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El programa Rosario Hábitat, como modelo internacional de intervención integral Arq. Elisa Maceratini Doctorado en “Riqualificazione urbana e recupero insediativo” Facultad de Arquitectura, Università Sapienza di Roma elisa.maceratini@gmail.com

Palabras clave: participacion, intervención integral, sostenibilidad, gestion local, emulación

Introducción Dentro del panorama de los programas de regularización y de mejoramiento de barrios que han sido actuados durante los últimos veinte años, el programa Rosario Hábitat (Rosario, Argentina) representa una experiencia de gran interés por la integridad de su enfoque y por los éxitos logrados durante su realización. A partir de un análisis del contexto nacional e internacional del cual Rosario Hábitat hace parte, se presentara la estructura del programa, la metodología aplicada y los resultados obtenidos, evaluados en base a los objetivos establecidos y comparados con los resultados de otros programas similares. Rosario Hábitat es aquì presentada como una experiencia altamente significativa, evaluada respecto a otras prácticas internacionales análogas, teniendo en cuenta su inversión económica, su escala de acción y la respuesta de sus habitantes.

El contexto: la ciudad de Rosario Rosario se distingue como la segunda ciudad más importante dentro del sistema urbano de la Republica Argentina, con una población de 1.198.528 habitantes 1. Està ubicada en el extremo sudeste de la provincia de Santafé, a 300 km de Buenos Aires, y se extiende sobre la ribera del Río Paraná, por lo cual es considerada como eje de desarrollo fluvial industrial. La vida de la ciudad ha sido caracterizada por una historia de prosperidad económica y social en torno al auge del puerto y por la conformación del cordón industrial del Gran Rosario, lo cual ha establecido una creciente actividad comercial y financiera.

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Datos del censo 2010 relevados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Bogotá, Septiembre 2012

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Su crecimiento y consolidación urbana corresponden con la etapa económica denominada “Agroexportadora” (BORJA et al., 2000), la cual generó la aparición de nuevas poblaciones en su entorno, que con el tiempo se mezclaron al tejido de la ciudad. Este hecho diò lugar a la conformación de un esquema radial, que parte desde el centro original de la ciudad y se extiende en todas las direcciones, causando la aparición de un número relevante de asentamientos, en torno a tres importantes directrices: los caminos territoriales, los tendidos ferroviarios y el transporte fluvial. En los años ’30 en la ciudad de Rosario se desarrollaron distintas industrias de inversión nacional e internacional con un puerto señalado como el punto principal de trafico de grano de todo el país, trayendo con se la prosperidad económica en la ciudad. En esta época Rosario llegò a tener una población de 340.000 habitantes que mostró un aumento en tan solo 30 años de 100.000 personas provenientes de todo el país, que buscaban oportunidades laborales, llegando así a tener en los años 60’ casi medio millón de habitantes. En menos de un siglo Rosario se transformò de villa semi-rural a segunda aglomeración urbana del país. Es durante este proceso de crecimiento entre los años ’60 y ’70, que junto a tanta prosperidad inicia a crecer la pobreza urbana y la exclusión social, generando los asentamientos informales alrededor de las tierras ferroviarias en desuso y en los intersticios de mayor o menor centralidad. Poco después, en la mitad de la década de los ’70, una crisis en la estructura económica regional golpeó radicalmente la situación de riqueza de la ciudad, generando altos índices de desocupación y aumento de la marginalidad, agravado por el continuo proceso de migración interna. Esta crisis a nivel regional y nacional, provocó la aparición del fenómeno de la “nueva pobreza”, es decir, la entrada de la clase media en una situación de precariedad, debido al desempleo proliferante. “Nuevos pobres” y “pobres consolidados” continuaron a establecerse en las áreas intersticiales de la ciudad y en zonas abandonadas del margen del río y de la ferrovía. En los años ’90 la condición de pobreza urbana se expandió de manera muy acentuada: en el 2002 la tasa de desempleo en Rosario llegó a ser la más alta conocida hasta ahora y solo en el 2003 muestra seños de cambio. Este periodo de crisis que perduro casi 30 años ha dejado una herida en la ciudad, que todavía se puede leer en su espacio urbano a través de la segregación de los asentamientos informales que la caracterizan hasta hoy.

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Los asentamientos informales rosarinos “Nuevos pobres” del los años ’80 y ‘90 y “pobres consolidados” de la época de las primeras migraciones campo-ciudad, no encontraron otra respuesta a la necesidad habitacional que la informalidad. Fue así que desde los años ’60 nacieron las “villas miseria” en la ciudad de Rosario, habitadas con la población inmigrante que al no encontrar acceso a los mercados formales de tierra y de vivienda, inició a tomar predios baldíos, indeseados por el proceso de desarrollo formal o abandonados por el fracaso de sistemas productivos y de transporte. Estos asentamientos nacieron inicialmente como vivienda transitoria para los migrantes, que pensaban permanecer al máximo 2 años en tal situación de precariedad, hasta regularizar su situación laboral y económica. Desafortunadamente esta previsión no se concretizó por falta de oportunidades laborales, y estos inmigrantes se radicaron en los asentamientos al no poder acceder al mercado formal de viviendas, a esta situación se sumaron las familias de “nuevos pobres”, que acudían a estas zonas en tiempos recientes a causa de una fuerte reducción de ingresos. Un estudio realizado por la Fundación Banco Municipal en 1992 y 1996 (considerado como único estudio sobre los asentamientos irregulares previo al diagnostico del Programa Rosario Hábitat), evidenciaba que cerca el 8% de la población Rosarina ocupaba viviendas construidas de forma precaria sin servicios cloacales. La siguiente tabla 1, muestra algunos datos del estudio del 1996, sobre el estado de precariedad de las viviendas: Viviendas con agua potable

Viviendas con electricidad

Viviendas con baño

Tienen

Tienen

Tienen

No tienen

Dentro Fuera vivienda vivienda 24%

71 %

No tienen

Instalación Instalación legal ilegal 5%

15%

84%

1%

con arrastre de agua 21%

No tienen sin arrastre de agua 78%

1%

Tabla 1. Interpretación de los datos de la Fundación Banco Municipal El mismo estudio resaltaba que en 1996 el 47% de la población de las villas miseria era compuesta de menores de 15 años y que el 19% de dicha población, antes de llegar a la villa, arrendaba o era propietaria de una casa, con lo cual se puede concluir que un quinto de la población informal hacia parte del el sector formal.

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En el 2006, en un documento presentado del CEPAL, liderado por Marisol Saborido, presenta datos aun más preocupantes: el 18% de la población rosarina presenta necesidades básicas insatisfechas (NBI) y más del 50% de esta población vive en las villas miseria. Este dato representa en términos relativos, la mayor incidencia de asentamientos irregulares en el país. Las villas miseria, hoy como ayer, se extienden en dos tipos de áreas: terrenos baldíos inmersos en la trama urbana consolidada, o áreas de periferia urbana. Una de las zonas de mayor concentración de asentamientos irregulares hasta hoy es la denominada “troncal ferroviaria”: allí se ubica aproximadamente un cuarto del total de los habitantes de asentamientos informales. Este era el panorama en 2000, cuando iniciò el programa “Rosario Hábitat”, lo cual demostraba una situación bastante crítica: existían 91 asentamientos informales que cubrían el 10% del área total urbanizada (GARZIA et al., 2002). En estas zonas habitaban alrededor 100.000 habitantes que correspondían a 20.000 familias, casi el 13% de la población urbana total2, ocupando parcelas que no eran de su propiedad y viviendo en condiciones de extrema pobreza y precariedad. Principal característica de esta población era su exclusión de la ciudad formal, de su vida social, económica y cultural: esto, sumado al anterior panorama, estableció la necesidad de una intervención que se viò materializada en el programa Rosario Hábitat.

Análisis del programa Rosario Hábitat El Programa Rosario Hábitat, no fue la primera experiencia de intervención en los asentamientos informales de la ciudad de Rosario, pero seguramente fue la más significativa por su acción integrada. Entre los años ’50 y los ’80, las villas miseria rosarinas recibieron varias intervenciones por parte del estado, a través de políticas basadas en el concepto de erradicación, concibiendo los asentamientos informales como un problema que tenia que ser eliminado, o trasladado a lugares lejanos. Las políticas del estado se concretizaron en la inversión financiera del Banco Hipotecario Nacional en créditos para la construcción de “vivienda familiar propia” y en la actividad del Servicio Publico de la Vivienda (creado en 1948), organismo que concretó el mayor volumen de viviendas construidas (ROSENSTEIN, 2001).

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La mayoría de esta población estaba compuesta de jóvenes con altos índices de desempleo.

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Casi el 80% de estas unidades habitacionales se proyectaron en áreas marginales de la ciudad, en particular en el extremo sur, donde fuè necesaria una importante inversión económica para el suministro de redes e infraestructura. A la acción que cumplían el BHN y la SPV, se sumaron los conjuntos construidos por el Instituto Provincial de la Vivienda (DPVU) y la producción habitacional subsidiada por el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), creado en el año 1972. Las nuevas intervenciones se localizaron en grandes lotes urbanos, mediante conjuntos que se implantaron de manera autónoma en términos morfológicos y funcionales de la ciudad, sin compartir la trama urbana consolidada, provocando una relación conflictiva entre viviendas públicas y residencias privadas. La mayor problemática fue la ruptura de los vínculos comunitarios, causada por el agrupamiento de familias sin criterio de afinidad o de previa vecindad, operación que provocó mayor inseguridad y marginalización. Este sistema de viviendas, llamado “llave en mano”, no tuvo éxito dentro la comunidad de los habitantes informales de los programas y terminó degradándose por la falta de mantenimiento de las estructuras y la morosidad en el pago del crédito, llegando a ser considerado por muchos habitantes y expertos, una experiencia negativa. Para encontrar un cambio de paradigma fue necesario el arribo de los años ’80, con el retorno del régimen democrático, la entrada de las ONG en la gestión local y la consideración del “derecho a la ciudad” como un estandarte fundamental. Luego de la construcción de los nuevos grandes proyectos se pasó a la intervención directa en los asentamientos: es así que se pasa de la “erradicación” a las políticas de “radicación”, que garantizaban la permanencia de la población en el lugar ocupado. En función de este cambio, los organismos estatales se reorganizaron: la SPV se orientó en programas de “consolidación de asentamientos precarios”; la Provincia llevó adelante el PLAN L.O.T.E. (Logro de un Ordenamiento Territorial Estable); el BHN se dirigió al sector medio con capacidad de ahorro, y la DPVyU redujo netamente el tamaño de sus intervenciones. Llegados a los años ’90 se pasó a las estrategias “facilitadoras”3 y a los programas de alivio a la pobreza: en 1992 se creó el Sistema Federal de la Vivienda4 y en 1994 el SPV, a través de la Secretaria de Desarrollo Social de la Nación, puso en marcha el Plan Convivencia, que incluía los programas de “Rehabilitación de Asentamientos Irregulares” y el “Programa de Hábitat de Interés Social”.

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Fernández Wagner distingue tres generaciones de políticas: la generación de financiamiento de la oferta con las “viviendas llave en

mano”, la generación del financiamiento de la demanda, con “loteos mas servicios” y la tercera generación, de financiamiento de la demanda a través del sistema denominado de “facilitación”. 4

Ley 24.464

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Este Plan intervino en cinco asentamientos marginales, beneficiando a un total de 3.182 familias mediante la ejecución de obras de mejoramiento in situ y la construcción de núcleos habitacionales para las familias re-localizadas, esto constituyó 8 años después, el antecedente fundamental para la puesta en marcha del Programa Rosario Hábitat. El pasaje definitivo para llegar al programa, fue la creación de un nuevo instrumento de gestión urbana: el Plan Estratégico Rosario (PER) de 1998. El PER, en su diagnostico socio-institucional, detectó una situación preocupante (PLAN ESTRATEGICO ROSARIO, 1999) por la consolidación de dos distintas ciudades, la formal e la informal, y por tal motivo dentro de su Programa II “Construyendo ciudadanía”, presentó el proyecto nombrado “Plan integral de actuación en los asentamientos irregulares Rosario Hábitat”. Este plan, que demostraba la contextualización del programa en un escenario más amplio de políticas de gestión urbana, sirvió de base para la presentación del proyecto por parte de la Municipalidad de Rosario ante al Banco Interamericano de Desarrollo y el gobierno nacional, para el financiamiento del Programa Rosario Hábitat. Para conocer la historia del programa se entrevistò a la Arq. María Isabel García5, que precisò un dato particular interesante sobre el día en el cual el intendente presentó informalmente la propuesta: “(...) el intendente de Rosario, después de un convenio internacional se acercó a un representante del BID y le dijo “quiero un programa como el Favela Bairro también para mi ciudad de Rosario” y el BID aceptó. Así nació el Rosario Hábitat”6. Y la ciudad de Rosario estaba preparada para tal propuesta. Como escribe la Arq. Claudia Rosenstein, a pesar de la crisis del modelo de ciudad industrial, Rosario y su zona de influencia, contaban con elementos que le permitían jugar positivamente: el nuevo espacio del MERCOSUR y la posición geográfica privilegiada; los grandes proyectos de infraestructura (como el puente Rosario-Victoria) y sobretodo, la predisposición de los actores locales para la definición de estrategias y voluntades comunes. El Programa Rosario Hábitat surgió con un gran objetivo: “desarrollar e implementar estrategias que encaucen los procesos de ocupación informal y que mejoren la calidad de vida (...) a través de la regeneración del tejido urbano, (...) y la integración física y social de la ciudad”7. Integración fue la palabra clave, junto a participación y consenso. El programa buscaba principalmente defender los derechos de los ciudadanos a vivir con dignidad, haciendo frente al problema de los asentamientos informales desde una perspectiva global y con la participación activa de los vecinos.

5

La Arq. Maria Isabel Garzia fuè directora del Programa Rosario Habitat en su prima fase.

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La entrevista se desarrollò en la ciudad de Rosario, en mayo 2011.

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Texto original del Programa Rosario Habitat, extraido de diferentes textos y documento del BID.

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Descartando la idea de la erradicación, se planteó la propuesta de trabajar en la transformación, para mejorar la calidad de vida de las personas que residían en los asentamientos informales de Rosario, sin romper las redes comunitarias consolidadas. Esto preveía importantes intervenciones sobre infraestructuras, servicios y viviendas, junto a medidas de protección social para los grupos más vulnerables de la comunidad, de creación de oportunidades de desarrollo económico y de refuerzo a la participación ciudadana, acciones claves para llevar la villa a la ciudad. Pero el programa también contemplaba que la ciudad llegara a la villa, contribuyendo en términos socio-económicos y de planificación urbana, interviniendo en las problemáticas de circulación, riesgo ambiental y seguridad, vinculadas a los asentamientos. Después de la aceptación de financiamiento de la propuesta por parte del BID en 2001, el Servicio Publico de la Vivienda de la Municipalidad de Rosario fue el encargado de su ejecución: el SPV ofreció los recursos técnicos y humanos, contando con la participación activa de los vecinos y de sus instituciones; una comisión de coordinación y agencias de evaluación y monitoreo en las ultimas fases del proyecto. La contribución total para el financiamiento del programa fue de 71,7 millones de dólares en el cual el BID contribuyo con el 60% y el Ayuntamiento de Rosario con el 40% (GARZIA et al., 2002). El programa estaba compuesto de los siguientes componentes8: 1.

2.

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Urbanización integrada 1.1.

Ordenamiento y restructuración del tejido urbano

1.2.

Infraestructura básica y equipamiento comunitario

1.3.

Acciones de promoción de la participación de los beneficiarios en la gestión de los Proyectos

1.4.

Regularización dominial

Acciones integrales para niños y adolescentes y sus familias 2.1.

Estimulación psicomotriz para niños de 2 a 5 anos

2.2.

Educación social para niños de 10 a 14 anos

2.3.

Nutrición

2.4.

Autoproducción de alimentos

Elaboracion de datos con base en el Documento BID (AR 0262).

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2.5.

Recreación

2.6.

Orientación familiar

2.7.

Inclusión educativa y mejora de la empleabilidad

3.

Generación de trabajo/ingresos

4.

Fortalecimiento institucional 4.1.

Diseño e implementación de un sistema de monitoreo y evaluación

4.2.

Estudios

4.3.

Capacitación de los técnicos

4.4.

Asistencia técnica a la SPV

4.5.

Comunicación social

El análisis de las componentes evidencia la presencia contemporánea en el programa de acciones urbanas y acciones sociales, económicas y educativas en un proceso iterativo de continua verifica y evaluación de los resultados. A las citadas componentes correspondieron las siguientes acciones: 1.

La organización del mapa urbano, el abastecimiento de infraestructura básica y de equipamientos comunitarios, la apertura de nuevas vías, la mejora de las viviendas para garantizar condiciones higiénicas y sanitarias satisfactorias, la construcción de viviendas nuevas para la reubicación de familias y la entrega de escrituras de propiedad.

2.

El refuerzo de las redes sociales (para garantizar la participación de los beneficiarios en las distintas fases de las intervenciones)

3.

La prestación de servicios sociales integrales a los niños, adolescentes y sus familias

4.

La formación profesional y la creación de empresas productivas

La organización y gestión del programa fue llevada adelante por el SPV junto a la Secretaria de Promoción Social (SPS), la Secretaria de Producción Empleo y Comercio Exterior (SPEC) y la Secretaria de Hacienda Municipal (SHEM): esta cooperación de instituciones aferentes a diversos ámbitos es la base y resultado de una concreta actuación de programación integral. Para facilitar la ejecución del programa se constituyeron equipos de proyecto en cada comunidad, con una presencia constante de técnicos en situ durante todo el proceso, con el fin de trabajar en la confianza de los vecinos.

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En el programa se distinguen tres fases de operación: 1.

Fase de organización y planificación participativa: selección de los asentamientos, diagnostico social, urbano y ambiental, talleres de planificación participativa.

2.

Fase de ejecución: acciones de mejoramiento en los asentamientos, construcción de viviendas nuevas para la reubicación, firma de escrituras.

3.

Fase post ejecución: continuidad de acciones de educación sanitaria, social y de trabajo, monitoreo y evaluación ex-post.

El método de planificación adoptado para los talleres y las asambleas es considerado una adaptación de la metodología de la Agencia de Cooperación Técnica Alemana (método ZOPP) y constituyó una base importante para todo el proceso de participación (CEPAL, 2006). Otro instrumento importante fue el control del alcance, que se realizó a través del sistema de monitoreo a cargo de la PM Office: este sistema verificaba la realización de las acciones relativas a los objetivos propuestos, la integración entre los cronogramas de proyectos, y de forma integral verificaba que cada proyecto estaba trabajando para el logro propuesto. La verificación del alcance se realizaba a medida que los beneficiarios iban recibiendo los productos del programa, bien sea en acciones de capacitación, mejora habitacional, regularización dominial, atención a niños. En todos los casos el sistema de Monitoreo establecía la medición satisfactoria del beneficiario, en comparación con sus expectativas planteadas inicialmente en las etapas de formulación ejecutiva. Gracias a una metodología de gestión integral y participativa, con una atenta coordinación a nivel local (representada en equipos de trabajo en cada comunidad) y una continua acción de monitoreo y evaluación, el programa Rosario Hábitat, llegó a ser considerado como ejemplo, al igual que el programa Favela Bairro al final de los anos ’90 para la misma ciudad de Rosario. Evaluación de resultados Los resultados a nivel físico y social han sido evaluados a través de los años gracias a la acción de monitoreo del mismo programa y con estudios ex -post, los cuales se cumplieron sobretodo entre el 2004 y el 2006, con el proyecto en curso. Los datos del 2004 anunciaban que el Rosario Hábitat había trabajado con 3.575 familias en 7 asentamientos, utilizando el 20% de su presupuesto; en el 2005 las familias atendidas eran 4297 y en el 2008 habían alcanzado el numero de 5290, con 11 asentamientos intervenidos y considerables servicios públicos realizados (2 polideportivos, 2 centros comunitarios, 1 centro de capacitación, 2 centros de salud y 3 plazas). En el 2010 se calculó que el 72% de las familias permanecieron en las viviendas originales, con mejores condiciones habitacionales gracias a las intervenciones sobre la infraestructura y los servicios públicos.

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En una evaluación ex-post se calculó que el 83% de estas familias estaban satisfechas con el proceso de mejoramiento barrial. El restante 28% de las familias fueron realojadas en viviendas nuevas construidas dentro el mismo asentamiento o en un lugar lo mas cercano posible, como fue previsto por el BID9 , en este caso también se reportó satisfacción por parte de la comunidad realojada, apreciando sobretodo la titulación obtenida. Para evaluar los resultados, confrontándolos con las intenciones iniciales, es importante tener en cuenta la participación, considerada al mismo tiempo como medio y finalidad del programa. La participación ciudadana era uno de los desafíos más importantes del Rosario Hábitat y representaba una de las acciones más difíciles de lograr, a causa de la desconfianza de las comunidades hacia los programas del estado, que en pasado no habían podido satisfacer las expectativas. Era evidente que las comunidades habían perdido la esperanza de mejorar las condiciones de vida, así que era muy importante para los técnicos del programa, obtener la confianza de la población. Un estudio de campo, llevado adelante por la Arq. Claudia Rosentein, declarò que el programa logró resultados importantes, pero a nivel de participación, evidenciò que hizo falta el reconocimiento de la existencia de formas de organizacion previa que, junto con las incorporadas por el programa, hubieran reforzado y estimulado la capacidad de los actores de gestionar sus propios proyectos (ROSENTEIN, 2007). En una evaluación de la SPV, resulta que el 70% de las familias participaron en los talleres de planificación, en los que se tomaron decisiones básicas de cada proyecto, además participaron en las jornadas de recolección de basura, en las sesiones de formación en gestión, en talleres de genero y en los días de ocio y de integración social. Otro aspecto importante a considerar es la sostenibilidad del programa, evaluando si efectivamente las intervenciones van a tener una continuidad y un progreso, a nivel social y urbano. En términos de sostenibilidad social y económica, se puede considerar que el Programa logró los siguientes resultados: ahorrar a través de los años los recursos necesarios para el mantenimiento de las obras y de los programas sociales; facilitar el acceso al mercado laboral del los habitantes, mediante la contratación como trabajadores, la formación de micro-emprendedores (en 2010 se habían formado 920 micro-emprendedores y contratado 150 trabajadores10) y ayudar a los sectores mas vulnerables de las comunidades, como las mujeres, los niños y los jóvenes.

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Entre la condiciones de financiamento del BID estaba la relocalizacion de un maximo del 30% de la poblacion.

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Datos enunciados por el Arq. Santiago Pozzi, responsable del Sector Vivienda e Infraestructura, en una descriccion del Programa para los Word Habitat Awards del 2010.

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En términos culturales el componente de promoción de la participación de los beneficiarios y la gestión de los proyectos, generó un gran impacto al fortalecer las redes sociales y comunitarias, la capacidad de participación, de toma de decisiones de forma colectiva y de acción organizada para las dificultades futuras. En términos de sostenibilidad ambiental y urbana, se optimizaron los costos de infraestructura y de servicio, logrando el ahorro energético y de gastos de sanidad. En la dimensión humana un importante logro fue la reducción de riesgos sociales y de salud, particularmente para los niños y adolescentes, y la construcción, através de los programas de educación y de formación, de mejores perspectivas de vida futura. En todo el proceso, la gestión no fue sencilla y se encontraron algunas dificultades, en particular en la disponibilidad de lotes libres para la construcción de viviendas nuevas, en el abastecimiento de infraestructuras, y al enfrentar el fenómeno de migración en el asentamiento, consecuente a su mejoramiento. Otra problemática fue terminar todas las obras en el tiempo establecido y llegar a hacer mas intervenciones en un mayor numero de asentamientos: el programa inicialmente tenia que desarrollarse en 5 años (2001 -2006) pero se prolongó hasta el 2008 y en el 2011, cuando se hizo el trabajo de campo para la presente investigación, algunas de las villas todavía se encontraban en obra, y otras estaban en la espera de una segunda etapa del programa. Esta segunda etapa esta hoy planteada en el nuevo Plan Estratégico de Rosario: el PER+10: “El Plan Estratégico Rosario Metropolitana plantea, a través de Rosario más Hábitat, el desarrollo de proyectos integrados para el mejoramiento de los barrios en asentamientos irregulares, a través de la combinación de acciones de ordenamiento y reestructuración del tejido urbano, la provisión de la infraestructura básica y el equipamiento comunitario, el mejoramiento habitacional, la construcción de viviendas para la relocalización de las familias, la regularización dominial y acciones de desarrollo social”11. Esto es muestra de que el programa Rosario Hábitat, aun cuando fue implementado de forma experimental, logró el reconocimiento de las instituciones locales el cual se refleja con la evolución del programa y su implementación como instrumento de intervención en otros asentamientos. Conclusiónes El Programa Rosario Hábitat fue apreciado por muchos expertos y estudiosos, recibiendo varios premios nacionales y internacionales12, mas sin embargo su mayor éxito, fue el de devenir ejemplo para la intervención en otras ciudades que poseen situaciones de la misma naturaleza.

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Citación del Plan Rosario Metropolitana, estrategias 2008-2018.

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Finalista al Word Hábitat Awards en el 2010, catalogado BEST al concurso de Buenas Practicas de Dubai en el 2004 y seleccionado al PNUD, entre otros.

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Dada la naturaleza de la problemática, los programas de mejoramiento tienen mayor intervención en los efectos y poca en las causas: el programa Rosario Hábitat, entre las experiencias documentadas, fue el que mas se acercó a los mecanismos a la base de la problemática, através de una sinergia de actores y de acciones relacionas a los efectos. El equipo que ha formulado Rosario Hábitat tenía una mirada más amplia, comprendiendo que el mejoramiento y la regularización son componentes inseparables a la formación y capacitación profesional, ya que tener la propiedad sin poder acceder al mercado laborar puede generar consecuencias negativas como la venta de la casa y el desplazamiento a nuevos asentamientos, tornando nuevamente a la informalidad. Así que el aspecto más interesante del Rosario Hábitat fue poner casa, educación y empleo, sobre la misma mesa para crear un proyecto que acompañase realmente los habitantes informales a salir de la condición de “villero” marginado, para entrar en la dimensión del ciudadano. Este proceso necesita de una doble acción a nivel político estatal y local, al igual que del uso de estrategias que vehiculen la entrada de los habitantes informales al mercado formal para que puedan permitirse los gastos y gozar de los derechos de la formalidad adquirida. Programas anteriores como el reconocido Favela Bairro en Río de Janeiro, los MIB de Bogotá y las regularizaciones peruanas, en muchas situaciones se limitaron a intervenciones urbanas puntuales o al proceso de titilación de la propiedad, sin llegar a desarrollar una intervención integral urbana. La pregunta es: “¿Rosario Hábitat estaba buscando acompañar las villas a la ciudad o la ciudad a las villas?”. La respuesta tendría solución en ambas afirmaciones, sin embargo al caminar por la calles de las villas se tiene la percepción de estar en “la otra parte” de la ciudad y no se ven los habitantes de la parte formal recorriendo por el lugar. Calles amplias y lineares, rastros de barracas demolidas, antiguas viviendas mejoradas que conservan el seño del asentamiento, hileras de casas nuevas, algunos árboles, y un sistema de luz pública: estos son algunos de los elementos que componen la imagen de este lugar que ha pasado de ser villa a ser barrio. Pero no obstante esta transformación es probable que la ciudad formal no se acerque hasta que no existan polos de atracción o, cosa aun más difícil, que no cambie el sentido común. Así que el proceso de llevar el barrio a la ciudad, creando nuevas calles, infraestructuras, y condiciones de vida mas dignas, acompañadas por habilitaciones culturales y profesionales, parece ser posible. Pero es necesario conectar el sistema de trasporte público a los barrios intervenidos e integrarlo al sistema de planificación de la ciudad. Para acompañar “la ciudad al barrio”, es necesario estructurar espacios públicos interesantes que prevean actividades culturales y deportivas y activar una campana de sensibilización y promoción para presentar una nueva “cara” de la que un tiempo era una villa miseria.

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Entonces es necesaria la permanencia post-operam en el lugar, el mantenimiento de las obras y de los programas sociales activados, junto a una apertura efectiva de las dinámicas de la ciudad al barrio y a sus habitantes, desde todo punto de vista, sea político, social, cultural y laboral. Otro aspecto importante, siempre en una fase a posteriori, es la creación de evaluaciones ex-post, involucrando todos los actores, desde los habitantes hasta los coordinadores del programa, para entender a toda escala logros y problemáticas del proceso. Al inicio del proyecto es muy importante la recopilación integral de los estudios de diagnostico, considerando la participación activa de los habitantes, para visualizar las redes comunitarias ya consolidadas e involucrarlas en el proyecto, sin tener que recurrir a nuevas redes durante el proceso. Así que el análisis inicial, las evaluaciones intermedias y ex-post al proceso son los elementos de mayor ayuda para visionar los objetivos y modalidades de intervención adecuadas. Entre los aspectos positivos del programa a nivel general, se puede considerar la independencia de gestión de las intervenciones, lideradas directamente por la municipalidad de Rosario. Desde una mirada internacional, uno de los aspectos mas llamativos del programa es su cualidad de proyecto integrado, con la adhesión de actores de diferentes ámbitos en una visión de urbanística participativa acompañada por intervenciones económicas y sociales. Ha sido importante y positiva la radicación en los asentamientos de los equipos técnicos de trabajo, pero a su vez es necesario tener atención a no generar una forma de dependencia por parte de los habitantes, que con los años se han acostumbrado a una forma de asistencia continua. Por tal motivo es importante llegar a determinar una forma de independencia, para preparar a la comunidad sobre lo que sucederá después de la finalización de la intervención, lo que comportará la responsabilidad de ellos mismos con su propio barrio regularizado y mejorado. El programa fue una experiencia de gestión integrada importante en el panorama de los programas de mejoramiento barrial y regularización desarrollados en Latino America, lo cual se reflejó en la emulación que siguieron, hasta hoy, los programas de Bahia Blanca, Buenos Aires y Santa Fé, entre otros. Integrando los varios programas, trabajando sobre la participación a la escala local y nacional, se tienen que crear las condiciones para que los asentamientos informales entren en una economía urbana, pasando a no ser considerados como un problema, sino como una inversión para la ciudad.

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Bibliografía: BORJA, J., HUNTZINGER, H. & COREA, M. (2000). “URB_AL, Gestion y Control de la Urbanizacion, Documento base”, Rosario, Argentina BANCO MUNICIPAL DE ROSARIO (1996). “Asentamientos irregulares en la ciudad de Rosario”. Fundacion Banco Municipal de Rosario. Rosario, Argentina. CEPAL (2006), “Experiencias emblemáticas para lasuperación de la pobreza y precariedad urbana: provisión y mejoramiento de la vivienda”. Documento de proyecto. Santiago de Chile, Chile. FERNANDEZ WAGNER, Raúl (2003). “Los programas de mejoramiento barrial en América Latina”. Extraído: www.urbared.ungs.edu.ar . GARZIA, M.; SALOMÓN, A.; QUERALT, G. y SANZ, A (2002). “Programa Rosario Hábitat”. En: Ponencia en el Primer Congreso Nacional de Políticas Sociales. Quilmes, Argentina. PLAN ESTRATEGICO ROSARIO, (1999). Diagnostico y Formulacion. Escuela de Artes Graficas del Colegio Salesiano San José. Rosario, Argentina. PLAN ROSARIO METROPOLITANA, (2008).Plan Rosario Metropolitana, estrategias 2018. Municipalidad de Rosario. Rosario, Argentina. ROSENSTEIN, Claudia (2001). “Gestión del hábitat y participación”. Trabajo presentado en la Maestría en Hábitat y Vivienda. Universidad Nacional de Mar del Plata. Mar del Plata, Argentina. ROSENSTEIN, Claudia (2007). “Los programas de mejoramiento barrial y la integracion fisica y social como factor de mejora en la calidad de vida. El caso del Programa Rosario Habitat”. Seminario internacional Procesos Urbanos Informales. Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotà.

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El programa Rosario Hábitat,como modelo internacional de intervención integral