad.

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Magna illa communio quam ecclesia efficit (AAS. 69 )1977)

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LG. 1

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Const. Apostólica SAcrae disciplinae leges.

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derecho que en última instancia, depende de la revelación divina y quiere expresar las exigencias evangélicas facilitando su puesta en práctica. En el orden organizativo el Concilio Vaticano II abolió los llamados “beneficios” que se encontraban en el viejo Código y que daba lugar a párrocos inamovibles, proponiendo en su lugar los “oficios” como servicio de hermanos a hermanos, les dio el poder necesario a los Obispos para gobernar la Iglesia particular como hermanos mayores, cambió estructuras como la del síndico heredado de los mayordomos de los palacios reales como se llamaba a las personas que manejaban la economía de las parroquias, le dio gran importancia a la pastoral y a la participación del laicado en la vida y misión de la Iglesia, pidió la abolición del estipendio sacramental y sugirió la organización económica de las Diócesis y de las parroquias mediante lo que llamó Masa Común (Can. 492; 5 31), estas mismas instituciones fueron reguladas juiciosamente por el Código, pero con nostalgia podemos verificar en nuestras diócesis que cambiamos de cubre lecho, adornamos la alcoba con las bellezas del Concilio y del Código, pero debajo siguen habiendo tendidos y cobijas viejas y roídas por la envidia, la polilla del egoísmo, la ineptitud de pastores y el silencio cómplice y culpable de los que fueron designados para ejercer la autoridad en nombre de Cristo. Sigue habiendo sistema beneficial, economías basadas den estipendios, párrocos inamovibles, casi como si la estructura fuera de iglesias presbiterianas en donde los feligreses tienen que aguantarse la impericia o la falta de idoneidad de su párroco porque es preferible la “bienestar” del párroco que el de los feligreses ¿Qué hay que hacer? ¿Un nuevo Concilio, un nuevo Código? Creo que sería muy útil poner por obra lo que estos dos documentos plasmaron y no sólo en forma aparente sino estructural y real, que al cumplir 50 años el uno y 30 el otro pudiéramos empezar a entenderlos y a ponerlos por obra.

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Nuestra Comunidad

Equipo de Formadores 34

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V de Teología

IV de Teología Seminario Conciliar de Tunja

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III de Teología

I de Teología 36

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III de Filosofía

II de Filosofía Seminario Conciliar de Tunja

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I de Filosofía

Equipo de Trabajo 38

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La Palabra de Dios, en la tradición viva de la iglesia Nelson Felipe Campos, Pbro. Licenciado en Teología Dogmática

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roponemos una reflexión sencilla con miras a la conmemoración viva de los 50 años del Concilio Vaticano II, como memoria que lo hace presente con la finalidad de relanzar y profundizar, en clave de actualización todo el patrimonio eclesiológico que el Vaticano II representó para la Iglesia entera, así como la eclesiología que lo animó y lo ha ido acompañando en estos años de manera más significativa. A los veinte años de su conclusión, el Sínodo de 1985 sintetizo esta idea cuando conectó bajo el único sujeto de la Iglesia las cuatro constituciones conciliares: «la Iglesia (LG), bajo la Palabra de Dios (DV), celebra los misterios de Cristo (SC) para la salvación del mundo (GS)»1. Este título de la relación final del Sínodo de 1985 sobre el Concilio Vaticano II sirve de pauta para presentar los elementos esenciales de la Dei Verbum que se puede sintetizar: la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia. En este contexto el Concilio Vaticano II, ha dado un fuerte impulso a la valoración de la Palabra de Dios como primacía en la Iglesia; de allí ha derivado una profunda renovación de la vida de la comunidad, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad y en las relaciones ecuménicas. He aquí las líneas fundamentales de este desarrollo detallado en su lectura esencial: a). La revelación como «autocomunicación» («quiso Dios revelarse a sí mis­mo», DV 2; cf. DV 1.4.7.8.14.17; LG 1-8; GS 22.58; AG 9). b). Concentración cristológica: Jesucristo como «mediador y plenitud» (DV 2.4.7.17; cf. LG 5; GS 10.22). c). El principio católico

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PIÉ-NINOT, S. Eclesiología, la sacramentalidad de la comunidad cristiana, 24.

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de la Tradición: la Escritura en la Iglesia (DV II, 7-10; Cf. «la voz viva del Evangelio en la Iglesia y por ella en el mundo», DV 8). d). La recuperación teológico-litúrgica del primado de la Palabra de Dios. (DV l 10.24; cf. la «doble mesa: Escritura-eucaristía», DV 21; SC 48.51; PO 18; PC 6; OT 16). «Que la mesa de la Palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles, ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia». e). «El oficio de interpretar autorizadamente la Palabra de Dios ha sido enco­mendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, que no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido» (DV 10; cf. LG 25). f). Los evangelios son testimonios «fieles», pues comunican «sinceramente la verdad sobre Jesús» («vera et sincera de Iesu», DV 19; cf. DV 11.12)2. La Constitución dogmatica Dei Verbum, como sabemos, consta de seis capítulos. De la Pastoral Bíblica se explica en el capítulo VI: “La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia”. Comienza y termina relacionando la Palabra con la Eucaristía. Enseña que así como la Iglesia ha venerado siempre el cuerpo de Cristo, así también las Sagradas Escrituras; y cómo la vida de la Iglesia se desarrolla por la participación del misterio eucarístico, así también por una renovada proclamación, escucha y acogida de la Palabra de Dios. También el Concilio ha relacionado la Sagrada Escritura con la Tradición viva de la Iglesia afirmando: «La sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque ambas manan del mismo manantial, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin […], de donde se sigue que la Iglesia no saca solamente de la Sagrada Escritura su certeza de todas las verdades reveladas» DV 9). Nótese que, por un lado, se afirma el origen común de la Tradición y la Escritura ya que surgen de «un único manantial», por esta razón se afirmará más adelante que forman el «único depósito sagrado de la Palabra de Dios» (DV 10) y por esto son «suprema norma de su fe» (DV 21). Tradición viva y Escritura La multiplicación del adjetivo viviente o vivo, aplicado al Evangelio (DV 7.8), al Magisterio (DV 10) y, en definitiva, a la Tradición (DV 12), que la más reciente Exhortación Apostólica Postsinodal, Verbum Domini (2010), ha repetido seis veces (tres en VD 17; dos en VD 18 y una en VD 3) pone de relieve la importancia teológica de tal calificación. Este enfoque, refleja la concepción del gran iniciador de la renovación eclesiológica del s. XIX, J.A. Möhler, La unidad en la Iglesia (año 1825), el cual escribe que la «fuerza viva espiritual que se propaga y hereda en la Iglesia es la Tradición» (§3:5), ya que «la Tradición es el Evangelio vivo y completo predicado por los apóstoles […] Por tanto la Tradición no puede separarse de la vida de la Iglesia» (§12:2). Más aún, «la Tradición es la expresión del Espíritu Santo animando la comunidad de los fieles, que atraviesa los siglos, que vive en cada momento y que así mismo se ha corporalizado. Esta fuerza vital, espiritual, que heredamos de nuestros padres y que se perpetúa en la Iglesia, es la Tradición viviente» (§16:3). De esta Tradición viviente, se puede sintetizar diciendo que existe un único monumento de la Tradición que es la Iglesia la cual, como describe bellamente el Vaticano II, «con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree» (DV 8). Teniendo presente además que «la totalidad de los fieles [...] no pueden equivocarse en la fe» (LG 12).

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PIÉ-NINOT, S. Eclesiología, 86-87

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Lugar eminente en este contexto es «la predicación apostólica, expresada de modo especial en los libros sagrados» (DV 8). Es en este contexto que aparece la enseñanza del Magisterio (papal y episcopal, ordinario, definitivo y extraordinario) ya que «para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los obispos dejándoles su cargo en el magisterio» (DV 7). Los escritores cristianos de finales del siglo II mencionan que sus Iglesias tienen conocimiento de un canon de verdad, con un marco y contenido establecidos por la enseñanza de la Iglesia, o más sencillamente, una regla de fe (regula fidei), relacionada con la Escritura que funciona como la línea orientativa de la Iglesia para interpretar los libros bíblicos. El Vaticano II enumera específicamente como testimonio de la Tradición los Padres de la Iglesia así: «las palabras de los santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora» (DV 8). En el documento de la Pontificia Comisión Bíblica de 1993 se sintetiza así su aportación: «tienen un papel particular en el proceso de formación del canon, tienen, de modo semejante, un papel fundador en relación a la Tradición viva [...] En el curso de la gran Tradición, la contribución de la exégesis patrística consiste en esto: ella ha sacado del conjunto de la Escritura las orientaciones de base que han dado forma a la tradición doctrinal de la Iglesia, y ha proporcionado una rica enseñanza teológica para la instrucción y la alimentación espiritual de los fieles». Estas perspectivas hacen comprender por qué el criterio fundamental para discernir la fe de la Iglesia según afirma la Comisión Teológica Internacional «es la Escritura en relación con la confesión y la Tradicion de la Iglesia que cree y ora». En efecto, «hay una primacía fundamental de la Escritura, leída ésta, naturalmente, en el contexto de la tradición eclesiástica». Nótese además que en la DV 9 y 10, se califica la Tradición como Palabra de Dios (Verbum Dei). No es casual la repetición que se da en la exhortación apostólica postsinodal VD 17, además, subraya siguiendo la DV, el nuevo ambiente que deben tratar a la Escritura, la Tradición y que, por tanto, se coloca antes de hablar de la misma Escritura (DV 19). Ahora bien, será el primer sentido, es decir la Tradición como categoría inicial, la que será el eje para el nuevo enfoque de toda la problemática que coloca como gran novedad el capítulo segundo de la Tradición previo al tercero centrado en la Escritura. De esta forma no se sigue el orden del Concilio de Trento, que por razón de la polémica luterana afirmaba que además de la Escritura existen las tradiciones (cf. DH 1501), repetido en el Vaticano I (cf. DH 3006), sino que se sigue la sucesión cronológica de la transmisión de la Revelación: primero, por vía no escrita (cap. II: La transmisión de la Revelación) y, segundo, por vía escrita (cap. III: La inspiración de la Escritura). Por ello, se concluye que “la Tradición viva de la Iglesia es para hacernos entender correctamente las Sagradas Escrituras como la Palabra de Dios” (DV 17). El texto también es muy claro cuando llega a la conclusión de que ciertamente la reflexión teológica siempre ha considerado”, “la inspiración y la verdad como dos conceptos claves para la hermenéutica eclesial de las Sagradas Escrituras.” De hecho al principio del parágrafo la referencia a la inspiración se habla todavía de la analogía de esta manera: «así como la Palabra de Dios se hizo carne por obra del Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María, así la sagrada Escritura nace del seno de la Iglesia por obra del mismo Espíritu. Se reconoce la importancia del Seminario Conciliar de Tunja

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autor humano, que escribió la letra e inspirado, al mismo tiempo, Dios mismo como el verdadero autor” (VD 19). Los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario sus enseñanzas se revelan particularmente ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada. Por eso, apuntará a la comprensión del Vaticano II como Concilio de reforma, dado que las decisiones de fondo son válidas, mientras que las formas de su aplicación en contextos nuevos pueden cambiar. Por todo ello, si leemos el Concilio y lo recibimos guiados por una justa hermenéutica, puede ser y convertirse más aún en una gran fuerza para la necesaria renovación de la Iglesia. En la Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Dómini, sobre «la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia» (setiembre, 2010), en la introducción el Papa deja muy claro el objetivo que busca con esta exhortación: «Deseo indicar algunas líneas fundamentales para revalorizar la Palabra Divina en la vida de la Iglesia, fuente de constante renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial» (n. 1). Y entre unas de las líneas concretas para llevar a la práctica en las iglesias particulares es precisamente, Aparecida, nos habla de ello (DA, 248), es decir, la Escritura en la Pastoral de la Iglesia debe ser la savia que nutra el encuentro con Jesucristo, en todas las realidades ministeriales y pastorales de los que se sirve la Iglesia para realizar su misión de ser luz, sal y fermento para el mundo (Mt 5, 13 16). En el Plan Pastoral de la Arquidiócesis de Tunja, en el primer criterio: En relación con el tipo de la acción pastoral dice que es necesario una acción pastoral que privilegie la Palabra de Dios y así una evangelización misionera, en un proceso de fe, permanente, sistemático, orgánico, único y diferenciado. Se hace, pues, necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios, por esto la importancia de una pastoral bíblica entendida como animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, de evangelización o de proclamación de la Palabra. Esto exige, por parte de obispos, presbíteros, diáconos, ministros laicos de la Palabra un acercamiento a la Sagrada Escritura (DA 248). Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura hay una privilegiada a la que todos estamos invitados, la «Iglesia acoja la Palabra», el prólogo de San Juan nos sitúa también ante el rechazo de la Palabra Divina por parte de los «suyos» que «no la recibieron». La esposa de Cristo maestra también hoy en la escucha, repite con fe: «habla Señor, que tu Iglesia te escucha». Por eso la constitución dogmática Dei Verbum comienza diciendo: «la Palabra de Dios la escucha con devoción y la proclama con valentía el Santo Concilio». La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el Evangelio encuentra siempre de nuevo orientación para su camino.

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Servir a tu mesa Danny Leonel Suesca, Pbro. Formador del Seminario Lic. en Ciencias Religiosas y Ética

Servir a la mesa de tu Eucaristía, queriendo encontrarte presente en el pan. Te has hecho pequeño para alimentarme, y debo partirlo para los demás. Se entregó en silencio y dando su vida, me amó hasta el extremo, así nos compró.

Droguería Lina M.

Coro: Por eso ardía mi corazón, cuando me hablaba de su amor; quiero tocar su santidad, gustar su perdón. Y en el altar que fue una cruz, la salvación Él me entregó, /me dio su carne con su sangre y aquí me envió/. (Bis)

Seminario Conciliar de Tunja

Ahí en el Sagrario, reposa tu gracia y abres el oído a mi necesidad. Darte lo que tengo y en tu compañía, saborear el vino de la Eternidad. Pues hoy te agradezco por darme la vida, y haberme confiado tu prueba de amor. Coro…

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La Reforma Litúrgica1 Eliécer William Barón, Pbro. Profesor de Liturgia

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n este artículo, quisiera tratar de responder a algunas cuestiones sobre la reforma litúrgica hecha por el Concilio Vaticano II, y sobre lo desencadenado dinámicamente por las enseñanzas del mismo concilio. Se tiene en cuenta, tanto los elementos positivos como las limitaciones que van generando nuevos retos a la Iglesia.

1. LA GRAN REFORMA DEL VATICANO II El Vaticano II constituyó un gran evento para la Iglesia universal, entre los años 1962-1965. La Constitución de Liturgia fue el primer gran Documento o Constitución aprobada por el Concilio (el 4 de diciembre de 1963). Tuvo sus antecedentes en el llamado movimiento litúrgico que promovió la renovación y la participación litúrgica, del mismo modo, la promoción que hicieron los Papas, entre los cuales están: Pío X, Pío XI, y especialmente Pío XII, con la publicación de varios documentos2. Los principales campos de la reforma litúrgica como resultado de grandes investigaciones y del sentir generalizado del pueblo de Dios son: las celebraciones en las propias lenguas, revisión y adaptación

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1

FUENTE: Conferencia en el Aula de Teología. Santander: 17 enero 2012. Dionisio Borobio. Universidad Pontificia. Salamanca.

2

Recuérdense, entre otros, de Pío X, Tra le sollicitudini (1903), Abhinc duos annos (1913). De Pío XII, Mediator Dei (1947), Máxima redemptionis mysteria (1955).

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de la celebración litúrgica y sacramental, dando más sencillez y claridad a los ritos y textos; se buscó adaptar así, la liturgia a las costumbres y tradiciones de los pueblos. Se da una mayor dinámica a las celebraciones, rompiendo con el inmovilismo y ritualismo existentes3, se genera un equilibrio entre tradición y progreso. La reforma litúrgica no solo aparece en los libros para el uso directo en la liturgia y los sacramentos, sino que posterior al Concilio Vaticano II se han emanado Documentos que enriquecen la teología, la pastoral y la celebración de los sacramentos. 2. LOS PRINCIPALES APORTES DE LA REFORMA DEL VATICANO II Deteniéndonos solamente en Sacrosanctum Concilium, encontramos los siguientes aportes: definición de los principios operativos y las dimensiones esenciales de toda celebración: la dimensión Trinitaria y Pascual de la liturgia (n.1-7)4, la dimensión reveladora y sacramental de la Palabra, la dimensión eclesial de la celebración, en cuanto que las “acciones litúrgicas son celebraciones de la Iglesia y la Iglesia es a su vez sujeto, mediación y objeto de la celebración (nn. 14, 26). La dimensión central de la liturgia (n. 7) en cuanto que “la liturgia es el culmen al que tiende la acción de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza” (10), la dimensión simbólica y visible de la acción litúrgica que se desarrolla por palabras y signos5 (nn. 33; 34-35 y 37-40), la dimensión personal de la liturgia, en cuanto que supone la participación del sujeto con unas adecuadas disposiciones (n. 11, 59), la dimensión evangelizadora y educadora de la liturgia, (nn. 24, 15-19, 21), estas dimensiones constituyen el eje de la aportación a la teología litúrgica del Vaticano II, derivándose de ellos el carácter comunitario de las celebraciones, la participación gracias a los distintos ministerios y servicios, la preferencia sobre las celebraciones comunitarias, la adaptación e inculturación, el valor de la Palabra como parte esencial de la celebración, la importancia del diálogo y de la acción del sujeto en la misma eficacia del sacramento, se recupera la dimensión de la caridad como compromiso del cristiano luego de la celebración litúrgica. Algunas corrientes y críticas a la reforma emprendida por el Vaticano no se han hecho esperar, desde aquellas que buscan retornar a las fuentes y a las tradiciones, hasta las más “renovacionistas” que desean una mayor apertura y diálogo con el mundo y la cultura de hoy. A estas interpretaciones el santo Padre Benedicto XVI ha respondido con algunos documentos pontificios6.

3

El inmovilismo litúrgico arranca desde concilio de Trento y tuvo motivo justificado en la necesidad de terminar con los abusos litúrgicos que la reforma protestante había introducido, con los peligros gravísimos para la verdadera fe (Antonio Rivero. Catholic.net).

4

Este aspecto aparece en numerosos lugares a lo largo de la SC: 2, 5-6, 35, 47, 61, 102, 103, 104, 107...Y luego se repetirá en los mismos textos litúrgicos, a la vez que será el título de uno de los art. del Catecismo: “La liturgia, obra de la Santísima Trinidad”, n. 1077.

5

Es lo que ha expresado de modo excelente el CCE 1145-1152: “La celebración sacramental está tejida de signos y de símbolos.

6

Motu proprio “Summorum pontificum”, y últimamente “Universa Ecclesia”.

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3. ASPECTOS A MEJORAR EN LA LITURGIA RENOVADA Se han destacado, sin embargo, algunas limitaciones de la SC, o renovación litúrgica, (que en parte han sido subsanadas en algunos documentos posteriores) como son las siguientes que nos parecen más importantes: - La Sacrosanctum Concilium, pagó el tributo de ser el primer documento del Concilio, y por lo mismo no pudo integrar algunos aspectos que le afectan de la Lumen Gentium, la Dei Verbum, la Gaudium et Spes. Los documentos posteriores, desde la “Ordenación general del Misal Romano”, procurarán subsanar este aspecto. - La ausencia de una Pneumatología y de la dimensión epiclética de los sacramentos, será sobre todo en el nuevo Catecismo el que ofrezca una verdadera “pneumatología litúrgicosacramental” (nn. 1091-1112). - Igualmente, se consideraba una laguna la poca atención que se prestaba al aspecto ecuménico, con las diversas tradiciones que también pueden enriquecer la misma liturgia romana, apoyando el camino hacia la unidad litúrgica o sacramental. La explicación que ofrece el Catecismo sobre los sacramentos, tendrá en cuenta sobre todo la tradición de la Iglesia Oriental. - También se ha señalado que la Constitución no desarrolla suficientemente el carácter misionero de la liturgia, ni extrae las consecuencias evangelizadoras del principio “fuente de la vida de la Iglesia” (n. 10), de manera que se haga posible la existencia de las disposiciones necesarias para la celebración. Serán posteriormente la “Evangelii Nuntiandi” y la “Redemptoris Missio” los documentos que más desarrollen este aspecto. - Aunque no se olvida de relacionar la liturgia con la vida, y con las “obras de caridad, piedad y apostolado” (n. 9), tampoco desarrolla de modo suficiente la dimensión social y “comprometente” de la liturgia, como uno de los elementos presentes en toda celebración, sobre todo en la eucaristía. Algunos recientes documentos, como “Ecclesia de Eucaristía” recordarán este aspecto o dimensión social. - Algunos han achacado a la Constitución y a la reforma litúrgica en general, que haya ejercido “una cierta violencia sobre el pueblo”, al proponer una liturgia demasiado esquemática y racional, y no tener suficientemente en cuenta la mentalidad religiosa del pueblo sencillo, con su sensibilidad ritual, su religiosidad popular, sus tradiciones y costumbres, a pesar de que reconoce este derecho con claridad (nn. 37-40). También a esto se intentará responder con otro documento reciente: “Liturgia y religiosidad popular”. - Finalmente, hay quienes acusan a la renovación litúrgica de no haber tenido en cuenta algunas categorías filosóficas importantes, como “comunicación”, “símbolo”, “fiesta”, “diálogo”... Lo que habría llevado a renovar de modo más adaptado un lenguaje y unos símbolos que, con frecuencia, son poco elocuentes, o ininteligibles para el pueblo sencillo.

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4. RETOS Y CUESTIONES PENDIENTES Pero ahora, teniendo en cuenta todo lo anterior, así como las aportaciones complementarias de los diversos documentos, debemos plantearnos los principales RETOS que, a nuestro entender, tiene delante la liturgia. Pueden formularse en los siguientes términos: - Se necesita un mayor redescubrimiento de la “liturgia y los sacramentos” de manera que se integre a la vez la palabra, la caridad, la fe y la esperanza7. - Es importante ofrecer una liturgia que a la vez sea dialogante con la sensibilidad religiosa de nuestro tiempo y sea capaz de expresar al mismo tiempo con palabras y signos la identidad del misterio que celebra8. - Es importante redescubrir el sentido del misterio, en renovar las celebraciones litúrgicas para que sean signos más elocuentes de la presencia de Cristo, el Señor. - El desarrollo más acentuado del carácter mistagógico de la celebración, superando racionalismos y palabrería, y sabiendo desarrollar la pedagogía de los símbolos. - Abrir más los ojos de la fe frente al misterio celebrado. - Es importante una mayor adaptación de la liturgia a las costumbres y tradiciones de los pueblos y culturas (SS 37-40). Sin embargo ya se han hecho esfuerzos en algunos pueblos y documentos9. - Reconociendo los esfuerzos que ya se han dado, quizás sea necesario una revisión de los textos bíblicos seleccionados para hacerlos más inteligibles a la mayoría del pueblo. - Seguir dando pasos en el orden ecuménico. - Cada día es necesario seguir en el diálogo con la cultura actual. - Es importante que los sacerdotes no solo crezcan en número sino en calidad para servir en el ministerio y la preparación y la participación de los fieles laicos para el apostolado. Este ha sido un esbozo general, de lo que ha sido el aporte del Vaticano II, en lo referente a la reforma de la liturgia, aporte desde las líneas de evolución, como las limitaciones y los retos que ahora se plantean.

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Cfr. Documento Ecclesia in Europa, cap. IV.

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Ibíd., n. 68. 70

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Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos, La Liturgia Romana y la inculturación (25 de enero de 1994); Id., Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (17 diciembre 2001); CCE 1200-1208).

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El “Padrinito1” frente al Concilio Vaticano II Jerónimo Gil Otálora Presidente de la Academia de Historia Eclesiástica de Boyacá

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ace cincuenta años, más precisamente el 11 de octubre de 1962, el mundo se sacudió con la siguiente agradable noticia, lanzada por Mons. Capovilla, secretario de S. S. Juan XXIII, anunciando la intención de realizar pronto un Concilio: “Fue un día como los demás. Se levantó el pontífice como de costumbre a las cuatro, hizo sus devociones, celebró la misa y asistió después a la mía. Se retiró a continuación a la salita de comer para la primera colación, dio una ojeada a los periódicos y quiso revisar el borrador de los discursos que había preparado. A las diez partimos para la Basílica de S. Pablo Extramuros. La primera parte de la ceremonia duró de las 10:30 hasta las 13:00. Entonces entramos en la sala de los monjes benedictinos, nos retiramos todos y quedó el papa con los cardenales. Leyó el ‘discursito’ que había preparado, digo «discorsetto» porque así lo definió él mismo, y en un cuarto de hora estaba todo terminado. Pocos minutos después se difundía por el mundo la noticia del Concilio ecuménico”. Dicha convocatoria tendría como objetivos los siguientes:

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“Padrinito” es el apodo con el cual se llamaba al Padre Marcos D. Sánchez, en Tuta, porque al inicio de cada año escolar, el padre consagraba al Sagrado Corazón a los nuevos estudiantes de la Apostólica u oriundo del municipio. En dicha ceremonia los papás eran los compadres, los niños, sus ahijaditos y el Padre Sánchez el “Padrinito”.

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 Promover el desarrollo de la fe católica.  Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles.  Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.  Lograr la mejor interrelación con las demás religiones, principalmente las orientales. La intención del Papa, hoy Beato Juan XXIII era: poner al día la iglesia, renovando los elementos más indispensables, es decir aplicar un aggiornamento, o como dirían los técnicos de finales de siglo, una reingeniería a la Iglesia Católica, revisando el fondo y la forma de todas sus actividades. Inició por proporcionar una apertura dialogante con el mundo moderno, actualizando la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma, incluso con nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemas actuales y antiguos. A este llamado acudieron de todos los rincones del mundo unos 2450 obispos de la Iglesia católica y algunos invitados especiales, clérigos y laicos. La primera sesión partió con la inauguración solemne en la Basílica de S. Pedro el 11 de octubre de 1962. Juan XXIII presidió la misa y ofreció un discurso programático, el  Gaudet Mater Ecclesia, donde habló del puesto de los concilios en la historia de la Iglesia, de la situación del mundo y de algunos aspectos generales que debían tenerse en cuenta durante el concilio: se trataba de custodiar el depósito de la fe católica enseñarlo de una manera adecuada a los tiempos empleando para ello los métodos más eficaces. El Concilio se realizó en cuatro sesiones: la primera de ellas fue presidida por el mismo Papa en el otoño de 1962, pero infortunadamente no lo pudo concluir ya que falleció un año después, el 3 de junio de 1963. Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el papa Pablo VI, hasta su clausura en1965. La lengua oficial del Concilio fue el latín. Observemos con la imaginación qué ocurría en los pueblos pequeños como el de Tuta, hace cincuenta años al conocer tan maravillosa noticia. Algunos párrocos echaron las campanas al vuelo y otros hasta cohetes lanzaron. En Tuta fue tal la alegría del Padre Marcos Dionisio Sánchez, que convocó a sus apostólicos a una reunión para compartir la noticia. Su regocijo fue grande, y eso que hasta ese instante no se conocían los detalles de tan magno evento. De esta Asamblea mundial de obispos se derivaron varios “documentos conciliares” y uno de ellos, donde se centra la atención de los sacerdotes, es el DECRETO PRESBYTERORUM ORDINIS SOBRE EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS PRESBÍTEROS en el cual, en uno de sus apartes dice: “Por el ministerio de los presbíteros se consuma el sacrificio espiritual de los fieles en unión del sacrificio de Cristo, Mediador único, que se ofrece por sus manos, en nombre de toda la Iglesia, incruenta y sacramentalmente en la Eucaristía, hasta que venga el mismo Señor. A este sacrificio se ordena y en él culmina el ministerio de los presbíteros. Porque su servicio, que surge del mensaje evangélico, toma su naturaleza y eficacia del sacrificio de Cristo y pretende que “todo el pueblo redimido, es decir, la congregación

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y sociedad de los santos ofrezca a Dios un sacrificio universal por medio del Gran Sacerdote, que se ofreció a sí mismo por nosotros en la pasión, para que fuéramos el cuerpo de tan sublime cabeza. Por consiguiente, el fin que buscan los presbíteros con su ministerio y con su vida es el procurar la gloria de Dios Padre en Cristo. Esta gloria consiste en que los hombres reciben consciente, libremente y con gratitud la obra divina realizada en Cristo, y la manifiestan en toda su vida. En consecuencia, los presbíteros, ya se entreguen a la oración y a la adoración, ya prediquen la palabra, ya ofrezcan el sacrificio eucarístico, ya administren los demás sacramentos, ya se dediquen a otros ministerios para el bien de los hombres, contribuyen a un tiempo al incremento de la gloria de Dios y a la dirección de los hombres en la vida divina. Todo ello, procediendo de la Pascua de Cristo, se consumará en la venida gloriosa del mismo Señor, cuando Él haya entregado el Reino a Dios Padre.  Pareciera que el “Padrinito” se había anticipado a este mandato del Concilio pues lo venía aplicando a la perfección, como se relata en la versión de la Comisión de Peritos de Historia y Archivística para el proceso de la beatificación y canonización del Padre Sánchez: “Fue tal la entrega a su vocación de servicio2, que basta con citar un solo pasaje literariamente descrito por uno de sus ahijaditos, formado por él, como el Padre Jorge Becerra Jiménez: “Él era un amor: el ideal de un cura de almas; encarnaba al pastor, al buen pastor del evangelio. ¿Qué hacía? Sabía una cosa que hacía de maravilla: darse. Y sin uno darse cuenta, había conquistado a todo el pueblo a poco de llegar él” Era un sacerdote de gran “acción convocatoria”: uno para todos. No discriminaba a nadie; a su voz, como buen pastor acudían fielmente sus feligreses a participar en todas sus actividades pastorales y apostólicas; involucraba a todos: niños, jóvenes, hombres, mujeres, campesinos y pobladores, cultos y letrados igual que humildes campesinos, obreros y trabajadores. Para todos había una palabra de cariño, de afecto y de invitación a acercarse los Sagrados Corazones de Jesús y de María, y a llevar una vida realmente cristiana, es decir: alejada del pecado, de infidelidades matrimoniales, embriaguez, de peleas de vecinos, controversias inamistosas y demás actos o actitudes que pudieran ofender a Nuestro Señor. Desde el inicio de su vida sacerdotal se caracterizó por su especial atención y trato amable a los campesinos, a quienes visitaba con frecuencia en las veredas en donde organizaba misiones, cuarenta horas, triduos y celebraciones especiales3. Le encantaba llevar la sagrada comunión a los enfermos, sin importar las

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Comisión de Peritos de Historia y archivística, para el proceso de la Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Marcos Dionisio Sánchez Lozano.

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Nota: Apenas llegaba a su nueva parroquia, lo primero que hacía era solicitar permiso a su prelado para exponer el Santísimo y realizar misiones, organizar hermandades, etc. como lo demuestra la carta dirigida al Secretario Episcopal el 18 de octubre de 1940. A.A. T. Folder 39 Tuta, pág. 32

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distancias de los hogares y los difíciles caminos, a veces intransitables y bajo las duras inclemencias del tiempo. El texto del Concilio refiriéndose al trato con los sacerdotes continúa más adelante: “Los obispos, por el don del Espíritu Santo que se ha dado a los presbíteros en la Sagrada Ordenación, los tienen como necesarios colaboradores y consejeros en el ministerio y función de enseñar, de santificar y de apacentar la plebe de Dios. Cosa que proclaman cuidadosamente los documentos litúrgicos ya desde los antiguos tiempos de la Iglesia, al pedir solemnemente a Dios sobre el presbítero que se ordena la infusión “del espíritu de gracia y de consejo, para que ayude y gobierne” La conducta del Padrinito a este respeto, era de total cortesía y humildad frente a sus superiores, especialmente con su obispo, en quien depositaba toda su confianza, pues nada hacía sin consultar. Una de las muchas virtudes sobresalientes de este sacerdote fue la Obediencia: “A riesgo de su propia vida, aceptó con amor y dedicación las parroquias y misiones pastorales encomendadas por sus respectivos prelados y superiores. Fue fiel y ejemplar para con sus superiores inmediatos y su obispo, primero en el Seminario y luego como sacerdote. Prestó estricta obediencia a su iglesia católica a fin de mantener la verdadera comunión eclesial en su orden jerárquico, a los Sumos Pontífices, al Episcopado a través de la Conferencia Episcopal y a sus colegas pastores. Su constante y noble obediencia se manifiesta en las permanentes solicitudes y búsqueda de aceptación y/o orientación de su Prelado para el desarrollo de sus acciones pastorales. No obstante su delicada enfermedad, sin importar climas, distancias, incomodidades y pobreza, el Padre Sánchez afirma: “Como yo al ordenarme ofrecí a Nuestro Señor, no pedir ni rechazar colocación alguna, solo consulto a mi superior para tranquilidad de mi conciencia”4. Otro aspecto derivado del Concilio fue el tema de LA FE, aspecto al que el Papa actual, Benedicto XVI ha dedicado un año a partir de hoy, octubre 11 de 2012 hasta el 24 de noviembre de 2013. Al anunciar el Año de la Fe, el Papa dijo que este tiempo busca “dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas a la amistad con Cristo que nos da su vida plenamente”. Veamos de qué manera el “Padrinito”, quien por la fe era un hombre centrado en Cristo, llevó a la práctica este mensaje del Concilio. “El presbítero Marcos Dionisio fue un enamorado de Cristo, de vida centrada en la Sagrada Eucaristía. Era tal su devoción a Jesús Eucaristía que organizó, divulgó y la llevó a la práctica mediante numerosas devociones fundamentadas en Jesús Sacramentado, por ejemplo: hora santa, los jueves previos al primer viernes de cada mes, triduos y trisagios, los Domingos de “Minerva” en el tercer domingo de mes, las procesiones

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Archivo Arquidiocesano de Tunja. Folder No. 11, Maripí, Fol.4 y vto.

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con Nuestro Amo por el templo (primeros viernes), la solemnidad de las primeras comuniones (meses de octubre y diciembre), las cofradías y hermandades eucarísticas, como la Hermandad del Santísimo, cuyas reuniones en el mes de septiembre eran de obligada asistencia, la exposición del Santísimo, la adoración nocturna y la adoración perpetua y, finalmente, la administración del Santo Viático a los enfermos. Todas estas actividades, ceremonias y demás eventos de este estilo, realizadas con suma piedad y recogimiento, son evidencias tangibles de una vida totalmente centrada en la Divina Eucaristía”5. Finalmente, al conmemorar 50 años de la celebración del Concilio Vaticano II, muchas acciones se pueden realizar: unos se enterarán superficialmente acerca de este evento, otros ignorarán el evento, otros, por el contrario profundizarán la lectura de sus Documentos, algunos organizará foros, actividades de reflexión y valoración para llevar algunos cabios a la vida interna de cada uno, otros tal vez lo criticará apasionadamente. De todas maneras este acontecimiento histórico está ahí como lo más importante del siglo XX en materia de aggiornamento de la Iglesia católica. Los católicos como miembros de esa Iglesia Católica debemos trabajar por la renovación tanto de todo el cuerpo como de cada individuo, así como lo hizo el Padre Marcos Dionisio Sánchez, cuyos documentos viajan este año a Roma, para seguir el segundo paso del proceso de su canonización.

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Documento de la Comisión de Peritos de Historia y archivística, para el proceso de la Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Marcos Dionisio Sánchez Lozano.

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La dulzura en el sentir y en el creer a la verdad

Luis Quintero Pinto, Pbro. Lic. en Teología Bíblica

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a fe es un comportamiento propio del hombre que dice a Jesucristo: yo busco la verdad; la verdad eres Tú. Tú mides la verdad de mi modo de ser hombre. De hecho la verdad del hombre, no está en el hombre, sino en tu humanidad, Jesús. No soy yo la cabeza de mí mismo, encuentro mi centro fuera de mí. Yo encuentro mi bien en la obediencia a esta verdad, en el tomar esta verdad como norma y medida de mi verdad y por consiguiente a criterio de valoración última de aquello que soy, de aquello que hago. La fe es una vivencia: implica una adhesión plena a Dios como respuesta a su iniciativa, vivir en obediencia a Dios vivo, actuante. Vivir una experiencia espiritual más pura y más elevada. Nuestra reflexión se articula en cuatro partes. La primera la experiencia de fe. La segunda la primacía del amor. La tercera la confianza y filial abandono y la cuarta, vivir de rodillas agradecidos por la misión de Dios misericordia.

1. Experiencia de fe La fe como experiencia humana, aunque sobrenatural, es la capacidad de don y de riesgo en relación operativa al suceder propio, la disponibilidad de frente a lo nuevo. Los hebreos faltaban de fe en el desierto cuando reflexionaban en un bienestar limitado pero seguro, mientras en un futuro muy incierto y duro se opina sólo la presencia de Dios. Algunos cristianos hebreos quizá no tenían fe reflexionando en las seguridades de los padres, mientras a ellos se les ofrecía sólo la Palabra y el ejemplo de Jesús, hombre discutido y fallido políticamente. Muchos cristianos en el curso de los tiempos Seminario Conciliar de Tunja

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han faltado de fe cuando han titubeado al modificar concepciones de vida y estructuras que garantizaban a ellos tranquilidad y seguridad, mientras eran invitados a entrar en prospectivas de evangelización, de renovación teológica o de estilo de vida. El desafío continúa, es aquel de reconocer si verdaderamente es Dios que inspira el comportamiento o actitudes nuevas, en el incansable diálogo con el mundo. La fe es una virtud teologal fundamental pues está a la base de toda la vida cristiana. Ella establece un contacto, un comportamiento inicial que el hombre debe tomar delante de Dios, influye sobre todo el camino que el hombre hace con Dios, condiciona el encuentro amoroso con Él. Mi experiencia pastoral indica que la fe, en concreto, es la capacidad de reconocer y aceptar la vida como don gratuito de Dios y la voluntad de dar la vida en cambio, como un acto de agradecimiento. La vida indica sobretodo la vida física, con toda su belleza y potencialidad, y enseguida viene la vida espiritual en Cristo. En virtud de la iniciación cristiana. Llegamos a ser simbólicamente partícipes de la muerte y resurrección de Jesucristo. La acción de Dios que destruyó en Él la muerte, para no morir más. Dios lo resucitó de entre los muertos, el don de la vida sin límites. Ante este misterio nos quedamos llenos de admiración y de asombro, como ante los misterios de la Encarnación y del nacimiento virginal (cf. San Gregorio Magno, Hom. 26 in ev., lectura del breviario del Domingo in albis). Por tanto, dejémonos introducir con los Apóstoles en la fe en Cristo resucitado, la única que puede traernos la salvación ( Hch 4,12). Se ha efectuado en nosotros una transformación radical y permanente. A nivel más profundo de nuestra existencia hay una unión permanente con Aquel que ha dicho: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: quién permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Todo esto es don gratuito de Dios. El Espíritu Santo y su Gracia Santificante es una bendición. Nos encontramos en presencia de una realidad profunda y compleja, de una vida nueva, plenamente humana. Se realiza en nosotros ese cambio que llamamos fe y que, en vez de concebir a Cristo en función del mundo, hace pensar en el mundo y en todas las cosa en función de Cristo.(R. Guardini, El Señor, t.2). Queda el compromiso, el desafío a nuestra libertad responsable. Ocurre estar totalmente unidos a Jesucristo. ¿Cómo?. Abrazando el Misterio Pascual a todo nivel de nuestra vida: afectiva, cognoscitiva, social. Este compromiso presupone un desarrollo gradual seguir nuestras capacidades naturales y sobrenaturales. A través de la reflexión y la oración, y en virtud de nuestra confianza cotidiana a las preguntas de la vida, nuestra vida en el Espíritu de Cristo resulta más profunda, más gozosa. Pasarla en grande, darse una vida Padre. 2. Primacía del amor Aceptar la gracia de Dios en nuestro acto de fe. Aceptamos a Dios que se revela, aceptar a Jesús como el Señor de mi vida. La fe del creyente es una relación personal con Dios Padre en Jesús por medio del Espíritu Santo. El creyente acepta a Dios en Fe completamente y sin condiciones y se confía totalmente y toda su vida a Dios en Cristo. Por eso Pablo puede decir: “Y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí…” (Gal 2, 20-21). Comienza con el sentir: la fe viene de oír, y el oír viene por medio de la Palabra de Cristo (Rom 10,17). La respuesta en el amor es la de reconocer a Jesús como el Señor y de confiar completamente en Él. (Rom 1, 4-5; 16, 25-27). Oír la fe y confiar completamente en la fe. Así

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la fe es una íntima relación del creyente con Dios en Cristo por medio del Espíritu Santo, en la que queremos hacer todo aquello que Dios Quiere por eso la fe me lleva a la justificación a la salvación. Primero la fe es oída y luego me confío a Dios en Cristo para vivir la fe (1Ts 1, 2-3) y habla de la alegría de la fe (Fil 1,23). Es una fe que obra en el amor: “… lo que vale es la fe que actúa por medio del amor” (Gal 5,6). 3. Confianza y filial abandono Cuál es nuestra imagen de Jesucristo? Lo vemos como – nuestro sustituto, alguien que obra en vez de nosotros, como sucedáneo alivio de la responsabilidad de mi vida?. Jesús no es una cabeza que da de las directrices, sino un hermano que hace un camino. Él antes de predicar la renuncia, la practica; antes de ofrecer la cruz, la lleva. Enseña a salvar así la propia vida, colocándola en riesgo sin reservas como lo ha hecho Él (Lc 9, 22-25). La vida del cristiano es seguir o acompañarse a Cristo. No se puede ser cristiano, discípulo de Cristo, personas que proclaman de haber escogido decididamente Cristo, si no se comprende aquello que significa estar dispuestos cada día a perder la propia vida por Él, a apoyarse la cruz al lado de Él. Nuestra salvación es obra exclusiva de Dios y no del hombre. Aunque ésta no sucede sin el concurso humano. Esta convergencia está representada de la aceptación de María en el anuncio del ángel (Lc 1, 26-38). La aceptación de María está en sintonía con aquella del Hijo de Dios, asumida en su entrar en el mundo (Hebreos 10,4-10). La encarnación es el misterio de la colaboración responsable de María a la salvación recibida en don. Nos revela que Dios para salvarnos ha elegido el método de pasar a través del hombre: “ Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). El Señor nos enseña a dar también nosotros nuestro cuerpo y sangre por los hermanos. Hacemos así creíble la salvación de Dios, encarnándola también en los pequeños “sí” que cada día repetimos a ejemplo de María. 4. Estar con Dios en oración Cada persona, dado que es una imagen y un amigo de Dios, puede convertirse en un zarzal ardiente donde se forma el sentido del Dios viviente. Educar en la oración: “Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo. Un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús, Catecismo n. 2558). Y la Iglesia exhorta, siempre bajo la guía de San Agustín, a buscar las soluciones mediante el estudio y la oración: ”Hay que aconsejar a los estudiosos de las Sagradas Letras no sólo el conocimiento de las diversas expresiones de los libros sagrados…sino también, y esto es lo más importante y necesario, que oren para entender” (De Doctrina christiana, 3, 37, 56; PL 34, 89). Los acontecimientos de la comunidad se interpretan e iluminan con la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios es leída y entendida a la luz de la vida y de la fe de los creyentes. La oración en el Salmo 2 es modelo de cada oración cristiana: en ella no se evade del mundo a la búsqueda de un contacto con lo divino, sino con la luz de la Palabra se lee la propia existencia y se saca fuerza y coraje para una vida de testimonio.

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De que esta hecho el “yo” Desentrañamiento del “yo” y el problema del sentido

P. José Carvajal Sánchez, PhD.

Profesor del Seminario Mayor de Tunja Decano de la Facultad de Educación de la Fundación Universitaria Juan de Castellanos

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lguien dice: yo pienso, yo creo, yo siento, yo quiero, yo fui, yo estuve, yo puedo, yo trabajo, (yo) ya llegué, (yo) ya voy, …etc. En todas estas formas lingüísticas y en multitud de otras el “yo” es la garantía de referencia, el soporte de la acción, el responsable, el que está a cargo. Sin embargo, eso que llamamos “yo”, que señalamos, que damos en garantía, es una realidad enigmática y misteriosa. Decimos “yo” y pensamos que sabemos inmediatamente lo que decimos porque lo asociamos a nosotros mismos en cuanto asumimos que somos garantía y referente permanente de esta nominación. Sin embargo, esta experiencia psicológica vivida en primera persona, que llamamos yo, cuando intentamos descomponerla en sus contenidos, revela una complejidad insospechada y su desentrañamiento muestra a su vez todo un espectro de posibilidades hermenéuticas que descubren las profundidades herméticas donde se asienta esta posición ontológica fundamental del sujeto que en su surgimiento, emerge como actividad indelegable de autoaferramiento al propio ser y como poder o capacidad de sujetar a otros en el mundo. El auto aferramiento del yo al ser, es evidente en experiencias como el insomnio, o el dolor prolongado. El yo, en estos casos, no puede escapar de tener que ser ahí en esa situación, velando o soportando la fatiga de tener que ser él mismo y no otro. El sujeto sujetado a su ser siente transcurrir su tiempo como duración que dura y que al prolongarse en la vivencia resulta dolorosa y agobiante. El poder o la capacidad de sujetar forma parte de los poderes del yo. A nadie se le escapa el hecho de que un yo tiene posesiones.

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En muchos casos la fuerza de la experiencia del propio yo está de tal manera intrincada con la actividad de poseer que si se intentara despojar al yo de lo que posee, la persona llegaría a creerse como reducida a la nada. Esta actividad de sujetar que es propia del sujeto es de suyo una redundancia ontológica. Sujeto sujetado al ser que para poder ser sujeta a otros seres. Sobre esta piedra angular indiscernible, sujeción-sujetante se posiciona el comienzo de la existencia humana desde la perspectiva ontológica del yo. Todo lo demás que se pueda decir del yo supone este aferramiento detestable y aborrecible de nuestro apego fundamental y fundante al ser. Si existiera un conjuro, una fórmula mágica que nos abriera los recintos clausurados del yo veríamos también que, el yo está hecho de tiempo, tiempo apropiado como memoria, tiempo impregnado o retenido como vivencias de distinta índole sobre las cuales se vuelve una y otra vez en las reelaboraciones de los recuerdos. El yo está hecho de memoria perdida, de instantes no significados por falta de atención y que llenan -como “la materia oscura las galaxias”- los intersticios y las discontinuidades de nuestro transcurrir en lo cotidiano de la vida. El Yo está hecho de esfuerzo de unificación e identidad en la que el mismo yo intenta reconocerse así mismo más allá de la dispersión de hechos y palabras que van y vienen y en los cuales no siempre es fácil reconocerse. Hechos y palabras cumplidos en primera persona, pero sin un componente implicativo especial; hechos y palabras padecidas por azar o por mala voluntad de otros; hechos y palabras para olvidar o disimular; rumor del yo que a pesar de su condición etérea va apuntalando sobre un suelo indiscernible eso que llamamos Yo, profundidades viscosas sobre las cuales sobresale como las puntas de los iceberg aquello que mostramos en el mundo compartido con otros Yo; crestas descubiertas a medias como las cimas de las montañas, aquello que los demás advierten en la relación. El Yo está hecho también de valoraciones del mundo, de objetivaciones y subjetivaciones, de proximidades y distancias, de afinidades y desencuentros de todo tipo, de temores y sueños, de posesiones y de propósitos de posesión. El Yo no termina de ser de una vez por todas, él es como un núcleo de fundición, estrujamiento y apretujamiento, explosiones y contenciones, recreación permanente, gravedad que sujeta y que no sujeta, posicionamiento en el ser, aferramiento que es temor a no ser, enclavamiento que no es garantía de firmeza. El yo es tener que ser yo mismo, sin escapatoria, vigilante que se vigila y se cansa de velar el tener que ser, fatiga de ser, vergüenza de ser, sin razón de ser, ser en espera de ser redimido y justificado por ser. El yo en sus profundidades es sujeción impenitente, esfuerzo de ser que quiere ser y que paga y hace pagar un alto precio en su propósito. Asomarse al yo es pararse al borde de un abismo, describirlo es en cierto modo como reponer en coherencia los fragmentos dispersos vistos desde el interior de un tornado. Sin embargo, y ese es el poder del yo o su enigma, todo lo disperso y fragmentado se agrupa en torno a un centro de gravedad que se iza verticalmente hacia adelante en el tiempo. El nombre de una persona es una etiqueta para no tener que decir siempre “yo”. El psicoanálisis tiene la fascinación de haber ayudado al sujeto a asomarse a su yo. Lo que descubre esta escuela psicológica es que las profundidades del sujeto son abisales. Como afirma el génesis, “en el principio todo era el caos y las tinieblas cubrían el abismo” (cf. Gn 1,1). Esta afirmación no es solamente un dato cosmológico o metafísico. Puede aludir también a los abismos desde donde surge el Yo; abismos que si no son esclarecidos son el último referente explicativo de todas las dolencias y deformaciones humanas. Seminario Conciliar de Tunja

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Filosofía en clave de fe

Rogerio Sanabria Robinson Nope Camilo Gómez III de Filosofía

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l inicio del tercer milenio y en regiones tradicionalmente cristianas se extiende un modo de entender la vida y el mundo que prescinde de Dios. Emerge una sociedad que no niega la existencia de Dios, pero está convencida de bastarse a sí misma, sin necesidad de referencia a un Dios personal. El concepto tradicional de Dios se ha hecho difícil de aceptar. No es fácil creer en la existencia de un Dios personal, omnipotente y justo, que permanece inactivo y en silencio ante el sufrimiento de inocentes. ¿Qué sentido puede tener un ser divino insensible al dolor humano? La crisis se refleja en expresiones paradójicas, como “ateos cristianos” o “bautizados sin fe”. El cristiano ha de vivir en una sociedad que ya no tiene la pretensión de poder resolver todos los problemas o explicar todos los enigmas, pero esta convencida de contar sólo con la capacidad de la razón para afrontarlos. Es conveniente, por lo tanto, cuestionarnos sobre la relación o influencia de la fe en la filosofía: ¿Para la época contemporánea de la filosofía, es posible realizar una reflexión filosófica

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basada en algún estilo de fe?; ¿la filosofía tiene en cuenta la fe?; ¿si lo hace, es posible compararla con la fe cristiana que profesamos?, ¿es posible hablar de fe en una sociedad que utiliza muchas veces a una expresión materialista, escéptica, fenomenalista, realista y con un tinte positivista? Y, a pesar de todo el esfuerzo de la filosofía por encontrar la verdad absoluta, usando distintos medios anti dogmáticos mas no, ateos; ¿es posible hablar de fe filosófica? Basados en las anteriores cuestiones, podemos decir que la posición del filósofo, se basa en un “creer que…” es decir, supone, opina y busca pruebas de lo que despierta su trascendencia o en algunos de ellos su fe, a través de la experiencia y de los hechos; por eso para los filósofos existe la fe–opinión–prueba, que lleva a la creencia, al conocimientoconvicción, y esta premisa hace posible una reflexión filosófica, centrada en la simbiosis (relación o asociación de diferentes individuos o especies) entre pensamientos, conceptos, posiciones o mejor, entre razón y fe; es decir que la filosofía, no duda en buscar la verdad abriéndose también a la fe y por supuesto a la trascendencia, que en definitiva, es la que ofrece la ulterior repuesta que tanto ambiciona y busca. Julián Marías, estudioso de la filosofía contemporánea, proponía que para un mejor entendimiento del pensamiento del hombre de nuestro tiempo, es necesario remontarse al pasado, ir a los orígenes del problema. Es así como de una manera breve, nos remontaremos a un pasado, no tan remoto de la filosofía del hombre, para tratar de descubrir el lugar de la fe en la época contemporánea; ya que mucho de lo que en ella se planteó, ha tenido grandes repercusiones en el pensamiento de nuestro tiempo. Comencemos diciendo que en Ludwig Feuerbach, percibe una religión puramente terrena y natural, hasta el materialismo, declarándose pronto a destronar la mismidad del Dios cristiano. Feuerbach cae en un desmedido sensismo y materialismo, hasta llegar a un humanismo ateo, donde lo divino es lo humano. Para Marx, el hombre miserable y pobre, debe ser consciente de su miseria para así dar un mejor nivel de producción en procura de un mejor desarrollo personal; por tal razón, para su doctrina no era conveniente la figura del Dios de los cristianos, que les prometía un “mundo mejor”, más allá de esta existencia y que por lo tanto era necesario soportar con paciencia. Charles Darwin en su “origen de las especies”, niega la figura creadora de Dios y da realce a la evolución biológica de todos los seres, incluido el hombre (un animal más), el cual tiene, en verdad, una cierta superioridad sobre los otros seres. Por su parte, Heckel es quien propone con mayor fuerza el hecho de que el hombre proviene por evolución, del mono. Presenta dos figuras de Dios: el Dios extra mundo (teísmo) y el Dios intramundo (panteísmo). Seminario Conciliar de Tunja

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Dentro de este periodo, uno de los pensadores que mayor huella marcó y sigue marcando en el pensamiento del hombre, es Federico Nietzsche, quien declara la doctrina del superhombre, que sirvió de base para muchos que quisieron exterminar a los que consideraban como inferiores y débiles; declara también la “muerte de Dios”, como medio necesario para que el superhombre surja. También en este tercer periodo es en donde propone su doctrina del “eterno retorno” (todo es igual, nada cambia, el mundo es cíclico y nunca termina), tan predicada por los impulsadores del posmodernismo de nuestro tiempo. Para Nietzsche, el hombre busca refugio en Dios ante su incapacidad de afrontar con valentía las dificultades que se le presentan, es un resignado que se vuelve esclavo de la religión; tales débiles deben ser eliminados. Solo los fuertes pueden vivir. El neokantismo que trata de dar un retorno a las propuestas de Kant, pero ahora rompiendo un poco con el subjetivismo y partiendo desde lo existente; se hunde y da paso al pragmatismo (hombre y ser en el tiempo), con un marcado sentimiento anti religioso. En oposición a este estilo anti metafísico y anti religioso, surgen defensores de la religión y de la fe, (Lange, James, Dewey, Fecher, entre otros). También hubo quienes pretendieron regresar al aristotelismo y al escolasticismo, especialmente, sacerdotes católicos. El vitalismo de Becher por su parte, propone lo “anímico” y la influencia que este elemento ejerce en el desarrollo del hombre, en sus actos y que lo eleva a un espacio mucho más allá de la propia existencia, pero que como se puede ver, parte de ella. es una forma de trascendencia que lleva al hombre a encontrarse con esa presencia supraindividual, con Dios. Claros defensores de la metafísica, los realistas críticos coincidieron a partir de ella, en la existencia de ese Ser Superior, que va más allá de lo real; lo cual lleva a un claro desarrollo de lo ético y de lo moral. Los ideal-realistas por su parte, dieron como real todo lo que puede ser pensado y hubo quienes dieron sentido social y religioso a su filosofía, promulgando la importancia de lo ideal en la realidad. Esta filosofía de la vida va de la mano con el cristianismo, pues ve en el hombre, un ser que trabaja cada día en procura de su autorrealización, en lograr alcanzar la trascendencia en ese ser creador. Incluso, para algunos, la Iglesia Católica es una totalidad, donde lo que sucede con uno de sus miembros, afecta a los demás. Blondel avanza con su pensamiento hasta una filosofía de la revelación por lo cual se le reconoce como un gran filósofo católico, quien encuentra una explicación, a la misión que tiene la religión hoy, y es la misión cultural, por lo tanto es necesario combatir el nihilismo moderno (negación de todo principio religioso, político y social), para fundar una concepción cristiana del mundo. Del mismo modo, mira al hombre en el espacio y el tiempo en camino a la eternidad, y discurre que la Iglesia Católica no es la mera suma de los cristianos, sino que es el Cristo total, que la persona humana adquiere su pleno

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sentido en la persona de la Santísima Trinidad, es volver el mundo a Dios y todo esto es lo único que le da sentido a la historia universal. El inicio del nuevo milenio parece caracterizado por un poderoso renacimiento de lo religioso. Después de las tragedias del siglo XX, se descubrió que Dios no había muerto, aunque se seguía haciendo la experiencia de su silencio en el mundo y permanecía en pie el obstáculo más fuerte para creer en Dios: el sufrimiento del hombre y el silencio de Dios. No obstante, Dios continúa siendo una esperanza en la adversidad y no una incoherencia o como un silencio indignante. Se intenta con decisión orientar de nuevo el pensamiento hacia un Dios que no quiere morir y sin el cual parece imposible vivir. Ahora bien, surge otro cuestionamiento acerca de los filósofos e ideólogos actuales, que hasta en ocasiones son los dirigentes de nuestros pueblos, los cuales han predicado y siguen predicando acerca del “interés” por los pobres y necesitados, por el cuidado de los marginados, que al contrario han alienado la libertad y dignidad de las personas, imponiendo un autoritarismo y paternalismo esclavista; que en muchas ocasiones se refieren a la fe de la Iglesia hostilmente, como incompetente e incluso negligente ante las necesidades de la humanidad. Estos deberían remontarse a la riqueza reflexiva de los filósofos contemporáneos, quienes directa e indirectamente han orientado la vivencia del cristiano, con el fin de entender más y mejor al hombre en su dimensión religiosa y trascendente; y del mismo modo, han buscado nuevos métodos, que leídos a la luz de la Eclesiología cristiana, reorientan el desarrollo de la actividad pastoral, como un reto latente, para fermentar el mundo de hoy por medio del Evangelio de Cristo. De esta manera la Iglesia, hace y seguirá haciendo alarde de la misión que ha recibido de Cristo y seguirá levantando su estandarte de la fe, dando a conocer una verdadera filosofía de la liberación, como está descrito en la carta de Santiago 2,18; en donde la verdadera fe se expresa en la caridad hacia el prójimo. De esta manera se enmarca el quehacer cotidiano de la Iglesia Universal, haciendo presencia en aquellos lugares donde hay desesperación y angustia a causa de desastres humanos y naturales, que tienen como fuente en muchas ocasiones, una filosofía autoritaria y alienante; incluso en países donde los católicos son minoría ahí está la voz de Dios para el mundo, por medio de la Iglesia, y especialmente siendo signo de fe, esperanza, caridad para el mundo que llora a sus muertos a causa de una absurda guerra y clama a Dios el fruto de la paz para saciar su hambre de justicia.

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Futuros Presbíteros Arquidiócesis de Tunja

César Agusto Castillo Ramírez Lugar de origen: Samacá – Boyacá Fecha de nacimiento: Abril 11 de 1988 Parroquia: Nuestra Señora del Rosario de Samacá Nombre de los padres: Padre: Luis Gilberto Castillo Castiblanco Madre: Flor Marina Ramírez Buitrago Estudios: Primarios: Escuela San Juan Bosco y fray Juan de los Barrios Secundarios: Colegio Nacionalizado de Samacá Filosofía y Teología: Seminario Conciliar de Tunja Lectorado: Noviembre 29 de 2008 Acolitado: Noviembre 27 de 2010 Diaconado: Noviembre 26 de 2011 Lema: “Me has enseñado el camino de la vida, me has llenado de gozo en tu presencia” (Hch 2,28).

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Jorge Albeiro Motavita Moreno Lugar de origen:

Pesca, Boyacá

Fecha de nacimiento: Noviembre 20 de 1986 Parroquia: Nuestra Señora del Rosario de Pesca Nombre de los padres: Padre:

Edilberto Motavita González

Madre: Estudios

Rosalba Moreno Pineda

Primarios: Escuela General Francisco de Paula Santander- Pesca Secundarios: Instituto Indalecio Vásquez- Pesca Filosofía y Teología: Seminario Conciliar de Tunja Lectorado:

Agosto 19 de 2010

Acolitado:

Noviembre 27 de 2010

Diaconado:

Noviembre 26 de 2011

Lema: “Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, que me ha fortalecido, porque me ha juzgado digno de confianza al encomendarme el ministerio” (1 Tim 1, 12)

Henry Alexander Caro Guevara Lugar de origen:

Sogamoso, Boyacá

Fecha de nacimiento: Julio 7 de 1979 Parroquia:

Sagrado Corazón de Jesús

Nombre de los padres: Padre:

Juan de Jesús Caro López

Ana Marlene Guevara Reyes (Q.E.P.D)

Madre:

Estudios Primarios: Instituto Integrado “Joaquín González Camargo”

Secundarios: Colegio “Gustavo Jiménez”

Filosofía y Teología:

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Lectorado:

Noviembre 29 de 2005

Acolitado:

Noviembre 27 de 2007

Lema: Gracias Señor por tantas bendiciones que me has regalado.

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Diócesis de Garagoa

Johon Jairo Soler Aguirre Lugar de origen: Rondón, Boyacá Fecha de nacimiento: 31 de diciembre de 1984 Parroquia: San Rafael de Rondón Nombre de los padres: Padre: Pedro Miguel Soler Ojeda Madre: Aura Teresa Aguirre Vargas Estudios Primarios: Escuela Nueva San Antonio Alto de Rondón Secundarios: Instituto Técnico José Ignacio de Márquez de Ramiriquí Filosofía y Teología: Seminario Conciliar de Tunja Lectorado: Octubre 02 de 2010 Acolitado: Abril 14 de 2011 Diaconado: Noviembre 25 de 2011 Lema: “Todo lo puedo con Aquel que me da fuerzas” (Flp 4, 13)

Comunidad Misioneros de la Esperanza

Tito Alfonso Yanquén Tenza Lugar de origen: Soracá, Boyacá Fecha de nacimiento: Junio 13 de 1985 Parroquia: Nuestro Señor de la Columna de Soracá Nombre de los padres: Padre: José Alejandro Yanquén Tenza Madre: Eulalia Tenza Cardenal Estudios Primarios: Escuela Rural Vereda Chaine Secundarios: Colegio Simón Bolívar de Soracá Filosofía y Teología: I y V de Teología Seminario Conciliar de Tunja II y III de Teología Seminario Misionero del Espíritu Santo la Ceja del Tambo- Antioquia. Lectorado: Abril 24 del 2011 Lema: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre”. Sal. 115

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El hombre y la mujer, en su hondura y complejidad de su ser, son un misterio que sólo se descifra en Jesucristo camino, verdad y vida. Beatriz Helena Ochoa Moreno Psicóloga del Seminario Mayor de Tunja

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n el contenido de la fe cristiana, el ser humano no es una cosa u objeto más, sino que es el ser más importante porque Dios lo creo, lo dignificó y le concedió el privilegio de poder gobernar sobre todas las cosas del mundo. Los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gn. 1,26.27). Esta verdad confirma su carácter único e irrepetible, su propia singularidad, su condición de valor absoluto e intangible. La Psicología junto con la Teología busca presentar una visión integral de la persona humana, por cuanto todo lo que le concierne a su crecimiento no le puede ser indiferente, ya que está dotada de un alma espiritual e inmortal que la hace única en la tierra para alcanzar la felicidad plena de su ser en la vida eterna.

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Ahora bien, de conformidad con esta visión integral, el ser humano puede y debe ser considerado de forma sistemática en su totalidad, como un todo, pues éste no es exclusivamente materia o exclusivamente espíritu, sino que está compuesto por la unidad de cuerpo y alma. Como creación de Dios, el hombre y la mujer dependen absolutamente de Él y participan de la luz y la fuerza del Espíritu Santo. Ya que el ser humano posee un raciocinio, es capaz de comprender el orden de las cosas establecido por el Creador, y su voluntad lo educa para dirigirse por sí mismo al bien verdadero. No obstante, es gracias a su unión espiritual con Dios que encuentra su perfección en la búsqueda y el amor de la verdad y del bien. (CIC 17). El ser humano, en la hondura y la complejidad de su ser, es un misterio (GS 22) que solamente se esclarece, aunque suene paradójico, en el misterio del Verbo Encarnado, es decir, en Jesucristo. Adán como primera persona humana era figura del que habría de venir, en otras palabras, Cristo, el nuevo Adán (Rm. 5,14). Por otra parte es importante reconocer, que a la luz de las enseñanzas de la doctrina cristiana, la persona humana no puede ser considerada como una realidad cerrada en sí misma, sino como un ser abierto esencialmente a su relación con los demás, con la naturaleza creada y, finalmente con Dios, su hacedor. Finalmente, el hecho de ser persona, entendiéndolo como un llamado que Dios hace al ser humano, exige de parte de éste un proceso sincero de lógica, de voluntad, y de sentido común. La respuesta requiere la consideración de varias alternativas y el uso de una conciencia atenta y honesta. Cualquier decisión que la persona tome, con respecto a momentos trascendentales de la vida, le producirá angustia, desosiego, temor, pero cuando la realice, de modo consciente y en libertad, sentirá la satisfacción de haber obrado de acuerdo con el plan de Dios y experimentará la alegre esperanza de ser amado por el buen Padre Dios, quien ama a todas sus criaturas y protege a aquellos que se acogen a su voluntad por fe y amor.

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Caminando con el Maestro “YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA”. (Jn 14,6). EDWIN ALFONSO GÓMEZ CORREDOR IV DE TEOLOGÍA

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nte el hecho de tomar decisiones para la vida es necesario fijar un rumbo, es decir, tomar el camino adecuado, y quizás no tomar la senda equivocada, que nos lleve a arrepentirnos de una opción de vida que hicimos. Sin embargo, el tomar el camino implica de una u otra manera el hecho del discernimiento, camino que puede llevarnos por ciertos factores tanto positivos como negativos, es aquí donde juega un papel importantísimo el acompañamiento adecuado de aquel que realmente nos mostrara el camino correcto, aquel que nos acompañará y despejará las dudas e inquietudes que se nos van presentando, es así como necesitamos del amigo fiel, al compañero de camino, al Maestro. La palabra obediencia literalmente significa ir sobre el camino. Si no vamos sobre el camino nos podemos perder. Dios tiene el camino para nosotros y muchas veces nuestra curiosidad nos dicta que debemos ir por otro camino, o incluso hacer nuestro propio camino. Esto es bueno, pero tiene sus riesgos. Así como el camino que Dios nos presenta es un camino ante todo para seguirlo a él, también luego nos invita a responder a una serie de motivaciones, pero también nos deja ver que este recorrido tiene unas etapas que nos ayudan a consolidar la respuesta quizás positiva que hemos dado. En muchas ocasiones vamos por el camino equivocado y con la persona equivocada y se nos presentan problemas y dificultades, y queremos ya abandonar nuestro recorrido, pero aun hay una

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esperanza, la de encontrar a la persona adecuada, es decir, al maestro y caminar con él hasta el final del camino. El camino que se espera recorrer tiene sus diversas contrariedades, es decir, no es fácil ya que encontraremos obstáculos – llámense en la vida familiar, en la vida universitaria, e incluso en la vida vocacional – pero todos ellos superados en la madurez, conducirán a la perfección, más aun si vamos de la mano y caminando junto al maestro. Muchos hoy reniegan de sus propias opciones de vida que han tomado, ya que han surgido problemas que quizás no tengan tanta trascendencia, pero como comúnmente se dice se han dejado ahogar en un vaso de agua, ejemplos varios podríamos nombrar como son: el joven que ante el primer tropiezo en una universidad quiere retirarse y no luchar por su ideal, la señorita que quizás la dejo el novio y quiere cortarse las venas, la familia que se dejo dominar por la rutina y por lo tanto el amor se perdió, estos y otros muchos problemas que pueden ser sorteados en la presencia del Maestro, en presencia del Señor. El cristiano debe mirar con ojos de fe todo acontecimiento que se presenta y que por lo tanto es crecimiento personal, es decir, has tomado una decisión en el camino de la vida y esta te llevo a una equivocación, pero esto te ayudar a madurar mucho más y afianzar las perspectivas de un camino que es positivo tanto para ti como para quienes nos rodean. Jesús, nos quiere mostrar una teología que podríamos llamar la teología del camino, es decir, iluminar la mente y el corazón del hombre para poder tomar la decisión correcta, es así que Jesús, el Maestro manifiesta símbolos que nos ayudan a afianzar mejor nuestra respuesta al seguimiento de la Iglesia, al seguimiento de la vida. Jesús, siempre estuvo en un constante caminar, y ello implico una respuesta favorable y positiva al querer del Padre; en el camino mostro el amor del Padre por los pobres y los marginados, incluso de camino llamo a los que el quiso. “El cristiano esta llamado a asumir el camino de Jesús, es decir, se caracteriza por un comportamiento propio, significa un modo de vivir que se distingue de cualquier otro camino; toda la vida, Jesús se muestra como nuestro modelo: Él es el hombre perfecto que nos invita a ser sus discípulos y a seguirle: con su anonadamiento, nos ha dado un ejemplo que imitar; con su oración atrae a la oración; con su pobreza, llama a aceptar libremente la privación y las persecuciones”1. Hoy más que nunca, como hijos de un mismo Padre estamos llamados a recorrer los caminos de Jesús, seguir sus mismos pasos, sus mismas actitudes y ayudar a desarrollar un entorno en donde todos nos amemos como hermanos y construyamos un mundo cada vez más humano. Aun estamos a tiempo para escoger el camino, camino que nos conduzca a la gloria a la felicidad eternas, porque sin sufrimiento no hay victoria. ¡Animate!

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Cf. CIC 520.

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La experiencia de fe de un misionero de la esperanza, en la vida del seminario TITO ALFONSO YANQUEN TENZA MISIONERO DE LA ESPERANZA V DE TEOLOGIA

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odo discípulo de Jesús no debe solo guardar la fe y vivir de ella, sino también, profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: ¨todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz¨. (CEC. 216). La experiencia de fe de un joven vacacionado debe estar fundamentada en la persona de Cristo, pero no basta con decir yo creo en Él, tampoco es suficiente decir sí; un joven que ha querido entregar su vida al evangelio en respuesta a ese llamado de Dios le corresponde tomar nuevas actitudes, de entrega generosa, abnegación, sacrificio, sometimiento completo de su voluntad a la voluntad de aquel que lo esta llamando, implica tomar la cruz y emprender una aventura llena de desafíos de alegrías y tristezas. Esa experiencia de fe en el camino vocacional ha de estar motivado por el amor, expresado en la profunda vivencia de las virtudes teologales; que permiten conservar la recta intención del corazón y brindan al seminarista la confianza plena, para caminar sin temor tras las huellas de aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud. Un Misionero de la Esperanza busca día a día identificarse con aquel que no vino a ser servido sino a servir. De esta manera se alcanza la calidad de discípulo, comprendiendo el reino de Dios en clave de servicio y entrega generosa; esto permite

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expresar con las obras y el testimonio de vida una de fe mas viva, una fe que actúa por la caridad (Ga 5,6) este nuevo estilo de vida nos conduce a que el ambiente seminario, no se convierta en una carga pesada y aburridora; sino mas bien una oportunidad maravillosa que Dios nos ofrece para vivir la fraternidad, el amor, la comunión y el servicio como la máxima expresión de fe. Para que esto sea posible y no se quede solamente en algo abstracto o un simple sueño o deseo utópico, la institución en su plan de formación a través de las cuatro dimensiones, da los espacios apropiados para vivir un proceso serio e integro de crecimiento y maduración a nivel espiritual, intelectual, comunitario y pastoral; donde cada uno haciendo uso de los dones que el Señor le dio los pone al servicio de la Iglesia. Alimentados y fortalecidos por la palabra de Dios buscamos en la dimensión espiritual ser dóciles a la acción del espíritu santo, consientes, que la oración personal y comunitaria es la vida del corazón nuevo, acrecentando el amor a la santísima eucaristía y a los demás sacramentos. la oración de la mañana y de la tarde, antes y después de comer, la liturgia de las horas, los retiros espirituales y el don de la dirección espiritual son para nosotros fuentes de vida, manantiales de espiritualidad de los cuales podemos beber y saciar la sed de Dios que hay en nuestras almas. Valoramos y consideramos de vital importancia para nuestro crecimiento espiritual el acompañamiento de nuestro padre fundador, padre Álvaro de Jesús Puerta, quien con su ejemplo y testimonio nos anima y nos hace ver, la grandeza de vivir nuestra vida consagrada a plenitud en la práctica de los consejos evangélicos. Configurándonos mas y mas con Jesús casto, pobre y obediente hasta la muerte; abriendo nuestros corazones y el de nuestra comunidad, permitiremos que la gracia de Dios nos inunde con su luz y confiados al corazón maternal de la virgen maría todo lo demás llegara por añadidura. Pero la fe debe ser orientada, fortalecida y por qué no educada, es fundamental que un misionero tenga madurez, criterio y bases doctrinales solidas, conocimiento de las ciencias humanas de teología y filosofía. Conservando la humildad debe acercarse con profundo respeto al misterio; en busca de la sabiduría y la prudencia para que pueda orientar por el camino verdadero a los que les son confiados. Esta es la tarea de la dimensión intelectual, capacitar el espíritu en la recta doctrina, logrando una solida formación integral en la madures de la fe, para esta tarea contamos con el mejor maestro, Jesucristo, él nos instruye y pone en nuestro camino a hombres y mujeres que con responsabilidad y empeño cumplen la tarea de ser nuestros formadores. Este nivel de formación permite que en nuestra acción misionera anunciemos la fe en toda si integridad, fiel al magisterio de la iglesia, de esta manera podemos responder al contexto cultural de nuestro tiempo y a cada uno de los retos que se nos presenten en la tarea de evangelizar. ¨Hay que despertar la conciencia de que la formación solo termina con la muerte¨ (Ap.326). La formación permanente es un deber que nos lleva progresivamente a comprender y vivir la singular riqueza del don de Dios, ¨nuestra vocación sacerdotal y misionera¨.

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La fe no se vive en la soledad, en el apartarse y estar aislado del mundo, pues seria una experiencia egoísta y muy limitada del amor fraternal que Cristo nos propone. Por tanto no se concibe un misionero de la esperanza que no sea capaz de vivir y asumir las exigencias de la vida comunitaria y no solo eso, sino, poner todas sus cualidades, dones y carismas al servicio de esta; En el compartir, en el trabajo, el deporte y en cada una de las tareas propias de la dimensión comunitaria, fomentando la amistad, la cordialidad y la lealtad con madures y respeto; sirviendo con alegría a cada uno de nuestros hermanos en la practica sincera de la caridad. En nuestra comunidad hay jóvenes de distintas culturas, lo cual es una gran riqueza de valores humanos pero que a la vez nos presenta el reto de vivir la tolerancia, el amor y la aceptación del otro sin discriminación, sin importar raza o cultura; Buscamos así la unidad, viviendo nuestra vocación en una experiencia profunda de fe expresada en la familia religiosa.¨ La iglesia necesita sacerdotes y consagrados que nunca pierdan la conciencia de ser discípulos en comunión¨ (Ap. 324). Jesús dijo: ¨Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes…¨ (Mt 28,19); nuestro vocación misionera es el mayor don que hemos recibido de Dios. ¨Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer él nos envía por el mundo para proclamar su evangelio. Jesucristo atrae hacia el a los hombre de cada generación, por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial mas convencido en favor de una nueva evangelización, para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe¨ (porta fidei #7) estas palabras del papa expresadas con motivo del año de la fe nos hacen consientes del compromiso que tenemos. Pero es claro que nadie puede dar de lo que no tiene o de aquello de los cual no es testigo y no lo experimenta en su vida; Nace entonces un principio de fe, donde la primera acción misionera de un verdadero discípulo es ad intra, la propia vida, luego viene la misión dentro de la comunidad, una vez lograda esta primera tarea el misionero de la esperanza esta preparado para salir a los diferentes lugares. El tiempo en el seminario nos permite una preparación consciente y adecuada, en oración a los pies del maestro esperamos con gozo él envió a la misión. Sabemos que muchos en distintas partes tienen sed de Dios y no pierden la esperanza de que alguien les anuncie la buena nueva. Con valentía y sin temor pedimos a Jesús nos envié a ellos. De esta forma expresamos nuestra fe en la dimensión pastoral y misionera al servicio de la Iglesia católica. En este año hemos recibido de Dios abundantes bendiciones todo ha sido don y gracia; nuestro corazón misionero no se cansa de dar testimonio, avivando día tras día la virtud de la fe, la esperanza y la caridad. Solo queda dar gracias a Dios por el llamado que nos ha hecho, por estar de nuevo en este seminario después de tres años de ausencia, agradecer la oración y la generosidad de tantas personas y peregrinos que hacen posible este proyecto de Dios. El papa Benedicto ha proclamado este año de la fe como un tiempo especial de despertar y vivar esta virtud teologal y tener un encuentro mas vivo con Jesucristo, como misioneros de la esperanza disponemos nuestra vida y corazón para vivir a plenitud este tiempo de gracia; en compañía de la santa madre de Dios nuestra señora de la esperanza. Seminario Conciliar de Tunja

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“Al correr de los días” Manuel Ademir Castillo y Camilo Andrés Gómez

ENERO: 30-Un nuevo año ha comenzado. En fila van llegando los nuevos seminaristas; algunos con cara de alegría, otros con cara de expectativa; sin embargo, no faltan los que, con lágrimas en los ojos, de mami y papi se van despidiendo. Poco a poco y con colchones sobre el hombro, las camas de Betania van llenando. Pero hay una novedad para este año, pues de Soracá los seminaristas del Padre Puerta a este seminario han llegado, cargados de multiplicidad de culturas, pues hasta a un “corroncho” han traído.

FEBRERO: ¡Se acaban las vacaciones!, seminaristas nuevos y antiguos también van llegando, algunos muy animaditos, pero otros, con “unas ganas” que “mejor me las aguanto”; y así comienzan a “adelantar cuaderno”: ¿qué más hizo?,¿Dónde estuvo? ¿Qué tal la misión? ¿ya pagó donde Blanquita lo de las revistas?

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Los primeros días, programación del año y nos vamos de estrene de rector, pues al Padre Froilán lo han nombrado Obispo de Neiva, “Dios le bendiga en este nuevo reto eclesial”; ahora es Monseñor Medina el encargado de guiar este rebaño de “mansas ovejas”. 8-12 De la Ciudad de Dios, el Padre Arcesio ha llegado para los retiros semestrales dictarnos. Los apostolados dan inicio y Monseñor Froilán antes de irse, con la Lectio Inaguralis nos deleita.

MARZO: Un mes muy especial para los “nuevos seminaristas”, pues reciben de manos de Monseñor Luis Augusto su vestidura blanca, sinónimo de pureza, y castidad, más conocido como cíngulo. Junto a ellos, otros avanzan en su configuración con Cristo, recibiendo el crucifijo, en compañía de todas las familias que han asistido. También con alegría, de la consagración episcopal de Monseñor Nº. 23 · II Etapa · Año XXIII · 2012


Froilán, hemos participado; pero, no falta el dolorcito de cabeza, pues también las primeras evaluaciones hemos presentado. También como es de costumbre, Cinemark encuentra en los seminaristas, clientes predilectos, pues sus salas los días miércoles por ellos son visitadas.

ABRIL: ¡Comienza la Semana Santa! Algunos compañeros se van a su misión, mientras que otros, incluyendo los nuevos, de todos los actos litúrgicos en Tunja, deben de participar. Pero ¡uff!, no hemos acabado de salir de los primeros parciales y ya los segundos debemos presentar. Nos sentimos muy felices porque algunos compañeros, cuyos ministerios tenían atrasados, de manos de Monseñor Luis Augusto, en este mes han recibido.

muchachos!, pues a nuestro compañero Torres han lesionado. 18-21: ¡Qué bueno!, en especial para nuestros nuevos compañeros, pues un primer puente festivo con las familias compartiremos y a nuestros formadores el Día del Maestro hemos celebrado. 25- También, ¡que nostalgia!, el fin de los apostolados ha llegado y por ahora de ellos hay que despedirnos, pero con moral, que en el próximo semestre ha ellos volveremos.

JUNIO: 2- ¡Uy!, qué miedo, nuestros exámenes finales han llegado; a trasnochar se dijo muchachos si el semestre queremos ganar. 15- Por fin, los finales hemos terminado. Ahí con el cerebro un poco cansado, pero satisfechos de haber coronado. 16- Las clase se han terminado, a vacaciones nos vamos, pero antes, aseadito el seminario debemos dejar y ¡a descansar, se dijo! 19- Pero no todo es color de rosa, pues a algunos no les fue muy bien y han tenido que quedarse a habilitar.

JULIO: MAYO: 5-Los de primero progresan en su vocación y con María, al Santuario del Topo van en peregrinación. Arranca el campeonato de fútbol, pero ¡qué pasa con el juego limpio, Seminario Conciliar de Tunja

9- Las vacaciones han terminado y a continuar estudiando, hemos regresado para con éxito el año aprobar. 13-18 Los compañeros de Tercero de Filosofía a Retiro de Discernimiento han

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salido; junto con el Padre Luchito al Foyer en Paipa se han ido.

13- Nuestro Rector está de cumpleaños la comunidad entera con alegría se lo hemos celebrado, reunidos en el comedor y con serenata, ¡ah! Qué bueno estuvo todo. 14- Los apostolados dan inicio, los seminaristas a las parroquias en bien del Evangelio van a dar el, así sea, a punta de visitas al cementerio, lo importante es la Buena Nueva predicar. 18- El Retiro semestral ha dado inicio, dirigido por Monseñor Luis Augusto que de un buen discipulado nos ha venido a hablar, dándonos nuevas herramientas para continuar en el discernimiento en nuestra vocación.

AGOSTO: 7- Después del acto patrio, a la finca del seminario nos hemos ido de paseo, después de un buen almuerzo, del concurso de cometas hemos participado; aunque no falta los que por el camino se pierden y a Monseñor Medina, asustados llaman y así es que tarde van llegando.

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8- Muy rico lo de la finca, pero nos espera algo pesadito y es que las primeras evaluaciones han comenzado, pero ¡ánimo, muchachos!, a estudiar con esfuerzo y dedicación. 9- Algunos, con alegría, y otros con miedo y temblor, sus órdenes y ministerios van a pedir. 4-18-25 Nuestras familias, fundamento de nuestra formación, han venido a nuestro seminario para compartir una convivencia, que entre charlas, dinámicas y juegos han podido pasar un día muy feliz. Entre agosto y septiembre fue bastante exitoso el embellecimiento de nuestra casa, ya que nuestro rector gestionó la

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pintada de la capilla y su claustro, dándole vida y alegría, a pesar de que a todos los seminaristas con escobas y cepillos nos tocara ese aseito que las manos maltratara.

19- El día tan esperado ha llegado... !maestros, es el día del discípulo!, vámonos pa´ Pisicilago nos vamos de paseo… y a las 2:30 de la mañana el timbre al Padre Milton en verdad lo ha despertado, así todos nos levantamos y listos para este momento tan esperado.

SEPTIEMBRE: 12- Todo muy bonito en este mes de Amor y Amistad, pero una nueva batalla se avecina, pues para las segundas evaluaciones nos tenemos que preparar y con gran fuerza y empeño nos ponemos a estudiar.

Muy rico el paseíto y buena la chapuseada en la pisicina, el conductos de nuestro bus, pensando que estaba todavía en el tobogán ¡pun! se nos fue de estrellada y hasta las 2:00 de la mañana, a Tunja se pudo al fin la llegada.

13- Con el fin de deleitar nuestros ojos y sentidos y volver al corazón de nuestra Institución, lugar propio de nuestra oración, Mons. Luis A. Castro, con una bella Eucaristía, así la reinauguró.

30- Arrancan las Jornadas Culturales y con teatro, música y rally, a nuestros visitantes vamos a deleitar.

OCTUBRE: 2- Este es el día en que, muy encorbatados y de paño, junto a Monseñor Luis Augusto para la foto vamos a posar. Con este signo bonito se siente aun más que este año no demora en terminar. 5- Las jornadas han terminado, a los aspirantes con alegría nos preparamos a recibir.

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19- Ahora si se dijo, que del apostolado es necesario irse despidiendo; entre nostalgia y alegría, a Cristo damos gracias por tan bella experiencia que Él nos ha brindado. 27- ¡Un esfuercito más!, ya casi coronamos, pues los finales están comenzando y ahora sí, !esto se acabó y no me la quieren creer!

NOVIEMBRE: Poco a poco van llegando, con expectativa y atendiendo el llamado de Cristo, los vemos llegar. Se les ve hasta con cara de miedo y susto, pero ¡tranquilos muchachos! Que estrenarán colchonetas y almohadas, para descansar bonito y aquí estamos nosotros para en estos días acompañarlos y ayudarlos en su discernimiento. 12-15 ¡Uy, que cansancio!, después de tan arduo trabajo a un merecido descanso en este puente festivo a nuestras casas nos vamos. Pobres de las gallinitas más gordas, pues nuestras madres con ellas, un buen sancocho nos preparan en estos días. 18- Cómo olvidar un sustico que algunos sí que se llevaron, pero Dios nos ha llamado y en sus manos siempre estamos. Con lágrimas, desalientos, angustias y sufrimientos; ¡Ánimo compañeros vienen excelentes tiempos, a levantarse temprano, no importa lo trasnochados!

¡Oiga!, ya llegó Noviembre, ¿sí?, ¡a qué horas! Pues los finales seguimos presentando, estudiando mucho para así, con éxito terminar y tranquilitos de vacaciones marcharnos. 9- El día de salir a vacaciones ha llegado, hemos terminado ¡ahahahaha que rico! Algunos con la inmensa alegría de pronto ser ordenados, así que a preparar la “pinta”, ornamentos y a organizar la fiestica, pues en pocos días presbíteros tendremos en nuestra Iglesia. ¡Bendito seas Oh Dios!

DICIEMBRE: A la nanita nana, nanita nana, nanita ea, a misión nos vamos sin importar donde sea, lo importante es anunciar el Evangelio para que crean, que Cristo el Señor ha nacido, para darnos la alegría de que Nuestro Padre Amado en su Amor tan infinito, nos tiene un lugar preparado y ¡FELIZ NAVIDAD!... ¡QUE PRENDAN EL AÑO VIEJO!

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Notas


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