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MODOS DE HABITAR LA VIS; LUGAR, HABITANTE Y FLEXIBILIDAD. Jorge Correa

1. EL PROBLEMA. La imposibilidad de los espacios de la vivienda de interés social por satisfacer las necesidades de la población es un hecho que se evidencia en la transformación de la casa. El problema radica en el distanciamiento entre los productores de vivienda y las necesidades habitacionales de la familia, este distanciamiento trae como consecuencia el detrimento de la habitabilidad en la vivienda y por extensión la desapropiación del hábitat. Para la población que se encuentra en pobreza, la vivienda se convierte en un elemento que genera seguridad y es el satisfactor de las necesidades habitacionales. Para solucionar este problema el estado busca suplir la demanda cuantitativa de vivienda a través de mecanismos como los subsidios, esfuerzo que es insuficiente. Las soluciones habitacionales que respalda el estado no cubren estos requerimientos por lo que habría que preguntarse si ¿Existe realmente calidad de vida? ¿Es realmente esta una vivienda digna? ¿Las soluciones propuestas se ajustan a las necesidades reales de la población? El principal mecanismo de respuesta a esta necesidad por parte de la población, es la transformación de la vivienda terminada, estos dos procesos hacen parte de cambios internos del hogar, el primero se refiere a los ingresos, la cultura, las significaciones y el segundo de la estructura familiar. Estos son de interés en el trabajo y pretende ser el punto de partida para la investigación, y para la reflexión del diseño de la vivienda desde la perspectiva de los habitantes. Desde la sociología, Italo Mirkow 1 (1965) al evaluar la incidencia de la estructura familiar en la vivienda en cuatro ciudades Colombianas encuentra que es necesario: primero, que “las instituciones de vivienda que sirven a las clases sociales bajas, tengan un equipo de técnicos sociales (antropólogos, sociólogos, economistas), que estén en capacidad de interpretar las necesidades de los diversos grupos regionales y culturales que se pretende servir.” Segundo, “recomienda la organización de oficinas dedicadas exclusivamente a la investigación aplicada y deben trabajar en total relación con las oficinas de planeación de las instituciones de vivienda”. Tercero, plantea que “es necesaria la permanente evaluación de los programas terminados, a fin de que su análisis permita reconsideraciones en la programación general” de los proyectos de vivienda.

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La estructura de la familia y su incidencia en el diseño.


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Cuarto, “recomienda que el plano de distribución de las vivienda refleje el modo de vida del grupo social que trata de servir, tratando de estimular el desarrollo de sus costumbres de acuerdo con las recomendaciones técnicas más competentes”. Y quinto, “es necesaria la educación de los adjudicatarios en lo que se refiere a la distribución y uso de los ambientes, a fin de permitirles el mejor aprovechamiento de su nueva vivienda”. A pesar de ser aportes valiosos en términos de puesta en marcha de las dinámicas sociales y culturales en la vivienda de interés social, los problemas aún persisten, la vivienda se hace de la misma forma, es un sello que se estampa en cualquier sitio y se le vende a todas las personas sin importar su diversidad. Por otro lado, desde la psicología estos planteamientos también han sido abordados; Marcel Zimmermann 2 expone varios aspectos a tener en cuenta en los estudios acerca de la vivienda tales como (Pág. 146): -

Características de la vivienda. Condiciones y mecanismos de apropiación. Indicadores de calidad de vida de la vivienda. Uso y socialización de la vivienda. Calidad de vida adquirida y nivel de aspiraciones: la casa ideal. Hacia una humanización de las normas de construcción de la vivienda.

Al final, coincide con nuestros planteamientos cuando dice que “desde el punto de vista humanista este problema no ha recibido la suficiente atención, además es necesario que el arquitecto y el urbanista se provean de estos conocimientos para fomentar la construcción de un hábitat más ajustados a los valores humanos de la familia colombiana y dotado de condiciones ambiéntales no lesivas para la salud física y mental.” (Pág. 152) Frente a este problema el trabajo pretende ser una propuesta, desde el punto de vista académico, de interpretación del hábitat como trama compleja donde la vivienda es sólo un elemento de constitución de este y donde se entendiente como satisfactor de la necesidad habitacional del grupo familiar.

2. LA TEORÍA. En este punto se busca precisar el universo teórico y conceptual del problema y las relaciones entre los conceptos pertinentes para la mayor compresión de la realidad que se pretende estudiar. Por lo tanto, buscamos definir un marco entretejido de referentes teóricos caracterizado por conceptos como hábitat y habitar que constituyen el universo teórico general; seguido de la diferenciación entre conceptos tales como espacio y lugar, vivienda y casa en el sentido del diseño; y la noción de habitabilidad y su relación con la familia.

HÁBITAT / HABITAR.

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La vivienda, entorno determinante para la calidad de vida de la familia.


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El concepto de Hábitat 3 y en su sentido más práctico: el de habitar, son conceptos difíciles de definir ya que están referidos en gran medida a la dimensión humana, son conceptos amplios y complejos. Por lo tanto, para tratar nuestro problema es necesario caracterizarlos desde tres aspectos importantes: desde la heterogeneidad del habitante: familia, subjetividad, interpersonalidad; desde la naturaleza: lugar, espacio, objetos y patrones; y desde la construcción de la sociedad: acciones, apropiación e intencionalidad. Enmarcándonos así en el contexto a los cuales se refiere el estudio. Partimos de que “el hábitat es el lugar en el que se construye y se define la territorialidad de una cultura, la espacialidad de una sociedad y de una civilización, donde se constituyen los sujetos sociales que diseñan el espacio geográfico apropiándoselo, habitándolo con sus significaciones y prácticas, con sus sentidos y sensibilidades, con sus gustos y sus goces.” (Leff, 2000: 241) Es también el “lugar donde se asienta el verbo habitar, es el espacio donde se desarrollan las actividades productivas, culturales, estéticas y afectivas del hombre. Es el medio donde los seres vivos evolucionan y complejizan su existir, donde el organismo social despliega sus potencialidades, el espacio donde define su territorialidad. El hábitat humano es más y otra cosa que el medio biológico. Es el ambiente que contornea al hombre, que se conforma a través de las prácticas transformadoras de su medio. El hábitat es soporte y condición, al tiempo que es espacio resignificado y reconstituido por la cultura.” (Leff, 2000: 243). Esta definición da cuenta de la condición de hábitat como constructo que se hace a través de los lugares, los espacios, y los patrones que definen a la vivienda como naturaleza construida; desde el habitante como sujeto complejo, el cual es heterogéneo; y desde la sociedad como sistema de acciones y de intencionalidades a través de las cuales el humano se apropia del ambiente.

Los rostros del habitante. El usuario de la vivienda no es homogéneo, tiene múltiples caras, múltiples formas de vivir de relacionarse, de entender y construir su casa y su entorno. En este sentido la explicación del hábitat apunta a entender las interrelaciones del habitante y su medio, a entender que los diversos rostros del habitante son los rostros del hábitat. Para entender tales interrelaciones debemos referirnos al pensamiento ambiental complejo, este supone la comprensión amplia de la realidad. Tal comprensión está referida a la interacción de varias dimensiones a través de las cuales se caracteriza esa realidad. Dimensiones como la cultural, social, físico-espacial, ético-estética, económica y ecológica, juegan un papel importante en la definición compleja del hábitat; la interrelación de todas estas dimensiones forma el pensamiento ambiental complejo y se refiere a la implementación de “una visión no reduccionista y no simplificante, explícita y consiente, en la que se acepta que vivimos en un mundo lleno 3

“La raíz etimológica relaciona HÁBITAT con el término habitus, el cual remite al habere, en castellano: tener, referido a la costumbre y a la “habilidad adquirida por la repetición de ejercicios...”. Por extensión, puede entenderse referido al residir en comunidad y, más exactamente, al saber vivir en colectivo para la supervivencia, en relación con un entorno específico”. (Jorge Rivera, 2003:21). El Diccionario de la Real Academia de la Lengua se refiere el hábitat como: (Del lat. Habitat, 3ª pers. de sing. del pres. del indic. de habitare). m. Ecol. Lugar de condiciones apropiadas para que viva un organismo, especie o comunidad animal o vegetal.


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de variables e interrelaciones, que nuestra visión no es nada diferente a una percepción subjetiva, y que lo que llamamos causa es siempre el efecto de algo más que a su vez está interrelacionado con otras variables.” (Carrizosa, 2001: 20). El hábitat en este sentido no es sólo espacio, sino que señala su complejidad en la medida en que es la interrelación de las dimensiones humanas en ese espacio, en la medida en que tiene significado. Tales interrelaciones hacen de la vivienda un elemento complejo, en el cual la linealidad ha sido pretendidamente impuesta. Ese desconocimiento del carácter pluridimensional de la vivienda y más específicamente de la Vivienda de Interés Social arroja como resultado la insatisfacción espacial evidenciada en las transformaciones que sufre. No es solamente un problema cuantitativo, es decir, metros cuadrados en la vivienda, sino que además el carácter y la relación del espacio con diferentes tipos de vida y modos de habitación es prácticamente nulo. En este sentido, la vivienda de interés social y la vivienda en general se deben concebir como un proceso a través del cual los habitantes moldean el espacio dependiendo de sus necesidades. También podemos tener en cuenta tres pasos sugeridos por Pesci (2000: 136): el primero se refiere a “la percepción: que consiste en una acercamiento empírico, con fuerte acento en el trabajo de campo, utilizando esencialmente los sentidos, para captar las relaciones que se establecen en el ambiente. Segundo, indica las interfases: que contienen la dinamicidad y complejidad del reconocimiento de esas relaciones; consiste en concebir los ecotonos, bordes o interacciones entre dos o más ecosistemas. Por último, señala los patrones como registro de unidades del ambiente que conllevan la memoria genética y social de los mismos.” Y más aún, cuando propone las destrezas reclama que a través de estas se privilegie “la calidad antes que la cantidad en las soluciones a los problemas.” Así, el diseño de la vivienda como un proceso y no como un producto es la búsqueda en la calidad de las soluciones, un instrumento a través del cual se pueda prever la incidencia y la complejidad de las relaciones humanas en esta. Acentuar el sentido de lugar de la vivienda y más aún su condición de lugar del acontecimiento de la vida de las personas, es un llamado imperioso que se debe hacer desde la arquitectura. El proyecto ambiental complejo incluye al habitante desde dos aspectos: por un lado la heterogeneidad y por el otro la subjetividad de este. Estos dos aspectos deben ser tenidos en cuenta en el diseño de la vivienda ya que a través de ellos es posible incluir necesidades, aspiraciones, ocupaciones, formas de productividad, preferencias espaciales y formas de apropiación del habitante. La heterogeneidad es el reconocimiento a la diversidad de habitantes. Esta diversidad se expresa en términos de edad, cultura, género, tipología familiar, composición del hogar, características económicas y productivas de los grupos que habitan en la ciudad. Es aceptar la realidad de los sujetos e implementar propuestas que impliquen su reconocimiento. El habitante en su heterogeneidad, transforma su lugar de habitación a través de sus prácticas cotidianas y de la búsqueda incansable de satisfacer sus necesidades en la vivienda. Necesidades espaciales, ya que la reducción de este en la vivienda de interés social ha llegado a límites dramáticos y ha forzado a los habitantes a trasformar las casas y convertirlas en viviendas un poco más “dignas”.


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La subjetividad deviene de la primera -la heterogeneidad- y está constituida por aquellas características que le imprimen los habitantes a su vivienda debido al carácter diverso de estos. La subjetividad está constituida por elementos tales como el apego, la apropiación, los lenguajes, símbolos y significados. Estos grupos se manifiestan a través de intervenciones directas en la vivienda y en el entorno; por lo tanto, las propuestas deben aceptar las formas de subjetividad y lograr grados de flexibilidad para que estas se puedan dar en el marco de un proyecto amplio y complejo. La naturaleza. Cuando hablamos de naturaleza nos referimos una naturaleza artificial (transformada por el hombre), a los objetos y al lugar, estos tres al relacionarse con el ser humano, arrojan formas de interacción llamadas patrones a través de los cuales el habitar se manifiesta. Estas interacciones que se dan con la naturaleza influyen por una parte a la familia y por otra a la medio en el que se desenvuelven. Estas formas de ocupación constituyen el par hábitat / habitar, el cual establece su relación con la naturaleza, en muchos casos de manera perjudicial y en otros de forma benigna. Actualmente las relaciones de los asentamientos humanos y la naturaleza han sido contraproducentes para la segunda tal como se describe a continuación. La relación del hábitat con la naturaleza produce en muchos casos lo que se denomina Crisis ambiental, de la cual surge la emergencia del hábitat “por la intervención antrópica del orden natural (...) en el momento en el que emerge una particular forma de apropiación del medio, en el proceso civilizatorio, que rompe los equilibrios fundamentales entre la cultura y la naturaleza.” (Leff, 2000: 242). Crisis a la cual se refiere Guattari en un tono un poco diferente cuando señala que “las relaciones de la humanidad con el socuis, con la psique y con la naturaleza tienden a deteriorarse cada vez más, no sólo en razón de contaminaciones de poluciones objetivas, sino también por el hecho de un desconocimiento y de una pasividad fatalista de los individuos y de los poderes respecto a las cuestiones consideradas en su conjunto” (Guattari, 2000: 31). La emergencia de la complejidad del hábitat señala la ausencia en el abordaje de los problemas ambientales como un todo, en otras palabras, no mirar el ambiente en su dimensión puramente ecológica, sino como interrelación entre naturaleza y sociedad. En un sentido más pragmático, Roberto Fernández nos señala que “en la problemática de la ciudad se distinguen tres conjuntos: el económico, conformado por la demanda interna y por la fuerza laboral; el tecnológico, que está constituido por tres subconjuntos: la vivienda, los servicios públicos y los servicios sociales; y el físico, definido por los patrones de ocupación.” (Fernández, 2000: 10). Estos tres aspectos nos indican que la complejidad deviene precisamente de la emergencia, donde las soluciones se buscan en las relaciones de estos elementos. En este sentido, es necesario volver a Enrique Leff cuando nos dice que “La complejidad y el ambiente emergen como principios para una reorganización del mundo, como condición y soporte del desarrollo humano” (Leff, 2000: 243). La construcción de sociedad.


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Por otro lado, cuando hacemos referencia al hábitat como construcción de la sociedad, lo hacemos desde el habitar, de acuerdo a lo anterior, Heidegger diría que habitar es la meta del construir, es decir, “el habitar sería en cada caso el fin que preside todo construir, habitar y construir están el uno con respecto al otro en relación de fin a medio”. (Heidegger, 1954: 2) Distinción que busca sentar la diferencia entre ocupar el mundo y habitar el mundo, donde esta última es, siguiendo a Heidegger, la manera como los mortales son en la tierra. Esta diferencia entre ocupar y habitar es necesaria ya que “la actual pérdida de sentido y significado del habitar humano, ha llevado a nuestra sociedad a confundir el hondo sentido del habitar, con el simple problema de “ocupar” un espacio y, consecuentemente, a confundir la “construcción del mundo” como “lugar” de habitación con la mera erección de formas (...) olvidando el problema de habitarlo” (Yory 1999: 13). Habitar, más que un problema significa llenar de sentido un espacio, convertirlo en lugar, apropiarlo a través de la práctica de este. En este proceso de habitación y por lo tanto de construcción es importante señalar tres elementos: la intencionalidad, las acciones y las técnicas. Estos son los medios utilizados para trasformar el espacio y convertirlo en lugar, es decir, apropiarlo, habitarlo a través del construir. La apropiación del espacio por parte del sujeto supone la aprehensión de ese espacio. En este sentido, Bollnow reconoce el habitar como las formas del espacio propio en el cual distingue tres ámbitos: primero, el espacio del propio cuerpo; segundo el espacio de la propia casa en general; y por último, el espacio envolvente en general (Bollnow, 1969: 253). Estas formas de apropiación del espacio por parte del sujeto componen el fin del habitar y la transformación de ese espacio en lugar, acción que se ve materializada en la casa. Los usuarios de la vivienda de interés social, en su escasez de espacio, buscan estrategias de apropiación y de reacomodación de su casa, tanto del interior como del exterior, con el fin de suplir el déficit espacial según las actividades que realizan. En este sentido, apelamos por la condiciones de formación de lugar a través de la apropiación en la vivienda de interés social mas que por suplir el déficit solamente aumentando los metros cuadrados en esta. Es así como es preciso pasar de la noción de espacio en el diseño de la vivienda a la de lugar. En la cual el primero sólo es contenedor, mientras que el segundo es apropiación y habitación. Por todo lo anterior, podemos decir que el hábitat y el habitar se caracterizan por la interrelación entre las acciones y las prácticas de los habitantes al trasformar su territorio, al mismo tiempo que ellos son transformados por él. En este sentido, el espacio de la vivienda se convierte en lugar a través del transcurrir de la vida y de la apropiación en esta.

LA VIVIENDA La unidad familiar y la vivienda. El papel que juega la familia en la vivienda de interés social es determinante en la configuración y transformación en el futuro de esta. La característica de los miembros, las edades, la cultura, las forma de vida, la formas de trabajo, son elementos que se


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deben tener en cuenta en el diseño de la vivienda y que se encuentran en esa estructura básica llamada familia. Sin embargo, “el problema de la vivienda para clases económicamente débiles se encuentra en un panorama de extraordinaria magnitud que no permite en ningún momento poner oídos a situaciones individuales, sino que obliga necesariamente a montar una maquinaria que permita construir viviendas en la mayor cantidad y al menor costo posible si realmente quiere satisfacer en una mínima parte la necesidad real en un momento dado. Pero la evidencia frente a este sistema es que el diseño de cada vivienda sólo se adaptaría a la irreal familia promedio y no a aquella que realmente va a ocuparla” (MIRKOW, 1964:4) En este sentido, más allá de la familia promedio es necesario establecer algunas tipologías de vivienda que respondan a tipologías de familia o de organización familiar. Para esto es necesario es necesario hacer claridad entre los conceptos familia y hogar, y establecer las tipologías de familia que podemos encontrar. Según Virginia Gutiérrez de Pineda, “se considera hogar a la unidad familiar y su complejo habitacional, dentro del cual se dispensan las funciones de comensalidad y abrigo en común”. Dos tipos de familias son tenidas en cuenta en el estudio como posibles habitantes de la vivienda de interés social: “la nuclear y la extensa, que pueden ser completas e incompletas.” (1964: 346) La familia nuclear, incluye dos generaciones, correlacionadas por la posición de ascendiente-descendiente, o una generación pero en status procreativo. Se subdivide en: conyugal, configurada solamente por los cónyuges, no tiene hijos pero asumen un status procreativo; nuclear simple, comprende los cónyuges y sus hijos; nuclear compuesta, agrega a la anterior, parientes colaterales; fraternal, donde están presentes los egos progenitores y sus hijos, más hermanos casados con sus respectivos usos. (1964: 346) La familia extensa se caracteriza por la presencia de más de dos generaciones correlacionadas por la sangre, posibles colaterales. Se divide en: troncal, que incorpora cualquiera de los cuatro tipos de familia nuclear, más la generación de los progenitores superiores, descendientes directos de los egos en segunda generación (nietos), incorpora parientes afines (yernos, nueras); corporada, configurada por una familia troncal a la que añaden compadres, y/o huéspedes, y/o servidumbre. (1964: 347) La condición de incompleta puede presentarse en cualquiera de las tipologías precedentes. Hace referencia a la falta de un cónyuge en la unidad familiar nuclear básica. Pueden ser incompletas por falta del ego progenitor masculino, o femenino. (1964:348) Lo anterior hace partes de las formas familiares que encuentran habitando la vivienda pensada para la familia promedio. En este sentido es válido hacernos el mismo cuestionamiento que se hacia Mirkow Ospina hace poco más de cuarenta años, “¿Se entiende los suficiente de la dinámica de la vida de la familia individual (para no hablar de la vida en comunidad) de modo que sea posible el planeamiento de la vivienda de interés social, de manera que sirva las necesidades de las varias agrupaciones culturales y ocupaciones para las cuales se destina?” (1964:4)


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La economía familiar En este punto la principal característica es la vivienda productiva, en la cual se mezclan una serie de usos influenciados por la economía popular. En este tipo de economía la vivienda es vista como una inversión y eso potencializa la relación producción-espacio que es una de las razones principales por la cual la vivienda es modificada espacialmente. “Para no pocas familias la vivienda representa uno de los medios de subsistencia necesarios para la reproducción de su fuerza de trabajo. Es por ello que para esta clase la vivienda se ha reducido a lo estrictamente indispensable, al limitado cumplimiento de funciones elementales y primarias” (UTP, 2006:33) En la vivienda productiva se evidencia las siguientes características: formas de trabajo familiar no remunerado, afectación de la privacidad familiar, malas condiciones de habitabilidad, vulnerabilidad física, cambio de uso residencial a comercial, subempleo, uso compartido y desplazamiento de espacios, etc., condiciones que van en detrimento de la estabilidad representativa de la vivienda como lugar exclusivo de habitación, mutando a espacios ambiguos y con un algún grado de indeterminación formal. Frente a estos aspectos que en última instancia son modos de habitar, la arquitectura debe responder con propuestas de diseño y con el entender estos requerimientos por parte de los usuarios. Las formas de economía familiar afectan de manera directa la vivienda y terminan por cambiarla físicamente. Vemos que la forma de la vivienda no responde a las actividades que se realizan en la vivienda, el aspecto de movimiento de la cotidianidad de los habitantes es importante en el planteamiento de esta vivienda. Las prácticas culturales y las etapas de la vida. Debemos relacionar la vivienda con los momentos de la vida. Desde la psicología ambiental Weisenfeld (citando a Feldman) afirma que “los nexos entre la persona y el lugar, en respuesta a los cambios de las etapas de la vida, es autobiográfica ya que están en función de las experiencias personales significativas que se relacionan con la identidad personal y la identidad del lugar, y es colectiva ya que construye socialmente.” (2001:37) Cuando se trata de las diferencia de género y del significado del hogar de la infancia, Weisenfeld (citando a Anthony) encuentra diferencia entre hombre y mujeres en relación con los recuerdos más frecuentes de sus hogares favoritos del pasado, en el sentido que las mujeres tiene más recuerdos asociados a experiencias afectivas mientras que los hombres lo tienen respecto a lugares físicos específicos, preferentemente en el área exterior de la vivienda. (2001:39) Las personas mayores se identifican algunas características que condicionan el sentido de hogar como son: “salud, capacidades funcionales, pérdidas, presencia de otros residentes, formas de a vivienda, facilidades vecinales y patrones de relaciones de amistad.” (2001:39)


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Ninguna de estas características y particularidades de los habitantes de la vivienda de interés social son referentes para el diseño de esta. La heterogeneidad no se refleja en la vivienda, las formas de vivir, la percepción de los niños, del adulto mayor o simplemente la diferencia de géneros.

3. LA SOLUCIÓN. LA FLEXIBILIDAD Y LOS MODOS DE HABITAR EN LA V.I.S. “Los expertos tratan de hacer edificios adaptados a las necesidades de la gente, pero siempre son superficiales. Sólo pueden encarar las fuerzas generales a todos los hombres pero no las fuerzas específicas que hacen singular y humano a un hombre determinado. Se vuelve imposible la adaptación de los edificios a la gente. Aunque se hagan edificios “adaptables” para resolver este problema, el resultado sigue siendo superficial porque las particularidades siguen subordinadas a las generalidades comunes. Enormes edificios semejantes a máquinas, que permiten que la gente cambie de las paredes de lugar para poder expresarse, siguen manteniéndola sujeta al sistema” (Alexander, 1979:192) Conceptos tales como ambigüedad, adaptabilidad y la misma flexibilidad son insuficientes para responder a las necesidades de los usuarios por que se enmarcan en un sistema general de concepción de edificaciones arrastrado por el movimiento moderno que homogeniza y estandariza los modos de habitar. En primera medida la flexibilidad es espacial, se ha manifestado siempre como la posibilidad de reorganizar un espacio a partir del cambio de posición de los elementos que lo constituyen. La relación de esos elementos entre si y la conformación de diferentes lugares según los requerimientos de uso que se pretendan llevar a cabo en ellos. La premisa de Venturi “la ambigüedad válida genera flexibilidad útil” (1974:53), ha sido adoptada por como una regla para generar espacios no especializados, neutros o múltiples en los cuales los habitantes puedan modificar el espacio a partir de sus necesidades y de los objetos que posean, pero esto es entendido como el sentido superficial del habitar, es en últimas el adaptarse de la gente a los edificios. La llamada flexibilidad debe corresponder a las relaciones que se establecen entre el espacio -cuando se llena de significado se convierte en lugar-, las condiciones que impone el diseño, las características de los habitantes - número, prácticas culturales y económicas-, y las necesidades que estos presentan por las condiciones espaciales impuestas y por las formas de habitar la vivienda. En este sentido, exponemos algunas ideas sobre la relación que se da entre estos aspectos y la posible repercusión que tienen sobre la vivienda. Indagando las probables nuevas formas de manifestación del habitar en la vivienda de interés social. Del espacio al lugar El cambio del concepto de espacio al concepto de lugar debe ser visto desde dos puntos: uno social y uno físico. El primero hace referencia a las características del


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hombre frente al medio que lo rodea, es decir, como se adapta y como asimila la idea de espacio y como la de lugar. Mientras que el segundo hace referencia a como adapta ese espacio y lo convierte en lugar, los dos sujetos a la acción de habitar. En términos sociales, existe una diferencia entre espacio y lugar. El primero, “es un entrecruzamiento de movilidades; es el efecto producido por las operaciones que lo orientan, lo circunstancian y lo temporizan”; y concibe el lugar como “el orden (cualquiera que sea) según el cual los elementos se distribuyen en relación de coexistencia, cada uno situado en un sitio propio y distinto definido por alguien” (De Certau 1999: --). En esta definición existe una clara referencia a lo temporal, comprendiendo el lugar como “las relaciones contingentes” y “actualizadas” en el espacio, es por esto que aparece como central la idea de movimiento y la construcción de lugares a partir de las prácticas cotidianas. Igualmente la articulación de la vida cotidiana se hace a través de dos aspectos: 1. Los comportamientos: códigos, el usar el espacio público. 2. Los beneficios simbólicos esperados: proximidad y repetición. El barrio aparece como el lugar donde manifestar un compromiso social. El arte de coexistir con los interlocutores, con los otros. Así, el usuario o habitante se convierte en socio de un contrato que le obliga a respetar a fin de que la vida cotidiana le sea posible. Estas prácticas cotidianas consisten precisamente en ese de-morarse en las cosas a través del cual se encarna el verbo habitar, son las formas de lo cotidiano las que construyen y constituyen el sentido de vida de un espacio, su carácter de lugar. Desde lo físico, todo construir está condicionado por una técnica, según Milton Santos “las técnicas constituyen un conjunto de medios instrumentales y sociales, con los cuales el hombre realiza su vida, produce y, al mismo tiempo, crea espacio” (Santos, 2000: 27). Pero este espacio está ausente del habitar, podríamos decir que el habitar no está tanto en el construir en su acepción más extensa, sino en el construir en el sentido de apropiar, en el de-morarse en las cosas. Además el construir está sujeto a una intencionalidad que crea una “tensión entre objeto y el sujeto.” (Santos, 2000: 75); y las acciones que consisten en “un desplazamiento visible del ser en el espacio, que crea una alteración, una modificación del medio. Uno de los resultados de la acción es alterar, modificando la situación en la que se inserta (...) la acción es proceso dotado de propósito, en la cual un agente, modificando alguna cosa, se transforma a sí mismo.” (Santos, 2000: 67). La intencionalidad y la acción son los vehículos por medio de los cuales los sujetos (los usuarios) se apropian del espacio y lo convierten en lugar, dándole significado y sentido. En este sentido, la intencionalidad y la acción relacionan el espacio con el sujeto, y se presentan como medios a través de los cuales crear lugar, y a través de estas ejercer el habitar, que es el rasgo fundamental de ser según Heidegger. Según Heidegger, el habitar es el fin de todo construir, en este sentido entendemos como lugar todo espacio habitado, transformado y apropiado a través de dicho construir. La vivienda para los usuarios, más que un espacio, es un lugar.


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El sentido de casa en el diseño. La gente, las personas que habitan los edificios, siguen siendo, en el fondo, los grandes olvidados de la arquitectura residencial. Sin embargo, una casa es una vivienda más la gente que la habita y los objetos que guarda. Xavier Monteys. La Casa Collage. “La casa nos lleva a un interior y representa la necesidad de estar situados, por lo tanto, esta sigue siendo el lugar de la existencia humana, el sitio donde el niño aprende a comprender su existencia en el mundo y el lugar de donde el hombre parte y al que regresa (...) La estructura de la casa es primeramente la de un lugar, pero como tal también contiene una estructura interior diferenciada en varios sitios secundarios y en caminos de conexión. Diferentes actividades tienen lugar en la casa y su totalidad coordinada expresa una forma de vida (...) En general, la casa expresa la estructura del habitar con todos sus aspectos físicos y psíquicos. Está imaginada como un sistema de significativas actividades concretizado como un espacio que consta de lugares dotados de diverso carácter (...) La imagen de la casa depende de la existencia de lugares diferenciados que influyen unos sobre otros y sobre su alrededor de diversas maneras.” (1975: 38 y 39) El diseño de una casa supone un modo de vida. Esta es una secuencia de lugares que se encadenan y que se relacionan de forma diferentes unos con otros dependiendo de las actividades que allí se realicen y del carácter que le han dado sus habitantes. Un modo de vida es una forma característica de habitar, una forma original de vivir el espacio, de significarlo y de construirlo a través de la cultura, de los acontecimientos y de las relaciones que allí se llevan a cabo. Estas son las características que hacen de una casa un espacio único, el centro del mundo de sus habitantes, el lugar central de la existencia humana , el norte, el lugar de llegada. El diseño de la vivienda responde a esas necesidades, a esos requerimientos por los cuales los seres humanos habitan. En esta no solamente se busca privilegiar aspectos funcionales, culturales o estéticos, es responder desde los usuarios esas tres características que se pueden ver reflejadas en la vivienda. Sin embargo, muchas veces la distribución de esta hace las veces de sello genérico que se reproduce indiscriminadamente en cualquier parte; sello que no contiene las especificidades del lugar en el cual se inserta como son: la cultura, las necesidades; y más aún lo referido a las características de los habitantes como: número de miembros de la familia, tipo de actividad económica y los modos de habitar. Sello que estandariza la forma de vida de las personas, la dimensión real de la vida. Para esto es necesario cierto grado de participación en el diseño de la vivienda, tal como nos recuerda Romero a través de este se incide en “la definición de la configuración física de los distintos componentes del hábitat” (2004:33) Los usuarios, la vida y los enseres .

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NORBERG-SCHULZ, Christian. Existencia, espacio y arquitectura. Pág. 39

Titulo adaptado de “La casa, la gente y sus enseres” de La Casa Collage de Xavier Monteys y Pere Fuertes.


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La casa, más que un contenedor de cosas es un lugar de acontecimientos; entre esta (como estructura de lugares), los usuarios y los enseres (objetos), se crean patrones de acontecimientos que definen la naturaleza del espacio. “Un edificio está gobernado por lo que allí ocurre (...) La vida de una casa o de una cuidad no está dada directamente por la forma de sus edificios ni por los ornamentos y los planos...está dada por la cualidad de los acontecimientos y las situaciones que allí encontramos”. (Alexander, 1981: 66) “Por ejemplo, en algunas ciudades el patrón de relaciones entre los lugares de trabajo y las familias ayudan a cobrar vida. Los talleres se mezclan con las casas, los niños corren cerca de los lugares de trabajo, los miembros de la familia ayudan en el trabajo. Los niños ven cómo se trabaja, aprenden qué es lo que hace funcionar el mundo adulto, adquieren una visión global y coherente de las cosas; los hombres pueden aunar la posibilidad de juegos, risas y atención de los niños sin necesidad de trazar una línea divisoria entre ellos y su trabajo.” (Alexander, 1981: 96) En la obra de Alexander identificamos algunos patrones que están conformados por la relación familia-casa. Por ejemplo, en una casa para una familia pequeña, establece que “la relación más importante es la existente entre los niños y los adultos.” Estas casas pequeñas es importante “dotarlas de tres partes diferenciadas: el dominio de los padres, el dominio de los niños y un área común; los dos primeros con tamaños similares, aunque el común ha de ser mayor.” (Alexander, 1980: 349) De acuerdo a lo anterior, queda por sentado que existe una relación directa entre usuarios y vivienda, las características de la conformación familiar, las actividades, los rasgos culturales y socioeconómicos repercuten en los espacios de la vivienda, no sólo en términos de porcentaje, es decir, cuanto espacio necesito para realizar tal actividad, sino también en términos de distribución y conexión de los lugares en relación a lo que en ese espacio se lleva a cabo. Estas características hasta el momento no son atendidas en las políticas de vivienda y en el diseño de esta. La habitabilidad: hogar y no-hogar. La habitabilidad va de la mano con “una cualidad muy particular del interior que definimos con el nombre de confort. Esta es la virtud por excelencia de la casa” (Bollnow, 1969: 138) Bollnow expone algunos elementos para hacer un acercamiento a la habitabilidad tales como son: el aislamiento; las dimensiones de la habitación; el modo en que se encuentran amueblados los cuartos; la necesidad de cierto calor; el hecho que la vivienda no tiene que ser sólo la expresión del hombre, sino también reflejar un largo pasado; etc.” (1969: 140) Que en términos generales son elementos que se refieren al interior de la casa y al estar bien de las personas dentro de esta. Al igual que Marc Augé diferencia entre lugar y no-lugar, podemos hacer la distinción de hogar y no-hogar por la presencia o ausencia de esta cualidad: el confort. Pero sobretodo porque el primero “es una construcción concreta y simbólica del espacio por quienes lo habitan. Es una idea particularmente materializada que se hacen aquellos que lo habitan de su relación con el territorio, con sus semejantes y con los “otros”. Mientras que el segundo es un espacio que no puede definirse como identitario, relacional, ni histórico. Este genera soledad y similitud, presenta sólo un lenguaje prescriptivo o informativo, trata al individuo como hombre-medio.


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Tales conceptos pueden aplicarse directamente a la vivienda de interés social, la situación de esta se vuelve precaria desde el instante mismo de su estandarización, que la convierte en un no-lugar, en un no-hogar. La habitabilidad es representada por el confort, son las condiciones para que la gente mantenga sus modos de vida, sus modos de habitar. La forma más saludable para que esto suceda está fuera de los sistemas industrializados y los estándares de vida en la vivienda. La habitabilidad es una cualidad propia de los lugares y sobretodo de las cosas que están vivas.

El papel de la arquitectura. La modernidad nos ha impuesto un modo de producción masificado, estandarizado y homogéneo; que ha ignorado la individualidad, subjetividad y la identidad de los grupos a los cuales se quiere servir: este desconocimiento directa o indirectamente divulgado ha generado una profunda ruptura entre la arquitectura y las formas de vida de las diferentes sociedades. La llamada arquitectura del lugar al igual que las soluciones habitaciones adecuadas no son más que redundancia. La idea del lugar está implícita en la arquitectura y en la vivienda especialmente. Más allá de la creación de formas está la generación de lugares, de hábitat y de vida. Los modos de habitar de los humanos, los lugares llenos de vida son el objetivo fundamental de la arquitectura y del oficio del arquitecto. En este contexto la vivienda y sobretodo la VIS está desolada y golpeada por los ires y venires de la economía, la política y la arquitectura moderna. La primera por regular el proceso de producción ajustada al usufructo y concebirla sólo como una mercancía, un producto; pauperizándola, disminuyéndola, destrozando la idea original de casa. La segunda por tratar de regular los procesos de vida y las acciones y tratar de vislumbrar el mejor panorama y la situación para esta. Y la tercera por estar al vaivén de las dos anteriores. En la VIS y la vivienda en general la vida no existe, lo que encuentro en ella un aspecto parecido a museo, a cementerio. No existe una arquitectura de la VIS, sólo hay una forma directa de intercambio de bienes, una producción barata de una mercancía como otra. La reducción del papel de la arquitectura es total; la especulación y la utilización de los estándares de vida, nada está más lejos de la realidad, nada más in-humano, nada más informal. “Para purgarnos de estas ilusiones, para liberarnos de todas las imágenes artificiales de orden que distorsionan nuestra naturaleza interior, debemos primero aprender una disciplina que nos enseñe la autentica relación entre nosotros y nuestro entorno. Luego, una vez que esta disciplina haya cumplido su tarea y pinchado las burbujas de aire a las que ahora nos aferramos, estaremos listos para abandonar la disciplina y actuar como lo hace la naturaleza. Este es el papel del arquitecto: aprender la disciplina…y deshacerse de ella.” (Alexander, 1979: 26)

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MODOS DE HABITAR LA VIS; LUGAR, HABITANTE Y FLEXIBILIDAD