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DOCTOR MUSIC 98

do de los Pirineos en estado epiléptico o a Iggy Pop a punto de hundirse rodeado de seguidores. El contrapunto lo tengo de la mano del ragtime electrónico de los TV People y el ‘Rock The Funky Beats’ imparable de los Natural Born Chillers. No conecto con la melancolía desafinada de Alpha a las tres de la madrusgada, pero sí con el house de HD Substance. Ante tanto despropósito, Green Velvet/Cajmere viene a poner las cosas en su sitio. O sea, frases incomprensibles y discos desconocidos. Me siento más cómodo oyendo este tipo de personajes que profesando una fe ciega al chumba chumba. Por eso me he dejado llevar por el desconcierto al aire libre. Tenía ese aspecto estrambótico tan propio de las zonas montañosas y que la masificación de las playas no conseguirá nunca. n

BENICÀSSIM 98

BENICÀSSIM | (F) EMMA VILLEGAS

por JUAN MANUEL FREIRE

Los kilómetros andados a pie, el calvario de cuatro días vividos en un campo de concentración y la sofocante calina que castigó a todo bicho viviente… intentemos olvidar, al menos en el plazo de estas líneas, los inconvenientes de una reunión que tan poco tiene que ver con regímenes de civilización, higiene o integridad personal. Peor se pasa en eventos como Glastonbury, y allí nadie se queja. En esta revista se habla de música electrónica, y la última edición del festival certificó el asentamiento definitivo de la tecnología entre los gustos del público, tanto de la masa bailonga como de un público más exigente que busca opciones al retroceso de Teenage Fanclub y Bernard Butler. Esta demanda exige instalaciones acordes al tirón de la propuesta, que este verano tuvo momentos muy álgidos dentro de la carpa Galax-Nitsa: la audiencia allí presente tuvo la oportunidad de asistir a una representación heterogénea que nunca defraudó (aunque no pregunten a algunos por el original espectáculo de Radioboy, y que entusiasmó en muchas ocasiones: el retorno siempre triunfal, copa de la organización incluida, de Chemical Brothers; el freestyle de un James Lavelle que se atrevió a pinchar canciones de Nirvana y Led Zeppelin para regocijo de advenedizos y mentes abiertas; y la fiesta interminable de Fatboy Slim y Bentley Rhythm Ace, se cuentan entre los momentos más positivos. A su vez, el escenario Maraworld presentaba un cartel poblado de luminarias alternativas con el peso de Mogwai, Tortoise y Autour De Lucie; y de nuevas realidades para la escena nacional, tal es el caso de Migala (presentando ‘Low Defences’, de su inminente segundo álbum) y Astrud, artesanos de un tecno-pop sentimental que es preferible disfrutar en formato discográfico. Como los festivales son para sufrir, el nuevo terreno era enorme y laberíntico. Lo ma-

sivo de la afluencia no evitó que todo funcionara como se esperaba (si exceptuamos un sonido a veces falto de agudos y decibelios en los alto parlantes y la inofensiva ausencia final de Morcheeba y Cornershop) en el escenario Maravillas, donde la inapelable Björk ofreció el mejor concierto del festival y uno de los espectáculos más exquisitos, a cualquier nivel, que puedan contemplarse en la actualidad. Aunque es muy significativo que una artista tan poco convencional como Björk tenga el mérito de cubrir de gloria un escenario por donde pasaron lumbreras del rock de anterior prestigio y ulterior decaimiento como Jesus And Mary Chain, quizá el mayor hito fuera enfrentar el despliegue biorrítmico de Goldie al público del escenario Maravillas por las ausencias de última hora: es difícil calibrar la aceptación inmediata del jungle y drum’n’bass de Metalheadz entre la población indie del festival, pero allí todos bailaban hasta el último minuto; lo mismo hubiera sido de sonar Atari Teenage Riot, Pan Sonic o Autechre, porque lo importante era amortizar el pago de la entrada diaria o pulsera de marras. Y también los kilómetros andados a pie, el calvario de cuatro días vividos en un campo de concentración y la sofocante calina que castigó a todo bicho viviente… n

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Self n14  
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