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HUELGA GENERAL DE 1973

El punto más alto en la historia de lucha de los trabajadores La huelga general de junio de 1973 contra el golpe de Estado constituye, por sus objetivos, su alcance nacional y su duración, la más significativa experiencia de lucha desarrollada por los trabajadores uruguayos. Universindo Rodríguez Díaz* El movimiento sindical nucleado en la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) responde al golpe de Estado del 27 de junio de 1973 con la huelga general y la ocupación de los lugares de trabajo. Durante 15 días la sociedad uruguaya y la opinión democrática mundial se ven conmovidas por la firme decisión de la CNT, que asume el liderazgo de la lucha en defensa de las libertades y de la resistencia popular en todo el país contra la dictadura de civiles y militares. Sólo las nominalmente existentes organizaciones gremiales amarillas –la Confederación Uruguaya de Trabajadores (CUT), presidida por Lino Cortizo y apoyada por el ministro del Interior Néstor Bolentini, y la Unión Gremial Nacional de Trabajadores (UNGT), presidida por Jorge A Leoncino y apoyada por la Juventud Uruguaya de Pie (JUP) desde el semanario Nuevo Amanecer– apoyan el golpe de Estado y la actuación de los militares. La huelga general de 1973 constituye por sus objetivos, su alcance nacional y su duración la más significativa experiencia de lucha desarrollada por los trabajadores uruguayos, que lograron la adhesión de vastos sectores de asalariados no sindicalizados, iglesias, Universidad de la República, Federación de Estudiantes Universitarios y del Sindicato Médico, entre otros. Esta huelga general de rechazo al golpe de Estado adquiere un carácter manifiestamente político. Cuando el mismo 27 de junio el coronel abogado Néstor Bolentini propone a la delegación de la CNT, integrada por José D’Elía, Gerardo Cuesta e Ignacio Huguet, acotar la negociación con la central a “lo estrictamente gremial” y reclama el levantamiento de las medidas de huelga a cambio de un aumento de salarios y el estudio conjunto de futuros planes de desarrollo, se le responde con una plataforma en donde se exige primero la “vigencia plena de las garantías para la actividad sindical y política y para las libertades de expresión” y el “restablecimiento de todas las garantías y derechos constitucionales”. El movimiento sindical uruguayo que enfrenta al golpe de Estado con la huelga general tiene cohesión programática y unidad organizativa. Es un movimiento solidario e internacionalista que cuenta con una muy importante acumulación de fuerzas y experiencia de lucha, sin perjuicio de las polémicas y de la existencia en su interior de una importante disputa de tendencias. Cuenta además con un amplio colectivo militante a nivel nacional fogueado en múltiples debates y congresos, huelgas, manifestaciones y ocupaciones de fábricas. NO FUE ESPONTÁNEA. La huelga general contra el golpe de Estado el 27 de junio de 1973 no fue una acción espontánea. La posibilidad de ir a la huelga general en todo el país contra un golpe de Estado era una decisión estratégica tomada a mediados de la década de 1960. Estaba arraigada en el conjunto del movimiento sindical uruguayo que se preparó desde 1964 para responder de manera inmediata, colectiva y organizada a una situación de ruptura institucional que podía presentarse en una gran diversidad de circunstancias. Posteriormente, por iniciativa del Congreso Obrero Textil, a esa resolución se le agregó la de ocupación de los lugares de trabajo, y desde la secretaría de organización de la CNT, a cargo del obrero portuario Félix Díaz, se promovió la discusión del tema en los congresos y en las asambleas de los sindicatos, federaciones, mesas zonales y plenarios departamentales del Interior. En marzo de 1964 los militares brasileños, con el apoyo de los gobernadores de los estados de San Pablo, Minas Gerais, Paraná y Guanabara, dan un golpe de Estado, derrocan al presidente constitucional João Goulart, electo por el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), y respaldan en su lugar al general del Ejército mariscal Humberto Castelo Branco. El Comando General de


Trabajadores (CGT) convoca a la huelga general y miles de obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales, parlamentarios, militares y policías constitucionalistas son perseguidos, detenidos y torturados. Pese a la decisión de la CGT la huelga no tuvo mayor andamiento. João Goulart, Leonel Brizola, Darcy Ribeiro, Paulo Schilling, Susana Prates y miles de hombres y mujeres brasileñas marchan al exilio. En junio de 1966 los militares argentinos dan un golpe de Estado, derrocan al presidente constitucional Arturo Illia, electo por la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), y asume el teniente general del Ejército Juan Carlos Onganía. A nivel popular, salvo casos aislados de resistencia, hay indiferencia, especialmente por parte de la Confederación General del Trabajo (CGT). A mediados de los años sesenta representantes de las cancillerías estadounidense y brasileña recorren el continente americano en busca de aliados para la creación de “una organización de seguridad colectiva” y “el establecimiento de una fuerza permanente multinacional” para combatir la subversión, el comunismo y los estallidos de violencia social que ocurren en República Dominicana, Honduras, Guatemala y Ecuador. Tras el golpe militar contra Illia el embajador uruguayo en Argentina, Aureliano Aguirre, manifestó a la cancillería su preocupación por las notorias vinculaciones entre los generales Juan Carlos Onganía y Arthur Costa e Silva (ministro de Guerra del Brasil), quienes acuerdan en que hay que superar las “fronteras políticas” sustituyéndolas por las “fronteras ideológicas”. Los rumores de golpe de Estado se suceden en todo el continente americano; también en Uruguay, donde toma estado público la “reunión de la buseca” en la que un grupo de militares se manifiesta identificado con los postulados y el accionar nacionalista y anticomunista de sus pares brasileños y argentinos. El movimiento sindical uruguayo no se muestra indiferente a la realidad latinoamericana de conflictos sociales y de inestabilidad política e institucional, golpes de Estado y bloqueo a Cuba. Los trabajadores –que por iniciativa de la Federación Autónoma de la Carne habían iniciado en 1956 el proceso de constitución de una central única– crean la CNT en 1964 como organismo coordinador. A partir de ese momento resuelven enfrentar todo quiebre institucional con la huelga general. La Mesa Representativa de la CNT acuerda convocar a un Congreso del Pueblo en agosto de 1965 con la consigna: ¡Soluciones sí, represión y golpes de Estado no! En octubre de 1966 el Congreso de Unificación Sindical ratifica la decisión de huelga general frente a un golpe de Estado. Posteriormente el I Congreso Ordinario de la CNT, de agosto de 1969, y el II Congreso Ordinario, de junio de 1971, al igual que las asambleas de los gremios integrantes de la central sindical, ratifican la decisión de luchar por un programa popular de soluciones a la crisis y oponerse con la huelga general y la ocupación de los lugares de trabajo a todo golpe de fuerza que quiebre la institucionalidad uruguaya. La resolución del Encuentro Nacional de Comités de Base Sindicales realizado en mayo de 1972 señala que “de producirse el golpe de Estado, las formas del mismo pueden ser distintas, desde los gobiernos al estilo del Brasil hasta el golpe a la uruguaya con sus particularidades, pero la respuesta originalmente debe ser la misma: ocupación de los lugares de trabajo y movilización general bajo nuestra conducción. Los sindicatos y los comités de base deben ahondar en la discusión de este tema, profundizando las medidas para enfrentar una situación anormal”. La posibilidad de poner en funcionamiento esta medida estuvo planteada muchas veces en los años 1968 y 1969 durante la presidencia de Jorge Pacheco Areco, y en particular tras la crisis de febrero de 1973 (véase separata II), que reforzó la presencia militar en las decisiones políticas del país. En esos momentos se desarrollaron importantes polémicas dentro del movimiento sindical, manifestándose marcadas diferencias entre las tendencias acerca de la caracterización de la coyuntura y la definición de la mejor táctica a utilizar para frenar las medidas prontas de seguridad, la congelación de los salarios, las amenazas de reglamentación sindical y la limitación del derecho de huelga, y el sostenido avance de las posturas anticonstitucionalistas y del militarismo.


EL LLAMAMIENTO DE LA CNT. Finalmente, cuando se concreta la disolución del Parlamento el secretariado ejecutivo de la CNT, presidido por el empleado de comercio José “Pepe” D’Elía, reunido en la noche del 26 al 27 de junio de 1973 en la Federación del Vidrio, ubicada en la calle Laureles y Carlos Telier, en el popular barrio de La Teja de Montevideo, convoca a los trabajadores “al cumplimiento de las resoluciones de su congreso”. La CNT sostiene en su llamamiento que “sólo el pueblo protagonista, unido y en lucha, podrá garantizar un camino de cambios realmente democrático y progresista para sacar al país de la honda crisis que lo agobia”, y convoca a movilizarse: “¡Por salarios, libertades y soluciones! ¡Por la unión del pueblo uruguayo contra la rosca oligárquica! ¡Por el respeto a las decisiones populares! A ocupar las fábricas, mantener el estado de asamblea, el alerta en todo el movimiento sindical y el cumplimiento disciplinado de las decisiones...”. La proclama de la CNT, reproducida en miles de ejemplares, corrió como “reguero de pólvora” por todo el país y fue leída en las fábricas, talleres, obras en construcción, hospitales y sanatorios, estaciones, facultades, cooperativas de vivienda, parroquias, clubes sociales y comités de base. En las primeras horas del 27 de junio ya estaban ocupados los principales establecimientos fabriles y las oficinas de los organismos públicos, el edificio central y las facultades de la Universidad de la República. En muchos lugares, tanto de Montevideo como del Interior, la ocupación se produjo antes de conocerse formalmente la decisión de huelga general adoptada por la central de trabajadores. En otros, como en Paysandú, la dirección del poderoso plenario obrero-estudiantil, presidida por el empleado bancario Ruben Obispo, apenas enterada de la noticia convocó a sus integrantes para una reunión en el local de los municipales para instrumentar la medida de huelga general adoptada por el secretariado de la CNT. La reunión en ADEYOM se realizó por la noche con el local lleno de “bote a bote”, donde la concurrencia, por aclamación, respaldó la decisión de ir a la huelga general. La medida de la CNT no sorprendió a los trabajadores sanduceros que, en diversas instancias orgánicas y a lo largo de años habían discutido qué hacer frente a una emergencia de golpe de Estado. En Paysandú hubo un paro general de actividades y efectivamente fueron ocupadas Norteña, Paycueros, Aceiteras del Uruguay, Famosa, Paylana y el astillero. Durante las dos semanas de huelga los trabajadores, sobre todo en la llamada zona industrial, se mantuvieron movilizados y coordinaron acciones callejeras con sectores del Partido Nacional y del Frente Amplio, y realizaron una importante movilización a las 5 de la tarde del 9 de julio por el centro de la ciudad de Paysandú que fue brutalmente reprimida por fuerzas militares y policiales. Los primeros días de huelga general fueron de mucho entusiasmo, organización, lucha y solidaridad y los trabajadores ocupantes de fábricas y talleres pusieron en práctica con bastante éxito, con el apoyo del vecindario y organizaciones barriales, el particular mecanismo de las reocupaciones que desconcertó a las fuerzas represivas. La huelga recibió el apoyo de los sectores mayoritarios del Partido Nacional (Por la Patria y Movimiento Nacional de Rocha), del conjunto del Frente Amplio y de otros sectores de la izquierda no frentistas como la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE). La huelga general se mantuvo firme pese a la campaña intimidatoria de la Cadena de las Fuerzas Conjuntas, la ilegalización de la CNT, el requerimiento público de dirigentes y activistas, el decreto del gobierno dictatorial del 4 de julio que autorizaba a las empresas a destituir sin indemnizar a todos los trabajadores que no se reintegraran a sus puestos de manera inmediata y a la exigencia de plebiscitos controlados por los ministerios del Interior y de Trabajo para determinar la continuación de la huelga. Durante la huelga general, sin embargo, no se logró un pronunciamiento decidido de los parlamentarios en defensa de sus fueros, en apoyo a la medida dispuesta por la CNT y en reclamo del restablecimiento pleno de todas las garantías y derechos constitucionales. El llamativo silencio de los parlamentarios, el insuficiente apoyo político recibido, sumado al hecho de que los elementos constitucionalistas dentro de las Fuerzas Armadas y policiales habían sido encarcelados o desplazados, fundamentalmente durante la crisis político-militar de febrero del 73, limitó las posibilidades de éxito de la huelga general. Salvo los importantes discursos pronunciados en la última sesión del Senado, los parlamentarios como tales no hicieron nada más. Hubo un intento de reunir a la Asamblea General que fracasó, en parte por la negativa de la lista 15 del Partido Colorado (liderada por los doctores Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti) a plegarse a la coordinación antidictatorial democrática entre el Frente Amplio y el Partido Nacional. Estas circunstancias, más allá de la firme disposición de lucha de los trabajadores y de los amplios sectores democráticos que coordinaron y se movilizaron en todo el país,


debilitaron al movimiento huelguístico y limitaron sus perspectivas. La interrogante queda formulada: ¿cuáles hubieran sido las alternativas de la huelga general desarrollada por los trabajadores de haber recibido de manera inmediata a su lanzamiento un apoyo del conjunto del sistema político más firme y comprometido en defensa de las libertades? La conmemoración del 30 aniversario del último golpe de Estado en el país es una buena ocasión para avanzar en la investigación de la huelga general con que se lo enfrentó, de sus objetivos, alternativas y de las características que asumió en cada departamento. Es también una ocasión propicia para la valoración de la importancia y de los límites de la acción sindical. *Universindo Rodríguez Díaz era licenciado en historia (FHCE, UDELAR) y miembro de la Cooperativa Memoria y Sociedad.


El punto más alto en la historia de la lucha de los trabajadores