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Oración Vocacional

«Vivir la Comunión en el desierto de la Cuaresma» FEBRERO - 2018

Seminario Diocesano de Jaén

Monición de Entrada La cuaresma nos invita a vivir una experiencia de desierto, una experiencia de comunión. Esta experiencia tiene multitud de paradigmas en la Sagrada Escritura: los cuarenta años que el pueblo de Israel peregrinó por el desierto hacia la tierra prometida o a los cuarenta días que transcurrió Moisés en la cima del monte Sinaí sin comer ni beber, absorto y sobrecogido ante la presencia del Innombrable. En todos estos episodios se conjuga la experiencia del desierto, con el ayuno, con la teofanía, con el caminar peregrino y con la vivencia de la comunión, hechos que acaban por forjar y dar identidad al pueblo de Israel. El paradigma definitivo que da sentido a la cuaresma, hay que fijarlo en la experiencia de Jesús en el desierto, también durante cuarenta días, practicando un ayuno roto únicamente por la palabra divina que nutre y sacia y venciendo las tentaciones del Maligno apoyado en la íntima unión y comunión con el Padre y el Espíritu.

Canto “Este es el día del Señor” Éste es el día del Señor. Éste es el tiempo de la misericordia.

Arrancarás de cuajo el corazón soberbio y harás un pueblo humilde de corazón sincero.

Delante de tus ojos ya no enrojeceremos a causa del antiguo pecado de tu pueblo.

Señalarás entonces el día del regreso para los que comían su pan en el destierro.

Antes de escuchar la Palabra del Señor… Hacemos silencio interior… Contemplamos a Dios…Señor, estamos ante tu presencia… Te pedimos que nos ilumines… te pedimos que nos ayudes… Nos ponemos en presencia del Señor y pedimos por todos los aquí reunidos, y de modo especial, por las vocaciones sacerdotales y religiosas…


Lectura del libro del Éxodo (Num 14, 1-3.6b-8) Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos y el pueblo se pasó llorando toda la noche. Los hijos de Israel murmuraban contra Moisés y Aarón, y toda la comunidad les decía: «¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto; o, si no, ojalá hubiéramos muerto en ese desierto! ¿Por qué nos ha traído el Señor a esta tierra, para que caigamos a espada, y nuestras mujeres e hijos caigan cautivos? ¿No es mejor volvernos a Egipto?». Moisés y Aarón se postraron rostro en tierra ante toda la comunidad de los hijos de Israel. […] los que habían explorado el país, se rasgaron los vestidos y dijeron a la comunidad de los hijos de Israel: «La tierra que hemos recorrido y explorado es una tierra excelente. Si el Señor nos es favorable, nos introducirá en ella y nos la entregará: es una tierra que mana leche y miel.

Palabra de Dios

Silencio orante...

Oramos con la Palabra Nuestra Iglesia que peregrina en Jaén nos propone este año vivir la comunión de una manera especial, para ser capaces como hermanos de llevar el mensaje de Cristo a todos los hombres y vivir celebrando a Cristo y dándonos a los demás en la Caridad amorosa de Dios. Comunión y desierto son dos conceptos aparentemente muy distantes, pero observando detenidamente la experiencia del pueblo de Israel y la propia experiencia de Jesús en el desierto vislumbramos lo necesaria que se vuelve la estrecha comunión con los hermanos y con Dios para salir victoriosos y reforzados de nuestro caminar por el desierto. El desierto además nos lleva a tener que tomar muchas actitudes. Ir al desierto significa despojo, concentrarse sólo en lo esencial. Para ir al desierto y desplazarse por él hay que llevar lo estrictamente necesario, hay que ir “ligero de equipaje”, esto implica discriminar entre lo que es verdaderamente esencial y lo que es secundario o superfluo. De esto último hay que despojarse, botarlo como un lastre o, por lo menos, darse cuenta de que no es primordial. El desierto es un lugar de paso: no se construye una casa en medio de él. Sería un gran error confundir el desierto con la Tierra Prometida. No estamos todavía en ella, sino que como comunidad nos dirigimos hacia ella. Es importante remarcar que peregrinamos juntos y para ello la comunión resulta esencial. El desierto nos muestra con crudeza nuestra fragilidad, nuestra indigencia, nuestra inconsistencia radical, nuestra transitoriedad, lo que nos debe llevar a reconocer nuestra dependencia en una doble dirección: en relación a los demás y en relación a Dios. La transitoriedad nos invita a valorar todos los momentos de nuestra existencia; nos lleva a considerar con agradecimiento el milagro de existir y los dones (o maná) que diariamente recibimos. Nos debe llevar sobre todo a confiar en Dios que nos salva de la transitoriedad y que nos invita a vivirla no centrados en nosotros mismos sino en comunión con los demás. El desierto es también un lugar ambiguo, puede ser ocasión de salvación o de perdición, porque en él podemos encontrar a Dios pero también a nuestros demonios. Israel después de haber encontrado a su Dios en el desierto sucumbió a la tentación de rechazo de Dios y de autosuficiencia, por lo menos la primera generación. Jesús también enfrentó la tentación demoníaca, ante la que salió victorioso por su inquebrantable fidelidad a su Padre.


Dinámica En este mes de Manos Unidas, la dinámica consiste en orar meditando los distintos significados de tener las manos unidas: Que seamos, Señor, manos unidas en oración y en el don. Unidas a tus Manos en las del Padre, unidas a las alas fecundas del Espíritu, unidas a las manos de los pobres. Manos del Evangelio, sembradoras de Vida, lámparas de Esperanza, vuelos de Paz.

Tensas en la pasión por la Justicia, tiernas en el Amor. Manos que dan lo que reciben, en la gratuidad multiplicada, siempre más manos, siempre más unidas.

Unidas a tus Manos solidarias, partiendo el Pan de todos. Unidas a tus Manos traspasadas en las cruces del mundo. Unidas a tus Manos ya gloriosas de Pascua. Manos abiertas, sin fronteras, hasta donde haya manos. Capaces de estrechar el Mundo entero, fieles al Tercer Mundo, siendo fieles al Reino.

Acción de Gracias Señor, en este peregrinar junto a nuestros hermanos no queremos olvidar nunca que tú vas de nuestra mano y con el corazón inmensamente agradecido aclamamos:

R./ Te damos gracias, Señor. - Porque no nos dejas solos en nuestro caminar por el desierto. R./ - Porque nos das tu Gracia para vencer las tentaciones del Maligno. R./ - Porque en comunión con nuestros hermanos sentimos de manera más intensa el Amor que nos tienes. R./ - Porque nos quieres a pesar de nuestras debilidades y fallos. R./ - Porque nuestro corazón salta de gozo cuando nos acerco al sacramento de la reconciliación. R./ - Porque nuestro corazón, Señor, salta de alegría al saber que vienes a nuestro encuentro. R./ - Porque nuestro corazón confía en tu justicia y en tu misericordia. R./ - Gracias, Señor, por meter nuestros pequeños corazones en tu inmenso corazón de Padre. R./

(Se pueden añadir acciones de gracias espontáneas)


Padrenuestro Elevemos al Padre eterno, sustento de toda vocación, la oración que su Hijo, Jesucristo, nos enseñó: Padrenuestro...

Reserva del Santísimo “Laudato si” LAUDATO SI, O MI SIGNORE (x4) Por la creación entera, por el sol y por la luna, por el viento y las estrellas, por el agua y por el fuego. LAUDATO SI, O MI SIGNORE (x4) Por la hermana madre tierra que nos nutre y nos sostiene, por los frutos, flores, hierbas, por los montes y los mares. LAUDATO SI, O MI SIGNORE (x4)

Canto a María “Dolorosa” Dolorosa de pie junto a la cruz, tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre. Dolor de los cuerpos que sufren enfermos, el hambre de gentes que no tienen pan, silencio de aquellos que callan por miedo, la pena del triste que está en soledad.

Oración vocacional febrero 2018 parroquias  
Oración vocacional febrero 2018 parroquias  
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