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Era el año 1789. Las cosas no iban muy bien en Francia. El descontento del pueblo hacia sus gobernantes hizo que estallara la REVOLUCIÓN

Dos meses antes, el 20 de mayo de 1789, en una pequeña aldea llamada Rosey, nació un muchacho al que sus padres pondrían el nombre de Marcelino.

El 21 de mayo, Juan Bautista y María Teresa, llevaron al recién nacido parroquia de Marlhes, donde el párroco, el padre Allirot, lo bautizó.

En la aldea, la familia Champagnat era muy apreciada. Su padre llegó a ocupar diferentes puestos de importancia en la política.

Marcelino era el más pequeño de la familia. Fue el noveno de los diez hijos que tuvo María Chirat. De todos, sólo sobrevivieron seis.

En la granja de la familia Champagnat trabajaban todos. A los seis años, Marcelino ya ayudaba a su padre y hermanos en el campo y con el ganado.

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Durante aquellos años, Marcelino no asistió a la escuela. Su tía Luisa se encargaba de enseñarle, pero Marcelino prestaba muy poco interés por los estudios.

Marcelino tiene ya 10 años y no sabe leer ni escribir. Sus padres piensan que la escuela le irá bien y lo envían a Marlhes a la escuela de D. Bartolomé

Marcelino quedó aterrorizado por el trato que el maestro le dio a un compañero por adelantársele cuando D. Bartolomé lo llamó para leer, y no quiso volver más.

Al día siguiente siguió trabajando en la granja familiar. Su padre le regaló dos corderos y él consiguió realizar un buen negocio dedicándose a criar y vender ganado.

Su vida transcurría normal en aquella aldea de Rosey

Su negocio con los corderos seguía funcionando estupendamente. Un día llegó a casa y se encontró con un sacerdote que venía a preguntar si quería ser cura.

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Al preguntarle, Marcelino no respondió nada claro. El sacerdote charló a solas con él y le dijo:"Hijo mío, tienes que estudiar latín y hacerte sacerdote. Dios lo quiere."

El día 13 de junio de 1804 muere el padre de Marcelino. Juan Bautista sólo tenía 49 años. Macelino sigue con su idea de ir al seminario.

Por fin, a sus dieciséis años, ingresa en el seminario. Sus compañeros lo ven tan grande e ignorante que se ríen de él.Del dinero ahorrado Marcelino se paga sus estudios.

El estudio le cuesta demasiado, las luchas en el país continúan. Llegan momentos en que Marcelino se desanima y le pide a Jesús que le ayude a continuar

Como es el mayor de sus compañeros, lo nombran vigilante de dormitorio.

Gracias a este cargo, le dan una habitación para él solo. Cuando sus compañeros duermen, él se esfuerza en recuperar su atraso en los estudios.

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Los años van pasando, y Marcelino va superando las dificultades.

Después de largos años de estudio en Verrières, el 1 de noviembre de 1813, ingresa en el Seminario Mayor de Lyon. Allí estudiará los últimos tres años de carrera.

Durante sus vacaciones de verano, enseña a los niños de su pueblo y les hace ver lo bueno que es Dios.

Su vida en el seminario mayor continúa. Allí con un grupo de compañeros empiezan a pensar en formar una institución que llevará el nombre de Maristas.

Este grupo de seminaristas ve la necesidad de ayudar a los niños y jóvenes de su país dándoles una buena cultura y haciéndoles conocer y amar a Dios.

Durante sus vacaciones de verano, ayuda a sus hermanos en las tareas de la granja familiar que, desde la muerte de su padre, va cada vez peor.

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El día 22 de julio de 1816, recibe la Ordenación Sacerdotal, de manos de Mons. Dubourg, obispo de Nueva Orleans. Marcelino tiene 27 años.

Dos días después, Marcelino, Colin, Terraillon, Courveille, y otros compañeros de sacerdocio van a Lyon, al santuario de Ntra. Sra. de Fourvière. para consagrarse a María.

El día 1 de octubre emprende el viaje a La Valla donde ha sido nombrado ayudante del párroco. La Valla es una aldea de los montes de Pilat.

El párroco, el padre Rebod es ya muy mayor. En la Valla, La mayoría de los niños no va a la escuela y los aldeanos están apartados de la Iglesia.

Marcelino comienza a trabajar con los niños y les empieza a dar charlas los sábados y domingos.

Poco a poco va siendo aceptado por el pueblo, que se da cuenta de que se preocupa por ellos como un buen padre.

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El 28 octubre llaman a Marcelino para que atienda a Juan Bta. Montagne. Tiene 17 años, está muriéndose y no ha oído hablar de Dios. Marcelino le habla de Dios, lo confiesa; lo deja descansar. El muchacho murió en las manos de Dios

Este hecho le anima a comenzar la obra prometida en Fourvière. Y el 2 enero de 1817, Marcelino reúne en una pequeña casa alquilada a dos jóvenes que se entusiasman con la idea de ayudar a os demás. En este momento nacen los Hermanos Maristas.

Estos dos jóvenes son Juan Mª Granjon, de 23 años, y Juan Bta. Audras, de 15 años.Pronto se les unen otros compañeros: Juan Claudio Audras, Antonio Couturier, Bartolomé Badard, Gabriel Rivat y otros.

Marcelino se encarga de enseñarles a rezar, a aprender a ser educadores y a trabajar duro haciendo clavos y otras tares para poder mantenerse.

En mayo de 1918, abre una escuelita en La Valla. Los Hermanos no están todavía preparados para dar clase y, Marcelino contrata a un maestro para que enseñe a los niños y prepare a los Hermanos a ser profesores.

Marcelino no paraba de dar gracias a la Virgen, a la que llamaba Buena Madre, y le pedía que le mandara más jóvenes para hacerse Hermanos y ayudaran a los niños.

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Poco a poco van llegando más jóvenes para hacerse Hermanos y Marcelino empieza a abrir escuelas en las aldeas de los alrededores de La Valla.Entre ellos estaba el que luego sería el Hno. Juan Bautista, primer biógrafo de Champagnat.

En febrero de 1823 el Hno. Juan Bautista está muy enfermo. Marcelino va a visitarlo con por el Hno. Estanislao. A la vuelta les sorprende una tormenta de nieve y se pierden. Marcelino reza a la Buena Madre y, cuando creían que iban a morir, ven la luz de un farol de un granjero .

Marcelino sigue abriendo escuelas en distintas aldeas. Los Hermanos se hacen cargo de la enseñanza y de la catequesis de los niños.

Como venían muchos jóvenes a hacerse Hermanos, la casita de la Valla se queda pequeña y Marcelino piensa adquirir unos terrenos en el valle del Gier para construir una casa más grande.

Con la ayuda de albañiles, Marcelino y los Hermanos comienzan a construir una casa dedicada a la Virgen que llamarían Nuestra Señora del Hermitage.

Una vez construida la casa del Hermitage, los Hermanos se pueden preparar mejor y vivir más dignamente. Para ayudar a Marcelino, están dos sacerdotes más: Courveille y Terraillon.

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El 26 de diciembre de 1825, Marcelino cae enfermo y llega a estar en peligro de muerte. (Incluso hizo testamento el 6 de Enero de 1826 )

El Padre Courveille se hace cargo de los Hermanos mientras Marcelino está enfermo. Este sacerdote se muestra muy duro con los Hermanos y les amenaza con marcharse si Marcelino muere y disolver la obra del Padre Champagnat.

Los Hermanos están cada vez más desanimados y el Padre Courveille cada vez más enfadado y agresivo con ellos. El Hermano Estanislao, que cuidaba a Marcelino, trata de animarles

Empieza a mejorar la salud de Marcelino. Un día aparece en una reunión que el P. Courveille estaba presidiendo y todos los hermanos le dedicaron un cariñoso aplauso.

El padre Courveille se marchó del Hermitage y Marcelino, ya recuperado, siguió adelante con su obra educativa y ampliando el Hermitage.

Cada vez se abrían más escuelas y los Hermanos continúan dedicándose a ayudar a los más pobres de las aldeas y pueblos del entorno.

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En noviembre de 1824, Marcelino deja La Valla y se traslada al Hermitage, para dedicarse por entero a la obra de los Hermanos Maristas.

En Mayo de 1825, los Hermanos se trasladan de La Valla al Hermitage. Son 20 Hermanos y 10 postulantes. (Más 22 Hermanos que se encuentran trabajando en las escuelas.)

Marcelino va de despacho en despacho tratando de que se apruebe el Instituto de los Hermanitos de María, pero todo son impedimentos.

El 24 de diciembre de 1836, un Grupo de Padres Maristas y de Hermanos, se dirigen a las Misiones de Oceanía. Marcelino pide ir con ellos , pero su sitio es estar con los Hermanos en el Hermitage.

Cada vez que puede, Marcelino visita las escuelas para dar ánimo a los Hermanos, decir misa, confesar y dar catequesis a los niños.

Desde el Hermitage, escribe a los Hermanos, les da ánimos y reza por ellos para que la obra de ayuda a los niños sea cada vez más provechosa.

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Después de tantos años de trabajo, Su salud se iba debilitando, y su continuos dolores de estómago , cada vez más fuertes. El 12 de octubre de 1839, convoca elecciones para elegir a su sucesor.

En la votación, se elige Superior General al Hno. Francisco (Gabriel Rivat) y Asistentes, a los Hnos. Luis María (P. A. Labrosse) y Juan Bautista (Furet). Marcelino, mientras tanto, sigue visitando escuelas y animando a los Hermanos.

El 4 marzo de 1840, Miércoles de Ceniza, Marcelino sufre un fuerte ataque nefrítico. Su salud está muy debilitada.

El 22 de marzo, ante notario, hace traspaso de los bienes del Instituto a una sociedad formada por los Hnos. Francisco, Luis María y Juan Bautista.

El 18 de mayo, reunió a los Hermanos alrededor de su lecho e hizo leer su «Testamento espiritual» ante ellos. Marcelino les pedía que estuvieran unidos, rezaran mucho y se dedicaran a enseñar a los más pobres.

El 6 de junio de 1840, Marcelino deja este mundo a las 4:30 de la madrugada mientras los Hermanos cantan la Salve a la Buena Madre.

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Al morir Marcelino, quedaron 281 Hermanos y 48 Casas Maristas que acogían a unos 7000 alumnos. Con el tiempo, los Hermanos se extenderían por todo el planeta.

Los Hermanos Maristas, siguiendo el espíritu de Marcelino, están presentes en muchos lugares donde la juventud necesita de su ayuda y cariño.

También están en lugares, como nuestro colegio, en los que tratan de educar a los alumnos para que sean buenos cristianos y honrados ciudadanos.

Los profesores seglares son, en estos momentos, una gran ayuda para que la obra de Champagnat siga adelante.

La Iglesia ha reconocido la obra de Marcelino y lo ha nombrado santo para que en todo el mundo se reconozca que el pastorcito de Rosey realizó una gran labor durante su vida en favor de los niños y los jóvenes más necesitados.

Hoy, a comienzos del siglo XXI, todos sentimos la fuerza de su presencia entre nosotros y el orgullo de ser maristas de San Marcelino Champagnat.

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Marcelino Chammpagnat  

Vida de Marcelino Champagnat

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