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Número 02 / Abril de 2014 / Uruguay / Revista mensual de distribución gratuita junto al semanario Brecha /


Durante este largo mes iniciático estuvimos recibiendo mimos de todo tipo. Sepan que por aquí nos alegramos por todos ellos y que los hemos disfrutado como locos. Ya de paso, pedimos disculpas a quienes nos escribieron a la casilla de correo electrónico y aún no recibieron respuesta. La impericia (hay que decirlo con sinceridad) hizo que nos enteráramos que allí dormían un cúmulo de felicitaciones recién cuando estábamos cerrando este número, y todavía estamos respondiendo los mensajes. Pero más allá de lo motivador que resultan todos los lindos deseos y piropos, lo mejor es comprobar que el interés por reconocernos en otros paisajes, otras experiencias, otras gentes, que no son las de la cotidianidad de cada uno, está latente y emerge al menor estímulo. Es probable que la realidad incansablemente repetida entorno a la macrocefalia capitalina tenga una incidencia definitoria en el adormecimiento de la inquietud: Montevideo ha primado siempre. Ya sabrán otros cómo hacer los grandes cambios hacia la descentralización tan y por tantos proclamada. Nosotros, con Ajena, aportamos nuestro granito de arena dispuestos a alcanzar y superar esos tan tímidos como caprichosos 12.640 quilómetros de recorrida propuestos al inicio. MC Foto de Tapa: Ignacio Iturrioz Detalle de la maquinaria del siglo XIX utilizada en la Usina de Cuñapirú, Rivera.

Staff

Escriben, fotografían e ilustran este número: Ana Artigas / Artigas Pesio / Carolina Porley / Daniel Erosa / Eliana Gilet / Florencia Soria / Ignacio Iturrioz / María José Fagúndez / Manuela Aldabe / Mauro Cammá /

Coordinación general: Mariana Contreras // Edición de fotografía: Alejandro Arigón // Producción: Juan Manuel Chaves // Corrección: Graciela Valdés, Edda Fabbri // Diseño: Lateral.com.uy // Logística y administración: Cooperativa LABRECHA // Comercial: Paola Puentes ppuentes@brecha.com.uy / Gustavo Moraes gmoraes@brecha.com.uy / 2902.50.42/43/44

Contacto: ajenarevista@gmail.com

www.revistaajena.com

Impreso en Impresora Naxos. El Dorado 80. Camino Carrasco. Canelones. - Depósito legal 364093

Proyecto seleccionado por Fondo Concursable para la Cultura – MEC


>> Los éxitos educativos en Colonia

En el liceo de Juan Lacaze evalúan los problemas y dificultades de los alumnos que ingresarán al año siguiente y crean estrategias para enfrentarlos.

Txt: Carolina Porley Fotos: Artigas Pessio

Tres de los cinco liceos con mejores resultados educativos están en Colonia, departamento que además tiene la tasa más baja de fracaso escolar de todo el país. ¿Cómo es eso posible? Ajena recorrió sus ciudades, hiló fino y encontró en las señas fundacionales de cada comunidad pistas para entender esa realidad.

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La carretera está impecable. Por la ruta 1 se recorren los 177 quilómetros que separan Montevideo de Colonia y es fácil distinguir que es una de las mejor mantenidas de Uruguay. Sin embargo, el paisaje urbano a su vera –desde el puente del río Santa Lucía hasta las palmeras que delatan la proximidad de la ex ciudadela portuguesa– no presenta la misma unidad. Entrando en San José, la nueva cartelería que anuncia la “Ciudad del Plata” parece querer saldar una vieja deuda con esta ciudad dormitorio expandida ante la indiferencia de las autoridades maragatas: Delta del Tigre, Rincón de la Bolsa y Playa Pascual, crecieron carentes de servicios, caminería digna y espacios recreativos. La espontánea trama urbana se fue trazando sin planificación ni contención, con las familias pobres corridas del


campo y las que huían del costoso nivel de vida de la capital. Y si bien la Intendencia ha buscado atraer inversiones que generen nuevas oportunidades, los grandes galpones que apilan brillosas carcasas de vehículos chinos parecen estar lejos de ser la respuesta. El sistema educativo no tuvo mejores reflejos. Los liceos de Playa y Rincón son motivo de conflictos, ya sea porque la infraestructura es poca o inadecuada, por la (in)seguridad en el predio o por las diferencias entre los docentes y los directores. Y más allá de que lo edilicio parece encaminarse, como lo muestra el nuevo liceo de Delta del Tigre (una construcción súper moderna, con césped en el techo y todo), los números hablan de fracaso: la repetición y el abandono en ciclo básico afectan a más del 50 por ciento de los estudiantes. Basta cruzar el arroyo Cufré y llegar a Colonia para que muchas cosas cambien. El poblamiento irregular y carente de cuidados mínimos cede ante un rosario de localidades que lucen firmes y orgullosas, con sus prolijos trazados en damero, vistosas plazas, casas con coloridos jardines, y carteles de bienvenida. Otro contraste se hace evidente: en los liceos de Nueva Helvecia, Colonia Valdense o Rosario la tasa de repetición se ubica en el entorno del 10 por ciento. De hecho, en Colonia están tres de los cinco liceos con mejores resultados educativos del país, y es en promedio el departamento con menor fracaso en educación media.1 No es difícil

recuerdan el origen: el pastor valdense –referente histórico de la comunidad– junto a su colega metodista fueron los responsables de la apertura de la institución el 11 de junio de 1888 que, pese al apadrinamiento religioso, fue laica. Dice el historiador Roger Geymonat que los valdenses llegaron al país con “el templo y la escuela”. Procedentes del Piamonte, se instalaron primero en Colonia La Paz (o Colonia Piamontesa) en 1856, y se expandieron fundando nuevas colonias o habitando otras zonas del departamento: Colonia Cosmopolita, Colonia Valdense y, más lejos, Ombúes de Lavalle, Miguelete, Tarariras, San Pedro. Allí perdura el sello de estos inmigrantes, signado por una forma comunitaria de concebir la vida y el trabajo, con una apuesta al esfuerzo cooperativo, al conocimiento volcado a lo productivo y a

“de un reclamo por problemas de seguridad en el entorno”, sino que respondió a la necesidad de “reconocerse como estudiantes del DAU; lo sienten propio”. El uniforme habla del lugar: es una camiseta roja que tiene impreso en blanco el logo del liceo, que es el perfil de Armand Ugón y la puerta del liceo abierta, “porque este es, desde siempre, un liceo abierto”. Mutarelli, que es de Montevideo, contó que cuando llegó al DAU hace tres años, le llamó la atención el gran protagonismo y compromiso de las familias. Cuando desde el liceo llaman a los padres vienen, se preocupan y apoyan. “Atrás de cada alumno hay una familia y una comunidad”, afirmó. Resaltó el trabajo que hace la APAL del liceo, y recordó que el gran salón multiuso fue financiado por la “asociación de amigos del liceo” que reunió a padres y vecinos de la localidad, que construyeron una casa y la rifaron. El lugar fue inaugurado cuando el DAU cumplió 100 años en 1988, y hoy es escenario de ensayos de teatro, danza, presentación de libros, charlas, y hasta matinés. En los noventa este trabajo en pro del liceo permitió reunir los fondos para montar una sala de informática, la primera que tuvo un liceo público en el país. En el DAU, una imagen capta su espíritu. Dentro del edificio de hormigón, con grandes ventanales que rodean el patio, los colores se intercalan en numerosos murales que sucesivas generaciones de estudiantes pintaron. Uno de ellos muestra pequeñas personitas de la mano, anudadas, formando una unidad mayor, y una frase: “los nudos que nos unen”. Para la directora Mutarelli es evidente que en Valdense, y en Colonia en general, hay un tejido social y cultural de apoyo a la educación que se explica tanto por las condiciones socioeconómicas y culturales excepcionales, que son muy favorables,2 pero también por la cultura de “liceo abierto” que tiene muchos años. El

En Rosario explican sus buenos resultados en ciclo básico citando experiencias como el sistema de tutorías para los estudiantes con mayores dificultades, un régimen de suplencias docentes para que los alumnos no pierdan clases, y un fuerte trabajo con las familias para que sientan el liceo como propio.

averiguar por qué.

La evidencia se palpa apenas llegar a Valdense. Allí el liceo es la institución más importante, luego de la Iglesia Evangélica Valdense. Y un orgullo para los habitantes por haber sido el primer liceo en el interior del país. Calle Daniel Armand Ugón, esquina Thomas Hood. Las coordenadas del liceo

la formación de las nuevas generaciones. Es que lo primero que hicieron los valdenses fue fundar escuelas: en 1861 abrieron la primera escuela rural del Uruguay, el liceo llegó en 1888 –que además de laico fue mixto–, y finalmente las “escuelas del hogar” en 1918, hoy presentes en 15 localidades del departamento. El liceo Daniel Armand Ugón (DAU) invita a estar. Un hermoso patio cuadrangular con canteros tupidos de árboles, plantas y flores, y bancos de colores, huele a charla y recreo. El estacionamiento para bicis, la plaza deportiva pegada a su lado (fundada en 1921), una hermosa biblioteca y un gigante salón multiuso muestran que el liceo no es un lugar de paso. Los estudiantes están allí más horas que las de clase, se los ve ir del patio a la plaza y de vuelta, con sus uniformes de camiseta roja y deportivo gris, diseñados por ellos mismos. “Tenían varias propuestas y esa fue la más votada”, contó a Ajena Rossana Mutarelli, su directora. No se trató

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En Valdense, un hermoso patio con canteros tupidos de árboles y flores hace del liceo algo más que un lugar de paso.

concepto es de Omar Moreira, toda una institución en Colonia por su trabajo a favor del patrimonio cultural y la educación en el departamento. Profesor de literatura, director e inspector de Secundaria, estuvo al frente del DAU entre 1985 y 1995. Hoy se dedica a escribir libros de literatura e historia local en su casa de Nueva Helvecia. La idea del liceo abierto, desarrollada en un libro publicado en 1997, tiene que ver con la tradición valdense de trabajo colectivo y en pro de la educación: “Después de la dictadura fue difícil restablecer la confianza en los liceos, entre las familias, los docentes, los estudiantes y las autoridades. La batalla en Valdense la ganamos en el patio, no en el escritorio, y con cuatro adscriptas formidables que sabían lo que le pasaba a cada estudiante, y que hoy son inspectoras, como Reyna Torres, o directoras, como Martha Alfonso, que lidera el liceo de Rosario. Íbamos a buscar a los chiquilines a la casa si era necesario. Y siempre trabajábamos con la familia y con la comunidad. En Valdense además, no te queda otra, porque el liceo es de ellos, por más que haya sido oficializado en 1926”. Moreira dice que, como en casi todo, en el origen está la explicación de esa lógica comunitaria. La zona este de Colonia se delimita por el arroyo Cufré, el río Rosario y el Río de la Plata, y es fruto de los esfuerzos colonizadores de la Compañía del Rosario Oriental fundada en 1853 tras la Guerra Grande, con la esperanza de que la llegada de agricultores europeos trajera la paz tan deseada. Una de las claves de ese

poblamiento fue el sistema de reparto de tierras. Las colonias agrícolas se armaron en base a propiedades de unas 20 cuadras. Llegados de zonas montañosas, de pequeños valles, los nuevos pobladores supieron sacar el mejor provecho a las pequeñas parcelas. Por eso, en Colonia no hay latifundios y sí una producción variada (hortifrutícola, granos y lechería) e intensiva, con un fuerte componente tecnológico. Basta recorrer la ruta 21 que une Colonia y Carmelo para ver el cuidado extremo puesto en los animales y los cultivos, la moderna maquinaria, el sistema de riego y la prolijidad de los fardos. De hecho, la primera trilladora a vapor que existió en Uruguay la importaron los suizos de Nueva Helvecia en 1864. Para Moreira “las colonias agrícolas tuvieron una organización sistemática que permeó a todo el departamento. Acá predomina lo colectivo, no la individualidad. Y eso es clave. Solo en Valdense existen más de 70 asociaciones o comisiones de fomento. No tenés al estanciero latifundista, tenés cooperativas de productores, con una fuerte iniciativa. La escuela de lechería en Colonia La Paz fue pedida por los propios productores. Estas poblaciones dinámicas, fuertes, que se actualizan e incorporan tecnologías, forman hoy una red cultural formidable”. Colonia es atípica ya que tiene 14 ciudades, y la capital aparece como una más en el montón, con apenas un poquito más de pobladores que el resto. De hecho es uno de los departamentos menos macrocefálicos del país (luego de Canelones), lo que asegura cierta cohesión y fortaleza del tejido urbano y

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social. A eso se suma un funcionamiento como “sistema de ciudades”, que no compiten sino que se complementan a nivel de los servicios y el perfil productivo (el mayor puerto lo tiene Nueva Palmira, el centro industrial está en Juan Lacaze, servicios importantes como algunos juzgados o la sucursal del Banco Hipotecario están en Rosario, los institutos de formación docente fueron instalados en Carmelo y Rosario). Esa cultura de la colaboración y del funcionamiento en red, se da también en la educación donde existe una larga tradición de trabajo en conjunto entre los liceos de Valdense, Nueva Helvecia y Rosario. Los tres coordinan distintas actividades e incluso las asociaciones de padres se juntan para tomar acciones en beneficio de los liceos. Además comparten experiencias pedagógicas positivas. En Rosario, por ejemplo, las autoridades explican sus buenos resultados en ciclo básico citando una serie de programas y experiencias como el sistema de tutorías para los estudiantes con mayores dificultades, un régimen de suplencias docentes para que los alumnos no pierdan clases, y un fuerte trabajo con las familias y los estudiantes para que sientan el liceo como propio, que es muy similar a las experiencias que realizan otros liceos del departamento. Según la inspectora técnica de Secundaria, Reyna Torres, el trabajo en red de las direcciones generó una sinergia y una retroalimentación


que hace que las mejores prácticas se puedan ver en liceos de localidades tan distintas como el liceo departamental de Colonia del Sacramento –una suerte de “IAVA” local–, Nueva Palmira o Juan Lacaze. Así varios de los liceos colonienses tienen programas propios de tutorías para acompañar a los chicos con más dificultades, y un trabajo con las escuelas para conocer las historias de vida de quienes al otro año arrancan el liceo. Esto se hace por iniciativa propia ya que los programas creados a nivel central por el Consejo de Secundaria, que buscan evitar la repetición y la desafiliación escolar, no fueron implementados en Colonia. “La sala de directores funciona muy bien, y más allá de que las realidades socioeconómicas y culturales sean distintas, nadie quiere La tradición obrero quedarse atrás”, afirmó Torres. industrial de Juan Lacaze, Es que Colonia no es aunque alicaída, es clave homogénea, y si el este está para comprender la matrizado por esas colonias importancia que se le da a agrícolas de labriegos la educación en esa ciudad. inmigrantes piamonteses y

suizo-alemanes, hacia el sur, y sobre el Río de la Plata, Juan Lacaze muestra orgullosa su tradición obrero industrial, mientras en el noroeste Conchillas, Carmelo y Nueva Palmira han crecido mirando a Buenos Aires. Pese a que Rosario y Nueva Palmira tienen muy poco en común a nivel social y económico, los liceos de esas localidades tienen los mejores resultados educativos a nivel nacional. Mientras la primera tiene la impronta de las colonias agrícolas, la otra, en la punta norte del departamento, es una ciudad puerto que terminó siendo más puerto (y depósito de granos) que ciudad, con sus calles castigadas por la pesada carga de los camiones y los enormes silos. La sociedad palmirense tiene sus propios problemas, entre los que se incluye la prostitución infantil, pero aun así el liceo Medulio Pérez Fontana, con 900 alumnos y 100 docentes, es el tercero con mejores resultados del país. Los estudiantes se dicen a sí mismos “medulianos” y llaman a su vez a la

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directora por su nombre, Alejandra, o simplemente “Ale”. Porque allí también el vínculo con los estudiantes es clave, así como el trabajo para que los chicos sientan el liceo propio. También el de Palmira es un liceo abierto. Muestra de eso es la fiesta de la primavera que realiza la institución todos los años. Se trata de un evento que dura varios días y pone a competir grandes carros alegóricos preparados por los estudiantes que transitan por las calles de la ciudad en busca de ser elegidos los mejores, mientras se realizan otros eventos a beneficio del liceo. Gracias a ello, Palmira tiene un liceo cinco estrellas: con aire acondicionado y pantallas LCD en todos los salones, además de que la dirección ha logrado encarar reformas edilicias significativas en la vieja casona. Recostado sobre el Río de la Plata, Juan Lacaze tiene una historia distinta a la de las colonias agrícolas, pero comparte con ellas la apuesta a la educación y la lógica cooperativa y comunitaria. Ciudad puerto y ciudad fabril, creció en el siglo XX de la mano de la textil Campomar. Con casi 13 mil habitantes, es la tercera ciudad del departamento (luego de Colonia y Carmelo). Sus muros expresan hoy el miedo por la crisis económica que atraviesan las principales fuentes de trabajo de la población, mucho más vulnerables que las de las vecinas localidades agrícolas. A la agonía de la textil Agolán, se suma el posible cierre de Fanapel. El temor es más que entendible, porque lo que se defiende no es solo una actividad económica, sino un centenario tejido urbano, social y cultural. Fabián Ignacio es profesor de historia, vive en Montevideo pero decidió trabajar en Colonia. Hace cinco años está en Juan Lacaze, tanto en el liceo 1 (ciclo básico) como en el 2 (bachillerato). Contó que lo que más le gusta es el trabajo que hace el equipo de dirección y de adscriptos con los chiquilines y sus familias. “El liceo 1 tiene una tradición de trabajo con las escuelas que es admirable. Todos los años estudian a los alumnos que ingresarán el


año siguiente, ven las problemáticas y dificultades y preparan el terreno. Ese gran drama que es el pasaje de la escuela al liceo acá lo vienen trabajando desde hace tiempo, con una dinámica de colaboración entre las escuelas y el liceo muy fuerte.” Fabián afirmó que más allá de lo que se suele creer desde Montevideo respecto al Interior, el liceo de Juan Lacaze es un centro populoso, con muchos alumnos en situación de gran vulnerabilidad social y económica, y con problemáticas similares a las de la capital. “La diferencia es que hay un plantel de adscriptos que hace muchos años que está en el liceo, y un plantel docente bastante estable. Y aunque es una ciudad que tiene población vulnerable igual tenés esa familia interesada en la educación de sus hijos y que quiere estar presente.” Lo otro que resaltó Fabián es el involucramiento de la sociedad. Los aires acondicionados y el cañón con monitor por aula, se compraron con apoyo de la APAL, con un dinero que ganaron los alumnos que se presentaron a un concurso de la NASA y con los recursos que aporta la comunidad que participa de actividades periódicas como venta de pollos, festivales o bingos. Al explicar el fenómeno, Torres dice que, como ciudad obrera que es, a Juan Lacaze nunca le va a costar pensar en colectivo, y que más allá de la situación económica vulnerable, existe un apoyo al liceo por parte de la comunidad que permite lograr cosas. Agregó que aquí las estructuras productivas también hacen la diferencia. Si en la zona de las colonias agrícolas la apuesta a la educación estaba asociada a la mentalidad valdense y a la producción intensiva, en Juan Lacaze fue clave que las industrias locales, como Fanapel, exigieran cuarto año de liceo terminado a sus empleados.

Quizás el mejor ejemplo sea el caso de Conchillas, donde se ve el peso de la matriz social en la realidad educativa de un lugar, más allá de las características propias de los centros educativos. Esto es, más allá de que se trata del liceo más

comercial, la Casa Evans, que pertenecía a los propios ingleses. Incluso existía una moneda de cobre que tenía curso legal dentro de la localidad. La crisis llegó junto con la Segunda Guerra Mundial y el declive del imperio

En la zona de las colonias agrícolas la apuesta a la educación está asociada a la mentalidad valdense y a la producción intensiva. En Juan Lacaze fue clave que las industrias locales, como Fanapel, exigieran cuarto año de liceo terminado a sus empleados.

Para Torres no se puede explicar los resultados educativos por uno o pocos factores, ni hablar de determinantes totales, aunque sí evaluó el poder que pueden ejercer ciertas condicionantes.

pequeño en matrícula (con un promedio de 15 alumnos por grupo), con los beneficios que eso trae a nivel de contención, y a pesar de que allí han trabajado equipos de dirección con una lógica similar a la de Rosario o Valdense, se trata del liceo con la tasa de repetición más alta del departamento. Al ingresar al pueblo desde la ruta 22, la sensación es la de viajar en el tiempo. Allí aparecen las famosas casas de paredes gruesas de piedra asentadas en barro, revocadas y pintadas de amarillo, con techos de chapa a dos aguas en rojo. El pueblo fue fundado a fines del siglo XIX cuando la compañía inglesa C.H. Walker & Co. trabajaba en la construcción del nuevo puerto de Buenos Aires y encontraron al otro lado del Plata un buen lugar donde extraer arena, cal y piedra. Thomas Walker armó el negocio como una factoría cerrada: las personas trabajaban para la firma, recibían un pago y gastaban su dinero en una tienda

británico en el mundo. Conchillas pasó de casi 4.000 habitantes a poco más de 400 hoy día. Sin embargo, según Torres, la mentalidad permanece: “Dirigí Conchillas un año, en 2007, antes de ir a Valdense, y firmé un solo pase a facultad. ¿Le interesaba a la sociedad de Conchillas que sus hijos siguieran estudiando y fueran a la universidad? No, no le interesaba. Conchillas era la factoría de Thomas Walker y la mentalidad que instaló sigue hasta hoy. Es una mentalidad que se explica por esa sociedad de circuito cerrado, donde los obreros trabajaban y recibían todo lo que necesitaban de ese patrón inglés que les pagaba y les decía en qué gastar su dinero. Algún estudiante, cada tantos, quería seguir estudiando, pero la mayoría querían ser lo que fueron sus padres: operarios, seguir en el campo, ser comerciantes, o no seguir nada y quedarse allí. Y eso pasa no solo en las familias más pobres”.

1. El porcentaje de estudiantes que no promovió algún año del ciclo básico en 2012 fue el más bajo del país: 16,8 por ciento, frente al 37,2 por ciento en San José, 22,3 por ciento en Maldonado, y 40,8 por ciento en Montevideo. En Rosario los no promovidos fueron 8,5 por ciento (tiene los mejores resultados a nivel nacional, solo superado por el liceo 4 de Maldonado, con 5,4 por ciento), en Nueva Palmira fue el 10,6 por ciento y Colonia Valdense el 11,6 por ciento (esos liceos ocupan el tercer y quinto lugar a nivel nacional). De cerca le siguen los liceos de Ombúes de Lavalle y Nueva Helvecia con 14,1 por ciento. Los peor posicionados del departamento son el liceo de Conchillas (25,9) y el de Juan Lacaze (21,4). Los peores resultados en Colonia están lejos del promedio de varios departamentos y de los resultados individuales alcanzados por muchos centros con cifras de no promovidos cercanas al 60 por ciento en Montevideo y Rivera, principalmente.

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2. Colonia es el departamento con menor desempleo a nivel nacional (4,2 por ciento), y el tercero con mejor nivel de ingreso. Es el que está en mejor situación respecto a la satisfacción de necesidades básicas, solo detrás de Montevideo, según datos del censo 2011 citados en “Relevamiento de capacidades relativas a la formación terciaria en áreas clave para el desarrollo de la UTEC” de Belén Baptista y Victoria Tenembaum (2013).


>> La primera huelga minera en Uruguay

La “crónica de época” que sigue es ficticia, pero el suceso no. En 1880, el país vivió una huelga minera alentada por “200 italianos” presuntamente anarquistas, de los que jamás se volvió a saber. Fue en Cuñapirú, seis años antes de que los mártires murieran en Chicago y casi 30 antes de la primera huelga general en Uruguay.

Desde que las compañías francesas e inglesas se instalaron en el lugar, la cantidad y magnitud de las explotaciones auríferas se ha intensificado de manera tal que el paraje es el nuevo epicentro de la actividad económica del país. Unas cuarenta bocas de mina que se tragan y devuelven obreros “tiznados” con el polvo del ambiente y el barro que pisan, conviven con cerca de dos mil personas que están instaladas en Cuñapirú. Apenas a cuatro quilómetros está la mina Durante buena parte del año pasado –entre ocho y nueve Santa Ernestina; en el radio de unos diez quilómetros están el llamado meses, si se quiere mayor precisión– unos 200 obreros de la Povinho das Minas y las minas San Gregorio y San Pablo. Algo más Compagnie Française des Mines d’or de L’Uruguay, ubicada en distante están Zapucay y Cortume. Tacuarembó, estuvieron en huelga; la más importante que le haya El interés que esta nueva actividad industrial ha despertado en el tocado presenciar a este joven país que se empeña en modernizarse. gobierno, incluyendo la aprobación del Código de Minería, hace que los Algo de insistencia y un giro de la suerte confluyeron conflictos que se desaten en su seno llamen doblemente la Txt: para que esta publicación tenga hoy en su poder una serie atención del periodismo. Pero los obreros no aparecían y en la Eliana Gilet de cartas que nos permiten afirmar lo antedicho y brindar, a compañía la palabra “huelga” hacía brotar una mueca de Fotos: su vez, algunos detalles sobre un hecho que, a pesar de su espanto en la cara de todo funcionario que la oyera salir de los Ignacio Iturrioz relevancia, ha estado rodeado de silencio. labios interrogantes. Una de las pistas que llegó a esta redacción afirmaba que los huelguistas eran un grupo de obreros italianos anarquistas. La Cuando el pasado año los rumores empezaron a circular por las calles Federación Obrera que se conformó en Montevideo en 1875, nucleó montevideanas, azotadas por el calor del verano, varios reporteros de distintas agrupaciones de trabajadores venidos de Europa, este periódico se abocaron a la tarea de hacer contacto con los mayormente franceses, italianos y españoles. Dos años más tarde, en representantes de la organización obrera que estaría llevando adelante 1877, fue aceptada en la Asociación Internacional de Trabajadores la huelga. Fue imposible saber cuál era esa organización, como durante su congreso en la ciudad de Verviers, en Bélgica. Sin embargo, también conocer a sus integrantes, que permanecieron en el más los internacionalistas de Montevideo consultados frente a los rumores absoluto anonimato. circulantes, afirmaron que no habían tenido contacto con organización La distancia jugó su partida en el mutismo. Infructuosos fueron los alguna en Cuñapirú. A pesar de la voluntad de “expresar públicamente intentos de obtener novedades a partir de los maquinistas que su solidaridad” y ofrecer su “cooperación con quienes estarían llegaban desde la estación de Durazno, o respuesta a las preguntas a intentando hacer menos precaria su situación mediante una huelga”, los transportistas de carga que unen Salto y Montevideo, y que en el no pudieron ellos mismos confirmar ni negar nada, como tampoco dar litoral toman contacto con los conductores de las diligencias que indicio alguno sobre los presuntos “anarquistas” norteños. cubren el último tramo a Cuñapirú. Los “rumores” también habían llegado a otras redacciones. En su

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edición del 24 de enero, el Diario del Comercio publicó una noticia sobre los malos tratos a los que eran sometidos los mineros, situación que impulsaba a muchos de ellos a huir por la noche, hacia el Brasil o hacia la capital, abandonando su miserable vida y trabajo. El problema no fue solo el destrato. En febrero otro diario capitalino, esta vez L´Era Italiana, publicó una carta anónima denunciando que “la empresa paga a los obreros salarios mucho menores que los que ofrece; y esto puede comprobarse comparando las tarifas de los salarios que están en la calle Cerrito y en la calle Yaguarón con las papeletas y libretas que expide la dirección de Cuñapirú”. Esa carta, que el anónimo decidió difundir en una publicación destinada a la numerosa comunidad italiana residente en nuestro país, además de reforzar la idea de la nacionalidad de los huelguistas, fue la primera pista sobre el motivo del conflicto.

Las mismas dificultades que la distancia impuso a las ansias de investigación de este modesto periódico, fueron sorteadas por el diario El Siglo, que resolvió enviar a Bartolomé Bossi a conocer lo que “estaba sucediendo en las minas de oro”. Así lo anunciaron en su edición del 13 de marzo. Bossi informó al diario que su visita causó alarma: “Esto me hace sospechar que se crea que nuestra venida sea una especie de fiscalización y en ese caso probarían que pasa con este mineral algo de indebido, de irregular y que se teme a la publicidad”. Lo que el colega encontró en el norte le causó tal estupor e indignación que lo plasmó en sus páginas: “¡Qué horror! ¡qué ceguera! ¡qué inmoralidad!”, dijo en referencia a la “monstruosidad” del tamaño de las concesiones de explotación otorgadas a una sola empresa, “pues una mina con 1.600 varas de longitud creemos que basta para enriquecer a muchas compañías más numerosas que la actual de Cuñapirú”. El hecho no solo hirió la sensibilidad del cronista, sino que la concesión infringía lo establecido por el novel Código de Minería. Bossi pudo averiguar que las concesiones de explotación estaban plagadas de irregularidades, y muchos de sus actuales tenedores fueron directamente favorecidos por jefes políticos locales y nacionales. El corresponsal evitó dar nombres en sus reportes, pero para éste pudimos averiguar que uno de los grandes perjudicados fue el ingeniero asturiano Clemente Barrial Posada.

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Hace más de diez años, y habiendo La vieja maquinaria de Cuñapirú guarda recorrido buena parte de las minas del la memoria de los obreros italianos. continente, Barrial Posada decidió instalarse en Cuñapirú. Experto en reconocer y seguir las vetas del mineral amarillo, dedicó gran parte de su esfuerzo a la construcción de las instalaciones que hoy utiliza la ya mencionada empresa francesa. Fue Barrial Posada el encargado del primer diseño del ingenio y quien organizó las primeras actividades industriales en torno a la represa por él construida para utilizar la fuerza del agua “como motor de la explotación”. “Algunos de los beneficiados andan diciendo que con nuestras francas y verídicas exposiciones sobre el mineral de Cuñapirú coartamos el progreso de esa localidad, lo que combatimos es el favoritismo y la arbitrariedad”, argumentaba Bossi en uno de sus últimos artículos en El Siglo.

Imaginemos al señor Víctor L´Olivier, director general de “la Compagnie”, al momento en que estampa su rúbrica al final de la carta prolijamente escrita, y mira por la ventana de la oficina que la empresa ubicó en lo alto de una colina, desde donde observa todo el ingenio detenido. “La mayor parte de los trabajadores de la compañía se negaron a trabajar hoy después del aviso que le mando junto”, comunicaban las letras parejas y prolijas de la carta que escribió en una hoja membretada de la empresa, y que fechó

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el 15 de enero de 1880. El aviso referido anunciaba que a partir de entonces se ajustaba el sueldo de los trabajadores según una nueva tarifa. La tabla de pagos muestra una escala salarial que va desde los 24 a los 43 pesos mensuales, con su correspondiente monto por día (entre uno y dos pesos respectivamente por jornal). No se especifican categorías ni ningún otro detalle, salvo que “a los trabajos en la noche se les pagará una quinta parte más” y que los capataces deberán pasar revista tres veces al día para certificar ausencias. A la primera falta se descuenta la mitad del jornal, a la segunda el día completo. “Como lo puede ver, esta notificación es en favor de ellos, no de la compañía”, interpretaba L´Olivier. A pesar de su interpretación, o más bien en contra de ella, a continuación aclaraba: “Los trabajadores son libres de no aceptar este modo nuevo de paga, pero no puedo permitir que algunos de ellos, todos italianos, impidan de trabajar a los que quieren seguir sus trabajos”. Así, se confirma que la huelga estuvo en marcha, por lo menos, a partir del 15 de enero, día en que el director general envió la carta. La comunicación del encargado finaliza con un dato interesante: “La fuerza que tenemos es la policía, siendo insuficiente enfrente de más de 200 italianos unidos por el miedo de algunos, vengo a pedirle de avisarme y dar órdenes al señor comisario, en conformidad con sus ideas de tal caso”. Seis días más tarde y algunos quilómetros más al sur, la carta fue recibida por Eliseo Chaves, jefe político de Tacuarembó. Motivado por el envío recibido, escribió desde San Fructuoso una nueva misiva que, con fecha del 21 de ese mes, salió con dirección a Montevideo. A lo largo de cuatro páginas, Chaves se extendió sobre las “desgracias de consideración” que habían estado “a punto de suceder con los obreros de la compañía, llegando estos al extremo de intimidar al comisario de Policía” y al “director e ingeniero de dicha compañía”. La carta fue dirigida al entonces ministro de Gobierno, Eduardo Vázquez y en ella informó del envío de “un piquete de artillería bajo las órdenes de un empleado de esta jefatura, a fin de conseguir por buenas maneras el que se restableciera el orden entre los trabajadores, lo que se logró felizmente, habiéndose despachado 62 peones de la compañía”. Además, el jefe político le avisaba al ministro que “el personal de Policía es insuficiente para imponer el orden a 416 obreros que existen hasta la

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fecha, llegando el caso que se repita lo sucedido”. “No habrá más remedio que repeler con la fuerza tales abusos y castigar a los instigadores del orden de una manera enérgica para lo cual estoy dispuesto, si usted no dispone lo contrario.” “Es de suma necesidad el aumento del personal de Policía hasta el número de veinticinco guardias civiles armados a Remington, por lo que pido a usted se sirva mandarme el número necesario de carabinas de ese sistema.”

A casi un año de los hechos relatados, tres conjuntos de cartas que circularon entonces llegaron a nuestra redacción. El primero lo componen las mencionadas en los párrafos que anteceden, intercambiadas en enero de 1880, cuando los rumores sobre la huelga empezaban a circular en el tórrido Montevideo. Un nuevo intercambio epistolar entre Chaves y L´Olivier sucedió entre el 12 y el 13 de febrero, en el que el jefe político inquirió al empresario sobre “los rumores desagradables con referencia al maltrato que reciben los trabajadores y cómo entre las distintas versiones que corren entra la de que allí se aplican castigos corporales”. En su respuesta L’Olivier desmintió las denuncias y brindó datos que permiten conocer algunos aspectos de la relación entre la empresa y sus trabajadores. El director afirmó que no hay contratos entre las partes, “ellos se obligan únicamente a la salida de Montevideo a reembolsar sus gastos de viaje fijados a 19,75 pesos, sea: boleto de ferrocarril Montevideo–Durazno, pasaje y comida de Durazno a Cuñapirú, empeñando sus equipajes y herramientas”. Otro hecho, al parecer aislado pero también referido a la Compagnie Française des Mines d’or de L’Uruguay, fue difundido en la edición del 3 de junio del diario El Siglo: L’Olivier fue reemplazado en sus funciones por los ingenieros franceses Charlier y Fouest. Este último fue quien el 18 de agosto de 1880 La usina, vista desde los antiguos pilones. echó a andar nuevamente el pedido de Allí se molía la piedra con oro para auxilio a Tacuarembó: “la presencia de separar el metal del cuarzo aurífero. un destacamento de soldados regulares

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Las fuentes

“Nunca pude comprobar ninguna de las identidades de los mineros” es lo primero que dice, casi lamentándose, Selva Chirico, profesora retirada de Secundaria e investigadora en historia, especialista en lo relacionado con la explotación minera en Cuñapirú y Corrales. “De mis mineros”, enfatiza. Larga data la liga a esos pagos. En su línea familiar pueden hallarse los primeros pobladores criollos de la zona, los Paz Brisola. Trae memorias de madre y abuelas como prueba en la conversación, indicios que van pautando una reconstrucción minuciosa. Su trabajo y su relato fueron la columna vertebral de este artículo. Las cartas que se mencionan en la crónica fueron halladas por ella, revisando y desempolvando documentos en archivos intocados durante años. Habían permanecido inéditas hasta su publicación en Ajena. “Lo expuesto pretende dejar en evidencia un modelo de aplicación del imperialismo europeo en nuestro país que ha sido poco difundido, tanto en el sentido económico: la minería, como en las relaciones patrón-obrero”, instruye. Si los capitales llegaron con nuevas formas de explotación, los obreros trajeron nuevas formas de lucha. “No tengo duda que eran anarquistas, por el método”, sentencia Chirico.

Esta mina, cercana a Cuñapirú, fue explotada en el siglo XIX por la empresa inglesa The Gold Fields of Uruguay. Así eran las galerías por las que transitaban los trabajadores.

bajo el mando de un oficial enérgico me parece absolutamente necesaria durante algún tiempo y podrá solo impedir asuntos graves”, reclamó el nuevo gerente de la compañía en su misiva. Manuel Suárez, nuevo a su vez en el cargo de jefe político del departamento, anunció, en una carta fechada el 30 de agosto, su decisión de hacer lugar al pedido de la Compañía enviando “un piquete de diez hombres a cargo de un oficial de artillería”. A la luz de estas nuevas evidencias es posible afirmar, como se dijo al inicio, que la huelga efectivamente sucedió entre enero y agosto. Fue reprimida y no ha quedado rastro ni registro de ninguno de sus participantes, salvo que se trató de “200 obreros italianos”. Si la modernización que el país ha emprendido implica, como describió el embajador inglés Clare Ford en 1879, que para atraer “el capital superabundante en los países más ricos, dos cosas esenciales son precisas: la certidumbre del fiel cumplimiento de los contratos que se establezcan, y la perspectiva de una completa seguridad en la vida y propiedad, junto con la confianza en la estabilidad de los poderes gubernativos”, esto no incluye los compromisos de otra clase: el de las empresas con sus trabajadores. Los documentos aquí citados revelan la necesidad de reconstruir lo sucedido en esos meses de huelga, a los que un manto de silencio grande como los hechos relatados se empeña en cubrir. Particularmente, urge esclarecer el paradero de esos 200 obreros. A más de un año de lo sucedido, este artículo apela a levantar el silencio. Sacudirlo como se hace para quitar las migas de pan que quedan sobre el mantel, una vez que el almuerzo ha finalizado.

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La información sobre la situación del anarquismo vernáculo a fines del siglo XIX fue proporcionada por Pascual Muñoz, historiador independiente especializado en la temática, quien a su vez, al igual que Chirico, referenció un trabajo anterior sobre esta huelga en particular. “La primera huelga en el Uruguay, Cuñapirú 1880: Huelga minera contra los gringos” es el nombre del artículo escrito por Yamandú González Sierra y publicado en la revista Compañero, en su edición del 22 de mayo de 1986. Él fue quien revisó los diarios de la época y sistematizó la información existente, que también se utiliza en esta crónica. No debemos dejar de mencionar el trabajo de Armando Olveira Ramos, quien se encargó de seguir la figura de Clemente Barrial Posada en su libro Héroes sin bronce: crónicas de pasiones asturianas en tierra uruguaya, editado por Trea en 2005. Tampoco el del antropólogo Fernando Acevedo, Las máscaras de la identidad colectiva, una aproximación socio-antropológica al rico patrimonio de los corralenses, editado por los Fondos Concursables para la Cultura del MEC, edición 2008. Esta crónica, en realidad, la escribieron todos ellos.

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Clic

E

n marzo, el aire se impregna de una densidad dulzona. El aire otoñal refresca el cuerpo pegado a la túnica blanca desacomodada, mientras la antigua bicicleta avanza a paso cansino al borde de la ruta. De un lado y del otro, está la vid. Entre las hileras de hojas verdes asoman cabezas cubiertas, apresuradas por terminar otro cajón que sumará unos pesos al jornal. En unas horas, estos vecinos itinerantes pararán para comer al borde de alguna zanja, a la sombra de los árboles. El ruido de un viejo camión invade el sosegado silencio del campo. Pasa a mi lado lentamente y, entre pozo y pozo, va dejando caer algunos racimos que cuelgan de las Txt: cajas traseras. Los recojo antes de que sumen otra mancha bordó al Florencia camino y –sacudida mediante– los granos estallan su jugo en mi Soria boca sedienta. En la mochila llevo, arrugada, la corrección de los deberes del día, recurrente tarea que las maestras adoran pedir en las escuelas de la zona: una redacción sobre la vendimia. Aquel texto, que hoy reescribo, fue hecho con la ayuda del tío Alfredo. Un hombre alto, de cara y manos curtidas que aprendió del campo y de la vid con su padre, Avelino Lorenzut. “El nono”, como le decían, había emigrado de un pequeño pueblo llamado Morano, cerca de Údine, en el norte de Italia. Huyendo de la Primera Guerra Mundial y del hambre vino a Uruguay con sus tres hermanos mayores, en busca de trabajo y dejando atrás al resto de su familia y a su novia, Asunta Vechiet. Su primer trabajo fue como medianeros, y con la estabilidad llegó el resto de la familia: su madre, sus hermanas y Ottavio, el más pequeño de los hermanos, quien jamás perdió su acento ni olvidó cómo contar fantásticas historias de migrante. Solo faltaba Asunta. El amor la impulsó a realizar la travesía transatlántica sola, soltera y sin la aprobación de su familia. Esperaba llegar al puerto y casarse en el barco, con las palabras que, soñaba, diría el capitán. La historia no se concretó allí, sino varios días después; mientras, Asunta se amparó bajo el techo de otros inmigrantes italianos. Asentados y casados, Avelino pudo ahorrar para comprar, junto a su hermano Ottavio, una quinta que llegó a ocupar ocho hectáreas. Bastante para la época y poco para hoy. Al borde de las hileras, los árboles frutales daban alimento fresco y restos maduros, que obligaban a jornadas enteras de preparación de dulce o frutas secas, almacenadas luego para el resto del año. Pero en febrero y marzo la prioridad familiar –y de la que todos dependían– era la vendimia. Mujeres, hombres y niños ayudaban en la afanosa tarea de llenar cajones que marchaban a la bodega Santa Rosa. Entre aquellas tareas, alguien quiso una vez guardar para siempre testimonio del momento y tomó esta fotografía, 60 años atrás. Llegó a mí cortada, guardada en una pequeña cajita de jabón preservada por mi abuela. Ana aparece delante de la fotografía, aún joven y soltera, posando imperturbable ante el viento que tiró su sombrero. En la mano, las tijeras recuerdan la manualidad de la vendimia: tomar un racimo, moverlo hasta encontrar el cabito –a veces escondido entre los granos de uva– y cortar, con las manos teñidas de negro por la uva tannat. Los niños de aquella época solían corretear entre las viñas, ayudando con los cajones vacíos y cortando uvas de a ratos. Pero su tarea predilecta era en la bodega, inundada del olor dulzón que ahora es recuerdo de mi infancia. La diversión consistía en hacer girar una manija con fuerza para movilizar dos rodillos que, pegados uno al otro, recibían los granos y los apretaban hasta molerlos. Todo pasaba por ellos, incluso el escobajo que hoy se quita para hacer vino. Cuando la diversión terminaba, se dejaba fermentar el vino con el que a su tiempo almorzarían todos. Testimonio de mi historia y de una familia que casi no conocí, la fotografía devuelve rostros, relatos de amores y peleas italianas. Y el cariño por la vid, el vino y el campo.

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12 Abril 2014


De tanos, vendimia y

recuerdos de abuela

La abuela Ana (a la izquierda) guard贸 esta imagen en una cajita de jab贸n que preserv贸 durante 60 a帽os. Ottavio posa parado en el extremo derecho de la foto.

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13 Abril 2014


Parajes insospechados

T

repada a un impensado mar de piedra en pleno Cerro de los Conventos, interrumpiendo el extenso tapiz verde de esta pradera redondeada en lomas de la décimo primera sección de Cerro Largo, está La Saida. O lo que queda de aquella planta industrializadora que nació a mediados del siglo pasado para embotellar y llevar a los pobladores de Melo su primera agua mineral. La fábrica como tal solo funcionó unos pocos años, pero la fuente natural que se esconde en la panza del cerro y arrastra un pasado mítico que se remonta hasta las misiones jesuitas, todavía está viva. Y a la vez que encierra el agua en el sombrío silencio de la piedra, le una nutrida colonia de murciélagos. Txt y permite brotar a la superficie en Pero hay otra cosa que suma en el Fotos: pequeñas dosis diarias. La misma carácter espectral de La Saida, y es la Daniel Erosa agua que deja de ser muda cuando rareza de encontrarse de golpe con escapa del bolsón rocoso que la ese eslabón industrial perdido y roto mineraliza corre –alimentando un arroyito– en el paisaje rural. entre helechos frondosos y árboles nativos A comienzos del Novecientos Orestes que babean el líquen de los tiempos y filtran Araújo describía el lugar con cierta belleza el sol. La escena: un trazo líquido al centro en su Diccionario Geográfico del Uruguay: y un sendero íntimo al pie de la enorme “Por la parte meridional es de difícil subida, piedra. La luz: mágica. pues además de ser muy pendiente se En la cima, las ruinas de la fábrica encuentra amurallado por paredones altos descansan sobre un lomo gris de roca, de piedra unida y escabrosa en el corte envueltas en la atmósfera fantasmal del vertical: por esta parte se interna una abandono: hay arbolitos naciendo desde las profunda cuenca en cuya cima se alzan paredes agrietadas y dibujos de musgo en peñascos y espesa arboleda donde posan las escaleras sin baranda, hay techos caídos constantemente millares de cuervos, que al y ventanas sin marco, hay azulejos partidos en habitaciones sin puerta, tanques vacíos, tramos de cañerías inútiles, botellas deshechas y un galpón enorme y luminoso, refugio de unos cuantos trastos, una carreta blanca y

Entre paredes agrietadas, techos caídos y azulejos partidos, las botellas confirman la existencia de La Saida, perdida en el paisaje rural

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14 Abril 2014

remontar el vuelo producen un ruido cavernoso extraordinario semejante al de un lejano y prolongado trueno”. Pero la historia de la fuente de agua mineral comienza mucho antes que la planta embotelladora e incluso antes de que Orestes Araújo la consignara en su libro. Y en parte es por eso que este puñado de rocas respira un aire legendario. El propio Araújo fue quien aludió al contacto que tuvieron las misiones jesuitas con la zona y según explica “de ahí dimana la denominación de tal cerro del Convento, que el vulgo ha pluralizado, desde el siglo pasado, conjuntamente con la denominación del arroyo del mismo nombre”. Porque ese manantial es la naciente del arroyo


Los intentos de resurgir la fábrica fueron infructuosos. Pese a su excelente calidad, la cantidad de agua que brota de la fuente hace que el negocio no sea redituable.

Conventos, que estriba en la cuchilla Grande y desagua en el río Tacuarí y habría sido también la fuente de agua de los misioneros que anduvieron por la zona hace 300 años. Concretamente dice el libro: “En uno de los paredones de piedra unida, y en el corte vertical más regular de los que forman el Un impensado mar de borde superior piedra en el Cerro de de la los Conventos. mencionada

cuenca de los cuervos, se distingue una inscripción que data del siglo XVII, la cual hace presumir fuera grabada por algún misionero religioso”. Esa historia aparentemente esculpida en la roca ha corrido como el agua de generación en generación pero nadie que esté vivo ha podido corroborarla. El historiador arachán Germán Gil contó a Ajena que personalmente ha buscado “esas inscripciones y nunca encontré nada”. Sin embargo el mito no parece descabellado “porque en esa zona hay muchas ruinas jesuitas, corrales y pedazos de muro”, explica. Quizás pueda discutirse si los jesuitas disfrutaron hace tanto tiempo de las bondades del agua de La Saida y si verdaderamente grabaron un texto en el muro rocoso, pero lo que parece no tener discusión es la calidad del agua que se esconde en aquellas piedras. Al menos eso pudo comprobar el empresario de Melo, Romeo Silveira, que pensando en reflotar la embotelladora hizo analizar el fluido que nace de la fuente y aseguró hablando con Ajena que “es mejor agua que la propia agua Salus”. Silveira supo, investigando la historia

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del proyecto que data de 1950, que los dueños del emprendimiento fueron Juan Gioso (que estaba al frente de la planta), López Benítez (que era el dueño de la estancia Las Piedras, donde se encuentra el manantial) y un tercero del que nadie recuerda el nombre que abandonó la empresa para dedicarse a trabajar en Salus. Al comienzo la idea era abastecer Melo de agua mineral embotellada en sifones y “una naranjita que se parecía a la Fanta” y luego extenderse a Montevideo (negocio que no prosperó porque el costo del flete les dejaba el precio fuera de competencia). Silveira dice que familiares de los Gioso le explicaron que “tenían dos camiones en los que llevaban el agua a la ciudad, y como los caminos eran muy malos, cuando llovía se enterraban y no llegaban con el agua ni siquiera para abastecer a Melo”. Por estos contratiempos logísticos y otras razones no conocidas, la planta habría dejado de funcionar cuatro o cinco años después de su inauguración. Algunos vecinos de la zona recuerdan que luego de cerrada, en el galpón principal se hacían bailes y a veces “se hacían asados políticos de los que participaba Chicotazo. Eran como unos congresos a los que la gente llegaba a caballo”. Pero el agua siguió manando igual de pura y Silveira en 1999 le dedicó dos años a hacer una prospección para la que contrató a un geólogo. “El problema es que es un pozo con poca capacidad de extracción”: unos 400 litros la hora en el mejor de los casos, unos nueve mil litros diarios. Para viabilizar el negocio y justificar la inversión necesaria “habría que hacer otro pozo, el geólogo dice que hay otra vertiente cercana, pero no se sabe si es de la misma calidad”, explica. Ya no hay conventos jesuitas por aquí, ni misioneros esculpiendo la piedra, ni millares de cuervos ensombreciendo el cielo al remontar vuelo. Ni hay planta embotelladora, ni hay asados políticos, ni hay un proyecto para comercializar lo que sale de la fuente. Pero La Saida igual está ahí, indiferente a cada historia, soltando borbotones de agua que se desliza cristalina y corre pendiente abajo.


Perfil

Mary Urse, alcaldesa

Fue bagayera, regente贸 burdeles, ejerci贸 como meretriz. Urse enfrent贸 una vida dura antes de abocarse a la pol铆tica que hoy la coloca como una figura relevante en el Chuy: es la primera alcaldesa en aquella ciudad de frontera.

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16 Abril 2014


Perfil //Mary Urse

gente que más lo necesita” y dice que seguirá haciéndolo. “Por los ancianos, por los jóvenes y por todos. Desde que asumí, aquí vienen 40 o 50 personas por día y yo los recibo a todos.” A los minutos de comenzar la charla se oye un ringtone cumbiero. Mary se zambulle en su cartera en busca del celular y atiende: “Hola, mi amor –así llama a todo el mundo– lo tuyo ya está resuelto, así que quédate tranquila, ¿oíste?”. Corta y vuelve a comentar que se desvive por ayudar a los demás y, sobre todo, por dar una mano a quienes tienen menos recursos. Mary Urse nació en Florida, ciudad que dejó cuando estaba por cumplir tres décadas. Hace otros 30 llegó al Chuy junto a su marido y sus tres hijos menores. La más pequeña nació en Santa Vitória do Palmar, Brasil. Tuvo cinco hijos, pero perdió dos: una niña murió a los pocos días de nacer y la otra hace cinco años, cuando la joven cumplía los 24. Ambas tenían parálisis cerebral. Txt: El peregrinar la llevó primero por Rocha y Ana Artigas Un viernes en la mañana en la plaza General Castillos, y hasta el Chuy llegó buscando otras Fotos: Artigas del Chuy hay bastante ajetreo y oportunidades. Como buena buscavidas, trabajó Manuela Aldabe mucho sol. La ciudad se muestra activa: contrabandeando cigarros, ropa y música pirateada, llegan y salen los ómnibus interdepartamentales y en que vendía en el cantero de la avenida principal que los comercios hay mucho movimiento mientras los chuienses – hace las veces de frontera internacional. Se quedó en el Chuy que así se denomina a los habitantes de esta frontera– caminan porque encontró su lugar en el mundo. Fue allí donde la hacia sus actividades cotidianas. Cinco obreros trabajan en la ayudaron, donde le abrieron los brazos, recuerda con esquina reparando una calle perpendicular a la avenida agradecimiento. “No te olvides que además de dedicarme al Internacional, al tiempo que Sergio Costa, barrendero bagayeo también trabajé en la noche, fui propietaria de bares municipal, se esmera con las hojas del incipiente otoño que de-la-no-che”, dice recalcando las tres últimas palabras. caen sobre la vereda y habla amablemente de la alcaldesa, aun La noche. Ese fue uno de los primeros trapitos que al sin querer dar mucha conversación: “¿Quiere saber sobre Mary asumir el cargo los detractores sacaron a asolearse, aunque sea Urse? Es mi jefa, la conozco desde hace muchísimos años, hace vox populi lo que hace cada residente en una urbe de menos de algún tiempo trabajamos juntos en tareas comunitarias, para mí diez mil habitantes. En el “prontuario” de Urse se lee que es buena persona. Algunos la critican por su pasado como cuando asumió la presidencia del Municipio, dejó un bar señora del ‘ambiente’”. llamado Marymar al que iban mujeres a prostituirse. También A pocas cuadras de la plaza principal, una casa color fucsia que regentó prostíbulos y que de joven ella misma ejerció la es la sede del Municipio, el recinto en el que se aloja el prostitución. “No me arrepiento de nada, la gente me eligió Gobierno Municipal, encargado de los temas de interés local sabiendo cómo era yo y conociendo mi pasado. Pero todo eso según manda la ley de descentralización política vigente desde que se dijo me hizo sufrir mucho por el agravio hacia mi madre los comicios municipales de 2010. Fue el año en que Mary Urse y mis hijos, que me decían me fuera de la política.” La política abanderó la lista más votada del lema más votado y se convirtió es para Mary como un juego sucio en el que muchos “se tiran en la primera alcaldesa en la historia del Chuy. de amigos y se traicionan”. A pesar de los sinsabores, se siente respaldada por la Intendencia departamental y por los diputados Daniela Payssé y Carlos Mahía, a Calzada con botas de taco alto y pantalones negros elastizados quienes recurre siempre que necesita apoyo. y satinados que enfundan sus gruesas piernas, Urse, de 59 años, llega en una moto Jumbo color rojo que usa para moverse por toda la ciudad. Se saca el casco y los lentes de sol, desensilla su dos ruedas y se cuelga la matera al hombro para entrar al Municipio a comenzar la jornada. Mary Urse atraviesa la puerta y despliega los buenos días a todo el personal que se cruza en el trayecto hacia su oficina, un pequeño cuarto en donde lo primero que se ve es una pared repleta de diplomas y agradecimientos encuadrados que ella exhibe como trofeos. Cada uno de ellos es muestra del apoyo que recibe de la gente y asegura que la deferencia es mutua. A Mary la votaron porque trabajó “para la

A los minutos de comenzar la charla se oye un ringtone cumbiero. Mary se zambulle en su cartera en busca del celular y atiende: “Hola, mi amor -así llama a todo el mundo- lo tuyo ya está resuelto, así que quédate tranquila, ¿oíste?”.

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La ahora alcaldesa ha reconocido que ejerció la prostitución entre los 21 y los 23 años, impulsada por la situación familiar. “Tenía a mi madre sola y mis siete hermanos en situación de calle. El Estado nunca me dio nada, a mi mamá tampoco, ¿cómo íbamos a sobrevivir? A la hora de discriminar y de tirar piedras, te caen todos, pero cuando hay que ayudar, cuando uno está pasando necesidades, nadie aparece. Por eso, voy a defender a muerte a las prostitutas, a los trans y a todos los que sean discriminados.” En torno al incipiente debate uruguayo sobre el tema, Urse dice que entiende el meretricio como un trabajo y no una forma de explotación. Para ella, “la mujer no tiene que meterse en eso si no quiere, nadie te explota. La prostitución es una de las profesiones más viejas. Si alguien leyó la historia de María Magdalena... el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Hoy, con 29.000 pesos de sueldo y otros 7.000 que recibe en calidad de viáticos, la alcaldesa asegura tener ingresos más bajos que cuando era la propietaria de Marymar, pero se dedica a lo que realmente le gusta. Reconoce que su tiempo lo dedica casi por entero al Municipio, y si surgen ratos de ocio le gusta ver los programas de chimentos argentinos, algunas telenovelas y los informativos.

El inicio del mandato no fue fácil para Mary. La clase política local le hizo sentir su rechazo, al punto que sus compañeros del Frente Amplio no fueron a saludarla cuando se conoció el resultado electoral. Y aún hoy la critican por la forma personalista de gestionar el Municipio. Urse, sin embargo, considera que ha demostrado a todos que puede llevar adelante la presidencia del gobierno local con altura: en el Concejo le advertían que no podría cumplir con sus promesas, pero “cuando se dieron cuenta de que era inteligente de más, notaron que estaban equivocados”, dice y le agradece a Dios que las cosas marchen “bastante bien”.

En el barrio Samuel. “Los Desde Rocha ve poco clara la política de pobres abren la boca Montevideo “por las peleas internas”, pero se para defenderme y yo anima a dar su pronóstico electoral: en estas busco ayudarlos. Siento elecciones Tabaré va a ganar bien. “Constanza el apoyo de esa gente es fabulosa, pero recién empieza a caminar. Me más desprotegida.” recuerda a mí cuando empecé, sin dinero y sin apoyo. Pero voy a votar a Tabaré porque estoy en la lista 2121. Vamos a votar dentro del Frente Líber Seregni al senado de Astori. Si Dios quiere.” Aunque no haya sido siempre del Frente Amplio, dice sentirse de ese partido. Para ella el Frente significa “tranquilidad, justicia, esclarecimiento” y dice que hay gente “clara” como el presidente Mujica y el intendente de Rocha. El primero es “un presidente como jamás habíamos tenido, capaz de donar su sueldo para políticas de vivienda”. Y el intendente es un hombre “que se encontró con una Intendencia súper fundida, con 25 pesos en el cajón, y sin embargo logró sacarla adelante”.

“Mami, ¿estás sola?”, interrumpe Conito, su hijo de 30 años. “¿Conseguiste, hijo?”, le pregunta Mary. Aparece Conito detrás de la puerta corrediza, saluda y, mientras espera que la madre revuelva nuevamente su bolso y saque 100 pesos para unas compras, tararea una canción. Conito es el chofer del auto oficial del Municipio, un cargo de confianza de la alcaldesa. Otro de los hijos de Mary, el mayor, tiene 38 años y es policía; la menor, de 22, trabaja en una tienda de ropa: “Quiero que la hija termine los estudios, ahora está haciendo unas materias que le quedaron del liceo, me gustaría que siguiera estudiando”. Mary no terminó secundaria, llegó hasta tercero de liceo. Conito siente una admiración profunda e incondicional por su madre, a la que define como “un ejemplo de vida” y con “corazón enorme”. En la mirada de su hijo, Mary no usa la gente para la política, sino al revés. “Es insistente, por eso consigue las cosas. Pide y no se cansa hasta que lo logra.” La campaña electoral la hicieron a pulmón, con un auto destartalado que les prestó un amigo y unos altoparlantes del equipo de música de la casa. “Los otros tenían terribles aparatos, mucho dinero para propaganda, pero sin embargo ganó ella. Creo que no le perdonan que sea mujer. Por suerte se está terminando la discriminación, porque va a volver a ganar, eso seguro.” La confianza y los elogios del hijo son la antítesis de lo que manifiestan los rivales políticos de la alcaldesa. Que gobierne sin

Urse ya anunció que se va a presentar nuevamente en las elecciones. Su idea es un nuevo mandato, y después le gustaría postularse a intendenta o secretaria de la Intendencia de Rocha.

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Perfil //Mary Urse

consultar es una de las características que más le critican los compañeros de partido, quienes la acusan de hacer clientelismo. Luis Cardozo, presidente del comité del Frente Amplio en el Chuy dice que Urse cambia “puertas y chapas por votos”, un comentario que alude a la cantidad de material que ha repartido a la población para que construya su vivienda. “En el Frente Amplio esta mujer no es muy aceptada, si es frenteamplista, ¿cómo es que no va al comité? Allí es donde se tiene que decidir todo. Ella dice que no va porque le dan palo y con eso resuelve todo. Lo que ha hecho, lo que dice que ha hecho, lo que ella se atribuye, depende de la Intendencia de Rocha, no es ella.” La puja por el poder entre las distintas fracciones del oficialismo en el Chuy durante las elecciones pasadas fue evidente. En una ciudad con cerca de 5.000 habilitados para votar, cada una de las siete listas del Frente Amplio presentó un candidato a alcalde. Entre todos sumaron cerca de 4.000 votos: Mary Urse obtuvo 1.260, le siguió Francisco Laxalte con 960 votos y el restante 50 por ciento se repartió entre las otras cinco candidaturas. Muchos militantes frenteamplistas se agarraban la cabeza con los resultados, pero la outsider ya tenía los patines puestos. Laxalte, que quedó como suplente de la alcaldesa, reconoce que haber presentado tantos candidatos “fue un disparate”.

El recorrido político de Mary Urse comenzó en el Partido Nacional cuando era muy joven y aún vivía en Florida: “Yo era líder en todo”, dice sin modestia al recordar las épocas liceales en que hacía política para Wilson Ferreira Aldunate. Su militancia la frenó el miedo tras ser detenida En plena actividad. Mary por tres meses cuando tenía 18 años. “Mi intenta resolver problemas madre me dijo que me retirara y le hice caso.” en el pago de las horas Las vueltas de la vida la llevaron por diversos extra a los trabajadores. derroteros hasta que un veterinario que le había conseguido un préstamo para abrir una

whiskería en el Chuy, le pidió que se sumara al Partido Nacional para trabajar por la Intendencia de Irineo Correa. Durante ocho años, y junto a Ana Fuentes (candidata a alcaldesa de ese Municipio por la Alianza Nacional), Urse militó en el comité de Marga Sosa, la esposa de Gonzalo Aguirre. En 2003, antes de que terminara el mandato del ex intendente, abandonó el barco decepcionada porque pese a todo su trabajo para que Irineo ganara las elecciones, éste la dejó de lado. El día que fue a Rocha capital a hablar con el intendente y “no me dio bola”, decidió abrirse, haciéndole la cruz a quien “me tenía para juntar votos”. Sin mucho rumbo en la arena política, Urse pasó tres meses en el Partido Colorado hasta que Mario Ansa, un abogado con olfato político que tampoco era militante del Frente Amplio, le propuso que se juntaran para trabajar por el triunfo de Artigas Barrios. En 70 días la lista logró un edil departamental “y yo arrasé como presidenta de la Junta Local”. Después de ese cargo que ocupó en el primer gobierno del aún intendente de Rocha, Urse se presentó a la presidencia del Municipio por la lista 40 (el grupo formado por Ansa) y ganó “sin apoyo, sin apellido, ni dinero”. Actualmente participa en la lista 2121, un cambio que la distanció de quien la apadrinó en el Frente Amplio. En una oficina ubicada en la avenida Internacional, Mario Ansa está parapetado tras un escritorio. Con un timbre de voz desganado, el abogado cuenta que la lista 40 había propuesto a Urse como

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“A la hora de discriminar y de tirar piedras, te caen todos, pero cuando hay que ayudar, cuando uno está pasando necesidades, nadie aparece. Por eso, voy a defender a muerte a las prostitutas, a los trans y a todos los que sean discriminados.”

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ayudarlos. Ahora mismo que fleché la avenida Internacional, los cuidacoches, que son personas que están pasando situaciones difíciles, me están ayudando a ordenar el tránsito. Yo siento el apoyo de esa gente más desprotegida”.

alcaldesa por su perfil, identificado “con el sentimiento del pueblo necesitado”. Ansa aclara que no quiere hablar de la personalidad de Urse pero muestra su resentimiento: “Ella eligió otro camino sin consultarnos, se fue a la lista 2121, que la compró, le consiguió un préstamo para arreglar un auto y yo qué sé y se fue”. El ex camarada de Urse dice que la respuesta sobre si la gestión del Municipio ha sido buena la van a dar las urnas. “Lo va a decir el pueblo en las próximas elecciones. Si el pueblo entiende que ella ha respondido, la van a respaldar.” La carta de presentación que Mary Urse ha tenido frente a los políticos del Chuy, que siempre la animaron a engrosar las filas de sus listas con la intención de conseguir nuevos votantes, está en sus populares actividades benéficas. La alcaldesa es quien desde que llegó a la ciudad, y desde antes de militar en partido alguno, organiza la fiesta del Día de Reyes, una iniciativa que se celebra cada 6 de enero y convoca a los niños del barrio Samuel, el más carenciado del Chuy, para que reciban regalos de la mano de tres caballeros disfrazados y a caballo. Urse se encarga de hacer la recolección de los juguetes donados y de repartirlos. Entre esa población anida su éxito, piensa el concejal Francisco Laxalte, quien recuerda también que cuando Urse asumió, su mirada no estaba “para el lado del centro y de los free shops sino para los barrios y los asentamientos, su perfil apunta a los más humildes, aunque ahora también contemple a los comerciantes”. El discurso de la alcaldesa le da la razón: “Los pobres abren la boca para defenderme y yo busco

En las paredes de su oficina cuelgan los agradecimientos y, en el líving de su casa, Mary muestra sus pasiones.

Ajena N2

Del lado uruguayo, el tránsito de la avenida Internacional está flechado en una dirección. Esta es una de las medidas más polémicas tomada por la alcaldesa. Los comerciantes situados en esa vereda despotrican y dicen que la medida los perjudica frente al lado brasileño, que mantiene su tránsito de doble vía por la principal avenida. El dueño de un negocio conversa con Ajena y prefiere no ser identificado por temor a “represalias”. Señala que la medida de reordenación del tránsito es “un disparate”. Se queja de que los negocios pagan los altos costos de estar en la calle principal pero nadie les consulta las decisiones, como cuando decidieron el traslado de los vendedores del cantero hacia unos decks en la vereda “que son horribles” y además perjudicaron la venta de los comercios. Que no hace caso a lo que el Concejo acuerda es una de las críticas de su compañero de gobierno municipal, Celestino Larrosa, el concejal por el Partido Nacional. En su opinión Urse hace cosas por capricho, como el tema de flechar la calle. “Pero además, dice que son de ella algunas cosas que no lo son, toma decisiones inadecuadas, consulta al Concejo pero después hace lo que quiere. Mary Urse es una espectacular demagoga.” Larrosa le critica también que emplee las instalaciones del Municipio para asuntos personales, como que las funcionarias públicas la ayuden con el Día de Reyes. El líder nacionalista asegura que tiene una buena relación de amistad con la alcaldesa a quien conoce desde que llegó al Chuy pero remata, “la gente me votó para que controle que las cosas se hagan bien”. Mary Urse, por su parte, enumera algunos tantos que entiende han marcado su gestión: la mejora del reordenamiento de las calles, del asfalto, el arreglo de las veredas, la limpieza de la ciudad y el saneamiento en barrios carenciados. Sus opositores se quejan de que se coloque galones que le corresponden a la Intendencia de Rocha y no a la Alcaldía. Los límites y funciones del Municipio y su presidenta parecen tan amplios como difusos. Entre las preocupaciones de Mary están

20 Abril 2014


las situaciones de violencia intrafamiliar que llegan a su oficina y los niños que viven en la calle. En estos casos, se trabaja en red con las ONG especializadas y organismos de gobierno. Al mismo tiempo, y a pesar de tratarse de una cuidad limítrofe con Brasil, Urse aclara que no se inmiscuye en los problemas de tráfico que existen en la frontera. Del lado brasileño, el Chuy se ve más polvoriento. La tierra de las calles sin asfaltar deja una película áspera en la superficie. En esta parte de la frontera, desde 2012 gobierna como prefeito Renato Hernández Martis, del Partido Progresista de Brasil. Renato reconoce que las calles están mejor del lado uruguayo y lo justifica por su joven mandato. Se declara un “gran admirador” de Urse por su capacidad de trabajo. “Me llevo óptimamente bien con ella. No es fácil lidiar con la población y los funcionarios y Mary lo ha sabido hacer. Siempre viene a conversar conmigo y me dice ‘Renato, si precisas algo me dices, que lo que pueda hacer, lo hago´.” Puntualiza que lo único en lo que no han podido ponerse de acuerdo es en el flechado de la avenida Internacional: “Yo estaba de acuerdo con ella, pero hice una consulta popular y nadie quiso, entonces, del lado brasileño no se flechó”.

Todos los viernes a las 11.45 de la mañana la alcaldesa tiene una audición en radio Oceánica. Habla de lo que sucedió en la semana en el Chuy y de los proyectos venideros. No prepara el discurso porque asegura tener la memoria suficiente para decir todo al hilo. Sube las escaleras que llevan a la radio y un

periodista la recibe de manera confianzuda preguntando si recuerda que el día anterior el único que estaba en la Casa de la Cultura en la actividad organizada por el Municipio era él. El ambiente resulta más familiar que de trabajo. Todos ríen, negocian el tiempo al aire y Urse entra al estudio. El periodista Alejandro Renauro, que conoce a la alcaldesa desde que él era un niño, cree que Urse es la “Mujica mujer”. La característica que más destaca de ella es su autenticidad. “No tiene misterio. Te podrá gustar o no, pero es como es. Muchos la critican por la forma de hablar, por cómo se expresa, porque no tiene estudios, pero nadie puede negar que es muy trabajadora, siempre ayudó a los niños y a la gente necesitada, ahora que es alcaldesa más todavía.” En el trayecto a pie desde la radio al Municipio, mucha gente la saluda. Un vendedor de la calle le grita “¡te escuché recién!”. La alcaldesa pareciera estar en plena campaña electoral. Se siente a sus anchas. Urse ya anunció que se va a presentar nuevamente en las elecciones. Su idea es un nuevo mandato, y después le gustaría postularse a intendenta o secretaria de la Intendencia de Rocha. Sus contrincantes del mismo partido dicen que en las próximas municipales no se van a sacar los ojos entre ellos y van a presentar un único candidato para ganarle el puesto. Pero Mary siente que su sueño ya está realizado: “A veces voy por la vereda y escucho que dicen ‘ahí va la alcaldesa’ y me tengo que pellizcar”.

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Txt: María José Fagúndez // Ilustración: Mauro Cammá

Futuro Interior

Sopla en mi ciudad un aire melancólico de domingo a la mañana y un recuerdo me detiene en esta plaza que hoy el otoño pinta de amarillo. Llegué a Tacuarembó con 11 años. Venía de un pueblito del Interior en el que el viento sopla siempre fuerte y los patios de las casas terminan lejos, justo donde el campo choca con el cielo. Ese era mi horizonte. A 45 kilómetros de allí estaba la ciudad. Una ruta silenciosa en medio de valles, grutas y pájaros que planean libres, me trajo al mundo urbano. Aquí el aire es calmo. Encontré magia en las esquinas de esta ciudad dormida. Magia oculta que no ven los señores de oficina ni las señoras bien casadas que pasean en auto los domingos a la tarde. Magia que acompañó mi crecimiento, físico y espiritual, y me ayudó a sobrevivir en una sociedad altamente conservadora. Gente mágica que está en los bancos grises de las plazas, con penas viejas; en casas tristes con libros cubiertos de polvo; esos viejos que acarician guitarras que hace tiempo ya no tocan. Gente que el sol extrañamente calienta. Ciudad pequeña. Tres plazas principales que cobijan cada día un sinfín de sueños jóvenes. Ciudad triste, que en los bares grises de la larga avenida espera cada tarde a sus viejos de siempre, a sus historias. Ciudad de niños que la recorren felices en sus bicicletas mientras mamá hornea las recetas de la abuela y tú, ciudad mía, duermes tu religiosa siesta.

De mi primer amor nació una niña. En medio de una ciudad con oportunidades limitadas, otros de mis amigos se perdieron entre el ruido. Y así como las altas palmeras de nuestra plaza “de la Cruz”, bautizada así por generaciones pasadas, ellos también quisieron tocar el cielo, pero el mundo les devolvió otra cosa… Y ante los ojos prejuiciosos de una sociedad, que aunque sucia huele bien, “se detuvieron en las plazas como esperando la noche con los ojos fugitivos y las sienes en desorden”. Sabes de qué hablo mi querido Darno. Muchos de ellos son artistas. Son poetas. Son músicos. Son malabaristas, acróbatas. Son grandes pintores de la vida. Pero aquí “no debes” ser artista. Si quieres entrar en la “elite” mejor te empleas de bancario, de médico, de abogado, te casas y tienes un buen auto. Y fíjense ustedes, ¡qué ironía! mi tierra huele a artistas. A los versos sencillos de Circe, a la nostalgia de los temas del Darno, al Bocha y sus dulces enseñanzas. A toda la juventud que con voz alta canta sus cantos de protesta, que recuerdan su vida desde lejos, porque aquí no valoraron su talento, a la dulce muchacha de ojos negros que hoy recita poesías en su alma. Yo escribo poesías, en el aire. Y en ocasiones hasta recibo aplausos. No quise ser empleada de las fábricas, ni casarme con el muchacho de apellido. Vivo en una ciudad difícil. Tradicionalista, amante de las buenas costumbres y el buen vino. Cuando la ciudad me ahoga, mi bicicleta me lleva a caminos en donde los paisajes están como pintados. Los pájaros planean libres, se van a mi horizonte. Dice Circe que “Por caminos dichosos hay caminos desiertos”.

Tengo 25 años. La niña que fui me mira desde lejos. He pasado por esta plaza ya muchas veces, por este otoño, por estos árboles. Aquí conocí a mis amigos. Los mediodías de sol acercaban cada día a diversos grupos de jóvenes que soñábamos con ser profesionales, artistas, con conocer el mundo, con formar una familia. Y éramos nosotros mismos quienes en las noches cantábamos aquella “canción de muchacho” con acordes de guitarra que molestaban a los vecinos y transeúntes que por allí pasaban. No molestábamos a nadie. Solo cantábamos. Sabíamos que crecer era inevitable, que la vida nos cambiaba, que el mundo nos llevaba.

Ya es el mediodía. Ha pasado la mañana ante mis ojos. Ya canta la chicharra del domingo. Tibio domingo. Desde la feria de la avenida Oribe vienen autos, iba a ir por una planta y me distraje.

Crecer en Tacuarembó. Seguir el camino de los pájaros. Volar, dejar el nido. Empacar en la valija nuestra vida.

María José nació hace 25 años en Villa Tambores, Tacuarembó, y hace 14 vive en la capital departamental. Tiene una hija de 6 años y todos los días viaja a estudiar profesorado de Literatura en el Centro Regional de Profesores (CERP) en la ciudad de Rivera.

Algunos amigos empacaron y se fueron. Yo me quedé con los rebeldes en un sitio que no acepta rebeldías.

Ajena N2

22 Abril 2014



Revista Ajena Nº2