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Semanario

Nuestra Sociedad

Mayo de 2014

Muchas personas recurren a las actividades místicas en momentos de desesperación, cuando creen que es el último recurso que les queda.

Santos Díaz

¿Los Santos y velas nos libran de las malas vibras?

Es difícil distinguir claramente entre brujería, hechicería y magia... Estas prácticas utilizan medios ocultos que no son de Dios, para producir efectos más allá de los poderes naturales del hombre. En Internet aparecen miles de sitios relacionados con los santos y las brujerías. Sus imágenes aparecen ligadas al tarot, predicciones, recetas mágicas. Los santos, suponen ser en esta gama de ofertas, los protectores para el mal, y para ello hay que pagarles, pero al brujo, claro.

viviendo de verdad tenemos que hacernos mejores, vencer nuestros defectos y adquirir más virtudes, más dominio de nosotros mismos, más caridad, más humildad, más espíritu de servicio, en una palabra, más santidad. La santería, como esoterismo, en cambio, se queda en prácticas externas, en ritos y ceremonias que no nos transforman por dentro y que adquieren cierto sentido mágico cuyo efecto depende de los actos en sí y los objetos externos, sin que cambiemos interiormente.

El verdadero cristiano católico, se acerca a la vida de En este sentido lamentablemente se ha hecho un los sacramentos, se alimenta de la Palabra de Dios, celebra su sincretismo, o mezcla de cosas, de tal manera que se ha fe cada domingo, tiene una sana devoción a los santos y en confundido la verdadera devoción a las imágenes de los santos especial a la Santísima Virgen María. Ofrece con humildad sus y el uso de las velas; las cuales vale decir que en la Iglesia no flores, sus velas y se compromete a brillar en la oscuridad del se prohíben porque las imágenes de los santos nos remiten a pecado. Dios y recordar que son ejemplos e intercesores. Las velas son signo de fe. Así como se enciende la vela e ilumina así nuestra fe ilumina. Pero de ninguna manera son artes mágicas. CARTA ENCÍCLICA LUMEN FIDEI DEL SUMO PONTÍFICE Muchos negocios se confunden, porque al ver las imágenes se piensa que es lugar bueno, pero al entrar nos damos cuenta de que se vende de todo tipo de cosas para hacer curaciones, limpias, etc., y acreditando a Dios como el autor. Pareciera que Dios o sus amigos los santos requieren de artes mágicas para actuar en su amor. De ninguna manera Dios necesita fórmulas. Cuando le ofrecemos algo es como signo de nuestro amor pero no un trueque. El cristianismo nos lleva a hacernos mejores, a transformar nuestra vida. En la medida en la que vayamos

Francisco

a los Obispos, Presbíteros, Diáconos, Personas Consagradas y a todos los Fieles Laicos sobre la Fe.

CAPÍTULO TERCERO TRANSMITO LO QUE HE RECIBIDO (cf. 1 Co 15,3)

La Iglesia, madre de nuestra fe 37. Quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para sí. La fe, puesto que es escucha y visión, se transmite también como palabra y luz. El apóstol Pablo, hablando a los Corintios, usa precisamente estas dos imágenes. Por una parte dice: « Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos » (2 Co 4,13). La palabra recibida se convierte en respuesta, confesión y, de este modo, resuena para los otros, invitándolos a creer. Por otra parte, san Pablo se refiere también a la luz: « Reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen » (2 Co 3,18). Es una luz que se refleja de rostro en rostro, como Moisés reflejaba la gloria de Dios después de haber hablado con él: « [Dios] ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo » (2 Co 4,6). La luz de Cristo brilla como en un espejo en el rostro de los cristianos, y así se difunde y llega hasta nosotros, de modo que también nosotros podamos participar en esta visión y reflejar a otros su luz, igual que en la liturgia pascual la luz del cirio enciende otras muchas velas. La fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama. Los cristianos, en su pobreza, plantan una semilla tan fecunda, que se convierte en un gran árbol que es capaz de llenar el mundo de frutos.

Semanario Católico 2188  

Edición 18 al 24 de mayo

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